Sandra Cornejo / Nada es casual
(Publicado en diagonales.infonews.com, 21.3.2012)
Nos reunió, no hace mucho tiempo, el intercambio sobre un libro de Diamela Eltit (la necesidad de una literatura que desacomode). “Nunca dejan de sorprenderme los cruces de las personas, a veces pienso que “mis partes” están compartimentadas, pero por suerte todo lo que somos se mezcla y se diluye en el aire de todos”, me comentó María Teresa Andruetto, la misma que en estos días de torbellino alcanzó a responder “gracias, beso!” cuando compartí la inmensa alegría de su premio.
Ella es así, siempre encuentra el instante que le permite tender puentes, sostener lazos, armar encuentros. Jamás deja a nadie a la intemperie. Basta leerla, su lenguaje múltiple, artesanal, juega con naturalidad entre todos los registros, con milimétrica precisión. Y belleza. El idioma le brota como si de respirar se tratara. Me he preguntado varias veces, ¿así son los escritores que escriben para niños? Ahora sé que no. Así son los escritores indispensables. Una vez leí en un texto de Michel Tournier: “Montaigne decía que enseñar a un niño no es llenar un vacío sino encender un fuego”. Esa sensación provoca Andruetto cuando escribe, abriga los corazones, emociona desde una honda sencillez. Enciende un fuego.
Dicen que para Andersen los elementos cotidianos tenían alma, que le daba un valor espiritual al paisaje y que creía que a pesar del sufrimiento la vida era un cuento maravilloso que valía la pena vivir. Mencionan también que su tumba en el cementerio de Copenhague tiene siempre flores frescas. Pienso hoy – cuando el IBBY entrega por primera vez a un hispanoamericano la medalla Hans Christian Andersen – que no es casual que estos dos seres de “la época del sueño” –parafraseando a Manuel Peña Muñoz- convergieran en algún momento de la historia de la literatura.
Aquellos que escribimos desde cierta periferia (por elección o por designio), solemos buscar referentes cuya visión contemple los resquicios más allá del canon central. Andruetto, con su propia certeza acerca de la importancia de arrimar la literatura juvenil e infantil a “la literatura” – tarea a la cual se abocó desde principios de los 80- sabe muy bien de qué estamos hablamos. Que el mundo respalde su escritura, es una manera de encontrar un rumbo, cierta tranquilidad y mucha esperanza.
María Teresa escribe en su poema “Non fiction”, en Sueño americano: “Se trata de un cambio en la experiencia. /Mapas detallados de lo real, para apresar/una verdad, en la que un resto de magia/permanezca”.
Apenas magia que permanece. “Eso que abre en nosotros una grieta y no nos permite olvidarlo”.
* * *
Sandra Cornejo nació en abril de 1962 en La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina.
Obras: Borradores (Sudestada, 1989), Ildikó (Último Reino, 1998), Sin suelo (Ediciones Vox, 2001) y Partes del mundo (Alción Editora, 2005). Algunos de sus poemas integran antologías, entre ellas, Poetas Argentinas (1961-1980) (Ediciones del Dock, 2007), Antología de poetas argentinos II (Free Verse Website 2009, Irlanda) y El verso toma la palabra, selección de 33 poetas argentinos (Homoscriptum y la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2010).
La escritora María Teresa Andruetto obtuvo el Premio Hans Christian Andersen 2012
(Publicado en Clarín, 20.3.2012)
Una argentina ganó el “Nobel” de la literatura para chicos
por Ivanna Soto
Es la primera vez que un hispanoamericano lo gana. Destacaron tambien a la Fundación Mempo Giardinelli.
“No hay temas apropiados, sino modos de entrar en lo hondo”, dice María Teresa Andruetto por teléfono a Clarín desde su casa en las sierras cordobesas, en pleno festejo. La escritora argentina, autora de numerosos títulos para niños y jóvenes, es la ganadora del Premio Hans Christian Andersen –conocido como “el pequeño Nobel”–, considerado el más prestigioso de la literatura para niños.
