Naty Menstrual, textos
ERIZO DE AMOR
DestRozAme el cuerpo en micropartes
salvame de la noche y sus fantasmas
comeme en un plato de tu madre
y saboreame… saboreame…
MasTicaMe mi carne de gallina
mordeme las venas de mi sangre
y bebe bebe bebido
emborrachate
con el sabor soleado de mis tardes
destrozame el cuerpo en micropartes
y servilas en la cena con tus padres
y no les digas nada…
NOOO
shhh…
que prueben sin saber
lo que OdiAn
lo que ignoran
lo que saben
poneme a la venta como saldo
secame las lagrimas que salen
y caen por el vientre
y caen…
…caen…
besame con el viento
que me ensucia
y que me limpia
y se lleva bailando mis pesares
damelo todo
damelo
todo
tu aliento de mil noches
tu fuerza inacabable
damelo todo
antes que escupas
mis retazos por la calle
mis retazos
mis pedazos…
todo mi cuerpo
colgando
echo jirones
y bañame en flores frescas
tierra limpia
hojas verdes
trinos nuevos
y humo de nubes…
damelo todo…
dame…
para que duerma tranquila
al olvidarte…
2.2012
COCTEL EN BUENOS AIRES
Sembradio de boludos
verdes cosechas de hijos de puta
mañanas campestres
cientos de cines porno
veredas y calles
de rajadas grietas
como terremoto de caucete
que rima con ojete
menu fijo de mediodia
del laburo al happy hours
y todos corbatas calientes
del happy japi al after
rubiecitas planchados de pelos largos
y conchitas nerviosas buscando algo
que te la pongo que te la saco
que te la pongo que te la saco
machitos oficinistas
trepa trepa trepa trepa
edificios inteligentes
mucha gente estupidona
los pelos llenos de hollin
la garganta con smog
los bocinazos imbeciles
ciudad y salvaje rock and roll
el atropello diario
el Te atropello
atropellados
tacos enredados entre adoquines
asesinos de suelas y tapitas
que cambiarlas cuesta 15
LA NIÑA BONITA
un tango trepando al cielo
bandoneones en patotas
musicalizando piqueteros
marchas de franca bronca
carteles de neon inmensos
la avenida mas ancha del mundo
la pija mas larga que nadie
el culo mas roto que todos
los trolos por todos lados
mirandose el uno al otro
yirando tratando calentando
las putas yirando en once
las viejas, las lindas, las bellas
de todo como en botica
pero que verguenza
los besos en las veredas
toqueteo en las placitas
siempre a la tardecita
niños de toboganes
hamacas de fantasias
caballos de mil colores
andando en las calesitas
millones de pasea perros
tango que me hiciste macho
bandera gay de arco iris
gatos entre los techos
perros al ras del suelo
ratas gordas bien comidas
reinas de cañerias
millones de cucarachas
negras grises y amarillas
corrientes de librerias
de marquesinas de gatos
yo te amo buenos aires
yo te amo
como seas
obelisco machista y falico
yo te amo buenos aires
como caja de Pandora
sembradio de boludos
cosecha de rebeldias
2011
Y MI TETA FUE MAMA
Todas queríamos tetas… dos, tres, cuatro tetas … las que sean… una vez que te decidís a travestirte querés tetas. Podés tener bigote, barba, espalda de rugbier, labios de tortuga, el cuerpo de Rubén Peucele… pero nada importa. Teniendo tetas… la cosa cambia. Y hay que tenerlas sea como sea.
Así fué que en mi tránsito por el travestismo he conocido tetas de todo tipo: Tetas de trapo,
tetas de media,
tetas de aceite industrial,
tetas de 5000 pesos,
tetas de bombitas de agua bien carnavalescas
tetas playeras rellenas de arena,
tetas cancerígenas,
tetas caídas,
tetas encapsuladas,
tetas con pezones corridos,
tetas que al desparramarse el líquido inyectado en el pecho se corrían hacia abajo y terminaba la teta en la rodilla,conoci tambien las tetas en plataforma… sí…
La teta en plataforma se las ví a una travesti petisa con pinta de tapón erótico que se había inyectado aceite industrial, y en vez de esperar que se le solidifique para lograr una forma agradable a TETA, se había ido a bailar chocha de contenta con sus nuevos pechos turgentes… turgentes hasta que al otro día el líquido se le empezó a desparramar y se le formó un solo bloque donde se le unían las dos pechugas en una masa deforme.
Desesperada y angustiada corrió a pedirle a la Rucucu, la misma trava que la había inyectado, que le inyectara de nuevo más aceite para poder tener sí o sí dos pechugas lindas, así que arriba de esa plataforma logró después de tomar los recaudos necesarios, tener dos hermosas tetas sobre plataformas.
Otras de las tetas raras que conocí fueron unas con globitos, si si globitos que se le habian formadodebido al aceite industrial, se le formaban a la Samantha unos pequeños globos dentro de los pechos, que le servían para descargar nervios cuando estaba aburrida, por que se los palpaba y se los palpaba obsesivamente y se los reventaba con las uñas postizas, eran como los globitos de los plásticos de embalajes que reventamos con placer cuando somos chiquitos.
Pero las más tiernas de las tetas que guardo en mi memoria son unas que tuvieron hijitos. Mi amiga Hanna se había hecho unas tetas con dos medibachas llenas de semillas de mijo, por que decía que tenían textura real a teta, y yo, le decía que eran tetas de pajarito, que tenia que ponerlas en una jaula, en vez de adentro de su corpiño.
Un noche de tantas que estábamos en la esquina de Viamonte y Uriburu tomando cerveza y haciéndonos las lindas. En eso, de la nada, un muchacho muy viril la empezó a rondar con cara de tener muchas ganas de comérsela, Hanna se acomodó sus tetas pajarito y lo miró sensual, el muchacho se acercó y se pusieron a charlar, en solo cinco o diez minutos ya se lo había llevado detrás de la casuchita de un estacionamiento sin techo que usábamos de telo.
Seguimos tomando cerveza y ya se hacía la hora de entrar a la disco, Hanna salió arreglándose su pelo con cara de satisfacción y nos hizo señas de que entráramos al boliche. Cuando estábamos pagando la entrada, se acomodó sus tetas pajarito y ahi se dio cuenta que le faltaba un pecho. Atinó a salir nuevamente a buscar corriendo la teta al estacionamiento, pero si perdíamos el turno teníamos que hacer una cola insoportable, mejor dicho, una fila. Si fuera por hacer la cola, estriamos todas ansiosas esperando como locas.
Se decidio en solo un segundo y se sacó la teta que le quedaba puesta y la metió en la cartera, algo se le iba a ocurrir para no quedar MONOTETA.
A la semana , volvimos al mismo lugar que era nuestro cuartel de guerra y antes de entrar al boliche, Hanna, que era más rápida que meteoro y el batimovil juntos, conoció a otro chico que quería comérsela, sea como sea. Como mi amiga no era precisamente tímida, le hizo unos ojitos y lo metió en la misma casuchita.
Después de disfrutar de una ratito de dulce amor instantáneo el muchacho salió del garage como si se lo llevara el diablo, y Hanna, salió más que contenta con algo en la mano gritándonos:
-¡Chicas… chicas… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!
Nosotras mirándola como si estuviera pasada de loca, nos dimos cuenta que traía su teta perdida el fin de semana anterior en la mano, y como era de mijo, con la humedad de esos días, había germinado.
Era una teta linda con muchos brotecitos y verdes hojitas. Recordamos los germinadores que hacíamos cuando éramos chicas, y cuando llegamos a casa, pusimos la bola de media brotada adentro de una maceta para que cada temporada diera frutos… y nunca, pero nunca, pero nunca… NOS IBA A FALTAR UNA TETA…
2007
* * *
María Moreno: “Naty Menstrual escribe cuentos de una lujuria esperpéntica pero matizada por la piedad tiernísima con que los mejores cronistas populares suelen envolver a sus criaturas. Su erotismo escatológico tiene antecedentes tan notables como el Quevedo que escribía Gracias y desgracias del ojo del culo y el Aristófanes que ponía como protagonista de su comedia Los caballeros a un vendedor de morcillas. Con destreza narrativa Naty Menstrual pasa por la nariz de los lectores nuevas flores del mal que, con sus tacos chuecos y sus pelucas fatigadas, saben arrancarle al melodrama de la vida un toque de comedia: se llaman Sabrina Duncan, La Mr. Ed, Sissy Lobato, Marlene Brigitte…… Si Clara Better, la prostituta inventada por César Tiempo, las hubiera conocido en un cruce de ficciones, hubiera dejado de yirar para emplearse cama adentro. Nunca hubiera podido competir con tanto ingenio de vivir, tanta orgía entraida a la mala suerte, tanta lluvia dorada de besos negros en un perpetuo frenesí”
*
La escritura desencadenada
Por Ezequiel Alemian
“Me gusta Roberto Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises”, dice Naty Menstrual.
Naty Menstrual nació (como travesti) a fines de los años 90 en San Telmo. Diseña y vende ropa en la feria del barrio. Dibuja. Hizo tres carreras terciarias, pero cuesta que lo diga. Colabora con varios medios y forma parte del equipo de redacción de El Teje, el primer periódico travesti de América latina. Tiene un blog muy visitado donde publica poemas, crónicas, relatos y dibujos. Con una mayoría de textos extraídos de ese blog acaba de editarse, armado por María Moreno, Continuadísimo, un libro que descubre la presencia de una voz vital y literaria interesantísima. Son una veintena de relatos breves, lineales y directos, casi una enumeración de anécdotas de la vida travesti contadas con una escritura velocísima, con una capacidad de observación muy fina, muy precisa, con muchísimo humor e inteligencia. Frases cortas, mucha acción, finales “débiles”, ningún subrayado dramático particular.
—En tus cuentos parece darse la confluencia de varias modalidades de escritura: una literaria, o narrativa, otra más periodística, de crónica, y una emparentada con los blogs.
—Lo blogeril no lo veo para nada. Nunca me planteé tener blog, no tenía idea de lo que era. Empecé a usar uno como archivador. Varios de los cuentos del libro tienen muchos más años que el blog. Ahora además no tengo máquina, así que escribo en un cuaderno. Después lo subo desde un locutorio. Tampoco leo blogs.
—Y a lo literario entonces, ¿cómo se da tu acercamiento?
—Siempre escribí, desde chica. En una realidad como la que vivís, de cierta soledad, hay cosas que no contás, que no enfrentás, que escribís en un papel. Después empecé a escribir apuntada al travestismo. En la casa de mi abuela leía a Corín Tellado, después a Cortázar, a Edgar Allan Poe, a Roberto Arlt. Me gusta Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises. Arlt me parece atemporal, su visión no tiene época. Es muy humano y descarnado. Ojo, tampoco soy de ir a comprarme libros. Lo último que compré, hace mucho, fue Mi madre, de Bataille, que me encantó. Boquitas pintadas, de Puig, también me gustó mucho. También compré Aldous Huxley, Paul Auster, Truman Capote. Todo el mundo me comparaba y me decía: “tenés que leer a Capote, tenés que leer a Capote”. Pero esto fue después de que me ubicaran. Antes de escribir como estoy escribiendo ahora, mi taller literario fueron Cortázar, Poe y Arlt.
—En tus cuentos hay mucho de crónica, en el sentido de reflejar fielmente una forma de vida, digamos, barrial, muy situada.
—Es algo bien porteño, muy de San Telmo, pero podés encontrar a los mismos chongos en Palermo. Aunque sin duda, si viviera en Palermo reflejaría algunas cosas diferentes. Pero que un tipo tenga relaciones con un travesti, o con un perro, las perversiones, y los dolores, y las tristezas, y las alegrías, no cierran solamente en lo barrial. Son más bien algo universal.
—¿Cómo trabajás ese acercamiento a lo cotidiano?
