Helmut Newton

Tapa Sumo

La editorial Taschen no me cabe ninguna duda, publica los libros más hermosos y originales del mundo. Son obras de arte por su contenido, buen gusto para la selección de autores, temas y obras, como la construcción de ese maravilloso objeto llamado libro.

En 1999 salió a la venta este libro, Sumo, que reúne fotografías del excelente Helmut Newton quien nació en Berlín el 31 de Octubre de 1920 y falleció el 23 de Enero de 2004. Asociado al mundo de la moda, su obra apareció en muchísimas oportunidades en tapas y artículos de la bellísima revista Vogue. Pero lo también curioso y fascinante de Sumo es que el formato original medía 50 x 70 centímetros, pesaba 30 kilos y tenía 480 páginas. Y cada ejemplar venía con una mesa especial diseñada por Philippe Starck, el mismo que trabajó en el Faena Hotel de Puerto Madero, en Buenos Aires.

Sumo 2

En el sitio de Taschen se informa que: “Publicado en una edición de 10.000 ejemplares firmados y numerados, SUMO se agotó a poco de salir a la venta y multiplicó enseguida su valor. Este fenómeno editorial mundial se exhibe hoy en numerosas colecciones importantes de todo el globo, incluyendo el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El legendario primer ejemplar de SUMO, autografiado por más de 100 de los famosos que aparecen en el libro, también batió el récord del libro más caro publicado en el siglo XX, vendiéndose en una subasta en Berlín el 6 de abril de 2000 por 620.000 marcos alemanes, aproximadamente 430.000 dólares.”

Recientemente la editorial reimprimió el libro, publicándolo en una edición más económica de tapa dura y con un porta-libro, de 26,7 x 37,4 centímetros y 464 páginas. Su precio es de 150 dólares. (Tengo lugar en mi casa para el libro así que agradezco el envío)

Mientras tanto aquí está Helmut Newton:

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Egon Schiele / Clint Mansell

Egon Schiele nació el 12 de Junio de 1890 en Tulln, junto al Danubio, Austria y muere el 31 de Octubre de 1918 a causa de la gripe española a los 28 años.

Encontré esta excelente compilación de imágenes. La música es de Clint Mansell (1963) y es el tema principal de la película de Darren Aronofsky Requiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000) cuya banda sonora es de Mansell. Este ya había compuesto la música de la anterior película de Aronofsky, Pi (1998). En Requiem está interpretada por el Kronos Quartet, uno de los mejores cuartetos de cuerdas del mundo.

Weather Report. A Remark You Made

Este tema pertenece al impresionante album Heavy Weather (1977). Tengo una copia en vinilo, como así también de Black Market y el doble en vivo 8:30. En cassette conservo Mysterious Traveller y Mr. Gone. Todos joyas de lo alguna vez denominaron “Jazz Rock”, pero se llame como se la llame, es música en plenitud interpretada por músicos virtuosos y creativos: Joe Zawinul (teclados), Wayne Shorter (saxos), Jaco Pastorius (bajo), Alex Acuña (batería y percusión) y Manolo Badrena (batería y percusión).

Tuve la oportunidad de ver al grupo en el festival Bue80 en el Luna Park de Buenos Aires, donde también tocaron John McLaughlin, Pepeu Gomes y varios más. Salí de escuchar ese  recital de Weather Report con la certeza de haber presenciado un momento musical, espiritual, excepcional, bello, intenso, tremendo.

Antonin Artaud. Carta a Jacques Riviere

Tapa Artaud Textos copia

6 de junio de 1924

Estimado señor:

………………………………………………………………………………

Mi vida mental se halla íntegramente atravesada por mez­quinas dudas y certidumbres perentorias que se expresan en palabras lucidas y coherentes. Y mis debilidades tienen una con­textura mas temblorosa; hasta son larvarias y están mal formula­das. Poseen raíces vivas, raíces de angustia que tocan el corazón de la vida; pero no poseen el desconcierto de la vida, ni se siente en ellas el aliento cósmico de un alma conmovida en sus bases. Son de un espíritu que no debe de haber pensado en su debilidad; si no, la traduciría con palabras densas y diligentes. Tal es, señor, todo el problema: tener en uno la realidad insepa­rable y la claridad material de un sentimiento; tenerlo hasta el extremo de no poder dejar de expresarse. Tener una riqueza de palabras, de giros aprendidos y que podrían entrar en danza, servir para el juego, y que, en el momento en que el alma se apresta a organizar su riqueza, sus descubrimientos, esa revela­ción, en el inconsciente minuto en que el asunto está a punto de salir a luz, una voluntad superior y maligna ataca al alma como un vitriolo, ataca a la masa palabra-e-imagen, ataca a la masa del sentimiento, y me deja jadeando como a las puertas mismas de la vida.

