La escuela inconclusa

(Editorial publicado en La Nación, 27.12.2012)

El dato de que hay un 14% de alumnos de la enseñanza media que no la concluye aunque deba solo una o dos materias indica una tendencia preocupante

La escuela media, centro crítico de debates, renueva varios motivos de preocupación. Hace poco, el Ministerio de Educación nacional dio a conocer dos datos estadísticos de interés: sólo el 58 por ciento de los alumnos que iniciaron la enseñanza media la concluye; ahora bien, de ese porcentaje hay que restar el 14 por ciento, que no la termina, aunque sólo adeude una o algunas materias del último año. Esta negación a completar los estudios cuando se está tan cerca de la meta promueve la búsqueda de explicaciones que justifiquen el abandono de la nave cuando se está por llegar al puerto.

En principio, resulta insensata la conducta de los alumnos que proceden de ese modo. Si se la analiza, se puede reconocer que no se trata de un hecho aislado ni antes desconocido. Al contrario. Lo que llama la atención de manera justificada es el aumento de esos casos que se ha verificado en los últimos años. De ahí que en las escuelas se han implementado cursos de preparación y se establecen nuevos días de examen, a fin de crear mejores condiciones para que los alumnos puedan superar las pruebas finales. A ese loable propósito contribuyen los Centros de Orientación y Apoyo en la provincia bonaerense y el Programa Terminalidad en la ciudad de Buenos Aires, en el cual pueden incorporarse alumnos que arrastran materias pendientes desde una década atrás. Al mismo objetivo responde el spot publicitario “Ponele título a tu secundario”, que, con el auspicio ministerial, se ha difundido tanto por radio como por televisión.

El problema no es simple. La oportunidad de aprender es un derecho, pero como contrapartida genera el deber de superar las demandas del estudio que, si se dejan de cumplir, impiden los pasos subsiguientes para acceder a un proyecto profesional superior o a un puesto de trabajo, pues el título es indispensable para ello; de lo contrario, el esfuerzo de cinco años concluye en frustración.

Esa negación a completar el nivel medio suele encubrir algo más que una obstinación o la sugestión de comportamientos que se imitan. A menudo esa ingrata decisión es el fruto de interacciones conflictivas entre alumno, familia y docentes, cuestión que reclama ser analizada en los casos concretos.

No se agotan ahí las causas probables del problema, ya que pueden influir diversos procesos del desarrollo personal que se enmascaran con el argumento de que, en realidad, el título no es necesario, o no siempre lo es, o que se rendirá cuando lo decida el joven alumno. Se trata, como puede advertirse con facilidad, de afirmaciones voluntaristas con las cuales se pretende ganar en autonomía.

Teniendo esto importancia, lo cierto es que, en el fondo, la clave del grave problema se relaciona con la motivación, el dinamismo propio del sujeto, que lo mueve desde adentro, a diferencia de los estímulos o incentivos externos. Es decir, la motivación sentida es la que decide por la negación o la afirmación de una conducta y le confiere el protagonismo deseado al estudiante.

Por lo tanto, siendo acertado alentar, ofrecer mejores opciones y facilitar la preparación, el quid de la cuestión reside en saber motivar, tanto para superar pruebas, enfrentar dificultades o encarar un objetivo en la vida.

Diana Cohen Agrest / Tragedia de Once: la trama de impunidad y desidia de una Argentina que duele

(Publicado en La Nación, 23.12.2012)

Un caluroso 22 de febrero de 2012, apenas después de las 8.32 de la mañana, las sirenas conmovieron súbitamente a una ciudad que reiniciaba su trajín tras el paréntesis de un Carnaval tan forzado como extemporáneo. Inexplicablemente, un tren que se aproximaba a la plataforma de la estación de Once no había logrado detener su marcha y terminó por colisionar con los sistemas de paragolpes de contención de la estación. La formación transportaba en plena hora pico a más de 1200 pasajeros a bordo y, con el correr de las horas, se supo que fallecieron 51 de ellos y cuando menos 703 resultaron heridos.

Más que un infortunio casual, la tragedia fue un eslabón más de una cadena de acontecimientos mortales que parece condenarnos a cierta extraña pero manifiesta compulsión a la repetición: si nos volvemos hacia los últimos tiempos, en un atroz carrousel, se nos aparecen la catástrofe ferroviaria de Flores, la tragedia vial del colegio Ecos, los incendios de las discotecas Beara, Cromagnon y Kheivys, las desgracias aéreas de Austral, de Sol y de LAPA, los atentados a la AMIA y unos años antes, a la embajada de Israel. Apenas un puñado de tragedias evitables, rescatadas entre tantas otras que o bien fueron olvidadas o bien persistieron anónimas, porque acontecieron en la Argentina profunda ante la cual se minimiza y hasta se invisibiliza el dolor.

Aun cuando hay quienes prefieren atribuirlas al azar o a la fatalidad, lo cierto es que el azar y la fatalidad son dos modalidades de la negación: lo que llamamos “azar” no es sino la ignorancia de las causas que produjeron un hecho. Y la fatalidad exorciza mágicamente de cualquier responsabilidad. Pero lo cierto es que el retorno de lo trágico irrumpe en otras formas de violencias cotidianas. Todas ellas se inscriben en una matriz letal en la que convergen intereses, obligaciones, derechos y bienes simbólicos inalienables. Y en esa compulsión a la repetición, la tragedia de Once condensa e ilustra dolorosamente la trama de la Argentina que nos duele. Porque en ella se anudan, una vez más, las cuerdas entre las que anidan la complicidad de los funcionarios con los intereses empresariales que se extienden rastreramente, como hiedras venenosas, al cobijo de la impunidad.

¿Quiénes son los actores de estos dramas inconclusos? En esa trama, el Estado, los empresarios y los funcionarios inescrupulosos se enfrentan a las víctimas y a una sociedad que, mancomunada en el dolor por las pérdidas, debería reconocerse como parte de los enlutados. Entre unos y otras, un abismo que se ahonda brutalmente, cada día más.

Durante la última década se proclamó un modelo basado en el diseño de las tan proclamadas políticas de inclusión destinadas a fortalecer los mecanismos de protección de los segmentos socialmente desfavorecidos. Pero esos dispositivos se sostuvieron en un paradigma de gestión basado en la concesión de subsidios operativos que, en el caso del sistema ferroviario, crecieron un 300 por ciento durante los últimos seis años sin que se exigieran las inversiones privadas en su mantenimiento y sin que se sancionara la degradación progresiva de la calidad de la prestación del servicio al usuario. Ya un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) de 2008 ponía en evidencia que no sólo no se había ejecutado el mantenimiento de los trenes desde 2004 sino que se habían descuidado los mecanismos de control que, de haberse realizado, probablemente habrían eliminado de cuajo un nuevo eslabón en esa cadena de repeticiones.

La falta de pulso político resultó cuando menos extraña en un relato presumiblemente inclusivo pero a todas luces selectivo: mientras que en tragedias acaecidas en otras latitudes, tanto los alcaldes como los presidentes y hasta los príncipes y los reyes ponen sus coronados cuerpos reales, en cambio, en nuestra tragedia vernácula, las horas y los días que siguieron fueron marcados por una intolerable ausencia de quienes deberían haber estado allí. Si alguno de los máximos funcionarios nacionales, provinciales o municipales hubiese asistido, nos habría concedido una demostración de ejemplaridad cívica. Considerado incluso desde el más frío y calculador pragmatismo, el sólo acto de presencia le habría aportado un enorme rédito político porque habría contribuido a la pacificación de una sociedad desencajada…Pero en la Argentina que nos duele, sin distinciones partidocráticas, literalmente nuestros representantes no nos representaron. Y con ese ninguneo hacia los trabajadores -carne de cañón usuaria de los trenes-, con ese desvergonzado gesto por omisión -infinitamente más elocuente que los discursos vacíos sobre la inclusión-, nuestros dirigentes habrían sido condenados al ostracismo en sociedades menos tolerantes.

BORRAR EL HORROR

Tras ese mutis por el foro, y con los hierros y los cuerpos todavía incandescentes, coreutas desafinados sellaron la escena: el jefe de Gabinete, con torpeza incontinente, sentenció: “Las vidas que se perdieron, se perdieron”, palabras sólo pronunciables por un aprendiz de político para quien esas muertes son apenas una cifra y, como tal, desencarnadas de la realidad de una pérdida cuyo dolor ni siquiera es capaz de simular. Y el secretario de Transporte de entonces -hoy procesado-, no se quedó atrás cuando, en un flaco consuelo contrafáctico espetó que “si esto hubiera ocurrido ayer, que era un día feriado”, las consecuencias habrían sido menores. Como si el error fuera atribuible a un infausto destino que, indiferente a la desidia organizada, seleccionaría los días nefastos a su arbitrio. El Estado no le fue en zaga: no dándose por aludido, y rápido de reflejos para una jugada maestra fallida, se presentó como querellante ante la Justicia. E invirtiendo el orden entre el victimario y la víctima, desconoció la negligencia en la que había incurrido y pretendió incautar el lugar de los lesionados por su accionar.

El contrapunto de semejante cinismo cívico son el ramillete de enlutados que simbolizan la posibilidad de aprender a transitar desde el sufrimiento hacia una acción colectiva reivindicatoria de la verdad y la justicia. Tras exigir al gobierno nacional que se pronunciase “alguna vez” sobre la tragedia, e impugnando una política selectiva de la memoria, lanzaron la campaña “500.000 caras por justicia”, invitando a medio millón de personas a retratarse con un cartel que reclamaba el esclarecimiento del hecho, en un intento de rescatar del olvido esos rostros que el Estado ignoró con su ominoso silencio.

Celebrados los procesamientos de algunos de los responsables de la tragedia, los ex secretarios de Transporte Jaime y Schiavi, y de los Cirigliano, dueños de TBA, la sociedad se queda con una instantánea: porque una vez pacificada con esta inyección anestésica de alto impacto mediático, la historia reciente nos ha enseñado que el procesamiento es apenas una medida paliativa transitoria que procura poner paños fríos sobre una herida en carne viva que terminará supurando una vez que las recusaciones, los laberintos tribunalicios, las dilaciones y otras creativas chicanas procesales logren borrar lo acontecido.

Las tragedias, nuestra historia lo muestra, son gestadas en el vientre de la impunidad: la de Flores, no resuelta. La causa del Colegio Ecos, prescribió. Los responsables de Beara, sobreseidos. Cromagnon, todavía en juicio. Kheyvis, prescribió. Austral, prescribió. Sol, paralizada. LAPA, momentáneamente se revocó el sobreseimiento de los empresarios. El atentado a la AMIA, negociado por el gobierno con los acusados de haberlo perpetrado. El atentado a la embajada, estancada. Ciudadanos incrédulos de este reino de la impunidad, sumidos en la desesperanza, probablemente nos asomamos con la tragedia de Once a otro crimen más, entre tantos otros, sin culpables. Porque al fin de cuentas, ¿por qué esperar del mañana la Justicia que es burlada hoy?

Abandonando esos reclamos reivindicatorios a su suerte, con nuestro silencio no hacemos sino prestarnos al juego perverso de una justicia que manipula a una sociedad espasmódica, que reacciona cuando es sacudida por el horror. Pero a sabiendas de que es auxiliada por la velocidad de los acontecimientos, la justicia impunitiva parece esperar que una nueva tragedia ensombrezca la anterior, y que la injusticia del diario de hoy obture las injusticias del de ayer.

Pero es obsceno callar ante lo que no puede ni debe ser callado. Una vez que las víctimas han sido silenciadas, ¿acaso sus sobrevivientes y la sociedad toda -vulnerada y vulnerable- no debe ser la continuadora de la reivindicación consagrada a la memoria de las víctimas de todas nuestras tragedias? ¿Acaso la dignidad de los reclamos no es el punto de convergencia de una sociedad que debe comenzar a reconocerse en sus propias fuerzas, en su potencia de sumar voluntades para hacer de una única voluntad, un instrumento poderoso en la persecución comprometida del interés general que debe prevalecer sobre los intereses corporativos? ¿Acaso no se trata de construir una renovada identidad que se sepa capaz de ejercer una fuerza coactiva en defensa, ni más ni menos, del bien común?

La rápida suspensión de las celebraciones del Carnaval y su reconversión en dos días de duelo expresaron los dos rostros de una realidad demencial, el anverso multicolor tributario del “pizza con champagne” en versión populista -los festejos del Bicentenario, el Fútbol para Todos, Tecnópolis y los megarrecitales- y el reverso ensombrecido de un país que pretende celebrar allí donde hay un campo minado por el escepticismo del dolor irreparable.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Robert Desnos, poeta

COMO UNA MANO…

Como una mano que en el instante de la muerte
y del naufragio se levanta al modo de los rayos del sol poniente,
así surgen por todas partes tus miradas.
Quizá ya no haya tiempo, ya no haya tiempo para verme,
Pero la hoja que cae y la rueda que gira te dirán
que nada perdura en la tierra,
Salvo el amor,
Y de esto quiero convencerme.
Botes de salvamento de colores rojizos.
Tempestades en fuga,
Un vals anticuado que se lleva el tiempo y el viento por los
largos caminos del cielo.
Paisajes.
No quiero más abrazos que aquel al que aspiro,
Y muera el canto del gallo.
Como una mano que en el instante de la muerte
se crispa, así se oprime mi corazón.
Nunca he llorado desde que te conocí.
Quiero demasiado a mi amor para llorar.
Tú llorarás sobre mi tumba,
o yo sobre la tuya.
No será demasiado tarde.
Hasta mentiré. Diré que fuiste mi amante,
Y al final todo es tan absolutamente inútil,
A ti y a mí muy cerca nos espera la muerte.

A la mystérieuse ( Corps et Biens)

TANTO SOÑÉ CONTIGO

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años,
seguramente me transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente
que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

A la mystérieuse ( Corps et Biens )

ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

Domaine Public

* * *

Robert Desnos nació en París el 4 de julio de 1900 y murió en el campo de concentración de Theresienstadt el 8 de junio de 1945.

Obras:
Rrose Sélavy (1922-1923)
Le pélican
Langage cuit (1923)
Deuil pour deuil (1924)
La Liberté ou l’Amour (1927)
Les Ténèbres (1927)
Corps et biens (1930)
Sans cou (1934)
Fortunes (1942)
État de veille (1943)
Le Vin est tiré (1943)
Contrée (1944)
Le Bain avec Andromède (1944)
Chantefables et chantefleurs (1970), publicación póstuma.
Destinée arbitraire (1975), publicación póstuma.
Nouvelles-Hébrides et autres textes (1978), publicación póstuma.

Martin Luther King (28.8.1963, Washington) I Have a Dream (Tengo un sueño)

El 28 de agosto de 1963 tuvo lugar la “Marcha sobre Washington por Trabajos y Libertad” que reunió a 250.000 personas.

Como cierre de esa convocatoria, en las escalinatas del Lincoln Memorial, el Reverendo Martin Luther King, Jr. brindó este discurso, uno de los llamados más importantes y conmovedores a la unión entre los seres humanos en la historia mundial:

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy día en esta que será, en la historia, la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, a cuya simbólica sombra estamos hoy parados, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia.

Vino como un lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro aún es tristemente lisiada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Entonces hemos venido hoy día aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En un sentido hemos venido a la capital de nuestro país a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, ellos firmaban un pagaré del cual cada estadounidense sería el heredero. Este pagaré era la promesa que todo hombre, sí, el hombre negro y el hombre blanco, tendrían garantizados los derechos inalienables de vida, libertad, y búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy día que EEUU ha incumplido este pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, EEUU ha dado a la gente negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el sello “fondos insuficientes.” Pero rehusamos creer que el Banco de Justicia está quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de oportunidad de este país. Y entonces hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dará sobre manera la riqueza de libertad y la seguridad de justicia.

También hemos venido a este sagrado lugar para recordar a EEUU la urgencia impetuosa de ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo.

Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir del obscuro y desolado valle de la segregación al camino alumbrado de la justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este verano ardiente por el legítimo descontento del Negro, no pasará hasta que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad.

1963 no es el fin, sino el principio. Y los que pensaban que el negro necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendrán un rudo despertar si el país regresa al mismo oficio. No habrá ni descanso ni tranquilidad en EEUU hasta que al negro se le garantice sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán a sacudir las bases de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales están parados en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia.

En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza física con la fuerza del alma.

La maravillosa nueva militancia, la cual ha envuelto a la comunidad negra, no debería llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy día por su presencia aquí, han venido a darse cuenta que su destino esta amarrado con nuestro destino. Y ellos han llegado a darse cuenta que su libertad está inseparablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa que siempre marcharemos adelante.

No podemos volver atrás.

Hay aquellos que están preguntando a los devotos de los Derechos Civiles, “¿Cuando estarán satisfechos?” Nunca podremos estar satisfechos mientras que el negro sea víctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que la movilidad básica del negro es de un barrio pequeño a uno más grande; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros hijos están despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero escrito “Sólo para blancos”, no podremos estar satisfechos mientras que el negro de Mississippi no pueda votar y el negro de New York crea que no tiene nadie por quién votar. ¡No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta “que la justicia corra como el agua y las virtudes como una fuerte quebrada”.

