August Strindberg / La más fuerte (Den starkare, 1888)

(Versión: Enrique Llovet, Ediciones MK, Madrid, 1981)

Rincón del “reservado” para damas de un café. Un sofá tapizado de terciopelo rojo. Varias sillas. Dos mesas, velador de hierro. Entra la Señora X. Viste de invierno, con abrigo y sombrero. Lleva al brazo unos paquetes. La Señorita Z tiene en el velador, ante ella, una botella de cerveza medio vacía. Está leyendo una revista. La deja y toma otra.

SEÑORA X.–¡Hola, Amelia!… ¡Querida Amelia! ¿Pero qué haces aquí sola el día de Nochebuena?… ¡Ni que fueses una solterona abandonada!…

(Z levanta la vista, hace un gesto de cabeza y vuelve a su lectura.)

Me da un poco de pena verte así, solitaria en un café, en vísperas de Navidad. Y… Sí… Sí… Ahora recuerdo el mal rato que me llevé hace unos años en París… Fue en un “restaurant”… y decían que estaban celebrando una boda… Pero el caso es que la novia leía los chistes de un periódico mientras el novio y los testigos se entretenían jugando al billar… Yo pensé… era lo lógico ¿no? Me dije… “Pues la verdad es que si empiezan así ¡vaya vida y vaya final que les espera!” Lógico ¿no?… Si el marido se pone a jugar al billar la noche de bodas y a la novia no se le ocurre nada mejor que leer chistes, pues… ¿No te parece? en fin, no se por qué me he acordado… Este es un caso muy distinto.

(Se acerca una camarera y sirve una taza de chocolate a la SEÑORA X. Sale.)

Te voy a decir una cosa, Amelia… Ahora que te veo así creo que habría sido mucho mejor si le hubieses retenido… Te acordarás de que yo fui la primera que te dije que le perdonaras. ¿Te acuerdas, verdad? Si me hubieses hecho caso, ahora tendrías un marido y un hogar. ¿O es que no te acuerdas del año pasado?

Yo creo que pasaste unas Navidades muy felices, en el campo, en casa de los padres de tu novio… Tú lo sabes… La felicidad de un hogar tranquilo te deslumbró… ¡Pero si querías dejar el teatro y todo! Sí, Amelia, sí… Después del teatro, claro, después del teatro, lo mejor que hay en el mundo es una familia y una casa… ¿No estás de acuerdo? No, me parece que no estás de acuerdo… Me parece que tú no tienes sensibilidad para esas cosas…

(La SEÑORITA Z hace un gesto de desdén. la SEÑORA X se lleva la taza de chocolate a los labios. Abre los paquetes y comienza a enseñar las compras de Navidad.)

Esto se lo he comprado a mis niños… Mira esta muñeca… Es para Lisa… Fíjate… mueve la cabeza y pestañea… ¿No te gusta?… Y ésta es una pistola para Maia…

(La SEÑORA X carga la pistola, apunta a la SEÑORITA Z y dispara. La SEÑORITA Z se asusta.)

Pero… ¿por qué te asustas?… ¿No te habrás creído que te iba a matar?… Ay, ay, ay. ¡Seguro que te lo has creído! ¡Qué tontería!… Que tú me quieras matar a mí sería muy normal… Al fin y al cabo soy yo quien se ha interpuesto en tu camino… ¡Eso no se te olvidará nunca, claro! A ti te da lo mismo que no me sienta culpable… A ti… Tú crees que yo he intrigado para que te echasen del Teatro Nacional… Y eso no es verdad… No he intrigado ni he dicho una palabra sobre ti… Pero, en fin… No me vas a creer… Crees que he sido yo y con eso te basta.

(Saca de una caja unas zapatillas bordadas.)

Este es el regalo para mi marido… Los tulipanes los he bordado yo misma… Entre paréntesis… No me gustan nada los tulipanes, pero como a él le encantan… Vivimos rodeados de tulipanes…

(La SEÑORITA Z sin poderlo evitar, aparta la mirada de la revista y da una ojeada a las zapatillas entre curiosa y burlona. La SEÑORA X calza las zapatillas en sus manos.)

¿Has visto qué pies tan pequeños tiene Bob?… Y, sin embargo, ¿verdad que anda muy bien? Bueno, perdona, tú… claro… como no le has visto en zapatillas, pues… no puedes…

(La SEÑORITA Z deja oír un par de carcajadas.)

¡Fíjate bien! ¡Fíjate!

(La SEÑORITA Z vuelve a reír.)

¡No sabes cómo se pone cuando se enfada!… Patalea como un niño chico… “En esta casa no hay nadie que sea capaz de hacer un buen café”… ¡Je!… “¿Pero es que no sabéis despabilar las mechas de esas luces?”… Y con el frío… con las corrientes de aire se pone histérico… Es que es muy friolero, ¿sabes?… Sobre todo los pies… “Hace un frío espantoso y esa estufa se está apagando… ¡sois idiotas!”.

(La SEÑORA X frota una zapatilla contra otra. La SEÑORITA Z vuelve a reír.)

Bueno… y no te digo nada cuando empieza a buscar las dichosas zapatillas… que por lo demás están siempre en el mismo sitio… al lado del armario, que es donde las deja María… María es la sirvienta…

Una no debe reírse de su marido… no está bien… Además que tampoco se lo merece… No, no se lo merece. Es cariñoso… es amable… Está muy bien, muy bien… Es el marido que te hubiera ido bien a ti, Amelia… Sí, sí, no te rías… ¿Qué? ¿Has dicho algo?… Además la fidelidad también cuenta y él es fiel ¿sabes?… fiel… Si tú supieras… bueno, yo lo sé porque me lo ha contado él mismo…¿Qué es lo que te hace tanta gracia? Cuando tuve que hacer la gira por Noruega, esa furcia de Federica se lo intentó conquistar… Una cerdada…

(Pausa.)

Si lo llega a intentar delante de mí le arranco los ojos. (Pausa.) Debes saber que no me enteré por fuera, sino que Bob mismo me lo contó. De todas formas no fue solamente Federica. (Pausa.) No, no… la verdad es que no me lo explico, pero… mi marido enloquece a todas las mujeres… a lo mejor buscan su influencia en el Ministerio… Las subvenciones, las giras, ya me entiendes… Tú misma, tú misma diste alguna que otra vuelta a su alrededor. por eso te tengo la confianza justa… la justa y nada más… Ya sé que tú no le importas lo más mínimo, pero… en cambio, me da la impresión de que tú estás como resentida con él…

(Pausa incómoda. Las dos mujeres se miran cara a cara.)

Vente esta noche a cenar a casa, Amelia… Anda… Esa será una buena prueba de que nos guardas rencor… Por lo menos a mí me resulta insufrible que estemos enfadadas… Claro que si tú crees que yo te cerré el camino… A no ser que… No, tampoco… Es idiota, pero no entiendo absolutamente nada de lo que está pasando entre nosotras.

(La SEÑORITA Z mira fijamente, con mucha curiosidad, a la SEÑORA X. La pausa se alarga.)

Ahora que lo pienso, la verdad es que nos conocimos de una forma muy rara… Me diste mucho miedo el día que te conocí… Tanto, tanto miedo que no me atreví a quitarte la mirada de encima. Fuí amiga tuya y… no me despedí de ti, de miedo que tenía a que te convirtieses en una enemiga… Y eso que cada vez que venías a vernos me costaba un disgusto… Estaba claro que mi marido no te podía aguantar. Tan claro que… bueno, como cuando una se pone un vestido que sabe que le cae mal… Sí, eso… ¡Mira que intenté por todos los medios que Bob fuese simpático contigo!… ¡Pero fracasé!… ¡No hubo nada que hacer!… Hasta que te salió aquel novio… Entonces, sí… Entonces empezasteis Bob y tú a ser amigos… bastante amigos… Parecía como… Parecía como si antes no os hubieseis atrevido a ser como sois o… bueno… como si ya pudieseis intimar sin miedo porque tú estabas fuera de… como a salvo… si entiendes lo que quiero decir… Tampoco he podido comprender nunca lo que vino después… Lo único que recuerdo es que jamás tuve celos de ti… ¡Qué raro! Cuando el bautizo… como te habíamos elegido madrina… le dije a Bob que te diese un abrazo y él te lo dio, sin más… Te lo dio y a ti se te cambió el color… Entonces no me di cuenta ni después tampoco… Se me olvidó aquella imagen, eso fue todo… ¡Pero ahora!

(Se levanta bruscamente.)

¿Por qué estás tan callada?… Desde que me he sentado aquí no me has dirigido ni una sola palabra… Yo, en cambio, he estado hablando y hablando… y tú me has dejado hablar sola… mejor dicho has estado mirándome y devanando mis pensamientos… Tú, sí, tú… Has hurgado en mi cabeza como hacen los gusanos con la seda de los capullos… Ideas… ideas raras… ideas sospechosas. Espera, espera, déjame pensar un poco… ¿Por qué rompiste tu noviazgo? ¿Por qué no has vuelto a venir a casa? ¿Por qué no quieres venir a pasar la Nochebuena con nosotros?

(La SEÑORITA Z hace un ademán como si quisiera responder.)

No, no… cállate, cállate ahora… Ya no necesito que me digas nada… Ya está todo claro… todo en orden… Ya sé todos los porqués… ya tengo el rompecabezas listo… Ya lo veo…

(La SEÑORA X continúa su discurso en tono despectivo.)

Lo que no tengo es ánimo para estar sentada a tu misma mesa.

(Cambia los paquetes de mesa.)

Por eso he tenido que quedarme poco menos que ciega, bordando tulipanes; porque A TI te encantan los tulipanes…

(Tira al suelo las zapatillas.)

Y por eso fuimos a veranear a orillas del lago Malara… porque el mar no te gusta.
Mi hijo se llama Eskil que era el nombre de tu padre… Y he tenido que usar los colores que tú usas… y he tenido que leer los libros que a ti te gustan… y he comido lo mismo que tú comes… y he bebido lo que tú bebes… el chocolate sin ir más lejos y, además, incluso, incluso… ¡Dios mío! ¡Dios mío!… ¡Qué espanto!… ¡Y qué villanía!… Todo, absolutamente todo, ha llegado hasta mí trayendo tu marca… Todo… hasta tu sensualidad… Has entrado dentro de mí como los gusanos en las manzanas… Has ido poco a poco royéndome… cavando… perforando… para convertirme en un poco de polvo negro envuelto en una piel arrugada… Por eso quería escapar de él… Pero no era fácil… Has estado siempre delante de mí tratando de fascinarme con tus ojos negros… igual que las serpientes… Yo sabía que podía volar, claro, pero que tendría que volar hacia ti… Me ahogaba… Y me ahogaba porque estaba en el agua, porque tenía atados los pies y porque cuanto más braceaba más y más me hundía… Tú estabas en el fondo… Eres un cangrejo gigante que me esperaba feliz para destrozarme entre tus pinzas… Está bien, ya me tienes… ¡Te odio! ¡Te odio con todo mi cuerpo y con toda mi alma…! ¡Te odio!… Te odio porque estás ahí sentada… fría… indiferente… sin nervios y callada… porque te da igual que haya luna llena o que no haya luna… porque no te importa que sea Navidad o Año Nuevo… ni que otros seres humanos sean felices o desgraciados… No te importa nada… No puedes sentir odio y no puedes sentir amor… Pareces una cigüeña estúpida, inmóvil delante del agujero de un ratón… No le puede atrapar, claro… Pero puede esperar tranquilamente a que se asome… Y eso es lo que estás haciendo aquí… en tu rincón del café… ¿No sabes que le llaman “La Ratonera”?… Y se lo llaman por ti… porque te pasas aquí horas y horas leyendo la prensa para enterarte bien, muy bien enterada, de quien ha tenido una desgracia familiar… de quien se ha arruinado… de a quien han echado por fin del teatro… Vives de eso… de esperar que la vida te entregue alguna presa… Repasas tu vida y cuentas tus éxitos como si fueses el capitán de un barco hundido… o… o… una diosa que espera los sacrificios humanos… ¡Pobrecita Amelia! ¡Pobre! ¡Pobre! Me das mucha lástima porque todo eso es verdad… Pero también es verdad que eres una desgraciada y como eres una desgraciada te sientes herida y como te sientes herida te vuelves pura maldad. No es que yo sea buena… Es que no puedo enfadarme contigo; eres demasiado débil… Por eso me tiene sin cuidado lo que hayas tenido o no hayas tenido con Bob… ¿Cómo me va a importar a estas alturas? ¿Qué más da qie hayas sido otra o hayas sido tú quien se ha esforzado tanto para enseñarme a tomar chocolate?

(Bebe un poco de chocolate.)

La verdad es que el chocolate es una bebida muy sana… Y gracias también si eres tú quien me ha enseñado a vestirme… Mi marido es feliz y yo he ganado exactamente todo lo que tú has perdido… Por supuesto… Hay síntomas que no engañan… Has perdido y lo has perdido todo… A lo mejor pensabas que yo no iba a luchar… que iba a hacer como tú… esconderme… retroceder… Sí, ahora sabes que te equivocaste… porque yo no me retiro… Yo no abandono el campo… Yo no quiero vivir mezquinamente quedándome sólo con las sobras de los demás… No… Y por eso… por eso me parece que soy la más fuerte… la prueba es que tú no has recibido nada de mí y en cambio has tenido que ir entregando todo lo que tenías. ¿Te acuerdas de aquel cuento de los ladrones? Ahora puedes despertarte y empezar a contar todo lo que yo te he quitado… que ni siquiera es robar porque nada tiene valor en tus manos… Tú lo esterilizas todo… tanta pasión y tanto tulipán y no has sido capaz de retener a un hombre… Yo, en cambio… Yo he aprendido la vida en la vida… Tú la buscabas en los libros… Tu padre se llamaría Eskil, pero el Eskil de hoy es mío… ¿No quieres contestar, verdad? Siempre callada… siempre… Hubo un tiempo en que creí que tus silencios eran una gran fuerza… me equivoqué… te callas porque no tienes nada que decir… ¡Estás vacía!

(Se levanta y guarda las zapatillas.)

Me voy a casa con mis tulipanes… con TUS tulipanes… Fuiste incapaz de aprender algo de los demás… incapaz de vivir y de templarte de una vez… Por eso estás destrozada, como una caña seca… ¡Y ahora, mírame a mí! Adiós, Amelia, gracias por tus clases… Y gracias por haber enseñado a mi marido a quererme… Me voy a casa… Tengo ganas de hacer el amor con él.

(Sale.)

OSCURO

* * *

Johan August Strindberg nació en Estocolmo, Suecia el 22 de enero de 1849 y falleció el 14 de mayo de 1912 en esa ciudad.

Obras principales:

El librepensador (Fritänkaren, teatro, 1870)
En Roma (I Rom, teatro, 1870)
Maestro Olof (Mäster Olof, drama histórico, 1872)
La habitación roja (Röda rummet, novela, 1879)
El nuevo reino (Det nya riket, novela, 1882)
Viaje de Pedro el afortunado (Lycko-Pers resa, drama, 1883)
Pequeño catecismo para la clase baja (Lilla katekes för underklassen, 1884-85)
Casados I y II (Giftas I–II, narraciones cortas, 1882–1891)
Utopías en la realidad (Utopier i verkligheten, narraciones cortas, 1885)
El hijo de la sierva (Tjänstekvinnans son, novela autobiográfica, 1886–1909)
Gentes de Hemsö (Hemsöborna, novela, 1887)
Alegato de un loco (En dåres försvarsdal, novela autobiográfica, 1887–1895)
El padre (Fadren, drama, 1887)
La señorita Julia (Fröken Julie, drama, 1888)
La más fuerte (Den starkare, monólogo, 1888)
Acreedores (Fordringsägare, drama, 1888–1889)
El paria (Paria, drama, 1889)
El romántico campanero de Ranö (Den Romantiske Klockaren På Rånö, novela, 1889)
A orillas del ancho mar (I Havsbandet, novela, 1890)
Inferno (Inferno, autobiografía, 1898)
Camino a Damasco (Till Damaskus, trilogía dramática, 1898–1904)
La saga de los Folkunga (Folkungasagan, drama, 1899)
Erik XIV (Erik IV, drama, 1899)
La danza de la muerte (Dödsdansen, drama, 1900)
Carlos XII (Carl XII, drama histórico, 1901)
Cristina (Kristina, drama histórico, 1901)
El sueño (Ett drömspel, drama, 1901)
Gustavo III (Gustaf III, drama histórico, 1902)
Solo (Ensam, novela autobiográfica, 1903)
Banderas negras (Svarta fanor, novela, 1907)
El banquete techado (Taklagsöl, novela, 1907)
El chivo expiatorio (Syndabocken, novela, 1907)
La tormenta (Oväder, drama, 1907)
La casa incendiada (Brända tomten, drama, 1907)
La sonata de los espectros (Spöksonaten, drama, 1907)
El pelícano (Pelikanen, drama, 1907)
La carretera (Stora landsvägen, drama, 1909)

Samuel Beckett (1952) En attendant Godot [Waiting for Godot] (Esperando a Godot)

Samuel Beckett escribió Esperando a Godot originalmente en francés y luego él mismo hizo la traducción al inglés como Waiting for Godot. Es una de las obras teatrales y literarias más importantes de todas las épocas, sobre todo del llamado “teatro del absurdo”.

En principio dos personajes, Estragón y Vladimiro, en un “camino en un descampado, con árbol. Atardecer”, al parecer vagabundos, que se reencuentran. Están esperando a Godot, quien les dijo que tenían que esperar “delante del árbol”. Luego aparecerán Pozzo quien trae a Lucky con una soga atada al cuello. Un muchacho intervendrá para traerles alguna novedad de Godot.

¿Para qué esperan a Godot? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esperar? ¿Por qué Pozzo somete a un trato inhumano a Lucky?

Todo transcurre en torno a estas preguntas cuyas respuestas el espectador o lector podrá interpretar, pero cuya absurdidad quizás no sea tal ya que simplemente nosotros somos los que ignoramos. Quizás los personajes sepan de qué se trata este drama. Quizás todo sea absurdo porque la vida es absurda, tanto como preguntarnos por la vida.

* * *

VLADIMIRO.- No perdamos el tiempo en discusiones inútiles. (Pausa. Con vehemencia.) Hagamos algo, ahora que se presenta la ocasión. No siempre nos necesitan. La verdad es que no se nos necesita. Otros lo harían igual que nosotros, si no mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a toda la Humanidad. Pero en este lugar, en ese momento, nosotros somos la Humanidad, queramos o no. Aprovechemos la Ocasión antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez a esa ralea de que la desgracia nos ha hecho formar parte. ¿Qué te parece?

ESTRAGÓN.- No te escuchaba.

VLADIMIRO.- Bien es verdad que quedándonos de brazos cruzados, pesando el pro y el contra, también hacemos honor a nuestra condición. El tigre se precipita en auxilio de sus congéneres sin pensarlo. O se refugia en lo más espeso de la selva. Pero la cuestión no es esta. «¿Qué hacemos aquí.?», es lo que tenemos que preguntarnos. Tenemos la suerte de saberlo. Si; en medio de esta inmensa confusión, una sola cosa está clara: esperamos que venga Godot.

