Por los muertos y heridos en la tragedia de hoy en la ciudad de Buenos Aires
Porque podríamos haber sido cualquiera de nosotros.
Porque nos han hecho creer que la vida es sagrada, pero nos siguen tratando como si nuestra vida no lo fuera.
Porque nadie merece morir así. Porque nadie merece que la despojen de lo que se supone es más sagrado.
Porque los muertos no pueden hablar.
Porque hay familias donde esta noche, a la hora de la cena, faltará alguien.
Abuelos y abuelas sin nietos. Padres y madres sin hijos. Hermanos sin hermanos.
Porque hay personas que no podrán volver a caminar.
Mis sentimientos están con todos ustedes.
(Arvo Pärt. Summa para cuerdas)
(Arvo Pärt. Silentium)
Arvo Pärt / Cantus in memoriam Benjamin Britten
Cantus in Memoriam Benjamin Britten (1977) es un canon breve en La menor para orquesta de cuerdas y campana.
Benjamin Britten nació en Lowestoft, Suffolk, Inglaterra el 22 de noviembre de 1913 y falleció el 4 de diciembre de 1976.
Arvo Pärt nació el 11 de septiembre de 1935 en Estonia.
Discografía seleccionada:
Tabula Rasa (1984), Arbos (1987), Passio (1988), Miserere (1991),
Te Deum (1993), Litany (1996), Beatus (1997), De Profundis,
Kanon Pokajanen (1998), Sanctuary (1998),
I Am The True Vine (1999), Alina (1999), Orchestral Works (2000),
Te Deum (2000),
Orient & Occident (2002), Summa (2002), Passio (2003),
Triodion (2003), Pro & Contra (2004), Summa (2004),
Arvo Pärt: A Portrait (2005), Da Pacem (2006),
Triodion • Ode VII • I Am The True Vine • Dopo La Vittoria (2006),
In Principio (2009), Symphony No. 4 (2010).
Arvo Pärt. De Profundis (Salmo 129) (1980)
De profundis clamavi ad te, Domine;
Domine, exaudi vocem meam.
Fiant aures tuae intendentes
in vocem deprecationis meae.
Si iniquitates observaveris, Domine,
Domine, quis sustinebit?
Quia apud te propitiatio est,
et propter legem tuam.
Sustinui te, Domine,
sustinuit anima mea in verbo eius;
speravit anima mea in Domino
a custodia matutina usque ad noctem
speret Israel in Domino,
quia apud Dominum misericordia,
et copiosa apud eum redemptio.
Et ipse redimet Israel
ex omnibus iniquitatibus eius.
Intérpretes: The Hilliard Ensemble (David James, contra tenor / John Potter, tenor / Paul Hillier, barítono / David Bevan, bajo / Christopher Bowers-Broadbent, órgano / Albert Bowen, percusión)
Foto: Édouard Delessert
Arvo Pärt nació el 11 de septiembre de 1935 en Estonia.
Discografía seleccionada: Tabula Rasa (1984), Arbos (1987), Passio (1988), Miserere (1991), Te Deum (1993), Litany (1996), Beatus (1997), De Profundis, Kanon Pokajanen (1998), Sanctuary (1998), I Am The True Vine (1999), Alina (1999), Orchestral Works (2000), Te Deum (2000), Orient & Occident (2002), Summa (2002), Passio (2003), Triodion (2003), Pro & Contra (2004), Summa (2004), Arvo Pärt: A Portrait (2005), Da Pacem (2006), Triodion • Ode VII • I Am The True Vine • Dopo La Vittoria (2006), In Principio (2009), Symphony No. 4 (2010).
Antonin Artaud. Sobre el suicidio
“Sobre el suicidio”, texto de Antonin Artaud, sobre pinturas de la serie Cuaderno Negro, de Eduardo Alvarado.
Recitante: Guillermo Lema.
Música: Fur Alina, de Arvo Pärt.
