Jeremias Gotthelf. La araña negra
Die schwarze Spinne fue publicada en 1842 en Cuentos y leyendas de Suiza. Es una historia con un evidente e indisimulable carácter didáctico, moralizante, ejemplificando las consecuencias que tiene “pactar con el diablo y apartarse del camino del Señor”, según Gotthelf. Pero por momentos la narración adquiere una muy buena calidad literaria: son precisamente los pasajes (barrocos, terribles) de la lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal.
Jeremias Gotthelf (seudónimo de Albert Bitzius) nació el 4 de octubre de 1797 en Morat, Suiza y falleció el 22 de octubre de 1854. Estudió Teología en Berna y Gotinga, y se convirtió en pastor como su padre. Escribió El espejo de los campesinos (1837), trece novelas y más de cincuenta cuentos.
Jean Cocteau. La voz humana
El tema de nuestra época es la comunicación. Dispositivos de todo tipo y tamaño hacen que podamos establecer enlaces con parientes, amigos, conocidos y anónimos de casi cualquier lugar del mundo. Pero ¿estamos comunicados? ¿Estar virtualmente comunicados es equivalente a estar comunicados, o hay algo más que no está? A propósito del tema, pienso que esta obra tiene absoluta vigencia.
La Voix humaine es una obra compuesta en 1958 por Francis Poulenc (1899, Paris, Francia-1963, Paris, Francia) sobre el texto escrito en 1930 por Jean Cocteau (1889, Maisons-Laffitte, Francia-1963, Milly-la-Forêt). Tuve la oportunidad de asistir a la representación con la actuación extraordinaria de Marga Grajer en el Teatro San Martín. Este monólogo desesperado estaba acompañado por la interpretación exquisita de un pianista del que he olvidado su nombre. Quizás haya alguien que me lo pueda recordar (es justo mencionarlo). La siguiente versión es de Enrique Llovet.
El dormitorio de una mujer. A la izquierda, un gran lecho desordenado. A la derecha, puerta que da a un cuarto de baño encendido. Una mesita con un teléfono. Una silla baja. Algunos libros. La luz de una lámpara.
La mujer está en el suelo. Después de una pausa se medio incorpora, cambia de posición y vuelve a dejarse caer. Finalmente se alza, se echa un abrigo sobre los hombros y va hacia la puerta.
Suena el teléfono. La mujer deja caer el abrigo y se precipita hacia el auricular.
Desde ese mismo instante va a hablar sin interrupción: de frente, de espaldas, de perfil, en pie, de rodillas, sentada o paseando. Al acabar caerá derribada sobre la cama abandonando el auricular.
En realidad, cambiará de actitud con cada bloque expresivo: el del perro, el de la mentira o el del abandono. Su desconsuelo no se refleja en la elocución del texto sino en su gestualidad.
Hay un gran predominio del color blanco.
El autor propone a la actriz que abandone la ironía, la amargura y la expresión directa del subtexto de mujer destrozada. Se trata, simplemente, de una mujer muy enamorada, con pocos recursos intelectuales, que lucha hasta el final para arrancar al hombre una confesión sincera y para que, al menos, se salve así la memoria limpia del amor anterior.
La imagen continua que el autor desearía que se transmitiese al público es la de un animal herido que se desangra y que realmente inunda al final de sangre verdadera todo el espacio escénico.
ELLA—¿Diga? Hola. Diga, diga. No, no es aquí… No, señora, debe haber un cruce… La oigo muy mal… Es un cruce, sí… Pues claro, cuelgue… ¿Qué?… Con otro número. ¿Qué más quiere saber?… ¡Por favor!… Sí, dígame… Colgar… colgar… ¿Cuántas veces quiere que se lo repita? Señorita, por favor, señorita… Déjelo ya señora… ya está bien… No, esta no es la clínica… No es cero siete, es cero ocho… Bueno, esto es idiota… de locos… y yo que sé, señora… no es a usted, es a mí a quien llaman…
(Cuelga, pero no retira la mano del aparato que vuelve a sonar. Descuelga.)
Sí, hable… Pero, señora. ¿No comprende que yo no puedo hacer nada?… ¿Y a mí qué me importa si usted está nerviosa?… Le digo que no… La culpa sería suya, claro que sí… de usted… Hola… Sí, señorita… ¿Me oye? operadora… Ah, por fin… Que me están llamando, señorita, y no consigo hablar… Sí, un cruce… Por favor, dígale a esa abonada que cuelgue de una vez, para que yo pueda hablar…
(Vuelve a colgar. El teléfono suena nuevamente.)
¿Sí?… Sí, sí… menos mal… ¿me oyes?… ¿Eres tú?… ¿me oyes ahora? Sí, yo… no, es terrible… te oigo lejísimo… en el fin del mundo… ¿Diga?… ¡Esto es de locos!… oigo muchísimas voces… todas a la vez… Vuelve a intentarlo… Que me llames otra vez… No, no, tú… QUE-ME-LLA-MES-OTRA-VEZ… Señora o señorita o lo que sea ¿quiere callarse ya?… ¿Cuántas veces tengo que explicarle que esta no es ninguna clínica? Hola… Hola…
(Cuelga nuevamente y el timbre suena otra vez.)
