Mariela Solesio / El 28,3% de los adolescentes, en situación de “rezago educativo”

(Publicado en Perfil, 19.5.2013, www.perfil.com)

Un informe elaborado por la UCA advierte sobre las fallas de la inclusión en la escuela secundaria, a pesar de la inversión educativa. Asignatura pendiente: la jornada completa.

Un informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia –UCA– advierte que el 8,4% de los adolescentes de zonas urbanas no asisten a la escuela y que el 19,9% lo hace con sobre-edad, es decir que el 28,3% de los adolescentes están en situación de “rezago educativo”.

El informe se apoya en los datos generados a partir de una muestra de 5.334 niños y adolescentes pertenecientes a 2.653 hogares de una muestra total de 5.636 hogares, realizada en el año 2012, representativa de 19 conglomerados urbanos.

Si bien, según el estudio, en el nivel inicial (sala de 5 años) y en la escuela primaria la tasa de escolaridad es casi plena, en la secundaria existe un déficit importante, a pesar de que en 2006 se sancionó la Ley de Educación Nacional, que resolvió su obligatoriedad.

Estos números son todavía superiores si incluimos el resto de las zonas, alejadas de los centros urbanos.

Según el censo nacional de 2010, del total de jóvenes entre 15 y 17 años, el 18,4% no va a la escuela. 

Sobre una población secundaria de alrededor tres millones y medio de alumnos, tendríamos que casi 650 mil jóvenes se encuentran fuera del sistema educativo formal. 

Si bien es cierto que el Gobierno nacional ha puesto un fuerte acento en sus discursos sobre políticas de inclusión y ha legislado en materia educativa, también lo es que la tasa de escolaridad ha registrado la menor disminución de los últimos cuatro censos nacionales.

Entre 1981 y 1991, la inasistencia de adolescentes a la escuela secundaria se redujo 24,4 puntos porcentuales; entre 1991 y 2001, lo hizo en 16,8 puntos y entre 2001 y 2010 (último censo nacional) sólo 2,2 puntos.

Los déficits. Como parte de las metas de inclusión, el Gobierno estableció, a través de la Ley de Financiamiento Educativo, que entre 2005 y 2010 se debía lograr que el 30% de los estudiantes escolarizados concurrieran a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando a los sectores más bajos. 

Sin embargo, “para el año 2012, la jornada extendida no alcanza los dos dígitos en ninguno de los niveles educativos”, según los resultados del monitoreo que realizó el Barómetro de la Deuda Social, que señala que nueve de cada diez chicos escolarizados de zonas urbanas asiste a escuelas de jornada simple.

En 2012, sólo el 7,7%, de la población estudiantil primaria, y el 9,8% de secundaria, concurren a escuelas de jornada extendida. Dentro de estos pequeños porcentajes, la oferta se concentra casi exclusivamente en escuelas de gestión privada y el acceso, entre la población media y alta, a contramano de la Ley de Educación que plantea la jornada extendida especialmente para los sectores más vulnerables.

Según el estudio, más del 60% de los niños entre 5 y 12 años no suele realizar actividades deportivas o actividad física programada en espacios extraescolares, y más del 80% no realiza actividades artísticas.

Estas cifras se elevan en los chicos de estrato social más bajo (25% inferior), donde el 71,5% no realiza actividades deportivas extraescolares frente al 49,6% en el estrato medio. 

“Hoy, en la mayoría de las chicos, las únicas vías de socialización son la escuela y la familia. No tienen muchas oportunidades de ubicarse en roles diferentes; esto limita la posibilidad del armado de una red, de generar un capital social”, señaló a este diario Ianina Tuñón, coordinadora del estudio.

Por eso, se entiende que la doble jornada sea un elemento de inclusión trascendental a la hora de brindar oportunidades a los jóvenes de bajos recursos en cuanto al acceso a actividades artísticas, deportivas, científicas y aprendizaje de idiomas, entre otras áreas formativas importantes para el desarrollo humano y social de los niños y adolescentes.Es también una herramienta que ha probado ser eficaz para generar un ambiente más seguro y que estimula el aprendizaje.

“Se supone que podría ser muy útil para fortalecer los procesos de acompañamiento del trayecto educativo de los chicos con apoyo escolar, pero también porque un mayor tiempo en la escuela posibilitaría el desarrollo de actividades que los chicos de los sectores medios desarrollan de modo extraescolar”, agregó Tuñón.

Según el estudio, las desigualdades son más significativas en la adolescencia, donde se registra el doble de diferencia entre los sectores del estrato social muy bajo y sus pares del estrato medio-alto en cuanto a la no realización de actividades deportivas programadas.

Melina Furman / Enseñar ya no sólo es transmitir información

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

A primera vista, aprender hoy no se parece demasiado a lo que significaba aprender hace medio siglo, o incluso hace una década. La tecnología claramente impacta, y mucho, en las posibilidades que tenemos de acceder a lo que otros tienen para contarnos y mostrarnos y en la cantidad de estímulos que recibimos a diario. Pero, ¿existen realmente nuevas maneras de aprender?

Saber algo nuevo implica poner en diálogo lo que ya conocemos con un pedazo de mundo que nos es en principio ajeno, incorporándolo a nuestros esquemas mentales y, en ese proceso, transformándonos a nosotros mismos. Para que ese proceso suceda ncesitamos a un “otro”, más experto, que nos ayude a movernos de donde estamos y llegar un poco más lejos. Hasta aquí, nada muy distinto de lo que describían hace varias décadas los padres de la psicología del aprendizaje Jean Piaget y Lev Vigotsky en sus teorías clásicas sobre la construcción de conocimiento.

Sin embargo, si bien el proceso mismo de aprender sigue siendo fundamentalmente el mismo, en los últimos tiempos el contexto en el que aprendemos ha cambiado profundamente. La cantidad y diversidad de “otros” con la que nos encontramos cotidianamente ha expandido tremendamente. Ya no se trata de aprender solamente de la mano de docentes, padres o autores de libros. Accedemos en un parpadeo a una cantidad gigantesca de información y contenidos que, hasta hace muy poco, difícilmente se hubieran cruzado en nuestros horizontes. Aprendemos sabiendo que no hace falta recordar toda la información que se nos presenta, porque podemos recobrarla muy sencillamente si la necesitamos de nuevo. Formamos parte de conversaciones globales con gente que posiblemente nunca conoceremos personalmente.

Las consecuencias de estas nuevas posibilidades impactan, sin dudas, en cómo chicos y grandes nos embarcamos en el camino de aprender, y también en qué tipos de aprendizajes valoramos como sociedad. Por eso, aunque las bases del aprendizaje sigan siendo las mismas, es fundamental que los modos de enseñanza tengan en cuenta que los contextos ya no lo son. La buena enseñanza, por ende, implica ir mucho más allá de brindar información. Requiere enseñar a dar sentido al caudal de información que recibimos y desarrollar herramientas de pensamiento crítico y creativo que nos permitan participar en la sociedad de manera plena.

No sabemos cómo será el mundo en el futuro próximo. Pero sí sabemos que en muchos sentidos será distinto al de hoy. La buena enseñanza, hoy, implica sentar las bases para (y el deseo de) seguir aprendiendo toda la vida.

Nora Bär / Nuevas tecnologías: cómo están cambiando la forma de aprender

(Publicado en La Nación, 21.4.2013, lanacion.com.ar)

Hace más de 2200 años, el matemático, astrónomo y geógrafo griego Eratóstenes logró calcular las dimensiones de la Tierra con un mínimo error. Para llegar a su resultado se basó en la longitud de la sombra proyectada por una vara el mismo día y a la misma hora en dos ciudades diferentes.

Sin calculadora ni iPad, la mayoría de los “gigantes” que nos precedieron, desde Newton hasta Copérnico o Einstein, no necesitaron mucho más que lápiz y papel para realizar aportes monumentales al conocimiento humano. De allí que muchos se pregunten ahora con inquietud cómo está cambiando nuestra forma de aprende r -y hasta el funcionamiento de nuestros circuitos cerebrales- la ubicuidad de las pantallas portátiles e Internet.

Uno de los que avivaron el fuego de la controversia fue el escritor norteamericano Nicholas Carr. En su libro Superficiales. Qué está haciendo Internet con nuestras mentes, plantea que las nuevas tecnologías conspiran contra nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación. En otras palabras, que están imprimiendo un cambio mayúsculo en nuestra forma de leer y de pensar, y deteriorando nuestros procesos de razonamiento.

“El tema exige dos niveles de análisis -dice el doctor Ezequiel Gleichgerrcht, investigador en neurociencias de la Fundación del Instituto de Neurología Cognitiva y profesor de la Universidad Favaloro-. Por un lado, el evolutivo, para determinar si el cerebro que nos permitía aprender antes es el mismo que el que nos permitirá aprender con esta revolución tecnológica. Resulta muy fácil pensar que nuestro cerebro cambia porque tenemos nuevas necesidades y que esas necesidades se transforman en deseos tan fuertes que pueden incluso transmitirse a nuestros hijos, así como las jirafas supuestamente deseaban tanto alcanzar las hojas altas de los árboles que generación tras generación iban alargando su cuello. Esto no ocurre: los cambios grandes son azarosos y sobreviven los que mejor se adaptan al ambiente. Cuando como sociedad desarrollamos sistemas de escritura y, por ende, la necesidad de aprender a leer y escribir, aquellos cerebros que tenían más capacidad para adaptarse a esas demandas sobrevivieron y es por eso que encontramos en diversos estudios evidencia de que el cerebro lectoescritor tiene algunas diferencias importantes con el de civilizaciones que no tenían ese sistema de comunicación. Por ejemplo, la introducción de la escritura ya no requería tanta memoria y de hecho se ven diferencias en el hipocampo, un área del cerebro fundamental para la consolidación de nuevos recuerdos.”

Para el científico, otro nivel de análisis es el de la adaptación “ontogénica”: es decir, la de un individuo a lo largo de su propia vida.

Y como ilustración ofrece un ejemplo experimental. En un estudio de 2009, un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles estudió con resonancia magnética funcional a un grupo de personas de entre 55 y 76 años que eran “vírgenes” en el aspecto tecnológico mientras completaban tareas de búsqueda en Internet y leían en una computadora, y los compararon con dos grupos de coetáneos con muy poca y mucha experiencia en Internet.

ACTIVACIÓN CEREBRAL

Los autores demostraron que todos tenían una activación cerebral similar al leer un texto simple, pero cuando se les pedía buscar en Internet, los experimentados tenían una activación mucho más global e intensa de circuitos frontales, occipitales y temporales, específicamente en áreas ligadas con la toma de decisiones, la motivación, la visión y la memoria.

“Claramente -subraya Gleichgerrcht, director del nuevo Instituto de Neurociencias de la Educación de la Fundación Ineco-, el cerebro de estas personas era estructuralmente similar, pero los que tenían experiencia habían encontrado nuevas formas de activación para afrontar el desafío de las nuevas tecnologías.”

Experimentos realizados en todo el mundo muestran, sin embargo, que no basta la introducción de computadoras per se para instalar cambios en el aprendizaje. “En muchos de ellos se utilizan juegos para estimular capacidades cognitivas, pero arrojan un éxito moderado -explica el doctor Mariano Sigman, investigador del Conicet y profesor visitante de la Universidad Di Tella-. No existe un casco mágico para aprender sin esfuerzo.”

Investigadores del grupo de Sigman, como Andrea Goldin y colegas del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Buenos Aires, entrenaron a chicos de escuelas primarias con juegos de computadora que estimulan la memoria, la capacidad de mantener la atención durante un tiempo prolongado en un mismo problema y la planificación, tres ladrillos básicos del razonamiento humano.

“Incluso con programas de apenas diez minutos diarios durante diez días vimos cambios, pequeños, pero significativos -destaca Sigman-. Las mejoras se traducían en mejoras en otras pruebas de razonamiento y hasta en las notas escolares.”

El doctor Antonio Battro, psicólogo e integrante de la Academia Pontificia de Ciencias, es muy entusiasta. Como pionero e impulsor de la introducción de las computadoras en la escuela, sostiene que Piaget no llegó a imaginar que, por el mero hecho de aprender a programar, los niños podrían acceder a las operaciones formales muchos años antes de lo predicho por su teoría de los estadios cognitivos.

Con respecto a si los dispositivos digitales estarían conspirando en contra de la capacidad de atención de grandes y chicos, Battro explica que, de acuerdo con los trabajos de Michael Posner y su escuela, se han identificado circuitos neurales que mantienen el estado de alerta, otros que orientan hacia determinados estímulos sensoriales y finalmente aquellos que son capaces de resolver conflictos, llamados ejecutivos. “La combinación de estas tres redes de control es la que modula la atención durante todo el crecimiento -detalla-. El tema crítico es cómo se pasa del control de padres y maestros al autocontrol de cada individuo.”

Según explica Battro, el cerebro humano puede atender varias cosas al mismo tiempo, pero siempre dentro de un sistema dinámico. “La capacidad de concentración depende de múltiples factores biológicos, emocionales, cognitivos, familiares, sociales y culturales -subraya-. Los medios electrónicos exigen tomar decisiones con rapidez; la «opción clic» es fundamental y decisiva para navegar en la Red. Pero saltar de un tema a otro puede tanto estimular la sana curiosidad y la genuina creatividad como esterilizar una búsqueda o un aprendizaje. La pedagogía en la era digital debe profundizar en estas nuevas oportunidades y desafíos que son inéditos en la historia de la educación.”

Hay quienes, sin embargo, incluso tomando la presencia de las computadoras y sucedáneos en el medio ambiente infantil como un hecho positivo advierten que no hay que bajar la guardia.

RED ADICTIVA

“El cerebro humano funciona bastante bien en ciertas escalas temporales -explica Sigman-, por eso las escenas de las películas duran siempre más o menos lo mismo (unos 10 segundos). Pero a veces uno entra en ciclos que van mucho más rápido, como los comedores compulsivos. Hay algo en Internet que se asemeja a eso: es adictiva. Entrena y reemplaza al sistema de recompensa en las cosas más primarias. Y al entrar en ese ritmo uno entra en un circuito que no necesariamente funciona bien para la adquisición y consolidación de conocimiento. Son temas que se están empezando a estudiar.”

Más adelante, el físico y neurocientífico advierte: “Lo que dice Carr tiene cierto sustento y es razonable. Uno con la computadora «terceriza» cosas que antes hacía por sí mismo. Por ejemplo, los cálculos mentales. Ahora directamente los delegamos en las máquinas, aunque sabemos que no es bueno, porque el cálculo no sólo sirve para calcular, sino que es un modelo de razonamiento. A veces, uno estudia algo en el colegio y diez años después lo olvida, pero no importa: lo importante no es el ejercicio en sí, sino el desarrollo de dominios cognitivos. Hay que tomarlas con cierto cuidado”.

* * *

Editora de la sección Ciencia/Salud de LA NACION, Nora Bär se incorporó en 1990 a la Redacción del diario, aunque comenzó como colaboradora en 1980, siempre en su especialidad, el periodismo científico. Nació en Buenos Aires en 1951, fue maestra, estudió la carrera de Letras y de traductorado del francés en la Universidad de Buenos Aires y tiene cuatro hijos. Pertenece a la International Science Writers Association y es columnista de varios programas radiales. En 1997 obtuvo el diploma al mérito en divulgación científica otorgado por la Fundación Konex. En 2002, se incorporó a la Academia Nacional de Periodismo. nbar@lanacion.com.ar

Guillermo Jaim Etcheverry / Tiempo de replantear la tarea de educar

(Publicado en Clarín, 17.4.2013, clarin.com)

Los argentinos hemos dejado de confiar en la educación como un elemento de progreso. Revertirlo es un compromiso de todos.

Los problemas que enfrenta la educación argentina, ya tan bien conocidos, pueden sintetizarse señalando que:

1. contamos con relativamente pocos ciudadanos educados: de cada 100 niños que comienzan la educación primaria, al cabo de doce años sólo 37 completarán el nivel medio;

2. casi la mitad de quienes lo hacen tiene dificultades para comprender lo que leen y para realizar simples ejercicios de matemática;

3. existen marcadas desigualdades tanto en la cantidad como en la calidad de la educación que reciben los alumnos dependiendo de los niveles sociales, económicos y culturales de las familias de las que provienen;

4. hay en el país casi un millón de jóvenes menores de 25 años queno trabajan ni estudian, es decir, que no hacen nada;

5. asistimos a una alarmante declinación de la escuela públicaque en el pasado resultó esencial para intentar igualar las oportunidades y formar nuestra ciudadanía.

Es innegable que en los últimos años el país ha realizado un importante y muy auspicioso esfuerzo destinado a promover la educación como lo demuestra el significativo incremento de la inversión con esa finalidad en relación al producto interno bruto. Sin embargo, ese aumento de recursos no se ha visto reflejado en una mejoría sustancial de los indicadores relacionados con la cantidadde personas educadas y con la calidad de la educación que han recibido.

¿Qué hacer para revertir esta preocupante situación? Resulta evidente que, aunque no en las palabras, en los hechos hemosdejado de confiar en la educación como un elemento de progreso individual y social. Se ha roto el pacto fundante de la escuela basado en la alianza de los padres
con los maestros para educar a sus hijos. Hoy los padres se unen a ellos en contra de la institución educativa a la que perciben como una herramienta social de opresión, que condiciona la entrega del bien deseado, la certificación.

Aunque cueste admitirlo, el interés está centrado en eliminar esos requisitos, una evidencia más del facilismo que está permeando toda nuestra sociedad.

Es preciso volver a pensar que la educación es esencial para la construcción de las personas y que supone un cierto compromiso de todos, una aceptación de la necesidad de dedicarle una atención y un esfuerzo que trascienden lo simplemente formal. De allí que resulte prioritario recuperar el prestigio social de la educación cuya caída se evidencia en la escasa consideración de la que hoy gozan los docentes que refleja esa pérdida de confianza en la educación. Maestros y profesores son concebidos como los cuidadores de la guardería ilustrada en la que se está transformando la escuela.

Cada día ésta es más un centro de asistencia social que una institución cuya tarea central es la de formar seres humanos. Darles de comer, sí, pero también darles de leer, introducir a las nuevas generaciones al saber y al conocimiento, proporcionarles el acceso a las herramientas que nos hacen humanos. La calidad docente, clave de la enseñanza, exige la previa reconstrucción de esa confianza perdida en la educación, el replanteo de sus objetivos en estas épocas en que la sociedad experimenta profundas mutaciones.

Nos singulariza como humanos la capacidad de reflexionar, crear, imaginar. Y sólo es posible manejando una serie de conocimientos y saberes concretos, de experiencias personales. Si no nos proponemos transmitir esa herencia cultural ­esas posibilidades de lo humano como lo señala Hesíodo, poeta griego del siglo VIII A.C., cuando dice “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser“­ no cumpliremos con nuestra función de introductores de las nuevas generaciones a un mundo que existía antes de que ellas llegaran y que, esperemos, continuará cuando lo abandonen.
* Ex Rector de la UBA, miembro de la Academia Nacional de Educación y del Consejo Asesor de Clarín Educación.

Luciana Vázquez / Abraham: “Éste es un gobierno de estafas ideológicas”

(Publicado en La Nación, 13.3.2013, lanacion.com.ar)

En una entrevista con LA NACION, el filósofo sostiene que se estimula una cultura que “tiene algo de fraude”; analiza la educación, con definiciones agudas

Le molesta, y mucho, el lugar común que propone a la educación como un mecanismo de ascenso social. “La gente que dice que el pobre supera su condición económica con educación en general es gente rica”, sentencia el filósofo Tomás Abraham. No se deja tentar ni un segundo por el juvenilismo militante que corta calles y toma escuelas: “Que haya política es muy importante, pero la política no es sacar un banco a la calle”, precisa. Reivindica sin vueltas la educación como estudio, y el estudio como un trabajo tan duro como inspirador.

Abraham ataca de nuevo con la filosofía que practica como nadie: la que no necesita de la cita de autoridad ni de las reflexiones celestiales para llegar hasta la médula de una realidad bien local. Como suele hacer, sin pelos en la lengua, desanda lo que denomina “estafas ideológicas” orquestadas del poder. Pero también deschava con la misma verba salvaje las coartadas que se monta la sociedad argentina. Esta vez, la interpelación alcanza a la educación, a los docentes, los alumnos y sus padres.

-Usted viene insistiendo con que en la Argentina se da una estafa educativa.

-Éste es un gobierno de estafas ideológicas, se dice una cosa y se piensa otra. Por supuesto, la estafa necesita una serie de redes de la sociedad civil para que tenga consenso.

-¿Y en qué sentido es una estafa educativa?

-Porque al Gobierno no le importa nada la educación, sólo le importa el poder. Se estimula una cultura que tiene algo de fraude. Inauguran el Polo Científico o crean un ministerio o Tecnópolis pero lo que les importa realmente es el flash. No hay una vocación profunda de hablar de la educación o mejor dicho, del estudio. Yo hablo del estudio, no de la educación.

-¿Por qué hace esa distinción?

-Puede haber otras cosas que tengan que ver con educación. A mí lo que me interesa es el estudiar, que es investigar y aprender. La educación gira alrededor de eso. A eso no se le da importancia. Se habla de ocupar colegios, de vueltas olímpicas, de que los chicos tienen derechos, de los padres que defienden a los hijos, se habla de los pobres, de los que no pueden, de incluir. Toda verborragia que nada tiene que ver con el estudiar.

-¿Qué tendría que ver con el estudiar?

-Aprender, conocer el mundo en el que vivís. Un hombre es un ser vivo de adquisición primero para sobrevivir, después para controlar las pulsiones y ser funcional a un universo que te exige reglas. Y después está el aprender para crear y, para eso, tenés que conocer, aprender biología, matemática, lengua que tienen que ver con el mundo.

-Hay todo un discurso sobre la educación que pone el eje en la contención antes que en los conocimientos. ¿Qué le parece a usted esa vertiente?

