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Fernanda Sandez / Explotación sexual infantil. Víctimas del peor delito

(Publicado en La Nación, 25.9.2011)

Según Unicef, dos millones de niños y adolescentes son explotados en la millonaria industria del comercio sexual en todo el mundo. En Buenos Aires, se habla de al menos 6000 víctimas. Por qué no hay estadísticas. Cómo funciona la omertá que, muchas veces, une en un pacto de silencio a madres, policías y funcionarios

Foto: Telam

Ahí están. Sólo es cuestión de fijarse. Por ahí andan, solos o en grupo, y casi siempre mezclados con adultos. Nenes y nenas. Tienen ocho, once, doce, trece años. A veces más, a veces menos. ¿Son menores? Sí, claro. Esa es la idea: que sean menores, menorísimos, tan menores como se pueda. Hace cuatro meses, con su característica elegancia verbal, Aníbal Fernández se refirió en Radio Nacional al apetito por los “genitales jóvenes, genitales sanos”.

Suena a zoncera siniestra, pero, aun sin haber sido probados, casos como los de Fernanda Aguirre, Sofía Herrera o María Cash hacen que sus palabras cobren otro peso, sobre todo porque rozan varias de las cuestiones que se juegan en la explotación sexual de niños y adolescentes: la juventud, que es también la fragilidad (física, social, económica), cierto guiño social a la erotización de la infancia (“¡Pero si es una nena!”, decía Francella, y estallaban las risas), y el poder detrás de cada transacción. El caso Candela -una de cuyas líneas de investigación, la trata, aún no ha sido descartada- volvió a poner el tema sobre el tapete, en una sociedad que se recrea con la erotización de la infancia y en donde niñas y jóvenes se desvanecen en el aire.

Aunque repulsiva, la idea de chiquilines trocando sexo por dinero no es nueva. Lo que sin dudas es novedoso es el alcance y hasta la celebración del sexo prepúber.

La antes llamada “prostitución infantil” cambia de nombre (hoy se habla de Explotación Sexual Comercial Infantil, o ESCI), pero no de mañas. Crece a la vista de todos. A la sombra de todos, amparada por una sociedad prostituyente que no sabe, no mira, no ve a sus niños, niñas y adolescentes rotos. La actual multiplicación de opciones de sexo con menores, que va desde “servicios” sexuales y pornografía hasta viajes “pedófilo-friendly”, parecería darle la razón. Pero además está lo otro. El dinero en juego. Según Unicef, a nivel mundial, “un número estimado en 2 millones de niños son explotados sexualmente en la multimillonaria industria del comercio sexual”.

Para las organizaciones que trabajan en contacto con esta realidad (la fuente más confiable, en definitiva, tratándose de un negocio por definición secreto), la situación a nivel nacional es más que alarmante. Sobre todo porque se calcula que por cada víctima “visible”, hay al menos dos más en las sombras. Según Fernando Mao, titular de la Red Nacional Alto al Tráfico, la Trata y la Explotación Sexual Comercial de niños, niñas y adolescentes (RATT), actualmente “sólo en la ciudad de Buenos Aires hay al menos 6000 víctimas de este delito. Pero además existe trata de niñas y adolescentes en la Triple Frontera, con fines de explotación sexual en el turismo. La mayoría proviene de sectores vulnerables de las provincias del Norte, pasa a provincias en las que están los ‘centros de ablandamiento’ y de ahí va a Córdoba, a la ciudad de Buenos Aires y, en la temporada estival, es vendida a prostíbulos en la costa atlántica”.

Estadísticas no hay, no. Pero sí “casos”. Nora es uno de esos “casos”. Tiene 19 años, una hija de cuatro y algo así como un presente ausente. Hoy nadie -ni siquiera esta cronista- sabe donde está. La razón: se escapó del prostíbulo en el que la explotaron por más de cinco años, en la zona de Constitución, y eso es algo que las redes no perdonan. Sobre todo porque luego de evadirse contó algunas cosas de las que se sabe poco y nada. Por caso, que en el lugar en donde la retenían funcionaba una guardería con los hijos de las cautivas. Niños que, a partir de los cinco años, eran filmados y fotografiados para pornografía infantil.

