Greenpeace / ¡Ley de basura electrónica ya!

La Ministra de Industria, Débora Giorgi, está trabando en Diputados la Ley de Basura Electrónica priorizando intereses norteamericanos por sobre la salud y el ambiente. Hace minutos diez activistas escalaron el Congreso de la Nación y desplegaron una bandera gigante para denunciar a la funcionaria y hacer visible nuestro reclamo.

Actuá vos también. Exigile ahora a la Ministra que deje de bloquear la aprobación de la Ley de Basura Electrónica y de beneficiar a los fabricantes norteamericanos. Hacé click aquí

Quedan sólo 23 días para que se caiga el proyecto de ley, sin embargo, la Ministra lo frena beneficiando a las empresas que hoy contaminan la tierra, el aire y el agua con sustancias altamente tóxicas y que se niegan a hacerse responsables legal y económicamente de los desechos de sus residuos.

Gracias a la participación de más de 100.000 personas como vos, logramos que la ley se tratara en las Comisiones de Ambiente y de Industria. Ahora sólo falta que se le de tratamiento en la Comisión de Presupuesto, pero para eso necesitamos que la Ministra deje de interponerse en el proceso.

Como ciudadano argentino escribile hoy a la Ministra Débora Giorgi para que priorice la salud y el ambiente de nuestros habitantes y deje de bloquear la Ley de Residuos Electrónicos beneficiando intereses norteamericanos. Hacé click aquí.

Cada año en nuestro país se generan 120 mil toneladas de basura electrónica que contaminan con sustancias tóxicas la salud y el ambiente. La Ley de Basura Electrónica, en la que venimos trabajando hace 4 años y que ya cuenta con media sanción del Senado, ofrece una solución a este grave problema.

No permitas que nuestra Ministra siga bloqueando esta crucial ley.

Contamos con vos,

Consuelo Bilbao

Coordinadora de Unidad Política
Greenpeace Argentina

Julieta Paci / Pedir turnos al 147, un hábito que no logra acabar con las filas

(Publicado en La Nación, 15.7.2012)

Largas filas se repiten cada madrugada en los hospitales porteños, donde los pacientes aguardan por un turno y una solución que parece no llegar nunca.

Son las 5 de la mañana, hace menos de un grado, pero, a pesar de ello, muchos son los que entre dormidos, tapados con bufandas y frazadas, y protegiéndose las manos ateridas con abrigados guantes, aguardan a la intemperie en la entrada del hospital Argerich.

Alrededor de esa hora, las puertas se abren y un aglomerado de gente se dispone a copar el hall central para seguir con la espera, que cesará a las 7.15, cuando comiencen a repartir los números.

Sentada en el piso, con los brazos cruzados, Miranda Benítez es la primera en la fila. “Me duele todo porque desde las 21 de ayer que estoy parada en la entrada”, dice la mujer que vive en Florencio Varela y necesita una consulta en cardiología.

A pocos metros, Jorge Canals junto a su esposa María Antonia, tapados con una frazada hasta el cuello, cabecean con los ojos entreabiertos, luego de haber pasado allí toda la noche. “El 147 no existe; no atiende nadie. Si uno quiere conseguir un turno, tiene que venir”, protesta Jorge, sobre la línea de atención ciudadana en la que se pueden solicitar consultas médicas en los hospitales Alvarez, Ramos Mejía, Fernández, Durand, Argerich, odontológico Ramón Carrillo y los oftalmológicos Santa Lucía y Lagleyze, y para pediatría y obstetricia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Elizalde, Penna y en la Maternidad Sardá.

Mientras algunos toman mate, duermen o dan vueltas en busca de que pase el tiempo, Miriam Ramírez, de 36 años, cuenta estar desde las 22 del día anterior, ya que para la ecografía doppler que necesita sólo se entregan cuatro horarios por jornada. “Llamé al 147, pero me dijeron que hay ciertas especialidades que no pueden conseguirse por teléfono, entonces no me quedó otra que venir”, se lamenta.

LA NACION llamó en varias oportunidades a la línea de atención ciudadana. Más de una vez no pudo comunicarse, mientras que en otras debió aguardar entre 10 y 15 minutos para que atendieran. Sin embargo, los turnos para distintas especialidades fueron otorgados en un plazo que nunca superó el mes.

Las filas de pacientes también son una postal recurrente en el hospital Elizalde, donde más de 100 personas, extremadamente abrigadas, esperan ser llamados a la ventanilla. Una de ellas es Angela Pelayo, de San Vicente, que desde las 3 esperó afuera hasta que, finalmente, a las 6, la dejaron pasar. “Busco un cirujano y un pediatra para mi hija, y tengo que venir para la Capital porque los estudios que necesita no se hacen por mi zona y tampoco puedo pedirlos por teléfono”, aclara.

El sol todavía no salió, pero el hospital Santojanni parece estar despierto desde hace rato.

El café caliente que vende el cafetero, en la puerta de entrada, es la solución de muchos para mantenerse en vigilia en la larga fila del hall central. Guillermina Maldonado es de Laferrère y cuenta que hace fila desde hace 12 años cuando comenzó a atenderse en el hospital. “Los médicos me dicen que descanse, que no me levante tan temprano, pero si no madrugo, no consigo turno”, protesta, al tiempo que se pregunta por qué no pueden pedirse por teléfono como en otras partes.

La vicejefa de gobierno, María Eugenia Vidal, y el ministro de Saludo, Jorge Lemus, dijeron que además de estar trabajando para incorporar todos los hospitales al sistema telefónico, es necesario una base de datos unificada con los turnos disponibles, para que, si en uno no hay oferta, se pueda cubrir con otro. También consideraron esencial un cambio en la cultura de hacer cola por la madrugada cuando existe la alternativa telefónica.

El hospital Pirovano, a simple vista, parece salido de otro mundo. Una fila corta que se mueve ágil hace que algunos pacientes se muestren conformes. Sin embargo, Marta Barredo, de 68 años, dice estar indignada, ya que hace tres meses recorre sus pasillos en busca de una consulta con el proctólogo, y siempre le dicen que no hay. “Sería bueno que revean el sistema, estas cosas no deberían pasar.”

Angeles Castro / La salud porteña, en terapia intensiva

(Publicado en La Nación, 15.7.2012)

Falencias edilicias, equipamiento e instrumental obsoleto, quirófanos y camas de internación insuficientes, irregularidades en el servicio de limpieza, medidas de seguridad endebles y escasez de enfermeras, anestesistas y terapistas son las principales deficiencias que muestran los hospitales públicos porteños, una realidad que se repite desde larga data, pero que permanece vigente, según confirman recientes informes de la Auditoría General de la Ciudad.

Según relevamientos efectuados durante 2009 y 2010, que luego de ser procesados fueron aprobados por los auditores, la compleja problemática afecta a los hospitales de agudos Piñero, Vélez Sarsfield, Rivadavia, Durand, Zubizarreta, Pirovano y Ramos Mejía, al psiquiátrico de adolescentes Tobar García, al de infectología Muñiz, al Hospital de Quemados y la maternidad Sardá.

Pero, en rigor, las anomalías se registran en buena parte de los 33 hospitales que conforman el subsector público de salud de la Capital, que durante 2011 asistió 9.300.000 consultas (en guardias y consultorios externos), 181.000 internaciones y 30.000 partos, con 32.000 profesionales y auxiliares sanitarios.

La radiografía del sistema también destaca que el 60% de los pacientes atendidos provienen del conurbano bonaerense, porcentaje que se eleva significativamente en los establecimientos cercanos a la General Paz.

La vicejefa de gobierno, María Eugenia Vidal, y el ministro de Salud, Jorge Lemus, admitieron a LA NACION el déficit en recursos humanos, insumos e infraestructura, aunque destacaron que, desde 2007, fueron nombrados 6200 médicos y 2940 enfermeros, mientras que, a lo largo de este año, llegarán a los hospitales 100 millones de pesos en equipos.

La semana pasada, el cierre de la terapia intensiva pediátrica del hospital Durand -que Vidal y Lemus prometieron que reabrirá dentro de pocos días- volvió a situar la crisis hospitalaria en el centro de la atención de los porteños.

En ese sentido, el listado de anomalías detectadas por la Auditoría General de la Ciudad en 2010 abarca: el equipamiento de cardiología obsoleto en el Vélez Sarsfield, falta de enfermeros en el área de neonatología de la Sardá, ausencia de salidas de emergencias en el Zubizarreta, incumplimiento en los plazos de obra previstos en el Tobar García, unidades de atención intensiva del paciente infeccioso crítico cerradas en el Muñiz, tableros eléctricos en pésimas condiciones y fuera de normativa en el Rivadavia, así como ausencia de anestesistas para la utilización óptima del quirófano en el Quemados.

“Si bien los informes son fotos de años pasados, todo indica que nada ha cambiado. El macrismo parte de un error conceptual, piensan que una buena atención en los hospitales no les da votos porque son usados por habitantes de otras jurisdicciones; pero cualquier ciudadano acude por un accidente o por el empobrecimiento de las obras sociales. En el cuatrienio 2008-2011 disminuyó 20% la participación de las inversiones en salud en el gasto total respecto del cuatrienio 2004-2007″, dijo el auditor por el kirchnerismo Eduardo Epszteyn, que fue funcionario del gobierno de Aníbal Ibarra, cuando también hubo deficiencias en los hospitales. “Estábamos en un contexto socioeconómico completamente distinto”, justificó.

Desde el gobierno porteño, recordaron que este año el presupuesto para infraestructura en salud suma 150 millones de pesos. En tanto, desde 2008, se remodeló la guardia del hospital Fernández, se inauguró la primera etapa de obras del Tobar García, se habilitó un nuevo laboratorio y la nueva guardia en el Pirovano; fue inaugurado un pabellón de pediatría y la guardia en el Penna, y fue remodelado un pabellón del hospital de emergencias psiquiátricas del Alvear. Hay muchas obras más en proceso, según la información oficial.

“En relación con cómo encontramos el sistema, hubo avances. Mejoramos en materia de provisión de insumos, equipamiento y nombramientos. Y empezamos un camino en la reducción de las colas [ver aparte] y de las falencias edilicias. Sabemos que todavía falta mejorar”, sostuvo Vidal. Y destacó la vetustez de algunos edificios, de difícil reacondicionamiento, como el Borda (150 años), el Muñiz (118 años) y el Rivadavia (125 años), en los que administraciones anteriores “no hicieron mantenimiento”.

En cuanto a las designaciones de personal, Lemus recordó que, en 2007, los nombramientos tardaban dos años, mientras que hoy logró disminuirse la espera a entre seis y nueve meses.

Respecto de la dificultad para cubrir puestos de enfermería, terapistas, anestesistas y neonatólogos, señaló que “son especialidades por las que cada vez hay menos interés”, por lo demandante que es su ejercicio.

Artemio López / Adicciones: ocultamiento y banalización

(Publicado en Perfil, 2.6.2012)

Un muy interesante informe reciente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) reveló que el abuso de alcohol entre jóvenes de 13 a 17 se duplicó en la última década. Y que entre las mujeres la cifra es más alarmante: ahora se triplicó y ya casi alcanza el nivel de los varones.

Señala el matutino Clarín, basado en dicho informe, que “ los datos son oficiales y corresponden a la Quinta Encuesta Nacional a Estudiantes de Enseñanza Media que se hizo en 2011, un seguimiento que se realizó sobre una muestra representativa de alumnos de 13, 15 y 17 años de todo el país.

En total respondieron 90.450 estudiantes (entre ellos 13.840 de la Provincia y 3.560 de Capital) y el resultado más amplio delata que las sustancias de mayor consumo a esa edad son el alcohol y el tabaco. La primera es la sustancia psicoactiva de mayor consumo y la que presenta la edad de inicio más baja: en promedio empiezan a los 13.

Conocer qué es lo que efectivamente sucede es un primer gran paso comunitario, puesto que una de las cuestiones a resolver para encarar cualquier política pública de prevención de adicciones entre los jóvenes es detectar, analizar e informar sobre cuáles son las principales sustancias que introducen a los niños, adolescentes y jóvenes en el normalmente sin retorno camino de las adicciones.

En este sentido, la derecha política dura señala al paco como “amenaza mortal” para los chicos a fin de estigmatizar a los pobres e indigentes, consumidores de esa sustancia, omitiendo de paso que el principal inductor a las adicciones a partir de 2008 es el alcohol en general, y la cerveza en particular, como se muestra en el gráfico que acompaña esta columna, perteneciente a la excelente información estadística disponible en la Secretaría de Adicciones de Buenos Aires.

Sin embargo, de la cerveza nadie habla como gran inductora de adicciones juveniles. En los medios silenzio stampa, a lo sumo se indica el genérico “alcohol” como sustancia. ¿Por qué? Por la pauta de las cerveceras, el gran negocio que se mueve detrás de ellas, multimillonario en dólares que explícitamente impide hablar y, aun peor, asocia la cerveza a la diversión, el sexo exitoso, el rock and roll.

Lo mismo sucede, en otra escala comercial, con los que sin tener la más mínima idea de lo que significa en términos de problemática comunitaria juvenil el consumo de marihuana promueven su banalización bajo eslóganes discutibles, confundiendo gravemente la esfera personal (libre de toda libertad) y la social (impersonal y sujeta a controles y reglas estrictas, mejor muy estrictas).

Al respecto, observamos en el gráfico inicial que hasta el año 2008 estadísticamente la marihuana es la segunda sustancia –casi compartiendo el 33% de la población de adictos– en el inicio del camino a la adicción de nuestros jóvenes verdaderamente jóvenes que se encuentran bajo tratamiento en la Secretaría de Adicciones Bonaerense, o sea, una dependencia pública de gran despliegue territorial que garantiza la representatividad estadística de la muestra y, entonces, la incidencia de la sustancia, una megamuestra.

Sin embargo, no a nivel personal, que es una esfera en la que nadie debe ingresar y menos juzgar, sino como discurso producido y reproducido socialmente, se insiste en asociar el consumo de marihuana con una especie de gesto libertario, transgresor, tolerante de lo diverso y demás adjetivos, inscriptos en una “cultura cannábica” cuya vastedad se nos escapa por tratarse de un mar de vaguedades.

Estos exóticos emisores se comportan igual que las cerveceras, banalizando sustancias que socialmente, en escala de millones,  son muy complejas de administrar y para el aparato de Estado nacional, provincial y municipal realmente existente, tarea imposible.
*Director Consultora Equis.

Vivir en la calle, un drama que crece

(Editorial del diario La Nación, 3.4.2012)

Es menester buscar nuevas estrategias para rescatar a las personas que ocupan el espacio público y darles ayuda digna

Aunque desde el gobierno porteño se asegure que hay menos gente “en situación de calle” en la ciudad, la mera observación aporta otros datos bien distintos.

Evidentemente, hay más personas y, en algunos casos, familias que han hecho de las veredas y las plazas de Buenos Aires su “hogar”, corridos de su normalidad cotidiana por la falta de trabajo, la pobreza y la indigencia que han cambiado radicalmente sus vidas. Esto los ha llevado, en la mayoría de los casos, a ocupar aquellos lugares públicos que, aunque los obligan a vivir a la intemperie, también les posibilitan seguir juntos y sentir hasta una especie de sensación de libertad. Debajo de autopistas, en terminales de transporte, puertas de iglesias o bulevares, ésos son también otros de los sitios escogidos.

Se las puede ver contra las rejas de fuentes o distribuidas en los canteros, o en las recovas de calles como Leandro N. Alem. En la Plaza del Congreso hay en la actualidad cientos de personas -todos los días se agrega alguna-, sobre todo niños, mujeres y ancianos. Durante el día, se cobijan en carpas o en viviendas precarias de cartón, madera o lona, a la vista de cualquier transeúnte que pase por allí. Por las noches, cuando distintas organizaciones o particulares van a darles de comer, forman fila en distintos lugares. También reciben comida de los bares, hoteles o restaurantes de la zona; en ese sentido, son más privilegiados que los que tienen como domicilio los zaguanes o los portales de las casas y los edificios de departamentos.

Del censo realizado por el gobierno de la ciudad a fines de 2011, se contabilizaron 876 personas que duermen en la calle, un 32 por ciento menos que las contabilizadas anteriormente (1287, registradas el año anterior). De ellas, el 60 por ciento proviene de otras provincias, y su situación educativa es distinta, pero a todos los denigra vivir en situación de calle: algunos tienen el ciclo primario completo (29,6%); otros empezaron el secundario pero no lo terminaron (22,6%), y por fin un 28,5% tiene el primario incompleto.

Tal como informó este diario hace unas semanas, de las 876 personas instaladas en el espacio público porteño, 812 son adultos y 64 son niños (que viven en la calle con sus padres). La mayoría, el 50 por ciento, se concentra en las comunas 1 y 3 (los barrios de Constitución, San Telmo, Monserrat, San Nicolás, Retiro, Puerto Madero, Balvanera y San Cristóbal), y otro 27% se reparte en partes iguales entre las comunas 7, 15 y 4 (Flores y Parque Chacabuco; Chacarita, Villa Crespo, La Paternal, Villa Ortúzar, Agronomía y Parque Chas, y La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya).