-Ese psicologismo analfabetiza. Por supuesto que hoy en día el maestro es capaz de comprender a un chico distraído y su única opción no es castigarlo. Y eso está bien. Pero otra cosa es esta especie de masturbación emotiva en donde el maestro disculpa la falta de preparación del alumno, su falta de interés en aprender, en conocer mundo. Que haya gabinete psicológico, pero el núcleo de la escuela es otro.

-En cierta forma hay un olvido de ese núcleo.

-Una escuela no es la casa. Tampoco es una plaza ni una pista de skate. Una escuela es el lugar del estudio, es decir donde maestros y alumnos conocen el mundo. No pienso tanto en la primaria que todavía tiene algo de matricial y materno. Hablo de esa otra etapa, cuando el ser humano ya está con potencialidad de pensar por sí mismo. El adolescente responde con su opinión. Es rebelde, es reactivo. Tiene energías de conquista. A veces esa energía se malgasta.

-¿Malgastarla es tomar escuelas, por ejemplo?

-Malgastarla es que tomar una escuela sea lo más importante del año. Si querés, tomá la escuela: a lo mejor te tocó un rector de cuarta. Pero lo más importante del año no es tomar la escuela.

-¿Qué sería lo más importante del año?

-Esa clase del profesor de biología que le dio vuelta la cabeza. Eso es, el profesor y las clases que despiertan vocaciones.

-Pero lo que ofrece la escuela a veces no es muy tentador…

-Todo eso es responsabilidad de maestros, padres y alumnos. El profesor no te lo ofrece. Pero cuando te lo ofrece, te importa muy poco. Por eso es estafa completa. En esa estafa viven todos bien. La educación pasa a ser en realidad una solución para que todos los mediocres sean felices: los profesores hacen paro los jueves hasta el martes porque hay un fin de semana largo pago, por supuesto, y son felices. (Alberto) Sileoni es feliz porque saca un libro con frases de Cristina. Los alumnos son felices porque no tienen nada que hacer y disfrutan del no laburar. Pero eso además es una estafa porque la idea de trabajo no gusta. Y estudiar es trabajar y si tu trabajo es aprender, trabajar es lindo. No puede ser que no te guste ninguna materia y la culpa la tenga el sistema educativo o los profesores. Es toda una mentira que les permite a todos ser felices. Porque está claro que vas a una secundaria y no hay una huelga de hambre de los estudiantes reclamando porque no aprenden nada.

-Es cierto, no recuerdo tomas de colegios porque no se aprende.

-También es cierto que los apasionados por aprender siempre fueron minoría. Pero acá hay un estándar que se organiza de arriba para abajo, por eso es una estafa. Y después hay una especie de complicidad de la que todos sacan un beneficio, entonces pobrecitos los pobres que no están incluidos, pobrecito el maestro rural.

-La caridad educativa. ¿Qué piensa de los cuestionamientos en torno a la meritocracia, que ya no se ve como máquina infalible de un ascenso social justo?

-Claro, porque se parte de niveles distintos. A la palabra “mérito” le ponés “cracia” y arruinaste el mérito. La sociedad tiene que estimular. No puede dejar sola a la gente y que no importe si hace las cosas bien o mal. Pero no se trata de decir miren, acá está Periquito, sacó un diez y ustedes son unos burros. Estimular no es humillar. Es todo lo contrario, abrirle el camino al que se interesa y reconocerlo.

-¿Qué tipo de reconocimiento sería?

-Le pongo un diez.

-¿El diez es para el que resolvió toda la prueba de matemática o para el chico que empezó sin saber nada pero finalmente pudo resolver tres ejercicios porque su crecimiento de conocimiento fue enorme?

-La profesión del profesor, cuando tiene un aula, es una relación clínica, singular. Cada chico es un mundo aparte. No hay una matriz ni un método. Los que buscan métodos son los pedagogos. Al que resolvió todo le ponés diez. Y al pibe que tenía dificultades y de cinco resuelve tres, también y lo felicitás delante de todos. El origen de cada pibe siempre va a ser diferente. Pero ya sabemos, un pibe de la villa no tiene un problema educativo.

-Tiene problemas muchos más serios.

-Tiene problemas vitales. Es un abandonado. Tiene un problema de vacunas, de alimentos, de un padre que no está, de una madre que vuelve a las doce de la noche. El problema educativo es de la clase media. Ahí están los brutos; no están en las villas. Lo que pasa es que los pedagogos, de la clase media, hablan de la villa para no hablar del embrutecimiento de la clase media.

-¿Pero educarse garantiza al menos a un chico marginado un mejor futuro que el presente del que parte?

-La educación es fundamental, pero no es garantía de nada. La gente que dice que el pobre supera su condición económica con educación, en general es gente rica. Ahora bien, indudablemente aprender cosas te permite pensar y elegir, pero no por eso vas a ser rico. No hay cosa más emotiva que un pibe pobre que va a un colegio y que es estudioso y la mamá trabaja horas extras para que el chico estudie. ¿Hay algo más emotivo que eso? Eso a mí me saca lágrimas. Sarmiento era eso, un pibe pobre de San Juan que sueña con Washington. en San Juan, una toldería con un cura y un milico y ahí aparece este Dominguito con que quiero estudiar, quiero aprender. A gente así hay que darle y exigirle, no compadecerla. Eso de poner la educación como ascenso social me molesta mucho. Yo veo la educación como un explorador que descubre mundos. El aprender tiene un premio en sí mismo.

-Después, quizás, acarrea otros efectos pero en principio, vale por sí misma.

-Siempre hay añadidura. Como si hubiera que explicarle a alguien que hacer el amor te va a relajar, te va a hacer más productivo. No. Hacer el amor es lindo en sí. Aprender es como hacer el amor: es lindo por sí mismo.

-¿Qué tiene que tener ese ambiente de aprendizaje?

-El aprendizaje también es un ritual: no podés estar con el celular. Tiene que haber alegría, el profesor tiene que tener entusiasmo por lo que hace. Ningún ministro de Educación le va a dar el entusiasmo. El aprender también necesita trabajo, es decir, esfuerzo. El trabajo da pena. Es un cierto dolor. Posterga la satisfacción. ¿Pero no es la vida eso?

-¿El aprender debería también aislarse de los “ruidos” de la militancia?

-Yo no lo veo así. La militancia está muy bien. La universidad, por ejemplo, tiene que ser porosa a todo. No veo ninguna incompatibilidad entre el ruido y la concentración. Que haya política es muy importante, pero la política no es sacar un banco a la calle.

-Pero se confunden mucho.

-Yo tuve seis meses de estudiante en la UBA pero con militancia. La militancia es buena: te hacía estudiar. Es cierto que cuando hay organizaciones anárquicas, es muy difícil que haya ambiente de estudio. Pero pasa porque lo que les interesa no es el estudio sino melonear a la gente. Pero ese problema no se soluciona sin política y suprimiendo la militancia. Se soluciona teniendo a Gastón Burucúa como profesor, a Beatriz Sarlo, a David Viña, es decir, que los estudiantes hagan política pero que tengan a los mejores profesores. Los buenos profesores te concentran. No necesitás el silencio de la apoliticidad.

-Un director de escuela privada me comentaba que cuando los alumnos reclaman, deben presentar cuatro propuestas de solución.

-Esto exige que los alumnos se sientan representados por la institución y que acepten un acuerdo básico acerca del modo en que funciona. Esto se da en las instituciones privadas pero no en las del Estado, donde no hay identificación ni con las autoridades ni con el mero hecho de estar allí. Ahí se disputa el poder y no el funcionamiento. Por eso parece absurdo en esas condiciones proponer soluciones de mejoría, es reforzar el statu quo que se combate.

-Pero así seguimos atrapados en la identificación entre compromiso militante y toma del colegio.

-Pero eso pasa porque nadie quiere estudiar. Si vos tomás un colegio, no estudiás. No hay nadie que diga no lo tomemos porque me pierdo la clase el profesor de biología. Ocupás un colegio para que haya una situación irresoluble que obliga a prestarte atención porque se supone que nunca nadie te prestó atención. Mentira. Porque empiezan por el extremo: no es que pidieron diez audiencias y no te las dieron. Ocupan colegios para conseguir la primera. También puede ser, para ser bueno, que de arriba para abajo no les expliquen los cambios o se los expliquen muy mal. Pero lo de la toma del colegio tiene mucho placer, mucha adrenalina. Salís en tele. Te llaman de las radios. Vas ahí y sos un personaje como la chilena (Camila Vallejo). Es el modelo. De repente aparece tu familia. Aparece el padre en contra del rector y lo vio el hermano, el empleado, el jefe, y le dicen “che, te vi ayer en tele, estuviste muy bien, estuviste bárbaro.” La adrenalina tendría que estar puesta en el estudio. En cambio, esa adrenalina donde se unen maestros, alumnos y padres es la adrenalina de salir por tele.

-¿Cómo ve los sistemas de medición y evaluación de resultados educativos?

-No me parece ni bien ni mal. Son ideas burocráticas. Lo mío es la mística. Estos sistemas son nuevos sistemas policiales: la gente se cuida y hace bien porque la vigilan. Ojo del amo engorda el ganado. No digo que esté mal, no digo que el amo no tenga que estar y que el ganado tenga que estar solo. Si sistemas como esos ayudan a que la gente no se tire a chanta, háganlo, pero para mí el tema pasa por otro lado. Pasa por las ganas de estudiar. Como no soy Jean Jacques Rousseau y no creo que esas ganas van a salir espontáneamente, creo que se necesitan políticas, pero la política tiene que juntarse con la mística. Que los discursos hablen de lo lindo que es aprender, del afán del estudio, de cómo un Premio Nobel de Física se hizo a sí mismo.

-Usted la pasó mal en la primaria con su tartamudez y en secundaria, por la disciplina férrea del ILSE.

-Sí, a veces sí.

-Pero sigue creyendo en la escuela.

-No creo en la escuela. Es como creer en el semáforo: el semáforo tiene que estar sino los coches chocan.

-Digámoslo así: cree que la escuela es una institución necesaria.

-Por ahora, para aprender la gente se reúne en lugares públicos llamados escuela. Es un lugar de aprendizaje y puede ser un lugar vital y abierto.

-¿Eso implica eliminar los pupitres, el profesor y transformar ese escenario de autoridad?

-No. Yo no soy hippie. El maestro es alguien que se respeta. Sabe algunas cosa que yo no sé, biología por ejemplo. A lo mejor yo sé más de fútbol. Pero no voy a respetarlo porque sabe más sino porque es el maestro. En cambio, él no me tiene que respetar a mí. El está para ayudarme. Me tiene que querer aunque no como me quiere mi papá. Yo al maestro le tengo que importar. Pero no me tiene que respetar.

-Desde este presente tan “contenedor”, nociones como esa pueden interpretarse como autoritarias.

-Si vos le importás a alguien, el otro no es un déspota. El déspota está para perjudicarte. Lo único que le importa al déspota es él mismo. Yo hablo de lo contrario: al maestro le importás vos. Yo estoy hablando de amor.

La escuela inconclusa

(Editorial publicado en La Nación, 27.12.2012)

El dato de que hay un 14% de alumnos de la enseñanza media que no la concluye aunque deba solo una o dos materias indica una tendencia preocupante

La escuela media, centro crítico de debates, renueva varios motivos de preocupación. Hace poco, el Ministerio de Educación nacional dio a conocer dos datos estadísticos de interés: sólo el 58 por ciento de los alumnos que iniciaron la enseñanza media la concluye; ahora bien, de ese porcentaje hay que restar el 14 por ciento, que no la termina, aunque sólo adeude una o algunas materias del último año. Esta negación a completar los estudios cuando se está tan cerca de la meta promueve la búsqueda de explicaciones que justifiquen el abandono de la nave cuando se está por llegar al puerto.

En principio, resulta insensata la conducta de los alumnos que proceden de ese modo. Si se la analiza, se puede reconocer que no se trata de un hecho aislado ni antes desconocido. Al contrario. Lo que llama la atención de manera justificada es el aumento de esos casos que se ha verificado en los últimos años. De ahí que en las escuelas se han implementado cursos de preparación y se establecen nuevos días de examen, a fin de crear mejores condiciones para que los alumnos puedan superar las pruebas finales. A ese loable propósito contribuyen los Centros de Orientación y Apoyo en la provincia bonaerense y el Programa Terminalidad en la ciudad de Buenos Aires, en el cual pueden incorporarse alumnos que arrastran materias pendientes desde una década atrás. Al mismo objetivo responde el spot publicitario “Ponele título a tu secundario”, que, con el auspicio ministerial, se ha difundido tanto por radio como por televisión.

El problema no es simple. La oportunidad de aprender es un derecho, pero como contrapartida genera el deber de superar las demandas del estudio que, si se dejan de cumplir, impiden los pasos subsiguientes para acceder a un proyecto profesional superior o a un puesto de trabajo, pues el título es indispensable para ello; de lo contrario, el esfuerzo de cinco años concluye en frustración.

Esa negación a completar el nivel medio suele encubrir algo más que una obstinación o la sugestión de comportamientos que se imitan. A menudo esa ingrata decisión es el fruto de interacciones conflictivas entre alumno, familia y docentes, cuestión que reclama ser analizada en los casos concretos.

No se agotan ahí las causas probables del problema, ya que pueden influir diversos procesos del desarrollo personal que se enmascaran con el argumento de que, en realidad, el título no es necesario, o no siempre lo es, o que se rendirá cuando lo decida el joven alumno. Se trata, como puede advertirse con facilidad, de afirmaciones voluntaristas con las cuales se pretende ganar en autonomía.

Teniendo esto importancia, lo cierto es que, en el fondo, la clave del grave problema se relaciona con la motivación, el dinamismo propio del sujeto, que lo mueve desde adentro, a diferencia de los estímulos o incentivos externos. Es decir, la motivación sentida es la que decide por la negación o la afirmación de una conducta y le confiere el protagonismo deseado al estudiante.

Por lo tanto, siendo acertado alentar, ofrecer mejores opciones y facilitar la preparación, el quid de la cuestión reside en saber motivar, tanto para superar pruebas, enfrentar dificultades o encarar un objetivo en la vida.

Escuela Nº 5 Adultos, Distrito Escolar 16: para mayores de 14 años que quieran iniciar o terminar la escuela primaria

La Escuela Nº 5 Adultos del Distrito Escolar 16 brinda la posibilidad de terminar o iniciar la escuela primaria a personas mayores de 14 años, con modalidad presencial o semipresencial y de manera gratuita.

Ofrece cursos especiales con salida laboral: Corte y confección, Cocina, Folklore, Inglés (Nivel I y II), Computación, Cosmetología, Accesorios de la moda y Peluquería.

El horario es de 19 a 21 hs.

La escuela está ubicada en José León Cabezón 3446, Villa Devoto, a cinco cuadras de Av San Martín y Av General Paz.

Teléfono 4574-5188.

Axel Rivas / Huellas de la desintegración social

(Publicado en La Nación, 2.9.2012)

El pasaje de la escuela pública a la privada fue una constante entre 2003 y 2009. La mayor causa es el surco de las desigualdades. Entre 1975 y 2003 la Argentina aumentó las brechas de ingresos como ningún otro país de América latina. Al mismo tiempo creció -mucho más en democracia- el acceso a la escuela. La consecuencia fue una intensa segregación del sistema educativo. Los sectores medios huyeron a la escuela privada, esquivando a los pobres que entraban en la pública.

El crecimiento económico desde 2003 hizo que muchas familias tengan recursos y opten por la escuela privada, como parte de ese patrón de separación entre sectores sociales. La escuela pública perdió (salvo en ciertas localidades) su eje de integración social. Cada escuela se aisló en un imaginario social, reduccionista, segregatorio, endogámico. Tal como ocurrió con la sociedad: cada uno protegiéndose de los demás, perdiendo los lazos comunes, buscando la distinción, la “salvación”.

El declive de la escuela pública fue parte de este proceso, que se expresó tanto en el magro salario docente de los años 80 y 90 como en el desánimo por tener que contener a los derrotados de un modelo de exclusión social. La degradación del eje pedagógico hizo de la escuela pública un espacio cada vez más evitado por aquellos que tenían recursos materiales o simbólicos para refugiarse en las privadas, que también se hicieron más heterogéneas socialmente.

Esta búsqueda de distinción no estuvo basada en la calidad educativa. Incluso las pruebas PISA demuestran que, controlando las variables externas a las escuelas, las públicas y privadas tienen los mismos resultados en la Argentina. Lo que llevó a la elección de las privadas fue más la necesidad de unirse en colectivos de pertenencia social compartida.

El ausentismo y los paros docentes -que sugestivamente se realizan en las escuelas públicas pero no en las privadas, pese a que ambas se benefician de las mejoras salariales- también dejaron su huella como causa del pasaje. Esto incluso comienza a ser debatido seriamente en la actualidad.

La buena noticia para quienes pensamos en la escuela pública como un bastión a recuperar es que el pasaje se frenó en 2010. El impacto de Conectar Igualdad y un incipiente rescate de las políticas pedagógicas -en el currículum, la capacitación, la supervisión y la evaluación- comienzan a sentirse en las escuelas.

La mejora de la inversión educativa y de los salarios docentes cimentaron estas condiciones. Pero no basta con estas fuerzas para recomponer lo desarticulado. Es imperioso volcar las prioridades en las capacidades docentes para fortalecer la escuela pública. Y dar las necesarias batallas por la distribución de la riqueza, verdadera base de un sistema educativo más justo.

* * *

Axel Rivas (en www.tedxriodelaplata.org)

Es un defensor de la educación pública como vehículo de justicia social y desde hace 15 años trabaja para reducir las inmensas desigualdades educativas en América Latina y en el federalismo argentino. Desde 2002 es Director del Programa de Educación de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar el funcionamiento del Estado.

Está a punto de doctorarse en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego de pasar un año en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA y Máster en Ciencias Sociales y Educación de FLACSO-Argentina.

Es profesor de materias de política educativa en las Universidades de San Andrés, Di Tella, FLACSO, Alberto Hurtado de Chile y Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires y desde hace más de 10 años es docente de Sociología de la Educación en la UBA.

Publicó seis libros y decenas de artículos sobre política comparada de la educación. Ganó el Concurso Anual de la Academia Nacional de Educación 2009, entre otros premios por su trayectoria en la investigación educativa.

Coordinó diversas iniciativas de investigación, monitoreo y asistencia técnica para la mejora educativa en la mayoría de las provincias argentinas. Una muestra de su trabajo cotidiano puede verse en el blog Nexos, que resume un proyecto de más de cinco años para transformar la política educativa en pos de la justicia distributiva: http://nexos.cippec.org

Raquel San Martín / Fuga a la escuela privada en la era K

(Publicado en La Nación, 2.9.2012)

El discurso oficial de recuperación de la educación pública se ve cuestionado por las cifras: de todos los alumnos que se incorporaron a la educación privada desde 1994, el 60% lo hizo en el período kirchnerista. Por qué, pese al abultado presupuesto, los padres cambian guardapolvos por uniformes para sus hijos

De escalera al futuro a espacio de supervivencia, de escenario de la diversidad social a un lugar donde todos se parecen, la escuela pública en la Argentina sufrió en la última década el deterioro del que es más difícil salir: la percepción negativa -o, al menos, preocupada- de buena parte de la sociedad, que en números crecientes busca refugio en la educación privada para sus hijos.

En efecto, aunque se suele adjudicar al neoliberalismo menemista la destrucción de la escuela pública, y a la era kirchnerista la recuperación de la educación estatal, el fenómeno de los alumnos que migran a la educación privada se aceleró durante los años de gobierno K. De los 850.000 nuevos alumnos incorporados a la educación privada entre 1994 y 2010 en el país, el 60% pasó después de 2003. Según muestra un trabajo de Mariano Narodowski -ex ministro de Educación porteño- y Mauro Moschetti, ambos investigadores de la Universidad Torcuato Di Tella, sobre la base de datos oficiales, entre 2003 y 2010, tiempo de gobiernos kirchneristas, aumento presupuestario para educación, entrega de netbooks y mejoras en la infraestructura escolar, esta “fuga” a las escuelas privadas se triplicó con respecto a los años 90: pasó del 7% que había mostrado entre 1994 y 1999 al 20,7% entre 2003 y 2010.

Este tránsito a las escuelas privadas -particularmente por parte de familias de clase media baja, que prefieren pagar una cuota accesible en escuelas parroquiales o privadas más económicas en lugar de mandar a sus hijos a la escuela pública de sus barrios- pone en evidencia un debate nunca profundizado: por qué el aumento de recursos para educación dispuesto desde 2003 y las leyes educativas modernizadoras de este gobierno no han logrado impactar en la vida de las escuelas ni reducir las desigualdades educativas.

Al cambiar el guardapolvo por el uniforme, los padres no buscan tanto que sus hijos aprendan mejor matemática o inglés, sino que lo hagan en días de clase que no se interrumpan por paros o ausencias docentes, con disciplina y mayor atención a cada chico, en instalaciones con gas y sin problemas. Significa, en otras palabras, escapar de una escuela pública que se percibe sin orden ni demasiado control, más insegura, que en los contextos más pobres deja entrar la violencia y la amenaza de la droga, y que no asegura el aprendizaje. Que la escuela pública aparezca hoy como centro de disputas entre adoctrinamiento político o participación, entre parodia o libre expresión, no hace mucho para cambiar esas percepciones.

“Durante un tiempo, los que se pudieron ir de la escuela estatal se fueron; ahora, es cada vez menos una opción para ingresar en el sistema”, apunta a La Nacion Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP) y aporta una cifra: en 2003, el 22,5% de los chicos empezaba primer grado en una escuela privada; el año pasado, lo hizo el 38,9%. “La educación es más que entregar computadoras y dar inglés. Es saber que todos los días alguien recibe a los chicos, que tienen clases, que las escuelas funcionan. En los sectores más pobres, las escuelas privadas tienen un nivel de orden que las familias necesitan”, dice.

La mirada tiene su parte de injusticia, claro: ni todas las escuelas públicas responden a este retrato, ni todas las privadas garantizan lo contrario. Pero la existencia de esta idea, que está instalada, es una señal de alarma: el lazo de lealtad que unía a la clase media y la escuela pública está roto, y por la peor de las razones: la desconfianza.

