Vivir en la calle, un drama que crece
(Editorial del diario La Nación, 3.4.2012)
Es menester buscar nuevas estrategias para rescatar a las personas que ocupan el espacio público y darles ayuda digna
Aunque desde el gobierno porteño se asegure que hay menos gente “en situación de calle” en la ciudad, la mera observación aporta otros datos bien distintos.
Evidentemente, hay más personas y, en algunos casos, familias que han hecho de las veredas y las plazas de Buenos Aires su “hogar”, corridos de su normalidad cotidiana por la falta de trabajo, la pobreza y la indigencia que han cambiado radicalmente sus vidas. Esto los ha llevado, en la mayoría de los casos, a ocupar aquellos lugares públicos que, aunque los obligan a vivir a la intemperie, también les posibilitan seguir juntos y sentir hasta una especie de sensación de libertad. Debajo de autopistas, en terminales de transporte, puertas de iglesias o bulevares, ésos son también otros de los sitios escogidos.
Se las puede ver contra las rejas de fuentes o distribuidas en los canteros, o en las recovas de calles como Leandro N. Alem. En la Plaza del Congreso hay en la actualidad cientos de personas -todos los días se agrega alguna-, sobre todo niños, mujeres y ancianos. Durante el día, se cobijan en carpas o en viviendas precarias de cartón, madera o lona, a la vista de cualquier transeúnte que pase por allí. Por las noches, cuando distintas organizaciones o particulares van a darles de comer, forman fila en distintos lugares. También reciben comida de los bares, hoteles o restaurantes de la zona; en ese sentido, son más privilegiados que los que tienen como domicilio los zaguanes o los portales de las casas y los edificios de departamentos.
Del censo realizado por el gobierno de la ciudad a fines de 2011, se contabilizaron 876 personas que duermen en la calle, un 32 por ciento menos que las contabilizadas anteriormente (1287, registradas el año anterior). De ellas, el 60 por ciento proviene de otras provincias, y su situación educativa es distinta, pero a todos los denigra vivir en situación de calle: algunos tienen el ciclo primario completo (29,6%); otros empezaron el secundario pero no lo terminaron (22,6%), y por fin un 28,5% tiene el primario incompleto.
Tal como informó este diario hace unas semanas, de las 876 personas instaladas en el espacio público porteño, 812 son adultos y 64 son niños (que viven en la calle con sus padres). La mayoría, el 50 por ciento, se concentra en las comunas 1 y 3 (los barrios de Constitución, San Telmo, Monserrat, San Nicolás, Retiro, Puerto Madero, Balvanera y San Cristóbal), y otro 27% se reparte en partes iguales entre las comunas 7, 15 y 4 (Flores y Parque Chacabuco; Chacarita, Villa Crespo, La Paternal, Villa Ortúzar, Agronomía y Parque Chas, y La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya).
El censo ya mencionado sólo cuenta a las personas que viven en la calle sin ninguna red social de contención. No incluye, por ejemplo, a los cartoneros, que trabajan en la Capital y suelen estar instalados en la ciudad durante la semana, pero que tienen su casa en la provincia. Por ello, la ONG Médicos del Mundo, que lleva sus propias estadísticas, viene reiterando que son más de 15.000 las personas que se encuentran en esta situación. Y recuerda también que entre ellas están creciendo las adicciones al alcohol, la marihuana, la cocaína y el paco.
Es evidente la necesidad de que, tanto por parte de las autoridades como de la sociedad en general, busquemos con urgencia nuevas estrategias para encarar este tema dramático, porque ni el plan de operadores sociales desarrollado por el gobierno porteño -son 373 profesionales que recorren la ciudad todos los días- ni la presencia de voluntarios de ONG han logrado paliar la situación de estos argentinos, que al resto de los conciudadanos debe llevarnos a movilizar nuestras conciencias en procura de que también tengan una vida digna. Mientras ello no ocurra, no existirá en nuestro país la perspectiva de un futuro más esperanzador.
Cómo criar hijos delincuentes
1. Dele a su hijo todo lo que pida. Pensará que tiene derecho a obtener todo lo que desea.
2. Ríase cuando su hijo diga malas palabras. Crecerá pensando que el irrespeto es divertido.
3. Jamás reprenda a su hijo por su mal comportamiento. Crecerá pensando que no existen reglas en la sociedad.
4. Recoja todo lo que su hijo desordene. Crecerá creyendo que otros deben hacerse cargo de sus responsabilidades.
5. Permítale ver cualquier programa en la televisión. Crecerá creyendo que no hay diferencias entres ser niño y ser adulto.
6. Dé a su hijo todo el dinero que pida. Crecerá oensando que obtener dinero es fácil y no dudará en robar para conseguirlo.
7. Póngase siempre de parte de él, contra vecinos, maestros y policías. Creerá que lo que él hace siempre está bien y son los otros los que están mal.
“Siguiendo estas instrucciones le garantizamos que su hijo será un delincuente y nosotros tendremos una celda lista para él.”
(Departamento de Policía de Houston, Texas)
La escritora María Teresa Andruetto obtuvo el Premio Hans Christian Andersen 2012
(Publicado en Clarín, 20.3.2012)
Una argentina ganó el “Nobel” de la literatura para chicos
por Ivanna Soto
Es la primera vez que un hispanoamericano lo gana. Destacaron tambien a la Fundación Mempo Giardinelli.
“No hay temas apropiados, sino modos de entrar en lo hondo”, dice María Teresa Andruetto por teléfono a Clarín desde su casa en las sierras cordobesas, en pleno festejo. La escritora argentina, autora de numerosos títulos para niños y jóvenes, es la ganadora del Premio Hans Christian Andersen –conocido como “el pequeño Nobel”–, considerado el más prestigioso de la literatura para niños.
El resultado se conoció ayer en la Feria del Libro Infantil de Bologna. Otorgado cada dos años por el International Board on Books for Young People (IBBY) a un escritor y un ilustrador de literatura infantil y juvenil, es la primera vez que lo gana un autor hispanoamericano.
A su vez, la Fundación Mempo Giardinelli fue galardonada con el premio IBBY-Asahi de Promoción de la Lectura por su programa “Abuelas Cuentacuentos”.
“La situación de la literatura infantil en nuestro país respecto de otras lenguas tiene que ver con la situación de la Argentina como país periférico, más allá del crecimiento que hayamos tenido”, lanza Andruetto, que reconoce al premio como un modo de difundir todas las obras de nuestro país. “Nuestra periferia como país nos marca”, dice.
Tras el impacto de la noticia, piensa con emoción en los inicios de su trabajo en el campo literario, 30 años atrás. Y en esa rememoración viene a cuento la Andruetto de Fefa es así, de La mujer vampiro, de El caballo de Chuang Tzu, personajes entrañables que de a poco dieron con la Andruetto actual, que llevaron a su última novela, La niña, el corazón y la casa, seleccionada para la exposición The White Ravens 2012 que la Internationale Jugendbibliothek organiza año tras año.
Andruetto, lucha desde 1984 por lograr que la literatura infantil sea colocada como un producto cultural del mismo rango que la literatura para adultos a través de la formación de maestros y la fundación de centros de estudio especializados. A pesar del entusiasmo del día de ayer, reconoce que son escasas las situaciones en que eso sucede. “Es una batalla sostenida para que la literatura infantil ingrese como disciplina al campo académico, donde su espacio todavía es muy marginal”, explica.
Pese a todo, la autora hace hincapié en que cada vez es más fuerte la presencia de la literatura en la escuela, y que la calidad de los libros va en aumento. Es que, aunque relegada a seminarios aislados, la literatura infantil es un mercado que cada vez ocupa más espacio en las librerías .
No es poco lo que llevó a Andruetto a quedarse con el premio a la trayectoria, que en 2010 había ganado el inglés David Almond. “Yo no creo que haya temas para niños. Lo fundamental no es el tema, sino el modo que uno llega a eso: con qué sencillez, qué lenguaje, qué emoción”, explica.
Y no hay dudas de que de eso sí que sabe…
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Traducción propia de la información en www.pitchengine.com y www.ibby.org:
El Jurado de IBBY del premio Hans Christian Andersen 2012 anuncia a los ganadores
Cinco autores y cinco ilustradores fueron seleccionados entre 57 candidatos propuestos por 32 filiales nacionales de IBBY para el Premio Hans Christian Andersen 2012. El premio, considerado el más prestigioso en literatura para niños, se otorga cada dos años por la International Board on Books for Young People (Comité Internacional sobre Libros para Gente Joven) a un autor y a un ilustrador vivo cuya obras íntegras hayan hecho perdurables contribuciones a la literatura para niños. Los ganadores serán anunciados el lunes 19 de marzo en la Feria del Libro para Niños de Bologna. Los cinco autores listados brevemente en orden alfabético son:
- María Teresa Andruetto, de Argentina es una maestra en crear libros sensibles, los cuales son profundos y poéticos y se refieren a una gran variedad de temas.
- Paul Fleischman, de EEUU hace una contribución innovadora y única a la literatura para niños. El jurado valoró especialmente su habilidad para crear personajes y para incorporar la música en su obra.
- Bart Moeyaert, de Bélgica presenta from Belgium presents descripciones sutiles de personajes fuertes al evocar atmósferas poéticas usando using un lenguaje que combina tanto el humor como la seriedad.
- Jean-Claude Mourlevat, de Francia escribe para niños y adolescentes en muchos niveles diferentes, desde prosa poética hasta fantasía o hasta realismo; la música es una fuente constante de inspiración para él.
- Bianca Pitzorno, de Italia usa textos variados e imaginativos para compartir la complicidad con sus lectores, utilizando el humor y una hábil construcción de personajes.
Los cinco ilustradores listados brevemente en orden alfabético son:
- Mohammad Ali Beniasadi, de Irán utiliza diferentes técnicas, color y colour y un sutil sentido del humor en su obra.