El resultado se conoció ayer en la Feria del Libro Infantil de Bologna. Otorgado cada dos años por el International Board on Books for Young People (IBBY) a un escritor y un ilustrador de literatura infantil y juvenil, es la primera vez que lo gana un autor hispanoamericano.
A su vez, la Fundación Mempo Giardinelli fue galardonada con el premio IBBY-Asahi de Promoción de la Lectura por su programa “Abuelas Cuentacuentos”.
“La situación de la literatura infantil en nuestro país respecto de otras lenguas tiene que ver con la situación de la Argentina como país periférico, más allá del crecimiento que hayamos tenido”, lanza Andruetto, que reconoce al premio como un modo de difundir todas las obras de nuestro país. “Nuestra periferia como país nos marca”, dice.
Tras el impacto de la noticia, piensa con emoción en los inicios de su trabajo en el campo literario, 30 años atrás. Y en esa rememoración viene a cuento la Andruetto de Fefa es así, de La mujer vampiro, de El caballo de Chuang Tzu, personajes entrañables que de a poco dieron con la Andruetto actual, que llevaron a su última novela, La niña, el corazón y la casa, seleccionada para la exposición The White Ravens 2012 que la Internationale Jugendbibliothek organiza año tras año.
Andruetto, lucha desde 1984 por lograr que la literatura infantil sea colocada como un producto cultural del mismo rango que la literatura para adultos a través de la formación de maestros y la fundación de centros de estudio especializados. A pesar del entusiasmo del día de ayer, reconoce que son escasas las situaciones en que eso sucede. “Es una batalla sostenida para que la literatura infantil ingrese como disciplina al campo académico, donde su espacio todavía es muy marginal”, explica.
Pese a todo, la autora hace hincapié en que cada vez es más fuerte la presencia de la literatura en la escuela, y que la calidad de los libros va en aumento. Es que, aunque relegada a seminarios aislados, la literatura infantil es un mercado que cada vez ocupa más espacio en las librerías .
No es poco lo que llevó a Andruetto a quedarse con el premio a la trayectoria, que en 2010 había ganado el inglés David Almond. “Yo no creo que haya temas para niños. Lo fundamental no es el tema, sino el modo que uno llega a eso: con qué sencillez, qué lenguaje, qué emoción”, explica.
Y no hay dudas de que de eso sí que sabe…
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Traducción propia de la información en www.pitchengine.com y www.ibby.org:
El Jurado de IBBY del premio Hans Christian Andersen 2012 anuncia a los ganadores
Cinco autores y cinco ilustradores fueron seleccionados entre 57 candidatos propuestos por 32 filiales nacionales de IBBY para el Premio Hans Christian Andersen 2012. El premio, considerado el más prestigioso en literatura para niños, se otorga cada dos años por la International Board on Books for Young People (Comité Internacional sobre Libros para Gente Joven) a un autor y a un ilustrador vivo cuya obras íntegras hayan hecho perdurables contribuciones a la literatura para niños. Los ganadores serán anunciados el lunes 19 de marzo en la Feria del Libro para Niños de Bologna. Los cinco autores listados brevemente en orden alfabético son:
- María Teresa Andruetto, de Argentina es una maestra en crear libros sensibles, los cuales son profundos y poéticos y se refieren a una gran variedad de temas.
- Paul Fleischman, de EEUU hace una contribución innovadora y única a la literatura para niños. El jurado valoró especialmente su habilidad para crear personajes y para incorporar la música en su obra.
- Bart Moeyaert, de Bélgica presenta from Belgium presents descripciones sutiles de personajes fuertes al evocar atmósferas poéticas usando using un lenguaje que combina tanto el humor como la seriedad.
- Jean-Claude Mourlevat, de Francia escribe para niños y adolescentes en muchos niveles diferentes, desde prosa poética hasta fantasía o hasta realismo; la música es una fuente constante de inspiración para él.
- Bianca Pitzorno, de Italia usa textos variados e imaginativos para compartir la complicidad con sus lectores, utilizando el humor y una hábil construcción de personajes.
