Mónica Cruppi / Lo que consumimos todo el día
(Publicado en diario La Nación, 30.9.2011)
El conflicto es multicausal. La violencia que vivimos día tras día en el nivel escolar es la misma que la sociedad consume todo el día y durante las 24 horas.
La escuela no es un lugar aislado y la agresión con la que los niños conviven en la casa, en la calle y en la televisión se traslada a la escuela. Sería imposible que las aulas quedaran al margen de esta situación.
Tampoco es un problema social aislado y dentro del ámbito local. La escalada de violencia en este escenario educativo tiene réplicas en todo el mundo y las noticias sobre el tema son repetidas diariamente por los medios de comunicación.
El fenómeno es global. En la actualidad se recurre a los golpes, los insultos y los agravios amparándose en la defensa de los derechos individuales. Caen las instituciones, caen los valores morales, caen la función paterna y la autoridad. Y la violencia está en plena escalada.
En la Argentina la escuela dejó de tener el papel principal de institución educativa. Allí ya no sólo se enseña y se aprende. Hoy las escuelas se articulan como guarderías, hogares de contención y amparo para los chicos.
Cuando el conflicto llega a la escuela es necesario dirigir la mirada hacia otro lugar: como en cualquier orden de la vida, todo comienza en casa, donde el niño nace y se construye socialmente como persona. La nueva generación de padres está desorientada, agotada en sus funciones y carente de recursos. El límite que es bueno y necesario imponer en la crianza se confunde con el reto, el grito y el castigo sin argumento, y la falta de autoridad de los padres se convierte en el autoritarismo de sus hijos.
En la etapa de crecimiento, la imitación es uno de los bastiones del aprendizaje. Copiar lo que se ve, imitar lo que se tiene al lado, reproducir lo que miro a mi alrededor. Y en esos actos cotidianos está la violencia, que se encarniza en las mentes más débiles y fértiles, como la de los niños y los adolescentes.
Otra causa del fenómeno que aqueja a la comunidad educativa y que juega un papel protagónico dentro del análisis es el quiebre de la cultura del trabajo, entendido como un camino de esfuerzo continuo.
He visto en más de una situación cómo un alumno no admite el aplazo académico y la desaprobación. Y he visto en más de una oportunidad el reclamo de los padres detrás del enojo inicial del alumno, que valida la soberbia de su hijo desautorizando la acción del maestro. Los padres vs. los maestros, así muchas veces está planteada la relación.
Urge un tratamiento interdisciplinario para encarar el conflicto. Volver al diálogo y a la reflexión es imperante. Recuperar la palabra perdida para desterrar la violencia encarnizada.
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La autora es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

