Federico García Lorca / Yerma (Teatro Nacional Cervantes, hasta el 28.7.2012)

Se está representando en el Teatro Nacional Cervantes Yerma (1934), el magnífico drama de Federico García Lorca (1898-1936), dirigido por Daniel Suárez Marzal.

La puesta en escena es excelente y las actuaciones brillantes, destacándose una tremenda, creíble y conmovedora Malena Solda dándole vida a todo el sufrimiento del personaje de Yerma.

Pero nada sería posible sin el texto de la obra, donde las palabras, la sensibilidad y el genio de García Lorca nombran el dolor de Yerma, frente a la imposibilidad de poder tener hijos por la negativa de su esposo, Juan.

En la puesta en escena el director ha incluido a un guitarrista, una bailarina y un cantaor flamencos, quienes con su música logran enriquecer grandemente una obra ya de por sí estupenda.

Elenco por orden alfabético: Soledad Argañaraz, Victoria Baldomir, Cecilia Belmonte, Amanda Bond, Paula Budnik, Ana María Castel, Mónica D’ Agostino, Sebastián Duffy, Zuleika Esnal, Mariana Giovine, Guillermo Forchino, Maia Francia, Susana Lanteri, Coni Marino, Andrés Molina, Pepe Monje, Daniel Núñez, Carla Pantanali Sandrini, Lorena Proietto, Alexis Sabbione, Tina Serrano, Malena Solda, Sergio Surraco, María Viau, Laura Wich, Alejandro Zanga.

Asistencia de Dirección: Marcelo Mendez

Coreografía: Omar Saravia
Iluminación: Nicolás Trovato
Vestuario: Mini Zuccheri
Escenografía: Marcelo Valiente

Funciones: jueves a sábados a las 21 hs y domingos a las 20:30 hs.

Costo de la entrada: de $20 a $50

Venta de entradas en la boletería del teatro: miércoles a domingo de 10 a 21 hs.
Libertad 815, CABA
4816-4224 – 4815-8883 al 6, int 121

Laura Gambale / Un tape con moncholos que se cubre del huayra

(Publicado en Perfil, 9.6.2012)

Uniendo palabras de distintas zonas del país, el título de esta nota dice: “Un petiso con bigotes que se cubre del viento”. La Academia Argentina de Letras divide nuestro país en siete regiones según su forma de hablar. Allí se utilizan, a diario, palabras incomprensibles en las otras zonas. La excepción es Buenos Aires, por influencia de los medios “nacionales”.

“Pedí un carlitos”, dice una joven entrerriana a otra, que se suma: “Yo prefiero pororó”. Mientras tanto, en Córdoba, un pibe de 25 le dice a otro “estás cortado a verde”, y en Misiones, un adolescente con cara de preocupado le susurra al oído a su amigo que “la guaina está pichada”. Todos pertenecen al mismo país y aprendieron el lenguaje oficial, el de la lengua castellana, pero las formas de hablar y el léxico que utilizan en su vida cotidiana parecen ser radicalmente distintos.

En busca del “mapa” del habla argentina, la Academia Argentina de Letras (AAL) explica que el país ha sido dividido por los lingüistas en siete regiones: noreste, noroeste, cuyana, central, litoral, bonaerense y pampeano-patagónica. “Cada una tiene rasgos distintivos y lo más diverso entre ellas es el léxico”, dice  Pedro Barcia, presidente de  AAL y lo detalla: “En nuestro Diccionario fraseológico del habla argentina (Emecé, 2010) hemos recogido más de 11 mil frases que no se usan en España, y que son corrientes en nuestra habla cotidiana.

Muchas de ellos son de uso casi exclusivo porteño: “La quinta del Ñato”, “Pampa y la vía”, “No quiere más Lola”. Además, resalta que “una misma acción es mentada de diferentes maneras en las provincias: ‘hacerse la rata’ (Buenos Aires), ‘hacer la rabona’ (Litoral), ‘hacerse la chupina’ (San Juan), ‘hacerse la yunta’ (Salta)”.

Protagonistas. Una periodista entrerriana cuenta que al tostado se lo llama “carlitos”, y que el artículo “siempre se antepone al nombre propio para anunciar su género”. Además, cuenta que “al pochoclo le decimos pororó, a un muro no muy alto lo llamamos tapial y a la mentira le decimos bolazo. Cuando te acusan de algo que no hiciste, le respondemos con un ‘no me achaqués’, y cuando te critican sin fundamentos, decimos ‘no me relaje’”. Ahora vive en Capital Federal y asegura que ya se acostumbró a oír palabras que al llegar no comprendía: “Cuando me decían que algo era bizarro, limado, freak, o cuando me aclaraban ‘te lo digo posta’, no les entendía nada”.

Evangelina Baston estudia abogacía y vive en Córdoba hace cuatro años, aunque su ciudad natal es Gonnet, próxima a La Plata.  Ella le explicó a sus compañeros de facultad que decir “che, boludo” no es un insulto y que “ponete las pilas” es sinónimo de “reaccioná”, “hacé algo”. “Cuando a mis amigos les decía que me digan ‘la posta’ –cuenta Evangelina–, sin explicarles que equivale a ‘decime la verdad’, ninguno me entendía”. También cuenta que en Córdoba se le dice “lomito” al “chivito”, siempre y cuando se encuentre “bien aplastado y finito como una suela de zapatilla”. También se usa “culiado” para “boludo” y “cortado a verde” para cuando “sos medio loquito”. “Al final de las palabras se agrega el sufijo ‘azo’ como para agrandar algo, por ejemplo ‘culiadazo’, ‘buenazo’, ‘chetazo’”.

Crisol de razas. Para el presidente de AAL, el mayor aporte de la lengua extranjera  “ha sido dado por los inmigrantes italianos, y de particular manera los dialectos del sur de la península, que han nutrido en parte al lunfardo (fiaca, bacán, pibe), y luego al habla popular general: mina, laburo, toco, busarda”.  Por otra parte, asegura que “la lengua indígena que ha brindado mayor caudal de voces es la quechua con términos como cancha, choclo, batea, aloja; luego, la guaraní con ñandutí, cambá, caburé, caicobé y mucho menos el mapuche, araucano o mapudungun, con términos como laucha, cultrún, choique”.

Según explica María Sol Iparraguirre, investigadora del Conicet del Centro Regional Universitario Bariloche-Universidad Nacional del Comahue, “en Argentina se hablan entre 12 y 14 lenguas indígenas –algunas de las más conocidas son el quechua (noroeste), el guaraní correntino, el mapuche (gran parte de la Patagonia y parte de las provincias de La Pampa y Buenos Aires), el toba, el wichí y el mocoví (Salta, Formosa, Chaco, Santa Fe)– y numerosas lenguas de procedencia europea y asiática –por ejemplo, italiano, alemán, galés, ucraniano, chino, etc.–, además del español”. Y agrega que: “Al decir de Cristina Messineo y Paola Cúneo en su libro Las lenguas indígenas de la Argentina. Situación actual e investigaciones (2007), ‘un recorrido por las distintas zonas geográficas de nuestro país nos mostraría que el contacto lingüístico es la regla y que el monolingüismo, la excepción’”.

¿Estas diferencias regionales podrían llegar a impedir la comunicación entre dos argentinos?, pregunta PERFIL a Iparraguirre: “Es poco probable. Al buscar delimitar las nociones de dialecto y lengua –entendida como un espacio donde intervienen factores políticos, histórico-geográficos, sociales y culturales, además de factores estrictamente lingüísticos–, podríamos pensar que las lenguas pertenecen al orden de lo nacional, lo general, mientras que los dialectos pertenecen al orden de lo local o regional, atendiendo fundamentalmente criterios de orden político. También podríamos pensar que las lenguas difieren más entre sí de lo que lo hacen los dialectos, y que allí reside la diferencia entre ambos”. Desde esta segunda perspectiva, la experta argumenta que “es esperable que dos personas hablantes de dialectos diferentes puedan comunicarse sin mayores dificultades”.

Barcia da su opinión: “Las diferencias  regionales no incomunican en absoluto a los hablantes argentinos. Lo que no se entiende al decirlo, se lo allana de inmediato. Más aún, creo que se avanza hacia una homogeneización creciente del habla de los argentinos, por obra de la radio y de la televisión porteña”.

¿Y entre distintos grupos etáreos? “El habla juvenil es la de mayor renovación y de menor pervivencia”, dice Barcia. “Las voces suelen tener apenas cuatro o cinco años de vida: ya nadie dice ‘tirar las agujas’, ni ‘tirar pálidas’, ‘tirar buenas ondas’. Quedan algunas como bardear, curtir, de onda, el rescate juvenil de ‘bondi’, pero es el habla más efímera de todas las populares. Y suele ser la más sectorizada por clases sociales o tribus urbanas. También difiere mucho de región a región”.

