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Naty Menstrual, textos

ERIZO DE AMOR 

DestRozAme el cuerpo en micropartes
salvame de la noche y sus fantasmas
comeme en un plato de tu madre
y saboreame… saboreame…
MasTicaMe mi carne de gallina
mordeme las venas de mi sangre
y bebe bebe bebido
emborrachate
con el sabor soleado de mis tardes
destrozame el cuerpo en micropartes
y servilas en la cena con tus padres
y no les digas nada…
NOOO
shhh…
que prueben sin saber
lo que OdiAn
lo que ignoran
lo que saben

poneme a la venta como saldo
secame las lagrimas que salen
y caen por el vientre
y caen…
…caen…
besame con el viento
que me ensucia
y que me limpia
y se lleva bailando mis pesares
damelo todo
damelo
todo
tu aliento de mil noches
tu fuerza inacabable
damelo todo
antes que escupas
mis retazos por la calle
mis retazos
mis pedazos…
todo mi cuerpo
colgando
echo jirones
y bañame en flores frescas
tierra limpia
hojas verdes
trinos nuevos
y humo de nubes…
damelo todo…
dame…
para que duerma tranquila
al olvidarte…

2.2012

COCTEL EN BUENOS AIRES

Sembradio de boludos
verdes cosechas de hijos de puta
mañanas campestres
cientos de cines porno
veredas y calles
de rajadas grietas
como terremoto de caucete
que rima con ojete
menu fijo de mediodia
del laburo al happy hours
y todos corbatas calientes
del happy japi al after
rubiecitas planchados de pelos largos
y conchitas nerviosas buscando algo
que te la pongo que te la saco
que te la pongo que te la saco
machitos oficinistas
trepa trepa trepa trepa
edificios inteligentes
mucha gente estupidona
los pelos llenos de hollin
la garganta con smog
los bocinazos imbeciles
ciudad y salvaje rock and roll
el atropello diario
el Te atropello
atropellados
tacos enredados entre adoquines
asesinos de suelas y tapitas
que cambiarlas cuesta 15
LA NIÑA BONITA
un tango trepando al cielo
bandoneones en patotas
musicalizando piqueteros
marchas de franca bronca
carteles de neon inmensos
la avenida mas ancha del mundo
la pija mas larga que nadie
el culo mas roto que todos
los trolos por todos lados
mirandose el uno al otro
yirando tratando calentando
las putas yirando en once
las viejas, las lindas, las bellas
de todo como en botica
pero que verguenza
los besos en las veredas
toqueteo en las placitas
siempre a la tardecita
niños de toboganes
hamacas de fantasias
caballos de mil colores
andando en las calesitas
millones de pasea perros
tango que me hiciste macho
bandera gay de arco iris
gatos entre los techos
perros al ras del suelo
ratas gordas bien comidas
reinas de cañerias
millones de cucarachas
negras grises y amarillas
corrientes de librerias
de marquesinas de gatos
yo te amo buenos aires
yo te amo
como seas
obelisco machista y falico
yo te amo buenos aires
como caja de Pandora
sembradio de boludos
cosecha de rebeldias

2011

Y MI TETA FUE MAMA

Todas queríamos tetas… dos, tres, cuatro tetas … las que sean… una vez que te decidís a travestirte querés tetas. Podés tener bigote, barba, espalda de rugbier, labios de tortuga, el cuerpo de Rubén Peucele… pero nada importa. Teniendo tetas… la cosa cambia. Y hay que tenerlas sea como sea.

Así fué que en mi tránsito por el travestismo he conocido tetas de todo tipo: Tetas de trapo,
tetas de media,
tetas de aceite industrial,
tetas de 5000 pesos,
tetas de bombitas de agua bien carnavalescas
tetas playeras rellenas de arena,
tetas cancerígenas,
tetas caídas,
tetas encapsuladas,
tetas con pezones corridos,
tetas que al desparramarse el líquido inyectado en el pecho se corrían hacia abajo y terminaba la teta en la rodilla,conoci tambien las tetas en plataforma… sí…

La teta en plataforma se las ví a una travesti petisa con pinta de tapón erótico que se había inyectado aceite industrial, y en vez de esperar que se le solidifique para lograr una forma agradable a TETA, se había ido a bailar chocha de contenta con sus nuevos pechos turgentes… turgentes hasta que al otro día el líquido se le empezó a desparramar y se le formó un solo bloque donde se le unían las dos pechugas en una masa deforme.

