Archive | marzo 2010

Claude Debussy. Children’s Corner (Nº 4, 5 y 6)

Nº 4 The Snow is dancing

Nº 5 The little Shepherd

Nº 6 Golliwog’s Cakewalk

W. Nänni, piano.

Ema Wolf. Mi mapa cerebral

En mi mapa cerebral se distinguen con claridad cuatro hemisferios, divididos transversalmente por la línea de la Marsopa (la temperatura allí es altísima) y longitudinalmente por algo que de lejos parece un tabique de telgopor pero en realidad es un pelo encarnado. Lo atraviesan a lo ancho unas cuantas cintas celestes, onduladas muy monas, que, de no ser isobaras o algo así es probable que sean los lazos que se usan para mantenerlo enrollado.
Arriba de todo, pero del lado de afuera a la intemperie, está la mollera, deshabitada, que en mi geografía equivale al casquete polar.
Los hemisferios no son simétricos ni regulares ni equivalentes, ni siquiera parecidos, y no están ni remotamente relacionados entre sí: en el lugar donde deberían estar 1as fibras comunicantes del cuerpo calloso hay un océano inconmensurable que nadie atravesó jamás, con excepción de algunos cetáceos y cardúmenes de sardinas y peces voladores. Está claro que, en estas condiciones, mal puede un hemisferio pasarle información a otro. (Casi con seguridad, entre el derecho y el izquierdo, hubo, en épocas remotas, un continente -bastante grande considerando el espacio de agua que queda en el medio- que se habría hundido de manera lamentable a causa de una fisura en la corteza. De él no queda mas que una isla de materia gris, boyante, envuelta en brumas, casi siempre invisible, llamada Isla de los Propósitos.)
En cada hemisferio las distintas regiones se identifican por sus colores —rojos, verdes, lilas y por las líneas que las separan, que parecen puntadas largas hechas con máquina de coser.
Al noreste están localizados el equilibrio, el olfato y el movimiento de las orejas, que en mí es voluntario. En estas zonas la densidad de las neuronas, desgraciadamente, es tan baja que no pueden funcionar sino de a una por vez. Para que una zona se active, las pobrecitas tienen que correr en tropel hacia allá, tomarse de las manos y hacer fuerza todas juntas al mismo tiempo. Aún así, a veces no consiguen mover nada.
Enfrente, al oeste, se extiende un territorio inmenso, rico en glucosa, atravesado de norte a sur por una cadena de montanas blandas en cuyo pico más alto se extraviaron varios escaladores. Esas montañas, coloreadas de marrón, obvio, son el fruto de plegamientos precámbricos. Están para permitir el movimiento de los codos, la rodilla derecha, los párpados, el entrecejo, las falanges, y para asentir con la cabeza. De las alturas desciende un río sin afluentes donde está alojada la determinación: el río avanza, impetuoso y rugiente, a través de mesetas y cañones, se descuelga en cataratas de vértigo arrastrando sedimentos, minerales, rocas, latas de conserva, muebles y salmones empeñados en nadar contra la corriente, pero no desemboca en el océano sino que termina de repente en un charquito pedorro.
A un lado de la cadena esta ubicada el habla, en una llanura donde se cultivan solamente papas. Al otro lado, el entendimiento. De él hay poco que decir: comparte su territorio con el movimiento de la rodilla izquierda, unidos como siameses por un pedúnculo cerebeloso. Al parecer, esa convivencia, demasiado brutal para su sensibilidad, lo perturbó de manera definitiva.
Observemos la zona de la memoria. Es lisa. Los manchones plateados corresponden a otras tantas lagunas. Allí nadan patos de goma que se inflan y desinflan todo el tiempo. Si por cualquier motive, alguno pierde el aire de golpe sale disparado hacia arriba y desaparece en la atmósfera. Excepto por la abundancia de lagunas, es lo más parecido al paisaje de la Patagonia: sobre la superficie erosionada ruedan, como ruleros, erráticas matas de pasto zamarreadas por vientos de todos los cuadrantes.
La memoria limita al sur con la zona de los movimientos reflejos —incluida la tos— y al norte con una estrecha península de color maíz donde se producen las ideas. Su proximidad con la línea de la Marsopa hace que el calor sea tremendo. Las ideas surgen a pequeños borbotones, como los cráteres que forma la polenta en la olla. En esta misma península se han hecho trabajos de cateo buscando el inconsciente, hasta ahora sin resultado.
El cerebelo propiamente dicho está ocupado íntegramente por la masticaci6n. Ahí no ocurre ninguna otra cosa. Es azul flúo.
El hemisferio sudoriental, enfrente, es el más animado. Caótico, multicolor, con escenarios siempre cambiantes. Allí se alternan, pegoteadas y superpuestas, la tundra y los bosques de castaños, los géiseres y la jungla, alegres prados surcados de arroyos en cuyas márgenes florecen bulbos y médulas, y desiertos de arena atravesados apenas por el acueducto de Silvio, que es angosto, fangoso y no alcanza a mojar nada. Hay también fiordos, canales enrollados, yacimientos de azufre, y un archipiélago con muchas isletas de origen volcánico, las dos mayores unidas al continente por dos puentes de titanio, flamantes, de diseño espectacular: el de Varolio y el de la Noria. En las islas el suministro de oxígeno es irregular (Obstrucción Espasmódica de Tubos) pero suficiente para alimentar a todas las neuronas, que tampoco aquí se puede decir que sobren porque muchas emigran durante el invierno, no se sabe adónde.
En este mismo territorio sudoriental están localizados, cada uno con su color, la coordinación, el sueño, e1 funcionamiento de la hipófisis, el sexo, el hipotálamo nupcial do Dinamarca, las ondulaciones del pelo, el crecimiento de las uñas, los otros cuatro sentidos, la ineptitud musical, la respiración, la inteligencia, el apetito, el sentido de la orientación, la cautela, los ademanes medidos, los husos horarios, etc. No se entiende por qué habiendo espacio de sobra en otros hemisferios, mi naturaleza acumuló tantas cosas en este.
Debo decir que las funciones están cruzadas: los hemisferios derechos mueven lo que está a la derecha, los izquierdos lo que está a la izquierda, los de arriba lo que esta arriba. como debe ser, nada de porquerías. Esto, y el hecho de que cada hemisferio se mantenga independiente de los otros, hace que la confusión no sea mayor. Del mismo modo, la materia gris (ya la mencioné más arriba) está ocupada por animales de piel gris y la materia blanca por animales de piel blanca.
No olvidar que estamos hablando de lugares desde los cuales se emiten órdenes a las distintas partes del cuerpo, y que si bien algunas veces se olvidan de emitirlas y otras veces las partes se comportan como sordas, se puede decir que el conjunto, mal que mal, funciona.
En fin, es lo que hay.

Muchas gracias a Toscanelli, mi mono cartógrafo, sin el cual todo esto no hubiera sido posible.

(De Libro de los prodigios, 2003)

Ema Wolf nació en Carapachay, Argentina en 1948 y es una de las más importantes escritoras de literatura para niños y jóvenes.  Personalmente creo que es una escritora maravillosa y lo de que sea para niños y adolescentes, una excusa para jugar libremente con la imaginación. La de ella y la del lector.

Obras: Barbanegra y los buñuelos, Pedro, el juntador de mamuts, Walter Ramírez y el ratón nipón, Cuentos y cantos, La sonada aventura de Ben Malasangüe, Cuento chino y otros cuentos no tan chinos, El náufrago de Coco Hueco, Los imposibles, Maruja, La aldovranda en el mercado, Pelos y pulgas, La galleta marinera, La gran inmigración, Hay que enseñarle a tejer al gato, Perafán de Palos, Fámili, A filmar canguros míos, Historias a Fernández, ¡Qué animales!, ¡Silencio, niños!, Pollos de campo, Nabuco, etc., La nave de los brujos, Filotea.

