William Burroughs. El almuerzo desnudo
Sólo hay una cosa dela que puede escribir un escritor: lo que está ante sus sentidos en el momento de escribir… Soy un aparato para grabar… No pretendo imponer “relato”, “argumento”, “continuidad”… En la medida en que consigo un registro Directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta… No pretendo entretener…
“Posesión”, lo llaman… A veces una entidad se mete en el cuerpo -perfiles vacilantes en amarilla mermelada de naranja- y las manos se mueven para destripar a la puta que pasa o para estrangular al feto con la esperanza de aliviar la escasez crónica de viviendas. Como si yo estuviera normalmente allí, pero sujeto a perder la cabeza de vez en cuando… ¡Falso! ¡Nunca estoy aquí…! Algo que nunca posee totalmente, pero de alguna manera está en situación de impedir movimientos imprudentes… Patrullar es, de hecho, mi ocupación principal… Por severas que sean las medidas de Seguridad, siempre estoy Afuera, en algún sitio, dando órdenes, y Dentro de esta camisa de fuerza de mermelada que cede y se deforma, pero que se rehace siempre antes de cada movimiento, pensamiento, impulso, marcado por el sello de la inspección ajena…
Los escritores hablan del dulce olor enfermizo de la muerte, cuando cualquier yonqui puede asegurar que la muerte no tiene olor… y al mismo tiempo un olor que corta la respiración y olerla a través de las circunvoluciones color rosa y los carnales filtros de sangre seca… el olor a muerte es inequívocamente un olor y ausencia total de olor… la ausencia de olor hiere el olfato primero porque toda vida orgánica tiene olor… se siente la suspensión del olor como los ojos sienten la oscuridad, los oídos el silencio, el sentido del equilibrio y el de localización, la tensión y la falta de peso…
Siempre se huele y se hace que otros lo huelan durante las épocas de carencia… Un yonqui en carencia puede hacer invisible todo un apartamento con el olor a muerte que despide… pero una buena ventilación atraerá nuevamente el hedor habitual que nos hemos acostumbrado a respirar… También puedes percibir el olor durante uno de esos cuelgues a tope que de pronto empiezan a crecer en progresión geométrica como un incendio forestal…
La cura siempre significa: ¡Déjalo todo! ¡Salta!
(Naked Lunch, 1959)
William Burroughs nació en Saint Louis, EEUU el 5 de febrero de 1914 y murió en Kansas el 2 de agosto de 1997.
Obras: Yonqui (1953), El almuerzo desnudo (1959), The Soft Machine (1961), Nova Express (1963), Los chicos salvajes (1971), Exterminador (1973), Ciudades de la noche roja (1981), El lugar de los caminos muertos (1984), Marica (1985), Tierras del Occidente (1987), Gato encerrado.

