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Mónica Beltrán / Los docentes, eje del problema. La inversión educativa nunca fue tan alta, pero los chicos no aprenden

(Publicado en Perfil, 13.11.2011)

La Argentina invierte el 6,47% del PBI en educación, cifra inédita en su historia y que supera lo recomendado por la Unesco, y los salarios docentes aumentaron 530% en ocho años. Sin embargo, la percepción generalizada es que la educación pública es de muy baja calidad. Una de las causas: los docentes no conocen los contenidos que fija el Estado.

Contrastes. En estos años se construyeron muchas escuelas, pero falta un "denominador común" en la formación de los alumnos, lo que iguala a todos.

Ya 500 años antes de Cristo, el filósofo chino Confucio sentenció: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”. Sin embargo, ese gran punto de acuerdo, en el que podrían confluir los más diversos sectores de la sociedad argentina, más allá de sus ideologías o adhesiones partidarias, sigue siendo una deuda pendiente y no se vislumbra con facilidad cuáles son los caminos sugeridos para que sea una realidad. Aunque la Argentina invierte el 6,47% de su PBI en educación –casi 3 puntos más que en 2003–, los salarios docentes crecieron el 530% en ocho años, se entregaron netbooks y se repararon edificios, los chicos siguen sin aprender. Así lo indican las pruebas internacionales de evaluación de la calidad, pero también el sentido común de los padres que lo comprueban cada día que deciden mirar las carpetas de sus hijos.

Especialistas del Cippec, interesados en investigar cuáles son los caminos para que la Argentina logre cumplir con su apuesta ambiciosa de garantizar el derecho a la educación de todos los chicos, como fija la Ley Nacional de Educación, aseguraron que al sistema educativo le falta mucho para garantizar lo que ahora se denomina justicia educativa para todos.

La coordinadora del Programa Educativo, Cecilia Veleda, señala con preocupación: “Lo que cada docente enseña en el aula depende más de los materiales que le caen en la mano y de sus propias prioridades, que de los objetivos básicos fijados por el Estado”. Es que está convencida de que la mayoría de los educadores no conoce lo mínimo que tiene que enseñar, objetivos contemplados en el documento Núcleos de Acción Prioritaria (NAP), aprobado por los ministros de Educación de todas las provincias durante la gestión de Daniel Filmus.

Los NAP no son respetados por los docentes, pero tampoco por los directores ni los supervisores y, en algunos casos, no llegaron a completarse aún para los últimos años del secundario.

“No es el único problema, pero es un punto muy importante” –dijo Veleda–, para quien los NAP son una medida de justicia porque “generan un denominador común, una cultura común”. En el libro La construcción de la justicia educativa, editado por Cippec y Unicef, la especialista asegura que “todos deberían compartir ciertos fundamentos culturales indispensables para la inserción en el mercado laboral, el desarrollo de los estudios superiores, la participación ciudadana o, incluso, para el desarrollo personal, saberes difíciles de adquirir fuera de la escuela”.

La educación suele aparecer como una de las principales preocupaciones. Incluso dos días después de los comicios presidenciales, una investigación del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Sociales (UBA) reveló que la sociedad le demandaba a la Presidenta reelecta que se ocupara principalmente de la seguridad y la educación.  Paradójicamente, no fue uno de los temas que concentró la atención en el último debate electoral, en el que la mayoría de los partidos sólo dijeron generalidades.

En el fondo de la tabla. En los últimos resultados de las pruebas internacionales de evaluación PISA, la Argentina ocupó el lugar 58 entre los 65 países que participaron. Las autoridades educativas cuestionan la validez de esos resultados porque consideran que se utilizan parámetros propios de los países de la OCDE, pero discutibles para América latina. Sin embargo, el año próximo el país volverá a participar. En esa oportunidad, la Ciudad de Buenos Aires tendrá su propio capítulo PISA, en el marco de una política dispuesta por el Gobierno porteño, que multiplicó las evaluaciones. Hace una semana, completaron una prueba censal a los 27 mil alumnos que en 2011 terminan quinto año; evaluaron también la práctica áulica de docentes que se ofrecieron voluntariamente para la experiencia y se tomaron este año pruebas a 10 mil chicos de 15 años, de escuelas públicas y privadas.