No desconozco que algunos de ustedes han venido hasta aquí con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién de unas angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de la persecución y derrumbados por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes han sido los veteranos de sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; regresen a Alabama; regresen a South Carolina; regresen a Georgia; regresen a Louisiana; regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades norteñas sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.

Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño estadounidense, que un día esta nación surgirá y vivirá verdaderamente de su credo, “nosotros mantenemos estos derechos patentes, que todo hombre es creado igual”.

Yo tengo un sueño que ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e hijos de dueños de esclavos anteriores se podrán sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo un sueño que un día aún el estado de Mississippi, un estado ardiente por el calor de justicia, ardiente por el calor de la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un sueño que mis cuatro pequeños hijos algún día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de sus carácteres.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con su Gobernador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación, un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, y la gloria de Dios será revelada y todo género humano se verá junto.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al sur. Con esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararnos juntos por la libertad, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día. Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos sentidos “Mi país es de ti, dulce tierra de libertad a ti yo canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de la montaña, dejemos resonar la libertad”. Y si América va a ser una grande nación, esto tendrá que hacerse realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de California. Pero no sólo ésto.

Dejen resonar la libertad de la Montaña de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de Mississippi.

“De cada lado de montaña dejen resonar la libertad.” Y cuando ésto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de cada aldea y cada caserío, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podemos unir nuestras manos y cantar en las palabras del viejo espiritual negro:

“Libre al fin, libre al fin; gracias Dios omnipotente, somos libres al fin.”

* * *

Martin Luther King, Jr. nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia, EEUU y fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, EEUU.

Dante Alighieri & Gustave Doré / Infierno

Dante Alighieri nació en Florencia alrededor del 29 de mayo de 1265 y falleció en Rávena el 14 de septiembre de 1321.

Paul Gustave Doré nació en Estrasburgo, Francia el 6 de enero de 1832 y falleció en París, Francia el 23 de enero de 1883.

Carlos Balmaceda / Don Quijote y el poder de la imagen

Lanzado en su aventura, el héroe de Cervantes comprueba que había confundido ficción con realidad. Hoy, nosotros, de pantalla en pantalla, corremos el riesgo de perder la capacidad de vivir experiencias

La marplatense, junto al mítico barrio La Perla y cerca de la playa donde Alfonsina Storni se suicidó una madrugada de octubre. En la esquina sudoeste de la plaza, de cara al mar, se levanta el monumento a Cervantes. La obra fue creada por Hidelberg Ferrino y se inauguró en 1975. La escultura muestra a Don Quijote de la Mancha cabalgando sobre Rocinante, con la lanza y el rostro apuntando al cielo, y detrás, sobre su asno, al escudero Sancho Panza. La obra soportó una polémica cuando corrió el venenoso rumor de que había sido creada a imagen y semejanza del monumento a Cervantes que hay en el barrio de Palacio, en Madrid. Como en los años 70 las imágenes circulaban con otro vértigo, hubo que aguardar varias semanas para comprobar las diferencias. Años después, y todavía picado por las viejas habladurías, Ferrino me contó que se había inspirado en la imagen más popular que existe de ambos personajes: ésa en que los dos cabalgan a paso lento y desgarbado por las llanuras de la Mancha en busca de aventuras. Esa imagen también operaba como una matrioska porque Ferrino recordaba que cuando cursaba el secundario, allá por los años 30, uno de sus profesores le había hablado tanto del Quijote que podía recordar la novela mediante imágenes tan vivas como las del cine.

Cuento una historia de imágenes que se multiplican en más imágenes. Como las que surgieron debido a los nuevos usos y sentidos urbanos que afectaron el monumento: a sus pies se fotografían los recién casados y las chicas vestidas de largo cuando van rumbo a sus fiestas de quinceañeras, y jamás falta la foto del novio desnudo, en plena despedida de soltero, montado en el asno y abrazado a Sancho. Además, ahí se congregan decenas deskaters que usan como rampa la plataforma inclinada y lisa del monumento. También posan los turistas, claro. Describo retratos y representaciones de una cultura que privilegia la imagen, en cuanto significante, sobre su significado. Donde vale más la forma que los contenidos.

Esta cualidad de la imagen merece más atención: releo Don Quijote de la Mancha según la edición del IV Centenario que hizo la Real Academia Española y me demoro en el prólogo de Mario Vargas Llosa porque dice: “Antes que nada, Don Quijote de la Mancha , la inmortal novela de Cervantes, es una imagen: la de un hidalgo cincuentón, embutido en una armadura anacrónica y tan esquelético como su caballo, que, acompañado por un campesino basto y gordinflón montado en un asno, que hace las veces de escudero, recorre las llanuras de la Mancha?”. Vargas Llosa pega en el clavo: ¿quién no conoce esa imagen? Millones de personas desde hace siglos la conocen. Aunque sin saber bien cómo nacieron y qué hicieron Don Quijote y Sancho. Hechizos de la ficción porque, en realidad, ¿cuántos leyeron la obra?

Es que la imagen tiene una vitalidad voraz. Todo lo traga y lo fagocita. Ya sea desde la televisión por aire o cable, o la Smart TV, el cine común o en 3D, la computadora hogareña y la portátil, los celulares como el iPhone, Blackberry o Galaxy, la tablet o los plasmas de los espacios públicos y comerciales. También nos embrujan las imágenes de la fotografía y el video digital de las cámaras y los celulares, y ni qué hablar de las que alimentan las redes sociales, los blogs y otros espacios de contacto virtual donde conviven con palabras, voces, música, sonidos. Hoy, como nunca, las imágenes parecen tener vida propia. Pero cuidado: es una vida forjada según los mandamientos que regulan la sociedad actual, en donde todos formamos parte de un gigantesco show mediático y virtual, y en donde el entretenimiento y la diversión son los licores que embriagan nuestros sentidos ávidos de consumo y distracción. Aunque quizás, como le ocurrió al doctor Fausto soñado por Cristopher Marlowe, el mundo de la imagen y la virtualidad reclame, a cambio del placer que nos ofrece, que le rindamos culto y le entreguemos nuestra propia alma.

Pero caer en la tentación tiene un costo elevado. El más grave es que la omnipresencia de la imagen opaca nuestra capacidad de vivir experiencias que puedan ser definidas como tales. Las experiencias, en cuanto saber y conocimiento proverbial, están cada vez más ausentes de nuestras vidas. Escapan lejos y ya no sabemos cómo alcanzarlas. Walter Benjamin anticipó esta carencia en Experiencia y pobreza , en 1933, y sus escritos influyeron, entre otros, en lo que Giorgio Agamben plantea sobre la misma cuestión. Pero me deslizo por otro camino para comprender lo que nos pasa cuando vivimos un día tras otro, a lo largo de semanas y años, atados a emociones superficiales que no se traducen en experiencias enriquecedoras. Es que la vida, sin experiencias, se transforma en un trance vacío y tedioso que suele desencadenar una profunda depresión.

Todos los días hay millones de personas que salen y regresan a sus casas sin que tengan algo importante para contar acerca de ellos mismos a la luz de un hecho vivido esa jornada. Nada pasó que sacudiera sus creencias y convicciones, que salpicara el significado que le otorgan a la vida, al amor, al dolor, a la felicidad. Sólo vivieron encuentros rutinarios, charlas ocasionales, enviaron y recibieron mensajes triviales por celular, Twitter o Facebook. La vida se vive en una pantalla, y si es táctil, se vive más aceleradamente. Pero la velocidad es enemiga de la intensidad y la profundidad. Y, claro está, no hablo de lo que viven quienes sufren una tragedia colectiva -un brutal choque de trenes, un incendio salvaje durante un recital de rock- ni los que padecen una desgracia personal. Hablo de los miles y miles de personas que viven aferrados a las emociones pasajeras y los placeres fugaces que producen las imágenes de un mundo cada vez más virtual -y cada vez más irreal- y que prefieren mirar sin preocupaciones hacia una dimensión idílica para no mirarse a sí mismos y a su propia realidad con ojo crítico. Hasta que de golpe y porrazo la vida se les cae encima como un cíclope y la realidad -esa realidad velada por las imágenes que operan como pantallas hipnóticas- les pega un cachetazo y los devuelve a la vida verdadera. Entonces las imágenes se borran, el show termina y el mundo real parece una isla desconocida.

Explico el modo en que funciona el poder de la imagen según Don Quijote.

Cuando comienza la novela nos enteramos de que a don Alonso Quijano se le dio por leer y leer libros de caballería, y así, “del poco dormir y del mucho leer, al pobre hidalgo se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”. El hidalgo está loco de remate y no se le ocurre nada mejor que transformarse en un caballero andante para convertirse en Don Quijote de la Mancha. Se calza las armas, monta en Rocinante, abandona su pueblo y sale en busca de aventuras. Primero solo; luego, con Sancho Panza.

Las extravagantes peripecias duran cerca de ocho meses y Cervantes las contó en dos partes: la primera fue publicada en 1605 y la segunda, en 1615. Al final, cuando Don Quijote se muere, sucede algo extraordinario: recobra la razón y le dice a Sancho: “Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo”.

Esta frase está fundada en la experiencia vivida por Don Quijote y su escudero. Porque la novela trata del modo en que la ficción se inmiscuye en nuestras vidas y las cambia, y de la forma en que cada uno de nosotros, al intentar cumplir nuestros sueños y obsesiones, al enfrentarnos cara a cara con nuestros deseos más recónditos, logramos modificar el sentido de la fantasía y la irrealidad que también forman parte de nuestra existencia. El nudo de la novela está en el dramático choque que se produce cuando Don Quijote experimenta en carne propia la irrealidad de las imágenes que poblaban su cabeza. Pero esto es una metáfora: su locura estaba en creer que las mentiras de los cuentos de caballería eran la más pura verdad y que la ficción era la más pura realidad. Cuatrocientos años después, nada cambió: las mentiras son siempre mentiras, la ficción es la ficción y la verdad es que la única vida posible -hagamos lo que hagamos- es la que nos toca vivir en el mundo real.

* * *

Carlos Balmaceda nació en 1954 en Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina. Escritor, dramaturgo, profesor de Literatura y Licenciado en Sociología. Profesor de stand up en la Facultad de Medicina y en Studio Shenkin, centro cultural dependiente de AMIA.

Fue finalista del premio “Clarín” de novela, mención premio “Emilia” de teatro de humor, elegido por “Vagamente familiar” para el ciclo Teatro x la identidad, pieza teatral que se exhibió en Buenos Aires durante 2001 y en Londres durante 2011.

Autor de las novelas La verdad sobre el hijo del diabloManual del caníbal (2005), La plegaria del vidente (2011).

John McLaughlin (con Trilok Gurtu y Kai Eckhardt) / The Wall Will Fall (La pared caerá)

John McLaughlin nació el 4 de Enero de 1942 en Doncaster, South Yorkshire, Inglaterra.

Discografía como solista: Extrapolation (1969), Where Fortune Smiles (1970), My Goal’s Beyond (1970), Devotion (1970), Electric Guitarist (1978), Electric Dreams (1979, with One Truth Band), Friday Night in San Francisco (1981), Belo Horizonte (1981), Passion, Grace and Fire (1982), Music Spoken Here (1982), Mediterranean Concerto (For Guitar and Orchestra) (Live) (1988), Live At The Royal Festival Hall (1989), Que Alegria (1992), Time Remembered: John McLaughlin Plays Bill Evans (1993), Tokyo Live (1993), After the Rain (1994), The Promise(1995), The Guitar Trio (1996), The Heart of Things (1997), Remember Shakti: The Believer [Live] (2000), The Heart of Things: Live in Paris (2000), Saturday Night in Bombay: Remember Shakti (2001), Thieves and Poets (2003), Industrial Zen (2006), Floating Point (2008), To the One (2010).

El baterista Trilok Gurtu nació en Mumbai, India, el 30 de octubre de 1951.

1974: La Terra (The Earth) (con Aktuala)
1976: Tappeto Volante (Flying Carpet) (con Aktuala)
1977: Apo Calypso (con Embryo)
1979: Friends (con Toto Blanke Electric Circus)
1980: Family (con Toto Blanke Electric Circus)
1982: Personal Note, Mark Nauseef (con Joachim Kühn, Jan Akkerman, Detlev Beier)
1983: Finale (Charly Antolini)
1985: Song for Everyone (con L. Shankar)
1987: Usfret
1987: Ecotopia (con Oregon)
1989: 45th Parallel (con Oregon)
1990: Live At The Royal Festival Hall (con el John McLaughlin Trio)
1990: Living Magic
1991: Always, Never and Forever (con Oregon)
1992: Que Alegria (con el John McLaughlin Trio)
1993: Crazy Saints
1995: Believe
1995: Bad Habits Die Hard
1997: The Glimpse
1998: Kathak
1998: Cor (con Maria João & Mário Laginha)
2000: African Fantasy
2001: The Beat of Love
2002: Remembrance
2004: Miles Gurtu (con Robert Miles)
2004: Broken Rhythms
2006: Farakala
2007: Arkeology
2009: Massical
2010: Piano Car (con Stefano Ianne)
2011: 21 Spices (con Simon Phillips + NDR Big Band, conducida por Jorg Achim Keller)

Como músico invitado en Jan Garbarek, Visible World (1995)

El bajista Kai Eckhardt nació en Mainz, Alemania el 15 de junio de 1961.

Proverbios latinos

A

En realidad las siguientes son alocuciones latinas

A calvo ad calvum: ‘de calvo a calvo’. Del primero al último. El emperador Calígula empleó esta expresión cuando, en una visita a la cárcel, ordenó que los prisioneros fueran colocados en fila, y resultó que tanto el primero como el último no tenían pelo.

Ab æterno: ‘por toda la eternidad’.

Ab imo pectore: ‘desde el fondo del pecho’. Con toda sinceridad, a pecho descubierto.

Ab initio: ‘desde el inicio’, desde tiempo inmemorial.

Ab irato: ‘por la ira’, movido por el enojo.

Ab origine: ‘desde el origen’, aborigen.

Ab ovo: ‘desde el huevo‘; desde el principio.

Ad absurdum: ‘al absurdo’ (demostrar algo hasta llegar al absurdo).

Ad astra: ‘hasta las estrellas’ (equivalente al máximo desafío de superación).

Ad hoc: ‘para esto’, hecho específicamente para un determinado fin.

Alea jacta est: ‘la suerte está echada’, atribuida a Julio César al cruzar el Rubicón.

Aquila non capit muscas: ‘El águila no caza moscas’, Quien es importante no se ocupa de pequeñas cosas.

Ars longa vita brevis: ‘El arte (la ciencia) es duradero pero la vida es breve’. Cita de Hipócrates

B

Beati pauperes spiritu: ‘bienaventurados los pobres de espíritu’ (texto bíblico).

Beati qui non viderum et crediderunt: ‘Bienaventurados los que no vieron y creyeron’. Texto Bíblico.

Beati possidentes: ‘felices los que poseen’. Locución ocupada por Bismarck.

Beatus ille qui procul negotiis: ‘dichoso aquel alejado de los negocios’. Primer verso del segundo epodo de Horacio.

Bellum omnium contra omnes: ‘guerra de todos contra todos’, referida al estado de naturaleza que precedió al pacto social. (Hobbes).

Bis dat qui cito dat: ‘quien da pronto da dos veces’. Quien hace un favor prontamente merece doble agradecimiento del favorecido.

Bis repetita placent: ‘las cosas repetidas gustan’.

Bona diagnosis, bona curatio: ‘un buen diagnóstico: una buena curación’ (para curarse es necesario saber de qué se está enfermo).

Bona fides contraria est fraudi et dolo: ‘la buena fe es contraria al fraude y al engaño’.

Bonum vinum laetificat cor hominis: ‘el buen vino alegra el corazón del hombre’.

Brevior saltare cum defurmibus mulieribus est vita: ‘la vida es corta para bailar con mujeres feas’.

C

Caesar caesaris, deus dei” ‘Al Cesar lo que es del Cesar, a Dios lo que es de Dios’.

Caelum non animum mutant qui trans mare currunt” ‘cambian de cielo, no de espíritu, los que huyen al otro lado del mar’.

Caesar, non super grammaticos: ‘César, no [estás] sobre los gramáticos’. Se cuenta que el emperador Tiberio empleó en cierta ocasión una palabra no latina. El lingüista Ateio Capitón se lo hizo notar, a lo que el regio personaje contestó «Desde ahora pasará a serlo», por lo que el filólogo replicó con la frase citada. Ver también Ego sum rex romanus et súper grammáticam.

Canes timidi vehementius latrant: ‘Los perros más cobardes son los que más ladran’, ‘perro ladrador poco mordedor’.

Caret initio et fine: ‘No tiene principio ni fin’,‘no tiene ni pies ni cabeza’.

Carpe diem: ‘disfruta el día’, vive el momento.

Carpe noctem: ‘disfruta la noche’.

Castigat ridendo mores: ‘corrige riendo las costumbres’. Se refiere a la sátira y a la comedia, empleadas en no pocas ocasiones para denunciar los vicios de la sociedad. Esta frase fue adoptada como eslogan por dos teatros parisinos.

Casus belli: ‘caso bélico’, motivo de guerra.

Caveant consules ne qüid detrimenti respública capiat: ‘que los cónsules tengan cuidado, para que la república no sufra ningún daño’. Comienzo del llamado senatus consultum últimum, invitando a nombrar a un dictador en caso de peligro para el Estado.