ESTRAGÓN.- Es verdad.

VLADIMIRO.- O que caiga la noche. (Pausa.) Tenemos una cita, y se acabó. No somos santos; pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?

ESTRAGÓN.- Infinidad de gente.

VLADIMIRO.- ¿Tú crees?

ESTRAGÓN.- No sé.

VLADIMIRO.- Es posible.

POZZO.- ¡Socorro!

VLADIMIRO.- Lo que es cierto es que el tiempo, en estas condiciones, pasa despacio y nos lleva a llenarlo con triquiñuelas que, ¿cómo diría?, a primera vista pueden parecer razonables, pero a las que estamos acostumbrados. Me dirás que es para impedir que nuestra razón se nuble. De acuerdo. Pero he aquí lo que me pregunto a veces: ¿no anda errante ya en la continua noche de los grandes abismos? ¿Sigues mi razonamiento?

ESTRAGÓN.- Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo.

POZZO.- ¡Socorro! ¡Les daré dinero!

ESTRAGÓN.- ¿Cuánto?

POZZO.- Dos duros.

ESTRAGÓN.- Es poco.

VLADIMIRO.- Yo no llegaría hasta eso.

ESTRAGÓN.- ¿Te parece bastante?

VLADIMIRO.- No; quiero decir hasta afirmar que cuando vine al mundo ya estaba mal de la cabeza. Pero la cuestión no es esa.

POZZO.- Cinco.

VLADIMIRO.- Estamos esperando. Nos aburrimos. (Levanta la mano.) No, no me contradigas; nos aburrimos como ostras, qué duda cabe. Bueno. Se nos presenta una diversión, ¿y qué hacemos? La dejamos que se pudra. Venga; manos a la obra. (Avanza hacia POZZO, se detiene.) Dentro de un instante todo se disipará. Estaremos otra vez solos, en medio de las soledades. (Piensa.)

(Del Acto II)

Beckett

Samuel Barclay Beckett nació el 13 de abril de 1906 en Foxrock, Dublin, Irlanda y falleció el 22 de diciembre de 1989 en Paris, Francia. En 1969 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Obras dramáticas: 
Teatro:
Human Wishes (c. 1936; publicada en 1984)
Eleutheria (1940s; publicada en 1995)
En attendant Godot [1952; Waiting for Godot (1953), Esperando a Godot]
Act Without Words I (1956)
Act Without Words II (1956)
Endgame (1957, Final de partida)
Krapp’s Last Tape (La derniére bande, 1958, La última cinta)
Rough for Theatre I (fines de los ’50)
Rough for Theatre II (fines de los ’50)
Happy Days (Oh les beaux jours, 1961, Los días felices)
Play (1963)
Come and Go (1965)
Breath (1969)
Not I (1972)
That Time (1975)
Footfalls (1975)
Neither (1977) (Una “opera”, música de Morton Feldman)
A Piece of Monologue (1980)
Rockaby (1981)
Ohio Impromptu (1981)
Catastrophe (1982)
What Where (1983)

Radio:
All That Fall (1957)
From an Abandoned Work (1957)
Embers (1959)
Rough for Radio I (1961)
Rough for Radio II (1961)
Words and Music (1961)
Cascando (1962)

Television:
Eh Joe with Jack MacGowran (1965)
Beginning To End with Jack MacGowran (1965)
Ghost Trio (1975)
… but the clouds … (1976)
Quad I + II (1981)
Nacht und Träume (1982)
Beckett Directs Beckett (1988/92) The San Quentin Drama Workshop

Cine:
Film (1965)

Colecciones de prosas y obras más extensas: 
Novelas:
Dream of Fair to Middling Women (1932; publicada en 1992)
Murphy (1938)
Watt (1945; publicada en 1953)
Mercier and Camier (1946; publicada en 1974)
Molloy (1951)
Malone Dies (1951, Malone muere)
The Unnamable (1953, El innombrable)
How It Is (1961, Cómo es)

Novellas:
The Expelled (1946)
The Calmative (1946)
The End (1946)
The Lost Ones (1971)
Company (1980, Compañía)
Ill Seen Ill Said (1981)
Worstward Ho (1983)
As the Story was Told (1990)

Historias:
More Pricks Than Kicks (1934)
First Love (1945, Primer amor)
Stories and Texts for Nothing (1954)
Fizzles (1976)
Stirrings Still (1988)

No ficción:
Dante…Bruno. Vico..Joyce (1929)
Proust (1931)
Three Dialogues (con Georges Duthuit y Jacques Putnam) (1949)
Disjecta (1929–1967)
L’Image (1959)

Libros de poesía:
Whoroscope (1930)
Echo’s Bones and other Precipitates (1935)
Collected Poems in English (1961)
Collected Poems in English and French (1977)
What is the Word (1989)
Selected Poems 1930–1989 (2009)

Colección de traducciones y obras grandes:
Anna Livia Plurabelle (traducción francesa de James Joyce hecha por Beckett y otros) (1931)
Negro: an Anthology (Nancy Cunard, editor) (1934)
Anthology of Mexican Poems (Octavio Paz, editor) (1958)
The Old Tune (Robert Pinget) (1963)
What Is Surrealism?: Selected Essays (André Breton) (varias obras breves en la colección)

Natalia Paganini / Unione Benevolenza (en el Teatro Payró)

8 de diciembre de 1994. En Mataderos se respira un silencio ensordecedor y los reiterados cortes de luz dejan las calles desiertas. “Unione Benevolenza”, la histórica carnicería familiar del barrio, se encuentra devastada por el avance del hipermercado de turno. En ella, sobrevive lo que quedó: Mingo, su hermana Isabel y su novia Roxana parecieran haber detenido el tiempo en un secreto. Un secreto que los une y los aísla del mundo. Un secreto que corre peligro por una llegada inesperada. Teresa, la hermana que quiso escapar, regresa después de 10 años de ausencia con una decisión que cambiará para siempre la monótona vida de los Benevolenza.

Unione Benevolenza es el resultado de un intenso trabajo colectivo. El proyecto surgió, en primera instancia, como una necesidad de contar las ruinas que dejó la década del 90 en nuestro país.

Hacia mediados de 2010, una imagen se apoderó de nosotros: una carnicería detenida en el tiempo, devastada por el avance del hipermercado de turno.

A partir de esta postal inevitable, el espacio se volvió simbólico y los cuerpos de los actores comenzaron a explorar las miserias de una familia en decadencia. El texto se construyó sobre la base de improvisaciones y mi trabajo consistió en darle forma a ese material heterogéneo y prolífico.

En el devenir de la creación colectiva apareció otra imagen potente: el congelamiento. En Unione Benevolenza, “nada se tira, todo se congela”. Todos esconden la mugre debajo de la alfombra, todos patean la pelota.

El tiempo se detiene y la vida también. La monotonía se vuelve absurda y clausura el futuro, dejando un presente en el que sólo habitan fantasmas.

Una familia de negaciones, como muchas.

En definitiva, todos tenemos un muerto en el placard.

Natalia Paganini

* * *

Grotesco y drama para poner en escena una historia del paso del tiempo y sus consecuencias. El tiempo y el transcurrir de la historia argentina de las últimas décadas en la voz y el cuerpo de los hermanos Isabel, Teresa, Mingo y su novia Roxana. Lo que antes fue una importante carnicería del barrio de Mataderos al mando del padre de los tres hermanos, hoy quedan sus restos. Una carnicería sin carne y el recuerdo del padre ausente. Hambre, locura, humor y tragedia unen a los cuatro protagonistas.

Excelentes las actuaciones de los cuatro, sobre todo de Mariana Paganini (Isa), la adolescente especial con su cordura y espontaneidad, pero maravillosamente acompañada por Miguel Ángel Vigna (Mingo), Florencia Orce (Roxi) y Sofía D’Afflitto (Tere). Un texto y una puesta en escena impecables donde cada uno logra lucirse.

* * *

Todos los sábados de noviembre a las 20 hs.
Iluminación: Diseño de iluminación: José Luis Misevich
Diseño gráfico: Sophian.com.ar
Producción: Andrea Cataldo
Vestuario: Yamila Ornella Gentile
Diseño del espacio: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Asistencia de dirección: Andrea Cataldo
Dramaturgia y dirección: Natalia Paganini
Dramaturgia: Natalia Paganini
Realización de escenografía: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Realización audiovisual: Florencia Orce, Pablo Moro, Ivana Ostertag, Leandro León.

John Osborne / Recordando con ira (en el Teatro San Martín, Complejo Teatral de Buenos Aires)

Recordando con ira (1956, también traducida como Mirando hacia atrás con ira) es la obra más conocida del dramaturgo inglés John Osborne. En traducción y adaptación de Mauricio Kartun y con la dirección de Monica Viñao se la está representando en el Teatro San Martín.

Jimmy Porter (Esteban Meloni) es cínico, inteligente, sarcástico. Vive con Alison, su mujer desde hace cuatro años (Romina Gaetani). Y su amigo Cliff (Guillermo Arengo) siempre está con ellos ya que vive en otro departamento de la misma casa victoriana. La visión de Jimmy acerca del mundo y de las personas (sobre todo de Alison) es bastante escéptica e irascible, incluso las maltrata y se burla de todos. Tiene un puesto de venta de chocolatines y tienen carencias económicas, si bien ella es de una familia acomodada. Es una habitación de un hogar más bien modesto. La explosión de los rencores está latente. Jimmy viaja a Londres para ver a la madre de Hugh, un amigo, que está grave, a punto de morir. Helena Charles (Andrea Bonelli), amiga de Alison y actriz, está trabajando en la compañía del teatro Hippodrome y temporalmente recibe alojamiento en el departamento, quedándose junto a su amiga mientras Jimmy está ausente. Algo le sucede a Alison, íntimamente relacionado con Jimmy. Y al regreso de su viaje, las cosas habrán cambiado.

*

Cuatro excelentes actuaciones: personajes comunes y corrientes interpretados de manera ejemplar, apoyados por una traducción que vuelca el texto de manera fluida a nuestro hablar cotidiano. Se luce Esteban Melloni porque la obra gira en torno a él, pero tanto Romina Gaetani como Guillermo Arengo y la bella Andrea Bonelli están a la altura de las circunstancias, dándoles vida a cada uno de sus personajes.

La obra plantea una interesante tensión entre los personajes sustentada en los comentarios mordaces de Jimmy sobre la vida en general y sobre cada uno de ellos en particular. Pero una vez planteada la historia, la parte media de Recordando con ira no sostiene esa intriga, transcurriendo entre disputas verbales. No hay muchos elementos nuevos en su desarrollo salvo hacia el final cuando algo sucede entre Alison y Jimmy, y entre él y Helena.

(Respecto al texto original, han introducido una variante que es haber suprimido -en el Acto II, Escena II-, al personaje del Coronel, padre de Alison.)

*

John James Osborne nació el 12 de diciembre de 1929 en Fulham, Londres, Inglaterra y falleció el 24 de diciembre de 1994 en Clun, Shropshire, Inglaterra.

Obras:
The Devil Inside (1950)
The Great Bear (1951)
Personal Enemy (1955)
Look Back in Anger (Recordando con ira, 1956)
The Entertainer (1957)
Epitaph for George Dillon (1958)
The World Of Paul Slickey (1959)
A Subject Of Scandal And Concern (para TV, 1960)
Luther (1961)
Plays for England (1962)
The Blood of the Bambergs (1962)
Under Plain Cover (1962)
Tom Jones (guión, 1963)
Inadmissible Evidence (1964)
A Patriot for Me (1965)
A Bond Honoured Theatre (1966, adaptación en un acto de La fianza satisfecha, de Lope de Vega)
The Hotel In Amsterdam (1968)
Time Present (1968)
The Charge of the Light Brigade (guión, 1968)
The Right Prospectus (para TV, 1970)
West Of Suez (1971)
A Sense Of Detachment (1972)
The Gift Of Friendship (para TV, 1972)
Hedda Gabler (1972, adaptación de la obra de Ibsen)
A Place Calling Itself Rome (1973, adaptación de Coriolano, de Shakespeare)
Ms, Or Jill And Jack (para TV, 1974)
The End Of Me Old Cigar (1975)
The Picture Of Dorian Gray (1975, adaptación de la obra de Oscar Wilde)
Almost A Vision (para TV, 1976)
Watch It Come Down (1976)
Try A Little Tenderness (1978)
Very Like A Whale (para TV, 1980)
You’re Not Watching Me, Mummy (para TV, 1980)
A Better Class of Person (para TV, 1985)
God Rot Tunbridge Wells (para TV, 1985)
The Father (1989, adaptación de la obra de Strindberg)
Déjàvu (1992)

Libros:
A Better Class of Person (1981, volumen I de su autobiografía)
Almost a Gentleman (1991, volumen II de su autobiografía)

*

Todos los jueves funciones con Servicio de Audiodescripción para personas ciegas.

Sala Casacuberta, Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530

William Shakespeare / Macbeth (en el Teatro San Martín, Complejo Teatral de Buenos Aires)

La tragedia de Macbeth (The tragedy of Macbeth) fue escrita por William Shakespeare alrededor de 1606.

Macbeth ha tenido un importante desempeño en la lucha contra el intento de invasión a Escocia de noruegos e irlandeses. Como recompensa Duncan, el rey le dará a Macbeth el título de Thane (Barón) de Cawdor. En el trayecto de regreso del campo de batalla, tres brujas saludan a Macbeth primero como Thane de Glamis, luego como Thane de Cawdor y finalmente le vaticinan que será rey. Le escribe a su esposa una carta en la que le dice del vaticinio de las brujas y una vez en el castillo Lady Macbeth lo incita a asesinar al rey para que ese vaticinio se cumpla de una vez.

La ambición hará el resto.

La versión de Macbeth que dirigió Javier Daulte me sedujo por su puesta en escena aunque otras cuestiones y detalles supongo que han sido decididas a su gusto por el director, como debe suceder. No me gustaron, pero no discuto su elección.

A favor: la ambientación de la historia en la época contemporánea, no en la época en que sucedieron los hechos. Macbeth fue rey de los escoceses entre 1040 y 1057. En la obra de Daulte hay personal de seguridad armado con ametralladoras y fusiles y agentes con traje, corbata y anteojos negros. La escenografía es acorde con la situación, hay estructuras metálicas, escalinatas y pasillos sugiriendo una estructura más grande aún que lo que ocupan los personajes, todo muy laberíntico. Otro acierto es la ambientación musical, si bien no hay casi melodías, la música incidental y los efectos sonoros son excelentes, así como las caracterizaciones de las tres brujas y de Hécate. Muy divertido Martín Pugliese en el personaje del Portero, en una suerte de transición hacia la mitad de la obra.

Opinable: el volumen excesivo de la voz de casi todos los actores, siempre gritando sus parlamentos. Por momentos me fue trabajoso poder concentrarme en la historia que se desarrollaba. La dicción me resultó molesta; no tanto el voceo sino un decir muy coloquial, casi canchero. Alberto Ajaka (Macbeth) no me transmitió la ambición y locura del personaje, pero Mónica Antonópulos (Lady Macbeth) fue un poco más apropiada aunque siempre al borde del grito y la sobreactuación, así como Luciano Cáceres (Macduff).

El producto final es bueno (y Shakespeare siempre es necesario…) por una puesta en escena distinta y por el esfuerzo de todo el equipo que puso en marcha una obra semejante, pero quizás el acotado aplauso final reflejó la sensación de que podría haber habido algo más sobre el escenario.

La traducción de la obra estuvo a cargo de Daniel Zamorano.

Elenco (por orden de aparición):

Bruja 1 Leticia Mazur
Bruja 2 / Dama Débora Zanolli
Bruja 3 Margarita Molfino
Duncan, rey de Escocia / Médico Alberto Suárez
Malcom, hijo mayor de Duncan, heredero del trono Joaquín Berthold
Donalbain, hijo menor de Duncan William Prociuk
Sargento / Asesino 2 / Menteithnoble escocés Ezequiel Rodríguez
Lennox, noble escocés 
Fabio Aste
Ross, noble escocés 
Leonardo Saggese
Macbeth, Thane de Glamis y primo del rey (luego Thane de Cawdor y futuro rey de Escocia) 
Alberto Ajaka
Banquo, amigo de Macbeth y general en el ejército de Duncan 
Agustín Rittano
Angusnoble escocés 
Federico Buso
Lady Macbeth, esposa de Macbeth 
Mónica Antonópulos
Seyton 
Marcelo Pozzi
Fleance, hijo de Banquo / Joven Siward 
Emiliano Dionisi
Portero 
Martín Pugliese
Macduff, Thane de Fife 
Luciano Cáceres
Asesino 1 
Julián Calviño
Asesino 3 / Caithnessnoble escocés 
Francisco Pesqueira
Hécate / Lady Macduff 
Julieta Vallina
Muchacho 
Valentino Alonso
Siward, conde de Northumberland, general de las fuerzas inglesas 
Javier Niklison

Coordinación de producción: Mariana Mitre, Mariana Toledo
Asistencia de dirección: Rubén Pinta
Apuntadora: Tanya Barbieri
Asistencia de vestuario: Mariana Seropian
Asistencia de escenografía: José Escobar
Asistencia artística: Andrea Garrote
Coreografía: Carlos Casella
Música: Diego Vainer
Iluminación: Gonzalo Córdova
Vestuario: Mariana Polski
Escenografía: Alicia Leloutre

William Shakespeare / Twelfth Night, or What you will (1601) Noche de Epifanía, o Lo que queráis

La comedia Twelfth Night (or What you will) fue escrita por William Shakespeare entre 1600 y 1601. El título hace alusión a Twelfth Day, el 6 de enero, día de Reyes, festividad de la Epifanía.

El conde Orsino, duque de Iliria, está enamorado de Olivia, una doncella virtuosa cuyo padre murió hace nueve meses. Pero Olivia también está de duelo por otro fallecimiento más reciente, el de su querido hermano. Por lo tanto ha decidido enclaustrarse durante siete años y llevar un velo sobre su rostro.

Viola, una dama, se salvó de un naufragio junto a algunos miembros de su séquito y desconoce si un hermano suyo que viajaba con ella ha sobrevivido. A consecuencia de haber sobrevivido llegó a los dominios del conde Orsino, de quien había oído que tiene un carácter noble y está soltero. Interesada por llegar al conde y conquistar su corazón, primero considera entrar al servicio de Olivia pero de incógnito. Desestima esa posibilidad y luego decide servir a Orsino disfrazada de hombre, como eunuco, bajo el nombre de Cesario.

María, doncella de Olivia, elabora un plan para hacer circular falsas cartas de amor donde Olivia escribe que está enamorada de Malvolio, intendente de Olivia, para entusiasmarlo de amor.

Sir Tobías (tío de Olivia) y Sir Andrés Aguecheek son amigos y compañeros de juerga.

Pero Olivia está fascinada con Cesario (Viola) y le declara su amor sin saber que es una mujer. Sir Andrés (entusiasmado de amor por Olivia) es testigo oculto de esta declaración. Se lo comenta a Sir Tobías y éste le sugiere que desafíe a Cesario a batirse a duelo con la excusa de una falsa ofensa.