Extremos. Más al sur, Andrés Gonda, estudiante de Psicología y nacido en Ushuaia, cuenta que “nosotros acostumbramos decirle ‘pro’ a algo muy bueno, y somos de usar mucho el término ‘cuerpito’, como sinónimo del término porteño ‘chabón’”. Y recuerda un término que usaba de adolescente: “Con mis amigos decíamos ‘dale canción’ para expresar ‘dale para adelante’, no sé si en otros lados se usa, pero en mi lugar esa frase era casi ‘de cabecera’”.

En el otro extremo, Yanina Briossi, misionera y contadora, hace su aporte: “Nosotros usamos ‘pichado’ para decir ‘enojado’; ‘argel’ para alguien ‘mala onda’; ‘guaina’ para llamar a las nenas; y cuando mirás de arriba a abajo a otro y lo desprecias por el look o la ropa que lleva puesta, se dice que los estás ‘rebajando’”. Respecto de los términos que más recuerda al llegar a Buenos Aires, menciona “flash”, “pibe”, y cuenta uno de sus primeros sentimientos: “Se putea mucho más en Buenos Aires que en Misiones, y no lo digo sólo cuando se pelea, sino en el vocabulario cotidiano. Tienen una forma de hablar más avasallante”.

“No todos los argentinos aprendemos el mismo español. Las distintas variedades constituyen expresión indiscutible de la individualidad y de la cultura de quienes las hablan. Siguiendo el pensamiento de Luis-Jean Calvet, no dominar la lengua oficial priva a las personas de diversas posibilidades sociales”, dice la investigadora del Conicet. Es por ellos que se habla del “derecho a la lengua”: a conocer y dominar la lengua del Estado, así como también derecho a aquella que aprendimos primero en nuestros hogares y que constituye parte fundamental de nuestra identidad. “Negar, desprestigiar o degradar esas lenguas primeras implica negar, desprestigiar o degradar parte de la constitución individual y social de las personas que las hablan. En ese caso, las diferencias lingüísticas serán un problema donde las oportunidades a las que pueda acceder una persona dependan, directa o indirectamente, en mayor o menor medida, de su variedad lingüística”, concluye.

Dime dónde vives, te diré cómo hablas

NORESTE
Argel: antipático. Guaina: nena. Rebajar: mirar de arriba hacia abajo a alguien cuando llega. Cancha: espacio abierto, descampado Caté: persona elegante. Guampudo: cornudo. Me arreglé: me puse de novio/a. Pichado: hombre enojado, mal perdedor. Metele: apurate. Mencho: primitivo, mediocre. Ya dá ya: basta. Tape: petiso.

LITORAL
Moncholos: Bigote. Tapialcito: Medianera. Hacer “ancla”: Hacer pie para subir a algún lado. Porrón: cerveza de medio litro. Masitas: galletitas. Costeleta: Chuleta o bife. Corta. Carlitos: tostado. Bolazo: mentira. Cuerear: hablar mal de otra persona. Gurí: niño. Mandale guacha nomás: alentar a realizar una acción de inmediato y con énfasis. Se viene el tiempo: Se viene la tormenta. Espores: zapatillas. Rebajar: criticar.

NOROESTE
Colla: Nombre genérico que se da a los aborígenes de Jujuy de ascendencia quichua, aimará, o de alguna otra parcialidad indígena del Altiplano. Chúcaro: (quechua) caballo sin domar o bellaco.Chuy: (quechua) expresión de frío. Amalaya: (amalhaya) interjección equivalente a ojalá, quien pudiera. Challar: acción de bendecir y agradecer con bebidas alcohólicas, elementos propios ya sean de ajuar de la casa o del trabajo. Huayra: viento. Ñato: (quechua) de nariz pequeña o sin ella. Caer en la huella: darse cuenta de algo. Caú: borracho.

CENTRO
Criollas: empanadas de carne. Culiado: boludo. Agarrá: tacaño. A tente bonete: algo muy lleno, a rebasar. Canijo: delgado. Esnortá: persona despistada. Flojo: vago. Leche y picón: expresión para mencionar algo que no tiene importancia.

BONAERENSE
Afanar: robar. Bondi: autobús, micro. Qué flash: algo que sorprende. Botón: delator. Careta: persona superficial. Yuta: policía. Capo/a: alguien líder. Carburar: pensar de más. Chapita: loco. Hueco/a: tonto. Guacho: pibe.

CUYO
Chupe: guisado hecho de papas en caldo, al que se le añade carne o pescado, mariscos, huevos y otros ingredientes. Enfiestarse: divertirse. Guagua: niño de pecho. Porrón: cerveza de litro. Choco: perro. Choila: moneda. Culillo: niño de corta edad. ¡Chule! Indicación para que un perro ataque. Pechar: empujar. Poto: trasero. Pailón: orejudo. Píllame: atrapame. Chumbinar: patear una pelota de fútbol con mucha fuerza.

PAMPEANO PATAGONICA
Butaco: Arroyo grande. Cahuin: fiesta, borrachera. Che: gente. Chuy chuy: frío. Huinca: extranjero. Nahuel Huapi: isla del tigre. Yupi: hombro. NYC: Nacido y criado. Pueblo: centro de la ciudad.

Franz Kafka / Prometeo

De Prometeo informan cuatro leyendas. Según la primera, fue amarrado al Cáucaso por haber revelado a los hombres los secretos divinos, y los dioses mandaron águilas a devorar su hígado, perpetuamente renovado.

Según la segunda, Prometeo, aguijoneado por el dolor de los picos desgarradores, se fue hundiendo en la roca gasta compenetrarse con ella.

Según la tercera, la traición fue olvidada en el curso de los siglos. Los dioses lo olvidaron, las águilas lo olvidaron, él mismo lo olvidó.

Según la cuarta, se cansaron de esa historia insensata. Se cansaron de los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio.

Quedó el inexplicable peñasco.

La leyenda quiere explicar lo inexplicable.

Como nacida de una verdad, tiene que volver a lo inexplicable.

(En La metamorfosis, Biblioteca Clásica y Contemporánea, Editorial Losada, Buenos Aires.  Traducción y prólogo de Jorge Luis Borges. El volumen incluye La metamorfosis, La edificación de la muralla china, Un artista del hambre, Un artista del trapecio, Una cruza, El buitre, El escudo de la ciudad, Prometeo, Una confusión cotidiana)

José Mujica, Presidente de Uruguay / Discurso en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, Río+20 (junio 2012)

Autoridades presentes de todas las latitudes y organismos: muchas gracias, y muchas gracias, nuestro agradecimiento al pueblo de Brasil y a su señora Presidenta.

Y muchas gracias a la buena fe que seguramente han manifestado todos los oradores que me precedieron. Y expresamos la íntima voluntad como gobernantes de acompañar todos los acuerdos que esta, nuestra pobre humanidad, pueda suscribir.

Sin embargo, permítasenos hacernos algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha estado hablando del desarrollo sustentable y de sacar a inmensas masas de la pobreza.

¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? El modelo de desarrollo y de consumo es el actual de las sociedades ricas. Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar? Más claro: el mundo tiene los elementos, hoy, materiales, como para hacer posible que siete mil, ocho mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales. ¿Será posible? O tendremos que darnos algún día otro tipo de discusión, porque hemos creado una civilización en la que estamos, hija del mercado, hija de la competencia, que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado y nos ha deparado esta globalización que significa mirar por todo el planeta.

¿Y estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y de que estamos todos juntos en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

Nada de esto lo digo para negar la importancia de este evento. No, es por el contrario. El desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es política. El hombre no gobierna hoy la fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan al hombre. ¿Y la vida?

Porque no venimos al planeta para desarrollarnos en términos generales. Venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Ningún bien vale como la vida y esto es elemental. Pero si la vida se me va a escapar trabajando y trabajando para consumir un plus, y la sociedad de consumo es el motor, porque en definitiva si se paralizan el consumo o si se detiene, se detiene la economía y si se detiene la economía es el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros. Pero ese hiperconsumo a su vez es el que está agrediendo al planeta y tiene que generar, ese hiperconsumo, cosas que duren poco porque hay que vender mucho y una lamparita eléctrica no puede durar más de mil horas prendida, pero hay lamparitas eléctricas que pueden durar cien mil, doscientas mil horas pero esas no se pueden hacer porque el problema es el mercado porque tenemos que trabajar y tenemos que tener una civilización de use y tire y estamos en un círculo vicioso. Éstos son problemas de carácter político que nos están diciendo la necesidad de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos volver al hombre de las cavernas ni tener un monumento del atraso, es que no podemos indefinidamente continuar gobernados por el mercado sino que tenemos que gobernar al mercado. Por ello digo que el problema es de carácter político, en mi humilde manera de pensar.