- John Burningham, del Reino Unido utiliza una delicada ironía mezclada con inocencia y alta seriedad que con su uso de la línea y el color, crea una intimidad con el lector.
- Roger Mello, de Brasil le cuenta al lector acerca de cultura popular, viejas leyendas y las tradiciones de Brasil por su sutil uso de las emociones que expresa al utilizar colores brillantes e imágenes que están llenas de significado.
- Peter Sís, de la República Checa tiene una originalidad extraordinaria y utiliza su poderosa imaginación para crear historias complejas y bien documentadas utilizando diseños diferentes y técnicas artísticas.
- Javier Zabala, de España tiene la gran habilidad para transformar el lenguaje gráfico en signos narrativos mediante representaciones complejas, intuitivas y detalladas.
Los diez miembros del Jurado de 2012 estuvieron encabezados por la Presidenta del Jurado María Jesús Gil, de España. Fueron: Anastasia Arkhipova (Rusia), Françoise Ballenger (Francia), Ernest Bond (EEUU), Sabine Fuchs (Austria), Ayfer Gürdal Ünal (Turquía), Jan Hansson (Suecia), Eva Kaliskami (Grecia), Nora Lía Sormani (Argentina), Sahar Tarhandeh (Irán) y Regina Zilberman (Brasil). Elda Nogueira, de Brasil representó a IBBY y Liz Page actuó como Secretaria del Jurado.
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Escritores ganadores de los premios Hans Christian Andersen:
2010 David Almond (Reino Unido)
2008 Jürg Schubiger (Suiza)
2006 Margaret Mahy (Nueva Zelanda)
2004 Martin Waddell (Irlanda)
2002 Aidan Chambers (Reino Unido)
2000 Ana Maria Machado (Brasil)
1998 Katherine Paterson (EEUU)
1996 Uri Orlev (Israel)
1994 Michio Mado (Japón)
1992 Virginia Hamilton (EEUU)
1990 Tormod Haugen (Noruega)
1988 Annie M. G. Schmidt (Holanda)
1986 Patricia Wrightson (Australia)
1984 Christine Nöstlinger (Austria)
1982 Lygia Bojunga Nunes (Brasil)
1980 Bohumil Říha (Checoslovaquia)
1978 Paula Fox (EEUU)
1976 Cecil Bødker (Dinamarca)
1974 Maria Gripe (Suecia)
1972 Scott O’Dell (EEUU)
1970 Gianni Rodari (Italia)
1968 James Krüss (Alemania), José Maria Sanchez-Silva (España)
1966 Tove Jansson (Finlandia)
1964 René Guillot (Francia)
1962 Meindert DeJong (EEUU)
1960 Erich Kästner (Alemania)
1958 Astrid Lindgren (Suecia)
1956 Eleanor Farjeon (Reino Unido)
Ilustradores ganadores del Premio Hans Christian Andersen:
2010 Jutta Bauer (Alemania)
2008 Roberto Innocenti (Italia)
2006 Wolf Erlbruch (Alemania)
2004 Max Velthuijs (Holanda)
2002 Quentin Blake (Reino Unido)
2000 Anthony Browne (Reino Unido)
1998 Tomi Ungerer (Francia)
1996 Klaus Ensikat (Alemania)
1994 Jörg Müller (Suiza)
1992 Kvĕta Pacovská (República Checa)
1990 Lisbeth Zwerger (Austria)
1988 Dusan Kállay (Checoslovaquia)
1986 Robert Ingpen (Australia)
1984 Mitsumasa Anno (Japón)
1982 Zbigniew Rychlicki (Polonia)
1980 Suekichi Akaba (Japón)
1978 Svend Otto S. (Dinamarca)
1976 Tatjana Mawrina (Unión Soviética)
1974 Farshid Mesghali (Irán)
1972 Ib Spang Olsen (Dinamarca)
1970 Maurice Sendak (EEUU)
1968 Jiří Trnka (Checoslovaquia)
1966 Alois Carigiet (Suiza)
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María Teresa Andruetto nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina.
Obras: Tama (1992), Palabras al rescoldo (poemas, 1993), Pavese y otros poemas (poemas, 1998), Stefano (1998), Kodak (poemas, 2001), Todo movimiento es cacería (cuentos, 2002), Veladuras (2005), Beatriz (poemas, 2005), Enero (teatro, 2005) Pavese/Kodak (poemas, 2008),Sueño americano (poemas, 2009), Tendedero (poemas, 2009), La mujer en cuestión (2009), Lengua madre (2010).
Es autora de numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (1993), Huellas en la arena (1998), La mujer vampiro (2000), Benjamino (2003), El país de Juan (2003), El árbol de lilas (2006), Agua cero (2007), Trenes (2007), El incendio (2008) y Campeón (2009).
Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (2008) y El taller de escritura en la escuela (2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (2009).
Fred Philibert y Anne Dupoizat / Mon petit frére de la lune (Mi hermanito de la luna)
El mundo de la luna… explorarlo con atención. Para entender a nuestro pequeño hombre, hay que sentarse, mirar y no hacer caso a sus gestos retraídos sino llevarle a intentar probar un poco de nuestro mundo.
Tenemos que ser pacientes para conseguir atrapar la luna con un hilo de oro y atraerla hasta nuestro viejo planeta.
¿Hasta qué punto este hermanito vendrá a nuestro encuentro? ¿Hasta qué punto podremos ir a su encuentro?
Hoy me hicieron llegar este hermoso corto porque el 2 de abril es el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo. Es muy importante que se haya declarado un día para ello, pero no quiero esperar ese día para subirlo al blog, porque las personas autistas todos los días son merecedoras de nuestra consideración, respeto y amor.
Del sitio oficial de Naciones Unidas www.un.org:
El autismo es una discapacidad permanente del desarrollo que se manifiesta en los tres primeros años de edad. La tasa del autismo en todas las regiones del mundo es alta y tiene un terrible impacto en los niños, sus familias, las comunidades y la sociedad.
A lo largo de su historia, el Sistema de las Naciones Unidas ha promovido los derechos y el bienestar de los discapacitados, incluidos los niños con discapacidades de desarrollo. En 2008, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad entró en vigor, reafirmando el principio fundamental de universalidad de los derechos humanos para todos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por unanimidad el 2 de abril como Día Mundial de Concientización sobre el Autismo (A/RES/62/139) para poner de relieve la necesidad de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los niños y adultos que sufren este trastorno.
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Corto realizado por Fred Philibert y Anne Dupoizat, 2007.
Premiado en el Festival de Cine Independiente de Osnabrück, Alemania (2008).
Seleccionado para el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary (República Checa, 2010), Festival de las Naciones, Ebensee (Austria, 2010), Festival Internacional de Cortometrajes de Dresden (Alemania, 2010), Leipzig – Festival Internacional de Cine Documental y de Animación (Alemania, 2009), Seoul International Cartoon & Animation Festival (Corea del Sur, 2009), Sacramento – Festival de cine francés (Estados Unidos, 2009), Sydney – Festival de Cine (Australia, 2009), Trickfilm – Festival Internacional de Cine de Animación de Stuttgart (Alemania, 2009), AniFest – Festival internacional de cine de animación de Teplice (República Checa, 2009), Bratislava – Festival de cine francófono (Eslovaquia, 2009), Nueva York – Rendez-vous With French Cinema Today (Estados Unidos, 2009), Brest – Festival Europeo de Cortometrajes (Francia, 2008), Festival Itinerante de Cine Europeo de Ankara (Turquía, 2008), Festival de Cine Independiente de Osnabrück (Alemania, 2008), Festival Internacional de Cine Francófono de Namur (Bélgica, 2008), Festival Internacional de Animación de Ottawa (Canadá, 2008), Festival Internacional de Cortometrajes y Nuevas Imágenes de Roma (Arcipelago) (Italia,- 2008), Brooklyn – Festival Internacional de Cine (Estados Unidos, 2008), Festival de cortometrajes de Bruselas (Bélgica, 2008).
The SCAR Project. Breast Cancer Is Not A Pink Ribbon (Proyecto CICATRIZ. El cáncer de mama no es una cinta rosa)
El Proyecto CICATRIZ es una serie de retratos de gran tamaño, de jóvenes sobrevivientes al cáncer de mama tomadas por el fotógrafo de modas David Jay. Primariamente como una campaña de sensibilización, el Proyecto CICATRIZ pone un rostro crudo, inquebrantable sobre el cáncer de mama de inicio temprano mientras que rinde tributo al coraje y al espíritu de tantas valientes mujeres jóvenes.
Dedicado a las más de 10000 mujeres menores de 40 años que serán diagnosticadas sólo este año, el Proyecto CICATRIZ es un ejercicio de conciencia, esperanza, reflexión y curación. La misión es triple: aumentar la conciencia pública sobre el cáncer de mama de inicio temprano, recaudar fondos para la investigación sobre el cáncer de mama/programas de extensión y ayudar a las jóvenes sobrevivientes a ver sus cicatrices, rostros, figuras y experiencias a través de una nueva lente, honesta y en última instancia generadora de poder.
El cáncer de mama es la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres jóvenes entre 15 a 40 años. Las participantes del Proyecto CICATRIZ van desde los 18 a 35 años, y representan a este grupo a menudo pasado por alto de mujeres jóvenes que viven con el cáncer de mama. Ellas viajan a través de EEUU -y el mundo- para ser fotografiadas para el Proyecto CICATRIZ. Ahora son casi 100 personas. La más joven tiene 18 años.
Aunque Jay comenzó a tomar fotografías para el Proyecto CICATRIZ sobre todo como una campaña de sensibilización, él no estaba preparado para algo mucho más inmediato… y hermoso: “Para estas mujeres jóvenes, que tienen su retrato tomado representa su victoria personal sobre esta enfermedad terrible. Les ayuda a recuperar su feminidad, la sexualidad, la identidad y el poder después de haber sido despojadas de una parte tan importante de ella mismas. A través de estas imágenes simples, ellas parecen tener cierta aceptación de lo que les ha sucedido y la fuerza para seguir adelante con orgullo”.