Carl Sagan. Cosmos

Hay muchos valles en las montañas de la mente, circunvoluciones que aumentan mucho la superficie disponible en la corteza cerebral para almacenar información en un cráneo de tamaño limitado. La neuroquímica del cerebro es asombrosamente activa, son los circuitos de una máquina más maravillosa que todo lo que han inventado los hombres. Pero no hay pruebas de que su funcionamiento se deba a algo más que a las 1014 conexiones neurales que construyen una arquitectura elegante de la consciencia. El mundo del pensamiento está dividido más o menos en dos hemisferios. El hemisferio derecho de la corteza cerebral se ocupa principalmente del reconocimiento de formas, la intuición, la sensibilidad, las intuiciones creadoras. El hemisferio izquierdo preside el pensamiento racional, analítico y crítico. Estas son las fuerzas duales, las oposiciones esenciales que caracterizan el pensamiento humano. Proporcionan conjuntamente los medios tanto para generar ideas como para comprobar su validez. Existe un diálogo continuo entre los dos hemisferios canalizado a través de un haz irunenso de nervios, el cuerpo calloso, el puente entre la creatividad y el análisis, dos elementos necesarios para comprender el mundo.
El contenido de información del cerebro humano expresado en bits es probablemente comparable al número total de conexiones entre las neuronas: unos cien billones (1014) de bits. Si por ejemplo escribiéramos en inglés esta información llenaría unos veinte millones de volúmenes, como en las mayores bibliotecas del mundo. En el interior de la cabeza de cada uno de nosotros hay el equivalente a veinte millones de libros. El cerebro es un lugar muy grande en un espacio muy pequeño. La mayoría de los libros del cerebro están en la corteza cerebral. En el sótano están las funciones de las que dependían principalmente nuestros antepasados remotos: agresión, crianza de los hijos, miedo, sexo, la voluntad de seguir ciegamente a los líderes. Algunas de las funciones cerebrales superiores lectura, escritura, lenguaje parecen localizadas en lugares concretos de la corteza cerebral. En cambio las memorias están almacenadas de modo redundante en muchos puntos. Si existiera la telepatía, una de sus maravillas sería la oportunidad de leer los libros de las cortezas cerebrales de nuestros seres queridos. Pero no hay pruebas seguras de la telepatía, y la comunicación de este tipo de información continúa siendo tarea de artistas y escritores.
El cerebro hace mucho más que recordar. Compara, sintetiza, analiza, genera abstracciones. Tenemos que inventar muchas más cosas de las que nuestros genes pueden conocer. Por esto la biblioteca del cerebro es unas diez mil veces mayor que la biblioteca de los genes. Nuestra pasión por aprender, evidente en el comportamiento de cualquier bebé, es la herramienta de nuestra supervivencia. Las emociones y las formas ritualizadas de comportamiento están incrustadas profundamente en nosotros. Forman parte de nuestra humanidad. Pero no son característicamente humanas. Muchos otros animales tienen sentimientos. Lo que distingue a nuestra especie es el pensamiento. La corteza cerebral es una liberación. Ya no necesitamos estar encerrados en las formas de comportamiento heredadas genéticamente de las lagartijas y los babuinos. Cada uno de nosotros es responsable en gran medida de lo que se introduce en nuestro cerebro, de lo que acabamos valorando y sabiendo cuando somos adultos. Sin estar ya a merced del cerebro reptiliano, podemos cambiamos a nosotros mismos.

(De Cosmos, capítulo 11: La persistencia de la memoria)

Jorge Lanata. Se supo: fue Caperucita quien se comió a la abuela. Detalles del salvaje canibalismo

Caperucita Roja del bosque fue el cuento más corto de Charles Perrault. La primera versión se publicó en Francia en 1697, pero se cree que surgió en la Edad Media, fruto de la tradición oral (Perrault, devolvé la guita). Sin embargo, como siempre sucede cuando un libro se lleva al cine, a Perrault le cambiaron el final: en la historia original, tanto la pequeña Caperucita como su abuela son devoradas por el lobo.

Los amigos de Charles Dickens comenzaron a mirarlo con desconfianza cuando confesó que Caperucita Roja fue su primer amor, y que había soñado casarse con ella. Pero el autor de Cuento de Navidad no se olvidó de criticar la crueldad que su colega Perrault puso en el final: era demasiado eso de que triunfara el lobo. La crítica de Dickens fue compartida por varios escritores de la época, y ellos mismos se encargaron de darle a Caperucita un final más soft, aunque selectivo: salvaban a la niña pero el lobo se lastraba a la abuela.

En 1821, los hermanos Grimm editaron su propia versión de la historia, salvando a ambas. En el último tramo del cuento, el lobo se comía a las dos y se echaba a dormir. Los ronquidos del animal llamaron la atención de un cazador que decidió entrar en la casa y abrir el estómago del lobo con un par de tijeras (y después dicen que Indiana Jones es un bolazo…). De la panza del lobo salió saludando Caperucita:

–¡Qué miedo! –dijo– ¡Estaba tan oscuro adentro del lobo! (no sé qué le habrá visto Dickens…).

Luego salió la abuela, que no hizo comentarios. Las chicas y el cazador buscan después varias piedras con las que llenan el estómago del lobo… ¡que seguía durmiendo! Finalmente, al escuchar la explosión de Nagasaki, el lobo despierta y trata de escapar, pero cae muerto por el peso de las piedras. El cazador aprovecha y se hace de la piel del lobo. Todos festejan y se sientan a la mesa a comer la torta y beber el vino que Caperucita traía en su canasta. En un ejemplo de monólogo interior anterior a Faulkner, Caperucita piensa, en el último párrafo: “Mientras viva, nunca voy a abandonar el sendero y correr hacia el bosque si mi madre me dice que no lo haga”.

A lo largo del tiempo, la historia de Caperucita siguió variando: a veces era rescatada por cazadores y otras por leñadores. En una versión inglesa del siglo XIX, cuando Caperucita va a ser atacada por el lobo, un cazador le dispara en la cabeza (al lobo) y rescata a la niña. “Un aullido y un gemido, una patada y un quejido, y el feroz villano estaba muerto”, dice. En otra versión, Caperucita, en medio del famoso diálogo de qué grandes ojos tienes, le pide al lobo permiso para ir al baño y se da a la fuga.

En una versión shakespeareana de 1834, todos los protagonistas mueren, pero los vecinos del pueblo llegan a la casa y matan al lobo.

En una edición de 1856, el lobo estaba a punto de morder la yugular de la niña cuando una avispa lo pica en el hocico. Los aullidos de dolor del lobo alertan a un cazador que le dispara una flecha en la oreja, matándolo.

En versiones más edípicas, es el padre de Caperucita quien la rescata, a veces solo y otras con la ayuda de un perro o de leñadores. En 1916 se avanza sobre la retórica de la moraleja: “Y entonces –dice– aprendemos que, como el lobo malvado, hay seres malignos que nunca entrarán en razones y que no podrán ser persuadidos de hacer lo correcto. Por eso debemos tener policías y prisiones”. En la misma versión –que bien pudo haber sido escrita por Vucetich–, los leñadores le regalan a Caperucita la piel del lobo, para que imite a María Julia.

Una de las versiones más sangrientas de Caperucita fue la publicada en Austria en 1867, en la que no hay lobo sino un ogro que también mata a la abuelita, pero se esmera mucho más que el lobo: el ogro reemplaza el cordón que asegura el pasador de la puerta por los intestinos de la abuela. Y luego, amados niños, se lastra a la jovaina entera, a excepción de los dientes, la mandíbula y un litrito de sangre que lleva hasta el aparador de la cocina. El cuento sigue así, cuando Caperucita golpea la puerta y nota que estaba tirando de algo demasiado blando:

–¡Abuela, esto es tan blando! –dice la perspicaz Caperuza.

–¡Empuja y cállate! –dice el ogro mientras hojea a Paulo Freire–. ¡Son los intestinos de tu abuela!

Caperucita Roja, se supo, era sorda. Abrió la puerta, entró y dijo:

–¡Abuela, tengo hambre!