“Evaluamos para mejorar por eso devolvemos todos los datos al sistema educativo”, dice Mercedes Miguel, directora de Planeamiento Educativo de la Ciudad de Buenos Aires. La funcionaria fue cauta a la hora de opinar sobre la calidad del sistema educativo: “Nosotros valoramos el esfuerzo que hicimos como país en aumentar la inversión, luego creemos que la inversión en sí misma no trae aparejada calidad”.

“Estamos evaluando cada día más intensamente. En pocos días, vamos a dar a conocer los resultados del Operativo Nacional de Evaluación (ONE) 2010, que fue censal para quienes finalizaron el quinto año del secundario. Confiamos en que va a haber buenas noticias. Y vamos por más evaluación con un censo en la primaria el próximo año”, precisó el subsecretario de Planeamiento Educativo de la Nación, Eduardo Aragundi.

Aunque en la cartera educativa no quisieron adelantar los resultados del ONE, que podrían conocerse en dos o tres semanas más, según fuentes educativas, las escuelas podrán acceder a los resultados de cada institución vía Web, ingresando con una clave, y en marzo llegarán a las escuelas cuadernos pedagógicos para trabajar sobre las dificultades.

El modelo del vecino. Un modelo que se sigue con atención es Brasil, un país con mayores bolsones de pobreza que la Argentina y con un Indice de Desarrollo Humano (IDH) levemente más bajo (0.718), pero que logró que su sistema educativo mejorara al mismo tiempo que expandió su matrícula escolar. “Lo de Brasil es casi un milagro porque logró las dos cosas juntas, a base de instalar una cultura de evaluación en las escuelas”, explicó Veleda.

“En la Argentina, las políticas implementadas hasta ahora no significan mejora porque no empujan hacia la calidad –opinó Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (Cippec), quien agregó: “Si uno  las compara con lo que pasa del otro lado de la frontera, en Brasil, las escuelas tienen más recursos y más autonomía, pero  mejoran sus indicadores de calidad y de retención. Es que el Estado les manda un mensaje:  ‘Si mejorás tenés tales condiciones’”. Para Iaies, lo hecho tiene más que ver con políticas “de reparación”. “La discusión –dijo– es si esa política no debería haber sido simultánea con una de mejoramiento de la calidad, pero eso es pasado. La idea es que el sistema está hoy en mejores condiciones de encarar una política de mejoramiento de la calidad y la equidad.”

¿Inclusión vs calidad? Para el Gobierno nacional, la calidad no tiene sólo que ver con el rendimiento concreto de los chicos en el aula, sino también con el acceso y la permanencia de nuevos sectores sociales en las escuelas. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, aseguró a PERFIL que cree en “un concepto de calidad más amplio: la construcción de 1.800 escuelas, los 45 millones de libros entregados a chicos que cada vez usan menos  fotocopias, las 1.800.000 netbook es una parte de la calidad. La calidad se construye en un continuo de medidas, algunas son materiales y otras son el mejoramiento de las técnicas pedagógicas, que en eso estamos”, dijo el ministro.

Sileoni presentó el martes 8 un estudio sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en las escuelas. La matrícula no creció tanto como se había anunciado en un principio. En 2010, hubo 167.160 alumnos más que el año anterior, es decir, un crecimiento de matrícula del 1% y no del 25% que las autoridades educativas habían anunciado eufóricas a comienzos del año pasado. “El impacto no se vio tanto en cantidad de alumnos, que hoy son unos 130 mil más que en 2009, como en aumento del presentismo de los chicos. Van más a la escuela, faltan menos, tienen acceso a otros insumos, llevan útiles nuevos, eligen la comida en el comedor”, precisó el ministro. Es decir la AUH habría aumentado más la retención que la expansión de la matrícula, según la cartera educativa.

Una de las consecuencias no deseables de la retención, que trajo muchos conflictos aún no resueltos en las escuelas, es el aumento de la sobreedad; es decir, el incremento de la cantidad de chicos que cursan un año o más inferior al que tendrían que transitar por su edad. Esa tasa alcanza al 25% en primaria y 43% en secundaria básica, según datos oficiales. De los tres índices indicativos de problemas en la educación  (deserción y repitencia son los otros dos) el de sobreedad es el que más creció en forma constante desde  2003, cuando era del 37.7%.

