Melina Furman / Enseñar ya no sólo es transmitir información

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

A primera vista, aprender hoy no se parece demasiado a lo que significaba aprender hace medio siglo, o incluso hace una década. La tecnología claramente impacta, y mucho, en las posibilidades que tenemos de acceder a lo que otros tienen para contarnos y mostrarnos y en la cantidad de estímulos que recibimos a diario. Pero, ¿existen realmente nuevas maneras de aprender?

Saber algo nuevo implica poner en diálogo lo que ya conocemos con un pedazo de mundo que nos es en principio ajeno, incorporándolo a nuestros esquemas mentales y, en ese proceso, transformándonos a nosotros mismos. Para que ese proceso suceda ncesitamos a un “otro”, más experto, que nos ayude a movernos de donde estamos y llegar un poco más lejos. Hasta aquí, nada muy distinto de lo que describían hace varias décadas los padres de la psicología del aprendizaje Jean Piaget y Lev Vigotsky en sus teorías clásicas sobre la construcción de conocimiento.

Sin embargo, si bien el proceso mismo de aprender sigue siendo fundamentalmente el mismo, en los últimos tiempos el contexto en el que aprendemos ha cambiado profundamente. La cantidad y diversidad de “otros” con la que nos encontramos cotidianamente ha expandido tremendamente. Ya no se trata de aprender solamente de la mano de docentes, padres o autores de libros. Accedemos en un parpadeo a una cantidad gigantesca de información y contenidos que, hasta hace muy poco, difícilmente se hubieran cruzado en nuestros horizontes. Aprendemos sabiendo que no hace falta recordar toda la información que se nos presenta, porque podemos recobrarla muy sencillamente si la necesitamos de nuevo. Formamos parte de conversaciones globales con gente que posiblemente nunca conoceremos personalmente.

Las consecuencias de estas nuevas posibilidades impactan, sin dudas, en cómo chicos y grandes nos embarcamos en el camino de aprender, y también en qué tipos de aprendizajes valoramos como sociedad. Por eso, aunque las bases del aprendizaje sigan siendo las mismas, es fundamental que los modos de enseñanza tengan en cuenta que los contextos ya no lo son. La buena enseñanza, por ende, implica ir mucho más allá de brindar información. Requiere enseñar a dar sentido al caudal de información que recibimos y desarrollar herramientas de pensamiento crítico y creativo que nos permitan participar en la sociedad de manera plena.

No sabemos cómo será el mundo en el futuro próximo. Pero sí sabemos que en muchos sentidos será distinto al de hoy. La buena enseñanza, hoy, implica sentar las bases para (y el deseo de) seguir aprendiendo toda la vida.

Nora Bär / Nuevas tecnologías: cómo están cambiando la forma de aprender

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

Hace más de 2200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes.

Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano. De allí que muchos se pregunten ahora con inquietud cómo está cambiando nuestra forma de aprende r -y hasta el funcionamiento de nuestros circuitos cerebrales- la ubicuidad de las pantallas portátiles e Internet.

Uno de los que avivaron el fuego de la controversia fue el escritor norteamericano Nicholas Carr. En su libro Superficiales. Qué está haciendo Internet con nuestras mentes, plantea que las nuevas tecnologías conspiran contra nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación. En otras palabras, que están imprimiendo un cambio mayúsculo en nuestra forma de leer y de pensar, y deteriorando nuestros procesos de razonamiento.

“El tema exige dos niveles de análisis -dice el doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias de la Fundación del Instituto de Neurología Cognitiva y profesor de la Universidad Favaloro-. Por un lado, el evolutivo, para determinar si el cerebro que nos permitía aprender antes es el mismo que el que nos permitirá aprender con esta revolución tecnológica. Resulta muy fácil pensar que nuestro cerebro cambia porque tenemos nuevas necesidades y que esas necesidades se transforman en deseos tan fuertes que pueden incluso transmitirse a nuestros hijos, así como las jirafas supuestamente deseaban tanto alcanzar las hojas altas de los árboles que generación tras generación iban alargando su cuello. Esto no ocurre: los cambios grandes son azarosos y sobreviven los que mejor se adaptan al ambiente. Cuando como sociedad desarrollamos sistemas de escritura y, por ende, la necesidad de aprender a leer y escribir, aquellos cerebros que tenían más capacidad para adaptarse a esas demandas sobrevivieron y es por eso que encontramos en diversos estudios evidencia de que el cerebro lectoescritor tiene algunas diferencias importantes con el de civilizaciones que no tenían ese sistema de comunicación. Por ejemplo, la introducción de la escritura ya no requería tanta memoria y de hecho se ven diferencias en el hipocampo, un área del cerebro fundamental para la consolidación de nuevos recuerdos.”

Para el científico, otro nivel de análisis es el de la adaptación “ontogénica”: es decir, la de un individuo a lo largo de su propia vida.

Y como ilustración ofrece un ejemplo experimental. En un estudio de 2009, un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles estudió con resonancia magnética funcional a un grupo de personas de entre 55 y 76 años que eran “vírgenes” en el aspecto tecnológico mientras completaban tareas de búsqueda en Internet y leían en una computadora, y los compararon con dos grupos de coetáneos con muy poca y mucha experiencia en Internet.

ACTIVACIÓN CEREBRAL

Los autores demostraron que todos tenían una activación cerebral similar al leer un texto simple, pero cuando se les pedía buscar en Internet, los experimentados tenían una activación mucho más global e intensa de circuitos frontales, occipitales y temporales, específicamente en áreas ligadas con la toma de decisiones, la motivación, la visión y la memoria.

“Claramente -subraya Gleichgerrcht, director del nuevo Instituto de Neurociencias de la Educación de la Fundación Ineco-, el cerebro de estas personas era estructuralmente similar, pero los que tenían experiencia habían encontrado nuevas formas de activación para afrontar el desafío de las nuevas tecnologías.”

Experimentos realizados en todo el mundo muestran, sin embargo, que no basta la introducción de computadoras per se para instalar cambios en el aprendizaje. “En muchos de ellos se utilizan juegos para estimular capacidades cognitivas, pero arrojan un éxito moderado -explica el doctor Mariano Sigman, investigador del Conicet y profesor visitante de la Universidad Di Tella-. No existe un casco mágico para aprender sin esfuerzo.”

Investigadores del grupo de Sigman, como Andrea Goldin y colegas del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Buenos Aires, entrenaron a chicos de escuelas primarias con juegos de computadora que estimulan la memoria, la capacidad de mantener la atención durante un tiempo prolongado en un mismo problema y la planificación, tres ladrillos básicos del razonamiento humano.

“Incluso con programas de apenas diez minutos diarios durante diez días vimos cambios, pequeños, pero significativos -destaca Sigman-. Las mejoras se traducían en mejoras en otras pruebas de razonamiento y hasta en las notas escolares.”

El doctor Antonio Battro, psicólogo e integrante de la Academia Pontificia de Ciencias, es muy entusiasta. Como pionero e impulsor de la introducción de las computadoras en la escuela, sostiene que Piaget no llegó a imaginar que, por el mero hecho de aprender a programar, los niños podrían acceder a las operaciones formales muchos años antes de lo predicho por su teoría de los estadios cognitivos.

Con respecto a si los dispositivos digitales estarían conspirando en contra de la capacidad de atención de grandes y chicos, Battro explica que, de acuerdo con los trabajos de Michael Posner y su escuela, se han identificado circuitos neurales que mantienen el estado de alerta, otros que orientan hacia determinados estímulos sensoriales y finalmente aquellos que son capaces de resolver conflictos, llamados ejecutivos. “La combinación de estas tres redes de control es la que modula la atención durante todo el crecimiento -detalla-. El tema crítico es cómo se pasa del control de padres y maestros al autocontrol de cada individuo.”

Según explica Battro, el cerebro humano puede atender varias cosas al mismo tiempo, pero siempre dentro de un sistema dinámico. “La capacidad de concentración depende de múltiples factores biológicos, emocionales, cognitivos, familiares, sociales y culturales -subraya-. Los medios electrónicos exigen tomar decisiones con rapidez; la «opción clic» es fundamental y decisiva para navegar en la Red. Pero saltar de un tema a otro puede tanto estimular la sana curiosidad y la genuina creatividad como esterilizar una búsqueda o un aprendizaje. La pedagogía en la era digital debe profundizar en estas nuevas oportunidades y desafíos que son inéditos en la historia de la educación.”

Hay quienes, sin embargo, incluso tomando la presencia de las computadoras y sucedáneos en el medio ambiente infantil como un hecho positivo advierten que no hay que bajar la guardia.

RED ADICTIVA

“El cerebro humano funciona bastante bien en ciertas escalas temporales -explica Sigman-, por eso las escenas de las películas duran siempre más o menos lo mismo (unos 10 segundos). Pero a veces uno entra en ciclos que van mucho más rápido, como los comedores compulsivos. Hay algo en Internet que se asemeja a eso: es adictiva. Entrena y reemplaza al sistema de recompensa en las cosas más primarias. Y al entrar en ese ritmo uno entra en un circuito que no necesariamente funciona bien para la adquisición y consolidación de conocimiento. Son temas que se están empezando a estudiar.”

Más adelante, el físico y neurocientífico advierte: “Lo que dice Carr tiene cierto sustento y es razonable. Uno con la computadora «terceriza» cosas que antes hacía por sí mismo. Por ejemplo, los cálculos mentales. Ahora directamente los delegamos en las máquinas, aunque sabemos que no es bueno, porque el cálculo no sólo sirve para calcular, sino que es un modelo de razonamiento. A veces, uno estudia algo en el colegio y diez años después lo olvida, pero no importa: lo importante no es el ejercicio en sí, sino el desarrollo de dominios cognitivos. Hay que tomarlas con cierto cuidado”.

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Editora de la sección Ciencia/Salud de LA NACION, Nora Bär se incorporó en 1990 a la Redacción del diario, aunque comenzó como colaboradora en 1980, siempre en su especialidad, el periodismo científico. Nació en Buenos Aires en 1951, fue maestra, estudió la carrera de Letras y de traductorado del francés en la Universidad de Buenos Aires y tiene cuatro hijos. Pertenece a la International Science Writers Association y es columnista de varios programas radiales. En 1997 obtuvo el diploma al mérito en divulgación científica otorgado por la Fundación Konex. En 2002, se incorporó a la Academia Nacional de Periodismo. nbar@lanacion.com.ar

Guillermo Jaim Etcheverry / Tiempo de replantear la tarea de educar

(Publicado en Clarín, 17.4.2013, clarin.com)

Los argentinos hemos dejado de confiar en la educación como un elemento de progreso. Revertirlo es un compromiso de todos.

Los problemas que enfrenta la educación argentina, ya tan bien conocidos, pueden sintetizarse señalando que:

1. contamos con relativamente pocos ciudadanos educados: de cada 100 niños que comienzan la educación primaria, al cabo de doce años sólo 37 completarán el nivel medio;

2. casi la mitad de quienes lo hacen tiene dificultades para comprender lo que leen y para realizar simples ejercicios de matemática;

3. existen marcadas desigualdades tanto en la cantidad como en la calidad de la educación que reciben los alumnos dependiendo de los niveles sociales, económicos y culturales de las familias de las que provienen;

4. hay en el país casi un millón de jóvenes menores de 25 años queno trabajan ni estudian, es decir, que no hacen nada;

5. asistimos a una alarmante declinación de la escuela públicaque en el pasado resultó esencial para intentar igualar las oportunidades y formar nuestra ciudadanía.

Es innegable que en los últimos años el país ha realizado un importante y muy auspicioso esfuerzo destinado a promover la educación como lo demuestra el significativo incremento de la inversión con esa finalidad en relación al producto interno bruto. Sin embargo, ese aumento de recursos no se ha visto reflejado en una mejoría sustancial de los indicadores relacionados con la cantidadde personas educadas y con la calidad de la educación que han recibido.

¿Qué hacer para revertir esta preocupante situación? Resulta evidente que, aunque no en las palabras, en los hechos hemosdejado de confiar en la educación como un elemento de progreso individual y social. Se ha roto el pacto fundante de la escuela basado en la alianza de los padres
con los maestros para educar a sus hijos. Hoy los padres se unen a ellos en contra de la institución educativa a la que perciben como una herramienta social de opresión, que condiciona la entrega del bien deseado, la certificación.

Aunque cueste admitirlo, el interés está centrado en eliminar esos requisitos, una evidencia más del facilismo que está permeando toda nuestra sociedad.

Es preciso volver a pensar que la educación es esencial para la construcción de las personas y que supone un cierto compromiso de todos, una aceptación de la necesidad de dedicarle una atención y un esfuerzo que trascienden lo simplemente formal. De allí que resulte prioritario recuperar el prestigio social de la educación cuya caída se evidencia en la escasa consideración de la que hoy gozan los docentes que refleja esa pérdida de confianza en la educación. Maestros y profesores son concebidos como los cuidadores de la guardería ilustrada en la que se está transformando la escuela.

Cada día ésta es más un centro de asistencia social que una institución cuya tarea central es la de formar seres humanos. Darles de comer, sí, pero también darles de leer, introducir a las nuevas generaciones al saber y al conocimiento, proporcionarles el acceso a las herramientas que nos hacen humanos. La calidad docente, clave de la enseñanza, exige la previa reconstrucción de esa confianza perdida en la educación, el replanteo de sus objetivos en estas épocas en que la sociedad experimenta profundas mutaciones.

Nos singulariza como humanos la capacidad de reflexionar, crear, imaginar. Y sólo es posible manejando una serie de conocimientos y saberes concretos, de experiencias personales. Si no nos proponemos transmitir esa herencia cultural ­esas posibilidades de lo humano como lo señala Hesíodo, poeta griego del siglo VIII A.C., cuando dice “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser“­ no cumpliremos con nuestra función de introductores de las nuevas generaciones a un mundo que existía antes de que ellas llegaran y que, esperemos, continuará cuando lo abandonen.
* Ex Rector de la UBA, miembro de la Academia Nacional de Educación y del Consejo Asesor de Clarín Educación.

Escuela Nº 5 Adultos, Distrito Escolar 16: para mayores de 14 años que quieran iniciar o terminar la escuela primaria

La Escuela Nº 5 Adultos del Distrito Escolar 16 brinda la posibilidad de terminar o iniciar la escuela primaria a personas mayores de 14 años, con modalidad presencial o semipresencial y de manera gratuita.

Ofrece cursos especiales con salida laboral: Corte y confección, Cocina, Folklore, Inglés (Nivel I y II), Computación, Cosmetología, Accesorios de la moda y Peluquería.

El horario es de 19 a 21 hs.

La escuela está ubicada en José León Cabezón 3446, Villa Devoto, a cinco cuadras de Av San Martín y Av General Paz.

Teléfono 4574-5188.

Omar Genovese / Pequeñas delicias sobre los niños

(Publicado en Perfil, 29.9.2012)

Los relatos para niños son “la avanzada del miedo para disciplinar al sujeto”.  Ahora que La Cámpora va a las escuelas, ¿qué ocurriría si la política colegial infanto-juvenil kirchnerista tuviera continuidad en el tiempo y tras veinte años en el poder lograra una población sensible a las manifestaciones opositoras, capaz de reaccionar de manera orgánica?

Pensar en la infancia, en los recuerdos difusos de la propia, o en las evocaciones de nuestros coetáneos, resulta fatigoso. Hay algo que queda fuera de foco, un olvido involuntario cuyo origen puede radicar en el más profundo pánico social, inervado en las microconductas niñales (el término es de Gombrowicz, quien medrara con pasión mezquina en estas pampas bárbaras), y que tienen su coronación testimonial en la crueldad desaforada que Osvaldo Lamborghini anticipó, como estigma, en su relato El niño proletario.

La infancia no es fácil, y escribir esto no adquiere categoría de novedad o gran verdad filosófica. Pero científicos y filósofos comparten el mismo padecimiento: todos comienzan en la patética confrontación con el universo del hombre que constituye la realidad. Nadie ha quedado a salvo. Ni los primeros sapiens ni el último marginado de 9 años que acaricia la culata de una pistola 9 mm. Digamos que el sufrimiento del niño es anterior a toda reflexión, un acto de intimidad irrenunciable, una talla dolorosa a pesar de cualquier intento de fuga. La infancia impide libertad de movimiento, de escape, pero si lo logra, el pequeño actor está completamente indefenso, a merced de la lujuria, codicia y crueldad de pares y mayores. Explotación, abuso y muerte, destinos probables de un niño cualquiera, o no tanto, veamos.