Y ahora suponga usted que siento físicamente el paso de esa voluntad, que me sacude con una electricidad imprevista y súbita, con una repetida electricidad. Suponga que cada uno de mis instantes pensados sea en ciertos días sacudido por tales profundos tornados y que nada afuera traiciona. Y dígame si una obra literaria cualquiera es compatible con semejantes esta­dos. ¿Qué cerebro lo resistiría? ¿Qué personalidad dejaría de disolverse en ella? Yo, si tan solo tuviera la necesaria fuerza, me daría a veces el lujo de someter con el pensamiento a la macera­ción de un dolor tan oprimente a cualquier espíritu renombrado, a cualquier viejo o joven escritor que produce y cuyo naciente pensamiento ya se erige en autoridad, para ver qué queda. No hay que apresurarse demasiado en juzgar a los hombres; hay que concederles crédito hasta lo absurdo, hasta la hez. Esas obras arriesgadas que suelen parecerle a usted cl fruto de un espíritu que no se encuentra todavía en posesión de sí mismo, y que acaso nunca lo estará, quién sabe qué cerebro ocultan, qué poder de vida, qué fiebre pensante, que sólo las circunstancias han re­ducido. He hablado bastante de mí y de mis obras futuras; no pido más que sentir mi cerebro.

Paula Halperín. El misterioso fotógrafo de las prostitutas de Nueva Orleáns

(Nota publicada en La Nación, 21-09-2009)

En los años 60, fueron encontradas 89 imágenes de mujeres, que encerraban una gran historia de principios del siglo XX; un homenaje a los fotógrafos en su día

En un viejo mueble, corroído y lleno de polvo, a mitad del siglo XX aparecieron 89 placas de vidrio con las impresiones en negativo de bellas mujeres, muchas de ellas desnudas. Eran damas de la vida, las amantes más solicitadas del pueblo de Storyville, el distrito rojo de Nueva Orleáns. Las fotos habían sido sacadas en 1912 por un tal E.J. Bellocq.

¿Quién era Bellocq? Hay más dudas que certezas, pero lo único que se puede afirmar es que su trabajo es sumamente llamativo: la delicadeza de los encuadres… lo que trasmiten las mujeres en cada imagen, que posan con una naturalidad que pocas modelos ofrendan a sus fotógrafos.

Las elucubraciones que sobrevinieron luego sobre el cómo y el por qué de las tomas fueron infinitas y, sin dudas, les agregaron a las fotos un halo de misterio que las volvieron definitivamente irresistibles. Por otra parte, pese a la temática, no se trata de imágenes esperables, cargadas de pornografía o de un erotismo vulgar.

El prestigioso fotógrafo argentino Juan Travnik, que se ha interesado especialmente en sus fotos dice: “Lo que he leído es que él pasaba un tiempo extenso dentro los prostíbulos, en especial en uno de ellos. Quizás por un período vivió o durmió allí. Esto estaría abonado por una cuestión que se da mucho en la fotografía en cuanto a la naturalidad de muchas imágenes”. Y hasta quizá se pueda decir que las tomas son un tanto naïf. En todo caso, es eso lo que las vuelve sensuales y no el hecho de que las chicas estén desnudas. Sus poses tan cotidianas, sus gestos un tanto inocentes… Algunas parecen algo incómodas, mientras que otras se ven felices de estar allí frente a la cámara.

El erotismo surge de una forma espontánea y no parece haber sido buscado adrede por el autor. Juan Travnik lo explica de este modo: “Lo particular de estas imágenes, sacadas en un cabaret con mujeres de la noche, es que no transmiten ese clima festivo, nocturno…” En las fotos, las musas de Bellocq no están trabajando: unas juegan a las cartas, otras se disfrazan con sus mejores galas, alguna duerme. “Es la atmósfera que se vive durante el día en el prostíbulo, en las horas de desocupación, de espera. Algunas mujeres están vestidas como para ir a una reunión social. Yo creo que hay retratos que están hechos con el afán de embellecerlas”.