(Traducción propia del texto de presentación de thescarproject.org)
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David Jay nació en EEUU el 24 de abril de 1982.
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Mónica Beltrán / Los docentes, eje del problema. La inversión educativa nunca fue tan alta, pero los chicos no aprenden
(Publicado en Perfil, 13.11.2011)
La Argentina invierte el 6,47% del PBI en educación, cifra inédita en su historia y que supera lo recomendado por la Unesco, y los salarios docentes aumentaron 530% en ocho años. Sin embargo, la percepción generalizada es que la educación pública es de muy baja calidad. Una de las causas: los docentes no conocen los contenidos que fija el Estado.

Contrastes. En estos años se construyeron muchas escuelas, pero falta un "denominador común" en la formación de los alumnos, lo que iguala a todos.
Ya 500 años antes de Cristo, el filósofo chino Confucio sentenció: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”. Sin embargo, ese gran punto de acuerdo, en el que podrían confluir los más diversos sectores de la sociedad argentina, más allá de sus ideologías o adhesiones partidarias, sigue siendo una deuda pendiente y no se vislumbra con facilidad cuáles son los caminos sugeridos para que sea una realidad. Aunque la Argentina invierte el 6,47% de su PBI en educación –casi 3 puntos más que en 2003–, los salarios docentes crecieron el 530% en ocho años, se entregaron netbooks y se repararon edificios, los chicos siguen sin aprender. Así lo indican las pruebas internacionales de evaluación de la calidad, pero también el sentido común de los padres que lo comprueban cada día que deciden mirar las carpetas de sus hijos.
Especialistas del Cippec, interesados en investigar cuáles son los caminos para que la Argentina logre cumplir con su apuesta ambiciosa de garantizar el derecho a la educación de todos los chicos, como fija la Ley Nacional de Educación, aseguraron que al sistema educativo le falta mucho para garantizar lo que ahora se denomina justicia educativa para todos.
La coordinadora del Programa Educativo, Cecilia Veleda, señala con preocupación: “Lo que cada docente enseña en el aula depende más de los materiales que le caen en la mano y de sus propias prioridades, que de los objetivos básicos fijados por el Estado”. Es que está convencida de que la mayoría de los educadores no conoce lo mínimo que tiene que enseñar, objetivos contemplados en el documento Núcleos de Acción Prioritaria (NAP), aprobado por los ministros de Educación de todas las provincias durante la gestión de Daniel Filmus.
Los NAP no son respetados por los docentes, pero tampoco por los directores ni los supervisores y, en algunos casos, no llegaron a completarse aún para los últimos años del secundario.
“No es el único problema, pero es un punto muy importante” –dijo Veleda–, para quien los NAP son una medida de justicia porque “generan un denominador común, una cultura común”. En el libro La construcción de la justicia educativa, editado por Cippec y Unicef, la especialista asegura que “todos deberían compartir ciertos fundamentos culturales indispensables para la inserción en el mercado laboral, el desarrollo de los estudios superiores, la participación ciudadana o, incluso, para el desarrollo personal, saberes difíciles de adquirir fuera de la escuela”.
La educación suele aparecer como una de las principales preocupaciones. Incluso dos días después de los comicios presidenciales, una investigación del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Sociales (UBA) reveló que la sociedad le demandaba a la Presidenta reelecta que se ocupara principalmente de la seguridad y la educación. Paradójicamente, no fue uno de los temas que concentró la atención en el último debate electoral, en el que la mayoría de los partidos sólo dijeron generalidades.
En el fondo de la tabla. En los últimos resultados de las pruebas internacionales de evaluación PISA, la Argentina ocupó el lugar 58 entre los 65 países que participaron. Las autoridades educativas cuestionan la validez de esos resultados porque consideran que se utilizan parámetros propios de los países de la OCDE, pero discutibles para América latina. Sin embargo, el año próximo el país volverá a participar. En esa oportunidad, la Ciudad de Buenos Aires tendrá su propio capítulo PISA, en el marco de una política dispuesta por el Gobierno porteño, que multiplicó las evaluaciones. Hace una semana, completaron una prueba censal a los 27 mil alumnos que en 2011 terminan quinto año; evaluaron también la práctica áulica de docentes que se ofrecieron voluntariamente para la experiencia y se tomaron este año pruebas a 10 mil chicos de 15 años, de escuelas públicas y privadas.
“Evaluamos para mejorar por eso devolvemos todos los datos al sistema educativo”, dice Mercedes Miguel, directora de Planeamiento Educativo de la Ciudad de Buenos Aires. La funcionaria fue cauta a la hora de opinar sobre la calidad del sistema educativo: “Nosotros valoramos el esfuerzo que hicimos como país en aumentar la inversión, luego creemos que la inversión en sí misma no trae aparejada calidad”.
“Estamos evaluando cada día más intensamente. En pocos días, vamos a dar a conocer los resultados del Operativo Nacional de Evaluación (ONE) 2010, que fue censal para quienes finalizaron el quinto año del secundario. Confiamos en que va a haber buenas noticias. Y vamos por más evaluación con un censo en la primaria el próximo año”, precisó el subsecretario de Planeamiento Educativo de la Nación, Eduardo Aragundi.
Aunque en la cartera educativa no quisieron adelantar los resultados del ONE, que podrían conocerse en dos o tres semanas más, según fuentes educativas, las escuelas podrán acceder a los resultados de cada institución vía Web, ingresando con una clave, y en marzo llegarán a las escuelas cuadernos pedagógicos para trabajar sobre las dificultades.
El modelo del vecino. Un modelo que se sigue con atención es Brasil, un país con mayores bolsones de pobreza que la Argentina y con un Indice de Desarrollo Humano (IDH) levemente más bajo (0.718), pero que logró que su sistema educativo mejorara al mismo tiempo que expandió su matrícula escolar. “Lo de Brasil es casi un milagro porque logró las dos cosas juntas, a base de instalar una cultura de evaluación en las escuelas”, explicó Veleda.
“En la Argentina, las políticas implementadas hasta ahora no significan mejora porque no empujan hacia la calidad –opinó Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (Cippec), quien agregó: “Si uno las compara con lo que pasa del otro lado de la frontera, en Brasil, las escuelas tienen más recursos y más autonomía, pero mejoran sus indicadores de calidad y de retención. Es que el Estado les manda un mensaje: ‘Si mejorás tenés tales condiciones’”. Para Iaies, lo hecho tiene más que ver con políticas “de reparación”. “La discusión –dijo– es si esa política no debería haber sido simultánea con una de mejoramiento de la calidad, pero eso es pasado. La idea es que el sistema está hoy en mejores condiciones de encarar una política de mejoramiento de la calidad y la equidad.”
¿Inclusión vs calidad? Para el Gobierno nacional, la calidad no tiene sólo que ver con el rendimiento concreto de los chicos en el aula, sino también con el acceso y la permanencia de nuevos sectores sociales en las escuelas. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, aseguró a PERFIL que cree en “un concepto de calidad más amplio: la construcción de 1.800 escuelas, los 45 millones de libros entregados a chicos que cada vez usan menos fotocopias, las 1.800.000 netbook es una parte de la calidad. La calidad se construye en un continuo de medidas, algunas son materiales y otras son el mejoramiento de las técnicas pedagógicas, que en eso estamos”, dijo el ministro.
Sileoni presentó el martes 8 un estudio sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en las escuelas. La matrícula no creció tanto como se había anunciado en un principio. En 2010, hubo 167.160 alumnos más que el año anterior, es decir, un crecimiento de matrícula del 1% y no del 25% que las autoridades educativas habían anunciado eufóricas a comienzos del año pasado. “El impacto no se vio tanto en cantidad de alumnos, que hoy son unos 130 mil más que en 2009, como en aumento del presentismo de los chicos. Van más a la escuela, faltan menos, tienen acceso a otros insumos, llevan útiles nuevos, eligen la comida en el comedor”, precisó el ministro. Es decir la AUH habría aumentado más la retención que la expansión de la matrícula, según la cartera educativa.
Una de las consecuencias no deseables de la retención, que trajo muchos conflictos aún no resueltos en las escuelas, es el aumento de la sobreedad; es decir, el incremento de la cantidad de chicos que cursan un año o más inferior al que tendrían que transitar por su edad. Esa tasa alcanza al 25% en primaria y 43% en secundaria básica, según datos oficiales. De los tres índices indicativos de problemas en la educación (deserción y repitencia son los otros dos) el de sobreedad es el que más creció en forma constante desde 2003, cuando era del 37.7%.
El ausentismo docente. Otro tema del que poco se habla es el elevado ausentismo de los maestros. En el último número de una revista editada por el sindicato docente Ctera, dedicado íntegramente al tema evaluación del sistema educativo, la investigadora de Flacso, Inés Dussel, se animó a dar el debate “necesario sobre el ausentismo docente” que, según fuentes educativas, en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires alcanzó este año al 40%.
“Lo peor es el goteo: las dos horas de física del lunes que se suman a las dos de inglés del martes, a la licencia por problemas de salud del miércoles y el día por examen del profesor del viernes. Horas y horas sin clases que se suman en las escuelas públicas, mientras en las privadas sigue habiendo una continuidad. Esto es un tema de falta de conciencia también del rol docente”, confió a PERFIL un sindicalista docente.
“Muchos colegas que no saben o no pueden resolver su situación de otra manera, eligen esa vía (el ausentismo) para compensar su sufrimiento laboral. Lo terrible es que las faltas son más frecuentes en las instituciones públicas que atienden a sectores sociales mas precarizados, donde las sanciones serán menores si es que existen. Es poco probable que se falte a los colegios privados caros, porque correría riesgo el empleo”, expresó Dussel.