—No de manera premeditada. Me lo regalan la gente y el lugar donde vivo. Es lo que observo. Yo no invento nada. Siempre me preguntan dónde estudié, cómo aprendí a escribir, quiénes fueron mis profesores, mis influencias. Es como que no pueden creer que sea algo natural, no diría un don porque suena pedorro. Pero yo voy caminando, en una vereda observo algo y hasta que llegué a mi casa ya armé el cuento en mi cabeza. Después es sólo bajarlo, muchas veces casi cerrado de principio a fin. No soy una ingeniera de la literatura.
—El libro empieza con una cita de Alejandra Pizarnik, que habla de “caminar por la calles / y señalar el cielo o la tierra”. ¿Hay algo moralista ahí, como de señalar lo bueno y lo malo?
—No, eso es algo personal que tiene que ver con mi diablo, con mi autodestruirme y mi cuidarme. Con elegir estar bien o elegir estar mal. Con boicotearme o no boicotearme. Por eso lo puse. No soy bicho de biblioteca. Me encanta que me comparen con otros escritores, es un piropo, pero no es una búsqueda mía. Por otro lado, mucho de los escritores con los que se me compara, como Puig, Capote, Lemebel o Copi, al que no leí jamás, son putos. Más que por haber leído, puede ser que lo que haya en común sea un sentir puto.
—¿Y cómo sería ese “sentir puto”?
—Hay muchas cosas, no sé si puedo explicarlo. Yo viví en el exterior y vi putos extranjeros de todo tipo, y me di cuenta de que el puto es una nacionalidad mundial. El puto es mundial, es parecido en todas partes.
—¿Cuando escribís sentís que estás “escribiendo puto”?
—Sí, lo siento en las ironías, en las bromas, en el humor, en la observación, en la acidez.
—En los personajes que pueblan tus relatos, a pesar de cierta crueldad que describís, parece no haber maldad…
—Yo tengo un tema con la maldad. Uno es grande y tiene que separarse y hacerse responsable, pero hasta qué punto no es fuerte lo que nos pasa antes de saber qué somos, hasta que uno es responsable de ciertas cosas. Uno tiene que soltarse de todo eso, pero no todo el mundo puede. Un chico al que cagan a piñas, al que no le dan de comer, al que lo maltratan, humillan, abusan, ¿será Premio Nobel o ladrón y asesino? ¿Ahí hay maldad? ¿Qué capacidad tuvo para elegir su camino? ¿Quién es dueño de esa maldad? ¿No lo hicieron malo? ¿No lo crearon así? Después tiene 40 años, por ahí es violador. ¿Hasta qué punto es responsable de su destino? ¿Qué capacidad intelectual y qué inteligencia y qué preparación tenés que tener para dominar tu propia vida?
—¿Escribir te ayudó a dominar tu vida?
—Me sirvió, no fue la solución. Mi abuela vivía en el campo, tenía muchos hermanos y era la mayor. Tenía que ser una madre siendo niña: se casó siendo niña, se embarazó siendo niña, haciéndose cargo de sus hijos y de sus hermanos. Cuando tuvo un hijo, lo iba a buscar a los picados de fútbol y lo traía marcándole las piernas con una vara. Eso somos, una cadena medio patética de defectos y de porquerías. La cadena existe, pero también existe la posibilidad de cortarla. Es un tema de cada uno. En uno de mis cuentos, una travesti que es abusada de chico, después se trasviste para contagiar. En el libro quizás haya algunos personajes que cortan con esa cadena, y otro que no. Es como en la vida. Mi libro es un libro sobre la vida, no sobre travestis. Y de todos modos, ya el hecho de travestirse es cortar un poco con esa cadena patética.
Olivier de Sagazan, artista
Olivier de Sagazan nació en 1959 en Brazzaville, Congo. Es escultor, pintor y realiza performances.
Eduardo Pavlovsky. Dirección contraria (Ciclo de Teatro 2011, 1, 15, 22 y 29 de septiembre)
Ciclo de Teatro 2011
1, 15, 22 y 29 de Septiembre, a las 20:30 hs, con entrada libre
Dirección Contraria (Artesanía Teatral)
Novela de Eduardo Pavlovsky
Sinopsis:
Inspirada en la novela de Eduardo Pavlovsky. Su personaje, Poroto, selecciona en su vida las relaciones y el tiempo que invierte en ellas sin llegar a intoxicarse. Nos propusimos investigar su rara filosofía de vida, convirtiendo a Poroto en objeto de investigación científica.
Lugar: Centro Cultural Universitario de la Facultad de Psicología, Auditorio José Luis Cabezas – Av. Independencia 3065, PB
Grupo El Soporte: Pablo Misch, Javier Medina, Daniela Volpe, Lucrecia Oviedo, Eduardo Misch
Asistencia Artística: Mauricio Zulueta
Vestuario: Silvia Steibel, M. Claudia Curetti
Escenografía: Bea Blackhall, Sergio Volpe
Asistencia Técnica: Diana Lipovetzky
Prensa: Claudia Mac Auliffe, claudiamacauliffe@gmail.com
Dirección: Eduardo Misch
Dice Eduardo “Tato” Pavlovsky: “Creo que Eduardo Misch vio la obra Poroto no menos de seis u ocho veces. Poroto siempre fue para mí un personaje de profundo interés, sobre todo por su noción de la huida como fenómeno terapéutico. Huir de lo tóxico, huir de lo nocivo, huir de lo triste. Seguí su historia por amor al personaje en una novela que se llama Dirección contraria. En esta nueva experiencia teatral, inspirada en la novela, Eduardo Misch se propone trabajar el tema de la huida desde varios puntos de vista, tomando siempre la filosofía de Poroto como eje del espectáculo y para ello se embarca en una muy buena experimentación, libre y sin ataduras, produciendo una multifacética exploración del personaje y su contexto.”
Más información: http://centrocultural.psi.uba.ar/teatro/ciclo_2011.htm
Informes: E-mail: prensa@psi.uba.ar – Teléfono: 4931-6900 Int. 130
Dalia Gutmann
¿quién soy?
Nací un 16 de enero de 1978 a eso de las cinco de la tarde. ¿Mi primer recuerdo? Mi abuela haciendo malabares con naranjas.
El jardín y la primaria los hice en el Scholem Aleijem y, si bien no reniego de mi religión, me parecía que ir a un colegio que se llamara así me exponía demasiado: yo quería ser una argentina más, que me regalen una Barbie para navidad y esas cosas, pero yendo a ese “shule” nadie ni siquiera me preguntaba “¿qué te regalaron?”.
La escuela secundaria también era judía, aunque con un nombre más tranqui: se llamaba Amos y tenía orientación artística, pero yo me desorienté y terminé anotándome en gimnasia, la única especialidad que no era artística (lo hice porque había un profesor que era amigo de un chico que me gustaba…).
Tanto en la primaria como en la secundaria tuve problemas de comportamiento, no tanto por hacer maldades, sino más bien por no tener sentido de la ubicación.
En quinto año me hice el test vocacional: periodista me dio. Pero como siempre me costó ir al grano me anoté en la carrera de Diseño gráfico en la UBA. No aprobé ninguna materia salvo las que eran comunes al CBC, así que me pasé a Psicología. Como gran parte del alumnado, estudiaba para intentar entender mis problemas.
Pero un día, absolutamente deprimida mientras caminaba por el Parque Centenario con mi amiga Ariana, le confesé lo que realmente quería estudiar: Locución. “Pero boluda, ¡anotate!”, me dijo Ariana y me acompañó a FM La Tribu (¿?) para que averigüe. Yo ya sabía que existían el ISER y el COSAL, pero el dato de que solo entraban 60 por año me detenía. Finalmente, entré a los dos, pero me quedé en el ISER (porque no había que pagar ni tenía que estudiar Antropología cristiana).
Pero mi quilombo vocacional no cesó porque una vez recibida debía definir qué tipo de locutora quería ser yo… Pasé por todos los estilos: la seria de informativo, la infantil, la jocosa, la insegura… Las vueltas de la vida y mis constantes papelones me hicieron decidir por el humor, así que además de locutora me formé como comediante. Y a eso intento dedicarme…
Alejandro Urdapilleta
EL AMOR ES UN PRESAGIO
El amor es un presagio
incluso un objeto diurno
lleno de tirabuzones
Al amor no hay nadie
que lo iguale en el tiro de la pelota
Patea que da calambre
El amor es como un souvenir
de Etiopía
resguardado por monjas
que cuchichean y se tiran
de los chicles
unas a otras
El amor es un imán
No tiene pies y no sé si alas
pero baila sobre una piedra pómez
El amor hace que flameen
los relojes izados como banderas
No es nada que se parezca a nada
No tiene nombre ni cara
Puede sisear sobre la
mesa mojada de los mostradores
y te puede esperar en los baldíos
y desaparecer
cuando un fósforo se prende
El amor no es masticable
no tiene fibra
ni es mantecoso
pero en algunas ocasiones
se mantiene fresco en la heladera.
[Poema escrito para ser leído en el programa La Alfombra (1989), conducido por Urdapilleta en Radio Alfa del barrio de Belgrano.]
UNA BIZCA
Son como ataques que llegan de pronto y se terminó. No me voy a poner a relatar demasiado. Me limitaré a lo poco que quise conocer de ella. En un momento, con los huesos partidos, todo magullado, dejó de interesarme, y la abandoné.
Eran demasiadas salpicaduras y jugos raros para mí. Y además las señoritas que son bizcas deben ser abandonadas. No cabe duda.
María Esther en sus ataques escupía profecías.
Las orejas se le movían un poco, aireando el ambiente. Apoyaba la cabeza contra la pared, y empezaba. Podía ser que leyese las manchas de humedad, caídas de reboque, incluso que oyese a la araña, presunta amiga del profeta, en su tejer minúsculo ahí en el dintel, y que el bicho le dictase las frases, no sé.
Cuestión que se sacudía, espumosa, y de sopetón:
Negra mugre
soy posesa
vengo harta
del sol.
Soy del hambre
humo soy
del humo
humana
del hambre
hambruna
peste
vendrán lirios.
y quedaba baboseando la pared.
Después de golpe se componía, y ya de pie, giraba sobre sí misma mientras agarraba su lacio, negro, mojado cabello atrás de las orejas, con manos blandas y el gesto –qué se le va a hacer- en la boca y en los ojos bizcos.
María Esther, la señorita bizca había tenido un eructo del alma y en un espasmo había sacado de sí una profecía.
Al principio eran cortas y secas, chasquidos de látigo, lengüetazos, ardides y ardores. Frases. Un día se apareció arrastrando las patas como en cadalso. Semisonámbula al atardecer, derruida, hecha trizas. En las manos llevaba espinas negras pinchadas en las palmas sangrantes. Se hizo de noche.
-¿De dónde sacaste todo eso, perra?- le grité.
Abrió los ojos de un golpe y los cerró con otro, y siguió empezando a darme manotazos, y luego a golpes de espina y puños.
Le gruñí apenas y corrí.
Me puse a caminar por las verduras. Anduve un rato y vi un conejo. Al volver ella estaba tiesa, con un fierro de marcar vacas en una mano. En cuanto me acerqué, me dio en el hombro y me lo partió.
Desde el fondo, los caseros y los perros se mantuvieron alerta y prendieron los faroles.
Luciérnagas gigantes se volaron todas hacia donde estaba ella.
La música empezó:
tu abrazo
está entrando en mí
tu arma mortal
me mata
tu abrazo
-Abandoná tus armas- dijo y otra vez se levantó el fierro y esta vez me partió una pierna. Se apersonó rápidamente el hombre del juzgado y su señora, con el casero, tres o cuatro viajantes de comercio borrachos, una niña y un hombre muy alto, altísimo, moreno, con el cabello de petróleo, cuello de pájaro, sombrero negro, capote, y también bizco.