Hay, también, algunos informes. Entre ellos, La niñez prostituida, de Silvia Chejter, una de las pocas investigaciones de alcance nacional sobre el tema. “La presencia de niños, niñas y adolescentes en circuitos de oferta sexual -escribió Chejter- no puede calificarse ni de aislada ni de poco significativa, sino de habitual. En todas las ciudades en las que se realizó el trabajo de campo, se ha constatado la presencia de niñas y niños prostituidos, directamente a través de entrevistas con ellos mismos, informantes clave, o a través de la existencia de casos judiciales”.

Están pues en la calle, pero también ocultos en sitios de encierro donde los precios (y los “juegos”) son otros. Están en saunas, privados, y clubes, así como también en insospechables casas “de familia” en donde son explotados por “pequeñas mafias familiares o “de barrio”, asegura Laura Musa, Asesora General Tutelar de Menores de la ciudad. Y no, no necesariamente las víctimas son “niños de la calle”, como manda el estereotipo. Muchas veces son menores de clase media baja, media y aun alta atrapados por este “negocio” al que las nuevas tecnologías le han dado un envión formidable.

Asia en el Riachuelo

El camión para, sube a una nena, vuelve al rato. El auto para, sube un chico, vuelve al rato. Y vuelta a comenzar, hasta que se acaben las nenas, los chicos, los camiones o los autos. Es decir, nunca. De un tiempo a esta parte (y con esa manía de “georeferenciar” lo que en realidad está en todos lados), muchos analistas hablan de La Boca, Soldati y Pompeya como “zonas calientes” de la explotación sexual. “En realidad, este fenómeno se da en cualquier lugar donde haya pobreza, familias desintegradas, problemas habitacionales y chicos sin escolaridad por falta de vacantes. Son muchos los derechos vulnerados cuando se da la explotación”, comenta Musa, quien desde el organismo a su cargo realiza una campaña llamada “El silencio es la voz de la explotación sexual infantil”, destinada a docentes, personal médico y todos aquellos que puedan alertar sobre situaciones de explotación sexual. ¿La ironía? Que el sueño de una “comunidad alerta” a menudo se estrella contra una realidad inmóvil. “Acá hay dos problemas graves: uno con la policía y otro con la fiscalía”, precisa Musa. “Porque vos denunciás pero después la fiscalía no encuentra nada. Y otro nudo problemático en La Boca es la policía. Hace poco, una vecina denunció la posible explotación de dos nenas. Recurrimos a la policía. Armó un operativo enorme y en un horario erróneo. No encontró nada y cerró la causa. A los vecinos les quedó claro que, si denunciás, la policía viene y hace un desastre”.

O ni siquiera, pero sí hace la vista gorda y los oídos sordos. No son los únicos, no. Esta cronista intentó en vano contactarse con el responsable de la División Delitos contra Menores, de la Policía Federal. Fueron varios llamados y mails, en busca de una opinión y de estadísticas. “Estadísticas no hay”, respondieron. En la Brigada Niñ@s, un móvil que acude ante una denuncia y depende del programa Víctimas contra las Violencias, tampoco hubo respuestas, números, ni voces.

Misiones, tierra roja y sol de soplete. Allí vive la periodista Lisa Barrios, quien investiga el tema en la zona desde hace años y alguna vez escuchó un rumor sobre la explotación sexual de niñas aborígenes. “Llegamos hasta San Ignacio siguiendo el caso de una chiquita que se había escapado de un prostíbulo”, cuenta en diálogo con La Nacion. “Y ahí nos enteramos de lo otro. Yo llamé al juez y le pedí intervención en la comunidad. Eso alertó a la banda y nunca pudimos grabarlos con las cámaras, pero que la explotación sexual existe, existe. No es que esto sea parte de un “paquete turístico”, sino que por la misma vulnerabilidad de las chicas, pasa lo que pasa”, asegura.