Me encantan las teorías, por ejemplo, ese gesto que tienen hacia el conocimiento, la forma de articulación del lenguaje al que recurren para demostrar su validez. Todo un esfuerzo de la mente y la habilidad intelectual. Por ejemplo, hay una interesante: los relatos para infantes son la avanzada del miedo para civilizar al sujeto. Y cuando me refiero al “relato para infantes”, es a todo tipo de narración, oral, pública, fantasiosa, recibida como tábula rasa, y que deposita el sedimento indeleble en la memoria. Su acumulación estará siempre disponible a nivel de verdades incuestionables, huella irrefutable, capaz de moldear la conducta individual ante determinados eventos. Pero siempre con el objeto de constituir el panal: aplacar toda rebeldía. Los sapiens obedecen a una conducta de agregación social, que explican muchísimas otras teorías, dando por cierta la ascendencia genética en la manada para establecer la clase homínida triunfante: la antropología genética propone que el canibalismo sobre sus contemporáneos (homínidos similares, no iguales) hizo posible la prevalencia de “nuestra especie”. Detengámonos un instante, ¿nuestro sistema digestivo ha experimentado como alimento histórico la carne de sus casi iguales? ¿Nuestros genes se transmitieron gracias al consumo y transformación energética cuasi caníbal? ¿Cómo cocinaría la madre-Eva sapiens a sus párvulos? ¿O serviría el alimento crudo, cortando directamente del ejemplar aún con vida? Terror. Tal vez, pero también estamos ante la introducción costumbrista de la violencia física y cosificación del otro, o eso otro que se parece, pero que ante el hambre (y el utilitarismo derivado del poder físico), se convierte en objeto de consumo imprescindible. Pero esto es producto de mi imaginación, triste y desilusionada imaginación. Los humanos demuestran ser mucho más ingeniosos, de ahí el uso indiscriminado de eufemismos. No sea cosa que lo mencionado detenga al predador oculto en la denominada “pulsión de vida”, aunque es dudoso que una palabra tenga efecto disuasorio, más cuando hay más hambre, y qué tipo de hambre…

Es notable la escena con que el coronel Kurtz en Apocalypse Now de Coppola ilustra el horror: luego de la vacunación masiva entre los niños de la aldea, retirados los marines que obraron humanitariamente, los rebeldes cortaron a machetazos aquellos bracitos pinchados. Una montaña de bracitos pequeños como muestra. ¿Quién envenenó a los niños? ¿La “civilización” conquistadora o la ignorancia de sus contemporáneos en la miseria? Ambas. La descripción no deja a salvo ninguna moral bélica o pacificista, ninguna razón rebelde o imperial. Como es habitual, la población civil sigue siendo la mayor proveedora de víctimas. Pero volvamos al estado primigenio que, seguramente, apasiona a los antropólogos con una pregunta: ¿cuál fue el primer mito humano? El primero, vale decir, el que se instaló en las agrupaciones o células sociales del homínido carnívoro cuasi caníbal, en pleno desarrollo de las iniciales formas del lenguaje. Tal mito, ¿no sería el derivado de tomar un cuerpo para convertirse en el mejor predador? El animismo como primera manifestación fantástica: incorporar a la víctima, adquirir su fuerza y destreza, y así constituir el ser más fuerte para sobrevivir. Alimento real e imaginario. ¿Habrá sido ése? ¿O el mito era la sombra en la noche como primera manifestación de una divinidad de crueldad sorpresiva, con tanta maldad como la del mismo hombre, y que aprovecha el envés del sueño para vengar la culpa de su actividad diurna? Misterio, que antecede a todo horror: suspenso que remite a las fábulas. Por caso, los hermanos Grimm, más por afán nacionalista y filológico que por pensamientos sentimentales hacia la infancia, recopilaron relatos con niños como protagonistas (y para niños como público involuntario). Más allá de la oscuridad medieval, o de los relatos tribales que perduraron en la tradición oral, el centro de Europa demuestra que dichos testimonios son más una summa de la intimidación que una llama de educación libre y prodigiosa. Anterior a la dupla germana, oponiéndose a la opresión educativa religiosa, se manifiesta Erasmo de Rotterdam al publicar, en 1528, De pueris statim ac liberaliter instituendis (Sobre la enseñanza firme pero amable de los niños), pues la crueldad del educador no contemplaba ni un ápice de afecto, ni cristiano ni de ninguna otra índole. Aquí otra reflexión: las interpretaciones históricas de Engels sobre la formación de las primeras economías humanas se aproximan por la arista del abandono del nomadismo, la apropiación de la tierra, el pastoreo y la llegada de la labranza. Suponer que los hijos no eran más que una fuerza renovada para la supervivencia del grupo en sus tareas alimenticias no implica que “la infancia” fuera ajena al trabajo a destajo, el abuso y hasta que estuviera sumida en el desprecio ante la debilidad. De allí que la noción de fuerza laboral se encuentre tan arraigada en el ejemplar hijo y no así en las hijas que, por caso en China, sufren el desprecio milenario de una tradición esclavista capaz de eliminar al inútil por lastre inadecuado. Dirá un zoólogo: cuestiones prácticas de supervivencia.

Siguiendo la digresión, y sin pedir disculpas, es atinente citar una publicación del escritor irlandés Jonathan Swift ante la explotación y miseria: Una modesta proposición (A Modest Proposal), que lleva por subtítulo “Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público” (1729). La moraleja satírica del escrito es sencilla: como los pobres no pueden mantener a sus hijos, que los vendan como alimento. Ganado social, o solución de serpiente devorándose la propia cola. Y a media agua, más allá de la explotación de niños en las minas de carbón en la industrialización inglesa, con la contemporánea militarización de la infancia estamos ante el bestialismo absoluto en la pérdida de identidad, con la desaparición de la infancia y el derecho a la educación.

Hijos de nadie, hijos de menesterosos huérfanos absolutos, abandonados a la indiferencia de los atardeceres en la ciudad que produce su basura sin pasión. En Buenos Aires, cuando la noche cae, los carritos tirados por humanos llevan la carga niñal sobre los cartones prolijamente doblados como botín. Sombras sin miradas, espectros opacos que el paseante ignora, son nuestra segunda camada de desaparecidos. Estructurales, por debajo de la línea de pobreza, “sin entidad”, en situación de calle, mudos de toda jerga lógica, piltrafa última ambulante.

Quiero pensar –es mi derecho, al menos hasta que un puñal por la espalda sea el preámbulo de mi final como indigestión para alguna tribu inquieta– que existe un escritor narrando la solución final ideada por cierta secta de caníbales conformada por los hijos privilegiados de nuestra clase política dominante. Un juego de poder más allá de la acumulación de riqueza de dudoso origen y la prebenda. Un negocio gourmet para elegidos y entendidos. Puede que semejante discípulo de Alberto Laiseca (por qué no, el conde literario ha dado muestras de un conocimiento pleno del terror y difundiendo su saber entre varios alumnos con vocación literaria) esté pensando en quién será el personaje líder, cuáles las problemáticas, o incluso, en qué derivará el apasionamiento por la carne infantil. Pero dejemos de lado el turismo culinario y volvamos sobre la siniestralidad de la infancia: qué ocurre cuando lo infantil utiliza el manto de los adultos replicando la sumisión y el ejercicio del poder, y toma venganza con la muerte de un otro simbólico a nivel totémico. Me refiero a un film, extraño (me retracto, lo extraño es que se haya filmado semejante trama), dirigido por el austríaco Michael Haneke, y titulado La cinta blanca. Una historia alemana para niños (2009). En sí, el film expone el origen del odio nazi en el corazón mismo de la Selva Negra. Los aspectos formales y estéticos los dejo a su disfrute, prefiero centrarme en esa furia que se acumula en un grupo de niños, como la caldera a vapor al borde de su resistencia física. Represión, envidia, ambición, rasgos imitativos que van más allá del “odio de clase” formal detectado por el marxismo. O que superan las interpretaciones psicoanalíticas y sociológicas: la conducta humana grupal (y ni siquiera me refiero a las masas de las grandes épicas revolucionarias, a la vez represivas) puede llegar a replicar gestos agresivos ancestrales, sin motivación alguna. Tampoco el concepto de locura pasajera, tan adecuado para el castigo judicial, viene al caso. La escena cruel del homicidio de un niño a manos de otros, Haneke la resuelve con un despojamiento causal que remite a la más elemental explicación: por capricho, porque surgieron las ganas irreprimibles. Una pulsión espontánea y descontrolada. Explosión que no requiere justificativo, y es la que genera desconfianza por el destino entre cualquier contemporáneo.

Llegado hasta aquí pregunto, ¿qué ocurriría si la política doctrinaria colegial infanto-juvenil K tuviera continuidad en el tiempo y, al cabo de unos veinte años en el poder, lograra una población sensible a las manifestaciones opositoras, siendo capaz de reaccionar de manera orgánica? ¿Necesitarían pensar para actuar? ¿Estaríamos ante una posible venganza histórico-genética encarnada en una limpieza etaria hacia arriba, al mejor estilo de los estudiantes-hormiga durante la Revolución Cultural de Mao, que fueron capaces de tomar la vida de sus maestros sin culpa ni castigo alguno? La perspectiva es un tanto sombría. Siguiendo la línea de Swift, alcanza con analizar cuáles son las fuentes de alimento en la estructura económica argentina actual. Instalada la industria agrícola en la explotación de semillas transgénicas, ocupados los campos de manera progresiva y exponencial, la cría de ganado se ve desplazada del negocio impositivo del estado.

También, hace meses (y pueden ser años), la pesca de altura está paralizada. Las secuelas de tal trastocamiento en la dieta puede llegar a un punto crítico (por qué no, las crisis son recurrentes en la historia humana), y por el hambre, y por el ansia de reafirmación del ser infanto-juvenil enfervorizado por un proyecto nacional y popular, y por el desplazamiento del deseo de felicidad hacia la posesión compulsiva de un bien sin esfuerzo, y por miles de razones que son probables, con todas esas motivaciones haciendo eclosión, la reacción del conjunto puede derivar en una canibalización de familiares, allegados directos e indirectos, y de todos aquellos que superen la mayoría de edad. Sería una solución al desempleo, a la delgadez económica de los recursos para el pago de pensiones y jubilaciones, tanto como para eliminar los costosos tratamientos de las enfermedades de la tercera edad o de largo proceso destructivo. Y ni hablar de la reducción del carísimo sistema educativo, pues alcanzaría con cubrir la escolarización elemental. Otro aspecto es la amplia disponibilidad de propiedades que pondrá fin a un sistema tan oneroso como es la construcción de viviendas sociales. Una situación inédita y regeneradora, con vistas a un futuro lleno de esperanzas.

Además, hay ventajas históricas de repercusión mundial. Argentina sería el país con la población más joven del planeta, y en su ápice de progresismo político-partidario, no existirían motivos reales para ejercer la xenofobia: ¿quién se atrevería a poner un pie en nuestra tierra? De ocurrir, será una verdadera independencia territorial de la patria. ¿Qué mejor vida sin enemigos a la vista? La consumación de un territorio de paz, no sé si de amor…

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Omar Genovese es escritor, diseñador y especialista en marketing político. Su novela Marfil, breviario de un cineasta puede leerse en marfilbreviario.wordpress.com. Publicó Norep, el lado escuro de Perón en La Comuna Ediciones (2010). Desde 2006 matiene su blog Phantom Circus-El Fantasma (witzky.org/genovese) y es, también, editor del blog colectivo Nación Apache (nacionapache.com.ar). Publica crítica literaria en el suplemento Cultura del Diario Perfil y colabora con otros medios periodísticos como Crisis Revista

Diana Cohen Agrest / El escudo protector de la minoría de edad

(Publicado en La Nación, 2.10.2012)

En respuesta a una denuncia formulada ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un tribunal de casación penal reconoció que, en el marco de la ley argentina vigente, el Estado habría violado un artículo de la Convención de los Derechos del Niño cuando impuso penas de prisión perpetua a quienes eran menores cuando cometieron los delitos por los que fueron juzgados: uno de ellos había sido condenado por dos homicidios; otro, por cinco, y el tercero, por dos.

Ese controvertido reconocimiento erosiona todavía más la armonía normativa, pues la inconstitucionalidad de la pena perpetua para los menores debería tener como contrapartida su cumplimiento efectivo por los adultos: en lugar de legislarse la reducción de la pena que habilita la salida anticipada a su cumplimiento total y que hace de la prisión un costo mínimo por pagar para continuar delinquiendo, la pena debería ser como en otros países donde no es un eufemismo y la perpetua es “perpetua”.

La denuncia ante la Corte revela entonces una incongruencia más de nuestro sistema jurídico. Pues se reclama la inconstitucionalidad de la sanción cuando, en la Argentina, la prisión perpetua no implica reclusión a perpetuidad. Se comete la falacia de invalidar una sentencia por la presunta existencia de la pena perpetua, que no es sino una ficción jurídica.

Se cedió a esa resolución desfavorable que impuso al Estado argentino rever la sentencia, con el fin de no exponerlo a la acusación de “irresponsabilidad institucional ante la comunidad mundial”. ¿Cuál fue su costo jurídico? Pese a que el fallo que penó con perpetua a los en ese entonces menores era cosa juzgada, se arguyó que el código procesal penal por el que se los había juzgado incumplía las normas internacionales. Se alegó que el tiempo transcurrido en prisión excedió largamente el tiempo máximo disponible a aplicar según las convenciones, se calificaron en grado de tentativa los delitos por los que fueron acusados y se disminuyó consecuentemente la pena.

Lo cierto es que, valiéndose de un beneficio optativo para rever un caso que era cosa juzgada, una vez más el Estado y la ley argentinos fueron fagocitados por los tratados internacionales hoy perversamente invocados. No sólo ellos. Porque ¿quién defiende los derechos lesionados de aquellos que hoy ni siquiera tienen voz para reclamar, porque fueron salvajemente asesinados por quienes son amparados por tratados internacionales con cuya firma la Argentina cedió sus derechos soberanos?

¿Acaso la Corte Interamericana de Derechos Humanos contempla las consecuencias irreversibles de los gravísimos delitos cometidos por los menores condenados? ¿Qué queda de la ley 26.061, de protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes cuando las estadísticas prueban que la franja etaria más castigada por el delito son los adolescentes varones de entre 15 y 24 años? De los involucrados en homicidios (entre agresores y damnificados), sólo en la provincia de Buenos Aires se registraron en el primer semestre de 2012 ciento veintiséis jóvenes, y en 2011, otros trescientos veintinueve. ¿Acaso no son tan vulnerables, tan jóvenes y tan pobres las víctimas como los victimarios, en el mejor de los casos, instruidos y usados por adultos instigadores que se escudan en los beneficios legales de la minoría de edad y, en el peor, cuando la droga y las condiciones socioambientales son promovidas por un Estado ausente? De contarse con una voluntad política atenta a los derechos de las víctimas, ¿no debería implementarse una política penitenciaria juvenil compatible con el marco constitucional que ofrezca una respuesta a la situación de los menores de edad que cometen delitos, respetuosa de sus derechos y eficiente en términos de necesidades sociales?

Si la reducción de la edad penal se encuentra obturada por los compromisos internacionales, si la Convención sobre los Derechos del Niño debe ser interpretada de acuerdo con el principio de no regresividad que determina que, una vez que se fijan estándares de reconocimiento de derechos, no se puede retroceder, entonces la ciudadanía debe exigir una interpretación de los tratados internacionales que no lesione los mismos bienes que debería proteger, ni más ni menos que la vida de las víctimas inocentes.

El 8 de julio un joven estudiante secundario, Nicolás Castillo, se encaminaba hacia la estación ferroviaria de Moreno tras compartir la tarde con su papá en una casa del barrio. Pero en el camino sobrevino la tragedia: fue interceptado por un grupo de jóvenes que lo amenazaron con un arma blanca y, por hacerse de un teléfono y un par de zapatillas, lo tiraron al piso y lo apuñalaron dos veces en el pecho. Nicolás intentó reincorporarse y caminó unos metros, pero se desplomó. La Justicia dictó la prisión preventiva de un ex convicto de 28 años, acusado del crimen del joven. También tres adolescentes fueron detenidos, uno de 17 años alojado en un instituto de menores y otros dos, de 16 y 15, que permanecen a disposición del fuero penal de menores. En concordancia con un ideario falaz, lo más probable es que la impunidad institucionalizada los libere en poco tiempo.

En un programa radial, una de las juezas del tribunal de casación sostuvo que “se necesitan dos generaciones. políticas de Estado que nos van a dar una sociedad distinta”. Aun cuando compartiéramos románticamente ese ideal utópico, ¿acaso no se advierte que partiendo de una hipótesis sociológica se está sometiendo, como conejillos de Indias, a dos generaciones de argentinos sacrificados en aras de un ideal no verificado e inverificable, por lo demás difícilmente compartido por una sociedad donde todavía rige el principio de realidad?

En pos de una presunta rehabilitación -estadísticamente insignificante-, se ignora que con cada fallo que otorga la libertad a un reincidente, se firma en el mismo gesto la sentencia de muerte de un sinnúmero de inocentes. Y arrasando con los datos de la realidad, se toma por verdadera la presunción de la rehabilitación del delincuente que termina siendo una ficción jurídica. Pues al negarse a reconocer que un altísimo porcentaje vuelve a delinquir, se le confiere a la rehabilitación una realidad jurídica que, aunque violenta los hechos, es la base sobre la que se asienta la liberación anticipada de los homicidas, amparados en sus derechos y garantías. Los mismos derechos y garantías que los victimarios negaron a sus víctimas.