Yo estaba partido en varios pedazos. Empezó a incendiarse el aromo, no sé por qué, y entonces ella cayó en su misma furia sobre el fuego. Y gritaba:
¡Alacranes!
¡Hay espacio para todos!
¡Criptas!
¡Criptas!
¡Viene la fiesta!
¡Y la siesta! ¡Criptas!
Con toda la caterva de gentes que se había juntado en el escándalo, después de una buena fiesta, nos dormimos una siesta. Tal cual.
La bizca: predicción correcta, correcta la bizca. Conclusión: a la mañana siguiente la levanté de la cama a latigazos y la até a una soga larga a la vez atada a la montura de mi caballo. La arrastré al trote casi tres leguas por el choclal, y la llevé directo a la Academia para Bizcas, adonde pensé meterla pupila, por bizca.
Eran épocas políticas y mi estampa agraciada me había dado cierta popularidad en el internado ese, porque yo había acudido con frecuencia con excusas y averiguaciones respecto al tema de María Esther, aunque en realidad, debo confesarlo, mi debilidad eran las bizcas, cualquiera de ellas. Por eso, en el tumultuoso estar entre tanta bizca, como en una visita a la exposición rural, tanta pero tanta bizca junta me hacía volver y volver a esa Academia Internado. Llegué a donar pianos y máquinas de coser, por eso todas me conocían. Pianos y máquinas de coser por bizcas.
Ese día en el que llevé a María Esther, todas las bizcas nos miraron llegar por los jardines de la residencia, desde tras de los árboles. Y como cada bizca ve doble, entonces las bizcas se duplicaron, cuadruplicaron.
María Esther estaba tranquila. Iba como rezando. Después frenó de golpe, y yo dije: ¡cagamos! Pero no, no le vino la profecía. Le vino algo así como agrado. Empezó a tener una sonrisa malévola. Ojos y ojos y ojos más ojos, y de pronto la sonrisa. Los ojos bizcos le desaparecieron de la cara y la cara se le transformó en sonrisa. Todas las bizcas la imitaron. Habían descubierto el nuevo baile, o algo así. De pronto era un bosque de sonrisas. Todas tras los árboles.
Tuve que volverme.
Mi caballo se detuvo en la mitad de los pedregales, en subida y se me murió, ¡así que caminé! A ella ni la despedí, ni la miré, ni sé cómo quedó. No me importaba.
Esa noche, cuando calló el ladrido de los perros y la vi venir pasando la tranquera, arrastrando las patas por el camino de los eucaliptos, pensé: ésta me entierra. Y atrás mío sentí algo o alguien que decía: cripta. Esa noche ninguno de los dos dormimos, haciéndonos los dormidos. Afuera había una brisa constante.
Al otro día la abandoné. Dejé todo.
[Texto escrito hacia 1997. no representado.]
Alejandro Urdapilleta nació en Montevideo, Uruguay el 10 de marzo de 1954. Se nacionalizó argentino. Es actor, guionista y escritor.
Obra literaria: Vagones transportan humo (2000), Legión Re-ligión. Las 13 Oraciones (2007) y La poseída (2008).
Dario Fo. Mistero Buffo (Juglaría popular)
Y llegamos a Bonifacio VIII, el papa de la época de Dante. Dante lo conocía bien: lo odiaba tanto, que lo metió en el infierno antes incluso de que muriera. Otro que lo odiaba, aunque de manera diferente, era el fraile franciscano Jacopone da Todi, un pauperista evangélico, un extremista, diríamos ahora. Estaba vinculado a todo el movimiento de los campesinos pobres, sobre todo de su zona, hasta tal punto que, en muestra de desprecio por las leyes de prevaricación impuestas por Bonifacio VIII, que era un buen ejemplo de ladrón, gritó en uno de sus cánticos: «¡Ah, Bonifax, que en puta has convertido a la Iglesia!». Bonifacio se la guardó: cuando por fin logró poner las manos encima a Jacopone, que era además un hombre de teatro extraordinario, lo encerró en la cárcel, sentado, obligado a permanecer en esta postura (indica), las manos abiertas y los pies atados, durante cinco años, encadenado a sus heces. Y cuentan que a los cinco años, cuando salió gracias a la muerte del papa, este pobre fraile, muy joven aún, ya no podía andar: se vio obligado a arrastrarse doblado en dos. Cuando murió, año y medio más tarde, trataron de tenderle en un ataúd: no lo consiguieron. Cada vez que lo tumbaban… ¡ñíí!, volvía a la postura original. Al final se cansaron y lo enterraron sentado.
De todos modos, no era el único que odiaba al papa: ya Gioacchino da Fiore, que vivió incluso antes de san Francisco, y puede considerarse de alguna manera el padre de todos los movimientos heréticos, había dicho más o menos: «Si queremos dar dignidad a la iglesia de Cristo, debemos destruir la iglesia. La gran bestia de Roma, la tremenda bestia de Roma. Y para destruir la iglesia no nos basta con echar abajo los muros, los tejados, los campanarios: tenemos que destruir a quien la gobierna, el papa, los obispos, los cardenales». Una actitud algo radical. El caso es que el papa de su tiempo le envió en seguida de visita a un centenar de soldados armados, que lo buscaron por los montes donde vivía, localizaron gracias a un espía la cueva donde habitaba, pero, para su desgracia, lo encontraron muerto: aún caliente, pero muerto. Había muerto dos minutos antes de que llegaran, no se sabe si por el susto de ver que llegaban los soldados, o porque era un poco malintencionado y quiso fastidiarles. Yo creo que fue así: Gioacchino da Fiore era maligno, muy maligno.
He aquí una imagen de Bonifacio VIH (foto 15), muy realista: vemos que emplea como asiento al fraile Segalello da Parma. Este fraile pertenecía a la orden de los ensacados, así llamados porque vestían sacos: otro extremista, por seguir con el lenguaje de nuestros días, en que oímos tanto hablar de extremismos de ambas partes, de extremismos de signo opuesto…
El extremista que le sirve de asiento, entonces, era uno de los que pretendían que el papa y la iglesia fueran pobres, que todo se entregase a la gente más humilde, que «la dignidad de
la iglesia», decía Segalello, «se fundara en la dignidad de los pobres».
Cuando tú, iglesia, tienes en tu interior a un pobre desgraciado que se muere de hambre, eres una iglesia que no puede alardear de estar viva. Segalello era de los que predicaban castidad absoluta, e iba provocando a los campesinos: «En, vosotros, ¿qué hacéis? ¿Jugáis? ¡Ah no! ¿Caváis la tierra? ¡Trabajáis! ¿Y de quién es la tierra? ¡Vuestra, me figuro! ¿No? ¿No es vuestra? ¡Pero cómo! Trabajáis la tierra y… ¿Pero le sacáis provecho? ¿Qué provecho? Ah… ¿un porcentaje tan ínfimo? ¿Y cómo, todo el resto se lo queda el amo? ¡El amo de qué! ¿De la tierra? Ja ja ja! ¿Hay un amo de la tierra? ¿De verdad creéis que en la Biblia cada terreno fue asignado a fulano o a zutano?… ¡Cretinos! ¡Subnormales! La tierra es vuestra: ellos os la han trincado, y luego os la hacen trabajar a vosotros. La tierra es para quien la trabaja: ¿está claro?».
Imaginaos, en plena Edad Media, ir por ahí diciendo cosas semejantes: ¡la tierra para quien la trabaja! Es de locos insensatos decirlo hoy, ¡así que figuraos en la Edad Media! De hecho,
lo cogieron en seguida y lo llevaron a la hoguera, a él y a toda su banda de «ensacados».
Sólo se salvó uno. Se llamaba fray Dolcino, y se retiró a su tierra, a la zona de Vercelli: pero en lugar de quedarse en su casa en paz y en silencio, en vista del peligro que había corrido, no señor, volvió a ir en busca de los campesinos, a provocarles, a hacer de juglar. «¡Eh, campesino!… la tierra es tuya, quédatela, cretino subnormal, la tierra es del que la trabaja…» Y los campesinos de su zona, tal vez porque hablaba su mismo dialecto y le comprendían bien, le miraban y decían: «Je je… ¡qué loco está ese fray Dolcino! ¡Aunque no dice tonterías! Sabes, yo casi casi me quedo con la tierra… No, mejor se la dejo al amo, ¡y me quedo con la cosecha!». Y desde ese día, siempre que llegaban los «demandados», los recibían a pedradas. Y empezaron también a romper el contrato, que se llamaba «diezmo
». Sí, el contrato que en la Edad Media unía a los campesinos con el amo se llamaba «diezmo». Entonces tenía sólo el significado de contrato: después la gente empezó a comprender, y lo enriqueció de matices: «Ah, ¿un diezmo?…», es decir, un contrato entre campesino y amo. Bien, rompían el contrato, pero sabiendo que no podían resistir solos, se unían, se asociaban entre ellos, todos los campesinos de la zona. Y es más, comprendiendo que había que ampliar la unión para que tuviese más fuerza, se unían con los artesanos menores, con los asalariados, que en el Medievo empezaban a ser numerosos. Fue así como llegaron a la organización de una extraordinaria comunidad. Entre ellos se llamaban «comuneros».
Son los primeros comuneros de la historia que conocemos: como centro de organización, tenían la «credencia». La credencia sigue siendo en toda Italia, de la Sicilia al Veneto, el armario que tenemos en casa para guardar la comida, el aparador. El sustantivo deriva evidentemente del verbo creer: creer en algo. Credencia: creer en la comunidad, pues, y estas formas de comunidad empezaron a existir ya desde el siglo VI. La primera «credencia» de que tenemos noticia es la de la comunidad de San Ambrosio: un armario enorme, inmenso, con muchas hojas, y ventanillas de madera especiales, en las que se conservaban los géneros alimenticios de la comunidad, el trigo de la humedad, todo lo que podía servir a la comunidad en las épocas de carestía.
En Vercelli, en cambio, para la división de los bienes comunes no esperaban a la carestía: se juntaba todo y se repartía según las necesidades de cada cual. Según las necesidades, fijaos bien, no según el trabajo que cada uno había producido.
Esta forma de autogobierno molestó mucho a los amos, sobre todo a los que se consideraban «despojados» de sus tierras. Uno en concreto, el conde de Monferrato, organizó una expedición de castigo, partió con sus esbirros, aprisionó a un centenar de comuneros y les cortó las manos y los pies. Era una costumbre de la época: en Bretaña, doscientos años antes, los señores hicieron lo mismo con sus campesinos. Con las manos y los pies amputados, los subieron en burros, y los empujaron hacia la ciudad de Vercelli, para que los comuneros se dieran cuenta de lo que pasaba cuando se actuaba con demasiada libertad y «presunción».