Porque los viejos pensadores definían, Epicuro, Séneca, los aymara: pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea y desea y desea más y más. Esta es una clave de carácter cultural. Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen, y lo voy a acompañar como gobernante porque se que algunas cosas de las que estoy diciendo rechinan.

Pero tenemos que darnos cuenta que la crisis del agua, que la crisis de la agresión al medio ambiente no es una causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir. ¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay tres millones de habitantes, un poco más, tres millones doscientos, pero hay unos trece millones de vacas de las mejores del mundo y unos ocho o diez millones de ovejas estupendas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una peri llanura, casi el noventa por ciento de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las ocho horas de trabajo, ahora están consiguiendo seis horas, pero el que consigue seis horas se consigue dos trabajos por lo tanto trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas, la motito que compró, el autito que compró y pague cuota y pague cuota y cuando se quiere acordar es un viejo reumático como yo y se le fue la vida. Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? Estas cosas son muy elementales. El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor arriba de la tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental.

Precisamente porque ello es el tesoro más importantes que tiene. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana. Gracias.

El perfil del alumno de la UBA

(Editorial publicado en La Nación, 17.5.2012)

Es necesario atender con eficacia y evitando la cronicidad el aumento notorio de la edad del estudiantado universitario

Nuestro tiempo se distingue por la aceleración y el vértigo de los cambios. En ese proceso, muchos sucesos nos sorprenden. Entre ellos, están los datos cuantificables que revelan innovaciones en las ideas y criterios del hacer de las generaciones. Esta reflexión se vincula con una reciente información relativa al estudiantado actual de la UBA, provista por la Coordinación Censal. Por ella conocemos una realidad que se venía insinuando y que ahora se muestra claramente: en nuestra mayor casa de estudios superiores, con más de 300.000 alumnos inscriptos: durante la última década, la cantidad de alumnos menores de 20 años se ha reducido en un 36 por ciento, en tanto que el número de los mayores de 30 ha crecido un 60%. En consecuencia, hoy el 25% de los estudiantes universitarios tiene esta edad o más.

Resulta llamativa, en verdad, esa alteración de los cuadros que tradicionalmente se tenían por válidos en cuanto a las edades típicas de la formación profesional superior.

En general, los planes de vida de tantas generaciones anteriores eslabonaban el inicio de las carreras universitarias a continuación del final de la escuela media; era como unir el término de la adolescencia con el comienzo de la juventud. Esa práctica conducía a iniciar el ejercicio profesional -y también la creación de la propia familia- un poco antes de los 25 años.

Surge entonces una pregunta a todas luces lógica: ¿por qué se perfila hoy un cambio tan significativo en la vida de los jóvenes?

Antes de proponer respuestas, es menester señalar que faltan otros datos actualizados para dar satisfacción plena al interrogante; no obstante, es válido hacerlo en función de lo que se conoce.

Entre los componentes de la sociedad estudiantil de hoy se viene destacando la concurrencia mayoritaria de mujeres. Asimismo, ya desde hace décadas, se observaba el aumento de alumnas casadas y con hijos que ingresaban en la facultad cuando su prole no exigía tanto su presencia.

Esa decisión se ha multiplicado para el género femenino y también para los varones, pues ha crecido el número de casados o unidos que empiezan o reanudan una carrera cuando la atención de sus hogares les da margen para poder hacerlo.

De acuerdo con lo informado por la secretaria de Asuntos Académicos de la UBA, Catalina Nosiglia, esa realidad estudiantil se advierte en Europa y particularmente en España, en donde se vienen analizando las nuevas dificultades que se plantean para la integración de alumnos de distintas edades y responsabilidades personales.

Otra causa muy influyente es el trabajo. A cerca del 60% de los estudiantes que trabajan la obligación laboral les consume 35 horas por semana. Eso los obliga a alargar el tiempo de su formación o postergar el comienzo de sus carreras.

También es necesario señalar la diferente situación entre los que concurren a universidades privadas, que son pagas, y quienes asisten a la UBA.

Las condiciones de las primeras mueven a los estudiantes a completar más temprano sus carreras, según se observa en la Torcuato Di Tella, la UCA, la Universidad de Belgrano y la de San Andrés, entre otras casas de altos estudios. En algunas, incluso, se establece una cierta cantidad de años para lograr el objetivo, es decir, el alumno no podrá eternizarse.

Precisamente, el síndrome del alumno crónico es uno de los graves problemas que afrontan especialmente las universidades públicas. Esa situación resta las más de las veces al estudiante la posibilidad de aggiornar las capacidades que va adquiriendo en lapsos tan prolongados con la actualidad en cada momento de su vida, una inadaptación no exenta de peligros a la hora de obtener el título. Y a ello hay que agregar a los alumnos que politizan sus carreras usando las facultades como centros de poder desde donde alcanzar lugares de peso en la política extrauniversitaria.

En tanto, y como un aspecto positivo, no habría que descartar que la difusión e influencia del concepto de “educación permanente”, promovido a partir de la segunda mitad del pasado siglo, haya abierto la visión de que la enseñanza puede iniciarse, retomarse o perfeccionarse a cualquier edad, incluso hasta en la tercera.

En suma, confluyen razones diversas en el curso de una dinámica realidad en la cual el mayor promedio de vida humana, las demandas alternadas entre la familia y el trabajo, la continua apertura de nuevos destinos profesionales y la distinta conciencia de los años adultos movilizan otras decisiones.

Mónica Beltrán / Los jóvenes priorizan la universidad, pero la mitad deja en el primer año

(Publicado en Perfil, 3.6.2012)

Están hiperconectados e informados, pero a la hora de entrar a la vida universitaria ese exceso puede resultar perjudicial. Según cifras oficiales, unos 400 mil jóvenes de todos los niveles sociales se incorporan a la educación superior cada año, pero, al mismo tiempo, casi el 50 % de ellos abandona en el primer ciclo o cambia de carrera una o más veces. Expertos en orientación vocacional aseguran que los cambios en las relaciones entre padres e hijos tienen mucho que ver.

Los chicos ya no deshojan más la margarita para decidir. No lo hacen por cuestiones amorosas pero tampoco usan ese método para resolver qué carrera estudiar. Nadan como peces en las redes sociales y están superinformados, conocen a la perfección los nombres más excéntricos de las carreras de moda, pero tantos datos en sus cabezas no facilitan las cosas a la hora de definir una carrera ni el ingreso a la vida adulta. La orientación vocacional es ya casi una disciplina.

Hay cursos, talleres, grupos en instituciones públicas y privadas que se ocupan de dar información sobre el casi millar de títulos de grado que ofrecen en la Argentina un centenar de universidades, pero los jóvenes están más desorientados que nunca y abandonan los estudios o cambian de carrera ante el primer traspié.

El 90% de los jóvenes que ocupan las aulas de las escuelas secundarias espera seguir estudiando, según una investigación que realizó la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina, que encuestó a 4.323 estudiantes de 108 escuelas secundarias de todo el país. Y, sin dudas, cada vez son más los ingresantes a la educación superior, casi 400 mil cada año, según estadísticas oficiales. Es que cada vez son más los adolescentes escolarizados, como consecuencia de una política pública instalada en la Argentina para cumplir con la obligatoriedad de los estudios medios.
Las nuevas generaciones valoran el estudio y desean continuar con su formación, independientemente del sector social al que pertenezcan pero, al mismo tiempo, los chicos se frustran con mucha facilidad y casi la mitad abandona en el primer año de la universidad o el instituto terciario, mientras muchos otros cambian de carrera una o más veces.

“El ciclo básico común (CBC) tiene materias generales y ayuda a los jóvenes a terminar de orientarse”, admitió la secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), María Catalina Nosiglia, quien reveló que esa institución pública tiene desde 1958 una Dirección de Orientación al Estudiante que depende del área que ella dirige, desde donde se desarrollan actividades de orientación, grupos de reflexión, talleres virtuales y se publica la Guía del Estudiante que edita anualmente Eudeba.

Algunos especialistas aseguran que, a diferencia de lo que piensan muchos adultos, los chicos están lejos de funcionar de acuerdo con la ley del menor esfuerzo, son hiperexigentes y buscan carreras que les “garanticen el éxito”, motivo por el cual–paradójicamente– ante los primeros inconvenientes se “desmotivan” y abandonan los estudios. “Lo que pasa es que tienen una gran desconexión emocional y la mayoría no se conoce, no tiene registro de sus propias limitaciones”, asegura Claudia Messing, autora de Simetría entre padres e hijos (Editorial Novedades Educativas). Ese libro difundió una investigación con datos llamativos: el 82 por ciento de los 764 chicos entrevistados cree que cuando se propone un objetivo educativo o laboral puede insistir hasta lograrlo, sin embargo el 74% da una respuesta totalmente contradictoria, ya que reconoce que se desmotiva con facilidad ante cualquier dificultad. “A pesar de la convicción que manifiestan los jóvenes respecto de sus propias posibilidades de vencer obstáculos es altamente probable que no las puedan cumplir porque sus conductas fóbicas y de desmotivación les impiden alcanzar esos objetivos. Esta puede ser una de las causas por las cuales los jóvenes expresan que desean terminar el secundario, pero no todos lo logran”, dijo la psicóloga, que dirige una escuela de posgrado en orientación vocacional. Otra encuesta realizada por la Universidad de Morón entre más de 2 mil secundarios de la zona oeste que siguió su rendimiento cuatro años después del egreso del colegio demuestra algo similar: el 46% no siguió la carrera que deseaba cuando terminó el secundario, y del 82% de los que expresaron que querían continuar estudiando un ciclo superior, a los dos años sólo lo estaba haciendo el 46%, según Messing.