Los cinco ilustradores listados brevemente en orden alfabético son:
- Mohammad Ali Beniasadi, de Irán utiliza diferentes técnicas, color y colour y un sutil sentido del humor en su obra.
- John Burningham, del Reino Unido utiliza una delicada ironía mezclada con inocencia y alta seriedad que con su uso de la línea y el color, crea una intimidad con el lector.
- Roger Mello, de Brasil le cuenta al lector acerca de cultura popular, viejas leyendas y las tradiciones de Brasil por su sutil uso de las emociones que expresa al utilizar colores brillantes e imágenes que están llenas de significado.
- Peter Sís, de la República Checa tiene una originalidad extraordinaria y utiliza su poderosa imaginación para crear historias complejas y bien documentadas utilizando diseños diferentes y técnicas artísticas.
- Javier Zabala, de España tiene la gran habilidad para transformar el lenguaje gráfico en signos narrativos mediante representaciones complejas, intuitivas y detalladas.
Los diez miembros del Jurado de 2012 estuvieron encabezados por la Presidenta del Jurado María Jesús Gil, de España. Fueron: Anastasia Arkhipova (Rusia), Françoise Ballenger (Francia), Ernest Bond (EEUU), Sabine Fuchs (Austria), Ayfer Gürdal Ünal (Turquía), Jan Hansson (Suecia), Eva Kaliskami (Grecia), Nora Lía Sormani (Argentina), Sahar Tarhandeh (Irán) y Regina Zilberman (Brasil). Elda Nogueira, de Brasil representó a IBBY y Liz Page actuó como Secretaria del Jurado.
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Escritores ganadores de los premios Hans Christian Andersen:
2010 David Almond (Reino Unido)
2008 Jürg Schubiger (Suiza)
2006 Margaret Mahy (Nueva Zelanda)
2004 Martin Waddell (Irlanda)
2002 Aidan Chambers (Reino Unido)
2000 Ana Maria Machado (Brasil)
1998 Katherine Paterson (EEUU)
1996 Uri Orlev (Israel)
1994 Michio Mado (Japón)
1992 Virginia Hamilton (EEUU)
1990 Tormod Haugen (Noruega)
1988 Annie M. G. Schmidt (Holanda)
1986 Patricia Wrightson (Australia)
1984 Christine Nöstlinger (Austria)
1982 Lygia Bojunga Nunes (Brasil)
1980 Bohumil Říha (Checoslovaquia)
1978 Paula Fox (EEUU)
1976 Cecil Bødker (Dinamarca)
1974 Maria Gripe (Suecia)
1972 Scott O’Dell (EEUU)
1970 Gianni Rodari (Italia)
1968 James Krüss (Alemania), José Maria Sanchez-Silva (España)
1966 Tove Jansson (Finlandia)
1964 René Guillot (Francia)
1962 Meindert DeJong (EEUU)
1960 Erich Kästner (Alemania)
1958 Astrid Lindgren (Suecia)
1956 Eleanor Farjeon (Reino Unido)
Ilustradores ganadores del Premio Hans Christian Andersen:
2010 Jutta Bauer (Alemania)
2008 Roberto Innocenti (Italia)
2006 Wolf Erlbruch (Alemania)
2004 Max Velthuijs (Holanda)
2002 Quentin Blake (Reino Unido)
2000 Anthony Browne (Reino Unido)
1998 Tomi Ungerer (Francia)
1996 Klaus Ensikat (Alemania)
1994 Jörg Müller (Suiza)
1992 Kvĕta Pacovská (República Checa)
1990 Lisbeth Zwerger (Austria)
1988 Dusan Kállay (Checoslovaquia)
1986 Robert Ingpen (Australia)
1984 Mitsumasa Anno (Japón)
1982 Zbigniew Rychlicki (Polonia)
1980 Suekichi Akaba (Japón)
1978 Svend Otto S. (Dinamarca)
1976 Tatjana Mawrina (Unión Soviética)
1974 Farshid Mesghali (Irán)
1972 Ib Spang Olsen (Dinamarca)
1970 Maurice Sendak (EEUU)
1968 Jiří Trnka (Checoslovaquia)
1966 Alois Carigiet (Suiza)
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María Teresa Andruetto nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina.