Antes de suicidarme quiero que se me asegure que así será, querría estar seguro de la muerte. La vida sólo se me aparece como un consentimiento a la legibilidad ilusoria de las cosas y a su vínculo con la mente. Ya no me siento como la encrucijada irreductible de las cosas, la muerte que cura, cura desligándonos de la naturaleza, pero ¿y si no fuera más que una suma de dolores donde no ocurren cosas?
Si me mato, no será para destruirme, sino para reconstituirme; el suicidio no será para mí más que un medio de reconquistarme violentamente , de hacer brutalmente irrupción en mi ser, de dejar atrás el incierto avance de Dios. Por medio del suicidio, reintroduzco mi diseño en la naturaleza, doy por primera vez a las cosas la forma de mi voluntad. Me libero del condicionamiento de mis órganos, tan mal adaptados a mi yo, y para mí la vida deja de ser un azar absurdo donde pienso lo que me dan a pensar. Elijo entonces mi pensamiento y la dirección de mis fuerzas, de mis tendencias, de mi realidad. Me coloco entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo maligno. Me quedo suspendido, sin inclinación, neutro, presa del equilibrio de las buenas y las malas peticiones.
Porque la vida en sí misma no es una solución, la vida no tiene ninguna clase de existencia elegida, consentida, determinada. No es más que una serie de apetitos y de fuerzas adversas, de pequeñas contradicciones que alcanzan su fin o abortan siguiendo las circunstancias de un azar odioso. El mal, como el genio, como la locura, se encuentra instalado de manera desigual en cada hombre. Tanto el bien como el mal son el producto de las circunstancias y de un sentimiento que se potencia hacia algo más o menos activo.
Es ciertamente abyecto ser creado, vivir y sentirse irreductiblemente determinado hasta en los menores reductos, hasta en las ramificaciones más impensadas de su ser. Después de todo no somos más que árboles y probablemente esté inscripto en un recodo cualquiera del árbol de mi raza que algún día me mataré.
La idea misma de la libertad del suicidio cae como un árbol talado. No soy el creador del tiempo, ni del lugar, ni de las circunstancias de mi suicidio. Ni siquiera doy origen al pensamiento, ¿sentiré la arrancadura?
Puede que en ese instante mi ser se disuelva, pero si permanece entero, ¿cómo reaccionarán mis órganos arruinados, con qué órganos imposibles registraré yo el desgarramiento?
Siento la muerte sobre mí como un torrente, como el sacudón instantáneo de un rayo del que no alcanzo a imaginar la capacidad . Siento la muerte cargada de delicias, de dédalos en remolino. ¿Dónde está, en esto, el pensamiento de mi ser?
Pero he aquí de pronto a Dios como un puño, como una guadaña de luz cortante. Me he separado violentamente de la vida, ¡quise remontar mi destino!
Dispuso de mí hasta el absurdo, este Dios; me ha mantenido vivo en un vacío de negaciones, de encarnizados renegares de mí mismo, ha destruido en mí hasta los menores empujes de vida pensante, de vida sentida. Me redujo a ser como un autómata que camina, pero un autómata que sintiera la ruptura de su inconsciencia.
Y he aquí que quise dar pruebas de mi vida, que quise unirme a la resonante realidad de las cosas, que quise romper mi fatalidad.
¿Y qué dice Dios?
Yo no sentía ni la vida, la circulación de toda idea moral era para mí como un río reseco. La vida no era para mí un objeto, una forma; había devenido una serie de razonamientos. Pero razonamientos que daban vueltas en el vacío, razonamientos que no daban vueltas, que estaban en mí como esquemas posibles que mi voluntad no llega a fijar.
Para llegar al estado de suicidio, necesito el retorno de mi yo, necesito el libre juego de todas las articulaciones de mi ser. Dios me colocó en la desesperación como en una constelación de callejones sin salida cuya iluminación conduce hasta mí. No puedo ni morir, ni vivir, ni desear morir o vivir. Y todos los hombres son como yo.