¿Y los adultos? La directora de la carrera de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, Claudia Romero, opinó que la familia sigue siendo un factor importante en el proceso de elección de una carrera. “Los padres ya no cuentan en la mayoría de los casos como modelos determinantes; los hijos ya no tienden a repetir la historia y los padres ya no desean eso. La configuración de la identidad en general y de la elección profesional en particular es más abierta que antes y también por supuesto más incierta”.

Pero Messing advirtió que las nuevas generaciones “se mimetizan con sus padres, hablan y piensan como adultos, tienen gran cantidad de información para su edad, pero no la manejan con flexibilidad y son profundamente inmaduros en lo emocional”. La autora desarrolla un concepto novedoso, el de “simetría inconsciente” de los hijos con sus padres. “Antes, un chico se identificaba con sus padres, pero ahora los copian y se sienten en posición de tener mucho poder desde pequeños. Así, se desconectan emocionalmente. Esa gran dificultad emocional hace que pasen de la omnipotencia total del ‘se puede todo’ a sentirse derrotados o absolutamente frustrados con facilidad, lo que los complica a la hora de elegir una carrera y más aún cuando empiezan a tener las primeras dificultades en el estudio porque creen en soluciones mágicas, en carreras que les garanticen el éxito fácil y ya, y eso no es real”, señaló.

Con una larga trayectoria en el trabajo como orientador vocacional como respaldo, el psicólogo Sergio Rascovan relativizó el tema: “Hay que ver de qué familia se está hablando. Generalizar nunca es bueno. Depende de la clase social de la familia, de la zona geográfica. La familia burguesa tradicional se rompió hace muchos años, el adulto perdió autoridad pero hoy hay una nueva configuración del adulto, hay diálogos más interesantes entre padres e hijos. Las nuevas tecnologías ponen ciertas lógicas en las relaciones y nuestros hijos nos explican lo que no entendemos, esto supone cambios y da una particularidad a la asimetría, cambia las relaciones, hay mucho que investigar al respecto, sobre todo si queremos analizar cómo impacta esto a la hora de armar un proyecto por parte de un adolescente”.

Un tema de vocación. Para Nosiglia el éxito o no en determinadas áreas durante la escuela media es uno de los tres condicionamientos que tiene un chico a la hora de elegir su carrera. “Si le fue bien o mal en matemática va a ser importante a la hora de elegir su vocación”, dijo.

Romero aporta que la experiencia que cada uno recibe de la secundaria es central: “No hay una única escuela secundaria sino múltiples. Algunas habrán alentado el deseo de los jóvenes de continuar estudiando y le brindaron herramientas para eso, y otras seguramente no. Habrá escuelas que desplegaron mucha información sobre la oferta disponible y otras que lo hicieron en menor medida. ¿Deberían ocuparse de eso? Por supuesto que sí, y con muchísima dedicación. La escuela tiene que fortalecer entre el alumnado su capacidad de elegir de manera autónoma y responsable”, opinó.

QUÉ PREFIEREN

Según los últimos datos oficiales (de 2009) publicados en el Anuario  Estadístico del Ministerio de Educación de la Nación, hay 387 mil nuevos inscriptos por año en los ciclos de educación superior.

La mayoría ingresa a carreras de ciencias sociales: son 160 mil.

90 mil alumnos eligen ciencias aplicadas, 66 mil ciencias humanas, hay 49 mil en ciencias de la salud y 13 mil en ciencias básicas.

Dentro de las ciencias sociales, la carrera más elegida por los nuevos inscriptos  es Economía (47.400 alumnos). Le sigue Derecho (27 mil) y luego, lejos, Comunicación (7.300).

Entre las ciencias básicas, la que más reúne es Biología (6.300).

Artemio López / Adicciones: ocultamiento y banalización

(Publicado en Perfil, 2.6.2012)

Un muy interesante informe reciente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) reveló que el abuso de alcohol entre jóvenes de 13 a 17 se duplicó en la última década. Y que entre las mujeres la cifra es más alarmante: ahora se triplicó y ya casi alcanza el nivel de los varones.

Señala el matutino Clarín, basado en dicho informe, que “ los datos son oficiales y corresponden a la Quinta Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media que se hizo en 2011, un seguimiento que se realizó sobre una muestra representativa de alumnos de 13, 15 y 17 años de todo el país.

En total respondieron 90.450 estudiantes (entre ellos 13.840 de la Provincia y 3.560 de Capital) y el resultado más amplio delata que las sustancias de mayor consumo a esa edad son el alcohol y el tabaco. La primera es la sustancia psicoactiva de mayor consumo y la que presenta la edad de inicio más baja: en promedio empiezan a los 13.

Conocer qué es lo que efectivamente sucede es un primer gran paso comunitario, puesto que una de las cuestiones a resolver para encarar cualquier política pública de prevención de adicciones entre los jóvenes es detectar, analizar e informar sobre cuáles son las principales sustancias que introducen a los niños, adolescentes y jóvenes en el normalmente sin retorno camino de las adicciones.

En este sentido, la derecha política dura señala al paco como “amenaza mortal” para los chicos a fin de estigmatizar a los pobres e indigentes, consumidores de esa sustancia, omitiendo de paso que el principal inductor a las adicciones a partir de 2008 es el alcohol en general, y la cerveza en particular, como se muestra en el gráfico que acompaña esta columna, perteneciente a la excelente información estadística disponible en la Secretaría de Adicciones de Buenos Aires.

Sin embargo, de la cerveza nadie habla como gran inductora de adicciones juveniles. En los medios silenzio stampa, a lo sumo se indica el genérico “alcohol” como sustancia. ¿Por qué? Por la pauta de las cerveceras, el gran negocio que se mueve detrás de ellas, multimillonario en dólares que explícitamente impide hablar y, aun peor, asocia la cerveza a la diversión, el sexo exitoso, el rock and roll.

Lo mismo sucede, en otra escala comercial, con los que sin tener la más mínima idea de lo que significa en términos de problemática comunitaria juvenil el consumo de marihuana promueven su banalización bajo eslóganes discutibles, confundiendo gravemente la esfera personal (libre de toda libertad) y la social (impersonal y sujeta a controles y reglas estrictas, mejor muy estrictas).

Al respecto, observamos en el gráfico inicial que hasta el año 2008 estadísticamente la marihuana es la segunda sustancia –casi compartiendo el 33% de la población de adictos– en el inicio del camino a la adicción de nuestros jóvenes verdaderamente jóvenes que se encuentran bajo tratamiento en la Secretaría de Adicciones Bonaerense, o sea, una dependencia pública de gran despliegue territorial que garantiza la representatividad estadística de la muestra y, entonces, la incidencia de la sustancia, una megamuestra.

Sin embargo, no a nivel personal, que es una esfera en la que nadie debe ingresar y menos juzgar, sino como discurso producido y reproducido socialmente, se insiste en asociar el consumo de marihuana con una especie de gesto libertario, transgresor, tolerante de lo diverso y demás adjetivos, inscriptos en una “cultura cannábica” cuya vastedad se nos escapa por tratarse de un mar de vaguedades.

Estos exóticos emisores se comportan igual que las cerveceras, banalizando sustancias que socialmente, en escala de millones,  son muy complejas de administrar y para el aparato de Estado nacional, provincial y municipal realmente existente, tarea imposible.
*Director Consultora Equis.

Prometheus (2012) / Prometeo

Una obra del gran Ridley Scott (Inglaterra, 1937), que dirigió algunas películas muy importantes de los últimos años tales como American Gangster (2007), Gladiator (2000), Thelma & Louise (1991), Black Rain (1989), Blade Runner (1982), Alien (1979) y Los duelistas (1977).

Escrita por Jon Spaihts y Damon Lindelof, Prometheus es la precuela de Alien, esto es, que termina donde empieza aquella obra maestra del terror gótico.

Es muy interesante cómo han imaginado lo que sucedió antes, ya que en Alien el carguero espacial Nostromo (homenaje a Joseph Conrad) y sus siete tripulantes, reciben la orden de su computadora de dirigirse a un planeta desde donde les han llegado unas señales de radio no identificadas.