Obras: Tama (1992), Palabras al rescoldo (poemas, 1993), Pavese y otros poemas (poemas, 1998), Stefano (1998), Kodak (poemas, 2001), Todo movimiento es cacería (cuentos, 2002), Veladuras (2005), Beatriz (poemas, 2005), Enero (teatro, 2005) Pavese/Kodak (poemas, 2008),Sueño americano (poemas, 2009), Tendedero (poemas, 2009), La mujer en cuestión (2009), Lengua madre (2010).
Es autora de numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (1993), Huellas en la arena (1998), La mujer vampiro (2000), Benjamino (2003), El país de Juan (2003), El árbol de lilas (2006), Agua cero (2007), Trenes (2007), El incendio (2008) y Campeón (2009).
Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (2008) y El taller de escritura en la escuela (2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (2009).
María Teresa Andruetto, poesías
Desnuda en la tienda
No era coqueta
Era fuerte.
June Jordan
Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.
Víspera
Se va la tarde. Decís, a este sitio
vendremos: escribirás, sembraré,
pasaremos los días de viejos.
Sobre la casa que nace, cruzó
una torcaza. Más allá hay un halcón
y unas loras. La luz moja la falda
del Mogote, aviva los manchones
amarillos. Todo es hermoso, digo,
y sin embargo, hay una nota
de tristeza sobre talas y espinillos.
Será porque es invierno, decís,
será porque es domingo.
(De KODAK, Pavese/Kodak, Colección Pez Náufrago. Ediciones del Dock, 2008)
Autorretrato ante el caballete
a Alejandro Schmidt
El pincel sirve para salvar
las cosas del caos.
Shitao
1.
Esto es lo que queda
de un hombre que se muere:
un pincel y la mano agrietada
que sostiene el pardo, el rojo,
el amarillo… la mano que va,
que se desvela, desde el charco
de luz hacia la tela.
2.
Lenta la pincelada oscura,
el hijo del molinero
tantea con ojos ciegos
la espesura
hasta dar con la luz.
3.
Este rostro ya estaba
debajo de la tela, estaba y carcomía
con su podredumbre el retrato del joven
con gorguera. Bajo las arrugas y los ojos
desteñidos están los ojos arrogantes
de otro tiempo, pero ni el otro ni éste
son grandes, a todos los ha herido
esta luz: ya nada es menos,
hasta lo más miserable
tiene su destello.
4.
No es la pieza oscura donde pinta,
ni la pobreza que trajo la desnuda forma.
ni la luz que cae sobre la gorra,
ni el pelo desprolijo, ni la barba,
tampoco el cuerpo vencido,
ni el olor rancio del encierro.
Son los ojos que no encuentran
a Saskia, a Hendrickje, al bienamado Tito;
los ojos que se han vuelto
hacia un lugar de nada,
hacia el vacío.
5.
Otros buscarán la nota pura,
la imagen que persiste, la tersura,
como buscan sus ojos en la tela
(es la mirada lo que abruma,
lo que desvela)
6.
También yo persigo
una palabra oscura en los retratos de Saskia,
en la ternura de Hendrickje, en la viva
luz de Tito, y el aire de bondad,
la carnadura de un hombre
que se deshizo.
(De Beatriz. Ediciones Argos, 2006)
* * *
María Teresa Andruetto nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina.
Obras: Tama (1992), Stefano (1998), Veladuras (2005), La mujer en cuestión (2009), Lengua madre (2010), Todo movimiento es cacería (cuentos, 2002), Palabras al rescoldo (poemas, 1993), Pavese y otros poemas (poemas, 1998), Kodak (poemas, 2001), Beatriz (poemas, 2005), Pavese/Kodak (poemas, 2008), Sueño americano (poemas, 2009), Tendedero (poemas, 2009), Enero (teatro, 2005) y numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (1993), Huellas en la arena (1998), La mujer vampiro (2000), Benjamino (2003), Trenes (2007), El país de Juan (2003), Campeón (2009), El árbol de lilas (2006), Agua cero (2007) y El incendio (2008). Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (2008) y El taller de escritura en la escuela (2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (2009).