Cave ne cadas: ‘cuida de no caer’ o ‘cuidado, no caigas’. Frase que le era repetida a los generales victoriosos de Roma en el triumphus (desfile triunfal) por el mismo esclavo que sostenía la corona de laureles sobre su cabeza. Se utiliza para que no olvidemos lo efímero del triunfo y no caigamos en la arrogancia, la soberbia y otros defectos productos del momento y mantengamos los pies en el suelo.

Cedant arma togae: ‘que las armas cedan a la toga’. Palabras que Cicerón escribió en alabanza de su propio consulado. Se usa para afirmar la preeminencia del poder civil sobre el militar.

Ceteris paribus: ‘el resto constante’. Método de análisis que consiste en mantener todas las variables constantes, excepto aquella que pretende analizarse.

Cogitationis poena nemo patitu: ‘con el pensamiento no se delinque’

Cogito ergo sum: ‘pienso, por lo tanto soy’ («Pienso, luego existo»). Principio básico del pensamiento cartesiano.

Cogitationis poena nemo patitur: ‘el pensamiendo no delinque’.

Conditio sine qua non ‘condición sin la cual no es posible, condición inexcusable’, se emplea para referirse a algo que no es posible sin una condición determinada, porque es aquella sin la cual no se hará una cosa o se tendrá por no hecha. Debe pronunciase: sinekuanón y no: sinekuánon.

Consensus facit nuptias: ‘el consenso hace las nupcias’. Principio de derecho por el cuál la base fundamental del matrimonio es la voluntad libre y conjunta de las dos personas que deciden contraerlo.

Constantia fundamentum est omnium virtutum: ‘La constancia es el fundamento de todas las virtudes’.

Consumatum est: ‘todo está acabado’. Traducción al latín de las últimas palabras de Jesús de Nazaret en la cruz. Se emplean estas palabras a propósito de un desastre, de un gran dolor, etc.

Conticuere omnes, intentique ora tenebant: ‘callaron todos, y miraban atentamente’. Así comienza el segundo libro de la Eneida, y se usa para indicar una gran expectación.

Corruptio optimi péssima: ‘la corrupción de los mejores es la peor de todas’

Corruptissima re publica plurimae leges: ‘la república más corrupta es la que tiene más leyes’.

Credo quia absurdum: ‘creo porque es absurdo’. Atribuido a Tertuliano, padre de la Iglesia, sobre la existencia de Dios.

Cui prodest? / Cui bono?: ‘¿a quién beneficia?’

Cuius est solum, eius est usque ad caelum et usque ad inferos: El dueño del suelo lo es también del cielo que está encima, y del subsuelo que está debajo.

Cum finis est licitus, etiam media sunt licita: ‘cuando el fin es lícito, también lo son los medios’. Frase de un manual de moral escrito en 1650 por el jesuita Busenbaum.

Cum fovet fortuna, cave, namque rota rotunda: ‘cuando la fortuna te favorece, ten cuidado, porque la rueda gira’.

Cum lupus addiscit psalmos desiderat agnos: ‘cuando el lobo aprende salmos, echa de menos a los corderos’.

Cum Romae fueritis, Romano vivite more: ‘si vais a Roma, vivid según la costumbre romana’. Allí donde fueres, haz lo que vieres.

Cum tacent, clamant: ‘cuando callan, gritan’. Palabras de Cicerón dirigidas a su enemigo Catilina, queriendo resaltar el valor expresivo del silencio.

Currículum vítae: ‘carrera de la vida’. Documento en el que figura la experiencia profesional, así como los estudios de una persona.

(De Wikipedia)

Samuel Beckett (1952) En attendant Godot [Waiting for Godot] (Esperando a Godot)

Samuel Beckett escribió Esperando a Godot originalmente en francés y luego él mismo hizo la traducción al inglés como Waiting for Godot. Es una de las obras teatrales y literarias más importantes de todas las épocas, sobre todo del llamado “teatro del absurdo”.

En principio dos personajes, Estragón y Vladimiro, en un “camino en un descampado, con árbol. Atardecer”, al parecer vagabundos, que se reencuentran. Están esperando a Godot, quien les dijo que tenían que esperar “delante del árbol”. Luego aparecerán Pozzo quien trae a Lucky con una soga atada al cuello. Un muchacho intervendrá para traerles alguna novedad de Godot.

¿Para qué esperan a Godot? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esperar? ¿Por qué Pozzo somete a un trato inhumano a Lucky?

Todo transcurre en torno a estas preguntas cuyas respuestas el espectador o lector podrá interpretar, pero cuya absurdidad quizás no sea tal ya que simplemente nosotros somos los que ignoramos. Quizás los personajes sepan de qué se trata este drama. Quizás todo sea absurdo porque la vida es absurda, tanto como preguntarnos por la vida.

* * *

VLADIMIRO.- No perdamos el tiempo en discusiones inútiles. (Pausa. Con vehemencia.) Hagamos algo, ahora que se presenta la ocasión. No siempre nos necesitan. La verdad es que no se nos necesita. Otros lo harían igual que nosotros, si no mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a toda la Humanidad. Pero en este lugar, en ese momento, nosotros somos la Humanidad, queramos o no. Aprovechemos la Ocasión antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez a esa ralea de que la desgracia nos ha hecho formar parte. ¿Qué te parece?

ESTRAGÓN.- No te escuchaba.

VLADIMIRO.- Bien es verdad que quedándonos de brazos cruzados, pesando el pro y el contra, también hacemos honor a nuestra condición. El tigre se precipita en auxilio de sus congéneres sin pensarlo. O se refugia en lo más espeso de la selva. Pero la cuestión no es esta. «¿Qué hacemos aquí.?», es lo que tenemos que preguntarnos. Tenemos la suerte de saberlo. Si; en medio de esta inmensa confusión, una sola cosa está clara: esperamos que venga Godot.

ESTRAGÓN.- Es verdad.

VLADIMIRO.- O que caiga la noche. (Pausa.) Tenemos una cita, y se acabó. No somos santos; pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?

ESTRAGÓN.- Infinidad de gente.

VLADIMIRO.- ¿Tú crees?

ESTRAGÓN.- No sé.

VLADIMIRO.- Es posible.

POZZO.- ¡Socorro!

VLADIMIRO.- Lo que es cierto es que el tiempo, en estas condiciones, pasa despacio y nos lleva a llenarlo con triquiñuelas que, ¿cómo diría?, a primera vista pueden parecer razonables, pero a las que estamos acostumbrados. Me dirás que es para impedir que nuestra razón se nuble. De acuerdo. Pero he aquí lo que me pregunto a veces: ¿no anda errante ya en la continua noche de los grandes abismos? ¿Sigues mi razonamiento?

ESTRAGÓN.- Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo.

POZZO.- ¡Socorro! ¡Les daré dinero!

ESTRAGÓN.- ¿Cuánto?

POZZO.- Dos duros.

ESTRAGÓN.- Es poco.

VLADIMIRO.- Yo no llegaría hasta eso.

ESTRAGÓN.- ¿Te parece bastante?

VLADIMIRO.- No; quiero decir hasta afirmar que cuando vine al mundo ya estaba mal de la cabeza. Pero la cuestión no es esa.

POZZO.- Cinco.

VLADIMIRO.- Estamos esperando. Nos aburrimos. (Levanta la mano.) No, no me contradigas; nos aburrimos como ostras, qué duda cabe. Bueno. Se nos presenta una diversión, ¿y qué hacemos? La dejamos que se pudra. Venga; manos a la obra. (Avanza hacia POZZO, se detiene.) Dentro de un instante todo se disipará. Estaremos otra vez solos, en medio de las soledades. (Piensa.)

(Del Acto II)

Beckett

Samuel Barclay Beckett nació el 13 de abril de 1906 en Foxrock, Dublin, Irlanda y falleció el 22 de diciembre de 1989 en Paris, Francia. En 1969 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Obras dramáticas: 
Teatro:
Human Wishes (c. 1936; publicada en 1984)
Eleutheria (1940s; publicada en 1995)
En attendant Godot [1952; Waiting for Godot (1953), Esperando a Godot]
Act Without Words I (1956)
Act Without Words II (1956)
Endgame (1957, Final de partida)
Krapp’s Last Tape (La derniére bande, 1958, La última cinta)
Rough for Theatre I (fines de los ’50)
Rough for Theatre II (fines de los ’50)
Happy Days (Oh les beaux jours, 1961, Los días felices)
Play (1963)
Come and Go (1965)
Breath (1969)
Not I (1972)
That Time (1975)
Footfalls (1975)
Neither (1977) (Una “opera”, música de Morton Feldman)
A Piece of Monologue (1980)
Rockaby (1981)
Ohio Impromptu (1981)
Catastrophe (1982)
What Where (1983)

Radio:
All That Fall (1957)
From an Abandoned Work (1957)
Embers (1959)
Rough for Radio I (1961)
Rough for Radio II (1961)
Words and Music (1961)
Cascando (1962)

Television:
Eh Joe with Jack MacGowran (1965)
Beginning To End with Jack MacGowran (1965)
Ghost Trio (1975)
… but the clouds … (1976)
Quad I + II (1981)
Nacht und Träume (1982)
Beckett Directs Beckett (1988/92) The San Quentin Drama Workshop

Cine:
Film (1965)

Colecciones de prosas y obras más extensas: 
Novelas:
Dream of Fair to Middling Women (1932; publicada en 1992)
Murphy (1938)
Watt (1945; publicada en 1953)
Mercier and Camier (1946; publicada en 1974)
Molloy (1951)
Malone Dies (1951, Malone muere)
The Unnamable (1953, El innombrable)
How It Is (1961, Cómo es)

Novellas:
The Expelled (1946)
The Calmative (1946)
The End (1946)
The Lost Ones (1971)
Company (1980, Compañía)
Ill Seen Ill Said (1981)
Worstward Ho (1983)
As the Story was Told (1990)

Historias:
More Pricks Than Kicks (1934)
First Love (1945, Primer amor)
Stories and Texts for Nothing (1954)
Fizzles (1976)
Stirrings Still (1988)

No ficción:
Dante…Bruno. Vico..Joyce (1929)
Proust (1931)
Three Dialogues (con Georges Duthuit y Jacques Putnam) (1949)
Disjecta (1929–1967)
L’Image (1959)

Libros de poesía:
Whoroscope (1930)
Echo’s Bones and other Precipitates (1935)
Collected Poems in English (1961)
Collected Poems in English and French (1977)
What is the Word (1989)
Selected Poems 1930–1989 (2009)

Colección de traducciones y obras grandes:
Anna Livia Plurabelle (traducción francesa de James Joyce hecha por Beckett y otros) (1931)
Negro: an Anthology (Nancy Cunard, editor) (1934)
Anthology of Mexican Poems (Octavio Paz, editor) (1958)
The Old Tune (Robert Pinget) (1963)
What Is Surrealism?: Selected Essays (André Breton) (varias obras breves en la colección)

Javier Recio Gracia (2009) The Lady and the Reaper (La dama y la muerte)

Javier Recio Gracia nació en Madrid, España en julio de 1981.

Este excelente corto fue nominado en la categoría Mejor Corto Animado para los premios Oscar 2010, primera obra española en alcanzar esta mención (el premio lo obtuvo Logorama de Nicolas Schmerkin).

Marco Denevi / Cuento de horror

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) , resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:

-Thaddeus, voy a matarte.

-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.

-¿Cuándo he bromeado yo?

-Nunca, es verdad.

-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?

-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.

-Todavía no lo sé. Quizás poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.

El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

* * *

Marco Denevi nació el 12 de mayo de 1922 en Sáenz Peña, Provincia de Buenos Aires, Argentina y falleció el 12 de diciembre de 1998.

Novelas:
Rosaura a las diez (1955)
Un pequeño café (1966)
Parque de diversiones (1970)
Los asesinos de los días de fiesta (1972)
Salón de lectura ( cuentos, poesía, teatro y ejercicios de literatura menor, 1974)
Los locos y los cuerdos (1975)
Obras completas (1985. Con los años, se le fueron agregando tomos, hasta completar seis: el primero no tiene título especial; tomo 2: Cuentos, volumen 1; tomo 3: Cuentos, volumen 2; tomo 4: Falsificaciones; tomo 5: Cartas peligrosas y otros cuentos; tomo 6: Teatro)
Robotobor (novela corta infantil, con ilustraciones de Antonio Berni, 1980)
Manuel de Historia (1985)
Enciclopedia de una familia argentina (1986)
Música de amor perdido (1990)
Nuestra Señora de la noche (1997)
Una familia argentina (1998)

Libros de relatos:
Ceremonia secreta (escrito en 1960, este relato daría nombre después a una recopilación, prologada por Alberto Manguel, 1996)
Falsificaciones (microrrelatos, 1966)
El emperador de la China y otros cuentos (1970)
Hierba del cielo (1973. Contiene nueve cuentos: Charlie; Efímera, peligro amarillo; Viaje a Puerto Aventura; Gaspar de la Noche; Michel; Decadencia y caída; Carta a Gianfranco; He aquí a la sierva de los señores; y Hierba del cielo)
Furmila, la hermosa (cuento infantil, 1986)
El jardín de las delicias (Mitos eróticos) (1992)
El amor es un pájaro rebelde (1993)
Noche de duelo, casa del muerto (1994)

Teatro:
Los expedientes (1957)
El emperador de la China (1959)
El cuarto de la noche (1962)
Los perezosos (1970)
El segundo círculo o El infierno de la sexualidad sin amor (1970)
Un globo amarillo (1970)
Fatalidad de los amantes (1974)

Ensayos:
La República de Trapalanda (1989)

Son of Rambow (2007) El hijo de Rambow

El director Garth Jennings (1972, Epping, Essex, Inglaterra) hizo sólo la película The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (Guía del que hace dedo en la galaxia, 2005) antes de la genial comedia El hijo de Rambow.

Ambientada en un colegio secundario de Inglaterra a principios de los ’80, Lee Carter (Will Poulter) es un chico de una familia buena económicamente, que tiene un geriátrico junto a su casa. Sus padres nunca están presentes, sí lo está Lawrence, su hermano mayor, aunque no le presta mucha atención ya que pasa el tiempo con sus amigos y lo tiene como su sirviente. Lee en el colegio tiene mala conducta, es pendenciero, mentiroso y comete pequeños robos. Incluso va al cine con su cámara y filma las películas para luego piratearlas.
Will Proudfoot (Bill Milner) es introvertido, temeroso pero con una fantasía desbordante. Vive en un hogar en el que profesan la religión católica pero con estricta observancia de los ritos, la hermandad “Plymouth Brethren”, que no tiene contacto con nadie que no pertenezca a la agrupación ni escuchan radio ni ven televisión. Su padre ha muerto y su familia es su madre Mary (Jessica Stevenson), su hermana menor Jess (Tallulah Evans) y su abuela (Anna Wing).
Ambos se conocen y a partir del momento en que comparten el secreto de que Lee está filmando una adaptación de First Blood, llamada “El hijo de Rambow” (para presentarla a un concurso de la BBC), entablarán una amistad creciente.
Sus mundos se entrecruzarán aún más con la aparición de un contingente de estudiantes franceses en el colegio, uno de los cuales, Didier Revol (Jules Sitruk) tendrá un papel importante que jugar en la historia.

El hijo de Rambow es una historia acerca de la amistad, la lealtad, el mundo adulto, pero el gran valor reside en que está contada desde el mundo infantil y adolescente, donde la fantasía está presente como un elemento más que normal. Ambos protagonistas vivirán momentos de aventura pero también situaciones más bien dramáticas y que tienen que ver con sus familias. Las actuaciones lucen absolutamente frescas, espontáneas y creíbles.

Escuela Nº 5 Adultos, Distrito Escolar 16: para mayores de 14 años que quieran iniciar o terminar la escuela primaria

La Escuela Nº 5 Adultos del Distrito Escolar 16 brinda la posibilidad de terminar o iniciar la escuela primaria a personas mayores de 14 años, con modalidad presencial o semipresencial y de manera gratuita.

Ofrece cursos especiales con salida laboral: Corte y confección, Cocina, Folklore, Inglés (Nivel I y II), Computación, Cosmetología, Accesorios de la moda y Peluquería.

El horario es de 19 a 21 hs.

La escuela está ubicada en José León Cabezón 3446, Villa Devoto, a cinco cuadras de Av San Martín y Av General Paz.

Teléfono 4574-5188.

Joss Stone / En vivo en Highline Ballroom en New York (20.06.2012)

Joss Stone (Jocelyn Eve Stoker) nació el 11 de abril de 1987 en Dover, Kent, Inglaterra.

Discografía: The Soul Sessions (2003), Mind Body & Soul (2004), Introducing Joss Stone (2007), Colour Me Free! (2009), LP1 (2011), The Soul Sessions Volume 2 (2012). Participó del grupo SuperHeavy junto a Mick Jagger, Dave Stewart, A. R. Rahman y Damian Marley, publicando el album Superheavy (2011).

Guillermo Raffo / Desafinado

(Publicado en Perfil, 18.11.2012)

Me afinaron el piano, y ahora todo suena como si fuera fácil de explicar, sencillo, insatisfactorio. Lo que sé tocar sale apenas decente y lo que toco mal –casi todo– se nota más. Falta algo que no estaba bien, pero a lo que ya me había acostumbrado. Perdí la excusa, la protección del error mecánico y ajeno, la ilusión de complejidad en un sonido que no era mérito mío sino de la inevitable decadencia de los materiales. Voy a tener que joderme, practicar más y tocar mejor.

