The Tempest (La tempestad)
Julie Taymor (1952) es la directora de Titus (1999), Frida (2002) y Across the universe (2007), y The tempest (2010, EEUU) es su última obra, donde además hizo el guión basado en la obra de teatro homónima de William Shakespeare. Es una de las dos últimas obras de Shakespeare (la otra es Enrique VIII) escrita en 1612, cuatro años antes de morir el 23 de abril de 1616, a los 53 años. Y en ciertos pasajes de esta obra de madurez se lee la despedida de Shakespeare de la creación literaria. Para esta versión la directora decidió cambiar el sexo del personaje principal, que se ha transformado de Próspero en Próspera. No fue estrenada comercialmente en Argentina.
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Próspera es la duquesa de Milán y ha sido despojada de su cargo por su hermano Antonio y por Alonso, el rey de Nápoles. Acusada de brujería y junto a su hija Miranda fueron llevadas a una isla lejana y solitaria, donde tiene al salvaje Calibán como esclavo. Pero también cuenta con Ariel, el espíritu del aire que obedece a Próspera con la promesa de que ella lo dejará libre próximamente.
Cerca de esa isla viajan en un barco Antonio, Alonso, Fernando y Sebastián (hijo y hermano de Alonso respectivamente), y enterada de ello, ordena a Ariel que desate una fuerte tormenta que los hace naufragar pero dejándolos con vida para que puedan llegar a la isla. Luego de algunas viscisitudes podrán verse frente a frente los usurpadores y Próspera.
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La adaptación sigue bastante fielmente el texto shakespereano, y de eso se trata la película, de una obra de teatro pero ambientada en escenarios naturales. Muy disfrutable para los amantes de Shakespeare (entre los que me incluyo), quizás demasiado hablada para quienes no frecuentan este tipo de historias. La actuación de Helen Mirren como siempre que la he visto, es impecable, así como Ben Whishaw en el papel de Ariel, y todos muy bien acompañados por los efectos especiales. El personaje Calibán según el original, es “un esclavo salvaje y deforme”, pero aquí es un esclavo que habla inglés no tan salvaje ni mucho menos deforme. El resto hace muy bien la historia.
Actúan Helen Mirren (Próspera, duquesa de Milán), Felicity Jones (Miranda, hija de Próspera), Ben Whishaw (Ariel, espíritu del aire), Djimon Hounsou (Calibán, esclavo), Chris Cooper (Antonio), Tom Conti (Gonzalo), David Strathairn (Alonso, rey de Nápoles), Alan Cumming (Sebastián), Reeve Carney (el Príncipe Fernando, hijo de Alonso), Russell Brand (Trinculo), Alfred Molina (Stephano), y Jude Akuwudike (Contramaestre).
Much Ado About Nothing (Mucho ruido y pocas nueces)
La película dirigida y actuada por Kenneth Branagh es una coproducción entre el Reino Unido y EEUU de 1993. Es la versión cinematográfica de la obra teatral del extraordinario William Shakespeare. En esta, a diferencia de otras de sus piezas abunda la prosa. Data de 1599, el mismo año en que escribió A vuestro gusto (As You Like It) y Noche de Epifanía (Twelfth Night).
Escuchar y ver representar Shakespeare por Emma Thompson (Beatriz, sobrina de Leonato) y Kenneth Branagh (Benedicto, joven noble de Padua) es una experiencia maravillosa. El elenco lo completan Michael Keaton (Dogberry, alguacil), Denzel Washington (Don Pedro, príncipe de Aragón), Keanu Reeves (Don Juan, su hermano bastardo), Robert Sean Leonard (Claudio, joven noble de Florencia), Kate Beckinsale (Hero, hija de Leonato), Phyllida Law (Ursula, doncella de la servidumbre de Hero), Imelda Staunton (Margarita, doncella de la servidumbre de Hero), Brian Blessed (Antonio, hermano de Leonato), Richard Briers (Leonato, gobernador de Mesina) y Gerard Horan (Borachio, compañero de Don Juan).
La historia está ambientada en la campiña italiana. El príncipe de Aragón, don Pedro, en cuyo séquito figuran Claudio y Benedicto, viene a visitar a Leonato, gobernador de Mesina, padre de Hero y tío de Beatriz.
Claudio inmediatamente se enamora de Hero. Al enterarse de ese amor, don Pedro decide hacerse pasar por Claudio en el baile de máscaras de esa noche, para cortejar a Hero y conseguir que se enamore de Claudio. Pero un criado escucha la conversación entre don Pedro y Claudio, cree que el enamorado es don Pedro y este error llega a los oídos de Leonato.
Mientras, don Juan, enterado del amor de Claudio por Hero, se dispone a desbaratar la boda para fastidiar a su hermano don Pedro.
Por su parte Beatriz anhela conseguir esposo pero es muy escéptica de los hombres y Benedicto, que también es escéptico de las mujeres, gusta de Beatriz y le gustaría que ella le corresponda a su interés. Así, Leonato y su hija Hero se ofrecen a ayudar a don Pedro en un nuevo plan: hacer lo posible para que Benedicto y Beatriz se enamoren.