María Teresa Andruetto. Libertad condicional
(Publicado en el sitio Tuerto rey, poesía y alrededores, www.tuertorey.com.ar de Sandra Cornejo, escritora y en especial poetisa argentina ¡gracias!)
No sabemos decir qué es poesía, pero cuando algo de ella ha sido capturado y por eso mismo nos captura, podemos reconocerla, tal como lo expresan los versos de Montale, Non c´`e pensiero che imprigioni il fulmine / ma chi ha veduto la luce non se ne priva (1). La poesía es lenguaje cargado de posibilidades, pero en ¿qué consiste esa carga?, ¿qué le da al poema su fuerza, su durabilidad, su alojamiento en la memoria?
Sabemos que reside justamente ahí, en su capacidad de quedarse en nosotros, su triunfo sobre el caos, sobre la banalidad del mundo y de las cosas, su resistencia al paso del tiempo, su pequeña victoria ante lo efímero y lo fugaz. La intensidad hace a la poesía y nos permite diferenciarla de todos los otros modos de la palabra. En el poema, las palabras–más que en ninguna otra forma de lo oral o de lo escrito- dejan de ser funcionales a la construcción de una historia, se “olvidan” de ser útiles, se ponen a hacer “otra cosa”, como hacen “otra cosa” los gestos en el teatro o los sonidos en la música. Se genera así una fuerza mucho más potente que la suma de elementos que constituyen el poema, alcanzando un resultado que aprovecha de un modo misterioso las cualidades de cada una de las partes. Cada buen poema es, entonces, un pequeño triunfo sobre el caos y también sobre lo plano, lo literal, lo cerrado, lo puramente racional y lo unívoco.
La escritura nos enseña que el lenguaje es más grande que nosotros. Por complejos, misteriosos pero precisos mecanismos, en algunas ocasiones un conjunto de palabras se transforma y se enciende hasta convertirseen un poema. ¿Cómo se genera eso?, ¿Es posible apurar los tiempos, mejorar el camino de llegada? Apenas contamos con oído y paciencia para escuchar y depurar. En el camino -si logramos transitarlo-, se vuelve sutil lo que en el ritmo, la impronta, la medida de la lengua resultaba pesado, plano o evidente, y se revela lo que en la experiencia había permanecido opaco o escondido. Pero es, creo, equívoco pensar en dos tipos de verso, el medido y el libre, creo que es más verdadera la convicción de que la forma –cualquiera sea- nace del contenido. No hay verso libre, si por libre entendemos la despreocupación o el olvido de la forma. Cualquiera de los buenos poemas escritos en lo que llamamos verso libre está tan lleno de reglas internas, de sofisticados mecanismos de equilibrio, ruptura, forzamiento y digresión, como el verso medido, aunque es verdad que en este último caso esas leyes son generales, pre establecidas, construidas a lo largo de los siglos, y en el primero se trata de leyes auto impuestas o mejor aún descubiertas en el propio camino de escritura. ¿De qué se libera el verso libre?, ¿cómo funciona la libertad en el arte?, ¿con qué instrumentos se despliega?, ¿cuánta importancia tienen en la aparición de lo propio, lo particular y lo “libre”, la obstrucción, el límite, las leyes y los condicionamientos? Como dijo alguna vez W. H. Auden Si se juega, se tiene necesidad de reglas; de otro modo no existe el gusto.