A todo esto, Sebastián, el hermano de Viola también se ha salvado del naufragio pero piensa que su hermana ha muerto. Y llega a los dominios de Orsino junto con Antonio, capitán de navío.

* * *

ORSINO: Si la música es el alimento del amor, tocad siempre, saciadme de ella, para que mi apetito, sufriendo un empacho, pueda enfermar, y así morir. ¡Repetid ese trozo! Tiene una lánguida cadencia. ¡Oh! Vibra en mis oídos como el suave susurro que sopla sobre un bancal de violetas, arrebatando y, a la vez, dando perfume. ¡Basta! No más. Eso no es ya tan melodioso como lo de antes. ¡Oh espíritu del amor! ¡Qué vivacidad y qué frescor hay en ti! Tu capacidad, no obstante, es inmensa como el océano, donde nada cae, sea cual fuere su valor y su talla, sin que entre en disminución y pierda precio en un minuto. Tan fecunda en formas cambiantes es la fantasía, no más que elevación imaginaria.

(Acto I, escena 1)

BUFÓN: Los locos se parecen a los maridos como las sardinas a los arenques; solo que los maridos son más gruesos.

(Acto III, escena 1)

VIOLA: La locura que se manifiesta por palabras sensatas es ingeniosa, mientras que los sensatos, si se vuelven locos, pierden para siempre su cordura.

(Acto III, escena 1)

* * *

William Shakespeare fue bautizado el 26 de abril de 1564 (se desconoce su fecha de nacimiento) en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra y falleció el 23 de abril de 1616 también en Stratford-upon-Avon.

Obras (de en.wikipedia.org) (en muchos casos los años de escritura son aproximados):

Obras de teatro:

Las obras están aquí según el orden que se les dió en el First Folio de 1623. Las que están señaladas con un asterisco (*) son conocidas habitualmente como los “romances” (según el término original inglés). Las señaladas con dos asteriscos (**) a veces son denominadas como “problem plays” (obras de problemas).

Comedias:

The Tempest * (1610-1611) (La tempestad)
The Two Gentlemen of Verona (1598-1591) (Los dos hidalgos de Verona)
The Merry Wives of Windsor (1597-1598) (Las alegres casadas de Windsor)
Measure for Measure ** (1603-1604) (Medida por medida)
The Comedy of Errors (1592-1594) (La comedia de las equivocaciones)
Much Ado About Nothing (1598-1599) (Mucho ruido y pocas nueces)
Love’s Labour’s Lost (1594-1595) (Trabajos de amor perdidos)
A Midsummer Night’s Dream (1595) (Sueño de una noche de verano)
The Merchant of Venice ** (1596) (El mercader de Venecia)
As You Like It (1599-1600) (A vuestro gusto)
The Taming of the Shrew (1590-1591) (La doma de la bravía)
All’s Well That Ends Well ** (1601-1608) (A buen fin no hay mal principio)
Twelfth Night (1600-1601) (Noche de Epifanía)
The Winter’s Tale * (1609-1610) (El cuento de invierno)
Pericles, Prince of Tyre * (1607) (no incluída en el First Folio) (Pericles, Príncipe de Tiro)
The Two Noble Kinsmen (1613-1614) * (no incluída en el First Folio) (Los dos nobles caballeros)

Historias:

King John (1596) (La vida y muerte del Rey Juan)
Richard II (1595) (Ricardo II)
Henry IV, Part 1 (1596-1597) (Enrique IV, primera parte)
Henry IV, Part 2 (1597-1599) (Enrique IV, segunda parte)
Henry V (1599) (Enrique V)
Henry VI, Part 1 (1588-1592) (Enrique VI, primera parte)
Henry VI, Part 2 (1590-1591) (Enrique VI, segunda parte)
Henry VI, Part 3 (1590-1591) (Enrique VI, tercera parte)
Richard III (1592-1593) (Ricardo III)
Henry VIII (1613) (La famosa historia de la vida del Rey Enrique VIII)

Tragedias:

Troilus and Cressida ** (1602) (Troilo y Crésida)
Coriolanus (1608) (Coriolano)
Titus Andronicus (1591-1592) (Tito Andrónico)
Romeo and Juliet (1595-1596) (Romeo y Julieta)
Timon of Athens (1605-1606) (Timón de Atenas)
Julius Caesar (1599) (Julio César)
Macbeth (1603-1606) (La tragedia de Macbeth)
Hamlet (1599-1601) (Hamlet, Príncipe de Dinamarca)
King Lear (1603-1606) (El Rey Lear)
Othello (1603-1604) (Otelo, el moro de Venecia)
Antony and Cleopatra (1601-1608) (Antonio y Cleopatra)
Cymbeline * (1610-1611) (Cimbelino)

También escribió 154 sonetos y los poemas narrativos Venus and Adonis (Venus y Adonis), The Rape of Lucrece (La violación de Lucrecia), A Lover’s Complaint (Querellas de un amante), The Phoenix and the Turtle (El fénix y la tórtola; “turtle” no es la tortuga sino que es la tórtola, “turtledove”) y The Passionate Pilgrim (El peregrino apasionado).

Carlos Rivas / Poder, tragedia y ridículo

(Publicado en Perfil, 11.8.2012)

Suele decirse que el poder y la tragedia están demasiado cerca; algo de cierto hay. También se piensa que el camino del poder puede conducir a la tragedia si no se lo ejerce, digamos, criteriosamente. O sea, bien; “justamente”.

Como ejemplos de esto último podríamos citar a Menem y la muerte trágica (¿?) de su hijo; De la Rúa y sus muertos de 2001; el bombardeo de 1955 a Plaza de Mayo; el periodista Cabezas y su némesis Yabrán; el asesino Videla y sus secuestradores de niños; suicidios sospechosos; disparos en extraños accidentes de caza; magnicidios varios de surtida confección, etc. Una visión ingenua subyace en la idea de que estos terribles sucesos son producto de una manera incorrecta de ejercer el poder, lo que equivaldría a decir que ejercerlo de otra manera (correcta) evitaría la tragedia. Ojalá lo fuera, pero sospecho que no es así.

Gracias a Shakespeare percibimos en todas sus obras una evidencia bien distinta: el poder es trágico. El gen de la tragedia es constitutivo del poder; la tragedia es el poder. No hay manera de que el juego no termine mal. Siempre.

Quizás lo que nos ciega para comprender con nitidez este asunto del poder, es que solemos confundir al mecanismo con el que mueve las palancas. Y quien más se confunde es el que aprieta los botones y termina creyendo que es él, realmente, quien controla el mecanismo. El concesionario de la Vuelta al Mundo en un parque de diversiones, pobre, cree que él maneja el juego… sin darse cuenta de que va a ser el primer aplastado por la rueda de hierro, cuando se caiga.

Shakespeare delata que el verdadero tema es la articulación entre el ejercicio del poder y la minucia psicológica de la vida doméstica personal del gobernante. Es que el poder es un mecanismo y todos los mecanismos son trágicos. Y todos son manipulados por personas y todas las personas somos “tontas”, porque vanidad y soberbia nos ponen siempre al borde del ridículo. Si de algo se alimenta la tragedia, es del ridículo.

Todos lo personajes trágicos de Shakespeare se ven, en algún momento, desnudados por una manifestación de supina idiotez: Macbeth se creía, en realidad, inmortal; Lear sólo quiere que le digan lo que quiere escuchar; Ricardo III termina por creerse bello, seductor y sin joroba. Ridículos, como todo poder. Sólo los más inteligentes tratan (en vano) de disimularlo. Igual se les ve la hilacha.

Pienso en Strauss-Kahn, tan gauche francés, que al fin y al cabo terminó pareciéndose demasiado a Berlusconi. Pienso en la triste, pero reveladora seguidilla de cáncer y otras yerbas, entre los presidentes de la región. En Nixon bamboleante por los pasillos de la Casa Blanca, detrás de E. Hoover. En el coqueto Kadafi escupido, manoseado y asesinado por un “fierita” libio de dieciséis años, que se cagaba de risa mientras le volaba los sesos. En Clinton con los pantalones por los tobillos frente al busto de Lincoln. En Galtieri (¿hay algo más patéticamente shakesperiano?) inundado de whisky White Horse, creyendo que las cien mil personas de la plaza lo ovacionaban a él. (¡). Un tarado. En un rey (Indiana Jones reloaded) posando, orgulloso, delante de un elefante muerto con la trompa contra un árbol. ¡Asesinó a Dumbo, el animal más venerado por todos los niños del planeta… y se sacó una foto! ¿Si esto no es Shakespeare, Shakespeare dónde está?

Poder y tragedia no son dos factores de una ecuación: poder es tragedia. Los que se desviven por obtener poder no hacen más que exactamente eso… des-vivirse. Sueñan con “ponerse por encima de”, sin saber que ya están muertos. Y confunden los vanos atributos con el poder en sí mismo.

Si hoy la política argentina es interesante por algo, es precisamente porque todo el espectro político gobernante (Gobierno y oposición), más otros actores de poder fácticos como los medios de comunicación y algunos centuriones periodistas, están en pleno brote de soberbia. Ensoberbecidos. “Papita pal’ loro”, piensa Shakespeare.

Moderación, austeridad, sencillez, humildad, servicio y prudencia, son valores de los que carece hasta el hartazgo la política argentina (¿la sociedad?). Se pavonean ufanamente convencidos de su importancia, creen estar parados en la cima de la Historia y… sonríen.

El menos trágico de todos los mandatarios del planeta debe ser el presidente de Uruguay. Shakespeare no le hallaría lugar en sus obras… lo cual habla muy bien de Pepe. El hombre es cínico y no consigue tomarse “en serio” el cargo, parece. Ese mensaje es muy transgresor y todos los presidentes deben odiarlo. Como los magos odian al mago-traidor que reveló los trucos y como es odiado el fotógrafo que tomó una imagen de los verdaderos manipuladores de Carozo y Narizota. Mujica es la antitrascendencia: nos recuerda que toda pose es banal, todo auto blindado perforable, todo traje desnuda, todo discurso delata. Basta con ver cómo se viste. Debe haber leído a Shakespeare completo en la chacra, con la perra al lado, escuchando a Zitarrosa.

Pero acá somos muy épicos, histriónicos… y muuuuy shakespeareanos. Un juez dice que la bomba tenía poder para matar a todos los que se hallaran cerca y a los cinco minutos el experto en explosivos la describe como “un cohete” de Navidad. Mucho ruido y pocas nueces.

Tenemos Césares, Marco Antonios, Macbeth y lady Macbeth, Polonios, Romeos, Andrónicos, Malvolios, Falstaffs, Cleopatras… sin olvidar a la estrella de nuestros trágicos: un decadente Ricardo III escapando hacia la terraza, gritando “¡Mi reino por un helicóptero!”. (A Menem no lo incluimos… porque más que un personaje encarna las Obras Completas). El Congreso parece el Globe Theatre.

Los políticos hacen chistes; la Presidenta hace chistes; Macri hace chistes; los periodistas políticos hacen chistes (Lanata hasta se exhibió en el Maipo); los economistas hacen chistes (cada vez peores); los sindicalistas hacen chistes. Sin ver que el sepulturero de Shakespeare los acecha desde el pozo. Y el verdadero pueblo, silencioso, los mira. Mientras, los únicos que parecen hacer política son los empresarios. Shylock corta el bacalao, como siempre.

Debieran leer a Shakespeare, al menos para disimular los papelones. El los describió a todos.

¿Y nosotros, los actores, somos mejores? Nosotros no hacemos el ridículo: lo somos. Somos Yorick y todos los bufones de Shakespeare; los tontos profesionales a quienes todo poder astuto soporta, porque sabe que algo de cierto siempre se puede aprender de las pavadas que decimos. Total, nadie nos toma en serio. No se espera nada de nosotros… y lo bien que hacen.

De ellos, sí se espera. ¿Sabrán?

* * *

Carlos Rivas es Director de Teatro y Televisión. Ha escrito dos obras de teatro y varios guiones para la televisión. También es Profesor de Actuación y dirige su propio estudio de teatro.

Actividad como Director Teatral:

1980 – “La loca del cielo” (H. R Lenormand)
1981 – “El vestuario” (David Storey)
1984 – “El efecto de los rayos gamma sobre las caléndulas” (Paul Zindel)
1985 – “Botín” (Joe Orton)
1986 – “El pedido de mano” (Antón Chejov)
1987 – “La boda” (Bertolt Brecht)
1988 – “La señorita Julia” (August Strindberg)
1989 – “Mal bajío” (Co-dirección. Montado en Madrid. Autor: Elena Cánovas)
1991 – “Locos de contento” (Jacobo Langsner)
1993 – “Ángeles perdidos” (Carlos Rivas)
1996 – “La noche de la iguana” (Tennessee Williams)
1998 – “Cristales rotos” (Arthur Miller)
2000 – “Woyzeck” (Büchner)
2004/2006 – “La prueba” ( “Proof”- David Auburn) 4 Premios A.C.E (Asociación de Cronistas de Espectáculos): MEJOR DIRECTOR – Mejor actriz – Mejor Actor – Mejor actriz reparto; 3 Premios CLARIN (Diario “Clarín”): MEJOR ESPECTÁCULO – Actriz y Actor; 1 Premio “Florencio Sánchez”: Mejor Actriz; 3 Premios “Estrella de Mar”: Mejor Director / Actriz / Actriz de reparto
2006/2008 – “La duda” (John Patrick Shanley) Premio CLARIN MEJOR ESPECTACULO / Mejor Actriz de Reparto; Premio A.C.E.: Mejor Actriz de Reparto; 3 Premios “Estrella de Mar”: Mejor Director / Espectáculo / Actriz de reparto
2008 – “Cómo aprendí a manejar” (Paula Vogel)
2009 – “Hogar” (David Storey)
2012 – “Lo que vio el mayordomo” (Joe Orton)

En la televisión argentina ha dirigido:

Ciclo “FICCIONES”: adaptaciones de cuentos de autores argentinos. (David Viñas,
Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Juan José Saer y otros)
Ciclo “APASIONADA” (Protagonizada por Susú Pecoraro, Darío Grandineti, Gabriela
Toscano y otros)

Actividad como escenógrafo:
Ha realizado las escenografías de algunas de las obras montadas bajo su dirección:

La loca del cielo
La boda
Botín
El efecto de los rayos gamma sobre las caléndulas
La señorita Julia
Diatriba de amor contra un hombre sentado” (de G. G. Márquez, no dirigida por Carlos Rivas)
Mal bajío
Locos de contento
La prueba
La duda
Como aprendí a manejar
Hogar

Jean Genet / Las criadas (en el Teatro Presidente Alvear, Complejo Teatral de Buenos Aires)

El 26 de julio se estrenó una nueva puesta en escena de Las criadas (1947), de Jean Genet (1910-1986), novelista, dramaturgo y poeta francés.

La obra es excepcional porque es un texto con sabias y suficientes dosis de locura, cinismo, grotesco y drama. Los diálogos entre las tres mujeres son impecables, plenos de una deslumbrante belleza sarcástica. La historia de dos criadas que viven planeando apoderarse de los bienes de su ama, que por momentos se visten de ama y quizás, que intenten apoderarse de su vida misma.

Las actuaciones son maravillosas. Paola Barrientos (Solange) y Victoria Almeida (Clara), las criadas y hermanas en la ficción le otorgan a sus personajes todo el delirio necesario como para elevar el texto a obra de arte única. Y Marilú Marini es la Señora ama y criada decadente y lunática de las otras dos. Cada uno de los personajes juega a ser y no ser ellas mismas.

La escenografía subraya el hecho de que estamos presenciando teatro, que todo es pero no es a la vez, ya que la escenografía “principal” no ocupa todo el escenario sino que deja ver cuando las actrices se van de escena y un asistente las ayuda a vestirse o le alcanza algún objeto. Y ellas mismas lo llaman a viva voz para “avisarle” que necesitan de su colaboración. El mismo asistente permanecerá durante toda la obra sentado tras bambalinas, a la vista del público.

Una experiencia teatral cautivante e inolvidable.

(Dos detalles: uno, en la función a la que asistí no entregaban el programa de mano habitual, y el otro, que durante el saludo final las actrices interrumpieron los merecidísimos aplausos para expresar su disgusto con algunos espectadores que no apagaron sus celulares y sonaron en medio de la obra. Y tal como dijo una de ellas, fue un acto de desprecio hacia ellas. Vergonzoso e imbécil actitud por parte de los asistentes a un espectáculo artístico.)

Traducción: Laurent Berger
Dirección: Ciro Zorzoli
Producción Asociada: Complejo Teatral de Buenos Aires, Sebastián Blutrach y Pablo Kompel.

Teatro Presidente Alvear, Av. Corrientes 1659, 4373-4245, Boletería 0800-333-5254

www.complejoteatral.gov.ar

Mark St. Germain / La última sesión de Freud

La última sesión de Freud, drama del estadounidense Mark St. Germain, ficcionaliza un hipotético encuentro entre Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, y el irlandés C.S. Lewis (1989-1963), creyente, famoso autor de la serie de Crónicas de Narnia, entre otros textos.

La historia está situada en Inglaterra, donde Freud se ha tenido que refugiar de su país natal a causa del avance del nazismo, el día en que ese país entra en la Segunda Guerra Mundial.

Lo que se pone en discusión son las posturas contrarias (atea versus creyente) de ambos pensadores, en lo relacionado con la existencia de Dios, las mitologías, la Iglesia, el amor, el sexo, la vida y la muerte. No se trata aquí de una profundización meticulosa sobre esas cuestiones sino un debate por momentos dialéctico, pero teñidas por el ateísmo inicial de Lewis y su conversión al cristianismo cuando tenía cerca de treinta años, y el avanzado estado de enfermedad del cancer de boca de Freud.

Por momentos de neto corte dramático, en otros irónica y humorística, es una obra muy interesante por los temas esenciales que aborda y más aún por el arte excepcional de Jorge Suarez (Freud) y Luis Machin (Lewis), los únicos actores del elenco.

Los méritos también son de Daniel Veronese, quien tuvo a cargo la adaptación y la dirección.

Multiteatro, Av Corrientes 1283, Ciudad de Buenos Aires.

Precio único de las localidades $ 160.-

Funciones: Miércoles y jueves 20:30 hs, viernes 21 hs, sábados 20:30 y 22:30 hs, y domingos 20:30 hs.

Federico García Lorca / Yerma (Teatro Nacional Cervantes, hasta el 28.7.2012)

Se está representando en el Teatro Nacional Cervantes Yerma (1934), el magnífico drama de Federico García Lorca (1898-1936), dirigido por Daniel Suárez Marzal.

La puesta en escena es excelente y las actuaciones brillantes, destacándose una tremenda, creíble y conmovedora Malena Solda dándole vida a todo el sufrimiento del personaje de Yerma.

Pero nada sería posible sin el texto de la obra, donde las palabras, la sensibilidad y el genio de García Lorca nombran el dolor de Yerma, frente a la imposibilidad de poder tener hijos por la negativa de su esposo, Juan.