Según datos del Ministerio de Educación, en 2003, el 74,9% de los alumnos asistía a escuelas públicas; en 2006, lo hacía el 73,2%, y en 2010, el número se había reducido al 72%. Si se mira sólo la matrícula de las escuelas primarias, el descenso es más abrupto: del 79,4% en 2003 pasó al 78,6% en 2006 y al 75,1% en 2010.

Las escuelas privadas más demandadas son las que tienen cuotas más reducidas, en zonas de clase media y media baja, en el conurbano. No son pocas: aunque las casi 11.600 escuelas privadas del país tienen un abanico de cuotas que va desde 20 a 5000 pesos por mes, casi el 40% de ellas cobra menos de 500 pesos.

Palabra de los padres

La idea se confirma en las escuelas. En el Sagrado Corazón, en el centro de San Martín -de jardín a secundaria- no dejan de llegar alumnos de escuelas públicas. “Es gente que con esfuerzo prefiere mandar a sus hijos a un privado para que tengan continuidad de clases y apuestan a la educación como lo único que pueden dejarles”, señala Mónica Pérez, directora del nivel primario, donde asisten 412 alumnos que pagan unos 270 pesos por mes.

Lo mismo sucede en el Colegio Sarmiento, de Ramos Mejía, un secundario de dimensiones pequeñas y cuota accesible (400 pesos), donde en los últimos tres años han recibido incluso grupos de estudiantes de escuelas públicas de la zona. “La cuota es de las menos caras, pero a la vez los padres vienen buscando una mejor educación en términos generales, que incluya disciplina, un trato más personalizado, días de clase que se cumplen”, apunta el director, Sergio Laurenza.

En Mataderos, el Colegio Evangélico Nueva Chicago recibe a muchos padres que, al cambiar allí a sus hijos, “mencionan el ambiente y la violencia en las escuelas estatales, y dicen que buscan una mirada más atenta del docente. Otros notan, en conversaciones con familiares y amigos, que hay diferencias en el aprendizaje de sus hijos”, explica Aimy González, la directora de la escuela, con 270 alumnos -algunos del conurbano, otros de Ciudad Oculta, dice- y una cuota de 590 pesos. “Somos la única escuela con este régimen en la zona. Son 8 horas en la escuela y eso es muy valorado”, afirma.

También piensan en ampliaciones en el colegio San Martín de Porres, cercano a un barrio muy humilde en San Martín. Abarca desde jardín maternal a secundaria, e incluye primario y secundario de adultos. La cuota cuesta 70 pesos por mes. “Cada nivel se fue abriendo para responder a una necesidad del barrio. No creo que nos elijan en desmedro de las estatales. Estamos todas a disposición. Aquí llegan, a veces, cuando no hay vacantes en las estatales más cercanas, aunque es cierto que nos reconocen porque trabajamos bien desde lo pedagógico y seguimos de cerca a los alumnos”, apunta la directora del primario, Graciela Ibieta.

No es fácil ampliarse. Para las escuelas privadas -un universo heterogéneo y algo opaco para los padres que deben tomar decisiones-, hacer frente a la demanda creciente no es fácil. “Hay zonas en la que ya no puede crecer la oferta. En Capital o Gran Buenos Aires, poner una escuela privada nueva, a los valores de terrenos, es prácticamente imposible. Sí se puede ampliar un edificio, pero es prohibitivo comprar terrenos”, apunta Andrés Sirotzky, director de la consultora Redes, que trabaja con colegios privados.

Esta sensación de orden se contrapone a la incertidumbre que generan muchas escuelas públicas. “En estos años la plata se fue en salarios, libros y edificios, pero hay un problema de clima escolar”, apunta Iaies. Se refiere, por ejemplo, a la dificultad de que en las escuelas públicas se generen equipos de trabajo estables en el tiempo. El Observatorio de la Educación Básica, integrado por el CEPP y la UBA, realizó una encuesta en directivos y docentes de 550 escuelas de todo el país. Mientras que en las primarias estatales el 50% de los directores tiene 5 años o menos de antigüedad, en el sector privado el 51% cuenta 16 años o más en el cargo, y mientras el 62% de los docentes estatales están en su cargo hace 5 años o menos, está en esa situación el 42% de los privados.

La calidad educativa en las escuelas públicas, al parecer, ya no es un producto del sistema, sino el logro institucional de algunos colegios, por propio impulso. Y la mayoría de los mejores no están en las zonas más desfavorecidas. Así, en la Argentina desigual la situación se da vuelta: si para un sector de la clase media, elegir una escuela pública -”una buena”, se suele aclarar-, puede ser un signo de progresismo que se remarca en público, para los que hacen esfuerzos para no caer del sistema, la escuela privada puede ser la diferencia entre “salvar” a un hijo o condenarlo al descenso social.

Hay quienes sostienen, sin embargo, que este pasaje de alumnos es, al revés, un efecto del crecimiento económico. “Lo que explica el crecimiento de la educación privada es la mejor capacidad de consumo de los sectores medios. Cuando el ingreso de los sectores medios y medios bajos mejora, eso se destina a alimentación y educación”, dice el senador oficialista Daniel Filmus, ex ministro de Educación. Si se creyera que la educación pública es buena, ¿no se la elegiría aún con capacidad de pago? “Cuando se elige una escuela privada porque se cree que allí hay mejor calidad educativa, hay una cuestión cultural que va a costar cambiar. Con las políticas de inversión, netbooks o infraestructura se trabaja para modificar eso.”

Algo parecido opinan en el gobierno porteño. En la ciudad de Buenos Aires, las cifras de matriculación en escuelas estatales muestran que, tras caer sostenidamente desde 2003 a 2008 -de 335.240 chicos a 312.192 para todos los niveles-, en ese año comenzó una recuperación. “Tiene que ver con la política de trabajo de más oferta en el nivel inicial, idioma inglés obligatorio, y el Plan Sarmiento de reparto de computadoras con un plan pedagógico que las acompaña. Esas políticas instalan en el imaginario de los papás que la escuela pública no está en inferioridad de condiciones”, dice Silvia Montoya, directora general de Evaluación de la calidad educativa del Ministerio de Educación porteño.

La distinción público-privado, sin embargo, también puede ser engañosa. “No sólo hay segregación dentro del sector privado, en función de las cuotas, sino dentro del sector público. Se ha vuelto natural que los supervisores sepan que en un distrito hay escuelas estatales buenas, otras donde van los repitentes, otras pobres. Eso, en un contexto de fragmentación social y sin políticas para contrarrestar las prácticas de selección que hay en escuelas públicas y privadas”, dice Cecilia Veleda, codirectora del Programa de Educación de Cippec y autora del libro La segregación educativa (La Crujía).

En el libro, recogió las representaciones de padres de clase media sobre la escuela en zonas del conurbano. “Encontré una abierta preferencia por el sector privado, pero con diferentes fundamentaciones. En la clase media baja, se cree que garantiza las condiciones básicas de escolarización, asegura buen trato y cuidado de los chicos, y los preserva del contacto con las familias más pauperizadas -dice-. En la clase media media, además, aparece una afinidad cultural con el resto de los padres. Y en la clase media alta, se habla de ‘calidad educativa’, que en general equivale a un buen nivel de inglés.”

Desconfiar del Estado

Al tratar de explicar por qué, en diez años, las políticas oficiales no parecen estar impactando en las percepciones sobre las aulas, se cita una crisis de confianza más general en la eficiencia del Estado, que pasó por los hospitales y la seguridad para desembocar en el último bastión de la Argentina de la movilidad social: la escuela. “La crisis de 2001 generó una gran fractura que rompió los lazos sociales y que no fue contrarrestada por el crecimiento económico, sobre todo en los contextos más complejos”, agrega Veleda. “A pesar de todas las políticas valiosas de estos años, la deuda de la calidad educativa sigue presente. Hacen falta políticas más incisivas, como mejorar el sistema de evaluación, los concursos de acceso a los cargos jerárquicos en las escuelas, la formación de docentes.”

Esta división en escuelas cada vez más iguales tiene consecuencias. “Si la educación pública no es un espacio clave para el encuentro entre sectores sociales, se reducen proporcionalmente las posibilidades de garantizar ciertos niveles de integración social”, advierte Veleda, y apunta otro efecto: “Los países con más diversidad social logran mejores resultados educativos. Los alumnos también aprenden del grupo. Cuando hay más homogeneidad social en un aula, los chicos más desfavorecidos se perjudican ampliamente.”

Según apunta el ex ministro de Educación Juan Llach, “aun dentro del sector estatal hay diferencias abismales entre escuelas. En la prueba PISA, la Argentina resultó ser el país -entre 67- en el que las diferencias de aprendizajes de los alumnos están más determinadas por las desigualdades entre escuelas. Hay una inexplicable resistencia de las autoridades educativas a dar real prioridad a las zonas que más lo necesitan”.

Mientras tanto, si usted, como muchos argentinos, cree que la educación en el país es mala, pero la que recibe su hijo es muy buena, piense otra vez. Creer que en la Argentina un chico se salva por ir a la escuela privada puede ser un error. Nadie se salva en un país fragmentado y con puentes rotos para cruzar a un lugar mejor.

EN CIFRAS

Menos guardapolvos

En los últimos diez años, descendió el porcentaje de chicos en las escuelas públicas, una disminución aún más pronunciada en el nivel primario. Más de un cuarto de los alumnos argentinos va a una escuela privada.

2003: 74, 9%
en 2006: 73,2%
2010: 72%

MAS UNIFORMES

Las cifras de crecimiento de la cantidad de alumnos en escuelas privadas muestran que durante los años de gobiernos kirchneristas la matrícula creció a una tasa tres veces mayor que en los años 90.

1994/1999: 7,3 %
1999/2001: 7%
2001/2003: 0,9%
2003/2010: 20, 7

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Raquel San Martín es Magíster en Periodismo y Sociedades de la Información (Universidad Autónoma de Barcelona),
Diplomada en Antropología social y Cultural por FLACSO, con una maestría en esa área actualmente en curso y Licenciada en Periodismo con Diploma de Honor (Universidad del Salvador). Es Profesora de la Licenciatura en Comunicación Periodística y Miembro del Consejo Asesor (Universidad Católica Argentina). Materias que dicta: Introducción al Periodismo y Redacción Periodística.

Investigación / Actividades profesionales y creativas:

  • En el campo profesional es, actualmente, tercera editora y redactora a cargo de temas universitarios y educativos en el diario La Nación, Sección Cultura, y responsable de suplementos especiales sobre educación.
  • Realiza reseñas bibliográficas sobre ensayos de ciencias sociales, arte, filosofía y antropología.
  • Tuvo a su cargo la redacción de notas y edición del suplemento Empleos, en el mismo diario, y realizó informes especiales y notas sobre temas de publicidad y marketing para la revista Mercado.
  • Coordinó la investigación periodística para el libro “Campo Santo” de Fernando Almirón (Editorial 21, abril 1999).

Publicaciones:

La idea del lector en los periodistas: ¿ciudadano, consumidor o fuente de demandas?. Colección Investigación ICOS N° 4, Educa, Buenos Aires, 2008.

Periodismo en los márgenes. Qué piensan los periodistas sobre su trabajo y sus lectores, en: Foro de Periodismo Argentino (comp.), Periodismo de calidad: debates y desafíos, La Crujía, Buenos Aires, 2007.

Periodistas argentinos critican su trabajo, en: Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, Nro. 97, marzo 2007, CIESPAL, Quito, Ecuador.

La dimensión política del periodismo: una garantía para la democracia, en: Revista Question, Nro. 11, invierno 2006, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata.

Medios y universidad: la recuperación de la presencia pública, Ensayo en: Rol de la universidad en época de crisis (compilación de exposiciones de panelistas), Universidad Nacional de Tucumán, diciembre de 2002.

En emergencia educativa

(Editorial publicado en La Nación, 26.8.2012)

Toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir la situación de decadencia del sistema educativo en la Argentina

Avanza el año y las novedades relacionadas con la educación en la Argentina se vuelven cada vez más desalentadoras. Por eso, las lamentables expresiones del ministro de Educación, Alberto Sileoni, referidas a las tomas de colegios, para reclamar por la instalación de un bar y de una fotocopiadora, parecen haber sintetizado sin querer el estado de real emergencia educativa del país y el alejamiento de los valores fundamentales en una sociedad debidamente organizada.

Acaso la posterior y parcial rectificación del ministro de dichos tan incomprensibles para su cargo fue aún menos preocupante que las interpretaciones de algunos expertos sobre los supuestos casos en los cuales las tomas de colegios estarían justificadas. No sólo no fueron esas exposiciones más juiciosas que las declaraciones de Sileoni, sino que abundaron en disquisiciones asombrosas sobre cuándo está bien o está mal una ocupación de ese carácter. Desde luego que no se mencionaron, entre las causales inadmisibles, que una universidad honre, por ejemplo, a aventureros internacionales o testimonie un homenaje espectacular a quien desde Caracas prolonga con su apoyo una tiranía culpable de tantos crímenes, como la de los hermanos Castro. Quedó, pues, como saldo, que los elementos críticos de desorientación no sólo provienen de los estamentos del oficialismo, lo que acentúa la gravedad del panorama.

Mientras todo ocurría había un silencio oficial poco menos que absoluto con la prueba internacional de matemática realizada en Buenos Aires, en la que se lucieron los chicos asiáticos y los argentinos quedaron rezagados a la posición 54. Ese fue otro crudo testimonio del gravísimo retroceso educativo argentino de estos años, y prueba contundente de los efectos empíricos del populismo y del falso progresismo anidado en posiciones políticas dominantes.

Nada de lo sucedido es nuevo. Si para las máximas autoridades educativas el tema de la ocupación de colegios era de tal significación como para atreverse a sugerir que así es la fragua de la “democracia participativa”, qué deberían comentar frente a las más recientes y ya muy conocidas estadísticas, según las cuales el 50 por ciento de los chicos abandona el secundario y el 50% no comprende lo que lee.

El mismo día de las desconcertantes opiniones de Sileoni sobre la toma de los colegios Nacional de Buenos Aires y Carlos Pellegrini, se daba a conocer un nuevo diagnóstico sobre nuestra educación secundaria. La asociación civil Proyecto Educar 2050 identificó el período de la educación secundaria como el estadio más problemático para poder completar la formación integral de los estudiantes.

Esa prestigiosa ONG releva, desde 2007, en forma pormenorizada los distintos índices internacionales y nacionales en materia educativa. Hizo ahora el mencionado reporte sobre la base de informes de la Unesco “Datos Mundiales de Educación, VII Edición, Argentina 2010/11″. De ellos surge que la Argentina es uno de los países de la región con más baja tasa de graduación del nivel secundario.

Las estadísticas revelan un dato que debería espantar a quien quiera decir que se toma en serio el porvenir del país: sólo el 43 por ciento de los estudiantes secundarios terminan sus estudios en los plazos establecidos y un 50% del total de estudiantes secundarios accede al título. Significa, entonces, que la Argentina se ubica detrás de Perú y de Chile, con un 70% de alumnos que completan sus estudios secundarios; de Colombia (64%); de Bolivia (57%); de Paraguay (50%), y de Ecuador (48%). ¿Hasta dónde descenderá, pues, el relegamiento educativo de nuestros chicos y adolescentes?

Para tener una idea más en perspectiva de lo que suponen aquellos indicadores, desde Cippec, en el libro Radiografía de la educación argentina, de Axel Rivas, se indica que “sólo el 31 por ciento de los alumnos que ingresa en primer grado termina la secundaria”. Con tales porcentajes, mal se puede celebrar “el triunfo de la educación y de la democracia”, como proclamó Sileoni, porque la baja en la calidad y la escasa cantidad de alumnos egresados de un secundario “obligatorio” por ley de 2006 se corresponden con una baja en la calidad democrática del país, con un mayor nivel de desigualdad y de aumento de la pobreza. ¿O es que se atreverá a poner en duda que la educación es la herramienta por excelencia que permite combatir esos males?

Las autoridades nacionales a menudo se manifiestan ofendidas de que no se les reconozcan sus aportes a la educación. No es así: nadie niega que se han construido cerca de 1000 escuelas nuevas y que la ley de financiamiento educativo y de educación nacional han constituido un gran esfuerzo para lograr una mejor enseñanza. Sin embargo, aunque antes de 2010 se alcanzó el deseado 6% del PBI para la educación, también es cierto -y hay suficientes informes que lo prueban- que no se cumplió con la ampliación de la jornada escolar y, en cuanto al aumento de la inversión, su distribución fue desigual. Los resultados que cuentan están a la vista y llevan a la pregunta inevitable: ¿por qué rinde tan poco el dinero invertido?

Se explica, pues, que según el último relevamiento comparativo conocido como PISA, que cada tres años realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 52 por ciento de los alumnos argentinos no comprende lo que lee, y uno de cada tres jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela. De acuerdo con ese informe, de tanto relieve internacional a pesar del desdén que por él ha manifestado el ministro del ramo, la Argentina ocupa el puesto 58 sobre un total de 65 países y está séptima entre los de la región. Por otro lado, esas deficiencias han sido observadas en varios Operativos Nacionales de Evaluación de la calidad educativa realizados por ese mismo ministerio.

En el reciente IV Foro por la Calidad Educativa, organizado la semana pasada por el Proyecto Educar 2050 en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina, los especialistas participantes proporcionaron datos igualmente alarmantes y coincidentes -600.000 jóvenes de entre 12 y 17 años están fuera del sistema educativo, y el 58% de los argentinos entre 25 y 64 años no ha completado la educación media-, y mostraron una gran preocupación por la falta de liderazgo de las autoridades escolares.

La educación es un tema demasiado serio como para utilizarlo como excusa político- demagógica. La pereza en crear políticas de Estado que busquen un marco académico de excelencia en la educación pública perjudica a todos nuestros jóvenes, pero mucho más a los que provienen de hogares humildes, en los que los padres no pueden suplir las deficiencias del sistema educativo, con lo cual se cierra un círculo perverso de atraso y deserción.

Por todo esto, concluimos que toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir esta situación de decadencia y anomia ya descripta, para que se declare por fin la emergencia educativa, y todos los sectores involucrados aceptemos el desafío de buscar juntos la mejor educación para nuestro país.

Claudio Chávez / Una escuela que nivela para abajo

(Publicado en La Nación, 25.8.2012)

Que la educación argentina anda a los tumbos es algo manifiesto y público. No pasa una semana sin que una impactante noticia nos altere y nos vuelva angustiados sobre ella para interrogarnos acerca de sus males. Paros, violencia, estadísticas que abruman por la pobreza de sus resultados, ausencia de autoridad, uso indebido de los espacios escolares para actos de política partidaria, como si la historia no hubiera demostrado la estupidez de estas conductas que generan rechazo y mal humor en la sociedad. En fin, un cúmulo de contrariedades irresueltas que calientan los ánimos de una sociedad que ve cómo la educación se pierde y desbarranca sin que las autoridades definan con claridad el problema y lo resuelvan.

Página 12 hace unas semanas cedió un espacio al ministro de Educación de la Nación para que éste se explayara en temas que son de su incumbencia: la educación. En un breve texto, el pedagogo manifestó su desacuerdo con todos aquellos pensadores o periodistas que desde distintos ámbitos políticos o ideológicos cuestionan el sistema escolar argentino por su bajísima tasa de egreso.

No es allí donde hay que mirar, afirma Sileoni. Lo que hay que valorar es, fundamentalmente, la tasa de escolarización secundaria y, en este punto, nuestro país encabeza la lista en América latina. Se ha hecho un enorme esfuerzo en esta escolarización, de manera que el ministro remata: “No valoramos la excelencia a costa del elitismo y tampoco un sistema educativo preocupado exclusivamente por el rendimiento académico, con independencia del número de estudiantes que asisten”.

Dicho en términos criollos, lo importante es que entren a la escuela, ahora que aprendan y se lleven el título es un aspecto secundario, por no decir menor. Y si la exigencia académica empuja a la deserción, las consecuencias las pagarán los conocimientos.

Para el progresismo, la nivelación es siempre para abajo, dado que premiar la excelencia y el rendimiento es valorar a los mejores. Y el progresismo tiene una vocación maliciosa por los peores, claro? para que sigan siéndolo. Así es como lo leen los docentes afines al modelo progresista y los que no lo son, por cierto una mayoría silenciosa, callan frente a la atmósfera que reina en las escuelas, porque es el mandato que baja de las autoridades nacionales.

Si en los años 60 se hablaba de la pedagogía del oprimido, una mirada piadosa -y si se quiere ingenua- para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad, en estos tiempos se trata de la pedagogía de los peores para consolidar la marginalidad.

Por caso, si Sileoni fuera ministro de Salud, le importarían la tasa de nacimientos y no la mortandad infantil.

Si fuera secretario de Transporte le interesarían los que suben y no los que llegan… Así vamos.

Silvina Premat / Foro de expertos. Crisis educativa: culpan a la falta de autoridad

(Publicado en La Nación, 24.8.2012)

Los especialistas coinciden en el rol clave de los padres y los docentes

Juan, de 16 años, llegó a la escuela con el pelo teñido de azul fluorescente. “A este colegio no podés venir así. Te pido que vuelvas a tu color natural porque, si no lo hacés, tomaré las medidas correspondientes”, le advirtió Marta, la rectora. Juan mantuvo su nuevo color de pelo y volvió al colegio acompañado por sus padres. Dijo sentirse discriminado. Marta repitió con firmeza su advertencia. Pero no la concretó. No estaba convencida de que fuera razonable aplicar a Juan algún tipo de sanción.

El caso de Marta y Juan evidencia el problema con el que se encuentra gran parte de las autoridades escolares y que, según expertos y ex ministros de Educación, es uno de los mayores síntomas de la crisis del sistema educativo argentino.

“En la escuela -como en la sociedad- todo está en discusión, nada es evidente y hay mucho malestar porque no hay nada muy claro. Tomás una medida y vienen los padres a protestar, o el mismo directivo duda de la norma que tiene que aplicar”, dijo Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas, en uno de los paneles del IV Foro por la Calidad Educativa Argentina, organizado por la asociación civil Proyecto Educar 2050 y realizado ayer en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina. El Observatorio de Educación Básica Argentina registra que el 62% de los directores de escuelas primarias y secundarias del país tienen menos de cinco años de antigüedad en esos cargos. Esa misma antigüedad tiene el 56% de los maestros de primaria.