Un aspecto que sobrevuela los debates más actuales sobre educación en la Argentina, tiene que ver con la necesidad de que los maestros se asuman de una vez y para siempre como funcionarios públicos, con derechos, pero también con obligaciones.
Nadie niega las múltiples dificultades con las que se encuentra un maestro en aulas muchas veces superpobladas, con chicos que son víctimas de maltrato o violencia, que tienen dificultades para respetar límites y que muchas veces no tienen la asistencia técnica mínima necesaria (gabinete psicopedagógico) para atender esas cuestiones sociales que no golpean la puerta antes de entrar. Pero esa es la realidad de muchos otros empleos en la actualidad y la docencia no deja de ser una de las carreras que más creció en la Argentina en los últimos años y que, por lo tanto, seguirá ofreciendo nuevas fuentes de trabajo como ninguna otra profesión lo hace. El sistema educativo se democratiza, la matrícula se sigue expandiendo y cada vez el Estado deberá tomar más maestros como empleados para dar respuesta.
Hay todavía en la Argentina demasiados jóvenes que no trabajan ni estudian. Datos del organismo internacional Siteal indican que en 2009 representaban el 31,9% en niveles bajos, 20,2% en niveles medios y 8,5% en niveles altos. En los tres niveles este indicador se sitúa en la Argentina por encima de Brasil, Colombia, Bolivia y Perú. Lo esperable es que se integren a las aulas, pero también tienen que aprender y egresar.
Esa posibilidad depende en parte de una docencia comprometida, que se sienta protagonista de dar vuelta, con su acción y su ejemplo, la vida de chicos que pasan mil horas al año frente a un televisor y sólo 800 horas, con suerte, en la escuela. “Se debería tomar posición ante un contexto donde los chicos están formándose cada vez más por los contenidos de la televisión y que circulan por internet. La escuela podría proponer de una manera más contundente y clara modelos de referencia alternativa al dinero, la fama y el éxito como valores máximos”, disparó, polémica, Veleda.
El 76 por ciento de víctimas de violencia de género son mujeres de entre 15 y 34 años
(Publicado en perfil.com, 24.11.2011)
Cómo se reproduce el mapa de las víctimas durante 2011. Qué dicen las autoridades.
El 76 por ciento de los casos de violencia familiar y sexual de la provincia de Buenos Aires tiene como víctimas a mujeres de entre 15 y 34 años, informó el ministerio de Salud bonaerense. Así lo revelan las primeras estadísticas oficiales de violencia de género en la Provincia de Buenos Aires dada a conocer por la cartera sanitaria provincial.
Los tipos más frecuentes de violencia detectada fueron de tipo física, con el 38 por ciento de los casos; seguida por la violencia verbal y/o psicológica, con el 31 por ciento; y la violencia sexual, que abarcó al 15 por ciento de los casos.
El ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia, aseguró que “es muy importante contar con cifras e información precisa que permitan conocer la magnitud de la violencia de género, ya que nos posibilita aplicar políticas públicas ajustadas a la realidad para prevenirla y contener a las víctimas”.
Las primeras Estadísticas sobre Violencia Familiar y Sexual del Programa Provincial de Salud fueron realizadas en hospitales públicos y centros de atención primaria de las regiones sanitarias IV, VII, VIII y XI de la provincia de Buenos Aires. Según precisó la cartera provincial, se contabilizaron 244 casos en lo que va de 2011.
Los datos fueron producidos por las direcciones de Epidemiología y Medicina Preventiva del Ministerio y de los 244 casos registrados en 2011, la mayoría corresponde a mujeres de entre 15 a 24 años, seguidas por el grupo de edad que va entre los 25 y 34 años; en tercer lugar, en tanto, las víctimas registran entre 10 a 14 años de edad.
En los 244 casos de violencia de género contabilizados 104 fueron de violencia física, 87 de violencia psicológica y/o sexual, 67 de violencia física y verbal y/o psicológica, 39 de violencia sexual, 23 de violencia económica y 8 de violencia física y sexual.
Otro dato que surge del estudio es que la violencia física es preponderante en mujeres de 15 a 34 años; la violencia sexual es preponderante en mujeres de 10 a 14 años: 17 de 39 casos; y la violencia verbal y/o psicológica es preponderante en mujeres de 25 a 34 años.
Por último, un dato esperable es que la violencia familiar y sexual se da mayormente en casos de convivencia: en el 51 por ciento de los casos la víctima convive con su agresor.
Sólo 78 países de los 192 que conforman la ONU tienen información estadística sobre violencia de género y, en América Latina y el Caribe, sólo 16 países cuentan con información sobre violencia de género.
Según la Iglesia, el 35% de los habitantes del área metropolitana es pobre
(Publicado en La Nación, 18.11.2011)
Estas cifras difieren de las que maneja el Gobierno nacional; de acuerdo al informe, un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo
La Iglesia advirtió hoy que es pobre el 35 por ciento de los 12,8 millones de habitantes del área metropolitana, al presentar un diagnóstico de la realidad social local que difiere de las cifras que maneja el Gobierno nacional y que reveló que un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo.
El estudio de Cáritas Argentina y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina determinó que el 10 por ciento del total de habitantes reside en villas de emergencia y casi el 13 por ciento vive “hacinada” en viviendas donde se registra la presencia de tres o más personas por cuarto.
El informe social alertó, además, que un 13 por ciento de la población padeció hambre o tuvo dificultades para acceder a alimentos, y que uno de cada diez niños de entre 5 y 17 años realizó una actividad laboral en forma regular.
Mónica Cruppi / Lo que consumimos todo el día
(Publicado en diario La Nación, 30.9.2011)
El conflicto es multicausal. La violencia que vivimos día tras día en el nivel escolar es la misma que la sociedad consume todo el día y durante las 24 horas.
La escuela no es un lugar aislado y la agresión con la que los niños conviven en la casa, en la calle y en la televisión se traslada a la escuela. Sería imposible que las aulas quedaran al margen de esta situación.
Tampoco es un problema social aislado y dentro del ámbito local. La escalada de violencia en este escenario educativo tiene réplicas en todo el mundo y las noticias sobre el tema son repetidas diariamente por los medios de comunicación.
El fenómeno es global. En la actualidad se recurre a los golpes, los insultos y los agravios amparándose en la defensa de los derechos individuales. Caen las instituciones, caen los valores morales, caen la función paterna y la autoridad. Y la violencia está en plena escalada.
En la Argentina la escuela dejó de tener el papel principal de institución educativa. Allí ya no sólo se enseña y se aprende. Hoy las escuelas se articulan como guarderías, hogares de contención y amparo para los chicos.
Cuando el conflicto llega a la escuela es necesario dirigir la mirada hacia otro lugar: como en cualquier orden de la vida, todo comienza en casa, donde el niño nace y se construye socialmente como persona. La nueva generación de padres está desorientada, agotada en sus funciones y carente de recursos. El límite que es bueno y necesario imponer en la crianza se confunde con el reto, el grito y el castigo sin argumento, y la falta de autoridad de los padres se convierte en el autoritarismo de sus hijos.
En la etapa de crecimiento, la imitación es uno de los bastiones del aprendizaje. Copiar lo que se ve, imitar lo que se tiene al lado, reproducir lo que miro a mi alrededor. Y en esos actos cotidianos está la violencia, que se encarniza en las mentes más débiles y fértiles, como la de los niños y los adolescentes.
Otra causa del fenómeno que aqueja a la comunidad educativa y que juega un papel protagónico dentro del análisis es el quiebre de la cultura del trabajo, entendido como un camino de esfuerzo continuo.
He visto en más de una situación cómo un alumno no admite el aplazo académico y la desaprobación. Y he visto en más de una oportunidad el reclamo de los padres detrás del enojo inicial del alumno, que valida la soberbia de su hijo desautorizando la acción del maestro. Los padres vs. los maestros, así muchas veces está planteada la relación.
Urge un tratamiento interdisciplinario para encarar el conflicto. Volver al diálogo y a la reflexión es imperante. Recuperar la palabra perdida para desterrar la violencia encarnizada.
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La autora es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Mónica Beltrán / La escritura cursiva se extingue y hay debate por su efecto en el pensamiento
(Publicado en Perfil, 2.10.2011)
DEJAR DE USARLA PODRIA TRAER ENVEJECIMIENTO PREMATURO CEREBRAL
Cada vez menos estudiantes de todos los niveles de los establecimientos argentinos pueden escribir correctamente –y hacerse entender– a mano, con letra cursiva. A diferencia de cuando la caligrafía era una materia obligatoria, hoy la computadora y el celular aparecen como los principales enemigos de una tarea que amenaza con convertirse en anacrónica. Los expertos dudan si la pérdida de la cursiva traería o no consecuencias en la organización de estructuras mentales.
Escribir a mano, con birome o lapicera, está en desuso y pocos entienden que mantener ese hábito tenga alguna utilidad. Sin embargo, hay especialistas que aseguran que perder la costumbre de escribir a mano puede traer consecuencias en el pensamiento y hasta acelerar el envejecimiento cerebral. Como en todo, hay caminos alternativos, términos medios que es necesario transitar.
“Profe, me olvidé cómo se escribe. Estoy tan acostumbrada al celular y la computadora que no me salen las letras”, le dijo una estudiante de quinto año de Psicología de la Universidad del Salvador a su profesora, Laura Waisman, docente de la cátedra de Orientación Vocacional. La docente, que se lo contó a PERFIL, confiesa que no lo podía creer.
Pero toda la responsabilidad no es de las nuevas tecnologías. Si así fuera, la cosa tendería a agravarse con la incorporación de las netbooks en las escuelas secundarias de todo el país y en las primarias, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. El problema principal es que los chicos no entienden la utilidad de seguir escribiendo a mano y que los maestros no siempre registran este asunto como un problema más del aprendizaje.
