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Diana Cohen Agrest / El debate por el nuevo Código Civil: Reproducción asistida, el triunfo del lobby

(Publicado en La Nación, 14.9.2012)

Si una de las banderas de la reforma del Código Penal es que quedan apenas “escombros” de lo que alguna vez fue un cuerpo sistemático, podemos continuar con la metáfora: el anteproyecto de reforma del Código Civil y Comercial nace ya cascoteado, pues propone la aplicación de un doble y hasta de un triple rasero, incompatibles entre sí. No se trata aquí de dictaminar el valor o el disvalor intrínseco de las prácticas a legislar, sino de señalar algunas de las aristas éticas no contempladas. Y, en particular, de denunciar asimetrías irreconciliables aunque mancomunadas por una presunta ampliación del derecho de familia, impulsada por un oportunismo político avalado por los lobbies y las corporaciones cuyos intereses se juegan en las innovaciones propuestas.

1. Asimetría en la determinación del “comienzo de existencia de la persona humana”. Mientras en las fecundaciones naturales la existencia “se inicia con la concepción en el seno materno”, cuando se recurre a las técnicas de reproducción asistida la existencia se inicia, en cambio, con “la implantación del embrión en la mujer”. Estos dos criterios, aunque conceptualmente incompatibles, habilitan la coexistencia jurídica de la prohibición vigente de la interrupción del embarazo (salvo las excepciones de riesgo de vida materna o violación) y de las prácticas existentes de los centros reproductivos.

2.Asimetría sociocultural. Desconociendo el proclamado modelo de inclusión social y redistribución de la riqueza, se profundizan las desigualdades cuando no se contemplan mecanismos de protección de un colectivo vulnerable integrado por las donantes de óvulos y las mujeres gestantes, sujetas a formas indirectas de coerción que, por lo general, erosionan su autonomía. En la mayoría de los casos, la presión económica hace de la compensación una forma de mercantilización de la maternidad, oculta tras una retórica que publicita como donación altruista lo que no es sino un negocio para los centros de reproducción: mientras que la compensación por viáticos a la donante de óvulos es de entre 500 y 3000 pesos, en otros países, por ejemplo en los Estados Unidos, se paga entre cinco y diez mil dólares, y se han llegado a ofrecer hasta cien mil dólares por el mismo servicio.

Afectando la capacidad de consentir y con el objetivo de reclutar donantes, las propuestas suelen minimizar los riesgos del procedimiento a causa del retaceo de la información. Esa capacidad puede ponerse en duda, cuando dichas mujeres parecen subestimar la diseminación de hijos genéticos que nunca conocerán. Desde un punto de vista macrosocial, parece desconocerse que se seleccionarán aquellas mujeres con rasgos físicos semejantes a los de sus futuros padres sociales, promoviendo una política eugenésica indirecta al privilegiar el nacimiento de determinados fenotipos en desmedro de la diversidad genética.

3. Asimetría intrageneracional en el derecho a la verdad entre los nacidos naturales, los nacidos por técnicas reproductivas y los hijos adoptivos. Mientras que en los nacimientos naturales el criterio de determinación de la filiación es la “verdad biológica”, en los nacimientos por fecundación artificial se privilegia la “voluntad procreacional” fundada en el deseo de ser padres sociales, sacrificándose la verdad biológica en cuanto los nacidos estarán sujetos a la regla del anonimato de los donantes. Este doble criterio implica que mientras para los nacidos naturales “se admiten toda clase de pruebas, incluidas las genéticas”, para probar la filiación (Art. 579), los hijos nacidos mediante técnicas de reproducción humana asistida no podrán reclamar vínculo filial a quienes aportaron el material genético sin voluntad procreacional, y sólo podrán conocer la identidad del donante “por razones debidamente fundadas” y por vía judicial. Este requisito es incongruente con la confección de la historia clínica: mientras lo primero que el médico averigua son los antecedentes familiares del paciente, los hijos nacidos por técnicas reproductivas sólo tendrán acceso a la “información relativa a datos médicos del donante” exclusivamente cuando haya “riesgo para la salud” (Art. 564) -puede aparecer recién a los 20 o 30 años de vida- y en el centro de salud interviniente (que para ese entonces puede ya haber desaparecido). Esta asimetría se explica porque si se reconoce el vínculo de filiación con el padre genético (aun cuando no se reconozcan derechos sucesorios), la oferta de donantes será nula: abrir el registro de donantes de gametos pondría en peligro el abastecimiento de los bancos (una vez más, los derechos sojuzgados por las leyes del mercado). Por añadidura, el anonimato inaugura el riesgo de consanguinidad: en la Argentina, aun cuando cada clínica de reproducción asistida guarde el registro con la información de sus donantes, los mismos pueden ser donantes en otras clínicas.

En acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño, el anteproyecto contempla “el respeto por el derecho a la identidad” de los niños adoptivos, quienes pueden “acceder cuando lo requieran al expediente judicial y administrativo en el que se tramitó la adopción”, y gozan de un explícito “derecho a conocer los orígenes” (Art. 595). Sin embargo, violando el principio de igualdad ante la ley, se omite mencionar el derecho a la identidad en la regulación de los nacidos de donantes.

También se omite mencionar el “interés superior del niño” cuando no se evalúan los efectos traumáticos en el niño engendrado de esperma obtenido post mórtem, práctica contemplada en el anteproyecto. Y no hay analogía válida: una muerte imprevisible durante el embarazo no es homologable a una voluntad procreacional que no tiene reparos en gestar un hijo deliberadamente huérfano y valiéndose de una intervención siniestra.

4. Asimetría histórica en el derecho a la verdad. Mientras que en el reconocimiento del derecho a la identidad y a conocer la filiación celebramos cada chico restituido a su familia de origen por las Abuelas de Plaza de Mayo, los niños nacidos de donantes, en cambio, no gozarán naturalmente del acceso a la información sobre sus orígenes. Y lejos de intentar banalizar la expresión, lo cierto es que serán hijos de desaparecidos, para peor, voluntariamente. Y legitimados por un Estado democrático. ¿En qué se funda dicha asimetría cuando la experiencia internacional muestra que, tal como lo viven los hijos adoptivos, los nacidos de donantes desean conocer su origen, que de otro modo persistirá inaccesible a la elaboración simbólica? El deseo de conocer de dónde venimos es tan legítimo como independiente del estatuto que la ley haya impuesto al derecho de conocer la filiación.

Una vez sentadas estas asimetrías, ¿qué queda de la tan proclamada “armonía jurídica” y de la organicidad lógica de la normativa, cuando el anteproyecto comete una flagrante disociación de la identidad genética, gestacional y social a costa de su coherencia? Pero semejante arbitrariedad conceptual, habilitada por un forzamiento pragmático, no parece ser la respuesta a una necesidad de acompañar las innovaciones biotecnológicas con la ley. En El futuro de la naturaleza humana, el filósofo alemán Jürgen Habermas aspira a asentar la legalidad jurídico-política en la ética. Observa entonces que la reflexión filosófica debe cuestionar el reino de los hechos consumados y retroactivamente aceptados por el derecho; debe denunciar el apuro de los operadores que no resisten las presiones de la economía de mercado implicadas en la competencia neoliberal globalizada y debe alertar sobre el abandono de una sociedad igualitaria y justa.

Estos imperativos retratan las falencias del anteproyecto, que tras el modelo de la inclusión enmascara aquí, como en tantas otras políticas, una matriz neoliberal que borra con una mano lo escrito con la otra, desarticulando los mecanismos que garantizarían un ejercicio igualitario de los derechos. Su pragmatismo remeda la máxima de Groucho Marx que, por trillada, ya es un síntoma: “Estos son mis principios. Si no te gustan (o no te convienen, podríamos añadir como condición ad hoc), tengo otros”.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Tomás Abraham / El “eje del mal”: ese invento de Bush que utiliza Carta Abierta

(Publicado en Perfil, 9.9.2012)

El filósofo Tomás Abraham analiza “La diferencia”, la última de las cartas abiertas divulgadas por los intelectuales del grupo, los “narradores K”. No hablan de revolución, hablan de salvación. Emplean el vocabulario de una secta puritana, se disfrazan de Savonarolas y amenazan con que no permitirán el regreso de la derecha y el neoliberalismo. Advierten que el Enemigo está al acecho. Los conflictos sociales se interpretan en términos de peligro.

El problema de los argentinos ya no es económico ni político o cultural, es más profundo: es teológico. El Cónclave reunido en la Biblioteca Nacional nos ha entregado el resultado de sus deliberaciones. Esperamos que nuestro análisis permita desbrozar la maleza para conducirnos por el sendero que nos guíe hacia El, o Ella.