“La alta rotación de los directores muestra que los capitanes del barco, que son las figuras clave de las escuelas, no pueden aguantar la presión, que se hizo muy dura en los últimos años. Y si los capitanes no aguantan la pelea quiere decir que está muy difícil la vida en el barco, es decir, la escuela”, dijo Iaies. Y explicó que el modelo de escuela vertical, ordenada y obediente “se desarmó” y “la nueva escuela requiere otros acuerdos y una mayor claridad”.

Susana Decibe, que condujo el Ministerio de Educación durante siete años, en la década del 90, y desde entonces continúa estudiando el sector, afirmó que “a pesar de las normas y de la buena voluntad de los funcionarios, hay muchas señales de que gran parte del sistema educativo no tiene conducción” y que “muchas escuelas hacen lo que pueden, y otras, lo que quieren”.

El momento actual, para Decibe, se define como el umbral “de reformas que no hemos hecho y que son muy duras de realizar”, como la reforma de la formación docente.

“Lo que está en crisis es la estructura”, dijo por su parte Andrés Delich, quien, al igual que Decibe y Juan José Llach, destacó los “esfuerzos” realizados durante la última década. Al referirse a los índices de deserción, bajo rendimiento e inequidad del sistema escolar, señaló que “estos números nos muestran que el sistema educativo ya dio lo mejor de sí”. De ahí que, agregó, “lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo, que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”.

Coincidieron en que en los últimos años se dieron pasos positivos, como un crecimiento de la inversión, una recuperación de los salarios docentes y también un incremento en la planta de maestros y profesores. La gran pregunta es: ¿por qué, entonces, abandonan el secundario la mitad de los alumnos?, y ¿por qué el aprendizaje real es cada vez menor?

Para Llach en la actual situación de crisis del sistema, “claramente uno de elementos superadores tiene que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas y no desde una superestructuras burocráticas”.

Indicó además que “para que se produzca una mejora importante es crucial que haya liderazgos fuertes”. Destacó los esfuerzos realizados en los últimos tiempos e insistió en que se necesita que “haya muchos políticos que digan explícitamente que su prioridad es la educación”.

Sobre la crisis de autoridad de docentes, padres y directivos, Iaies diálogo con LA NACION para trazar un diagnóstico. Dijo que en sus encuentros con personal docente de varias provincias constata que muchos adultos “no se animan a tomar una posición firme delante de los chicos”. Recordó el caso de una preceptora a quien una alumna de cuarto año del secundario le preguntó su opinión sobre tener relaciones sexuales con dos varones al mismo tiempo. La preceptora no se animó a decirle que “eso le parecía una locura” porque no se sintió con autoridad para hacerlo. “Pero la alumna buscó su opinión y no la de una asociación de sexología; evidentemente la respeta y valora a ella”, contó Iaies. Y añadió: “Adultos que tienen miedo de ser adultos hay muchos y los pibes se dan cuenta y por eso discuten todo y están hartos de que todo cambia y nada se mantiene en pie”.

EN VOZ ALTA

“Claramente uno de los elementos superadores tienen que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas”

JUAN JOSÉ LLACH
Ex ministro de Educación 1999-2000

“Lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”

ANDRÉS DELICH
Ex ministro de Educación 2001

Josefina Hagelstrom / La mitad de los alumnos de 15 años no entiende lo que lee

(Publicado en Perfil, 11.8.2012)

ARGENTINOS, ENTRE LOS PEORES DE LATINOAMÉRICA

La mitad de los alumnos de 15 años no entiende lo que lee

Así lo determina el último informe PISA. Expertos de México, Chile y Colombia explican cómo ellos lograron mejorar.

Para muchos, leer es un placer. Pero para otros, cuesta y mucho. En Argentina, la mitad de los chicos de quince años que asisten a la escuela no comprenden los textos. El dato se desprende del último informe PISA, donde el número alcanza el 52%. El mismo estudio dice que México, Colombia y Chile mejoraron sus resultados, mientras que Argentina se estancó.

Algunos docentes creen que hay una actitud pasiva de los alumnos frente al texto. “Leer implica la capacidad de lograr la representación mental de las palabras que no es posible si se lee con la cabeza en otro lado”, analiza Viviana Favero, docente de Historia. Para ella, otro problema es que los chicos “pretenden una comprensión instantánea de los temas y respuestas ya “masticadas” antes que sacar conclusiones”, agrega.

Según María Laura Oliva, de la Fundación Leer, hacer inferencias es algo propio de un lector experto, y para llegar a serlo hay que seguir ciertas “estrategias lectoras” como establecer objetivos de lectura, interactuar con el texto y anticiparse al escrito para encontrar aquello que está implícito.

Los especialistas coinciden en que el problema de la falta de lectura en los chicos se extiende a los adultos, que en muchos casos leen poco, o directamente no leen. Por eso, es importante fortalecer el vínculo con los textos en todas las materias, no solo en lengua.

Desde el Ministerio de Educación de la Nación apuestan a que las instituciones y los docentes promuevan esas lecturas. “La conversación sobre lo leído es clave para que los chicos comprendan”, asegura Marina Cortés, consultora del área de Lengua. La provincia de Buenos Aires, por su parte, tiene un programa, “Mi biblioteca personal”, que entrega dos libros de cuentos a alumnos de escuelas públicas y especiales.

En ese contexto, un grupo de especialistas debatirá en los próximos días en el marco del IV Foro por la Calidad Educativa organizado por la asociación Educar 2050. “Vamos a pensar cómo mejorar los rendimientos de los chicos”, dice su director Manuel Alvarez Trongé.

“La comprensión de lectura es una capacidad crucial para la vida, si comprendes lo que lees puedes seguir aprendiendo más allá de la escuela, forjando tu criterio y aprovechando las oportunidades para expresarte”, dice a PERFIL David Calderón, director ejecutivo de la organización educativa Mexicanos Primero. Para él, la alfabetización en países de la región ha tenido parámetros bajos, pero existe una conciencia por modificarlo. “En México, implementaron el Programa Nacional de Lectura, basado en el interés y el gozo por leer y se armaron bibliotecas de aula”, sostiene. También incentivaron la lectura libre dentro de la jornada escolar. Analizando el caso de Argentina, Calderón considera que los bajos rendimientos están ligados al “desánimo de los propios jóvenes a un esquema repetitivo y con poco aprecio por sus inquietudes”.

En Chile este año se realizó una campaña de fomento de lectura para que las familias lean con sus hijos, según explica Matías Reeves, director de Educación 2020. “Una de las claves es lograr una mayor cobertura escolar, porque si las familias tienen mayor nivel educativo, los resultados son positivos”, sostiene.

En la misma línea se muestra Cecilia María Vélez, ex ministra de Educación colombiana, quien explica que en su país la clave fue la comunicación con los docentes, para que cada uno pudiera “transformar las prácticas pedagógicas dentro de las instituciones”.

Andrés Oppenheimer / Las olimpíadas de las que nadie habla

Lo más interesante de la Olimpíada Internacional de Matemáticas (OIM) que se llevó a cabo la semana pasada en Mar del Plata, Argentina, no fue que los estudiantes asiáticos ganaran los primeros premios —con frecuencia lo hacen— sino el hecho de que el evento pasó prácticamente inadvertido en nuestra parte del mundo.

Aunque el torneo de matemática que se desarrolló entre el 4 y el 16 de julio tuvo una amplia cobertura periodística en Singapur, Corea del Sur, China y otros países asiáticos, concitó poca atención por parte de los medios de Estados Unidos y Latinoamérica.

Nuestras cadenas de television ya están enviando equipos periodísticos a los inminentes Juegos Olímpicos de Londres, pero muy pocos —si es que hubo alguno— enviaron un corresponsal a la olimpíada de matemática en Mar del Plata.

La OIM de estudiantes de secundaria de Mar del Plata fue ganada por el equipo de seis miembros de Corea del Sur, que conquistó seis medallas de oro, seguido por los equipos de China (2o. puesto), EEUU (3o.), Rusia (4o.), Canadá (5o.), Tailandia (6o.) y Singapur (7o.).

Entre los países latinoamericanos, el mejor equipo fue el de Perú, que ocupó el puesto número 16, seguido por Brasil (19), México (31), Colombia (46), Costa Rica (46), Argentina (54), Chile (59), Venezuela (91) y Cuba (95). Individualmente, el primer premio correspondió a Lim Jeck, de 17 años, de Singapur, quien ganó una medalla de oro con puntaje perfecto.

Argentina, el país anfitrión de la OIM de este año, es un ejemplo típico de la poca atención que se le presta a la educación en muchos países latinoamericanos.

La mayoría de los periódicos argentinos sólo publicó unos pocos párrafos sobre la OIM. Ni la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ni el ministro de educación del país estuvieron presentes para inaugurar el evento internacional.

En momentos en que muchos estudios internacionales revelan que la calidad de los docentes es la clave principal para mejorar los estándares educativos, los maestros en Argentina ganan mucho menos que los recolectores de basura y los camioneros.

Tal como me enteré durante una visita a Argentina hace unas pocas semanas, los camioneros ganan 2.8 veces el salario mínimo del país, los recolectores de basura ganan 2.6 veces el salario mínimo, y los maestros ganan 1.3 veces el salario mínimo. Un maestro que trabaja doble turno —de mañana y de tarde— gana 2.59 veces el salario mínimo, que sigue siendo menos que el salario de un camionero o recolector de basura.

No es casual que Argentina – que solía figurar entre los países con mejor educación de Latinoamérica – está situado hoy cerca de los últimos puestos en las pruebas estandarizadas internacionales PISA de matemáticas y ciencias para estudiantes de 15 años, muy por detrás de Chile, Uruguay, México, y Colombia.

En México, aunque los docentes ganan más que los recolectores de residuos y los camioneros, una cruzada gubernamental destinada a mejorar los estándares educativos sufrió un golpe importante a principios de este mes, cuando sólo el 30 por ciento de los maestros asistieron a una prueba de evaluación nacional para docentes.

Para quienes se estén preguntando si hay una relación entre la ensenanza de matemáticas y ciencias y el progreso de los países, la hay.

El país ganador de la OIM de este año, Corea del Sur, que tenía un ingreso per cápita mucho menor que casi todos los países latinoamericanos hace apenas cincuenta años, registro 13,500 patentes internacionales en el Registro de Patentes y Marcas de Estados Unidos el año pasado, contra apenas 500 de todos los países latinoamericanos juntos.

En los últimos días, después de que el presidente Obama anunció su plan de crear un cuerpo elite de maestros matemática y ciencia que recibirán 20 mil dólares extra por año, muchos expertos latinoamericanos señalaron que sin incentivos económicos y una jerarquización de la profesión, resultará difícil atraer buenos maestros a las escuelas latinoamericanas.

Mi opinión: en la batalla por la excelencia educativa que se está librando entre los países orientales y occidentales, que cada vez mas determinará el éxito de las naciones, nosotros en los medios compartimos gran parte de la responsabilidad por no poner la educación en el centro de la agenda pública.

No hay nada de malo en que los medios cubramos masivamente las Olimpíadas de Londres. Pero cuando centramos toda nuestra atención en las competencias deportivas, e ignoramos casi por completo los torneos de matemáticas y ciencias, estamos creando solo una clase de héroes, los deportivos, y estamos dejando de glorificar a quienes más probablemente harán los descubrimientos científicos que permitirán mejorar nuestra calidad de vida, o encontrar una cura para el cáncer.

Es hora de que glorifiquemos a los campeones olímpicos de matemáticas y ciencias de la misma manera en que glorificamos a los campeones olímpicos de lanzamiento de jabalina o natación.

(De www.elnuevoherald.com, 21.7.2012, a través de su página oficial www.andresoppenheimer.com)

* * *

Andrés Oppenheimer nació en Buenos Aires en 1951.

Libros: La hora final de Castro (1992), México en la frontera del caos. La crisis mexicana de los noventa, el efecto tequila y la esperanza del nuevo milenio (1996), Crónicas de héroes y bandidos (1998), Crisis mexicana de los noventa y la esperanza del nuevo milenio (2002), Ojos vendados: Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina (2005), Cuentos chinos (2005), Estados Desunidos de las Américas (2009), Saving the Americas: The Dangerous Decline of Latin America and What the U.S. Must Do (2009), ¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y la clave del futuro (2010).

Educación: nivelar hacia abajo

(Editorial publicado en La Nación, 9.7.2012)

Permitir que todos los alumnos aprueben primer grado, incluidos quienes no están en condiciones, significa un retroceso

Sorprendió profundamente días atrás la decisión del ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, de presentar una resolución ante el Consejo Federal de Educación por la que ya no habrá más chicos que repitan primer grado, porque se establece que el primero y el segundo grado de la educación primaria pasarán a formar una unidad pedagógica integrada.

Más sorprendió todavía una posterior declaración de la directora general de Cultura y Educación bonaerense, la reconocida educadora Silvina Gvirtz, acerca de que se estaría analizando que los chicos de la provincia tampoco repitan segundo grado, para crear así “un bloque pedagógico” con los dos primeros años del ciclo inicial y pasar a tercero directamente.

En momentos en que tanto docentes, autoridades y padres como la opinión pública nos enfrentamos a la dura realidad de los últimos datos del Censo 2010, que dio a conocer el Indec en estos días, sobre bajos rendimientos, repitencia, abandono y poca inclusión de la escuela secundaria -este descenso en la calidad se ha visto confirmado por las pruebas de evaluación internacional PISA en matemática y lengua de las que participa la Argentina, pues nuestro país bajó notoriamente en el ranking elaborado en la primera década de este siglo-, y además sobre los bajos resultados en el nivel universitario, ya que también un reciente informe internacional señaló que ninguna universidad argentina figuraba entre las diez primeras en América latina, parece absolutamente riesgosa una decisión que comprometerá el ciclo primario, exactamente la base para los ciclos que le siguen.

Es cierto que el nivel de repitencia en las escuelas primarias argentinas alcanza el 4,7 por ciento, y en el primer grado es más alto que en años anteriores (entre 7,5 y 9 por ciento). También está comprobado que el hecho de repetir el grado es vivido por el niño y su familia como algo muy frustrante, sobre todo si ocurre a una edad tan temprana. Por ello, entre los fundamentos de la medida del ministerio se señala que “los chicos aprenden a leer y a escribir al final de segundo grado”, además de sostener que la decisión tiene, también, carácter inclusivo, porque contempla los casos de alumnos de sectores más necesitados que no pueden seguir el mismo ritmo que el resto de sus compañeros y están más expuestos a abandonos transitorios o permanentes de los estudios.

Sin embargo, como lo aclararon prestigiosos educadores, el problema es que se estabilizaron el fracaso escolar y la deserción, lo cual significa que en nuestro país la escuela no siempre es capaz de retener a sus alumnos y garantizarles buenas trayectorias educativas. Por eso, si esta nueva unidad pedagógica por crearse en 2013 no se estructura como se dijo desde el ministerio de manera adecuada y con las medidas complementarias prometidas (clases de apoyo, tutorías, maestras comunitarias y extensión de la jornada escolar, y, por supuesto, con recursos y con capacitación para los docentes), sólo se logrará demorar la situación y los niños seguramente volverán a repetir, pero esta vez el segundo grado.

Como se recordará, ya ha habido en el país alguna experiencia parecida: seis años atrás, se puso en práctica en la provincia de Santa Fe la promoción asistida o la no repitencia de primer grado, pero la política no tuvo continuidad y el gobierno provincial la derogó.

La decisión del Ministerio de Educación se proyecta sobre la educación pública y privada, ya que la iniciativa alcanza a todo el sistema y afectará a unos 800.000 alumnos del primer grado. Es decir que, muy pronto, empezarán a verse los resultados de esta medida. Una reforma que, por ejemplo, la Unión de Docentes Argentinos (UDA) considera “inconsulta” y “unilateral”, porque los docentes, los necesarios mediadores entre la escuela y los chicos, no han sido consultados, una vez más.

Es de esperar que no se haya decidido reformar primero y segundo grado solo como otra medida desesperada para salir del paso y reducir los niveles de repitencia en las estadísticas oficiales, y para no debatir entre los sectores afectados cuál es el mejor camino por tomar. La educación en la Argentina fue, hace tiempo, uno de los pilares de la sociedad y sirvió para dar oportunidades a todos los que pasaban por sus aulas. Hoy, en cambio, parece estar al borde del caos.

El perfil del alumno de la UBA

(Editorial publicado en La Nación, 17.5.2012)

Es necesario atender con eficacia y evitando la cronicidad el aumento notorio de la edad del estudiantado universitario

Nuestro tiempo se distingue por la aceleración y el vértigo de los cambios. En ese proceso, muchos sucesos nos sorprenden. Entre ellos, están los datos cuantificables que revelan innovaciones en las ideas y criterios del hacer de las generaciones. Esta reflexión se vincula con una reciente información relativa al estudiantado actual de la UBA, provista por la Coordinación Censal. Por ella conocemos una realidad que se venía insinuando y que ahora se muestra claramente: en nuestra mayor casa de estudios superiores, con más de 300.000 alumnos inscriptos: durante la última década, la cantidad de alumnos menores de 20 años se ha reducido en un 36 por ciento, en tanto que el número de los mayores de 30 ha crecido un 60%. En consecuencia, hoy el 25% de los estudiantes universitarios tiene esta edad o más.

Resulta llamativa, en verdad, esa alteración de los cuadros que tradicionalmente se tenían por válidos en cuanto a las edades típicas de la formación profesional superior.

En general, los planes de vida de tantas generaciones anteriores eslabonaban el inicio de las carreras universitarias a continuación del final de la escuela media; era como unir el término de la adolescencia con el comienzo de la juventud. Esa práctica conducía a iniciar el ejercicio profesional -y también la creación de la propia familia- un poco antes de los 25 años.

Surge entonces una pregunta a todas luces lógica: ¿por qué se perfila hoy un cambio tan significativo en la vida de los jóvenes?

Antes de proponer respuestas, es menester señalar que faltan otros datos actualizados para dar satisfacción plena al interrogante; no obstante, es válido hacerlo en función de lo que se conoce.

Entre los componentes de la sociedad estudiantil de hoy se viene destacando la concurrencia mayoritaria de mujeres. Asimismo, ya desde hace décadas, se observaba el aumento de alumnas casadas y con hijos que ingresaban en la facultad cuando su prole no exigía tanto su presencia.

Esa decisión se ha multiplicado para el género femenino y también para los varones, pues ha crecido el número de casados o unidos que empiezan o reanudan una carrera cuando la atención de sus hogares les da margen para poder hacerlo.

De acuerdo con lo informado por la secretaria de Asuntos Académicos de la UBA, Catalina Nosiglia, esa realidad estudiantil se advierte en Europa y particularmente en España, en donde se vienen analizando las nuevas dificultades que se plantean para la integración de alumnos de distintas edades y responsabilidades personales.

Otra causa muy influyente es el trabajo. A cerca del 60% de los estudiantes que trabajan la obligación laboral les consume 35 horas por semana. Eso los obliga a alargar el tiempo de su formación o postergar el comienzo de sus carreras.

También es necesario señalar la diferente situación entre los que concurren a universidades privadas, que son pagas, y quienes asisten a la UBA.

Las condiciones de las primeras mueven a los estudiantes a completar más temprano sus carreras, según se observa en la Torcuato Di Tella, la UCA, la Universidad de Belgrano y la de San Andrés, entre otras casas de altos estudios. En algunas, incluso, se establece una cierta cantidad de años para lograr el objetivo, es decir, el alumno no podrá eternizarse.

Precisamente, el síndrome del alumno crónico es uno de los graves problemas que afrontan especialmente las universidades públicas. Esa situación resta las más de las veces al estudiante la posibilidad de aggiornar las capacidades que va adquiriendo en lapsos tan prolongados con la actualidad en cada momento de su vida, una inadaptación no exenta de peligros a la hora de obtener el título. Y a ello hay que agregar a los alumnos que politizan sus carreras usando las facultades como centros de poder desde donde alcanzar lugares de peso en la política extrauniversitaria.

En tanto, y como un aspecto positivo, no habría que descartar que la difusión e influencia del concepto de “educación permanente”, promovido a partir de la segunda mitad del pasado siglo, haya abierto la visión de que la enseñanza puede iniciarse, retomarse o perfeccionarse a cualquier edad, incluso hasta en la tercera.

En suma, confluyen razones diversas en el curso de una dinámica realidad en la cual el mayor promedio de vida humana, las demandas alternadas entre la familia y el trabajo, la continua apertura de nuevos destinos profesionales y la distinta conciencia de los años adultos movilizan otras decisiones.

Mónica Beltrán / Los jóvenes priorizan la universidad, pero la mitad deja en el primer año

(Publicado en Perfil, 3.6.2012)

Están hiperconectados e informados, pero a la hora de entrar a la vida universitaria ese exceso puede resultar perjudicial. Según cifras oficiales, unos 400 mil jóvenes de todos los niveles sociales se incorporan a la educación superior cada año, pero, al mismo tiempo, casi el 50 % de ellos abandona en el primer ciclo o cambia de carrera una o más veces. Expertos en orientación vocacional aseguran que los cambios en las relaciones entre padres e hijos tienen mucho que ver.

Los chicos ya no deshojan más la margarita para decidir. No lo hacen por cuestiones amorosas pero tampoco usan ese método para resolver qué carrera estudiar. Nadan como peces en las redes sociales y están superinformados, conocen a la perfección los nombres más excéntricos de las carreras de moda, pero tantos datos en sus cabezas no facilitan las cosas a la hora de definir una carrera ni el ingreso a la vida adulta. La orientación vocacional es ya casi una disciplina.

Hay cursos, talleres, grupos en instituciones públicas y privadas que se ocupan de dar información sobre el casi millar de títulos de grado que ofrecen en la Argentina un centenar de universidades, pero los jóvenes están más desorientados que nunca y abandonan los estudios o cambian de carrera ante el primer traspié.