El censo ya mencionado sólo cuenta a las personas que viven en la calle sin ninguna red social de contención. No incluye, por ejemplo, a los cartoneros, que trabajan en la Capital y suelen estar instalados en la ciudad durante la semana, pero que tienen su casa en la provincia. Por ello, la ONG Médicos del Mundo, que lleva sus propias estadísticas, viene reiterando que son más de 15.000 las personas que se encuentran en esta situación. Y recuerda también que entre ellas están creciendo las adicciones al alcohol, la marihuana, la cocaína y el paco.

Es evidente la necesidad de que, tanto por parte de las autoridades como de la sociedad en general, busquemos con urgencia nuevas estrategias para encarar este tema dramático, porque ni el plan de operadores sociales desarrollado por el gobierno porteño -son 373 profesionales que recorren la ciudad todos los días- ni la presencia de voluntarios de ONG han logrado paliar la situación de estos argentinos, que al resto de los conciudadanos debe llevarnos a movilizar nuestras conciencias en procura de que también tengan una vida digna. Mientras ello no ocurra, no existirá en nuestro país la perspectiva de un futuro más esperanzador.

The SCAR Project. Breast Cancer Is Not A Pink Ribbon (Proyecto CICATRIZ. El cáncer de mama no es una cinta rosa)

El Proyecto CICATRIZ es una serie de retratos de gran tamaño, de jóvenes sobrevivientes al cáncer de mama tomadas por el fotógrafo de modas David Jay. Primariamente como una campaña de sensibilización, el Proyecto CICATRIZ pone un rostro crudo, inquebrantable sobre el cáncer de mama de inicio temprano mientras que rinde tributo al coraje y al espíritu de tantas valientes mujeres jóvenes.

Dedicado a las más de 10000 mujeres menores de 40 años que serán diagnosticadas sólo este año, el Proyecto CICATRIZ es un ejercicio de conciencia, esperanza, reflexión y curación. La misión es triple: aumentar la conciencia pública sobre el cáncer de mama de inicio temprano, recaudar fondos para la investigación sobre el cáncer de mama/programas de extensión y ayudar a las jóvenes sobrevivientes a ver sus cicatrices, rostros, figuras y experiencias a través de una nueva lente, honesta y en última instancia generadora de poder.

El cáncer de mama es la principal causa de muerte por cáncer en las mujeres jóvenes entre 15 a 40 años. Las participantes del Proyecto CICATRIZ van desde los 18 a 35 años, y representan a este grupo a menudo pasado por alto de mujeres jóvenes que viven con el cáncer de mama. Ellas viajan a través de EEUU -y el mundo- para ser fotografiadas para el Proyecto CICATRIZ. Ahora son casi 100 personas. La más joven tiene 18 años.

Aunque Jay comenzó a tomar fotografías para el Proyecto CICATRIZ sobre todo como una campaña de sensibilización, él no estaba preparado para algo mucho más inmediato… y hermoso: “Para estas mujeres jóvenes, que tienen su retrato tomado representa su victoria personal sobre esta enfermedad terrible. Les ayuda a recuperar su feminidad, la sexualidad, la identidad y el poder después de haber sido despojadas de una parte tan importante de ella mismas. A través de estas imágenes simples, ellas parecen tener cierta aceptación de lo que les ha sucedido y la fuerza para seguir adelante con orgullo”.

(Traducción propia del texto de presentación de thescarproject.org)

***

David Jay nació en EEUU el 24 de abril de 1982.

davidjay.com

thescarproject.org

Pedido del Equipo de Voluntarias para el Hospital de Oncología “Angel Roffo”

(Hoy recibí esta información por mail)

Hospital de Oncología Angel Roffo

Av Francisco Beiró y Av San Martín, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Lo que se solicita es para hacer más agradables y cómodas las salas de quimioterapia donde los pacientes pasan horas en tratamiento. Gracias por lo que puedan hacer.

Mucha gente no conoce el Hospital Roffo hasta que le toca de cerca. El Hospital tiene un presupuesto inimaginablemente bajo que no alcanza para prácticamente nada. Muchísimas son las carencias que no llegan a cubrirse ni con las donaciones (poquísimas en relación a otras instituciones apadrinadas por personajes de la cultura o la farándula) que generosamente hacen ex pacientes y personas comprometidas con el bienestar ajeno.

Las esperas en los distintos servicios y las internaciones, algunas de varios meses, se hacen interminablemente largas y angustiosas. Es por eso que entre otras cosas necesitamos:

- televisores.
- video cassetteras (ahora que todo el mundo las cambio por DVD).
- películas en video.
- radios portátiles y radiograbadores.
- computadoras.
- láminas decorativas para alegrar los pabellones y revistas para hacer más llevadera la espera.
- mesitas pequeñas (para poner las revistas en las salas de espera).
- plantas de interior y exterior.
- bancos y sillas.
- almohadas, frazadas.
- platos, cubiertos, vajilla en general.
- con bastante urgencia necesitamos una mesa para que los médicos de quimioterapia trabajen cómodamente.
- una mesa para computadora.

El cáncer no conoce de edades, colores ni religiones, nos puede afectar a todos y entre todos tenemos que luchar para combatirlo.
Si usted cree que puede ayudar, todo sirve para mejorar la vida de quienes se atienden o trabajan en el Hospital.

Sra. Cristina Speluzzi (Voluntaria)
Teléfono 15-5001-3832
Fundación “Ángel H. Roffo”, 3° piso, Pabellón Costa Buero
Av. San Martín 5481, Ciudad Autónoma de Buenos Aries, 4504-0919

El 76 por ciento de víctimas de violencia de género son mujeres de entre 15 y 34 años

(Publicado en perfil.com, 24.11.2011)

Cómo se reproduce el mapa de las víctimas durante 2011. Qué dicen las autoridades.

El 76 por ciento de los casos de violencia familiar y sexual de la provincia de Buenos Aires tiene como víctimas a mujeres de entre 15 y 34 años, informó el ministerio de Salud bonaerense. Así lo revelan las primeras estadísticas oficiales de violencia de género en la Provincia de Buenos Aires dada a conocer por la cartera sanitaria provincial.

Los tipos más frecuentes de violencia detectada fueron de tipo física, con el 38 por ciento de los casos; seguida por la violencia verbal y/o psicológica, con el 31 por ciento; y la violencia sexual, que abarcó al 15 por ciento de los casos.

El ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia, aseguró que “es muy importante contar con cifras e información precisa que permitan conocer la magnitud de la violencia de género, ya que nos posibilita aplicar políticas públicas ajustadas a la realidad para prevenirla y contener a las víctimas”.

Las primeras Estadísticas sobre Violencia Familiar y Sexual del Programa Provincial de Salud fueron realizadas en hospitales públicos y centros de atención primaria de las regiones sanitarias IV, VII, VIII y XI de la provincia de Buenos Aires. Según precisó la cartera provincial, se contabilizaron 244 casos en lo que va de 2011.

Los datos fueron producidos por las direcciones de Epidemiología y Medicina Preventiva del Ministerio y de los 244 casos registrados en 2011, la mayoría corresponde a mujeres de entre 15 a 24 años, seguidas por el grupo de edad que va entre los 25 y 34 años; en tercer lugar, en tanto, las víctimas registran entre 10 a 14 años de edad.

En los 244 casos de violencia de género contabilizados 104 fueron de violencia física, 87 de violencia psicológica y/o sexual, 67 de violencia física y verbal y/o psicológica, 39 de violencia sexual, 23 de violencia económica y 8 de violencia física y sexual.

Otro dato que surge del estudio es que la violencia física es preponderante en mujeres de 15 a 34 años; la violencia sexual es preponderante en mujeres de 10 a 14 años: 17 de 39 casos; y la violencia verbal y/o psicológica es preponderante en mujeres de 25 a 34 años.

Por último, un dato esperable es que la violencia familiar y sexual se da mayormente en casos de convivencia: en el 51 por ciento de los casos la víctima convive con su agresor.

Sólo 78 países de los 192 que conforman la ONU tienen información estadística sobre violencia de género y, en América Latina y el Caribe, sólo 16 países cuentan con información sobre violencia de género.

Según la Iglesia, el 35% de los habitantes del área metropolitana es pobre

(Publicado en La Nación, 18.11.2011)

Estas cifras difieren de las que maneja el Gobierno nacional; de acuerdo al informe, un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo

La Iglesia advirtió hoy que es pobre el 35 por ciento de los 12,8 millones de habitantes del área metropolitana, al presentar un diagnóstico de la realidad social local que difiere de las cifras que maneja el Gobierno nacional y que reveló que un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo.

El estudio de Cáritas Argentina y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina determinó que el 10 por ciento del total de habitantes reside en villas de emergencia y casi el 13 por ciento vive “hacinada” en viviendas donde se registra la presencia de tres o más personas por cuarto.

El informe social alertó, además, que un 13 por ciento de la población padeció hambre o tuvo dificultades para acceder a alimentos, y que uno de cada diez niños de entre 5 y 17 años realizó una actividad laboral en forma regular.

Sebastián A. Ríos / Alerta regional por un nuevo serotipo de dengue

(Publicado en diario La Nación, 2.11.2011)

Preocupación de la OPS / Fue detectado en varios estados de Brasil
Se trata de la variante 4, que nunca había circulado en el Cono Sur

La aparición en Brasil y en Panamá de casos de dengue causados por una variante del virus -el serotipo 4- que hasta ahora no había circulado en la región llevó a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a emitir una alerta epidemiológica para las Américas, en la que instó a los gobiernos a intensificar las acciones para reducir el riesgo de contagio y de muerte asociados con esta enfermedad, transmitida por el mosquito Aedes aegypti .

“En este año se registraron brotes de dengue con un número total de casos y muertes que sobrepasan los datos históricos registrados en Paraguay, Panamá y en los países y territorios del Caribe inglés y francés. También se observó la introducción del virus del dengue 4 en Panamá y en algunos estados de Brasil donde no había circulado anteriormente”, advierte el alerta de la OPS.

En los países del Cono Sur, el número de casos reportados en 2011 es menor que el de 2010, pero el número de muertes y la tasa de letalidad del dengue se han incrementado significativamente: 382 muertes en 2010 contra 530 en 2011, lo que se traduce en tasas de letalidad del 3,93 y 5,21, respectivamente.

“Lo que está aumentando es la letalidad, y eso tiene que ver con la expansión de un serotipo que no había estado en la región y que «se monta» en otros que habían estado circulando previamente. Esto aumenta el riesgo de dengue hemorrágico”, dijo el doctor Ricardo Gürtler, investigador del Laboratorio de Eco-Epidemiología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del Conicet.

El riesgo de desarrollar dengue hemorrágico, la forma más severa y mortal de la enfermedad, se plantea cuando la persona ya ha contraído en una primera ocasión la enfermedad y posteriormente vuelve a infectarse, pero con otra variante del virus. Pero la presencia de un serotipo nuevo en la región plantea nuevos desafíos.

“La circulación de un nuevo serotipo en comunidades donde ya han circulado con gran intensidad otros serotipos aumenta el riesgo de la forma más grave del dengue”, dijo el doctor Sergio Sosa Estani, coordinador saliente de la Dirección de Enfermedades Transmisibles por Vectores del Ministerio de Salud de la Nación, y agregó: “La advertencia [de la OPS] es por la circulación de este serotipo, que está teniendo algún grado de expresión concreta en cuanto al incremento de formas graves y al incremento de la letalidad”.

Gürtler, que recientemente estuvo en Brasil, comentó: “Todavía no comenzó la temporada de transmisión (el pico es en marzo y abril) y el alcalde de Río de Janeiro dijo que el brote que se avecinaba podría ser el peor de la historia. Brasil siempre fue el origen de los brotes locales, así que esto puede multiplicarse muy rápidamente. Establecer una barrera infranqueable es imposible, pero corresponde tomar todas las acciones para minimizar el número de casos leves y de dengue hemorrágico”.

CALDO DE CULTIVO

En la Argentina, “de la epidemia de 2009 se pasó a una relativa tranquilidad. No hubo casos o fueron muy pocos en las provincias de alto riesgo”, señaló el doctor Mario Zaidenberg, a cargo de la citada Dirección de Enfermedades Transmisibles por Vectores. Las medidas de prevención del dengue puestas en marcha tras la epidemia de 2009 -la mayor de la Argentina, con 25.989 casos y 5 muertes- permitieron que el número de casos de 2010 fuera un 96% menor.

Desde julio de 2011 hasta la fecha no se ha verificado en el país la circulación de ningún serotipo del virus del dengue, pero sí del mosquito que lo transmite. El único caso de dengue confirmado fue el de una persona que contrajo la infección en Paraguay.

“El vector está presente [en la Argentina], y las migraciones, los viajes internacionales, la gran concentración de personas en ciudades donde hay infraestructura deficitaria y el también deficitario tratamiento de la basura se conjugan para favorecer su dispersión”, dijo Zaidenberg.

“No hemos tenido dengue en gran proporción porque no hubo presión epidémica, pero sabemos que son procesos cíclicos -agregó-. Cada 3 a 5 años se producen epidemias que están vinculadas con el número de pacientes susceptibles. Y esto es un caldo de cultivo para las próximas. Se van acumulando las personas susceptibles y un elemento puede decidir la aparición de un brote.”

¿Qué se está haciendo en prevención con miras al verano? “La Nación y las provincias están reforzando las capacidades locales -respondió Zaidenberg-. Tanto el recurso humano, con capacitaciones a nivel comunitario, como también preparando material de difusión para promover el famoso descacharrado. El desafío es evitar recipientes que puedan albergar agua durante más de 3 o 4 días. La larva tarda 7 días en transformarse en mosquito.”

“Sin el mosquito, no hay dengue”, recordó Luis Crovetto, director de Medicina Preventiva de la provincia de Buenos Aires, que destacó que allí la campaña busca generar conciencia sobre la importancia de que en cada hogar se tomen acciones para cerrarle el paso al mosquito.

Greenpeace. El desafío contra la contaminación (Pedile a Nike y Adidas que limpien nuestras aguas)

La semana pasada nuestros activistas desplegaron sobre una cancha de fútbol un cartel gigante con la leyenda “Desafío contra la contaminación”, sumándose a acciones en todo el mundo para denunciar que Nike y Adidas están jugando sucio junto a las mayores industrias contaminantes yreclamarles que eliminen las sustancias tóxicas en sus cadenas de proveedores y productos.

En nuestras últimas investigaciones descubrimos que grandes marcas internacionales de ropa, entre ellas las gigantes Adidas y Nike, utilizan como proveedores a fábricas de China que vierten sustancias químicas tóxicas en los ríos más importantes de ese país.Desafiá a estas marcas. 

El agua es uno de nuestros recursos naturales más valiosos y está amenazada en todo el planeta por sustancias tóxicas liberadas por las industrias textiles. Estas sustancias pueden causar cáncer y alterar el sistema hormonal, poniendo en peligro la salud humana y el ambiente.

Nike y Adidas son responsables de los proveedores que producen la indumentaria que lleva su marca. Estas empresas pueden considerar este desafío como un obstáculo y tratar de ignorarlo, o pueden utilizarlo como una oportunidad para volver con más fuerza que nunca, y trabajar junto a todos sus proveedores para eliminar la liberación de sustancias químicas tóxicas en el agua.

Estas grandes marcas se encuentran en la mejor posición para liderar el desafío contra la contaminación. ¿Quién será el primero en comprometerse a trabajar por un futuro libre de tóxicos? Mirá el video, creá el tuyo y compartilo con tus amigos.

Gracias por tu apoyo,

Félix Cariboni (Greenpeace/Campaña del Riachuelo)

www.greenpeace.org.ar

Agregá la dirección activismo@infogreenpeace.org.ar a tu libreta de contactos.

Jorge Lanata. La prioridad es el individuo / “Porno-impuestos”

La prioridad es el individuo

Insisto: no son particularmente inteligentes, no trabajan más de ocho horas al día, incluso menos, no son ascetas ni estoicos, no son comunistas (la cantidad de Audis y BMWs por metro cuadrado es atroz), no son un país extenso ni central, ni superpoblado. Se propusieron, hace décadas, crear un Estado que tuviera como prioridad al individuo. Esto sucede hoy en Noruega:

- La atención médica es gratuita en todo el país para todos los menores de 12 años y las mujeres embarazadas.

- La atención psicológica también es gratuita para todos los menores de 18 años, y para los portadores menores y mayores de VIH.

- La atención odontológica es gratuita para todos los menores de 18 años, y los servicios de ortodoncia pueden ser cubiertos parcial o completamente, según los costos del tratamiento.

- El seguro social paga el 90 % del precio de los medicamentos. En el caso de los niños de menos de 12 años, son gratuitos.

- Si el paciente debe movilizarse más de un kilómetro para asistir a una consulta, el Estado le cubre los gastos de transporte y también los de alojamiento, en caso de que sea necesario.

- Si el empleado se enferma, después de las cuatro semanas de antigüedad podrá cobrar el subsidio por enfermedad durante 52 semanas. Los primeros 16 días hábiles deben ser cubiertos por el empleador, y el resto por el seguro social.

- Cada empleado tiene derecho al subsidio por enfermedad del hijo a su cargo, diez días hábiles por año o 15 si tiene más de dos hijos. Los padres y las madres solteros tienen derecho a una compensación de veinte días por año o de treinta si tienen más de dos hijos. Si se trata de un hijo minusválido o que adolece de una enfermedad crónica, se otorgan diez días suplementarios por cada hijo, y el subsidio se confiere hasta que el hijo cumpla los 18 años.