En esta oportunidad ya conocemos lo que había en ese planeta, pero ahora la intriga es saber qué había motivado este viaje (anterior) y si se las tendrán que ver con algún alien o no.

Alien producía verdaderos momentos de espanto en la butaca por una tensión presente a lo largo de todo el film y porque los espectadores no conocíamos qué tipo de monstruo era el tal alien hasta casi finalizada la historia. La música de Jerry Goldsmith participaba como un actor más junto a la maestría de Ridley Scott para dosificar el misterio, y por supuesto, a la imaginación visual de H.R. Giger (el verdadero creador del alien), que con el guión de Dan O’Bannon producían una fórmula magistral.

Aquí hay un magnífico despliegue de efectos especiales y un misterio por descubrir relacionado con los verdaderos motivos del viaje de la nave Prometheus hacia ese planeta desconocido. Los tripulantes han estado “durmiendo” durante todo el tiempo que ha durado el viaje y ahora los esperan varias sorpresas. Sin alcanzar el miedo que provocaba la película original, es un producto digno de Ridley Scott, y los diseños del gran artista H.R. Giger siguen deslumbrando viscosamente, monstruosamente.

Actúan Noomi Rapace (Elizabeth Shaw) la actriz de las versiones nórdicas de la trilogía Millennium y de la última Sherlock Holmes, Michael Fassbender (David) que encarnó a Jung en Un método peligroso y a Brandon en Shame, Charlize Theron (Meredith Vickers) la protagonista de Aeon Flux, Idris Elba (Janek), Guy Pearce (Peter Weyland), Logan Marshall-Green (Charlie Holloway), Sean Harris (Fifield), Rafe Spall (Millburn), etc.

Jorge Fernández Díaz / Lanata es malo-malo, y es el jefe de la oposición

(Publicado en La Nación, 17.6.2012)

En la previa a una multitudinaria entrevista pública que ofrecimos durante los últimos días de marzo en la Feria del Libro, mientras tomábamos algo en el mismo camarín donde hacía un año exacto yo conversaba de literatura con Mario Vargas Llosa, le pregunté a Jorge Lanata qué habría pasado si el kirchnerismo nos hubiera sorprendido a los veinte años. Jorge se quedó un segundo en silencio, con una sonrisa suspendida. Y entonces yo me anticipé con otra pregunta: “¿No nos hubiera llevado puestos?”

Tuvimos que vivir, leer, viajar, madurar, envejecer, y sobre todo tuvimos que “ver demasiado” como para ser inmunes a cualquier poder y como para no comprar una ilusión. O tal vez hay una explicación más simple: el rol de periodistas, la decisión de observar crítica y escépticamente al poder, se transformó después de tanto tiempo en la única forma que tenemos de ver y estar en el mundo. No digo esto con orgullo, sino con melancolía. Como sea, tuve que pronunciar una tercera frase aquella noche. “Creo que a los veinte años yo me hubiera enamorado perdidamente del kirchnerismo. Vos, ¿no?”. Jorge, que siempre ha sido el periodista más creativo de mi generación, y que es además un tipo lleno de ternura, empezó a negar con la cabeza. Y al final de tanta negación me dijo: “No creo, no creo, son demasiado truchos”.

Recuerdo esa respuesta de Lanata cada domingo, cuando lo veo en acción. Su programa es extraordinario, funda un nuevo género, y es seguido con devoción por millones de personas. Para mí es evidente que la ideología de su programa conecta con aquella definición íntima. Tal vez Lanata no esté de acuerdo , pero pienso que esa ideología podría traducirse de esta manera: “El kichnerismo es trucho y yo voy a probarlo”. Jorge no aspira a construir una alternativa partidaria ni a inducir un cambio de modelo. Tampoco a plantear un debate cultural, ideológico o económico. Ni siquiera a pensar la política. Sólo pretende mostrar las mentiras y contradicciones del relato que se construye desde el Estado. Le importa muy poco quiénes puedan reemplazar al kirchnerismo. No es su problema. Hace su trabajo y se va a su casa. Tampoco aspira a la ecuanimidad: descuenta que hay cientos de medios sostenidos por la Jefatura de Gabinete, miles de periodistas e intelectuales que se encargan de darle horas de micrófono y litros de tinta a la defensa de la política oficial. La tarea que ha elegido es el desenmascaramiento. Algo que pone, naturalmente, los pelos de punta de quienes escriben el relato y también de quienes adhieren a ese discurso blindado y tranquilizador.

Lanata entra en esta columna no porque se haya convertido, una vez más, en un fenómeno. Sino porque he descubierto durante los últimos días la enorme preocupación que causa en la Casa Rosada y la estrategia que han elegido para combatirlo. Que consiste en instalar que es “el nuevo jefe de la oposición”. Imagino la tristeza o el alivio que deben sentir Macri, Scioli o Binner al descubrir que han sido desplazados del odiado sitial por ese simple periodista dominguero.

La jugada tiene varios pasos. Crear un nuevo cuco e investirlo como tal para limitar así los daños que pueda producir en la fe de los simpatizantes del oficialismo. Sospecharlo de un oculto propósito partidario para que su programa pueda ser visto simplemente como una operación política. En paralelo, construirlo como un opositor, a quien por lo demás nunca se verán obligados a derrotar en las urnas. Es decir, un opositor fácil. Y de paso, como siempre, invisibilizar aún más a la traslúcida e insípida oposición verdadera.

Todo esto no pasaría de una banalidad si no fuera porque gente inteligente ha comprado la papilla que la Máquina de Triturar Periodistas y de Maquillar la Realidad ha elaborado en estas semanas, y anda reproduciendo la idea sin pensarla con detenimiento. Olvida el kirchnerismo lúcido que Lanata haría lo mismo con cualquier político que gobernara: trataría de mostrarle al pueblo cómo y por qué le mienten. Lo hizo con Menem, con De la Rúa, con Duhalde y ahora lo hace con Cristina Kirchner. Ese sano ejercicio le resulta intolerable al Gobierno, que como nuevo rico vive para el qué dirán.

El asunto esconde, sin embargo, una dimensión más honda y dramática, y el “movimiento nacional y popular” es completamente inocente de ella. Hablo de drama porque entiendo que la democracia es por lo menos bipartidista o no es democracia. Es otra cosa. Todo este asunto esconde, entonces, ya no la inexistencia de una oposición, sino la constancia de que tampoco existe una idea. Y me temo que el kirchnerismo es, por más que les duela a muchos lectores, la mejor idea del momento. Por default, porque no compite con ninguna otra.

Por una idea nueva debe entenderse un artefacto modernizador que no regrese a las recetas muertas y que no proponga un prekirchnerismo. Me refiero a una convicción flamante y poskirchnerista, una nueva lectura completa de la historia nacional, una articulación superadora. Mientras esto no aparezca, la sociedad se verá sometida a votar por el partido único, o a resignarse a elegir “al menos malo”: un peronista con buenos modales, un neoliberal que atrasa o un socialdemócrata sin proyecto. Y el kirchnerismo, en su soliloquio, seguirá entonces cómodamente nombrando como jefes de la oposición a Magnetto, a Lanata o a la vaca Rosita, que dará leche maternizada.

* * *

Jorge Fernández Díaz nació en Buenos Aires el 8 de julio de 1960.

Obras: El asesinato del wing izquierdo (1987), Bernardo Neustadt: el hombre que se inventó a sí mismo (1993), El Dilema de los próceres: Sherlock Holmes y el misterio del argentino enmascarado (1997), Mamá, una historia íntima (2002), Fernández (2006), Corazones desatados (2007), La logia de Cádiz (2008), El dilema de los próceres (2009), La segunda vida de las flores (2009), La hermandad del honor (2010), Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán (2011), Las mujeres más solas del mundo (2012).

Carolina Amoroso / Manos mágicas: la elegida de Lang Lang

(Publicado en La Nación, 14.6.2012)

Cecilia Tornesello, de 13 años, fue seleccionada por el pianista chino para representar a la Argentina en Berlín

Unos pocos minutos con Cecilia Tornesello bastan para confirmar que la edad cronológica no guarda una relación lineal con la del alma. Tiene 13, vive en La Plata y desde los 8 estudia piano. En mayo se presentó a un concurso organizado por Telefónica, y así fue elegida por el pianista chino Lang Lang para representar a la Argentina en el concierto que dará, con motivo de su cumpleaños número 30, mañana en Berlín y al que asistirán más de 10.000 personas: “Nunca viajé en avión, nunca fui a Europa. Es todo muy nuevo. Sí, hay nervios pero no tengo que olvidarme de que estoy viajando por lo que me gusta hacer”, dice, segura y distendida, mientras se toma una gaseosa.