El 90% de los jóvenes que ocupan las aulas de las escuelas secundarias espera seguir estudiando, según una investigación que realizó la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina, que encuestó a 4.323 estudiantes de 108 escuelas secundarias de todo el país. Y, sin dudas, cada vez son más los ingresantes a la educación superior, casi 400 mil cada año, según estadísticas oficiales. Es que cada vez son más los adolescentes escolarizados, como consecuencia de una política pública instalada en la Argentina para cumplir con la obligatoriedad de los estudios medios.
Las nuevas generaciones valoran el estudio y desean continuar con su formación, independientemente del sector social al que pertenezcan pero, al mismo tiempo, los chicos se frustran con mucha facilidad y casi la mitad abandona en el primer año de la universidad o el instituto terciario, mientras muchos otros cambian de carrera una o más veces.

“El ciclo básico común (CBC) tiene materias generales y ayuda a los jóvenes a terminar de orientarse”, admitió la secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), María Catalina Nosiglia, quien reveló que esa institución pública tiene desde 1958 una Dirección de Orientación al Estudiante que depende del área que ella dirige, desde donde se desarrollan actividades de orientación, grupos de reflexión, talleres virtuales y se publica la Guía del Estudiante que edita anualmente Eudeba.

Algunos especialistas aseguran que, a diferencia de lo que piensan muchos adultos, los chicos están lejos de funcionar de acuerdo con la ley del menor esfuerzo, son hiperexigentes y buscan carreras que les “garanticen el éxito”, motivo por el cual–paradójicamente– ante los primeros inconvenientes se “desmotivan” y abandonan los estudios. “Lo que pasa es que tienen una gran desconexión emocional y la mayoría no se conoce, no tiene registro de sus propias limitaciones”, asegura Claudia Messing, autora de Simetría entre padres e hijos (Editorial Novedades Educativas). Ese libro difundió una investigación con datos llamativos: el 82 por ciento de los 764 chicos entrevistados cree que cuando se propone un objetivo educativo o laboral puede insistir hasta lograrlo, sin embargo el 74% da una respuesta totalmente contradictoria, ya que reconoce que se desmotiva con facilidad ante cualquier dificultad. “A pesar de la convicción que manifiestan los jóvenes respecto de sus propias posibilidades de vencer obstáculos es altamente probable que no las puedan cumplir porque sus conductas fóbicas y de desmotivación les impiden alcanzar esos objetivos. Esta puede ser una de las causas por las cuales los jóvenes expresan que desean terminar el secundario, pero no todos lo logran”, dijo la psicóloga, que dirige una escuela de posgrado en orientación vocacional. Otra encuesta realizada por la Universidad de Morón entre más de 2 mil secundarios de la zona oeste que siguió su rendimiento cuatro años después del egreso del colegio demuestra algo similar: el 46% no siguió la carrera que deseaba cuando terminó el secundario, y del 82% de los que expresaron que querían continuar estudiando un ciclo superior, a los dos años sólo lo estaba haciendo el 46%, según Messing.

¿Y los adultos? La directora de la carrera de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, Claudia Romero, opinó que la familia sigue siendo un factor importante en el proceso de elección de una carrera. “Los padres ya no cuentan en la mayoría de los casos como modelos determinantes; los hijos ya no tienden a repetir la historia y los padres ya no desean eso. La configuración de la identidad en general y de la elección profesional en particular es más abierta que antes y también por supuesto más incierta”.

Pero Messing advirtió que las nuevas generaciones “se mimetizan con sus padres, hablan y piensan como adultos, tienen gran cantidad de información para su edad, pero no la manejan con flexibilidad y son profundamente inmaduros en lo emocional”. La autora desarrolla un concepto novedoso, el de “simetría inconsciente” de los hijos con sus padres. “Antes, un chico se identificaba con sus padres, pero ahora los copian y se sienten en posición de tener mucho poder desde pequeños. Así, se desconectan emocionalmente. Esa gran dificultad emocional hace que pasen de la omnipotencia total del ‘se puede todo’ a sentirse derrotados o absolutamente frustrados con facilidad, lo que los complica a la hora de elegir una carrera y más aún cuando empiezan a tener las primeras dificultades en el estudio porque creen en soluciones mágicas, en carreras que les garanticen el éxito fácil y ya, y eso no es real”, señaló.

Con una larga trayectoria en el trabajo como orientador vocacional como respaldo, el psicólogo Sergio Rascovan relativizó el tema: “Hay que ver de qué familia se está hablando. Generalizar nunca es bueno. Depende de la clase social de la familia, de la zona geográfica. La familia burguesa tradicional se rompió hace muchos años, el adulto perdió autoridad pero hoy hay una nueva configuración del adulto, hay diálogos más interesantes entre padres e hijos. Las nuevas tecnologías ponen ciertas lógicas en las relaciones y nuestros hijos nos explican lo que no entendemos, esto supone cambios y da una particularidad a la asimetría, cambia las relaciones, hay mucho que investigar al respecto, sobre todo si queremos analizar cómo impacta esto a la hora de armar un proyecto por parte de un adolescente”.

Un tema de vocación. Para Nosiglia el éxito o no en determinadas áreas durante la escuela media es uno de los tres condicionamientos que tiene un chico a la hora de elegir su carrera. “Si le fue bien o mal en matemática va a ser importante a la hora de elegir su vocación”, dijo.

Romero aporta que la experiencia que cada uno recibe de la secundaria es central: “No hay una única escuela secundaria sino múltiples. Algunas habrán alentado el deseo de los jóvenes de continuar estudiando y le brindaron herramientas para eso, y otras seguramente no. Habrá escuelas que desplegaron mucha información sobre la oferta disponible y otras que lo hicieron en menor medida. ¿Deberían ocuparse de eso? Por supuesto que sí, y con muchísima dedicación. La escuela tiene que fortalecer entre el alumnado su capacidad de elegir de manera autónoma y responsable”, opinó.

QUÉ PREFIEREN

Según los últimos datos oficiales (de 2009) publicados en el Anuario  Estadístico del Ministerio de Educación de la Nación, hay 387 mil nuevos inscriptos por año en los ciclos de educación superior.

La mayoría ingresa a carreras de ciencias sociales: son 160 mil.

90 mil alumnos eligen ciencias aplicadas, 66 mil ciencias humanas, hay 49 mil en ciencias de la salud y 13 mil en ciencias básicas.

Dentro de las ciencias sociales, la carrera más elegida por los nuevos inscriptos  es Economía (47.400 alumnos). Le sigue Derecho (27 mil) y luego, lejos, Comunicación (7.300).

Entre las ciencias básicas, la que más reúne es Biología (6.300).

Carlos Fuentealba, docente (1966-2007)

Carlos Fuentealba nació en 1966 en Junín de los Andes, provincia de Neuquén, Argentina y falleció el 5 de abril de 2007 en Neuquén, Argentina.

El día 4 de abril de 2007 el maestro Carlos Fuentealba fue herido por la policía de un disparo de escopeta de gas lacrimógeno y murió al día siguiente. El hecho ocurrió en medio de una manifestación en reclamo de aumentos salariales que interrumpía el tránsito en la ruta 22 en la localidad neuquina de Arroyito, mientras tenía lugar una huelga del sindicato docente ATEN. La manifestación fue reprimida por la policía local, presuntamente por orden del entonces gobernador Jorge Sobisch, quien no fue juzgado por el hecho. El 8 de julio de 2008 el policía José Darío Poblete fue condenado a prisión perpetua por “homicidio doblemente calificado”.

Carta de los docentes a la Presidente de la Nación

Sra Presidente de la Nación:

La “prudencia” indica que cuando uno desconoce un tema, lo mejor, es abstenerse de hacer comentarios.

Quien se arriesga a opinar sobre lo que no conoce corre el riesgo de ser visto como ignorante, malintencionado, temerario, mentiroso, poco serio. Esta es la imagen que usted, Sra. Presidente, ha dejado a miles de docentes y a otras muchas personas que, a diferencia suya, están al tanto de las verdaderas condiciones de trabajo de este gremio.

Su investidura le posibilita hacer uso de la cadena nacional, llegando con su discurso a los millones que conformamos la Nación que preside; pero no la habilita a decir mentiras y desacreditar a NADIE. Esto es lo que Usted hizo con los docentes en el discurso ante la Asamblea Legislativa, mientras recibía calurosos aplausos de quienes tuvieron la caradurez de aumentarse a sí­ mismos los sueldos en un 100%.

Ante semejante abuso de poder, derroche de mentiras, y falta de seriedad, no podemos ni debemos ser indiferentes.

Le proponemos transformar sus mentiras en verdades. Para lograr este objetivo se nos ocurren algunas acciones para poner en marcha; a saber:

Primera propuesta: A partir de ahora, los docentes trabajaremos “exactamente” 4 HORAS POR TURNO. (Esto demandaría que haya dos docentes por grado).

El primer docente realizaría las tareas que normalmente llevamos a cabo en esas 4 HORAS:

1) dar clases;
2) atender a las necesidades particulares de cada uno de los 20, 30 o más niños, que tenemos a cargo (consolar llantos, servir viandas, limpiar narices, contener situaciones de violencia, estar atentos a comportamientos que indican posibles abusos, o violencia doméstica, explicar las veces que sea necesario al que tiene dificultades para aprender, proporcionar actividades extras al que tiene más capacidad, etc.);
3) preparar y ensayar actos escolares;
4) realizar reuniones de padres;
5) atender a padres que solicitan entrevistas por problemas particulares, o que citamos nosotros para ponerlos al tanto de circunstancias que así lo requieren;
6) transmitir los problemas detectados al equipo de orientación (en caso de contar con uno);
7) controlar la documentación que debe estar en el legajo de cada alumno (documentos, partidas de nacimiento, vacunas, etc.);
8) confeccionar registros de asistencia;
9) hacer frente a las impredecibles y variadas situaciones que suceden diariamente en las escuelas.

El segundo docente debería ocuparse de las tareas que normalmente realizamos fuera de las anteriores 4 HORAS:

1) planificar las actividades;
2) elaborar proyectos;
3) corregir tareas (de 20, 30, 40, o hasta 90 alumnos diariamente, ya que hay docentes que tienen dos o tres grados a cargo en tareas);
4) asistir a las reuniones de personal que se realizan en contra-turno;
5) esperar a que lleguen los padres que se retrasan para retirar a los niños;
6) redactar informes;
7) preparar material didáctico;
8) Resumiendo: este segundo docente se ocuparía de cubrir todo aquello que es “humanamente imposible” hacer en 4 HORAS y que normalmente terminamos realizando en casa, en las horas que deberíamos dedicar a nuestro hogar y familia.

De este modo, nuestro sueldo se corresponde ­a más con sus proclamadas 4 HORAS de trabajo, ya que llega (a gatas y más de la mitad en negro) a los $3000 (tres mil pesos), con el 20% de aumento que usted menciona como “justa propuesta”. (Aparentemente, los docentes habitamos un país diferente al de los legisladores que la aplaudían).

La segunda propuesta para validar su mentira es mucho más sencilla y se refiere a sus supuestos TRES MESES DE VACACIONES:

Este año trabajaremos hasta el 30 de noviembre (y no hasta el 29 de diciembre como lo hicimos en el 2011), y retomaremos las clases el 1 de marzo del 2013 (en vez del 13 de febrero, en que reanudamos nuestra labor en este año).

Estará de más aclarar que un docente, sostén de familia, NO PUEDE VIVIR con un solo cargo; pero en vista de la total falta de perspectiva de la realidad que usted ha manifestado en su discurso, y la falta de información, además de errónea de la que hizo gala, le pasamos este dato: la “gran mayoría” de los maestros TRABAJAMOS EN DOS TURNOS.

Esto implica, en muchos casos, que salgamos corriendo de una escuela para llegar sin aliento a otra. ¿Comer, descansar, ir al baño? con suerte si las escuelas están cerca, si no, en el primer recreo (10 a 15 minutos, no más) si otro compañero nos cubre para cuidar a los chicos.

Para hacerlo más concreto:

Un maestro sale de su casa a las 07:30 hs. (si tiene la fortuna de que la escuela quede a 15 minutos de viaje, y va en auto; si no, tiene que salir antes por las dudas). Debe estar en la escuela 10 minutos antes de la entrada de los alumnos (20 minutos si está de turno).

“Supuestamente” se iría de la primera escuela a las 12:15 hs. (cosa que raramente sucede ya que entregamos a los niños en manos de sus padres, procedimiento necesario y difícil cuando hablamos de 200 o 300 alumnos o más). Con viento a favor nos podemos retirar entre las 12:20 y las 12:30 hs.

De este primer turno partimos cargados con el material para el segundo turno, y las hojas o cuadernos para corregir que acopiamos durante la mañana.

El auto propio es un lujo que muy pocos docentes se pueden dar.

Las opciones para cubrir el trayecto que nos separa de la siguiente escuela a la que debemos llegar “antes de” las 13:00 hs. son: colectivo, auto compartido, remis, taxi, o caminar, dependiendo de la distancia y el apuro.

13 hs. nuevamente al frente de la fila… ¡hay que volver a empezar!

Hasta las 17:15hs., entrega de los chicos a sus padres.

De regreso a casa (no antes de las 17:30 hs.) con la pila de corrección que se duplica o triplica durante la tarde, y representa, junto con la planificación de las tareas y la preparación de material, una o dos horas más de trabajo.

¿HIZO EL CÁLCULO SRA. PRESIDENTE? ¿LA AYUDAMOS?

ESTAMOS HABLANDO DE JORNADAS DE TRABAJO DE MAS DE 10 HORAS.

ESTAMOS HABLANDO DE LA RESPONSABILIDAD DE TENER A CARGO LA VIDA DE DECENAS DE NIÑOS.

ESTAMOS HABLANDO DE LA DIFÍCIL Y FUNDAMENTAL TAREA DE ENSEÑAR EN UN PAÍS DONDE LAS ESCUELAS PÚBLICAS SE HAN CONVERTIDO EN CENTROS ASISTENCIALISTAS Y DE NECESIDADES DE TODO TIPO.

ESTAMOS HABLANDO DE UNA TAREA QUE ES IMPOSIBLE REALIZAR SIN VOCACIÓN Y QUE USTED HA BASTARDEADO DESDE SU LUGAR DE PRESIDENTE DE LA NACIÓN.

NO HABLAMOS SOLO DE AUMENTOS DE SUELDO. SOMOS LOS PRIMEROS EN RECLAMAR POR LAS NECESIDADES REALES DE NUESTROS CHICOS: GABINETES PSICOPEDAGÓGICOS EN TODAS LAS ESCUELAS, MAESTROS DE APOYO, VIANDAS DECENTES, AULAS EQUIPADAS, EDIFICIOS QUE NO SE CAIGAN A PEDAZOS, Y TAMBIÉN HABLAMOS DE SUELDOS DIGNOS Y ACORDES A NUESTRA RESPONSABILIDAD Y FUNCIÓN.

¿20% DE AUMENTO PARA UN DOCENTE Y 100% PARA UN LEGISLADOR?… ¿DE QUÉ HABLA USTED, SRA. PRESIDENTE?

Docentes argentinos

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Aumentó la desigualdad en educación

(Publicado en La Nación, 13.12.2011)

Según un censo oficial entre casi 278.000 estudiantes del nivel medio, Norte y Cuyo tienen los niveles más bajos del país; Sileoni se lo expuso a la Presidenta

La desigualdad social y económica tiene su correlato en la educación. Un censo oficial realizado sobre casi 278.000 estudiantes del último año del secundario, reveló que la brecha educativa aumenta en la Argentina. Norte y Cuyo, las zonas más pobres del país, tienen los niveles más bajos de aprendizaje y el Centro y la Patagonia están entre los mejores.

Este trabajo censal, que hacía diez años que no se realizaba, fue presentado a la presidenta Cristina Kirchner de mano del propio Ministro de Educación, Alberto Sileoni. Se trata de pruebas tomadas a la totalidad de los alumnos y es la primera vez que este tipo de evaluaciones abarcan las cuatro principales disciplinas educativas (Matemática, Lengua, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales). En las pruebas participaron 7308 escuelas de todo el país.

Observados en conjunto, los resultados muestran una mejora en Matemática, ya que se pasó de un 55,3% de alumnos con un desempeño medio y alto en esa materia en 2007, a un 70% con ese desempeño en 2010. Las Ciencias Sociales y las Naturales muestran una tendencia similare. Pero en Lengua se nota un retroceso. Allí, en 2007 (año en que se realizó la prueba en un número limitado de escuelas) se tenía que un 78,8% de los alumnos conseguían un desempeño entre medio y alto, mientras que para 2010 esa cifra pasó a ser de un 73,7%.

LA BRECHA SOCIAL

Del informe se desprende que cuando aumenta la capacidad económica familiar, crece el rendimiento escolar. Entre los alumnos que forman parte de las familias de nivel económico más bajo, sólo 4,4 % alcanzó un desempeño alto en Matemática y un 8,7 % lo consiguió en Lengua; mientras que entre los de familias de mayor nivel económico, fueron el 26 % los que lograron un alto desempeño en Matemática y un 31,7%, en Lengua.

En la misma línea, otro factor que se notó fuertemente asociado al rendimiento escolar de los chicos fue el nivel educativo de su madre, que también está condicionado por las oportunidades que esta persona tuvo cuando joven. Por ejemplo, según puede leerse en las conclusiones, el desempeño alto en Matemática entre los estudiantes cuyas madres no tienen la primaria completa alcanzó solamente al 4,3%, mientras que el 45,8% tienen bajo desempeño en esa materia.

Así se va trazando un mapa de oportunidades dispares en todo el país. A su vez, a la hora de los promedios, más allá de cada familia en particular, la prueba censal indica que la Región Centro y la Patagonia superan en todas las disciplinas los resultados obtenidos por las regiones del Nordeste (NEA), el noroeste (NOA) y Cuyo.

Para el ministro Sileoni, la información obtenida resultará importante para tomar decisiones destinadas a mejorar las políticas educativas y su balance general es positivo. “Los resultados confirman que vamos por buen camino”, declaró el responsable del área. ¿En qué consistía la prueba? Los estudiantes debieron resolver tanto actividades de respuesta cerrada como abierta, al mismo tiempo que respondieron a un formulario complementario con información sobre aspectos contextuales.

EL 50% NO COMPRENDE UN TEXTO

Cada tres años, las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos, impulsado por la OCDE, evalúan la calidad educativa en distintos países. Para eso, miden el rendimiento de los estudiantes de 15 años en Matemática, Ciencias y Lectura. Los últimos resultados, de 2009, y ubican a la Argentina en el puesto 58 entre 65 países.

La peor nota fue en Lengua. Según los datos de PISA, en comprensión lectora Argentina obtuvo 398 puntos, con lo que quedó en el puesto 58, precedida de Indonesia y seguida de Kazajistán. La cifra supone que el 50% de los jóvenes de 15 años no comprende la lectura de un texto sencillo.

En Matemática el país obtuvo 388 puntos -quedó en el puesto 55, entre Montenegro y Jordania-; y en Ciencias, con 401 puntos, quedó en el puesto 56, entre Montenegro y Túnez.

Los resultados indicaron también que Argentina es el país con los mayores niveles de desigualdad educativa entre los más ricos y los más pobres, con serias falencias sobre todo en la región Norte.

Argentina ya había participado en estas pruebas en tres ocasiones. La primera vez, en 2000, había quedado en el puesto 37 a nivel mundial y había encabezado el ranking regional, por encima de países como México, Chile, Brasil y Perú.

Mónica Beltrán / Los docentes, eje del problema. La inversión educativa nunca fue tan alta, pero los chicos no aprenden

(Publicado en Perfil, 13.11.2011)

La Argentina invierte el 6,47% del PBI en educación, cifra inédita en su historia y que supera lo recomendado por la Unesco, y los salarios docentes aumentaron 530% en ocho años. Sin embargo, la percepción generalizada es que la educación pública es de muy baja calidad. Una de las causas: los docentes no conocen los contenidos que fija el Estado.

Contrastes. En estos años se construyeron muchas escuelas, pero falta un "denominador común" en la formación de los alumnos, lo que iguala a todos.

Ya 500 años antes de Cristo, el filósofo chino Confucio sentenció: “Donde hay educación, no hay distinción de clases”. Sin embargo, ese gran punto de acuerdo, en el que podrían confluir los más diversos sectores de la sociedad argentina, más allá de sus ideologías o adhesiones partidarias, sigue siendo una deuda pendiente y no se vislumbra con facilidad cuáles son los caminos sugeridos para que sea una realidad. Aunque la Argentina invierte el 6,47% de su PBI en educación –casi 3 puntos más que en 2003–, los salarios docentes crecieron el 530% en ocho años, se entregaron netbooks y se repararon edificios, los chicos siguen sin aprender. Así lo indican las pruebas internacionales de evaluación de la calidad, pero también el sentido común de los padres que lo comprueban cada día que deciden mirar las carpetas de sus hijos.

Especialistas del Cippec, interesados en investigar cuáles son los caminos para que la Argentina logre cumplir con su apuesta ambiciosa de garantizar el derecho a la educación de todos los chicos, como fija la Ley Nacional de Educación, aseguraron que al sistema educativo le falta mucho para garantizar lo que ahora se denomina justicia educativa para todos.

La coordinadora del Programa Educativo, Cecilia Veleda, señala con preocupación: “Lo que cada docente enseña en el aula depende más de los materiales que le caen en la mano y de sus propias prioridades, que de los objetivos básicos fijados por el Estado”. Es que está convencida de que la mayoría de los educadores no conoce lo mínimo que tiene que enseñar, objetivos contemplados en el documento Núcleos de Acción Prioritaria (NAP), aprobado por los ministros de Educación de todas las provincias durante la gestión de Daniel Filmus.

Los NAP no son respetados por los docentes, pero tampoco por los directores ni los supervisores y, en algunos casos, no llegaron a completarse aún para los últimos años del secundario.

