Rudy y Eliahu Toker. Odiar es pertenecer, y otros chistes para sobrevivir al nazismo, racismo, autoritarismo, antisemitismo

Hitler y su ministro Goebbels viajaban un día a mucha velocidad por la campiña alemana. De pronto atropellaron a un cerdo que se les cruzó en el camino.
-¡Oh, eso está muy mal! -dijo Hitler-. ¡No podemos perjudicar a un campesino alemán! Detengámonos, entra a excusarte y ofrécele indemnizarlo.
Cinco minutos más tarde salió Goebbels de casa del campesino, cargado de fiambres, legumbres y botellas de vino.
-¿El campesino no se enfureció? -se asombró Hitler.
-Al contrario, no entiendo nada. Entré y lo único que dije fue “¡Heil Hitler, matamos al cerdo!”. Y la gente comenzó a dar saltos de alegría, me abrazaron y me regalaron todo esto…

* * *

¿Por qué los nazis suelen ir de a tres por la calle?
Uno sabe leer, el otro sabe escribir, y el tercero vigila a “esos dos intelectuales”.

* * *

-¿Qué es un nazi?
-Es aquel que sigue las ideas de Hitler.
-¿Y un antinazi?
-Es aquel que las entiende.

* * *

Berlín, 1937. Hitler y Goebbels visitan un colegio católico. Escuchan una clase y luego Hitler exclama enojado:
-¡No entiendo por qué ustedes, los sacerdotes, insisten en enseñarles a los chicos el latín, existiendo el idioma alemán! ¡Si todo el mundo sabe que Jesucristo sólo hablaba el alemán…!
Luego Hitler insiste:
-Quiero que sepan que más allá de los hombres de la Iglesia, los Grandes de la Historia han sido alemanes: Wagner, Beethoven, Bismarck, Barbarroja, Napoleón, Carlomagno, los doce apóstoles…
Los sacerdotes y los chicos no saben si reírse o llorar. Viendo lo que pasa, Goebbels le dice bajito a Hitler:
-Mein Führer, sería mejor no exagerar. Aquí todos saben que de los doce apóstoles, sólo nueve eran alemanes…

* * *

Hitler va de visita a un manicomio. Todos los locos lo saludan, menos uno. Hitler le pregunta:
-Ey, tú, ¿por qué no me saludas?
-¿Y usted quién es para que yo lo salude?
-¡¿Cómo quién soy?! ¡Soy el Führer, el jefe de todos los alemanes, el conductor de la Alemania inmortal!
Entonces el loco le pone una mano sobre el hombro y le dice:
-Tranquilo, ¡que acá somos un montón los que empezamos así!

* * *

En un tren rumbo a Berlín, Cohen se cruza con un capitán de las SS.
El capitán lo mira detenidamente y le dice:
-Ustedes los judíos son inferiores, pero logran sobrevivir gracias a su inteligencia. ¿Cuál es el secreto de su inteligencia?
-La verdad es que no hay ningún secreto.
-Ya veo, no quiere compartir su secreto con nosotros los arios, ¿no?
Llegada la hora de almorzar, el capitán muestra una rica canasta de alimentos, mientras que Cohen apenas si dispone de un arenque, que come muy detenidamente.
Cohen de pronto le dice:
-El fósforo.
-¿Qué?
-Que el secreto es el fósforo. el arenque tiene mucho fósforo y eso le hace mucho bien al cerebro, y nos hace sumamente inteligentes.
El SS:
-Y dígame, ¿usted aceptaría convidarme un poco de arenque?
-Lo que pasa es que es lo único que tengo para comer.
-Bueno, está bien, se lo cambio por mi almuerzo.
Cohen le da el arenque, y empieza a deglutir los manjares con todas sus fuerzas.
El SS al rato lo mira raro:
-¿Usted no me estará jodiendo, no?
-¿Ve, ve? ¡Ya le empezó a hacer efecto el arenque!

* * *

Hitler está podrido de que se cuenten chistes sobre su persona, en los que, además, siempre queda mal parado. Así que le pide a la Gestapo que investigue y le traiga al autor de todas esas bromas (suponiendo que hubiera un solo autor, como siempre suponen en estos casos).
La Gestapo averigua y averigua, y al poco tiempo hacen comparecer ante el Führer a un tipo flaquito, esmirriado y con cara tímida, quien confiesa ser el autor de todos los chistes que circulan sobre él.
-Pero, dígame -dijo Hitler-, eso de que el día que yo me muera va a ser una fiesta judía, ¿lo inventó usted?
-Sí -dice el flaquito.
-Ajá -dice Hitler-, y eso de que “Heil” quiere decir “estúpido”, ¿también lo inventó usted?
-Sí -dice el flaquito.
-Pero -dice Hitler- eso de que me llaman Tarzán porque estoy rodeado de bestias, ¿también lo inventó usted?
-Sí -dice el flaquito.
-¿Pero usted no se da cuenta de quién soy yo? -dice Hitler, estallando- ¡Yo soy el Führer, soy el que va a decidir el destino del mundo hasta más allá del año 2000!
-Señor -dice el flaquito-, mire que ese no lo inventé yo, ehhh…

* * *

Hans y Günther:
-¿Sabías que al Führer lo llaman “corpiño”?
-¿Por qué?
-Porque oprime a los de adentro, sostiene a los de arriba y engaña a los de afuera.

(De Odiar es pertenecer, y otros chistes para sobrevivir al nazismo, racismo, autoritarismo, antisemitismo, 2003)