Un informe de Unicef de hace seis años, llamado Situación de la Niñez y de la Adolescencia en la Triple Frontera, señala que la explotación sexual “es la actividad de mayor riesgo para niños, niñas y adolescentes, y los estudios diagnósticos de la OIT identificaron cuatro modalidades de explotación sexual en Puerto Iguazú: redes de reclutamiento para prostíbulos, servicios calificados en hoteles, niños y niñas que trabajan en la calle explotados sexualmente y centros de atracción de niños, niñas y adolescentes, como estacionamientos de camiones, bares, confiterías y discotecas. En la Argentina, el programa ‘Luz de Infancia’ ya ha recibido más de 100 denuncias, 50% de ellas de explotación sexual comercial de niños y adolescentes”. Marcelina Antúnez es una señora redonda y sonriente, que encabezó Luz de Infancia por siete años. Fue, también, una señora amenazada. “Me cansé de tener que cambiar de celular. Me llamaban a cualquier hora”, recuerda. Es que su tarea incomodó a más de uno. Ya no. “Hace un año no nos renovaron el contrato. El intendente alegó falta de fondos”, dice. Pero no se rinde. Su última quijotada: el Proyecto Retazos, a través del cual 25 víctimas de trata confeccionan manteles y sábanas al tiempo que reciben escolaridad, asistencia y contención. Su orgullo: “haber sacado a tres niñas de 11, 14 y 16 años de un prostíbulo de Pablo Podestá. Eran de Iguazú y fueron llevadas hasta ahí por su propia madre. Fueron condenados la madre y el reclutador”, dice. Y sonríe.

En Suecia, muy lejos del agobio misionero, está la sede de Save The Children, una ONG según la cual “el llamado turismo sexual es practicado por millones de personas, generalmente provenientes del mundo desarrollado, que viajan a países acosados por la miseria donde encuentran fácilmente a sus víctimas”. De los 600 millones de viajeros que se desplazan cada año desde la corbata hacia las bermudas, un 20 % son turistas sexuales, de los cuales un 10% admite tener tendencias pedófilas? y concretarlas. Hablamos aquí de gente que viaja (sí, también a la Argentina) para tener sexo con menores, no importa si en el contexto de un tour de pesca a la Patagonia o “mechado” en un paseo de compras con fondo de Obelisco. Los operadores de calle de la ciudad lo saben de sobra: hay quienes contactan a chicos y chicas para que (a cambio de un par de zapatillas o un MP4) acepten “hacer cosas” con señores que hablan raro.

Lo raro. Lo prohibido. La idea de “lo exótico” mudada del paisaje al sexo. Así, en términos de “exotismo”, es como Sara Torres lee el marcado apetito por los genitales jóvenes que tanto intriga al ministro Fernández. “Pese a que la esclavitud sexual es un delito inhumano, parecería ser que, si rinde plata, está bien. Y el sexo con chicos es ‘exótico’. Lo curioso es que por un lado se dice ‘Con los chicos no’, pero la explotación en sí, como es el mejor negocio, sigue viva. Marcar el límite de edad es el mejor modo que se ha encontrado para mantener la industria”, analiza. Y recuerda, como muestra, un triste botón: “En la Asociación de Turismo no hubo manera de que se pusiera en los hoteles el cartelito ‘Hotel libre de explotación sexual infantil’. La iniciativa no prosperó”, se indigna. Pero no es la única, tal vez porque el grueso de los mal llamados “clientes” no son visitantes sino paisanos. “Es principalmente la demanda local, y no la extranjera, la que propicia la explotación sexual de la infancia”, afirma un documento de Unicef. La “demanda”: padres de familia, “señores de bien”, empleados sin llegadas tarde. Ese, aquel, este otro. Los desconocidos de siempre.

Complicidad policial

Andrea Ventura es abogada, está a cargo de la Oficina de Derechos de la Infancia (ODI) en La Boca y también se encrespa frente a lo que ve a diario: ineficiencia y complicidad policial, incapacidad judicial para investigar, primero, y condenar a los prostituyentes, después. “Lo central es que esto es un delito, porque antes de los 18 años el consentimiento no existe. Pero tenés que estar justo en el momento. Demostrar, por ejemplo, que un adulto está por tener relaciones con una menor. Pero, ¿cómo lo hacés, si acá a las nenas las lleva de la mano la mamá? Por eso también este delito tiene muy bajos índices de condena. Está naturalizado”, dice con amargura. Y recuerda un caso: hace dos años, un vecino se animó a denunciar a la mamá de cuatro nenas y un nenito. “Nos contó que la madre se llevaba a las chicas de noche abajo del puente, y que además había un desfiladero de hombres entrando a la habitación. Eran nenas de 8 a 16 años. Esto es muy frecuente, y acá en La Boca existen redes de trata y de pedofilia. Hay madres captadas por las redes que, por cuestiones socioeconómicas, terminan entregando a sus hijas”, explica. Lo que no se explica es por qué, en sólo cuatro meses, las chicas fueron regresadas a su hogar. “La explotación sexual no se pudo probar porque estas cosas ocurren puertas adentro”, agrega Ventura. Y si hay algo que los clientes de esta clase de “servicios” dan por descontado, y agradecen, es la discreción. La omertá. “El hombre mata callando”, dice Eduardo Galeano. Los niños rotos saben que no miente.