Desesperada y angustiada corrió a pedirle a la Rucucu, la misma trava que la había inyectado, que le inyectara de nuevo más aceite para poder tener sí o sí dos pechugas lindas, así que arriba de esa plataforma logró después de tomar los recaudos necesarios, tener dos hermosas tetas sobre plataformas.

Otras de las tetas raras que conocí fueron unas con globitos, si si globitos que se le habian formadodebido al aceite industrial, se le formaban a la Samantha unos pequeños globos dentro de los pechos, que le servían para descargar nervios cuando estaba aburrida, por que se los palpaba y se los palpaba obsesivamente y se los reventaba con las uñas postizas, eran como los globitos de los plásticos de embalajes que reventamos con placer cuando somos chiquitos.

Pero las más tiernas de las tetas que guardo en mi memoria son unas que tuvieron hijitos. Mi amiga Hanna se había hecho unas tetas con dos medibachas llenas de semillas de mijo, por que decía que tenían textura real a teta, y yo, le decía que eran tetas de pajarito, que tenia que ponerlas en una jaula, en vez de adentro de su corpiño.

Un noche de tantas que estábamos en la esquina de Viamonte y Uriburu tomando cerveza y haciéndonos las lindas. En eso, de la nada, un muchacho muy viril la empezó a rondar con cara de tener muchas ganas de comérsela, Hanna se acomodó sus tetas pajarito y lo miró sensual, el muchacho se acercó y se pusieron a charlar, en solo cinco o diez minutos ya se lo había llevado detrás de la casuchita de un estacionamiento sin techo que usábamos de telo.

Seguimos tomando cerveza y ya se hacía la hora de entrar a la disco, Hanna salió arreglándose su pelo con cara de satisfacción y nos hizo señas de que entráramos al boliche. Cuando estábamos pagando la entrada, se acomodó sus tetas pajarito y ahi se dio cuenta que le faltaba un pecho. Atinó a salir nuevamente a buscar corriendo la teta al estacionamiento, pero si perdíamos el turno teníamos que hacer una cola insoportable, mejor dicho, una fila. Si fuera por hacer la cola, estriamos todas ansiosas esperando como locas.
Se decidio en solo un segundo y se sacó la teta que le quedaba puesta y la metió en la cartera, algo se le iba a ocurrir para no quedar MONOTETA.

A la semana , volvimos al mismo lugar que era nuestro cuartel de guerra y antes de entrar al boliche, Hanna, que era más rápida que meteoro y el batimovil juntos, conoció a otro chico que quería comérsela, sea como sea. Como mi amiga no era precisamente tímida, le hizo unos ojitos y lo metió en la misma casuchita.
Después de disfrutar de una ratito de dulce amor instantáneo el muchacho salió del garage como si se lo llevara el diablo, y Hanna, salió más que contenta con algo en la mano gritándonos:

-¡Chicas… chicas… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!

Nosotras mirándola como si estuviera pasada de loca, nos dimos cuenta que traía su teta perdida el fin de semana anterior en la mano, y como era de mijo, con la humedad de esos días, había germinado.
Era una teta linda con muchos brotecitos y verdes hojitas. Recordamos los germinadores que hacíamos cuando éramos chicas, y cuando llegamos a casa, pusimos la bola de media brotada adentro de una maceta para que cada temporada diera frutos… y nunca, pero nunca, pero nunca… NOS IBA A FALTAR UNA TETA…

2007

* * *

María Moreno: “Naty Menstrual escribe cuentos de una lujuria esperpéntica pero matizada por la piedad tiernísima con que los mejores cronistas populares suelen envolver a sus criaturas. Su erotismo escatológico tiene antecedentes tan notables como el Quevedo que escribía Gracias y desgracias del ojo del culo y el Aristófanes que ponía como protagonista de su comedia Los caballeros a un vendedor de morcillas. Con destreza narrativa Naty Menstrual pasa por la nariz de los lectores nuevas flores del mal que, con sus tacos chuecos y sus pelucas fatigadas, saben arrancarle al melodrama de la vida un toque de comedia: se llaman Sabrina Duncan, La Mr. Ed, Sissy Lobato, Marlene Brigitte…… Si Clara Better, la prostituta inventada por César Tiempo, las hubiera conocido en un cruce de ficciones, hubiera dejado de yirar para emplearse cama adentro. Nunca hubiera podido competir con tanto ingenio de vivir, tanta orgía entraida a la mala suerte, tanta lluvia dorada de besos negros en un perpetuo frenesí”

*

La escritura desencadenada
Por Ezequiel Alemian

“Me gusta Roberto Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises”, dice Naty Menstrual.