- Los subsidios por enfermedad para trabajadores independientes cubren el 65 % de su renta a partir del primer día de convalecencia, o el 100 % a partir del decimoséptimo día de ausencia laboral.

- Las mujeres embarazadas que hayan trabajado durante seis meses en el curso de los diez meses precedentes al alumbramiento tienen derecho a 44 semanas de permiso parental a salario completo (seis semanas de las cuales están reservadas al padre), o 54 semanas a tasa reducida que deben tomar antes de que el hijo cumpla los tres años. La tasa reducida es el 80 % del importe del salario.

= Los subsidios familiares se otorgan a todos aquellos padres que tienen hijos menores de 18 años residentes en Noruega. El subsidio es de unos 1500 pesos argentinos por hijo, y en las regiones del Ártico se agregan otros 500 pesos. También existen subsidios por niño adoptado.

Y otra cosa más: los noruegos son terriblemente curiosos. Pero eso lo veremos mañana.

(Publicado en el diario Libre, 12.7.2011)

* * *

“Porno-impuestos”

Sigo en Oslo, donde cualquier persona puede consultar en Facebook la declaración de impuestos de su vecino. Hasta ahora los periódicos noruegos llamaban al rastreo impositivo “porno-impuestos”: como sucede en la pornografía, todos dicen no estar interesados, pero pocos resisten la tentación de verla cuando no hay testigos. Pero con Facebook los porno-impuestos ya no existen.

-El acceso público  a la lista de impuestos hace posible un control democrático, y promueve un debate crítico y saludable -anunció Anders Lande, asesor del ministro de Finanzas.

En la vereda de enfrente, las excusas de siempre: quienes se opusieron a la medida lo hicieron alegando que esos datos podrían resultar tierra fértil para secuestradores.

Pía Svengaard, gobernadora del Condado de Troms, explica que gana unos 96 mil euros al año y paga “orgullosa casi la mitad en impuestos para tener un buen sistema sanitario y educativo”. “Nuestro problema es que somos demasiado ricos -dice-, por eso la crisis económica no nos ha afectado”. La desocupación en Noruega fue del 2.7 % en los últimos meses.

El registro de impuestos puede consultarse en casi todos los medios digitales noruegos. Por ejemplo, en la corporación de medios públicos NRK “http://www.nrk.no/skattelister2008“. “Aftenposten”, el principal periódicodel país, tiene un sistema con el que los curiosos pueden rastrear la situación económica de cualquier vecino, y desarrolló un sistema de gráficos que compara las ganancias de cada ciudadano con la media de ingresos nacional y regional.

Lo de los secuestros y las extorsiones ha sido hasta ahora solo un fantasma. Las únicas quejas registradas hasta el momento en los medios han sido de algunos padres de niños en edad escolar “que padecieron acoso por la comparación de las ganancias de sus familias”.

(Publicado en el diario Libre, 13.7.2011)

Diana Cohen Agrest. La sociedad medicalizada

(Publicado en La Nación, 13.4.2011)

A partir de los inicios de los años 70, el afianzamiento de los derechos sociales alentó el nacimiento de la medicina social. Y una década más tarde nació el movimiento de los derechos del paciente, cuando se abandonó el modelo paternalista que había reinado desde Hipócrates, en cuyo marco el médico no sólo aportaba su saber técnico y su experiencia profesional sino también era el responsable de las elecciones que hacen a la vida, a los sistemas de creencias y a los valores de sus pacientes.

Con el tiempo, esa relación originaria de cuidado se trasmutó en un vínculo reflejado acabadamente en la retórica médica usual en inglés, lengua donde no se usa tanto el término “paciente” -con su connotación que remite a una semántica de renuncia y sometimiento- sino “cliente”. Pero esta expresión remite al universo corporativo-empresarial, y lejos de ser la resultante de un vuelco discursivo casual, ella anticipó un nuevo tipo de relación médico-paciente. Porque a poco de nacer, los derechos del paciente se unirían en un matrimonio de conveniencia con los derechos del consumidor, abocados a la demanda de bienes y servicios.

En el ámbito sanitario, esta demanda es la respuesta social a un progreso biomédico que, según se cree, legitimaría un sinfín de exigencias de los pacientes ante profesionales incapaces de satisfacerlas. Porque la demanda creciente de servicios y productos se funda, en verdad, en una falacia: en el imaginario del paciente, querer es poder. El querer es el querer del paciente, pero el poder continúa siendo depositado en el médico, de quien se espera que cumpla el deseo del paciente. Pero en esa tensión ya no se juegan los derechos del paciente sino el querer del consumidor que, por su índole misma, detenta el derecho a reclamar indiscriminadamente todo tipo de tratamientos, desde recomendaciones nutricionales hasta terapias alternativas carentes de evidencia científica. Este empoderamiento del paciente, de más está decirlo, se cimienta en los altísimos costos que paga a su obra social, a su prepaga, a su seguro médico o en impuestos, lo que condujo, entre otras causas, a una mercantilización de la medicina.

La medicina como negocio se cimienta en cierta patologización de la vida que se vale de innovaciones biotecnológicas -que en sí mismas son un logro-, pero que son cuestionables cuando, en nombre de la salud y el bienestar humano, son presentadas marketineramente con el objetivo de incrementar la demanda del servicio o producto. Y tal como se hace cuando se vende desde un auto hasta un masajeador, se intenta posicionar un tratamiento en el imaginario del consumidor. Si pensamos en el llamado “turismo médico” (desde el turismo de trasplante hasta el reproductivo o estético), los “paquetes” ofrecidos incluyen tratamiento, estadía y hasta promociones turísticas que le añaden un plus a un tratamiento desde una mirada banalizante que abusa de todo lo que se juega en el deseo de la cura o hasta del verse mejor.

Pero, además, como se trata de extender las estrategias de mercado de la sociedad de consumo, se inventan pseudoenfermedades. En A la escucha del cuerpo , Ivonne Bordelois señala este fenómeno en expansión: la acuñación de enfermedades que, en una recreación constante, sin solución de continuidad, sirven a la invención artificiosa de nichos de consumo que aspiran a satisfacer las demandas de un mercado generado por los mismos laboratorios que lanzan los productos para tratar esas presuntas patologías. Y dado que son profusamente difundidos a través de campañas publicitarias dirigidas al segmento ABC1, el profesional idóneo debe desmitificar esa parafernalia mediática. Pero su misión va mucho más allá.

Pues el médico puede servirse pero también debe lidiar con un “ciberpaciente omnisciente” que indaga en la Red su propio diagnóstico y hasta sus alternativas terapéuticas. Esta situación inédita en la historia de la medicina podría sintetizarse en una suerte de segunda falacia complementaria de aquella que asimilaba el querer al poder: según este nuevo equívoco, saber es querer. Saber de la existencia de un determinado tratamiento, una novedosa tecnología biomédica o de nuevas drogas, implica el quererlos. Y en una cultura donde todo tiene precio, ese querer confiere un derecho a reclamar ese tratamiento, esa tecnología biomédica o esas nuevas drogas, no siempre disponibles o no siempre los indicados para tratar la enfermedad en cuestión.

Confrontándose a este nuevo paradigma, el tradicional modelo paternalista se ha invertido y ya no es el paciente quien espera del médico las indicaciones terapéuticas sino que es el paciente quien -devenido un “paciente-impaciente”- exige las indicaciones. Pero, además, las expectativas depositadas en el profesional exceden a menudo sus posibilidades reales de curar. Porque desde que los progresos de la medicina y la introducción de hábitos saludables de vida sirvieron de instrumentos eficaces para disminuir el número de decesos prematuros, la enfermedad y la muerte se suelen percibir como injustas o evitables. Y ni médico ni paciente pueden concebir la enfermedad y la muerte como un acontecimiento natural de la vida humana, y son vistas como un fracaso del médico.

Pero por añadidura esta obligación del profesional de salvar o curar -que en el imaginario colectivo no admite excepciones- promueve la llamada “medicina defensiva”, que emplea procedimientos diagnóstico-terapéuticos con el propósito explícito de evitar demandas por mala práctica, contratando con el mismo propósito seguros exorbitantes como salvaguardia ante un posible litigio. En el intento denodado de evitar un pleito, según la acertada expresión de la pediatra Teresa Pereira, hemos pasado de la medicina defensiva a la “medicina ofensiva”, esto es, al ejercicio de un encarnizamiento terapéutico que, en el intento de desalentar la desconfianza de la familia, puede incluso mantener en el respirador a un paciente tras su deceso sólo para evitar una demanda por no haber hecho todo lo posible. Pero ésta es sólo una de las caras de un sistema sanitario fracturado, en el cual una parte de la población usa y abusa de tecnologías sofisticadas a menudo empleadas en tratamientos electivos o en pseudoenfermedades y otra mucho más numerosa muere de enfermedades curables o prevenibles.

En este escenario, parecería que el médico no tiene demasiadas opciones. Una posibilidad es adoptar el modelo empresarial. Lo vemos cada vez más: la superpoblación de profesionales que se han volcado a los tratamientos estéticos es la respuesta pragmática a una cultura narcisista que venera la imagen y a la que no le importa pagar lo que sea por ella. Pero, además, sabedores de los principios de la economía clásica según los cuales a mayor o mejor oferta, mayor demanda, al igual que en una carrera armamentista el profesional debe procurar ampliar su abanico de ofertas innovadoras para ofrecer aquello que los otros no ofrecen.

El modelo alternativo al empresarial, menos controvertido, no parece sin embargo demasiado seductor. En él, el médico es una versión remixada de Tupac Amaru: tironeado por el paciente, la institución en la cual trabaja, sus propios intereses pecuniarios y la obra social o prepaga. En su defensa, el paciente reclama servicios que exceden las indicaciones clínicas. En contrapartida, la institución deudora de la prestación, la misma que abona sus honorarios, en la búsqueda de reducción de los costos reduce proporcionalmente las ofertas de prestaciones, incluso de las necesarias. Sometido a presiones constantes por parte de estas últimas, el médico termina haciendo de mediador entre el paciente y la entidad con la cual el profesional, en calidad de prestatario, se relaciona contractualmente. Desmembrado entre tantos intereses en juego, ¿qué queda de las obligaciones de beneficencia, de la fidelidad del profesional hacia su paciente?

Pero el derrotero no tiene fin. Porque cuando la obra social o la prepaga se niegan a reconocer un tratamiento, se busca una nueva instancia, el último eslabón de esta cadena. La privatización de la atención sanitaria, sumada a una hiperjudicialización de la salud, termina por hacer del Estado el depositario último que ha de responder a las demandas del paciente.

Los actores sociales de este drama inconcluso, al hacer de la salud una mercancía subordinada a la ecuación costo-beneficio y sujeta a la aceleración generalizada de una cultura consumista cuyos tentáculos alcanzan a las innovaciones médicas, terminan por hacer un uso equívoco del concepto del derecho a la salud, abandonando valores esenciales a la responsabilidad social en el campo de la atención sanitaria, y dejando en un estado de orfandad, en el mismo gesto, a las obligaciones de justicia, de equidad y de solidaridad.

Leonel Rodríguez. Una beba de 7 meses necesita un hígado con urgencia

(Publicado en La Nación, 8.4.2011)

Guadalupe debe recibir un transplante en 48 horas porque su vida corre peligro; está en un instituto de Córdoba


SANTIAGO DEL ESTERO.- Guadalupe, una hermosa beba santiagueña de apenas meses, lucha por su vida y se mantiene internada con el acompañamiento de sus padres en un instituto privado de Córdoba a la espera de un hígado de un donante cadavérico dentro de las próximas 48 horas.

La beba, de apenas 7 meses de vida fue transplantada hace pocos días, pero su organismo rechazo el hígado, lo que agravo su situación y coloco a esta criatura en emergencia nacional.

Semanas atrás el cuadro de salud de Guada se agravó, ya que llegó a tener casi “600 cc. de líquido suelto libre en su abdómen”, tal como relatara su papá, Eduardo Pereda.

Su mamá, Celeste Cavallotti de Pereda, relató a lanacion.com que “el día 58 de nacida le diagnosticaron en el hospital privado de Córdoba atresia de vías biliares” y que ante este cuadro se le realizó una operación denominada de Kasai, teniendo esta, lamentablemente, resultados negativos.

Luego de una espera dramática apareció un hígado para Guadalupe, pero el mismo fue rechazado a las 48 horas de su implante lo que complica seriamente su salud.

Debido a la gravedad de su caso, la beba no tiene los conductos intrahepáticos y sufre de insuficiencia hepática, haciendo que su supervivencia dependa solamente de un transplante de hígado de donante cadavérico, según los especialistas médicos.

El problema de Guadalupe es que necesita un trasplante de un donante cadavérico, ya que no le sirve la donación de parte de un hígado de una persona viva, porque no tiene el resto de las vías biliares, así que no le serviría recibir parte del hígado de su mamá por ejemplo”, afirmo su mamá.

La salud de esta beba, de apenas 6 meses de vida es delicadísima y se deteriora día a día, a tal punto que antes de la segunda intervención fallida contrajo una fuerte angina, lo que según los especialistas le quito el apetito y debieron recurrir a una sonda para que pueda alimentarse y así no bajar de peso.

“Sabemos que la muerte y mas de un niño es un tema delicadísimo y un momento de tremenda tristeza. Pero apelamos a la sociedad para que entienda la importancia de la donación y para que sepan que al donar órganos se dona y se da vida. La situación ya es dramática, pasara lo peor si el donante no aparece en las próximas 48 horas”, apuntó, desesperado, Eduardo.

Teléfonos para ayudar:
Los padres de Guadalupe: Eduardo Pereda (0385) 154873739 y Celeste Cavallotti (0385) 154873736

Soledad Vallejos. Faltan camas en sanatorios y clínicas

(Publicado en el diario La Nación, 15.3.2011)

Admiten que es necesario un 20% más de las casi 10.000 existentes; hay derivaciones entre establecimientos y posoperatorios cortos

Con 39 semanas de embarazo cumplidas, Cecilia E. llegó a la clínica privada donde se atendió durante todo el período de gestación para dar a luz a su primer hijo. Pero cuando llegó, con trabajo de parto iniciado, le informaron que en la maternidad no había camas disponibles.

Debió esperar -con angustia y temor ante la sorpresiva noticia- el traslado a otro sanatorio donde pudieran internarla. El nacimiento se produjo y Cecilia, al tener a su bebe en brazos, se olvidó de todas las contrariedades. Pero cuando llegó a su casa, luego de dos noches de internación, ella y su marido recapitularon lo ocurrido y no salían de su asombro: “¿Y si pasaba algo? ¿Cómo pudo ser que no hubiera ni una sola cama disponible en toda clínica?”.

Sin embargo, y aunque el joven matrimonio lo desconociera, se trata de una situación que sucede con mayor frecuencia de la esperada en todos los sanatorios y clínicas privadas de la Capital. Y no sólo en las áreas de maternidad. Hoy se trabaja, según admitieron fuentes del sector, con el sistema de “cama caliente”; es decir, al ciento por ciento de la capacidad total disponible.

La falta de camas para internación -ya sea en unidades de terapia intensiva, de media o baja complejidad- es uno de los déficits que padece el sistema de salud. Para cubrir las necesidades de los pacientes que requieren internarse, a las casi 10.000 camas que hay en las clínicas y sanatorios privados debería sumarse, al menos, un 20% más de capacidad: es decir, hacen falta aproximadamente unas 2000 camas nuevas.

La cifra, traducida a personas que deben padecer la espera (de apenas horas o de días) y que pagan por un servicio o aportan para poder ser atenidos, pone en jaque el funcionamiento de las empresas de medicina prepaga que, según datos de la Cámara de Instituciones Médico Asistenciales de la República Argentina (Cimara), aumentaron su cantidad de afiliados casi el 40% en los últimos cinco años.

“Es cierto que hacen falta más camas, pero en nuestro caso, cuando ocurre algún inconveniente, sólo demora un par de horas en resolverse”, afirmó a LA NACION Julio Fraomeni, presidente de Galeno y los sanatorios La Trinidad de Palermo, Quilmes, Mitre, San Isidro y el sanatorio Dupuytren. En total, el grupo cuenta con 1100 camas propias, de las cuales unas 250 fueron incorporadas en los últimos dos años. Pero la inversión general en infraestructura es escasa y, aunque hubo nuevas incorporaciones, como en el caso de Galeno, los establecimientos privados que cerraron sus puertas inciden en las estadísticas.

En lugar de crecer, la cantidad de camas en los últimos 10 años disminuyó. Datos del Ministerio de Salud indican que en 2000 había en la Capital 9905 camas, contra las 9759 registradas en 2010.
“Hoy se trabaja al ciento por ciento de la ocupación, con el sistema de cama caliente, lo cual no es para nada saludable -admite Jorge Cherro, presidente de la Asociación de Clínicas y Sanatorios Privados de la República Argentina (Adecra)-. Se necesitaría entre un 20 y 25% más de camas para no estar siempre al límite y dar lugar al recambio.”

La cada vez más breve duración de los posoperatorios de cesáreas es otro síntoma del déficit. Mientras antes la flamante madre permanecía hasta cinco días internada, ahora en 48 horas obtiene el alta, en caso de no haber complicaciones.

Con 1.700.000 afiliados y un crecimiento anual promedio del 9%, los socios de OSDE también padecen demoras. “Pero nunca nos pasó no poder internar a alguien que lo necesitara”, señaló Eduardo Forte, gerente de Comunicación del grupo.