“LA INFANCIA TIENE PRECIO”

“¿Cuál es el precio de la inocencia?”. Con esa pregunta en mente, el periodista Mauri König, de la Gazeta do Povo en Curitiba, Brasil, comenzó a investigar la explotación sexual de chicos en la frontera sur de su país. Pero después de haber logrado liberar a una nena de 12 años y hasta ganado un premio por su trabajo, decidió invertir la totalidad de ese dinero en financiar un recorrido aún más vasto. Se lanzó entonces, junto al fotógrafo Albari Rosa, a recorrer también la frontera oeste y algo del norte.

El resultado fue un viaje en auto, avión y barco, de 28.000 kilómetros de largo y muchos más de profundidad hacia el fondo más impresentable de la condición humana. El resultado fue, también, un libro, Infancia al límite, otro premio y tristeza a perpetuidad en los ojos de Mauri, el hombre que parece haberlo visto todo. “Es difícil no terminar shockeado cuando ves a una madre cambiando la virginidad de su hija de once años por un par de zapatos”, revela a La Nacion. “O cuando ves a otra madre en Guajará Mirim, en la frontera de Brasil con Bolivia, haciendo entrar a sus dos hijas de 9 y 11 años a un asilo para que tengan sexo con los ancianos a cambio de dinero. Al cabo de ese viaje, llegué a una triste conclusión: la infancia tiene precio, y así lo prueba la explotación de niños en prostitución. Pero es un crimen que no se combate. Todo ocurre en un submundo clandestino y peligroso, dominado por proxenetas, traficantes, políticos y policías corruptos.

CHICA CON ACTITUD, SE BUSCA

Con la llegada de Internet y la proliferación de las redes sociales, hoy la frontera del riesgo se mudó adentro de casa y a menudo se camufla de oferta de trabajo como modelo, bailarina o “promotora” para captar a chicas -casi siempre muy chicas- y, aun así, hambrientas de fama. De hecho, hoy los avisos solicitando “chicas sin experiencia pero con actitud” se reproducen en la red y generan respuestas como éstas: “Hola, tengo 14 pero parezco de 17″, “Hola, soy B, tengo 12 años pero muchos me dan 14″ o “Soy Antonella, tengo quince, me encantaría ser modelo y. ¡Tengo actitud!”. Alguna adjunta una foto, haciendo “hociquito” a la cámara en cada toma.

Así comienza, a veces, todo lo demás, porque la red de redes hace ya tiempo que se ha convertido en una verdadera Disneylandia para los pedófilos.

El 30 de agosto, a una semana de la desaparición de Candela Sol Rodríguez, este diario informaba de la detención de Alberto Enzo Luque. Desde su página de Facebook, Luque habría solicitado nenes y nenas para hacer “desnudos artísticos”. Se habló entonces de un “fake”, algo así como un perfil inventado para perjudicar a Luque. Algunos días más tarde circuló por la Web un supuesto mensaje de la madre de Candela a Luque (la captura de pantalla aún está colgada en el blog Glitters): “Hola, polaco, ¿cómo estás?”, escribe alguien que se identifica como Carola Labrador. “Te escribo porque vi un aviso en tu facebook de fotos artísticas de nenes y nenas. ¿Me podrás decir bien cómo es? Yo tengo una nena de 10 años (casi 11, muy linda) y estoy con problemas de plata, así que quiero saber bien…” Hoy, la cuenta de Facebook de Alberto Enzo Luque está cerrada al público y sólo admite mensajes por correo electrónico. De los “desnudos artísticos” ya no queda nada.