En la puesta en escena el director ha incluido a un guitarrista, una bailarina y un cantaor flamencos, quienes con su música logran enriquecer grandemente una obra ya de por sí estupenda.

Elenco por orden alfabético: Soledad Argañaraz, Victoria Baldomir, Cecilia Belmonte, Amanda Bond, Paula Budnik, Ana María Castel, Mónica D’ Agostino, Sebastián Duffy, Zuleika Esnal, Mariana Giovine, Guillermo Forchino, Maia Francia, Susana Lanteri, Coni Marino, Andrés Molina, Pepe Monje, Daniel Núñez, Carla Pantanali Sandrini, Lorena Proietto, Alexis Sabbione, Tina Serrano, Malena Solda, Sergio Surraco, María Viau, Laura Wich, Alejandro Zanga.

Asistencia de Dirección: Marcelo Mendez

Coreografía: Omar Saravia
Iluminación: Nicolás Trovato
Vestuario: Mini Zuccheri
Escenografía: Marcelo Valiente

Funciones: jueves a sábados a las 21 hs y domingos a las 20:30 hs.

Costo de la entrada: de $20 a $50

Venta de entradas en la boletería del teatro: miércoles a domingo de 10 a 21 hs.
Libertad 815, CABA
4816-4224 – 4815-8883 al 6, int 121

Naty Menstrual, textos

ERIZO DE AMOR 

DestRozAme el cuerpo en micropartes
salvame de la noche y sus fantasmas
comeme en un plato de tu madre
y saboreame… saboreame…
MasTicaMe mi carne de gallina
mordeme las venas de mi sangre
y bebe bebe bebido
emborrachate
con el sabor soleado de mis tardes
destrozame el cuerpo en micropartes
y servilas en la cena con tus padres
y no les digas nada…
NOOO
shhh…
que prueben sin saber
lo que OdiAn
lo que ignoran
lo que saben

poneme a la venta como saldo
secame las lagrimas que salen
y caen por el vientre
y caen…
…caen…
besame con el viento
que me ensucia
y que me limpia
y se lleva bailando mis pesares
damelo todo
damelo
todo
tu aliento de mil noches
tu fuerza inacabable
damelo todo
antes que escupas
mis retazos por la calle
mis retazos
mis pedazos…
todo mi cuerpo
colgando
echo jirones
y bañame en flores frescas
tierra limpia
hojas verdes
trinos nuevos
y humo de nubes…
damelo todo…
dame…
para que duerma tranquila
al olvidarte…

2.2012

COCTEL EN BUENOS AIRES

Sembradio de boludos
verdes cosechas de hijos de puta
mañanas campestres
cientos de cines porno
veredas y calles
de rajadas grietas
como terremoto de caucete
que rima con ojete
menu fijo de mediodia
del laburo al happy hours
y todos corbatas calientes
del happy japi al after
rubiecitas planchados de pelos largos
y conchitas nerviosas buscando algo
que te la pongo que te la saco
que te la pongo que te la saco
machitos oficinistas
trepa trepa trepa trepa
edificios inteligentes
mucha gente estupidona
los pelos llenos de hollin
la garganta con smog
los bocinazos imbeciles
ciudad y salvaje rock and roll
el atropello diario
el Te atropello
atropellados
tacos enredados entre adoquines
asesinos de suelas y tapitas
que cambiarlas cuesta 15
LA NIÑA BONITA
un tango trepando al cielo
bandoneones en patotas
musicalizando piqueteros
marchas de franca bronca
carteles de neon inmensos
la avenida mas ancha del mundo
la pija mas larga que nadie
el culo mas roto que todos
los trolos por todos lados
mirandose el uno al otro
yirando tratando calentando
las putas yirando en once
las viejas, las lindas, las bellas
de todo como en botica
pero que verguenza
los besos en las veredas
toqueteo en las placitas
siempre a la tardecita
niños de toboganes
hamacas de fantasias
caballos de mil colores
andando en las calesitas
millones de pasea perros
tango que me hiciste macho
bandera gay de arco iris
gatos entre los techos
perros al ras del suelo
ratas gordas bien comidas
reinas de cañerias
millones de cucarachas
negras grises y amarillas
corrientes de librerias
de marquesinas de gatos
yo te amo buenos aires
yo te amo
como seas
obelisco machista y falico
yo te amo buenos aires
como caja de Pandora
sembradio de boludos
cosecha de rebeldias

2011

Y MI TETA FUE MAMA

Todas queríamos tetas… dos, tres, cuatro tetas … las que sean… una vez que te decidís a travestirte querés tetas. Podés tener bigote, barba, espalda de rugbier, labios de tortuga, el cuerpo de Rubén Peucele… pero nada importa. Teniendo tetas… la cosa cambia. Y hay que tenerlas sea como sea.

Así fué que en mi tránsito por el travestismo he conocido tetas de todo tipo: Tetas de trapo,
tetas de media,
tetas de aceite industrial,
tetas de 5000 pesos,
tetas de bombitas de agua bien carnavalescas
tetas playeras rellenas de arena,
tetas cancerígenas,
tetas caídas,
tetas encapsuladas,
tetas con pezones corridos,
tetas que al desparramarse el líquido inyectado en el pecho se corrían hacia abajo y terminaba la teta en la rodilla,conoci tambien las tetas en plataforma… sí…

La teta en plataforma se las ví a una travesti petisa con pinta de tapón erótico que se había inyectado aceite industrial, y en vez de esperar que se le solidifique para lograr una forma agradable a TETA, se había ido a bailar chocha de contenta con sus nuevos pechos turgentes… turgentes hasta que al otro día el líquido se le empezó a desparramar y se le formó un solo bloque donde se le unían las dos pechugas en una masa deforme.

Desesperada y angustiada corrió a pedirle a la Rucucu, la misma trava que la había inyectado, que le inyectara de nuevo más aceite para poder tener sí o sí dos pechugas lindas, así que arriba de esa plataforma logró después de tomar los recaudos necesarios, tener dos hermosas tetas sobre plataformas.

Otras de las tetas raras que conocí fueron unas con globitos, si si globitos que se le habian formadodebido al aceite industrial, se le formaban a la Samantha unos pequeños globos dentro de los pechos, que le servían para descargar nervios cuando estaba aburrida, por que se los palpaba y se los palpaba obsesivamente y se los reventaba con las uñas postizas, eran como los globitos de los plásticos de embalajes que reventamos con placer cuando somos chiquitos.

Pero las más tiernas de las tetas que guardo en mi memoria son unas que tuvieron hijitos. Mi amiga Hanna se había hecho unas tetas con dos medibachas llenas de semillas de mijo, por que decía que tenían textura real a teta, y yo, le decía que eran tetas de pajarito, que tenia que ponerlas en una jaula, en vez de adentro de su corpiño.

Un noche de tantas que estábamos en la esquina de Viamonte y Uriburu tomando cerveza y haciéndonos las lindas. En eso, de la nada, un muchacho muy viril la empezó a rondar con cara de tener muchas ganas de comérsela, Hanna se acomodó sus tetas pajarito y lo miró sensual, el muchacho se acercó y se pusieron a charlar, en solo cinco o diez minutos ya se lo había llevado detrás de la casuchita de un estacionamiento sin techo que usábamos de telo.

Seguimos tomando cerveza y ya se hacía la hora de entrar a la disco, Hanna salió arreglándose su pelo con cara de satisfacción y nos hizo señas de que entráramos al boliche. Cuando estábamos pagando la entrada, se acomodó sus tetas pajarito y ahi se dio cuenta que le faltaba un pecho. Atinó a salir nuevamente a buscar corriendo la teta al estacionamiento, pero si perdíamos el turno teníamos que hacer una cola insoportable, mejor dicho, una fila. Si fuera por hacer la cola, estriamos todas ansiosas esperando como locas.
Se decidio en solo un segundo y se sacó la teta que le quedaba puesta y la metió en la cartera, algo se le iba a ocurrir para no quedar MONOTETA.

A la semana , volvimos al mismo lugar que era nuestro cuartel de guerra y antes de entrar al boliche, Hanna, que era más rápida que meteoro y el batimovil juntos, conoció a otro chico que quería comérsela, sea como sea. Como mi amiga no era precisamente tímida, le hizo unos ojitos y lo metió en la misma casuchita.
Después de disfrutar de una ratito de dulce amor instantáneo el muchacho salió del garage como si se lo llevara el diablo, y Hanna, salió más que contenta con algo en la mano gritándonos:

-¡Chicas… chicas… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!… ¡MI TETA TUVO HIJITOS!

Nosotras mirándola como si estuviera pasada de loca, nos dimos cuenta que traía su teta perdida el fin de semana anterior en la mano, y como era de mijo, con la humedad de esos días, había germinado.
Era una teta linda con muchos brotecitos y verdes hojitas. Recordamos los germinadores que hacíamos cuando éramos chicas, y cuando llegamos a casa, pusimos la bola de media brotada adentro de una maceta para que cada temporada diera frutos… y nunca, pero nunca, pero nunca… NOS IBA A FALTAR UNA TETA…

2007

* * *

María Moreno: “Naty Menstrual escribe cuentos de una lujuria esperpéntica pero matizada por la piedad tiernísima con que los mejores cronistas populares suelen envolver a sus criaturas. Su erotismo escatológico tiene antecedentes tan notables como el Quevedo que escribía Gracias y desgracias del ojo del culo y el Aristófanes que ponía como protagonista de su comedia Los caballeros a un vendedor de morcillas. Con destreza narrativa Naty Menstrual pasa por la nariz de los lectores nuevas flores del mal que, con sus tacos chuecos y sus pelucas fatigadas, saben arrancarle al melodrama de la vida un toque de comedia: se llaman Sabrina Duncan, La Mr. Ed, Sissy Lobato, Marlene Brigitte…… Si Clara Better, la prostituta inventada por César Tiempo, las hubiera conocido en un cruce de ficciones, hubiera dejado de yirar para emplearse cama adentro. Nunca hubiera podido competir con tanto ingenio de vivir, tanta orgía entraida a la mala suerte, tanta lluvia dorada de besos negros en un perpetuo frenesí”

*

La escritura desencadenada
Por Ezequiel Alemian

“Me gusta Roberto Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises”, dice Naty Menstrual.

Naty Menstrual nació (como travesti) a fines de los años 90 en San Telmo. Diseña y vende ropa en la feria del barrio. Dibuja. Hizo tres carreras terciarias, pero cuesta que lo diga. Colabora con varios medios y forma parte del equipo de redacción de El Teje, el primer periódico travesti de América latina. Tiene un blog muy visitado donde publica poemas, crónicas, relatos y dibujos. Con una mayoría de textos extraídos de ese blog acaba de editarse, armado por María Moreno, Continuadísimo, un libro que descubre la presencia de una voz vital y literaria interesantísima. Son una veintena de relatos breves, lineales y directos, casi una enumeración de anécdotas de la vida travesti contadas con una escritura velocísima, con una capacidad de observación muy fina, muy precisa, con muchísimo humor e inteligencia. Frases cortas, mucha acción, finales “débiles”, ningún subrayado dramático particular.

—En tus cuentos parece darse la confluencia de varias modalidades de escritura: una literaria, o narrativa, otra más periodística, de crónica, y una emparentada con los blogs.

—Lo blogeril no lo veo para nada. Nunca me planteé tener blog, no tenía idea de lo que era. Empecé a usar uno como archivador. Varios de los cuentos del libro tienen muchos más años que el blog. Ahora además no tengo máquina, así que escribo en un cuaderno. Después lo subo desde un locutorio. Tampoco leo blogs.

—Y a lo literario entonces, ¿cómo se da tu acercamiento?

—Siempre escribí, desde chica. En una realidad como la que vivís, de cierta soledad, hay cosas que no contás, que no enfrentás, que escribís en un papel. Después empecé a escribir apuntada al travestismo. En la casa de mi abuela leía a Corín Tellado, después a Cortázar, a Edgar Allan Poe, a Roberto Arlt. Me gusta Arlt, sobre todo. Esa cosa porteña y oscura, de viejos de bares, de oficinistas grises. Arlt me parece atemporal, su visión no tiene época. Es muy humano y descarnado. Ojo, tampoco soy de ir a comprarme libros. Lo último que compré, hace mucho, fue Mi madre, de Bataille, que me encantó. Boquitas pintadas, de Puig, también me gustó mucho. También compré Aldous Huxley, Paul Auster, Truman Capote. Todo el mundo me comparaba y me decía: “tenés que leer a Capote, tenés que leer a Capote”. Pero esto fue después de que me ubicaran. Antes de escribir como estoy escribiendo ahora, mi taller literario fueron Cortázar, Poe y Arlt.

—En tus cuentos hay mucho de crónica, en el sentido de reflejar fielmente una forma de vida, digamos, barrial, muy situada.

—Es algo bien porteño, muy de San Telmo, pero podés encontrar a los mismos chongos en Palermo. Aunque sin duda, si viviera en Palermo reflejaría algunas cosas diferentes. Pero que un tipo tenga relaciones con un travesti, o con un perro, las perversiones, y los dolores, y las tristezas, y las alegrías, no cierran solamente en lo barrial. Son más bien algo universal.

—¿Cómo trabajás ese acercamiento a lo cotidiano?

—No de manera premeditada. Me lo regalan la gente y el lugar donde vivo. Es lo que observo. Yo no invento nada. Siempre me preguntan dónde estudié, cómo aprendí a escribir, quiénes fueron mis profesores, mis influencias. Es como que no pueden creer que sea algo natural, no diría un don porque suena pedorro. Pero yo voy caminando, en una vereda observo algo y hasta que llegué a mi casa ya armé el cuento en mi cabeza. Después es sólo bajarlo, muchas veces casi cerrado de principio a fin. No soy una ingeniera de la literatura.

—El libro empieza con una cita de Alejandra Pizarnik, que habla de “caminar por la calles / y señalar el cielo o la tierra”. ¿Hay algo moralista ahí, como de señalar lo bueno y lo malo?

—No, eso es algo personal que tiene que ver con mi diablo, con mi autodestruirme y mi cuidarme. Con elegir estar bien o elegir estar mal. Con boicotearme o no boicotearme. Por eso lo puse. No soy bicho de biblioteca. Me encanta que me comparen con otros escritores, es un piropo, pero no es una búsqueda mía. Por otro lado, mucho de los escritores con los que se me compara, como Puig, Capote, Lemebel o Copi, al que no leí jamás, son putos. Más que por haber leído, puede ser que lo que haya en común sea un sentir puto.

—¿Y cómo sería ese “sentir puto”?

—Hay muchas cosas, no sé si puedo explicarlo. Yo viví en el exterior y vi putos extranjeros de todo tipo, y me di cuenta de que el puto es una nacionalidad mundial. El puto es mundial, es parecido en todas partes.

—¿Cuando escribís sentís que estás “escribiendo puto”?

—Sí, lo siento en las ironías, en las bromas, en el humor, en la observación, en la acidez.

—En los personajes que pueblan tus relatos, a pesar de cierta crueldad que describís, parece no haber maldad…

—Yo tengo un tema con la maldad. Uno es grande y tiene que separarse y hacerse responsable, pero hasta qué punto no es fuerte lo que nos pasa antes de saber qué somos, hasta que uno es responsable de ciertas cosas. Uno tiene que soltarse de todo eso, pero no todo el mundo puede. Un chico al que cagan a piñas, al que no le dan de comer, al que lo maltratan, humillan, abusan, ¿será Premio Nobel o ladrón y asesino? ¿Ahí hay maldad? ¿Qué capacidad tuvo para elegir su camino? ¿Quién es dueño de esa maldad? ¿No lo hicieron malo? ¿No lo crearon así? Después tiene 40 años, por ahí es violador. ¿Hasta qué punto es responsable de su destino? ¿Qué capacidad intelectual y qué inteligencia y qué preparación tenés que tener para dominar tu propia vida?

—¿Escribir te ayudó a dominar tu vida?

—Me sirvió, no fue la solución. Mi abuela vivía en el campo, tenía muchos hermanos y era la mayor. Tenía que ser una madre siendo niña: se casó siendo niña, se embarazó siendo niña, haciéndose cargo de sus hijos y de sus hermanos. Cuando tuvo un hijo, lo iba a buscar a los picados de fútbol y lo traía marcándole las piernas con una vara. Eso somos, una cadena medio patética de defectos y de porquerías. La cadena existe, pero también existe la posibilidad de cortarla. Es un tema de cada uno. En uno de mis cuentos, una travesti que es abusada de chico, después se trasviste para contagiar. En el libro quizás haya algunos personajes que cortan con esa cadena, y otro que no. Es como en la vida. Mi libro es un libro sobre la vida, no sobre travestis. Y de todos modos, ya el hecho de travestirse es cortar un poco con esa cadena patética.

natymenstrual.blogspot.com.ar

Eduardo Pavlovsky. Dirección contraria (Ciclo de Teatro 2011, 1, 15, 22 y 29 de septiembre)

Ciclo de Teatro 2011

1, 15, 22 y 29 de Septiembre, a las 20:30 hs, con entrada libre

Dirección Contraria (Artesanía Teatral)
Novela de Eduardo Pavlovsky

Sinopsis:
Inspirada en la novela de Eduardo Pavlovsky. Su personaje, Poroto, selecciona en su vida las relaciones y el tiempo que invierte en ellas sin llegar a intoxicarse. Nos propusimos investigar su rara filosofía de vida, convirtiendo a Poroto en objeto de investigación científica.

Lugar: Centro Cultural Universitario de la Facultad de Psicología, Auditorio José Luis Cabezas – Av. Independencia 3065, PB

Grupo El Soporte: Pablo Misch, Javier Medina, Daniela Volpe, Lucrecia Oviedo, Eduardo Misch

Asistencia Artística: Mauricio Zulueta

Vestuario: Silvia Steibel, M. Claudia Curetti

Escenografía: Bea Blackhall, Sergio Volpe

Asistencia Técnica: Diana Lipovetzky

Prensa: Claudia Mac Auliffe, claudiamacauliffe@gmail.com

Dirección: Eduardo Misch

Dice Eduardo “Tato” Pavlovsky: “Creo que Eduardo Misch vio la obra Poroto no menos de seis u ocho veces. Poroto siempre fue para mí un personaje de profundo interés, sobre todo por su noción de la huida como fenómeno terapéutico. Huir de lo tóxico, huir de lo nocivo, huir de lo triste. Seguí su historia por amor al personaje en una novela que se llama Dirección contraria. En esta nueva experiencia teatral, inspirada en la novela, Eduardo Misch se propone trabajar el tema de la huida desde varios puntos de vista, tomando siempre la filosofía de Poroto como eje del espectáculo y para ello se embarca en una muy buena experimentación, libre y sin ataduras, produciendo una multifacética exploración del personaje y su contexto.”

Más información: http://centrocultural.psi.uba.ar/teatro/ciclo_2011.htm

Informes: E-mail: prensa@psi.uba.ar – Teléfono: 4931-6900 Int. 130

http://centrocultural.psi.uba.ar

Dalia Gutmann

¿quién soy?

Nací un 16 de enero de 1978 a eso de las cinco de la tarde. ¿Mi primer recuerdo? Mi abuela haciendo malabares con naranjas.