Lo mismo les pasó a todos –casi todos– quienes tuvieron que decir algo en público sobre el 8N, después del 8N, ahora que todo quedó mucho más claro. Empezando por el Gobierno, que decidió ignorarlo como ignora todo lo humano desde su constitución misma. Queríamos que hiciera algo mejor pero hizo lo único consistente con su comportamiento desde 2004. No da para sorprenderse, y tal vez por eso los análisis profesionales publicados en estos días –los de quienes interpretan la realidad porque trabajan de eso– fueron aburridos, solemnes y bastante pobres. Eduardo Fidanza escribió: “Oscilamos, sin sangre, entre Shakespeare y Maquiavelo”. Cuando las cosas son –o parecen– de una complejidad inextricable, no es difícil decir algo que suene interesante; cuando se simplifican, decimos boludeces.

¿Cómo puede ser que la nota de Beatriz Sarlo sobre la manifestación numéricamente más importante en décadas –un análisis que esperaba todo el mundo, porque es una de las personas más lúcidas y mejor formadas de su generación, y además es sommelier de marchas– hable casi exclusivamente de 6, 7, 8? ¿Estamos todos locos? Sí, sí, leo a Sarlo porque me interesa mucho saber qué piensa de Cynthia García. ¿Qué va a pensar? Que es tarada. ¿Qué posibilidades hay de que piense otra cosa? No lo va a decir así, por supuesto, porque en su universo simbólico todo es más complicado. Pero esto no es complicado. Algunas cosas son simples.

Lo que pasa a veces cuando las cosas son simples es que no nos gustan. A veces no nos gustan porque ontológicamente van en contra de lo que queremos –a Cristina, por ejemplo, no hay manera de que le guste el 8N, más allá de su grado de complejidad– y a veces no nos gustan porque estamos acostumbrados a otra cosa.

En un libro extraordinario cuya existencia descubrí esta semana, Charles Ives cuenta su experiencia infantil con música en cuartos de tono. La música que escuchamos habitualmente se detiene en la subdivisión por semitonos, pero el oído humano detecta diferencias más sutiles que forman parte de la música desde siempre, aunque en Occidente se sistematizaron recién en el siglo XIX. Disculpen que me ponga a hablar de esto. Seré breve.

El papá de Charles Ives tenía debilidad por los cuartos de tono, y ni siquiera le alcanzaba con eso, quería más. A mediados de la década de 1880 inventó un aparato con veinticuatro cuerdas de violín afinadas caprichosamente para explorar distintas tonalidades, e intentó convencer a su familia de cantar con él en cuartos de tono, una propuesta que tuvo poco éxito y que sólo mantuvo –dice Ives– como castigo. Más adelante, habiendo llegado a la correcta conclusión de que una melodía en cuartos de tono debía ser sostenida por acordes en su misma escala, llenó el living de brazos mecánicos con arcos, operados mediante pesas y poleas, que tocaban continuamente esos acordes. Su familia y los vecinos lo disuadieron rápidamente de ese experimento.

“Pero recuerdo claramente una impresión –escribe Ives–. Habiéndome acostumbrado a escuchar una pieza en la cual la melodía y sus acordes iban acompañados de ornamentaciones y detalles en cuartos de tono, después no la podía escuchar tocada en un piano normal sin sentirme pésimo, insatisfecho, privado de algo.”

Una suma de tradiciones culturales bastante diversas, una historia política vertiginosa y barroca –y el peronismo, también, y la casualidad, y el psicoanálisis– nos acostumbraron durante casi un siglo a la idea de que la sociedad se compone de capas infinitas de complejidad y que la realidad es, en última instancia, inaprehensible. Esto es cierto en más de un sentido. Pero si chocás con la moto, te matás igual.

Y lo que no se puede creer es que, ante una situación de emergencia, los más mediocres simulen que no existe y los más inteligentes, quienes podrían estar ayudándonos, desfilen por los medios exhibiendo su nostalgia de cuando un país culturalmente más rico y más viable les permitía el lujo de pensar en cuartos de tono.

Las ideologías existen y la polarización es algo muy poco saludable para una democracia moderna. Pero el problema que tenemos hoy es que estos tipos están locos. Sale un millón de personas a la calle a manifestar una preocupación genuina y el Gobierno les contesta con una referencia al Congreso del Partido Comunista Chino. No es normal. No entra más en el esquema tradicional de la mesa redonda con un helecho al costado y usted qué piensa, doctor, escuchemos las dos campanas, ¿qué dirán las encuestas? No sé, ni me importa qué dicen las encuestas, porque las hace Artemio, porque está todo hecho mierda a un punto tan extremo que comportarse con las formas y el discurso de la Argentina del siglo XX es absurdo, es como ir vestido a la playa.

No hay más debate ideológico en Argentina. Hace tiempo que no hay. Es un simulacro. Lo que hay es esto: el gobierno de Once, de Ciccone, del Indec, de la Ley de Medios, de Aerolíneas, de Milagro Sala, de los fondos de la Anses, de Repsol y Gils Carbó, de metamos preso a Lanata en Venezuela y después digamos que miente, objetivamente y más allá de toda inclinación doctrinaria, nos está haciendo daño. Además, no les importa y están dispuestos a hacer y decir cualquier cosa para quedarse ahí para siempre. La oposición fue cómplice de esto y –en mayor o menor medida– lo sigue siendo. Decime, en estas condiciones, qué debate ideológico querés tener. Y sobre todo decime con quién. ¿Con Brienza? ¿Con Feletti?

A la isla desierta, cuando todo explote, me voy a llevar New Music in Quarter Tones, un disco de 1967 que al principio odié pero después gasté de tanto escucharlo, y que los valientes podrán conseguir en internet por la módica suma de dos dólares que Moreno no les va a dejar pagar. Amo ese disco, pero cuando hago una fiesta en casa no se lo paso a los invitados, por motivos que supongo serán obvios. Por esos mismos motivos necesitamos que la intelligentzia local se deje de joder con una complejidad que no existe.

Todo se puede hacer bien, lo complicado y lo simple. Buddy Holly y Charles Ives no son uno mejor que el otro. Pero si le agregás cuartos de tono a Buddy Holly no suena complejo; suena desafinado.

La versión Buddy Holly de lo que acabo de decir apareció en una foto del 8N. Una pareja de aspecto melancólico sostenía un cartel escrito a mano que decía: “Esta generación se tendrá que arrepentir no por lo que hicieron los malos, sino por los que se quedan callados”. Es eso.

* * *

Guillermo “Huilli” Raffo tiene 43 años, es escritor y cineasta. En 2004 lanzó el blog Los Trabajos Prácticos (bonk.com.ar) donde han colaborado Tomás Abraham, Esteban Schmidt, Quintín, Ivana Steimberg, Santiago Llach, Hernán Iglesias Illa, Guillermo Piro, Eliseo Brener, Fabián Casas y Roberto Gargarella.

Estudió cine en Buenos Aires, después se fue a Los Angeles a hacer un posgrado en la University of Southern California gracias a una beca Fulbright. Volvió en 2001 y nuevamente partió, esta vez a Madrid y, cinco años después, llegó a Londres, East Sussex, donde vive de escribir guiones de cine.

El libro HolyFuck (2011) es una selección de textos publicados en el sitio entre 2004 y 2010, y fue publicado por GarrinchaClub.

(Datos obtenidos de la nota de Luciana Vázquez, “El creador del blog Los Trabajos Prácticos, un outsider”, lanacion.com.ar)

Moonrise Kingdom (2012) Un reino bajo la luna

Un reino bajo la luna fue dirigida por Wes Anderson (EEUU, 1969), quien hizo también El fantástico Sr. Fox (2009), Viaje a Darjeeling (2007), Vida acuática (2004), Los excéntricos Tenenbaums (2001), Academia Rushmore (1998) y Bottle Rocket (1996).

Ubicada en 1965, la historia transcurre en una isla al norte de EEUU, en Nueva Inglaterra. Las características del frío, más bien solitario y bello lugar son amablemente descriptas por el narrador (Bob Balaban).

Entre los residentes permanentes está la familia de Walt (Bill Murray) y Laura Bishop (Frances McDormand) y sus numerosos hijos, una de las cuales es Suzy (Kara Hayward). Hay un jefe de policía de la isla, el Capitán Sharp (Bruce Willis) y un campamento de boy scouts al mando del Maestro Scout Ward (Edward Norton).

Sam (Jared Gilman), uno de los boy scouts ha abandonado el campamento y Suzy ha abandonado su casa. En su huida y en la búsqueda de un lugar propio, iniciarán el camino de ingreso a la adolescencia y el encuentro con su identidad.

La película es maravillosa. Porque hace foco en el universo infantil, porque es poética, porque cada escena y cada imagen, los colores y la música son bellas, porque la historia es original y porque tiene humor, absurdo, sentimientos y porque los adultos son tan ridículos, siempre ridículos ante los niños.

Párrafo aparte las actuaciones geniales de los dos actores principales Kara Hayward y Jared Gilman, con todos sus matices así como los chicos del campamento. Y el elenco de actores adultos ya nombrados, a los que se agregan Tilda Swinton (una representante de los Servicios Sociales) y Jason Schwartzman (el Tío Ben) acompañan con personajes patéticos y graciosos, cosa que no suele suceder tan a menudo cuando hay tanto actor de renombre junto.

La selección de la música es excelente. Los fragmentos de la obra The Young Person’s Guide to the Orchestra, de Benjamin Britten son estupendos. Esta obra es un referente dentro de las composiciones apropiadas para mostrarle cómo suenan los distintos instrumentos a quien aún no se ha iniciado en la música clásica. Pero también se incluyen otros fragmentos de obras de Britten, de la Simple Symphony, de Noye’s Fludde, de A Midsummer’s Night Dream, de Songs from Friday Afternoons, así como de Camille Saint-Saëns, Franz Schubert, Wolfgang Amadeus Mozart, Hank Williams y Alexandre Desplat (a cargo de la banda de sonido).

(Está exhibiéndose en el Showcase Belgrano.)

Henry Purcell (1695) Music for the Funeral of Queen Mary, Z. 860 (Música para el funeral de la reina María)

Henry Purcell nació el 10 de septiembre de 1659 en St Ann’s Lane Old Pye Street, Westminster, Inglaterra y falleció el 21 de noviembre de 1695.

La lista de obras de Henry Purcell está aquí.

Solistas: Céline Scheen, Hana Blazikova, Alice Foccroulle, Pascal Bertin, Jean-Christophe Clair, Jean-Michel Fumas, Phillipe Froeliger, Thibault Lenaerts, Renaud Tripathi, Jean-Claude Sarragosse, Lionel Meunier y Malcolm Bothwell.

Ensemble La Fenice, dirigido por Jean Tubery.

Año 2009.

(Un fragmento de esta obra está incluido en la banda de sonido original de la película A Clockwork Orange, La naranja mecánica. La versión con instrumentos electrónicos fue hecha por Wendy Carlos.)

Tomás Abraham / La importancia de ser lector

(Publicado en Perfil, 23.9.2012, perfil.com)

En este texto leído en la reciente Feria del Libro de Corrientes, donde fue nombrado ciudadano ilustre, el filósofo analiza el “humanismo de las letras”. Lamenta que hoy exista una “lectura militante”, que combina soberbia con estupidez, y advierte que una democracia plena sólo es posible con una población con ganas de estudiar y de leer.

Pertenezco a una generación para la que la lectura era un símbolo de prestigio cultural y de respeto individual. Recordemos que el presidente Arturo Frondizi se jactaba de leer un libro día por medio, y que sus hermanos tenían la talla intelectual de Silvio Frondizi y del académico Risieri Frondizi.

Quien leía transmitía sin duda un tipo de autoridad basada en alguna leyenda indescifrable, parecía el guardián de un arcano secreto que imponía silencio a su alrededor y lograba el reconocimiento de haber ascendido a un sitio envidiable por lo codiciado.

Se decía que una persona era leída –un modo pasivo de definir a quien se presentaba como depositario de un recurso importante– y cuando se elogiaba a un joven se comentaba que leía. Tener un libro en la mano, más aún cuando esa mano era la de una persona joven, no dejaba de ser una señal de un ser especial. Hasta tal punto que en épocas de dictadura, como por ejemplo aquella tan preocupada por los efectos perniciosos que la cultura podía tener en la sociedad como fue la del general Onganía, leer, tener barba y estudiar Filosofía eran certificados de peligrosidad y de sospecha permanente.

Por supuesto que no todo el mundo pretendía entrar a una librería o a una biblioteca cuando la vida o el ocio así se lo permitían, no era un horizonte de atracción masiva, pero sí una meta y una ambición elitista y selectiva que ponderaba algunas virtudes, se hacía eco de determinadas necesidades y soñaba con supuestas glorias.

La virtud consistía en tener acceso al conocimiento, y el conocimiento era un valor destacable. Quien más sabía más podía y más era. Saber, poder y ser. Por otra parte, la necesidad se fundamentaba en la constatación de que las autoridades legítimas nos mentían y que trataban de domesticarnos. Los padres, los pastores religiosos, los profesores, los militares, los abogados, los médicos, la policía, los representantes de la investidura que componía el entramado reticular de los discursos del poder, engañaban, y la salida liberadora consistía en la apropiación del saber para desmitificar esas palabras astutas, en apariencia terminantes, que nos dejaban, a nosotros, a aquellos jóvenes, sin palabras.

Por último, la gloria soñada era inocente, ingenua, aunque pudo con el paso del tiempo convertirse en un elemento delicado por su grado de inflamabilidad, porque de ser un faro que guía a una humanidad de naúfragos de acuerdo a la idea de genio que legó el romanticismo, el hombre de las letras se hace depositario de una verdad por la que exige entregar la vida, no sólo la suya sino la de todos, adeptos y disidentes.

Cuando hablamos de modernidad y cuando pronunciamos la palabra ilustración no hacemos más que referirnos a este compuesto de ideales que luchó por hacerse un lugar en un cosmos ordenado en base a una jerarquía trascendente, invisible, y sólo ella verdadera, representada por castas que aunaban el símbolo mítico-religioso y el poder militar. Este orden indestructible por dos milenios, desde la cultura antigua hasta las habilidades de la escolástica medieval, se fisurará en tres pedazos que provocan la gran dispersión que sella el final de los tiempos eternos de aquel Dios.

Cristóbal Colón y los grandes navegantes, Lutero y las sectas puritanas, Galileo Galilei con el ingreso del nuevo ojo mecánico que acerca a los sentidos lo que antes era sólo imaginable, producen esa grieta llamada modernidad cuyas sucesivas transformaciones no dejarán por eso de evocar ese primer gesto que modifica de raíz la concepción del tiempo y del espacio que se tenía de lo que se conocía por civilización.

El mundo ensanchado y vuelto sobre sí, el Cristo dividido y la Luna auscultada hacen mella en el Uno de la Verdad, y la multiplicidad infinita no tendrá otro cancerbero que la aventura del conocimiento.

Conocemos la leyenda del Fausto, que desde Christopher Marlowe a Goethe nos habla de la insaciabilidad de quien aspira al saber y de quien no quiere morir, ambos conjugados en el amor absoluto por la mujer ideal.

Fue fundacional de una civilización el mito de Prometeo, que cuenta la historia de la humanidad como resultado del acto de un traidor a la causa divina que roba el fuego y se lo da a esa especie de seres inferiores llamados hombres para que cuezan el barro, cocinen la carne animal y templen el metal.

Estos dos personajes de la literatura de todos los tiempos nos dicen que quien aspira al conocimiento es un transgresor. Los mitos mesopotámicos lo ilustran. Quien quiere saber peca de soberbia, se iguala a los dioses y sucumbe por su desmesura. La tragedia griega lo narra en Edipo como en Antígona.

Para saber es necesario tener coraje, no es un gesto gratuito ni una iniciativa ligera de tomar. Sócrates pertenecía a un mundo –el primero en la historia de la humanidad– en el que los hombres de una sociedad que se autodefinía como “política” se arrogan el derecho de darse a sí mismos sus propias leyes. Fue la primera separación entre el cielo y la tierra, entre el eje vertical de los sistemas palatinos y la circularidad de la palabra pública ejercida en las asambleas.

Emmanuel Kant, en su texto ¿Qué es la Ilustración?, anuncia a fines del siglo XVIII, hace poco más de doscientos años, que ha llegado la época en que la humanidad debe tener el coraje de saber, y que para tenerlo es necesario que se despoje de las tutelas en las que depositaba esa tarea.

El filósofo alemán afirma que la madurez es una actitud que se consigue por un gesto liberador de la custodia de los que se dicen autorizados por el saber: médicos, pastores, hasta llegar a mencionar los libros como almohadones para el reposo de quien pide que otros piensen por él. Pero no se trata de despreciar el conocimiento sino de usarlo luego de un trabajo personal, de un desafío a las certezas inducidas y a las verdades sagradas que imponen la obediencia debida y la lealtad a los mandamaces encumbrados en el poder.

La gramática cuestionada. ¿Se acuerdan de la palabra “autodidacta”? Educarse a sí mismo. Este propósito no implica desprecio alguno hacia los maestros –todo lo contrario– sino el hecho de que el estudio es un trabajo personal ineludible bajo la conducción sutil de un maestro.