SENSUALIDAD PRECOZ

“Sos muy sexy bailando este reggaeton”, diagnosticaba Carmen Barbieri, jurado de “Bailando Kids”, el programa emitido por El Trece hace apenas dos años que convocó a chicos de entre 7 y 13 años. “Se vio que hubo perreo, se vio sensualidad”, dijo a su turno Laura Fidalgo.

Los especialistas dicen que hay un guiño social a la erotización de la infancia. “La comunicación genera conductas y dice que son aceptables. El abuso de niños hoy está naturalizado en los medios, y por eso yo fui una de las que denunció a ‘Bailando Kids’ ante el Inadi”, dice Sara Torres, directora regional de la Coalición Contra la Trata de Mujeres y Niñas.

Fernanda Sandez. Enamoradas del muro

(Publicado en La Nación, 22.5.2011)

De las admiradoras de Robledo Puch al club de fans de Charles Manson; de Berta “Pochi” André, hoy pareja del odontólogo Barreda, a las chicas seducidas por Fabián Tablado, el de las 113 puñaladas contra su novia Carolina Aló. El fenómeno de las mujeres que se enamoran de criminales presos excede los casos más famosos y se extiende a través de clasificados y páginas de Internet. Buscan a los reclusos, les escriben cartas y mails o responden a sus mensajes y avisos. Qué hay detrás de estas historias de amor, de locura y de muerte

De todos, ése. El que vive atrás del paredón, sorteando la reja, la requisa, las miradas de los guardias. Ese, justo ése. El asesino, el violador, el secuestrador convertido ahora en un preso más. No, no hay aquí Abelardos ni Eloísas, ni gente detenida por pensar distinto. No. Hay hombres arreglando sus cuentas con la ley y mujeres que -adrede o por azar- van hacia ellos. En el medio, un mar de cartas (o e-mails o chats) en donde viaja algo parecido a un corazón. Una flecha de fuego volando hacia el otro lado del muro. Casi siempre son ellos los que hacen el primer movimiento y ellas las que se sienten interpeladas por un Cupido extraño. Un Cupido tumbero. “Me llamo Claudio G., 38 años, y si pensás que podemos compartir momentos imborrables dejando atrás el pasado, pensando en el amor, dejame entrar en tu vida. Si como yo conocés la soledad y la falta de afecto, espero tu carta. Marcos Paz, Módulo 2, Pabellón 6″, publica la sección Correo de lectores de la revista Semanario. Y ahí está todo: la promesa de “momentos imborrables”, el pasado pisado, el amor en germinación. En el caso de los detenidos “célebres”, sin embargo, el circuito se invierte y son ellas las que toman la iniciativa. Rodolfo Palacios es periodista y autor, además, de dos libros enrejados: El ángel negro, sobre Carlos Eduardo Robledo Puch, y Pasiones que matan. Ha pasado en la cárcel el tiempo suficiente como para saber que el amor es una planta de hábitos curiosos; a veces se da mejor en la oscuridad y otras, al resplandor de la celebridad mal entendida. “Para que te des una idea: en una de las etapas finales de su proceso, los jueces ven que Robledo Puch está escribiendo en pleno juicio. Pensaron que era su alegato pero no. Estaba contestando cartas de mujeres. Incluso hace poco le escribió una chica porque había visto fotos de él cuando era joven y le había parecido lindo. De hecho, Charles Manson tiene club de fans, al igual que muchos otros asesinos seriales”, cuenta.

Poderosa Afrodita

Cualquiera que haya recorrido alguna vez calabozos de comisarías sabe que las paredes hablan. Que -en birome, en tiza, en fósforo quemado- gritan de desesperación. Y que allí, entre promesas a la virgen y puteadas a la policía, brotan juramentos a marianas y cinthias. Cosas anotadas en medio del apagón, y como se respira. Algo de eso, de esas verdades que alumbran lo oscuro, aparece también en los amores encarcelados.