1. Economía

La política económica del Gobierno es materia de discusión. Hubo resultados positivos en términos de empleo y reactivación económica. La coyuntura no fue desfavorable. Pero desde hace ya más de medio siglo nuestro país no puede elaborar una estrategia de crecimiento industrial inserta en la dinámica del mercado mundial. Los ciclos dependen del precio de las materias primas, ayer la carne y el trigo, hoy la soja. Desde comienzos de la década del 60, el Estado nacional no ha tenido la capacidad de planificar un desarrollo económico y social sustentable. Las fases de crecimiento se interrumpen abruptamente, y las crisis tienen un efecto regresivo cuyo potencial destructivo genera mayor pobreza y más desigualdad que la previamente conocida.

Si se consideran los índices de medio siglo y se los compara con otros países vecinos y lejanos, la ubicación que tiene nuestro país en términos de desarrollo humano y crecimiento económico muestra una caída sin atenuantes y una sociedad en decadencia.

El último jefe de Estado que tuvo una idea funcional a la coyuntura del momento, es decir realista, para que el país produjera un salto cualitativo y creara bases sólidas para un futuro crecimiento, fue Arturo Frondizi. Su punto de partida fue el giro político de Perón en el fin de su segundo mandato, en el que señaló la necesidad de una modificación de la orientación económica cuando se vaciaron las arcas del Estado y el país padecía atraso tecnológico y dependencia energética. Frondizi extremó las consecuencias de aquel diagnóstico. Produjo así la última revolución industrial argentina. Fueron pocos años, no más de cuatro, en los que el país despegó en términos de energía, industria automotriz, maquinarias y una educación que, entre otros logros, creó la mejor universidad que se recuerda.

Luego de casi cuarenta tentativas de golpe de Estado, una coalición de todos los partidos políticos con su acostumbrada vocación suicidaria, el sindicalismo peronista que le declaró la guerra y que luego denunció el plan Conintes como resultado de una situación de violencia que no inició el presidente y cuyos antecedentes represivos se remontan al primer gobierno de Perón frente a la huelga ferroviaria de 1951 (Ileana Fayó, El plan Conintes y la conflictividad sociopolítica durante el gobierno de A. Frondizi, tesina de licenciatura, inédita), un nacionalismo que lo atacaba por cipayo, una izquierda que lo denunciaba por traición, una derecha que lo condenaba por comunista, el liberalismo conservador que denunciaba su industrialismo artificial, un fascismo que lo acusaba de integrar judíos en su gabinete y un progresismo que atacaba su programa educativo –que daba un lugar a la enseñanza privada y religiosa–, quienes lo increparon por invitar al Che, otros que lo hacían por dialogar con Kennedy, en suma, todo el espectro sectorial que sostenía ayer como hoy que el poder es un paquete que no se comparte y la sociedad una tábula rasa en la que cada ideólogo tiene el privilegio de gravar su modelo de país permitió que el resentimiento, la megalomanía y el espíritu de venganza agruparan a la unánime reacción argentina que con algarabía festejó su expulsión.

Desde ese momento el país ha estado a la deriva de las oportunidades que ocultan las carencias de ideas, pendiente de los nichos que ofrece el mercado mundial con el único objetivo de conseguir divisas y sostener a grupos políticos civiles y militares que nos gobernaron durante décadas. En años recientes, las privatizaciones y los préstamos de la banca internacional produjeron la euforia menemista; hoy, la demanda de productos primarios debido al ingreso de poblaciones inmensas como nuevos consumidores de alimentos facilita la fiesta kirchnerista. Pero en lo que se refiere a lo perdurable: nada.

Sin embargo, esta incapacidad de generar acumulación de capital, tecnología propia, servicios modernos, desarrollo social y educación avanzada no es culpa de este gobierno; es un núcleo duro incrustado en la historia reciente de nuestro país, resultado de la sedimentación de sucesivas crisis que no son reversibles con medidas, modelos, campañas o retóricas triunfalistas.

Por eso el problema social es grave, por eso la pobreza extrema de millones de habitantes no tiene solución, la educación está en retroceso, la marginación y la violencia son incontrolables, y la corrupción es casi un fenómeno natural aceptado con resignación. Ante este cuadro estructural, los opositores al Gobierno no hacen otra cosa que lo que etólogos recuerdan de la avestruz: meter la cabeza en el hoyo y criticar la política oficial con el culo emplumado al viento.

Ninguna fuerza política opositora tiene la receta, el remedio ni las espaldas políticas para concretar cambios de importancia que abran el escenario en nuevas direcciones. Denuncian males como la inseguridad y la inflación, y para nadie es un secreto que no pueden ir más allá de la queja populista para satisfacer la alarma ciudadana, que no hace más que reflejar el populismo vertical permanentemente en escena.

Acusan al Gobierno de falta de diálogo, y cuando se juntan un par de opositores en un acuerdo por alguna futura coalición terminan disputándose un lugar en la foto y autoproclamándose candidatos a la presidencia en una ridícula conyugalidad alterada por celos.

Por eso la Presidenta tiene cincuenta por ciento de arrastre y el que le sigue apenas 17.

2. Teología

El problema que se avecina en nuestro país no es económico, ni siquiera lo es el mero hecho de una reelección, sino la cultura política que se quiere implementar, la forma de concebir el poder, de rediseñar nuestra historia y de amenazar nuestras libertades.

Salió una nueva Carta Abierta. No hablan de revolución, hablan de salvación. Han bautizado su misiva reciente con el elegante nombre “La diferencia”. Lo que llama la atención es que proclamen la necesidad de dar la vida por una diferencia. Porque, si de diferencias se tratara, por lo general se llega a un acuerdo entre partes. Diferencia es un concepto matizado. Implica grados. En términos cualitativos, con una grilla diferencial se distinguen lo mejor y lo peor. Nunca el bien y el mal. Sin embargo, los redactores de Carta Abierta emplean el vocabulario de una secta puritana y se hacen eco del invento de G.W. Bush: el eje del mal. Se disfrazan de Savonarolas y amenazan con que no permitirán el regreso de la derecha ni del neoliberalismo. Marcan una gruesa línea roja desde que Nestornauta salvó al país en el 2003 y hoy, en momentos en que nos dicen que Cristina rema sola para salvar al pueblo de los piratas, nos comunican que la Presidenta puede contar con los peritos en narrativa setentista, keynesianismo casero y revisionismo histórico, en actividad o jubilados, que no la dejarán sola.

Advierten que el Enemigo está al acecho. Los conflictos sociales se interpretan en términos de peligro. La Gnosis maniquea denuncia a las nuevas formas satánicas y llama a conformar “un bloque de resistencia contra la barbarie”. El diablo existe. Por eso disertan de este modo: “Pero el pacto con el diablo, gran fábula literaria de todos los pueblos, y que diera tanto en Europa como en Latinoamérica obras literarias ejemplares desde Goethe hasta Guimaraes Rosa…”, etc. En plena caldera del diablo, los catedráticos no quieren mencionar a quien verdaderamente los inspira: Anastasio el Pollo.

Estos señores no tienen sentido del ridículo. Imagino a los viceministros de Economía y presidentes de petroleras que hoy tienen cuarenta años, encaramados como están en el poder en pleno ascenso generacional y en medio de la brega del mundo de los negocios, leyendo con una sonrisa a estos señores añosos y bien nutridos, escribiendo frases como ésta: “Personajes mediocres gobiernan potencias como sombríos espantajos que balbucean lenguas susurradas…”. Con un mínimo de sentimiento caritativo les regalarían palomitas de maíz para entretener pajaritos en las plazas.

Los redactores de Carta Abierta admiten con modestia que no todo funciona como es deseable. Al Modelo le falta alguna costura. Pero consideran que estas carencias se deben a “sucesos lamentables de la vida injusta”, que abundan en el mundo desde tiempos inmemoriales, generados por lo que llaman la “Culpa Estatal Universal”.

Ni los guionistas de El Código da Vinci han recurrido a estos secretos de magia negra para interpretar los dispositivos de poder.

Pero la risa es de corto alcance. Por otro lado, este asunto da miedo. No por estos señores tan ufanos en su poética emancipatoria y su fervor alquimista, sino por el país que quieren. El general Onganía nos decía que los miembros de la secta del anticristo no pasarían. El almirante Massera también apelaba a la historia y situaba la efigie de lo que llamaba “Hombre Sensorial” –aquel tótem hedonista responsable, según el jerarca, de la moral de la subversión– en el pensamiento de Marx, Freud y Einstein. En los 70, aquéllos que no congeniaban con la lucha armada eran acusados de estar presos de la subjetividad burguesa. En una u otra versión, las cruzadas morales argentinas entronizaron la supresión ética que llamaba a eliminar a una persona por lo que “era” y fomentaba la guerra civil en nombre de la verdad. Primero con palabras y luego con hechos.

Los miembros de Carta Abierta se presentan como los narradores K. Los escribas del relato oficial. Se reúnen en conciliábulo como cardenales en el Vaticano y cada tanto envían estos opi magni en los que advierten que siempre hay más. Del “nunca más” del 84 que proclamaba que el inicio de la democracia debía ser el fin de una era nefasta de muertes, robos y persecuciones, del “nunca menos” de la felicidad en términos de caja que, al tiempo que critica a la sociedad de consumo y del espectáculo, no hace más que sobrevivir gracias a ambos (Carta Abierta: “Porque debatimos el formato bajo el cual se forjan subjetividades a la orden de la sociedad del espectáculo… porque no creemos que el horizonte pueda ser definido por una idea de felicidad colectiva centrada en el consumo…”), ahora nos entregan este “siempre más”: más revancha, más amenazas, más espionaje, más poder, más enemigos, más peligro.