Al fin, por fin… Al fin te oigo… Sí, bastante bien… Sí, sí… Era una tortura, te oigo en medio de un tumulto… no… no… sí…, pues casi por casualidad… todavía no hace ni un cuarto de hora que he llegado a casa… ¿Me habías llamado antes?… Ya, sí, sí… No, no he cenado aquí… Marta me invitó a su casa… Pues deben de ser las once y cuarto, once y veinte… ¿Es que no estás en tu casa?… Entonces. ¿Y qué hora tiene ese reloj?… Eso, lo que yo te he dicho… Claro, naturalmente… La noche de ayer, la noche de ayer… Ah, sí, me acosté en seguida, y tomé una pastilla porque no conseguía dormirme… Claro… sólo una… Era muy temprano, alrededor de las nueve… Seguramente… tenía un poco de jaqueca, pero en seguida se me fue… He almorzado aquí con Marta y luego he dado una vuelta para hacer unas cuantas compras… Muy rápido… Al llegar aquí lo primero que he hecho ha sido poner todas tus cartas en ese bolsón amarillo… ¿Lo recuerdas? ¿Después?… ¿Cómo?… Sí, por supuesto, una se conforma con todo en esta vida… ¡Qué remedio!… Jurado… Sí que soy valiente, sí que lo soy… ¿Luego? Pues nada, arreglarme hasta que vino Marta y salir con ella… Sí, claro, de su casa aquí… Es muy buena amiga… mucho… es una persona estupenda… Sí, claro, da esa impresión, pero luego es un ángel… tú me lo dijiste, tenías razón, como siempre… El traje salmón y la piel clara esa… ¡Pues el sombrero negro, aquel que compramos juntos…! ¡Ni siquiera me lo he quitado todavía! ¡No me has dado tiempo!… ¿Qué dices?… Fumando nada… tres cigarrillos en veinticuatro horas… que sí, que me puedes creer, que te lo juro… y… bueno, cuéntame algo de ti… ¿Llegas ahora a casa?… Ah, no has salido… Asunto. ¿Que asunto?… Ah, ya, el pleito ese… Sí, ya me acuerdo…, pero descansa un rato… no puedes trabajar de esa forma… ¡Alló! ¡Oiga!… Habla, habla, es que parece que se va a cortar… Oye, si se corta vuelve a llamarme en seguida… Claro que sí… ¿Me oyes? ¿Me oyes? Sí, sí, soy yo… ¿En el bolso? Pues todas las cartas, las tuyas y las mías… Sí, ya puedes mandar por él cuando te convenga… ¡Cómo no va a ser triste!… Lo es… Sí, que lo entiendo… No, cariño, no, no me des más explicaciones, la tonta soy yo… Eres muy bueno… y muy cariñoso… Tampoco yo creí que iba a poder resistirlo… No sé de que te asombras… menos de lo que crees… Parezco una sonámbula… Me levanto, me arreglo, entro, salgo, y casi no me entero de lo que estoy haciendo… A lo mejor mañana no puedo, pero hoy, todavía… ¿A ti?… A ti no, amor mío, tú no tienes por qué sentirte culpable de nada… ¿Qué? No, espera, déjame… yo… claro que pasan estas cosas… Lo sé muy bien… y no me arrepiento… Dijimos que seríamos siempre francos el uno con el otro… Siempre… Es mucho mejor que si hubieses esperado al último instante para decírmelo… Eso… eso habría sido demasiado cruel… Entonces me habría dolido mucho más… Así voy haciéndome poco a poco a la idea y… me habitúo… trato de entenderlo… ¿Teatro? ¿Qué dices?… oiga… ¿Estás ahí? No estoy echándole ningún teatro… ¿Cómo puedes creer que…? Tú me conoces mejor que nadie… Sabes que no sé fingir… Nunca… nunca… nunca… completamente tranquila… si te estuviese escondiendo algo me lo notarías en la voz… Sí… te dije que quería ser valiente y lo voy a ser… ¿El qué?… Bueno, eso es muy distinto… De acuerdo, todos nos engañamos cuando conviene… Cuesta mucho aceptar las situaciones definitivas… ¡mira que te gusta exagerar las cosas! Te juro que he tenido tiempo para hacerme a la idea… Y eso también te lo debo… Has sabido dormirme, mimarme. No te faltó más que anestesiarme… lo preparaste muy bien… Íbamos contracorriente… No hemos querido renunciar a cinco años de felicidad y ahora tenemos que pagar el precio… Pero eso lo supimos desde el principio, desde el primer día… Yo, por lo menos… Jamás pensé que se iba a producir un milagro… Así que… ha valido la pena… y no me duele pagar… ¿Qué? ¿Oiga?… Nada… que no me duele pagar porque ha valido la pena… QUE-HA-VALIDO-LA-PENA Ya lo creo… sí…, estás muy equivocado… mucho… He salvado lo que tenia que salvar… ¿Oiga?… lo que yo misma he querido salvar… y he sido muy feliz contigo… muy feliz… Ah, déjame a mí hablar un momento… Nunca te reprocharé nada… absolutamente nada… Si es que hay culpas son todas mías… ¡Pues claro! ¿Es que no te acuerdas de aquella carta que te escribí y de aquel domingo en Versailles?… Fui yo, claro que fui yo, quien se empeñó en ir y en no dejarte hablar y en decirte claramente que no me importaba nada de nada… ¿Qué? No, no… tienes muy mala memoria… Primero te llamé yo a ti… fue un martes, me acuerdo perfectamente… segura es poco… Un veintisiete, martes… Tú me pusiste un telegrama la víspera… el veintiseis, y lo recibí por la tarde… Pero, ¿cómo se me van a olvidar esas fechas?… ¿Tu madre te ha dicho eso?… Pues no lo sé… eso no tiene ninguna importancia… Todavía no lo he pensado… Bueno, a lo mejor, sí… Cuanto antes ¿no te parece?… ¿Y tú?… ¿Mañana, ya?… Pensé que no tenías tanta prisa… Bueno, espera un momento, entonces… No, complicado, no… Le dejaré la bolsa al portero mañana temprano… Así lo puede recoger José a cualquier hora… ¿Quién, yo?… Pues la verdad es que todavía no lo sé… No sé si quedarme aquí o irme con Marta unos días al campo, a su casa… ¿Dónde va a estar? Aquí… Pobrecillo, no entiende nada… No ladra, no… Pero ayer se paso el día entero husmeando del salón al cuarto y del cuarto al salón… De vez en cuando me miraba y se le ponían las orejas tiesas… Trataba de oírlo todo… Recorría el piso buscándote… Yo creo que a veces se enfadaba conmigo porque yo estaba sentada sin ayudarle a encontrarte… Creo que te lo debías llevar tú… Aquí se puede enloquecer… No creo, es demasiado perro para una mujer sola… conmigo se sentiría mal… Eres tú quien le ha sacado siempre de paseo… sí, llévatelo, llévatelo… Es mucho más fácil que se olvide de mí que de ti.. Pensaremos cualquier cosa… Eso no es difícil…, pues dices que te lo ha regalado un amigo que tenía que marcharse… que venga José a buscarlo, José le gusta… te lo mandaré con el collar de cuero rojo y acuérdate de que está sin placa… Bueno, ya pensaremos eso… De acuerdo… De acuerdo, amor mío… que sí… que sí amor mío, que lo entiendo… ¿Qué? ¿De qué guantes hablas?… ¿Los de piel?… Sí, los que llevabas en el auto… Pues, no lo sé, no me he dado cuenta… si se hubiesen quedado aquí, yo creo que los habría visto, Pero… no cortes…, espera un segundo… ahora mismo los busco…
(En la mesita, tras la lámpara hay unos guantes masculinos. Ella los besa y los apreta contra su cara.)
¿Oye?, no, nada… Aquí no están… Por el salón, desde luego, no… mira… luego buscaré mas despacio y miraré todos los cajones… No creo, pero si por casualidad doy con ellos te los dejo en la portería dentro del bolso con las cartas… ¿Qué?… ¡Ah, las cartas!… de acuerdo, sí.. Es lo mejor… Quémalas mañana mismo… te voy a parecer una estúpida, pero… me gustaría que hicieses una cosa… guardar las cenizas en aquella caja de concha de cigarrillos que te regalé… Ya sabes cuál es… Sí, sí, sí… es una niñería… perdona…
(Se echa a llorar.)
Perdona, ya pasó… No, no estoy llorando… Era un poco infantil eso de las cenizas guardadas en una cajita y… ¡Si eres bueno, sí! Claro que tengo buena memoria…
(Texto de la cita en el idioma mas fácil para la actriz.)