Porque lo que no es ficción, y no hay Convención de los Derechos del Niño ni Corte Interamericana de Derechos Humanos que los proteja, es la ausencia de Nicolás y de tantos otros muertos ignorados por la ley. Ni tampoco es una ficción el dolor de quienes, día a día, conviven con esa ausencia legislada e ignorada por la justicia impunitiva.

“Nos preguntamos qué hace nuestro hijo en un cementerio, un chico sano, con tantos sueños”, reflexiona el papá de Nicolás. “Yo ya tengo una parte de mi ser que no está”, murmura, sin consuelo, la mamá. ¿Cómo explicarles que los magistrados sentados detrás de un estrado, preocupados “por la irresponsabilidad institucional ante la comunidad mundial”, sólo saben del dolor de los victimarios, pero desconocen a quienes fueron silenciados por quienes ellos defienden? La máxima de que no se puede legislar desde el dolor, en la Argentina que nos duele, debería ser reescrita: no se puede legislar desde el dolor de las víctimas. Sólo desde el dolor de los victimarios.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Ben X (2007)

Ben X (2007) es una película coproducida por Bélgica y Holanda. Está dirigida por Nic Balthazar y basada en su propio libro Nothing was all he said (Nada fue todo lo que él dijo).

El título de la película alude a la frase en holandés “(ik) ben niks”, que significa “(yo) no soy nada”.

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Ben es un adolescente distinto. Asiste a la escuela como cualquier otro chico, pero no se relaciona casi con ninguno de sus compañeros. Es muy callado también con su madre y su hermano. Pero Ben sufre de acoso escolar, bullying, es hostigado y ridiculizado, lo cual acentúa su ensimismamiento. Y no tiene manera de defenderse.

Su única comunicación es a través del Archlord, un MMORPG (Massively multiplayer online role-playing game, juego de video on line para múltiples jugadores con actuaciones de rol). Ha llegado a un nivel altísimo en ese juego y allí interactúa con Scarlite, una chica que es la única que ha llegado también a ese nivel.

Scarlite un día decide encontrarse con Ben en la estación del tren.

Ben percibe una realidad donde se mezclan visiones de lo que hace en el Archlord, lo que le dice su madre, sensaciones de miedo y sobresalto, ruidos, las agresiones de dos de sus compañeros y sus pensamientos.

La manera en que el director ha sabido llevar al lenguaje cinematográfico esta historia es fascinante, aunque suene raro decir “fascinante” de algo tan cruel como lo que vive Ben. (Un detalle: suceden cosas hasta diez segundos antes de terminar el film)

Esta fue la segunda vez que la vi. Y me sigue pareciendo excelente, subyugante, crítica, impactante.

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Actúan Greg Timmermans (Ben), Marijke Pinoy (la madre), Cesar De Sutter (Jonas), Bavo Smets (Ben a los 6 años), Laura Verlinden (Scarlite), Tom van Bragt (Ben a los 12 años), Rebecca Lenaerts (maestra), Maarten Claeyssens (Desmet), Titus De Voogdt (Bogaert), Pol Goossen (el padre).

En emergencia educativa

(Editorial publicado en La Nación, 26.8.2012)

Toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir la situación de decadencia del sistema educativo en la Argentina

Avanza el año y las novedades relacionadas con la educación en la Argentina se vuelven cada vez más desalentadoras. Por eso, las lamentables expresiones del ministro de Educación, Alberto Sileoni, referidas a las tomas de colegios, para reclamar por la instalación de un bar y de una fotocopiadora, parecen haber sintetizado sin querer el estado de real emergencia educativa del país y el alejamiento de los valores fundamentales en una sociedad debidamente organizada.

Acaso la posterior y parcial rectificación del ministro de dichos tan incomprensibles para su cargo fue aún menos preocupante que las interpretaciones de algunos expertos sobre los supuestos casos en los cuales las tomas de colegios estarían justificadas. No sólo no fueron esas exposiciones más juiciosas que las declaraciones de Sileoni, sino que abundaron en disquisiciones asombrosas sobre cuándo está bien o está mal una ocupación de ese carácter. Desde luego que no se mencionaron, entre las causales inadmisibles, que una universidad honre, por ejemplo, a aventureros internacionales o testimonie un homenaje espectacular a quien desde Caracas prolonga con su apoyo una tiranía culpable de tantos crímenes, como la de los hermanos Castro. Quedó, pues, como saldo, que los elementos críticos de desorientación no sólo provienen de los estamentos del oficialismo, lo que acentúa la gravedad del panorama.

Mientras todo ocurría había un silencio oficial poco menos que absoluto con la prueba internacional de matemática realizada en Buenos Aires, en la que se lucieron los chicos asiáticos y los argentinos quedaron rezagados a la posición 54. Ese fue otro crudo testimonio del gravísimo retroceso educativo argentino de estos años, y prueba contundente de los efectos empíricos del populismo y del falso progresismo anidado en posiciones políticas dominantes.

Nada de lo sucedido es nuevo. Si para las máximas autoridades educativas el tema de la ocupación de colegios era de tal significación como para atreverse a sugerir que así es la fragua de la “democracia participativa”, qué deberían comentar frente a las más recientes y ya muy conocidas estadísticas, según las cuales el 50 por ciento de los chicos abandona el secundario y el 50% no comprende lo que lee.

El mismo día de las desconcertantes opiniones de Sileoni sobre la toma de los colegios Nacional de Buenos Aires y Carlos Pellegrini, se daba a conocer un nuevo diagnóstico sobre nuestra educación secundaria. La asociación civil Proyecto Educar 2050 identificó el período de la educación secundaria como el estadio más problemático para poder completar la formación integral de los estudiantes.

Esa prestigiosa ONG releva, desde 2007, en forma pormenorizada los distintos índices internacionales y nacionales en materia educativa. Hizo ahora el mencionado reporte sobre la base de informes de la Unesco “Datos Mundiales de Educación, VII Edición, Argentina 2010/11″. De ellos surge que la Argentina es uno de los países de la región con más baja tasa de graduación del nivel secundario.

Las estadísticas revelan un dato que debería espantar a quien quiera decir que se toma en serio el porvenir del país: sólo el 43 por ciento de los estudiantes secundarios terminan sus estudios en los plazos establecidos y un 50% del total de estudiantes secundarios accede al título. Significa, entonces, que la Argentina se ubica detrás de Perú y de Chile, con un 70% de alumnos que completan sus estudios secundarios; de Colombia (64%); de Bolivia (57%); de Paraguay (50%), y de Ecuador (48%). ¿Hasta dónde descenderá, pues, el relegamiento educativo de nuestros chicos y adolescentes?

Para tener una idea más en perspectiva de lo que suponen aquellos indicadores, desde Cippec, en el libro Radiografía de la educación argentina, de Axel Rivas, se indica que “sólo el 31 por ciento de los alumnos que ingresa en primer grado termina la secundaria”. Con tales porcentajes, mal se puede celebrar “el triunfo de la educación y de la democracia”, como proclamó Sileoni, porque la baja en la calidad y la escasa cantidad de alumnos egresados de un secundario “obligatorio” por ley de 2006 se corresponden con una baja en la calidad democrática del país, con un mayor nivel de desigualdad y de aumento de la pobreza. ¿O es que se atreverá a poner en duda que la educación es la herramienta por excelencia que permite combatir esos males?

Las autoridades nacionales a menudo se manifiestan ofendidas de que no se les reconozcan sus aportes a la educación. No es así: nadie niega que se han construido cerca de 1000 escuelas nuevas y que la ley de financiamiento educativo y de educación nacional han constituido un gran esfuerzo para lograr una mejor enseñanza. Sin embargo, aunque antes de 2010 se alcanzó el deseado 6% del PBI para la educación, también es cierto -y hay suficientes informes que lo prueban- que no se cumplió con la ampliación de la jornada escolar y, en cuanto al aumento de la inversión, su distribución fue desigual. Los resultados que cuentan están a la vista y llevan a la pregunta inevitable: ¿por qué rinde tan poco el dinero invertido?

Se explica, pues, que según el último relevamiento comparativo conocido como PISA, que cada tres años realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 52 por ciento de los alumnos argentinos no comprende lo que lee, y uno de cada tres jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela. De acuerdo con ese informe, de tanto relieve internacional a pesar del desdén que por él ha manifestado el ministro del ramo, la Argentina ocupa el puesto 58 sobre un total de 65 países y está séptima entre los de la región. Por otro lado, esas deficiencias han sido observadas en varios Operativos Nacionales de Evaluación de la calidad educativa realizados por ese mismo ministerio.

En el reciente IV Foro por la Calidad Educativa, organizado la semana pasada por el Proyecto Educar 2050 en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina, los especialistas participantes proporcionaron datos igualmente alarmantes y coincidentes -600.000 jóvenes de entre 12 y 17 años están fuera del sistema educativo, y el 58% de los argentinos entre 25 y 64 años no ha completado la educación media-, y mostraron una gran preocupación por la falta de liderazgo de las autoridades escolares.

La educación es un tema demasiado serio como para utilizarlo como excusa político- demagógica. La pereza en crear políticas de Estado que busquen un marco académico de excelencia en la educación pública perjudica a todos nuestros jóvenes, pero mucho más a los que provienen de hogares humildes, en los que los padres no pueden suplir las deficiencias del sistema educativo, con lo cual se cierra un círculo perverso de atraso y deserción.

Por todo esto, concluimos que toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir esta situación de decadencia y anomia ya descripta, para que se declare por fin la emergencia educativa, y todos los sectores involucrados aceptemos el desafío de buscar juntos la mejor educación para nuestro país.

Claudio Chávez / Una escuela que nivela para abajo

(Publicado en La Nación, 25.8.2012)

Que la educación argentina anda a los tumbos es algo manifiesto y público. No pasa una semana sin que una impactante noticia nos altere y nos vuelva angustiados sobre ella para interrogarnos acerca de sus males. Paros, violencia, estadísticas que abruman por la pobreza de sus resultados, ausencia de autoridad, uso indebido de los espacios escolares para actos de política partidaria, como si la historia no hubiera demostrado la estupidez de estas conductas que generan rechazo y mal humor en la sociedad. En fin, un cúmulo de contrariedades irresueltas que calientan los ánimos de una sociedad que ve cómo la educación se pierde y desbarranca sin que las autoridades definan con claridad el problema y lo resuelvan.

Página 12 hace unas semanas cedió un espacio al ministro de Educación de la Nación para que éste se explayara en temas que son de su incumbencia: la educación. En un breve texto, el pedagogo manifestó su desacuerdo con todos aquellos pensadores o periodistas que desde distintos ámbitos políticos o ideológicos cuestionan el sistema escolar argentino por su bajísima tasa de egreso.

No es allí donde hay que mirar, afirma Sileoni. Lo que hay que valorar es, fundamentalmente, la tasa de escolarización secundaria y, en este punto, nuestro país encabeza la lista en América latina. Se ha hecho un enorme esfuerzo en esta escolarización, de manera que el ministro remata: “No valoramos la excelencia a costa del elitismo y tampoco un sistema educativo preocupado exclusivamente por el rendimiento académico, con independencia del número de estudiantes que asisten”.

Dicho en términos criollos, lo importante es que entren a la escuela, ahora que aprendan y se lleven el título es un aspecto secundario, por no decir menor. Y si la exigencia académica empuja a la deserción, las consecuencias las pagarán los conocimientos.

Para el progresismo, la nivelación es siempre para abajo, dado que premiar la excelencia y el rendimiento es valorar a los mejores. Y el progresismo tiene una vocación maliciosa por los peores, claro? para que sigan siéndolo. Así es como lo leen los docentes afines al modelo progresista y los que no lo son, por cierto una mayoría silenciosa, callan frente a la atmósfera que reina en las escuelas, porque es el mandato que baja de las autoridades nacionales.

Si en los años 60 se hablaba de la pedagogía del oprimido, una mirada piadosa -y si se quiere ingenua- para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad, en estos tiempos se trata de la pedagogía de los peores para consolidar la marginalidad.

Por caso, si Sileoni fuera ministro de Salud, le importarían la tasa de nacimientos y no la mortandad infantil.

Si fuera secretario de Transporte le interesarían los que suben y no los que llegan… Así vamos.

Silvina Premat / Foro de expertos. Crisis educativa: culpan a la falta de autoridad

(Publicado en La Nación, 24.8.2012)

Los especialistas coinciden en el rol clave de los padres y los docentes

Juan, de 16 años, llegó a la escuela con el pelo teñido de azul fluorescente. “A este colegio no podés venir así. Te pido que vuelvas a tu color natural porque, si no lo hacés, tomaré las medidas correspondientes”, le advirtió Marta, la rectora. Juan mantuvo su nuevo color de pelo y volvió al colegio acompañado por sus padres. Dijo sentirse discriminado. Marta repitió con firmeza su advertencia. Pero no la concretó. No estaba convencida de que fuera razonable aplicar a Juan algún tipo de sanción.

El caso de Marta y Juan evidencia el problema con el que se encuentra gran parte de las autoridades escolares y que, según expertos y ex ministros de Educación, es uno de los mayores síntomas de la crisis del sistema educativo argentino.

“En la escuela -como en la sociedad- todo está en discusión, nada es evidente y hay mucho malestar porque no hay nada muy claro. Tomás una medida y vienen los padres a protestar, o el mismo directivo duda de la norma que tiene que aplicar”, dijo Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas, en uno de los paneles del IV Foro por la Calidad Educativa Argentina, organizado por la asociación civil Proyecto Educar 2050 y realizado ayer en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina. El Observatorio de Educación Básica Argentina registra que el 62% de los directores de escuelas primarias y secundarias del país tienen menos de cinco años de antigüedad en esos cargos. Esa misma antigüedad tiene el 56% de los maestros de primaria.

“La alta rotación de los directores muestra que los capitanes del barco, que son las figuras clave de las escuelas, no pueden aguantar la presión, que se hizo muy dura en los últimos años. Y si los capitanes no aguantan la pelea quiere decir que está muy difícil la vida en el barco, es decir, la escuela”, dijo Iaies. Y explicó que el modelo de escuela vertical, ordenada y obediente “se desarmó” y “la nueva escuela requiere otros acuerdos y una mayor claridad”.

Susana Decibe, que condujo el Ministerio de Educación durante siete años, en la década del 90, y desde entonces continúa estudiando el sector, afirmó que “a pesar de las normas y de la buena voluntad de los funcionarios, hay muchas señales de que gran parte del sistema educativo no tiene conducción” y que “muchas escuelas hacen lo que pueden, y otras, lo que quieren”.

El momento actual, para Decibe, se define como el umbral “de reformas que no hemos hecho y que son muy duras de realizar”, como la reforma de la formación docente.

“Lo que está en crisis es la estructura”, dijo por su parte Andrés Delich, quien, al igual que Decibe y Juan José Llach, destacó los “esfuerzos” realizados durante la última década. Al referirse a los índices de deserción, bajo rendimiento e inequidad del sistema escolar, señaló que “estos números nos muestran que el sistema educativo ya dio lo mejor de sí”. De ahí que, agregó, “lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo, que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”.

Coincidieron en que en los últimos años se dieron pasos positivos, como un crecimiento de la inversión, una recuperación de los salarios docentes y también un incremento en la planta de maestros y profesores. La gran pregunta es: ¿por qué, entonces, abandonan el secundario la mitad de los alumnos?, y ¿por qué el aprendizaje real es cada vez menor?

Para Llach en la actual situación de crisis del sistema, “claramente uno de elementos superadores tiene que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas y no desde una superestructuras burocráticas”.

Indicó además que “para que se produzca una mejora importante es crucial que haya liderazgos fuertes”. Destacó los esfuerzos realizados en los últimos tiempos e insistió en que se necesita que “haya muchos políticos que digan explícitamente que su prioridad es la educación”.

Sobre la crisis de autoridad de docentes, padres y directivos, Iaies diálogo con LA NACION para trazar un diagnóstico. Dijo que en sus encuentros con personal docente de varias provincias constata que muchos adultos “no se animan a tomar una posición firme delante de los chicos”. Recordó el caso de una preceptora a quien una alumna de cuarto año del secundario le preguntó su opinión sobre tener relaciones sexuales con dos varones al mismo tiempo. La preceptora no se animó a decirle que “eso le parecía una locura” porque no se sintió con autoridad para hacerlo. “Pero la alumna buscó su opinión y no la de una asociación de sexología; evidentemente la respeta y valora a ella”, contó Iaies. Y añadió: “Adultos que tienen miedo de ser adultos hay muchos y los pibes se dan cuenta y por eso discuten todo y están hartos de que todo cambia y nada se mantiene en pie”.

EN VOZ ALTA

“Claramente uno de los elementos superadores tienen que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas”

JUAN JOSÉ LLACH
Ex ministro de Educación 1999-2000

“Lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”

ANDRÉS DELICH
Ex ministro de Educación 2001

Josefina Hagelstrom / La mitad de los alumnos de 15 años no entiende lo que lee

(Publicado en Perfil, 11.8.2012)

ARGENTINOS, ENTRE LOS PEORES DE LATINOAMÉRICA

La mitad de los alumnos de 15 años no entiende lo que lee

Así lo determina el último informe PISA. Expertos de México, Chile y Colombia explican cómo ellos lograron mejorar.