Sin embargo, Forte admite que el sistema está desbordado. Fraomeni coincide y aporta otra tendencia que complica el escenario. “El período de estacionalidad se ha desplazado. El pico de demanda que regularmente se daba entre julio y septiembre ahora se prolongó hasta fin de año”, explica.

Internación domiciliaria

Con el propósito de evitar la estancia de un paciente en el sanatorio, pero proporcionarle una asistencia de supuesto rango hospitalario en su propio domicilio, surgió la internación domiciliaria, un recurso cada vez más implementado y polémico. “Es una alternativa cuando los pacientes ya no precisan la infraestructura de una clínica, pero requieren vigilancia activa y asistencia. Pero no es un paliativo a la falta de camas en los sanatorios”, opina Fraomeni, y precisa que Galeno tiene unos 2000 pacientes en esa situación.

Para Cherro, en la Argentina “aún no hay una cultura de la internación domiciliaria porque el servicio deja mucho que desear”, aunque se trata de un servicio mucho más barato.

La falta de camas también se convirtió en una de las denuncias más notificadas al Centro de Educación al Consumidor. En el ranking de reclamos, las empresas de medicina prepaga se llevan el segundo puesto entre las quejas.

9759
Camas de internación
Son las que ofrecen los sanatorios y las clínicas de la Capital. Hace diez años, eran 9905.

2000
Nuevas camas
Son las que se deberían incorporar para evitar trastornos a los pacientes.

1.700.000
Afiliados
Sólo la prepaga Osde tiene esa cantidad de afiliados, que se multiplica al considerar otras empresas.

Fernando Massa. Un viaje en “el expreso de la inseguridad”

(Publicado en el diario La Nación, 6.3.2011)

Es la línea de colectivos 76, usada por los adictos para ir a comprar droga en la villa 1-11-14

En el interior del colectivo 76 quedan pocos asientos vacíos. Son las 13 de un miércoles agobiante. Los pasajeros leen, miran por la ventanilla, conversan en voz baja, escuchan música. Pero después de que el colectivo cruce las vías del ferrocarril Sarmiento, por Donato Alvarez, y doble por la avenida Rivadavia, en el límite de los barrios de Caballito y Flores, ellos saben que la tranquilidad se va a quebrar. Es lo que sucede cada día y a toda hora en la parada de la plaza Pueyrredón, más conocida como plaza Flores.

Corriendo, a los empujones, un grupo de cinco o seis jóvenes de entre 15 y 25 años suben al colectivo, algunos con los ojos algo desorbitados.

“¡Vamos adonde van los drogones!”, le gritan al chofer entre risas. A veces, el conductor logra convencerlos de que paguen el boleto, pero muchas otras, no.

Se instalan en el fondo del colectivo, escuchan cumbia o reggaeton a todo volumen, cuentan billetes y se ponen relojes que acaban de robar en los alrededores de la plaza, mientras esperan ansiosos la parada frente a la villa 1-11-14, en el Bajo Flores, para cambiar todo lo que consiguieron por paco o alguna otra droga.

La Nacion se subió a un interno “de la línea más problemática de toda la Capital” -según la Policía Federal- que pasa por el centro de la peligrosa villa 1-11-14 y pudo comprobar todo lo denunciado por los choferes de la línea 76: jóvenes que llegan todos los días desde el conurbano en el ferrocarril Sarmiento se bajan en la estación Flores; a una cuadra de allí roban lo que pueden en la plaza y suben a este colectivo rumbo a la villa 1-11-14 para comprar droga.

Esos robos, según se pudo saber, incluyen desde electrodomésticos hasta baterías de autos, teléfonos celulares y cualquier otra cosa que pudiese servirles para canjear por droga. Pero, además, tanto choferes como pasajeros dicen que es habitual ver arriba del colectivo jóvenes consumiendo drogas, peleas entre grupos enfrentados y hasta gente que viaja armada.

Por este motivo, la comisaría 38a. tuvo que montar un servicio especial de controles sorpresivos durante las 24 horas sobre los colectivos que circulan por la zona, especialmente en la línea 76 (ver nota “Operativos sorpresa” al final).

Esta línea es una de las 12 empresas de colectivos del grupo DOTA, uno de los más importantes de la Capital, que une Puente Alsina con Saavedra, y en el que, entre otros barrios porteños, cruza Chacarita, Villa Crespo, Flores, donde pasa por la villa 1.11.14, y Nueva Pompeya.

Ladrones al acecho

Los comerciantes y vecinos que frecuentan la plaza General Pueyrredón, en Rivadavia al 6900, son reacios a hablar abiertamente: tienen miedo a las represalias y a que no puedan seguir trabajando allí. “Hay afanos las 24 horas. Celulares, plata, mochilas… lo que pueden. Esta plaza es un desastre; es tierra de nadie y no hay seguridad de nada”, susurra Julián, un muchacho que trabaja en una de las esquinas de la plaza.

Un inspector de la empresa de transporte Plaza se acerca y dice por lo bajo, mientras señala a un joven con ropa deportiva que merodea las paradas sobre Rivadavia: “Ese de remera amarilla es un especialista en manotear celulares a las personas que están hablando arriba del colectivo con la ventanilla abierta”.

En la plaza, todos los conocen. Los ven día tras día hacer el mismo trayecto desde la estación Flores hasta la parada del 76, a sólo dos cuadras de distancia. El portero de un edificio de la calle Yerbal, frente a la plaza, se encarga de mostrar a La Nacion la evidencia de este recorrido: dentro de la plaza, paralelamente a la senda que la cruza en diagonal, se abre entre la ligustrina un camino de tierra que desemboca justamente en la parada del colectivo 76. “Después que llega el tren a la estación, ves cómo pasan corriendo por ese camino pibes que se acaban de robar algo y que se van directamente a la parada”, explica.

Consumen droga a bordo

Mirta es una trabajadora social que se desempeña en la villa 20, en Villa Lugano, por lo que toma todos los días el colectivo 76 desde la avenida Gaona y Oroño, en Caballito. “Pasa siempre en la plaza Flores, donde suben algunos que no quieren pagar el boleto y se arma lío. Por eso, espero que venga vacío para no tener que viajar parada y poder sentarme adelante. Atrás, ni loca. Vi demasiadas veces gente consumir drogas arriba del colectivo, en los asientos del fondo”, cuenta resignada.

Un grupo de seis jóvenes se meten delante de la cola que espera el 76 en la plaza Flores y se suben corriendo al colectivo. “Dale estos dos pesos al chofer”, le dice uno más grande a otro más chico. El chofer, resignado, no se lo acepta, y el chico se va para el fondo sin pagar, tal como acaba de hacer el resto de sus compañeros.

-Vengo de laburar -dice uno de los jóvenes riéndose, mientras cuenta un pilón de billetes.

-Y ahora te la vas a gastar toda en el shopping -le contesta otro, que está parado a su lado, mientras se coloca en la muñeca un vistoso reloj deportivo negro.

El colectivo ya dejó Rivadavia, siguió por San Pedrito, Lafuente, Eva Perón, hasta llegar a los monoblocks de la rotonda de Balbastro. Junto con otros pasajeros, el grupo que no pagó el boleto se levanta de sus asientos. Uno de ellos habla por celular y le avisa a alguien que están llegando. Suena el timbre y el colectivo frena. Es la parada de la avenida Varela, justo enfrente de la villa 1-11-14.

Plaza Flores: jóvenes suben a la línea 76 para ir a la villa 1-11-14 a comprar droga.

Delitos: antes de subir al colectivo, los adictos suelen robar todo lo que pueden en la plaza Flores.

Controles: tras varios incidentes, la Policía Federal dispuso operativos sorpresa.

SECUESTROS DE PACO Y COCAÍNA

Días atrás, personal de la Policía Federal desbarató una banda de narcotraficantes que distribuía estupefacientes en la villa 1-11-14 y el denominado Barrio Rivadavia 1, del Bajo Flores. Según fuentes oficiales, en el operativo se secuestraron 300 dosis de paco y cocaína.

Operativos sorpresa

Durante mucho tiempo los colectiveros de la línea 76 pidieron a la Policía Federal que se realizaran operativos dentro de los vehículos para identificar a aquellos que subían en la plaza Flores para ir a comprar droga a la villa 1-11-14. Por la inseguridad en ese trayecto, el trabajo diario se les estaba tornando insostenible.

Finalmente, después de una reunión en enero pasado entre los jefes policiales de la zona y representantes sindicales de la Unión Tranviarios Automotor se dispuso un operativo de controles sorpresivos a cargo de un oficial principal de la comisaría 38a. durante las 24 horas en líneas de colectivos que circulan por esa zona, como la 132, pero sobre todo en la línea 76, por ser “la más problemática”, informó un jefe policial a La Nacion.

“Se hacen requisas a los pasajeros en distintos puntos del recorrido y se han obtenido muy buenos resultados. Generalmente, por infracción a la ley de estupefacientes, pero también por tenencia de objetos robados y falsificación de documento. Incluso personas con pedidos de captura”, señalaron. Además, precisaron que son personas de distintas clases y estratos sociales las que van a la villa 1-11-14 a comprar estupefacientes.

Respecto de la inseguridad en la plaza Flores, desde la policía dijeron que están haciendo el máximo esfuerzo y que siempre hay una vigilancia de dos agentes, aunque admitieron que “quizá no alcance con sólo dos hombres, cuando en la actualidad los delincuentes no tienen vergüenza de robar a 20 metros de la policía”, agregó el jefe policial.

Paula Soler. Las muertes evitables se multiplican sin respuesta

(Publicado en La Nación, 2.1.2011)

Tuberculosis, dengue, Chagas y malaria son algunas de las llamadas enfermedades olvidadas, que atacan con más fuerza a las poblaciones más vulnerables

“Vi una película de esas viejas el otro día…, de gente con galera que viajaba en carruajes. La chica tenía tuberculosis…, lo que yo tengo. Me dicen que antes no tenía cura y ahora sí. No me acuerdo si me dieron la BCG de chiquito. Es mi culpa no acordarme, es mi culpa haberme enfermado, es mi culpa que mi hija deje la secundaria y ayude a su madre a parar la olla en la casa…, es mi culpa”, dice Carlos Maldonado, que vive en la zona de Retiro, que hace poco trabajaba en un taller cosiendo zapatillas y que no para de toser.
La enfermedad que tiene Carlos es prevenible. Es la que tienen muchos en este país y el resto del mundo. Es una de las llamadas enfermedades olvidadas, emergentes o reemergentes, o de aquel grupo de dolencias que son curables y que no deberían de existir, pero en el mundo matan a 8000 personas por día, según un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF).
“Malaria, tuberculosis, dengue, Chagas, leishmaniasis y leptospirosis son parte de un conjunto de enfermedades infecciosas que afectan a poblaciones más vulnerables económica, sanitaria y socialmente, y que no son atractivas para que las empresas privadas inviertan en desarrollo e investigación de tratamientos”, explica la licenciada Sonia Tarragona, directora general de la Fundación Mundo Sano, que trabaja con esas poblaciones.
Por ejemplo, la tuberculosis (TBC) es una de las enfermedades que preocupan en el país, ya que la cobertura de la BCG – la vacuna que la previene y se da a los niños al nacer – se redujo en 2008 en relación al año anterior, según últimos datos disponibles del Departamento de Inmunizaciones de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación.
“Las cuatro vacunas más importantes del calendario -la BCG, 1ª dosis Triple Viral, 4ª dosis de Sabín y 4ª dosis de Cuádruple- no llegan al 95%”, afirma la doctora Zulma Ortiz, de Unicef.
“Durante el año existen cerca de mil casos de tuberculosis en la primera infancia que podrían evitarse. Dentro de estos casos, un 10% son de meningitis tuberculosa, una forma muy grave que se entiende como una falla en el sistema que hace que la detección y el tratamiento de la patología no sean efectivos”, replica la especialista en salud.
La responsabilidad de prevenir esta enfermedad en la primera infancia está en manos de los mayores, que suelen ser los que tienen tuberculosis y viven en condiciones de hacinamiento con los menores.
“Hay 12.000 casos nuevos de tuberculosis todos los años y no logramos reducir la incidencia. A esto se le agrega que la enfermedad en niños es un problema invisibilizado porque su diagnóstico no es esperable y es muy bajo”, explica Ortiz.

Un diagnóstico temprano

Uno de los factores que contribuyen al aumento de los casos de este tipo de enfermedades que hoy tienen diagnóstico y tratamiento, es que como no son esperables, no se las consideran a la hora de diagnosticar a los pacientes.
De eso sabe Brenda Gómez, estudiante de Medicina, que luego de darse cuenta de que su tos y cansancio crónicos no eran normales, decidió consultar con un profesional. Pasó por 17 médicos antes de dar con el que finalmente le diagnosticó TBC.
“Me invadió el temor por no saber contra qué estaba luchando, aun con materias aprobadas en la Facultad, como si eso pudiera evitar que me enfermara. Pero también sentía un profundo dolor por haber expuesto a tantos seres queridos que tuvieron contacto conmigo, sin poder evitarlo”, cuenta Brenda, en una carta que envió al Instituto de Investigaciones Epidemiológicas, donde trabaja la doctora Ortiz.
Su caso indica que estas enfermedades invisibles llegan a toda la población. Ante este panorama, Ortiz sintetiza: “Estas enfermedades son curables, lo que significa que van a existir siempre. Nuestra apuesta es que sean erradicables, que es un desafío mayor”.

Contra el Chagas

“Las personas que padecen Chagas, malaria o dengue no tienen capacidad de generar presión ni política ni económica, porque prácticamente no tienen recursos y están invisibilizados”, cuenta el doctor Jorge De All, de la ONG Cuerpo y Alma, que trabaja con poblaciones en riesgo del norte del país.
“Partamos de la base de que en la Argentina hay 8 millones de personas sin acceso al agua potable, lo que conlleva a numerosas enfermedades, porque además son reservorios de vectores”, explica De All.
Cuerpo y Alma se especializa en la problemática del mal de Chagas, y centra su trabajo en la atención médica y de educación para la salud para aportar herramientas de desarrollo social. Este modelo suele ser muy efectivo para atacar este tipo de dolencias que son prevenibles.
El Chagas está relacionado directamente con la condición de las viviendas. Por eso esta organización trabaja con la ONG Un Techo para mi País, para erradicar los ranchos de adobe y paja, ámbito óptimo de la vinchuca, vector de este mal.
Otra entidad que trabaja con el Chagas es Mundo Sano, quien realiza campañas de detección y prevención de esta enfermedad en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires.
“En tres escuelas de las afueras de La Plata encontramos cinco chicos positivos (niños menores de 15 años que si se tratan se curan) y 25 madres enfermas de Chagas”, cuenta Tarragona de esa ONG, como para sólo dar una muestra de la importancia de esa enfermedad reemergente que en los 90 había sido desterrada.
El diagnóstico temprano de esta enfermedad también es importante, ya que no tiene síntomas y si es tratada en menores de 15 años es curable.
Otra enfermedad en la mira de los epidemiólogos es el sida infantil, que también es curable si se trata a la madre desde el embarazo y al bebe tempranamente al nacer.
Santiago y Tamara tienen 8 y 2 años, y tienen VIH positivo. Se contagiaron debido a que su madre no pasó por los controles prenatales debidos, lo que hubiera ayudado para evitar que ellos, al nacer, se contagien.
“Ahora espero otro bebe, pero ya sé que lo puedo curar antes de que nazca, antes no lo sabía, porque no sabía que estaba enferma”, cuenta Soledad, de 29 años, que viaja tres días a la semana desde el conurbano bonaerense al hospital Muñiz para atender a sus hijos.
Carlos y Soledad no sólo comparten el padecer una enfermedad, sino también,la culpa de haberla contraído. “No es culpa de la gente. Las personas que padecen estas enfermedades no tienen altos recursos económicos como para perder un día de trabajo para ir a tratarse. El sistema de salud es el que de alguna manera falla, y el de las empresas también”, explica Ortiz.
Ellos, como el resto de las personas infectadas, son testimonios vivos de la falta de políticas públicas de largo plazo aplicadas a prevenir muertes evitables.

COMO COLABORAR

Cuerpo y Alma:
www.cuerpoyalma.org.ar

Mundo Sano:
www.mundosano.org

Unicef Argentina:
www.unicef.org/argentina/spanish

Anorexia al extremo (y me pregunto)

¿Qué somos los seres humanos?
¿Qué podemos llegar a ser?
¿Por qué?
Podemos esgrimir una, dos o cien causas.Esta persona es como lo muestra este video.
¿Qué busca esta chica?
¿Qué quiere llegar a ser?
¿Cuántas cosas está dispuesta a hacer para llegar a desaparecer?
¿O para llegar a que la vean? ¿desapareciendo?
¿Por qué ella ha llegado a considerarse un fantasma, alguien transparente?
¿Qué dice y qué no?
¿Qué sucedió con las personas adultas que la criaron?
¿Qué le hicieron y qué no le hicieron para llegar a estar como está?
¿Qué le pidieron que haga y ella no hizo?
Alguien la ultrajó, otro la ultrajó nuevamente. Dos acontecimientos que no condicionan los trastornos de la alimentación, ya que otras personas sufrieron vejaciones pero no han llegado a ser anoréxicas.
Pero Aimeé las sufrió y, quizás (porque son todas conjeturas) eso le hizo querer morir lentamente, pausadamente, día tras día.
Se come el mundo para devolverle lo que se comió en forma de vómito. Porque el mundo, lo que ella consideraba su mundo, la violó.
Te devuelvo lo que me hiciste.
Me como al mundo.
Como, me estoy comiendo a mí misma día tras día, bocado tras bocado.
Y como porque tengo algo que comer.
La contrapartida de esto son los seres humanos que se mueren de hambre. O los campos de concentración y de detención forzada de personas en cualquier lugar donde los hubo. Situaciones ambas que son aberrantes. Repito: son aberrantes, no humanas.
Anorexia y bulimia: enfermedades de la abundancia, del consumo, del tener.
¿Cuál es la enfermedad de “ser”? ¿O lo que le sucede a esta chica es estar enferma por no poder ser algo distinto a lo que es? ¿un poco de ser humano? ¿un despojo? ¿lo que somos en realidad? ¿existirá la anorexia o la bulimia en los demás animales?