Pero el hecho de que el Mal con mayúscula no exista salvo en la mente fanática no quiere decir que no haya cosas malas ni que todo dé lo mismo. No todo vale. La moral no se satura en una tabla comparativa de acciones unas mejores que otras. Los filósofos, aun los escépticos, nominalistas, relativistas y empiristas, han tratado de darles un nombre a los actos que no tienen medida axiológica, que son absolutos. Un mal absoluto a falta de un bien absoluto. Sólo los pensadores medievales intentaron darle un nombre maximalista al Señor, un Perfectísimo, o Perfectísima si se da el caso. Es el invento de la lengua superlativa de Juan Escoto Erígena. Pero en los tiempos modernos Kant nos habló del Mal radical, Adorno del “después de Auschwitz”, y Foucault de lo que llamó “abominable”. Es abominable no sólo aquello que está mal, sino el horror. El umbral de la elección ética. Un límite moral frente al cual las palabras ya no cuentan.

Pero cuando el Mal o lo Abominable, en lugar de marcar aquello contra lo cual nuestra identidad y valoración más íntima de humanidad se rebela, cuando este NO se usa para marcar con la M de maldito a los adversarios políticos, cuando la discusión deja de ser abierta porque a uno de los contendientes se lo designa como “abominable”, le adosamos la palabra “genocida”, cómplices de genocidio, socios o agentes al servicio de quienes torturaron y mataron, traidor a la patria, destituyente, cómplice del imperialismo y del terrorismo de Estado, servidor de la Corpo y otras necedades, entonces barremos con todo tipo de posibilidad de convivencia y olvidamos la necesidad fundante de crear una comunidad que se reconozca como tal a pesar de sus “diferencias”.

No fue diferente la calificación del peronismo como nazifascismo con el que durante 17 años se consideró imposible negociar, o la doctrina setentista del poder total frente al enemigo de clase.

Los relatores kirchneristas exhuman legajos, fotos, frases de épocas siniestras cuando quieren degradar a un adversario político. Y ocultan, disimulan y son sumamente comprensivos con sus jefes y jefas para no verlos en situaciones incómodas ante la opinión pública. Es lo que se hace con las décadas del 70 y el 90. Por eso los juicios por crímenes de Estado han sido desnaturalizados, para servir a grupos de poder cuyo pasado heroico hubo que inventar, y la alarma por el neoliberalismo votado diez años y sostenido por nuestros actuales gobernantes no es más que una treta demagógica. Estamos en presencia de una cacería de brujas donde la denuncia coexiste con el esforzado y sostenido ocultamiento de ciertas escobas.

La mentira nacional se elabora así con el fin de expurgar a vastos sectores de la sociedad argentina de responsabilidades, ambigüedades y frivolidades, y para enarbolar la figura de la Víctima, bajo cuya sombra se esconden bien protegidos y subsidiados varios que dicen tener la Memoria de su lado.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas(1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

tomasabraham.com.ar

Il y a longtemps que je t’aime (2008) Hace mucho que te quiero

Hace mucho que te quiero (2008) es la primera película del director Philippe Claudel, una coproducción entre Francia y Alemania. También es el autor del libro original. Claudel nació el 2 de febrero de 1962 en Dombasle-sur-Meurthe, Meurthe-et-Moselle, Francia. Su segunda película es Silencio de amor (Tous les soleils, 2011). Previamente a su labor cinematográfica, Claudel ya era conocido como escritor habiendo publicado más de treinta obras entre novelas y nouvelles, tales como Almas grises (2005), La nieta del señor Linh (2006) y El informe de Brodeck (2008).

Hace mucho que te quiero fue ganadora de dos premios César 2009 (a la mejor ópera prima y a la mejor actriz de reparto, Elsa Zylberstein), el premio BAFTA al mejor film en lengua no inglesa (2009) y dos premios a su director en el Festival de Berlín (2009), entre varios otros galardones y nominaciones.

La historia del reencuentro de Juliette (Kristin Scott Thomas) con su hermana Léa (Elsa Zylberstein) luego de quince años de distanciamiento. Léa hace diez años que vive en la región de Lorraine con su esposo Luc (Serge Hazanavicius), Lexicógrafo y dos pequeñas hijas adoptivas vietnamitas Lys (Lise Ségur) y Emelia. Llegó allí para terminar su doctorado en Letras, conoció a Luc, se casaron y le ofrecieron un trabajo como docente. Con ellos vive Paul (Jean-Claude Arnaud), el padre de Luc, que hace tres años perdió el habla y se la pasa leyendo. La madre de Juliette y Léa (Claire Johnston) está internada en un geriátrico.

Juliette y Léa han pasado mucho tiempo sin tener comunicación. El motivo lo saben todos. Como también saben que Juliette no tiene dónde ir, ante lo cual Léa le ha ofrecido quedarse con ellos hasta que consiga un trabajo y un lugar donde vivir.

Juliette debe presentarse cada quince días en la comisaría. A través de su actitud extremadamente callada, triste y fantasmal el personaje transmite que un suceso de ese pasado transformó su vida y la de su familia. Un hecho terrible la marcó para siempre, pero no toda la verdad ha salido a la luz.

Excelentes actuaciones de la bella y misteriosa Kristin Scott Thomas y de Elsa Zylberstein, como es costumbre en el mejor cine francés, sutil y exquisito. Si bien por momentos la historia se torna algo melodramática, el desarrollo de los acontecimientos y nuevos datos sobre ese pasado atroz sacuden al espectador y sostienen la intriga hasta el final.

Philip K. Dick / The preserving machine (1953) La máquina preservadora

Y pensó también que de estas importantes cosas bellas, la que más rápidamente se olvidaría sería la música.
Ciertamente que la música es lo más perecedero, frágil y delicado; y puede ser rápidamente destruida.
Labyrinth se preocupaba mucho. Amaba la música y no podía acostumbrarse a que un día no existieran Brahms ni Mozart, que no se pudiera disfrutar de la música de cámara, suave y refinada, que hace pensar en las pelucas, en los arcos frotados con resma, en las velas que se derretían en la semioscuridad.
El mundo sería seco y lamentable sin la música. Árido e inaguantable. De esta forma comenzó a concebir la idea de la Máquina Preservadora.
Una noche, sentado cómodamente en su butaca escuchando el suave sonido de su tocadiscos, se le presentó una extraña visión. Vio, con los ojos de la mente, la última copia de un trío de Schubert, estropeada y casi ilegible, abandonada en un lugar oscuro, probablemente un museo.
Un bombardero sobrevolaba. Las bombas caían, convirtiendo al edificio en ruinas, derrumbando las paredes, que se desmoronaban, dejando sólo escombros. En el desastre, la última copia desaparecía perdida entre las ruinas, para pudrirse y desaparecer.
Y luego, siempre en la imaginación de Doc Labyrinth, observó cómo la partitura surgía de entre las ruinas como lo haría un animal enterrado, con garras y dientes aguzados, con furiosa energía.
-¡Ah, si la música pudiera tener esa facultad, el instinto de supervivencia de ciertos insectos y otros animales! ¡Cómo cambiarían las cosas si la música se pudiera transformar en seres vivos, animales con garras y dientes! Entonces podría sobrevivir.
Si sólo se pudiera inventar una Máquina, una Máquina que procesara las partituras musicales, convirtiéndolas en cosas vivas.
Pero Doc Labyrinth no era mecánico. Logró unos pocos bosquejos aproximativos que envió a varios laboratorios de investigación. La mayoría estaban demasiado atareados con los contratos para el ejército, por supuesto. Pero al fin logró algo de lo que deseaba. Una pequeña universidad del Medio Oeste quedó encantada con sus planes e inmediatamente comenzaron a trabajar en la construcción de la Máquina.