El ausentismo docente. 
Otro tema del que poco se habla es el elevado ausentismo de los maestros. En el último número de una revista editada por el sindicato docente Ctera, dedicado íntegramente al tema evaluación del sistema educativo, la investigadora de Flacso, Inés Dussel, se animó a dar el debate “necesario sobre el ausentismo docente” que, según fuentes educativas, en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires alcanzó este año al 40%.

“Lo peor es el goteo: las dos horas de física del lunes que se suman a las dos de inglés del martes, a la licencia por problemas de salud del miércoles y el día por examen del profesor del viernes. Horas y horas sin clases que se suman en las escuelas públicas, mientras en las privadas sigue habiendo una continuidad. Esto es un tema de falta de conciencia también del rol docente”, confió a PERFIL un sindicalista docente.

“Muchos colegas que no saben o no pueden resolver su situación de otra manera, eligen esa vía (el ausentismo) para compensar su sufrimiento laboral. Lo terrible es que las faltas son más frecuentes en las instituciones públicas que atienden a sectores sociales mas precarizados, donde las sanciones serán menores si es que existen. Es poco probable que se falte a los colegios privados caros, porque correría riesgo el empleo”, expresó Dussel.

Un aspecto que sobrevuela los debates más actuales sobre educación en la Argentina, tiene que ver con la necesidad de que los maestros se asuman de una vez y para siempre como funcionarios públicos, con derechos, pero también con obligaciones.

Nadie niega las múltiples dificultades con las que se encuentra un maestro en aulas muchas veces superpobladas, con chicos que son víctimas de maltrato o violencia, que tienen dificultades para respetar límites y que muchas veces no tienen la asistencia técnica mínima necesaria (gabinete psicopedagógico) para atender esas cuestiones sociales que no golpean la puerta antes de entrar. Pero esa es la realidad de muchos otros empleos en la actualidad y la docencia no deja de ser una de las carreras que más creció en la Argentina en los últimos años y que, por lo tanto, seguirá ofreciendo nuevas fuentes de trabajo como ninguna otra profesión lo hace. El sistema educativo se democratiza, la matrícula se sigue expandiendo y cada vez el Estado deberá tomar más maestros como empleados para dar respuesta.

Hay todavía en la Argentina demasiados jóvenes que no trabajan ni estudian. Datos del organismo internacional Siteal indican que en 2009 representaban el 31,9% en niveles bajos, 20,2% en niveles medios y 8,5% en niveles altos. En los tres niveles este indicador se sitúa en la Argentina por encima de Brasil, Colombia, Bolivia y Perú. Lo esperable es que  se integren a las aulas, pero también tienen que aprender y egresar.

Esa posibilidad depende en parte de una docencia comprometida, que se sienta protagonista de dar vuelta, con su acción y su ejemplo, la vida de chicos que pasan mil horas al año frente a un televisor y sólo 800 horas, con suerte, en la escuela. “Se debería tomar posición ante un contexto donde los chicos están formándose cada vez más por los contenidos de la televisión y que circulan por internet. La escuela podría proponer de una manera más contundente y clara modelos de referencia alternativa al dinero, la fama y el éxito como valores máximos”, disparó, polémica, Veleda.

Mónica Beltrán / La escritura cursiva se extingue y hay debate por su efecto en el pensamiento

(Publicado en Perfil, 2.10.2011)

DEJAR DE USARLA PODRIA TRAER ENVEJECIMIENTO PREMATURO CEREBRAL

Cada vez menos estudiantes de todos los niveles de los establecimientos argentinos pueden escribir correctamente –y hacerse entender– a mano, con letra cursiva. A diferencia de cuando la caligrafía era una materia obligatoria, hoy la computadora y el celular aparecen como los principales enemigos de una tarea que amenaza con convertirse en anacrónica. Los expertos dudan si la pérdida de la cursiva traería o no consecuencias en la organización de estructuras mentales.

Escribir a mano, con birome o lapicera, está en desuso y pocos entienden que mantener ese hábito tenga alguna utilidad. Sin embargo, hay especialistas que aseguran que perder la costumbre de escribir a mano puede traer consecuencias en el pensamiento y hasta acelerar el envejecimiento cerebral. Como en todo, hay caminos alternativos, términos medios que es necesario transitar.

“Profe, me olvidé cómo se escribe. Estoy tan acostumbrada al celular y la computadora que no me salen las letras”, le dijo una estudiante de quinto año de Psicología de la Universidad del Salvador a su profesora, Laura Waisman, docente de la cátedra de Orientación Vocacional. La docente, que se lo contó a PERFIL, confiesa que no lo podía creer.