Lo que el docente transmite no es tanto un cúmulo de conocimientos clasificados y una nomenclatura de sostén para expresarse con propiedad, sino su modo de aprender, que incluye sus equivocaciones. La enseñanza es el puente que se construye entre aprendices y estudiosos de generaciones sucesivas, en el que se instruye a aceptar el error de quien ensaya y experimenta incansablemente.

Hoy se dice que la era de la gramática ha fenecido. Se sostiene que los modos de acceso al conocimiento ya no necesitan del lenguaje verbal ni de sus expresiones escritas. Nos anuncian un cambio civilizatorio. Bienvenido sea, si tal presagio tiene contenido. El temor al cambio y la conservación de lo adquirido no siempre resguardan valores imperecederos. Todas las culturas tienen fecha de vencimiento.

Uno de los más interesantes filósofos de hoy, Peter Sloterdijk, dice que el humanismo de las letras ya no es el ideal comunicacional de nuestros días. Nos pide que dejemos de lamentarnos por esa pérdida. Escribir o leer no son actos naturales. No por eso llama al analfabetismo sino a una nueva concepción del saber con sus novedosas herramientas.

Lo que el filósofo alemán parece evocar es una nueva revolución galileana como aquella que descabezó las artes liberales de su trono humanista mediante la sustitución de la retórica, la gramática y la lógica de su sitial escolástico por la nueva verdad de la ciencia físico-matemática inscripta en las leyes naturales.

La novedad del día ya no reside en la conformación de un mundo estructurado según el paradigma clásico del siglo XVII, la mathesis universalis, es decir una clasificación del orden de los seres desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande de acuerdo a sus diferencias y semejanzas, esa idea de que el todo podía ser visible y calculable para la mente humana con el fin de la transformación de la naturaleza para la felicidad en esta tierra, sino en la revolución de las ciencias biológicas, que ya no hablan del mundo sino de la vida.

Para Sloterdijk hay un nuevo lenguaje que se inaugura a contracorriente del humanismo de las letras y de las artes y que dará cuenta de lo que llama Parque Humano.

De todos modos, no nos hagamos tantas ilusiones o, mejor dicho, podemos hacérnoslas por algún tiempo más. Mientras la ética, la política, la economía, no sean calculables y los intentos por elevar su perfil epistemológico para hacerlas disciplinas “duras” padezcan un fracaso tras otro –sabemos lo que valen las predicciones y los predicadores en nuestro mundo en crisis–, el discurso verbal o escrito de acuerdo a la arcaica sintaxis seguirán siendo vigentes, y los “relatos”, necesarios, al menos para engañar a la gente.

Recordemos que para los fundadores de la filosofía, como Platón, la escritura desnaturalizaba el conocimiento. Poner a disposición de cualquiera un saber delicado, conocimientos que requieren de parte del receptor virtudes comprobadas, se vuelve una apuesta arriesgada si el texto circula en el espacio público en manos anónimas para fines desconocidos.

Platón era muy cauto en cuestiones de democracia. Pero una vez que el mundo de la antigüedad se abre y deja de ser aquella polis griega en donde los asuntos políticos se dirimían de un modo directo en el ágora y en las asambleas, una vez que la figura del sabio pierde lo que Nietzsche llamaba su majestad sacerdotal que hacía de la Voz la emisión oracular de una verdad sólo mostrada de sesgo por el temor que producía, una vez que la ciudad griega se hace metrópolis y los espacios de confluencia se diagraman de acuerdo a dimensiones imperiales, puntos alejados, sin contacto directo, entonces el texto se hace epístola, carta para aproximar a los lejanos, preceptivas para acercar a maestros y discípulos. El escrito es un envío de amistad, una señal de aproximación, un llamado a la escucha que se hace lectura.

Leer, entonces, es recibir un mensaje de un amigo. Esta concepción del texto es una remisión muy antigua sobre el escenario en el que nace la filosofía, palabra que en su composición reúne el saber con la amistad, el amor con el maestro.

Leer no es lo mismo que estudiar. 
Pero no se trata sólo de una forma de la afección. Un texto no es un abrazo. Tampoco es una forma de estar conectado. Un texto se compone. Es lo primero que me enseñaron en la facultad, cuando ingresé creyendo que un libro era una caja que al abrirla contenía un mensaje como si fuera una mariposa que se libera con la lectura.

Leer no es lo mismo que estudiar. Estudiar es leer de otro modo. Tiene etapas. Se estudia –me refiero al campo de las humanidades, aquel en el que el alfabeto aún tiene sus prerrogativas, al menos hasta que la ingeniería genética, la farmacología y la biología avanzada no se apliquen al comportamiento y constituyan la primera ciencia social digna de ese nombre– con un lápiz, se escribe el texto que leemos, anotamos en los márgenes, subrayamos, destacamos las principales líneas de fuerza y las apartamos en hojas o fichas de lectura, organizamos los temas, prestamos atención a las fuentes bibliográficas del autor y a quienes señala como sus maestros, ponemos en una balanza sus preferencias como sus rechazos, sus remisiones a determinadas tradiciones, en qué y en quién se legitima, contra quién piensa y escribe.

En una palabra: conversamos con el autor. La palabra conversación es parte de la historia que relata las vicisitudes del arte interpretativo, que se conoce como hermenéutica, lo que no significa deponer arma alguna ni una permisibilidad blanda, ni la tolerancia como aceptación de la alteridad o del diferente.

Este modo de interacción necesita de la libertad del lector que, una vez respetada la distancia que todo texto impone para poder leerlo, distancia que mitiga el apuro por volcar sobre él nuestras ansiedades, no usarlo de espejo de nuestros deseos, evitar reducirlo para conformar nuestras certezas, por no decir nuestros prejuicios, una vez hecho el trabajo de lectura, discutimos el texto, nos involucramos en él, vemos despertar en nuestra mente imágenes de pensamiento que nos descubren mundos nuevos, hacemos de la lectura y de nuestro vínculo con el autor un desafío, un hilo cinchado por tensores.

Palabras conocidas de la tradición como debate, disputa, polémica, controversia, diálogo, son manifestaciones variadas del ejercicio de la lectura.

Por eso la lectura requiere humildad, lo que no quiere decir modestia ni falta de atrevimiento, sino perseverancia, constancia, el día a día del trabajo que se mejora a sí mismo por su dedicación activa.

Leer es una tecnología muy antigua, poco tiene que ver con lo que se dice y festeja con las nuevas tecnologías. Hay quienes tienen una concepción algo frívola de las nuevas tecnologías. Creen que lo principal es estar conectados, como si fuéramos aparatos domésticos que funcionan a corriente continua. La lectura es una labor solitaria. Se practica en el silencio. Requiere concentración. Estamos solos pero en nada aislados. Nos habla otro. Muchas veces nos habla un grande, un hombre superior, pero no en el sentido de que es un santo, ni un héroe, ni un hombre de algún poder, sino un ser de extrema sensibilidad que nos permite despegar nuestras propias ideas, construirlas, percibir el mundo con otros ojos.

Leer es una actividad antihipnótica sin conectividad. No se necesita del libro para llevarla a cabo, las pantallas también lo hacen, pero el libro nos ofrece la sensualidad del tacto, la rugosidad de la materia, el sabor terrestre de la manualidad, y la compañía mágica de un silencio sólido que no calla.

El tiempo de la lectura es un tiempo lento. La lectura en diagonal es para constipados que sólo quieren descargar cuanto antes su necia voluntad de creer que hay un final, o para incontinentes que no logran disfrutar la pausa que impone el placer del texto. No se hojea ni se solapean las páginas, salvo que se usen los libros para tareas de promoción personal y prestigios de sobremesa. Por eso hay que desconfiar de la mediocridad oculta en todo tipo de facilismos que nos hablan de la importancia de la creatividad, de la belleza de la espontaneidad, de la autenticidad del sentimiento, de las intensidades emotivas y de otras formas de la pereza. Pensar es un trabajo, y es tan necesario como respirar y para no ser un muerto viviente, como parece desearlo nuestro ministro de Educación nacional.

Cuando un responsable de la educación quiere ser partícipe del jolgorio de ocupaciones de colegios y del reclamo de derechos que identifica con supuestos compromisos sociales, lo que en verdad programa es una juventud entregada e ignorante.

Estudiar es un trabajo, quizás uno de los más maravillosos que se hayan inventado. Tiene que ver con uno de los rasgos que hacen de la especie humana un fenómeno vital interesante: la curiosidad.

Estudiar es una responsabilidad, porque insume recursos de alto costo social que se pagan con el esfuerzo colectivo. El estudiante hace uso de los mismos de un modo gratuito en la escuela pública. Por lo tanto, su deber es principal respecto de un derecho que ya ejerce.

Estudiar es un placer. Hoy en día la tecnología le abre a la adolescencia el universo del conocimiento de un modo tal que puede multiplicar sus energías en el aprendizaje de los misterios de la vida y de las complejidades del mundo como mi generación jamás pudo haberlo sospechado.

Imaginemos clases de Historia, Geografía, Biología o Física con el arsenal digital y la enciclopedia audiovisual que ofrece la web. Sin embargo, mientras el ministro de Educación hace demagogia impune, la deserción escolar en la escuela media llega en nuestro país al cuarenta por ciento. Es una garantía para la pobreza, el atraso y el abandono de futuras generaciones.

Debemos reinstalar la idea de que estudiar es un oficio. El sociólogo norteamericano Richard Sennett ha dedicado sus últimos libros para comprender la idea que subyace en la labor artesanal. La antigua idea de “oficio” por la cual hacer las cosas bien nos hace bien, nos permite respetarnos a nosotros mismos. La idea de oficio bien hecho vinculada a la de respeto por uno mismo es la nueva y vieja pedagogía.

Leer sin anteojeras. Decir sin fronteras no quiere decir sin idiomas, sin estilos, sin tradiciones, sino sin anteojeras. Hoy la palabra militancia es la justificación de una actitud fanática, y de una combinación letal para la inteligencia: soberbia con estupidez.

La ideología –si se quiere conservar esa idea de ser depositario de un sistema de representaciones al que se adhiere– se basa en convicciones mínimas que por lo general no se difunden por altavoz. Tiene que ver con los valores y se muestra en los actos.

Se ha difundido la idea de que todo el mundo aplica su ideología a lo que fuere, que todo es política, que la información y el periodismo son formas de la propaganda, que es lícito mentir si sirve a la causa, que todo vale por el modelo, y una estética de saldo en la adopción de la lamentable pose sobradora que siempre nos ha caracterizado, hoy nuevamente de moda, ante el aplauso de grupos cortesanos.

Se nos educa en el fascismo, que no es un régimen político, sino una cultura política.

Querer colaborar con la transformación del país para que no haya bolsones de miseria y un infradesarrollo humano en salud, educación y vivienda, lograr la plena expansión de las fuerzas productivas mediante la creación de tecnología que permita al país competir en el mercado mundial y ofrecer fuentes de trabajo bien remuneradas, hacerlo sin provocar conflictos internos paralizantes, guerras internas sangrantes, ciclos de avance y retroceso que desgastan a las generaciones y desaniman a las mayorías, construir un país en el que la distribución del poder por vías institucionales no permita que aspirantes a la tiranía se eternicen en el Ejecutivo con manejo de dineros e intimidación propios de sistemas policiales, hacer todo eso requiere de una población con ganas de estudiar, de trabajar, de formarse, de leer.

No hemos construido un sistema político en veintiocho años de democracia, es nuestra principal falencia, es lo que permite nuevas aventuras populistas y mecanismos que desde el Estado coartan libertades. El populismo se define por la acumulación de riquezas para quienes manejan el Estado, la impunidad para estos manejos por la corrupción del Poder Judicial, la compra de voluntades o la extorsión de las personas, y una masa de pobres asistidos y trabajadores precarizados, que sólo tienen por horizonte la perpetuación del asistencialismo que aseguran de un modo plebiscitario el poder de los jerarcas.

Sin embargo, construir una democracia política no es tarea sencilla en un país en el que el poder concentrado de la riqueza ejerce su peso político en la toma de decisiones gubernamentales.

El argumento a favor del populismo sostiene que en un país que tiene poderes corporativos fuertes y un Estado débil, un gobierno para sobrevivir no puede hacer otra cosa que acumular riquezas, lo que llamamos caja, y asociarse con sectores del capitalismo vernáculo.

Cuando esta necesidad no pudo colmarse, los gobiernos cayeron o fueron expulsados, cuando el abastecimiento en divisas fue una realidad, como en la década del 90 con lo obtenido por las privatizaciones y las remesas de la deuda externa, o en la actualidad, con el superávit comercial por la explosión de los precios de las materias primas, los gobiernos ejercen hegemonía política.

Por un lado, entonces, riesgo de ingobernabilidad; por el otro, opresión despótica. Este es uno de nuestros dilemas más urgentes que nos compelen a pensar una salida emancipadora y constructiva.

Y de pensar se trata para que la acción no se sostenga en sueños de salvación con las correspondientes pesadillas. Pensar es multiplicar, buscar obstáculos, no huir de los dilemas, tener el coraje de decidir. Cuando así se lo hace, cuando se piensa con libertad, las fronteras, las aduanas, los inspectores, todo eso se evapora, como sucede con todo lo que se disuelve en el aire cuando un libro nos conquista.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas (1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

tomasabraham.com.ar

Diana Cohen Agrest (2010) Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana)

Es el libro más reciente de Diana Cohen Agrest, donde se ocupa de trece cuestiones de nuestra vida de todos los días. Temas que en distinta medida se hacen presentes explícita o implícitamente para condicionar, influir en nuestra existencia.

Esas cosas tales como el manejo del tiempo (y la expectativa por optimizarlo), la felicidad (¿a qué llamamos felicidad?), el aburrimiento, la pereza (el ocio, la fiaca como recursos que van en contra del funcionamiento del mundo), el autoengaño (la mentira, la mala fe, el amor o su ilusión), la envidia (la sana o enferma envidia, los celos, el resentimiento, la indignación, la vergüenza, la admiración), el miedo (¿qué produce miedo?, el temor), el morbo (la seducción de lo repulsivo, la obscenidad, el asco), la vergüenza, el perdón (¿cuáles son las condiciones de posibilidad para que el perdón tenga lugar?), el envejecimiento, el morir y la inmortalidad.

Cohen Agrest se expresa con suma erudición y una magnífica claridad. La exposición de cada asunto es óptima y la bibliografía de cada capítulo prácticamente nos invita a ir más allá, provocando el deseo de más lecturas y aproximaciones.

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Del capítulo “Morir (La posibilidad de todas las posibilidades)”:

¿Cómo vivir entonces con la certeza de un acontecimiento marcado por su inevitabilidad esencial? Si no hay nada que se pueda hacer con el hecho de que me voy a morir, si la muerte es nuestro destino último, rebelarnos ante ella es como enfurecernos porque dos más dos son cuatro o porque la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos. ¿Acaso nuestra ira puede incidir en algo en esas verdades matemáticas de que dos más dos son cuatro o que la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos? tal vez, aceptar finalmente su inevitabilidad, su necesidad, reduzca en algo el dolor de la muerte.

Pero hay otra lectura posible. Es cierto que una vida vivida hasta la vejez es más valiosa que una vida truncada en la juventud. No obstante, tomar conciencia de que la vida es un bien precioso, tan frágil como efímero, puede servirnos de impulso para conferirle un sentido valioso. Decíamos que somos seres orientados al futuro, seres abiertos al futuro. ¿Cuál de los varios porvenires que están abiertos para mí probablemente me ofrezca una vida digna de ser vivida?

Esa respuesta, una vez más, es absolutamente personal e intransferible. Pero vale la pena buscarla, como se ha buscado, desde que el hombre es hombre, cierto consuelo frente a la irreversibilidad del morir.

*

Del capítulo “La inmortalidad (Entre el anhelo de lo eterno y el alivio de lo efímero)”:

Si nos volvemos, por última vez, a las páginas devastadoras de La muerte de Iván Illich, advertimos que Tolstoi retrata allí el monólogo interior de quien, incapaz de aceptar su agonía, se transforma en un desertor de la dictadura de la lógica. Recorriendo los laberintos de su memoria, Iván recuerda el clásico silogismo aristotélico, repitiéndoselo a sí mismo en un estado de total incredulidad:

Todos los hombres son mortales.
Sócrates es hombre.
Por lo tanto, Sócrates es mortal.

-¿Qué tiene que ver eso conmigo? -clama Iván en un arranque de ira, resistiéndose a admitir la validez del razonamiento-. ¿Acaso ese silogismo no puede ocultar alguna especie de falla lógica? -se interroga una y otra vez-. Al fin y al cabo, que todos los hombres sean mortales poco o nada parece tener que ver conmigo, que sólo puedo vivenciarme como siendo.

Confrontándose con la lógica de la vida, el pensador existencialista Jean Améry reconoce que la lógica de la muerte se sostiene en un nihil, en una nada que es la negación de toda lógica que, por su naturaleza misma, se asienta en el ser. La lógica de la muerte, vacía de realidad, es pura negación, imposibilidad de pensamiento y de ser. De allí su imposibilidad de ser representada.