¿Por qué? ¿Eran sus amigas? ¿Tendrían un romance con el fotógrafo? ¿Cómo era Bellocq? Aunque hay versiones que afirman que se trataba un hombre buen mozo, la mayoría de ellas lo describe como un hombre de baja estatura, hidrocefálico, con una cabeza piramidal, un tanto huraño e introvertido, pero muy caballero y gentil con sus chicas.

“Si uno compara la fotografía de la muchacha reclinada en el sofá (es probablemente la más conocida) con una pintura como La Maja Desnuda de Goya, hay un detalle muy elocuente: la cadera está paralela a la película, entonces aparece bien ancha. Esto da una apariencia determinada al cuerpo de la mujer. Pero en ninguna pintura se usaba esta pose. Si estuviera rotada produciría una estilización”. El atractivo de las modelos de Bellocq no tiene que ver con una belleza estereotipada, sino con la belleza del cuerpo femenino tal y como es. “Esa búsqueda es propia del trabajo de él”, asegura Travnik.

Y hay más detalles interesantes. Algunas de las imágenes fueron rayadas intencionalmente. Desconcierta ver las caras de esas mujeres totalmente arruinadas. El motivo es otro verdadero enigma. Algunos dicen que probablemente fue porque Bellocq tenía un hermano religioso; otros, por un desengaño amoroso. En cambio, para Travnik simplemente era una actitud de protección hacia sus amigas.

En la película Pretty Baby, dirigida por Louis Malle en 1978, con Brooke Shields como protagonista, aparece Keith Carradine en el papel de Bellocq. Es una versión bastante libre sobre la vida de este personaje, pero no deja de ser un film interesante. En especial para meterse en el pintoresco contexto en el que debió haber vivido. Nueva Orleáns era un puerto internacional con una sociedad que se destacaba por la mezcla de razas: españoles, alemanes, italianos, franceses, indios americanos y, sobre todo, esclavos provenientes del continente africano. Los prostíbulos se aglutinaban en Storyville y allí, en esas guaridas en donde las razas se fusionaban entre whiskies y habanos, nacía el jazz.

Se hizo la luz

En 1958 el reconocido fotógrafo Lee Friedlander, fanático del jazz, había viajado a Nueva Orleans para visitar la galería de arte de su amigo Larry Borenstein. Además, iba a escuchar una banda musical de las tantas que se lucían por esos días en la ciudad.

Luego del concierto, bien tarde por la noche, Larry, que solía rodearse de “cosas raras y curiosidades”, como decía su amigo, le mostró uno de los últimos tesoros que había adquirido: las placas de Bellocq. Estaban adentro de un antiguo mueble olvidado que su hermano vendió años después de su muerte. Las fotos deslumbraron a Friedlander, que había ido en busca de música y se llevó una sorpresa extra. El fotógrafo volvió a su ciudad con las fotos rondando en su cabeza.

Tiempo después, cuando estuvo de vuelta para escuchar jazz a orillas del mágico Misisipi, quiso volver a ver aquellos enigmáticos negativos. Algo tenía que hacer con ellos, por eso decidió comprarlos. Ya con las placas en mano comenzó una búsqueda no sólo para tratar de imprimirlas, ya que estaban en negativo, sino para buscar datos sobre su misterioso autor.

Logró reunir a Dan Leyrer, fotógrafo; Al Rose, escritor; Bill Russell, músico e historiador de jazz; Joe Sanarens, fotógrafo y ex intérprete de banjo; Johnny Wiggs, cornetista y Adele, una de sus chicas favoritas (quizá su amante, ya que la nombraba a menudo en sus conversaciones). La mayoría de ellos eran los únicos de los que todavía vivían, que habían conocido al protagonista de esta historia. La entrevista fue muy interesante (Se publicó en el libro Belloqc Photographs from Storyville) y da cuenta de que había sido un buen fotógrafo comercial (de barcos), de que las fotos de las chicas las hizo para él (sin ningún objetivo lucrativo), de que era introvertido, de que siempre se comportó amablemente con ellas, de que tenía un marcado y muy particular acento francés y, sobre todo, de su extraña apariencia.