“He quemado en el horno todos los papeles de tu hermana… Pensé guardar aquel piano del que me hablaste. Pero ha sido mejor cumplir tus órdenes y destruirlo todo”… De acuerdo, entonces… las quemas sin mis… ¿Te vas a acostar ya? ¿En bata?… Bueno, pero no trabajes hasta muy tarde… Si tienes que madrugar es mejor que te acuestes cuanto antes… Sí, ¿diga?… ¿Diga?… ¿me estás oyendo?… Ya no puedo gritar mis… ¿me oyes ahora?… ¿Que si me oyes mejor así?… Qué cosa tan curiosa porque yo, en cambio, te oigo como si estuvieses aquí mismo… ¿Me oyes?… ¿Me oyes?… ¡Oiga!… ¡Oiga!… Ahora soy yo quien no oye nada… Bueno, te oigo lejísimo… ¿Y tú?… No, no, es mejor que no cuelgues… Si, señorita, claro que estoy hablando, ¿es que no se da cuenta?… Ah, ahora va mejor… Sí, sí, muy bien… Ahora, perfectamente… Sí, es incomodísimo… Parece como si te murieses de repente… que oyes y no puedes hablar… Sí, ahora sí, ahora sí… Por lo menos no se ha cortado la comunicación… Sí, muchísimo mejor que antes, menos mal, y eso que tu teléfono hace un ruido muy raro… no parece el tuyo… ¡Claro que te veo, no es muy difícil!
(Responde a preguntas concretas.)
¿Pañuelo?… llevas el “foulard” de las motas rojas… Claro… las mangas dobladas por el codo… ¿En qué mano?… En la izquierda el teléfono… y en la otra la pluma… ¿No te digo que te estoy viendo?… estás haciendo dibujitos en el bloc… un corazón, un sol, una casita… No te rías de mí… Ahora mis ojos están en mis oídos…
(Se cubre el rostro instintivamente.)
No, cielo, mío, tú no… Ni lo intentes… No quiero que me veas ahora… ¿Por qué asustada?… asustada, no… Es… todavía peor… No… no sé dormir sola… Claro, claro… claro… Estate tranquilo… Que te estés tranquilo… Pues todavía no lo sé… No me atrevo a ponerme delante de un espejo… me da miedo hasta encender el cuarto de baño… Ayer me puse delante del espejo y me parecí una vieja… Desde luego… una ancianita, flaca, y llena de arrugas y con todo el pelo blanco… ¡Eres un cielo!… ¿Como una poesía, mi cara?… No digas eso que suena muchísimo a caballero bien educado… y… me recuerda cuando… me decías que… era fea y… tonta y… adorable… eso estaba mejor y… perdona, era una broma… No seas tonto… No, no lo eres… “eres un bruto”, pero me quieres… porque si no me quisieras podrías hacerme muchísimo daño con ese teléfono que tienes en la mano… es un arma terrible… Puede matar a cualquiera sin dejar la menor señal… ¡Yo qué voy a ser mala!… ¡Óyeme!… ¿Hola? Diga… diga… ¡Que no te oigo!… ¿Diga?… ¡Señorita!… ¡Señorita! ¡Que se ha vuelto a cortar, señorita!…
(Cuelga; el teléfono permanece en silencio. La espera se prolonga. Descuelga.)
¿Oiga?…
(Golpea la horquilla del teléfono. Marca un número.)
¿Oiga?… ¿Oiga?… señorita, atiéndame…
(Golpea la horquilla.)
Hable… ¿Eres tú?… ¿Eres tú?… Se corta la línea, señorita… No estoy segura… Bueno, sí, sí lo se… Un momento… Auteil cero, cuatro, cinco, siete… Hable…, sí, dígame… Comunicando claro… Es que están intentando hablar con este número… Bueno, gracias…
(Vuelve a colgar. Suena otra vez el teléfono.)
Oiga…, hable por favor… Cero, cuatro, cinco, siete… no, siete, siete, no seis… siete… ¡Por favor!
(Golpea la horquilla.)
Señorita, lo siento, se ha equivocado usted… Ha salido el cero seis y yo le estoy pidiendo el cero siete… Sí… Auteil cero cuatro cinco siete…
(La espera se alarga.)
Por favor… ¿Auteil cero cuatro cinco siete?… Menos mal. ¿José? ¿Es usted?… Sí, sí, soy la señora… que estábamos hablando el señor y yo y se ha cortado la comunicación… Ah, no… ¿No estaba hablando desde casa?… Ya… ¿No vuelve hasta mañana, verdad?… Sí, por supuesto, se me había olvidado… Es que estaba hablándome desde un restaurante y al cortarse… pues… sin darme cuenta… he llamado a la casa… Bueno, entonces, váyase a descansar, José… Perdone y gracias… Sí, José, buenas noches…
(Cuelga de nuevo. Llaman otra vez.)
Ah, menos mal… Sí, nos cortaron… no, no, estaba esperando, sabía que ibas a volver a llamar.. Sí, es que sonó hace un momento y descolgué y no era nadie… Sí, eso pasa mucho… Estás cansado…, pero eres un ángel habiendo vuelto a llamar… un ángel muy bueno…
(Llora. Una pausa.)
No. Claro que estoy aquí… ¿Qué dices? No, que tontería… Nada, no decía nada… No. ¿Qué quieres que me pase?… Pues claro que estoy como siempre… Sí, como siempre… Que no, ya te lo he dicho… Estás en un error… estoy como estaba… sí, eso sí, y eso tienes que entenderlo… Estamos hablando y hablando de esto, y… no queremos darnos cuenta de que… habrá que callarse pronto y… colgar este teléfono y… dejarse caer en la nada y… en el silencio y… en la oscuridad y…
(Vuelve a Ilorar.)
Óyeme un momento, amor mío, solo un momento… Nunca, nunca te he dicho una sola mentira… Sí, tú tampoco, tú tampoco, ya lo sé, te creo… No, no es ese el tema… es que… ahora te las estoy diciendo… Desde que estamos hablando… no hago mas que mentir… Sí, sí, te estoy diciendo una mentira detrás de otra… yo sé… que ya no me queda ninguna esperanza… ninguna…, pero las mentiras son… traen mala suerte y además yo… no sé… y no puedo… y no quiero… y tengo horror a mentirte, aunque sea… aunque sea para tranquilizarte… No, nada serio… No, no tienes porqué asustarte… solo que… no te he dicho la verdad cuando me has preguntado lo que llevaba puesto ni… no es cierto que… haya comido, comido con Marta… no he comido… ni con Marta ni con nadie… Y me he echado un abrigo por encima del camisón tal como estaba sin vestir en absoluto, porque estaba tan desesperada esperando que me llamases y… me he vuelto loca mirando al teléfono y… levantándome y… sentándome y… corriendo por toda la casa… que antes de enloquecer del todo, pues me eché el abrigo por encima… Pensaba coger un taxi e irme frente a tu casa… Yo qué sé, a mirarla, a ver tus paredes, a seguir esperando un milagro… ¡Y yo qué sé! Nada… esperar nada, pero… mejor que estar aquí ahogándome… Sí, sí, tienes toda la razón… Te oigo, te oigo muy bien… No, y te lo he dicho… No voy a hacer ninguna estupidez… Claro que te estoy oyendo… Te contestaré la verdad… cualquier cosa, pregúntame lo que quieras… No he salido de casa… no me sentía capaz… No, no he probado bocado… No podía tragar… me he sentido muy mal… Sí, anoche al acostarme me tomé una pastilla para dormir… claro que sí…, pero la verdad es que lo pensé… pensé en tomarme el frasco y no volver a despertarme nunca.