El jardín y la primaria los hice en el Scholem Aleijem y, si bien no reniego de mi religión, me parecía que ir a un colegio que se llamara así me exponía demasiado: yo quería ser una argentina más, que me regalen una Barbie para navidad y esas cosas, pero yendo a ese “shule” nadie ni siquiera me preguntaba “¿qué te regalaron?”.

La escuela secundaria también era judía, aunque con un nombre más tranqui: se llamaba Amos y tenía orientación artística, pero yo me desorienté y terminé anotándome en gimnasia, la única especialidad que no era artística (lo hice porque había un profesor que era amigo de un chico que me gustaba…).
Tanto en la primaria como en la secundaria tuve problemas de comportamiento, no tanto por hacer maldades, sino más bien por no tener sentido de la ubicación.

En quinto año me hice el test vocacional: periodista me dio. Pero como siempre me costó ir al grano me anoté en la carrera de Diseño gráfico en la UBA. No aprobé ninguna materia salvo las que eran comunes al CBC, así que me pasé a Psicología. Como gran parte del alumnado, estudiaba para intentar entender mis problemas.

Pero un día, absolutamente deprimida mientras caminaba por el Parque Centenario con mi amiga Ariana, le confesé lo que realmente quería estudiar: Locución. “Pero boluda, ¡anotate!”, me dijo Ariana y me acompañó a FM La Tribu (¿?) para que averigüe. Yo ya sabía que existían el ISER y el COSAL, pero el dato de que solo entraban 60 por año me detenía. Finalmente, entré a los dos, pero me quedé en el ISER (porque no había que pagar ni tenía que estudiar Antropología cristiana).

Pero mi quilombo vocacional no cesó porque una vez recibida debía definir qué tipo de locutora quería ser yo… Pasé por todos los estilos: la seria de informativo, la infantil, la jocosa, la insegura… Las vueltas de la vida y mis constantes papelones me hicieron decidir por el humor, así que además de locutora me formé como comediante. Y a eso intento dedicarme…

http://daliagutmann.com.ar

Alejandro Urdapilleta

EL AMOR ES UN PRESAGIO

El amor es un presagio
incluso un objeto diurno
lleno de tirabuzones
Al amor no hay nadie
que lo iguale en el tiro de la pelota
Patea que da calambre
El amor es como un souvenir
de Etiopía
resguardado por monjas
que cuchichean y se tiran
de los chicles
unas a otras
El amor es un imán
No tiene pies y no sé si alas
pero baila sobre una piedra pómez
El amor hace que flameen
los relojes izados como banderas
No es nada que se parezca a nada
No tiene nombre ni cara
Puede sisear sobre la
mesa mojada de los mostradores
y te puede esperar en los baldíos
y desaparecer
cuando un fósforo se prende
El amor no es masticable
no tiene fibra
ni es mantecoso
pero en algunas ocasiones
se mantiene fresco en la heladera.

[Poema escrito para ser leído en el programa La Alfombra (1989), conducido por Urdapilleta en Radio Alfa del barrio de Belgrano.]

UNA BIZCA

Son como ataques que llegan de pronto y se terminó. No me voy a poner a relatar demasiado. Me limitaré a lo poco que quise conocer de ella. En un momento, con los huesos partidos, todo magullado, dejó de interesarme, y la abandoné.

Eran demasiadas salpicaduras y jugos raros para mí. Y además las señoritas que son bizcas deben ser abandonadas. No cabe duda.

María Esther en sus ataques escupía profecías.

Las orejas se le movían un poco, aireando el ambiente. Apoyaba la cabeza contra la pared, y empezaba. Podía ser que leyese las manchas de humedad, caídas de reboque, incluso que oyese a la araña, presunta amiga del profeta, en su tejer minúsculo ahí en el dintel, y que el bicho le dictase las frases, no sé.

Cuestión que se sacudía, espumosa, y de sopetón:

Negra mugre
soy posesa
vengo harta
del sol.
Soy del hambre
humo soy
del humo
humana
del hambre
hambruna
peste
vendrán lirios.
y quedaba baboseando la pared.

Después de golpe se componía, y ya de pie, giraba sobre sí misma mientras agarraba su lacio, negro, mojado cabello atrás de las orejas, con manos blandas y el gesto –qué se le va a hacer- en la boca y en los ojos bizcos.

María Esther, la señorita bizca había tenido un eructo del alma y en un espasmo había sacado de sí una profecía.

Al principio eran cortas y secas, chasquidos de látigo, lengüetazos, ardides y ardores. Frases. Un día se apareció arrastrando las patas como en cadalso. Semisonámbula al atardecer, derruida, hecha trizas. En las manos llevaba espinas negras pinchadas en las palmas sangrantes. Se hizo de noche.

-¿De dónde sacaste todo eso, perra?- le grité.

Abrió los ojos de un golpe y los cerró con otro, y siguió empezando a darme manotazos, y luego a golpes de espina y puños.

Le gruñí apenas y corrí.

Me puse a caminar por las verduras. Anduve un rato y vi un conejo. Al volver ella estaba tiesa, con un fierro de marcar vacas en una mano. En cuanto me acerqué, me dio en el hombro y me lo partió.

Desde el fondo, los caseros y los perros se mantuvieron alerta y prendieron los faroles.
Luciérnagas gigantes se volaron todas hacia donde estaba ella.

La música empezó:

tu abrazo
está entrando en mí
tu arma mortal
me mata
tu abrazo

-Abandoná tus armas- dijo y otra vez se levantó el fierro y esta vez me partió una pierna. Se apersonó rápidamente el hombre del juzgado y su señora, con el casero, tres o cuatro viajantes de comercio borrachos, una niña y un hombre muy alto, altísimo, moreno, con el cabello de petróleo, cuello de pájaro, sombrero negro, capote, y también bizco.

Yo estaba partido en varios pedazos. Empezó a incendiarse el aromo, no sé por qué, y entonces ella cayó en su misma furia sobre el fuego. Y gritaba:

¡Alacranes!
¡Hay espacio para todos!
¡Criptas!
¡Criptas!
¡Viene la fiesta!
¡Y la siesta! ¡Criptas!

Con toda la caterva de gentes que se había juntado en el escándalo, después de una buena fiesta, nos dormimos una siesta. Tal cual.

La bizca: predicción correcta, correcta la bizca. Conclusión: a la mañana siguiente la levanté de la cama a latigazos y la até a una soga larga a la vez atada a la montura de mi caballo. La arrastré al trote casi tres leguas por el choclal, y la llevé directo a la Academia para Bizcas, adonde pensé meterla pupila, por bizca.

Eran épocas políticas y mi estampa agraciada me había dado cierta popularidad en el internado ese, porque yo había acudido con frecuencia con excusas y averiguaciones respecto al tema de María Esther, aunque en realidad, debo confesarlo, mi debilidad eran las bizcas, cualquiera de ellas. Por eso, en el tumultuoso estar entre tanta bizca, como en una visita a la exposición rural, tanta pero tanta bizca junta me hacía volver y volver a esa Academia Internado. Llegué a donar pianos y máquinas de coser, por eso todas me conocían. Pianos y máquinas de coser por bizcas.

Ese día en el que llevé a María Esther, todas las bizcas nos miraron llegar por los jardines de la residencia, desde tras de los árboles. Y como cada bizca ve doble, entonces las bizcas se duplicaron, cuadruplicaron.

María Esther estaba tranquila. Iba como rezando. Después frenó de golpe, y yo dije: ¡cagamos! Pero no, no le vino la profecía. Le vino algo así como agrado. Empezó a tener una sonrisa malévola. Ojos y ojos y ojos más ojos, y de pronto la sonrisa. Los ojos bizcos le desaparecieron de la cara y la cara se le transformó en sonrisa. Todas las bizcas la imitaron. Habían descubierto el nuevo baile, o algo así. De pronto era un bosque de sonrisas. Todas tras los árboles.

Tuve que volverme.

Mi caballo se detuvo en la mitad de los pedregales, en subida y se me murió, ¡así que caminé! A ella ni la despedí, ni la miré, ni sé cómo quedó. No me importaba.
Esa noche, cuando calló el ladrido de los perros y la vi venir pasando la tranquera, arrastrando las patas por el camino de los eucaliptos, pensé: ésta me entierra. Y atrás mío sentí algo o alguien que decía: cripta. Esa noche ninguno de los dos dormimos, haciéndonos los dormidos. Afuera había una brisa constante.

Al otro día la abandoné. Dejé todo.

[Texto escrito hacia 1997. no representado.]

Alejandro Urdapilleta nació en Montevideo, Uruguay el 10 de marzo de 1954. Se nacionalizó argentino. Es actor, guionista y escritor.

Obra literaria: Vagones transportan humo (2000), Legión Re-ligión. Las 13 Oraciones (2007) y La poseída (2008).

Dario Fo. Mistero Buffo (Juglaría popular)

Y llegamos a Bonifacio VIII, el papa de la época de Dante. Dante lo conocía bien: lo odiaba tanto, que lo metió en el infierno antes incluso de que muriera. Otro que lo odiaba, aunque de manera diferente, era el fraile franciscano Jacopone da Todi, un pauperista evangélico, un extremista, diríamos ahora. Estaba vinculado a todo el movimiento de los campesinos pobres, sobre todo de su zona, hasta tal punto que, en muestra de desprecio por las leyes de prevaricación impuestas por Bonifacio VIII, que era un buen ejemplo de ladrón, gritó en uno de sus cánticos: «¡Ah, Bonifax, que en puta has convertido a la Iglesia!». Bonifacio se la guardó: cuando por fin logró poner las manos encima a Jacopone, que era además un hombre de teatro extraordinario, lo encerró en la cárcel, sentado, obligado a permanecer en esta postura (indica), las manos abiertas y los pies atados, durante cinco años, encadenado a sus heces. Y cuentan que a los cinco años, cuando salió gracias a la muerte del papa, este pobre fraile, muy joven aún, ya no podía andar: se vio obligado a arrastrarse doblado en dos. Cuando murió, año y medio más tarde, trataron de tenderle en un ataúd: no lo consiguieron. Cada vez que lo tumbaban… ¡ñíí!, volvía a la postura original. Al final se cansaron y lo enterraron sentado.

De todos modos, no era el único que odiaba al papa: ya Gioacchino da Fiore, que vivió incluso antes de san Francisco, y puede considerarse de alguna manera el padre de todos los movimientos heréticos, había dicho más o menos: «Si queremos dar dignidad a la iglesia de Cristo, debemos destruir la iglesia. La gran bestia de Roma, la tremenda bestia de Roma. Y para destruir la iglesia no nos basta con echar abajo los muros, los tejados, los campanarios: tenemos que destruir a quien la gobierna, el papa, los obispos, los cardenales». Una actitud algo radical. El caso es que el papa de su tiempo le envió en seguida de visita a un centenar de soldados armados, que lo buscaron por los montes donde vivía, localizaron gracias a un espía la cueva donde habitaba, pero, para su desgracia, lo encontraron muerto: aún caliente, pero muerto. Había muerto dos minutos antes de que llegaran, no se sabe si por el susto de ver que llegaban los soldados, o porque era un poco malintencionado y quiso fastidiarles. Yo creo que fue así: Gioacchino da Fiore era maligno, muy maligno.

He aquí una imagen de Bonifacio VIH (foto 15), muy realista: vemos que emplea como asiento al fraile Segalello da Parma. Este fraile pertenecía a la orden de los ensacados, así llamados porque vestían sacos: otro extremista, por seguir con el lenguaje de nuestros días, en que oímos tanto hablar de extremismos de ambas partes, de extremismos de signo opuesto…

El extremista que le sirve de asiento, entonces, era uno de los que pretendían que el papa y la iglesia fueran pobres, que todo se entregase a la gente más humilde, que «la dignidad de
la iglesia», decía Segalello, «se fundara en la dignidad de los pobres».

Cuando tú, iglesia, tienes en tu interior a un pobre desgraciado que se muere de hambre, eres una iglesia que no puede alardear de estar viva. Segalello era de los que predicaban castidad absoluta, e iba provocando a los campesinos: «En, vosotros, ¿qué hacéis? ¿Jugáis? ¡Ah no! ¿Caváis la tierra? ¡Trabajáis! ¿Y de quién es la tierra? ¡Vuestra, me figuro! ¿No? ¿No es vuestra? ¡Pero cómo! Trabajáis la tierra y… ¿Pero le sacáis provecho? ¿Qué provecho? Ah… ¿un porcentaje tan ínfimo? ¿Y cómo, todo el resto se lo queda el amo? ¡El amo de qué! ¿De la tierra? Ja ja ja! ¿Hay un amo de la tierra? ¿De verdad creéis que en la Biblia cada terreno fue asignado a fulano o a zutano?… ¡Cretinos! ¡Subnormales! La tierra es vuestra: ellos os la han trincado, y luego os la hacen trabajar a vosotros. La tierra es para quien la trabaja: ¿está claro?».

Imaginaos, en plena Edad Media, ir por ahí diciendo cosas semejantes: ¡la tierra para quien la trabaja! Es de locos insensatos decirlo hoy, ¡así que figuraos en la Edad Media! De hecho,
lo cogieron en seguida y lo llevaron a la hoguera, a él y a toda su banda de «ensacados».

Sólo se salvó uno. Se llamaba fray Dolcino, y se retiró a su tierra, a la zona de Vercelli: pero en lugar de quedarse en su casa en paz y en silencio, en vista del peligro que había corrido, no señor, volvió a ir en busca de los campesinos, a provocarles, a hacer de juglar. «¡Eh, campesino!… la tierra es tuya, quédatela, cretino subnormal, la tierra es del que la trabaja…» Y los campesinos de su zona, tal vez porque hablaba su mismo dialecto y le comprendían bien, le miraban y decían: «Je je… ¡qué loco está ese fray Dolcino! ¡Aunque no dice tonterías! Sabes, yo casi casi me quedo con la tierra… No, mejor se la dejo al amo, ¡y me quedo con la cosecha!». Y desde ese día, siempre que llegaban los «demandados», los recibían a pedradas. Y empezaron también a romper el contrato, que se llamaba «diezmo
». Sí, el contrato que en la Edad Media unía a los campesinos con el amo se llamaba «diezmo». Entonces tenía sólo el significado de contrato: después la gente empezó a comprender, y lo enriqueció de matices: «Ah, ¿un diezmo?…», es decir, un contrato entre campesino y amo. Bien, rompían el contrato, pero sabiendo que no podían resistir solos, se unían, se asociaban entre ellos, todos los campesinos de la zona. Y es más, comprendiendo que había que ampliar la unión para que tuviese más fuerza, se unían con los artesanos menores, con los asalariados, que en el Medievo empezaban a ser numerosos. Fue así como llegaron a la organización de una extraordinaria comunidad. Entre ellos se llamaban «comuneros».

Son los primeros comuneros de la historia que conocemos: como centro de organización, tenían la «credencia». La credencia sigue siendo en toda Italia, de la Sicilia al Veneto, el armario que tenemos en casa para guardar la comida, el aparador. El sustantivo deriva evidentemente del verbo creer: creer en algo. Credencia: creer en la comunidad, pues, y estas formas de comunidad empezaron a existir ya desde el siglo VI. La primera «credencia» de que tenemos noticia es la de la comunidad de San Ambrosio: un armario enorme, inmenso, con muchas hojas, y ventanillas de madera especiales, en las que se conservaban los géneros alimenticios de la comunidad, el trigo de la humedad, todo lo que podía servir a la comunidad en las épocas de carestía.

En Vercelli, en cambio, para la división de los bienes comunes no esperaban a la carestía: se juntaba todo y se repartía según las necesidades de cada cual. Según las necesidades, fijaos bien, no según el trabajo que cada uno había producido.

Esta forma de autogobierno molestó mucho a los amos, sobre todo a los que se consideraban «despojados» de sus tierras. Uno en concreto, el conde de Monferrato, organizó una expedición de castigo, partió con sus esbirros, aprisionó a un centenar de comuneros y les cortó las manos y los pies. Era una costumbre de la época: en Bretaña, doscientos años antes, los señores hicieron lo mismo con sus campesinos. Con las manos y los pies amputados, los subieron en burros, y los empujaron hacia la ciudad de Vercelli, para que los comuneros se dieran cuenta de lo que pasaba cuando se actuaba con demasiada libertad y «presunción».

Cuando los comuneros vieron a sus hermanos mutilados y tan maltrechos no se echaron a llorar. Partieron esa misma noche y llegaron de improviso a Novara, entraron en la ciudad e hicieron una auténtica matanza de los esbirros, de los verdugos carniceros: pero no sólo eso, también lograron convencer a la población de que se liberase y se organizase a su vez en comunidad. Con una rapidez increíble Oleggio, Pombia, Castelletto Ticino, Arona, toda la zona al norte del Lago Maggiore, Domodossola, la zona hacia el Monte Rosa, todo el Lago de
Otra, la Valsesia, Varallo, Val Mastallone, Ivrea, Biella, Alessandria… en fin, media Lombardía y medio Piamonte se rebelaron. Sin saber a quién recurrir, duques y condes enviaron a Roma un mensajero que llegó ante el papa, gritando: «Socorro, socorro… ¡ayúdanos, por Dios!». Ante ese por Dios, ¿qué podía hacer el papa? «Por Cristo, tengo que ayudarles…» Para su fortuna, y para la de los señores del norte, estaba a punto de embarcar en Brindisi la cuarta cruzada (esa de la que no sabemos nada, porque nos la silencian, y por «cuarta cruzada» nos venden la que en realidad fue la quinta). Así que mandó al mensajero a decirles a los cruzados: «Quietos todos, perdonad, me he equivocado: los infieles no se encuentran al otro lado del mar, están ahí arriba, en Lombardía, disfrazados de campesinos rebeldes. ¡En marcha cuanto antes!». A marchas forzadas ocho mil hombres, casi todos alemanes, llegaron a la Lombardía, se unieron a las tropas del duque Visconti, de los Modrone, de los Torriani, de los Borromeo, del conde del Monferrato
-había también dos personajes nuevos, los Saboya, que empezaron entonces a abrirse camino- y cometieron una truculenta matanza. Consiguieron encerrar en un monte cerca de Biella a tres mil comuneros, hombres, mujeres y niños: de un solo golpe los masacraron a todos, los quemaron, los degollaron…

De esta historia que os he resumido no aparece rastro en los libros de texto de los colegios. Y es justo, por otro lado: ¿quién organiza la cultura? ¿Quién decide qué enseñar? ¿Quién tiene interés en no dar determinadas informaciones? Los amos, la burguesía. Mientras se lo permitamos, es natural que sigan haciendo lo que consideran justo. ¿Os figuráis si estos, enloquecidos, empezaran a contar que en el siglo XIV, en Lombardía y en Piamonte, hubo una auténtica revolución, gracias a la cual, y en nombre de Cristo, se llegó a constituir una comunidad en la que todos eran iguales, se querían, y no se explotaban entre ellos? Cabe la posibilidad que los chicos, exaltados, gritaran: «¡Viva fray Dolcino! ¡Abajo el papa!». ¡No es posible, por Dios, no es posible!