Las semanas pasaron. Al fin Labyrinth recibió una postal de la universidad. La Máquina estaba saliendo bien. La habían probado haciendo procesar dos canciones populares. ¿Cuáles fueron los resultados? Surgieron dos pequeños animales, del tamaño de ratones, que corrieron por el laboratorio hasta que el gato se los comió. Pero la Máquina había trabajado a la perfección.
Se la enviaron poco después, cuidadosamente embalada en un armazón de madera, sujeta con alambres y con un seguro que cubría todos los riesgos.
Estaba muy nervioso cuando comenzó a trabajar, quitándole las tablillas. Muchas ideas debieron de haber pasado por su mente cuando ajustó los controles y se preparó para la primera transformación. Había seleccionado una partitura maravillosa para comenzar, la del Quinteto en sol menor, de Mozart.
Durante un rato estuvo hojeándola, absorto en sus pensamientos. Luego se dirigió a la Máquina y la echó dentro.
Pasó el tiempo. Labyrinth se mantuvo parado muy cerca, esperando nervioso y aprensivo, sin saber qué seria lo que hallaría al abrir el compartimiento. Estaba realizando una gran labor, según su idea, al preservar la música de los grandes compositores para la eternidad. ¿Cómo sería gratificado? ¿Qué hallaría? ¿Qué forma adoptaría esto antes de que todo hubiera pasado?
Muchas preguntas no tenían aún respuesta. Mientras meditaba, la luz roja de la Máquina centelleaba. El proceso había concluido, la transformación se había efectuado. Abrió la portezuela.
-¡Dios mío! -fue su exclamación- Esto es verdaderamente extraño!
De la máquina salió un pájaro, no un animal. El pájaro mozart era pequeño, bello y esbelto, con el magnífico plumaje de un pavo real. Voló un poco alrededor del cuarto y se volvió hacia él, curiosamente amistoso. Temblando, Labyrinth se inclinó, extendiendo la mano. El pájaro mozart se acercó. Entonces, súbitamente, remontó el vuelo.
-Sorprendente -murmuró. Llamó dulcemente al pájaro, esperando pacientemente hasta que revoloteó hasta él. Labyrinth lo acarició durante un largo rato.
¿Cómo sería el resto? No podía adivinarlo. Cuidadosamente levantó al pájaro mozart y lo colocó en una caja.
Al día siguiente se sorprendió aún más al ver salir al escarabajo beethoven, serio y digno. Era el escarabajo que había visto trepar por la manta, concienzudo y reservado, ocupado en sus cosas.
Después vino el animal schubert. Era un animalito tontuelo y adolescente, que iba de uno a otro lado, manso y juguetón.
Labyrinth interrumpió su trabajo para dedicarse a pensar.
¿Cuáles eran los factores de la supervivencia? ¿Eran las plumas mejores que las garras y los dientes? Labyrinth estaba sumamente asombrado. Había esperado obtener un ejército de criaturas recias y peleadoras, equipadas con garras y duros carapachos, listas a morder y patear. ¿Las cosas le estaban saliendo bien? Y, sin embargo, ¿quién podía decir que era lo mejor para la supervivencia? Los dinosaurios habían sido poderosos, pero ninguno estaba vivo.
De todas formas, la Máquina se había construido. Era demasiado tarde para plantearse otros problemas.
Labyrinth prosiguió dándole a la Máquina la música de muchos compositores, uno tras otro, hasta que los bosques que se hallaban cerca de su casa se llenaron de criaturas que se arrastraban y balaban, gritando y haciendo todo tipo de ruidos.
Muchas rarezas fueron saliendo, criaturas todas que lo asombraron y llenaron de estupefacción. El insecto brahms tenía muchas patas que salían en todas direcciones; era un miriápodo grande y de forma aplanada. Bajo y achatado, estaba cubierto de una pelambre uniforme. Al insecto brahms le gustaba andar solo, y prontamente se alejó de su vista, preocupándose por eludir al animal Wagner, que había salido unos instantes antes.
Este era grande, y tenía muchos colores profundos. Parecía tener un humor de mil diablos, y Labyrinth se atemorizó un poco, tal como les sucedió a los insectos bach. Estos eran animalitos redondos, una gran cantidad de ellos, que se obtuvieron al procesar los cuarenta y ocho preludios y fugas. También estaba el pájaro stravinsky, compuesto por curiosos fragmentos, y muchos otros.
Los dejó sueltos, para que se acercaran a los bosques, y allí se fueron. saltando, brincando y rodando. Pero un extraño presentimiento de fracaso le atenazaba. Cada una de estas extrañas criaturas le maravillaba más y más. Parecía no tener ningún control sobre los resultados. Todo esto estaba fuera de su dominio, sujeto a alguna extraña e invisible ley que se había enseñoreado sutilmente de la situación, y esto le preocupaba sobremanera. Las criaturas mutaban a raíz de la acción de una extraña fuerza impersonal, fuerza que Labyrinth no podía ver ni comprender. Y que le daba mucho miedo.