(Llora.)
Muy cobarde, sí… me tomé una docena de pastillas en un vaso de agua tibia… caí fulminada… me desperté sobresaltada, pero feliz creyendo que todavía estaba soñando y… luego… cuando vi que no… y que era verdad… y que no tenía a nadie a mi lado… y que no podía apoyarme en tu hombro, ni tener mis piernas enlazadas con las tuyas ni… me di cuenta de que no es posible… de que no puedo seguir viviendo como… sin peso… sin sangre… tan fría… tan horriblemente fría… Entonces pensé que ni la muerte me quería ayudar… respiraba con mucha angustia y… aguanté una hora o algo así… y luego llamé a Marta… hace falta mucho valor para morirse sola… y yo no lo tengo… ¿lo entiendes, mi amor? ¿Verdad que lo entiendes?… Marta llegó a eso de las cuatro y se trajo a un médico que vive en su misma casa… Yo tenía muchísima fiebre… y ese médico me dijo que si no se conocen las dosis es bastante difícil envenenarse… me recetó no se qué… y Marta se ha pasado el día aquí a mi lado… Le he tenido que insistir mucho para que se fuese… Quería estar sola cuando me llamases… Sabía que esta era la última vez que me llamas. Sí, ahora, sí… Ya pasó todo… Sí, ya pasó… Un poco de destemplanza… Pues treinta y ocho dos o treinta y ocho tres… naturalmente que son los nervios… estate tranquilo… ¡Soy una estúpida!… estaba dispuesta a no contarte nada para que nos pudiésemos separar en paz y… a colgar sin más como otras veces… como si nos fuésemos a volver a ver mañana… ¡Qué débil soy!… sí, sí… muy débil… me da mucho miedo colgarte este teléfono y… volver a desaparecer en la oscuridad…
(Llora.)
¿Estás ahí?… ¡Qué miedo, creí que se había vuelto a cortar…! ¡Qué bueno eres! No te mereces todo el daño que te acabo de hacer… No te calles, no te calles, dime todo lo que estás pensando… lo he pasado tan mal que hasta me he revolcado por el suelo y luego, fíjate, ya ves, me llamas, cierro los ojos y ya me siento bien… Bueno, eso me ha pasado siempre ¿no?… Tantas y tantas veces que en la cama te he oído hablar con la cabeza sobre tu pecho… cerraba los ojos y te oía… igual que ahora… No, qué va… tú, no… La única cobarde soy yo… Te he dicho que me había jurado a mi misma que… ¿Cómo?… No, te equivocas, no… Pero ¿qué dices?… me has hecho muy feliz… Te digo que no. ¿Cómo va a ser lo mismo?… ¿No ves que yo sabía, yo sabía que esto tenía que suceder alguna vez?… Pues, claro… Lo que pasa es que hay muchísimas mujeres, mas de las que tú te piensas, que creen que se van a pasar la vida entera junto al hombre que quieren y, de pronto, cuando llega la hora no están nada preparadas para la ruptura… Yo estaba preparada… nunca te hablé de eso porque… porque era mejor, pero… un día que fui a la modista estaba tu foto en no se qué periódico… por cierto que… abierto por la página justa y muy bien colocadito encima de la mesa… un detalle muy femenino, muy humano, si quieres… Pues porque no quería amargarnos nuestros últimos días… ¿Además para qué? Lo lógico es encajarlo y… callarse… No, no me hagas mejor de lo que soy… Oye ¿qué es eso?… Parece música… Digo, que me parece como si estuviese oyendo música… ¿Ah, sí?…, pues dale con los nudillos en el tabique, como hace todo el mundo… estas no son horas de oír música tan alta… No has tenido suerte con esos vecinos… Además como no vivías ahí, pues se han acostumbrado mal… No, no hace falta, mañana volverá ese médico amigo de Marta… Que te digo que no… es muy buen médico… vino en seguida y se puede molestar si llamo ahora a otro… Estate tranquilo… claro, claro que sí… Por Marta… Marta te dará noticias mías, de vez en cuando… Sí, claro que lo entiendo, ¿cómo no lo voy a entender? Te juro que voy a ser la mujer mas valiente del mundo… Jurado… ¿Qué dices?… Sí, ya estoy bien… Si no me hubieses llamado me habría muerto, pero ahora ya estoy bien… No, no, no… Espera todavía un poco… un poco más… Espera un poco… Vamos a ver si encontramos una forma de…
(Se pasea. Su infinita desesperaci6n le hace lanzar un gemido que no puede controlar.)