Pese a la irrepresentabilidad de la muerte, se intentó franquear la inexorabilidad de ese límite a través de una vía sustituta: la inmortalidad. kant proclamó que es imposible conocerla, y mucho menos proporcionar prueba alguna a favor de la inmortalidad. La lógica no alcanza a probarla. Y ni siquiera podemos afirmar su posibilidad. Pese a este límite radical, podemos afirmar con certidumbre moral que somos inmortales. Esa certeza hunde sus raíces en la moralidad: puesto que no podemos sustraernos a la fuerza del deber (ya que, aun transgrediéndolo o rehusándonos a obedecerlo, lo reconocemos como mandato), la ley moral exige su cumplimiento más perfecto que se consumaría plenamente en el ideal de la santidad. Ese ideal es un modelo de perfección moral al que los seres humanos deberían aspirar. Sin embargo, no puede ser alcanzado en el tiempo limitado de una vida humana. Por ser finitos, los seres humanos son incapaces de alcanzar ese ideal de santidad en las condiciones de este mundo. Dado que la perfección moral sólo puede ser lograda en un progreso al infinito, entonces dicho progreso sólo es posible “si suponemos una existencia y personalidad duradera”, esto es, concluye Kant, una alma inmortal. La inmortalidad sostenida en la posibilidad de la perfección es entonces un postulado necesario para la moralidad.

(…)

Tal vez la vida, per se, carezca de significación. Queremos continuar viviendo porque nos duelen deseos todavía no realizados, y esos deseos son una promesa venturosa que sólo el futuro nos puede conceder. Es entonces el ser humano, como ser deseante, quien le confiere al tiempo vital su sentido existencial. Y sin deseos, no contamos con ninguna razón valedera para ver en la muerte una desventura. Más aún cuando intuimos que, a modo de amenaza latente, nuestra vida podría prolongarse indefinidamente de manera insoportable.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Greenpeace / ¡Ley de basura electrónica ya!

La Ministra de Industria, Débora Giorgi, está trabando en Diputados la Ley de Basura Electrónica priorizando intereses norteamericanos por sobre la salud y el ambiente. Hace minutos diez activistas escalaron el Congreso de la Nación y desplegaron una bandera gigante para denunciar a la funcionaria y hacer visible nuestro reclamo.

Actuá vos también. Exigile ahora a la Ministra que deje de bloquear la aprobación de la Ley de Basura Electrónica y de beneficiar a los fabricantes norteamericanos. Hacé click aquí

Quedan sólo 23 días para que se caiga el proyecto de ley, sin embargo, la Ministra lo frena beneficiando a las empresas que hoy contaminan la tierra, el aire y el agua con sustancias altamente tóxicas y que se niegan a hacerse responsables legal y económicamente de los desechos de sus residuos.

Gracias a la participación de más de 100.000 personas como vos, logramos que la ley se tratara en las Comisiones de Ambiente y de Industria. Ahora sólo falta que se le de tratamiento en la Comisión de Presupuesto, pero para eso necesitamos que la Ministra deje de interponerse en el proceso.

Como ciudadano argentino escribile hoy a la Ministra Débora Giorgi para que priorice la salud y el ambiente de nuestros habitantes y deje de bloquear la Ley de Residuos Electrónicos beneficiando intereses norteamericanos. Hacé click aquí.

Cada año en nuestro país se generan 120 mil toneladas de basura electrónica que contaminan con sustancias tóxicas la salud y el ambiente. La Ley de Basura Electrónica, en la que venimos trabajando hace 4 años y que ya cuenta con media sanción del Senado, ofrece una solución a este grave problema.

No permitas que nuestra Ministra siga bloqueando esta crucial ley.

Contamos con vos,

Consuelo Bilbao

Coordinadora de Unidad Política
Greenpeace Argentina

Guillermo Raffo / Fascismo eterno

(Publicado en Perfil, 26.8.2012, perfil.com)

Le pidieron a Cristopher Hitchens que definiera el fascismo. Dijo: “Tiene que cumplir dos o tres condiciones. Una es cierto grado de paranoia nacional, étnica o religiosa; o el grupo está en peligro o se merece privilegios especiales, o ambas cosas. La otra es irracionalidad. Y la otra es que odia y envidia la modernidad”. No es muy difícil ver que Hitchens pensaba primero en sus enemigos y les acomodaba después la definición a medida. Lo cual no es un pecado y tampoco un problema para nosotros –las tres características que elige se aplican sin esfuerzo a la retórica kirchnerista–, pero es demasiado vago y demasiado amplio, casi como decir que son fascistas porque son malos.

Que son malos es, por supuesto, lo que uno quiere decir en última instancia. Uno eligió esa palabra de un amplio abanico posible, acaso porque nada sea “en esencia” el fascismo y por eso se nos fue haciendo sinécdoque, comodín multiuso al que recurrimos cada vez que necesitamos revestir de advertencia nuestra intuición de que algo malo pasa en las esferas del poder. Nuestro uso de “fascismo” es intuitivo.

La palabra en sí no quiere decir mucho. Fascio es un grupo, así como el Frente para la Victoria es un frente de no se sabe qué, siempre y cuando sea para la victoria. Sabemos que son malos porque se les nota, pero no sabemos mucho más. Esa es la enorme ventaja de los nazis, en la ficción y –si no te agarran– en la vida. Uno sabe que son malos y sabe por qué, sabe exactamente de qué se está escapando. Los nazis eran nazis, con características muy específicas. Los fascistas podían ser –y efectivamente eran– cualquier cosa, un cambalache. El nazismo es unívoco: una cultura, una doctrina, una arquitectura, un plan. Los distintos fascismos comparten un aire de familia pero no necesariamente los mismos valores o ideologías; sí poseen algunas características típicas de lo que Umberto Eco llama Ur-fascismo o fascismo eterno.

Eterno suena terrible porque nosotros no lo somos y a nadie le gusta empezar con semejante desventaja. Pero como casi siempre, una vez que te resignás, la realidad que no querías ver te proporciona al menos el alivio de entenderla. Eco no enumera requerimientos necesarios para entrar al club del fascismo eterno sino síntomas, cada uno de los cuales puede ser de utilidad para llegar a un diagnóstico. Son los siguientes:

1. El culto a la tradición, expresado en rechazo a la modernidad (a menudo enunciado como rechazo al capitalismo).

2. Sincretismo cultural: combinación de creencias contradictorias.

3. Defensa de la irracionalidad.

4. Culto a la acción en sí misma. (“Mejor que decir es hacer.”)

5. Acusación de traidor para quien disiente.

6. Miedo a la diferencia, expresado en prejuicio contra grupos elegidos arbitrariamente.

7. Uso de las frustraciones de la clase media, uso de la crisis económica.

8. Invención de enemigos externos y conspiraciones amenazantes.

9. Condena al pacifismo porque “la vida es conflicto”.

10. Elitismo popular (i.e. “El mejor país”).

11. Desprecio a los débiles. Todos en la sociedad son educados para convertirse en héroes.

12. Populismo selectivo: la voluntad popular no es “delegada en” sino “interpretada por” el líder.

13. Condena de los “malos” gobiernos parlamentarios.

14. Newspeak (Orwell). Pauperización del vocabulario para limitar el pensamiento crítico.

Eco insiste varias veces en que no hace falta llegar a los 14 para diagnosticar fascismo. Ni siquiera –dice– es necesario sumar una cantidad mínima de síntomas puesto que con uno solo de ellos ya alcanza. El fascismo puede “coagular” (la metáfora es de Eco y es muy acertada) en torno a un par de esos síntomas y construirse así sin mayor esfuerzo. Esto último puede ser una exageración, pero no importa. Cualquier ciudadano argentino podrá haberse dado cuenta de que, en nuestro caso, no hay ni uno solo de los 14 que sea inaplicable.

* * *

Guillermo “Huilli” Raffo tiene 43 años, es escritor y cineasta. En 2004 lanzó el blog Los Trabajos Prácticos (bonk.com.ar) donde han colaborado Tomás Abraham, Esteban Schmidt, Quintín, Ivana Steimberg, Santiago Llach, Hernán Iglesias Illa, Guillermo Piro, Eliseo Brener, Fabián Casas y Roberto Gargarella.

Estudió cine en Buenos Aires, después se fue a Los Angeles a hacer un posgrado en la University of Southern California gracias a una beca Fulbright. Volvió en 2001 y nuevamente partió, esta vez a Madrid y, cinco años después, llegó a Londres, East Sussex, donde vive de escribir guiones de cine.

El libro HolyFuck (2011) es una selección de textos publicados en el sitio entre 2004 y 2010, y fue publicado por GarrinchaClub.

(Datos obtenidos de la nota de Luciana Vázquez, “El creador del blog Los Trabajos Prácticos, un outsider”, lanacion.com.ar)

Natalia Paganini / Unione Benevolenza (en el Teatro Payró)

8 de diciembre de 1994. En Mataderos se respira un silencio ensordecedor y los reiterados cortes de luz dejan las calles desiertas. “Unione Benevolenza”, la histórica carnicería familiar del barrio, se encuentra devastada por el avance del hipermercado de turno. En ella, sobrevive lo que quedó: Mingo, su hermana Isabel y su novia Roxana parecieran haber detenido el tiempo en un secreto. Un secreto que los une y los aísla del mundo. Un secreto que corre peligro por una llegada inesperada. Teresa, la hermana que quiso escapar, regresa después de 10 años de ausencia con una decisión que cambiará para siempre la monótona vida de los Benevolenza.

Unione Benevolenza es el resultado de un intenso trabajo colectivo. El proyecto surgió, en primera instancia, como una necesidad de contar las ruinas que dejó la década del 90 en nuestro país.

Hacia mediados de 2010, una imagen se apoderó de nosotros: una carnicería detenida en el tiempo, devastada por el avance del hipermercado de turno.

A partir de esta postal inevitable, el espacio se volvió simbólico y los cuerpos de los actores comenzaron a explorar las miserias de una familia en decadencia. El texto se construyó sobre la base de improvisaciones y mi trabajo consistió en darle forma a ese material heterogéneo y prolífico.

En el devenir de la creación colectiva apareció otra imagen potente: el congelamiento. En Unione Benevolenza, “nada se tira, todo se congela”. Todos esconden la mugre debajo de la alfombra, todos patean la pelota.

El tiempo se detiene y la vida también. La monotonía se vuelve absurda y clausura el futuro, dejando un presente en el que sólo habitan fantasmas.

Una familia de negaciones, como muchas.

En definitiva, todos tenemos un muerto en el placard.

Natalia Paganini

* * *

Grotesco y drama para poner en escena una historia del paso del tiempo y sus consecuencias. El tiempo y el transcurrir de la historia argentina de las últimas décadas en la voz y el cuerpo de los hermanos Isabel, Teresa, Mingo y su novia Roxana. Lo que antes fue una importante carnicería del barrio de Mataderos al mando del padre de los tres hermanos, hoy quedan sus restos. Una carnicería sin carne y el recuerdo del padre ausente. Hambre, locura, humor y tragedia unen a los cuatro protagonistas.

Excelentes las actuaciones de los cuatro, sobre todo de Mariana Paganini (Isa), la adolescente especial con su cordura y espontaneidad, pero maravillosamente acompañada por Miguel Ángel Vigna (Mingo), Florencia Orce (Roxi) y Sofía D’Afflitto (Tere). Un texto y una puesta en escena impecables donde cada uno logra lucirse.

* * *

Todos los sábados de noviembre a las 20 hs.
Iluminación: Diseño de iluminación: José Luis Misevich
Diseño gráfico: Sophian.com.ar
Producción: Andrea Cataldo
Vestuario: Yamila Ornella Gentile
Diseño del espacio: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Asistencia de dirección: Andrea Cataldo
Dramaturgia y dirección: Natalia Paganini
Dramaturgia: Natalia Paganini
Realización de escenografía: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Realización audiovisual: Florencia Orce, Pablo Moro, Ivana Ostertag, Leandro León.

Tomás Abraham / Veintinueve años, veinte verdades y otras tantas mentiras

(Publicado en Perfil, 4.11.2012, perfil.com)

A casi tres décadas de la recuperación de la democracia, el progresismo no peronista vive un momento de confusión. Un listado de las mentiras del relato K que desorientan a ese sector.

El progresismo argentino está desorientado con el kirchnerismo. Padece de una suerte de mala conciencia. Esta actitud es visible en el FAP. Vota casi todas las leyes que propone el Gobierno a la vez que sostiene que es opositor. Pero pocos saben en qué y por qué se opone. Por otra parte, sectores de la cultura y protagonistas mediáticos que se oponen a este gobierno aprueban con frecuencia varias medidas que el kirchnerismo adoptó desde que asumió el poder. Otros se acomodan a las vueltas de la vida, al cuidado de la imagen personal y a los vaivenes de la política, para decirnos que se sentían cerca del gobierno hasta tal fecha y luego por diversos motivos se alejaron. Cerca de Carlotto y lejos de Antonini Wilson, por ejemplo. Dejo de lado al peronismo tradicional que añora a Néstor y critica a Cristina por haber inventado La Cámpora y dejarlos de lado.

Para analizar el tema propongo hacer un listado de aquello que seduce al progresismo y le dificulta la tarea de su crítica. Me referiré a 19 medidas desde 2003 hasta la fecha que lo atraen y que son funcionales a sus modos de pensar la política: 1) anulación del indulto y juicio a los represores del Estado; 2) proclama de la lucha de los 70 como una épica de la juventud revolucionaria; 3) logro de la adhesión de las organizaciones de los derechos humanos; 4) renegociación de la deuda luego del default; 5) despenalización de la ley por calumnias e injurias; 6) baja de la desocupación e incentivación del mercado interno; 7) asignación universal por hijo; 8) estatización de las AFJP; 9) estatización de YPF; 10) estatización de Aerolíneas Argentinas; 11) reforma de la carta orgánica del Banco Central; 12) ley del matrimonio igualitario; 13) nombramiento de los nuevos miembros de la Corte Suprema; 14) aumento del presupuesto educativo;15) conversión de la Secretaría de Ciencia y Técnica en ministerio; 16) promulgación de la Ley de Medios; 17) voto optativo desde los 16 años; 18) apertura de las fronteras y facilitación de residencia para los inmigrantes de los países limítrofes; 19) solidaridad con los gobiernos de Bolivia, Venezuela (hecho más discutible) y Ecuador (menos ferviente).

Las mentiras. Falta una medida para completar veinte nuevas verdades, esta vez del kirchnerismo. Supongamos que luego de la aplicación de la Ley de Medios se inicia una campaña contra las multinacionales que monopolizan las exportaciones y se elabora una ley para crear la Junta Nacional de Granos que se haga cargo del comercio exterior y del manejo de precios y divisas. Es la medida número veinte. El progresismo antikirchnerista se vería otra vez seducido e incómodo. Con veinte realidades como las nombradas, al progresismo opositor, que se reclama de la tradición de la izquierda, le resulta intrincado explicarle a la sociedad qué es lo que no le gusta del poder vigente. Decir que es arbitrario, o que es autoritario, o hegemónico, más que una crítica política parece una queja de señoras y señores modositos y ofendidos.