La elección de qué tipo de vida quiere vivir Aimeé nos interroga a todos. Como personas y como responsables de lo que hacemos en cada acto de nuestras vidas.
Porque somos responsables de lo que hacemos con nosotros mismos pero también de lo que hacemos con los demás. Pero es posible otra vida. Debe ser posible otra vida. Nuestro derecho humano es que otra vida mejor sea posible. Y que también lo sepan nuestros gobernantes.

Valeria Vera. El 12% de las adolescentes tiene alguna patología alimentaria

Según un informe de Aluba, en la Argentina, la edad de iniciación de la enfermedad es cada vez más temprana; las jóvenes son las más vulnerables

Disconformes con la imagen que les devuelve el espejo y condicionadas por un ideal de belleza, muchas veces, distorsionado, cada vez más adolescentes caen presas de alguna patología alimentaria. Según un informe de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), el 12% de las adolescentes sufre algún desorden en la alimentación, mientras que en el año 2000 esa cifra alcanzaba el 9%.

Hoy se conoció el caso de una joven que ganó un concurso de modelos en EE.UU y pesa 45 kilos

El relevamiento, que contempló algo más de 100.000 casos, deslizó, además, que el 37% de la población encuestada pacede anorexia y/o bulimia, cuando hace diez años el índice era del 26%.

Por otro lado, el estudio determinó que si bien estas enfermedades tienen mayor incidencia en la adolescencia, la edad de comienzo es cada vez más temprana. “Tenemos niños desde los seis años con cuadros completos”, aseguró a lanacion.com Mabel Bello, presidenta de Aluba.

La especialista precisó que la edad de iniciación en la anorexia en nuestro país es más temprana en comparación con la bulimia: “La tasa de anorexia empieza a levantar hacia los 11 años, mientras que la de bulimia lo hace a los 14 o 15″. Y añadió que el pico máximo en la primera tiene lugar entre los 15 y 19 años, y en la segunda, se extiende hasta los 23.

Causas. ¿Por qué se originan estas enfermedades? Entre las principales causas, explicó María Cristina Gamberale, miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), figuran la genética y los patrones familiares (como factor predisponerte), la etapa que atraviesan y la cultura consumista en la que se insertan (como factores desencadenantes) y la duración del trastorno y su curación (como factor perpetuante). A esto se suma la existencia de patologías psiquiátricas de base: entre el 50 y el 70% son depresivas, otras fóbicas y ansiosas, y algunas hasta son adictas a diferentes sustancias, como las drogas y el alcohol.

No obstante, el denominador común en todos los casos está dado por el miedo a crecer, a asumir responsabilidades y a ser rechazado, todos rasgos montados sobre la obsesión de alcanzar la perfección en todos los órdenes de la vida.

Estas características se traducen en perfiles definidos, que se diferencian entre sí según la patología.

“En el caso de la anorexia, la personalidad predispuesta es la de la abanderada de escuela. Son personas hiperresponsables, rígidas en sus conductas y que ejercen un gran control. Es la paciente que más se repite en la consulta”, describió Bello.

En cambio, las bulímicas “tienen un carácter muy oscilante: a la mañana están contentas, pero a la tarde deprimidas. Pasan del enojo a la tristeza, del aislamiento a la comprensión constantemente. Están siempre aceleradas, realizan varias cosas a la vez y no registran cansancio”.

Ser o no ser. Bajo la mirada psicológica, las personas que sufren estas patologías encuentran fallas en plena búsqueda de su identidad. Por eso, la adolescencia, entendida como una etapa marcada por una alta vulnerabilidad, suele ser el momento en el que se desencadenan la mayoría de los casos.

“Tienen un interior frágil y no saben muy bien qué son, qué quieren y qué desean. Por eso, siguen los modelos que les ofrece la cultura”, explicó a lanacion.com la psiquiatra y especialista en niños y adolescentes, María Teresa Calabrese.

Por lo general, se trata de personas que por actuar conforme al mandato familiar se olvidaron de ellas mismas. “Siempre se mostraron como buenos hijos y respondieron a los deseos de sus padres, no a los propios. Esto no los ha ayudado a forjar una personalidad y se encuentran entonces con ese vacío que hay que llenar”, manifestó la especialista. .

¿Cómo ayudar? “No se puede imponer desde el exterior lo que no se puede cambiar pronto desde el interior”, coincidieron los expertos consultados. Esto lleva a que el respaldo y la ayuda por parte de los padres, principalmente, tengan que ser paulatinos y no invasivos. De lo contrario, puede lograrse el efecto contrario, es decir, que se potencie justamente la patología.

En líneas generales, los especialistas proponen que el tratamiento se plantee desde el comienzo como un proceso familiar, acompañado de las indicaciones de médicos clínicos y psiquiatras o psicólogos para saber cómo sobrellevar la situación en cada caso.

“La enfermedad es sola y anónima, pero la recuperación es social. La lucha contra la patología se vuelve mucho más amena y efectiva si se realiza en comunidad”, apuntó Bello.

Además, destacaron que una vez iniciada la consulta son los padres los que deben agudizar la mirada y estar mucho más atentos a las conductas de los adolescentes, que suelen caer en la negación y la mentira.

¿La bulimia y la anorexia tienen cura? Los expertos aseguraron que estos trastornos son curables si se los controla adecuadamente, y que el alta física suele ocurrir antes que el alta psicológica.

Finalmente, hicieron hincapié en no descuidar a los pacientes en momentos que puedan ser disparadores de tensión para su desorden, como embarazos o casamientos.

Cómo detectar un desorden alimentario

Prestar atención si, pese a estar en su peso, hacen ejercicios muy intensos o dietas muy restrictivas

Observar si cambian con frecuencia de peso o tienen dificultad para ganarlo

Consultar con un profesional si comienzan a sufrir de amenorrea (ausencia de la menstruación) o retrasos en el periodo.

Analizar si presentan cambios notorios de carácter antes y después de la comida

Si es necesario, revisar la habitación: muchas veces esconden comida o vomitan en su propio espacio

Evitar que se encierren en el baño sin motivo aparente después de comer

En pocas líneas

María Cristina Gamberale definió brevemente en qué consiste cada uno de los trastornos mencionados:

Anorexia: es un trastorno por el cual la paciente sufre una pérdida superior al 15 por ciento del peso esperado para esa edad. Trasmite terror a aumentar de peso y una gran distorsión de la imagen corporal. Suelen padecer amenorrea (pérdida de la menstruación durante por lo menos tres meses). Puede ser restrictiva (la paciente no come) o purgativa (come pero incurre en una conducta compensatoria: vomita, realiza mucha actividad física o toma laxantes). Esta última es la de peor pronóstico y la que utiliza algún método para eliminar lo que come.

Bulimia: se caracteriza por ser un trastorno que paceden pacientes con un peso normal o sobrepeso y que caen en los denominados atracones. El atracón es una ingesta compulsiva e irrefrenable de comida, que pude darse entre media hora y dos horas. La persona deja de comer porque tiene sueño o se siente mal. Come a una alta velocidad y no registra lo que hace. No responde al hambre, sino a una conducta emocional.

(Publicado en La Nación, 9.12.2010)

Polémica por la delgadez de la ganadora de un concurso de modelos

La joven que se alzó con el título de America’s Next Top Model, el programa conducido por Tyra Banks, mide 1,88 metros y pesa 45 kilos; acusan al show de fomentar la anorexia

La final de la 15ª. edición del reality show America’s Next Top Model, en el que eligen a aspirantes a modelos generó una enorme polémica en torno a la joven que resultó ganadora.

Se trata de Anna Ward, una chica de 19 años nacida en Dallas, que no solo llama la atención por su cintura extremadamente minúscula, sino porque mide 1,88 metros y pesa tan solo 45 kilos.

Según el diario español ABC, su coronación recibió numerosas críticas por su extremada delgadez, sobre todo después de que Miss J, uno de los jueces del reality dirigido por Tyra Banks, pudiera rodearle la cintura con las manos.

“Hay algo en ella que me gusta”, aseguró Banks cuando la presentó. La polémica que generó el final del reality hizo que tuvieran que retirar las fotos en traje de baño o con vestidos ajustados de la página web del programa por las protestas de los espectadores, que acusan al reality de fomentar la anorexia.

La joven se llevó como premio un contrato con Vogue Italia y otro por 100.000 dólares con la marca de cosméticos Cover Girl. “De joven me sentía mal por mi apariencia, esto me da confianza, pero sé que tengo mucho trabajo por hacer”, explicó Ann.

(Publicado en la revista Ohlalá, Comunidad de mujeres, 9.12.2010)

Estereotipos, prejuicios y mitos acerca de la sexualidad

· Conocer el propio cuerpo no es importante para la sexualidad.

· El hombre siempre debe estar listo para cumplir y debe cumplir. En sexo, como en cualquier otra cosa, lo que cuenta es el rendimiento.

· El hombre puede con todas las mujeres.

· La mujer siempre debe estar dispuesta a tener relaciones sexuales.

· Las personas que se abstienen de tener relaciones sexuales son las que gozan de mejor salud.

· Los hombres no deben llorar ni expresar sentimientos de debilidad. El hombre pelea pero no llora.

· El hombre es el encargado de tomar la iniciativa en las relaciones sexuales. Es responsable también del goce y del orgasmo femenino.

· La mayoría de las parejas tienen buenas relaciones sexuales todo el tiempo y todos los días.

· Es necesario que el orgasmo sea simultáneo.

· Todo contacto físico necesariamente debe terminar en una relación sexual genital.

· Una buena relación sexual es aquella en la que se consigue una excitación ininterrumpida y que siempre termina en orgasmo.

· Relación sexual equivale sólo a coito vaginal.

· Toda actividad sexual requiere como condición básica la erección.

· “Buen sexo” es una progresión lineal de excitación creciente que termina exclusivamente en el orgasmo.

· Las fantasías sexuales son nocivas. Las mujeres no deben tener fantasías sexuales.

· Si una persona se masturba frecuentemente, le salen pelos en las manos o se vuelve idiota o loca.

· Los hombres deben saber todo sobre sexo.

· Hay dos tipos de mujeres: las putas y la nuestra (variante: las demás y mi mamá).

· La mujer es una fracasada a menos que se case y tenga hijos.

· La mujer debe ser una buena esposa y no mirar a otros hombres.

· En la primera relación sexual una mujer no puede quedar embarazada.

· La ausencia del himen prueba que la mujer ya no es virgen.

· La pérdida de la virginidad masculina se acompaña de rotura del frenillo peneano.

· Cuando una mujer dice “no”, en realidad quiere decir “sí” porque le gusta que le insistan.

· Cuando un hombre dice “no”, en realidad es para que lo seduzcan.

· Las relaciones sexuales durante el embarazo pueden perjudicar al embrión.

· El embarazo disminuye el deseo sexual de la mujer por alteración de su imagen corporal.

· La personas mayores no tienen relaciones sexuales porque carecen de deseo sexual.

· A partir de la menopausia, las mujeres pierden el deseo sexual.

· Las poluciones nocturnas indican un trastorno de la sexualidad, o debilidad, o en algunos casos enfermedad.

· El pene grande es indispensable para la gratificación y el placer de la mujer.

· La mujer es frígida por naturaleza.

· La mujer tiene menos necesidades sexuales que el varón.

· Si al hombre le practican una vasectomía, decrece su potencia sexual y se feminiza.

· El deseo sexual del hombre es irrefrenable, si lo reprime, enloquece o enferma.

· Es deber de la mujer satisfacer al compañero.

· El alcohol es un estimulante sexual.

· Cuando una mujer está menstruando no puede bañarse, lavarse la cabeza, practicar deportes, andar en bicicleta o comer ciertos alimentos.

· No se deben mantener relaciones sexuales durante la menstruación.

· A simple vista podemos darnos cuenta si una persona tiene SIDA.

· Los preservativos no son seguros, tiene poros o pequeños orificios por los que pasa el virus del SIDA.

· El sexo oral es asqueroso y propio de prostitutas.

· El sexo oral indica tendencias homosexuales.

· El semen previene las caries.

· Las causas de la homosexualidad son la mala crianza y/o los problemas familiares.

· En la época actual, todos estos estereotipos o mitos ya no tienen ninguna influencia sobre mí.

Campaña de la Transport Accident Commission – 20º Aniversario

Este es una publicidad retrospectiva de las campañas de seguridad vial producidas por la Transport Accident Commission Victoria (Comisión de Accidentes de Tránsito de Victoria), de Australia http://www.tac.vic.gov.au en los últimos veinte años.

El montaje recopila  escenas significativas e imágenes de los comerciales que han ayudado a cambiar la forma de conducir vehículos, todos acompañados por el tema Todo el mundo en movimiento, de REM.

Esta campaña es una oportunidad de revisar algunas de las imágenes que se han grabado en nuestra memoria, recordar a los miles de personas que han sido afectados por un accidente y por recordarnos a todos que por el bien de cada uno, por favor, debemos conducir con cuidado.

(¡Gracias Silvia por enviármelo!)

Jornada reflexiva de protección y prevención en conmemoración a las víctimas de los hechos sucedidos en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004

Información de la Unión de Trabajadores del Estado (UTE), 19.3.2010:

La Legislatura porteña aprobó el jueves 11 de corriente, una ley mediante la cual se instituye el día 30 de marzo como “Jornada reflexiva de protección y prevención en conmemoración a las víctimas de los hechos sucedidos en República Cromañón el 30 de diciembre de 2004″. El artículo 2º bis de la Ley Nº 1.977 establece: “En los establecimientos educativos se realizará una jornada de reflexión sobre los hechos sucedidos y una capacitación en materia de condiciones de seguridad de los locales bailables y planes de emergencia y evacuación”. Cabe señalar que la fecha figura en la agenda educativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Para colaborar con los docentes, les adjuntamos a continuación, dos páginas en las cuales podrán buscar información para poder trabajar el encionado día en las aulas.


www.quenoserepita.com.ar

www.navetrece.com/proyecto-MI-UBA/

Para tomar conciencia: Ante la muerte y la inseguridad en los locales de baile

A la muerte de 194 jóvenes en Cromañón deben sumarse dos jóvenes más que fallecieron por causas evitables, Rubén Carballo en el recital de Viejas Locas y Melisa La Torre en el recital de Las Pastillas del Abuelo. Uno de nuestros objetivos es recordar a toda la sociedad, qué no se respetó en República Cromañón cuando se van a cumplir 5 años y qué deben mirar los jóvenes a la hora de entrar a un local bailable.

QUÉ COSAS NO SE RESPETARON EN CROMAÑON

- El local era un local de baile y paso a ser un micro-estadio sin habilitación.
- Se triplicó la cantidad de personas admitidas.
- Contaba con un entrepiso sin salida al exterior.
- Las salidas de emergencia eran insuficientes (hubo que inventar una alternativa).
- Puerta alternativa se encontraba trabada con candado.
- Los matafuegos se encontraban despresurizados y vencidos, en su gran mayoría.
- Vallas, mesas, barras, escaleras, puertas cerradas obstaculizaban la salida.
- Sistema de ventilación precario e insuficiente.
- Materiales combustibles en el cielorraso.
- Ingresó piroctecnia.
- Carteles indicadores de salida mal colocados.
- Central de alarma contra incendio inutilizada con un chicle.
- Policías que no controlaban.
- Personal de seguridad permisivo y selectivo.

RESULTADO: 194 JÓVENES FALLECIDOS, 4000 SOBREVIVIENTES DAÑADOS DE POR VIDA Y MILES DE FAMILIAS LUCHANDO PARA QUE NO SE REPITA, “Por los que no están, por los que sí están, por los que vendrán”.

QUÉ HAY QUE MIRAR EN UN LOCAL DE BAILE

- No al exceso de gente.
- Indicadores de salida.
- Visualizar puertas y que no estén trabadas.
- Que abran hacia afuera con barra anti-pánico.
- Salidas francas sin obstáculos.
- Ventilación adecuada.
- Protectores contra incendios / Matafuegos.
- No a la pirotecnia.
- Evitar y denunciar las agresiones de patovicas.

BASTA DE TENER QUE ACEPTAR EL DESPRECIO POR LA VIDA DE LOS JÓVENES.
¡¡ES UN APORTE PARA TOMAR CONCIENCIA!!