“El problema de la caligrafía en mi escuela es de mucho tiempo. Antes de que llegaran las computadoras a las escuelas, ya muchos chicos tenían grafías casi indescifrables, para decir verdad no tengo certezas sobre los motivos pero siempre me rondó por la cabeza la idea de que en la escuela pocas veces la escritura tiene una función verdadera, nunca se escribe con una verdadera intención comunicativa”, opina la profesora Adriana Bargallo, profesora de Prácticas del Lenguaje en la Escuela Secundaria Básica Nº 49 de Moreno.
“Siempre les digo a mis alumnos que, si bien estamos rodeados de tecnologías, la escritura a mano está más ligada al mundo interno de las personas, al casero, al íntimo, al de los sentimientos más profundos, y que no tienen que perderse eso”, dice la docente a PERFIL.
El síntoma está extendido en las escuelas. Un informe de la Unesco de junio último advirtió que siete de cada diez alumnos argentinos presentaron escritos que resultan indescifrables en un estudio de habilidades de los estudiantes de América latina y el Caribe. Pero, además, reconoce que el fenómeno no es sólo en este país sino en toda la región. Y en Italia, la Sociedad de Pediatría acaba de alertar que la caligrafía está en vías de extinción debido al uso cada vez más extendido de los teclados.
“El uso de la mano tiene una parte muy grande de representación cortical, así como lo visual tiene su parte. Cada parte del cuerpo da órdenes al cerebro. Si cada vez se usa menos la escritura manual, hay riesgo de que el cerebro funcione distinto. La escritura permite la organización de estructuras a nivel cerebral que hacen memorizar las palabras, la sintaxis; una cantidad de datos que luego van a ser elaborados para estructurar el pensamiento”, explica el neurólogo infantil León Benasayag.
La pregunta,pese al temor que provoca, resulta insoslayable: ¿los jóvenes de hoy, entonces, tendrán cerebros envejecidos prematuramente?
El especialista, que es profesor de Neurología en la UBA y fellow de la Royal Society of Medicine de Londres, deja abierto el problema: “Si se tiene en cuenta que a las personas, para mantenerse jóvenes, se les recomienda que hagan crucigramas, ejercicios manuales, palabras cruzadas y que ejerciten sus manos y sus funciones intelectuales, podría pensarse en que sí habría jóvenes con cerebros cada vez más viejos. Pero como no se ha investigado lo suficiente sobre los cambios que producirán las nuevas funciones que se van desarrollando con la tecnología, hoy no es posible dar una respuesta única”.
Para la psicopedagoga Gabriela Dueñas, pensar que la falta de uso de la mano puede repercutir en el pensamiento es exagerado: “¿Por qué no pensar que con el Blackberry, por ejemplo, se usan los pulgares que antes casi no los movíamos y que, tal vez, esto ponga en marcha nuevas zonas cerebrales?”, se pregunta. La especialista, que trabaja en el Instituto Lasalle de Florida, advierte que los cambios siempre “provocan una revolución” en el mundo educativo y “ante la incertidumbre, muchos tienden a cerrarse a lo desconocido”.
Para Dueñas, todavía hay temas que la escuela debe resolver sobre el uso de la palabra escrita, como el caso de los chicos que llegan al consultorio porque “el aprendizaje de la cursiva” sigue siendo uno de los principales obstáculos de los chicos a la hora de aprender. “Nos consultan por disgrafías, dislexias y, cuando se evalúa, el resultado es que el problema tiene que ver con la mayor familiaridad que los chicos tienen con la letra de imprenta por los medios audiovisuales”. No estaría mal –sugiere– que la escuela revise si es necesario poner tanto acento en la cursiva, que podría convertirse en poco tiempo en “un elemento más que se enseñe como un bien cultural histórico, como ocurre con los números romanos”.
Mori Ponsowy. Violencia en las escuelas
(Publicado en el diario La Nación, 20.11.2007)
Los casos de violencia adolescente y juvenil en los centros de enseñanza han dejado de ser hechos aislados para convertirse en un fenómeno creciente y mundial: ocurre en la Argentina, en EE.UU., en Finlandia, en España. No tenemos tiempo para reponernos de una noticia, cuando ya la próxima nos deja sin aliento. En Corrientes, el 30 de septiembre, un chico de 12 años asesinó a cuchillazos a un compañero de clase. Según dijo a la policía, tenía pensado matar a dos más. El 10 de octubre, en una escuela de Ohio, un chico de 14 disparó a mansalva en un pasillo del colegio al que asistía. En una escuela del sur de Finlandia, el 7 de noviembre, un joven de 18 años mató a siete estudiantes y después se suicidó. Tres meses antes, alumnos de la Escuela Provincial EET N° 468, de Rosario, habían destruido un aula para luego subir el video a YouTube, para hacer ostentación de su vandalismo. En abril, en la Universidad Politécnica de Virginia, un estudiante mató a 32 personas y se suicidó, no sin antes enviar un video a un canal de televisión en el que justificaba sus actos y demostraba que había planeado la masacre con meses de anticipación.
Es verdad que siempre ha habido jóvenes y adolescentes violentos. También es verdad que la adolescencia es época de rebeldía y rechazo de las normas heredadas. Sin embargo, lo novedoso de todos estos casos es la saña, la sangre fría, la premeditación con que los chicos realizaron sus crímenes. No se trata, como hasta hace unos años, de peleas callejeras, trifulcas entre pandillas, puñetazos a la nariz del otro. Se trata de chicos armados que matan para vengarse. Se trata de chicos que eligen la escuela -y no el baldío de la esquina- como el mejor lugar para dar rienda suelta a su odio. Se trata, también, de una violencia sin ideología: no son chicos que luchan contra dictaduras o que piden más libertad. Son, simplemente, chicos que deciden agredir a otros de su misma edad.
¿Por qué en las escuelas? ¿Por qué a los propios compañeros? ¿Por qué estos crímenes perpetrados no para robar ni para obtener un beneficio material, sino sólo para dañar a otros que son pares? La respuesta fácil es achacar los crímenes a cierto tipo de locura o enfermedad individual; decir que esos chicos “tienen problemas”, que vienen de familias destrozadas, que son raros y solitarios. La respuesta fácil es no darnos cuenta de que la noticia nos toca y de que, querámoslo o no, los mayores también tenemos algo que ver.
“Las faltas de los niños, de los criados, de los débiles, de los pobres y de los ignorantes son faltas de los padres, de los maestros, de los fuertes, de los ricos y de los sabios”, escribió Victor Hugo en el siglo XIX. Estoy convencida de que en el XXI, las faltas de los adolescentes son faltas de todos nosotros no sólo como padres, sino también como miembros de la sociedad que hemos creado para cobijarlos.
Los adolescentes de hoy son hijos de padres que ahora rondamos los cuarenta. Nuestra generación se rebeló contra todo tipo de tiranías, desde las familiares hasta las políticas. Nuestra bandera fue siempre la libertad y así educamos a nuestros niños: convencidos de que la igualdad y la libertad son los valores supremos. Por eso, a diferencia de cómo fuimos criados, al convertirnos en padres preferimos razonar con los chicos antes que castigarlos, velar por su felicidad antes que por su integridad moral, y dejarlos elegir antes que sentirnos tiranos.
Es frecuente escuchar a padres de adolescentes protestar acerca del tiempo que sus hijos pasan frente a la televisión, la computadora o la play-station . Más frecuente aún es que nos quejemos del horario de sus fiestas, la edad a la que empiezan a consumir alcohol, su desinterés hacia el estudio o el trabajo, la facilidad con que pueden adquirir drogas. Nos quejamos, pero, por lo general, nos quedamos de brazos cruzados y seguimos nuestras vidas dejando que ellos sigan con las suyas.
“K-pos”, dice en Internet uno de los comentarios del video que los chicos que destrozaron el aula en aquella escuela de Rosario subieron a YouTube. “¡Qué grandes!”, dice otro. Esto no es más que una muestra de los valores de muchos adolescentes. En cambio, los comentarios de los adultos suenan como éste: “Eramos bebes de pecho, comparados con estos cretinos. Pero el mundo es así y nuestros muchachitos, hombres del futuro, así se van educando. Por suerte, cuando ellos tengan cuarenta años, yo ya estaré muerto”. En resumen: los jóvenes valoran a quien destruye y los adultos nos escandalizamos, como si no tuviéramos nada que ver en la formación de esos valores.
Urge que nos preguntemos si nuestra inocencia es verdadera. Al fin y al cabo, somos los adultos quienes dimos forma a la sociedad en la que viven los adolescentes. Y también somos nosotros los que nos cruzamos de brazos ante los horarios, los modos, el vocabulario, la desidia y los excesos de nuestros hijos. Como si ellos fueran más fuertes que nosotros, protestamos y tiramos la toalla, todo en una misma movida.
¿A qué obedece nuestra pasividad? En primer lugar, creo que tenemos miedo de convertirnos precisamente en los tiranos que siempre juramos no ser. En segundo lugar, también tenemos miedo de criar niños inadaptados si rechazamos con demasiado fervor las costumbres del grupo al que ellos pertenecen. A estos dos motivos hay que agregar otros más difíciles de asumir. Nosotros mismos estamos cansados y aturdidos: cansados de nuestras carreras en pos del éxito profesional y aturdidos por la velocidad de los cambios, la competencia atroz, el exceso de información, la precariedad de las certezas, la facilidad con que podemos ganar o perderlo todo en un instante. En el fondo, si nos quedamos de brazos cruzados ante muchas de las actitudes de nuestros adolescentes, no es porque nos parezca que nada de lo que hagamos o digamos podrá hacerles cambiar de rumbo, sino porque estamos convencidos de que lo que no va a cambiar de rumbo es la sociedad y la cultura a la que pertenecen.
