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Carlos Ares / ¿Cuándo nos toca indignarnos?

(Publicado en Perfil, 8.4.2012)

No se qué tiene que ver ahora el recuerdo de los 51 muertos del tren. No debería. No es el tema. No me pidieron eso. Se trata de Boudou.

Bien, a ver. Soplo la indignación. Trato de despejarla como si fuera una capa de polvo que ha caído sobre el teclado. Antes de que pueda escribir una sola palabra, vuelve a caer. Se humedece vaya a saber con qué. ¿Lágrimas? No. No. ¿Quién llora aquí? ¿Quién se lamenta?

¿De dónde vienen ahora los muertos del tren? Si el ministro de Planificación, Julio De Vido, responsable máximo del servicio de transporte, jefe de Ricardo Jaime, de Schiavi y de toda la banda, decidió aplicar “la máxima sanción” a Movistar porque interrumpió cinco horas su servicio.

¿A qué, los muertos del tren? Eso está “en manos de la Justicia”. Son “daños colaterales” del modelo. Hablemos de los “sueños compartidos”.

El polvo se empasta con la humedad de la bronca. Cuesta hundir las teclas.

¿Es el poder el que hace mierda a la gente o es necesario ser un tipo de mierda para llegar a ocupar puestos de poder?

Otra vez. Pará. No se trata de eso. El tema ahora es Boudou. Fuera Schoklender, fuera jueces cómplices, fuera pasado, fuera historia, fuera López Rega, Isabel, Firmenich, Videla, Galtieri, Manzano, Adelina de Viola, María Julia, Menem, Duhalde, Kirchner, Gerardo Martínez, Pedraza, Zanola, fuera “movimiento nacional”, fuera criminales, fuera muertos, asesinados, desaparecidos, excluidos, empobrecidos, desnutridos, amasijados en un tren, fuera.

¿Gobernar es matar?

Se trata de Boudou.

Sí, sí, perdón. Antes, hay que meter todo en el tupper otra vez. La cantidad de años robados en nombre de “la felicidad del pueblo” y “la grandeza de la patria”. ¿En qué se convierte si no el cerebro de un argentino promedio, que ha vivido ya para ver y saber? El deme dos, el uno a uno, el menemismo, el kirchnerismo y todas las versiones de lo mismo. En un tupper. Un recipiente hermético donde se guardan los restos de los “modelos” y se mantienen sin abrir, para olvidar el dolor y el olor.

Y ahí quedan. Enfriados. Congelados.

Ahora sí, Boudou.

Otro de la UCeDé, como el Alsogaray de Menem, al que Néstor baboseaba como el mejor presidente de la historia. ¿Por qué se encuentran, dónde, en qué coinciden? ¿Somos ellos? ¿Nos representan?

Se lo acusa, a Boudou, de usar su influencia como ministro de Economía para favorecer negocios de amigos. El, admite, sí, varios delitos que no denunció, como era su obligación, pero no precisamente ése, porque todavía no está tan probado. Tonto, podría haberse exculpado como los chicos y decir: “Si lo hacen todos”.

Así es que, amigos, todo está “en manos de la Justicia”. Y no olviden pedir por TV que el proceso siga “hasta las últimas consecuencias”.

Como periodistas, si no se admiten preguntas, es todo lo que podemos hacer, además de seguirle los pasos al fiscal.

Mientras tanto hay que esperar.

Y ver morir.

Por esto, por aquello, de desnutrición, de mala vida, de frío, por viajar en tren, porque se la llevan, porque no invierten, porque recaudan para ellos, para el aparato, para mantenerse, para la “orga”, “por la felicidad del pueblo” y “la grandeza de la patria”.

Hijos de mil puta.

* * *

Carlos Ares es periodista y autor de las obras de teatro Nunca será igual con otro y Big bang.

Carlos Ares. Déjà vu

(Publicado en Perfil, 21.8.2011)

Sucedió esta semana. Antes de comenzar la transmisión de un partido de fútbol, el relator Marcelo Araujo quiso dejar constancia pública de su conocida obediencia debida al jefe de turno y sacó de la galera una reflexión sobre las elecciones del pasado domingo con el evidente propósito de halagar, sobar, mover la manita para decirles a sus jefes: “Hey, miren lo que digo”, y dejar constancia de su incondicional lealtad con Cristina. Una probidad que, como todos saben, quedó demostrada ya cuando hacía lo mismo antes de la reelección de Carlos Menem en 1995.

La anécdota sirve para confirmar la sensación de déjà vu, de volver a ver, que provoca cíclicamente la realidad argentina. En 1995, poco tiempo después de que su hijo muriera en un trágico accidente, habilitado por la reforma constitucional de 1994, Carlos Menem fue reelecto con el 50% de los votos. Hoy, después de la inesperada muerte de El, hace poco menos de un año, Ella ha revertido la imagen desfavorable de su gobierno y se encamina a lograr su reelección con un porcentaje similar.

En 1995 se explicó el resultado como una consecuencia del “voto cuota”. La continuidad de gobierno de Menem y del uno a uno del peso con el dólar garantizaba que los créditos blandos dedicados al consumo se podrían pagar sin ajustes. Ahora se dice que más de tres millones de personas temen que si no sigue Ella, se les quiten o recorten los subsidios o asignaciones que reciben cada mes.

Y así, más. La oposición de 1995, peronismo disidente y partidos menores, se encolumnó detrás de la fórmula Bordón-Chacho Alvarez, que logró una considerable cantidad de votos, como en 2009 tuvieron Macri, De Narváez, Solá. Pero esas alianzas se disolvieron poco después de la elección por las ambiciones personales de sus dirigentes.
Y más. El menemismo contaba con el apoyo de dirigentes de la extrema derecha liberal, como María Julia Alsogaray y Adelina de Viola, acusadas luego, y procesadas, por delitos de corrupción. El kirchnerismo recibe también a varios dirigentes y militantes formados en esa escuela, como el candidato a vicepresidente Amado Boudou, que eligió Ella.

Y más. Se puede ver en YouTube a Néstor Kirchner reconociendo a Menem como a uno de los mejores presidentes de la historia argentina. Y a Menem, ahora, hablar muy bien del gobierno de los Kirchner.

El espacio breve de una columna de opinión no permite extender las relaciones y reflexionar sobre lo que en principio parecen sólo casualidades. Pero la memoria, cuando quiere de verdad afectar a la conciencia, es particularmente persistente. Y pregunta: ¿fue casual “la plata dulce” antes y el “uno a uno” años más tarde? ¿Es casual que menemismo antes o kirchnerismo ahora sean parte de los tantos nombres de fantasía que adopta el peronismo cuando quiere ocultar su pasado? ¿Es casual que el porcentaje de trabajadores en negro, de pobres y excluidos que viven de planes de alimentos y de subsidios, con políticas supuestamente opuestas, sean casi iguales después de casi 25 años de gobiernos peronistas?

¿Qué hay ahí de nosotros? Del eterno retorno a lo mismo.

*

Carlos Ares es periodista y autor de las obras de teatro Nunca será igual con otro y Big bang.

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