Para muchos, leer es un placer. Pero para otros, cuesta y mucho. En Argentina, la mitad de los chicos de quince años que asisten a la escuela no comprenden los textos. El dato se desprende del último informe PISA, donde el número alcanza el 52%. El mismo estudio dice que México, Colombia y Chile mejoraron sus resultados, mientras que Argentina se estancó.

Algunos docentes creen que hay una actitud pasiva de los alumnos frente al texto. “Leer implica la capacidad de lograr la representación mental de las palabras que no es posible si se lee con la cabeza en otro lado”, analiza Viviana Favero, docente de Historia. Para ella, otro problema es que los chicos “pretenden una comprensión instantánea de los temas y respuestas ya “masticadas” antes que sacar conclusiones”, agrega.

Según María Laura Oliva, de la Fundación Leer, hacer inferencias es algo propio de un lector experto, y para llegar a serlo hay que seguir ciertas “estrategias lectoras” como establecer objetivos de lectura, interactuar con el texto y anticiparse al escrito para encontrar aquello que está implícito.

Los especialistas coinciden en que el problema de la falta de lectura en los chicos se extiende a los adultos, que en muchos casos leen poco, o directamente no leen. Por eso, es importante fortalecer el vínculo con los textos en todas las materias, no solo en lengua.

Desde el Ministerio de Educación de la Nación apuestan a que las instituciones y los docentes promuevan esas lecturas. “La conversación sobre lo leído es clave para que los chicos comprendan”, asegura Marina Cortés, consultora del área de Lengua. La provincia de Buenos Aires, por su parte, tiene un programa, “Mi biblioteca personal”, que entrega dos libros de cuentos a alumnos de escuelas públicas y especiales.

En ese contexto, un grupo de especialistas debatirá en los próximos días en el marco del IV Foro por la Calidad Educativa organizado por la asociación Educar 2050. “Vamos a pensar cómo mejorar los rendimientos de los chicos”, dice su director Manuel Alvarez Trongé.

“La comprensión de lectura es una capacidad crucial para la vida, si comprendes lo que lees puedes seguir aprendiendo más allá de la escuela, forjando tu criterio y aprovechando las oportunidades para expresarte”, dice a PERFIL David Calderón, director ejecutivo de la organización educativa Mexicanos Primero. Para él, la alfabetización en países de la región ha tenido parámetros bajos, pero existe una conciencia por modificarlo. “En México, implementaron el Programa Nacional de Lectura, basado en el interés y el gozo por leer y se armaron bibliotecas de aula”, sostiene. También incentivaron la lectura libre dentro de la jornada escolar. Analizando el caso de Argentina, Calderón considera que los bajos rendimientos están ligados al “desánimo de los propios jóvenes a un esquema repetitivo y con poco aprecio por sus inquietudes”.

En Chile este año se realizó una campaña de fomento de lectura para que las familias lean con sus hijos, según explica Matías Reeves, director de Educación 2020. “Una de las claves es lograr una mayor cobertura escolar, porque si las familias tienen mayor nivel educativo, los resultados son positivos”, sostiene.

En la misma línea se muestra Cecilia María Vélez, ex ministra de Educación colombiana, quien explica que en su país la clave fue la comunicación con los docentes, para que cada uno pudiera “transformar las prácticas pedagógicas dentro de las instituciones”.

22ª Feria del Libro Infantil y Juvenil 2012 (del 9 al 28 de julio)

(Información extraída del sitio oficial de la feria www.el-libro.org.ar)

La Feria del Libro Infantil y Juvenil es una de las pocas ferias del mundo dedicadas íntegramente a la difusión del libro entre niños y jóvenes. Participan cerca de 100 expositores y la visitan más de 300.000 personas.

Horarios:
Lunes 9 de julio, de 11:00 a 18:00
Martes 10 al viernes 13 de julio, de 09:00 a 18:00

Del 14 al 28 de julio:
Sábados y domingos, de 14:00 a 20:00
Lunes a viernes, de 11:00 a 20:00

Entrada y beneficios

Valor de la entrada
$ 25,00 (veinticinco pesos)

Ingreso sin cargo
Menores de 18 años
Discapacitados
Jubilados, pensionados y docentes de todos los niveles de educación formal; presentando comprobante o carnet.

Lugar:
Centro de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires, Avdas. Figueroa Alcorta y Pueyrredón.

Mónica Beltrán / Los jóvenes priorizan la universidad, pero la mitad deja en el primer año

(Publicado en Perfil, 3.6.2012)

Están hiperconectados e informados, pero a la hora de entrar a la vida universitaria ese exceso puede resultar perjudicial. Según cifras oficiales, unos 400 mil jóvenes de todos los niveles sociales se incorporan a la educación superior cada año, pero, al mismo tiempo, casi el 50 % de ellos abandona en el primer ciclo o cambia de carrera una o más veces. Expertos en orientación vocacional aseguran que los cambios en las relaciones entre padres e hijos tienen mucho que ver.

Los chicos ya no deshojan más la margarita para decidir. No lo hacen por cuestiones amorosas pero tampoco usan ese método para resolver qué carrera estudiar. Nadan como peces en las redes sociales y están superinformados, conocen a la perfección los nombres más excéntricos de las carreras de moda, pero tantos datos en sus cabezas no facilitan las cosas a la hora de definir una carrera ni el ingreso a la vida adulta. La orientación vocacional es ya casi una disciplina.

Hay cursos, talleres, grupos en instituciones públicas y privadas que se ocupan de dar información sobre el casi millar de títulos de grado que ofrecen en la Argentina un centenar de universidades, pero los jóvenes están más desorientados que nunca y abandonan los estudios o cambian de carrera ante el primer traspié.

El 90% de los jóvenes que ocupan las aulas de las escuelas secundarias espera seguir estudiando, según una investigación que realizó la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina, que encuestó a 4.323 estudiantes de 108 escuelas secundarias de todo el país. Y, sin dudas, cada vez son más los ingresantes a la educación superior, casi 400 mil cada año, según estadísticas oficiales. Es que cada vez son más los adolescentes escolarizados, como consecuencia de una política pública instalada en la Argentina para cumplir con la obligatoriedad de los estudios medios.
Las nuevas generaciones valoran el estudio y desean continuar con su formación, independientemente del sector social al que pertenezcan pero, al mismo tiempo, los chicos se frustran con mucha facilidad y casi la mitad abandona en el primer año de la universidad o el instituto terciario, mientras muchos otros cambian de carrera una o más veces.

“El ciclo básico común (CBC) tiene materias generales y ayuda a los jóvenes a terminar de orientarse”, admitió la secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), María Catalina Nosiglia, quien reveló que esa institución pública tiene desde 1958 una Dirección de Orientación al Estudiante que depende del área que ella dirige, desde donde se desarrollan actividades de orientación, grupos de reflexión, talleres virtuales y se publica la Guía del Estudiante que edita anualmente Eudeba.

Algunos especialistas aseguran que, a diferencia de lo que piensan muchos adultos, los chicos están lejos de funcionar de acuerdo con la ley del menor esfuerzo, son hiperexigentes y buscan carreras que les “garanticen el éxito”, motivo por el cual–paradójicamente– ante los primeros inconvenientes se “desmotivan” y abandonan los estudios. “Lo que pasa es que tienen una gran desconexión emocional y la mayoría no se conoce, no tiene registro de sus propias limitaciones”, asegura Claudia Messing, autora de Simetría entre padres e hijos (Editorial Novedades Educativas). Ese libro difundió una investigación con datos llamativos: el 82 por ciento de los 764 chicos entrevistados cree que cuando se propone un objetivo educativo o laboral puede insistir hasta lograrlo, sin embargo el 74% da una respuesta totalmente contradictoria, ya que reconoce que se desmotiva con facilidad ante cualquier dificultad. “A pesar de la convicción que manifiestan los jóvenes respecto de sus propias posibilidades de vencer obstáculos es altamente probable que no las puedan cumplir porque sus conductas fóbicas y de desmotivación les impiden alcanzar esos objetivos. Esta puede ser una de las causas por las cuales los jóvenes expresan que desean terminar el secundario, pero no todos lo logran”, dijo la psicóloga, que dirige una escuela de posgrado en orientación vocacional. Otra encuesta realizada por la Universidad de Morón entre más de 2 mil secundarios de la zona oeste que siguió su rendimiento cuatro años después del egreso del colegio demuestra algo similar: el 46% no siguió la carrera que deseaba cuando terminó el secundario, y del 82% de los que expresaron que querían continuar estudiando un ciclo superior, a los dos años sólo lo estaba haciendo el 46%, según Messing.

¿Y los adultos? La directora de la carrera de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, Claudia Romero, opinó que la familia sigue siendo un factor importante en el proceso de elección de una carrera. “Los padres ya no cuentan en la mayoría de los casos como modelos determinantes; los hijos ya no tienden a repetir la historia y los padres ya no desean eso. La configuración de la identidad en general y de la elección profesional en particular es más abierta que antes y también por supuesto más incierta”.

Pero Messing advirtió que las nuevas generaciones “se mimetizan con sus padres, hablan y piensan como adultos, tienen gran cantidad de información para su edad, pero no la manejan con flexibilidad y son profundamente inmaduros en lo emocional”. La autora desarrolla un concepto novedoso, el de “simetría inconsciente” de los hijos con sus padres. “Antes, un chico se identificaba con sus padres, pero ahora los copian y se sienten en posición de tener mucho poder desde pequeños. Así, se desconectan emocionalmente. Esa gran dificultad emocional hace que pasen de la omnipotencia total del ‘se puede todo’ a sentirse derrotados o absolutamente frustrados con facilidad, lo que los complica a la hora de elegir una carrera y más aún cuando empiezan a tener las primeras dificultades en el estudio porque creen en soluciones mágicas, en carreras que les garanticen el éxito fácil y ya, y eso no es real”, señaló.

Con una larga trayectoria en el trabajo como orientador vocacional como respaldo, el psicólogo Sergio Rascovan relativizó el tema: “Hay que ver de qué familia se está hablando. Generalizar nunca es bueno. Depende de la clase social de la familia, de la zona geográfica. La familia burguesa tradicional se rompió hace muchos años, el adulto perdió autoridad pero hoy hay una nueva configuración del adulto, hay diálogos más interesantes entre padres e hijos. Las nuevas tecnologías ponen ciertas lógicas en las relaciones y nuestros hijos nos explican lo que no entendemos, esto supone cambios y da una particularidad a la asimetría, cambia las relaciones, hay mucho que investigar al respecto, sobre todo si queremos analizar cómo impacta esto a la hora de armar un proyecto por parte de un adolescente”.

Un tema de vocación. Para Nosiglia el éxito o no en determinadas áreas durante la escuela media es uno de los tres condicionamientos que tiene un chico a la hora de elegir su carrera. “Si le fue bien o mal en matemática va a ser importante a la hora de elegir su vocación”, dijo.

Romero aporta que la experiencia que cada uno recibe de la secundaria es central: “No hay una única escuela secundaria sino múltiples. Algunas habrán alentado el deseo de los jóvenes de continuar estudiando y le brindaron herramientas para eso, y otras seguramente no. Habrá escuelas que desplegaron mucha información sobre la oferta disponible y otras que lo hicieron en menor medida. ¿Deberían ocuparse de eso? Por supuesto que sí, y con muchísima dedicación. La escuela tiene que fortalecer entre el alumnado su capacidad de elegir de manera autónoma y responsable”, opinó.

QUÉ PREFIEREN

Según los últimos datos oficiales (de 2009) publicados en el Anuario  Estadístico del Ministerio de Educación de la Nación, hay 387 mil nuevos inscriptos por año en los ciclos de educación superior.

La mayoría ingresa a carreras de ciencias sociales: son 160 mil.

90 mil alumnos eligen ciencias aplicadas, 66 mil ciencias humanas, hay 49 mil en ciencias de la salud y 13 mil en ciencias básicas.

Dentro de las ciencias sociales, la carrera más elegida por los nuevos inscriptos  es Economía (47.400 alumnos). Le sigue Derecho (27 mil) y luego, lejos, Comunicación (7.300).

Entre las ciencias básicas, la que más reúne es Biología (6.300).

Artemio López / Adicciones: ocultamiento y banalización

(Publicado en Perfil, 2.6.2012)

Un muy interesante informe reciente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) reveló que el abuso de alcohol entre jóvenes de 13 a 17 se duplicó en la última década. Y que entre las mujeres la cifra es más alarmante: ahora se triplicó y ya casi alcanza el nivel de los varones.

Señala el matutino Clarín, basado en dicho informe, que “ los datos son oficiales y corresponden a la Quinta Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media que se hizo en 2011, un seguimiento que se realizó sobre una muestra representativa de alumnos de 13, 15 y 17 años de todo el país.

En total respondieron 90.450 estudiantes (entre ellos 13.840 de la Provincia y 3.560 de Capital) y el resultado más amplio delata que las sustancias de mayor consumo a esa edad son el alcohol y el tabaco. La primera es la sustancia psicoactiva de mayor consumo y la que presenta la edad de inicio más baja: en promedio empiezan a los 13.

Conocer qué es lo que efectivamente sucede es un primer gran paso comunitario, puesto que una de las cuestiones a resolver para encarar cualquier política pública de prevención de adicciones entre los jóvenes es detectar, analizar e informar sobre cuáles son las principales sustancias que introducen a los niños, adolescentes y jóvenes en el normalmente sin retorno camino de las adicciones.

En este sentido, la derecha política dura señala al paco como “amenaza mortal” para los chicos a fin de estigmatizar a los pobres e indigentes, consumidores de esa sustancia, omitiendo de paso que el principal inductor a las adicciones a partir de 2008 es el alcohol en general, y la cerveza en particular, como se muestra en el gráfico que acompaña esta columna, perteneciente a la excelente información estadística disponible en la Secretaría de Adicciones de Buenos Aires.

Sin embargo, de la cerveza nadie habla como gran inductora de adicciones juveniles. En los medios silenzio stampa, a lo sumo se indica el genérico “alcohol” como sustancia. ¿Por qué? Por la pauta de las cerveceras, el gran negocio que se mueve detrás de ellas, multimillonario en dólares que explícitamente impide hablar y, aun peor, asocia la cerveza a la diversión, el sexo exitoso, el rock and roll.

Lo mismo sucede, en otra escala comercial, con los que sin tener la más mínima idea de lo que significa en términos de problemática comunitaria juvenil el consumo de marihuana promueven su banalización bajo eslóganes discutibles, confundiendo gravemente la esfera personal (libre de toda libertad) y la social (impersonal y sujeta a controles y reglas estrictas, mejor muy estrictas).

Al respecto, observamos en el gráfico inicial que hasta el año 2008 estadísticamente la marihuana es la segunda sustancia –casi compartiendo el 33% de la población de adictos– en el inicio del camino a la adicción de nuestros jóvenes verdaderamente jóvenes que se encuentran bajo tratamiento en la Secretaría de Adicciones Bonaerense, o sea, una dependencia pública de gran despliegue territorial que garantiza la representatividad estadística de la muestra y, entonces, la incidencia de la sustancia, una megamuestra.

Sin embargo, no a nivel personal, que es una esfera en la que nadie debe ingresar y menos juzgar, sino como discurso producido y reproducido socialmente, se insiste en asociar el consumo de marihuana con una especie de gesto libertario, transgresor, tolerante de lo diverso y demás adjetivos, inscriptos en una “cultura cannábica” cuya vastedad se nos escapa por tratarse de un mar de vaguedades.

Estos exóticos emisores se comportan igual que las cerveceras, banalizando sustancias que socialmente, en escala de millones,  son muy complejas de administrar y para el aparato de Estado nacional, provincial y municipal realmente existente, tarea imposible.
*Director Consultora Equis.

Vivir en la calle, un drama que crece

(Editorial del diario La Nación, 3.4.2012)

Es menester buscar nuevas estrategias para rescatar a las personas que ocupan el espacio público y darles ayuda digna

Aunque desde el gobierno porteño se asegure que hay menos gente “en situación de calle” en la ciudad, la mera observación aporta otros datos bien distintos.

Evidentemente, hay más personas y, en algunos casos, familias que han hecho de las veredas y las plazas de Buenos Aires su “hogar”, corridos de su normalidad cotidiana por la falta de trabajo, la pobreza y la indigencia que han cambiado radicalmente sus vidas. Esto los ha llevado, en la mayoría de los casos, a ocupar aquellos lugares públicos que, aunque los obligan a vivir a la intemperie, también les posibilitan seguir juntos y sentir hasta una especie de sensación de libertad. Debajo de autopistas, en terminales de transporte, puertas de iglesias o bulevares, ésos son también otros de los sitios escogidos.