Por otra parte, cuando Friedlander intentó imprimir las fotos descubrió que había un inconveniente causado por la imparable máquina del tiempo: el método convencional no servía. “Como nunca había visto ninguna impresión realizada por el mismo Bellocq, me vi forzado a usar mi propio sentido estético en la materia”, explicaría más tarde. Luego, se lanzó el catálogo que realizó junto al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Todo un éxito.

Después de tantos años, Bellocq salió a la luz. Muchas miradas por fin se posaron sobre las musas de Storyville que habían quedado guardadas en un viejo mueble. ¿Quién era Bellocq, entonces? Quizá no importa cómo haya sido el verdadero, sino el que hoy podemos imaginar cada uno de los espectadores cuando nos deleitamos con su hermoso trabajo.

Antes de terminar, un dato más. En la charla Dan Leyrer describió cómo terminó sus días este personaje: “Creo que se retiró en 1938. La última vez que lo vi fue cuando la Eastman Kodak Company estaba en Canal Street. El se sentaba en una silla frente al negocio en donde había una heladera, y se quedaba dormido. En ese entonces ya era un hombre viejo y todos se reían de él. ¡Se lo veía tan gracioso! La gorra se le caía cuando se adormecía un poco. A la gente parecía gustarle, a los que manejaban el negocio. Pero luego, finalmente murió”.

(Publicado en La Nación, 21-09-2009)

Elfriede Jelinek. Leer, la mejor forma de vivir

Tengo la impresión de haber leído siempre, desde que aprendí, y, desde entonces, cualquier otra actividad me resulta una pérdida de tiempo: es como si me metiera en algo demasiado áspero (sobre todo, en lo que se refiere al contacto con las personas) y ello, probablemente, sea sólo culpa mía. Que lea para no tener que vivir (y, por lo mismo, que también escriba). Y leo mucha novela negra en la que otros, antes de tiempo, tienen que dar por concluida su vida, de manera violenta, al igual que yo creo poder excluirme del tiempo mediante la lectura; también leo literatura barata, revistas de chismes, o lo que sea, pero siempre he de tener ante mis ojos algo impreso, porque no se me ocurre nada más adecuado para mi vida. La lectura es para mí el vestido elegante de la vida: se me ajusta y va conmigo. Los demás pueden clavársenos como una espina, pueden destruirnos y, sin embargo, podemos mantenernos con vida siempre y cuando mantengamos ante nuestros ojos la falsa sentencia de las letras. Esto es un juicio.

Como mi padre

Si no se ve más que signos, entonces los otros -que, vistos de cerca, resultarían no ser letras- no lo ven a uno. Mi padre era exactamente igual. Sólo puedo recordarlo con un libro entre las manos. O un periódico. Existen los activos y los lectores, me imagino. Yo soy inactiva, pero no, no lectora, ni tampoco ilegible. En lo relativo a esto, a veces se produce una especie de situación paradójica: mi grado de atención varía de manera grotesca -como ya he dicho- según la consideración que le tribute al material de lectura. Leo filosofía como un ave de presa. Algo pasa hojas como ausente y demasiado tarde me doy cuenta de que ese algo soy yo; tropiezo y, con un grito inaudible, me lanzo sobre el pasaje que acabo de divisar, me lo arranco y, todavía goteando, sangriento y asqueroso, me lo como; el jugo del pensamiento me resbala por la barbilla -cosa nada agradable- e inmediatamente después empiezo a preguntarme (esto que ha ocurrido con tanta rapidez, debería como mínimo volver a repetirse y entonces, tal vez, se quedara) si podré utilizarlo y acabo por fijarlo con hormigón en mi propio texto, de la misma manera en que antiguamente se emparedaba a un ser vivo en los cimientos de los edificios. Supongo que para que el edificio durara más. No creo que mis textos vayan a durar más porque haya enterrado en ellos (y, aun tratándose de un robo, no de manera furtiva) un trozo de la carne de Heidegger o de Nietzsche: luego los germanistas se ponen a jugar a ¡busca, perrito, busca!, que es lo que no deben hacer pero que, sin embargo, hacen. Tal vez lo hagan porque yo, por ese motivo, siempre les echo un rapapolvo.