El ogro le sugirió:

–Ve al aparador de la cocina, todavía queda un poco de arroz.

Caperucita también era ciega:

–Abuela –le dijo mientras sacaba los dientes–, ¡estas cosas son muy duras!

–¡Come y cállate! –le dijo el participativo ogro–. Son los dientes de tu abuela.

–¿Qué dijiste?

–¡Come y cállate!

Caperucita, además, era idiota: un rato más tarde dijo:

–Abuela, todavía tengo hambre.

–Vuelve al aparador, allí vas a encontrar dos trozos de carne cortada.

Fue al aparador y tomó las mandíbulas:

–¡Abuelita, esto es muy rojo!

–¡Come y cállate! ¡Son las mandíbulas de tu abuela!

-¿Qué dijiste?

-¡Come y cállate!

Un rato más tarde, la subnormal de Caperucita dijo:

–¡Abuelita, tengo sed!

–Mira en el aparador –dijo el ogro–. Allí debe haber un poco de vino…

–Abuelita, ¡este vino es muy rojo!

–¡Bebe y cállate! ¡Es la sangre de tu abuela!

–¿Qué dijiste?

–¡Bebe y cállate!

Después de este diálogo aleccionador, el autor austríaco retoma la historia clásica de “qué ojos tan grandes”, etc., etc., hasta que, afortunadamente, el ogro se come a esa enana infecta.

(Fuentes: Teresa Marx; The Blue Fairy Book, Andrew Lang; Kinder und Hausmargen (Berlín, 1812), Jacob and Wilhelm Grimm; Marchen und Sagen aus Walschtirol: ein Beitrag zur Deustschensagenkunde, Christian Schneller Innsbruck: Verlag der Wagner’shen Universitats-Buchhandlung, 1867; Tales of Times Past with Morals, Charles Perrault, London, J. Pote and R. Montagu, 1792, trans. Robert Samber; Little Red Riding Hood, Reilly & Lee Co., 1908; Red Riding Hood and Cindirella, de Wolfe, Fiske and Company, 1890; The Blue Beard Picture Book, London, G. Routledge, 1875?; All about Little Red Riding Hood, John B. Gruelle, New York, Cupples and Leon, 1916; Little Red Riding Hood, Father Tuck’s Little Folk Serier, London, Raphael Tuck & Sons, Ltd, 1890?; Little Red Riding Hood, London?, William Weeks, 1834; Red Riding Hood; New York, McLoughin Bros., 1888; Extraordinary Origins of Every Day Things, Charles Panati.)

Este texto está incluido en la Enciclopedia universal del verso (Mitos, mentiras escolares, supersticiones y otras yerbas que aceptamos sin cuestionar). Fue publicada en 1999 en 25 fascículos que acompañaban a la revista XXI, dirigida por Jorge Lanata.

Fundador del diario Página/12 (que impuso una nueva manera de hacer periodismo en la Argentina), de la revista Página/30, XXI, de los programas de radio Rompecabezas y Hora 25, y del programa de televisión Día D. Autor de los libros El nuevo periodismo (1987, recopilación de textos de varios autores), La guerra de las piedras (1988), Polaroids (1990, cuentos), Historia de Teller (1990, novela), Cortinas de humo (1994, ensayo, con la colaboración de Joe Goldman), Vuelta de página (1997, artículos varios), Argentinos (I yII) (2003, 2004, esnayo) y ADN, mapa genético de los defectos argentinos (2004, ensayo).

A mi criterio el mejor periodista argentino de los últimos cincuenta años (nació en Mar del Plata el 12 de septiembre de 1960).

Lewis Carroll. Alicia en el País de las Maravillas

La Oruga y Alicia se miraron un rato en silencio. Por fin la Oruga se sacó el narguile de la boca y se dirigió a Alicia con voz lánguida y soñolienta.
-¿Quién eres ? -preguntó.
No era un comienzo muy prometedor para una conversación y Alicia respondió con aire más bien tímido:
-Yo… no sé muy bien, señor, en este momento… al menos sé quién era cuando me levanté esta mañana, pero me parece que deben de haberme cambiado varias veces desde entonces.
-¿Qué quieres decir con eso? –siguió preguntando la Oruga con bastante severidad-. ¡Explícate!
-Me temo que no puedo explicarme, señor -dijo Alicia-, porque yo no soy yo misma, ¿entiende?
-No, no entiendo –dijo la Oruga.
-Mucho me temo que no puedo ser más clara –respondió Alicia con gran amabilidad- porque yo misma no entiendo nada, para empezar; y eso de pasar por tantos tamaños en un mismo día la confunde a una mucho.
-No es así –dijo la Oruga.
-Bueno, tal vez no le parezca por ahora -dijo Alicia-, pero cuando tenga que convertirse en crisálida (tarde o temprano le va a suceder, como usted sabrá) y después en mariposa tal vez se sienta un poquito raro, ¿no le parece?
-En absoluto –dijo la Oruga.
-Bueno, es posible que no seamos de la misma manera de pensar –dijo Alicia-; lo que yo sé es que a mí sí que me haría sentir rara.
-¡A ti! -dijo la Oruga con desprecio-. ¿Y quién eres ?
Y así volvieron al comienzo de la conversación. Alicia estaba un poco irritada por las observaciones tan escuetas de la Oruga y se estiró para decir, con gran seriedad:
-Me parece que antes tendría que decirme quién es usted.
-¿Por qué? –preguntó la Oruga.
Otra pregunta sin respuesta, y como Alicia no podía encontrar ninguna buena razón y la Oruga parecía estar de muy mal humor, Alicia dio media vuelta y se alejó.
-¡Vuelve acá! -le gritó la Oruga-. ¡Tengo algo importante que decirte!
Esas palabras sonaban muy alentadoras, sin lugar a dudas. Alicia giró sobre sí misma y volvió.
-No pierdas tus estribos –dijo la Oruga.
-¿Es eso todo? -preguntó Alicia tragándose la rabia lo mejor que pudo.
-No -dijo la Oruga.
Alicia pensó que no perdía nada con esperar, ya que no tenía ninguna otra cosa que hacer, y tal vez, a fin de cuentas, la Oruga acabase por contarle algo digno de oírse. En un primer momento, la Oruga siguió echando humo sin hablar pero por fin se descruzó de brazos, se sacó la boquilla de la boca y dijo:
-¿Conque piensas que estás cambiada, eh?
-Me temo que sí, señor –dijo Alicia-, y no puedo recordar cosas que antes recordaba… y no conservo ni diez minutos seguidos mi tamaño.
-¿Qué es lo que no recuerdas? –preguntó la Oruga.
-Bueno, traté de recitar ¡Cómo aumenta la abejita! pero me salió todo distinto –respondió Alicia con voz muy triste.
-A ver, recítame Eres viejo, padre William –dijo la Oruga.
Alicia se cruzó de brazos y empezó:

Eres viejo, padre William -dijo el joven-,
los cabellos se te han puesto blancos;
pero aún de cabeza te paras,
¿te parece correcto a tus años?

Hace tiempo –habló el padre William-
creía que eso dañaba el cerebro;
cuando vi que cerebro no había
no tuve más empacho en hacerlo.

Eres viejo, padre William, repito;
y te has puesto sumamente obeso,
pero aún de carnero das vueltas.
Dime, papi, cómo es que haces eso.

De joven -dijo el viejo con canas-
me ocupé en aceitar bien mis miembros
con este ungüento… Y no es caro,
a un chelín la cajita, ¿te vendo?

Eres viejo, mandíbulas fofas,
sólo puedes tragar ya papillas
mas del ganso comiste hasta el pico,
¿cómo explicas esa maravilla?

Fui abogado –dijo él- cuando joven,
con mi esposa charlaba los casos,
y ese ágil vigor de quijadas
me duró de por vida, muchacho.

Estás viejo –dijo el joven-, y creo
que tus ojos no ven casi nada;
y en la nariz hamacaste una anguila,
¿cómo haces, papá, esas monadas?