Cruzarse de brazos o echar la culpa a otros no es honorable, sino fácil. Lo difícil es asumirnos como coautores del presente. ¿Qué juegos dejamos jugar a nuestros niños en sus consolas de video? ¿Qué programas les dejamos ver? ¿Cuánto hablamos con ellos? ¿Cuánto tiempo nos tomamos en escucharlos? ¿Qué medios de entretenimiento alternativo les proponemos?
Nuestra época exalta el poder, no la bondad o la inteligencia. Y nosotros, aunque no estamos de acuerdo, nos callamos ante nuestros hijos y los dejamos hacer. Vivimos vidas divididas. Como si tuviéramos varias personalidades a la vez, nos preocupamos por el medio ambiente, pero no hacemos nada por preservarlo; nos quejamos del exceso de violencia de la televisión, pero no dejamos de mirarla; nos desvelamos por nuestros hijos, pero cuando regresan del colegio no estamos en casa o estamos demasiado ocupados en otro tema.
Hasta hace dos décadas, la familia y la escuela eran las encargadas de transmitir los valores de la sociedad; hoy, los transmite el mercado. La escuela apenas imparte conocimiento y los adultos estamos tan empeñados en ganar la carrera del éxito, tan confundidos con nuestras propias contradicciones, que olvidamos que ser padres es mucho más que comprar alimentos y el último modelo de MP3. No somos inocentes. Evitando la tiranía, nos hicimos cómodos. Evitando alienar a nuestros hijos del grupo, nos plegamos a un montón con el que no estamos de acuerdo. Queriendo darles lo mejor, nos agotamos trabajando. Atendiendo a la libertad, en lugar de cobijarlos los hemos lanzado a la intemperie.
“Para educar a un niño se necesita la aldea entera”, dice un proverbio africano. Los adolescentes están enojados y creo que es porque los hemos dejado solos, sin valores, sin recursos emocionales con que hacer frente a la agresividad de los medios, de la publicidad, de la calle. Con sus excesos de alcohol, con su promiscuidad sexual, con su apatía o su violencia, los chicos nos están pidiendo que los cuidemos un poco más.
La infancia es la infancia y la adolescencia todavía no es la adultez. Amar a un adolescente no es dejarlo partir. Es darle las herramientas necesarias para poder partir cuando sea tiempo.
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Mori Ponsowy nació en Argentina. Es poeta, novelista y periodista.
Obras: Abundancia (novela, 2010), No somos perfectas (entrevistas a mujeres, 2006), Enemigos afuera (poesía, 2000), Los colores de Inmaculada (2000).
Es cofundadora de la revista literaria La mujer de mi vida.
Fernanda Sandez / Explotación sexual infantil. Víctimas del peor delito
(Publicado en La Nación, 25.9.2011)
Según Unicef, dos millones de niños y adolescentes son explotados en la millonaria industria del comercio sexual en todo el mundo. En Buenos Aires, se habla de al menos 6000 víctimas. Por qué no hay estadísticas. Cómo funciona la omertá que, muchas veces, une en un pacto de silencio a madres, policías y funcionarios
Ahí están. Sólo es cuestión de fijarse. Por ahí andan, solos o en grupo, y casi siempre mezclados con adultos. Nenes y nenas. Tienen ocho, once, doce, trece años. A veces más, a veces menos. ¿Son menores? Sí, claro. Esa es la idea: que sean menores, menorísimos, tan menores como se pueda. Hace cuatro meses, con su característica elegancia verbal, Aníbal Fernández se refirió en Radio Nacional al apetito por los “genitales jóvenes, genitales sanos”.
Suena a zoncera siniestra, pero, aun sin haber sido probados, casos como los de Fernanda Aguirre, Sofía Herrera o María Cash hacen que sus palabras cobren otro peso, sobre todo porque rozan varias de las cuestiones que se juegan en la explotación sexual de niños y adolescentes: la juventud, que es también la fragilidad (física, social, económica), cierto guiño social a la erotización de la infancia (“¡Pero si es una nena!”, decía Francella, y estallaban las risas), y el poder detrás de cada transacción. El caso Candela -una de cuyas líneas de investigación, la trata, aún no ha sido descartada- volvió a poner el tema sobre el tapete, en una sociedad que se recrea con la erotización de la infancia y en donde niñas y jóvenes se desvanecen en el aire.
Aunque repulsiva, la idea de chiquilines trocando sexo por dinero no es nueva. Lo que sin dudas es novedoso es el alcance y hasta la celebración del sexo prepúber.
La antes llamada “prostitución infantil” cambia de nombre (hoy se habla de Explotación Sexual Comercial Infantil, o ESCI), pero no de mañas. Crece a la vista de todos. A la sombra de todos, amparada por una sociedad prostituyente que no sabe, no mira, no ve a sus niños, niñas y adolescentes rotos. La actual multiplicación de opciones de sexo con menores, que va desde “servicios” sexuales y pornografía hasta viajes “pedófilo-friendly”, parecería darle la razón. Pero además está lo otro. El dinero en juego. Según Unicef, a nivel mundial, “un número estimado en 2 millones de niños son explotados sexualmente en la multimillonaria industria del comercio sexual”.
Para las organizaciones que trabajan en contacto con esta realidad (la fuente más confiable, en definitiva, tratándose de un negocio por definición secreto), la situación a nivel nacional es más que alarmante. Sobre todo porque se calcula que por cada víctima “visible”, hay al menos dos más en las sombras. Según Fernando Mao, titular de la Red Nacional Alto al Tráfico, la Trata y la Explotación Sexual Comercial de niños, niñas y adolescentes (RATT), actualmente “sólo en la ciudad de Buenos Aires hay al menos 6000 víctimas de este delito. Pero además existe trata de niñas y adolescentes en la Triple Frontera, con fines de explotación sexual en el turismo. La mayoría proviene de sectores vulnerables de las provincias del Norte, pasa a provincias en las que están los ‘centros de ablandamiento’ y de ahí va a Córdoba, a la ciudad de Buenos Aires y, en la temporada estival, es vendida a prostíbulos en la costa atlántica”.
Estadísticas no hay, no. Pero sí “casos”. Nora es uno de esos “casos”. Tiene 19 años, una hija de cuatro y algo así como un presente ausente. Hoy nadie -ni siquiera esta cronista- sabe donde está. La razón: se escapó del prostíbulo en el que la explotaron por más de cinco años, en la zona de Constitución, y eso es algo que las redes no perdonan. Sobre todo porque luego de evadirse contó algunas cosas de las que se sabe poco y nada. Por caso, que en el lugar en donde la retenían funcionaba una guardería con los hijos de las cautivas. Niños que, a partir de los cinco años, eran filmados y fotografiados para pornografía infantil.
Hay, también, algunos informes. Entre ellos, La niñez prostituida, de Silvia Chejter, una de las pocas investigaciones de alcance nacional sobre el tema. “La presencia de niños, niñas y adolescentes en circuitos de oferta sexual -escribió Chejter- no puede calificarse ni de aislada ni de poco significativa, sino de habitual. En todas las ciudades en las que se realizó el trabajo de campo, se ha constatado la presencia de niñas y niños prostituidos, directamente a través de entrevistas con ellos mismos, informantes clave, o a través de la existencia de casos judiciales”.
Están pues en la calle, pero también ocultos en sitios de encierro donde los precios (y los “juegos”) son otros. Están en saunas, privados, y clubes, así como también en insospechables casas “de familia” en donde son explotados por “pequeñas mafias familiares o “de barrio”, asegura Laura Musa, Asesora General Tutelar de Menores de la ciudad. Y no, no necesariamente las víctimas son “niños de la calle”, como manda el estereotipo. Muchas veces son menores de clase media baja, media y aun alta atrapados por este “negocio” al que las nuevas tecnologías le han dado un envión formidable.
Asia en el Riachuelo
El camión para, sube a una nena, vuelve al rato. El auto para, sube un chico, vuelve al rato. Y vuelta a comenzar, hasta que se acaben las nenas, los chicos, los camiones o los autos. Es decir, nunca. De un tiempo a esta parte (y con esa manía de “georeferenciar” lo que en realidad está en todos lados), muchos analistas hablan de La Boca, Soldati y Pompeya como “zonas calientes” de la explotación sexual. “En realidad, este fenómeno se da en cualquier lugar donde haya pobreza, familias desintegradas, problemas habitacionales y chicos sin escolaridad por falta de vacantes. Son muchos los derechos vulnerados cuando se da la explotación”, comenta Musa, quien desde el organismo a su cargo realiza una campaña llamada “El silencio es la voz de la explotación sexual infantil”, destinada a docentes, personal médico y todos aquellos que puedan alertar sobre situaciones de explotación sexual. ¿La ironía? Que el sueño de una “comunidad alerta” a menudo se estrella contra una realidad inmóvil. “Acá hay dos problemas graves: uno con la policía y otro con la fiscalía”, precisa Musa. “Porque vos denunciás pero después la fiscalía no encuentra nada. Y otro nudo problemático en La Boca es la policía. Hace poco, una vecina denunció la posible explotación de dos nenas. Recurrimos a la policía. Armó un operativo enorme y en un horario erróneo. No encontró nada y cerró la causa. A los vecinos les quedó claro que, si denunciás, la policía viene y hace un desastre”.
O ni siquiera, pero sí hace la vista gorda y los oídos sordos. No son los únicos, no. Esta cronista intentó en vano contactarse con el responsable de la División Delitos contra Menores, de la Policía Federal. Fueron varios llamados y mails, en busca de una opinión y de estadísticas. “Estadísticas no hay”, respondieron. En la Brigada Niñ@s, un móvil que acude ante una denuncia y depende del programa Víctimas contra las Violencias, tampoco hubo respuestas, números, ni voces.