Se las puede ver contra las rejas de fuentes o distribuidas en los canteros, o en las recovas de calles como Leandro N. Alem. En la Plaza del Congreso hay en la actualidad cientos de personas -todos los días se agrega alguna-, sobre todo niños, mujeres y ancianos. Durante el día, se cobijan en carpas o en viviendas precarias de cartón, madera o lona, a la vista de cualquier transeúnte que pase por allí. Por las noches, cuando distintas organizaciones o particulares van a darles de comer, forman fila en distintos lugares. También reciben comida de los bares, hoteles o restaurantes de la zona; en ese sentido, son más privilegiados que los que tienen como domicilio los zaguanes o los portales de las casas y los edificios de departamentos.

Del censo realizado por el gobierno de la ciudad a fines de 2011, se contabilizaron 876 personas que duermen en la calle, un 32 por ciento menos que las contabilizadas anteriormente (1287, registradas el año anterior). De ellas, el 60 por ciento proviene de otras provincias, y su situación educativa es distinta, pero a todos los denigra vivir en situación de calle: algunos tienen el ciclo primario completo (29,6%); otros empezaron el secundario pero no lo terminaron (22,6%), y por fin un 28,5% tiene el primario incompleto.

Tal como informó este diario hace unas semanas, de las 876 personas instaladas en el espacio público porteño, 812 son adultos y 64 son niños (que viven en la calle con sus padres). La mayoría, el 50 por ciento, se concentra en las comunas 1 y 3 (los barrios de Constitución, San Telmo, Monserrat, San Nicolás, Retiro, Puerto Madero, Balvanera y San Cristóbal), y otro 27% se reparte en partes iguales entre las comunas 7, 15 y 4 (Flores y Parque Chacabuco; Chacarita, Villa Crespo, La Paternal, Villa Ortúzar, Agronomía y Parque Chas, y La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya).

El censo ya mencionado sólo cuenta a las personas que viven en la calle sin ninguna red social de contención. No incluye, por ejemplo, a los cartoneros, que trabajan en la Capital y suelen estar instalados en la ciudad durante la semana, pero que tienen su casa en la provincia. Por ello, la ONG Médicos del Mundo, que lleva sus propias estadísticas, viene reiterando que son más de 15.000 las personas que se encuentran en esta situación. Y recuerda también que entre ellas están creciendo las adicciones al alcohol, la marihuana, la cocaína y el paco.

Es evidente la necesidad de que, tanto por parte de las autoridades como de la sociedad en general, busquemos con urgencia nuevas estrategias para encarar este tema dramático, porque ni el plan de operadores sociales desarrollado por el gobierno porteño -son 373 profesionales que recorren la ciudad todos los días- ni la presencia de voluntarios de ONG han logrado paliar la situación de estos argentinos, que al resto de los conciudadanos debe llevarnos a movilizar nuestras conciencias en procura de que también tengan una vida digna. Mientras ello no ocurra, no existirá en nuestro país la perspectiva de un futuro más esperanzador.

Cómo criar hijos delincuentes

1. Dele a su hijo todo lo que pida. Pensará que tiene derecho a obtener todo lo que desea.

2. Ríase cuando su hijo diga malas palabras. Crecerá pensando que el irrespeto es divertido.

3. Jamás reprenda a su hijo por su mal comportamiento. Crecerá pensando que no existen reglas en la sociedad.

4. Recoja todo lo que su hijo desordene. Crecerá creyendo que otros deben hacerse cargo de sus responsabilidades.

5. Permítale ver cualquier programa en la televisión. Crecerá creyendo que no hay diferencias entres ser niño y ser adulto.

6. Dé a su hijo todo el dinero que pida. Crecerá oensando que obtener dinero es fácil y no dudará en robar para conseguirlo.

7. Póngase siempre de parte de él, contra vecinos, maestros y policías. Creerá que lo que él hace siempre está bien y son los otros los que están mal.

“Siguiendo estas instrucciones le garantizamos que su hijo será un delincuente y nosotros tendremos una celda lista para él.”

(Departamento de Policía de Houston, Texas)

La escritora María Teresa Andruetto obtuvo el Premio Hans Christian Andersen 2012

(Publicado en Clarín, 20.3.2012)

Una argentina ganó el “Nobel” de la literatura para chicos

por Ivanna Soto 

Es la primera vez que un hispanoamericano lo gana. Destacaron tambien a la Fundación Mempo Giardinelli.

“No hay temas apropiados, sino modos de entrar en lo hondo”, dice María Teresa Andruetto por teléfono a Clarín desde su casa en las sierras cordobesas, en pleno festejo. La escritora argentina, autora de numerosos títulos para niños y jóvenes, es la ganadora del Premio Hans Christian Andersen –conocido como “el pequeño Nobel”–, considerado el más prestigioso de la literatura para niños.

El resultado se conoció ayer en la Feria del Libro Infantil de Bologna. Otorgado cada dos años por el International Board on Books for Young People (IBBY) a un escritor y un ilustrador de literatura infantil y juvenil, es la primera vez que lo gana un autor hispanoamericano.

A su vez, la Fundación Mempo Giardinelli fue galardonada con el premio IBBY-Asahi de Promoción de la Lectura por su programa “Abuelas Cuentacuentos”.

“La situación de la literatura infantil en nuestro país respecto de otras lenguas tiene que ver con la situación de la Argentina como país periférico, más allá del crecimiento que hayamos tenido”, lanza Andruetto, que reconoce al premio como un modo de difundir todas las obras de nuestro país. “Nuestra periferia como país nos marca”, dice.

Tras el impacto de la noticia, piensa con emoción en los inicios de su trabajo en el campo literario, 30 años atrás. Y en esa rememoración viene a cuento la Andruetto de Fefa es así, de La mujer vampiro, de El caballo de Chuang Tzu, personajes entrañables que de a poco dieron con la Andruetto actual, que llevaron a su última novela, La niña, el corazón y la casa, seleccionada para la exposición The White Ravens 2012 que la Internationale Jugendbibliothek organiza año tras año.

Andruetto, lucha desde 1984 por lograr que la literatura infantil sea colocada como un producto cultural del mismo rango que la literatura para adultos a través de la formación de maestros y la fundación de centros de estudio especializados. A pesar del entusiasmo del día de ayer, reconoce que son escasas las situaciones en que eso sucede. “Es una batalla sostenida para que la literatura infantil ingrese como disciplina al campo académico, donde su espacio todavía es muy marginal”, explica.

Pese a todo, la autora hace hincapié en que cada vez es más fuerte la presencia de la literatura en la escuela, y que la calidad de los libros va en aumento. Es que, aunque relegada a seminarios aislados, la literatura infantil es un mercado que cada vez ocupa más espacio en las librerías .

No es poco lo que llevó a Andruetto a quedarse con el premio a la trayectoria, que en 2010 había ganado el inglés David Almond. “Yo no creo que haya temas para niños. Lo fundamental no es el tema, sino el modo que uno llega a eso: con qué sencillez, qué lenguaje, qué emoción”, explica.

Y no hay dudas de que de eso sí que sabe…

* * *

Traducción propia de la información en www.pitchengine.com www.ibby.org:

El Jurado de IBBY del premio Hans Christian Andersen 2012 anuncia a los ganadores

Cinco autores y cinco ilustradores fueron seleccionados entre 57 candidatos propuestos por 32 filiales nacionales de IBBY para el Premio Hans Christian Andersen 2012. El premio, considerado el más prestigioso en literatura para niños, se otorga cada dos años por la International Board on Books for Young People (Comité Internacional sobre Libros para Gente Joven) a un autor y a un ilustrador vivo cuya obras íntegras hayan hecho perdurables contribuciones a la literatura para niños. Los ganadores serán anunciados el lunes 19 de marzo en la Feria del Libro para Niños de Bologna. Los cinco autores listados brevemente en orden alfabético son:

  • María Teresa Andruetto, de Argentina es una maestra en crear  libros sensibles, los cuales son profundos y poéticos y se refieren a una gran variedad de temas.
  • Paul Fleischman, de EEUU hace una contribución innovadora y única a la literatura para niños. El jurado valoró especialmente su habilidad para crear personajes y para incorporar la música en su obra.
  • Bart Moeyaert, de Bélgica presenta from Belgium presents descripciones sutiles de personajes fuertes al evocar atmósferas poéticas usando using un lenguaje que combina tanto el humor como la seriedad.
  • Jean-Claude Mourlevat, de Francia escribe para niños y adolescentes en muchos niveles diferentes, desde prosa poética hasta fantasía o hasta realismo; la música es una fuente constante de inspiración para él.
  • Bianca Pitzorno, de Italia usa textos variados e imaginativos para compartir la complicidad con sus lectores, utilizando el humor y una hábil construcción de personajes.

Los cinco ilustradores listados brevemente en orden alfabético son:

  • Mohammad Ali Beniasadi, de Irán utiliza diferentes técnicas, color y colour y un sutil sentido del humor en su obra.
  • John Burningham, del Reino Unido utiliza una delicada ironía mezclada con inocencia y alta seriedad que con su uso de la línea y el color, crea una intimidad con el lector.
  • Roger Mello, de Brasil le cuenta al lector acerca de cultura popular, viejas leyendas y las tradiciones de Brasil por su sutil uso de las emociones que expresa al utilizar colores brillantes e imágenes que están llenas de significado.
  • Peter Sís, de la República Checa tiene una originalidad extraordinaria y utiliza su poderosa imaginación para crear historias complejas y bien documentadas utilizando diseños diferentes y técnicas artísticas.
  • Javier Zabala, de España tiene la gran habilidad para transformar el lenguaje gráfico en signos narrativos mediante representaciones complejas, intuitivas y detalladas.

Los diez miembros del Jurado de 2012 estuvieron encabezados por la Presidenta del Jurado María Jesús Gil, de España. Fueron: Anastasia Arkhipova (Rusia), Françoise Ballenger (Francia), Ernest Bond (EEUU), Sabine Fuchs (Austria), Ayfer Gürdal Ünal (Turquía), Jan Hansson (Suecia), Eva Kaliskami (Grecia), Nora Lía Sormani (Argentina), Sahar Tarhandeh (Irán) y Regina Zilberman (Brasil). Elda Nogueira, de Brasil representó a IBBY y Liz Page actuó como Secretaria del Jurado.

* * *

Escritores ganadores de los premios Hans Christian Andersen:

2010 David Almond (Reino Unido)
2008 Jürg Schubiger (Suiza)
2006 Margaret Mahy (Nueva Zelanda)
2004 Martin Waddell (Irlanda)
2002 Aidan Chambers (Reino Unido)
2000 Ana Maria Machado (Brasil)
1998 Katherine Paterson (EEUU)
1996 Uri Orlev (Israel)
1994 Michio Mado (Japón)
1992 Virginia Hamilton (EEUU)
1990 Tormod Haugen (Noruega)
1988 Annie M. G. Schmidt (Holanda)
1986 Patricia Wrightson (Australia)
1984 Christine Nöstlinger (Austria)
1982 Lygia Bojunga Nunes (Brasil)
1980 Bohumil Říha (Checoslovaquia)
1978 Paula Fox (EEUU)
1976 Cecil Bødker (Dinamarca)
1974 Maria Gripe (Suecia)
1972 Scott O’Dell (EEUU)
1970 Gianni Rodari (Italia)
1968 James Krüss (Alemania), José Maria Sanchez-Silva (España)
1966 Tove Jansson (Finlandia)
1964 René Guillot (Francia)
1962 Meindert DeJong (EEUU)
1960 Erich Kästner (Alemania)
1958 Astrid Lindgren (Suecia)
1956 Eleanor Farjeon (Reino Unido)

Ilustradores ganadores del Premio Hans Christian Andersen:

2010 Jutta Bauer (Alemania)
2008 Roberto Innocenti (Italia)
2006 Wolf Erlbruch (Alemania)
2004 Max Velthuijs (Holanda)
2002 Quentin Blake (Reino Unido)
2000 Anthony Browne (Reino Unido)
1998 Tomi Ungerer (Francia)
1996 Klaus Ensikat (Alemania)
1994 Jörg Müller (Suiza)
1992 Kvĕta Pacovská (República Checa)
1990 Lisbeth Zwerger (Austria)
1988 Dusan Kállay (Checoslovaquia)
1986 Robert Ingpen (Australia)
1984 Mitsumasa Anno (Japón)
1982 Zbigniew Rychlicki (Polonia)
1980 Suekichi Akaba (Japón)
1978 Svend Otto S. (Dinamarca)
1976 Tatjana Mawrina (Unión Soviética)
1974 Farshid Mesghali (Irán)
1972 Ib Spang Olsen (Dinamarca)
1970 Maurice Sendak (EEUU)
1968 Jiří Trnka (Checoslovaquia)
1966 Alois Carigiet (Suiza)

* * *

María Teresa Andruetto nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina.

Obras: Tama (1992), Palabras al rescoldo (poemas, 1993), Pavese y otros poemas (poemas, 1998), Stefano (1998), Kodak (poemas, 2001), Todo movimiento es cacería (cuentos, 2002), Veladuras (2005), Beatriz (poemas, 2005), Enero (teatro, 2005) Pavese/Kodak (poemas, 2008),Sueño americano (poemas, 2009), Tendedero (poemas, 2009), La mujer en cuestión (2009), Lengua madre (2010).

Es autora de numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (1993), Huellas en la arena (1998), La mujer vampiro (2000), Benjamino (2003), El país de Juan (2003), El árbol de lilas (2006), Agua cero (2007), Trenes (2007), El incendio (2008) y Campeón (2009).

Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (2008) y El taller de escritura en la escuela (2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (2009).

www.teresaandruetto.com.ar

Fred Philibert y Anne Dupoizat / Mon petit frére de la lune (Mi hermanito de la luna)

El mundo de la luna… explorarlo con atención. Para entender a nuestro pequeño hombre, hay que sentarse, mirar y no hacer caso a sus gestos retraídos sino llevarle a intentar probar un poco de nuestro mundo.

Tenemos que ser pacientes para conseguir atrapar la luna con un hilo de oro y atraerla hasta nuestro viejo planeta.

¿Hasta qué punto este hermanito vendrá a nuestro encuentro? ¿Hasta qué punto podremos ir a su encuentro?

Hoy me hicieron llegar este hermoso corto porque el 2 de abril es el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo. Es muy importante que se haya declarado un día para ello, pero no quiero esperar ese día para subirlo al blog, porque las personas autistas todos los días son merecedoras de nuestra consideración, respeto y amor.

Del sitio oficial de Naciones Unidas www.un.org:

El autismo es una discapacidad permanente del desarrollo que se manifiesta en los tres primeros años de edad. La tasa del autismo en todas las regiones del mundo es alta y tiene un terrible impacto en los niños, sus familias, las comunidades y la sociedad.

A lo largo de su historia, el Sistema de las Naciones Unidas ha promovido los derechos y el bienestar de los discapacitados, incluidos los niños con discapacidades de desarrollo. En 2008, la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad entró en vigor, reafirmando el principio fundamental de universalidad de los derechos humanos para todos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por unanimidad el 2 de abril como Día Mundial de Concientización sobre el Autismo (A/RES/62/139) para poner de relieve la necesidad de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los niños y adultos que sufren este trastorno.

* * *

Corto realizado por Fred Philibert y Anne Dupoizat, 2007.

Premiado en el Festival de Cine Independiente de Osnabrück, Alemania (2008).

Seleccionado para el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary (República Checa, 2010), Festival de las Naciones, Ebensee (Austria, 2010), Festival Internacional de Cortometrajes de Dresden (Alemania, 2010), Leipzig – Festival Internacional de Cine Documental y de Animación (Alemania, 2009), Seoul International Cartoon & Animation Festival (Corea del Sur, 2009), Sacramento – Festival de cine francés (Estados Unidos, 2009), Sydney – Festival de Cine (Australia, 2009), Trickfilm – Festival Internacional de Cine de Animación de Stuttgart (Alemania, 2009), AniFest – Festival internacional de cine de animación de Teplice (República Checa, 2009), Bratislava – Festival de cine francófono (Eslovaquia, 2009), Nueva York – Rendez-vous With French Cinema Today (Estados Unidos, 2009), Brest – Festival Europeo de Cortometrajes (Francia, 2008), Festival Itinerante de Cine Europeo de Ankara (Turquía, 2008), Festival de Cine Independiente de Osnabrück (Alemania, 2008), Festival Internacional de Cine Francófono de Namur (Bélgica, 2008), Festival Internacional de Animación de Ottawa (Canadá, 2008), Festival Internacional de Cortometrajes y Nuevas Imágenes de Roma (Arcipelago) (Italia,- 2008), Brooklyn – Festival Internacional de Cine (Estados Unidos, 2008), Festival de cortometrajes de Bruselas (Bélgica, 2008).

The SCAR Project. Breast Cancer Is Not A Pink Ribbon (Proyecto CICATRIZ. El cáncer de mama no es una cinta rosa)

El Proyecto CICATRIZ es una serie de retratos de gran tamaño, de jóvenes sobrevivientes al cáncer de mama tomadas por el fotógrafo de modas David Jay. Primariamente como una campaña de sensibilización, el Proyecto CICATRIZ pone un rostro crudo, inquebrantable sobre el cáncer de mama de inicio temprano mientras que rinde tributo al coraje y al espíritu de tantas valientes mujeres jóvenes.