Contesté tres preguntas y alcanza
no te agrandes, basta de zonceras.
Ya no voy a escuchar tus pavadas.
Vete o te hago rodar la escalera.

(del Capítulo V, Consejo de una Oruga, Alicia en el País de las Maravillas, 1865)

Carta de una madre a sus hijos masacrados

Yolande Mukagasana es una mujer de Ruanda que perdió a toda su familia en el genocidio de 1994. En un documental de IKON ella lee una carta de una madre a sus hijos masacrados:

Mis hijos queridos,

Perdónenme por abandonarlos.
Perdónenme por no ser capaz de conducirlos a la edad adulta.
Perdónenme por dejarlos morir tan jóvenes.
Perdónenme por no haber tenido el coraje para erguir un machete para hacer huir a sus asesinos.
Perdónenme. Yo no soy digna de ser llamada Madre. Los he decepcionado.
Voy a vivir en un país que sabe poco de su sufrimiento.
En un rato voy a estar riendo con personas que posiblemente están involucradas en su muerte, que comparten la responsabilidad de su muerte.
Voy a buscar la protección de las personas que podrían o no protegerlos.
Soy una cobarde. Más cobarde que sus asesinos.
Los he matado.
Si yo hubiera querido o hubiera sabido más, podría haberlos salvado.
Es mi culpa. Yo soy responsable.
Yo soy la única responsable de sus muertes.
Ya no pienso en ustedes.
Estoy pensando en la ropa que me obtendré en Bujumbura.
Y sobre el vuelo a un nuevo continente.
Estoy ansiosa por sonrisas.
Por personas distintas de ustedes.

Perdónenme.

(De “Sobre contratransferencia y empatía in casos de culpa y vergüenza en sobrevivientes”, conferencia de D. Wepster en la 6ta Conferencia Mundial de Psicoterapia y Asesoramiento Experiencial y Centrados en la Persona, Egmont, Holanda, Julio 2003, disponible en www.centrum45.nl, sitio de Centrum 45, institución que asiste a personas afectadas por los hechos de la Segunda Guerra Mundial y subsiguientes)

La gente de África

Cuando pensás en salvajes, ¿qué imagen de África viene a tu cabeza?
Salvaje: no civilizado, no cultivado. 2. feroz; bárbaro.
Si respondiste “sí” es que sos víctima de las mentiras eurocéntricas.

Vocal Leo. Iré a Santiago

Del poema “Son de negros en Cuba” de Federico García Lorca. Música de Roberto Valera. Grabado en vivo el 30 de agosto de 2001 en el Teatro “Tres de Febrero” de Paraná, Argentina, en el Encuentro Coral Argentino Cubano.
También participaron el Coro de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Paraná y el coro Tahil Mapu, de Concordia.

María Negroni. Galería fantástica

(Publicado en Adncultura, 20.3.2010)

Crítica de libros / Ensayo
Miniaturas góticas y fantásticas

En su último libro de ensayos, María Negroni reflexiona sobre autores y obras de la literatura fantástica latinoamericana, de Bioy Casares y Carlos Fuentes a Marosa di Giorgio y Pizarnik

Galería fantástica
por María Negroni
Siglo XXI, 110 páginas, $ 39

La obra literaria de María Negroni posee un centro irradiante que es la poesía, desde el libro inicial, De tanto desolar (1985), hasta el reciente La Boca del Infierno (2010) publicado en México, pero tiene otras dos vertientes: la narrativa, con las novelas El sueño de Úrsula (1998) y La Anunciación (2007) -una lúcida visión oblicua y casi onírica de los hechos históricos de los años setenta en la Argentina-, y una sostenida incursión en el ensayo. Galería fantástica , parte de este último grupo, forma una especie de trilogía, explícitamente con Museo negro (1999) y, de un modo más lateral, con El testigo lúcido (2003), sobre Alejandra Pizarnik.
Negroni retoma en este libro una de sus obsesiones más productivas: la reflexión sobre el mundo del gótico y del fantástico como formas en cierto modo desplazadas o sublimadas de la escritura poética. Museo negro exploraba los clásicos del gótico, del Drácula, de Bram Stoker, y el Frankenstein, de Mary Shelley, al Vathek, de William Beckford, desde el Nemo, de Verne, hasta el Dorian Gray, de Wilde, o los personajes kafkianos, y atravesaba a la vez el imaginario cinematográfico.
Con un gesto de continuidad y a la vez de profundización, Negroni indaga ahora esa misma tradición en el ámbito latinoamericano (con cierta preferencia por el rioplatense) y por ello frecuenta de nuevo La Condesa Sangrienta de Pizarnik y examina ficciones de Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, del mexicano Carlos Fuentes, de la puertorriqueña Rosario Ferré, y de los uruguayos Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio. Incursiona en textos laterales de grandes poetas, como La hija de Rapaccini, el cuento de Nathaniel Hawthorne en la recreación de Octavio Paz, o esa insólita novela breve de Vicente Huidobro, Cagliostro. Asimismo, el cine -cuya afinidad con las preferencias del ensayo abre un nuevo campo de reflexión- cruza el fantástico en El afinador de terremotos de los hermanos Quay, en El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais, en Blow-up de Michelangelo Antonioni, y aun en el cuento El espectro de Horacio Quiroga.
Negroni lee explícitamente “la literatura fantástica de América Latina como una deriva de la literatura gótica”. A lo largo de quince ensayos -que proponen una breve y lujosa biblioteca del género, que el lector podrá buscar y reconstruir para su deleite- la prosa es precisa e informativa en sus referencias, delicada e intensa en el resumen de los argumentos, imprevisible en sus derivas metafóricas, siempre original. Su estilo no sólo frecuenta una refinada sensualidad significante, sino también piensa, con un ritmo concentrado y versátil, como si sus postulados fueran efecto de analogías y cruces en el seguro azar de “liturgias íntimas”.
Hay ciertos elementos que la conciencia poética de Negroni descubre con fruición: la infancia como territorio donde lo imaginario se consagra pero que retorna como pérdida o repetición monstruosa, como orfandad o duelo; la colección como un modo de recuperar lo perdido y a la vez de inmovilizarlo en una mortuoria quietud de museo; los espacios miniaturizados donde la totalidad se extravía en un infinito del detalle; las repeticiones, los dobles, los autómatas y las muñecas, que miman lo real con un incremento de irrealidad; la animación de lo inanimado; la melancólica soledad del crimen. Ese universo se descubre en las ficciones fantásticas para constituir una respuesta posible a los enigmas que abre el poema: la constante pérdida de lo real transfigurado en una representación que a la vez lo conserva y lo disuelve; las transacciones del deseo para alcanzar su objetivo en el punto en el que se desvanece; la persistencia de la infancia en el instante previo al descubrimiento de la muerte; la imposible memoria de una dicha pasajera en las defecciones de un cuerpo deseante.
De las notables reflexiones sobre la poesía que María Negroni apunta en Galería fantástica , valga ésta, luminosa: “La poesía es una lucha feroz contra las palabras y una queja interminable por ese destierro del cuerpo que ocurre siempre a manos del lenguaje”. Con justicia, este libro obtuvo el VI Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI.