Pero el agotamiento de las combinatorias clásicas, vuelve cada vez más difícil el asombro, la sorpresa, el encantamiento o la violencia en el oído del lector, entre tantas variantes de rima y de métrica ya probadas. Si el verso medido da la impresión de calzar contenido en la forma, a veces como prisión, a veces como piel, según quería Octavio Paz, en el verso libre, por lo menos en sus mejores momentos, se ve más aún cómo las formas son creadas por el contenido, caballo y jinete todo uno, cuando fundo la palabra/confundo caballo con jinete: una sola cosa (2). La forma es entonces una sustancia que se extrae del poema, que proviene de él y le pertenece, nunca un envoltorio, y es por medio de la forma, si es que fuera posible separar lo imposible, que se transforman los conceptos y las emociones que devienen en poema.
Todos hemos visto alguna vez cómo moría el esbozo de un poema en nuestras manos, por falta de escucha, por desatención, por exceso de corrección, por exceso de racionalidad, por falta de amor a lo que nace, sobre todo. Para que la energía del poema no se pierda, para que eso que habita todavía en el lenguaje y es tan fácilmente corrompible, pueda ser apresado sin asfixia, el poeta avanza por una cueva oscura encendiendo fósforos que el viento apaga … (3), concentra, condensa, desnuda, depura, de lo contrario sólo se alumbran/ fenómenos de oficio/, ningún animal completo (4). No importan los detalles, si el conjunto captura algo vivo en las palabras. El lenguaje es un organismo que rápidamente se corrompe, que muere y se regenera todo el tiempo. Más temprano que tarde las frases dejan de apresar lo que palpita–es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en frase hecha, en palabra muerta, en clisé – y entonces la escritura es esa búsqueda de lo que aún permanece, lo que aún tiene poder para ligar a los seres y las cosas, para ligarnos a nosotros con las palabras, los seres y las cosas.
En nuestra lengua, de un modo similar a lo que observa Mandelstam en la lengua italiana, el sonido tiende a salir hacia la boca, es sobre todo labial, bilabial, labidental, así lo que decimos suena casi siempre “francamente sonoro”, lleno como está de vocales, y nuestras consonantes no obstruyen atrás sino en los labios o en los dientes, todo lo cual conduce a lo concordante, a una musicalidad contundente, definida y también muchas veces a lo previsible y lo evidente. Es abundante la posibilidad de rima, sobre todo en la semejanza sonora de las desinencias verbales, lo que lejos de ser una ventaja, es un problema, el mismo que tenemos frente a todo lo que existe en abundancia: debemos desconfiar entonces, como desconfía el buen jugador del juego fácil, para saltar sobre ritmos, metros, consonancias y asonancias previsibles. La sintaxis castellana por su parte, facilita lo ampuloso, lo expandido, el vericueto y los florilegios. El nuestro es un lenguaje esquivo a replegarse, a “mandarse a guardar/a llamarse a silencio”, un lenguaje que “se va de boca”, razón por la cual buena parte del trabajo de escritura consiste en contener/dominar la tendencia al exceso, la salida desbocada, el despilfarro sonoro, sujetar las riendas de la lengua buscando condensación y economía, un efecto estético que se genere por la más rigurosa administración de posibilidades y recursos.
En lo personal, me interesa capturar el ritmo conversacional, los sonidos menos evidentes, menos conclusivos, del habla cotidiana, y la sutil rima asonante que en ella habita, esa música verbal esquiva, escondida bajo la masificación, el deber ser y lo indiferenciado. Me interesa buscar ahí cierto orden secreto. Me parece que el efecto estético se produce en la captura de una armonía oculta/no visible o no audible de primera mirada y de primera escucha, entre nosotros, los seres y las cosas. Se trata siempre de un orden propio, momentáneo y único, válido para ese poema e inválido para todos los otros que fueron o vendrán, delicado equilibrio alcanzado entre las partes, que extrae la escondida música del habla y nos permite–eso espero todavía- comprender ciertas zonas aún no percibidas de la experiencia, para construir con todo ello un hito en la memoria.