Labyrinth dejó de hablar. Esperé un rato, pero no parecía tener deseos de continuar. Me volví a mirarlo. Me estaba contemplando en una forma extraña y melancólica.
-Realmente no sé mucho más. No he vuelto a ir allí desde hace mucho tiempo. Tengo miedo de ver lo que sucede en el bosque. Sé que está pasando algo, pero…
-¿Por qué no vamos juntos a ver qué pasa?
Sonrió aliviado.
-¿Realmente piensas así? Imaginé que tal vez lo sugerirías, puesto que todo me está comenzando a resultar demasiado duro de afrontar -echó a un lado la manta, sacudiéndose-. Vamos, entonces.
Bordeamos la casa, y seguimos un estrecho sendero que nos llevó hacia el bosque. Tenía un aspecto salvaje y caótico, con malezas demasiado crecidas y una vegetación que no había recibido cuidados en largo tiempo.
Labyrinth fue hacia adelante, apartando las ramas, saltando y retorciéndose para abrirse camino.
-¡Qué lugar! -comenté.
Seguimos andando durante un rato bastante largo. El bosque estaba oscuro y húmedo; ahora era casi la hora del crepúsculo y sobre nosotros caía una fina niebla que se desprendía de las hojas situadas sobre nuestras cabezas.
-Nadie viene aquí -El doctor se quedó súbitamente de pie, mirando a su alrededor-. Tal vez sea mejor que vayamos a buscar mi escopeta. No quiero que suceda nada irreparable.
-Pareces estar muy seguro de que las cosas han escapado a tu control -me llegué hasta donde estaba y nos quedamos parados hombro con hombro-. Tal vez las cosas no estén tan mal como piensas.
Labyrinth miró alrededor. Movió la hojarasca con su pie.
-Están cerca de nosotros, por todos lados. Observándonos. ¿No lo sientes?
Asentí, en forma casi casual.
-¿Qué es esto?
Levanté un extraño montículo, del cual se desprendían restos de hongos. Lo dejé caer y lo aparté con el pie. Quedó en el suelo, un montoncito informe y difícil de distinguir, casi enterrado en la tierra blanda.
-Pero, ¿qué es? -pregunté nuevamente. Labyrinth se quedó mirándolo, con una expresión tensa en el rostro.
Comenzó a golpearlo suavemente con el pie. Me sentí súbitamente incómodo.
-¿Qué es, por amor de Dios? -dije-. ¿Sabes tú?
Labyrinth volvió lentamente los ojos hacia mí.
-Es el animal schubert -murmuró-. O mejor dicho, lo fue. Ya no queda mucho de él.
El animalito, que una vez había saltado y brincado como un cachorrillo, tontuelo y juguetón, yacía en el suelo. Me incliné y aparté unas ramas y hojas que se adherían a él.
No cabía duda de que estaba muerto. La boca estaba abierta, y el cuerpo había sido totalmente desgarrado. Las hormigas y las sabandijas lo habían atacado sañudamente. Comenzaba a oler mal.
-Pero ¿qué pasó? -dijo Labyrinth. Movió tristemente la cabeza-. ¿Quién pudo hacerlo?
Durante un momento quedamos en silencio. Luego vimos moverse un arbusto y pudimos distinguir una forma. Debía de haber estado allí todo este tiempo, observándonos.
La criatura era inmensa, delgada y muy larga, con ojos intensos y brillantes. Me pareció bastante semejante al coyote, pero mucho más pesado. Su pelambre era manchada y espesa. El hocico se mantenía húmedo y anhelante mientras nos miraba en silencio, estudiándonos como si le sorprendiera enormemente que nos halláramos allí.
-El animal wagner -dijo Labyrinth-. Pero está muy cambiado. Casi no lo reconozco.
La criatura olfateó el aire. Súbitamente volvió hacia las sombras y un momento después se había ido.
Nos quedamos absortos durante un rato, sin decir nada.
Finalmente Labyrinth se estremeció.
-Así que esto es lo que sucedió -dijo-. Casi no puedo creerlo. Pero… ¿por qué, por qué?
-Adaptación -le dije-. Cuando echas de tu casa a un perro o a un gato doméstico, se vuelve salvaje.
-Sí -contestó-. Un perro vuelve a ser lobo. Para mantenerse vivo. La ley de la jungla. Debí haberlo supuesto. Sucede siempre.
Miró hacia abajo, hacia el lamentable cadáver en el suelo. Luego alrededor, hacia los silenciosos matorrales. Adaptación. O tal vez algo peor. Una idea se estaba formando en mi mente, pero nada dije.
-Me gustaría ver más. Echar una ojeada a los otros. Busquemos.
Estuvo de acuerdo. Comenzamos a investigar la posible existencia de animales a nuestros alrededor, apartando ramas y hojas.
Hallé y empuñé una rama, pero Labyrinth se puso de rodillas, palpando y observando el suelo desde bien cerca.
-Aun los niños se transforman en animales -le comenté-. ¿Recuerdas los casos de los niños lobos de la India? Nadie podía creer que alguna vez fueron normales.
Labyrinth asintió calladamente. Se sentía muy triste, y no era difícil darse cuenta de por qué.
Se había equivocado, su idea original había sido errada, y ahora se hallaba frente a las consecuencias de su error. La música podía transformarse en animales vivos, pero había olvidado la lección del Paraíso Terrenal.
Una vez que algo tomaba vida comenzaba a tener una existencia independiente, dejando de ser una propiedad de su creador y moldeándose y dirigiéndose tal como lo desea.
Dios, observando el desarrollo del hombre, debe de haber sentido la misma tristeza, y la misma humillación, tal como Labyrinth, ver que sus criaturas se modificaban y cambiaban para enfrentarse a las necesidades de sobrevivir.
El hecho de que sus animales musicales podrían defenderse ya no quería decir nada para él, puesto que la razón por la cual las había creado, impedir que las cosas bellas se brutalizaran, estaba sucediendo ahora en ellas mismas.
Labyrinth me miró, con ojos llenos de tristeza. Había asegurado su supervivencia, pero al hacerlo había destrozado el significado o los valores de tal acción. Traté de sonreírle para alentarlo, pero retiró la mirada.
-No te preocupes demasiado -le dije-. No fue un cambio demasiado grande el que experimentó el animal Wagner. Siempre fue un poco así, brusco y temperamental, ¿verdad? ¿No sentía cierta atracción por la violencia?
Me interrumpí bruscamente. Labyrinth había dado un salto, retirando apresuradamente su mano del suelo. Se apretó la muñeca, gimiendo de dolor.
-¿Qué te pasa? -me apresuré a preguntarle mientras me acercaba. Temblando, me mostró su mano pequeña-. Pero ¿qué te sucede?
Le tomé la mano. Por el dorso se extendían unas marcas rojas, como tajos, que se hinchaban bajo mis ojos. Había sido mordido o aguijoneado por un animal. Miré hacia abajo, pateando el césped.
Algo se movió. Vi correr hacia los arbustos a un animalito redondo y dorado, cubierto de espinas.
-Atrápalo -dijo mi amigo. ¡Pronto!
Lo perseguí, con mi pañuelo en ristre, tratando de eludir las espinas. La esfera rodaba frenética, procurando esquivar mi maniobra, pero finalmente lo atrapé con el pañuelo.
Labyrinth se quedó mirando la forma en que se retorcía atrapado. Me puse de pie.
-Casi no puedo creerlo. Va a ser mejor que regresemos a casa.
-¿Qué es? -le pregunté.
-Uno de los insectos bach. Pero está tan cambiado que casi no puedo reconocerlo…
Nos dirigimos otra vez hacia la casa, retomando nuestro camino por el sendero, a tientas en la oscuridad. Yo abría el paso, echando a un lado las ramas. Labyrinth me seguía, silencioso y triste, frotándose la mano dolorida.
Entramos al patio y subimos la escalera del fondo hacia el porche. Labyrinth abrió la puerta y pasamos a la cocina. Encendió la luz y se dirigió hacia el fregadero, para lavarse la mano.
Tomé una jarra vacía del aparador, y dejé caer dentro al insecto bach. La esfera dorada rodaba de uno a otro lado cuando le ajusté la tapa. Me senté a la mesa. Ninguno de los dos decía palabra alguna, mientras Labyrinth seguía en el fregadero, dejando correr agua sobre su mano herida…
Yo, mientras tanto, seguía mirando a la esfera dorada, en sus infructuosos intentos por escapar.
-Y bien -dije finalmente.
-No hay la menor duda -Labyrinth se acercó y se sentó a mi lado-. Ha sufrido una metamorfosis. Antes no tenía espinas ponzoñosas, ¿sabes? Menos mal que tuve cuidado cuando me decidí a desempeñar el papel de Noé.
-¿Qué quieres decir?
-Tuve buen cuidado de que fueran híbridos… No se podrán reproducir. No habrá una segunda generación. Cuando estos ejemplares mueran, todo se habrá acabado.
-Debo decirte que me alegro que hayas tenido eso en cuenta.
-Me pregunto -murmuró Labyrinth- cómo sonará ahora, tal cual está.
-¿Cómo dices?
-La esfera. El insecto bach. Esa es la verdadera prueba, ¿no es así? Puedo volverlo a meter en la Máquina. Así veremos. ¿Quieres averiguar qué sucederá?
-Lo que tú digas -le contesté-. Después de todo, es tu experimento. Pero no te ilusiones demasiado.
Levantó la jarra cuidadosamente y nos dirigimos escaleras abajo, en dirección al sótano. Divisé una inmensa columna de metal opaco, que se levantaba en una esquina, cerca del lavadero. Una extraña sensación me recorrió. Era la Máquina Preservadora.
-Así que ésta es -dije.
-Sí, ésta es -Labyrinth manipuló los controles y estuvo ocupado con ellos durante un largo rato. Luego, tomando la jarra, la dio la vuelta y, abriendo la tapa, dejó caer al insecto dentro de la Máquina. Labyrinth cerró la portezuela.
-Ahora veremos -dijo. Accionó los controles y la Máquina comenzó a andar. Labyrinth se cruzó de brazos, y nos dispusimos a esperar. Fuera se hizo de noche cerrada, sin una pizca de luz. Finalmente se encendió un indicador de color rojo que se hallaba en el tablero de la Máquina.
Mi amigo giró la llave hacia la posición de desconexión, y nos quedamos en silencio. Ninguno de los dos deseábamos abrir la Máquina.
-Bien -dije finalmente-. ¿Quién va a abrir y a mirar?
Labyrinth se estremeció. Metió la mano en una ranura y sus dedos extrajeron un papel con notas.
-Este es el resultado. Podemos ir arriba y tocarlo.
Nos dirigimos al cuarto de música. Labyrinth se sentó frente al piano de cola y yo le pasé la hoja. La abrió y la estudió durante un minuto, con una cara inexpresiva. Luego comenzó a tocar.
Escuché la música. Era espantosa. Nunca había oído nada igual. Era distorsionada y diabólica, sin ningún sentido o significado, excepto, tal vez, una rara familiaridad que jamás debió haber estado presente en algo así.
Sólo con gran esfuerzo era posible imaginar que alguna vez había sido una fuga de Bach, parte de una serie de composiciones magníficamente ordenadas y respetables.
-Esto es lo decisivo -dijo Labyrinth. Se puso de pie, tomo la hoja de música y la rompió en mil pedazos.
Cuando nos dirigíamos hacia el lugar donde había dejado mi automóvil, le dije:
-Tal vez la lucha por la supervivencia sea una fuerza mayor que cualquier ética humana. Hace que nuestras preciosas reglas morales y nuestros modales parezcan algo fuera de lugar.
Labyrinth estuvo de acuerdo.
-Tal vez nada pueda hacerse para salvar tales costumbres y tales reglas morales.
-Sólo el tiempo puede ser capaz de responder a esa pregunta -le contesté-. Tal vez este método falló, pero otros pueden tener éxito. Es posible que algo que no podemos predecir o prever en estos momentos pueda surgir algún día.
Le di las buenas noches y subí a mi automóvil. Estaba completamente oscuro; la noche había descendido sobre nosotros.
Encendí los faros y comencé a recorrer la carretera conduciendo en plena oscuridad. No había otros vehículos a la vista. Estaba solo y sentía mucho frío. En una curva disminuí la marcha, para cambiar de velocidad.
Algo se movió cerca de la base de un sicomoro enorme, en plena oscuridad. Traté de determinar qué era.
En la parte inferior de un árbol, un escarabajo muy grande estaba construyendo algo, poniendo un poco de barro cada vez, para dar forma a una extraña estructura. Me quedé observando al animal durante un largo rato, asombrado y curioso, hasta que finalmente notó mi presencia y dejó de trabajar. Se dio la vuelta rápidamente, entró en su pequeño edificio, haciendo sonar la puerta al cerrarla firmemente tras él.
Me alejé rápidamente.

(De la colección de cuentos La máquina preservadora, 1969. Incluye los cuentos La máquina preservadora, Juego de guerra, Si no existiera Benny Cemoli, Roog, Veterano de guerra, Cargo de suplente máximo, Aquí yace el wub, Podemos recordarlo todo por usted)

* * *

Philip K. Dick (Philip Kindred Dick) nació el 16 de diciembre de 1928 en Chicago, Illinois, EEUU y falleció el 2 de marzo de 1982 en Santa Ana, California, EEUU. Es uno de los mejores escritores de ciencia ficción.