Jorge Monteleone

Jornada reflexiva de protección y prevención en conmemoración a las víctimas de los hechos sucedidos en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004

Información de la Unión de Trabajadores del Estado (UTE), 19.3.2010:

La Legislatura porteña aprobó el jueves 11 de corriente, una ley mediante la cual se instituye el día 30 de marzo como “Jornada reflexiva de protección y prevención en conmemoración a las víctimas de los hechos sucedidos en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004″. El artículo 2º bis de la Ley Nº 1.977 establece: “En los establecimientos educativos se realizará una jornada de reflexión sobre los hechos sucedidos y una capacitación en materia de condiciones de seguridad de los locales bailables y planes de emergencia y evacuación”. Cabe señalar que la fecha figura en la agenda educativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para colaborar con los docentes, les adjuntamos a continuación, dos páginas en las cuales podrán buscar información para poder trabajar el encionado día en las aulas.


www.quenoserepita.com.ar

www.navetrece.com/proyecto-MI-UBA/

Para tomar conciencia: Ante la muerte y la inseguridad en los locales de baile

A la muerte de 194 jóvenes en Cromañón deben sumarse dos jóvenes más que fallecieron por causas evitables, Rubén Carballo en el recital de Viejas Locas y Melisa La Torre en el recital de Las Pastillas del Abuelo. Uno de nuestros objetivos es recordar a toda la sociedad, qué no se respetó en República Cromañón cuando se van a cumplir 5 años y qué deben mirar los jóvenes a la hora de entrar a un local bailable.

QUÉ COSAS NO SE RESPETARON EN CROMAÑON

- El local era un local de baile y paso a ser un micro-estadio sin habilitación.
- Se triplicó la cantidad de personas admitidas.
- Contaba con un entrepiso sin salida al exterior.
- Las salidas de emergencia eran insuficientes (hubo que inventar una alternativa).
- Puerta alternativa se encontraba trabada con candado.
- Los matafuegos se encontraban despresurizados y vencidos, en su gran mayoría.
- Vallas, mesas, barras, escaleras, puertas cerradas obstaculizaban la salida.
- Sistema de ventilación precario e insuficiente.
- Materiales combustibles en el cielorraso.
- Ingresó piroctecnia.
- Carteles indicadores de salida mal colocados.
- Central de alarma contra incendio inutilizada con un chicle.
- Policías que no controlaban.
- Personal de seguridad permisivo y selectivo.

RESULTADO: 194 JÓVENES FALLECIDOS, 4000 SOBREVIVIENTES DAÑADOS DE POR VIDA Y MILES DE FAMILIAS LUCHANDO PARA QUE NO SE REPITA, “Por los que no están, por los que sí están, por los que vendrán”.

QUÉ HAY QUE MIRAR EN UN LOCAL DE BAILE

- No al exceso de gente.
- Indicadores de salida.
- Visualizar puertas y que no estén trabadas.
- Que abran hacia afuera con barra anti-pánico.
- Salidas francas sin obstáculos.
- Ventilación adecuada.
- Protectores contra incendios / Matafuegos.
- No a la pirotecnia.
- Evitar y denunciar las agresiones de patovicas.

BASTA DE TENER QUE ACEPTAR EL DESPRECIO POR LA VIDA DE LOS JÓVENES.
¡¡ES UN APORTE PARA TOMAR CONCIENCIA!!

Familiares de la tragedia evitable de República Cromañón. QUE NO SE REPITA Asociación Civil
http://www.quenoserepita.com.ar/

Curso Especial sobre Cromañón en Ituzaingo.
Intervención en Desastres y Emergencias Sociales – Especial Cromañón
http://quenoserepita.com.ar/foro/viewtopic.php?t=1544
http://www.navetrece.com/proyecto-MI-UBA/

Franz Kafka. Cuadernos en octava

En el prólogo, Max Brod escribe: Entre los papeles de Kafka, junto con otras cosas, se encontraron ocho pequeños cuadernos azules en octava, de esos que en la escuela se llaman “cuadernos de deberes”. Contienen muchas otras reflexiones además de los aforismos. Este libro presenta los pensamientos de Kafka en el orden en que fueron escritos. Los cuadernos en octava contienen numerosos fragmentos y hasta cuentos completos. El primer cuaderno tiene un solo texto fechado, el del 19 de febrero de 1917. Sobre la base de esa única nota con fecha cabe deducir que se trata, cronológicamente, del primero. Los cuadernos en octava no fueron numerados por Kafka, como lo hizo con aquellos en cuarto, de manera que el orden en que se presentan proviene de simples conjeturas.

“Octava” es una designación característica de la industria gráfica para los libros o folletos cuyo tamaño es igual a la octava parte de un pliego de papel de impresión.

Los cuadernos en “cuarto” son los trece cuadernos que constituyen sus Diarios (1910-1923).

Estoy perdiendo el camino.
El camino verdadero pasa por una cuerda, que no está tendida en lo alto sino sobre el suelo. Parece preparada más para hacer tropezar que para que se la recorra.

Hay que recobrar el aliento cada vez que se sale de un tanque de vanidad o de autocomplacencia. La orgía constituida por la lectura de mi cuento publicado en Der Jude. Como una ardilla enjaulada. Felicidad por el movimiento, desesperación por la estrechez, locura de la perseverancia, sensación de desolación frente a la calma exterior. Todo ello alternativa o simultáneamente, aun en el lodo del fin.

Una soleada franja de felicidad.

Debilidad de la memoria respecto de los detalles y la estructura del propio concepto del mundo: pésima señal. Solamente fragmentos de un todo. ¿Cómo quieres siquiera rozar tu deber supremo, cómo quieres siquiera intuir la proximidad, siquiera soñar la existencia, siquiera invocar el sueño, siquiera aprender las letras que componen la invocación, si no estás en condiciones de concentrarte hasta el punto que, cuando sea el momento decisivo, puedas apretar tu todo en la mano como se aprieta una piedra para arrojarla, un cuchillo
para matar? Por otra parte: no hace falta escupirse en las manos antes de unirlas en plegaria.

¿Es posible pensar una cosa desconsolada? O mejor, ¿una cosa tan desconsolada que no tenga siquiera soplo de consuelo? Una escapatoria sería considerar como consuelo el conocer por sí mismo. Podría pensarse, por ejemplo: debes abolirte, y mantenerse moralmente en pie sin falsear la realidad de tal descubrimiento, sostenido por la conciencia de haberse dado cuenta. Lo que significa verdaderamente arrancarse de la ciénaga tirando del propio pelo. Pero lo que es ridículo en el mundo físico, es posible en el espiritual. En él no rige la ley de gravedad (los ángeles no vuelan, no abolieron ninguna gravedad, somos nosotros, observadores de este mundo terreno, que no sabemos expresarnos mejor), cosa que para nosotros, desde luego es inimaginable, o lo es sólo en un grado más elevado. Qué mísero es el conocimiento que tengo de mi habitación. (Noche) ¿Por qué? No existe una observación del mundo exterior. La psicología descriptiva, por lo menos, se incluye con toda probabilidad en el campo del antropomorfismo, y del mundo interior apenas toca los límites. El mundo interior se puede vivir nada más, no describir. –La psicología es la descripción del reflejo del mundo terreno en la superficie celeste, o mejor: la descripción de un reflejo, como nos lo imaginamos nosotros, criaturas impregnadas de tierra, porque en realidad no hay ningún reflejo, somos nosotros únicamente quienes vemos tierra hacia donde miremos.

La psicología es impaciencia.
Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso metódico, obstáculo aparente levantado en torno de una realidad aparente.
La desgracia de Don Quijote no es su fantasía, es Sancho Panza.

20 de octubre. En cama.
Existen dos pecados capitales, en el hombre, en los cuales se originan todos los demás: impaciencia e indolencia. La impaciencia hizo que lo expulsaran del paraíso, al que no vuelve por culpa de la indolencia. Pero quizá no existe más que un solo pecado capital: la impaciencia. Por causa de la impaciencia lo expulsaron, por causa de la impaciencia no vuelve.

Nosotros, vistos con nuestros ojos sucios de tierra, nos encontramos en la situación de un grupo de viajeros en ferrocarril que han sufrido un accidente en un túnel, precisamente en un punto donde no se ve ya la luz de la entrada, y en cuanto a la de salida, parece tan minúscula que la vista ha de buscarla continuamente y perderla continuamente, mientras no se tiene siquiera la seguridad de si se trata del principio o del fin del túnel. Entre tanto, en torno de nosotros, en el desorden de nuestros sentidos o en su hipersensibilidad, se da una multitud de monstruos y una especie de juego caleidoscópico fascinante o fatigante, según el humor y las heridas de cada uno.
¿Qué debo hacer? o bien: ¿Por qué debo hacerlo?, no son preguntas que se mediten allí dentro.