Familiares de la tragedia evitable de República Cromañón. QUE NO SE REPITA Asociación Civil
http://www.quenoserepita.com.ar/

Curso Especial sobre Cromañón en Ituzaingo.
Intervención en Desastres y Emergencias Sociales – Especial Cromañón
http://quenoserepita.com.ar/foro/viewtopic.php?t=1544
http://www.navetrece.com/proyecto-MI-UBA/

Jay Haley. El arte de ser esquizofrénico


A menudo, suele decirse que ha descendido el nivel de todas las áreas de actividad. Como ocurre con la mayoría de las generalizaciones, ésta puede ser falsa, pero es absolutamente válido para el campo del diagnóstico psiquiátrico. Donde una vez hubo prolijidad y rigor, ahora encontramos un amontonamiento a la buena de Dios de las más diversas enfermedades, como si ya no existiera necesidad de un diagnóstico preciso. El ejemplo más asombroso lo hallamos en el diagnóstico de esquizofrenia. Existió una época en que un hombre era claramente esquizofrénico o no lo era, y las distintas especies estaban cuidadosamente catalogadas y apreciadas. Hoy se pone la etiqueta de esquizofrénico casi a cualquiera. Una rabieta pasajera de un adolescente puede ganarse un diagnóstico de esquizofrenia sin darle al joven la oportunidad de demostrar su verdadera naturaleza y habilidad en ese campo de actividad. No sólo incluimos en esta categoría a gente que no corresponde, sino que nos estamos ahogando en el intento de diluir el diagnóstico hasta hacerlo abarcar a casi todo el mundo. Afrontemos los hechos: ¿Qué diablos es un esquizoide o, peor aún, un estado esquizo-afectivo? ¿No serán estas etiquetas meros compromisos absurdos que señalan la intención de alejar el diagnóstico de la pura y limpia tradición europea, particularmente la alemana? Ya es hora de revisar los requisitos que debe cumplir una persona para merecer realmente este diagnóstico, con el objeto de eliminar sin más a los falsos competidores y trazar una clara línea divisoria entre la esquizofrenia y otras enfermedades. Aplicar el término “esquizofrenia” a cualquiera que vaga por el hospital con aspecto de chiflado equivale a traicionar a todos los individuos que trabajaron duro y con empeño para conseguir esa enfermedad.

La familia adecuada

Admitir que no todo el mundo puede llegar a ser esquizofrénico es un gran adelanto. Actualmente cualquier diagnosticador competente, para distinguir al esquizofrénico verdadero de los falsos, tomará en cuenta el ambiente del paciente. Después de todo, para ser esquizofrénico resulta imprescindible haber nacido en la familia adecuada; logrado esto, todo lo demás puede ocurrir. Sin embargo, no podemos elegir a nuestros padres; son un regalo del cielo. Las personas que intentaron sufrir de esquizofrenia sin poseer los antecedentes familiares adecuados fracasaron en todos los casos. Pueden desencadenar una conducta psicótica en situación de combate o cuando se hallan en alguna otra situación loca y difícil, pero parecen ser incapaces de mantenerla cuando el medio se tranquiliza. Es posible decir lo mismo sobre la gran cantidad de drogas fascinantes consideradas equivocadamente como inductoras de psicosis. La influencia de la droga no alcanza la esencia de la experiencia: además, su efecto desaparecerá rápidamente. El cordero ocasional que se las ingenia para ser esquizofrénico cuando se ha disipado el efecto de la droga, es fácilmente separado de las ovejas que vuelven a la normalidad; proviene de la familia adecuada y es probable que se hubiese vuelto esquizofrénico aún sin el beneficio de la investigación médica.
Las revistas profesionales han descrito muchas veces el tipo de familia a la que se debe pertenecer para llegar a ser esquizofrénico. Estos informes científicos pueden resumirse diciendo que, por separado y en la calle, los miembros de la familia no se podían distinguir, pero al reunirlos a todos, los rasgos sobresalientes se evidencian de inmediato: una rara desesperación informe, cubierta de una capa de esperanza lustrosa y buenas intenciones que ocultan una lucha a muerte por el poder, todo bañado por una cualidad de confusión constante.
Al observar a la familia, su figura central, la madre, llama inmediatamente la atención, y se hace evidente que el esquizofrénico le debe su flexibilidad y exasperante habilidad para frustrar a la gente que intenta ejercer alguna influencia sobre él. Así como el hijo de una pareja circense aprende de sus padres a maniobrar sobre la cuerda, también el esquizofrénico aprende de su madre a hacer acrobacia en las relaciones interpersonales. Para llegar a ser esquizofrénico, un hombre debe haber tenido una madre poseedora de una gama de conductas sólo igualada por la mejor de las actrices. Cuando se la molesta (hecho que puede ocurrir ante cualquier sugerencia que se le haga) es capaz de sollozar, amenazar con la violencia, expresar un condescendiente interés, amenazar con volverse loca, ser buena y piadosa y asegurar que desaparecerá del país si le dicen una sola palabra más. Cuando se enfrenta a este tipo de madre con el horrible hijo que crió, es capaz de decir inocentemente que ella no tiene la culpa, ya que durante toda su vida jamás hizo nada para sí misma y en cambio, hizo todo para su hijo. El comentario de una madre puede ejemplificar este efecto de halo: “Una madre se sacrifica, si usted fuese una madre lo sabría, como Jesús con su madre, una madre sacrifica todo por su hijo”.
Es obvio que estas madres no son fáciles de hallar y probablemente no representan más que el veinte por ciento de las mujeres. No obstante, para el verdadero florecimiento de la esquizofrenia, tampoco es suficiente una madre semejante. Para compensar la flexibilidad otorgada por la madre, el esquizofrénico debe tener un padre que le enseñe a mantenerse imperturbable. Este padre tiene una terquedad inigualable entre los hombres (posee también la habilidad de mantener a su mujer en un estado de desesperación exasperada que ayuda a ésta a utilizar toda la gama de conducta que posee). Ocasionalmente, cuando aparece y está sobrio, el padre puede decir: “Tengo razón, Dios sabe que no me equivoco, lo negro no es blanco y usted también lo sabe en el fondo de su corazón”. Es difícil encontrar este tipo de padre en la población, en especial porque casi nunca está en su casa.
Cuando se considera la rara posibilidad de que se encuentren un hombre y una mujer tan atípicos, y la posibilidad aún más asombrosa de que copulen, comprendemos de inmediato que la incidencia de la verdadera esquizofrenia sobre la población no pueda ser elevada. (Es frecuente que esos padres informen que sólo tuvieron relaciones sexuales cuando uno o ambos dormían y por eso tuvieron que casarse, pero aún considerando esta posibilidad, la baja incidencia de la esquizofrenia no se modifica.)
Por último, es importante, aunque no esencial, que un esquizofrénico tenga un cierto tipo de hermano o hermana; el tipo de persona que se hace odiar de inmediato –el que hace todo bien, alumno modelo, un dulce débil y amable hijo de puta que sirva de contraste, para que el futuro esquizofrénico aprenda a ser el perfecto idiota que la familia espera que sea.
Dado ese despliegue de talento a su alrededor, se podría pensar que un individuo situado en semejante constelación familiar se volvería inevitablemente esquizofrénico. Sin embargo, esto no sucede; no todos los hijos de esas familias se vuelven locos. El esquizofrénico no sólo debe pertenecer a esta familia; además, debe mantener en ella cierta posición y cumplir ciertas funciones vitales durante un período prolongado de tiempo; como cualquier artista, necesita varias horas de práctica por día durante varios años.
La posición dentro de la familia consiste en ser el hijo elegido por los padres, ese hijo especial del que se esperan hechos notables por razones relacionadas con sus propios y oscuros pasados. Todo lo que este hijo hace adquiere para los padres una importancia exagerada y pronto aprende que puede desencadenar un terremoto en la familia con sólo tocarse la nariz.
El poderoso reflector que los padres mantienen permanentemente sobre él es tan intenso que, si se desvía del esquizofrénico a u hermano, éste se desintegra como la cabeza de un fósforo colocada bajo un vidrio ardiente.
La función primaria del esquizofrénico consiste en ser el fracaso de la familia, y serlo de manera notable. Los padres se consideran desechos insignificantes, almas perdidas incapaces de ningún logro humano (aunque muchos de ellos se convierten en científicos bastante buenos). Para sobrevivir, entonces, necesitan tener ante sus ojos al hijo esquizofrénico como ejemplo de un fracaso más rotundo que el propio; de este modo, no se sienten tan hundidos ante los ojos del mundo. El chico puede cumplir esta función fácilmente; sólo necesita fracasar en cualquier cosa que intente. El esquizofrénico corriente muestra su talento adquiriendo una habilidad poco común en ese campo, mientras que también, a intervalos regulares, demuestra que, si quisiera, podría hacer las cosas muy bien, brillando bajo la luz admirativa de los padres y dándoles al mismo tiempo suficientes razones para sentirse decepcionados.
El esquizofrénico, además de ser el punto central de los padres, ocupa una posición clave en la ciénaga que constituye la red familiar. Recuerda la formación de saltimbanquis que hacen equilibrio de pie sobre los hombros de los otros, construida sobre un solo hombre que sostiene todo el edificio. El chico, atrapado en el conflicto familiar, también está mezclado en la lucha triangular entre su madre y la madre de ésta, su padre y la madre de éste y los tantos otros conflictos generacionales que surgen en estas familias. (Cuando el esquizofrénico toma partido por su madre contra el padre, éste sólo puede protestar débilmente, ya que él mismo toma partido por su madre en contra de su esposa.)
El esquizofrénico corriente se ha pasado la vida equilibrando distintos triángulos familiares conflictivos, todos centrados en él, de modo que cualquier cosa que diga o haga en un triángulo tiene repercusiones sobre otro. Si hace algo para agradar a sus abuelos, molestará a los padres y, si está de acuerdo con algunas personas, despertará el antagonismo de muchas. Por lo tanto, debe aprender a comunicarse de tal modo que deje a todos satisfechos, diciendo algo y descalificándolo por medio de un enunciado conflictivo y sosteniendo luego que no fue eso lo que quiso decir. Este complicado modo de adaptación hace que su conducta parezca un poco extraña.
El esquizofrénico aprende pronto, por supuesto, que manejando los triángulos con habilidad, puede adquirir una posición de extremo poder. No es posible exagerar la importancia de su habilidad en este juego; por ejemplo, una adolescente esquizofrénica, precoz como la mayoría de los esquizofrénicos, dijo: “Mis padres y yo formamos el eterno triángulo”, y demostraba su habilidad al meterse en la cama de los padres y echar de allí a la madre (mientras el padre protestaba débilmente que la madre debía haber cerrado la puerta de la habitación con llave). Al esquizofrénico le resulta obvio lo que los investigadores en ciencias sociales acaban de descubrir: las verdaderas perturbaciones de la vida humana surgen cuando se producen alianzas secretas entre generaciones y otras jerarquías de poder (se trata de la Segunda Ley de las Relaciones Humanas). El esquizofrénico es un maestro en crear alianzas entre distintas generaciones. Puede rechazar la unión con contemporáneos, pero se unirá en cambio a uno de sus padres o abuelos; incluso se han conocido casos donde lograron introducir a un bisabuelo en el conflicto familiar.
La responsabilidad fundamental del esquizofrénico consiste en mantener unida a la familia. Aunque los investigadores en ciencias sociales, incluyendo a los terapeutas de familia, no tienen la más vaga idea de cómo prevenir la desintegración de una familia, el niño esquizofrénico lo logra fácilmente. Su deber consiste en utilizar su aguda percepción y habilidad interpersonal para mantener el sistema familiar en un equilibrio estable, aunque éste sea un estado de constante desesperación. La importancia de esta función se evidencia en las raras ocasiones en que el esquizofrénico abandona su enfermedad, se normaliza y se aleja de la familia. Los padres se derrumban de inmediato, sienten que la vida pierde sentido y se disponen a divorciarse (pidiendo débiles disculpas a sus propios padres por haber sido mejores padres que ellos).
El niño esquizofrénico evita el divorcio de los padres y la desintegración familiar de un modo bastante simple: les facilita una excusa para permanecer juntos, ofreciéndose como problema en común. Cuando surgen leves amenazas de separación, se muestra triste, permitiendo que permanezcan juntos. Cuando los padres se hallan constantemente al borde de la separación, el niño debe presentarse como un problema aún más grave. Rápidamente aprende entonces a comportarse: unos pocos manierismos y muecas en situaciones poco apropiadas son de gran ayuda, como también quedarse mudo y hacer movimientos raros con las manos acompañados de un ocasional chillido idiota. Si ya se encuentra en edad escolar, debe mostrarse incapaz de existir fuera de la familia; por lo tanto, los padres deben permanecer juntos para consolarlo, puesto que representan su única fuente de vida. Al convertirse en el problema familiar, el niño exige que los padres permanezcan juntos para salvarlo, se ofrece como excusa para que se soporten mutuamente y además, representa un desafío. Los padres sienten que deben ser perfectos y, el extraño comportamiento del hijo despierta en ellos la determinación de curarlo, creando aún más razones para continuar la asociación familiar.
El esquizofrénico también actuará con rapidez si los padres amenazan con demostrarse afecto, actitud que provocaría un cambio familiar (y pánico en los padres). Si el padre muestra la intención de extender la mano hacia la madre, el niño debe orinarse al instante, o decir: “Quiero visitar a la abuelita”, introduciendo en escena a la madre del padre, hecho que siempre origina una discusión.
Cuando el esquizofrénico tiene edad suficiente como para percibir que su familia desafía las normas culturales, comienza a funcionar como el símbolo de esa diferencia. La manera peculiar en que elige expresarse al respecto, unirá más a los padres y atraerá la atención de la comunidad despertando la necesidad de ayudar a la familia. La técnica consiste en utilizar la parodia. Desde hace tiempo se sabe que, si se trata de parodias, los esquizofrénicos son los seres más hábiles del mundo, y se ha dicho que parodian los peores aspectos de la sociedad. Esto es darles demasiada importancia; simplemente parodian a sus familias. Por ejemplo, si los padres afirman ser muy religiosos mientras se comportan de un modo muy poco religioso, el esquizofrénico se dejará crecer la barba y quemará las palmas de sus manos con cigarrillos. Si esto no llama suficientemente la atención –algunos padres juzgarán esta conducta como lúcida- se paseará entonces por el vecindario arrastrando una enorme cruz. Los padres, cuya pasión es mantener sus asuntos en secreto, no siempre interpretan esa actitud como positiva, pero en este caso no pueden acusar al hijo de mal comportamiento cuando sólo se está esmerando en ser más religioso que ellos. Igualmente, si entretienen sus mentes con sucios pensamientos mientras afirman ser terriblemente puritanos, el esquizofrénico condenará ostentosamente las malas palabras, diciéndolas e incluso escribiéndolas en la calle.
La habilidad con que un esquizofrénico consigue que la atención se centre sobre un problema familiar mientras se desprende simultáneamente de la responsabilidad, queda ilustrada de modo magistral por sus comentarios verbales. El comentario ideal es tan ambiguo como el que podría enunciar la madre; debe llegar al corazón de los padres pero sin que puedan saber con seguridad si un extraño podría entenderlo. Por ejemplo, una hija esquizofrénica que escuchaba los comentarios de los padres sobre la felicidad que reinaba en la familia, exceptuando a esta hija desdichada, dijo: “Sí, pero ¿no serían más felices, tú y papá, si no se pelearan tanto?” Si bien fue una manera de poner en evidencia la necesidad de ayuda de los padres, también fue un golpe bastante burdo e inhábil que no merece ser llamado esquizofrénico. La grosería directa puede atribuirse a un control defectuoso de la ira. El esquizofrénico con más experiencia puede controlar totalmente la expresión de sus sentimientos y aparentar desconcertantes afectos aún cuando los médicos le claven alfileres mientras lo exhiben como enfermo. Sólo podemos aplaudir a un hijo que en el Día de la Madre envió a la suya una tarjeta con la siguiente inscripción: “Has sido siempre como una madre para mí”, y a una hija que, al entrar al consultorio del psiquiatra junto a la madre y al padrastro, dijo fríamente: “Mamá tuvo que casarse y ahora tengo que venir aquí”.
Cuando la familia amenaza con disolverse, el esquizofrénico debe estar dispuesto a llegar a cualquier extremo, incluso a una actividad insana que involucre a los vecinos y a la policía. El rol, que el esquizofrénico acepta, de mantener unida a la familia explica que –a pesar de su habilidad y aguda percepción- permite que se lo arroje a un hospital psiquiátrico. Cuando la crisis alcanza el punto donde se abrirá una brecha insalvable, la conducta psicótica representa el último recurso. Ante esta situación extrema los padres se unen para compartir la carga: un hijo realmente desgraciado que los obliga a afrontar juntos a la comunidad, la que insiste en que algo debe hacerse y que permite que la familia lo convierta en el depositario de todas las dificultades pasadas y presentes. El episodio psicótico es simplemente una versión más extrema de la conducta que el sujeto despliega ante las crisis familiares, pero esta vez la precipita en una situación que le exige desplegar toda su habilidad: el tratamiento. Antes de analizar el talento necesario para sobrevivir en el hospital, consideraremos el entrenamiento con que llega, con la cara sucia, despeinado y preparado para entrar en la institución que se convertirá en su tumba.
Resumiendo: el esquizofrénico debe provenir de la familia adecuada y tener los padres apropiados como modelo. Debe haber aprendido a manejar y equilibrar triángulos familiares conflictivos y ser lo suficientemente perceptivo como para no resbalar en un pantano de trampas y desesperación. Debe haber aprendido a soportar ser el centro de la atención más intensa; otros niños son a veces ignorados por los padres, pero cada palabra y acción del esquizofrénico lo perciben ellos como algo personal. Como resultado, adquiere gran habilidad en ocultar sus emociones, indicando que no es responsable de sus actos, sino que estos simplemente ocurren; debe saber percibir las amenazas implícitas en cada situación y adquirir la capacidad de estabilizar cualquier sistema en el que esté comprometido, aceptando el papel de chivo expiatorio para sostener las insuficiencias de los que lo rodean. Es fácil concluir, entonces, que contadas personas pueden cumplir con los complicados requisitos del esquizofrénico tipo. Existe todavía una última exigencia que elimina a la mayoría de los competidores, ya que tan sólo algunos grandes políticos y líderes religiosos del pasado poseyeron la poderosa estructura del carácter y la determinación del esquizofrénico. Está decidido a dedicar su vida a una cruzada empecinada y absoluta que consiste en no soltar jamás a su familia. Los millones de afrentas sufridas no serán perdonadas hasta el fin de sus días. Aún si la ley lo obliga a separarse de sus padres, les recordará continuamente –si es necesario, por medio de extrañas cartas- que lo han vuelto loco y que tiene la intención de seguir estándolo. El único riesgo que corre es curarse, porque esto significaría que ha perdonado a su familia; el verdadero esquizofrénico, con una fuerza de voluntad fraguada en un billón de conflictos, no ofrecerá ese perdón ni ante el más desgarrado pedido de clemencia. Así como el verdadero cruzado perseguía tenazmente al Santo Grial por sobre los cuerpos de los infieles, el auténtico esquizofrénico permanecerá ligado a su familia a cualquier precio y mediante todos los medios posibles para que sus padres, en su lecho de muerte, aún tengan presente el desastroso resultado de su paternidad.