No te enfades conmigo… Sé que estoy haciendote una escena… una escena insoportable… y que me estás aguantando con toda tu paciencia, pero me tienes que perdonar… Lo estoy pasando muy mal, estoy deshecha, completamente deshecha… Ya no me queda mas que este hilo para llegar hasta ti… ¿Cuándo, anteayer? Pues dormir… Me llevé el teléfono a la cama… Sí, sí… claro que me acosté… No… lo sé, lo sé todo, sé que parece ridículo… sabía que no ibas a llamar, pero este teléfono es todo lo que me queda ahora en el mundo… Llega hasta tu casa y… como al fin y al cabo me prometiste que volveríamos a hablar. He soñado de todo… Hasta que me golpeabas con el teléfono y que me estaba ahogando y el fondo del mar era como tu casa… Yo respiraba por un tubo de esos de las escafandras y te pedía que no lo cortases… Ya ves… sueños malignos… de esos que hacen sufrir y luego resultan tontos cuando se cuentan… Ahora no, porque ahora estoy hablando contigo de verdad… Han sido cinco años, compréndelo… cinco anos en que solo he vivido para ti… respirando a tu lado y… esperando que vinieses… muriéndome de espanto cuando te retrasabas porque lo menos que hacía era temer siempre lo peor y resucitando cuando abrías la puerta y muriéndome otra vez solo de pensar que tendrías que volver a irte… Como ahora… Ahora respiro porque te oigo… Porque mi sueño no era tan disparatado… Si cortas esta comunicación me cortas el aire… Sí, sí, he descansado… A la fuerza… Dice el médico que la primera noche se descansa… Parece que la intoxicación tiene un primer momento en que… hasta el sufrimiento desaparece… Lo malo viene después… Ayer, claro, la segunda noche y hoy va a ser terrible… Y mañana va a ser insoportable… Y pasado mañana… No, fiebre, no, no creo… Lo veo todo con mucha claridad… Por eso creo que debía haber seguido mintiéndote ¿Y de qué me va a servir dormirme un rato? ¿De qué?… Después tendré que despertarme y… hacer algo… salir a… ¿salir a dónde?… Cielo mío, verte o no verte ha sido todo lo que he hecho en estos años… Marta tiene su propia vida… Es como pedirle a un pez que respire fuera del agua… No, ya te lo he dicho… no necesito nada y no necesito a nadie. ¿Cómo que me entretenga?… Pero… mira te voy a decir una cosa bastante prosaica… Desde ese domingo terrible sólo unos segundos me he olvidado de ti… fue hace unos días cuando el dentista me rozó un nervio con el torno… Completamente sola… Está tumbado junto a la puerta de entrada… No me hace caso… Esta mañana fui a hacerle una caricia y por poco me muerde… No se le puede tocar… No, no… Levanta el hocico y hasta ladra si me acerco… parece otro perro… Le estoy empezando a tener miedo… En casa de Marta se convertiría en una fiera, ¿no te digo que ni siquiera me deja a mí que me acerque?… Contigo, sí… Yo le estoy tomando miedo. Desde aquí lo veo… Completamente quieto… ¿Y yo qué sé por qué?… A lo mejor piensa que yo tengo la culpa de que no vengas… o… incluso que te he hecho algo malo… ¡pobrecito!… No, si yo le quiero mucho… Por eso, porque sé lo que pasa… Que te quiere… Que te quiere muchísimo y… como no te ve…, pues me echa la culpa a mí… Sí, con José se va… mándalo cuanto antes… Sí, no me echaría de menos… Era tu perro, no el mío… Ahora lo estas viendo… Sí, lo que tu digas, solo que me da miedo acercarme… Está bien, ya pensaré a quién se lo doy…, pero estoy segura de que en tu casa se haría amigo de todos… de toda la… gente que… esté viviendo contigo… Sí, vida mía, tienes razón… es un perro y… por listo que sea… habrá cosas que… que no estén claras para él… Puede que no me conozca… a lo mejor le doy miedo… cualquier cosa, vete a saber… ¿No te acuerdas de aquella noche en que yo tuve que decirle a mi tía que se había muerto su hijo? Es muy blanca y muy pequeñita… Pues se puso roja, roja y se estiró como si fuese un gigante… Daba en el techo con la cabeza… parecía como si tuviese mil manos y daba espanto su sombra que llenaba la habitación entera… ¡espanto, sí!, pues su perra, precisamente se escondía debajo de la cómoda, y ladraba como si corriera detrás de un animal… ¡Ah, eso! ¿Cómo voy a saber eso?… Estoy muy descentrada… He hecho algunas cosas… peor que tonterías… ¿Por ejemplo? Pues he roto todas mis fotografías… no me preguntes por qué, hasta las de pasaporte. Sí… ¿Me quieres decir para qué lo necesito yo ahora?… Nos encontramos en un viaje… Si vuelvo a viajar y te vuelvo a encontrar me sentiría muy desgraciada… No, nunca… ¿Qué?… ¿Oiga? ¿Oiga?… Por favor, señora cuelgue… Le digo que cuelgue… Me tiene sin cuidado lo que opina de mí… Lo único que quiero es que cuelgue… Ridícula o no, dedíquese a sus cosas y antes cuelgue de una vez… ¡Ah! Cielo mío… cariño… no le hagas caso… No, no cortes, por favor, ya ha cortado ella… La he oído. Sí… ¿Te ha molestado lo que ha dicho?… Sí, sí, te ha molestado, te conozco muy bien… ¿Y a ti qué más te da?… Era una estúpida y ni siquiera sabe quien eres… una estúpida que piensa que todos los hombres son iguales… Que no, cielo mío, que no, que tú no te pareces a ninguno… ¿Por qué?… No le des más vueltas… Tenía que suceder y ha sucedido… Anteanoche se me acercó Henri… Querfa saber si tú tenías un hermano y si era el anuncio de su boda el que venía en el periódico… No, mal rato, no…, pero bueno tampoco… Como si me estuviesen dando el pésame, ¿qué iba a hacer?… La gente no tiene la culpa y como no se lo explica… Sí, la gente, en general… Para la gente las cosas son blancas o negras… Nos queremos mucho o nos odiamos a muerte… No, no te molestes, porque no conseguirás nada… Haz con todos lo mismo que yo estoy haciendo…
(Un gemido apagado.)
¡Ay!… No, no era nada… Es que como estoy hablando tanto… igual que siempre, ¿no?… Pues de pronto se me olvida lo que ha pasado… creo que no ha pasado y… cuando me doy cuenta…
(Llora.)
Ya sé que no tengo que volver a hacerme ilusiones… No, no, no es eso… Pero hasta ahora… cuando hemos tenido un problema… que nunca han sido importantes, pero en fin…, pues hasta ahora hablábamos, soñábamos y… al final, con un beso y un abrazo, pues… menos. Con una simple mirada nos volvíamos a entender… Por teléfono no es lo mismo… Por teléfono lo que se ha acabado se ha acabado. No, amor mío… Los suicidios no se repiten… Puede que sí, pero sólo una, para dormirme cuanto antes… ¿Tú me imaginas a mí comprando una pistola?… Ni entiendo ni quiero entender… ¡Pero si ya no tengo fuerzas ni para mentirte, cielo mío!… Te estoy diciendo la verdad… Sé que a veces es mejor mentir… mucho mejor… Ya ves, es como si tú… Si tú me engañas ahora pensando que voy a sufrir menos. No, no digo que me estás engañando. Lo que digo es que si yo me entero de que me has dicho una mentira… Una mentira pequeña, yo que sé, que estás en tu casa y no estás o… algo así… No… Escúchame, amor mío… no… Estoy segura… Te he puesto un ejemplo… ¿Cómo voy a decir yo que me estás mintiendo?… ¿Pero por qué te enfadas?, me has entendido mal.. Sí te has enfadado, sí, te lo noto en la voz… Lo que te he dicho es que si me mientes por cariño, por no hacerme daño, yo te lo tendría que agradecer… ¿qué?… ¿me oyes?… ¿me oyes?… ¿me oyes?…
(Cuelga el auricular. Habla bajo y rápido, casi como si rezara.)
¡Por favor que vuelva a llamar…! ¡Que vuelva a llamar! ¡Dios mío, que vuelva a llamar!
(Suena el teléfono. Lo descuelga.)
Se cortó otra vez… No, te decía, que si me mintieras por… para no hacerme sufrir y… y yo lo descubriese, todavía te querría más de lo que te quiero…
(Se ajusta el cordón telefónico en la garganta.)
No es verdad, parece que estamos juntos y nos separa media ciudad… Ahora está tu voz dando vueltas en mi garganta… Espera un poco… Es mejor que se corte por casualidad… ¿Yo? No, ¿cómo voy a pensar yo que estás deseando colgar?… Eso sería muy cruel y tú no eres cruel… ¿A dónde?… Marsella… ¿Tan pronto? ¿Pasado mañana?… Nada… Sí, bueno, que me hagas un favor, que no vayas al hotel de siempre… No, no quiero que te enfades… Es que… como hemos ido tantas veces juntos a ese hotel, pues… así no me imagino nada y… al no verlo me hará menos daño… ¿Comprendes por qué te lo pido?… Sí, gracias… Eres un ángel… Te quiero mucho… con toda mi alma…
(Se incorpora y va hacia la cama.)