Decidió presentarse al concurso, luego de que un profesor de guitarra del conservatorio Gilardo Gilardi, en el que cursa su secundario, la motivara para hacerlo. Debió elegir entre tres piezas: Momento musical n° 3 en Fa menor, de Schubert; Para Elisa, de Beethoven, y Sonata para piano en Do mayor, K.545, de Mozart y luego subió a la Web del concurso un video de un minuto, con su interpretación de la pieza elegida. No optó por la segunda porque “era muy escuchada”, y encontró que la “serena” sonata de Mozart era la mejor elección. Y lo fue: logró ser elegida entre 38 aspirantes para representar al país en el Estadio 02 World Berlin y el lunes emprendió su viaje.

Además, al consagrarse ganadora, pudo conocer personalmente a Lang Lang durante la visita del pianista a Buenos Aires y dice haber encontrado en él, además de un referente, “una persona muy cálida”.

Cecilia viene de una familia que disfruta de la música, con mamá y tío guitarrista y con una tía pianista, pintora, bailarina y cantante, a la que no conoce mucho porque está radicada en Francia. Admira a Marta Argerich y le gustan los grandes compositores de música clásica (aunque aclara que no todos a los que se suele englobar dentro de la “música clásica” pertenecen estrictamente a esa categoría). Cuando se le pregunta por sus gustos en música popular, responde: “Me gusta el tango y el jazz. Si tengo que decir músicos, diría Astor Piazzolla y Duke Ellington, aunque hay muchísimos”.

Su madre, Julieta, tiene 32 y cuenta que desde pequeña Cecilia ya demostraba una relación muy especial con la música: “Muchas veces, mientras ensaya en casa, toca con una sensibilidad que realmente te hace parar a escucharla. Desde que empezó, la primera profesora que tuvo me dijo: «Mirá que Ceci tiene algo especial»”.

Los días del fin de semana, Ceci puede pasar hasta cuatro horas tocando pero, durante la semana, le dedica sólo una hora, cuando regresa del conservatorio. “Me gusta tocar cuando hace frío y cuando hay lluvia, no por los dedos, que se endurecen, sino por el paisaje”, dice.

La joven promesa, que anhela poder interpretar La heroica, de Chopin y La Campanella, de Liszt, asegura que siente a la música como una parte esencial de su vida: “Vivo con la música. Veo algo y lo relaciono con la música. Sin la música no sé qué haría”.

Esta niña grande, que hace seis años soñaba con ser médica, astrónoma y chef, hoy parece tener una visión muy clara de lo que quiere: “Quiero una vida musical. Ser concertista. Tocar con grandes orquestas y tocar como los grandes. Igual, me falta, pero hay tiempo todavía…”

Y sí, para Cecilia Tornesello, tiempo es lo que sobra.

Maximiliano Tomas / Más libros y escritores, pero cada vez menos lectores

(Publicado en La Nación, 14.6.2012)

Ayer fue el día del escritor y, aunque no mandé ningún saludo, me acordé de algunos muertos ilustres recientes y de algunos amigos que, cada tanto, publican libros buenísimos que no lee casi nadie. Después leí los diarios y se me dio por pensar (que es lo peor que uno puede hacer cuando tiene un poco de tiempo libre) en libros, en la industria editorial, en fin, en eso que llamamos literatura y tampoco le importa a casi nadie. Y recordé entonces una broma que devino en mito (y ya lo sabía aquel médico austríaco obsesionado con los sueños, el sexo y la cocaína: detrás de cada broma hay escondida una buena dosis de verdad).

Esta leyenda dice que es mentira que en la Argentina de antes se leyera más, y que los lectores son siempre los mismos y se van renovando: más o menos unas diez mil personas que son las responsables de que la industria literaria (editores, escritores, correctores, docentes, críticos, talleristas, periodistas culturales) no desaparezca de una vez y para siempre. Nadie sabe de dónde salió ese número tan arbitrario, aunque lo mismo daría que fuera el doble o la mitad. La sensación, al menos en Buenos Aires, es la misma: todos andan con un libro bajo el brazo (o en el disco rígido, es una forma de decir), todo el mundo cree que debe escribir y publicar lo que sea que haya escrito. En fin, que pareciera que cada vez hay más escritores y menos lectores. Algo así es lo que dijo en una entrevista Juan José Becerra, que anda por España promocionando su última novela, La interpretación de un libro : “La literatura ya no es un fenómeno de masas; la proporción que la industria del libro se permite para la literatura es mínima; la actualidad del discurso literario es buena en aspectos formales pero la comunidad que espera algo de ese mundo cada vez es más pequeña…En realidad, hoy ya hay más literatura que lectores”. La literatura, termina Becerra, “es como una religión marginal: se vive con intensidad pero cada vez afecta a menos gente de manera íntima”.

Un artículo de febrero de este año lo desmiente y le da la razón al mismo tiempo. Porque si bien la literatura no es ya un fenómeno de masas, se publican cada vez más libros, al menos en la Argentina. En 2011 se editaron 100 millones de ejemplares (33 por ciento más que en 2010) y unos 26.800 títulos diferentes. De todos esos libros, al menos la tercera parte fue englobada por la Cámara Argentina del Libro dentro del rubro literatura. ¿Quiénes son los lectores de todos esos libros? ¿Los hay? ¿Qué porcentaje de los libros literarios que se editan se ponen efectivamente en circulación, es decir, se venden y son leídos?

Habría que hacer, algún día, una clasificación de los lectores de literatura (no de los de bestsellers, autoayuda, libros de actualidad o coyuntura, que son los que con sus compras sostienen a la industria editoral) en categorías. ¿Cuántos tipos de lectores existirán? El lector profesional, por ejemplo: editores, críticos, periodistas, informantes. El lector de temporada o lector golondrina: aquel que lee uno o dos libros al año, en la playa o en las montañas, en vacaciones o durante el tiempo libre. El lector obligado, es decir, el estudiante de letras, literatura y ramos afines. El lector resistente: el que a pesar de los precios de los libros, por una cuestión de dignidad, devoción, pasión, prestigio o curiosidad todavía compra novedades y atiende las sugerencias de los suplementos culturales. El lector groupie, interesado en convertirse en escritor: el que va a charlas, conferencias, presentaciones de libros y firmas de ejemplares para espiar cómo es ese mundo al que más tarde o más temprano buscará integrarse. Sumándolos a todos, ¿llegaríamos a los diez mil?

La literatura, decíamos, no le importa a casi nadie (¿pero cuántas personas están interesadas en la astronomía, la física cuántica, el arte contemporáneo, la música clásica, la fotografía documental?). También tienen razón los que aseguran que, como todas las artes que se sustraen a la lógica de la funcionalidad, no sirve para nada (lo que es lo mismo que decir que sirve para cualquier cosa: aprender a pensar, combatir el insomnio, entretenerse, olvidarse de algo o de alguien, alimentar charlas de sobremesa, enfermarse de bovarismo, ser más o menos miserable, la lista es larga). Pero si hay algo seguro es que, a pesar de que haya cada vez menos lectores, nos sobrevivirá. Porque aunque suene paradójico, la literatura existe haya o no lectores (y es por eso que las reglas del mercado no tienen, en el fondo, ninguna importancia). Mientras tanto, seguiremos recordando las obras de unos pocos muertos ilustres recientes y esperando esos libros buenísimos que algunos amigos publican cada tanto, y casi nadie lee.

René Char, poeta

FIDELIDAD

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo dividido. Ya no es mi amor, todos pueden hablarle. Ella no recuerda ya; ¿quién en verdad la amó?

Busca su igual en el ruego de las miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja la esperanza y suavemente la despide. Es decisiva sin que tenga que ver en ello.

Yo vivo en su profundidad como un despojo feliz. Sin que lo sepa, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo excava.

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo dividido. Ya no es mi amor, todos pueden hablarle. Ella no recuerda ya: ¿quién en verdad la amó y la ilumina desde lejos para que no se caiga?

(Fureur et Mystère, 1948)

FASTOS

El verano cantaba sobre su roca preferida; el verano cantaba aparte de nosotros que éramos silencio, simpatía libertad triste, mar más aún que el mar cuya larga pala azul se entretenía a nuestros pies.

El verano cantaba y tu corazón nadaba lejos de él. Yo besaba tu coraje, comprendía tu confusión. Camino por el absoluto de las olas hacia esos altos picos de espuma donde cruzan virtudes mortales para las manos que llevan nuestras casas. No éramos crédulos. Estábamos rodeados.

Los años pasaron. Las tormentas murieron. El mundo se fue. Me dolía sentir que tu corazón justamente no me divisaba ya. Te amaba. En mi ausencia de rostro y mi vacío de felicidad. Te amaba, transformándome en todo, fiel a ti.

(Fureur et Mystère, 1948)

A LA SALUD DE LA SERPIENTE
I

Canto el calor con rostro de recién nacido, el calor desesperado.

II

Le toca al pan que parte el hombre ser la belleza del alba.