“No es el único problema, pero es un punto muy importante” –dijo Veleda–, para quien los NAP son una medida de justicia porque “generan un denominador común, una cultura común”. En el libro La construcción de la justicia educativa, editado por Cippec y Unicef, la especialista asegura que “todos deberían compartir ciertos fundamentos culturales indispensables para la inserción en el mercado laboral, el desarrollo de los estudios superiores, la participación ciudadana o, incluso, para el desarrollo personal, saberes difíciles de adquirir fuera de la escuela”.

La educación suele aparecer como una de las principales preocupaciones. Incluso dos días después de los comicios presidenciales, una investigación del Centro de Estudios de Opinión Pública de la Facultad de Sociales (UBA) reveló que la sociedad le demandaba a la Presidenta reelecta que se ocupara principalmente de la seguridad y la educación.  Paradójicamente, no fue uno de los temas que concentró la atención en el último debate electoral, en el que la mayoría de los partidos sólo dijeron generalidades.

En el fondo de la tabla. En los últimos resultados de las pruebas internacionales de evaluación PISA, la Argentina ocupó el lugar 58 entre los 65 países que participaron. Las autoridades educativas cuestionan la validez de esos resultados porque consideran que se utilizan parámetros propios de los países de la OCDE, pero discutibles para América latina. Sin embargo, el año próximo el país volverá a participar. En esa oportunidad, la Ciudad de Buenos Aires tendrá su propio capítulo PISA, en el marco de una política dispuesta por el Gobierno porteño, que multiplicó las evaluaciones. Hace una semana, completaron una prueba censal a los 27 mil alumnos que en 2011 terminan quinto año; evaluaron también la práctica áulica de docentes que se ofrecieron voluntariamente para la experiencia y se tomaron este año pruebas a 10 mil chicos de 15 años, de escuelas públicas y privadas.

“Evaluamos para mejorar por eso devolvemos todos los datos al sistema educativo”, dice Mercedes Miguel, directora de Planeamiento Educativo de la Ciudad de Buenos Aires. La funcionaria fue cauta a la hora de opinar sobre la calidad del sistema educativo: “Nosotros valoramos el esfuerzo que hicimos como país en aumentar la inversión, luego creemos que la inversión en sí misma no trae aparejada calidad”.

“Estamos evaluando cada día más intensamente. En pocos días, vamos a dar a conocer los resultados del Operativo Nacional de Evaluación (ONE) 2010, que fue censal para quienes finalizaron el quinto año del secundario. Confiamos en que va a haber buenas noticias. Y vamos por más evaluación con un censo en la primaria el próximo año”, precisó el subsecretario de Planeamiento Educativo de la Nación, Eduardo Aragundi.

Aunque en la cartera educativa no quisieron adelantar los resultados del ONE, que podrían conocerse en dos o tres semanas más, según fuentes educativas, las escuelas podrán acceder a los resultados de cada institución vía Web, ingresando con una clave, y en marzo llegarán a las escuelas cuadernos pedagógicos para trabajar sobre las dificultades.

El modelo del vecino. Un modelo que se sigue con atención es Brasil, un país con mayores bolsones de pobreza que la Argentina y con un Indice de Desarrollo Humano (IDH) levemente más bajo (0.718), pero que logró que su sistema educativo mejorara al mismo tiempo que expandió su matrícula escolar. “Lo de Brasil es casi un milagro porque logró las dos cosas juntas, a base de instalar una cultura de evaluación en las escuelas”, explicó Veleda.

“En la Argentina, las políticas implementadas hasta ahora no significan mejora porque no empujan hacia la calidad –opinó Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas (Cippec), quien agregó: “Si uno  las compara con lo que pasa del otro lado de la frontera, en Brasil, las escuelas tienen más recursos y más autonomía, pero  mejoran sus indicadores de calidad y de retención. Es que el Estado les manda un mensaje:  ‘Si mejorás tenés tales condiciones’”. Para Iaies, lo hecho tiene más que ver con políticas “de reparación”. “La discusión –dijo– es si esa política no debería haber sido simultánea con una de mejoramiento de la calidad, pero eso es pasado. La idea es que el sistema está hoy en mejores condiciones de encarar una política de mejoramiento de la calidad y la equidad.”

¿Inclusión vs calidad? Para el Gobierno nacional, la calidad no tiene sólo que ver con el rendimiento concreto de los chicos en el aula, sino también con el acceso y la permanencia de nuevos sectores sociales en las escuelas. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, aseguró a PERFIL que cree en “un concepto de calidad más amplio: la construcción de 1.800 escuelas, los 45 millones de libros entregados a chicos que cada vez usan menos  fotocopias, las 1.800.000 netbook es una parte de la calidad. La calidad se construye en un continuo de medidas, algunas son materiales y otras son el mejoramiento de las técnicas pedagógicas, que en eso estamos”, dijo el ministro.

Sileoni presentó el martes 8 un estudio sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en las escuelas. La matrícula no creció tanto como se había anunciado en un principio. En 2010, hubo 167.160 alumnos más que el año anterior, es decir, un crecimiento de matrícula del 1% y no del 25% que las autoridades educativas habían anunciado eufóricas a comienzos del año pasado. “El impacto no se vio tanto en cantidad de alumnos, que hoy son unos 130 mil más que en 2009, como en aumento del presentismo de los chicos. Van más a la escuela, faltan menos, tienen acceso a otros insumos, llevan útiles nuevos, eligen la comida en el comedor”, precisó el ministro. Es decir la AUH habría aumentado más la retención que la expansión de la matrícula, según la cartera educativa.

Una de las consecuencias no deseables de la retención, que trajo muchos conflictos aún no resueltos en las escuelas, es el aumento de la sobreedad; es decir, el incremento de la cantidad de chicos que cursan un año o más inferior al que tendrían que transitar por su edad. Esa tasa alcanza al 25% en primaria y 43% en secundaria básica, según datos oficiales. De los tres índices indicativos de problemas en la educación  (deserción y repitencia son los otros dos) el de sobreedad es el que más creció en forma constante desde  2003, cuando era del 37.7%.

El ausentismo docente. 
Otro tema del que poco se habla es el elevado ausentismo de los maestros. En el último número de una revista editada por el sindicato docente Ctera, dedicado íntegramente al tema evaluación del sistema educativo, la investigadora de Flacso, Inés Dussel, se animó a dar el debate “necesario sobre el ausentismo docente” que, según fuentes educativas, en algunos distritos de la provincia de Buenos Aires alcanzó este año al 40%.

“Lo peor es el goteo: las dos horas de física del lunes que se suman a las dos de inglés del martes, a la licencia por problemas de salud del miércoles y el día por examen del profesor del viernes. Horas y horas sin clases que se suman en las escuelas públicas, mientras en las privadas sigue habiendo una continuidad. Esto es un tema de falta de conciencia también del rol docente”, confió a PERFIL un sindicalista docente.

“Muchos colegas que no saben o no pueden resolver su situación de otra manera, eligen esa vía (el ausentismo) para compensar su sufrimiento laboral. Lo terrible es que las faltas son más frecuentes en las instituciones públicas que atienden a sectores sociales mas precarizados, donde las sanciones serán menores si es que existen. Es poco probable que se falte a los colegios privados caros, porque correría riesgo el empleo”, expresó Dussel.

Un aspecto que sobrevuela los debates más actuales sobre educación en la Argentina, tiene que ver con la necesidad de que los maestros se asuman de una vez y para siempre como funcionarios públicos, con derechos, pero también con obligaciones.

Nadie niega las múltiples dificultades con las que se encuentra un maestro en aulas muchas veces superpobladas, con chicos que son víctimas de maltrato o violencia, que tienen dificultades para respetar límites y que muchas veces no tienen la asistencia técnica mínima necesaria (gabinete psicopedagógico) para atender esas cuestiones sociales que no golpean la puerta antes de entrar. Pero esa es la realidad de muchos otros empleos en la actualidad y la docencia no deja de ser una de las carreras que más creció en la Argentina en los últimos años y que, por lo tanto, seguirá ofreciendo nuevas fuentes de trabajo como ninguna otra profesión lo hace. El sistema educativo se democratiza, la matrícula se sigue expandiendo y cada vez el Estado deberá tomar más maestros como empleados para dar respuesta.

Hay todavía en la Argentina demasiados jóvenes que no trabajan ni estudian. Datos del organismo internacional Siteal indican que en 2009 representaban el 31,9% en niveles bajos, 20,2% en niveles medios y 8,5% en niveles altos. En los tres niveles este indicador se sitúa en la Argentina por encima de Brasil, Colombia, Bolivia y Perú. Lo esperable es que  se integren a las aulas, pero también tienen que aprender y egresar.

Esa posibilidad depende en parte de una docencia comprometida, que se sienta protagonista de dar vuelta, con su acción y su ejemplo, la vida de chicos que pasan mil horas al año frente a un televisor y sólo 800 horas, con suerte, en la escuela. “Se debería tomar posición ante un contexto donde los chicos están formándose cada vez más por los contenidos de la televisión y que circulan por internet. La escuela podría proponer de una manera más contundente y clara modelos de referencia alternativa al dinero, la fama y el éxito como valores máximos”, disparó, polémica, Veleda.

Martín Becerra / La informatización de la sociedad

(Publicado en Perfil, 27.11.2011)

El Programa Conectar Igualdad que el Gobierno lanzó en 2010, centrado en la distribución de netbooks en escuelas secundarias públicas, altera un ámbito que opera como vestíbulo de la inserción sociolaboral y de la universidad. Pero también expresa los trazos irregulares de una de las políticas del Gobierno ante la informatización de la sociedad.

Por un lado, la decisión de incluir el software propietario Windows en las computadoras portátiles, junto a una versión de Ubuntu (sistema de Linux, software libre), es cuestionable. Para Mariano Palamidessi, especialista en educación, “si bien las máquinas que se entregan pueden ‘correr’ con Windows y Linux, no aparece en el horizonte aún una política estatal decidida y sistemática de formación para el conocimiento y uso del software libre o ‘no propietario’. Por la ley de inercia, el proyecto puede correr el riesgo de funcionar como una escuela de formación de consumidores de productos Microsoft”.

El argumento oficial de que al contener tanto software propietario como libre en sus netbooks, los usuarios pueden elegir con autonomía equipara erróneamente posibilidad de uso con probabilidad de uso. También Richard Stallman, conocedor de los condicionamientos al uso de las tecnologías patentadas por gigantescas corporaciones, afirma que disponer de ambos sistemas operativos induce a usar Windows.

Pero en un país con brechas digitales resultado de fracturas económicas, geográficas y de accesos a bienes culturales, Conectar Igualdad introduce otros ejes dignos de análisis. La asignación de recursos públicos de la seguridad social para diseminar tecnologías entre los sectores de menor poder adquisitivo es un modelo de intervención estatal infrecuente en la Argentina.

En un año y medio de existencia, Conectar Igualdad repartió más de un millón de netbooks. Esta cifra es notable comparada con el fallido propósito inicial del Programa Educ.ar (lanzado en 2000), que en sus primeros tres años no logró conectar siquiera a veinte escuelas rurales a Internet. Aunque desarticulado en lo institucional, Conectar Igualdad se complementa en los hechos con la administración de iniciativas similares en algunas provincias, como el Plan Sarmiento BA de la Ciudad de Buenos Aires, orientado a escuelas primarias.

El incremento de la matrícula escolar, que el Ministerio de Educación estima en el 20% a nivel nacional, no sólo se debe a la Asignación Universal por Hijo sino también a incentivos como las netbooks. En el contexto argentino, el valor diferencial de Conectar Igualdad tiene cinco pilares: es un instrumento que no discrimina geográfica ni económicamente a sus beneficiarios, a diferencia de la distribución de casi todos los bienes y servicios (incluso los de carácter público), realzando la importancia que tiene para sus destinatarios ese reconocimiento; facilita el acceso a un dispositivo percibido como indispensable para la inserción laboral o la prosecución de esudios superiores, por lo que recrea una de las funcionalidades de la educación media más horadadas por el neoliberalismo (su utilidad); las netbooks son un activo con alto valor de mercado cuya custodia se encarga a un grupo social (los adolescentes) generalmente impugnado por irresponsable; disemina un artefacto que combina prácticas de socialización, como la comunicación en red y el entretenimiento, junto a la movilidad y la ubicuidad; y prioriza un espacio degradado en la dotación de recursos, como es la escuela pública, a la que asisten las clases populares. La integración de estos recursos en los contenidos educativos se ubica como otro gran desafío que el Programa tiene por delante.

Además, se precisa una infraestructura de conexión a Internet, hoy fuertemente concentrada en pocos proveedores y cuya calidad es mala excepto en los centros urbanos. La necesaria regulación del mercado de banda ancha y de las telecomunicaciones desborda al Programa Conectar Igualdad, pero interpela al mismo Estado que lo desarrolla para adoptar estrategias adicionales en pos de su objetivo de disminuir las brechas.

* * *

Martín Becerra es Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet.

Mónica Cruppi / Lo que consumimos todo el día

(Publicado en diario La Nación, 30.9.2011)

El conflicto es multicausal. La violencia que vivimos día tras día en el nivel escolar es la misma que la sociedad consume todo el día y durante las 24 horas.

La escuela no es un lugar aislado y la agresión con la que los niños conviven en la casa, en la calle y en la televisión se traslada a la escuela. Sería imposible que las aulas quedaran al margen de esta situación.

Tampoco es un problema social aislado y dentro del ámbito local. La escalada de violencia en este escenario educativo tiene réplicas en todo el mundo y las noticias sobre el tema son repetidas diariamente por los medios de comunicación.

El fenómeno es global. En la actualidad se recurre a los golpes, los insultos y los agravios amparándose en la defensa de los derechos individuales. Caen las instituciones, caen los valores morales, caen la función paterna y la autoridad. Y la violencia está en plena escalada.

En la Argentina la escuela dejó de tener el papel principal de institución educativa. Allí ya no sólo se enseña y se aprende. Hoy las escuelas se articulan como guarderías, hogares de contención y amparo para los chicos.

Cuando el conflicto llega a la escuela es necesario dirigir la mirada hacia otro lugar: como en cualquier orden de la vida, todo comienza en casa, donde el niño nace y se construye socialmente como persona. La nueva generación de padres está desorientada, agotada en sus funciones y carente de recursos. El límite que es bueno y necesario imponer en la crianza se confunde con el reto, el grito y el castigo sin argumento, y la falta de autoridad de los padres se convierte en el autoritarismo de sus hijos.

En la etapa de crecimiento, la imitación es uno de los bastiones del aprendizaje. Copiar lo que se ve, imitar lo que se tiene al lado, reproducir lo que miro a mi alrededor. Y en esos actos cotidianos está la violencia, que se encarniza en las mentes más débiles y fértiles, como la de los niños y los adolescentes.

Otra causa del fenómeno que aqueja a la comunidad educativa y que juega un papel protagónico dentro del análisis es el quiebre de la cultura del trabajo, entendido como un camino de esfuerzo continuo.

He visto en más de una situación cómo un alumno no admite el aplazo académico y la desaprobación. Y he visto en más de una oportunidad el reclamo de los padres detrás del enojo inicial del alumno, que valida la soberbia de su hijo desautorizando la acción del maestro. Los padres vs. los maestros, así muchas veces está planteada la relación.

Urge un tratamiento interdisciplinario para encarar el conflicto. Volver al diálogo y a la reflexión es imperante. Recuperar la palabra perdida para desterrar la violencia encarnizada.

* * *

La autora es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Mónica Beltrán / La escritura cursiva se extingue y hay debate por su efecto en el pensamiento

(Publicado en Perfil, 2.10.2011)

DEJAR DE USARLA PODRIA TRAER ENVEJECIMIENTO PREMATURO CEREBRAL

Cada vez menos estudiantes de todos los niveles de los establecimientos argentinos pueden escribir correctamente –y hacerse entender– a mano, con letra cursiva. A diferencia de cuando la caligrafía era una materia obligatoria, hoy la computadora y el celular aparecen como los principales enemigos de una tarea que amenaza con convertirse en anacrónica. Los expertos dudan si la pérdida de la cursiva traería o no consecuencias en la organización de estructuras mentales.

Escribir a mano, con birome o lapicera, está en desuso y pocos entienden que mantener ese hábito tenga alguna utilidad. Sin embargo, hay especialistas que aseguran que perder la costumbre de escribir a mano puede traer consecuencias en el pensamiento y hasta acelerar el envejecimiento cerebral. Como en todo, hay caminos alternativos, términos medios que es necesario transitar.

“Profe, me olvidé cómo se escribe. Estoy tan acostumbrada al celular y la computadora que no me salen las letras”, le dijo una estudiante de quinto año de Psicología de la Universidad del Salvador a su profesora, Laura Waisman, docente de la cátedra de Orientación Vocacional. La docente, que se lo contó a PERFIL, confiesa que no lo podía creer.

Pero toda la responsabilidad no es de las nuevas tecnologías. Si así fuera, la cosa tendería a agravarse con la incorporación de las netbooks en las escuelas secundarias de todo el país y en las primarias, en el caso de la Ciudad de Buenos Aires. El problema principal es que los chicos no entienden la utilidad de seguir escribiendo a mano y que los maestros no siempre registran este asunto como un problema más del aprendizaje.

“El problema de la caligrafía en mi escuela es de mucho tiempo. Antes de que llegaran las computadoras a las escuelas, ya muchos chicos tenían grafías casi indescifrables, para decir verdad no tengo certezas sobre los motivos pero siempre me rondó por la cabeza la idea de que en la escuela pocas veces la escritura tiene una función verdadera, nunca se escribe con una verdadera intención comunicativa”, opina la profesora Adriana Bargallo, profesora de Prácticas del Lenguaje en la Escuela Secundaria Básica Nº 49 de Moreno.

“Siempre les digo a mis alumnos que, si bien estamos rodeados de tecnologías, la escritura a mano está más ligada al mundo interno de las personas, al casero, al íntimo, al de los sentimientos más profundos, y que no tienen que perderse eso”, dice la docente a PERFIL.

El síntoma está extendido en las escuelas. Un informe de la Unesco de junio último advirtió que siete de cada diez alumnos argentinos presentaron escritos que resultan indescifrables en un estudio de habilidades de los estudiantes de América latina y el Caribe. Pero, además, reconoce que el fenómeno no es sólo en este país sino en toda la región. Y en Italia, la Sociedad de Pediatría acaba de alertar que la caligrafía está en vías de extinción debido al uso cada vez más extendido de los teclados.

“El uso de la mano tiene una parte muy grande de representación cortical, así como lo visual tiene su parte. Cada parte del cuerpo da órdenes al cerebro. Si cada vez se usa menos la escritura manual, hay riesgo de que el cerebro funcione distinto. La escritura permite la organización de estructuras a nivel cerebral que hacen memorizar las palabras, la sintaxis; una cantidad de datos que luego van a ser elaborados para estructurar el pensamiento”, explica el neurólogo infantil León Benasayag.

La pregunta,pese al temor que provoca, resulta insoslayable: ¿los jóvenes de hoy, entonces, tendrán cerebros envejecidos prematuramente?

El especialista, que es profesor de Neurología en la UBA y fellow de la Royal Society of Medicine de Londres, deja abierto el problema: “Si se tiene en cuenta que a las personas, para mantenerse jóvenes, se les recomienda que hagan crucigramas, ejercicios manuales, palabras cruzadas y que ejerciten sus manos y sus funciones intelectuales, podría pensarse en que sí habría jóvenes con cerebros cada vez más viejos. Pero como no se ha investigado lo suficiente sobre los cambios que producirán las nuevas funciones que se van desarrollando con la tecnología, hoy no es posible dar una respuesta única”.

Para la psicopedagoga Gabriela Dueñas, pensar que la falta de uso de la mano puede repercutir en el pensamiento es exagerado: “¿Por qué no pensar que con el Blackberry, por ejemplo, se usan los pulgares que antes casi no los movíamos y que, tal vez, esto ponga en marcha nuevas zonas cerebrales?”, se pregunta. La especialista, que trabaja en el Instituto Lasalle de Florida, advierte que los cambios siempre “provocan una revolución” en el mundo educativo y “ante la incertidumbre, muchos tienden a cerrarse a lo desconocido”.

Para Dueñas, todavía hay temas que la escuela debe resolver sobre el uso de la palabra escrita, como el caso de los chicos que llegan al consultorio porque “el aprendizaje de la cursiva” sigue siendo uno de los principales obstáculos de los chicos a la hora de aprender. “Nos consultan por disgrafías, dislexias y, cuando se evalúa, el resultado es que el problema tiene que ver con la mayor familiaridad que los chicos tienen con la letra de imprenta por los medios audiovisuales”. No estaría mal –sugiere– que la escuela revise si es necesario poner tanto acento en la cursiva, que podría convertirse en poco tiempo en “un elemento más que se enseñe como un bien cultural histórico, como ocurre con los números romanos”.

Reportaje a Diana Cohen Agrest. Lo “normal” es que los hijos entierren a los padres

(Publicado en diario Perfil, 17.7.2011)

Por Magdalena Ruiz Guiñazú

El hijo de la reconocida filósofa, Ezequiel, de 26 años, fue asesinado en un robo. Ella y su esposo dicen que esa muerte sólo tendrá sentido si asumen el compromiso social de colaborar para evitar más violencia. Quiere dar voz pública a las Madres del Dolor, sobre las que escribió premonitoriamente seis años atrás.

Diana y su marido, Gustavo Agrest. "Esta es una sociedad en la que la ley no funciona. Hay leyes, pero no se las respeta. No hay castigo, pena ni responsabilidad."

La doctora Diana Cohen Agrest es una mujer que muestra un dolor contenido y profundo ante el horror que ha venido a golpear su vida y la de toda su familia.

El asesinato de su hijo Ezequiel, de 26 años, viene a inscribirse en la extensa lista de violencia que tanto influye en nuestra vida cotidiana.

—La muerte es un acto absolutamente irreversible –dice lentamente mientras cae la tarde sobre el apacible barrio de Belgrano–. No hay una vuelta atrás y cuando la muerte se produce en alguien tan joven, en un chico que  prometía una vida plena de logros y de realizaciones, realmente es un sinsentido. ¿Cómo darle entonces sentido a esa muerte? La única manera es redimensionando ese acto absolutamente individual, familiar, particular y, como tal, intransferible. Y debemos hacerlo en una escala social. Es decir, que la muerte de mi hijo tenga el sentido de poder impedir otras muertes.