Muchas sombras de difuntos no hacen más que lamer las ondas del río de los muertos, porque llega de nuestro mundo y conserva el gusto salobre de nuestros mares. Entonces, el río, detenido por el asco, se pone a correr hacia atrás y empuja a los muertos de vuelta a la vida. Pero ellos están felices, cantan himnos de agradecimiento y acarician las aguas trastornadas.
A partir de cierto punto, en adelante no hay regreso. Es el punto que hay que alcanzar.
El momento decisivo de la evolución humana está siempre en transcurso. Por eso tienen razón aquellos movimientos espirituales revolucionarios que declaran insignificante todo lo anterior, ya que, efectivamente, no ha sucedido nada todavía.

Conócete a ti mismo no significa: Obsérvate. Obsérvate es la palabra de la serpiente. Significa: Conviértete en amo de tus actos. Pero ya lo eres, eres amo de tus actos. Esta frase, por lo tanto, significa: ¡Ignórate! ¡Destrúyete! Algo malo entonces. Y sólo quien se inclina profundamente oye también el mensaje bueno que dice: “Para hacer de ti mismo lo que eres.”

No conozco el contenido,
no poseo la llave,
no creo en las voces,
todo comprensible,
ya que soy yo mismo.

El suicida es un preso que ve, en el patio de la prisión, una horca, cree erróneamente que le está destinada, se escapa por la noche de la celda, baja y se ahorca solo.

La voluntad es libre significa: era libre cuando quiso el desierto, es libre cuando puede elegir el camino para atravesarlo, es libre cuando puede elegir el paso que llevará, pero no es libre porque debe necesariamente atravesar el desierto, no es libre porque cada camino, en su intrincado laberinto, pasa por cada palmo del desierto.

Nuestra salvación es la muerte, pero no ésta.

No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente solo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.

Di, viejo sinvergüenza, ¿qué dirías si pusiéramos finalmente las cosas en su lugar?
No, no, me defendería con uñas y dientes.
No lo dudo. Y sin embargo habría que eliminarte.
Iré a llamar a mis padres.
Eso también lo tengo previsto. Habrá que poner a ellos también contra la pared.

Giovanni Papini. La última visita del Caballero Enfermo

Todos lo llamaban el Caballero Negro; nadie supo nunca su verdadero nombre. Después de su impensada desaparición, no ha quedado de él más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastiano del Piombo, que lo representaba envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente, como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron (yo entre esos pocos) recuerda también su cutis amarillo pálido, transparente, la ligereza casi femenina de sus pasos y la languidez habitual de los ojos.
En verdad, era un sembrador de espanto. Su presencia daba color fantástico a las cosas más sencillas: cuando su mano tocaba algún objeto, parecía que éste entraba al mundo de los sueños… Nadie le preguntó cuál era su mal y por qué no se cuidaba. Andaba siempre, sin detenerse, día y noche. Nadie supo nunca dónde estaba su casa ni conoció a sus padres y hermanos. Apareció un día en la ciudad y, después de algunos años, otro día, desapareció.
La víspera, cuando el cielo comenzaba a iluminarse, vino a mi cuarto a despertarme. Sentí la caricia de su guante en mi frente, y lo vi, con su sonrisa que parecía el recuerdo de una sonrisa, los ojos más extraviados que de costumbre. Comprendí que había pasado la noche en vela, aguardando la aurora con ansiedad: le temblaban las manos y todo su cuerpo parecía presa de la fiebre.
Le pregunté si su enfermedad lo hacía sufrir más que otros días.
-¿Usted cree, como todos, que yo tengo una enfermedad? ¿Por qué no decir que soy una enfermedad? Nada me pertenece, pero yo soy de alguien y hay alguien a quien pertenezco.
Acostumbrado a sus extraños discursos, nada dije. Se acercó a mi cama y me tocó otra vez la frente con su guante.
-No tiene usted rastro de fiebre y está perfectamente sano y tranquilo. Tal vez lo espantará; puedo decirle quién soy. Acaso no pueda repetirlo.
Se tumbó en un sillón y continuó en voz más alta:
-No soy un hombre real, con huesos y músculos, generado por hombres. No soy más que la figura de un sueño. Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal y trágicamente exacta: ¡yo soy de la misma sustancia que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña; hay uno que duerme y sueña y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que digo todo esto. Cuando empezó a soñarme, empecé a existir: soy el huésped de sus largas fantasías nocturnas, tan intensas que me han hecho visible a los que están despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi verdadera vida es la que discurre en el alma de mi durmiente creador. No recurro a enigmas ni símbolos; lo que digo es la verdad. Ser el actor de un sueño no es lo que más me atormenta. Hay poetas que han dicho que la vida de los hombres es la sombra de un sueño y hay filósofos que han sugerido que la realidad es una alucinación. Pero ¿quién es el que me sueña? ¿Quién es ese uno que me hizo surgir y que al despertar me borrará? ¡Cuántas veces pienso en ese dueño mío que duerme!… La pregunta me agita desde que descubrí la materia de que estoy hecho. Comprenderá usted la importancia que el problema tiene para mí. Los personajes de los sueños disfrutan de bastante libertad; también tengo mi albedrío. Al principio me espantaba la idea de despertarlo, es decir, de aniquilarme. Llevé una vida virtuosa. Hasta que me cansé de la humillante calidad de espectáculo y anhelé con ardor lo que antes había temido: despertarlo. Y no dejé de cometer delito. Pero el que me sueña, ¿no se espanta de lo que hace temblar a los demás hombres? ¿Disfruta con las visiones horribles, o no les da importancia? En esta monótona ficción, le digo a mi soñador que soy un sueño: quiero que sueñe que sueña. ¿No hay hombres que despiertan cuando se dan cuenta que sueñan? ¿Cuándo, cuándo lo lograré?
El Caballero Enfermo se quitaba y ponía el guante de la mano izquierda; no sé si esperaba algo atroz, de un momento a otro.
-¿Cree usted que miento? ¿Por qué no puedo desaparecer? Consuéleme, dígame algo, tenga piedad de este aburrido espectro…
Pero no atiné a decir nada. Me dio la mano, me pareció más alto que antes, su piel era diáfana. Algo dijo en voz baja, salió de mi cuarto y, desde entonces sólo uno lo ha podido ver.

(De El trágico cotidiano, 1906)
(Incluido en Libro de sueños, de Jorge Luis Borges, 1976)

Miguel Hernández. Sentado sobre los muertos

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque le falten las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y para siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago la muerte.

De Viento del pueblo, 1937.

Rep. Postales


(De Postales, 1993)

Miguel Rep nació en Buenos Aires en 1961.

Viktor E. Frankl. El hombre en busca de sentido

Un individuo psicótico incurable puede perder la utilidad del ser humano y conservar, sin embargo, su dignidad. Tal es mi credo psiquiátrico. Yo pienso que sin él no vale la pena ser un psiquiatra. ¿A santo de que? ¿Sólo por consideración de una máquina cerebral dañada que no puede repararse? Si el paciente no fuera algo más, la eutanasia estaría plenamente justificada…
El ser humano no es una cosa más entre las cosas; las cosas se determinan las unas a las otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. Lo que llegue a ser -dentro de los límites de sus facultades y entorno- lo tiene que hacer por sí mismo. En los campos de concentración, por ejemplo, en aquel laboratorio vivo, en aquel banco de pruebas, observábamos y éramos testigos de que algunos de nuestros camaradas actuaban como cerdos mientras que otros se comportaban como santos. El hombre tiene dentro de sí ambas potencias; de sus decisiones y no de sus condiciones depende cuál de ellas se manifieste.
Nuestra generación es realista, pues hemos llegado a saber lo que realmente es el hombre. Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado a esas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Yisrael en sus labios.