Exagero, por supuesto, por pura polémica: porque la verdad es que en algún libro de texto más avanzado, en algún colegio de gran tradición (el Berchet por ejemplo, el colegio al que ha ido mi hijo), la noticia se encuentra. A lo mejor en una nota a pie de página, que suena así (cito de memoria): «Fray Dolcino, hereje, en 1306 fue quemado vivo junto a su amiga».
¿Comprendéis? ¡Así los chicos aprenden que fray Dolcino era un hereje porque tenía una amiga!

Voy a interpretar ahora la juglaría de Bonifacio VIII. Comienza con un canto extralitúrgico antiquísimo, catalán, de los Pirineos para ser exacto: durante el canto el papa se viste para una ceremonia importante. Conviene recordar una manía de Bonifacio VIII: mandar que clavaran de la lengua a los frailes, de los portales nobles de algunas ciudades. Como estos
frailes pauperistas y ligados a los «cátaros», a otros movimientos heréticos, tenían la pésima costumbre de ir hablando mal de los señores, el papa los cogía y zas… (mima el acto de clavar de la lengua). No él en persona, pues le horrorizaba la sangre: tenía hombres de sobra para hacerlo… No era egoísta.

Otro episodio que lo recuerda, sólo para dar idea del personaje, es la orgía que organizó el viernes santo de 1301. Entre las muchas procesiones que se celebraban en Roma ese día,
había una de «cátaros», que aprovechaban los cantos litúrgicos para insultar, con pullas encubiertas, precisamente al papa. Decían: «Jesucristo era un hombre pobre que iba por ahí sin capa siquiera: en cambio los hay que tienen capas llenas de piedras preciosas. Hay alguien que se sienta en un trono todo de oro, mientras Cristo caminaba con los pies desnudos. Cristo, que era Dios, el Sumo Hacedor, para ser hombre bajó a la tierra: hay alguien que ni siquiera es hombre, y se las da de todopoderoso, y para ser dios se pasea en silla de manos…».

¡Caray! Bonifacio, que era más bien espabilado, pensó: «¿A que la han tomado conmigo? ¿Ah sí? ¡Pues les haré una afrenta! ». Organizó una orgía justo el viernes santo: llamó a unas prostitutas, a algunas señoras de buena familia, que a menudo viene a ser lo mismo, obispos y cardenales, y por lo visto todos juntos hicieron cosas realmente impúdicas y abyectas. Tanto, que todas las cortes de Europa se escandalizaron, incluso la de
Enrique III de Inglaterra que, según los cronistas de la época, era un rey más bien procaz.

Dicen en efecto que, para divertir a sus barones durante los banquetes, apagaba velas de un eructo, a tres metros de distancia. Algunos llegan a añadir -pero no me lo creo- que lograba apagarlas hasta en carambola, o sea lanzando el eructo hacia la pared… de lado… (mima) tac-tac… Es el sentido del humor inglés, del que no estamos en grado de captar todos los matices, por supuesto; tenemos que conformarnos, es como el juego del cricket.

BONIFACIO VIII

El juglar interpreta el personaje de Bonifacio VIII. Mima el gesto de rezar y canta

EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO
VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE
EL DÍA…

Se interrumpe y se dirige a un clérigo imaginario para que le entregue la mitra. Vuelve a cantar

ASÍ ESE JUICIO NO SERÁ
UNA GRAN SEÑAL SE MOSTRARÁ

(Mima que se quita la mitra de la cabeza.) ¡Oh, cómo pesa! No, vamos… tengo que salir a pasear… (Finge coger otro sombrero.) Ah, mejor este… (Se lo planta en la cabeza y vuelve a cantar.)

EL DÍA DEL JUICIO…

(Se interrumpe.) El espejo… (Mima que se mira en el espejo.) ¡Vaya, está torcido!… ¡El guante! (Vuelve a cantar, mimando que se pone el guante. Canta.)

ASÍ ESE JUICIO NO SERÁ
UNA GRAN SEÑAL SE MOSTRARÁ…

el otro… ¿un solo guante? tengo dos manos, ¿no? no tengo sólo una mano… ¿quieres que me la corte? (Canta.)

EL SOL PERDERÁ SU ESPLENDOR
LA TIERRA TEMBLARÁ DE TEMOR…

(Ordena.) El manto… el manto grande. (Mima que agarra un manto enorme y pesado.)

EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE…

¡Uy, cómo pesa!… (Trata de colocárselo a la espalda. Pide ayuda a los clérigos.)

APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO

Empujad todos al tiempo, vamos… (Canto ralentizado.) ¡Eh, vosotros! ¿Vais a empujar o no?… ¡Y también cantad! ¿O tengo que hacerlo todo yo solo?… cantar, empujar, sujetar el manto, llevar el sombrero… ¡vamos! ¡Quietos y volvemos a empezar! (Sigue dirigiéndose a clérigos imaginarios.) Y tú canta: ¡la primera voz! (Canta fingiendo que coloca la voz al clérigo.)

…TODO HA CREADO-O-O

(Vuelve a empezar dirigiendo con la cabeza.)

VENDRÁ UN REY ETERNO

Segunda voz. (Señala a otro clérigo.)

VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL

Tercera. (Vuelve a señalar al primer clérigo.)

VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE

(Se interrumpe, desanimado.) ¡¡¡Desafinas, ehü! Arriba todos juntos. (Canta subiendo en agudo y se bloquea de golpe.)

PARA HACER EL JUICIO FINAL

¿Quién se ha subido en el manto? (Se vuelve, furioso.) ¿Eres tú, eh? ¡Desafinado! ¡Que te cuelgo de la lengua! desgraciado… ¡ni canta ni empuja!… Vamos… Entras en el aleluyático.
(Se interrumpe, incrédulo.) ¿No sabes qué es el aleluyático? Es ese trino que se hace con la voz… Vamos…

EL DÍA DEL JUICIO APARECERÁ
EL QUE TODO HA CREADO

(Gorjea y tira del manto. Se detiene, exhausto.) ¡Ay, menudo oficio el de papa! (Da un último tirón para colocarse el manto.)

VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL…

(De nuevo se dirige a un clérigo.) ¡El anillo! (Alza el tono de la voz.) ¡El anillo! (Canta mientras se pone el anillo. Lo contempla tras haberle echado el aliento durante sus trinos.) ¡Oh, cómo reluce! (Ordena.) El otro… Este es grande, es para el pulgar. (Se pone el anillo en el pulgar, sigue cantando.)

VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…

¡El bastón! (Gritando.) El bastón… ¡no, el de pegar no, vamos! El enroscado. (Indica una espiral. Vuelve a cantar.)

VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…

¿Listos? Nos vamos, ¿eh? Todos juntos. No empujes de golpe, desgraciado: ¿es que quieres verme de bruces en el barro? ¡Ten cuidado, desafinado! Hagamos contrapeso, venga: dos balanceos antes de arrancar: ¡uno, dos, arriba en el aleluyático! (Canta.)

LOS INFANTES QUE NACIDO NO HABRÁN
DENTRO DE SUS MADRES GRITARÁN
LLORANDO TODOS DIRÁN
AYÚDANOS OH DIOS OMNIPOTENTE

¡Qué bien canto! ¿Vosotros a dónde creéis que vais? ¿Hacia dónde os dirigís?… ¿Hacia dónde va toda esa gente? ¿Me vais a dejar aquí solo? ¡Yo soy el papa Bonifacio! No soy un carretero… ¿Quién es? ¿Quién?… quién es ese de la cruz… ¿Jesús? ¡Ah, Cristo! Jesucristo… Mira mira… caray… vaya pinta… ¡desgraciado! Ahora entiendo por qué le llaman «pobre cristo»… caramba… hay que ver cómo va… ¡Maldición!, vámonos, que me impresiona
ver estas cosas… (Finge contestar a un clérigo que tiene otra opinión.) ¿Dices que mejor que me acerque?… que me vea la gente que soy bueno, que me vea mientras le ayudo a llevar la cruz… A lo mejor luego me aplauden todos, y dicen: «Qué bueno es este Bonifacio»… Venga, sí, vamos a darles gusto a esos necios… vamos. (Simula desvestirse.) Toma, coge el manto… sujetadlo… el bastón. Será mejor que vaya. No me creerás, pero
me tiemblan las piernas… Jesús, ¿qué tal?… Jesús, ¿no me conoces? Soy Bonifacio… Bonifacio, el papa… ¡Cómo que quién es el papa! Vamos… es el pastor, el que viene después de Pedro, con todos los demás en fila… ¿no me reconoces? Ah, es por el sombrero este tan grande… Es que como llueve… Tal vez… (Al clérigo.) Ven a quitarme todo… ¡el anillo!… que no me vea los anillos… (Mima que le quitan todos los oropeles.) Que no vea cosas que brillan… ¡Es un obseso tremendo, ese!, un original… Fuera, quítame los zapatos… ¡fuera! Quiere ver a la gente con los pies descalzos… ¡vamos, fuera! Dame algo para que me ensucie… tierra, en la cara. (Se frota la cara con barro.) Vamos, ensúciame todo: ¡a ver así! ¡Qué quieres que te diga, está loco! (Se dirige a Cristo.) ¿Me reconoces ahora? Soy tu hijo… Humilde, ya sé que doy lástima. Jesús… mira, me arrodillo delante de ti… Yo que jamás me he arrodillado, que todos me hacen… Jesús… Jesús… ¡Que me hagas caso un momento, caray! Cómo es posible, ¿yo te hablo y tú no me escuchas? ¡Pero hombre de Dios, un poco de educación, vamos! Te decía… (Se calla, como si Cristo le hubiera interrumpido.) ¿Yo?… yo… ¿Qué has dicho? ¿Que yo he matado a los frailes?… ¿yo? ¿Que he hecho cosas malas? ¡No es verdad! Son calumnias, mentiras que difunden las malas lenguas, por envidia… que… (Lo señala con el dedo, con ímpetu.) ¡Pues de ti me han dicho cada cosa, querido! ¡Pero yo no me lo creo! Bendito seas, son malos, ya sabes… (Se arrodilla, desesperado.) Jesús! Jesús, mírame a los ojos, que te quiero mucho… ¿que a los frailes? que no, que yo los quiero, siempre he querido mucho a los frailes, yo… (Al clérigo imaginario.) ¡Ve a buscar un fraile, rápido! (A Cristo.) Yo los quiero… (Al clérigo.) ¿Que dónde vas a buscar frailes? ¡Pues a la cárcel, que está llena! (A Cristo.) Jesús, yo… Jesús, mira qué fraile, mira qué hermoso… (Mima un abrazo y un beso, aparta la cara, asqueado.) ¡Qué peste! (A Cristo.) Jesús, deja que te ayude a llevar la cruz, yo soy fuerte, tú te cansas… yo estoy acostumbrado… soy un toro, yo… ¡llevo cada manto que ni te imaginas! déjame… ¡Quítate de los cojones, Cirineo! (Mima que empuja al Cirineo y ocupa su lugar.) Yo te ayudo… no, si no me canso… no… ¡no empujes! Jesús, tranquilo… (Una patada terrible le lanza lejos.) ¡¡Cristo!! ¿Una patada a mí? ¡Bonifacio! ¡El Príncipe! Ah, muy bien… canalla… malnacido… Oh, como se entere tu padre… ¡desgraciado! Jefe de los burros! Oye, no me da miedo decirte que me complace verte crucificado: y que hoy, mira por donde, quiero emborracharme, quiero darme el gusto de bailar… ¡bailar! ¡Ir de putas! Porque soy Bonifacio, yo… ¡Soy Príncipe! Manto, sombrero, bastón, anillos… ¡todo! Mira cómo relucen… canalla… ¡Bonifacio, soy yo! ¡A cantar! (Se va altanero, sacando pecho, cantando a voz en cuello.)

EL DÍA DEL JUICIO
APARECERÁ EL QUE TODO HA CREADO
VENDRÁ UN REY ETERNO
VESTIDO DE NUESTRA CARNE MORTAL
VENDRÁ DEL CIELO CIERTAMENTE…

(De Misterio Bufo, 1969, traducción de Carla Matteini, Ediciones Siruela, 1998)

Dario Fo nació en Sangiano, Lombardía, Italia el 24 de marzo de 1926. Es actor y escritor de teatro italiano y fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura de 1997.

Obras: Los arcángeles no juegan a las máquinas de petaco (1959), Muerte accidental de un anarquista (1970, inspirada en la muerte del anarquista Giuseppe Pinelli), ¡Aquí no paga nadie! (1974), Un día cualquiera (1988), Misterio Bufo (1969/1998), Tengamos el sexo en paz (1998, en colaboración con Franca Rame, su esposa y Jacopo, su hijo), Manual mínimo del actor (1998).

Pilobolus. Symbiosis

Pilobolus comenzó, en 1971, como una desconocida compañía de danza, y rápidamente llegó a ser reconocida alrededor del mundo por su exploración imaginativa y atlética, de la colaboración creativa. Cerca de cuarenta años más tarde, Pilobolus ha evolucionado a una institución cultural estadounidense pionera del siglo XXI.

La compañía ahora gira alrededor de tres núcleos de actividad: PILOBOLUS DANCE THEATRE, el soporte de una serie de espectáculos de compañías de danza radicalmente innovadores y aclamados en todo el planeta; THE PILOBOLUS INSTITUTE, un programa educacional único para colegios, universidades y organizaciones públicas de arte así como una serie de clases y talleres líderes para ejecutivos de corporaciones, empleados y escuelas de negocios; y PILOBOLUS CREATIVE SERVICES, una división especializada en un amplio rango de servicios de movimiento para películas, avisos, publicidad, clientes comerciales, y eventos corporativos.

Texto traducido de su sitio www.pilobolus.com

William Shakespeare. A vuestro gusto

Así refiere Luis Astrana Marín en el estudio preliminar: “La deliciosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (una de las obras de Shakespeare en que mejor se amalgama lo cómico con lo dramático) pertenece a 1599, fecha también de As you like it (A vuestro gusto) y de Twelfth Night (Noche de Epifanía). La primera debió de escribirse en el estío de dicho año; la segunda, en el otoño, y la tercera, en el invierno, para ser representada en el palacio real, ante la reina Isabel, la noche de Reyes de 1600. (…) A vuestro gusto (título que nos parece más llano y ajustado al original que el corriente de Como gustéis u otros parecidos) no fue impreso hasta el folio de 1623.” A continuación, una brevísima selección de textos:

Acto II, escena IV
SILVIO: Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado. O si, como yo hago ahora, no te sentaste para fatigar a tu auditor con los elogios de tu dama, no amaste nunca. O si no has abandonado bruscamente a tus compañeros, como mi pasión me impulsa a hacer en este instante, no sentiste amor jamás.

Acto III, escena II
CELIA: Es más fácil contar los átomos que resolver los problemas de un corazón amante.

Acto III, escena II
ROSALINDA: ¿No sabes que soy una mujer? Cuando pienso, tengo que hablar.

Acto III, escena II
ROSALINDA: El amor es simplemente una locura, y os aseguro es tan acreedor a la celda oscura y al látigo como los locos. Y la razón por que no se les castiga y cura de igual manera obedece a que la demencia es tan común, que los que azotan a látigo están enamorados también. Sin embargo, es un mal que me comprometo a curar por buenos consejos.

ORLANDO: ¿Habéis curado alguna vez a un enamorado así?

ROSALINDA: Sí; he curado a uno, y de la siguiente manera. Tenía que imaginarse que era yo su amor, su adorada, y le obligué todos los días a hacerme la corte; a cuya sazón, como no era sino un joven lunático, me mostraba taciturno, afeminado, mudable, caprichoso y antojadizo, altivo, fantástico, frívolo, ligero, inconstante, lleno de lágrimas, lleno de sonrisas, inclinado a todas las pasiones, incapaz de una sola pasión verdadera, pues muchachos y muchachas son, en su mayor parte, ganado de este pelo. Ora le quería, ora le execraba; tan pronto le miraba como renegaba de él; unas veces le lloraba y otras le escupía; tanto y tan bien, que reduje el loco acceso amoroso de mi pretendiente a un acceso real de locura, el cual consistió en sustraerse al estrepitoso torrente del mundo e ir a morar a un rincón puramente monástico. Y he aquí cómo le curé, y por este método me comprometo a curaros a vos, dejando vuestro hígado tan limpio como el corazón de un sano carnero; de suerte que no quedará en él rastro alguno de amor.

Acto III, escena IV
ROSALINDA: ¿No es fiel en amor?

CELIA: Sí; cuando está enamorado, pero sospecho que no lo está.

ROSALINDA: Le habéis oído jurar solemnemente que lo estaba.

CELIA: “Estaba” no es “estar”. Además, el juramento de un enamorado no tiene más fuerza que la palabra de un mozo de cervecería. Uno y otro no sirven sino para confirmar o certificar cuentas falsas.

Acto IV, escena I
ROSALINDA: Este mísero mundo tiene cerca de seis mil años de edad y, sin embargo, en todo este tiempo no ha habido hombre que se muera en su propia persona; videlicet, por causa de amor. Troilo tuvo el cráneo aplastado por una clave griega; sin embargo, hizo cuanto pudo por morir anticipadamente, y es uno de los modelos de amor. Leandro hubiera vivido muchos felices años, aunque Hero hubiera profesado de monja, a no haber sido por cierta calurosa noche del solsticio de verano, pues el pobre joven no entró en el Helesponto sino a bañarse, y habiéndole dado un calambre, se ahogó; y los cronistas imbéciles de la época hallaron que fue a causa de Hero de Sestos. Pero estas no son más que patrañas. Los hombres mueren de cuando en cuando y los gusanos se los comen; pero no es de amor de lo que fallecen.

Acto IV, escena I
ROSALINDA: El pensamiento de una mujer se anticipa a sus acciones.

ORLANDO: Así hacen todos los pensamientos: son alados.

Acto IV, escena I
ROSALINDA: La mujer, cuanto más lista, más indócil. Echad el cerrojo al talento de una mujer, y saltará por la ventana; cerrad esta y se saldrá por el agujero de la llave; tapad este, y se escapará por la chimenea con el humo.

Acto IV, escena I
ROSALINDA: Jamás encontraréis a una mujer sin respuesta, a menos que la sorprendas muda. La mujer que no sepa representar sus deslices como ocasionados por su esposo, que nunca críe por sí a su hijo, pues hará de él un imbécil.

Jean Cocteau. La voz humana

El tema de nuestra época es la comunicación. Dispositivos de todo tipo y tamaño hacen que podamos establecer enlaces con parientes, amigos, conocidos y anónimos de casi cualquier lugar del mundo. Pero ¿estamos comunicados? ¿Estar virtualmente comunicados es equivalente a estar comunicados, o hay algo más que no está? A propósito del tema, pienso que esta obra tiene absoluta vigencia.

La Voix humaine es una obra compuesta en 1958 por Francis Poulenc (1899, Paris, Francia-1963, Paris, Francia) sobre el texto escrito en 1930 por Jean Cocteau (1889, Maisons-Laffitte, Francia-1963, Milly-la-Forêt). Tuve la oportunidad de asistir a la representación con la actuación extraordinaria de Marga Grajer en el Teatro San Martín. Este monólogo desesperado estaba acompañado por la interpretación exquisita de un pianista del que he olvidado su nombre. Quizás haya alguien que me lo pueda recordar (es justo mencionarlo). La siguiente versión es de Enrique Llovet.