Haré ahora otro listado paralelo al anterior, pero de 19 mentiras para que se adjunten a las verdades enunciadas con anterioridad. Luego veremos qué nos queda: 1) desconocimiento de la defensa de Menem del orden constitucional una vez que dividió a las Fuerzas Armadas y encarceló a Seineldín en enero de 1991. Fueron momentos en que intenta el último golpe de Estado con el apoyo de sectores que se reclamaban de la tradición nacional y popular para instalar una dictadura siniestra. Desconocimiento del Juicio a las Juntas durante el gobierno de Raúl Alfonsín en momentos en que las Fuerzas Armadas no sólo eran un factor político activo sino una fuerza con poder extorsionador y desestabilizador; 2) desconocimiento de la guerra de exterminio de la década del 70 que incluye las operaciones de la Triple A, secuestros y asesinatos por parte de las formaciones especiales, y entronización de una cultura política que desprecia la división republicana de poderes y que concibe que sólo con la lucha armada se llega al poder y se concreta la justicia social; 3) cooptación de parte del Gobierno de las agrupaciones de derechos humanos por definición contraestatales, hacerlas adherentes a toda su política, tengan o no que ver con su función específica, y además asociarlas a negocios poco claros de variada índole en nombre de la ayuda social; 4) desconocimiento de que el inicio de las negociaciones por la deuda comenzaron con la labor de Lavagna en el gobierno de Duhalde y que dejar afuera a grupos de acreedores y al Club de París impide que la Argentina tenga financiamiento externo y reciba dinero a tasas usurarias, como las recibió de Chávez; 5) la despenalización por calumnias e injurias ayuda y protege la investigación periodística, pero no impide las campañas de demonización de periodistas críticos que son difamados por los organismos de la prensa oficial y tratados de mercenarios al servicio de corporaciones cómplices con el Estado genocida. Protegidos y decapitados; 6) el estímulo del mercado interno mediante el consumo, el interés bancario negativo que ahuyenta el ahorro, los subsidios en servicios y transportes, dependen de la suerte que depara el mercado mundial en comprar nuestros alimentos y proveer de divisas al Banco Central. Si se agota o disminuye el superávit comercial y/o fiscal, nada queda, no hay desarrollo ni modernización, que dependen de una política de inversiones a largo plazo, obras en infraestructura, seguridad jurídica, reglas claras y créditos baratos; 7) desconocimiento de la lucha de Elisa Carrió y Fernando Solanas por promulgar la ley de asignación universal por hijo ante la indiferencia gubernamental; 8) desconocimiento de la burla a los adherentes a las AFJP cuando luego de la consulta que se les hizo se legisla en sentido contrario al resultado. Ocultamiento de la falta de control estatal sobre las comisiones cobradas que se denuncian cuando conviene y se hace la vista gorda cuando no conviene, más aún si compran bonos del Estado para financiar el déficit de caja del Gobierno. Distracción de la opinión pública cuando se acusa a las administradoras de los fondos de usar los aportes con fines especulativos, para luego de la estatización aprovechar las inversiones hechas con anterioridad y sentarse en los directorios de las grandes corporaciones como par societario; 9) desconocimiento del negocio con el grupo Eskenazi, que es invitado como representante ilustre de la burguesía nacional aunque ajeno al ramo para luego defenestrarlo por vaciar junto a Repsol la empresa petrolera; 10) uso extraño de la entidad bancaria de la que nunca se sabe qué reservas genuinas tiene, para qué las usa y por qué siempre le sobra tanto a la vez que le falta tanto. Se ufana de los depósitos en dólares a la vez que impide su circulación; 11) déficit ingente en la aerolínea nacional, baja productividad, conflictos permanentes, uso de la caja con fines políticos; 12) desconocimiento de que la promulgación de una ley que defiende los derechos de las minorías es el resultado ante todo de sus luchas durante años; 13) desconocimiento de resoluciones de la Corte como la reincorporación del procurador de Santa Cruz Eduardo Sosa; 14) desconocimiento de la baja calidad educativa en el país, de la deserción escolar, de la falta de actualización de los programas educativos; 15) la reincorporación de científicos que vuelven al país por las consecuencias de la crisis europea debería complementarse con una política de desarrollo y con una educación destinada a los jóvenes en disciplinas científicas. Nuestras facultades preferidas siguen siendo las de Derecho, con un auge en Ciencias de la Comunicación, y otras que tienen que ver con lo que el presidente Mujica del Uruguay llama “biri biri” (chamuyo); 16) la Ley de Medios se ha convertido en una cruzada contra una empresa beneficiada por el gobierno kirchnerista. Es el mismo caso que YPF, un beneficiario mediante un arreglo sospechoso se convierte en un denostado enemigo. El Gobierno muestra que en tanto ocupante de medios públicos los usa como canales de propaganda oficial y de censura por medio de exclusiones y listas negras de los no adherentes a su política; 17) el voto adolescente irrumpe en la opinión pública con el vértigo de otras medidas de gobierno en el momento en que se multiplican las críticas a la política educativa por la deserción de casi el 50% en la escuela secundaria. La respuesta es la fuga hacia delante con el fin de disimular el abandono de la juventud en el estudio y la formación profesional, por una supuesta inclusión en la contienda electoral que posibilita la intervención de organizaciones para formar al que llaman el “militante”; 18) la tradicional generosidad argentina en materia de inmigración no debería desconocer el denunciado trabajo esclavo en talleres de todo el país, la paga en negro en la construcción y otras ramas de la industria, y las condiciones de vida de los extranjeros, además de los canales diversos que aprovechan esta apertura para el narcotráfico; 19) el reconocimiento al gobierno boliviano por su política de reivindicación étnica y popular no debería mezclarse, por razones de ideología populista, con las nuevas oligarquías estatales y la persecución de disidentes que se llevan a cabo en países como Venezuela y Cuba.

Dejaré de lado la discusión entre los aspectos positivos para unos y los inconvenientes que acarrea para otros la no represión de los cortes de calle, la ocupación irrestricta de la vía pública por las manifestaciones callejeras, la diferente interpretación sobre el ejercicio de los derechos de cada uno y los límites y las facultades de la autoridad pública; tampoco profundizaremos sobre el funcionamiento de las organizaciones sociales. Por un lado se sostiene que esa permisividad es una conquista popular, como también lo es que la ayuda social deba pasar por entidades autónomas que se representan a sí mismas a través de sus líderes. El debate sobre el clientelismo o sobre el poder de intimidación que pueden tener esas organizaciones una vez que se ponga en cuestión su jerarquía, sus recursos provenientes del poder y la transparencia de su funcionamiento, forma parte de tantas otras cuestiones que son materia de opinión si esto fuera posible.

Conclusión. Las recién nombradas no son verdades ni son mentiras, son materia de un debate político que en nuestro país es imposible llevar a cabo. ¿Por qué? Porque para debatir son necesarios al menos dos interlocutores dispuestos tanto a convencer como a ser convencidos. Cuando la cultura política fomenta la demonización del adversario, su exclusión del espacio de la controversia por ser neoliberal, menemista, procesista, de la corpo, al servicio de la nueva derecha, o en historias recientes: subversivo, zurdo, comunista, nihilista, terrorista, hasta escéptico o indiferente frente a valores sacros, cuando esto sucede no se discute nada.

Aquellos que hablan de que la política es conflicto y no consenso no saben lo que dicen, porque conflicto y consenso son las dos caras de una misma moneda, es la efigie labrada de la democracia republicana. En lugar de un espacio de debate en el que se reconocen aspectos de una realidad política como otros que se critican, se traza un universo sagrado con sus héroes, sus mártires o víctimas, sus fábulas, sus enemigos, en una cultura que nace en la Inquisición por la que sólo importa exterminar a los herejes cismáticos, a los traidores a la patria, a los cipayos, y proteger a la santa veneración.

Este gobierno se presenta como redentor. No difiere de todos los conocidos que se presentaban con el nombre de revolución, reconstrucción, reorganización, refundación, es decir: antes la nada, ahora todo, antes el desastre total, ahora la victoria final.

Se cumplen 29 años del inicio de la democracia en la Argentina, y sabemos que el gobierno de Alfonsín puede ser adjudicatario de logros perdurables como la conformación del Mercosur, la paz con Chile, la convocatoria del grupo Cartagena para unir a los países deudores y negociar la deuda externa en un frente común, el divorcio conyugal o la patria potestad compartida, un plan nacional de alfabetización que bajó en un cuarenta por ciento el índice de analfabetismo, su lucha solitaria contra la Sociedad Rural, la Iglesia, la dirigencia sindical, la cúpula y la oficialidad del Ejército, etc., además del Juicio a las Juntas y la apertura de la universidad democrática. Tuvo muchos errores, y fracasos, pero también logros importantes. Incluyo el proyecto del traslado de la capital al sur del país, que no sólo no era una idea ridícula sino indispensable.

Carlos Menem, el denostado y tantas veces votado, que si se hubiera presentado en el ‘99 es posible que hubiera ganado otra vez como lo hizo en 2003, recuperó la moneda y el poder del Estado sobre la economía en momentos en que había una inflación de un par de miles por ciento anual y una pobreza que llegaba a casi a la mitad de la población. Para no hablar de las privatizaciones de empresas del Estado festejadas por todos los que hoy nos gobiernan. Por supuesto, los aspectos esta vez macabros de su gestión no son olvidables ni disculpables, pero el todo o nada de su período está hecho para comodidad de quienes prefieren esconder sus responsabilidades y enseñorearse en el trono como salvadores.

Hasta podríamos hablar de De la Rúa, que no fue más que una continuación de Menem atrapado como estaba por una deuda impagable y un déficit estructural sin posibilidad de financiamiento. Las coimas del Senado son monedas comparadas con la corrupción sistémica que nos es familiar y que recibe la tolerancia de fiscales a destajo para desenmascarar adversarios políticos en beneficio propio. Claro que el default era la solución a la vez que una catástrofe, y lo fue, como fue catastrófica la devaluación tan temida.

Pregunta sencilla: ¿qué habría pasado en la Argentina de proseguir los precios internacionales de las materias primas como en la década del 90? ¿Quién nos gobernaría hoy? ¿En qué condiciones? ¿Con qué libertades?

La festejada presencia de la política en la mesa de los argentinos no ha hecho más que comenzar a callarnos la boca. La separación entre amigos, los litigios familiares, el hartazgo de algunos, la bronca desmedida de otros, el insulto y la difamación, son la antesala de cuestiones peores para lo que aún se llama libertad de expresión. Hay gente que ya prefiere no hablar para que no se arme una batahola; otra no lo hace para no ser identificado con personajes o ideas que él también repudia pero que en un ambiente de denuncia, espionaje –en el que se privilegia quién se es y a quién se adhiere antes de qué se piensa y qué se hace– se encuentra marcado y debe replicar ad infinitum para desarticular infundios.

Se produce en la Argentina un clima que se ve en países en los que imperan gobiernos que exigen lealtad incondicional. Ningún empleado del Estado, en ninguna función, se atreve a criticar una política por temor a ser despedido o arrinconado. Por lo que el sistema de vigilancia se refuerza, y los cancerberos en función de comisarios del pueblo ajustan la supervisión y hacen sus listas.

Esto no es política, es prepolítica, es régimen administrativo y policial; la política comienza cuando todo esto termina.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas(1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

Max Schulman / El amor es una falacia

Yo era frío y lógico. Agudo -calculador, perspicaz, certero y astuto- todo eso era yo. Mi cerebro era tan poderoso como un dínamo, tan preciso como las balanzas de un químico, tan penetrante como el bisturí de un médico. Y -¡piensen en esto!- solo tenía 18 años.

No sucede a menudo que alguien tan joven tenga un intelecto tan gigantesco. Tomen, por ejemplo, a Petey Bellows, mi compañero de cuarto en la universidad. La misma edad, el mismo origen social, pero tonto como un buey. Un tipo bastante agradable, pero sin nada en la cabeza. Del tipo emocional. Inestable. Impresionable. Y lo peor de todo, esclavo de la moda. Opino que las modas son la verdadera negación de la razón. Ser barrido y arrastrado por cada nueva locura que llega, rendirse a la idiotez sólo porque todos los demás lo hacen -esto, para mí, es la cima de la irracionalidad. Sin embargo, no lo era para Petey.

Una tarde encontré a Petey tirado en su cama con una expresión tal de desesperación en su cara, que inmediatamente diagnostiqué apendicitis. “No te muevas”, le dije. “No tomes ningún laxante. Llamaré un médico”.

“Mapache”, murmuró con voz ronca.

“¿Mapache?” pregunté, deteniéndome en mi carrera.

“Quiero un abrigo de mapache”, se lamentó Petey.

Me di cuenta de que su problema no era físico, sino mental. “¿Por qué quieres un abrigo de mapache?”

“Debí haberlo sabido”, gritó, golpeándose las sienes. “Debí haber sabido que volverían cuando el Charleston volvió. Como un estúpido gasté todo mi dinero en textos de estudio y ahora no puedo comprarme un abrigo de mapache.”

“¿Quieres decir”, dije incrédulamente, “que la gente realmente está usando abrigos de mapache de nuevo?”.

“Todos los grandes hombres del campus los están usando. ¿Dónde has estado?”

“En la biblioteca”, dije, nombrando un lugar no frecuentado por los grandes hombres del campus.

Petey saltó de la cama y se paseó por el cuarto. “Tengo que tener un abrigo de mapache”, dijo apasionadamente. “¡Tengo que tenerlo!”.

“¿Por qué, Petey? Míralo desde una perspectiva racional. Los abrigos de mapache son insalubres. Echan pelos. Huelen mal. Pesan demasiado. Son desagradables de ver. Son…”

“Tu no entiendes”, me interrumpió con impaciencia. “Es lo que hay que hacer. ¿No quieres estar en onda?”

“No”, respondí con toda verdad.

“Bueno, yo sí”, declaró. “Daría cualquier cosa por un abrigo de mapache. ¡Cualquier cosa!”.

Mi cerebro, ese instrumento de precisión, comenzó a funcionar a toda máquina. “¿Cualquier cosa?”, pregunté mirándolo escrutadoramente.

“Cualquier cosa”, respondió en tonos vibrantes.

Golpeé mi barbilla pensativamente. Sucedía que yo sabía cómo poner mis manos sobre un abrigo de mapache. Mi padre había tenido uno en su época de estudiante. Ahora estaba en un baúl en el altillo de mi casa. También sucedía que Petey tenía algo que yo quería. No lo tenía exactamente, pero tenía los primeros derechos sobre eso. Me refiero a su chica, Polly Espy.

Por mucho tiempo yo había ambicionado a Polly Espy. Permítanme enfatizar que mi deseo por esta joven no era de naturaleza emocional. Ella era, por cierto, una chica que me excitaba las emociones, pero yo no era alguien que fuera a dejar que mi corazón gobernara mi cabeza. Quería a Polly por una razón enteramente cerebral, calculada astutamente.

Yo era un estudiante de primer año de leyes. En pocos años saldría a practicar la abogacía. Era bien consciente de contar con el tipo adecuado de esposa para promover la carrera de un abogado. Los abogados exitosos que yo había observado estaban, casi sin excepción, casados con mujeres hermosas, gráciles e inteligentes. Con una sola omisión, Polly llenaba estas características perfectamente.

Era hermosa. Aún no tenía las proporciones de una modelo, pero yo estaba seguro de que el tiempo supliría la falta. Ella ya tenía todos los elementos necesarios.

Era grácil. Por grácil quiero decir llena de gracia. Tenía una distinción al caminar, una libertad de movimiento, un equilibrio, que claramente indicaba la mejor educación. En la mesa sus modales eran exquisitos. La había visto en el Kozy Kampuis Korner comiendo la especialidad de la casa -un sándwich que consistía en trozos de carne asada, salsa, nueces picadas y un cucharón de chucrut- sin ni siquiera humedecerse los dedos.

Inteligente no era. De hecho, se orientaba en la dirección opuesta. Pero yo creía que bajo mi guía ella se despertaría. En todo caso, valía la pena hacer un intento. Después de todo, es más fácil hacer inteligente a una hermosa niña tonta que hacer hermosa a una inteligente niña fea.

“Petey”, le dije, “¿estás enamorado de Polly Espy?”.

“Pienso que es una chica perspicaz”, contestó, “pero no sé si llamarlo amor. ¿Por qué?”.

“¿Tienes”, le pregunté, “algún tipo de arreglo formal con ella? Me refiero a sí estás noviando con ella o algo por el estilo.”

“No. Nos vemos bastante, pero ambos tenemos otras citas. ¿Por qué?”

“¿Existe”, pregunté, “algún otro hombre por el cual ella siente algún cariño en particular?”

“No que yo sepa. ¿Por qué?”.

Asentí con satisfacción. “En otras palabras, si tú estuvieras fuera del cuadro, el campo estaría libre. ¿No es así?”

“Supongo que sí. ¿Qué estas tramando?”

“Nada, nada”, dije inocentemente, y saqué mi valija del ropero.

“¿Dónde vas?” preguntó Petey.

“A casa por el fin de semana”. Puse unas pocas cosas dentro de la valija.

“Escucha”, me dijo, tomándome del brazo con entusiasmo, “mientras estás en tu casa, ¿no podrías conseguir algo de dinero de tu viejo, podrías, y prestármela para que yo pueda comprarme un abrigo de mapache?”

“Puedo hacer algo mejor que eso”, dije haciéndole un misterioso guiño y cerré mi valija y me fuí.

*

“¡Mira!” le dije a Petey cuando volví el lunes en la mañana. Abrí de golpe la valija dejando ver el grande, peludo y deportivo objeto que mi padre había usado en su Stutz Bearcat en 1925.

“¡Santo Toledo!”, dijo Petey reverentemente. Hundió sus manos en el abrigo de mapache y luego hundió su cara. “¡Santo Toledo!” repitió quince o veinte veces.

“¿Te gustaría?”, le pregunté.

“¡Oh sí!” gritó, apretando la grasienta piel contra su cuerpo. Luego una mirada prudente apareció en sus ojos: “¿qué quieres a cambio?”

“A tu chica”, dije sin escatimar palabras.

“¿Polly?” dijo en un horrorizado suspiro. “¿Quieres a Polly?”

“Así es”.

Lanzó el abrigo lejos. “¡Jamás!”, dijo resueltamente.

Yo me encogí de hombros. “Okey, si no quieres estar en la onda, es asunto tuyo.”

Me senté en una silla y me hice el que leía un libro, pero con el rabillo del ojo me mantuve vigilante observando a Petey. Era un hombre destrozado. Primero miró el abrigo, con la expresión de un hambriento ante la vitrina de una pastelería. Después se dio vuelta y levantó la barbilla resueltamente. Luego, volvió a mirar el abrigo, aún con mayor deseo reflejado en su rostro. Luego se dio vuelta, pero no con tanta resolución esta vez. Finalmente, ya no dio vuelta la cara; se quedó mirando fijamente el abrigo, enloquecido por el deseo.

“No es que yo estuviera enamorado de Polly”, dijo con voz ronca. “O que estuviera noviando con ella, o algo por el estilo”

“Es cierto” murmuré.

“¿Qué es Polly para mí o yo para ella?”.

“Nada”, respondí.

“Ha sido solo una relación casual –sólo unas pocas risas, eso es todo”

“Pruébate el abrigo”, dije.

Aceptó. El abrigo sobresalía por arriba de sus orejas y caía hasta abajo, hasta la punta de sus zapatos. Se veía como una montaña de mapaches muertos. “Me queda estupendo”, dijo feliz.

Me levanté de mi silla. “¿Es un trato?”, pregunté, extendiéndole la mano.

Tragó saliva. “Es un trato”, dijo, apretando mi mano.