Cuando menciono la música del habla, me refiero a la belleza de la lengua de todos, lo que aun no ha sido puesto en valor de esa lengua de todos, que es por supuesto, no una sola única lengua, sino muchas, la diversidad misma puesta a vivir en nuestras bocas, esa impronta que subyace como un nervio o un alma bajo lo que se dice, y que en su particularidad –es decir en su distancia de lo oficial, de lo general, de lo convencional- ofrece su belleza. Un ritmo y un tono propios del poeta en ese poema; un ritmo, un tono, una tensión y una sonoridad que accionan y se rompen, que ya no servirían para otro poema ni para otro poeta. La emoción surge de comprender que en lo que leemos hay algo verdadero, no verdadero en relación a una realidad exterior allí percibida, sino escrito en busca de una verdad personal, desconocida también para quien escribe, verdadero en lo que hace al camino recorrido para escribirlo. Nada que signifique ostentación (ni erudición ni destreza musical, ni despliegue técnico) entonces, ni como lectores ni a la hora de escribir, sino por el contrario depuración, condensación, merma o desnudez de todos esos asuntos, para buscar lo humano particular y esa música que está tapada por capas y capas de artificios, condicionamientos y convenciones. Cavar en el lenguaje, hasta encontrar lo que estando en él, perteneciéndole por derecho propio, se había visto oculto, ignorado o sometido a asfixia.
La relación que cada poeta tiene con la tradición y la vanguardia, la tensión y los infinitos matices entre romper y preservar, determina todo. La historia es el pasado que se pone de pie, me recordó hace poco una amiga, la relación con ese pasado que nos llama, que no es letra muerta sino que está presente de modos diversos en lo actual, en lo corriente, es lo que determina todo. Nuestra relación con lo que fue, con los poetas que antes hubo, con aquellos a quienes hemos decidido conferirles autoridad. La memoria, el origen de las cosas y los hechos que conviene no olvidar, una herencia que busca abrirse paso en obras nuevas. Por eso, la riqueza del arte es al mismo tiempo personal y universal y es siempre en esa doble medida que conmueve y revela. Cuando la relación entre el pasado y el presente se corrompe y, por mentirosa, farragosa, fangosa o inexacta, por excesiva, hinchada, henchida o snob, por grandilocuente, críptica o burda, se corrompe la relación entre las palabras y las cosas, todo el delicadísimo equilibro que es en sí el poema, todo el misterioso artefacto, esa pequeña balanza de las perlas, se desmorona mejor no la mires/no la miremos/ojo opaco podría acaso/no lo crees?/desnivelarla. (5).
Sinceridad y humildad, entonces. Intento de apresar una materia que sabemos más grande que nosotros. Los buenos poemas nos permiten –en el camino intenso de su lectura- saltar por sobre la técnica, arrastrados por un impulso que anida en su condición de verdaderos y que hace que ignoremos, olvidemos o pasemos por alto las imperfecciones, en busca de eso otro que corre por debajo de la destreza y del oficio, eso que está vivo y que fácilmente se corrompe. Oficio entonces, todo el oficio, para facilitar el curso de ese cauce, ese torrente, y oficio también para no asfixiar el cauce ni el torrente. Observación, rigor, escucha para advertir cuándo nuestra mano está matando las palabras. Y olvido del oficio, para que el poema no muera en el corsé de las modas ni en el de la lengua oficial.
“Libre” o no, la poesía siempre es ritmo y es música y es tono y es medida. Medidas generales o particulares de ese poema, medidas heredadas en el curso de los siglos o medidas auto impuestas en el curso de escritura. Esa sensación que da leer ciertos poemas y sentir que en ellos la lengua que es única/propia de ese poema y es al mismo tiempo la lengua de todos, se remansa o se violenta o se enrosca o se estremece y con ello nos remansa, nos estremece, nos violenta, nos enrosca… Así, la intensidad del poema se define entonces por el vigor con que el habla se impone a la lengua que es oficial y que está muerta o agoniza en su obediencia, en su rigidez y en su previsibilidad. El vigor con que nos incomoda, se desacata y se desadapta logra imponerse sobre lo que se adapta, acata y se acomoda y de ese modo se vicia y se vacía.