Naty Menstrual nació (como travesti) a fines de los años 90 en San Telmo. Diseña y vende ropa en la feria del barrio. Dibuja. Hizo tres carreras terciarias, pero cuesta que lo diga. Colabora con varios medios y forma parte del equipo de redacción de El Teje, el primer periódico travesti de América latina. Tiene un blog muy visitado donde publica poemas, crónicas, relatos y dibujos. Con una mayoría de textos extraídos de ese blog acaba de editarse, armado por María Moreno, Continuadísimo, un libro que descubre la presencia de una voz vital y literaria interesantísima. Son una veintena de relatos breves, lineales y directos, casi una enumeración de anécdotas de la vida travesti contadas con una escritura velocísima, con una capacidad de observación muy fina, muy precisa, con muchísimo humor e inteligencia. Frases cortas, mucha acción, finales “débiles”, ningún subrayado dramático particular.

—En tus cuentos parece darse la confluencia de varias modalidades de escritura: una literaria, o narrativa, otra más periodística, de crónica, y una emparentada con los blogs.

—Lo blogeril no lo veo para nada. Nunca me planteé tener blog, no tenía idea de lo que era. Empecé a usar uno como archivador. Varios de los cuentos del libro tienen muchos más años que el blog. Ahora además no tengo máquina, así que escribo en un cuaderno. Después lo subo desde un locutorio. Tampoco leo blogs.

—Y a lo literario entonces, ¿cómo se da tu acercamiento?

—Siempre escribí, desde chica. En una realidad como la que vivís, de cierta soledad, hay cosas que no contás, que no enfrentás, que escribís en un papel. Después empecé a escribir apuntada al travestismo. En la casa de mi abuela leía a Corín Tellado, después a Cortázar, a Edgar Allan Poe, a Roberto Arlt. Me gusta Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises. Arlt me parece atemporal, su visión no tiene época. Es muy humano y descarnado. Ojo, tampoco soy de ir a comprarme libros. Lo último que compré, hace mucho, fue Mi madre, de Bataille, que me encantó. Boquitas pintadas, de Puig, también me gustó mucho. También compré Aldous Huxley, Paul Auster, Truman Capote. Todo el mundo me comparaba y me decía: “tenés que leer a Capote, tenés que leer a Capote”. Pero esto fue después de que me ubicaran. Antes de escribir como estoy escribiendo ahora, mi taller literario fueron Cortázar, Poe y Arlt.

—En tus cuentos hay mucho de crónica, en el sentido de reflejar fielmente una forma de vida, digamos, barrial, muy situada.

—Es algo bien porteño, muy de San Telmo, pero podés encontrar a los mismos chongos en Palermo. Aunque sin duda, si viviera en Palermo reflejaría algunas cosas diferentes. Pero que un tipo tenga relaciones con un travesti, o con un perro, las perversiones, y los dolores, y las tristezas, y las alegrías, no cierran solamente en lo barrial. Son más bien algo universal.

—¿Cómo trabajás ese acercamiento a lo cotidiano?

—No de manera premeditada. Me lo regalan la gente y el lugar donde vivo. Es lo que observo. Yo no invento nada. Siempre me preguntan dónde estudié, cómo aprendí a escribir, quiénes fueron mis profesores, mis influencias. Es como que no pueden creer que sea algo natural, no diría un don porque suena pedorro. Pero yo voy caminando, en una vereda observo algo y hasta que llegué a mi casa ya armé el cuento en mi cabeza. Después es sólo bajarlo, muchas veces casi cerrado de principio a fin. No soy una ingeniera de la literatura.

—El libro empieza con una cita de Alejandra Pizarnik, que habla de “caminar por la calles / y señalar el cielo o la tierra”. ¿Hay algo moralista ahí, como de señalar lo bueno y lo malo?