El momento del desamparo suele ser también el de la confesión. Y de allí a la idea -frecuente en el discurso de las enamoradas del muro- de haber accedido a una parte secreta del otro. Su costado de luz. Como en los boleros, aquí también la gente “nace” cuando (por obra y gracia de la poderosa Afrodita) alguien logra verlo a través del expediente, la sangre, las puñaladas. “Mientras a mí no me afecte y no vuelva a hacer cosas raras, el pasado no importa. Yo le digo a Barreda que se deje de joder y que empiece a vivir la vida”, le confesó Berta “Pochi” André (pareja de Ricardo Barreda) al periodista Gastón Rodríguez en la única entrevista que dio hasta ahora. Ya no da más. “La señora Berta está afuera, de viaje. No la van a ver más por un bueeen rato”, respondió una voz de mujer mayor al llamado de LA NACION. Pero no fue la única. Especialmente cuando se trata de casos de esos que los diarios llaman “resonantes”, las enamoradas del muro hacen mutis. No atienden, no escriben, no están. Tan secretas como una flor de invernadero. “El arquetipo de esta historia es la Bella y la Bestia: el salvaje redimido por el amor de una mujer a quien, en realidad, su negación y su omnipotencia la exponen a acercarse a un hombre del que resto del mundo escaparía”, advierte Faur. Pero el mundo no son ellas. Ellas no escapan, no corren. Y, si lo hacen, es exactamente en sentido contrario, al encuentro de ese ser roto y oscuro. “Sos la luz que alumbra, en mi oscuridad”, dice la zamba que José Chango Rodríguez le escribió a su mujer estando preso. Y seguramente también eso -una luz- es lo que quiso ser Celeste Hazan cuando, casi adolescente y ya con una infancia deshecha sobre sus espaldas (pasó por la ESMA, y su familia fue diezmada por la dictadura), comenzó a cartearse con detenidos. Terminó conociendo a Claudio Alvarez y enamorándose de él, por entonces preso por homicidio y violación. Tuvieron un bebé, se mudaron juntos. Pero todo terminó mal: en diciembre de 2005, Alvarez (en ausencia de Celeste y de su hijo) atacó una vez más. Violó y mató a una mujer, violó y creyó haber matado a su hija, de trece años. La Bella terminó con la vida aún más rota, la Bestia en la cárcel. Y vuelta a comenzar. “Con él me siento muy protegida. Es muy tierno y dulce”, le confesó años después a Palacios Natalia Lizarraga, por entonces novia de Alvarez, a quien había conocido en un chat telefónico. “Le pregunté si sabía quién era él”, cuenta Palacios. “Me dijo que había leído el caso, pero que como él le había dicho que era inocente, ella le creía”. La vida según la enamorada del muro es eso: un acto de fe. Lo mejor está por venir. Lo otro no estuvo nunca.

Romeo encadenado

Edmond Locard fue el primero en hablar de las mujeres atraídas por los criminales y hasta bautizó su raro mal: enclitofilia, o inclinación por el encierro. Mejor dicho, por los seres que pueblan ese encierro, a los que ellas se sienten llamadas a “liberar”.

“Las enclitofílicas no tienen un perfil psicológico definido, pero lo central en ellas es la fantasía”, dice el psiquiatra forense Miguel Maldonado, perito de parte en el caso Barreda. “Son como surfistas del amor: buscan las olas más altas y peligrosas. Pero ese rasgo de querer “abuenar” al otro no es sólo propio de las enclitofílicas, sino más bien algo típicamente femenino”, sostiene. Tal vez por eso, mucho después de Locard, comenzó a hablarse del Síndrome de Florence Nightingale, una definición bastante más amable de quienes entienden al amor casi en términos de autoinmolación. De volverse, ellas mismas, una antorcha que guíe al extraviado. Ellas serán la “dama de la lámpara” (que es justamente como le decían a Nightingale), abriendo las tinieblas para que pase su amor. Para Enrique Foyo, médico legista, “el gesto de redención es a veces muy manifiesto. Ven al otro como la ‘víctima de un sistema’ y se solidarizan con él. Pero no racionalizan nada, justamente porque el victimario no modifica su conducta y eso es lo que no se tolera”. Sin embargo, desde luego que no todas las mujeres que terminan de la mano de un detenido son exponentes de tal o cual patología. A veces es otra cosa, y se llama soledad, fragilidad. Amor, incluso. Lidia – en pareja con un detenido- ni lo duda. Según ella, “no hay amor más incondicional que éste, porque no es una pavada verse una vez por semana, pasando frío, calor, lluvias, requisas, esperas. No todas están dispuestas a pasar por eso, aunque también están las cazachorros, que es como se les dice en la cárcel a la mujer que busca a algún pibe que siga robando porque sabe que siempre la va a tener como a una reina”. Gustavo Hazan (ex productor ejecutivo del programa Cárceles, que llegó a medir 20 puntos de rating) da fe de eso. Sabe del furor desatado por la sección Clasificados del programa, en la que los presos se presentaban buscando pareja. “Aparecían tres o cuatro por programa y la respuesta era increíble. Al otro día llegaban cincuenta mails por tipo. A las minas que iban a buscar a estos muchachos lo que ellos habían hecho antes no les importaba nada. Hasta tuve problemas con el director de la cárcel, porque después del programa comenzaban a caer chicas al penal buscando a tal o cual pibe”, comenta. ¿Y aquello de las cartas, entonces? Persiste, pero casi como un gesto romántico. “Ahora se usa poquísimo”, cuenta Ana, quien pide reserva de su identidad. “Tardan mucho y a veces no conseguís estampillas. Las personas se conocen o por medio de un pariente o de un amigo, pero sobre todo por el chat telefónico. Adentro hay teléfono de línea que anda con tarjetas. ¡No sabés la plata que se hace telefónica con los penales! Son un promedio de $200 por persona por semana”, explica.