Cuando los comuneros vieron a sus hermanos mutilados y tan maltrechos no se echaron a llorar. Partieron esa misma noche y llegaron de improviso a Novara, entraron en la ciudad e hicieron una auténtica matanza de los esbirros, de los verdugos carniceros: pero no sólo eso, también lograron convencer a la población de que se liberase y se organizase a su vez en comunidad. Con una rapidez increíble Oleggio, Pombia, Castelletto Ticino, Arona, toda la zona al norte del Lago Maggiore, Domodossola, la zona hacia el Monte Rosa, todo el Lago de
Otra, la Valsesia, Varallo, Val Mastallone, Ivrea, Biella, Alessandria… en fin, media Lombardía y medio Piamonte se rebelaron. Sin saber a quién recurrir, duques y condes enviaron a Roma un mensajero que llegó ante el papa, gritando: «Socorro, socorro… ¡ayúdanos, por Dios!». Ante ese por Dios, ¿qué podía hacer el papa? «Por Cristo, tengo que ayudarles…» Para su fortuna, y para la de los señores del norte, estaba a punto de embarcar en Brindisi la cuarta cruzada (esa de la que no sabemos nada, porque nos la silencian, y por «cuarta cruzada» nos venden la que en realidad fue la quinta). Así que mandó al mensajero a decirles a los cruzados: «Quietos todos, perdonad, me he equivocado: los infieles no se encuentran al otro lado del mar, están ahí arriba, en Lombardía, disfrazados de campesinos rebeldes. ¡En marcha cuanto antes!». A marchas forzadas ocho mil hombres, casi todos alemanes, llegaron a la Lombardía, se unieron a las tropas del duque Visconti, de los Modrone, de los Torriani, de los Borromeo, del conde del Monferrato
-había también dos personajes nuevos, los Saboya, que empezaron entonces a abrirse camino- y cometieron una truculenta matanza. Consiguieron encerrar en un monte cerca de Biella a tres mil comuneros, hombres, mujeres y niños: de un solo golpe los masacraron a todos, los quemaron, los degollaron…
De esta historia que os he resumido no aparece rastro en los libros de texto de los colegios. Y es justo, por otro lado: ¿quién organiza la cultura? ¿Quién decide qué enseñar? ¿Quién tiene interés en no dar determinadas informaciones? Los amos, la burguesía. Mientras se lo permitamos, es natural que sigan haciendo lo que consideran justo. ¿Os figuráis si estos, enloquecidos, empezaran a contar que en el siglo XIV, en Lombardía y en Piamonte, hubo una auténtica revolución, gracias a la cual, y en nombre de Cristo, se llegó a constituir una comunidad en la que todos eran iguales, se querían, y no se explotaban entre ellos? Cabe la posibilidad que los chicos, exaltados, gritaran: «¡Viva fray Dolcino! ¡Abajo el papa!». ¡No es posible, por Dios, no es posible!
Exagero, por supuesto, por pura polémica: porque la verdad es que en algún libro de texto más avanzado, en algún colegio de gran tradición (el Berchet por ejemplo, el colegio al que ha ido mi hijo), la noticia se encuentra. A lo mejor en una nota a pie de página, que suena así (cito de memoria): «Fray Dolcino, hereje, en 1306 fue quemado vivo junto a su amiga».
¿Comprendéis? ¡Así los chicos aprenden que fray Dolcino era un hereje porque tenía una amiga!
Voy a interpretar ahora la juglaría de Bonifacio VIII. Comienza con un canto extralitúrgico antiquísimo, catalán, de los Pirineos para ser exacto: durante el canto el papa se viste para una ceremonia importante. Conviene recordar una manía de Bonifacio VIII: mandar que clavaran de la lengua a los frailes, de los portales nobles de algunas ciudades. Como estos
frailes pauperistas y ligados a los «cátaros», a otros movimientos heréticos, tenían la pésima costumbre de ir hablando mal de los señores, el papa los cogía y zas… (mima el acto de clavar de la lengua). No él en persona, pues le horrorizaba la sangre: tenía hombres de sobra para hacerlo… No era egoísta.
Otro episodio que lo recuerda, sólo para dar idea del personaje, es la orgía que organizó el viernes santo de 1301. Entre las muchas procesiones que se celebraban en Roma ese día,
había una de «cátaros», que aprovechaban los cantos litúrgicos para insultar, con pullas encubiertas, precisamente al papa. Decían: «Jesucristo era un hombre pobre que iba por ahí sin capa siquiera: en cambio los hay que tienen capas llenas de piedras preciosas. Hay alguien que se sienta en un trono todo de oro, mientras Cristo caminaba con los pies desnudos. Cristo, que era Dios, el Sumo Hacedor, para ser hombre bajó a la tierra: hay alguien que ni siquiera es hombre, y se las da de todopoderoso, y para ser dios se pasea en silla de manos…».
¡Caray! Bonifacio, que era más bien espabilado, pensó: «¿A que la han tomado conmigo? ¿Ah sí? ¡Pues les haré una afrenta! ». Organizó una orgía justo el viernes santo: llamó a unas prostitutas, a algunas señoras de buena familia, que a menudo viene a ser lo mismo, obispos y cardenales, y por lo visto todos juntos hicieron cosas realmente impúdicas y abyectas. Tanto, que todas las cortes de Europa se escandalizaron, incluso la de
Enrique III de Inglaterra que, según los cronistas de la época, era un rey más bien procaz.
Dicen en efecto que, para divertir a sus barones durante los banquetes, apagaba velas de un eructo, a tres metros de distancia. Algunos llegan a añadir -pero no me lo creo- que lograba apagarlas hasta en carambola, o sea lanzando el eructo hacia la pared… de lado… (mima) tac-tac… Es el sentido del humor inglés, del que no estamos en grado de captar todos los matices, por supuesto; tenemos que conformarnos, es como el juego del cricket.
BONIFACIO VIII
El juglar interpreta el personaje de Bonifacio VIII. Mima el gesto de rezar y canta
EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO
VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE
EL DÍA…
Se interrumpe y se dirige a un clérigo imaginario para que le entregue la mitra. Vuelve a cantar
ASÍ ESE JUICIO NO SERÁ
UNA GRAN SEÑAL SE MOSTRARÁ
(Mima que se quita la mitra de la cabeza.) ¡Oh, cómo pesa! No, vamos… tengo que salir a pasear… (Finge coger otro sombrero.) Ah, mejor este… (Se lo planta en la cabeza y vuelve a cantar.)
EL DÍA DEL JUICIO…
(Se interrumpe.) El espejo… (Mima que se mira en el espejo.) ¡Vaya, está torcido!… ¡El guante! (Vuelve a cantar, mimando que se pone el guante. Canta.)
ASÍ ESE JUICIO NO SERÁ
UNA GRAN SEÑAL SE MOSTRARÁ…
el otro… ¿un solo guante? tengo dos manos, ¿no? no tengo sólo una mano… ¿quieres que me la corte? (Canta.)
EL SOL PERDERÁ SU ESPLENDOR
LA TIERRA TEMBLARÁ DE TEMOR…
(Ordena.) El manto… el manto grande. (Mima que agarra un manto enorme y pesado.)
EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE…
¡Uy, cómo pesa!… (Trata de colocárselo a la espalda. Pide ayuda a los clérigos.)
APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO
Empujad todos al tiempo, vamos… (Canto ralentizado.) ¡Eh, vosotros! ¿Vais a empujar o no?… ¡Y también cantad! ¿O tengo que hacerlo todo yo solo?… cantar, empujar, sujetar el manto, llevar el sombrero… ¡vamos! ¡Quietos y volvemos a empezar! (Sigue dirigiéndose a clérigos imaginarios.) Y tú canta: ¡la primera voz! (Canta fingiendo que coloca la voz al clérigo.)
…TODO HA CREADO-O-O
(Vuelve a empezar dirigiendo con la cabeza.)
VENDRÁ UN REY ETERNO
Segunda voz. (Señala a otro clérigo.)
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL
Tercera. (Vuelve a señalar al primer clérigo.)
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE
(Se interrumpe, desanimado.) ¡¡¡Desafinas, ehü! Arriba todos juntos. (Canta subiendo en agudo y se bloquea de golpe.)
PARA HACER EL JUICIO FINAL
¿Quién se ha subido en el manto? (Se vuelve, furioso.) ¿Eres tú, eh? ¡Desafinado! ¡Que te cuelgo de la lengua! desgraciado… ¡ni canta ni empuja!… Vamos… Entras en el aleluyático.
(Se interrumpe, incrédulo.) ¿No sabes qué es el aleluyático? Es ese trino que se hace con la voz… Vamos…
EL DÍA DEL JUICIO APARECERÁ
EL QUE TODO HA CREADO
(Gorjea y tira del manto. Se detiene, exhausto.) ¡Ay, menudo oficio el de papa! (Da un último tirón para colocarse el manto.)
VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL…
(De nuevo se dirige a un clérigo.) ¡El anillo! (Alza el tono de la voz.) ¡El anillo! (Canta mientras se pone el anillo. Lo contempla tras haberle echado el aliento durante sus trinos.) ¡Oh, cómo reluce! (Ordena.) El otro… Este es grande, es para el pulgar. (Se pone el anillo en el pulgar, sigue cantando.)
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…
¡El bastón! (Gritando.) El bastón… ¡no, el de pegar no, vamos! El enroscado. (Indica una espiral. Vuelve a cantar.)
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…
¿Listos? Nos vamos, ¿eh? Todos juntos. No empujes de golpe, desgraciado: ¿es que quieres verme de bruces en el barro? ¡Ten cuidado, desafinado! Hagamos contrapeso, venga: dos balanceos antes de arrancar: ¡uno, dos, arriba en el aleluyático! (Canta.)
LOS INFANTES QUE NACIDO NO HABRÁN
DENTRO DE SUS MADRES GRITARÁN
LLORANDO TODOS DIRÁN
AYÚDANOS OH DIOS OMNIPOTENTE
¡Qué bien canto! ¿Vosotros a dónde creéis que vais? ¿Hacia dónde os dirigís?… ¿Hacia dónde va toda esa gente? ¿Me vais a dejar aquí solo? ¡Yo soy el papa Bonifacio! No soy un carretero… ¿Quién es? ¿Quién?… quién es ese de la cruz… ¿Jesús? ¡Ah, Cristo! Jesucristo… Mira mira… caray… vaya pinta… ¡desgraciado! Ahora entiendo por qué le llaman «pobre cristo»… caramba… hay que ver cómo va… ¡Maldición!, vámonos, que me impresiona
ver estas cosas… (Finge contestar a un clérigo que tiene otra opinión.) ¿Dices que mejor que me acerque?… que me vea la gente que soy bueno, que me vea mientras le ayudo a llevar la cruz… A lo mejor luego me aplauden todos, y dicen: «Qué bueno es este Bonifacio»… Venga, sí, vamos a darles gusto a esos necios… vamos. (Simula desvestirse.) Toma, coge el manto… sujetadlo… el bastón. Será mejor que vaya. No me creerás, pero
me tiemblan las piernas… Jesús, ¿qué tal?… Jesús, ¿no me conoces? Soy Bonifacio… Bonifacio, el papa… ¡Cómo que quién es el papa! Vamos… es el pastor, el que viene después de Pedro, con todos los demás en fila… ¿no me reconoces? Ah, es por el sombrero este tan grande… Es que como llueve… Tal vez… (Al clérigo.) Ven a quitarme todo… ¡el anillo!… que no me vea los anillos… (Mima que le quitan todos los oropeles.) Que no vea cosas que brillan… ¡Es un obseso tremendo, ese!, un original… Fuera, quítame los zapatos… ¡fuera! Quiere ver a la gente con los pies descalzos… ¡vamos, fuera! Dame algo para que me ensucie… tierra, en la cara. (Se frota la cara con barro.) Vamos, ensúciame todo: ¡a ver así! ¡Qué quieres que te diga, está loco! (Se dirige a Cristo.) ¿Me reconoces ahora? Soy tu hijo… Humilde, ya sé que doy lástima. Jesús… mira, me arrodillo delante de ti… Yo que jamás me he arrodillado, que todos me hacen… Jesús… Jesús… ¡Que me hagas caso un momento, caray! Cómo es posible, ¿yo te hablo y tú no me escuchas? ¡Pero hombre de Dios, un poco de educación, vamos! Te decía… (Se calla, como si Cristo le hubiera interrumpido.) ¿Yo?… yo… ¿Qué has dicho? ¿Que yo he matado a los frailes?… ¿yo? ¿Que he hecho cosas malas? ¡No es verdad! Son calumnias, mentiras que difunden las malas lenguas, por envidia… que… (Lo señala con el dedo, con ímpetu.) ¡Pues de ti me han dicho cada cosa, querido! ¡Pero yo no me lo creo! Bendito seas, son malos, ya sabes… (Se arrodilla, desesperado.) Jesús! Jesús, mírame a los ojos, que te quiero mucho… ¿que a los frailes? que no, que yo los quiero, siempre he querido mucho a los frailes, yo… (Al clérigo imaginario.) ¡Ve a buscar un fraile, rápido! (A Cristo.) Yo los quiero… (Al clérigo.) ¿Que dónde vas a buscar frailes? ¡Pues a la cárcel, que está llena! (A Cristo.) Jesús, yo… Jesús, mira qué fraile, mira qué hermoso… (Mima un abrazo y un beso, aparta la cara, asqueado.) ¡Qué peste! (A Cristo.) Jesús, deja que te ayude a llevar la cruz, yo soy fuerte, tú te cansas… yo estoy acostumbrado… soy un toro, yo… ¡llevo cada manto que ni te imaginas! déjame… ¡Quítate de los cojones, Cirineo! (Mima que empuja al Cirineo y ocupa su lugar.) Yo te ayudo… no, si no me canso… no… ¡no empujes! Jesús, tranquilo… (Una patada terrible le lanza lejos.) ¡¡Cristo!! ¿Una patada a mí? ¡Bonifacio! ¡El Príncipe! Ah, muy bien… canalla… malnacido… Oh, como se entere tu padre… ¡desgraciado! Jefe de los burros! Oye, no me da miedo decirte que me complace verte crucificado: y que hoy, mira por donde, quiero emborracharme, quiero darme el gusto de bailar… ¡bailar! ¡Ir de putas! Porque soy Bonifacio, yo… ¡Soy Príncipe! Manto, sombrero, bastón, anillos… ¡todo! Mira cómo relucen… canalla… ¡Bonifacio, soy yo! ¡A cantar! (Se va altanero, sacando pecho, cantando a voz en cuello.)
EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO
VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…
(De Misterio Bufo, 1969, traducción de Carla Matteini, Ediciones Siruela, 1998)
Dario Fo nació en Sangiano, Lombardía, Italia el 24 de marzo de 1926. Es actor y escritor de teatro italiano y fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura de 1997.
Obras: Los arcángeles no juegan a las máquinas de petaco (1959), Muerte accidental de un anarquista (1970, inspirada en la muerte del anarquista Giuseppe Pinelli), ¡Aquí no paga nadie! (1974), Un día cualquiera (1988), Misterio Bufo (1969/1998), Tengamos el sexo en paz (1998, en colaboración con Franca Rame, su esposa y Jacopo, su hijo), Manual mínimo del actor (1998).
Pilobolus. Symbiosis
Pilobolus comenzó, en 1971, como una desconocida compañía de danza, y rápidamente llegó a ser reconocida alrededor del mundo por su exploración imaginativa y atlética, de la colaboración creativa. Cerca de cuarenta años más tarde, Pilobolus ha evolucionado a una institución cultural estadounidense pionera del siglo XXI.
La compañía ahora gira alrededor de tres núcleos de actividad: PILOBOLUS DANCE THEATRE, el soporte de una serie de espectáculos de compañías de danza radicalmente innovadores y aclamados en todo el planeta; THE PILOBOLUS INSTITUTE, un programa educacional único para colegios, universidades y organizaciones públicas de arte así como una serie de clases y talleres líderes para ejecutivos de corporaciones, empleados y escuelas de negocios; y PILOBOLUS CREATIVE SERVICES, una división especializada en un amplio rango de servicios de movimiento para películas, avisos, publicidad, clientes comerciales, y eventos corporativos.
Texto traducido de su sitio www.pilobolus.com
Representación de “La voz humana”, de Jean Cocteau
En el blog está toda la información sobre la representación de esta obra extraordinaria.
Cirque du Soleil. O
Otro video de este espectáculo está en la página oficial aquí.
William Shakespeare. A vuestro gusto
Así refiere Luis Astrana Marín en el estudio preliminar: “La deliciosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (una de las obras de Shakespeare en que mejor se amalgama lo cómico con lo dramático) pertenece a 1599, fecha también de As you like it (A vuestro gusto) y de Twelfth Night (Noche de Epifanía). La primera debió de escribirse en el estío de dicho año; la segunda, en el otoño, y la tercera, en el invierno, para ser representada en el palacio real, ante la reina Isabel, la noche de Reyes de 1600. (…) A vuestro gusto (título que nos parece más llano y ajustado al original que el corriente de Como gustéis u otros parecidos) no fue impreso hasta el folio de 1623.” A continuación, una brevísima selección de textos:
Acto II, escena IV
SILVIO: Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado. O si, como yo hago ahora, no te sentaste para fatigar a tu auditor con los elogios de tu dama, no amaste nunca. O si no has abandonado bruscamente a tus compañeros, como mi pasión me impulsa a hacer en este instante, no sentiste amor jamás.
Acto III, escena II
CELIA: Es más fácil contar los átomos que resolver los problemas de un corazón amante.
Acto III, escena II
ROSALINDA: ¿No sabes que soy una mujer? Cuando pienso, tengo que hablar.
Acto III, escena II
ROSALINDA: El amor es simplemente una locura, y os aseguro es tan acreedor a la celda oscura y al látigo como los locos. Y la razón por que no se les castiga y cura de igual manera obedece a que la demencia es tan común, que los que azotan a látigo están enamorados también. Sin embargo, es un mal que me comprometo a curar por buenos consejos.
ORLANDO: ¿Habéis curado alguna vez a un enamorado así?
ROSALINDA: Sí; he curado a uno, y de la siguiente manera. Tenía que imaginarse que era yo su amor, su adorada, y le obligué todos los días a hacerme la corte; a cuya sazón, como no era sino un joven lunático, me mostraba taciturno, afeminado, mudable, caprichoso y antojadizo, altivo, fantástico, frívolo, ligero, inconstante, lleno de lágrimas, lleno de sonrisas, inclinado a todas las pasiones, incapaz de una sola pasión verdadera, pues muchachos y muchachas son, en su mayor parte, ganado de este pelo. Ora le quería, ora le execraba; tan pronto le miraba como renegaba de él; unas veces le lloraba y otras le escupía; tanto y tan bien, que reduje el loco acceso amoroso de mi pretendiente a un acceso real de locura, el cual consistió en sustraerse al estrepitoso torrente del mundo e ir a morar a un rincón puramente monástico. Y he aquí cómo le curé, y por este método me comprometo a curaros a vos, dejando vuestro hígado tan limpio como el corazón de un sano carnero; de suerte que no quedará en él rastro alguno de amor.
Acto III, escena IV
ROSALINDA: ¿No es fiel en amor?
CELIA: Sí; cuando está enamorado, pero sospecho que no lo está.
ROSALINDA: Le habéis oído jurar solemnemente que lo estaba.
CELIA: “Estaba” no es “estar”. Además, el juramento de un enamorado no tiene más fuerza que la palabra de un mozo de cervecería. Uno y otro no sirven sino para confirmar o certificar cuentas falsas.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: Este mísero mundo tiene cerca de seis mil años de edad y, sin embargo, en todo este tiempo no ha habido hombre que se muera en su propia persona; videlicet, por causa de amor. Troilo tuvo el cráneo aplastado por una clave griega; sin embargo, hizo cuanto pudo por morir anticipadamente, y es uno de los modelos de amor. Leandro hubiera vivido muchos felices años, aunque Hero hubiera profesado de monja, a no haber sido por cierta calurosa noche del solsticio de verano, pues el pobre joven no entró en el Helesponto sino a bañarse, y habiéndole dado un calambre, se ahogó; y los cronistas imbéciles de la época hallaron que fue a causa de Hero de Sestos. Pero estas no son más que patrañas. Los hombres mueren de cuando en cuando y los gusanos se los comen; pero no es de amor de lo que fallecen.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: El pensamiento de una mujer se anticipa a sus acciones.
ORLANDO: Así hacen todos los pensamientos: son alados.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: La mujer, cuanto más lista, más indócil. Echad el cerrojo al talento de una mujer, y saltará por la ventana; cerrad esta y se saldrá por el agujero de la llave; tapad este, y se escapará por la chimenea con el humo.
Acto IV, escena I
ROSALINDA: Jamás encontraréis a una mujer sin respuesta, a menos que la sorprendas muda. La mujer que no sepa representar sus deslices como ocasionados por su esposo, que nunca críe por sí a su hijo, pues hará de él un imbécil.
Cirque du Soleil. Storm
¡Gracias Mariana!
Jean Cocteau. La voz humana
El tema de nuestra época es la comunicación. Dispositivos de todo tipo y tamaño hacen que podamos establecer enlaces con parientes, amigos, conocidos y anónimos de casi cualquier lugar del mundo. Pero ¿estamos comunicados? ¿Estar virtualmente comunicados es equivalente a estar comunicados, o hay algo más que no está? A propósito del tema, pienso que esta obra tiene absoluta vigencia.
La Voix humaine es una obra compuesta en 1958 por Francis Poulenc (1899, Paris, Francia-1963, Paris, Francia) sobre el texto escrito en 1930 por Jean Cocteau (1889, Maisons-Laffitte, Francia-1963, Milly-la-Forêt). Tuve la oportunidad de asistir a la representación con la actuación extraordinaria de Marga Grajer en el Teatro San Martín. Este monólogo desesperado estaba acompañado por la interpretación exquisita de un pianista del que he olvidado su nombre. Quizás haya alguien que me lo pueda recordar (es justo mencionarlo). La siguiente versión es de Enrique Llovet.
El dormitorio de una mujer. A la izquierda, un gran lecho desordenado. A la derecha, puerta que da a un cuarto de baño encendido. Una mesita con un teléfono. Una silla baja. Algunos libros. La luz de una lámpara.
La mujer está en el suelo. Después de una pausa se medio incorpora, cambia de posición y vuelve a dejarse caer. Finalmente se alza, se echa un abrigo sobre los hombros y va hacia la puerta.
Suena el teléfono. La mujer deja caer el abrigo y se precipita hacia el auricular.
Desde ese mismo instante va a hablar sin interrupción: de frente, de espaldas, de perfil, en pie, de rodillas, sentada o paseando. Al acabar caerá derribada sobre la cama abandonando el auricular.
En realidad, cambiará de actitud con cada bloque expresivo: el del perro, el de la mentira o el del abandono. Su desconsuelo no se refleja en la elocución del texto sino en su gestualidad.
Hay un gran predominio del color blanco.
El autor propone a la actriz que abandone la ironía, la amargura y la expresión directa del subtexto de mujer destrozada. Se trata, simplemente, de una mujer muy enamorada, con pocos recursos intelectuales, que lucha hasta el final para arrancar al hombre una confesión sincera y para que, al menos, se salve así la memoria limpia del amor anterior.
La imagen continua que el autor desearía que se transmitiese al público es la de un animal herido que se desangra y que realmente inunda al final de sangre verdadera todo el espacio escénico.
ELLA—¿Diga? Hola. Diga, diga. No, no es aquí… No, señora, debe haber un cruce… La oigo muy mal… Es un cruce, sí… Pues claro, cuelgue… ¿Qué?… Con otro número. ¿Qué más quiere saber?… ¡Por favor!… Sí, dígame… Colgar… colgar… ¿Cuántas veces quiere que se lo repita? Señorita, por favor, señorita… Déjelo ya señora… ya está bien… No, esta no es la clínica… No es cero siete, es cero ocho… Bueno, esto es idiota… de locos… y yo que sé, señora… no es a usted, es a mí a quien llaman…
(Cuelga, pero no retira la mano del aparato que vuelve a sonar. Descuelga.)
Sí, hable… Pero, señora. ¿No comprende que yo no puedo hacer nada?… ¿Y a mí qué me importa si usted está nerviosa?… Le digo que no… La culpa sería suya, claro que sí… de usted… Hola… Sí, señorita… ¿Me oye? operadora… Ah, por fin… Que me están llamando, señorita, y no consigo hablar… Sí, un cruce… Por favor, dígale a esa abonada que cuelgue de una vez, para que yo pueda hablar…
(Vuelve a colgar. El teléfono suena nuevamente.)