Por placer

Por otro lado, leo una novela negra o cualquier otra cosa por placer, y hete aquí que, de manera involuntaria, vuelvo la vista sobre casi cada párrafo y lo leo de nuevo: lo leo, por así decirlo, hacia adelante y hacia atrás (que es lo que debería hacer con los caminos por los que discurre mi pensamiento: volver a transitarlos, lo que me haría más sensata y además sería lo más sensato), de manera que al final todo lo he leído dos veces, lo que es completamente superfluo, porque mis libros preferidos (no digo cuáles, o debo decirlo, no, no lo diré, aquí nada de intimidades, me daría vergüenza, incluso ante mí misma, porque en definitiva estoy sola conmigo misma), porque mis libros preferidos los leo de todas maneras una y otra vez, y cada vez, también dos veces. ¿Será para que entonces, con más razón, no se conserve nada? Lo doble se conserva mejor, pero probablemente estos libros los lea porque nada ha de conservarse. En cambio, con lo que debería conservar soy tan recelosa que ni me atrevo a mirarlo.

Pilares de sal

Evito mirar esos libros que tendría que (o, por lo menos, debería) conservar: los leo por así decirlo tangencialmente, o muy de prisa, arriesgando un parpadeo, como si los pilares fueran a derrumbarse, esos petrificados pilares de sal, todos ellos hechos toscamente a mi imagen y semejanza; porque en el caso de que me quedara mirando mucho tiempo y tuviera que reconocerme como algo que no existe, se derrumbarían sobre mí como algo gigantesco y oscuro y, conmigo misma, me matarían a golpes. Por ello no debo permitirme ser demasiado minuciosa. Las miradas pueden matar y leer puede destruir. Y yo lo he de hacer, como ya he dicho, ininterrumpidamente, pero con mucho cuidado porque si no, la lectura contraataca. Yo sé en qué parte estoy segura (de la página 3 a la 428, o algo así), sé dónde al leer no me pasará nada. Si me fijase mucho tiempo, algo me golpearía el ojo: algo que luego sería la viga que otra persona tendría que quitarme con gran esfuerzo. Y el otro jamás está ahí. Que es justo lo que yo he deseado para mí.

Elfriede Jelinek nació el 20 de Octubre de 1946 en Mürzzuschlag, Austria. Comenzó escribiendo poesía, para luego dedicarse al teatro y a la novela. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2004.

Leí Las amantes, Los excluidos, La pianista y Deseo. Sus novelas realizan una crítica absolutamente profunda a la sociedad austríaca, de la cual no rescata casi nada. Textos densos sobre dominadores y dominados, sobre el poder y la bestialidad humana. Requieren del lector paciencia, comprehensión y una lectura más que atenta. En sus últimas novelas hay larguísimos párrafos sin punto aparte y sin diálogos explícitos, y las acciones de los personajes están descriptas a la manera de tratados científicos. Menciona pocos nombres, como si los mismos no fueran tan necesarios, quizás porque podríamos  ser cualquiera de nosotros.

Obras: Las sombras de Lisa (1967, poesía), Somos reclamos, baby (1970, novela), Las amantes (Die Liebhaberinnen, 1975, novela), Lo que ocurrió después de que Nora abandonara a su marido o Pilares de la sociedad (1979, teatro), Los excluidos (Die Ausgesperrten, 1980, novela), La pianista (Die Klavierspielerin, 1983, novela), Nubes. Hogar (1988), Deseo (Lust, 1989, novela), Los hijos de los muertos (1995), Una pieza deportiva (1998), Él, no como él (1998, novela), Una novela de entretenimiento (2000, novela), La Central (2003), Bambilandia (2004, teatro), Obsesión (Gier, 2005, novela), La muerte y la doncella (I-V) (2008, teatro).

La pianista tiene una excelente versión cinematográfica de 2001 dirigida por Michael Haneke (el mismo de Caché, Funny Games y A White Ribbon) e interpretada por la siempre notable Isabelle Huppert como Erika Kohut, obviamente.