—No, eso es algo personal que tiene que ver con mi diablo, con mi autodestruirme y mi cuidarme. Con elegir estar bien o elegir estar mal. Con boicotearme o no boicotearme. Por eso lo puse. No soy bicho de biblioteca. Me encanta que me comparen con otros escritores, es un piropo, pero no es una búsqueda mía. Por otro lado, mucho de los escritores con los que se me compara, como Puig, Capote, Lemebel o Copi, al que no leí jamás, son putos. Más que por haber leído, puede ser que lo que haya en común sea un sentir puto.

—¿Y cómo sería ese “sentir puto”?

—Hay muchas cosas, no sé si puedo explicarlo. Yo viví en el exterior y vi putos extranjeros de todo tipo, y me di cuenta de que el puto es una nacionalidad mundial. El puto es mundial, es parecido en todas partes.

—¿Cuando escribís sentís que estás “escribiendo puto”?

—Sí, lo siento en las ironías, en las bromas, en el humor, en la observación, en la acidez.

—En los personajes que pueblan tus relatos, a pesar de cierta crueldad que describís, parece no haber maldad…

—Yo tengo un tema con la maldad. Uno es grande y tiene que separarse y hacerse responsable, pero hasta qué punto no es fuerte lo que nos pasa antes de saber qué somos, hasta que uno es responsable de ciertas cosas. Uno tiene que soltarse de todo eso, pero no todo el mundo puede. Un chico al que cagan a piñas, al que no le dan de comer, al que lo maltratan, humillan, abusan, ¿será Premio Nobel o ladrón y asesino? ¿Ahí hay maldad? ¿Qué capacidad tuvo para elegir su camino? ¿Quién es dueño de esa maldad? ¿No lo hicieron malo? ¿No lo crearon así? Después tiene 40 años, por ahí es violador. ¿Hasta qué punto es responsable de su destino? ¿Qué capacidad intelectual y qué inteligencia y qué preparación tenés que tener para dominar tu propia vida?

—¿Escribir te ayudó a dominar tu vida?

—Me sirvió, no fue la solución. Mi abuela vivía en el campo, tenía muchos hermanos y era la mayor. Tenía que ser una madre siendo niña: se casó siendo niña, se embarazó siendo niña, haciéndose cargo de sus hijos y de sus hermanos. Cuando tuvo un hijo, lo iba a buscar a los picados de fútbol y lo traía marcándole las piernas con una vara. Eso somos, una cadena medio patética de defectos y de porquerías. La cadena existe, pero también existe la posibilidad de cortarla. Es un tema de cada uno. En uno de mis cuentos, una travesti que es abusada de chico, después se trasviste para contagiar. En el libro quizás haya algunos personajes que cortan con esa cadena, y otro que no. Es como en la vida. Mi libro es un libro sobre la vida, no sobre travestis. Y de todos modos, ya el hecho de travestirse es cortar un poco con esa cadena patética.

natymenstrual.blogspot.com.ar

Ezequiel Alemian / Enrique Symns. Relatos de un paranoico esencial

(Publicado en Perfil, 4.12.2011)

Se publica una antología con lo mejor de la revista argentina más rupturista de las últimas décadas. Contracultura, drogas, sensualidad, escritura, música: Symns repasa aquí la historia de Cerdos & Peces.

Los hombres duros no bailan. Hace un tiempo Symns tuvo un accidente cerebrovascular que le dejó secuelas. Hoy vive en Derqui, provincia de Buenos Aires.

Si tenía que entrevistar a un juez no sabía qué preguntarle, pero sí sabía qué preguntarle a un drogadicto”, cuenta Enrique Symns a propósito de Cerdos & Peces, la revista que dirigió, con largas interrupciones, desde mediados de 1983. Fue una publicación que “buscó horadar la base en que se asientan todas las mentiras: la identidad”, dice. En total fueron 59 números. Invocando a Nietzsche y a Artaud, pero también a Norman Mailer y a Truman Capote, Cerdos & Peces desarrolló un estilo inconfundible, donde una prosa de aliento casi visionario se mezclaba con la indagación de lo más oculto de la antropología urbana y de la vida personal. Fueron los años de emergencia y constitución de experiencias, de culturas como la del Parakultural, o la de los Redonditos de Ricota, de su apogeo y también de su desvanecimiento. La revista exploró ese recorrido, que también fue el suyo. La vida íntima de esta aventura la contó Symns en El señor de los venenos, un magnífico libro de crónicas. Ahora acaba de aparecer Cerdos & Peces. Lo mejor, una selección que hicieron el mismo Symns y el investigador Juan Mendoza de los artículos publicados por la revista. Son casi trescientas páginas, con reproducciones facsimilares de la impactante gráfica de tapa e interiores que tenía la revista.