El dormitorio de una mujer. A la izquierda, un gran lecho desordenado. A la derecha, puerta que da a un cuarto de baño encendido. Una mesita con un teléfono. Una silla baja. Algunos libros. La luz de una lámpara.

La mujer está en el suelo. Después de una pausa se medio incorpora, cambia de posición y vuelve a dejarse caer. Final­mente se alza, se echa un abrigo sobre los hombros y va hacia la puerta.

Suena el teléfono. La mujer deja caer el abrigo y se precipita hacia el auricular.

Desde ese mismo instante va a hablar sin interrupción: de frente, de espaldas, de perfil, en pie, de rodillas, sentada o pa­seando. Al acabar caerá derribada sobre la cama abandonando el auricular.

En realidad, cambiará de actitud con cada bloque expresivo: el del perro, el de la mentira o el del abandono. Su desconsuelo no se refleja en la elocución del texto sino en su gestualidad.

Hay un gran predominio del color blanco.

El autor propone a la actriz que abandone la ironía, la amargura y la expresión directa del subtexto de mujer destrozada. Se trata, simplemente, de una mujer muy enamorada, con pocos recursos intelectuales, que lucha hasta el final para arrancar al hombre una confesión sincera y para que, al menos, se salve así la memoria limpia del amor anterior.

La imagen continua que el autor desearía que se transmitiese al público es la de un animal herido que se desangra y que realmente inunda al final de sangre verdadera todo el espacio escénico.

ELLA—¿Diga? Hola. Diga, diga. No, no es aquí… No, señora, debe haber un cruce… La oigo muy mal… Es un cruce, sí… Pues claro, cuelgue… ¿Qué?… Con otro número. ¿Qué más quiere saber?… ¡Por favor!… Sí, dígame… Colgar… colgar… ¿Cuántas veces quiere que se lo repita? Señorita, por favor, señorita… Déjelo ya señora… ya está bien… No, esta no es la clínica… No es cero siete, es cero ocho… Bueno, esto es idio­ta… de locos… y yo que sé, señora… no es a usted, es a mí a quien llaman…

(Cuelga, pero no retira la mano del aparato que vuelve a sonar. Descuelga.)

Sí, hable… Pero, señora. ¿No comprende que yo no puedo hacer nada?… ¿Y a mí qué me importa si usted está nervio­sa?… Le digo que no… La culpa sería suya, claro que sí… de usted… Hola… Sí, señorita… ¿Me oye? operadora… Ah, por fin… Que me están llamando, señorita, y no consigo hablar… Sí, un cruce… Por favor, dígale a esa abonada que cuelgue de una vez, para que yo pueda hablar…

(Vuelve a colgar. El teléfono suena nuevamente.)

¿Sí?… Sí, sí… menos mal… ¿me oyes?… ¿Eres tú?… ¿me oyes ahora? Sí, yo… no, es terrible… te oigo lejísimo… en el fin del mundo… ¿Diga?… ¡Esto es de locos!… oigo muchísimas voces… todas a la vez… Vuelve a intentarlo… Que me llames otra vez… No, no, tú… QUE-ME-LLA-MES-OTRA­-VEZ… Señora o señorita o lo que sea ¿quiere callarse ya?… ¿Cuántas veces tengo que explicarle que esta no es ninguna clínica? Hola… Hola…

(Cuelga nuevamente y el timbre suena otra vez.)

Al fin, por fin… Al fin te oigo… Sí, bastante bien… Sí, sí… Era una tortura, te oigo en medio de un tumulto… no… no… sí…, pues casi por casualidad… todavía no hace ni un cuarto de hora que he llegado a casa… ¿Me habías llamado antes?… Ya, sí, sí… No, no he cenado aquí… Marta me invitó a su casa… Pues deben de ser las once y cuarto, once y veinte… ¿Es que no estás en tu casa?… Entonces. ¿Y qué hora tiene ese reloj?… Eso, lo que yo te he dicho… Claro, naturalmente… La noche de ayer, la noche de ayer… Ah, sí, me acosté en seguida, y tomé una pastilla porque no conseguía dormirme… Claro… sólo una… Era muy temprano, alrededor de las nue­ve… Seguramente… tenía un poco de jaqueca, pero en seguida se me fue… He almorzado aquí con Marta y luego he dado una vuelta para hacer unas cuantas compras… Muy rápido… Al llegar aquí lo primero que he hecho ha sido poner todas tus cartas en ese bolsón amarillo… ¿Lo recuerdas? ¿Después?… ¿Cómo?… Sí, por supuesto, una se conforma con todo en esta vida… ¡Qué remedio!… Jurado… Sí que soy valiente, sí que lo soy… ¿Luego? Pues nada, arreglarme hasta que vino Marta y salir con ella… Sí, claro, de su casa aquí… Es muy buena amiga… mucho… es una persona estupenda… Sí, claro, da esa impresión, pero luego es un ángel… tú me lo dijiste, tenías razón, como siempre… El traje salmón y la piel clara esa… ¡Pues el sombrero negro, aquel que compramos juntos…! ¡Ni siquiera me lo he quitado todavía! ¡No me has dado tiempo!… ¿Qué dices?… Fumando nada… tres cigarrillos en veinticuatro horas… que sí, que me puedes creer, que te lo juro… y… bueno, cuéntame algo de ti… ¿Llegas ahora a casa?… Ah, no has salido… Asunto. ¿Que asunto?… Ah, ya, el pleito ese… Sí, ya me acuerdo…, pero descansa un rato… no puedes tra­bajar de esa forma… ¡Alló! ¡Oiga!… Habla, habla, es que parece que se va a cortar… Oye, si se corta vuelve a llamarme en seguida… Claro que sí… ¿Me oyes? ¿Me oyes? Sí, sí, soy yo… ¿En el bolso? Pues todas las cartas, las tuyas y las mías… Sí, ya puedes mandar por él cuando te convenga… ¡Cómo no va a ser triste!… Lo es… Sí, que lo entiendo… No, cariño, no, no me des más explicaciones, la tonta soy yo… Eres muy bueno… y muy cariñoso… Tampoco yo creí que iba a poder resistirlo… No sé de que te asombras… menos de lo que crees… Parezco una sonámbula… Me levanto, me arreglo, entro, salgo, y casi no me entero de lo que estoy haciendo… A lo mejor mañana no puedo, pero hoy, todavía… ¿A ti?… A ti no, amor mío, tú no tienes por qué sentirte culpable de nada… ¿Qué? No, espera, déjame… yo… claro que pasan estas cosas… Lo sé muy bien… y no me arrepiento… Dijimos que seríamos siempre francos el uno con el otro… Siempre… Es mucho mejor que si hubieses esperado al último instante para decírmelo… Eso… eso habría sido demasiado cruel… Entonces me habría dolido mucho más… Así voy haciéndome poco a poco a la idea y… me habitúo… trato de entenderlo… ¿Teatro? ¿Qué dices?… oiga… ¿Estás ahí? No estoy echándole ningún teatro… ¿Cómo puedes creer que…? Tú me conoces mejor que nadie… Sabes que no sé fingir… Nunca… nunca… nunca… completamente tranquila… si te estuviese escondiendo algo me lo notarías en la voz… Sí… te dije que quería ser valiente y lo voy a ser… ¿El qué?… Bueno, eso es muy distinto… De acuerdo, todos nos engañamos cuando conviene… Cuesta mu­cho aceptar las situaciones definitivas… ¡mira que te gusta exagerar las cosas! Te juro que he tenido tiempo para hacerme a la idea… Y eso también te lo debo… Has sabido dormirme, mimarme. No te faltó más que anestesiarme… lo preparaste muy bien… Íbamos contracorriente… No hemos querido renunciar a cinco años de felicidad y ahora tenemos que pagar el precio… Pero eso lo supimos desde el principio, desde el primer día… Yo, por lo menos… Jamás pensé que se iba a producir un milagro… Así que… ha valido la pena… y no me duele pagar… ¿Qué? ¿Oiga?… Nada… que no me duele pagar porque ha valido la pena… QUE-HA-VALIDO-LA­-PENA Ya lo creo… sí…, estás muy equivocado… mucho… He salvado lo que tenia que salvar… ¿Oiga?… lo que yo misma he querido salvar… y he sido muy feliz contigo… muy feliz… Ah, déjame a mí hablar un momento… Nunca te reprocharé nada… absolutamente nada… Si es que hay culpas son todas mías… ¡Pues claro! ¿Es que no te acuerdas de aquella carta que te escribí y de aquel domingo en Versailles?… Fui yo, claro que fui yo, quien se empeñó en ir y en no dejarte hablar y en decirte claramente que no me importaba nada de nada… ¿Qué? No, no… tienes muy mala memoria… Primero te llamé yo a ti… fue un martes, me acuerdo perfectamente… segura es poco… Un veintisiete, martes… Tú me pusiste un telegrama la víspera… el veintiseis, y lo recibí por la tarde… Pero, ¿cómo se me van a olvidar esas fechas?… ¿Tu madre te ha dicho eso?… Pues no lo sé… eso no tiene ninguna impor­tancia… Todavía no lo he pensado… Bueno, a lo mejor, sí… Cuanto antes ¿no te parece?… ¿Y tú?…  ¿Mañana, ya?… Pensé que no tenías tanta prisa… Bueno, espera un momento, en­tonces… No, complicado, no… Le dejaré la bolsa al portero mañana temprano… Así lo puede recoger José a cualquier hora… ¿Quién, yo?… Pues la verdad es que todavía no lo sé… No sé si quedarme aquí o irme con Marta unos días al campo, a su casa… ¿Dónde va a estar? Aquí… Pobrecillo, no entiende nada… No ladra, no… Pero ayer se paso el día entero husmeando del salón al cuarto y del cuarto al salón… De vez en cuando me miraba y se le ponían las orejas tiesas… Trataba de oírlo todo… Recorría el piso buscándote… Yo creo que a veces se enfadaba conmigo porque yo estaba sentada sin ayudarle a encontrarte… Creo que te lo debías llevar tú… Aquí se puede enloquecer… No creo, es demasiado perro para una mujer sola… conmigo se sentiría mal… Eres tú quien le ha sacado siempre de paseo… sí, llévatelo, llévatelo… Es mucho más fácil que se olvide de mí que de ti.. Pensaremos cualquier cosa… Eso no es difícil…, pues dices que te lo ha regalado un amigo que tenía que marcharse… que venga José a buscarlo, José le gusta… te lo mandaré con el collar de cuero rojo y acuérdate de que está sin placa… Bueno, ya pensaremos eso… De acuerdo… De acuerdo, amor mío… que sí… que sí amor mío, que lo entien­do… ¿Qué? ¿De qué guantes hablas?… ¿Los de piel?… Sí, los que llevabas en el auto… Pues, no lo sé, no me he dado cuenta… si se hubiesen quedado aquí, yo creo que los habría visto, Pero… no cortes…, espera un segundo… ahora mismo los busco…

(En la mesita, tras la lámpara hay unos guantes masculinos. Ella los besa y los apreta contra su cara.)

¿Oye?, no, nada… Aquí no están… Por el salón, desde luego, no… mira… luego buscaré mas despacio y miraré todos los cajones… No creo, pero si por casualidad doy con ellos te los dejo en la portería dentro del bolso con las cartas… ¿Qué?… ¡Ah, las cartas!… de acuerdo, sí.. Es lo mejor… Quémalas mañana mismo… te voy a parecer una estúpida, pero… me gustaría que hicieses una cosa… guardar las cenizas en aquella caja de concha de cigarrillos que te regalé… Ya sabes cuál es… Sí, sí, sí… es una niñería… perdona…

(Se echa a llorar.)

Perdona, ya pasó… No, no estoy llorando… Era un poco infantil eso de las cenizas guardadas en una cajita y… ¡Si eres bueno, sí! Claro que tengo buena memoria…

(Texto de la cita en el idioma mas fácil para la actriz.)

“He quemado en el horno todos los papeles de tu hermana… Pensé guardar aquel piano del que me hablaste. Pero ha sido mejor cumplir tus órdenes y destruirlo todo”… De acuerdo, entonces… las quemas sin mis… ¿Te vas a acostar ya? ¿En bata?… Bueno, pero no trabajes hasta muy tarde… Si tienes que madrugar es mejor que te acuestes cuanto antes… Sí, ¿diga?… ¿Diga?… ¿me estás oyendo?… Ya no puedo gritar mis… ¿me oyes ahora?… ¿Que si me oyes mejor así?… Qué cosa tan curiosa porque yo, en cambio, te oigo como si estuvieses aquí mismo… ¿Me oyes?… ¿Me oyes?… ¡Oiga!… ¡Oiga!… Ahora soy yo quien no oye nada… Bueno, te oigo lejísimo… ¿Y tú?… No, no, es mejor que no cuelgues… Si, señorita, claro que estoy hablando, ¿es que no se da cuen­ta?… Ah, ahora va mejor… Sí, sí, muy bien… Ahora, perfecta­mente… Sí, es incomodísimo… Parece como si te murieses de repente… que oyes y no puedes hablar… Sí, ahora sí, ahora sí… Por lo menos no se ha cortado la comunicación… Sí, muchísimo mejor que antes, menos mal, y eso que tu teléfono hace un ruido muy raro… no parece el tuyo… ¡Claro que te veo, no es muy difícil!

(Responde a preguntas concretas.)

¿Pañuelo?… llevas el “foulard” de las motas rojas… Claro… las mangas dobladas por el codo… ¿En qué mano?… En la izquierda el teléfono… y en la otra la pluma… ¿No te digo que te estoy viendo?… estás haciendo dibujitos en el bloc… un corazón, un sol, una casita… No te rías de mí… Ahora mis ojos están en mis oídos…

(Se cubre el rostro instintivamente.)

No, cielo, mío, tú no… Ni lo intentes… No quiero que me veas ahora… ¿Por qué asustada?… asustada, no… Es… todavía peor… No… no sé dormir sola… Claro, claro… claro… Estate tranquilo… Que te estés tranquilo… Pues todavía no lo sé… No me atrevo a ponerme delante de un espejo… me da miedo hasta encender el cuarto de baño… Ayer me puse delante del espejo y me parecí una vieja… Desde luego… una ancianita, flaca, y llena de arrugas y con todo el pelo blanco… ¡Eres un cielo!… ¿Como una poesía, mi cara?… No digas eso que suena muchísimo a caballero bien educado… y… me recuerda cuando… me decías que… era fea y… tonta y… adorable… eso estaba mejor y… perdona, era una broma… No seas tonto… No, no lo eres… “eres un bruto”, pero me quieres… porque si no me quisieras podrías hacerme muchísimo daño con ese teléfono que tienes en la mano… es un arma terrible… Puede matar a cualquiera sin dejar la menor señal… ¡Yo qué voy a ser mala!… ¡Óyeme!… ¿Hola? Diga… diga… ¡Que no te oigo!… ¿Diga?… ¡Señorita!… ¡Señorita! ¡Que se ha vuelto a cortar, señorita!…

(Cuelga; el teléfono permanece en silencio. La espera se prolonga. Descuelga.)

¿Oiga?…

(Golpea la horquilla del teléfono. Marca un número.)

¿Oiga?… ¿Oiga?… señorita, atiéndame…

(Golpea la horquilla.)

Hable… ¿Eres tú?… ¿Eres tú?… Se corta la línea, señorita… No estoy segura… Bueno, sí, sí lo se… Un momento… Auteil cero, cuatro, cinco, siete… Hable…, sí, dígame… Comunicando claro… Es que están intentando hablar con este número… Bueno, gracias…

(Vuelve a colgar. Suena otra vez el teléfono.)

Oiga…, hable por favor… Cero, cuatro, cinco, siete… no, siete, siete, no seis… siete… ¡Por favor!

(Golpea la horquilla.)

Señorita, lo siento, se ha equivocado usted… Ha salido el cero seis y yo le estoy pidiendo el cero siete… Sí… Auteil cero cuatro cinco siete…

(La espera se alarga.)

Por favor… ¿Auteil cero cuatro cinco siete?… Menos mal. ¿José? ¿Es usted?… Sí, sí, soy la señora… que estábamos hablando el señor y yo y se ha cortado la comunicación… Ah, no… ¿No estaba hablando desde casa?… Ya… ¿No vuelve hasta mañana, verdad?… Sí, por supuesto, se me había olvidado… Es que estaba hablándome desde un restaurante y al cortarse… pues… sin darme cuenta… he llamado a la casa… Bueno, entonces, váyase a descansar, José… Perdone y gra­cias… Sí, José, buenas noches…

(Cuelga de nuevo. Llaman otra vez.)

Ah, menos mal… Sí, nos cortaron… no, no, estaba esperando, sabía que ibas a volver a llamar.. Sí, es que sonó hace un momento y descolgué y no era nadie… Sí, eso pasa mucho… Estás cansado…, pero eres un ángel habiendo vuelto a llamar… un ángel muy bueno…

(Llora. Una pausa.)

No. Claro que estoy aquí… ¿Qué dices? No, que tontería… Nada, no decía nada… No. ¿Qué quieres que me pase?… Pues claro que estoy como siempre… Sí, como siempre… Que no, ya te lo he dicho… Estás en un error… estoy como esta­ba… sí, eso sí, y eso tienes que entenderlo… Estamos hablando y hablando de esto, y… no queremos darnos cuenta de que… habrá que callarse pronto y… colgar este teléfono y… dejarse caer en la nada y… en el silencio y… en la oscuridad y…

(Vuelve a Ilorar.)

Óyeme un momento, amor mío, solo un momento… Nunca, nunca te he dicho una sola mentira… Sí, tú tampoco, tú tam­poco, ya lo sé, te creo… No, no es ese el tema… es que… ahora te las estoy diciendo… Desde que estamos hablando… no hago mas que mentir… Sí, sí, te estoy diciendo una mentira detrás de otra… yo sé… que ya no me queda ninguna espe­ranza… ninguna…, pero las mentiras son… traen mala suerte y además yo… no sé… y no puedo… y no quiero… y tengo horror a mentirte, aunque sea… aunque sea para tranquili­zarte… No, nada serio… No, no tienes porqué asustar­te… solo que… no te he dicho la verdad cuando me has preguntado lo que llevaba puesto ni… no es cierto que… haya comido, comido con Marta… no he comido… ni con Marta ni con nadie… Y me he echado un abrigo por encima del camisón tal como estaba sin vestir en absoluto, porque esta­ba tan desesperada esperando que me llamases y… me he vuelto loca mirando al teléfono y… levantándome y… sentán­dome y… corriendo por toda la casa… que antes de enloquecer del todo, pues me eché el abrigo por encima… Pensaba coger un taxi e irme frente a tu casa… Yo qué sé, a mirarla, a ver tus paredes, a seguir esperando un milagro… ¡Y yo qué sé! Nada… esperar nada, pero… mejor que estar aquí ahogándo­me… Sí, sí, tienes toda la razón… Te oigo, te oigo muy bien… No, y te lo he dicho… No voy a hacer ninguna estupidez… Claro que te estoy oyendo… Te contestaré la verdad… cual­quier cosa, pregúntame lo que quieras… No he salido de casa… no me sentía capaz… No, no he probado bocado… No podía tragar… me he sentido muy mal… Sí, anoche al acostarme me tomé una pastilla para dormir… claro que sí…, pero la verdad es que lo pensé… pensé en tomarme el frasco y no volver a despertarme nunca.