Obras:
Novelas:
1950 Gather Yourselves Together
1952 Voices from the Street
1953 Vulcan’s Hammer
1953 Dr. Futurity
1953 The Cosmic Puppets (Muñecos cósmicos)
1954 Solar Lottery (Lotería solar)
1954 Mary and the Giant
1954 The World Jones Made
1955 Eye in the Sky (Un ojo en el cielo)
1955 The Man Who Japed (Planetas morales)
1956 A Time for George Stavros (manuscrito perdido)
1956 Pilgrim on the Hill (manuscrito perdido)
1956 The Broken Bubble
1957 Puttering About in a Small Land
1958 Nicholas and the Higs (manuscrito perdido)
1958 Time Out of Joint (Tiempo desarticulado)
1958 In Milton Lumky Territory
1959 Confessions of a Crap Artist (Confesiones de un artista de mierda)
1960 The Man Whose Teeth Were All Exactly Alike
1960 Humpty Dumpty in Oakland
1961 The Man in the High Castle (El hombre en el castillo)
1962 We Can Build You (Podemos construirte)
1962 Martian Time-Slip (Tiempo de Marte)
1963 Dr. Bloodmoney, or How We Got Along After the Bomb (El Doctor Bloodmoney)
1963 The Game-Players of Titan (Los jugadores de Titán)
1963 The Simulacra (Los simulacros)
1963 The Crack in Space
1963 Now Wait for Last Year
1964 Clans of the Alphane Moon (Los clanes de la luna Alfana)
1964 The Three Stigmata of Palmer Eldritch (Los tres estigmas de Palmer Eldritch)
1964 The Zap Gun (La pistola de rayos)
1964 The Penultimate Truth (La penúltima verdad)
1964 Deus Irae (con Roger Zelazny)
1964 The Unteleported Man
1965 The Ganymede Takeover (con Ray Nelson)
1965 Counter-Clock World (El mundo contrarreloj)
1966 Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
1966 Nick and the Glimmung (para niños)
1966 Ubik
1968 Galactic Pot-Healer (Gestarescala)
1968 A Maze of Death (Laberinto de muerte)
1969 Our Friends from Frolix 8 (Nuestros amigos de Frolis 8)
1970 Flow My Tears, The Policeman Said (Fluyen mis lágrimas, dijo el policía)
1973 A Scanner Darkly (Una mirada a la oscuridad)
1976 Radio Free Albemuth (Radio libre Albemuth)
1978 VALIS (SIVAINVI)
1980 The Divine Invasion (La invasión divina)
1981 The Transmigration of Timothy Archer (la transmigración de Timothy Archer)
1982 The Owl in Daylight

Cuentos:
1952
“Beyond Lies the Wub” (Aquí yace el wub)
“The Gun”
“The Little Movement”
“The Skull”
“The Variable Man”

1953
“The Builder”
“Colony”
“The Commuter”
“The Cookie Lady”
“The Cosmic Poachers”
“The Defenders”
“Expendable”
“The Eyes Have It”
“The Great C” (adapted into the novel Deus Irae)
“The Hanging Stranger”
“The Impossible Planet”
“Impostor”
“The Indefatigable Frog”
“The Infinites”
“The King of the Elves”
“Martians Come in Clouds”
“Mr. Spaceship”
“Out in the Garden”
“Paycheck”
“Piper in the Woods”
“Planet for Transients”
“The Preserving Machine”
“Project: Earth”
“Roog”
“Second Variety”
“Some Kinds of Life”
“Tony and the Beetles”
“The Trouble with Bubbles”
“The World She Wanted”

1954
“Adjustment Team”
“Beyond the Door”
“Breakfast at Twilight”
“The Crawlers”
“The Crystal Crypt”
“Exhibit Piece”
“The Father-thing”
“The Golden Man”
“James P. Crow”
“Jon’s World”
“The Last of the Masters” (aka “Protection Agency”)
“Meddler”
“Of Withered Apples”
“A Present for Pat”
“Prize Ship”
“Progeny”
“Prominent Author”
“Sales Pitch”
“Shell Game”
“The Short Happy Life of the Brown Oxford”
“Small Town”
“Souvenir”
“Strange Eden”
“Survey Team”
“Time Pawn”
“The Turning Wheel”
“Upon the Dull Earth”
“A World of Talent”

1955
“Autofac”
“Captive Market”
“The Chromium Fence”
“Foster, You’re Dead!”
“The Hood Maker”
“Human Is”
“The Mold of Yancy”
“Nanny”
“Psi-man Heal My Child!”
“Service Call”
“A Surface Raid”
“Vulcan’s Hammer”
“War Veteran”

1956
“A Glass of Darkness”
“The Minority Report”
“Pay for the Printer”
“To Serve the Master”

1957
“Misadjustment”
“The Unreconstructed M”

1958
“Null-O”

1959
“Explorers We”
“Fair Game”
“Recall Mechanism”
“War Game”

1963
“All We Marsmen”
“The Days of Perky Pat”
“If There Were No Benny Cemoli”
“Stand-by”
“What’ll We Do With Ragland Park?”

1964
“Cantata 140″
“A Game of Unchance”
“The Little Black Box”
“Novelty Act”
“Oh, to be a Blobel!”
“Orpheus with Clay Feet”
“Precious Artifact”
“The Unteleported Man”
“The War with the Fnools”
“Waterspider”
“What the Dead Men Say”

1965
“Project Plowshare”
“Retreat Syndrome”

1966
“Holy Quarrel”
“We Can Remember It for You Wholesale”
“Your Appointment Will Be Yesterday”

1967
“Faith of Our Fathers”
“Return Match”

1968
“Not By Its Cover”
“The Story to End All Stories for Harlan Ellison’s Anthology ”Dangerous Visions””

1969
“A. Lincoln, Simulacrum”
“The Electric Ant”

1972
“Cadbury, the Beaver Who Lacked”

1974
“The Different Stages of Love”
“The Pre-persons”
“A Little Something For Us Tempunauts”

1979
“The Exit Door Leads In”

1980
“I Hope I Shall Arrive Soon” (Originally titled “Frozen Journey”.)
“Rautavaara’s Case”
“Chains of Air, Web of Aether”

1981
“The Alien Mind”

1984
“Strange Memories Of Death”

1987
“The Day Mr. Computer Fell Out of Its Tree”
“The Eye of The Sibyl”
“Fawn, Look Back”
“Stability”

1988
“Goodbye, Vincent”

2010
“Menace React” (fragmento)

Ariel Torres / Un abrazo vale más que mil horas de chat

(Publicado en La Nación, 8.9.2012)

Subo al auto, lo pongo en marcha, el estéreo se enciende y el smartphone se pone en red con la radio mediante Bluetooth; empieza a sonar el mismo disco que cinco minutos antes estaba oyendo en el diario. Digo oyendo porque, en la Redacción, mi atención flota entre al menos cuatro mensajeros (Skype, Messenger, Google Talk y el Office Communicator), dos superpobladas cuentas de mail, varias decenas de pestañas de Firefox y mi querido Twitter. Esto, además del trabajo, desde luego.

Llegado al barrio, antes incluso de que el auto entre al garaje, el smartphone se pone en red con el Wi-Fi de la casa. Me doy cuenta porque caen varios mails en cascada y más mensajes de Whatsapp. Home wireless home .

Mientras desensillo, el teléfono descarga unas 10 actualizaciones para las aplicaciones instaladas. Obvio, llega más correo. Y el aparatito me avisa de que a varias personas les gustó una foto que tomé al llegar a casa y que subí a mi cuenta de Instagram ( instantorres ).

Antes de la comida, y tras despachar algo de asesoría sobre compra de ultrabooks y cámaras y resolver un problema con la PC de un amigo, he conseguido, ignoro cómo, aplacar la fiebre comunicativa. Pero la tele está demasiado aburrida, así que aprieto un botón en el control remoto y las 42 pulgadas de la pantalla se llenan con Twitter. Mucho mejor.

Así que no sería justo, me atrevo a decir que resultaría hilarante acusarme de ludita, de enemigo de la tecnología. Todo lo contrario.

Pero no alcanza.

Lejos es lejos esta noche

He oído y hasta intervenido, vanamente, en mil debates acerca de si la tecnología ayuda a acortar las distancias cuando tus seres queridos están en el extranjero.

La respuesta es que sí, cómo no. El chat y la videoconferencia hacen que las separaciones sean más llevaderas. Súmele el mail. Whatsapp y Nimbuzz. Los SMS. Facebook, Google Plus, Twitter. Foursquare. Caramba, comparado con lo que vivió mi abuelo Manuel cuando emigró de su Galicia natal a la incomprensible Buenos Aires, es el paraíso. Un siglo atrás ni teléfono había.

Es cierto. Pero una separación sigue siendo una separación, por mucha electrónica que pongamos en medio. Porque no somos avatares evanescentes. Porque el cuerpo es el lenguaje del alma. Porque es desesperante, de ninguna manera un alivio, que la persona que amás se vaya volviendo cada día un poco más bidimensional en la pantalla.

Está bien chatear, es una enorme ayuda, no me quejo, pero no es suficiente. Porque las máquinas sólo pueden mostrar una proyección que se parece a la de la memoria, y el único amor que se recuerda es el amor perdido.

Hasta la antigua llamada de voz es preferible, mire. Porque las imágenes no tienen peso, porque el espacio sigue vacío, porque es abrumador que alguien esté ahí y al mismo tiempo no esté. Porque desde Tántalo para acá no hay nada más inalcanzable que aquello que sólo se puede observar.