Pero toda la responsabilidad no es de las nuevas tecnologías. Si así fuera, la cosa tendería a agravarse con la incorporación de las netbooks en las escuelas secundarias de todo el país y en las primarias, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. El problema principal es que los chicos no entienden la utilidad de seguir escribiendo a mano y que los maestros no siempre registran este asunto como un problema más del aprendizaje.

“El problema de la caligrafía en mi escuela es de mucho tiempo. Antes de que llegaran las computadoras a las escuelas, ya muchos chicos tenían grafías casi indescifrables, para decir verdad no tengo certezas sobre los motivos pero siempre me rondó por la cabeza la idea de que en la escuela pocas veces la escritura tiene una función verdadera, nunca se escribe con una verdadera intención comunicativa”, opina la profesora Adriana Bargallo, profesora de Prácticas del Lenguaje en la Escuela Secundaria Básica Nº 49 de Moreno.

“Siempre les digo a mis alumnos que, si bien estamos rodeados de tecnologías, la escritura a mano está más ligada al mundo interno de las personas, al casero, al íntimo, al de los sentimientos más profundos, y que no tienen que perderse eso”, dice la docente a PERFIL.

El síntoma está extendido en las escuelas. Un informe de la Unesco de junio último advirtió que siete de cada diez alumnos argentinos presentaron escritos que resultan indescifrables en un estudio de habilidades de los estudiantes de América latina y el Caribe. Pero, además, reconoce que el fenómeno no es sólo en este país sino en toda la región. Y en Italia, la Sociedad de Pediatría acaba de alertar que la caligrafía está en vías de extinción debido al uso cada vez más extendido de los teclados.

“El uso de la mano tiene una parte muy grande de representación cortical, así como lo visual tiene su parte. Cada parte del cuerpo da órdenes al cerebro. Si cada vez se usa menos la escritura manual, hay riesgo de que el cerebro funcione distinto. La escritura permite la organización de estructuras a nivel cerebral que hacen memorizar las palabras, la sintaxis; una cantidad de datos que luego van a ser elaborados para estructurar el pensamiento”, explica el neurólogo infantil León Benasayag.

La pregunta,pese al temor que provoca, resulta insoslayable: ¿los jóvenes de hoy, entonces, tendrán cerebros envejecidos prematuramente?

El especialista, que es profesor de Neurología en la UBA y fellow de la Royal Society of Medicine de Londres, deja abierto el problema: “Si se tiene en cuenta que a las personas, para mantenerse jóvenes, se les recomienda que hagan crucigramas, ejercicios manuales, palabras cruzadas y que ejerciten sus manos y sus funciones intelectuales, podría pensarse en que sí habría jóvenes con cerebros cada vez más viejos. Pero como no se ha investigado lo suficiente sobre los cambios que producirán las nuevas funciones que se van desarrollando con la tecnología, hoy no es posible dar una respuesta única”.

Para la psicopedagoga Gabriela Dueñas, pensar que la falta de uso de la mano puede repercutir en el pensamiento es exagerado: “¿Por qué no pensar que con el Blackberry, por ejemplo, se usan los pulgares que antes casi no los movíamos y que, tal vez, esto ponga en marcha nuevas zonas cerebrales?”, se pregunta. La especialista, que trabaja en el Instituto Lasalle de Florida, advierte que los cambios siempre “provocan una revolución” en el mundo educativo y “ante la incertidumbre, muchos tienden a cerrarse a lo desconocido”.

Para Dueñas, todavía hay temas que la escuela debe resolver sobre el uso de la palabra escrita, como el caso de los chicos que llegan al consultorio porque “el aprendizaje de la cursiva” sigue siendo uno de los principales obstáculos de los chicos a la hora de aprender. “Nos consultan por disgrafías, dislexias y, cuando se evalúa, el resultado es que el problema tiene que ver con la mayor familiaridad que los chicos tienen con la letra de imprenta por los medios audiovisuales”. No estaría mal –sugiere– que la escuela revise si es necesario poner tanto acento en la cursiva, que podría convertirse en poco tiempo en “un elemento más que se enseñe como un bien cultural histórico, como ocurre con los números romanos”.

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