El hospital adecuado

La esquizofrenia sólo puede florecer totalmente en un hospital psiquiátrico. Así como una planta alcanza el nivel óptimo de crecimiento en la tierra bien abonada, también el esquizofrénico logra su verdadera realización en las salas cerradas de las instituciones psiquiátricas. Sin embargo, su primera reacción a la hospitalización consiste en una empecinada objeción; sólo reconoce los méritos de la institución luego de un cierto tiempo de encarcelamiento. Más adelante, es casi imposible sacarlo de allí. En ninguna parte encontrará un medio tan similar a la vida en el hogar compuesto por opositores que, comparados con los miembros de su familia, sean tan inhábiles.
El hospital psiquiátrico tipo ha sido descrito en los trabajos profesionales. Se puede resumir diciendo que el rasgo sobresaliente del ambiente en una institución psiquiátrica consiste en una rara desesperación informe, cubierta por una capa de esperanza lustrosa y buenas intenciones que oculta una lucha a muerte por el poder entre pacientes y personal, todo bañado por una cualidad de confusión constante. El arte básico de la esquizofrenia yace en la capacidad genial para manejar luchas de poder; por supuesto, en un hospital psiquiátrico el problema del poder es central. No debería pensarse que entre el paciente y el personal se da una lucha desigual. Es verdad que este último posee drogas, baños de agua fría, tratamientos de shock (insulínico y eléctrico), operaciones cerebrales, celdas de aislamiento, control de alimento, todos los privilegios y la posibilidad de formar pandillas compuestas por ayudantes, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos y psiquiatras. El esquizofrénico carece de todos estos instrumentos de poder, incluyendo la autorización de tácticas de grupo (ya que es esencialmente un solitario), pero en cambio posee su estilo, sus palabras y una fuerza de voluntad enorme. También adquirió un intenso entrenamiento conviviendo con una familia compuesta por la gente más difícil del mundo. Una persona normal se desintegraría o capitularía al enfrentarse al ataque organizado del personal de una institución psiquiátrica; el esquizofrénico mide la situación de una sola ojeada y aprovecha sus oportunidades. Aún desconcertado ante la traición cometida con él al internarlo, es capaz de enredar a su familia en una discusión con el personal hospitalario antes de ser despojado de sus ropas civiles, su dinero y su permiso de conducir.
La primera lección que aprende en el hospital consiste en que debe obedecer las órdenes de los ayudantes. Su primera reacción es no hacerlo, ya que jamás siguió las indicaciones de los demás; sería ir en contra de la tradición familiar. Sin embargo, los asistentes no pueden tolerar a los recalcitrantes, ya que su deber es vigilar el buen funcionamiento del hospital. Por lo tanto, cuando el esquizofrénico rehúsa obedecer una orden, el asistente le pega con todas sus fuerzas en el estómago; esto asombra al paciente y le hace reflexionar sobre la forma de transformar y dominar la situación. Pronto aprende que es imposible: no puede dar a conocer un golpe. Si el paciente se queja, el asistente niega el hecho y el médico simula creerle. A la noche, el asistente le pega dos veces con todas sus fuerzas en el estómago llamándolo alcahuete. Desde ese momento, el esquizofrénico obedece al asistente; de todos modos, aún en esas circunstancias evidencia su valor al obedecer de un modo inconexo, como si no hubiese escuchado la orden y sólo la cumpliera por casualidad. En los hospitales más modernos y progresistas no se permite a los asistentes golpear a los pacientes. El asistente debe informar que el paciente no puede controlar su hostilidad para que el médico lo golpee en la cabeza con una máquina de shock. Este procedimiento cumple con los requisitos exigidos por las inspecciones médicas, que saben reconocer el verdadero tratamiento médico. Recientemente los hospitales han intentado incapacitar al esquizofrénico atosigándolo de drogas hasta que se le salen los ojos de las órbitas y deja de saber dónde se encuentra. Obnubilado por poderosas drogas, su aguda percepción se empobrece y pierde parte de su habilidad en la lucha por el poder. Sin embargo, con el tiempo se hace inmune a las drogas. La tendencia reciente en los hospitales es volver a la máquina de shock.
Después de un primer encuentro con la fuerza bruta de la estructura hospitalaria, el esquizofrénico otea calculadoramente el juego básico que debe realizar para sobrevivir y conservar su propia estima. Pronto advierte que las novedades son pocas; todo resulta semejante a la vida en el hogar.
La primera debilidad que descubre en la estructura hospitalaria es la misma que existía en su familia: la madre insistía en que todo lo hacía por él, asimismo, todo lo que se hace en el hospital se dice que es en beneficio del esquizofrénico. Esta situación conocida es la que le permite sabotear la institución. La madre organizaba las cosas de acuerdo con su propia conveniencia, pero afirmaba que lo hacía pensando en el hijo; toda la actividad hospitalaria que se realiza para comodidad del personal, ya sea obligar a los pacientes a levantarse a las seis de la mañana o cortarles pedazos de cerebro, se justifica afirmando que es beneficiosa para el esquizofrénico. Cuando se manifiesta tal consideración, el paciente hábilmente se muestra confuso, desorientado y delirante. Si le dicen que debe estar a las nueve en la cama porque necesita descanso y no para conveniencia del personal) experimentará terrores nocturnos que alborotarán la sala hasta una hora de reposo más razonable. Cuando recibe el pesado puño del asistente o la pesada mano del psiquiatra sobre la máquina de shock para aplacarlo, el esquizofrénico ha logrado demostrar que las nueve de la noche es una hora que le conviene al hospital. El arte de colgar a un psiquiatra de su propia benevolencia se ilustra con el siguiente ejemplo: un médico no podía soportar que los pacientes se pasearan por la sala, mostrándole su incapacidad para curarlos. Por lo tanto anunció que, por el bien de los pacientes, estos debían pasar todo el día fuera de la sala tomando fresco. Un paciente se negó a salir cuando lo obligaron a hacerlo, caminó derecho hasta chocar con un árbol, y allí se quedó, frente a la ventana del médico, con la frente apoyada contra el árbol hasta que el exasperado psiquiatra lo obligó a entrar nuevamente.
El hospital también ofrece al esquizofrénico la confortable sensación de estar en familia por la semejanza en las estructuras de poder. Así como la madre simulaba que el padre manejaba las cosas mientras en realidad lo ignoraba, también la enfermera hace ver que el psiquiatra de la casa dirige las cosas, cuando es ella quien lo hace. El esquizofrénico, por otra parte, descubre que, al igual que su padre, el psiquiatra nunca está disponible ya que, por supuesto, no tiene ni tiempo ni ganas de hablar con el paciente. Advierte entonces que el entrenamiento adquirido creando conflictos entre los padres le resulta sumamente valioso en el hospital; allí puede crear situaciones conflictivas entre la enfermera y el psiquiatra mediante mínimas maniobras. La confusión existente entre médico y enfermera respecto de su posición oficial y la real puede explotarse mediante métodos bastante simples. Por ejemplo, cuando el médico solicita al paciente que sea más activo, éste le dirá que la enfermera no se lo permite. El médico responde que él es quien toma esas decisiones, pero su trato con la enfermera se modifica y ésta piensa que quizá lo ha molestado sin explicarse cómo. Si la poca perspicacia del personal obliga a llegar a situaciones extremas, el paciente puede ponerse a gritar cada vez que se le acerca alguna persona en particular, y logra así que todos los demás sospechen de ella.
La capacidad adquirida por los esquizofrénicos con el manejo de alianzas generacionales también resulta de gran utilidad en el hospital. Puede unirse al médico en contra de le enfermera, a la enfermera contra el ayudante, al asistente social contra el jefe de la sala, al jefe de la sala contra el administrador del hospital, a todo el personal contra la familia, etc. Ciertos esquizofrénicos más hábiles escaparán una que otra vez y pondrán a la comunidad y a la policía contra el hospital. En las raras ocasiones en que se asigna un psicoterapeuta a un esquizofrénico, éste puede manejarse con la confusión absoluta que reina en la estructura de poder del personal. Al terapeuta, al igual que a la madre, se le puede persuadir a solicitar un trato especial para su paciente o que, al menos, se le comprenda mejor; el jefe de la sala, del mismo modo que el padre, rezongará inútilmente que el paciente debe hacer lo que se le ordena, mientras la enfermera protesta que, a pesar de lo que dice el paciente, ella no desapareció de la sala durante dos horas dejándolo desatendido y el ayudante afirma que el paciente delira cuando insiste en que aquél le pegó en el estómago durante la noche. Estos períodos de excitación alternan con largos días de aburrimiento, al igual que en el hogar.
Cada vez que se aburre demasiado, el esquizofrénico tiene la posibilidad de crear acción para animar la vida de la sala. En efecto, muchos pacientes descubrieron que pueden lograrlo al dejar de hacer alguna cosa; por ejemplo, dejar de comer. Así como la madre se dejaba llevar por el pánico si su pobre hijo ignoraba su comida y no se alimentaba, también el personal del hospital sufre una gran ansiedad, si el paciente deja de comer. Harán reuniones, cambios en la medicación, exámenes físicos, acudirán a la máquina de electroshock, desplegarán intensos esfuerzos para convencerlo y por último, lo alimentarán con sonda. Antes de llegar al punto fatal, el paciente comenzará a comer. Algunos esquizofrénicos inteligentes harán coincidir el momento de alimentarse con la ingestión de una nueva droga recetada por el médico. Como el personal está siempre a la espera de una pastilla que cure todos sus problemas, se regocijan con el éxito de la nueva droga, sólo para descubrir que los demás pacientes no responden a su administración y que los esquizofrénicos los han engañado de nuevo.
En el hospital, el esquizofrénico conserva la misma posición y función que en el hogar. El personal de una institución psiquiátrica está formado por personas que se sienten los parias de la profesión, desechos insignificantes incapaces de ningún logro humano. Por lo tanto, para sobrevivir, necesitan rodearse de personas más incompetentes que ellos. Conviviendo con los esquizofrénicos expertos en fracasos, se sienten un poco más elevado ante los ojos del mundo. Desde el director del hospital, que patea a su asistente cuando se irrita, pasando por toda la estructura jerárquica, hasta llegar al asistente que patea al paciente cuando se irrita, toda la estructura requiere la existencia de ese alguien de ese alguien ante el cual todos los demás puedan sentirse superiores; ese lugar lo ocupa el esquizofrénico. Como en el hogar, las dificultades y rencores de los integrantes del personal pueden atribuirse al trato con una persona tan difícil como el esquizofrénico, de modo que su valiosa función de chivo expiatorio sirve para mantener la cohesión de toda la estructura.
No debe pensarse que cualquiera, ni siquiera gente con otros problemas psiquiátricos, puede llegar a cumplir la función del esquizofrénico. Se necesita entrenamiento, persistencia e ingenio. También se necesita valor, ya que los riesgos son grandes. El esquizofrénico no sólo se enfrenta diariamente a la posibilidad de sentir el puño del ayudante o la máquina de shock del médico, sino que además vive bajo la amenaza del aislamiento absoluto en una celda, o de que los médicos le claven un bisturí en el cerebro como último recurso. Estos peligros son la sal de su vida y le exigen un estilo particular de conducta, conocido médicamente como sintomático de la persona hospitalizada. Si se enfurece justificadamente o se rebela abiertamente contra la institución, recibirá terribles castigos por su propio bien; por lo tanto, el esquizofrénico debe comportarse como una persona difícil, pero demostrando que no es él quien se comporta así y que además no puede remediarlo; ésta es la definición de la enfermedad mental. Los integrantes del personal se resisten a ser muy duros con él ya que no puede evitar ser como es; deben, entonces, resignarse a saberlo llevar: ésta es la definición del tratamiento del tratamiento de los enfermos mentales. La forma más elemental de crear problemas sin responsabilizarse por ellos consiste en decir que uno es otra persona; por eso los alias son comunes entre los esquizofrénicos. Sin embargo, un mero alias no es suficiente; debe quedar claro que se trata de un alias; por ejemplo, un paciente que se llame a sí mismo Jacqueline Khruschev. Otra alternativa es afirmar que la conducta tuvo su origen en otra parte y por lo tanto uno no merece el castigo. Una buena artimaña para lograrlo consiste en decir que la orden la emitió “una voz”. Si se dice que el que habla es el Señor, es posible hacer cualquier crítica al personal, incluso acusar a una enfermera puritana de tener malos pensamientos. La enfermera deberá preguntarse si sería correcto poner al Señor en la máquina de shock. Otro procedimiento consiste en comportarse realmente como un loco; así, nadie podrá pensar que uno es responsable de molestar al personal. Una forma de hacerlo es mostrarse desorientado en el tiempo y el espacio, técnica particularmente efectiva si lleva aparejada una crítica al personal. Afirmar que el lugar es una prisión del siglo diecisiete indica que uno está demasiado loco como para tener la culpa de algo; además, como la semejanza de la mayoría de los hospitales con una prisión del siglo diecisiete es tan grande, la afirmación crea sentimientos de culpa en el personal. Así, con una sola maniobra bien pensada es posible escapar de la culpa y crearla en los demás. A veces se puede crear culpa al mostrar una desorientación más irónica, diciendo, por ejemplo, que el hospital es un palacio y el médico un rey, consternándolo con la comparación. Un tercer procedimiento consiste en hacer comentarios cáusticos y reírse estúpida y estruendosamente; ¿quién puede castigar a un idiota semejante? No, no lo castigarán y, sin embargo, los comentarios alcanzarán a su destinatario. También es posible acusar mediante actos sin palabras. Cuando un esquizofrénico se pone contra la pared con la cabeza colgando y los brazos en cruz, el personal sospecha que se lo acusa de crucificar al paciente, pero la comunicación se realiza de tal manera que le impide aceptar o rechazar la acusación o culpar al esquizofrénico; en esto consiste el verdadero arte de la esquizofrenia.
Estos pocos procedimientos sencillos pueden parecer limitados, pero un paciente hábil los utilizará de diversas maneras. Cuando finalmente obliga al personal a emplear la fuerza bruta, es lógico que éste se sienta culpable por aprovecharse de una pobre víctima indefensa incapaz de controlarse. Sin embargo, suponer que el personal sienta culpa sería subestimar su educación. Después de todo, los psiquiatras recibieron una educación humanística en la escuela de medicina y cumplieron su residencia en psiquiatría. Son, por lo general, hombres bondadosos que se esfuerzan por hacer lo mejor y que siguen reglas civilizadas en su trato con los seres humanos. Debido a su educación y conocimiento de la historia del hombre, tienen la posibilidad de emplear un ardid utilizado por todos los hombres civilizados cuando se ven envueltos en la lucha a muerte por el poder: definen a los otros como subhumanos y entonces no vale. El bondadoso sureño puede golpear al negro y el bondadoso guardián de los campos de concentración alemanes puede arrojar a la gente a las cámaras de gas siempre que no los considere seres humanos. El conocimiento de esta tradición ayudó a los psiquiatras, en particular a los de orientación europea, a considerar al esquizofrénico como una cosa, una masa orgánica desconectada de la realidad, a la que no se aplican las reglas de la civilización. Si se adopta este punto de vista y se lo convierte en una teoría de la psicosis, el personal de la institución puede aceptar que el paciente no es responsable de los problemas que crea porque en realidad no es una persona; por lo tanto, golpearle la cabeza con electroshock o encerrarlo en una celda aislada son para él procedimientos claramente necesarios para enderezar a la bestia. Sólo se pueden enfrentar a él de igual a igual afirmando que las reglas civilizadas no se aplican al esquizofrénico, puesto que éste no está dispuesto a respetar ninguna. El paciente, llevado por su tremenda desesperación, llegará a cualquier extremo de degradación, logrando así una gran ventaja en ese enfrentamiento. El personal se enfrenta con alguien que posee una extraordinaria perseverancia y habilidad para innovar. Aún si lo arrojan desnudo dentro de una celda vacía y a prueba de ruidos, no lograrán incapacitarlo. La gente corriente embarcada en una lucha por el poder necesita a sus amigos, tener muebles a mano para arrojar o por lo menos contar con la posibilidad de insultar; ante una situación semejante, se derrumbaría. El esquizofrénico, en cambio, encerrado y sin posibilidad de ser escuchado, encuentra de todos modos la forma de expresar su opinión sobre el personal provocándolo aún más. Empleará los productos de su cuerpo, orinando sobre la puerta y defecando en el piso, y dibujará al personal sobre las paredes con lo que considera el material adecuado.