Dedicado a las más de 10000 mujeres menores de 40 años que serán diagnosticadas sólo este año, el Proyecto CICATRIZ es un ejercicio de conciencia, esperanza, reflexión y curación. La misión es triple: aumentar la conciencia pública sobre el cáncer de mama de inicio temprano, recaudar fondos para la investigación sobre el cáncer de mama/programas de extensión y ayudar a las jóvenes sobrevivientes a ver sus cicatrices, rostros, figuras y experiencias a través de una nueva lente, honesta y en última instancia generadora de poder.

El cáncer de mama es la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres jóvenes entre 15 a 40 años. Las participantes del Proyecto CICATRIZ van desde los 18 a 35 años, y representan a este grupo a menudo pasado por alto de mujeres jóvenes que viven con el cáncer de mama. Ellas viajan a través de EEUU -y el mundo- para ser fotografiadas para el Proyecto CICATRIZ. Ahora son casi 100 personas. La más joven tiene 18 años.

Aunque Jay comenzó a tomar fotografías para el Proyecto CICATRIZ sobre todo como una campaña de sensibilización, él no estaba preparado para algo mucho más inmediato… y hermoso: “Para estas mujeres jóvenes, que tienen su retrato tomado representa su victoria personal sobre esta enfermedad terrible. Les ayuda a recuperar su feminidad, la sexualidad, la identidad y el poder después de haber sido despojadas de una parte tan importante de ella mismas. A través de estas imágenes simples, ellas parecen tener cierta aceptación de lo que les ha sucedido y la fuerza para seguir adelante con orgullo”.

(Traducción propia del texto de presentación de thescarproject.org)

***

David Jay nació en EEUU el 24 de abril de 1982.

davidjay.com

thescarproject.org

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Mónica Beltrán / Los docentes, eje del problema. La inversión educativa nunca fue tan alta, pero los chicos no aprenden

(Publicado en Perfil, 13.11.2011)

La Argentina invierte el 6,47% del PBI en educación, cifra inédita en su historia y que supera lo recomendado por la Unesco, y los salarios docentes aumentaron 530% en ocho años. Sin embargo, la percepción generalizada es que la educación pública es de muy baja calidad. Una de las causas: los docentes no conocen los contenidos que fija el Estado.

Contrastes. En estos años se construyeron muchas escuelas, pero falta un "denominador común" en la formación de los alumnos, lo que iguala a todos.

Ya 500 años antes de Cristo, el filósofo chino Confucio sentenció: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”. Sin embargo, ese gran punto de acuerdo, en el que podrían confluir los más diversos sectores de la sociedad argentina, más allá de sus ideologías o adhesiones partidarias, sigue siendo una deuda pendiente y no se vislumbra con facilidad cuáles son los caminos sugeridos para que sea una realidad. Aunque la Argentina invierte el 6,47% de su PBI en educación –casi 3 puntos más que en 2003–, los salarios docentes crecieron el 530% en ocho años, se entregaron netbooks y se repararon edificios, los chicos siguen sin aprender. Así lo indican las pruebas internacionales de evaluación de la calidad, pero también el sentido común de los padres que lo comprueban cada día que deciden mirar las carpetas de sus hijos.

Especialistas del Cippec, interesados en investigar cuáles son los caminos para que la Argentina logre cumplir con su apuesta ambiciosa de garantizar el derecho a la educación de todos los chicos, como fija la Ley Nacional de Educación, aseguraron que al sistema educativo le falta mucho para garantizar lo que ahora se denomina justicia educativa para todos.

La coordinadora del Programa Educativo, Cecilia Veleda, señala con preocupación: “Lo que cada docente enseña en el aula depende más de los materiales que le caen en la mano y de sus propias prioridades, que de los objetivos básicos fijados por el Estado”. Es que está convencida de que la mayoría de los educadores no conoce lo mínimo que tiene que enseñar, objetivos contemplados en el documento Núcleos de Acción Prioritaria (NAP), aprobado por los ministros de Educación de todas las provincias durante la gestión de Daniel Filmus.

Los NAP no son respetados por los docentes, pero tampoco por los directores ni los supervisores y, en algunos casos, no llegaron a completarse aún para los últimos años del secundario.

“No es el único problema, pero es un punto muy importante” –dijo Veleda–, para quien los NAP son una medida de justicia porque “generan un denominador común, una cultura común”. En el libro La construcción de la justicia educativa, editado por Cippec y Unicef, la especialista asegura que “todos deberían compartir ciertos fundamentos culturales indispensables para la inserción en el mercado laboral, el desarrollo de los estudios superiores, la participación ciudadana o, incluso, para el desarrollo personal, saberes difíciles de adquirir fuera de la escuela”.

La educación suele aparecer como una de las principales preocupaciones. Incluso dos días después de los comicios presidenciales, una investigación del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Sociales (UBA) reveló que la sociedad le demandaba a la Presidenta reelecta que se ocupara principalmente de la seguridad y la educación.  Paradójicamente, no fue uno de los temas que concentró la atención en el último debate electoral, en el que la mayoría de los partidos sólo dijeron generalidades.

En el fondo de la tabla. En los últimos resultados de las pruebas internacionales de evaluación PISA, la Argentina ocupó el lugar 58 entre los 65 países que participaron. Las autoridades educativas cuestionan la validez de esos resultados porque consideran que se utilizan parámetros propios de los países de la OCDE, pero discutibles para América latina. Sin embargo, el año próximo el país volverá a participar. En esa oportunidad, la Ciudad de Buenos Aires tendrá su propio capítulo PISA, en el marco de una política dispuesta por el Gobierno porteño, que multiplicó las evaluaciones. Hace una semana, completaron una prueba censal a los 27 mil alumnos que en 2011 terminan quinto año; evaluaron también la práctica áulica de docentes que se ofrecieron voluntariamente para la experiencia y se tomaron este año pruebas a 10 mil chicos de 15 años, de escuelas públicas y privadas.

“Evaluamos para mejorar por eso devolvemos todos los datos al sistema educativo”, dice Mercedes Miguel, directora de Planeamiento Educativo de la Ciudad de Buenos Aires. La funcionaria fue cauta a la hora de opinar sobre la calidad del sistema educativo: “Nosotros valoramos el esfuerzo que hicimos como país en aumentar la inversión, luego creemos que la inversión en sí misma no trae aparejada calidad”.

“Estamos evaluando cada día más intensamente. En pocos días, vamos a dar a conocer los resultados del Operativo Nacional de Evaluación (ONE) 2010, que fue censal para quienes finalizaron el quinto año del secundario. Confiamos en que va a haber buenas noticias. Y vamos por más evaluación con un censo en la primaria el próximo año”, precisó el subsecretario de Planeamiento Educativo de la Nación, Eduardo Aragundi.

Aunque en la cartera educativa no quisieron adelantar los resultados del ONE, que podrían conocerse en dos o tres semanas más, según fuentes educativas, las escuelas podrán acceder a los resultados de cada institución vía Web, ingresando con una clave, y en marzo llegarán a las escuelas cuadernos pedagógicos para trabajar sobre las dificultades.

El modelo del vecino. Un modelo que se sigue con atención es Brasil, un país con mayores bolsones de pobreza que la Argentina y con un Indice de Desarrollo Humano (IDH) levemente más bajo (0.718), pero que logró que su sistema educativo mejorara al mismo tiempo que expandió su matrícula escolar. “Lo de Brasil es casi un milagro porque logró las dos cosas juntas, a base de instalar una cultura de evaluación en las escuelas”, explicó Veleda.

“En la Argentina, las políticas implementadas hasta ahora no significan mejora porque no empujan hacia la calidad –opinó Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (Cippec), quien agregó: “Si uno  las compara con lo que pasa del otro lado de la frontera, en Brasil, las escuelas tienen más recursos y más autonomía, pero  mejoran sus indicadores de calidad y de retención. Es que el Estado les manda un mensaje:  ‘Si mejorás tenés tales condiciones’”. Para Iaies, lo hecho tiene más que ver con políticas “de reparación”. “La discusión –dijo– es si esa política no debería haber sido simultánea con una de mejoramiento de la calidad, pero eso es pasado. La idea es que el sistema está hoy en mejores condiciones de encarar una política de mejoramiento de la calidad y la equidad.”

¿Inclusión vs calidad? Para el Gobierno nacional, la calidad no tiene sólo que ver con el rendimiento concreto de los chicos en el aula, sino también con el acceso y la permanencia de nuevos sectores sociales en las escuelas. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, aseguró a PERFIL que cree en “un concepto de calidad más amplio: la construcción de 1.800 escuelas, los 45 millones de libros entregados a chicos que cada vez usan menos  fotocopias, las 1.800.000 netbook es una parte de la calidad. La calidad se construye en un continuo de medidas, algunas son materiales y otras son el mejoramiento de las técnicas pedagógicas, que en eso estamos”, dijo el ministro.

Sileoni presentó el martes 8 un estudio sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en las escuelas. La matrícula no creció tanto como se había anunciado en un principio. En 2010, hubo 167.160 alumnos más que el año anterior, es decir, un crecimiento de matrícula del 1% y no del 25% que las autoridades educativas habían anunciado eufóricas a comienzos del año pasado. “El impacto no se vio tanto en cantidad de alumnos, que hoy son unos 130 mil más que en 2009, como en aumento del presentismo de los chicos. Van más a la escuela, faltan menos, tienen acceso a otros insumos, llevan útiles nuevos, eligen la comida en el comedor”, precisó el ministro. Es decir la AUH habría aumentado más la retención que la expansión de la matrícula, según la cartera educativa.

Una de las consecuencias no deseables de la retención, que trajo muchos conflictos aún no resueltos en las escuelas, es el aumento de la sobreedad; es decir, el incremento de la cantidad de chicos que cursan un año o más inferior al que tendrían que transitar por su edad. Esa tasa alcanza al 25% en primaria y 43% en secundaria básica, según datos oficiales. De los tres índices indicativos de problemas en la educación  (deserción y repitencia son los otros dos) el de sobreedad es el que más creció en forma constante desde  2003, cuando era del 37.7%.

El ausentismo docente. 
Otro tema del que poco se habla es el elevado ausentismo de los maestros. En el último número de una revista editada por el sindicato docente Ctera, dedicado íntegramente al tema evaluación del sistema educativo, la investigadora de Flacso, Inés Dussel, se animó a dar el debate “necesario sobre el ausentismo docente” que, según fuentes educativas, en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires alcanzó este año al 40%.

“Lo peor es el goteo: las dos horas de física del lunes que se suman a las dos de inglés del martes, a la licencia por problemas de salud del miércoles y el día por examen del profesor del viernes. Horas y horas sin clases que se suman en las escuelas públicas, mientras en las privadas sigue habiendo una continuidad. Esto es un tema de falta de conciencia también del rol docente”, confió a PERFIL un sindicalista docente.

“Muchos colegas que no saben o no pueden resolver su situación de otra manera, eligen esa vía (el ausentismo) para compensar su sufrimiento laboral. Lo terrible es que las faltas son más frecuentes en las instituciones públicas que atienden a sectores sociales mas precarizados, donde las sanciones serán menores si es que existen. Es poco probable que se falte a los colegios privados caros, porque correría riesgo el empleo”, expresó Dussel.

Un aspecto que sobrevuela los debates más actuales sobre educación en la Argentina, tiene que ver con la necesidad de que los maestros se asuman de una vez y para siempre como funcionarios públicos, con derechos, pero también con obligaciones.

Nadie niega las múltiples dificultades con las que se encuentra un maestro en aulas muchas veces superpobladas, con chicos que son víctimas de maltrato o violencia, que tienen dificultades para respetar límites y que muchas veces no tienen la asistencia técnica mínima necesaria (gabinete psicopedagógico) para atender esas cuestiones sociales que no golpean la puerta antes de entrar. Pero esa es la realidad de muchos otros empleos en la actualidad y la docencia no deja de ser una de las carreras que más creció en la Argentina en los últimos años y que, por lo tanto, seguirá ofreciendo nuevas fuentes de trabajo como ninguna otra profesión lo hace. El sistema educativo se democratiza, la matrícula se sigue expandiendo y cada vez el Estado deberá tomar más maestros como empleados para dar respuesta.

Hay todavía en la Argentina demasiados jóvenes que no trabajan ni estudian. Datos del organismo internacional Siteal indican que en 2009 representaban el 31,9% en niveles bajos, 20,2% en niveles medios y 8,5% en niveles altos. En los tres niveles este indicador se sitúa en la Argentina por encima de Brasil, Colombia, Bolivia y Perú. Lo esperable es que  se integren a las aulas, pero también tienen que aprender y egresar.

Esa posibilidad depende en parte de una docencia comprometida, que se sienta protagonista de dar vuelta, con su acción y su ejemplo, la vida de chicos que pasan mil horas al año frente a un televisor y sólo 800 horas, con suerte, en la escuela. “Se debería tomar posición ante un contexto donde los chicos están formándose cada vez más por los contenidos de la televisión y que circulan por internet. La escuela podría proponer de una manera más contundente y clara modelos de referencia alternativa al dinero, la fama y el éxito como valores máximos”, disparó, polémica, Veleda.

El 76 por ciento de víctimas de violencia de género son mujeres de entre 15 y 34 años

(Publicado en perfil.com, 24.11.2011)

Cómo se reproduce el mapa de las víctimas durante 2011. Qué dicen las autoridades.

El 76 por ciento de los casos de violencia familiar y sexual de la provincia de Buenos Aires tiene como víctimas a mujeres de entre 15 y 34 años, informó el ministerio de Salud bonaerense. Así lo revelan las primeras estadísticas oficiales de violencia de género en la Provincia de Buenos Aires dada a conocer por la cartera sanitaria provincial.

Los tipos más frecuentes de violencia detectada fueron de tipo física, con el 38 por ciento de los casos; seguida por la violencia verbal y/o psicológica, con el 31 por ciento; y la violencia sexual, que abarcó al 15 por ciento de los casos.

El ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia, aseguró que “es muy importante contar con cifras e información precisa que permitan conocer la magnitud de la violencia de género, ya que nos posibilita aplicar políticas públicas ajustadas a la realidad para prevenirla y contener a las víctimas”.

Las primeras Estadísticas sobre Violencia Familiar y Sexual del Programa Provincial de Salud fueron realizadas en hospitales públicos y centros de atención primaria de las regiones sanitarias IV, VII, VIII y XI de la provincia de Buenos Aires. Según precisó la cartera provincial, se contabilizaron 244 casos en lo que va de 2011.

Los datos fueron producidos por las direcciones de Epidemiología y Medicina Preventiva del Ministerio y de los 244 casos registrados en 2011, la mayoría corresponde a mujeres de entre 15 a 24 años, seguidas por el grupo de edad que va entre los 25 y 34 años; en tercer lugar, en tanto, las víctimas registran entre 10 a 14 años de edad.

En los 244 casos de violencia de género contabilizados 104 fueron de violencia física, 87 de violencia psicológica y/o sexual, 67 de violencia física y verbal y/o psicológica, 39 de violencia sexual, 23 de violencia económica y 8 de violencia física y sexual.

Otro dato que surge del estudio es que la violencia física es preponderante en mujeres de 15 a 34 años; la violencia sexual es preponderante en mujeres de 10 a 14 años: 17 de 39 casos; y la violencia verbal y/o psicológica es preponderante en mujeres de 25 a 34 años.

Por último, un dato esperable es que la violencia familiar y sexual se da mayormente en casos de convivencia: en el 51 por ciento de los casos la víctima convive con su agresor.

Sólo 78 países de los 192 que conforman la ONU tienen información estadística sobre violencia de género y, en América Latina y el Caribe, sólo 16 países cuentan con información sobre violencia de género.

Según la Iglesia, el 35% de los habitantes del área metropolitana es pobre

(Publicado en La Nación, 18.11.2011)

Estas cifras difieren de las que maneja el Gobierno nacional; de acuerdo al informe, un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo

La Iglesia advirtió hoy que es pobre el 35 por ciento de los 12,8 millones de habitantes del área metropolitana, al presentar un diagnóstico de la realidad social local que difiere de las cifras que maneja el Gobierno nacional y que reveló que un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo.

El estudio de Cáritas Argentina y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina determinó que el 10 por ciento del total de habitantes reside en villas de emergencia y casi el 13 por ciento vive “hacinada” en viviendas donde se registra la presencia de tres o más personas por cuarto.

El informe social alertó, además, que un 13 por ciento de la población padeció hambre o tuvo dificultades para acceder a alimentos, y que uno de cada diez niños de entre 5 y 17 años realizó una actividad laboral en forma regular.

Mónica Cruppi / Lo que consumimos todo el día

(Publicado en diario La Nación, 30.9.2011)

El conflicto es multicausal. La violencia que vivimos día tras día en el nivel escolar es la misma que la sociedad consume todo el día y durante las 24 horas.

La escuela no es un lugar aislado y la agresión con la que los niños conviven en la casa, en la calle y en la televisión se traslada a la escuela. Sería imposible que las aulas quedaran al margen de esta situación.