Misiones, tierra roja y sol de soplete. Allí vive la periodista Lisa Barrios, quien investiga el tema en la zona desde hace años y alguna vez escuchó un rumor sobre la explotación sexual de niñas aborígenes. “Llegamos hasta San Ignacio siguiendo el caso de una chiquita que se había escapado de un prostíbulo”, cuenta en diálogo con La Nacion. “Y ahí nos enteramos de lo otro. Yo llamé al juez y le pedí intervención en la comunidad. Eso alertó a la banda y nunca pudimos grabarlos con las cámaras, pero que la explotación sexual existe, existe. No es que esto sea parte de un “paquete turístico”, sino que por la misma vulnerabilidad de las chicas, pasa lo que pasa”, asegura.
Un informe de Unicef de hace seis años, llamado Situación de la Niñez y de la Adolescencia en la Triple Frontera, señala que la explotación sexual “es la actividad de mayor riesgo para niños, niñas y adolescentes, y los estudios diagnósticos de la OIT identificaron cuatro modalidades de explotación sexual en Puerto Iguazú: redes de reclutamiento para prostíbulos, servicios calificados en hoteles, niños y niñas que trabajan en la calle explotados sexualmente y centros de atracción de niños, niñas y adolescentes, como estacionamientos de camiones, bares, confiterías y discotecas. En la Argentina, el programa ‘Luz de Infancia’ ya ha recibido más de 100 denuncias, 50% de ellas de explotación sexual comercial de niños y adolescentes”. Marcelina Antúnez es una señora redonda y sonriente, que encabezó Luz de Infancia por siete años. Fue, también, una señora amenazada. “Me cansé de tener que cambiar de celular. Me llamaban a cualquier hora”, recuerda. Es que su tarea incomodó a más de uno. Ya no. “Hace un año no nos renovaron el contrato. El intendente alegó falta de fondos”, dice. Pero no se rinde. Su última quijotada: el Proyecto Retazos, a través del cual 25 víctimas de trata confeccionan manteles y sábanas al tiempo que reciben escolaridad, asistencia y contención. Su orgullo: “haber sacado a tres niñas de 11, 14 y 16 años de un prostíbulo de Pablo Podestá. Eran de Iguazú y fueron llevadas hasta ahí por su propia madre. Fueron condenados la madre y el reclutador”, dice. Y sonríe.
En Suecia, muy lejos del agobio misionero, está la sede de Save The Children, una ONG según la cual “el llamado turismo sexual es practicado por millones de personas, generalmente provenientes del mundo desarrollado, que viajan a países acosados por la miseria donde encuentran fácilmente a sus víctimas”. De los 600 millones de viajeros que se desplazan cada año desde la corbata hacia las bermudas, un 20 % son turistas sexuales, de los cuales un 10% admite tener tendencias pedófilas? y concretarlas. Hablamos aquí de gente que viaja (sí, también a la Argentina) para tener sexo con menores, no importa si en el contexto de un tour de pesca a la Patagonia o “mechado” en un paseo de compras con fondo de Obelisco. Los operadores de calle de la ciudad lo saben de sobra: hay quienes contactan a chicos y chicas para que (a cambio de un par de zapatillas o un MP4) acepten “hacer cosas” con señores que hablan raro.
Lo raro. Lo prohibido. La idea de “lo exótico” mudada del paisaje al sexo. Así, en términos de “exotismo”, es como Sara Torres lee el marcado apetito por los genitales jóvenes que tanto intriga al ministro Fernández. “Pese a que la esclavitud sexual es un delito inhumano, parecería ser que, si rinde plata, está bien. Y el sexo con chicos es ‘exótico’. Lo curioso es que por un lado se dice ‘Con los chicos no’, pero la explotación en sí, como es el mejor negocio, sigue viva. Marcar el límite de edad es el mejor modo que se ha encontrado para mantener la industria”, analiza. Y recuerda, como muestra, un triste botón: “En la Asociación de Turismo no hubo manera de que se pusiera en los hoteles el cartelito ‘Hotel libre de explotación sexual infantil’. La iniciativa no prosperó”, se indigna. Pero no es la única, tal vez porque el grueso de los mal llamados “clientes” no son visitantes sino paisanos. “Es principalmente la demanda local, y no la extranjera, la que propicia la explotación sexual de la infancia”, afirma un documento de Unicef. La “demanda”: padres de familia, “señores de bien”, empleados sin llegadas tarde. Ese, aquel, este otro. Los desconocidos de siempre.
Complicidad policial
Andrea Ventura es abogada, está a cargo de la Oficina de Derechos de la Infancia (ODI) en La Boca y también se encrespa frente a lo que ve a diario: ineficiencia y complicidad policial, incapacidad judicial para investigar, primero, y condenar a los prostituyentes, después. “Lo central es que esto es un delito, porque antes de los 18 años el consentimiento no existe. Pero tenés que estar justo en el momento. Demostrar, por ejemplo, que un adulto está por tener relaciones con una menor. Pero, ¿cómo lo hacés, si acá a las nenas las lleva de la mano la mamá? Por eso también este delito tiene muy bajos índices de condena. Está naturalizado”, dice con amargura. Y recuerda un caso: hace dos años, un vecino se animó a denunciar a la mamá de cuatro nenas y un nenito. “Nos contó que la madre se llevaba a las chicas de noche abajo del puente, y que además había un desfiladero de hombres entrando a la habitación. Eran nenas de 8 a 16 años. Esto es muy frecuente, y acá en La Boca existen redes de trata y de pedofilia. Hay madres captadas por las redes que, por cuestiones socioeconómicas, terminan entregando a sus hijas”, explica. Lo que no se explica es por qué, en sólo cuatro meses, las chicas fueron regresadas a su hogar. “La explotación sexual no se pudo probar porque estas cosas ocurren puertas adentro”, agrega Ventura. Y si hay algo que los clientes de esta clase de “servicios” dan por descontado, y agradecen, es la discreción. La omertá. “El hombre mata callando”, dice Eduardo Galeano. Los niños rotos saben que no miente.
“LA INFANCIA TIENE PRECIO”
“¿Cuál es el precio de la inocencia?”. Con esa pregunta en mente, el periodista Mauri König, de la Gazeta do Povo en Curitiba, Brasil, comenzó a investigar la explotación sexual de chicos en la frontera sur de su país. Pero después de haber logrado liberar a una nena de 12 años y hasta ganado un premio por su trabajo, decidió invertir la totalidad de ese dinero en financiar un recorrido aún más vasto. Se lanzó entonces, junto al fotógrafo Albari Rosa, a recorrer también la frontera oeste y algo del norte.
El resultado fue un viaje en auto, avión y barco, de 28.000 kilómetros de largo y muchos más de profundidad hacia el fondo más impresentable de la condición humana. El resultado fue, también, un libro, Infancia al límite, otro premio y tristeza a perpetuidad en los ojos de Mauri, el hombre que parece haberlo visto todo. “Es difícil no terminar shockeado cuando ves a una madre cambiando la virginidad de su hija de once años por un par de zapatos”, revela a La Nacion. “O cuando ves a otra madre en Guajará Mirim, en la frontera de Brasil con Bolivia, haciendo entrar a sus dos hijas de 9 y 11 años a un asilo para que tengan sexo con los ancianos a cambio de dinero. Al cabo de ese viaje, llegué a una triste conclusión: la infancia tiene precio, y así lo prueba la explotación de niños en prostitución. Pero es un crimen que no se combate. Todo ocurre en un submundo clandestino y peligroso, dominado por proxenetas, traficantes, políticos y policías corruptos.
CHICA CON ACTITUD, SE BUSCA
Con la llegada de Internet y la proliferación de las redes sociales, hoy la frontera del riesgo se mudó adentro de casa y a menudo se camufla de oferta de trabajo como modelo, bailarina o “promotora” para captar a chicas -casi siempre muy chicas- y, aun así, hambrientas de fama. De hecho, hoy los avisos solicitando “chicas sin experiencia pero con actitud” se reproducen en la red y generan respuestas como éstas: “Hola, tengo 14 pero parezco de 17″, “Hola, soy B, tengo 12 años pero muchos me dan 14″ o “Soy Antonella, tengo quince, me encantaría ser modelo y. ¡Tengo actitud!”. Alguna adjunta una foto, haciendo “hociquito” a la cámara en cada toma.
Así comienza, a veces, todo lo demás, porque la red de redes hace ya tiempo que se ha convertido en una verdadera Disneylandia para los pedófilos.
El 30 de agosto, a una semana de la desaparición de Candela Sol Rodríguez, este diario informaba de la detención de Alberto Enzo Luque. Desde su página de Facebook, Luque habría solicitado nenes y nenas para hacer “desnudos artísticos”. Se habló entonces de un “fake”, algo así como un perfil inventado para perjudicar a Luque. Algunos días más tarde circuló por la Web un supuesto mensaje de la madre de Candela a Luque (la captura de pantalla aún está colgada en el blog Glitters): “Hola, polaco, ¿cómo estás?”, escribe alguien que se identifica como Carola Labrador. “Te escribo porque vi un aviso en tu facebook de fotos artísticas de nenes y nenas. ¿Me podrás decir bien cómo es? Yo tengo una nena de 10 años (casi 11, muy linda) y estoy con problemas de plata, así que quiero saber bien…” Hoy, la cuenta de Facebook de Alberto Enzo Luque está cerrada al público y sólo admite mensajes por correo electrónico. De los “desnudos artísticos” ya no queda nada.
SENSUALIDAD PRECOZ
“Sos muy sexy bailando este reggaeton”, diagnosticaba Carmen Barbieri, jurado de “Bailando Kids”, el programa emitido por El Trece hace apenas dos años que convocó a chicos de entre 7 y 13 años. “Se vio que hubo perreo, se vio sensualidad”, dijo a su turno Laura Fidalgo.