¡Qué tonta soy!… Te iba a decir “hasta ahora mismo”… Lo de siempre, claro… Tienes razón, tienes razón… Es mejor que seas tú quien cuelgue…
(Se deja caer en la cama abrazada al auricular telefónico.)
Adiós, vida mía… Adiós… Sí, voy a tener mucho ánimo. Sí…, pero ahora date prisa y cuelga… ¡Cuelga, por favor!… ¡Ya! Te quiero… más que a mi vida… más que a mi vida… más que a mi vida…
OSCURO
Ludwig van Beethoven. Sonata Nº 2, op. 27, tercer movimiento
Horacio Lavandera nació en Buenos Aires, Argentina en diciembre de 1984. Actualmente vive en Madrid. Fue el intérprete más joven en ganar el III Concurso Internacional de Piano Umberto Micheli a la edad de dieciséis años. También obtuvo el premio Especial de la Orquesta Filarmónica della Scala de Milan por su interpretación del Concierto en Sol Mayor de Maurice Ravel en la ronda final.
Su sitio oficial es http://www.horaciolavandera.com/
Frederic Chopin. Balada Nº 1, op. 23 en Sol menor
Krystian Zimerman nació el 5 de diciembre de 1956 en Polonia.
Josefina Licitra. Un niño de tres años sabe muchas cosas
Sabe que hay animales que comen plantas y otros que comen carne, y que los elefantes –aunque no comen carne– son peligrosos porque pueden pisotearte sin querer: una forma de enterarte de que los buenos también son capaces de hacer daño.
Sabe que su color preferido es el rojo, que preferido es igual que favorito, y que favorito es lo que más les gusta a las personas sobre la faz de la tierra. Le enseñaron que vive en el planeta Tierra, en el país Argentina, en la calle Ramón Falcón. Que las calles se cruzan cuando enciende el color verde y que adentro de los autos hay que usar el cinturón.
Cuando pasa por su esquina, un niño de tres años es capaz de distinguir a un policía de una puta: la puta tiene tetas grandes y sonríe cuando el niño la saluda. El policía, bueno, el policía sólo hace caritas en las propagandas sobre el tránsito: sabe entonces un niño, a los tres años, que lo que dice la tele puede no ser cierto y que mirar la tele es, en última instancia, un ejercicio de fe. Uno elige en qué creer y entonces él confía en la existencia de Pucca, Kung Fu Panda, los Backyardigans y Marcelo Tinelli. Después de confiar, pide productos. Y entiende, o al menos va entendiendo, que el precio de tener algún juguete suele ser perversamente alto: los juguetes se compran con dinero, el dinero se compra con trabajo de sus padres y el trabajo significa que ese niño, durante varias horas, a lo largo de muchos días, está sin sus papás. Así aprende el niño que la felicidad se paga. Pero aprende, antes que nada, que a veces es buen negocio pagarla.
Un niño de tres años percibe que las personas y los animales mueren. No queda claro cómo es que lo advierte porque los padres se empeñan en mentirle, pero él un día se tira al piso y grita “me morí”, y con sólo gritarlo está diciendo que él sabe, o presiente, que hay cosas que los padres le ocultan. Sabe que el sol es de fuego, que la Luna queda lejos y que hay lugares a los que nunca se llega.
A los tres años, un niño tiene claro que no quiere ser viejito. Quiere ser grande pero no viejito, porque los viejitos se ven –el niño se encorva– así. Y nadie, ni siquiera un niño –sobre todo un niño– quiere verse así. También sabe que hay otros niños que mueren. Una vez, por descuido, vio la imagen de una criatura ensangrentada por las bombas y sus padres apagaron la pantalla, pero ya era tarde: la imagen para siempre, en la pupila del niño.
–El nene estaba dormido –mintió la madre.
–No. Estaba muerto –dijo el niño.
Un niño a los tres años sabe decir “está muerto” aunque no sepa qué es la muerte. Como los adultos, como todos los que estamos vivos.
Hay, por otro lado, cosas que un niño, a los tres años, no sabe. No sabe decir “creo en Dios” porque ni siquiera sabe decir “Dios”. No le contaron que en las reuniones sociales hay que deslizar que se leyó a Houellebecq.
No tiene idea de cómo se hacen los bebés –y menos de por qué–, y tampoco sospecha que su mamá lloró en la ducha el día de su tercer cumpleaños: un llanto de felicidad, que no es otra cosa que la cara más amable de la desesperación. No sabe fingir, un niño de tres años. No le sale la impostura y las mentiras se le vuelven carteles en los ojos.
Tampoco intuye que la mayor parte de las propagandas, las revistas, los programas infantiles y los espectáculos de las vacaciones de invierno lo trataron y lo tratan como si él fuera eso: un exhibidor de carteles, alguien que no sabe. Una criatura que sólo tiene cabeza para elegir –como muestra Territorio Kids: el primer blog creado por el marketing para saber qué colocarle a qué niño– si son mejores las Barbies o las Bratz, o si es preferible el batido Chocolek con gusto a vainilla o con gusto a galleta.
El niño todavía no sabe distinguir quiénes quieren embaucarlo y quiénes no. Pero denle tiempo, porque el niño sabe mucho. Sabe, por ejemplo, que se llama Joaquín. Y saber su nombre, a esta altura, es más importante que saberlo todo.
(Publicado en Crítica de la Argentina, 27.08.2008)
E.T.A. Hoffmann
Ernest Theodor Amadeus Hoffmann fué un escritor y compositor alemán que nació el 24 de enero de 1776 en Königsberg y murió el 25 de junio de 1822 en Berlín. Es uno de los más importantes autores del Romanticismo y en sus historias están presentes lo siniestro, el amor, el dolor, la tristeza, el desamparo, la enfermedad y la muerte.
Además de los dos cuentos incluidos en este volumen escribió Bárbara Roloffin, Consejero Krespel, Datura fastuosa; el bello estramonio, El huésped siniestro, El salón de Artus, El sanctus, El voto, Historia de fantasmas, La casa vacía, La fermata, La iglesia de los jesuitas de G., La marquesa de Pivardière, La ventana esquinera de mi primo, Los autómatas, Los elixires del diablo (1815, novela), Los maestros cantores, Vampirismo, El corazón de piedra, La imagen del espejo perdido.
A partir del cuento de Hoffmann El hombre de arena, Sigmund Freud realiza un análisis del tema de lo siniestro tanto en la literatura y en la ficción como en la vida cotidiana, en su excelente obra publicada en 1919 que lleva precisamente el título de Lo ominoso (o Lo siniestro, de acuerdo a la traducción). De lectura altamente recomendable.