III

El que confíe en el girasol no meditará dentro de la casa. Todos los pensamientos del amor serán sus pensamientos.

IV

En el giro de la golondrina una tempestad se informa, un jardín se prepara.

V

Habrá siempre una gota de agua para durar más que el sol sin que el ascendiente del sol sea afectado.

VI

Produce aquello que el conocimiento quiere mantener en secreto, el conocimiento con sus cien pasadizos.

VII

Aquello que viene al mundo para no perturbar nada no merece ni consideraciones ni paciencia.

VIII

¿Cuánto durará esta falta del hombre, agonizante en el centro de la creación porque la creación lo ha despedido?

IX

Cada casa era una estación. Así se repetía la ciudad. Todos los habitantes juntos sólo conocían el invierno, a pesar de sus cuerpos caldeados, a pesar del día que no se alejaba.

X

Eres en tu esencia constantemente poeta, constantemente estás en el cenit de tu amor, constantemente ávido de verdad y de justicia. Sin duda es un mal necesario que no puedas serlo asiduamente en tu conciencia.

XI

Harás del alma que no existe un hombre mejor que ella.

XII

Mira la imagen temeraria en que se sumerge tu país, ese placer que te ha escapado por mucho tiempo.

XIII

Numerosos son aquellos que esperan que el escollo los subleve, que la punta los atraviese, para definirse.

XIV

Agradece a aquel que no se preocupa de tu remordimiento. Eres su igual.

XV

Las lágrimas desprecian a su confidente.

XVI

Queda una profundidad mensurable allí donde la arena subyuga al destino.

XVII

Amor mío, poco importa que yo haya nacido: tú te vuelves visible en el lugar donde desaparezco.

XVIII

Poder ir, sin engañar al pájaro desde el corazón del árbol hasta el éxtasis del fruto.

XIX

Lo que te recibe a través del placer no es sino la gratitud mercenaria del recuerdo. La presencia que elegiste no libera de adiós.

XX

No te inclines sino para amar. Si mueres, amas todavía.

XXI

Las tinieblas que te infundes están regidas por la lujuria de tu ascendiente solar.

XXII

No hagas caso de aquellos a cuyos ojos el hombre pasa por ser nada más que una etapa del color sobre la espalda atormentada de la tierra. Que ellos devanen su largo memorial. La tinta del atizador y el rubor de la nube son sólo uno.

XXIII

No es digno del poeta engañar al cordero, investir su lana.

XXIV

Si habitamos un relámpago, es el corazón de la eternidad.

XXV

Ojos que, creyendo inventar el día, habéis despertado el viento, ¿qué puedo por vosotros? Yo soy el olvido.

XXVI

La poesía es de todas las aguas claras la que menos se demora en los reflejos de sus puentes.
Poesía, la vida futura en el interior del hombre recalificado.

XXVII

Una rosa para que llueva. Al término de innumerables años, éste es tu deseo.

(Le Poème pulvérisé, 1947)

LIED DE LA HIGUERA

Tanto heló que las ramas lechosas
Trabaron a la sierra, se rompieron en las manos.
La primavera no vio verdecer a las airosas.

La higuera demandó al señor de lo yacente
El arbusto de una fe nueva.
Pero la oropéndola su profeta,
En la aurora cálida de su retorno,
Al posarse sobre el desastre,
Murió no de hambre, sino de amor.

(Le Nu perdu, 1971)

ANTONIN ARTAUD

No tengo voz para elogiarte, hermano mío.
Si me inclinara sobre tu cuerpo que la claridad va a dispersar,
Tu risa me rechazaría.
El corazón entre nosotros, durante lo que se llama impropiamente una tormenta,
Da en tierra varias veces,
Mata, cava e incendia,
Luego renace más tarde en la dulzura del hongo.
No necesitas un muro de palabras para exaltar tu verdad,
Ni las volutas del mar para ungir tu profundidad,
Ni de esta mano febriciente que nos rodea la muñeca,
Y suavemente nos conduce a derribar un bosque
En donde el hacha son nuestras entrañas.
Está bien. Vuelve al volcán.
Y nosotros,
Que lloremos, asumamos tu relevo o preguntemos: “¿Quién es Artaud?” a esa espiga de dinamita de la que ningún grano se separa,
Para nosotros, nada habrá cambiado,
Nada, sino esta quimera viviente del infierno que se despide de nuestra angustia.

(París, 8 de marzo de 1948)

(Les Matinaux, 1950)

YO HABITO UN DOLOR
No dejes el cuidado de gobernar tu corazón a esas ternuras parientas del otoño del que reciben su plácido andar y su afable agonía. El ojo es precoz para plegarse. El sufrimiento conoce pocas palabras. Prefiere acostarte sin cargas: soñarás con el mañana y tu lecho será liviano para ti. Soñarás que tu casa ya no tiene vidrios. Sientes impaciencia por unirte al viento, al viento que recorre un año en una noche. Otros cantarán la incorporación melodiosa, las carnes que sólo personifican la brujería del reloj de arena. Condenarás la gratitud que se repite. Más tarde, te identificarán con algún gigante disgregado, señor de lo imposible.
Sin embargo.
Sólo has conseguido aumentar el peso de tu noche. Has vuelto a la pesca en las
murallas, a la canícula sin verano. Estás furioso contra tu amor en el centro de un acuerdo que enloquece. Sueña con la casa perfecta que nunca verás elevarse. ¿Para cuándo la cosecha del abismo? Pero has reventado los ojos del león. Crees ver pasar a la belleza por encima de las lavandas negras…
¿Qué es lo que ha izado, una vez más aún, un poco más arriba, sin convencerte?
No hay sitio puro.
(Le poème pulvérisé, 1947)

Traducciones de Raúl Gustavo Aguirre

* * *

René Char nació en L’Isle-sur-Sorgue, Vaucluse, Francia el 14 de junio de 1907 y falleció en París el 19 de febrero de 1988-

Obras: Arsenal (1929), Ralentir Travaux (1930, en colaboración con André Breton y Paul Éluard), Artine (1930), Le Marteau sans maître (1934), Seuls demeurent (1945), Le Poème pulvérisé (1945), Feuillets d’Hypnos (1946), Fureur et Mystère (1948), Le Soleil des eaux (1949), Les Matinaux (1950), L’Art bref suivi de Premières alluvions (1950), À une sérénité crispée (1951), Lettera Amorosa (1952), Recherche de la base et du sommet (1955), La Parole en archipel (1962), Dans la pluie giboyeuse (1968), Le Nu perdu (1971), Aromates chasseurs (1976), Chants de la Balandrane (1977), Fenêtres dormantes et porte sur le toit (1979), Les Voisinages de Van Gogh (1985), Éloge d’une soupçonnée (1988).

Obras diversas: La Postérité du soleil (fotografías de Henriette Grindat. En colaboración con Albert Camus, 1965), Trousseau du moulin premier (2009).

Manuel Mora y Araujo / Lo que no pasa: un país normal

(Publicado en Perfil, 10.6.2012)

La vida es una sucesión de cosas buenas, cosas irrelevantes y cosas malas. Que a uno nunca le suceda algo bueno es una desgracia; hay personas que se resignan a ese destino triste, otras que encuentran a quien echarle la culpa y otras que se culpan a sí mismas. También los países. De las cosas irrelevantes es difícil hablar –a menos que aparezca un poeta o un filósofo capaz de persuadirnos de su valor y de ayudarnos a verlas como menos irrelevantes–. En cuanto a las cosas malas, a veces son inevitables y a veces no. Si a alguien le suceden con frecuencia, es una mufa, una maldición. También ahí los filósofos pueden ayudar: “Si no tiene remedio, para qué te quejas; y si lo tiene, de qué te quejas”, reza un antiguo principio de sabiduría china; o “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, otra perla de estoicismo chino. Hay gente que pasa con facilidad de verlo todo bien a verlo todo mal, de la manía a la depresión, de la buena onda a la mala onda. En un libro reciente desarrollé el punto de vista de que los argentinos como sociedad política somos así. Pero la vida no se agota en el conjunto de las cosas buenas, las irrelevantes y las malas que suceden; además, están las cosas que no suceden –y, claro, que uno piensa que podrían haber sucedido–: el príncipe azul que no fue, el campeonato que no se ganó, la lluvia que no cae. Suelen ser registradas como cosas malas que sucedieron, porque su no-ocurrencia es tan palpable como si se tratase de algo malo tangible que sucedió. Pero hay cosas que no suceden y no resultan tangibles; y ésas son cosas que podrían haber cambiado el curso de una vida, o de un proyecto. O de un país.