Youssou N’Dour y Neneh Cherry. 7 Seconds


No me veas desde la distancia
No veas a mi sonrisa y pensá que yo no sé
Lo que hay abajo y detrás de mi
No quiero que me veas y pienses 
Que lo que está dentro de vos está en mí
Lo que está dentro de mí es ayudarles a ellos

Matanza y groserías
Deberíamos utilizar
En los que practican encantos perversos
Por la espada y la piedra
Malos hasta los huesos
La batalla no se ha terminado
Incluso cuando se gana
Y cuando un niño nace en este mundo
No tiene ningún concepto
Del tono de la piel en la que está viviendo

No es un segundo
Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
No es un segundo
Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
Estaré esperando
Estaré esperando 

Asumo que las razones que nos empujan para cambiar todo
Quisiera que olvidáramos su color para que puedan tener esperanza
Muchas opiniones de la raza que los hacen desesperar
Deseo que las puertas estén completamente abiertas
A los amigos para hablar de su dolor y su alegría
De modo que podamos dar información 
Que no nos dividan para cambiar

Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
No es un segundo
Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
Estaré esperando
Estaré esperando

Y cuando un niño nace en éste mundo
No tiene ningún concepto
Del tono de la piel en la que está viviendo
Y hay un millón de voces
Y hay un millón de voces
Para decirte lo que deberías estar pensando
Así que mejor que estés sobrio por un segundo

Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
No es un segundo
Siete segundos lejanos
El tiempo que me quede
Estaré esperando
Estaré esperando
Estaré esperando

Boul ma sene, boul ma guiss madi re nga fokni mane
Khamouma li neka thi sama souf ak thi guinaw
Beugouma kouma khol oaldine yaw li neka si yaw
mo ne si man, li ne si mane moye dilene diapale

Roughneck and rudeness,
We should be using, on the ones who practice wicked charms
For the sword and the stone
Bad to the bone
Battle is not over
Even when it's won

And when a child is born into this world
It has no concept
Of the tone the skin is living in

It's not a second
But seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting
It's not a second
But seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting (x3)

J'assume les raisons qui nous poussent de changer tout
J'aimerais qu'on oublie leur couleur pour qu'ils espèrent
Beaucoup de sentiments de race qui font qu'ils désespèrent
Je veux les portes grandement ouvertes
Des amis pour parler de leur peine, de leur joie
Pour qu'ils leur filent des infos
Qui ne divisent pas changer

Seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting
It's not a second
But seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting(x3)

And when a child is born into this world
It has no concept
Of the tone the skin is living in

And there's a million voices
And there's a million voices

To tell you what she should be thinking
So you better sober up for just a second

Seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting
It's not a second
But seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting
It's not a second
But seven seconds away
Just as long as I stay
I'll be waiting


Salvatore Quasimodo. Y de pronto anochece

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra

traspasado por un rayo de sol:

y de pronto anochece.

Salvatore Quasimodo nació en Siracusa, Italia, en 1901 y falleció en Nápoles en 1968, Fué poeta y ensayista Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1959.

Algunas obras: Aguas y tierras (1930), Oboe sumergido (1932), Y llega pronto la tarde (1942), Con il piede straniero sopra il cuore (1946), Día tras día (1947).

John Maxwell Coetzee

John Maxwell Coetzee nació el 9 de Febrero de 1940 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Se nacionalizó australiano. Es autor de novelas, novelas autobiográficas y  ensayos, y en 2003 obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Novelas: Tierras del poniente (1974), En medio de ninguna parte (1977), Esperando a los bárbaros (1980), Vida y época de Michael K. (1983), Foe (1986), La edad de hierro (1990), El maestro de Petersburgo (1994), Desgracia (1999), Elizabeth Costello (2003), Hombre lento (2005), Diario de un mal año (2007).

Novelas autobiográficas: Infancia: escenas de una vida de provincias (1998), Juventud: escenas de una vida de provincias II (2002).

Elizabeth Costello

Terminé de leer Elizabeth Costello. La protagonista es Elizabeth Costello, una escritora de novelas en el fin de su carrera que se dedica a dar conferencias. Los temas de los que Coetzee habla tienen que ver con lo que los seres humanos hacemos con los animales, con qué es “humanidad”, con lo que hacemos con otros seres humanos, con Dios, con la religión, con ser intelectual, con la pasión, con el amor, con el encuentro de los cuerpos y ¿algo más?. Fascinante, profunda, filosófica, humana, crítica, perturbadora… ¿algo más? Sí: necesaria.

Desgracia

En medio de ninguna parte

Había leído otras dos novelas, Desgracia y En medio de ninguna parte, con la que tuve experiencias similares a las de Elizabeth Costello.

Coetzee es brillante, sórdido, contundente: literatura en su máxima potencia.