En 1881 se llevó a cabo el estreno de la ópera en tres actos Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach con libreto de Jules Barbier, basada en tres cuentos, El hombre de arena, Consejero Krespel y La imagen del espejo perdido.
Yasunari Kawabata. El sonido de la montaña
Cuanto más pensaba en eso, más insondable se le hacía.
En el mundo había gente tan parecida entre sí que se los podría tomar por padres e hijos. Pero difícilmente existieran muchos en el mundo. Tal vez hubiera un solo hombre que pudiera corresponderse con una muchacha y una sola joven que combinara con un hombre. Solo uno para algún otro; y tal vez en todo el mundo una sola pareja posible. Viven como extraños, sin suponer ningún tipo de lazo entre ellos y hasta ignorantes de la existencia del otro.
Por casualidad suben al mismo tren, se reúnen por primera vez y probablemente nunca vuelvan a encontrarse. Treinta minutos en el curso de toda una vida. Se separan sin decirse una palabra. Habiendo estado sentados uno al lado del otro, sin mirarse, sin darse cuenta del parecido, se alejan siendo parte de un milagro del que no tomaron conciencia.
Y el único admirado por la rareza de todo eso es un extraño que se pregunta si, al ser un accidental testigo no estará participando de un milagro.
¿Qué significaban ese hombre y esa mujer que parecían padre e hija, sentados uno al lado de la otra durante solo media hora en el curso de todas sus vidas, y que se habían mostrado así ante Shingo?
Allí había estado ella, con sus rodillas casi rozando las del hombre que no podía ser otro que su padre, todo porque la persona a quien esperaba no había llegado.
-¿Así es la vida? -era lo único que Shingo podía musitarse.
El sonido de la montaña (1954) es una historia centrada en los vínculos que tiene el señor Shingo de 62 años con su familia, formada por su esposa Yasuko, su hijo Shuichi y su esposa Kikuko, y su hija Fusako, madre de dos niños Satoko y Kuniko. Shingo percibibe ciertos cambios en su vida y los atribuye a la proximidad de la muerte, incluso sus ex compañeros de juventud y de estudios han ido muriendo. Por ciertas circunstancias, toda la familia vive en la misma casa, y esta proximidad hace que los vínculos adquieran características especiales. Todo parece fluir y deslizarse casi monótonamente, aunque paulatinamente suceden cosas terribles, trágicas. Fascinante, intensa, poética. Ya había leído Lo bello y lo triste; El sonido de la montaña me terminó de convencer de que Kawabata es un grande de la literatura.
Obras: La bailarina de Izu (1926), La pandilla de Asakusa (1930), País de nieve (1947), El maestro de go (1954), Mil grullas (1952), El sonido de la montaña (1954), El lago (1954), La casa de las bellas durmientes (1961), La vieja capital (1962), Lo bello y lo triste (1964), Un brazo (1964), Historias en la palma de la mano.
Yasunari Kawabata vivió una vida muy especial, marcada por las pérdidas. A los dos años fallece su padre y al año siguiente su madre. Es criado por sus abuelos lejos de su hermana. Su abuela muere a sus siete años, quedando a cargo de su abuelo ciego hasta que este fallece a los quince años del autor. Su hermana ya había muerto a sus diez años. Kawabata nació el 14 de junio de 1899 en Osaka, Japón y se suicidó a los 72 años, el 16 de abril de 1972. En 1968 le fué otorgado el premio Nobel de Literatura.
Max Frisch. No soy Stiller
Un hombre es detenido al pasar de un país a otro acusado de no ser la persona que figura en su pasaporte. Una pequeña anécdota con ecos kafkianos, que da lugar a una novela excepcional. Y el tema es el de la identidad del ser humano: ¿quién soy? ¿quién estoy siendo? Un entrecruzamiento de personas, de historias y la transformación que lleva a cabo Stiller o como se llame el protagonista de una historia fascinante e inolvidable.
Max Frisch nació en Zurich, Suiza el 15 de mayo de 1911 y allí falleció el 4 de abril de 1991. Era arquitecto y luego de la publicación y repercusión de No soy Stiller, se dedicó exclusivamente a la literatura.
Teatro: La muralla china (1946), Cuando terminó la guerra (1949), Biografía: un juego (1961), Andorra (1964), Biedermann y los incendiarios (1958), Don Juan o el amor a la geometría (1953), Guillermo Tell para el colegio.
Diarios: Diario 1946-1949, Diario 1966-1971.
Novelas: No soy Stiller (1954), Homo Faber (1957), Andorra (1961), Digamos que me llamo Gantenbein (1964), La cartilla militar (1973), Montauk (1975), El hombre aparece en el holoceno (1979), Barba Azul (1982).
Christine Nöstlinger. Konrad o el niño que salió de una lata de conservas
Christine Nöstlinger nació el 13 de octubre de 1936 en Viena, Austria y es una de las mejores escritoras de obras para niños y jóvenes. En 1984 obtuvo el premio Andersen, el galardón más importante de la literatura dirigida a niños.
Algunos de sus libros, de más de setenta publicados, son: Los chicos del sótano mágico (1971), Me importa un comino el rey Pepino (1972), Un marido para mamá (1972), ¡Qué asco! (1973), Pepito (1975), Lollipop (1976), Mi amigo Lucky-Live (1978), Una historia familiar (1981), Filo entra en acción (1982), Gretchen se preocupa (1983), Querida Susi, querido Paul (1984), Olfato de detective (1992), Querida abuela… Tu Susi, La auténtica Susi, Intercambio con un inglés (2004), Juan, Julia y Jericó (2002), y dos series de libros que tienen como personajes a Mini (Mini tiene que ir al hospital) y a Franz (De por qué a Franz le dolió el estómago).
Konrad o el niño que salió de una lata de conservas (1975) es la historia de un niño que le es enviado por correo a la señora Bartolotti. Habiendo sido diseñado con ciertas características, Konrad se ve inmerso en el mundo de los adultos, donde las cosas no funcionan como él espera, o sea, funcionan mal, con toda la hipocresía y ruindad de que somos capaces los que no somos niños. Altamente recomendable para niños y, obviamente, para adultos.
J.G. Ballard. El mundo sumergido

Luego de leer Bilenio, Playa terminal, El hombre imposible, Crash y La isla de cemento, finalmente dí cuenta de El mundo sumergido obviamente en la edición de la gloriosa Ediciones Minotauro, editorial de origen argentino que publicó y tradujo lo mejor de la ciencia ficción y fantasía, hasta que sucumbió gracias a los avatares de la política y economía locales. Gracias a esa editorial pude leer todo Ray Bradbury, La naranja mecánica de Anthony Burguess, y las mejores obras de Cordwainer Smith, Alberto Vanasco, Eduardo Goligorsky, Arthur C. Clarke, Theodore Sturgeon, Olaf Stapledon, Alfred Bester, Norman Spinrad, Gore Vidal (Kalki), Roger Zelazny, William Golding (Señor de las Moscas y Los herederos), Philip K. Dick, Zenna Hernderson, Richard McKenna y la primera edición en castellano (en 1977 o 1978) de El Señor de los anillos de J.R.R. Tolkien (Minotauro publicó más obras de Tolkien), tres tomos que ya han empezado a deshojarse, pero resisten…
El mundo sumergido es una de las novelas postapocalípticas de Ballard donde plantea los efectos del calentamiento global y lo que sucede con algunos de los sobrevivientes. ¿Será pos eso que hace 47 años este libro era “fantasía”? Los tiempos han cambiado y hoy sigue sorprendiendo por la calidad literaria y por narrar una historia casi real.