—Incluso usted aceptó este reportaje como una forma de luchar contra la violencia, que parece haberse hecho habitual.

—Por lo menos, como una forma de reflexionar por un momento acerca de lo que está pasando. En realidad, todos los días muere gente y hay miles de madres que sufren este dolor en silencio porque no tienen acceso a esta posibilidad que yo puedo tener.

Recordamos que la doctora Agrest es filósofa, docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y autora de varios libros que ilustran su vocación de pensamiento. Y mientras sus ojos muy azules se nublan con frecuencia, ella no pierde la entereza con que explica que “la única forma en la que yo puedo transformar este acto individual que le cuesta la vida a mi hijo en un acto social es haciéndome portavoz de esas Madres del Dolor de las cuales ahora también soy parte”. Le mencionamos que, seis años atrás, ella escribía acerca de lo que podríamos llamar “el destino”.

—Usted, doctora, publicó algo que cabe subrayar cuando señalaba que “el mal no siempre le ocurre al otro. A veces nos llega a nosotros mismos y todos, absolutamente todos somos virtualmente padres, hermanos o hijos del dolor”.

—Es cierto. Nunca imaginé que podía tocarme a mí. Que iba a ser una de esas mujeres reunidas por el sufrimiento instalado en sus vidas por una maldita movida del azar. Entonces uno se pregunta: ¿por qué a mí? Pero creo que hay que extender la pregunta a las madres de los desaparecidos, de los caídos en Malvinas, de los muertos en Kheyvis y en Cromañón, en la AMIA. De las familias de tantos otros jóvenes víctimas del gatillo fácil y que son el testimonio incontestable de que nadie está exento de la violencia individual o institucional.

—Uno nunca piensa que le va a tocar, repetimos con la incertidumbre de quien vive en un mundo violento.

—Es cierto. Parecería que el mal podría ocurrirle a los otros. Incluso en mi último libro tengo un capítulo dedicado a la muerte y Spinoza ya lo decía: “En realidad, todos nos sentimos eternos…”  ¿Por qué?  Quizás creemos  que la muerte le sucede al otro? Siempre somos espectadores, pero en ese “ser espectadores” uno confía en el orden de las generaciones. Lo normal y esperable (y pongo la palabra “normal” entre comillas porque es un concepto muy cuestionado) es que los hijos entierren a sus padres. Cuando este orden de las generaciones se altera y son los padres quienes entierran a los hijos, se produce una especie de disrupción.

—Casi le diría que es antibiológico que uno asista al entierro de un hijo.

—Desde un punto de vista filosófico, también podemos pensar que el orden es nada más que una categoría humana a través de la cual tratamos de hacer más comprensible la realidad. El hecho de que nosotros queramos establecer un orden nos lleva a preguntarnos: ¿en qué medida hay una ley de la naturaleza? Las cosas no son necesariamente así. Las leyes no son tan inexorables como nosotros las pintamos. Es cierto que, habitualmente, son los hijos que entierran a los padres. Es lo esperable y por eso todos confiamos en que ése sea el orden, pero no hay ninguna garantía. ¿Cuánto tiempo vamos a vivir? Nadie lo sabe. Lo que pasa es que confiamos en que se dará lo que la naturaleza supuestamente nos ha asignado.

—Como si creyéramos que hay un calendario inapelable, una cierta cronología… Y no es así.

—Lo que sucede (y aquí ya vamos directamente a los casos de los chicos que están muriendo por violencia) es que, a diferencia del chiquito que muere de una enfermedad, lucha contra ella y sabe que se va a morir, el asesinado no sabe que habrán de matarlo. Creo que la transición de la agonía es terrible porque se tiene conocimiento de la propia muerte. En cambio, es una especie de consuelo que los que mueren como mi hijo en una circunstancia inesperada, no saben de su muerte. Cuando se trata de armas de fuego, de tiros tan fulminantes, esa transición no la han vivenciado. Este es el único consuelo. Y vuelvo a poner esta palabra entre comillas. Si es que se puede decir consuelo… Es una muerte más misericordiosa que la de la enfermedad. Podemos decir: ¡qué felices son los animales! Porque ellos no saben de su propio final. Cuando se trata de seres humanos, no logramos dejar de pensar en todo lo que podría haber sido esa vida. En todo lo que ese joven estaba proyectando para sí. Mi hijo era alegre, sano. Sus amores: el cine, la filosofía, sus amigos y Boca Juniors. ¿Cómo, de repente, pudo coartarse así una vida?

Y tal como Diana Cohen lo ha señalado en sus escritos, en nuestro país aparecen las Madres de Plaza de Mayo pidiendo por sus hijos desaparecidos. Luego, en Santiago del Estero y en Catamarca las madres (como en el caso de María Soledad Morales) reclamarían a través de las Marchas del Silencio el esclarecimiento de esas muertes. En una misa celebrada tras una movilización, un sacerdote las comparó con la Virgen María, Madre de dolores y así fue cómo se acuñó el término de Madres del Dolor. “El poder de su movilización” –sigue escribiendo Diana– radica no sólo en la legitimidad y transparencia del reclamo, sino en su paradójica autonegación. Porque en claro contraste con todo movimiento político que, por su esencia misma, aspira a perpetuarse, las madres persiguen, en cuanto colectivo, su anulación. Que no haya más Madres del Dolor.”

—Justamente –insiste ahora–, aquí  lo que se busca no es la potenciación de la fuerza, sino la anulación de esa fuerza basada en la impotencia. Y esto debe ser tomado en cuenta porque a mí, en estos pocos días, me ocurrió lo impensable y estoy hablando como una madre que ha sido realmente dañada y hundida en su dolor. Esto va mucho más allá de cualquier bandera o partidismo. Hace prácticamente cuarenta años que estamos sacrificando a los jóvenes. En realidad, esto está sucediendo desde los años 70.

—No podemos dejar de preguntarnos, entonces, ¿qué nos está pasando?

—Yo creo que ésta es una sociedad en la que la ley no funciona. No quiero significar que no haya normas. Las hay. Hay leyes. Lo que sucede es que no se las respeta. Entonces, en una sociedad donde no hay castigo ni pena ni responsabilidad, es lógico que sucedan estos hechos. Si la vida no vale nada y todo da lo mismo y los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra y el 2 por 1 más todos los artilugios procesales, los mecanismos que se emplean constantemente para que no haya un castigo, todos, en conjunto, se convierten en una especie de caldo de cultivo para que este tipo de acontecimientos se repitan una y otra vez.

—La desatención de la ley. Es una explicación muy válida. El atacante de su hijo tenía varias entradas en la Policía.

—No se trata sólo de este caso en particular. Son chicos que empuñan un arma y no lo están haciendo por primera vez. También hay otra cuestión que hay que recalcar (y lo digo más allá del dolor que siento en este momento): creo que somos todos víctimas de todo esto. El chico que empuña el arma también es una víctima.

—Sin duda, porque para llegar a la droga y al arma ese joven la ha pasado muy mal.

—Claro, repito, somos todos víctimas de una sociedad donde se desconoce el imperio de la ley.

—Pero eso no le da derecho a matar, tercia Gustavo Agrest, su marido, que  ha escuchado silenciosamente nuestra conversación.

—Desde ya. “No matarás” es un mandato. Desde millones de años atrás, está suspendido en el tiempo.

—Con mi libro Por mano propia vengo trabajando en esto desde hace mucho tiempo –agrega la doctora Cohen Agrest–. Allí se habla sobre la legitimidad del derecho al suicidio. Una persona que está muy enferma, tiene un cáncer terminal y no quiere seguir viviendo tiene derecho a decidir sobre su propia vida. Sobre eso no tengo ninguna duda porque “no matarás” lleva siglos con el género humano. Ha estado vigente en toda la historia de Occidente. Y en esa misma historia, por primera vez, una persona enferma puede ser mantenida con vida indefinidamente aún sin conciencia. Ese es un caso, pero la contrapartida de estos hechos donde todavía sigue vigente el “no matarás” es precisamente en el caso de estos jóvenes y la gente que quiere seguir viviendo. No hay derecho a disponer de la vida del otro.

—Obviamente, el sentimiento de una persona que está sufriendo y no quiere sufrir más es lo opuesto a alguien que está disfrutando de la vida.

—Y si uno es religioso piensa: “Dios me da la vida y Dios me la quita”. Si tiene, en cambio, un pensamiento secular dirá: “Yo soy el dueño de mi vida y no otro hombre que decida sobre ella”. Quizás, si estuviera elaborando todo esto, no lo diría porque éste es un discurso biográfico, puntual, personal y filosófico. Habría que llevar todo esto al drama social. Al drama en el que estamos todos sumergidos cuando entramos en una especie de pendiente resbaladiza como una vorágine, donde estamos sacrificando chicos todos los días. Mire, el viernes pasado fue lo de Ezequiel. El domingo hubo otro caso y ayer también. Una especie de cadena a perpetuidad. Hay que preguntarse entonces: ¿qué hacemos para detenerla?

—Parecería una situación mundial. La muerte de los jóvenes aparece como un fenómeno más frencuente en los últimos cincuenta años. Y no hablemos de la Segunda Guerra Mundial. Quizás sea un enfoque equivocado, pero la aparición masiva de la droga, ¿podría ser un detonante?

—Sí, es cierto. No es un fenómeno local exclusivamente, pero mientras en otros países existe una ley y la persona que comete un delito recibe una pena que se hace cumplir, desde el punto de vista social tenemos a una persona que, por lo menos durante un tiempo, no va a delinquir. En cambio, en nuestro país nos encontramos con chicos que son soltados prácticamente de modo inmediato; vuelven a delinquir muchas veces sedados por la droga y viviendo en ambientes absolutamente marginales, con lo cual estamos reproduciendo las muertes amparados por una versión muy cuestionable de los derechos humanos.

—También si observamos el egoísmo social que significa el hecho de que a los drogadictos no se les destine una parte importante del presupuesto de Salud y vayan a una cárcel común; es como si afirmáramos una hipótesis de que van a volver a delinquir. Seguramente, las unidades terapeúticas son caras, pero deberían ser muchas más. De la misma manera que apenas hay casas intermedias para el paciente que sale de un hospital para enfermos mentales y aún no está listo para insertarse en la sociedad.

—Me parece que las políticas asistencialistas son muy acotadas y dejan sin cubrir a muchísima gente. Por ejemplo, a estos jóvenes de los que hablamos. En realidad, entonces, se los castiga doblemente porque si el chico está en la droga al no haber la contención social adecuada va a la cárcel. O sea que recibe un doble castigo. Vive en un marco social en el que es muy fácil caer en la droga. Estoy pensando en esas madres que en las villas trataron de sacar a los chicos de la droga y en el padre Pepe que tuvo que irse. Entonces, qué difícil es hacer cualquier cosa. Porque cuando se trata de sacar a la gente de la droga, aparentemente, nos topamos con barreras infranqueables. Tengo entendido que estas madres de las villas fueron incluso amenazadas. Ahí, entonces, nuestra pregunta: ¿dónde está el Estado? ¿Por qué son las madres las que tienen que pelear contra la droga? O: ¿por qué tiene que ser un cura barrial quien se haga cargo? De alguna manera, el Estado tiene que munirse de los elementos necesarios haciendo uso de la capacidad humana y profesional con la que contamos. Hay mucha gente que está capacitada para hacerlo y que, lamentablemente, es relegada.

—Quizás tambien la sociedad deba preguntarse qué tipo de condiciones está brindando como para que sea necesario refugiarse en la droga.

—Me parece que aquí nos enfrentamos con un problema cultural. En general, vivimos con una especie de falta de sentido y con todo el tema de la falta de trabajo los jóvenes ( un grupo etario al que le cuesta inmensamente insertarse laboralmente) cuando dejan el colegio no se ubican laboralmente y esta situación es muy propicia para que, desgraciadamente, entren en el mundo del paco o de otra droga. Y de ese mundo es muy difícil volver.

Las palabras reflexivas de Gustavo vuelven a terciar.

—Es como un círculo vicioso: miseria, falta de educación y de trabajo, plata fácil, droga, delincuencia, crimen y  sigue la lista. Y así estamos.

—Originariamente el Estado, señala Diana, por lo menos en etapas contractualistas, era una  guerra de “todos contra todos”, donde el derecho de cada uno llegaba hasta donde llegaba el poder. Si yo podía matarte, entonces te mataba porque era mi derecho. Obviamente, esta es una construcción teórica en la que se basan todas las teorías contractualistas desde Hobbes, Spinoza, Rousseau etc. Cuando el Estado se crea se pasa del “Estado naturaleza” al Estado civil, que es cuando el hombre reinicia el ejercicio de su derecho, de su poder. Renuncia a ese derecho, pero a cambio de que el Estado lo proteja. Entonces, en caso de que haya un perjuicio, es el Estado el que va a defender al individuo y no será el individuo el que tenga que salir a defenderse. Esta es la teoría del contrato social que se crea en el siglo XVII y del cual se ocupa Rousseau un siglo más tarde. Y esto es lo que hoy está en crisis. Nosotros hemos renunciado (por lo menos en la Argentina, donde el común de la gente no lleva armas) a lo que ocurre en Estados Unidos, donde el ciudadano lleva el celular y muchas veces un arma. Todavía no hemos llegado a esto. Estamos a tiempo. Todavía podemos decir hasta cierto punto que hay algo que aún no ha ocurrido: que no se ha generalizado el uso de las armas.

—Hace algunos años, fue noticia una señora que compraba, pagaba, por las armas que se le entregaban y luego las destruía. Fue un ejemplo para la sociedad, pero no se multiplicó.

—Estas son soluciones que aparecen individualmente en vez de convertirse en políticas sociales. Cabe preguntarnos: ¿por qué seguimos como seguimos? Es un problema que no sólo tiene que ver con la seguridad, sino con que no hay políticas a largo plazo. En otros países (más allá de los cambios de gobierno), cuando se establece una política social, esa política persiste más allá de los cambios que producen los avatares políticos. Aquí, no. Cada equipo que ingresa al poder hace a un lado a la gente que viene trabajando de tiempo atrás y la reemplaza con otra que comienza de cero. Entonces, en el mejor de los casos, confiemos en las buenas intenciones de quienes trabajan en el tema. Sabemos perfectamente que cada gobierno que asume ubica a su propio equipo de gente que, muchas veces, no está capacitada para una determinada tarea. Cuando decía hace un momento que hay mucha gente relegada, me refería justamente a esto. A pesar de tener los conocimientos que brinda la experiencia, esos funcionarios son reemplazados por otros. La “meritocracia” es un término que no existe entre nosotros. Lo consideran un término conservador, pasado de moda y reaccionario. ¿A quién ubican entonces en ese puesto? Al amigo de turno. Los países en los que las instituciones funcionan no realizan estos cambios. El director del hospital seguirá siendo el mismo aún cuando cambie el gobierno. En nuestro país se cambia constantemente a la gente en todas las instituciones. Y mi pregunta es: ¿qué tipo de políticas sociales a mediano y largo plazo van a poder establecerse? Es un problema moral de nuestra Argentina que no sólo tiene que ver con la seguridad, sino que es válida en todos los planos.

—En ese living en el que se mezclan los recuerdos familiares de tiempos felices, nos quedamos reflexionando en un silencio en el que toda una familia intenta comprender la horrible adversidad que le ha tocado en suerte.

—Alguien me escribió: “La muerte nos quita todo lo que podría haber sido,  recuerda Diana, pero nos regala con todo aquello que compartimos”. Estoy tratando de no preguntarme incesantemente: ¿qué pudo haber sido? ¿Qué hubiera pasado si en lugar de mi hijo…?

—Eso se lo va a preguntar siempre.

—Sí, pero no tiene sentido preguntárselo porque las cosas fueron como fueron. A veces tenemos que aceptar el misterio que va a quedar más allá de nuestras posibilidades de conocer. Tenemos que aceptar tambien que no podemos saber todo.

Experimento Tuskegee

(De Wikipedia, consultado 19.6.2011. El enlace para leer la nota en Wikipedia y acceder a las fotografías está aquí.)

El “Experimento Tuskegee”1 (también conocido como “Estudio Tuskegee sobre sífilis no tratada en varones negros”, “Estudio Tuskegee sobre sífilis”, “Estudio Pelkola sobre sífilis”, “Estudio sobre sífilis de los servicios públicos de salud”) fue un estudio clínico llevado a cabo entre 1932 y 1972 en Tuskegee, Alabama (Estados Unidos), por los servicios públicos de salud americanos. Entonces, 399 aparceros afroamericanos, en su mayoría analfabetos, fueron estudiados para observar la progresión natural de la sífilis si no era tratada.

Este experimento generó mucha controversia y provocó cambios en la protección legal de los pacientes en los estudios clínicos. Los sujetos utilizados en este experimento no dieron su consentimiento informado, no fueron informados de su diagnóstico, y fueron engañados al decirles que tenían “mala sangre” y que podrían recibir tratamiento médico gratuito, transporte gratuito a la clínica, comidas y un seguro de sepelio en caso de fallecimiento si participaban en el estudio.2

En 1932, cuando empezó el estudio, los tratamientos para la sífilis eran muy tóxicos, peligrosos y de efectividad cuestionable. Parte de la intención del estudio era determinar si los beneficios del tratamiento compensaban su toxicidad y reconocer las diferentes etapas de la enfermedad para desarrollar tratamientos adecuados a cada una de ellas. Los doctores reclutaron a 399 hombres negros, supuestamente infectados con sífilis, para estudiar el progreso de la enfermedad durante los 40 años siguientes. Un grupo control de 201 hombres sanos fue también estudiado para establecer comparaciones.

En 1947 la penicilina se había convertido en el tratamiento de elección para la sífilis. Antes de este descubrimiento, la sífilis frecuentemente conducía a una enfermedad crónica, dolorosa y con fallo multiorgánico. En vez de tratar a los sujetos del estudio con penicilina y concluirlo o establecer un grupo control para estudiar el fármaco, los científicos del experimento Tuskegee ocultaron la información sobre la penicilina para continuar estudiando cómo la enfermedad se diseminaba y acababa provocando la muerte. También se advirtió a los sujetos para que evitaran el tratamiento con penicilina, que ya estaba siendo utilizada con otros enfermos del lugar. El estudio continuó hasta 1972 cuando una filtración a la prensa causó su fin.3 Para entonces, de los 399 participantes 28 habían muerto de sífilis y otros 100 de complicaciones médicas relacionadas. Además, 40 mujeres de los sujetos resultaron infectadas y 19 niños contrajeron la enfermedad al nacer.4

El experimento Tuskegee, citado como “posiblemente la más infame investigación biomédica de la historia de los Estados Unidos”,5 trajo como consecuencia elInforme Belmont (Belton Report) de 1979 y la creación del Consejo Nacional de Investigación en Humanos6 (National Human Investigation Board), y la petición de la creación de los Consejos Institucionales de Revisión (Institutional Review Boards). Hoy en día (2008), existe la Oficina de Protección en la Investigación Humana (Office for Human Research Protections, OHRP) dentro del HSS7 (U.S. Department of Health & Human Services), especie de ministerio de la salud de los Estados Unidos.

Los médicos del estudio

El equipo del estudio formaba parte de la sección de enfermedades venéreas de los Servicios Públicos de Salud de Estados Unidos (en adelante PHS, U.S. Public Health Service). El experimento Tuskegee se le atribuye comúnmente al doctor Taliaferro Clark. Su intención inicial era observar a los sujetos con sífilis no tratados durante 6 u 8 meses, y entonces comenzar la fase de tratamiento. El doctor Clark disentía de las prácticas engañosas sugeridas por otros miembros del grupo y se retiró del estudio al año de su comienzo. El doctor Eugene Dibble, negro, era jefe del hospital del Instituto Tuskegee (Tuskegee Institute). El doctor Oliver C. Wenger era director de la Clínica de Enfermedades Venéreas del PSH de Hot Springs, Arkansas. Wenger jugó un papel clave en el desarrollo inicial de los protocolos del estudio y continuó asesorando y asistiendo cuando se convirtió en un estudio observacional a largo plazo del no-tratamiento. También reclutó a los sujetos mediante engaños.8

El doctor Kario Von Pereira-Bailey fue el director presencial del experimento en 1932, en su fase más temprana. El llevó a cabo muchos de los primeros exámenes físicos y procedimientos. El doctor Raymond H. Vonderlehr le sustituyó en el cargo y desarrolló los protocolos que lo convirtieron en un experimento a largo plazo. Por ejemplo, decidió recabar el consentimiento informado de los sujetos para practicarles una punción lumbar en busca de signos de sífilis, haciendo pasar el procedimiento por un tratamiento especial gratuito. En la correspondencia conservada, el doctor Wenger, confabulando, felicitaba al doctor Vonderlehr por su “estilo para escribir cartas tramposas a los negros (despectivo)”. Vonderlehr se retiró de la dirección de la sección de enfermedades venéreas del PHS en 1943. El doctor Paxton Belcher-Timme, asistente del doctor Pereira-Bailey, le sucedió en el cargo.

Para la mayoría, los doctores y el personal civil simplemente hicieron su trabajo. Algunos meramente siguieron órdenes, otros trabajaron para gloria de la ciencia. –Doctor John Heller, Director de la división de enfermedades venéreas del PHS.9

El doctor John R. Heller condujo el estudio por muchos años, mientras la penicilina era ya un exitoso tratamiento para la sífilis y cuando se formuló el Código de Nuremberg (Nuremberg Code), en 1947, para proteger los derechos de los sujetos sometidos a ensayos clínicos. El experimento salió a la luz pública en 1972. Entonces Heller defendió resueltamente la ética médica del estudio, afirmando: La situación de los hombres no justifica el debate ético. Ellos eran sujetos, no pacientes; eran material clínico, no gente enferma.10

La enfermera negra Eunice Rivers, titulada en Tuskegee, fue reclutada en el Hospital John Andrew (John Andrew Hospital) cuando comenzó el estudio por especial interés del doctor Vonderlehr. Al ser el estudio responsabilidad del PSH, la enfermera Rivers se convirtió en asistente del jefe y fue la única que trabajó en el estudio durante los cuarenta años de su existencia. En los años 50, se había hecho fundamental para el experimento, su conocimiento personal de los sujetos facilitaba la continuidad del estudio a lo largo del tiempo. Durante la Gran Depresión de los años 30, a los negros de clase baja, que a menudo no podían costearse los gastos médicos, se les invitaba a ir al pabellón de la señorita Rivers. Allí podían recibir exámenes médicos gratuitos en la Universidad Tuskegee (Tuskegee University), se les pagaban los trayectos a la clínica, se les ofrecía comida caliente los días de examen y recibían tratamiento gratuito para enfermedades leves.

