Amelia Biagioni
Oh tenebrosa fulgurante, impía
que reinas entre cábala y quimera,
oh dura poesía
que hiciste mi imprevista calavera.
Por qué me diste huesos
sí yo era, entre lenguas, “la que nombra
muriendo transparente”, y entre besos
“llovizna” desde el beso hasta la sombra.
Sí yo era la pálida costumbre
de cruzar el otoño trashumante,
mientras tú suavemente, ave de lumbre,
alta volabas y constante.
Por qué bajaste oscura. Mis despojos
creas, desencadenas mi esqueleto.
Devoraste mis párpados, mis ojos,
mi corazón secreto.
Oh sacrílega maga que ceñiste
la gracia en hambre, alazo, pico y garra,
por qué en tu salamandra convertiste
a mi tristísima cigarra.
Por qué. Pero me ofrezco y apaciento
mis huesos, y mi cara se acostumbra
a ser tan sólo profecía y viento.
Come, cuerva. Y relumbra.
CADA DÍA, CADA NOCHE
Cada día
me levanto sin nombre,
y en la nuca
una sombra
tenaz, ajena, a filo,
me acusa desde siempre;
y la culpa
total, indescifrable,
entera, me usurpa,
no sé quién soy, me oculto, huyo,
y me pierdo extranjera.
Hasta sentir,
cada noche,
una luz
fiel, entrañable, mansa,
que vuelca desde siempre
río, libélulas, sol, trébol
en mi cabeza más lejana,
y le apoya
alguna, aquella mano;
y cuando empiezo a recordarme,
un ruido sucio, espeso,
de sombra,
se interpone en la nuca
y despierto
sin nombre.
POST MORTEM
Me miran con fijeza ya desierta
mis ojos, desde el cuerpo casi frío.
Acaba de arrojarme el pecho mío
cerrándose después como una puerta.
Sin embargo estoy viva, más despierta
que un filo, sin error, sin desvarío.
Qué espantoso llegar a este sombrío
descubrimiento. He muerto y no estoy muerta.
Quiero llorar con llanto y ya no puedo.
Lo que dudé era cierto: Estoy probando
que se acaba la sangre y no la vida.
Nunca podré morirme. Tengo miedo.
¿Quién con eternidad me está nombrando
e infinito se acerca? Estoy perdida.
EPISODIOS DE UN VIAJE VENIDERO
1
Ya deshojada el alma sueño -adiós corola de preguntas deseos arrullos trances agonías- ya partido el espíritu, el solo el antes sol -puntal de los intentos de asir el íntimo volar remoto y volverlo escritura levitante- el yerto, cumpliendo una canción de la difunta fue confiado a la hoguera, y el súbito resumen de cenizas, a la pasión del mar, quien por obra y por sal de oleaje mítico las rodeó de una barcarola: un arca mínima de titanio domado cuarzo luna o canto rodante, según quien la imagine.
2
Porque un a veces perceptible resplandor del espíritu permanece en los restos mientras conserven su sentido, fulgura en las cenizas navegantes el sinfónico rayo, la mirada desconocida que en su recinto -frente adentro de la asombrada- proyectaba clarividencias, y en el abrazo de su fulgor, ellas duermen entretejidas en un sueño rapsoda, no advertido por tierras ni por naves del mar ni del cenit ni de la mente , ritmado por bonanzas tempestades gaviotas y constelaciones.
3
Cuando el viento promete en su soñar unánime las de la ebria ondeante barcarola ven la primordial devoración, la que origina liberadores arpegios, como el apócrifo: volcán-laurel-zorzal-amor, la ven surgir del mar proteico, en inminencias: archipiélago a punto de alzar vuelo, y pez a punto de entonar: No hay pleno arpegio sin terror ni dolor .
4
Cuando el viento desnuda, desde un océano del tiempo las resumidas en su sueño ven en las orillas cavilantes la zona cumbre del arpegio numeroso: La -cruel o mártir- dual devoración, ceremonia frontal o de perfil, de quienes saben que comen al prójimo, o que son comidos por él.
Ven los infiernos y ven los cielos abriéndose en las almas no son lugares sino estados de alma, fomentados por minorías poderosas oscuras o radiantes -que vierten crimen o belleza sobre todos los órdenes del hambre- diseminadas en la esférica extensión del sufrimiento que la esperanza vuelve músico.
Y sobre oleaje púrpura remonte de las aguas legendarias contemplan el humano devenir, su cíclico argumento desplegado en la porfía metafísica del banquete sin fin, que se alza cae y torna entre el mar de la sed y el salmo hambriento; lo contemplan en cuarteto de travesías: El Barco Ebrio Ulises Moby Dick y Noé pasan creando rebeldía odisea exterminio y regénesis.
5
Y siempre un diferente así, hasta que el mar se acabe y las del arca mínima formen parte de las cenizas de la Tierra, de su bandada sin memoria.
Aunque tal vez la vidente navegación dure menos que el mar y que la guerra, tal vez hasta que un pájaro misil desgarre el viaje el arca el sueño, y las cenizas abandónicas se pierdan iniciándose en el oficio de durmientes de nadie, menos una -ojalá- partícula: la que guarde un resplandor del ojo lince -el de mi contemplar desconocido- la que despierte paulatina sobre las eras asumiendo los arduos porvenires de rima y ronda y organismo ardiente, hasta llegar -escalando el deseo- al rango de algún amante pensamiento: son y escucha de la VIDA que es cántico UNIVERSO improvisándose dentro de algún volar del
Amelia Biagioni nació en Gálvez, Santa Fe, Argentina en 1918 y falleció en Buenos aires el 20 de noviembre de 2000.
Algunas obras: Sonata de soledad (1954), La llave (1958), El humo (1967), Las cacerías (1976), Estaciones de Van Gogh (1984), Región de fugas (1995).