¿Sí?… Sí, sí… menos mal… ¿me oyes?… ¿Eres tú?… ¿me oyes ahora? Sí, yo… no, es terrible… te oigo lejísimo… en el fin del mundo… ¿Diga?… ¡Esto es de locos!… oigo muchísimas voces… todas a la vez… Vuelve a intentarlo… Que me llames otra vez… No, no, tú… QUE-ME-LLA-MES-OTRA-VEZ… Señora o señorita o lo que sea ¿quiere callarse ya?… ¿Cuántas veces tengo que explicarle que esta no es ninguna clínica? Hola… Hola…
(Cuelga nuevamente y el timbre suena otra vez.)
Al fin, por fin… Al fin te oigo… Sí, bastante bien… Sí, sí… Era una tortura, te oigo en medio de un tumulto… no… no… sí…, pues casi por casualidad… todavía no hace ni un cuarto de hora que he llegado a casa… ¿Me habías llamado antes?… Ya, sí, sí… No, no he cenado aquí… Marta me invitó a su casa… Pues deben de ser las once y cuarto, once y veinte… ¿Es que no estás en tu casa?… Entonces. ¿Y qué hora tiene ese reloj?… Eso, lo que yo te he dicho… Claro, naturalmente… La noche de ayer, la noche de ayer… Ah, sí, me acosté en seguida, y tomé una pastilla porque no conseguía dormirme… Claro… sólo una… Era muy temprano, alrededor de las nueve… Seguramente… tenía un poco de jaqueca, pero en seguida se me fue… He almorzado aquí con Marta y luego he dado una vuelta para hacer unas cuantas compras… Muy rápido… Al llegar aquí lo primero que he hecho ha sido poner todas tus cartas en ese bolsón amarillo… ¿Lo recuerdas? ¿Después?… ¿Cómo?… Sí, por supuesto, una se conforma con todo en esta vida… ¡Qué remedio!… Jurado… Sí que soy valiente, sí que lo soy… ¿Luego? Pues nada, arreglarme hasta que vino Marta y salir con ella… Sí, claro, de su casa aquí… Es muy buena amiga… mucho… es una persona estupenda… Sí, claro, da esa impresión, pero luego es un ángel… tú me lo dijiste, tenías razón, como siempre… El traje salmón y la piel clara esa… ¡Pues el sombrero negro, aquel que compramos juntos…! ¡Ni siquiera me lo he quitado todavía! ¡No me has dado tiempo!… ¿Qué dices?… Fumando nada… tres cigarrillos en veinticuatro horas… que sí, que me puedes creer, que te lo juro… y… bueno, cuéntame algo de ti… ¿Llegas ahora a casa?… Ah, no has salido… Asunto. ¿Que asunto?… Ah, ya, el pleito ese… Sí, ya me acuerdo…, pero descansa un rato… no puedes trabajar de esa forma… ¡Alló! ¡Oiga!… Habla, habla, es que parece que se va a cortar… Oye, si se corta vuelve a llamarme en seguida… Claro que sí… ¿Me oyes? ¿Me oyes? Sí, sí, soy yo… ¿En el bolso? Pues todas las cartas, las tuyas y las mías… Sí, ya puedes mandar por él cuando te convenga… ¡Cómo no va a ser triste!… Lo es… Sí, que lo entiendo… No, cariño, no, no me des más explicaciones, la tonta soy yo… Eres muy bueno… y muy cariñoso… Tampoco yo creí que iba a poder resistirlo… No sé de que te asombras… menos de lo que crees… Parezco una sonámbula… Me levanto, me arreglo, entro, salgo, y casi no me entero de lo que estoy haciendo… A lo mejor mañana no puedo, pero hoy, todavía… ¿A ti?… A ti no, amor mío, tú no tienes por qué sentirte culpable de nada… ¿Qué? No, espera, déjame… yo… claro que pasan estas cosas… Lo sé muy bien… y no me arrepiento… Dijimos que seríamos siempre francos el uno con el otro… Siempre… Es mucho mejor que si hubieses esperado al último instante para decírmelo… Eso… eso habría sido demasiado cruel… Entonces me habría dolido mucho más… Así voy haciéndome poco a poco a la idea y… me habitúo… trato de entenderlo… ¿Teatro? ¿Qué dices?… oiga… ¿Estás ahí? No estoy echándole ningún teatro… ¿Cómo puedes creer que…? Tú me conoces mejor que nadie… Sabes que no sé fingir… Nunca… nunca… nunca… completamente tranquila… si te estuviese escondiendo algo me lo notarías en la voz… Sí… te dije que quería ser valiente y lo voy a ser… ¿El qué?… Bueno, eso es muy distinto… De acuerdo, todos nos engañamos cuando conviene… Cuesta mucho aceptar las situaciones definitivas… ¡mira que te gusta exagerar las cosas! Te juro que he tenido tiempo para hacerme a la idea… Y eso también te lo debo… Has sabido dormirme, mimarme. No te faltó más que anestesiarme… lo preparaste muy bien… Íbamos contracorriente… No hemos querido renunciar a cinco años de felicidad y ahora tenemos que pagar el precio… Pero eso lo supimos desde el principio, desde el primer día… Yo, por lo menos… Jamás pensé que se iba a producir un milagro… Así que… ha valido la pena… y no me duele pagar… ¿Qué? ¿Oiga?… Nada… que no me duele pagar porque ha valido la pena… QUE-HA-VALIDO-LA-PENA Ya lo creo… sí…, estás muy equivocado… mucho… He salvado lo que tenia que salvar… ¿Oiga?… lo que yo misma he querido salvar… y he sido muy feliz contigo… muy feliz… Ah, déjame a mí hablar un momento… Nunca te reprocharé nada… absolutamente nada… Si es que hay culpas son todas mías… ¡Pues claro! ¿Es que no te acuerdas de aquella carta que te escribí y de aquel domingo en Versailles?… Fui yo, claro que fui yo, quien se empeñó en ir y en no dejarte hablar y en decirte claramente que no me importaba nada de nada… ¿Qué? No, no… tienes muy mala memoria… Primero te llamé yo a ti… fue un martes, me acuerdo perfectamente… segura es poco… Un veintisiete, martes… Tú me pusiste un telegrama la víspera… el veintiseis, y lo recibí por la tarde… Pero, ¿cómo se me van a olvidar esas fechas?… ¿Tu madre te ha dicho eso?… Pues no lo sé… eso no tiene ninguna importancia… Todavía no lo he pensado… Bueno, a lo mejor, sí… Cuanto antes ¿no te parece?… ¿Y tú?… ¿Mañana, ya?… Pensé que no tenías tanta prisa… Bueno, espera un momento, entonces… No, complicado, no… Le dejaré la bolsa al portero mañana temprano… Así lo puede recoger José a cualquier hora… ¿Quién, yo?… Pues la verdad es que todavía no lo sé… No sé si quedarme aquí o irme con Marta unos días al campo, a su casa… ¿Dónde va a estar? Aquí… Pobrecillo, no entiende nada… No ladra, no… Pero ayer se paso el día entero husmeando del salón al cuarto y del cuarto al salón… De vez en cuando me miraba y se le ponían las orejas tiesas… Trataba de oírlo todo… Recorría el piso buscándote… Yo creo que a veces se enfadaba conmigo porque yo estaba sentada sin ayudarle a encontrarte… Creo que te lo debías llevar tú… Aquí se puede enloquecer… No creo, es demasiado perro para una mujer sola… conmigo se sentiría mal… Eres tú quien le ha sacado siempre de paseo… sí, llévatelo, llévatelo… Es mucho más fácil que se olvide de mí que de ti.. Pensaremos cualquier cosa… Eso no es difícil…, pues dices que te lo ha regalado un amigo que tenía que marcharse… que venga José a buscarlo, José le gusta… te lo mandaré con el collar de cuero rojo y acuérdate de que está sin placa… Bueno, ya pensaremos eso… De acuerdo… De acuerdo, amor mío… que sí… que sí amor mío, que lo entiendo… ¿Qué? ¿De qué guantes hablas?… ¿Los de piel?… Sí, los que llevabas en el auto… Pues, no lo sé, no me he dado cuenta… si se hubiesen quedado aquí, yo creo que los habría visto, Pero… no cortes…, espera un segundo… ahora mismo los busco…
(En la mesita, tras la lámpara hay unos guantes masculinos. Ella los besa y los apreta contra su cara.)
¿Oye?, no, nada… Aquí no están… Por el salón, desde luego, no… mira… luego buscaré mas despacio y miraré todos los cajones… No creo, pero si por casualidad doy con ellos te los dejo en la portería dentro del bolso con las cartas… ¿Qué?… ¡Ah, las cartas!… de acuerdo, sí.. Es lo mejor… Quémalas mañana mismo… te voy a parecer una estúpida, pero… me gustaría que hicieses una cosa… guardar las cenizas en aquella caja de concha de cigarrillos que te regalé… Ya sabes cuál es… Sí, sí, sí… es una niñería… perdona…
(Se echa a llorar.)
Perdona, ya pasó… No, no estoy llorando… Era un poco infantil eso de las cenizas guardadas en una cajita y… ¡Si eres bueno, sí! Claro que tengo buena memoria…
(Texto de la cita en el idioma mas fácil para la actriz.)
“He quemado en el horno todos los papeles de tu hermana… Pensé guardar aquel piano del que me hablaste. Pero ha sido mejor cumplir tus órdenes y destruirlo todo”… De acuerdo, entonces… las quemas sin mis… ¿Te vas a acostar ya? ¿En bata?… Bueno, pero no trabajes hasta muy tarde… Si tienes que madrugar es mejor que te acuestes cuanto antes… Sí, ¿diga?… ¿Diga?… ¿me estás oyendo?… Ya no puedo gritar mis… ¿me oyes ahora?… ¿Que si me oyes mejor así?… Qué cosa tan curiosa porque yo, en cambio, te oigo como si estuvieses aquí mismo… ¿Me oyes?… ¿Me oyes?… ¡Oiga!… ¡Oiga!… Ahora soy yo quien no oye nada… Bueno, te oigo lejísimo… ¿Y tú?… No, no, es mejor que no cuelgues… Si, señorita, claro que estoy hablando, ¿es que no se da cuenta?… Ah, ahora va mejor… Sí, sí, muy bien… Ahora, perfectamente… Sí, es incomodísimo… Parece como si te murieses de repente… que oyes y no puedes hablar… Sí, ahora sí, ahora sí… Por lo menos no se ha cortado la comunicación… Sí, muchísimo mejor que antes, menos mal, y eso que tu teléfono hace un ruido muy raro… no parece el tuyo… ¡Claro que te veo, no es muy difícil!
(Responde a preguntas concretas.)
¿Pañuelo?… llevas el “foulard” de las motas rojas… Claro… las mangas dobladas por el codo… ¿En qué mano?… En la izquierda el teléfono… y en la otra la pluma… ¿No te digo que te estoy viendo?… estás haciendo dibujitos en el bloc… un corazón, un sol, una casita… No te rías de mí… Ahora mis ojos están en mis oídos…
(Se cubre el rostro instintivamente.)
No, cielo, mío, tú no… Ni lo intentes… No quiero que me veas ahora… ¿Por qué asustada?… asustada, no… Es… todavía peor… No… no sé dormir sola… Claro, claro… claro… Estate tranquilo… Que te estés tranquilo… Pues todavía no lo sé… No me atrevo a ponerme delante de un espejo… me da miedo hasta encender el cuarto de baño… Ayer me puse delante del espejo y me parecí una vieja… Desde luego… una ancianita, flaca, y llena de arrugas y con todo el pelo blanco… ¡Eres un cielo!… ¿Como una poesía, mi cara?… No digas eso que suena muchísimo a caballero bien educado… y… me recuerda cuando… me decías que… era fea y… tonta y… adorable… eso estaba mejor y… perdona, era una broma… No seas tonto… No, no lo eres… “eres un bruto”, pero me quieres… porque si no me quisieras podrías hacerme muchísimo daño con ese teléfono que tienes en la mano… es un arma terrible… Puede matar a cualquiera sin dejar la menor señal… ¡Yo qué voy a ser mala!… ¡Óyeme!… ¿Hola? Diga… diga… ¡Que no te oigo!… ¿Diga?… ¡Señorita!… ¡Señorita! ¡Que se ha vuelto a cortar, señorita!…
(Cuelga; el teléfono permanece en silencio. La espera se prolonga. Descuelga.)