Diana Cohen Agrest. La pereza

(Publicado en La Nación, 6.3.2010)

Ese estado de ánimo tan humano y peligroso. Una mirada filosófica e histórica sobre un síntoma que algunas culturas rechazan y otras enaltecen. El mandato religioso, la culpa moderna y el terror a no hacer nada.

Aquí está el artículo.

Villa del Parque recuperó el Xacobeo

(Publicado en La Nación, 4.3.2010)

La sala estuvo cerrada por más de veinte años

Quedó inaugurado anteayer el Cine Parque Xacobeo, mítica sala barrial en la calle Cuenca 2352, donde actualmente también funciona la Galería Villa del Parque.

El emprendimiento, impulsado por Fabián Pérez, que contó, finalmente, con el aporte del Ministerio de Cultura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, ofrece una platea con 200 localidades (en viejos tiempos tuvo mil más) con proyección digital. La renovada sala cinematográfica, que estará destinada a producciones españolas, argentinas y “de arte”, será una nueva sede del 12° Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que se realizará del 7 al 18 de abril próximo (una alternativa que ayudará a compensar la salida de la muestra del Malba).

Cultura barrial

Al terminar la primera función, con la proyección de Cinema Paradiso , el clásico de Giuseppe Tornatore acerca del cierre de una vieja -y última- sala de un pequeño pueblo, el ministro de Cultura porteño señaló: “Para la ciudad es muy importante recuperar cines y poder así llevar la cultura a cada barrio”.

Frente al público que concurrió al acto, Pérez, responsable de la recuperación del espacio, idea en la que comenzó a trabajar en 1989, consideró que se trataba de “un día histórico” y expresó su “reconocimiento al esfuerzo que hicieron todos los vecinos de Villa del Parque”. Emocionado, recordó que a la vieja sala “venían muchas parejas a pasar tardes enteras de cine en continuado, ya que con una sola entrada podían ver hasta tres películas, y entre ellas a algún conjunto popular que tocaba música en vivo”.

Cesare Pavese. El inconsolable

ORFEO: Ocurrió así. Subíamos el sendero que atraviesa el bosque de las sombras. Estaban ya lejos el Cocito, la Estigia, la barca, los lamentos. Por entre las hojas se vislumbraba el cielo. Oía a mis espaldas el leve rumor de sus pasos. Yo estaba todavía allá abajo y sentía encima aquel frío. Pensaba que algún día debería volver allí, que lo que ha sido volverá a ser. Pensaba cómo fue la vida con ella; que otra vez terminaría. Lo que he sido, será. Pensaba en aquel hielo, en aquel vacío que había atravesado y que ella llevaba dentro de los huesos, en la médula, en la sangre. ¿Valía la pena revivirla? Pensé en eso y entreví el resplandor del día. Entonces dije: “Que se termine”, y me di vuelta. Eurídice desapareció como se apaga una vela. Sentí solamente un chillido, como el de un ratón que se escapa.

BACANTE: Extrañas palabras, Orfeo. Casi no puedo creerlas. Aquí se decía que eras amado por los dioses y las musas. Muchas de nosotras te siguen porque te saben enamorado y desdichado. Estabas tan enamorado que —sólo entre los hombres— franqueaste la puerta de la nada. No, no te creo, Orfeo. No ha sido culpa tuya si el destino te ha traicionado.

ORFEO: ¿Qué tiene que ver en esto el destino? Mi destino no traiciona. Seria ridículo que después de aquel viaje, después de haber visto cara a cara la nada, me diese vuelta por error o por capricho.

BACANTE: Aquí se dice que fue por amor.

ORFEO: Nadia ama a quien ha muerto.

BACANTE: Sin embargo, has llorado por montes y colinas —la has buscado y llamado—, has descendido al Hades. ¿Qué era eso?

ORFEO: Tú dices que eres como un hombre. Sabrás entonces que un hombre no sabe qué hacer con la muerte. La Eurídice que he llorado era una estación de la vida. Yo no buscaba allá abajo su amor, sino algo muy distinto. Buscaba un pasado que Eurídice ignora. Lo he comprendido entre los muertos, mientras cantaba mi canto. He visto a las sombras ponerse rígidas, con la mirada vacía; cesar los lamentos; a Perséfone esconderse el rostro, y al mismo tenebroso-impasible Hades escuchar como un mortal. He comprendido que los muertos ya no son nada.

BACANTE: El dolor te ha trastornado, Orfeo. ¿Quién no querría volver al pasado? Eurídice había casi renacido.

ORFEO: Para luego morir nuevamente, Bacante. Para llevar en su sangre el horror del Hades y temblar a mi lado día y noche. Tú no sabes lo que es la nada.

BACANTE: Y si tú, que cantando habías recuperado el pasado, lo has rechazado y destruido. No, no lo puedo creer.

ORFEO: Compréndeme, Bacante. Fue un verdadero pasado solamente en el canto. El Hades se vio a sí mismo solamente escuchándome. Ya al subir el sendero aquel pasado se desvanecía, se volvía recuerdo, sabía a muerte. Cuando me llegó el primer resplandor del cielo, retocé como un niño, feliz e incrédulo, retocé por mí mismo y por el mundo de los vivos. La estación que había buscado estaba allá, en aquel resplandor. Nada me importó aquella que me seguía. Mi pasado fue la claridad, fue el canto y la mañana. Y me di vuelta.

BACANTE: ¿Cómo has podido resignarte, Orfeo? A quien te vio cuando volvías, tu rostro le infundió miedo. Eurídice había sido para ti una existencia.

ORFEO: Tonterías. Eurídice, al morir, se convirtió en otra cosa. Aquel Orfeo que descendió al Hades ya no era esposo ni viudo. Lloré como lo hacemos cuando somos muchachos: un llanto del que sonreímos después al recordarlo. La estación ha pasado. No la buscaba ya a ella, llorando, sino a mí mismo. Un destino, si quieres. Me escuchaba.

BACANTE: Muchas de nosotras te siguen porque creyeron en tu llanto. ¿Entonces, nos has engañado?

ORFEO: Oh, Bacante, Bacante, ¿no quieres verdaderamente comprender? Mi destino no traiciona. Me he buscado a mí mismo. Nunca buscamos otra cosa.

BACANTE: Aquí nosotras somos más simples, Orfeo. Aquí creemos en el amor y en la muerte; lloramos y reímos con todos. Nuestras fiestas más alegres son aquellas donde corre la sangre. Nosotras las mujeres de Tracia, no tememos estas cosas.

ORFEO: Visto del lado de la vida, todo es bello Pero créele a quien ha estado entre los muertos… No vale la pena.

BACANTE: En otro tiempo no eras así. No hablabas de la nada. Acercarse a la muerte nos hace semejantes a los dioses. Tu mismo enseñabas que una ebriedad derrumba la vida y la muerte, nos hace más humanos… Tú has visto la fiesta.

ORFEO: No es la sangre lo que cuenta, muchacha. Ni la ebriedad ni la sangre me causan impresión. Pero es muy difícil decir qué es un hombre. Tampoco tú, Bacante, lo sabes.

BACANTE: Nada sería sin nosotras, Orfeo.

ORFEO: Lo decía y lo sé. Pero después de todo, ¿qué importa? Sin vosotras, descendí al Hades…

BACANTE: Descendiste a buscarnos.

ORFEO: Pero no os he encontrado. Quería algo muy distinto. Algo que al volver a la luz he encontrado.

BACANTE: En otro tiempo cantabas a Eurídice en los montes…

ORFEO: El tiempo pasa, Bacante. Los montes están, Eurídice ya no está. Estas cosas tienen un nombre y se llaman hombre. De nada vale aquí invocar a los dioses de la fiesta.

BACANTE: También tú los invocabas.

ORFEO: Todo lo hace un hombre en la vida. Todo lo cree, en sus días. Hasta cree que su sangre corre a veces por las venas de los otros. O que lo que ha sido pueda deshacerse. Cree romper el destino con la ebriedad. Todo esto lo sé y no es nada.

