Marco Denevi. Necrofilia
Cuenta el mitólogo Patulio: “Al regreso de la guerra contra los mirmidones, Barión sorprendió a su mujer, Casiomea, en brazos de un mozalbete llamado Cástor. Ahí mismo estranguló al intruso y luego arrojó el cadáver al mar.
Noches después, estando Barión deleitándose con Casiomea, se le apareció en la alcoba Cástor, pálido como lo que era, un muerto, y lo conminó a ir al templo de Plutón en Trézene y sacrificarle dos machos cabríos para expiar su crimen. Barión, aterrado y no menos pálido, obedeció.
Mientras tanto el fantasma de Cástor reanudaba sus amores con Casiomea, quien no se atrevió a negarle nada a un ser venido del otro mundo.
Varias veces Barión debió ceder su lecho al cuerpo astral de Cástor sin una protesta, porque el joven lo amenazaba, si se resistía, con llevarlo con él a la tenebrosa región del Infierno”.
El mitólogo Patulio agrega que Cástor tenía un hermano gemelo, de nombre Pólux, pero de este Pólux nada dice.
[De El jardín de las delicias (Mitos eróticos), 1992]
Marco Denevi nació el 12 de mayo de 1922 en Sáenz Peña, Provincia de Buenos Aires, Argentina y murió el 12 de diciembre de 1998. Es autor, entre otras, de las novelas Rosaura a las diez (1955), Ceremonia secreta (1960), Un pequeño café (1966) y Enciclopedia de una familia argentina (1986), los libros de cuentos Falsificaciones (1966 y 1969, microrrelatos), El emperador de la China y otros cuentos (1978), y El amor es un pájaro rebelde (1993), obras de teatro y ensayos.
Marco Denevi. Alegoría del amor senil
Enamorado de ella hasta los hígados, Apolo le prometió acceder a todo lo que le pidiese.
-¿De veras? -palmoteó Deófilis, una joven bellísima recién admitida de la mano (es un decir, de la mano) del dios en la ciencia amatoria-. Entonces te pido que jamás se apague en mis venas el fuego que tú encendiste.
-Está bien. Concedido.
-¿Puedo pedirte una cosa más?
-¿Qué cosa?
-Vivir tantos años como granos de arena caben en mi puño.
-De acuerdo. Pero no te hagas ilusiones conmigo: pasado un tiempo, tendrás que
buscar otros amantes.
-Comprendo. Por suerte, no faltan hombres. Y ahora, un último favor.
Apolo se encolerizó:
-Todas las mujeres son iguales. Cuanto más generoso se es con ellas, más pedigüeñas se ponen. Basta, se acabó. Adiós.
Y se fue volando por los aires.
Se presume que la tercera gracia que Deófilis quería pedirle era la de mantenerse siempre joven.
Setecientos años después Eneas se topó con esta vieja inmunda, que vagaba por los caminos de Italia mendigando el amor de los hombres. Como todos la rechazaban, asqueados, el horrible esqueleto vomitaba injurias atroces, y enseguida vertía lágrimas de un fuego inextinguible.
Varias veces se intentó matarla. Pero aquel espantajo sobrevivía a las lapidaciones, a las horcas, a las hogueras, a los puñales, a los venenos, a la crucifixión, a las dentelladas de los lobos, a las temperaturas hiperbóreas, sobrevivió a un ahogo de tres días bajo el mar.
Como se ignora cuántos granos de arena caben en el puño de una muchacha, tampoco se sabe cuántos años vivió Deófilis.
Un rumor que corría por las tabernas y por los lupanares de Roma sostiene que Eneas, el más misericordioso de los héroes troyanos, se compadeció de ella y satisfizo, por una sola vez, sus apetitos.
De esa unión habrían nacido las moscas.
[De El jardín de las delicias (Mitos eróticos), 1992]
Marco Denevi nació el 12 de mayo de 1922 en Sáenz Peña, Provincia de Buenos Aires, Argentina y murió el 12 de diciembre de 1998. Es autor, entre otras, de las novelas Rosaura a las diez (1955), Un pequeño café (1966) y Enciclopedia de una familia argentina (1986), los libros de cuentos Falsificaciones (1966 y 1969, microrrelatos), El emperador de la China y otros cuentos (1978), y El amor es un pájaro rebelde (1993), obras de teatro y ensayos.