—Yo venía de España –dice Symns–, donde había vivido desde la muerte de Franco. Venía lleno de ideas de lo que había visto allá: El víbora, Ajoblanco, El viejo topo. Ideas sobre los marginales, los putos, los violadores. Algo completamente amoral. Jorge Pistochi me llamó para que trabajara en Pan Caliente y Gabriel Levinas, que además de Pan Caliente dirigía El Porteño, me llamó para que fuera a trabajar a la revista. Le gustaba mi estilo. Entonces me propuso hacer un suplemento para El Porteño. Los redactores de la revista, Miguel Briante, Fernando Almirón y otros, se opusieron. El único que no se opuso fue Fogwill. Buscando un nombre, tiramos el I Ching y salió un hexagrama, el 61, creo, La Vida Interior, que dice que los cerdos y los peces son los animales que más resisten a la cultura del hombre. Pegó mucho la bajada que pusimos: “La revista de este sitio inmundo”. El primer número de Cerdos & Peces salió como suplemento de El Porteño en agosto del ’83; todavía estaba Bignone. En la tapa pusimos la foto de dos amigos pidiéndole fuego a un policía para prenderse un porro. “Legalizar la marihuana”, era el título. Al día siguiente nos pusieron una bomba en la redacción, dos kilos de trotyl. Salimos un año como suplemento. En abril del ’84 empezamos a salir de manera independiente. En el número tres publiqué la nota “Niños que desean a hombres que desean a niños”, con la foto de una nena desnuda, la hija del fotógrafo, abierta de piernas. Por esa nota nos clausuraron la revista, después del cuarto número. Un año más tarde el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, que dijo que hablar de ese tema no era delito. Volvimos a salir a partir del ’86.

—¿Qué periodismo hacía “Cerdos & Peces”?

—Es difícil definirlo. Uno construye después la teoría de lo que pasó. Ese era un momento de ruptura y de caos; no éramos muy conscientes de lo que hacíamos. En mi propia vida personal quería romper con los tabúes del sexo, quería romper con los tabúes de la droga. Ahora parece una cosa apologética, pero en aquel momento la revista era un poco el espejo en donde mirarnos. Horacio González dijo que Cerdos… no era periodismo. Lanata dijo lo mismo. Nosotros no entrevistábamos a los médicos, sino a los leprosos; no a los psiquiatras, sino a los locos. No éramos objetivos. Ser objetivo es una mierda absoluta. Es lo mismo que ser realista: es pertenecer a la orden del rey. Cerdos & Peces salió en un momento en que se rompía con una cosa vieja, que moría con la dictadura. Nosotros éramos lo más avanzado que había en el periodismo.

(“Soñar es la única actividad trascendental del cerebro humano. El pensamiento, tal cual se expresa en nuestro tiempo, es solamente la sepultura de los sueños. Hemos nacido para pelear con el mundo y derrotarlo. Lo que hoy aburre profundamente es este desfile de inteligentes espectros que visten sus frustraciones con los pensamientos de moda. No resulta enojoso el poder que se aloja en las vísceras de aquellos que lo manipulan, sino la actitud servil de los merodeadores del hedonismo” –Cerdos & Peces Nº 10, marzo de 1987–).

Cerdos & Peces promovía el consumo de drogas y el ejercicio de la promiscuidad –dice Symns. Promovía la bisexualidad, la homosexualidad, el fetichismo, el sadomasoquismo consentido. Estábamos en contra de la normalidad. El que sólo cogía con su mujer era un boludo. Coger con la mujer de uno no es coger, me dijo Germán García en una entrevista. La promiscuidad estaba impulsada por el consumo de cocaína. La revista, y el rock, empezaron con la cocaína. Todos tomábamos. La cocaína produce una cosa que es una tribalización, una vuelta a la orgía, una entrega a los excesos. En la revista investigábamos esos efectos. Teníamos una frase: “al mundo no le falta techo ni comida, le falta éxtasis”. Y las drogas y el sexo promiscuo están directamente vinculados con el éxtasis. El éxtasis es vivir fuera de la cosas, fuera de sí. La angustia no tiene escape. Nos morimos sin saber lo que vivimos. Y sin embargo, el éxtasis te permite una fuga, una salida liberadora, dichosa. Era lo que buscábamos. Estábamos en contra de la moral, no en contra del capitalismo. Para nosotros, la única dictadura en la Argentina era la dictadura de la moral. Ahora parece una ridiculez. Cuando empezamos, todavía existían los edictos y la averiguación de antecedentes.