Los especialistas dicen que hay un guiño social a la erotización de la infancia. “La comunicación genera conductas y dice que son aceptables. El abuso de niños hoy está naturalizado en los medios, y por eso yo fui una de las que denunció a ‘Bailando Kids’ ante el Inadi”, dice Sara Torres, directora regional de la Coalición Contra la Trata de Mujeres y Niñas.
21ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (11 al 30 de julio)
Horarios de funcionamiento:
Lunes 11 al viernes 15 de julio de 2011 de 9:00 a 18:00 (especial para escuelas)
Sábado 16 al sábado 30 de julio de 2011 de lunes a viernes de 11:00 a 20:00, sábados y domingos de 14:00 a 20:00
Entrada general:
$ 20 para mayores de 18 años
Ingreso gratuito para:
Menores de hasta 18 años inclusive.
Jubilados y pensionados, con documento probatorio, que acompañen a menores.
Docentes que exhiban comprobante de su condición.
Contingentes escolares que hayan solicitado la visita anticipadamente.
Sitio web www.el-libro.org.ar/infantil
Citizens Commission of Human Rights International. Drogando a nuestros niños
Video de la Citizens Commission of Human Rights International.
El Cisne
Publicación de interés para aquellas personas que de una u otra forma estén vinculadas con el tema de la discapacidad y para el público en general.

La edición de abril incluye los siguientes artículos:
Atravesando etiquetas: TDAH y patologización de la infancia
Delfinoterapia: Terapia asistida con animales
Integración escolar: La figura del tutor en la escuela secundaria común
La columna de Levin: La intimidad del diagnóstico: el sujeto en escena
Similitudes y diferencias: Meningocele y mielomeningocele
Historia de vida: Rompecabezas. Integración y des-integración del niño discapacitado
Guía de orientación: Lo que hay que tener presente ante una consulta médica
Nuevos enfoques: El poder terapéutico del agua
Fernando Massa. Un viaje en “el expreso de la inseguridad”
(Publicado en el diario La Nación, 6.3.2011)
Es la línea de colectivos 76, usada por los adictos para ir a comprar droga en la villa 1-11-14
En el interior del colectivo 76 quedan pocos asientos vacíos. Son las 13 de un miércoles agobiante. Los pasajeros leen, miran por la ventanilla, conversan en voz baja, escuchan música. Pero después de que el colectivo cruce las vías del ferrocarril Sarmiento, por Donato Alvarez, y doble por la avenida Rivadavia, en el límite de los barrios de Caballito y Flores, ellos saben que la tranquilidad se va a quebrar. Es lo que sucede cada día y a toda hora en la parada de la plaza Pueyrredón, más conocida como plaza Flores.
Corriendo, a los empujones, un grupo de cinco o seis jóvenes de entre 15 y 25 años suben al colectivo, algunos con los ojos algo desorbitados.
“¡Vamos adonde van los drogones!”, le gritan al chofer entre risas. A veces, el conductor logra convencerlos de que paguen el boleto, pero muchas otras, no.
Se instalan en el fondo del colectivo, escuchan cumbia o reggaeton a todo volumen, cuentan billetes y se ponen relojes que acaban de robar en los alrededores de la plaza, mientras esperan ansiosos la parada frente a la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, para cambiar todo lo que consiguieron por paco o alguna otra droga.
La Nacion se subió a un interno “de la línea más problemática de toda la Capital” -según la Policía Federal- que pasa por el centro de la peligrosa villa 1-11-14 y pudo comprobar todo lo denunciado por los choferes de la línea 76: jóvenes que llegan todos los días desde el conurbano en el ferrocarril Sarmiento se bajan en la estación Flores; a una cuadra de allí roban lo que pueden en la plaza y suben a este colectivo rumbo a la villa 1-11-14 para comprar droga.
Esos robos, según se pudo saber, incluyen desde electrodomésticos hasta baterías de autos, teléfonos celulares y cualquier otra cosa que pudiese servirles para canjear por droga. Pero, además, tanto choferes como pasajeros dicen que es habitual ver arriba del colectivo jóvenes consumiendo drogas, peleas entre grupos enfrentados y hasta gente que viaja armada.
Por este motivo, la comisaría 38a. tuvo que montar un servicio especial de controles sorpresivos durante las 24 horas sobre los colectivos que circulan por la zona, especialmente en la línea 76 (ver nota “Operativos sorpresa” al final).
Esta línea es una de las 12 empresas de colectivos del grupo DOTA, uno de los más importantes de la Capital, que une Puente Alsina con Saavedra, y en el que, entre otros barrios porteños, cruza Chacarita, Villa Crespo, Flores, donde pasa por la villa 1.11.14, y Nueva Pompeya.
Ladrones al acecho
Los comerciantes y vecinos que frecuentan la plaza General Pueyrredón, en Rivadavia al 6900, son reacios a hablar abiertamente: tienen miedo a las represalias y a que no puedan seguir trabajando allí. “Hay afanos las 24 horas. Celulares, plata, mochilas… lo que pueden. Esta plaza es un desastre; es tierra de nadie y no hay seguridad de nada”, susurra Julián, un muchacho que trabaja en una de las esquinas de la plaza.
Un inspector de la empresa de transporte Plaza se acerca y dice por lo bajo, mientras señala a un joven con ropa deportiva que merodea las paradas sobre Rivadavia: “Ese de remera amarilla es un especialista en manotear celulares a las personas que están hablando arriba del colectivo con la ventanilla abierta”.
En la plaza, todos los conocen. Los ven día tras día hacer el mismo trayecto desde la estación Flores hasta la parada del 76, a sólo dos cuadras de distancia. El portero de un edificio de la calle Yerbal, frente a la plaza, se encarga de mostrar a La Nacion la evidencia de este recorrido: dentro de la plaza, paralelamente a la senda que la cruza en diagonal, se abre entre la ligustrina un camino de tierra que desemboca justamente en la parada del colectivo 76. “Después que llega el tren a la estación, ves cómo pasan corriendo por ese camino pibes que se acaban de robar algo y que se van directamente a la parada”, explica.
Consumen droga a bordo
Mirta es una trabajadora social que se desempeña en la villa 20, en Villa Lugano, por lo que toma todos los días el colectivo 76 desde la avenida Gaona y Oroño, en Caballito. “Pasa siempre en la plaza Flores, donde suben algunos que no quieren pagar el boleto y se arma lío. Por eso, espero que venga vacío para no tener que viajar parada y poder sentarme adelante. Atrás, ni loca. Vi demasiadas veces gente consumir drogas arriba del colectivo, en los asientos del fondo”, cuenta resignada.
Un grupo de seis jóvenes se meten delante de la cola que espera el 76 en la plaza Flores y se suben corriendo al colectivo. “Dale estos dos pesos al chofer”, le dice uno más grande a otro más chico. El chofer, resignado, no se lo acepta, y el chico se va para el fondo sin pagar, tal como acaba de hacer el resto de sus compañeros.
-Vengo de laburar -dice uno de los jóvenes riéndose, mientras cuenta un pilón de billetes.
-Y ahora te la vas a gastar toda en el shopping -le contesta otro, que está parado a su lado, mientras se coloca en la muñeca un vistoso reloj deportivo negro.
El colectivo ya dejó Rivadavia, siguió por San Pedrito, Lafuente, Eva Perón, hasta llegar a los monoblocks de la rotonda de Balbastro. Junto con otros pasajeros, el grupo que no pagó el boleto se levanta de sus asientos. Uno de ellos habla por celular y le avisa a alguien que están llegando. Suena el timbre y el colectivo frena. Es la parada de la avenida Varela, justo enfrente de la villa 1-11-14.
Plaza Flores: jóvenes suben a la línea 76 para ir a la villa 1-11-14 a comprar droga.
Delitos: antes de subir al colectivo, los adictos suelen robar todo lo que pueden en la plaza Flores.
Controles: tras varios incidentes, la Policía Federal dispuso operativos sorpresa.
SECUESTROS DE PACO Y COCAÍNA
Días atrás, personal de la Policía Federal desbarató una banda de narcotraficantes que distribuía estupefacientes en la villa 1-11-14 y el denominado Barrio Rivadavia 1, del Bajo Flores. Según fuentes oficiales, en el operativo se secuestraron 300 dosis de paco y cocaína.
Operativos sorpresa
Durante mucho tiempo los colectiveros de la línea 76 pidieron a la Policía Federal que se realizaran operativos dentro de los vehículos para identificar a aquellos que subían en la plaza Flores para ir a comprar droga a la villa 1-11-14. Por la inseguridad en ese trayecto, el trabajo diario se les estaba tornando insostenible.
Finalmente, después de una reunión en enero pasado entre los jefes policiales de la zona y representantes sindicales de la Unión Tranviarios Automotor se dispuso un operativo de controles sorpresivos a cargo de un oficial principal de la comisaría 38a. durante las 24 horas en líneas de colectivos que circulan por esa zona, como la 132, pero sobre todo en la línea 76, por ser “la más problemática”, informó un jefe policial a La Nacion.
“Se hacen requisas a los pasajeros en distintos puntos del recorrido y se han obtenido muy buenos resultados. Generalmente, por infracción a la ley de estupefacientes, pero también por tenencia de objetos robados y falsificación de documento. Incluso personas con pedidos de captura”, señalaron. Además, precisaron que son personas de distintas clases y estratos sociales las que van a la villa 1-11-14 a comprar estupefacientes.
Respecto de la inseguridad en la plaza Flores, desde la policía dijeron que están haciendo el máximo esfuerzo y que siempre hay una vigilancia de dos agentes, aunque admitieron que “quizá no alcance con sólo dos hombres, cuando en la actualidad los delincuentes no tienen vergüenza de robar a 20 metros de la policía”, agregó el jefe policial.


