Tampoco es un problema social aislado y dentro del ámbito local. La escalada de violencia en este escenario educativo tiene réplicas en todo el mundo y las noticias sobre el tema son repetidas diariamente por los medios de comunicación.

El fenómeno es global. En la actualidad se recurre a los golpes, los insultos y los agravios amparándose en la defensa de los derechos individuales. Caen las instituciones, caen los valores morales, caen la función paterna y la autoridad. Y la violencia está en plena escalada.

En la Argentina la escuela dejó de tener el papel principal de institución educativa. Allí ya no sólo se enseña y se aprende. Hoy las escuelas se articulan como guarderías, hogares de contención y amparo para los chicos.

Cuando el conflicto llega a la escuela es necesario dirigir la mirada hacia otro lugar: como en cualquier orden de la vida, todo comienza en casa, donde el niño nace y se construye socialmente como persona. La nueva generación de padres está desorientada, agotada en sus funciones y carente de recursos. El límite que es bueno y necesario imponer en la crianza se confunde con el reto, el grito y el castigo sin argumento, y la falta de autoridad de los padres se convierte en el autoritarismo de sus hijos.

En la etapa de crecimiento, la imitación es uno de los bastiones del aprendizaje. Copiar lo que se ve, imitar lo que se tiene al lado, reproducir lo que miro a mi alrededor. Y en esos actos cotidianos está la violencia, que se encarniza en las mentes más débiles y fértiles, como la de los niños y los adolescentes.

Otra causa del fenómeno que aqueja a la comunidad educativa y que juega un papel protagónico dentro del análisis es el quiebre de la cultura del trabajo, entendido como un camino de esfuerzo continuo.

He visto en más de una situación cómo un alumno no admite el aplazo académico y la desaprobación. Y he visto en más de una oportunidad el reclamo de los padres detrás del enojo inicial del alumno, que valida la soberbia de su hijo desautorizando la acción del maestro. Los padres vs. los maestros, así muchas veces está planteada la relación.

Urge un tratamiento interdisciplinario para encarar el conflicto. Volver al diálogo y a la reflexión es imperante. Recuperar la palabra perdida para desterrar la violencia encarnizada.

* * *

La autora es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Mónica Beltrán / La escritura cursiva se extingue y hay debate por su efecto en el pensamiento

(Publicado en Perfil, 2.10.2011)

DEJAR DE USARLA PODRIA TRAER ENVEJECIMIENTO PREMATURO CEREBRAL

Cada vez menos estudiantes de todos los niveles de los establecimientos argentinos pueden escribir correctamente –y hacerse entender– a mano, con letra cursiva. A diferencia de cuando la caligrafía era una materia obligatoria, hoy la computadora y el celular aparecen como los principales enemigos de una tarea que amenaza con convertirse en anacrónica. Los expertos dudan si la pérdida de la cursiva traería o no consecuencias en la organización de estructuras mentales.

Escribir a mano, con birome o lapicera, está en desuso y pocos entienden que mantener ese hábito tenga alguna utilidad. Sin embargo, hay especialistas que aseguran que perder la costumbre de escribir a mano puede traer consecuencias en el pensamiento y hasta acelerar el envejecimiento cerebral. Como en todo, hay caminos alternativos, términos medios que es necesario transitar.

“Profe, me olvidé cómo se escribe. Estoy tan acostumbrada al celular y la computadora que no me salen las letras”, le dijo una estudiante de quinto año de Psicología de la Universidad del Salvador a su profesora, Laura Waisman, docente de la cátedra de Orientación Vocacional. La docente, que se lo contó a PERFIL, confiesa que no lo podía creer.

Pero toda la responsabilidad no es de las nuevas tecnologías. Si así fuera, la cosa tendería a agravarse con la incorporación de las netbooks en las escuelas secundarias de todo el país y en las primarias, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. El problema principal es que los chicos no entienden la utilidad de seguir escribiendo a mano y que los maestros no siempre registran este asunto como un problema más del aprendizaje.

“El problema de la caligrafía en mi escuela es de mucho tiempo. Antes de que llegaran las computadoras a las escuelas, ya muchos chicos tenían grafías casi indescifrables, para decir verdad no tengo certezas sobre los motivos pero siempre me rondó por la cabeza la idea de que en la escuela pocas veces la escritura tiene una función verdadera, nunca se escribe con una verdadera intención comunicativa”, opina la profesora Adriana Bargallo, profesora de Prácticas del Lenguaje en la Escuela Secundaria Básica Nº 49 de Moreno.

“Siempre les digo a mis alumnos que, si bien estamos rodeados de tecnologías, la escritura a mano está más ligada al mundo interno de las personas, al casero, al íntimo, al de los sentimientos más profundos, y que no tienen que perderse eso”, dice la docente a PERFIL.

El síntoma está extendido en las escuelas. Un informe de la Unesco de junio último advirtió que siete de cada diez alumnos argentinos presentaron escritos que resultan indescifrables en un estudio de habilidades de los estudiantes de América latina y el Caribe. Pero, además, reconoce que el fenómeno no es sólo en este país sino en toda la región. Y en Italia, la Sociedad de Pediatría acaba de alertar que la caligrafía está en vías de extinción debido al uso cada vez más extendido de los teclados.

“El uso de la mano tiene una parte muy grande de representación cortical, así como lo visual tiene su parte. Cada parte del cuerpo da órdenes al cerebro. Si cada vez se usa menos la escritura manual, hay riesgo de que el cerebro funcione distinto. La escritura permite la organización de estructuras a nivel cerebral que hacen memorizar las palabras, la sintaxis; una cantidad de datos que luego van a ser elaborados para estructurar el pensamiento”, explica el neurólogo infantil León Benasayag.

La pregunta,pese al temor que provoca, resulta insoslayable: ¿los jóvenes de hoy, entonces, tendrán cerebros envejecidos prematuramente?

El especialista, que es profesor de Neurología en la UBA y fellow de la Royal Society of Medicine de Londres, deja abierto el problema: “Si se tiene en cuenta que a las personas, para mantenerse jóvenes, se les recomienda que hagan crucigramas, ejercicios manuales, palabras cruzadas y que ejerciten sus manos y sus funciones intelectuales, podría pensarse en que sí habría jóvenes con cerebros cada vez más viejos. Pero como no se ha investigado lo suficiente sobre los cambios que producirán las nuevas funciones que se van desarrollando con la tecnología, hoy no es posible dar una respuesta única”.

Para la psicopedagoga Gabriela Dueñas, pensar que la falta de uso de la mano puede repercutir en el pensamiento es exagerado: “¿Por qué no pensar que con el Blackberry, por ejemplo, se usan los pulgares que antes casi no los movíamos y que, tal vez, esto ponga en marcha nuevas zonas cerebrales?”, se pregunta. La especialista, que trabaja en el Instituto Lasalle de Florida, advierte que los cambios siempre “provocan una revolución” en el mundo educativo y “ante la incertidumbre, muchos tienden a cerrarse a lo desconocido”.

Para Dueñas, todavía hay temas que la escuela debe resolver sobre el uso de la palabra escrita, como el caso de los chicos que llegan al consultorio porque “el aprendizaje de la cursiva” sigue siendo uno de los principales obstáculos de los chicos a la hora de aprender. “Nos consultan por disgrafías, dislexias y, cuando se evalúa, el resultado es que el problema tiene que ver con la mayor familiaridad que los chicos tienen con la letra de imprenta por los medios audiovisuales”. No estaría mal –sugiere– que la escuela revise si es necesario poner tanto acento en la cursiva, que podría convertirse en poco tiempo en “un elemento más que se enseñe como un bien cultural histórico, como ocurre con los números romanos”.

Mori Ponsowy. Violencia en las escuelas

(Publicado en el diario La Nación, 20.11.2007)

Los casos de violencia adolescente y juvenil en los centros de enseñanza han dejado de ser hechos aislados para convertirse en un fenómeno creciente y mundial: ocurre en la Argentina, en EE.UU., en Finlandia, en España. No tenemos tiempo para reponernos de una noticia, cuando ya la próxima nos deja sin aliento. En Corrientes, el 30 de septiembre, un chico de 12 años asesinó a cuchillazos a un compañero de clase. Según dijo a la policía, tenía pensado matar a dos más. El 10 de octubre, en una escuela de Ohio, un chico de 14 disparó a mansalva en un pasillo del colegio al que asistía. En una escuela del sur de Finlandia, el 7 de noviembre, un joven de 18 años mató a siete estudiantes y después se suicidó. Tres meses antes, alumnos de la Escuela Provincial EET N° 468, de Rosario, habían destruido un aula para luego subir el video a YouTube, para hacer ostentación de su vandalismo. En abril, en la Universidad Politécnica de Virginia, un estudiante mató a 32 personas y se suicidó, no sin antes enviar un video a un canal de televisión en el que justificaba sus actos y demostraba que había planeado la masacre con meses de anticipación.

Caricatura: Alfredo Sabat

Es verdad que siempre ha habido jóvenes y adolescentes violentos. También es verdad que la adolescencia es época de rebeldía y rechazo de las normas heredadas. Sin embargo, lo novedoso de todos estos casos es la saña, la sangre fría, la premeditación con que los chicos realizaron sus crímenes. No se trata, como hasta hace unos años, de peleas callejeras, trifulcas entre pandillas, puñetazos a la nariz del otro. Se trata de chicos armados que matan para vengarse. Se trata de chicos que eligen la escuela -y no el baldío de la esquina- como el mejor lugar para dar rienda suelta a su odio. Se trata, también, de una violencia sin ideología: no son chicos que luchan contra dictaduras o que piden más libertad. Son, simplemente, chicos que deciden agredir a otros de su misma edad.

¿Por qué en las escuelas? ¿Por qué a los propios compañeros? ¿Por qué estos crímenes perpetrados no para robar ni para obtener un beneficio material, sino sólo para dañar a otros que son pares? La respuesta fácil es achacar los crímenes a cierto tipo de locura o enfermedad individual; decir que esos chicos “tienen problemas”, que vienen de familias destrozadas, que son raros y solitarios. La respuesta fácil es no darnos cuenta de que la noticia nos toca y de que, querámoslo o no, los mayores también tenemos algo que ver.

“Las faltas de los niños, de los criados, de los débiles, de los pobres y de los ignorantes son faltas de los padres, de los maestros, de los fuertes, de los ricos y de los sabios”, escribió Victor Hugo en el siglo XIX. Estoy convencida de que en el XXI, las faltas de los adolescentes son faltas de todos nosotros no sólo como padres, sino también como miembros de la sociedad que hemos creado para cobijarlos.

Los adolescentes de hoy son hijos de padres que ahora rondamos los cuarenta. Nuestra generación se rebeló contra todo tipo de tiranías, desde las familiares hasta las políticas. Nuestra bandera fue siempre la libertad y así educamos a nuestros niños: convencidos de que la igualdad y la libertad son los valores supremos. Por eso, a diferencia de cómo fuimos criados, al convertirnos en padres preferimos razonar con los chicos antes que castigarlos, velar por su felicidad antes que por su integridad moral, y dejarlos elegir antes que sentirnos tiranos.

Es frecuente escuchar a padres de adolescentes protestar acerca del tiempo que sus hijos pasan frente a la televisión, la computadora o la play-station . Más frecuente aún es que nos quejemos del horario de sus fiestas, la edad a la que empiezan a consumir alcohol, su desinterés hacia el estudio o el trabajo, la facilidad con que pueden adquirir drogas. Nos quejamos, pero, por lo general, nos quedamos de brazos cruzados y seguimos nuestras vidas dejando que ellos sigan con las suyas.

“K-pos”, dice en Internet uno de los comentarios del video que los chicos que destrozaron el aula en aquella escuela de Rosario subieron a YouTube. “¡Qué grandes!”, dice otro. Esto no es más que una muestra de los valores de muchos adolescentes. En cambio, los comentarios de los adultos suenan como éste: “Eramos bebes de pecho, comparados con estos cretinos. Pero el mundo es así y nuestros muchachitos, hombres del futuro, así se van educando. Por suerte, cuando ellos tengan cuarenta años, yo ya estaré muerto”. En resumen: los jóvenes valoran a quien destruye y los adultos nos escandalizamos, como si no tuviéramos nada que ver en la formación de esos valores.

Urge que nos preguntemos si nuestra inocencia es verdadera. Al fin y al cabo, somos los adultos quienes dimos forma a la sociedad en la que viven los adolescentes. Y también somos nosotros los que nos cruzamos de brazos ante los horarios, los modos, el vocabulario, la desidia y los excesos de nuestros hijos. Como si ellos fueran más fuertes que nosotros, protestamos y tiramos la toalla, todo en una misma movida.

¿A qué obedece nuestra pasividad? En primer lugar, creo que tenemos miedo de convertirnos precisamente en los tiranos que siempre juramos no ser. En segundo lugar, también tenemos miedo de criar niños inadaptados si rechazamos con demasiado fervor las costumbres del grupo al que ellos pertenecen. A estos dos motivos hay que agregar otros más difíciles de asumir. Nosotros mismos estamos cansados y aturdidos: cansados de nuestras carreras en pos del éxito profesional y aturdidos por la velocidad de los cambios, la competencia atroz, el exceso de información, la precariedad de las certezas, la facilidad con que podemos ganar o perderlo todo en un instante. En el fondo, si nos quedamos de brazos cruzados ante muchas de las actitudes de nuestros adolescentes, no es porque nos parezca que nada de lo que hagamos o digamos podrá hacerles cambiar de rumbo, sino porque estamos convencidos de que lo que no va a cambiar de rumbo es la sociedad y la cultura a la que pertenecen.

Cruzarse de brazos o echar la culpa a otros no es honorable, sino fácil. Lo difícil es asumirnos como coautores del presente. ¿Qué juegos dejamos jugar a nuestros niños en sus consolas de video? ¿Qué programas les dejamos ver? ¿Cuánto hablamos con ellos? ¿Cuánto tiempo nos tomamos en escucharlos? ¿Qué medios de entretenimiento alternativo les proponemos?

Nuestra época exalta el poder, no la bondad o la inteligencia. Y nosotros, aunque no estamos de acuerdo, nos callamos ante nuestros hijos y los dejamos hacer. Vivimos vidas divididas. Como si tuviéramos varias personalidades a la vez, nos preocupamos por el medio ambiente, pero no hacemos nada por preservarlo; nos quejamos del exceso de violencia de la televisión, pero no dejamos de mirarla; nos desvelamos por nuestros hijos, pero cuando regresan del colegio no estamos en casa o estamos demasiado ocupados en otro tema.

Hasta hace dos décadas, la familia y la escuela eran las encargadas de transmitir los valores de la sociedad; hoy, los transmite el mercado. La escuela apenas imparte conocimiento y los adultos estamos tan empeñados en ganar la carrera del éxito, tan confundidos con nuestras propias contradicciones, que olvidamos que ser padres es mucho más que comprar alimentos y el último modelo de MP3. No somos inocentes. Evitando la tiranía, nos hicimos cómodos. Evitando alienar a nuestros hijos del grupo, nos plegamos a un montón con el que no estamos de acuerdo. Queriendo darles lo mejor, nos agotamos trabajando. Atendiendo a la libertad, en lugar de cobijarlos los hemos lanzado a la intemperie.

“Para educar a un niño se necesita la aldea entera”, dice un proverbio africano. Los adolescentes están enojados y creo que es porque los hemos dejado solos, sin valores, sin recursos emocionales con que hacer frente a la agresividad de los medios, de la publicidad, de la calle. Con sus excesos de alcohol, con su promiscuidad sexual, con su apatía o su violencia, los chicos nos están pidiendo que los cuidemos un poco más.

La infancia es la infancia y la adolescencia todavía no es la adultez. Amar a un adolescente no es dejarlo partir. Es darle las herramientas necesarias para poder partir cuando sea tiempo.

* * *

Mori Ponsowy nació en Argentina. Es poeta, novelista y periodista.

Obras: Abundancia (novela, 2010), No somos perfectas (entrevistas a mujeres, 2006), Enemigos afuera (poesía, 2000), Los colores de Inmaculada (2000).

Es cofundadora de la revista literaria La mujer de mi vida.

Fernanda Sandez / Explotación sexual infantil. Víctimas del peor delito

(Publicado en La Nación, 25.9.2011)

Según Unicef, dos millones de niños y adolescentes son explotados en la millonaria industria del comercio sexual en todo el mundo. En Buenos Aires, se habla de al menos 6000 víctimas. Por qué no hay estadísticas. Cómo funciona la omertá que, muchas veces, une en un pacto de silencio a madres, policías y funcionarios

Foto: Telam

Ahí están. Sólo es cuestión de fijarse. Por ahí andan, solos o en grupo, y casi siempre mezclados con adultos. Nenes y nenas. Tienen ocho, once, doce, trece años. A veces más, a veces menos. ¿Son menores? Sí, claro. Esa es la idea: que sean menores, menorísimos, tan menores como se pueda. Hace cuatro meses, con su característica elegancia verbal, Aníbal Fernández se refirió en Radio Nacional al apetito por los “genitales jóvenes, genitales sanos”.