—¿En la redacción se vivía ese éxtasis?

—La redacción era un cubículo de sexo. Hubo días en que hice el amor con tres o cuatro mujeres. Lo que más buscábamos tener era sexo oral, que era lo que más nos satisfacía: no tenía compromisos, no daba hijos, no tenías que usar forro. La cocaína, el éxtasis, la marihuana, eran cosas que llegaban todos los días. Editábamos el Cocaine Herald, que decía dónde comprar cocaína barata, y dónde tener cuidado porque la vendían mala. Recomendábamos qué ácidos tomar y cuáles no. Eramos muy amigos con Fito Páez, y a Fito se lo quería agarrar todo el mundo. Pero él decía: “No, primero tienen que hacer todo con el viejo”, que es como me llamaron siempre. Así, un mismo día, tres niñas de veinte, veintidós años, me succionaron el pene. Yo llegaba a las siete de la mañana, y el cadete, que después fue el cantante de Dos Minutos, Mosca, iba al bar de la esquina y me traía una medida de vodka, dos medidas de campari y pimienta, y yo me ensartaba eso y me daba un saque. Así empezaba mi día. Fue una etapa de promiscuidad hermosa.

—¿Qué impacto tuvo el sida sobre la revista?

—Creíamos que las personas tenían derecho a vivir y a morir tal cual habían elegido. Hicimos una investigación en la que nos apoyamos en los medios que decían que el sida no existía. Para nosotros, el sida era una propaganda de la Iglesia. Nos equivocamos. Murió mucha gente, y además dejamos de tener sexo.

(“¿Cuál lucha? ¿Para mejorar la cantidad y la calidad de la alimentación de las langostas? ¿Para mejorar la educación que tanto nos ha empeorado a los que la hemos recibido? Distribuir equitativamente el alimento. ¿Y luego qué sigue? ¿Videocaseteras, paseos a Europa, sida, cohetes a la Luna y oscurecimiento de alma para todo el mundo? ¿Cómo harás para luchar por los demás sin haber luchado siquiera como un animal acorralado para proteger tu corazón mutilado?” –Cerdos & Peces Nº 20, noviembre de 1989–).

—La revista jamás intentó intervenir en el debate político –sigue Symns–. Nunca tuvimos la legalidad de la decencia. No éramos decentes. El tema de los derechos humanos nunca figuró en la Cerdos & Peces. Para nosotros, todo preso era político: lo mismo daba un preso común que un montonero encarcelado. Pero, como sostiene Proudhon: el trabajo es esclavitud, y la propiedad privada es el único delito. O sea que, en última instancia, sí teníamos una intervención política, pero en los extremos. Yo soy un paranoico esencial. Tengo una visión paranoica de pensamiento. Como dicen en la antipsiquiatría: paranoico no es el que cree que lo persiguen, sino el que sabe que lo persiguen. Para mí, la Argentina fue siempre un lugar muy fascista. El peronismo es la manifestación más sofisticada de ese virus. Es una enfermedad.

—¿Qué relación hubo entre los Redondos y “Cerdos & Peces”?

—Nacieron juntos. Yo empecé con los Redondos, en La Plata. Era una relación muy profunda, de muchísima amistad. Con el Indio Solari éramos íntimos amigos. Yo salía con la banda, como presentador, y el Indio escribía en la revista, tenía una columna. Pero todo terminó con Walter Bulacio. A Bulacio lo asesinaron, así lo reconoció la Corte Interamericana, pero ellos nunca lo aceptaron. Que había sido asesinado, y que había sido asesinado por gente que ellos mismos habían contratado para su fiesta. Pero ya habíamos tenido varios enfrentamientos: en La Plata, por un recital en el que tiraban gases y nos fajaban mientras Skay estaba solo en el escenario tocando un tema de Jimmy Hendrix. También había habido un recital en Obras, donde los pibes habían robado todo. Yo estuve preso mucho tiempo, y me había parecido que era el mayor desgarro. Sin embargo, con el tiempo esa experiencia en la cárcel me resulta simpática, me hizo bien. Dicen en la cárcel que los amigos no tienen que pelearse en público porque después se tienen que matar. Y yo cometí el error de pelearme con mis amigos en público. La ruptura con los Redondos me llevó una década sacármela de encima.