James Graham Ballard nació el 18 de noviembre de 1930 en Shangai, China de padres ingleses y falleció el 19 de abril de 2009. Es uno de los más importantes escritores de ciencia ficción (dura) de todas las épocas.
Novelas: El viento de la nada (1962), El mundo sumergido (1963), La sequía (1964), El mundo de cristal (1966), La exhibición de atrocidades (1970), Crash (1973), La isla de cemento (1974), Rascacielos (1975), Compañía de sueños ilimitada (1979), Hola, América (1981), El imperio del sol (1984), El día de la creación (1987), Furia feroz (1988), La bondad de las mujeres (1991), Noches de cocaína (1994), Fuga al paraíso (1996), Super-Cannes (2000), Millennium People (2003), Bienvenidos a Metro-Centre (2006)
Libros de cuentos: Bilenio (1962), Las voces del tiempo (1962), Pasaporte a la eternidad (1963), Playa terminal (1964), El hombre imposible (1966), Zona de catástrofe (1967), The Overloaded Man (1967), Cronópolis (1971), Vermilion Sands (1973), Aparato de vuelo rasante (1976), Mitos del futuro próximo (1982), El día eterno (1985), Memories Of The Space Age (1988), Fiebre de guerra (1990), The Complete Short Stories of J. G. Ballard (2001)
Otras obras: Guía del usuario para el nuevo milenio (1996) (recopilación de artículos y comentarios), JG Ballard: Quotes (2004), JG Ballard: Interviews (2005), Milagros de vida: Una autobiografía (2008).
El sitio oficial es http://www.jgballard.com/
Howard Phillips Lovecraft. Cuentos de terror
Esta edición contiene los cuentos “Dagón”, “La maldición que cayó sobre Sarnath”, “Del más allá”, “En la cripta” y “La sombra sobre Innsmouth”, este último algunas veces considerado una novela. De hecho ocupa más de la mitad de este volumen de 189 páginas. En estos cuentos, como siempre sucede con Lovecraft, el horror reluce en todo su esplendor.
Esta antología de cuentos pubnlicada hace algunos años, también el terror brilla. Es una edición diseñada para ser utilizada por alumnos de escuelas primarias y secundarias, ya que hay un ensayo introductorio y notas a cargo de Emilce Salussoglia que presenta la genealogía del horror en la literatura relacionándolo con los movimientos de la época, y presentando a los autores y obras más importantes. La traducción es de Eugenio Mandó. Los cuentos incluidos son “El vampiro” de John Polidori (primer cuento en la historia que presenta a un vampiro como personaje literario, Lord Ruthven), “El retrato oval” de Edgar Allan Poe, “La casa del juez” de Bram Stoker, “La catacumba nueva” de Arthur Conan Doyle, “La pata de mono” de William W. Jacobs y “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga. Excelente el criterio de selección.
Kate Bush. Aerial
Video de Luigi D’Elia, excelente y creativa puesta en imágenes de la música de Kate Bush.
Dario Fo. Muerte accidental de un anarquista
Obra de teatro publicada en 1970 del gran actor y dramaturgo italiano Dario Fo, quien fuera premiado con el Nobel de Literatura de 1997. La obra está inspirada en lo que sucedió en Estados Unidos en 1921, cuando el anarquista Salsedo, un inmigrante italiano “cayó” desde una ventana del piso 14 de la comisaría central de Nueva York. Un caso similar había ocurrido en Milán, Italia.
Tuve la oportunidad de asistir a la actuación de Dario Fo en Buenos Aires, en el Teatro Municipal San Martín (sería 1984, 1985), cuando representó su unipersonal Misterio Bufo y quedé fascinado por cómo actuaba y lo que decía.
Esas representaciones estuvieron condicionadas por una campaña de desprestigio por parte de cierto sector retrógrado de nuestra sociedad, ya que sostenían que desprestigiaba a la Iglesia. Tanto hablaron y despotricaron que algunos imbéciles rompieron los vidrios del Teatro, creo que con la idea de que rompiendo vidrios se rompen las ideas. En medio de la función a la que asistí, un espectador se levantó de su butaca y comenzó a gritarle una serie de inconsistencias, tras lo cual lo extirparon de la sala y todo volvió a la normalidad.
Muerte accidental de un anarquista es una comedia negra, donde dice cosas contundentes acerca de los políticos, los policías y el poder de turno. Imprescindible, obvio.
María Negroni. Museo negro
Publicado en 1999, Museo negro es una obra sobre lo gótico, el terror y los ámbitos oscuros de la literatura, esos mundos donde estamos. Y María Negroni recorre esas habitaciones abriéndonos las puertas que nos llevan a esa maravillosa realidad.
Y es un hermoso libro, una joya negra, porque María Negroni es poetisa y deslumbra con su conocimiento, y por el respeto y la sutileza con que construye cada párrafo para hablarnos de un género surgido a la sombra del Romanticismo pero que ha permanecido tan intenso como desde la publicación de la primera novela, El castillo de Otranto de Horace Walpole.
Obra ineludible, necesaria.
María Negroni nació en Rosario, Argentina en 1951. Es poetisa, escritora y traductora.
Obras de poesía: De tanto desolar (1985), Per/canta (1989), La jaula bajo el trapo (1991), Islandia (1994), El viaje de la noche (1994), Diario extranjero (2000), Camera delle Meraviglie (2002), La ineptitud (2002), Night Journey (2002), Arte y fuga (2004).
Ensayos: Ciudad Gótica (1994), Museo Negro (1999), El testigo lúcido: La obra de sombra de Alejandra Pizarnik (2003).
Novela: El sueño de Ursula (1998).
Además ha editado la obra completa de la poetisa Susana Thénon.
Jennifer Hudson. One Night Only
Tema incluido en la película Dreamgirls.
Luis Buñuel y Salvador Dalí. Un perro andaluz
Este film mudo de 1929 fue dirigido, producido e interpretado por Luis Buñuel y el guión realizado en colaboración con Salvador Dalí. Conserva toda la locura, crueldad, frescura e imaginación como para considerarlo una obra de arte original. Recuerdo haberlo visto en una exhibición que tuvo lugar en el ya inexistente cine Cosmos 70, junto a otras películas de esa época como La edad de oro. Creo que éramos diez personas en la inmensidad de la sala.
Desde ya mi agradecimiento a la gente que lo subió a la web. Si bien la música que le han agregado está muy bien, se debería ver la película sin sonido. Es una experiencia muy especial. La escena inicial de la navaja es sublime.