(Llora.)

Muy cobarde, sí… me tomé una docena de pastillas en un vaso de agua tibia… caí fulminada… me desperté sobresaltada, pero feliz creyendo que todavía estaba soñando y… luego… cuando vi que no… y que era verdad… y que no tenía a nadie a mi lado… y que no podía apoyarme en tu hombro, ni tener mis piernas enlazadas con las tuyas ni… me di cuenta de que no es posible… de que no puedo seguir viviendo como… sin peso… sin sangre… tan fría… tan horriblemente fría… Enton­ces pensé que ni la muerte me quería ayudar… respiraba con mucha angustia y… aguanté una hora o algo así… y luego llamé a Marta… hace falta mucho valor para morirse sola… y yo no lo tengo… ¿lo entiendes, mi amor? ¿Ver­dad que lo entiendes?… Marta llegó a eso de las cuatro y se trajo a un médico que vive en su misma casa… Yo tenía muchísima fiebre… y ese médico me dijo que si no se conocen las dosis es bastante difícil envenenarse… me recetó no se qué… y Marta se ha pasado el día aquí a mi lado… Le he tenido que insistir mucho para que se fuese… Quería estar sola cuando me llamases… Sabía que esta era la última vez que me llamas. Sí, ahora, sí… Ya pasó todo… Sí, ya pasó… Un poco de destemplanza… Pues treinta y ocho dos o treinta y ocho tres… naturalmente que son los nervios… estate tranquilo… ¡Soy una estúpida!… estaba dispuesta a no contarte nada para que nos pudiésemos separar en paz y… a colgar sin más como otras veces… como si nos fuésemos a volver a ver mañana… ¡Qué débil soy!… sí, sí… muy débil… me da mucho miedo colgarte este teléfono y… volver a desapa­recer en la oscuridad…

(Llora.)

¿Estás ahí?… ¡Qué miedo, creí que se había vuelto a cortar…! ¡Qué bueno eres! No te mereces todo el daño que te acabo de hacer… No te calles, no te calles, dime todo lo que estás pensando… lo he pasado tan mal que hasta me he revolcado por el suelo y luego, fíjate, ya ves, me llamas, cierro los ojos y ya me siento bien… Bueno, eso me ha pasado siempre ¿no?… Tantas y tantas veces que en la cama te he oído hablar con la cabeza sobre tu pecho… cerraba los ojos y te oía… igual que ahora… No, qué va… tú, no… La única cobarde soy yo… Te he dicho que me había jurado a mi misma que… ¿Cómo?… No, te equivocas, no… Pero ¿qué dices?… me has hecho muy feliz… Te digo que no. ¿Cómo va a ser lo mismo?… ¿No ves que yo sabía, yo sabía que esto tenía que suceder alguna vez?… Pues, claro… Lo que pasa es que hay muchísimas mujeres, mas de las que tú te piensas, que creen que se van a pasar la vida entera junto al hombre que quieren y, de pronto, cuando llega la hora no están nada preparadas para la ruptura… Yo estaba preparada… nunca te hablé de eso porque… porque era mejor, pero… un día que fui a la modista estaba tu foto en no se qué periódico… por cierto que… abierto por la página justa y muy bien colocadito encima de la mesa… un detalle muy femenino, muy humano, si quieres… Pues porque no quería amargarnos nuestros últimos días… ¿Además para qué? Lo lógico es encajarlo y… callarse… No, no me hagas mejor de lo que soy… Oye ¿qué es eso?… Parece música… Digo, que me parece como si estuviese oyendo música… ¿Ah, sí?…, pues dale con los nudillos en el tabique, como hace todo el mundo… estas no son horas de oír música tan alta… No has tenido suerte con esos vecinos… Además como no vivías ahí, pues se han acostumbrado mal… No, no hace falta, mañana volverá ese médico amigo de Marta… Que te digo que no… es muy buen médico… vino en seguida y se puede molestar si llamo ahora a otro… Estate tranquilo… claro, claro que sí… Por Marta… Marta te dará noticias mías, de vez en cuando… Sí, claro que lo entiendo, ¿cómo no lo voy a enten­der? Te juro que voy a ser la mujer mas valiente del mundo… Jurado… ¿Qué dices?… Sí, ya estoy bien… Si no me hubieses llamado me habría muerto, pero ahora ya estoy bien… No, no, no… Espera todavía un poco… un poco más… Espera un poco… Vamos a ver si encontramos una forma de…

(Se pasea. Su infinita desesperaci6n le hace lanzar un gemido que no puede controlar.)

No te enfades conmigo… Sé que estoy haciendote una escena… una escena insoportable… y que me estás aguantando con toda tu paciencia, pero me tienes que perdonar… Lo estoy pasando muy mal, estoy deshecha, completamente deshecha… Ya no me queda mas que este hilo para llegar hasta ti… ¿Cuándo, ante­ayer? Pues dormir… Me llevé el teléfono a la cama… Sí, sí… claro que me acosté… No… lo sé, lo sé todo, sé que parece ridículo… sabía que no ibas a llamar, pero este teléfono es todo lo que me queda ahora en el mundo… Llega hasta tu casa y… como al fin y al cabo me prometiste que volveríamos a hablar. He soñado de todo… Hasta que me golpeabas con el teléfono y que me estaba ahogando y el fondo del mar era como tu casa… Yo respiraba por un tubo de esos de las escafandras y te pedía que no lo cortases… Ya ves… sueños malignos… de esos que hacen sufrir y luego resultan tontos cuando se cuentan… Ahora no, porque ahora estoy hablando contigo de verdad… Han sido cinco años, compréndelo… cinco anos en que solo he vivido para ti… respirando a tu lado y… esperando que vinieses… muriéndome de espanto cuando te retrasabas porque lo menos que hacía era temer siempre lo peor y resucitando cuando abrías la puerta y muriéndome otra vez solo de pensar que tendrías que volver a irte… Como ahora… Ahora respiro porque te oigo… Porque mi sueño no era tan disparatado… Si cortas esta comunicación me cortas el aire… Sí, sí, he descansado… A la fuerza… Dice el médico que la primera noche se descansa… Parece que la intoxicación tiene un primer momento en que… hasta el sufrimiento desaparece… Lo malo viene después… Ayer, claro, la segunda noche y hoy va a ser terrible… Y mañana va a ser insoportable… Y pasado mañana… No, fiebre, no, no creo… Lo veo todo con mucha claridad… Por eso creo que debía haber seguido mintiéndote ¿Y de qué me va a servir dormirme un rato? ¿De qué?… Después tendré que despertarme y… hacer algo… salir a… ¿salir a dónde?… Cielo mío, verte o no verte ha sido todo lo que he hecho en estos años… Marta tiene su propia vida… Es como pedirle a un pez que respire fuera del agua… No, ya te lo he dicho… no necesito nada y no necesito a nadie. ¿Cómo que me entretenga?… Pero… mira te voy a decir una cosa bastante prosaica… Desde ese domingo terrible sólo unos segundos me he olvidado de ti… fue hace unos días cuando el dentista me rozó un nervio con el torno… Completamente sola… Está tumbado junto a la puerta de entrada… No me hace caso… Esta mañana fui a hacerle una caricia y por poco me muerde… No se le puede tocar… No, no… Levanta el hocico y hasta ladra si me acerco… parece otro perro… Le estoy empezando a tener miedo… En casa de Marta se convertiría en una fiera, ¿no te digo que ni siquiera me deja a mí que me acerque?… Contigo, sí… Yo le estoy tomando miedo. Desde aquí lo veo… Completamente quieto… ¿Y yo qué sé por qué?… A lo mejor piensa que yo tengo la culpa de que no vengas… o… incluso que te he hecho algo malo… ¡pobrecito!… No, si yo le quiero mucho… Por eso, porque sé lo que pasa… Que te quiere… Que te quiere muchísimo y… como no te ve…, pues me echa la culpa a mí… Sí, con José se va… mándalo cuanto antes… Sí, no me echaría de menos… Era tu perro, no el mío… Ahora lo estas viendo… Sí, lo que tu digas, solo que me da miedo acercarme… Está bien, ya pensaré a quién se lo doy…, pero estoy segura de que en tu casa se haría amigo de todos… de toda la… gente que… esté viviendo contigo… Sí, vida mía, tienes razón… es un perro y… por listo que sea… habrá cosas que… que no estén claras para él… Puede que no me conozca… a lo mejor le doy miedo… cualquier cosa, vete a saber… ¿No te acuerdas de aquella noche en que yo tuve que decirle a mi tía que se había muerto su hijo? Es muy blanca y muy pequeñita… Pues se puso roja, roja y se estiró como si fuese un gigante… Daba en el techo con la cabeza… parecía como si tuviese mil manos y daba espanto su sombra que llenaba la habitación entera… ¡espanto, sí!, pues su perra, precisamente se escondía debajo de la cómoda, y ladraba como si corriera detrás de un animal… ¡Ah, eso! ¿Cómo voy a saber eso?… Estoy muy des­centrada… He hecho algunas cosas… peor que tonterías… ¿Por ejemplo? Pues he roto todas mis fotografías… no me pregun­tes por qué, hasta las de pasaporte. Sí… ¿Me quieres decir para qué lo necesito yo ahora?… Nos encontramos en un viaje… Si vuelvo a viajar y te vuelvo a encontrar me sentiría muy des­graciada… No, nunca… ¿Qué?… ¿Oiga? ¿Oiga?… Por favor, señora cuelgue… Le digo que cuelgue… Me tiene sin cuidado lo que opina de mí… Lo único que quiero es que cuelgue… Ridícula o no, dedíquese a sus cosas y antes cuelgue de una vez… ¡Ah! Cielo mío… cariño… no le hagas caso… No, no cortes, por favor, ya ha cortado ella… La he oído. Sí… ¿Te ha molestado lo que ha dicho?… Sí, sí, te ha molestado, te conozco muy bien… ¿Y a ti qué más te da?… Era una estúpida y ni siquiera sabe quien eres… una estúpida que piensa que todos los hombres son iguales… Que no, cielo mío, que no, que tú no te pareces a ninguno… ¿Por qué?… No le des más vueltas… Tenía que suceder y ha sucedido… Anteanoche se me acercó Henri… Querfa saber si tú tenías un hermano y si era el anuncio de su boda el que venía en el periódico… No, mal rato, no…, pero bueno tampoco… Como si me estuviesen dan­do el pésame, ¿qué iba a hacer?… La gente no tiene la culpa y como no se lo explica… Sí, la gente, en general… Para la gente las cosas son blancas o negras… Nos queremos mucho o nos odiamos a muerte… No, no te molestes, porque no conseguirás nada… Haz con todos lo mismo que yo estoy haciendo…

(Un gemido apagado.)

¡Ay!… No, no era nada… Es que como estoy hablando tanto… igual que siempre, ¿no?… Pues de pronto se me olvida lo que ha pasado… creo que no ha pasado y… cuando me doy cuenta…

(Llora.)

Ya sé que no tengo que volver a hacerme ilusiones… No, no, no es eso… Pero hasta ahora… cuando hemos tenido un problema… que nunca han sido importantes, pero en fin…, pues hasta ahora hablábamos, soñábamos y… al final, con un beso y un abrazo, pues… menos. Con una simple mirada nos volvíamos a entender… Por teléfono no es lo mismo… Por teléfono lo que se ha acabado se ha acabado. No, amor mío… Los suici­dios no se repiten… Puede que sí, pero sólo una, para dor­mirme cuanto antes… ¿Tú me imaginas a mí comprando una pistola?… Ni entiendo ni quiero entender… ¡Pero si ya no tengo fuerzas ni para mentirte, cielo mío!… Te estoy diciendo la verdad… Sé que a veces es mejor mentir… mucho mejor… Ya ves, es como si tú… Si tú me engañas ahora pensando que voy a sufrir menos. No, no digo que me estás engañando. Lo que digo es que si yo me entero de que me has dicho una mentira… Una mentira pequeña, yo que sé, que estás en tu casa y no estás o… algo así… No… Escúchame, amor mío… no… Estoy segura… Te he puesto un ejemplo… ¿Cómo voy a decir yo que me estás mintiendo?… ¿Pero por qué te enfa­das?, me has entendido mal.. Sí te has enfadado, sí, te lo noto en la voz… Lo que te he dicho es que si me mientes por cariño, por no hacerme daño, yo te lo tendría que agradecer… ¿qué?… ¿me oyes?… ¿me oyes?… ¿me oyes?…

(Cuelga el auricular. Habla bajo y rápido, casi como si rezara.)

¡Por favor que vuelva a llamar…! ¡Que vuelva a llamar! ¡Dios mío, que vuelva a llamar!

(Suena el teléfono. Lo descuelga.)

Se cortó otra vez… No, te decía, que si me mintieras por… para no hacerme sufrir y… y yo lo descubriese, todavía te querría más de lo que te quiero…

(Se ajusta el cordón telefónico en la garganta.)
No es verdad, parece que estamos juntos y nos separa media ciudad… Ahora está tu voz dando vueltas en mi garganta… Espera un poco… Es mejor que se corte por casualidad… ¿Yo? No, ¿cómo voy a pensar yo que estás deseando colgar?… Eso sería muy cruel y tú no eres cruel… ¿A dónde?… Marsella… ¿Tan pronto? ¿Pasado mañana?… Nada… Sí, bueno, que me hagas un favor, que no vayas al hotel de siempre… No, no quiero que te enfades… Es que… como hemos ido tantas veces juntos a ese hotel, pues… así no me imagino nada y… al no verlo me hará menos daño… ¿Comprendes por qué te lo pido?… Sí, gracias… Eres un ángel… Te quiero mucho… con toda mi alma…

(Se incorpora y va hacia la cama.)

¡Qué tonta soy!… Te iba a decir “hasta ahora mismo”… Lo de siempre, claro… Tienes razón, tienes razón… Es mejor que seas tú quien cuelgue…

(Se deja caer en la cama abrazada al auricular telefónico.)

Adiós, vida mía… Adiós… Sí, voy a tener mucho ánimo. Sí…, pero ahora date prisa y cuelga… ¡Cuelga, por favor!… ¡Ya! Te quiero… más que a mi vida… más que a mi vida… más que a mi vida…

OSCURO

Dario Fo. Muerte accidental de un anarquista

Obra de teatro publicada en 1970 del gran actor y dramaturgo italiano Dario Fo, quien fuera premiado con el Nobel de Literatura de 1997. La obra está inspirada en lo que sucedió en Estados Unidos en 1921, cuando el anarquista Salsedo, un inmigrante italiano “cayó” desde una ventana del piso 14 de la comisaría central de Nueva York. Un caso similar había ocurrido en Milán, Italia.

Tuve la oportunidad de asistir a la actuación de Dario Fo en Buenos Aires, en el Teatro Municipal San Martín (sería 1984, 1985), cuando representó su unipersonal Misterio Bufo y quedé fascinado por cómo actuaba y lo que decía.

Esas representaciones estuvieron condicionadas por una campaña de desprestigio por parte de cierto sector retrógrado de nuestra sociedad, ya que sostenían que desprestigiaba a la Iglesia. Tanto hablaron y despotricaron que algunos imbéciles rompieron los vidrios del Teatro, creo que con la idea de que rompiendo vidrios se rompen las ideas. En medio de la función a la que asistí, un espectador se levantó de su butaca y comenzó a gritarle una serie de inconsistencias, tras lo cual lo extirparon de la sala y todo volvió a la normalidad.

Muerte accidental de un anarquista es una comedia negra, donde dice cosas contundentes acerca de los políticos, los policías y el poder de turno. Imprescindible, obvio.

Eduardo Pavlovsky. Telarañas

El paquete

El Padre y la Madre traen un enorme paquete prolijamente envuelto en papel de seda. Lo colocan sobre la mesa del comedor. El Pibe, que está en el espejo, lo mira. Los padres quedan a un metro de la mesa.

MADRE: Y… abrilo. Es para vos. (EI Pibe no se mueve.)

PADRE: Es un regalo de papá y mamá. (El Pibe no se mueve. ) ¡Y dale!… abrilo. (El pibe se acerca.) ¡Y dale! (EI Pibe se acerca al paquete y lo sopla varias veces.) ¡No es una torta, infeliz! Es un paquete, ¿entendés? ¡Un pa-que-te! (A la Madre.) Abrilo vos.

(La Madre se acerca y va abriendo lentamente el paquete. Del fondo de la caja extrae una tela verde con un cierre relámpago. Abre el cierre relámpago y extrae lentamente una soga en forma de horca.)

MADRE: (Tomando la horca en sus manos muy sensualmente.)  ¡Qué bien terminada está! (AI Pibe.) Tomá, es para vos. (EI Pibe agarra la soga automáticamente. Ni la mira.)

PADRE: ¡No tenés regalo, gorosito! La soga es americana. No se pudre. (Pausa) Y no decís nada, como siempre. ¡Qué vas a agradecernos algo vos!

MADRE: (Leyendo las instrucciones.) Se cuelga del techo, viejo. (Pausa.) ¿Aguantará?

PADRE: (Se sube a una escalera. Martilla y coloca la soga, que queda colgando. Mientras tanto, la Madre coloca una silla debajo de la horca.) (AI Pibe.) ¡A tu edad me iban a regalar estas cosas! ¡Qué vas a valorar vos todo lo que hacemos por vos!

MADRE: Upa, upa. (Golpe en la silla.) Aquí. Aquí. Subite aquí, nene.

PADRE: (Está inclinado en la escalera con la horca en la mano.) Y dale, subilo vos, vieja, que este degenerado no entiende nada.

(La Madre lo agarra violentamente y lo hace subir a la silla. El Pibe tiembla. EI Padre agarra la horca y se la quiere poner, pero no llega porque el Pibe baja la cabeza.)

MADRE:  Cuidado, viejo.  ¡A ver si te caés!

PADRE: (Al Pibe.) Y subí el bocho, infeliz. ¡Pero mirá qué hijo de puta, baja la cabeza para que no se la ponga!  ¿Qué querés? ¿Que me rompa el alma?

MADRE: Y dale, nene, ayudalo a papito. Sé bueno.

(EI Padre le agarra el pelo, le estira la cabeza y le pone la horca. El Padre baja de la escalera.)

PADRE Y MADRE: ¡A la una, a las dos, y a… las tres!

(La Madre le saca la silla violentamente en el mismo momento que el Padre le da por detrás un violento empujón. El cuerpo del Pibe se bambolea por todo el cuarto. Se oyen gemidos y convulsiones. En uno de los vaivenes rompe el espejo, que queda en forma de telarañas.)

 

(Escena de la obra teatral Telarañas, estrenada en Buenos Aires en 1975)