Ondulaciones/despliegues/zigzagueos. Nos movemos sobre la delicadeza de la lengua o sobre su fuerza o sobre su aspereza o sobre…buscando un ritmo, un tono que le pertenezca, una alianza entre imagen, música y sentido. Economía verbal y un rigor que es ético porque está relacionado con la verdad personal y no con la proliferación retórica ni con el lujo verbal, ni con el deseo de ser incluido en tal o en cual capilla. Precisión y alejamiento de la palabra hueca para persuadir mediante la emoción (esa capacidad de mover al otro), y mediante la honestidad del poeta consigo y con su proceso de creación, única manera de capturar ese animal vivo hecho de palabras.
Libre o no, siempre hay ley en el poema. Una ley que organiza la materia informe, una arquitectura subterránea que genera efecto estético porque puede ser de algún modo inteligida; refinada manera de preservarnos del tosco impulso y de la incontinencia verbal. No creo que escribir en verso libre o medido deba ser una decisión previa a la escritura, algo externo al poema, creo en cambio que en el camino mismo de escritura las formas van tomando forma, van demandando una estructura que sostenga el edificio. De uno u otro modo, encontrar una lengua privada, única, en la lengua de todos, es el verdadero desafío, descubrir en los intersticios de la lengua oficial de mil maneras impuesta, una lengua “menor”, un atisbo de la pequeña voz del mundo. Para eso, poco importan los caminos. Como dijo Murena Todos los caminos conducen, dependen de cómo vuela sobre ellos el itinerante.(6)
2. María del Carmen Colombo. La muda encarnación. Ultimo Reino, 1993.
3. Claire Keegan. Los cuentos nunca quieren ser contados. 13.12.2009. Revista Ñ
4. Rodofo Godino. Para escribir el poema. Centón. Colección Fenix. Ediciones de copista, 1997.
5. Circe Maia. La pesadora de perlas. Cambios, permanencias. Tacuarembó, Uruguay
6. Héctor A. Murena. La metáfora y lo sagrado. Editorial Alfa, Barcelona, 1984
Otras lecturas
Joseph Brodsky. La canción del péndulo. Versa, Barcelona, 1988.
T. S. Eliot. Criticar al crítico y otros ensayos. Alianza Editorial. Madrid, 1967.
Osip Mandelstam. Conversaciones sobre Dante. Universidad Iberoamericana/Colección Poesía y Poética. México, 1994
Charles Olson. El verso proyectivo. En El poeta y su trabajo II. Editorial Universidad Autónoma de Puebla, 1983.
Ezra Pound, El arte de la poesía/ Joaquin Mortiz/Mexico/Serie del Volador/Versión directa de José Vázquez Amaral.
Wallace Stevens. El ángel necesario. Ensayos sobre la realidad y la imaginación. Visor, 1994.
-Adagia. Ediciones Península, Barcelona, 1987.
Santiago Sylvester. Anuncios del verso libre. Fénix poesía-crítica 22. Octubre, 2007.
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María Teresa Andruetto nació el 26 de enero de 1954 en Arroyo Cabral, Córdoba, Argentina.
Obras: Tama (1992), Stefano (1998), Veladuras (2005), La mujer en cuestión (2009), Lengua madre (2010), Todo movimiento es cacería (cuentos, 2002), Palabras al rescoldo (poemas, 1993), Pavese y otros poemas (poemas, 1998), Kodak (poemas, 2001), Beatriz (poemas, 2005), Pavese/Kodak (poemas, 2008), Sueño americano (poemas, 2009), Tendedero (poemas, 2009), Enero (teatro, 2005) y numerosos libros para niños y jóvenes, entre otros El anillo encantado (1993), Huellas en la arena (1998), La mujer vampiro (2000), Benjamino (2003), Trenes (2007), El país de Juan (2003), Campeón (2009), El árbol de lilas (2006), Agua cero (2007) y El incendio (2008). Reunió su experiencia en talleres de escritura en dos libros realizados en colaboración, La escritura en el taller (2008) y El taller de escritura en la escuela (2010) y sus reflexiones en Hacia una literatura sin adjetivos (2009).
Su sitio es www.teresaandruetto.com.ar