¿Oiga?…
(Golpea la horquilla del teléfono. Marca un número.)
¿Oiga?… ¿Oiga?… señorita, atiéndame…
(Golpea la horquilla.)
Hable… ¿Eres tú?… ¿Eres tú?… Se corta la línea, señorita… No estoy segura… Bueno, sí, sí lo se… Un momento… Auteil cero, cuatro, cinco, siete… Hable…, sí, dígame… Comunicando claro… Es que están intentando hablar con este número… Bueno, gracias…
(Vuelve a colgar. Suena otra vez el teléfono.)
Oiga…, hable por favor… Cero, cuatro, cinco, siete… no, siete, siete, no seis… siete… ¡Por favor!
(Golpea la horquilla.)
Señorita, lo siento, se ha equivocado usted… Ha salido el cero seis y yo le estoy pidiendo el cero siete… Sí… Auteil cero cuatro cinco siete…
(La espera se alarga.)
Por favor… ¿Auteil cero cuatro cinco siete?… Menos mal. ¿José? ¿Es usted?… Sí, sí, soy la señora… que estábamos hablando el señor y yo y se ha cortado la comunicación… Ah, no… ¿No estaba hablando desde casa?… Ya… ¿No vuelve hasta mañana, verdad?… Sí, por supuesto, se me había olvidado… Es que estaba hablándome desde un restaurante y al cortarse… pues… sin darme cuenta… he llamado a la casa… Bueno, entonces, váyase a descansar, José… Perdone y gracias… Sí, José, buenas noches…
(Cuelga de nuevo. Llaman otra vez.)
Ah, menos mal… Sí, nos cortaron… no, no, estaba esperando, sabía que ibas a volver a llamar.. Sí, es que sonó hace un momento y descolgué y no era nadie… Sí, eso pasa mucho… Estás cansado…, pero eres un ángel habiendo vuelto a llamar… un ángel muy bueno…
(Llora. Una pausa.)
No. Claro que estoy aquí… ¿Qué dices? No, que tontería… Nada, no decía nada… No. ¿Qué quieres que me pase?… Pues claro que estoy como siempre… Sí, como siempre… Que no, ya te lo he dicho… Estás en un error… estoy como estaba… sí, eso sí, y eso tienes que entenderlo… Estamos hablando y hablando de esto, y… no queremos darnos cuenta de que… habrá que callarse pronto y… colgar este teléfono y… dejarse caer en la nada y… en el silencio y… en la oscuridad y…
(Vuelve a Ilorar.)
Óyeme un momento, amor mío, solo un momento… Nunca, nunca te he dicho una sola mentira… Sí, tú tampoco, tú tampoco, ya lo sé, te creo… No, no es ese el tema… es que… ahora te las estoy diciendo… Desde que estamos hablando… no hago mas que mentir… Sí, sí, te estoy diciendo una mentira detrás de otra… yo sé… que ya no me queda ninguna esperanza… ninguna…, pero las mentiras son… traen mala suerte y además yo… no sé… y no puedo… y no quiero… y tengo horror a mentirte, aunque sea… aunque sea para tranquilizarte… No, nada serio… No, no tienes porqué asustarte… solo que… no te he dicho la verdad cuando me has preguntado lo que llevaba puesto ni… no es cierto que… haya comido, comido con Marta… no he comido… ni con Marta ni con nadie… Y me he echado un abrigo por encima del camisón tal como estaba sin vestir en absoluto, porque estaba tan desesperada esperando que me llamases y… me he vuelto loca mirando al teléfono y… levantándome y… sentándome y… corriendo por toda la casa… que antes de enloquecer del todo, pues me eché el abrigo por encima… Pensaba coger un taxi e irme frente a tu casa… Yo qué sé, a mirarla, a ver tus paredes, a seguir esperando un milagro… ¡Y yo qué sé! Nada… esperar nada, pero… mejor que estar aquí ahogándome… Sí, sí, tienes toda la razón… Te oigo, te oigo muy bien… No, y te lo he dicho… No voy a hacer ninguna estupidez… Claro que te estoy oyendo… Te contestaré la verdad… cualquier cosa, pregúntame lo que quieras… No he salido de casa… no me sentía capaz… No, no he probado bocado… No podía tragar… me he sentido muy mal… Sí, anoche al acostarme me tomé una pastilla para dormir… claro que sí…, pero la verdad es que lo pensé… pensé en tomarme el frasco y no volver a despertarme nunca.
(Llora.)
Muy cobarde, sí… me tomé una docena de pastillas en un vaso de agua tibia… caí fulminada… me desperté sobresaltada, pero feliz creyendo que todavía estaba soñando y… luego… cuando vi que no… y que era verdad… y que no tenía a nadie a mi lado… y que no podía apoyarme en tu hombro, ni tener mis piernas enlazadas con las tuyas ni… me di cuenta de que no es posible… de que no puedo seguir viviendo como… sin peso… sin sangre… tan fría… tan horriblemente fría… Entonces pensé que ni la muerte me quería ayudar… respiraba con mucha angustia y… aguanté una hora o algo así… y luego llamé a Marta… hace falta mucho valor para morirse sola… y yo no lo tengo… ¿lo entiendes, mi amor? ¿Verdad que lo entiendes?… Marta llegó a eso de las cuatro y se trajo a un médico que vive en su misma casa… Yo tenía muchísima fiebre… y ese médico me dijo que si no se conocen las dosis es bastante difícil envenenarse… me recetó no se qué… y Marta se ha pasado el día aquí a mi lado… Le he tenido que insistir mucho para que se fuese… Quería estar sola cuando me llamases… Sabía que esta era la última vez que me llamas. Sí, ahora, sí… Ya pasó todo… Sí, ya pasó… Un poco de destemplanza… Pues treinta y ocho dos o treinta y ocho tres… naturalmente que son los nervios… estate tranquilo… ¡Soy una estúpida!… estaba dispuesta a no contarte nada para que nos pudiésemos separar en paz y… a colgar sin más como otras veces… como si nos fuésemos a volver a ver mañana… ¡Qué débil soy!… sí, sí… muy débil… me da mucho miedo colgarte este teléfono y… volver a desaparecer en la oscuridad…
(Llora.)
¿Estás ahí?… ¡Qué miedo, creí que se había vuelto a cortar…! ¡Qué bueno eres! No te mereces todo el daño que te acabo de hacer… No te calles, no te calles, dime todo lo que estás pensando… lo he pasado tan mal que hasta me he revolcado por el suelo y luego, fíjate, ya ves, me llamas, cierro los ojos y ya me siento bien… Bueno, eso me ha pasado siempre ¿no?… Tantas y tantas veces que en la cama te he oído hablar con la cabeza sobre tu pecho… cerraba los ojos y te oía… igual que ahora… No, qué va… tú, no… La única cobarde soy yo… Te he dicho que me había jurado a mi misma que… ¿Cómo?… No, te equivocas, no… Pero ¿qué dices?… me has hecho muy feliz… Te digo que no. ¿Cómo va a ser lo mismo?… ¿No ves que yo sabía, yo sabía que esto tenía que suceder alguna vez?… Pues, claro… Lo que pasa es que hay muchísimas mujeres, mas de las que tú te piensas, que creen que se van a pasar la vida entera junto al hombre que quieren y, de pronto, cuando llega la hora no están nada preparadas para la ruptura… Yo estaba preparada… nunca te hablé de eso porque… porque era mejor, pero… un día que fui a la modista estaba tu foto en no se qué periódico… por cierto que… abierto por la página justa y muy bien colocadito encima de la mesa… un detalle muy femenino, muy humano, si quieres… Pues porque no quería amargarnos nuestros últimos días… ¿Además para qué? Lo lógico es encajarlo y… callarse… No, no me hagas mejor de lo que soy… Oye ¿qué es eso?… Parece música… Digo, que me parece como si estuviese oyendo música… ¿Ah, sí?…, pues dale con los nudillos en el tabique, como hace todo el mundo… estas no son horas de oír música tan alta… No has tenido suerte con esos vecinos… Además como no vivías ahí, pues se han acostumbrado mal… No, no hace falta, mañana volverá ese médico amigo de Marta… Que te digo que no… es muy buen médico… vino en seguida y se puede molestar si llamo ahora a otro… Estate tranquilo… claro, claro que sí… Por Marta… Marta te dará noticias mías, de vez en cuando… Sí, claro que lo entiendo, ¿cómo no lo voy a entender? Te juro que voy a ser la mujer mas valiente del mundo… Jurado… ¿Qué dices?… Sí, ya estoy bien… Si no me hubieses llamado me habría muerto, pero ahora ya estoy bien… No, no, no… Espera todavía un poco… un poco más… Espera un poco… Vamos a ver si encontramos una forma de…
(Se pasea. Su infinita desesperaci6n le hace lanzar un gemido que no puede controlar.)