Por ejemplo, hay quienes piensan –pensamos– que la Argentina podría haberse desarrollado con el perfil con el que creció Australia en condiciones originales muy parecidas a las nuestras. Eso no sucedió y si se pone el foco en ese no-evento, si se lo incluye en el conjunto de los hechos posibles y se lo contabiliza en el balance del país, entonces se descubre un nuevo tipo de problema: los argentinos somos capaces de hacer las cosas bastante mal. Lo que no sucede y podría suceder es tan problemático como lo que sucede de malo. Es válido preguntarse por qué, indagar en las causas, descubrir otras cosas que sí suceden y sacar conclusiones.

Todo esto para decir que pienso que la Argentina podría estar mucho mejor que como está –aunque por cierto en muchos otros aspectos está bastante bien–.

Cosas que no pasan y podrían pasar: que las personas que toman decisiones públicas –léase: Gobierno– entiendan un poco mejor algunas reglas de la vida económica, por ejemplo cómo funcionan los precios y qué importancia tiene eso. Mucha gente en la sociedad argentina lo entiende, algunos hasta lo estudiaron en la Universidad y se recibieron de algo que les sirve para hacer lo que hacen en la vida; pero quienes hoy toman decisiones parece que no terminan de entenderlo. Cómo se explica de otro modo que se persista en la obstinación de que los gobiernos pueden controlar los precios de las cosas sin producir desabastecimiento o inflación. Cómo explicar esta extraordinaria idea de que un gobierno puede fijar el precio del dólar en el mercado paralelo –que no es legal– cuando ningún gobierno puede ni siquiera fijar los precios de los bienes en los mercados legales. Elemental, Watson: lo que con seguridad se consigue es que los bienes falten o que los precios suban más de lo que subirían de otro modo; ya pasó con la carne y con tantas otras cosas, y seguirá pasando.

Podría pasar, y si pasa no se nota, que la gente involucrada en el sistema público de educación básica registre las razones que llevan a que la matrícula privada en la enseñanza primaria esté aumentando más que la matrícula en los establecimientos públicos. Allí reside un problema abismalmente crítico de la Argentina de hoy, cuyas consecuencias se sentirán en el futuro tanto o más que hoy: la declinación de la calidad educativa en la educación pública argentina.

También podría pasar, y no pasa, que existieran grupos políticos opositores con algunas ideas acerca del país y de sus problemas, y con sentido, o instinto, de lo que circula por la cabeza y por el alma de los votantes que eventualmente podrían votarlos. No se alcanza a descubrir por qué en casi todos los países hay dirigentes opositores de ese tipo y aquí ya no los hay más.

Si en planos como ésos hiciéramos las cosas un poco mejor, es plausible pensar que el efecto sería algo bueno que podría sucedernos como país. Algo parecido a lo que añoraba Néstor Kirchner en sus mensajes de campaña en 2003: seríamos “un país normal”.

* * *

Manuel Mora y Araujo nació en Buenos Aires el 30 de septiembre de 1937.

Estudios de Derecho y Sociología en la Universidad de Buenos Aires.
Analista de temas políticos y sociológicos en distintos medios de comunicación de la Argentina y del exterior. Autor de numerosas publicaciones especializadas, artículos y análisis periodísticos en diarios de la Argentina y del exterior.

Algunas obras: El voto peronista, Qué nos pasa a los argentinos, Liberalismo y democracia, Ensayo y error.

Ray Bradbury (1920-2012)

(Fragmento de Fahrenheit 451, 1953)

-Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. «No importa lo que hagas -decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»

Granger movió una mano.

-Mi abuelo me enseñó una vez, hace cincuenta años unas películas tomadas desde cohetes. ¿Ha visto alguna vez el hongo de una bomba atómica desde cientos kilómetros de altura? Es una cabeza de alfiler, no es nada. Y a su alrededor, la soledad.

»Mi abuelo pasó una docena de veces la película tomada desde el cohete, y,después manifestó su esperanza de que algún día nuestras ciudades se abrirían para dejar entrar más verdor, más campiña, más Naturaleza, que recordara a la gente que sólo disponemos de un espacio muy pequeño en la Tierra y que sobreviviremos en ese vacío que puede recuperar lo que ha dado, con tanta facilidad como echarnos el aliento a la cara o enviamos el mar para que nos diga que no somos tan importantes.

»Cuando en la oscuridad olvidamos lo cerca que estamos del vacío -decía mi abuelo- algún día se presentará y se apoderará de nosotros, porque habremos olvidado lo terrible y real que puede ser.» ¿Se da cuenta? -Granger se volvió hacia Montag-. El abuelo lleva muchos años muerto, pero si me levantara el cráneo, ¡por Dios!, en las circunvoluciones de mi cerebro encontraría las claras huellas de sus dedos. Él me tocó. Como he dicho antes, era escultor. «Detesto a un romano llamado Statu Quo», me dijo. «Llena tus ojos de ilusión -decía-. Vive como si fueras a morir dentro de diez segundos. Ve al mundo. Es más fantástico que, cualquier sueño real o imaginario. No pidas garantías, no pidas seguridad. Nunca ha existido algo así. Y, si existiera, estaría emparentado con el gran perezoso que cuelga boca abajo de un árbol, y todos y cada uno de los días, empleando la vida en dormir. Al diablo con esto -dijo-, sacude el árbol y haz que el gran perezoso caiga sobre su trasero.»

-¡Mire! -exclamó Montag-.

Y la guerra empezó y terminó en aquel instante.

* * *

Ray Douglas Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, EEUU y falleció el 5 de junio de 2012 en Los Angeles, California, EEUU.

Novelas: The Martian Chronicles (1950), Fahrenheit 451 (1953), Dandelion Wine (1957), Something Wicked This Way Comes (1962), The Halloween Tree (1972), Death Is a Lonely Business (1985), A Graveyard for Lunatics (1990), Green Shadows, White Whale (1992), From the Dust Returned (2001), Let’s All Kill Constance (2002), Farewell Summer (2006).

Sade / Morning Bird (Pájaro matutino)

(De Soldier of Love, 2010)

How could you? / You are the river / Pour out of this life // How could you / You are the morning bird / Who sang me into life every day / Fly away // You are the blood of me / The harvest of my dreams / There’s nowhere I can find peace / And the silence won’t cease // Nothing quite how it seems / The ghost of my joy / Won’t let me be // If you set me free I will not run / I will not run / I will not run

¿Cómo pudiste? / Eres el río / La sal de esta vida // ¿Cómo pudiste? / Eres el pájaro matutino / Que me cantaba a la vida cada día / Vuela lejos // Eres mi sangre / La semilla de mis sueños / No hay lugar donde pueda encontrar paz / Y el silencio no cesará // Nada es como parece / El fantasma de mi alegría / No me dejará ser // Si me dejas libre no correré / No correré / No correré

Sade (Helen Folasade Adu) nació el 16 de enero de 1959 en Ibadán, Nigeria.

Discografía: Diamond Life (1984), Promise (1985), Stronger Than Pride (1988), Love Deluxe (1992), Lovers Rock (2000), Soldier of Love (2010), The Ultimate Collection (2011).

Sandra Cornejo / Tríptico de Santiago

I

Bajo los árboles entrelazados, una paloma. Cierta y gris.

En el Parque Forestal
cerca de la calle Monjitas
Lila y la mejor de las suertes
me confían este Infarto del alma
que leo sobre un banco.

No reconozco los humores de aquellos
que parecen desdoblar
sus gustos. O cambiar de frase en frase.
Sé que este libro
buscado por años
en su primera hoja dice:
“Te escribo.
¿Has visto mi rostro en alguno de tus sueños?”
Y eso basta.

Puede que nadie sea reconocible
pero aquí, entre las hojas,
se afianza una íntima paz.

II

Me gustaría hablar con alguien
alguien que se acerque
que se siente junto a mí en este banco del parque
y me hable
en un idioma amigo
sosegado
como esta paloma que abajito me mira
y me conversa.

III

A veces, ser otra es una buena costumbre.
Inmigrante en una misma.
Los ojos como si fueran nuevos.
La mano que aprieta levemente
lo ajeno en una mano propia.
La otra que anda por ahí
sola, abandonada de una.
Esa que
retirándose del sitio que le dio cobijo
junta las palmas, agradece
observa el espacio, memoriza

conserva la inmensa prontitud
su presencia
cuando la paloma se lanza hacia la copa
del árbol trenzado sobre su cabeza
y se va
abrigadísima de Dios.

Santiago de Chile, noviembre de 2011

(Publicado en abacq.org)

* * *

Sandra Cornejo nació en abril de 1962 en La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Obras: Borradores (Sudestada, 1989), Ildikó (Último Reino, 1998), Sin suelo (Ediciones Vox, 2001) y Partes del mundo (Alción Editora, 2005). Algunos de sus poemas integran antologías, entre ellas, Poetas Argentinas (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2007), Antología de poetas argentinos II (Free Verse Website 2009, Irlanda) y El verso toma la palabra, selección de 33 poetas argentinos (Homoscriptum y la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2010).