Cuando la separación traspasa el aceptable límite del par de semanas, el cuerpo abandona el silencio y dice: “Necesito un abrazo”.

No lo dice. Lo brama.

Esa necesidad no se cura con nada. Excepto con un abrazo. No es hablar. No es verse. El abrazo es la instancia más profunda de la presencia humana, la más ciega, la más salvaje y última, la que trasciende incluso los instintos, y cuyo lenguaje es el único que el alma comprende.

Nuestras mentes (y hasta el cambiante corazón) intercambian palabras. Esculpen gestos, diseñan miradas. Está muy bien. Pero las almas hablan por medio del abrazo, ése es su discurso. No hay emoticón que valga. No hay chat que te devuelva esa experiencia que está más allá de toda posible elocución. Que es inefable. Y es inefable porque, tal vez, arrastra consigo algo del misterioso abrazo de nueve meses del que provenimos.

El abrazo es pura anagnórisis, es decir, reconocimiento. Y es infalible. Los desafío. Es imposible equivocarse. La vista se engaña, los perfumes faltan a la verdad, pero los abrazos son certeros. Siempre.

Créame, no habrá 3D que valga. No habrá holograma suficiente. Quizá llegue el día en que podamos conectarnos a una suerte de Matrix que nos permita reunirnos con nuestros seres queridos en un abrazo virtual sin que la conciencia note diferencia alguna.

Pero el alma la notará.

* * *

Ariel Torres nació el 21 de octubre de 1960 en Buenos Aires. Se desempeña desde 1994 como columnista y editor del suplemento de Informática del diario La Nación. Algunas de sus notas fueron publicadas bajo el seudónimo de Eduardo Dahl. Publicó el libro Bit Bang. Viaje al interior de la revolución digital (2009).

Radiohead (en Argentina, 2009)

15 Step
Airbag
There There
All I Need
Kid A
Karma Police
Nude
Weird Fishes/Arpeggi
The National Anthem
The Gloaming
No Surprises
Pyramid Song
Street Spirit (Fade Out)
Jigsaw Falling Into Place
Idioteque

Bodysnatchers
*palabras de Ed*
How To Disappear Completely
–Bis 1–
Videotape
Paranoid Android
House Of Cards
Reckoner
–Bis 2–
Planet Telex
Go Slowly
2+2=5
Everything In Its Right Place
–Bis 3–
Creep

Radiohead es Thom Yorke (voz, guitarra, piano), Jonny Greenwood (guitarra, teclados, otros instrumentos), Colin Greenwood (bajo), Phil Selway (batería, percusión) y Ed O’Brien (guitarra, coros).

Discografía:

Pablo Honey (1993)
The Bends (1995)
OK Computer (1997)
Kid A (2000)
Amnesiac (2001)
Hail to the Thief (2003)
In Rainbows (2007)
The King of Limbs (2011)

radiohead.com

Alex Chadwick / 100 Riffs (A Brief History of Rock N’ Roll) / 100 Riffs (Una breve historia del Rock N’ Roll)

Alex Chadwick toca 100 famosos riffs de la historia del Rock en orden cronológico en una sola toma y en una guitarra Fender Stratocaster 1958.

Los riffs son de los siguientes temas y autores:

1 Mr. Sandman – Chet Atkins
2 Folsom Prison Blues – Johnny Cash
3 Words of Love – Buddy Holly
4 Johnny B Goode – Chuck Berry
5 Rumble – Link Wray
6 Summertime Blues – Eddie Cochran
7 Pipeline – The Chantays
8 Miserlou – Dick Dale
9 Wipeout – Surfaris
10 Daytripper – The Beatles
11 Can’t Explain – The Who
12 Satisfaction – The Rolling Stones
13 Purple Haze – Jimi Hendrix
14 Black Magic Woman – Santana
15 Helter Skelter – The Beatles
16 Oh Well – Fleetwood Mac
17 Crossroads – Cream
18 Communication Breakdown – Led Zeppelin
19 Paranoid – Black Sabbath
20 Fortunate Sun – Creedence Clearwater Revival
21 Funk 49 – James Gang
22 Immigrant Song – Led Zeppelin
23 Bitch – Rolling Stones
24 Layla – Derek and the Dominos
25 School’s Out – Alice Cooper
26 Smoke on the Water – Deep Purple
27 Money – Pink Floyd
28 Jessica – Allman Brothers
29 La Grange – ZZ Top
30 20th Century Boy – T. Rex
31 Scarlet Begonias – Grateful Dead
32 Sweet Home Alabama – Lynyrd Skynyrd
33 Walk This Way – Aerosmith
34 Bohemian Rhapsody – Queen
35 Stranglehold – Ted Nugent
36 Boys Are Back in Town - Thin Lizzy
37 Don’t Fear the Reaper – Blue Oyster Cult
38 Carry on My Wayward Son – Kansas
39 Blitzkreig Bop – The Ramones
40 Barracuda – Heart
41 Runnin’ with the Devil – Van Halen
42 Sultans of Swing – Dire Straits
43 Message in a Bottle – The Police
44 Hey Hey, My My (Into the Black) – Neil Young
45 Back in Black – AC/DC
46 Crazy Train – Ozzy Osbourne
47 Spirit of Radio – Rush
48 Pride and Joy – Stevie Ray Vaughan
49 Owner of a Lonely Heart – Yes
50 Holy Diver – Dio
51 Beat It – Michael Jackson
52 Hot For Teacher – Van Halen
53 What Difference Does It Make – The Smiths
54 Glory Days – Bruce Springsteen
55 Money For Nothing – Dire Straits
56 You Give Love a Bad Name – Bon Jovi
57 The One I Love – REM
58 Where the Streets Have No Name – U2
59 Welcome to the Jungle – Guns N’ Roses
60 Sweet Child ‘O Mine – Guns N’ Roses
61 Girls, Girls, Girls – Motley Crue
62 Cult of Personality -Living Colour
63 Kickstart My Heart – Motley Crue
64 Running Down a Dream – Tom Petty
65 Pictures of Matchstick Men – Camper Van Beethoven
66 Thunderstruck – AC/DC
67 Twice as Hard – Black Crowes
68 Cliffs of Dover – Eric Johnson
69 Enter Sandman – Metallica
70 Man in the Box – Alice in Chains
71 Smells Like Teen Spirit – Nirvana
72 Give it Away – Red Hot Chili Peppers
73 Even Flow – Pearl Jam
74 Outshined – Soundgarden
75 Killing in the Name – Rage Against the Machine
76 Sex Type Thing – Stone Temple Pilots
77 Are You Gonna Go My Way – Lenny Kravitz
78 Welcome to Paradise – Green Day
79 Possum Kingdom – Toadies
80 Say it Ain’t So – Weezer
81 Zero – Smashing Pumpkins
82 Monkey Wrench – Foo Fighters
83 Sex and Candy – Marcy Playground
84 Smooth – Santana
85 Scar Tissue – Red Hot Chili Peppers
86 Short Skirt, Long Jacket – Cake
87 Turn a Square – The Shins
88 Seven Nation Army – White Stripes
89 Hysteria – Muse
90 I Believe in a Thing Called Love – The Darkness
91 Blood and Thunder – Mastadon
92 Are You Gonna Be My Girl – Jet
93 Reptilia – The Strokes
94 Take Me Out – Franz Ferdinand
95 Float On – Modest Mouse
96 Blue Orchid – White Stripes
97 Boulevard of Broken Dreams – Green Day
98 Steady As She Goes – The Raconteurs
99 I Got Mine – Black Keys
100 Cruel – St. Vincent

Buscamundos / Buenos Aires. Ciudad invisible

Programa Buscamundos de España, conducido por Gemma Esteba y Miguel Romero dedicado a la ciudad de Buenos Aires, mostrando curiosidades, la miseria, la pobreza y la marginación.

“Las mayores rarezas y curiosidades de Buenos Aires pero también sus miserias, y sobre todo, la dignidad de quienes luchan por la vida en condiciones muy duras.”

“Un museo de retretes antiguos, los bares gay de tango, siniestras leyendas de aparecidos, el folklore en las ferias populares, las villas miseria, el mayor mercado ilegal del mundo, un museo sobre el terror político…”

(Me resultó curioso contemplar este documental de cincuenta inutos viendo cómo nos miran quienes no viven aquí. Me gustó mucho porque exponen muy bien las cosas que muestran.)