No te enfades conmigo… Sé que estoy haciendote una escena… una escena insoportable… y que me estás aguantando con toda tu paciencia, pero me tienes que perdonar… Lo estoy pasando muy mal, estoy deshecha, completamente deshecha… Ya no me queda mas que este hilo para llegar hasta ti… ¿Cuándo, anteayer? Pues dormir… Me llevé el teléfono a la cama… Sí, sí… claro que me acosté… No… lo sé, lo sé todo, sé que parece ridículo… sabía que no ibas a llamar, pero este teléfono es todo lo que me queda ahora en el mundo… Llega hasta tu casa y… como al fin y al cabo me prometiste que volveríamos a hablar. He soñado de todo… Hasta que me golpeabas con el teléfono y que me estaba ahogando y el fondo del mar era como tu casa… Yo respiraba por un tubo de esos de las escafandras y te pedía que no lo cortases… Ya ves… sueños malignos… de esos que hacen sufrir y luego resultan tontos cuando se cuentan… Ahora no, porque ahora estoy hablando contigo de verdad… Han sido cinco años, compréndelo… cinco anos en que solo he vivido para ti… respirando a tu lado y… esperando que vinieses… muriéndome de espanto cuando te retrasabas porque lo menos que hacía era temer siempre lo peor y resucitando cuando abrías la puerta y muriéndome otra vez solo de pensar que tendrías que volver a irte… Como ahora… Ahora respiro porque te oigo… Porque mi sueño no era tan disparatado… Si cortas esta comunicación me cortas el aire… Sí, sí, he descansado… A la fuerza… Dice el médico que la primera noche se descansa… Parece que la intoxicación tiene un primer momento en que… hasta el sufrimiento desaparece… Lo malo viene después… Ayer, claro, la segunda noche y hoy va a ser terrible… Y mañana va a ser insoportable… Y pasado mañana… No, fiebre, no, no creo… Lo veo todo con mucha claridad… Por eso creo que debía haber seguido mintiéndote ¿Y de qué me va a servir dormirme un rato? ¿De qué?… Después tendré que despertarme y… hacer algo… salir a… ¿salir a dónde?… Cielo mío, verte o no verte ha sido todo lo que he hecho en estos años… Marta tiene su propia vida… Es como pedirle a un pez que respire fuera del agua… No, ya te lo he dicho… no necesito nada y no necesito a nadie. ¿Cómo que me entretenga?… Pero… mira te voy a decir una cosa bastante prosaica… Desde ese domingo terrible sólo unos segundos me he olvidado de ti… fue hace unos días cuando el dentista me rozó un nervio con el torno… Completamente sola… Está tumbado junto a la puerta de entrada… No me hace caso… Esta mañana fui a hacerle una caricia y por poco me muerde… No se le puede tocar… No, no… Levanta el hocico y hasta ladra si me acerco… parece otro perro… Le estoy empezando a tener miedo… En casa de Marta se convertiría en una fiera, ¿no te digo que ni siquiera me deja a mí que me acerque?… Contigo, sí… Yo le estoy tomando miedo. Desde aquí lo veo… Completamente quieto… ¿Y yo qué sé por qué?… A lo mejor piensa que yo tengo la culpa de que no vengas… o… incluso que te he hecho algo malo… ¡pobrecito!… No, si yo le quiero mucho… Por eso, porque sé lo que pasa… Que te quiere… Que te quiere muchísimo y… como no te ve…, pues me echa la culpa a mí… Sí, con José se va… mándalo cuanto antes… Sí, no me echaría de menos… Era tu perro, no el mío… Ahora lo estas viendo… Sí, lo que tu digas, solo que me da miedo acercarme… Está bien, ya pensaré a quién se lo doy…, pero estoy segura de que en tu casa se haría amigo de todos… de toda la… gente que… esté viviendo contigo… Sí, vida mía, tienes razón… es un perro y… por listo que sea… habrá cosas que… que no estén claras para él… Puede que no me conozca… a lo mejor le doy miedo… cualquier cosa, vete a saber… ¿No te acuerdas de aquella noche en que yo tuve que decirle a mi tía que se había muerto su hijo? Es muy blanca y muy pequeñita… Pues se puso roja, roja y se estiró como si fuese un gigante… Daba en el techo con la cabeza… parecía como si tuviese mil manos y daba espanto su sombra que llenaba la habitación entera… ¡espanto, sí!, pues su perra, precisamente se escondía debajo de la cómoda, y ladraba como si corriera detrás de un animal… ¡Ah, eso! ¿Cómo voy a saber eso?… Estoy muy descentrada… He hecho algunas cosas… peor que tonterías… ¿Por ejemplo? Pues he roto todas mis fotografías… no me preguntes por qué, hasta las de pasaporte. Sí… ¿Me quieres decir para qué lo necesito yo ahora?… Nos encontramos en un viaje… Si vuelvo a viajar y te vuelvo a encontrar me sentiría muy desgraciada… No, nunca… ¿Qué?… ¿Oiga? ¿Oiga?… Por favor, señora cuelgue… Le digo que cuelgue… Me tiene sin cuidado lo que opina de mí… Lo único que quiero es que cuelgue… Ridícula o no, dedíquese a sus cosas y antes cuelgue de una vez… ¡Ah! Cielo mío… cariño… no le hagas caso… No, no cortes, por favor, ya ha cortado ella… La he oído. Sí… ¿Te ha molestado lo que ha dicho?… Sí, sí, te ha molestado, te conozco muy bien… ¿Y a ti qué más te da?… Era una estúpida y ni siquiera sabe quien eres… una estúpida que piensa que todos los hombres son iguales… Que no, cielo mío, que no, que tú no te pareces a ninguno… ¿Por qué?… No le des más vueltas… Tenía que suceder y ha sucedido… Anteanoche se me acercó Henri… Querfa saber si tú tenías un hermano y si era el anuncio de su boda el que venía en el periódico… No, mal rato, no…, pero bueno tampoco… Como si me estuviesen dando el pésame, ¿qué iba a hacer?… La gente no tiene la culpa y como no se lo explica… Sí, la gente, en general… Para la gente las cosas son blancas o negras… Nos queremos mucho o nos odiamos a muerte… No, no te molestes, porque no conseguirás nada… Haz con todos lo mismo que yo estoy haciendo…
(Un gemido apagado.)
¡Ay!… No, no era nada… Es que como estoy hablando tanto… igual que siempre, ¿no?… Pues de pronto se me olvida lo que ha pasado… creo que no ha pasado y… cuando me doy cuenta…
(Llora.)
Ya sé que no tengo que volver a hacerme ilusiones… No, no, no es eso… Pero hasta ahora… cuando hemos tenido un problema… que nunca han sido importantes, pero en fin…, pues hasta ahora hablábamos, soñábamos y… al final, con un beso y un abrazo, pues… menos. Con una simple mirada nos volvíamos a entender… Por teléfono no es lo mismo… Por teléfono lo que se ha acabado se ha acabado. No, amor mío… Los suicidios no se repiten… Puede que sí, pero sólo una, para dormirme cuanto antes… ¿Tú me imaginas a mí comprando una pistola?… Ni entiendo ni quiero entender… ¡Pero si ya no tengo fuerzas ni para mentirte, cielo mío!… Te estoy diciendo la verdad… Sé que a veces es mejor mentir… mucho mejor… Ya ves, es como si tú… Si tú me engañas ahora pensando que voy a sufrir menos. No, no digo que me estás engañando. Lo que digo es que si yo me entero de que me has dicho una mentira… Una mentira pequeña, yo que sé, que estás en tu casa y no estás o… algo así… No… Escúchame, amor mío… no… Estoy segura… Te he puesto un ejemplo… ¿Cómo voy a decir yo que me estás mintiendo?… ¿Pero por qué te enfadas?, me has entendido mal.. Sí te has enfadado, sí, te lo noto en la voz… Lo que te he dicho es que si me mientes por cariño, por no hacerme daño, yo te lo tendría que agradecer… ¿qué?… ¿me oyes?… ¿me oyes?… ¿me oyes?…
(Cuelga el auricular. Habla bajo y rápido, casi como si rezara.)
¡Por favor que vuelva a llamar…! ¡Que vuelva a llamar! ¡Dios mío, que vuelva a llamar!
(Suena el teléfono. Lo descuelga.)
Se cortó otra vez… No, te decía, que si me mintieras por… para no hacerme sufrir y… y yo lo descubriese, todavía te querría más de lo que te quiero…
(Se ajusta el cordón telefónico en la garganta.)
No es verdad, parece que estamos juntos y nos separa media ciudad… Ahora está tu voz dando vueltas en mi garganta… Espera un poco… Es mejor que se corte por casualidad… ¿Yo? No, ¿cómo voy a pensar yo que estás deseando colgar?… Eso sería muy cruel y tú no eres cruel… ¿A dónde?… Marsella… ¿Tan pronto? ¿Pasado mañana?… Nada… Sí, bueno, que me hagas un favor, que no vayas al hotel de siempre… No, no quiero que te enfades… Es que… como hemos ido tantas veces juntos a ese hotel, pues… así no me imagino nada y… al no verlo me hará menos daño… ¿Comprendes por qué te lo pido?… Sí, gracias… Eres un ángel… Te quiero mucho… con toda mi alma…
(Se incorpora y va hacia la cama.)
¡Qué tonta soy!… Te iba a decir “hasta ahora mismo”… Lo de siempre, claro… Tienes razón, tienes razón… Es mejor que seas tú quien cuelgue…
(Se deja caer en la cama abrazada al auricular telefónico.)
Adiós, vida mía… Adiós… Sí, voy a tener mucho ánimo. Sí…, pero ahora date prisa y cuelga… ¡Cuelga, por favor!… ¡Ya! Te quiero… más que a mi vida… más que a mi vida… más que a mi vida…
OSCURO
Dario Fo. Muerte accidental de un anarquista
Obra de teatro publicada en 1970 del gran actor y dramaturgo italiano Dario Fo, quien fuera premiado con el Nobel de Literatura de 1997. La obra está inspirada en lo que sucedió en Estados Unidos en 1921, cuando el anarquista Salsedo, un inmigrante italiano “cayó” desde una ventana del piso 14 de la comisaría central de Nueva York. Un caso similar había ocurrido en Milán, Italia.
Tuve la oportunidad de asistir a la actuación de Dario Fo en Buenos Aires, en el Teatro Municipal San Martín (sería 1984, 1985), cuando representó su unipersonal Misterio Bufo y quedé fascinado por cómo actuaba y lo que decía.
Esas representaciones estuvieron condicionadas por una campaña de desprestigio por parte de cierto sector retrógrado de nuestra sociedad, ya que sostenían que desprestigiaba a la Iglesia. Tanto hablaron y despotricaron que algunos imbéciles rompieron los vidrios del Teatro, creo que con la idea de que rompiendo vidrios se rompen las ideas. En medio de la función a la que asistí, un espectador se levantó de su butaca y comenzó a gritarle una serie de inconsistencias, tras lo cual lo extirparon de la sala y todo volvió a la normalidad.
Muerte accidental de un anarquista es una comedia negra, donde dice cosas contundentes acerca de los políticos, los policías y el poder de turno. Imprescindible, obvio.
Eduardo Pavlovsky. Telarañas
El paquete
El Padre y la Madre traen un enorme paquete prolijamente envuelto en papel de seda. Lo colocan sobre la mesa del comedor. El Pibe, que está en el espejo, lo mira. Los padres quedan a un metro de la mesa.
MADRE: Y… abrilo. Es para vos. (EI Pibe no se mueve.)
PADRE: Es un regalo de papá y mamá. (El Pibe no se mueve. ) ¡Y dale!… abrilo. (El pibe se acerca.) ¡Y dale! (EI Pibe se acerca al paquete y lo sopla varias veces.) ¡No es una torta, infeliz! Es un paquete, ¿entendés? ¡Un pa-que-te! (A la Madre.) Abrilo vos.
(La Madre se acerca y va abriendo lentamente el paquete. Del fondo de la caja extrae una tela verde con un cierre relámpago. Abre el cierre relámpago y extrae lentamente una soga en forma de horca.)
MADRE: (Tomando la horca en sus manos muy sensualmente.) ¡Qué bien terminada está! (AI Pibe.) Tomá, es para vos. (EI Pibe agarra la soga automáticamente. Ni la mira.)
PADRE: ¡No tenés regalo, gorosito! La soga es americana. No se pudre. (Pausa) Y no decís nada, como siempre. ¡Qué vas a agradecernos algo vos!
MADRE: (Leyendo las instrucciones.) Se cuelga del techo, viejo. (Pausa.) ¿Aguantará?
PADRE: (Se sube a una escalera. Martilla y coloca la soga, que queda colgando. Mientras tanto, la Madre coloca una silla debajo de la horca.) (AI Pibe.) ¡A tu edad me iban a regalar estas cosas! ¡Qué vas a valorar vos todo lo que hacemos por vos!
MADRE: Upa, upa. (Golpe en la silla.) Aquí. Aquí. Subite aquí, nene.
PADRE: (Está inclinado en la escalera con la horca en la mano.) Y dale, subilo vos, vieja, que este degenerado no entiende nada.
(La Madre lo agarra violentamente y lo hace subir a la silla. El Pibe tiembla. EI Padre agarra la horca y se la quiere poner, pero no llega porque el Pibe baja la cabeza.)
MADRE: Cuidado, viejo. ¡A ver si te caés!
PADRE: (Al Pibe.) Y subí el bocho, infeliz. ¡Pero mirá qué hijo de puta, baja la cabeza para que no se la ponga! ¿Qué querés? ¿Que me rompa el alma?
MADRE: Y dale, nene, ayudalo a papito. Sé bueno.
(EI Padre le agarra el pelo, le estira la cabeza y le pone la horca. El Padre baja de la escalera.)
PADRE Y MADRE: ¡A la una, a las dos, y a… las tres!
(La Madre le saca la silla violentamente en el mismo momento que el Padre le da por detrás un violento empujón. El cuerpo del Pibe se bambolea por todo el cuarto. Se oyen gemidos y convulsiones. En uno de los vaivenes rompe el espejo, que queda en forma de telarañas.)
(Escena de la obra teatral Telarañas, estrenada en Buenos Aires en 1975)