Como el medio hospitalario es variado, desde agradables salas para mostrar a las autoridades visitantes hasta las miserables salas traseras dirigidas por enfermeros y ayudantes sádicos, es importante que el paciente aprenda a conseguir que se lo maltrate sólo si él lo decide. No le importan las desventuras provocadas por él mismo, pero no le agrada que los demás tomen la iniciativa. Para lograrlo, hará un diagnóstico del personal para descubrir las áreas que pueden ser provocadas. Por otro lado, el personal también debe estimar la habilidad del paciente para saber qué puede esperar de él. Esta necesidad produjo psicólogos dispuestos a someterlos a tests para que el personal conozca los puntos débiles del paciente y pueda obtener ventajas. Sin embargo, los esquizofrénicos no se dejan engañar, como la gente normal, por el aroma de pseudociencia que exudan los poros del psicólogo; de inmediato perciben que ese individuo sentado amablemente entre ellos, que les pide que comenten unas manchas de tinta, no tiene las mejores intenciones. En efecto, el esquizofrénico sabe que sus comentarios sobre las manchas de tinta se utilizarán en su contra afectando su carrera hospitalaria de un modo que no puede predecir. Entonces, si es hábil, cuida sus palabras. Enfrentado a una situación tan ambigua como la del hogar, con los mismos efectos desastrosos en caso de equivocarse, evitará describir algo coherente, porque sabe que harán uso de su coherencia. En cambio, señalará algunas partecitas de la lámina por separado sin conectarlas entre sí. También evitará mencionar las figuras humanas que ve, aunque se parezcan al psicólogo, porque ignora si los seres humanos que detentan el poder se ofenderán ante sus comentarios. El esquizofrénico con más confianza en sí mismo jugará con el texto, diciendo rarezas con el fin de borrar la expresión vacía de la cara del psicólogo: jugará con la imagen de un murciélago ya que supuestamente él está chiflado, y hará referencias indirectas a la violencia para demostrar que conoce la amenaza que el test oculta. Señalará indirectamente que mirar manchas de tinta resulta un poco estúpido, de modo que debe existir algún motivo oculto para hacerlo. El psicólogo queda satisfecho con el protocolo porque descubre respuestas originales, sin saber que la situación en que se halla el esquizofrénico también es de por sí bastante original. Se parece al hombre blanco del Sur que, ante un individuo que se mueve incómodo, se rasca la cabeza y dice “Sí, patrón”, concluye que los negros son ignorantes, sin percatarse del contexto que transforma esa conducta en la más adecuada.
Como la formación de los psicólogos los incapacita para examinar los contextos, escriben en el informe que el paciente se muestra confuso, asocia de modo inconexo, tiene una percepción distorsionada, hostilidad reprimida y un yo débil. Esta descripción científica de los resultados del test se entrega al personal que lo utiliza, tal como lo pensaba el paciente, para determinar su situación y el trato que se le dispensará.
Si bien la esquizofrenia es un juego peligroso, también tiene un aspecto llevadero. Por ejemplo, en ciertas ocasiones es posible que el paciente reciba psicoterapia. Aunque en la sala hay tantos pacientes que los psiquiatras no tienen tiempo de hablar con ellos (y si lo tuvieran no sabrían de qué hablar), la mayoría la mayoría de los hospitales informan en sus folletos publicitarios que no son meras prisiones, ya que poseen un programa terapéutico. Éste consiste en reuniones de terapia de grupo coordinadas por asistentes sociales. La función de estas reuniones consiste en: a) enemistar a los esquizofrénicos entre sí para que se ocupen menos de engañar al personal; y b) dar a las asistentes sociales la sensación de ser útiles y, además, permitirles desahogarse con los pacientes de lo que sintieron al tratar de lidiar con los familiares de los mismos. El esquizofrénico utiliza con frecuencia las reuniones grupales para agudizar y ampliar sus técnicas verbales o para practicar sutiles variaciones de su conducta repetitiva, ya que es un maestro en repetir la misma conducta hasta distraer por completo al personal. Se conoce el caso de un paciente que en el período de dos años dijo: “Creo que no puedo pensar bien” dos millones setenta y tres veces.
En el hospital donde los médicos realizan su internado psiquiátrico el esquizofrénico tiene la posibilidad de que un residente lo trate en psicoterapia individual. La profesión considera importante que esos jóvenes comiencen a entrenarse con esquizofrénicos para que cualquier problema que deban afrontar más tarde al amasar sus fortunas con la práctica privada les resulte un anticlímax. Los residentes forman un grupo peculiar. Eligieron la psiquiatría porque temían volverse locos y porque creyeron que les podría ser útil o porque no pudieron apasionarse con alguna otra especialidad médica, como la proctología, acudiendo a la psiquiatría a falta de otra cosa. Una vez que se enfrentan con la práctica descubren que, en el trato con esquizofrénicos, lo que les enseñaron sus maestros les sirve de muy poco. Sus profesores ejercen la enseñanza a tiempo parcial y se gana la vida con pacientes particulares, evitando cuidadosamente a los esquizofrénicos (se hartaron de ellos cuando eran residentes). El problema básico del residente consiste en la traducción. Sus profesores hablan en un idioma extraño y los pacientes en otro. Mientras aquéllos hablan de oscuros “ellos” anegados de ansiedad y de la estructura narcisística del “yo” sintónico, los esquizofrénicos hablan de la influencia de la energía atómica sobre los sistemas burontónicos y de la diferencia entre los gallos masculinos y femeninos. Está prohibido en cambio para los profesores y residentes hablar abiertamente sobre el tema central de la vida hospitalaria: la lucha por el poder entre el personal y los pacientes.
Presentamos un típico comienzo de intercambio entre paciente y psicoterapeuta para ilustrar la habilidad que debe poseer un verdadero esquizofrénico. Una enfermera lleva al paciente hasta un consultorio, mientras murmura algo acerca de ver a un médico y desaparece. El esquizofrénico espera sin saber cuál será la nueva táctica que utilizará el personal e intenta estimar su grado de brutalidad. En ese momento se abre la puerta y entra un joven con cara inexpresiva, vestido con traje y corbata para diferenciarse de los pacientes. “Hola –dice con falsa amabilidad-, soy el doctor Offgamay.” El esquizofrénico observa la pared como si no hubiese notado la intrusión. “Bueno –dice el médico, haciendo lo posible por ignorar que es ignorado-, pensé que podríamos hablar de algunas cosas.” El enunciado vago, ambiguo, abierto, que representa un típico encuentro terapéutico, interesa al paciente. Hasta puede despertar su admiración puesto que posee un grado de ambigüedad que sólo podían lograr sus padres. Comienza entonces a probar si este hombre es lo que parece ser o es más peligroso, diciendo: “Mis luces traseras están encendidas” o “Anoche se me partió la cabeza.” “Bueno –dice el joven, sin saber qué hacer con esas declaraciones-, me gustaría saber algo sobre usted. ¿Por qué no me habla de usted?”
El esquizofrénico, que está al tanto de que su historia clínica ha sido cuidadosamente examinada, comprende la situación y decide seguir adelante para confirmar su impresión. Entonces dice: “Quiero hacer lo que usted hace”. Ante el suave comentario que supone un desafío para su status el médico se hiela. “Oh –dice con tono algo glacial-, ¿cuánto tiempo hace que es paciente aquí?”
Ya confirmada su impresión, el esquizofrénico responde: “Nací aquí”. Lo enuncia con absoluta sinceridad, como si estuviese convencido. “¿Nació aquí? –dice el doctor, tan confundido por la sinceridad que sólo atina a preguntar- ¿Cuántos años tiene?” “Ciento ochenta y siete”, responde el paciente. De pronto, el médico siente vagamente que se están burlando de él y convirtiéndolo en un tonto, pero no puede asegurarlo. Como resultado, se desespera y enfurece cada vez más a medida que avanza el juego y se ve obligado a decir lo que preferiría callar. Sólo puede atinar a aferrarse a su tambaleante status, como un pasajero que se aferra a la puerta de un automóvil que baja vertiginosamente por un camino de montaña.
El ejemplo citado demuestra la rápida percepción y habilidad interpersonal del esquizofrénico. Si hubiese concursos, estos competirían entre sí para saber quién descubre más rápidamente si el interlocutor es un opositor que vale la pena.
Una vez comenzada la terapia, lo único que necesita el paciente es lograr que continúe. Después de todo, el terapeuta es la única persona del hospital que le habla, con excepción de los enfermeros, quienes poseen más músculos que ingenio. El esquizofrénico logrará que la terapia no se interrumpa siempre que no inspire demasiado temor y desesperación al terapeuta; por otra parte, no debe permitir que ocurra nada que se acerque al éxito. Como los residentes cambian todos los meses, resulta útil darles la impresión de que se está casi curado para que convenzan al próximo grupo de residentes a continuar el tratamiento. Algunos esquizofrénicos son capaces de lograr cadenas de ocho o diez psicoterapeutas y hacer que todos sientan que casi “llegaron” y que unas pocas entrevistas más lograrán provocar una apertura en ese pobre individuo desahuciado.
Ante el terapeuta, la habilidad del esquizofrénico se muestra de diversos modos. Además de suministrarle suficientes estímulos como para que no desaparezca, deberá crearle algunas dificultades exasperantes como para que lo considere un desafío digno de su capacidad. En la tarea de enganchar al terapeuta, por cortesía, se evitará que éste se enfrente directamente con su incompetencia. Por ejemplo, si llega tarde a una entrevista y no se molesta en disculparse, no sería correcto enfrentarlo de modo directo con su grosería porque es muy capaz de desaparecer, como lo hacía mamá cuando se le señalaban sus errores. En cambio, el paciente puede contar una historia que permita al terapeuta disculparse si lo desea; por ejemplo, el paciente dice: “Esta mañana estaba en mi submarino y teníamos que encontrar el buque tanque cerca de Madagascar, pero por desgracia el buque fue alcanzado por una bomba atómica y llegó tarde con sus jarrones chinos a media asta”. Este enunciado, bastante complejo, que cualquier esquizofrénico puede inventar rápidamente, le permite una salida al terapeuta. Puede decir: “Siento haber llegado tarde”, o argumentar: “Bueno, Sam, usted sabe que hoy no estuvo en un submarino; estaba aquí en el hospital”. Luego añade, admitiendo que debe haber algo más: “Tratemos de comprender por qué piensa que estuvo en un submarino. ¿Qué representa el submarino para usted?”
El esquizofrénico también necesita descubrir rápidamente la ideología psiquiátrica del momento para apoyar al joven terapeuta en la teoría que está aprendiendo. Se trata de un período en el que el simbolismo genital está a la orden del día, el paciente hablará de reyes derrocados y de reinas vírgenes casadas tocándose distraídamente la bragueta cada vez que se mencione a su madre. Si el simbolismo genital está pasado de moda y se enfatiza el simbolismo oral, el paciente debe adoptar de inmediato metáforas orales. Comentará que tiene cemento en el estómago y hablará de la blancura de la leche, mostrará dibujos que parezcan pechos para el agudo ojo psiquiátrico y hará ocasionales movimientos de succión para estimular al terapeuta. Si es hábil, puede descifrar cuáles son los intereses del terapeuta a partir de signos mínimos, como por ejemplo, un cierto brillo en la mirada ante la mención de algún símbolo claro que tenga sentido para la teoría. Las modas sullivanianas exigen mayor habilidad por parte del paciente. Mientras el terapeuta lucha para mejorar sus defensas interpersonales y ayudar al paciente a descubrir cómo son sus relaciones con la gente, el paciente debe desplegar una conducta interpersonal que sea fácilmente interpretable hasta por un novicio. Por ejemplo, cruzar las piernas y los brazos y mirar hacia otro lado para que el terapeuta pueda señalarle de qué modo se defiende de una relación interpersonal. Sin embargo, el paciente no sólo debe ayudar al terapeuta; a veces debe mostrarle que todavía tiene mucho que aprender. Cuando el joven se muestra bastante confiado en su capacidad terapéutica, el esquizofrénico lo observa fijamente y luego dice, mirando hacia otro lado: “Hay gente en el mundo que tiene una fijación homosexual”. Este comentario sacudirá a cualquier residente sensible y lo hará arrastrarse durante el resto del día cavilando sobre sus deseos inconscientes. Existe una probabilidad tan pequeña de que un esquizofrénico se enfrente a un terapeuta hábil en un hospital, que quienes llevan un registro de esos sucesos recuerdan la última vez que eso sucedió: fue en Buffalo en 1947. Si esto se llegase a repetir, el esquizofrénico necesitará desplegar todo su ingenio. Deberá enemistar al terapeuta con el personal, embestir contra todos sus puntos débiles, demostrar mejoría cuando la hay, en fin, luchar por su vida. Después de todo, si a pesar suyo consigue curarlo, deberá salir del hospital para encontrar a la familia que lo espera en la puerta. Esta familia sabe que el paciente puede seguir representando la desgracia que los mantiene unidos, aún dentro de un hospital con personal contratado para manejarlo; así, si bien declaran su alegría por tenerlo con ellos, sienten en realidad todo lo contrario. Las pocas familias que desean el regreso del paciente han organizado sus fuerzas durante su ausencia y están decididas a aprovechar el tiempo perdido. Si el paciente se vuelve loco y decide normalizarse, se enfrentará con una sociedad que lo coloca en la lista negra por haber aceptado tratamiento hospitalario.
La psiquiatría actual está sufriendo cambios revolucionarios y muchos de los adelantos se los debemos a los esquizofrénicos. Es evidente que estos son responsables del movimiento reciente que aboga por cerrar todos los hospitales psiquiátricos. Los líderes de este movimiento, los psiquiatras más prominentes, sugieren la creación de hogares de reposo para las personas de edad y la instalación de salas de emergencia en los hospitales generales donde la gente pueda permanecer unos días durante las crisis familiares. Se descartarían los hospitales psiquiátricos, mediante una ley estatal que prohiba encerrar a lo psicóticos, a menos que hayan cometido un crimen. Al propugnar este plan sostienen que a los esquizofrénicos se les debería devolver a las familias que los merecen y que deberían obligar a los psiquiatras a tratar a los locos en vez de evitarlos.
Los entusiastas de los hospitales psiquiátricos, un grupo compuesto por familiares de pacientes, psiquiatras que realizan prácticas privadas y la gente empleada en tales instituciones, consideran absurdo un cambio tan radical. Sostienen que esos pacientes son enfermos y necesitan cuidados médicos y que, además, no tienen suficiente dinero para pagar un tratamiento psiquiátrico. Los moralistas de este bando también señalan que sería injusto permitir que los psicóticos invadan la práctica psiquiátrica. Así como se haría competir en una carrera a un hombre que corre una milla en cuatro horas con otro que lo hace en cuatro minutos, tampoco es justo enfrentar al psiquiatra corriente con un esquizofrénico o con su familia.
Sin embargo, quienes proponen cerrar los hospitales se basan precisamente en la habilidad que posee el esquizofrénico. Como dice uno de ellos: “Cuando los pacientes estaban confinados en sus hogares, se pensaba que mejorarían con el tratamiento hospitalario. Debemos admitir la derrota. A pesar de todos los intentos de reformas y de los prometedores métodos modernos, el esquizofrénico nos ha vencido. Debemos aceptar este hecho y encontrar otras maneras de tratarlo”. Los partidarios más activos de este movimiento crearon una frase publicitaria que puede leerse en los carteles que sostienen mientras forman piquetes ante los hospitales. “Saquemos a los pacientes de las salas traseras de los hospitales. Que vuelvan al cuarto del fondo de sus hogares”.

Jay Douglas Haley nació el 19 de julio de 1923 en Midwest, Wyoming, EEUU y falleció el 13 de febrero de 2007. Fue psicoterapeuta y uno de los fundadores de las terapia familiar y de las terapias breves con el foco puesto en resolver problemas específicos.

Obras: El arte del psicoanálisis (1958), Estrategias en psicoterapia (1966), Técnicas de Terapia Familiar (1967, junto a Lynn Hoffman), Tácticas de poder de Jesucristo y otros ensayos (1969), Terapia no convencional: las técnicas psiquiátricas de Milton H. Erickson (1973), Terapia para resolver problemas (1976), Trastornos de la emancipación juvenil y terapia familiar (1980), Ordeal Therapy: Unusual Ways to Change Behavior (1984), Learning and Teaching Therapy (1996), Changing Directives: The Strategic Therapy of Jay Haley (2001, junto a Jeffrey K. Zeig), Directive Family Therapy (junto a Madeleine Richeport-Haley), El arte de la terapia estratégica (junto a Madeleine Richeport-Haley)