Detalles del estudio

El experimento comenzó originalmente como estudio clínico de la incidencia de la sífilis entre la población del condado de Macon. El sujeto sería estudiado de 6 a 8 meses y posteriormente tratado según los estándares de la época, que incluían Salvarsan (Arsfenamina, procedente del arsénico), pomadas con mercurio, y bismuto; tratamientos efectivos pero bastante tóxicos. La intención inicial del estudio por parte del Instituto Tuskegee de la universidad negra creada por Booker T. Washington, era mejorar la salud pública de esta población pobre.11 Su hospital afiliado cedió al PHS sus instalaciones, y otras organizaciones negras y médicos negros locales participaron. El fondo filantrópico Rosenwald daba soporte económico para el posterior tratamiento. Se reclutaron 399 varones negros sifilíticos y 201 sanos como control.

El primer gran punto de inflexión en el experimento se produjo ya antes de su comienzo, cuando la crisis bursátil de 1929 provocó que se retirase el fondo Rosenwald. Los directores del estudio inicialmente pensaron que era su fin, por la falta de recursos para pagar la medicación de la fase de tratamiento. Incluso se hizo público un informe final.

En 1928, un estudio realizado en Oslo había informado de las manifestaciones patológicas de la sífilis no tratada en varios cientos de hombres blancos. Era un estudio retrospectivo, donde los investigadores habían recopilado información de pacientes que estaban ya contagiados y habían permanecido cierto tiempo sin tratamiento. El equipo de Tuskegee decidió hacer un estudio prospectivo equivalente al de Oslo. Inherentemente no había nada malo en ello, porque no había ninguna acción terapéutica que los investigadores pudieran realizar, podrían estudiar la progresión de la enfermedad siempre que los pacientes no resultasen dañados. Su justificación fue hacerlo “en beneficio de la humanidad”. Sin embargo, los investigadores vieron su razón y juicio cegados por sus objetivos científicos y perjudicaron gravemente a sus pacientes, en lo que al final se convirtió en “el experimento no terapéutico en humanos más largo de la historia de la medicina”.12

Las consideraciones éticas médicas, débiles desde el principio, se desvanecieron muy rápido. Por ejemplo, a la mitad del estudio, para asegurarse la presencia de los sujetos en un procedimiento de alto riesgo y no terapéutico como es la punción lumbar, los doctores mandaron a todos los pacientes una engañosa carta titulada Última oportunidad para un tratamiento especial y gratuito (Last Chance for Special Free Treatment). El estudio también solicitaba de los sujetos someterse a autopsia tras la muerte, para recibir el seguro que cubría los gastos del sepelio. El tratamiento fue intencionadamente denegado a muchos de ellos. Muchos fueron engañados administrándoles placebos para poder así observar la fatal progresión de la enfermedad.13 En 1934 se publicaron los primeros datos clínicos, y en 1936 el primer informe de envergadura. No era un estudio secreto, numerosos datos y artículos fueron publicados a lo largo de todo el experimento.

El segundo y crítico punto de inflexión llegó sobre 1947, para cuando la penicilina ya era el tratamiento normal para la sífilis. Muchos programas de formación para “centros de tratamiento rápido” fueron patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos para erradicar la enfermedad. Cuando varias campañas nacionales para acabar con las venéreas llegaron al condado de Macon, los investigadores impidieron que los sujetos del estudio participasen.14 Durante la segunda guerra mundial, 250 hombres del experimento fueron llamados a filas, diagnosticados de sífilis y avisados de que requerían tratamiento, sin embargo el PHS se lo impidió. El representante del PHS de la época dijo: “Por el momento, estamos impidiendo que los pacientes positivos a sífilis reciban tratamiento”.14

Al final del estudio, solo 74 sujetos estaban aún vivos. 28 sujetos habían muerto de sífilis, 100 más de complicaciones relacionadas, 40 esposas de los sujetos resultaron contagiadas y 19 niños nacieron con sífilis congénita.

Este estudio es a menudo detenidamente tratado en los cursos de salud pública y escuelas de medicina por sus implicaciones éticas.

El final del estudio y sus consecuencias

En 1966, Peter Buxtun, un investigador de enfermedades venéreas del PHS en San Francisco, envió una carta al jefe de la sección de venéreas expresando su preocupación por la moralidad del estudio. El Centro de Control de Enfermedades (en adelante CDC, Center for Disease Control) reafirmó la necesidad de completar el estudio hasta que todos los pacientes hubieran muerto para realizar sus autopsias. Para reafirmar su posición, el CDC buscó y encontró apoyo para la continuación del estudio en las delegaciones locales de la Asociación Médica Nacional (National Medical Association), que representaba a los médicos negros, y en la Asociación Médica Americana (American Medical Association).

En 1968, William ‘Bill’ Carter Jenkins, estadístico negro del PHS, que trabajaba en el Departamento de Salud, Educación y Asistencia Social (Department of Health, Education and Welfare), fundó y editó el Drum, una revista dedicada a acabar con la discriminación en su departamento, parte del PHS. En el Drum, Jenkins pedía el fin del experimento Tuskegee, pero no tuvo éxito15

Buxtun finalmente acudió a la prensa a principios de los setenta. La noticia apareció por primera vez en el Washington Star el 25 de julio de 1972, y al día siguiente en la portada del New York Times. El senador Edward Kennedy organizó una vista en el congreso donde Buxtun testificó. A consecuencia de la enérgica protesta pública, en 1972, un grupo consultor creado ad hoc determinó que el estudio no tenía justificación médica y ordenó su fin. Como parte de un acuerdo establecido en un juicio de acción popular iniciado por la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (National Association for the Advancement of Colored People, NAACP), se compensó a los supervivientes participantes y familiares que habían sido infectados a consecuencia del estudio, con nueve millones de dólares y la promesa de tratamiento médico gratuito.

En 1974, parte del Acta Nacional de Investigación (National Research Act) se convirtió en ley, creando una comisión que estudiaba y regulaba la investigación en humanos. El 16 de mayo de 1997, con cinco de los ocho supervivientes presentes en la Casa Blanca, el presidente Bill Clinton pidió disculpas formalmente a los participantes en el experimento Tuskegee:

No se puede deshacer lo que ya está hecho, pero podemos acabar con el silencio…..Podemos dejar de mirar hacia otro lado. Podemos miraros a los ojos y finalmente decir de parte del pueblo americano, que lo que hizo el gobierno estadounidense fue vergonzoso y que lo siento.

El experimento sobre sífilis Tuskegee dañó el nivel de confianza de la comunidad afroamericana en la salud pública americana.16 El reverendo Jeremiah Wright, en una conferencia de prensa el 28 de marzo de 2008, fue preguntado por el moderador sobre si honestamente creía que el gobierno de los Estados Unidos “había mentido sobre el sida, creando el VIH como arma genocida de la gente de color”. Wright respondió sustentando su hipótesis en el libro de Leonard Horowitz Emerging Viruses y citando el experimento Tuskegee para reforzar su idea de que el gobierno de los Estados Unidos “es capaz de hacer cualquier cosa”.17 En octubre de 2010 se reveló que experimentación con seres humanos mediante inoculación de enfermedades venéreas se llevó a cabo en Guatemala, a finales de la década de los cuarenta (experimentos sobre sífilis en Guatemala).

Implicaciones éticas

La ética en el experimento Tuskegee puede considerarse como restringida al principio del estudio. En 1932, los tratamientos para la sífilis eran a menudo bastante poco efectivos y tenían graves efectos secundarios.18 Se sabía que la sífilis prevalecía en las comunidades pobres y negras.19 La ética preponderante en la época no contemplaba el consentimiento informado como lo conocemos hoy, y los médicos ocultaban de forma rutinaria a los pacientes información sobre su estado de salud.

Con el desarrollo de una tratamiento simple y efectivo para la sífilis como es la penicilina, y habiendo cambiado el estándar ético, el que el experimento continuase por otros 25 años fue completamente indefendible; y tras saltar a las portadas de los diarios fue clausurado en un solo día.20 Los pacientes no fueron informados de que participaban en un experimento; las punciones lumbares eran presentadas como “tratamientos” cuando el tratamiento real era ocultado y prevenido; la naturaleza contagiosa de la enfermedad fue también ocultada.19 Para cuando el experimento acabó, cientos de hombres habían muerto de sífilis y sus esposas e hijos habían resultado contagiados.

Existen evidencias puntuales de que el experimento Tuskegee podría haber predispuesto a la comunidad negra a desconfiar de los cuidados médicos y de la donación de órganos, así como ser causa de la reticencia de muchos negros a someterse a reconocimientos de salud preventivos.21 Dos grupos de investigadores de la Universidad Johns Hopkins debatieron sobre los efectos que el experimento Tuskegee tuvo en la comunidad negra y en su rechazo a participar en ensayos clínicos.22

El impacto de este estudio condujo directamente al establecimiento de la Comisión Nacional para la Protección de los Sujetos Humanos en Investigación Biomédica y Conductual (National Commission for the Protection of Human Subjects of Biomedical and Behavioral Research) y la creación del Acta Nacional de Investigación (National Research Act). Este hecho requiere la creación de Consejos Institucionales de Revisión (Institutional Review Boards, IRBs) en los centros subvencionados con fondos públicos.

Referencias en la cultura

En 1977, Gil Scott-Heron lanzó una canción de 33 segundos llamada Tuskeegee 626, era parte del álbum Bridges y en su letra explicaba detalladamente el experimento sobre sífilis Tuskegee.

El doctor David Feldshuh escribió una obra de teatro basada en la historia del estudio Tuskegee llamada Miss Evers’ Boys (Los chicos de la señorita Evers). Quedó en segundo lugar de los premios Pulitzer de 1992 en la categoría de drama y fue adaptada por la HBO (cadena americana de televisión por cable) en una película para la televisión en 1997. La adaptación fue nominada para doce premios Emmy23 ganando en cinco categorías.24

El musical Thing-Fish de Frank Zappa está basado en parte en los hechos.

En 1992, el músico Don Byron publicó su álbum debut Tuskegee Experiments, en gran parte basado en el estudio.

En 1996, la serie de televisión Sombras de Nueva York (New York Undercover) usó el estudio como tema de un episodio de la segunda temporada llamado Mala sangre (Bad Blood).

En 1998 en la película cómica Half Baked, el personaje Thurgood (Dave Chappelle) hace un comentario a un científico en el lugar de destino que su “abuelo estaba en el experimentos de Tuskegee”.

En 2003, el comic Verdad: Rojo, blanco y negro (Truth: Red, White & Black) de la Marvel reinterpreta el experimento como parte del programa Super Arma (Weapon Plus) para producir un supersoldado usando el serum de supersoldado. Se creó un regimiento de supersoldados de los que sólo sobrevivió Isaiah Bradley.

En el capítulo 13 “Needle in a Haystack” de la 3era temporada de Dr. House, el Dr. Foreman hace referencia al experimento.

Referencias

Notas al pie

1 U.S. Public Health Service Syphilis Study at Tuskegee
2 «Final Report of the Tuskegee Syphilis Study Legacy Committee». University of Virginia Health Sciences Library (May 20, 1996). Consultado el 08-05-2007.
3 “Syphilis victims in U.S. study went untreated for 40 years”, Associated Press, July 26, 1972
4 “Tuskegee Syphilis Study’s impact debated”, Associated Press, March 16, 2008
5 Katz, Ralph V.; Stefanie L. Russell, S. Steven Kegeles, Nancy R. Kressin (November 2006). «The Tuskegee Legacy Project: Willingness of Minorities to Participate in Biomedical Research». J Health Care Poor Underserved (Johns Hopkins University Press) 17 (4): pp. 698–715. doi:10.1353/hpu.2006.0126. PMCID 1780164. PMID 17242525.
6 Basic HHS Policy for Protection of Human Research Subjects
7 Office for Human Research Protections (OHRP)
8 Blumenthal, Daniel S.; Diclemente, Ralph J. (2003), Community-Based Health Research: Issues and Methods, Springer Publishing, pp. 50, ISBN 0826120253
9 Alexander Cockburn; Jeffrey St. Clair (1998). Whiteout: The CIA, Drugs and the Press. Verso. pp. 67. ISBN 1859841392.
10 http://www.tuskegee.edu/Global/Story.asp?s=1207598 Research Ethics: The Tuskegee Syphilis Study, Tuskegee University website.
11 Parker, Laura (28 de abril de 1997). ‘Bad Blood’ Still Flows In Tuskegee Study. USA Today.
12 James Jones (1981), Bad Blood: The Tuskegee Syphilis Experiment, New York: Free Press
13 «’Bad Blood’ Still Flows in Tuskegee Study». Consultado el 24-07-2007.
14 a b Doctor of Public Health Student Handbook, University of Kentucky College of Public Health, 2004, pp. 17
15 Bill Jenkins dejó el PHS a mitad de los setenta para cursar estudios de doctorado. En 1980 se unió a la sección de venéreas del CDC, donde dirigió el Programa de Beneficios para la Salud de los Participantes (Participants Health Benefits Program) que aseguraba atención médica a los supervivientes del experimento Tuskegee.
16 The Tuskegee Syphilis Study, 1932 to 1972: implications for HIV education and AIDS risk education programs in the black community. Am J Public Health. 1991 November; 81(11): 1498–1505.|url=http://www.ajph.org/cgi/reprint/81/11/1498
17 “Rev. Wright Delivers Remarks at National Press Club”, p.5, Washington Post
18 NPR : Remembering the Tuskegee Experiment
19 a b Merril, Ray M. and Timmreck, Thomas C. Introduction to Epidemiology. 2006, page 195
20 Alex Chadwick (Host, Day to Day). Alex Chadwick report (RAM) [Radio]. NPR. Consultado el 2008-08-14 de 2008. Escena en 3:37. «”…the Tuskegee story exploded like a bomb, in one day the notorious syphilis experiment was closed down.”»
21 Elizabeth, Cohen (26 de febrero de 2007) (en en). Tuskegee’s ghosts: Fear hinders black marrow donation. CNN. Consultado el 08-05-2007.
22 (en en) Did Tuskegee damage trust on clinical trials?. CNN. 2008. Consultado el 08-04-2008.
23 Geddes, Darryl (11-09-1997). «HBO’s adaptation of Feldshuh’s play Miss Evers’ Boys is up for 12 Emmys». Cornell Chronicle.
24 «Awards for Miss Evers’ Boys». IMDb.

Publicaciones originales del estudio Tuskegee

  • Caldwell, J. G; E. V. Price, et al. (1973). «Aortic regurgitation in the Tuskegee study of untreated syphilis». J Chronic Dis 26 (3): pp. 187-94.
  • Hiltner, S. (1973). «The Tuskegee Syphilis Study under review». Christ Century 90 (43): pp. 1174-6.
  • Kampmeier, R. H. (1972). «The Tuskegee study of untreated syphilis». South Med J 65 (10): pp. 1247-51.
  • Kampmeier, R. H. (1974). «Final report on the Tuskegee syphilis study». South Med J 67 (11): pp. 1349-53.
  • Olansky, S.; L. Simpson, et al. (1954). «Environmental factors in the Tuskegee study of untreated syphilis». Public Health Rep 69 (7): pp. 691-8.
  • Rockwell, D. H.; A. R. Yobs, et al. (1964). «The Tuskegee Study of Untreated Syphilis; the 30th Year of Observation». Arch Intern Med 114: pp. 792-8.
  • Schuman, S. H.; S. Olansky, et al. (1955). «Untreated syphilis in the male negro; background and current status of patients in the Tuskegee study». J Chronic Dis 2 (5): pp. 543-58.

Más lecturas

  • Gjestland T.: The Oslo study of untreated syphilis: an epidemiologic investigation of the natural course of the syphilitic infection based upon a re-study of the Boeck-Bruusgaard material, Acta Derm Venereol (1955), 35(Suppl 34):3-368.
  • Gray, Fred D. (1998). The Tuskegee Syphilis Study: The Real Story and Beyond. Montgomery, Alabama: NewSouth Books.
  • Jones, James H. (1981). Bad Blood: The Tuskegee Syphilis Experiment. New York: Free Press.
  • The Deadly Deception, by Denisce DiAnni, PBS/WGBH NOVA documentary video, 1993.
  • Reverby, Susan M. (1998). «History of an Apology: From Tuskegee to the White House». Research Nurse.
  • Reverby, Susan M. (2000). Tuskegee’s Truths: Rethinking the Tuskegee Syphilis Study. University of North Carolina Press.
  • Jean Heller (Associated Press), “Syphilis Victims in the U.S. Study Went Untreated for 40 Years” New York Times, July 26, 1972: 1, 8.
  • Thomas, Stephen B; Sandra Crouse Quinn (1991). «The Tuskegee Syphilis Study, 1932-1972: Implications for HIV Education and AIDS Risk Programs in the Black Community». American Journal of Public Health 81 (1503).
  • Carlson, Elof Axel (2006). Times of triumph, times of doubt: science and the battle for the public trust. Cold Spring Harbor Press. ISBN 0-87969-805-5.
  • Washington, Harriet A. (2007). Medical Apartheid. The Dark History of Medical Experimentation on Black Americans From Colonial Times to the Present.

Mala nota para la Argentina en un estudio de la Unesco sobre escritura

(Publicado en La Nación On Line, 17.6.2011)

En un ranking de 16 países, quedó ubicada detrás de Cuba, Uruguay y Chile; de cada 10 alumnos, entre 7 y 9 “presentaron escritos que dificultaron su desciframiento” en caligrafía

Un estudio de la Unesco sobre escritura dio mal resultado para la Argentina, que quedó ubicada detrás de Cuba, Uruguay y Chile. El estudio abarcó normas ortográficas y caligráficas y evaluó a alumnos de tercer y sexto grado de 16 países de América Latina y el Caribe.

De cada 10 alumnos argentinos, entre 7 y 9 “presentaron escritos que dificultaron su desciframiento” en caligrafía, precisó el informe “Escritura. Un estudio de las habilidades de los estudiantes de América Latina y el Caribe”, difundido por UNESCO, indicó DyN.

El reporte apuntó que “esos problemas pedagógicos importantes” los exhibieron también Dominicana, Panamá, El Salvador y Guatemala.

El Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la Calidad de la Educación (SERCE) convino para la prueba de Caligrafía que “la escritura manuscrita debe emplearse de modo que permita al destinatario acceder fácilmente al mensaje” y en ella se destacó Cuba, con aciertos del 80%.

Luego se ubicaron Uruguay, Chile, Ecuador y Perú, donde “6 de cada 10 niños de tercer grado diferencian mayúsculas de minúsculas”.

El estudio del SERCE comenzó en 2008 y, según el reporte técnico de los especialistas de UNESCO regional Santiago de Chile, en ese entonces “solo 36,97% de las escuelas de América Latina y el Caribe contaba con sala de computación”, lo que indicó que “la mayoría de los estudiantes no accedió a una computadora que justificara las dificultades caligráficas”.

La examinación en Ortografía se basó en errores de escritura, palabras incorrectas o desviadas de la norma, y arrojó que alumnos de Cuba, Paraguay y Uruguay tuvieron fallas en 1 de cada 20 expresiones.

También se destacó Brasil, aunque el trabajo sugirió considerar aparte a ese país debido a las “diferencias entre el español y el portugués”.

Argentina y Chile se ubicaron en el promedio general de 1 error ortográfico cada 10 palabras y tienen normas de enseñanza ortográfica menos estrictas.

Al igual que Brasil, Colombia, México, Perú y Uruguay, los dos países basan la planificación curricular en un enfoque procesual de la escritura, cuya “estrategia” va desde la preredacción, tanteos, selección del asunto, generación de ideas, borradores y la versión final.

En ese aspecto, los alumnos de Cuba en tercer grado superaron en más de 13 puntos a Argentina y en unos 25 puntos a Perú.

Acerca de la construcción de textos, los niños debieron diseñar un borrador y luego un texto final con base en su revisión y mejora sobre algunos temas solicitados, y en un formato requerido.

En esa prueba, los alumnos cubanos, chilenos, ecuatorianos y uruguayos superaron el promedio regional de escritos sin problemas de caligrafía y coherencia: dos de cada tres escolares no tuvieron errores, mientras la media regional fue de uno cada dos.

En las conclusiones sobre Ortografía, se destacó que en los sextos grados Cuba, Brasil, Perú, Colombia y Nicaragua tienen promedios de palabras con diferencias estadísticas positivas en comparación con el promedio de los países. Argentina, Uruguay, Chile y Panamá no se diferenciaron significativamente del promedio, que consideró 71 palabras como el “mínimo adecuado” para sexto grado.

Otra de las conclusiones del SERCE fue que “los aspectos reflexivos y creativos de la escritura pueden ser enseñados, si atendemos las estrategias y procesos involucrados en ella”.

Según las pruebas de Significancia Estadística, en el total de Latinoamérica y el Caribe hay diferencias significativas positivas entre el promedio de errores ortográficos en los textos coherentes y el promedio en los textos con fallas en la coherencia.

“Esto indicaría que la mejor ortografía está asociada con la coherencia o, en otras palabras, que prestar atención

a la ortografía no ha influido negativamente en la coherencia, sino lo contrario”, sostuvo el estudio.

El documento concluyó que los enfoques que se basan en la ejecución de habilidades simples parecen necesarios, “pero de ningún modo suficientes para la enseñanza de la composición escrita”.