Me siento cómplice.
Siento que estamos haciendo las cosas muy mal.
Siento vergüenza.
Siento que los gestos de la niña son más poderosos que la fuerza más grande que puedo imaginar.
Siento que lo único que han hecho las religiones es enriquecerse gracias a la ignorancia y el dolor de las personas, y que a cambio, lo único que han dado es consuelo.
Y además, que los que pronuncian la palabra “dios” frente a esto están fuera de todo lugar.
Que la palabra “dios” no sirve.
Y me siento mal.