Suena a zoncera siniestra, pero, aun sin haber sido probados, casos como los de Fernanda Aguirre, Sofía Herrera o María Cash hacen que sus palabras cobren otro peso, sobre todo porque rozan varias de las cuestiones que se juegan en la explotación sexual de niños y adolescentes: la juventud, que es también la fragilidad (física, social, económica), cierto guiño social a la erotización de la infancia (“¡Pero si es una nena!”, decía Francella, y estallaban las risas), y el poder detrás de cada transacción. El caso Candela -una de cuyas líneas de investigación, la trata, aún no ha sido descartada- volvió a poner el tema sobre el tapete, en una sociedad que se recrea con la erotización de la infancia y en donde niñas y jóvenes se desvanecen en el aire.

Aunque repulsiva, la idea de chiquilines trocando sexo por dinero no es nueva. Lo que sin dudas es novedoso es el alcance y hasta la celebración del sexo prepúber.

La antes llamada “prostitución infantil” cambia de nombre (hoy se habla de Explotación Sexual Comercial Infantil, o ESCI), pero no de mañas. Crece a la vista de todos. A la sombra de todos, amparada por una sociedad prostituyente que no sabe, no mira, no ve a sus niños, niñas y adolescentes rotos. La actual multiplicación de opciones de sexo con menores, que va desde “servicios” sexuales y pornografía hasta viajes “pedófilo-friendly”, parecería darle la razón. Pero además está lo otro. El dinero en juego. Según Unicef, a nivel mundial, “un número estimado en 2 millones de niños son explotados sexualmente en la multimillonaria industria del comercio sexual”.

Para las organizaciones que trabajan en contacto con esta realidad (la fuente más confiable, en definitiva, tratándose de un negocio por definición secreto), la situación a nivel nacional es más que alarmante. Sobre todo porque se calcula que por cada víctima “visible”, hay al menos dos más en las sombras. Según Fernando Mao, titular de la Red Nacional Alto al Tráfico, la Trata y la Explotación Sexual Comercial de niños, niñas y adolescentes (RATT), actualmente “sólo en la ciudad de Buenos Aires hay al menos 6000 víctimas de este delito. Pero además existe trata de niñas y adolescentes en la Triple Frontera, con fines de explotación sexual en el turismo. La mayoría proviene de sectores vulnerables de las provincias del Norte, pasa a provincias en las que están los ‘centros de ablandamiento’ y de ahí va a Córdoba, a la ciudad de Buenos Aires y, en la temporada estival, es vendida a prostíbulos en la costa atlántica”.

Estadísticas no hay, no. Pero sí “casos”. Nora es uno de esos “casos”. Tiene 19 años, una hija de cuatro y algo así como un presente ausente. Hoy nadie -ni siquiera esta cronista- sabe donde está. La razón: se escapó del prostíbulo en el que la explotaron por más de cinco años, en la zona de Constitución, y eso es algo que las redes no perdonan. Sobre todo porque luego de evadirse contó algunas cosas de las que se sabe poco y nada. Por caso, que en el lugar en donde la retenían funcionaba una guardería con los hijos de las cautivas. Niños que, a partir de los cinco años, eran filmados y fotografiados para pornografía infantil.

Hay, también, algunos informes. Entre ellos, La niñez prostituida, de Silvia Chejter, una de las pocas investigaciones de alcance nacional sobre el tema. “La presencia de niños, niñas y adolescentes en circuitos de oferta sexual -escribió Chejter- no puede calificarse ni de aislada ni de poco significativa, sino de habitual. En todas las ciudades en las que se realizó el trabajo de campo, se ha constatado la presencia de niñas y niños prostituidos, directamente a través de entrevistas con ellos mismos, informantes clave, o a través de la existencia de casos judiciales”.

Están pues en la calle, pero también ocultos en sitios de encierro donde los precios (y los “juegos”) son otros. Están en saunas, privados, y clubes, así como también en insospechables casas “de familia” en donde son explotados por “pequeñas mafias familiares o “de barrio”, asegura Laura Musa, Asesora General Tutelar de Menores de la ciudad. Y no, no necesariamente las víctimas son “niños de la calle”, como manda el estereotipo. Muchas veces son menores de clase media baja, media y aun alta atrapados por este “negocio” al que las nuevas tecnologías le han dado un envión formidable.

Asia en el Riachuelo

El camión para, sube a una nena, vuelve al rato. El auto para, sube un chico, vuelve al rato. Y vuelta a comenzar, hasta que se acaben las nenas, los chicos, los camiones o los autos. Es decir, nunca. De un tiempo a esta parte (y con esa manía de “georeferenciar” lo que en realidad está en todos lados), muchos analistas hablan de La Boca, Soldati y Pompeya como “zonas calientes” de la explotación sexual. “En realidad, este fenómeno se da en cualquier lugar donde haya pobreza, familias desintegradas, problemas habitacionales y chicos sin escolaridad por falta de vacantes. Son muchos los derechos vulnerados cuando se da la explotación”, comenta Musa, quien desde el organismo a su cargo realiza una campaña llamada “El silencio es la voz de la explotación sexual infantil”, destinada a docentes, personal médico y todos aquellos que puedan alertar sobre situaciones de explotación sexual. ¿La ironía? Que el sueño de una “comunidad alerta” a menudo se estrella contra una realidad inmóvil. “Acá hay dos problemas graves: uno con la policía y otro con la fiscalía”, precisa Musa. “Porque vos denunciás pero después la fiscalía no encuentra nada. Y otro nudo problemático en La Boca es la policía. Hace poco, una vecina denunció la posible explotación de dos nenas. Recurrimos a la policía. Armó un operativo enorme y en un horario erróneo. No encontró nada y cerró la causa. A los vecinos les quedó claro que, si denunciás, la policía viene y hace un desastre”.

O ni siquiera, pero sí hace la vista gorda y los oídos sordos. No son los únicos, no. Esta cronista intentó en vano contactarse con el responsable de la División Delitos contra Menores, de la Policía Federal. Fueron varios llamados y mails, en busca de una opinión y de estadísticas. “Estadísticas no hay”, respondieron. En la Brigada Niñ@s, un móvil que acude ante una denuncia y depende del programa Víctimas contra las Violencias, tampoco hubo respuestas, números, ni voces.

Misiones, tierra roja y sol de soplete. Allí vive la periodista Lisa Barrios, quien investiga el tema en la zona desde hace años y alguna vez escuchó un rumor sobre la explotación sexual de niñas aborígenes. “Llegamos hasta San Ignacio siguiendo el caso de una chiquita que se había escapado de un prostíbulo”, cuenta en diálogo con La Nacion. “Y ahí nos enteramos de lo otro. Yo llamé al juez y le pedí intervención en la comunidad. Eso alertó a la banda y nunca pudimos grabarlos con las cámaras, pero que la explotación sexual existe, existe. No es que esto sea parte de un “paquete turístico”, sino que por la misma vulnerabilidad de las chicas, pasa lo que pasa”, asegura.

Un informe de Unicef de hace seis años, llamado Situación de la Niñez y de la Adolescencia en la Triple Frontera, señala que la explotación sexual “es la actividad de mayor riesgo para niños, niñas y adolescentes, y los estudios diagnósticos de la OIT identificaron cuatro modalidades de explotación sexual en Puerto Iguazú: redes de reclutamiento para prostíbulos, servicios calificados en hoteles, niños y niñas que trabajan en la calle explotados sexualmente y centros de atracción de niños, niñas y adolescentes, como estacionamientos de camiones, bares, confiterías y discotecas. En la Argentina, el programa ‘Luz de Infancia’ ya ha recibido más de 100 denuncias, 50% de ellas de explotación sexual comercial de niños y adolescentes”. Marcelina Antúnez es una señora redonda y sonriente, que encabezó Luz de Infancia por siete años. Fue, también, una señora amenazada. “Me cansé de tener que cambiar de celular. Me llamaban a cualquier hora”, recuerda. Es que su tarea incomodó a más de uno. Ya no. “Hace un año no nos renovaron el contrato. El intendente alegó falta de fondos”, dice. Pero no se rinde. Su última quijotada: el Proyecto Retazos, a través del cual 25 víctimas de trata confeccionan manteles y sábanas al tiempo que reciben escolaridad, asistencia y contención. Su orgullo: “haber sacado a tres niñas de 11, 14 y 16 años de un prostíbulo de Pablo Podestá. Eran de Iguazú y fueron llevadas hasta ahí por su propia madre. Fueron condenados la madre y el reclutador”, dice. Y sonríe.

En Suecia, muy lejos del agobio misionero, está la sede de Save The Children, una ONG según la cual “el llamado turismo sexual es practicado por millones de personas, generalmente provenientes del mundo desarrollado, que viajan a países acosados por la miseria donde encuentran fácilmente a sus víctimas”. De los 600 millones de viajeros que se desplazan cada año desde la corbata hacia las bermudas, un 20 % son turistas sexuales, de los cuales un 10% admite tener tendencias pedófilas? y concretarlas. Hablamos aquí de gente que viaja (sí, también a la Argentina) para tener sexo con menores, no importa si en el contexto de un tour de pesca a la Patagonia o “mechado” en un paseo de compras con fondo de Obelisco. Los operadores de calle de la ciudad lo saben de sobra: hay quienes contactan a chicos y chicas para que (a cambio de un par de zapatillas o un MP4) acepten “hacer cosas” con señores que hablan raro.

Lo raro. Lo prohibido. La idea de “lo exótico” mudada del paisaje al sexo. Así, en términos de “exotismo”, es como Sara Torres lee el marcado apetito por los genitales jóvenes que tanto intriga al ministro Fernández. “Pese a que la esclavitud sexual es un delito inhumano, parecería ser que, si rinde plata, está bien. Y el sexo con chicos es ‘exótico’. Lo curioso es que por un lado se dice ‘Con los chicos no’, pero la explotación en sí, como es el mejor negocio, sigue viva. Marcar el límite de edad es el mejor modo que se ha encontrado para mantener la industria”, analiza. Y recuerda, como muestra, un triste botón: “En la Asociación de Turismo no hubo manera de que se pusiera en los hoteles el cartelito ‘Hotel libre de explotación sexual infantil’. La iniciativa no prosperó”, se indigna. Pero no es la única, tal vez porque el grueso de los mal llamados “clientes” no son visitantes sino paisanos. “Es principalmente la demanda local, y no la extranjera, la que propicia la explotación sexual de la infancia”, afirma un documento de Unicef. La “demanda”: padres de familia, “señores de bien”, empleados sin llegadas tarde. Ese, aquel, este otro. Los desconocidos de siempre.

Complicidad policial

Andrea Ventura es abogada, está a cargo de la Oficina de Derechos de la Infancia (ODI) en La Boca y también se encrespa frente a lo que ve a diario: ineficiencia y complicidad policial, incapacidad judicial para investigar, primero, y condenar a los prostituyentes, después. “Lo central es que esto es un delito, porque antes de los 18 años el consentimiento no existe. Pero tenés que estar justo en el momento. Demostrar, por ejemplo, que un adulto está por tener relaciones con una menor. Pero, ¿cómo lo hacés, si acá a las nenas las lleva de la mano la mamá? Por eso también este delito tiene muy bajos índices de condena. Está naturalizado”, dice con amargura. Y recuerda un caso: hace dos años, un vecino se animó a denunciar a la mamá de cuatro nenas y un nenito. “Nos contó que la madre se llevaba a las chicas de noche abajo del puente, y que además había un desfiladero de hombres entrando a la habitación. Eran nenas de 8 a 16 años. Esto es muy frecuente, y acá en La Boca existen redes de trata y de pedofilia. Hay madres captadas por las redes que, por cuestiones socioeconómicas, terminan entregando a sus hijas”, explica. Lo que no se explica es por qué, en sólo cuatro meses, las chicas fueron regresadas a su hogar. “La explotación sexual no se pudo probar porque estas cosas ocurren puertas adentro”, agrega Ventura. Y si hay algo que los clientes de esta clase de “servicios” dan por descontado, y agradecen, es la discreción. La omertá. “El hombre mata callando”, dice Eduardo Galeano. Los niños rotos saben que no miente.

“LA INFANCIA TIENE PRECIO”

“¿Cuál es el precio de la inocencia?”. Con esa pregunta en mente, el periodista Mauri König, de la Gazeta do Povo en Curitiba, Brasil, comenzó a investigar la explotación sexual de chicos en la frontera sur de su país. Pero después de haber logrado liberar a una nena de 12 años y hasta ganado un premio por su trabajo, decidió invertir la totalidad de ese dinero en financiar un recorrido aún más vasto. Se lanzó entonces, junto al fotógrafo Albari Rosa, a recorrer también la frontera oeste y algo del norte.

El resultado fue un viaje en auto, avión y barco, de 28.000 kilómetros de largo y muchos más de profundidad hacia el fondo más impresentable de la condición humana. El resultado fue, también, un libro, Infancia al límite, otro premio y tristeza a perpetuidad en los ojos de Mauri, el hombre que parece haberlo visto todo. “Es difícil no terminar shockeado cuando ves a una madre cambiando la virginidad de su hija de once años por un par de zapatos”, revela a La Nacion. “O cuando ves a otra madre en Guajará Mirim, en la frontera de Brasil con Bolivia, haciendo entrar a sus dos hijas de 9 y 11 años a un asilo para que tengan sexo con los ancianos a cambio de dinero. Al cabo de ese viaje, llegué a una triste conclusión: la infancia tiene precio, y así lo prueba la explotación de niños en prostitución. Pero es un crimen que no se combate. Todo ocurre en un submundo clandestino y peligroso, dominado por proxenetas, traficantes, políticos y policías corruptos.

CHICA CON ACTITUD, SE BUSCA

Con la llegada de Internet y la proliferación de las redes sociales, hoy la frontera del riesgo se mudó adentro de casa y a menudo se camufla de oferta de trabajo como modelo, bailarina o “promotora” para captar a chicas -casi siempre muy chicas- y, aun así, hambrientas de fama. De hecho, hoy los avisos solicitando “chicas sin experiencia pero con actitud” se reproducen en la red y generan respuestas como éstas: “Hola, tengo 14 pero parezco de 17″, “Hola, soy B, tengo 12 años pero muchos me dan 14″ o “Soy Antonella, tengo quince, me encantaría ser modelo y. ¡Tengo actitud!”. Alguna adjunta una foto, haciendo “hociquito” a la cámara en cada toma.

Así comienza, a veces, todo lo demás, porque la red de redes hace ya tiempo que se ha convertido en una verdadera Disneylandia para los pedófilos.

El 30 de agosto, a una semana de la desaparición de Candela Sol Rodríguez, este diario informaba de la detención de Alberto Enzo Luque. Desde su página de Facebook, Luque habría solicitado nenes y nenas para hacer “desnudos artísticos”. Se habló entonces de un “fake”, algo así como un perfil inventado para perjudicar a Luque. Algunos días más tarde circuló por la Web un supuesto mensaje de la madre de Candela a Luque (la captura de pantalla aún está colgada en el blog Glitters): “Hola, polaco, ¿cómo estás?”, escribe alguien que se identifica como Carola Labrador. “Te escribo porque vi un aviso en tu facebook de fotos artísticas de nenes y nenas. ¿Me podrás decir bien cómo es? Yo tengo una nena de 10 años (casi 11, muy linda) y estoy con problemas de plata, así que quiero saber bien…” Hoy, la cuenta de Facebook de Alberto Enzo Luque está cerrada al público y sólo admite mensajes por correo electrónico. De los “desnudos artísticos” ya no queda nada.

SENSUALIDAD PRECOZ

“Sos muy sexy bailando este reggaeton”, diagnosticaba Carmen Barbieri, jurado de “Bailando Kids”, el programa emitido por El Trece hace apenas dos años que convocó a chicos de entre 7 y 13 años. “Se vio que hubo perreo, se vio sensualidad”, dijo a su turno Laura Fidalgo.

Los especialistas dicen que hay un guiño social a la erotización de la infancia. “La comunicación genera conductas y dice que son aceptables. El abuso de niños hoy está naturalizado en los medios, y por eso yo fui una de las que denunció a ‘Bailando Kids’ ante el Inadi”, dice Sara Torres, directora regional de la Coalición Contra la Trata de Mujeres y Niñas.

21ª Feria del Libro Infantil y Juvenil (11 al 30 de julio)

Horarios de funcionamiento:
Lunes 11 al viernes 15 de julio de 2011 de 9:00 a 18:00 (especial para escuelas)
Sábado 16 al sábado 30 de julio de 2011 de lunes a viernes de 11:00 a 20:00, sábados y domingos de 14:00 a 20:00

Entrada general:
$ 20 para mayores de 18 años

Ingreso gratuito para:
Menores de hasta 18 años inclusive.
Jubilados y pensionados, con documento probatorio, que acompañen a menores.
Docentes que exhiban comprobante de su condición.
Contingentes escolares que hayan solicitado la visita anticipadamente.

Sitio web www.el-libro.org.ar/infantil