Así planteadas las situaciones, el talento de William Shakespeare hace el resto. Y como sucede con sus obras no deja de poner en boca de sus personajes, sus opiniones ácidas, irónicas y pesimistas acerca del amor y de las relaciones humanas en general.
William Shakespeare. A vuestro gusto
Así refiere Luis Astrana Marín en el estudio preliminar: “La deliciosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (una de las obras de Shakespeare en que mejor se amalgama lo cómico con lo dramático) pertenece a 1599, fecha también de As you like it (A vuestro gusto) y de Twelfth Night (Noche de Epifanía). La primera debió de escribirse en el estío de dicho año; la segunda, en el otoño, y la tercera, en el invierno, para ser representada en el palacio real, ante la reina Isabel, la noche de Reyes de 1600. (…) A vuestro gusto (título que nos parece más llano y ajustado al original que el corriente de Como gustéis u otros parecidos) no fue impreso hasta el folio de 1623.” A continuación, una brevísima selección de textos:
Acto II, escena IV
SILVIO: Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado. O si, como yo hago ahora, no te sentaste para fatigar a tu auditor con los elogios de tu dama, no amaste nunca. O si no has abandonado bruscamente a tus compañeros, como mi pasión me impulsa a hacer en este instante, no sentiste amor jamás.
Acto III, escena II
CELIA: Es más fácil contar los átomos que resolver los problemas de un corazón amante.
Acto III, escena II
ROSALINDA: ¿No sabes que soy una mujer? Cuando pienso, tengo que hablar.
Acto III, escena II
ROSALINDA: El amor es simplemente una locura, y os aseguro es tan acreedor a la celda oscura y al látigo como los locos. Y la razón por que no se les castiga y cura de igual manera obedece a que la demencia es tan común, que los que azotan a látigo están enamorados también. Sin embargo, es un mal que me comprometo a curar por buenos consejos.
ORLANDO: ¿Habéis curado alguna vez a un enamorado así?
ROSALINDA: Sí; he curado a uno, y de la siguiente manera. Tenía que imaginarse que era yo su amor, su adorada, y le obligué todos los días a hacerme la corte; a cuya sazón, como no era sino un joven lunático, me mostraba taciturno, afeminado, mudable, caprichoso y antojadizo, altivo, fantástico, frívolo, ligero, inconstante, lleno de lágrimas, lleno de sonrisas, inclinado a todas las pasiones, incapaz de una sola pasión verdadera, pues muchachos y muchachas son, en su mayor parte, ganado de este pelo. Ora le quería, ora le execraba; tan pronto le miraba como renegaba de él; unas veces le lloraba y otras le escupía; tanto y tan bien, que reduje el loco acceso amoroso de mi pretendiente a un acceso real de locura, el cual consistió en sustraerse al estrepitoso torrente del mundo e ir a morar a un rincón puramente monástico. Y he aquí cómo le curé, y por este método me comprometo a curaros a vos, dejando vuestro hígado tan limpio como el corazón de un sano carnero; de suerte que no quedará en él rastro alguno de amor.
Acto III, escena IV
ROSALINDA: ¿No es fiel en amor?
CELIA: Sí; cuando está enamorado, pero sospecho que no lo está.
ROSALINDA: Le habéis oído jurar solemnemente que lo estaba.
CELIA: “Estaba” no es “estar”. Además, el juramento de un enamorado no tiene más fuerza que la palabra de un mozo de cervecería. Uno y otro no sirven sino para confirmar o certificar cuentas falsas.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: Este mísero mundo tiene cerca de seis mil años de edad y, sin embargo, en todo este tiempo no ha habido hombre que se muera en su propia persona; videlicet, por causa de amor. Troilo tuvo el cráneo aplastado por una clave griega; sin embargo, hizo cuanto pudo por morir anticipadamente, y es uno de los modelos de amor. Leandro hubiera vivido muchos felices años, aunque Hero hubiera profesado de monja, a no haber sido por cierta calurosa noche del solsticio de verano, pues el pobre joven no entró en el Helesponto sino a bañarse, y habiéndole dado un calambre, se ahogó; y los cronistas imbéciles de la época hallaron que fue a causa de Hero de Sestos. Pero estas no son más que patrañas. Los hombres mueren de cuando en cuando y los gusanos se los comen; pero no es de amor de lo que fallecen.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: El pensamiento de una mujer se anticipa a sus acciones.
ORLANDO: Así hacen todos los pensamientos: son alados.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: La mujer, cuanto más lista, más indócil. Echad el cerrojo al talento de una mujer, y saltará por la ventana; cerrad esta y se saldrá por el agujero de la llave; tapad este, y se escapará por la chimenea con el humo.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: Jamás encontraréis a una mujer sin respuesta, a menos que la sorprendas muda. La mujer que no sepa representar sus deslices como ocasionados por su esposo, que nunca críe por sí a su hijo, pues hará de él un imbécil.



