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Hanz Polilla. Una lágrima cayendo en la última sonrisa

(Selección de Una lágrima cayendo en la última sonrisa, noviembre 2004-mayo 2005)

la memoria de las horas

y de un momento a otro todo cambia
como un golpe de box
pero más duro
como un latigazo
pero más duro
como la muerte lamiéndome los pies
y no más duro por favor
o quizá/no lo entiendo aún

y de pronto
como llamando desde las llanuras del infierno
el tiempo vence
y el recuerdo ya no es suficiente
o ya no cabe en el cuerpo
y la nostalgia se estremece
y lo sabes
en lo más hondo algo clama
y estos días que eran los que serían, ahora son
y no hay más remedio
porque jalar el gatillo o saltar dolería
más todavía
(¿es esta una forma de disfrazar la cobardía?)

porque entonces dónde está
mi madre abrazándome en el borde de mi cama
a plena luz de la luna
dónde
dónde ahora que estoy aquí y soy yo el que abrazo
o el que tengo que abrazar
sin que éstas sean mis manos
o yo mismo
dónde

porque es inútil y lo sabes bien
no valen los lamentos cuando ya no hay punto aparte
––a eso le llaman elegancia––
y huyo como una serpiente
como un roedor asustado
y borroneo estas líneas
a las dos de la mañana
huyendo de lo imposible
tratando de atrapar la nostalgia
para imaginar que estos días
son algo más que esa indiferencia que destila el reloj.

Adiós, reina mía

Es una niña corriendo. 4 ó 5 años. Avanza y su cuerpo se bambolea de un lado a otro. Su madre va adelante. Corren hacia el paradero. Un bus espera. No les falta más de 20 metros. La niña corre y lanza palabras en un lenguaje que sólo ella comprende. Entonces tropieza. Cae. La niña en el suelo. El sonido seco de un cuerpo cayendo sobre el asfalto. Llora. La madre se detiene. La niña llora más fuerte. La madre la levanta. El bus arranca. Se aleja. La madre mira el bus. La niña sigue llorando. La madre se molesta. Grita. La madre abofetea a la niña. El cuerpo de 4 ó 5 años recibe el golpe. Un sonido. Una lágrima. Pero hay más: “Imbécil, ya me hiciste perder el carro”.

La niña está de pie. Ya no llora. La madre sigue molesta. Observa su reloj. Observa con desesperación la larga fila de carros. No hay buses. La niña quiere darle la mano. La madre no se deja. La niña vuelve a llorar.
Es jueves. 3 de la tarde. A la niña le gustan los cuentos de hadas.

Ahora ya sabe que no todos los finales son felices. Me levanto y camino rumbo a otro infierno.

un poema de amor no salvará el mundo

––pero qué importa––

y no es la nicotina
ni tu anatomía opiácea
ni el modo ambiguo en que caminas
ni ese acomodarte el pelo por encima de la oreja
ni tu “salud… dinero y amor”
(después de mi estornudo)
ni mi voz
(“amor ya tengo”)

y no es ese odio que te tejo a las 7 pe eme
mientras enjuago los pañales
ni el desesperado despertar a media noche
cuando has visto un duende
ni cuando lloras ni cuando ríes
ni tu amor por los gatos
ni la forma como te caes cuando caigo
pero hay algo detrás de todo eso

quizá:
esa canción que bailamos juntos
o ese insultarnos mutuamente cuando la vida se hace vida
––real y concreta––
y esos tus golpes de niña amargada
y mi huida escandalosa al cuarto donde fuimos tres al comienzo
pero hay algo ahí             debajo de las sábanas
(debajo o dentro?)
detrás de las ollas, de las cucharas
detrás de ese cajón donde guardamos juntos nuestra ropa interior
(detrás o dentro?)
pero hay algo ahí
y hay algo ahí
y aquí también en este escrito de amor
(si ––burdamente–– podríamos llamar a esto amor)
o este escrito de ………
ooooooooooooooo(pongan aquí lo que más convenga)

porque no hay nada como la muerte cotidiana
para saber que hay algo más allá de los días de las semanas

y lo sabes bien
aunque nunca hayas escrito un libro ni un poema
ni pintado un cuadro de Remedios Varo
(que tanto te gustan)
ni comprendas algunos versos que leo
––y me mires con tu rostro confundido
y pareces dibujada para hentai
con tus ojos barnizados de una inmensidad más que poética––
pero hay algo ahí

será tal vez ese esconder mi cajetilla de cigarrillos
y recordarme que el alquitrán me puede matar
o el detenerme cada vez que me voy a cortar el pelo
––solo en la oscuridad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcon una tijera
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy los ojos emulando goteros––
quizá esas veces que anti–interpretas al padre que me desearía ver muerto
o cuando guardas silencio mientras leo algún libro no médico
––a pocas horas de un examen––
y me salvas y ahí hay algo
y es desconocido aún
perfectamente desconocido
y mejor así
como un unicornio lamiéndose en la mitad de la luna
mejor así.

cuando caiga el sol a las 6 de la mañana

y si aún es de noche
aunque el reloj marque el medo día
y no hay ni luna a las 24 + 1 horas
y si sueñas con dos ojos luminosos
que te engullen sobre un mar de rieles
y si tienes miedo de mirarte en el espejo del baño
y la navaja te sonríe amigablementey
sientes que algo te brinca en las muñecas o en el cuello
si aún observas con delirio el abismo
si aún contemplas con amor ––puro amor–– el fondo de las escaleras

entonces cierra los ojos y empuja
aprieta fuerte fuerte fuerte
no lamentos ni quejar ni arrepentimientos
solamente ajusta aprieta fuerte
que no se abran tus labios
presiona los dientes y siente como ingresa ese hermoso metal
con/o/sin permiso
e imagina que no existe nadie
que te pueda criticar
ni nadie que te alabe
sólo ajusta aprieta
y saborea ese dulce momento
donde no podrás ser otro
pero al menos ya no serás tú.

hanz polilla
(en algún lugar, hace algún tiempo)

digamos que nací, para dejar sentado esto, y que crecí. he estudiado en muchos lugares pero como burroughs y rimbaud creo que un buen epitafio sería: “todo lo que me han enseñado no sirve para nada”. actualmente me desempeño como escapista. dirijo la revista de arte escrito Ecos de Silencios y la publicación poética Belladona. abandoné ingeniería mecatrónica y ahora estudio medicina humana y literatura, y realmente no me importa acabar en 5 ó en 20 años. quise ser presidente y bombero, y siempre tuve una seducción suicida por la belleza (heterosexual, generalmente). fui lateral izquierdo de la selección de fútbol de mi colegio, a pesar de ser derecho. me expulsaron dos veces y recibía una citación
semanalmente. mi madre cree que soy un héroe, mi padre me desea ver muerto, mi compañera: jenny, es una monstruosidad anfetaminizada por la belleza y mi pequeño demonio: matilda, atraviesa el insomnio de una manera realmente admirable y vuela sobre el viento, porque es más hermosa que cualquier espejo. Finalmente, creo que la poesía está más allá del verso.

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