*

Tuve mi primera cita con Polly la tarde siguiente. Fue una especie de examen. Yo quería averiguar cuánto tendría que trabajar para lograr que su mente llegara al nivel que yo requería. Primero la llevé a comer. “Fue una comida deli”, dijo cuando salimos del restaurante. Después la llevé al cine. “Fue una película sensa”, dijo al salir del teatro. Y luego la llevé a su casa. “Lo pasé super”, dijo al despedirse.

Volví a mi cuarto con el corazón apesadumbrado. Había subestimado gravemente la magnitud de mi tarea. La falta de información de esta niña era espeluznante. Tampoco bastaría simplemente con proporcionarle información. Primero, había que enseñarle a pensar. Este parecía un proyecto de no pequeñas dimensiones, y al principio estuve tentado en devolvérsela a Petey. Pero luego empecé a pensar en sus abundantes encantos físicos y en el modo como entraba a una habitación y la manera en que manejaba el cuchillo y el tenedor, y decidí hacer un esfuerzo.

Procedí en esto, como en todas las cosas, sistemáticamente. Le di un curso de lógica. Sucedía que yo, como estudiante de leyes, había tomado un curso de lógica, por lo que tenía los datos en la punta de mis dedos. “Poll”, le dije, cuando la pase a buscar en nuestra siguiente cita, “esta noche iremos a caminar hasta el parque Knoll y conversaremos”.

“¡Oh, fantás!”, dijo. Una cosa debo decir de esta niña: es difícil encontrar otra tan fácil de agradar.

Nos fuimos al parque Knoll, el lugar de citas del campus, y nos sentamos bajo un añoso roble. Ella me miró expectante. “¿De qué vamos a conversar?”, dijo.

“De lógica”.

Lo pensó por un momento y decidió que le agradaba. “¡Sensa!”, dijo.

“La lógica”, dije yo, aclarando mi garganta, “es la ciencia del pensamiento. Antes que podamos pensar correctamente, debemos aprender primero a reconocer las falacias más comunes de la lógica. Nos ocuparemos de ellas esta noche”.

“¡Bravo!” gritó, aplaudiendo con anticipado placer.

Yo sentí encogérseme el corazón, pero continúe valientemente. “Primero examinemos la falacia denominada Dicto Simpliciter”.

“¡Claro que sí!” rogó Polly batiendo sus pestañas con entusiasmo

“Dicto Simpliciter es un argumento basado en una generalización no limitada. Por ejemplo: el ejercicio es bueno. Por lo tanto, todos deberían hacer ejercicio.”

“Estoy de acuerdo”, dijo Polly con entusiasmo. “Me refiero a que el ejercicio es maravilloso. Quiero decir que mantiene el cuerpo en forma y todo

“Polly”, le dije amablemente, “el argumento es una falacia. El ejercicio es bueno es una generalización no limitada. Por ejemplo, si sufres de una enfermedad del corazón, el ejercicio es malo para ti, no bueno. A muchas personas sus médicos les ordenan no hacer ejercicios. Es necesario limitar la generalización. Debes decir que el ejercicio es generalmente bueno o que el ejercicio es bueno para mucha gente. De lo contrario, estarás cometiendo Dicto Simpliciter. ¿Te das cuenta?

“No”, confesó. “Pero es súper. ¡Haz más! ¡Haz más!”

“Seria mejor si dejaras de tironearme de la manga”, dije y cuando desistió continué: “A continuación, tomemos la falacia llamada Generalización Apresurada. Escucha atentamente: tú no sabes hablar francés. Por lo tanto, debo concluir que nadie en la universidad de Minessota sabe hablar francés.”

“¿De veras?” dijo Polly, incrédula. “¿Nadie?”.

Oculté mi desesperación. “Polly, es una falacia. La generalización se alcanza demasiado apresuradamente. Hay demasiadas pocas instancias para apoyar tal conclusión.”

“¿Conoces más falacias?”, pregunto ansiosamente. “Esto es más entretenido que ir a bailar”.

Luché contra una ola de desesperación. No estaba llegando a ninguna parte con esta niña, absolutamente a ninguna parte. Sin embargo, si hay alguien persistente, ese soy yo. Así que continué. “Ahora viene Post Hoc. Escucha esto: “no llevemos a Bill a nuestro picnic. Cada vez que salimos con él, llueve.”

“Conozco a alguien así”, exclamó. “Es una chica de mi pueblo -Eula Becker se llama. Nunca falla. Cada vez que la llevamos a un picnic-”.

“Polly”, la interrumpí cortante, “es una falacia. Eula Becker no es causa de que llueva. No tiene ninguna relación con la lluvia. Si le hechas la culpa a Eula Becker, eres culpable de Post Hoc.”

“No lo volveré a hacer más”, prometió afectada. “¿Estás enojado conmigo?”

Suspiré. “No, Polly, no estoy enojado”.

“Entonces, cuéntame más falacias”

“Bueno” dije. “veamos Premisas Contradictorias”.

“Sí, veámoslas”, dijo guiñando sus ojos con placer.

Yo fruncí el entrecejo, pero seguí adelante. “Aquí tienes un ejemplo de Premisas Contradictorias: si Dios puede hacerlo todo, ¿puede hacer una piedra tan pesada que Él mismo no fuera capaz de levantarla?”

“Por supuesto que sí”, respondió.

“Pero si Él puede hacerlo todo, Él puede levantar la piedra” dije.

“Si”, dijo pensativa. “Bueno, entonces supongo que Él no puede hacer la piedra”

“Pero Él puede hacerlo todo”, le recordé.

Se rascó su preciosa y vacía cabeza. “Estoy tan confundida” admitió.

“Por supuesto que lo estás. Porque cuando las premisas de un argumento son contradictorias entre sí, entonces no puede haber argumento. Si existe una fuerza irresistible, entonces no puede existir un objeto inamovible. Si existe un objeto inamovible, entonces no puede existir una fuerza irresistible. ¿Entiendes?”

“Cuéntame más de este tema tan agudo”, dijo ansiosamente.

Consulté mi reloj. “Pienso que basta por esta noche. Te llevaré a casa ahora y tú repasas todas las cosas que aprendiste. Tendremos otra sesión mañana por la noche.”

La fui a dejar a los dormitorios de las niñas, donde me aseguró que había tenido una noche perfectamente sensa y me fui malhumorado a mi cuarto. Petey estaba roncando en su cama con el abrigo de mapache arrollado a sus pies como una gran bestia peluda. Por un momento consideré la posibilidad de despertarlo y decirle que podía tener a su chica de vuelta. Me parecía evidente que mi proyecto estaba fatalmente destinado al fracaso. La chica simplemente tenía una cabeza a prueba de lógica.

Pero después lo reconsideré. Ya había perdido una noche. Podría perder otra. ¿Quién sabe? A lo mejor, en alguna parte, en el extinto cráter de su cabeza algunas pocas brasas aun ardían en silencio. Tal vez, de alguna manera, yo podía hacerles salir llamas. Admito que no era un prospecto forjado con esperanza, pero decidí hacer un último intento.

*

Sentados bajo el roble, la noche siguiente, le dije: “nuestra primera falacia de esta noche se llama Ad Misericordiam”

Ella tembló de gusto.

“Escucha atentamente” dije. “Un hombre solicita un trabajo. Cuando el jefe le pregunta cuáles son sus méritos, contesta que tiene esposa y seis hijos en casa, que la esposa es inválida sin remedio, los niños no tienen qué comer, ni qué ropa ponerse, ni zapatos en sus pies, que no hay camas en la casa, ni carbón en la despensa y el invierno está llegando”.

Una lágrima rodó por cada una de las rosadas mejillas de Polly. “¡Oh! Esto es terrible, terrible”, gimoteó.

“Si, es terrible” acepté, pero no es un argumento. El hombre nunca respondió la pregunta del jefe sobre sus méritos. En vez de eso, apeló a la piedad del jefe. Cometió la falacia Ad Misericordiam. ¿Comprendes?”.

“¿Tienes un pañuelo?”, dijo entre sollozos.

Yo le alargué un pañuelo y traté de evitar gritar mientras ella se enjuagaba los ojos. “Ahora”, dije en un tono cuidadosamente calculado, “discutiremos la Falsa Analogía”. He aquí un ejemplo: a los estudiantes se les debería permitir consultar sus textos de estudio durante los exámenes. Después de todo, los cirujanos tienen rayos X para guiarlos durante una operación, los abogados tienen escritos para guiarlos durante un juicio y los carpinteros tienen planos para guiarlos cuando construyen una casa. Entonces, ¿por qué los estudiantes no pueden mirar sus textos durante los exámenes?”.

“¡Aquí, ahora!” dijo con entusiasmo, “es la idea más sensa que he escuchado en años.”

“Polly”, le dije exhausto, “el argumento está completamente mal. Los doctores, los abogados y los carpinteros no están dando exámenes para probar cuanto han aprendido, pero los estudiantes, sí. Las situaciones son completamente diferentes y no puedes establecer una analogía entre ellas.”

“De todos modos, creo que es una buena idea” dijo Polly.

“Tonterías” murmuré. Pero continué avanzando. “Ahora examinaremos la Hipótesis Contraria a los Hechos.”

“Suena exquisita” respondió Polly.

“Escucha: si Madame Curie no hubiera dejado por casualidad una placa fotográfica en un cajón junto a un trozo de pecblenda, el mundo actual no conocería el radio.”

“Verdad, verdad”, dijo Polly asintiendo con la cabeza. “¿Viste la película? Oh, me fascinó. Ese Walter Pidgeon es un sueño. Quiero decir que me trastorna.”

“Si te puedes olvidar del señor Pidgeon por un momento”, dije con frialdad, “me gustaría hacerte notar que esa afirmación es una falacia. Tal vez Madame Curie habría descubierto el radio en una fecha posterior. Tal vez otra persona lo habría descubierto. Un montón de cosas podrían haber pasado, tal vez. No puedes empezar con una hipótesis que no es verdadera y luego deducir alguna conclusión que sea sostenible a partir de ella.”

“Deberían hacer más películas con Walter Pigdeon” dijo Polly. “Ya casi no lo puedo ver más.”

Una oportunidad más, decidí. Pero sería la última. Hay un límite para la resistencia humana. “La próxima falacia se llama Envenenar el Pozo”.

“¡Qué amor!” gorjeó.

“Dos hombres están participando en un debate. El primero se levanta y dice: ‘mi oponente es un conocido mentiroso. Ustedes no pueden creer una sola palabra de lo que va a decir’… Ahora Polly, piensa. Piensa bien. ¿Qué está mal?”.

La observé con atención mientras su linda frente se arrugaba en un esfuerzo de concentración. De pronto, un leve resplandor de inteligencia -el primero que yo veía- se asomó a sus ojos. “¡No es justo!”, exclamó con indignación. “No es justo en lo más mínimo. ¿Qué oportunidad tiene el segundo hombre si el primero lo llama mentiroso antes de que empiece a hablar?”.

“¡Correcto!” grité, exultante. “Ciento por ciento correcto. No es justo. El primer hombre ha envenenado el pozo antes que cualquier persona pudiera beber de él. Ha imposibilitado la defensa de su oponente antes que haya podido siquiera empezar. Polly, estoy orgulloso de ti.”

“Mm” murmuró, enrojeciendo de placer.

“Ya ves, querida, que estas cosas no son tan difíciles. Todo lo que tienes que hacer es concentrarte. Pensar-examinar-evaluar. Veamos, revisemos todo lo que hemos aprendido.”

“Estoy lista”, dijo ella, haciendo un grácil movimiento en el aire con su mano invitándome a disparar.

Fortalecido al constatar que Polly no era totalmente estúpida, empecé un largo y paciente repaso de todo lo que le había enseñado. Una y otra y otra vez le cité las instancias, le indique las faltas, martillando sin descanso. Era como cavar un túnel. Al principio, todo era trabajo, sudor y oscuridad. No tenía idea de cuando alcanzaría la luz, o siquiera si la alcanzaría. Pero yo persistía. Machacaba, arañaba, raspaba y finalmente fui recompensado. Vi una grieta de luz que luego se hizo más grande y el sol se derramó por ella haciendo brillar todo.

Cinco agotadoras noches tomó este trabajo, pero valió la pena. Había logrado convertir a Polly en una persona lógica, le había enseñado a pensar. Mi trabajo había terminado. Por fin ella era digna de mí. Ahora ella era una esposa adecuada para mí, la anfitriona adecuada para mis muchas mansiones, la perfecta madre para mis acaudalados hijos.

No se debe pensar que yo no sentía amor por esta niña. Muy por el contrario. Tal como Pigmalion amaba a la mujer perfecta que había modelado, así amaba yo a la mía. Había llegado el momento de cambiar nuestra relación de académica a romántica.

“Polly”, le dije la próxima vez que nos sentamos bajo nuestro roble, “esta noche no vamos a hablar de falacias.”

“¡Qué pena!” dijo ella, desilusionada.

“Querida”, le dije, obsequiándole mi mejor sonrisa, “ya hemos pasado juntos cinco noches. Nos hemos llevado espléndidamente bien. Es evidente que estamos hechos el uno para el otro.”

“Generalización Apresurada”, exclamó ella. “¿Cómo puedes afirmar que estamos hechos el uno para el otro sobre la base de solo cinco citas?”

Reí para mis adentros con placer. La querida niña había aprendido bien su lección. “Querida”, dije, acariciando su mano con pequeños golpecitos tolerantes, “cinco citas es mas que suficiente. Después de todo, no es necesario comerse la torta entera para saber que está buena.”

“Falsa Analogía”, respondió Polly prontamente. “Yo no soy una torta, soy una niña.”

Sonreí para mis adentros con un poco menos de placer. La querida niña había aprendido su lección tal vez demasiado bien. Entonces decidí cambiar la táctica. Obviamente el mejor abordaje era una simple, firme y directa declaración de amor. Me detuve un momento mientras mi potente cerebro elegía las palabras adecuadas. Entonces comencé:

“Polly, te amo. Tu representas todo el mundo para mí, y la luna y las estrellas y todas las constelaciones del espacio exterior. Por favor, querida mía, di que aceptarás ser mi novia. Si no lo haces, mi vida carecerá de sentido. Languideceré, me rehusaré a comer y vagaré por la faz de la tierra como un viejo casco de barco tambaleante y con ojos vacíos.”

Listo, pensé, cruzando mis brazos. Esto debería lograrlo.

“Ad Misericordiam” dijo Polly.

Rechiné los dientes. Yo no era Pigmaleon, sino Frankestein. Había creado un monstruo y este me tenía agarrado del cuello. Desesperadamente luché contra la ola de pánico que me inundaba; a toda costa tenía que mantener la calma.

“Bien Polly”, dije, esforzándome por sonreír, “realmente aprendiste tus falacias”

“¡Por supuesto que sí!” dijo con un vigoroso movimiento de cabeza.

“¿Y quién te las enseñó, Polly?”

“Tú fuiste.”

“Correcto. Por lo tanto, me debes algo, ¿no es cierto, querida? Si yo no hubiera aparecido, tú nunca habrías aprendido nada acerca de las falacias.”

“Hipótesis Contraria a los Hechos”, replicó Polly al instante.

Sacudí con violencia el sudor de mi frente. “Polly” gruñí, “no debes tomar estas cosas tan literalmente. Quiero decir que esto es solo materia de clases y tú sabes que las cosas que se aprenden en la escuela no tienen nada que ver con la vida.”

“Dicto Simpliciter”, dijo ella, levantando burlonamente su dedo hacia mí.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. “¿Serás mi novia o no?.”

“No lo seré”, respondió.

“¿Por qué no?”, pregunté.

“Porque esta tarde le prometí a Petey Bellow que sería la novia de él.”

Caí hacia atrás abrumado por la infamia de Petey. Después que me prometió, que hizo un trato conmigo, que me dio la mano. “¡Que rata!”, chillé pateando el pasto. “No puedes irte con él, Polly. Es un mentiroso. Un tramposo. Es una rata.”

“Envenenar el Pozo” dijo Polly, “y deja de gritar. Creo que gritar debe ser una falacia también.”

Con un enorme esfuerzo de voluntad modulé mi voz: “Muy bien”, dije. “Eres una persona lógica. Miremos las cosas lógicamente. ¿Cómo pudiste escoger a Petey Bellow en lugar de escogerme a mí? Mírame: soy un estudiante brillante, un gran intelectual, un hombre con el futuro asegurado. Mira a Petey: una cabeza confusa, un atado de nervios, un tipo que nunca sabrá donde obtendrá su próxima comida. ¿Podrías darme una razón lógica por la cual deberías convertirte en la novia de Petey Bellow?”

“Por supuesto que puedo” dijo Polly. “Tiene un abrigo de mapache.”

(Traducción propia)

* * *

Max Shulman nació el 14 de marzo de 1919 en EEUU y falleció el 28 de agosto de 1988.

Barefoot Boy With Cheek (1943)
The Feather Merchants (1944)
The Zebra Derby (1946)
Max Shulman’s Large Economy Size (1948, incluye Barefoot Boy with Cheek, The Feather Merchants, The Zebra Derby)
Sleep Till Noon (1950)
The Many Loves of Dobie Gillis (1951)
Max Shulman’s Guided Tour of Campus Humor (1955)
Rally Round the Flag, Boys! (1956)
I Was a Teenage Dwarf (1959)
Anyone Got a Match? (1964)
Potatoes Are Cheaper (1971)