—¿Qué efectos tuvo esa ruptura sobre la revista?

—Devastadores. Me tiré en contra de los Redondos y perdí la mitad de los lectores. De vender quince, veinte mil ejemplares, pasamos a vender ocho mil. A partir de ahí siguió cayendo.

—¿Es cierto que la revista la escribía casi toda usted?

—En la última etapa, más todavía. La escribíamos entre Vera Land, que era mi secretaria y mi chica, y yo. Firmaba con muchos seudónimos. O firmaba notas como Trotsky. O Nietzsche. O firmaba como Burroughs. Inventaba todo: inventaba al reporteado, al entrevistador, y todo lo que se decía. Al revés de los que creen que el que es periodista muere como escritor, para mí todos los grandes escritores son periodistas. Ser periodista te da una cosa que es la curiosidad por la vida. Te expone a las verdaderas razones del mundo. Igual colaboraba mucha gente: Alfredo Rosso, Marcelo Gobello, Mariano del Mazo, Pablo Schanton, Batato Barea, B.Ode, Maitena, Fernando Noy, Vicente Zito Lema, Tom Lupo, Alfredo Moffat, Perlongher… Y muchísimos desconocidos que publicaban notas alucinantes o mierdas que yo ni leía. Tuvimos grandes diseñadores gráficos, como Jorge Gumier Maier. Nunca se le pagó a nadie.

(“Debe ser una conspiración espontánea la repetición constante, periódica, obsesiva de movimientos de piernas y manos y torsos cuando los cuerpos se levantan, se acuestan, corren, se agachan, agarran, dejan, lanzan, esquivan, utilizan objetos, cosas, árboles, muebles y calles y hasta otras personas para escenificar actos insignificantes que nunca dejan ver que en la cama nunca hay dos, ni en el bar veinte, ni en la calle diez mil, sino un fantasma atareado que hace todos los papeles, que corre de un lado a otro sosteniendo los átomos y los barcos, las penas y las noticias, un loco total que corre desde el escenario a la butaca para reír con su propio chiste” –Cerdos & Peces Nº 18, septiembre de 1989–).

—Uno de los momentos más significativos de la revista fue la marcha que hicimos contra la visita de Juan Pablo II, en abril de 1987 –dice Symns–. Sacamos una tapa con Gumier Maier disfrazado de Papa, con alas de vampiro, afeminado, dándole la bienvenida. En la marcha nos enfrentamos con la policía en el Obelisco, con tal mala suerte que una granada de gas lacrimógeno pegó contra un farol y le cayó en la cabeza a un comisario, con lo cual se desató una represión feroz. Nos dimos el gusto de debutar los que nunca habíamos peleado en la calle. Duró hasta el amanecer. También tengo muchos recuerdos ingratos, como el de los cadetes. Salvo Mosca, murieron todos, por inyectarse. Eran pibes hermosos, unos niños. Alfonsín fue nuestro principal enemigo; nos cerró la revista varias veces, por considerarla “un peligro de perturbación intelectual y afectiva, especialmente para menores”. Pero cada vez que nos mandaba a embolsar la revista, nos traía lectores. Menem en cambio nos ignoró, y así nos ganó la batalla. Pero la revista no podría haber seguido. Si lo hubiese hecho, hoy sería una publicación terrorista. Habría estado a favor del 11 de septiembre. Habría sido una revista nefasta. Ya su ciclo estaba terminado, por propia decadencia. Su recuerdo me produce mucho dolor, porque fue algo que se comió mi vida, y porque soy recordado por los Redondos y por la Cerdos & Peces, y no por mis otras actividades, especialmente la de escritor. Y es imposible volver. La vejez es un enemigo indestructible, es un encierro en el cerebro. Excepto para los que mienten, los que dicen que donde están ellos no está la muerte, pero en la vejez la muerte está siempre presente.

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