BACANTE: No sabes qué hacer con la muerte, Orfeo, y tu pensamiento es solamente muerte. Hubo un tiempo en que la fiesta nos tornaba inmortales.

ORFEO: Y gozad vosotras de la fiesta. Todo es lícito para quien nada sabe todavía. Es necesario que todos desciendan alguna vez a su infierno. La orgía de mi destino ha terminado en el Hades; ha terminado cantando, según mi costumbre, la vida y la muerte.

BACANTE: ¿Y qué quiere decir que un destino no traiciona?

ORFEO: Quiere decir que está dentro de ti, que es cosa tuya; más profundo que la sangre, mas allá de toda ebriedad. Ningún dios puede tocarlo.

BACANTE: Puede ser, Orfeo. Pero nosotras no buscamos a ninguna Eurídice. ¿Por qué entonces también nosotras descendemos al infierno?

ORFEO: Cada vez que se invoca a un dios se, conoce la muerte. Y se desciende al Hades para arrebatar algo, para violar un destino. No se vence a la noche y se pierde la luz. Nos debatimos como obsesos.

BACANTE: Dices cosas malas… ¿Entonces también tú has perdido la luz?

ORFEO: Estaba casi perdido y cantaba. Comprendiendo, me encontré a mí mismo.

BACANTE: ¿Vale la pena encontrarse de este modo? Hay un camino más simple de ignorancia y de alegría. El dios es como un señor entre la vida y la muerte. Nos abandonamos a su ebriedad, desgarramos o somos desgarradas. Renacernos cada vez y nos despertamos como tú en el día.

ORFEO: No hables del día, del despertar. Pocos hombres lo saben. Ninguna mujer como tú sabe lo que es.

BACANTE: Quizá por eso te siguen las mujeres de Tracia. Tú eres para ellas como el dios. Has descendido de los montes. Cantas versos de amor y de muerte.

ORFEO: Tonta. Contigo al menos se puede hablar. Un día tal vez serás como un hombre.

BACANTE: Siempre que antes las mujeres de Tracia..

ORFEO: Di.

BACANTE: Siempre que antes no devoren al dios.

(Traducción de Marcella Milano)

(De Diálogos con Leuco, 1947)

Cesare Pavese nació en Santo Stefano Belbo, Cuneo, Italia el 9 de septiembre de 1908 y falleció en Turín el 27 de agosto de 1950.

El 18 de agosto de 1950 anota en su diario: “Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.” Tiene cuarenta y dos años. Ocho días más tarde reserva una habitación en el hotel Roma, junto a la estación de Turín. A lo largo de la noche hace varias llamadas telefónicas, tratando de concertar una cita. Luego ingiere el contenido de sus dieciséis envases de somníferos.

“Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada.”

Kenzaburo Oé. ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!

“He trenzado mi vida con mi hijo disminuido y mis pensamientos suscitados por la lectura de William Blake en una serie de textos breves. Mi propósito, con ocasión del vigésimo aniversario de mi hijo el próximo junio, ha sido lograr una visión de conjunto -la mía, la de mi esposa y la de los hermanos menores de Eeyore- del tiempo que hemos compartido con él hasta ahora y el que compartiremos en el futuro. También he querido escribir un libro de definiciones del mundo, la sociedad y la humanidad basado en mi propia vida” escribe Kenzaburo Oé, Premio Nobel 1994, acerca del propósito que lo guió para escribir este libro publicado en 1983.

Es muy interesante el relato de los distintos episodios compartidos con su hijo Eeyore, pero por momentos me resultó tedioso el análisis de los poemas de Blake, ya que incluso Blake me fatiga con su simbolismo místico (el título reproduce un verso del poeta inglés). Me resultó un libro algo pretencioso o fallido.

* * *

Kenzaburo Oé nació el 31 de enero de 1935 en Uchiko, Prefectura de Ehime, Japón.

Obras: Kimyou na shigoto (1957, relato breve), Shisha no ogori (1957, relato breve), Tanin no ashi (1957, relato breve), Shiiku (La presa, 1957, relato breve), Miru mae ni tobe (1958, relato breve), Memushiri kouchi (Arrancad las semillas, fusilad a los niños, 1958, novela), Sevuntīn (1961, novela breve), Sakebigoe (1963), Seiteki ningen (1963, relato breve), Sora no kaibutsu Aguī (1964, relato breve), Kojinteki na taiken (Una cuestión personal, 1964, novela), Genshuku na tsunawatari (1965, ensayo), Hiroshima nōto (Cuadernos de Hiroshima, 1965, reportaje), Man’en gan’nen no futtobōru (El grito silencioso, 1967, novela), Jizoku suru kokorozashi (1968, ensayo), Warera no kyōki wo ikinobiru michi wo oshieyo (Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura, 1969), Kowaremono toshiteno ningen (1970, ensayo), Kakujidai no sozouryoku (1970, conversaciones), Okinawa nōto (1970, reportaje), Kujira no shimetsu suru hi (1972, ensayo), Mizukara waga namida wo nuguitamau hi (El día que él se digne secarme las lágrimas, 1972, novela breve), Doujidai toshiteno sengo (1973, ensayo), Kōzui wa waga tamashii ni oyobi (Las aguas han invadido mi alma, 1973), Pinchi ran’nā chōsho (El memorandum del Pinch Runner, 1976), Dojidai gemu (Juegos contemporáneos, 1979, novela), Ume no chiri (A veces el corazón de la tortuga, 1980), Rein tsurī wo kiku on’natachi (1982), Atarashii hito yo, mezameyo (¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!, 1983, ensayos), Ikani ki wo korosu ka (1984), Kaba ni kamareru (1985), M/T to mori no fushigi no monogatari (M/T y la historia de las maravillas del bosque, 1986), Natsukashī tosi eno tegami (Cartas a los años de nostalgia, 1987), ‘Saigo no syousetu’ (1988, ensayo), Atarashii bungaku no tame ni (1988, ensayo), Kirupu no gundan (1988), Jinsei no shinseki (1989), Chiryou tou (La torre de tratamiento, 1990), Shizuka na seikatsu (1990), Chiryou tou wakusei (1991), Boku ga hontou ni wakakatta koro (1992), ‘Sukuinushi’ ga nagurareru made (1993), Yureugoku (Vashirēshon) (1994), Ōinaru hi ni (1995), Aimai na Nihon no watashi (1995, conversación), Kaifukusuru kazoku (Un amor especial: vivir en familia con un hijo disminuido, 1995, ensayo con Yukari Oe), Chūgaeri (Salto mortal, 1999), Torikae ko (Chenjiringu) (Renacimiento, 2000), ‘Jibun no ki’ no shita de (2001, ensayo con Yukari Oe), Ureigao no dōji (2002), ‘Atarashii hito’ no hou he (2003, ensayo con Yukari Oe), Nihyaku nen no kodomo (2003), Sayōnara, watashi no hon yo! (2005), Routashi Anaberu rī souke dachitu mimakaritu (2007), sui shi (2009).

Stieg Larsson. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Segunda novela de la trilogía Millennium, son 731 páginas llenas de acción.

A mi gusto, mejores aún que Los hombres que no amaban a las mujeres. A propósito de ese libro, ví la película hecha por suecos que finalmente estrenaron en Argentina y me pareció una muy buena versión, fiel al texto. No está todo el libro pero las secuencias más significativas a criterio de los productores y director. Los detalles y la mayor información están en el libro. Y la elección de la actriz para personificar a Lisbeth Salander me pareció apropiada, quizás un toque sobreactuada, pero buena.

Creo que si bien se justifica abonar los 98 pesos que cuesta (siempre que uno los pueda destinar a comprar libros, equivalentes a 25,39 dólares), convengamos que se trata de una muy buena novela policial, no un muy buen ensayo que puede releerse.

Cuarenta años de educación en dos dibujos

Me enviaron por mail estos dibujos que describen la pobre realidad que vivimos en muchos lugares de Argentina.

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