La duda

Como en un invernadero, en el marco de estos amores sin ventanas cada palabra suele volverse hipérbole. Y crea un mundo: la vida futura, felicidades sin hilachas, el nombre de los hijos. El porvenir. Dice la carta: “Cenicienta de mi vida, osita de peluche, corazón con patas: vistes (sic) que pese a todos los obstáculos, a la distancia y a las circunstancias el amor de nosotros pudo más, porque este amor de nosotros es el más grande, el más dulce, el más sufrido y el más maravilloso de todo el mundo. ¡¡¡Qué digo mundo, de todo el Universo!!!”. Abajo, el dibujo de un oso de peluche y una firma: Faby. A la hora señalada, el tal Faby fue igual de exagerado y desbarrancó para el lado del récord: 113. Esas fueron las puñaladas (con tres cuchillos, primero; con un formón, después) que Fabián Tablado (el Faby de la carta del osito) le asestó a Carolina Aló, la chica que sonríe para siempre desde su foto en trenzas. Tablado fue condenado a 24 años de prisión. En el medio, se hizo universitario. Y evangélico. Estuvo de novio algunas veces. Una de ellas, con una mujer madre de cuatro hijos y “hermana de religión”, llamada Gabriela Palavecino, hoy imposible de ubicar. No es casual. “Ella se escondió. Me contactó cuando empezó a temer por su vida”, apunta Edgardo Aló, padre de Carolina. “Pero antes de desaparecer me dio las cartas que le escribía Tablado. ¡Y son calcos! Dibuja el mismo oso, los hijos, todo exactamente lo mismo. Carolina, la Palavecino, la nueva, son todas iguales. Ellas dejan de ser mujeres para ser posesiones de él. Y si dicen que no?”. En la cárcel, Tablado finalmente conoció a Roxana Vallejos. Se casaron y hoy tienen dos hijitas. Una de las pocas fotos públicas de Roxana la muestra de espaldas y entrando a la casa de sus suegros en Tigre. La misma casa en donde su marido, en mayo de hace quince años, persiguió y apuñaló a Carolina. ¿Qué le lleva a estas mujeres a pensar que esta vez todo será distinto? Tal vez no sólo un cuadro psíquico determinado, sino también cierto discurso social sobre el amor y sus infinitos poderes. La certeza de que “es más fuerte” le asigna a cada uno de estos episodios un lustre de cuento. “Pero es sólo eso: una ilusión porque puertas afuera ese hombre sentirá que no quiere más deudas, aunque la mujer sienta que él le debe la vida”, advierte Faur. “Ese fue el caso de una mujer enamorada de un preso que había sido secuestrador y homicida”, acota Maldonado. “Logró sacarlo de prisión y se lo llevó a vivir a la casa. Al final, se separaron. Este es un caso claro de parafilia: ella estaba enamoradísima, pero después de que él salió, todo se fue a pique”. Se acabaron, juntos, la epopeya, el espejismo y el deseo. Será que fuera del invernadero todo recupera su tamaño normal. Sus buenas maneras. Hay desayunos y cuentas a pagar. Romeo mira tele, Julieta pica cebolla. Y no hay amor que pueda contra eso.

PERFIL

  • Son mayoritariamente mujeres.
  • Son muy dependientes. Muestran fragilidad emocional.
  • Se deslumbran con la “popularidad” de su pareja criminal.
  • Prima en ellas el pensamiento mágico (no racionalizan porque desde la razón su conducta se revelaría inexplicable y peligrosa).
  • Aparecen fantasías de poder (“lo voy a domar”).
  • Presentan rasgos infantiles, como lo es encapricharse en una relación así.

Asesoró: Dr. Enrique Foyo, médico legista

PRESO DE TU AMOR

Doce años atrás, Jacqueline Wilcox Bayley publicó el que tal vez sea el primer libro de no ficción en hablar de las enamoradas del muro. Se llamó Dream Lovers: Women Who Marry Men Behind The Bars (” Amantes ideales: mujeres que aman a hombres tras las rejas “) ,y por sus páginas desfilan casos felices, inexplicables y también trágicos. Entre estos últimos, el de dos devotísimas hermanas llamadas Avril y Rose. Ambas estaban casadas cuando conocieron -y se enamoraron- de reclusos. Se divorciaron y se casaron con sus nuevos novios. Cuando estos salieron de prisión, una fue muerta a martillazos por su nuevo marido; la otra, torturada y mutilada por el suyo. Pero el libro da cuenta, también, de muchas historias sin final ensangrentado. Por caso, el de David Shearing y Heather Ennis, quien se casó con él sabiendo que había matado a seis personas, incluidas dos niñas.

En Women Who Love Men Who Kill (“Mujeres que aman a hombres que matan”) , es otra mujer -Sheila Insenberg- quien pone el foco en los amores carcelarios y cree descubrir en muchos de ellos puro apetito de notoriedad. Habla de “groupies de asesinos seriales” para referirse a los centenares de mujeres que les han escrito con intenciones románticas a personajes como Charles Manson o Ted Bundy, un asesino tan violento como hermoso. Mató a treinta mujeres y terminó casándose en prisión con otra, llamada Caron Ann Boone. Richard Ramírez es otro de los asesinos seriales que -condenado y todo- tampoco tuvo problemas en encontrar a alguien a quien querer. Se llama Doreen Lioy y no titubeó en dar el “Sí” en la cárcel de San Quintín, aun sabiendo que la mano en la que colocaba el anillo de bodas había violado y desmembrado a trece personas en rituales satánicos.

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

En Estados Unidos, el mercado de los corazones solitarios tras las rejas lo lideran dos grandes sitios de Internet. Uno es www.WriteaPrisoner.com y el otro es www.prisonpenpal.com . En los archivos del primero están registrados los perfiles de casi 6000 reclusos con detalle de la cárcel donde están cumpliendo su pena, el delito que se les imputa y hasta la fecha estimada de liberación, cuando la hay. Y la mayoría de ellos publica, cómo no, una foto suya y un breve perfil de presentación. Es curioso ver hasta qué punto la lógica del marketing atraviesa este sitio, en el que cada nuevo candidato a recibir correspondencia aparece con una indicación de “¡Nuevo prisionero!”, como quien anuncia la llegada de un par de jeans de la última temporada. Si bien ambas páginas electrónicas se definen como organizaciones que buscan una mejor calidad de vida para los presos, a cada uno de ellos se le cobra una pequeña tarifa por publicar un anuncio personal. En el caso de www.prisonpenpals.com el sistema es similar, con la diferencia de que allí los detenidos pueden -pagando lo que corresponda, claro- optar por un aviso de oro o de platino que los destaca entre los demás. Lo que figura en el perfil de todos es la raza, la religión, el motivo de la condena y, además., qué es lo que buscan: mujeres, asesoramiento legal o directamente ayuda económica. En Argentina no existe ninguna página parecida a estas y todo se maneja a la vieja usanza. Según Gustavo Batista, jefe de prensa del Servicio Penitenciario Bonaerense, “lo que hay son muchas presentaciones personales. Por ejemplo: a los presos llamados ‘parias’, que son los que no reciben visitas, un compañero puede invitarlo a compartir su propia visita. O bien ofrecerle a traer a alguien que lo visite a él, tal vez una prima o una amiga de su propia novia. Y así es como se van armando parejas”, precisa.

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