Gonzalo Garcés / Crónica de un iniciado, revisitada (entrevista a Abelardo Castillo)

(Entrevista de Gonzalo Garcés a Abelardo Castillo a propósito de los veinte años de Crónica de un iniciado, publicada en el blog Pasajeros en trance, de Gonzalo Garcés y Agostina Dattilo, garcesgonzalo.blogspot.com.ar)

A Abelardo Castillo le tocó en suerte una de las experiencias más asombrosas de la literatura. Llevó consigo durante treinta años el borrador de una novela. El libro crecía con él y no acababa nunca y llevaba un título que llegó a ser legendario antes de publicarse: Crónica de un Iniciado. Hace ahora justo veinte años, el libro se publicó. Lo que no impidió que Castillo lo siguiera modificando con cada reedición. En estos días en que se han reeditado en un solo volumen los Cuentos completos de Castillo, descubrimos además que muchos de esos cuentos están ligados temáticamente a sus novelas: las completan. En realidad, apenas hemos empezado a entender la generosa fuente de ideas que representa la “experiencia Crónica de un Iniciado”, los caminos que abre para la literatura de pasado mañana.
La historia misma de su escritura es un hecho literario. Castillo la empezó en los sesenta como un cuento; al final de la década había terminado un borrador que no lo contentaba. Con el tiempo, estar escribiendo Crónica de un Iniciado se convirtió en una forma de vida. Para cuando la terminó, la novela había cambiado junto con su autor. Pero si el autor cambiaba de acuerdo con los azares de la vida, ¿quién era responsable por los cambios en el libro? ¿Tenía éste realmente un autor? Lo productivo de esta pregunta se entiende mejor si recordamos el argumento del libro. Esteban Espósito, joven y soberbio, llega a Córdoba. Ahí conoce al poeta Santiago, que se le parece como un doble avejentado. Conoce a Bastián, que lo odia. Conoce al doctor Cantilo, un tilingo que entiende sin embargo algunas cosas cruciales de la vida, y se acuesta con su mujer. Conoce, sobre todo, a Graciela. Se enamora y tiene que vivir ese amor en sólo tres dias, porque después debe regresar a Buenos Aires. Lo que en realidad ha venido a hacer Espósito a Córdoba es dejar de ser un joven. Y en ese trance le sale al cruce el Diablo. Entre otras cosas. Crónica de un Iniciado es la más reciente versión del pacto fáustico y la primera que se adapta a la doxa, la irreligiosidad, los conocimientos científicos de nuestra época. Ahora bien, a lo largo de las muchas páginas de la novela, quien escribe va cambiando y cambia también su visión de la historia que cuenta. Graciela no se ve igual al principio y al final del libro; la naturaleza del Mal cambia a medida que el autor, precisamente por escribir este libro, cambia. Crónica de un Iniciado es (entre otras cosas) una novela cuántica: como en el principio de incertidumbre, el acto de observar altera el objeto observado.
Con eso alcanzaría para que leer Crónica de un Iniciado sea algo urgente. Arriesgo una razón o dos más. Es una novela a la que el destino, por así decirlo, sacó de su territorio natural. Publicada en la época en la que fue concebida, en los sesenta, junto a Sobre héroes y tumbas, Rayuela o Cien años de soledad, la de Castillo habría sido leída como otro de esos monstruos que entonces se llamaban novela total. Publicada en los noventa, fue admirada quizá por lo que no era: un monumento a un tiempo más noble, un reproche contra la frivolidad ambiente. Ahora corre un fantasma por la literatura argentina, el fantasma de la realidad. La teatral Buenos Aires, en la ficción, viene siendo desplazada por el prosaico conurbano o la provincia. Al artificio de las grandes tramas a lo Cortázar o Piglia suceden las narraciones sin dirección, la crónica de pequeños sucesos, los esbozos autobiográficos. Esto es lo que hay, vendría a ser la consigna. Y bien, ahora venimos a descubrir que de eso, de la necesidad de blanquear lo que se es realmente, trata también Crónica. Sólo que con una voluntad de ir hasta el fondo que casi intimida. Castillo no hace las cosas a medias. La conversación que sigue debería dar una idea de esta historia extraña y de esta aun más extraña actualidad.

¿Es verdad que Crónica de un Iniciado empezó como un cuento?

Sí. En la época en que yo no había publicado todavía mis cuentos hice un viaje a Córdoba. Tengo anotada en mi diario la fecha de octubre, en un hotel; ahí escribí la primera página de Crónica, que siempre fue la misma. Era un cuento que se llamaba “Graciela”. Un muchacho de veintisiete años, casi un hombre, se enamora de una mujer. Todo tenía que ocurrir de manera muy acelerada; él tenía que vivir la historia del enamoramiento y la conquista, todo en un día. Pero yo no sabía por qué.
¿En qué momento Esteban Espósito se convirtió en el personaje que conocemos?
Bueno, Espósito se parece a mí. Pero hay una distancia muy grande respecto de las cosas que yo pìenso o hago. Cuando la novela tomó forma, el personaje inicial se dividió en tres: Santiago, Bastián y Esteban. Esos tres, mezclados y con una dosis de buena voluntad, se parecen bastante a Castillo.
¿Y el Diablo?
A medida que avanzaba sentí que eso no era un cuento. Que tenían que pasar más cosas. Entonces empezó a aparecer al tema de lo demoníaco. En realidad, todo lo que me ocurría iba a parar a esa novela. Recuerdo que iba caminando un dia por avenida Nueve de Julio y había una galería donde unos monos y patos muy raros y en algún sentido perversos bailaban al compás de la musica si vos ponias una moneda. Se me ocurrió la idea de alguien que va poniendo monedas en esas máquinas, hace una especie de gran concierto final, que es su propio requiem, y después se mata. Era un cuento casi escrito, pero entonces sentí que no, que era la muerte de Santiago. La novela empezó a ser un agujero negro que se tragaba todas mis ideas.
En la novela, el Diablo le plantea a Esteban con claridad el trueque que le ofrece: darse al mal y con eso hacer un libro…
Siempre pensé escribir algo sobre el pacto con el Diablo. Había leído todos los Faustos que se conocen: el de Spies, la versión de Saint Yves, el Fausto de Marlowe, el de Goethe, el de Thomas Mann. En el Fausto clásico, Fausto pacta con Mefistófeles por el conocimiento; en el de Goethe, por la juventud; y en el de Mann, el premio —o el castigo— es la obra de Adrian Leverkühn. Pero en un sentido de excelsitud que el diablo le promete. Mi pacto no es por la sabiduría, que siempre entendí como un problema menor de lo fáustico: es sólo retomar el viejo problema bíblico del árbol de la sabiduría. “Coméreis de este árbol, seréis como dioses.” Pero a partir de ese momento el alma está perdida. Eso ya está muy bien tratado en la Biblia. Pactar por la juventud no podía interesarme, porque yo era joven. Recuerdo que Sabato me decía: “Usted no va a poder escribir este libro.” En realidad, en algo acertó Sabato: tardé mucho tiempo en terminarlo .Pero el pacto no es por la conquista de una mujer ni es la juventud. Se pacta por una obra, pero no por lagrandeza de esa obra. El diablo le dice a Esteban, con toda claridad, que no le gritóNon serviam! a Dios para conchabarse de amanuense suyo; le garantiza que va a escribir el libro, pero que sea bueno o malo ya es cosa de él. Y además, le dice algo que yo sentí —pero lo sentí antes de la novela, como parte de estas ideas que me daban vueltas—: que es un pacto para nada. No hay castigo ni hay premio. Es como si ya estuviera sellado antes de la voluntad de ellos.
Sin embargo, se le pide algo a Esteban: que reconozca la existencia del Diablo.
Exacto. El pacto, en realidad, es nada más que la toma de conciencia. Se le pide a Estaban que tome conciencia de lo que es. De que debe dedicarse a la literatura, por decirlo así, y cambiar su vida por la literatura. En el fondo del pacto de Esteban está la famosa premisa de Nietzsche: llegar a ser lo que se es. Nietzsche no dice “llegar a ser algo superior.” No, hay algo que se es. Pero la condición esencial de esa trayectoria es reconocerlo. Da la impresión de que esto fuera una paradoja; pero no es tan fácil llegar a ser lo que uno es. Porque hay que aceptarlo con todas las contradicciones que ese llegar-a-ser tiene. Esteban debe aceptar que no va a poder amar, que no tiene casi sentimientos humanos normales y que todo lo que toca de alguna manera está en peligro. Es muy ambiguo el pacto, muy descorazonante. Se dice, palabra por palabra: “Es todo contra nada.”
Todos los Faustos anteriores incluyen algún tipo de más allá. El suyo es el primer Fausto de la tradición que es radicalmente ajeno a cualquier idea de trascendencia.
Lo dice el propio demonio en el libro: dejemos aparte la cuestión de Dios. Existe el Mal, de eso estamos seguros. Esteban estaría muy cómodo si existieran el Diablo y Dios; entonces bastaría con ser ateo para abolir al Diablo. No, no, no: el problema es mucho más serio. Exista Dios o no, el Mal existe. Ni siquiera hay castigo; incluso el Diablo de mi novela le reprocha a Thomas Mann el haber recaído en la vieja idea de las parrillas y los gritos y el frío helado. Lo perdona diciendo que era un clásico: no tenía más remedio que aceptar los cánones. Pero no hay parrillas: hay esto que tenemos acá y ahora. Y el infierno ya existe. Está dentro de Esteban; es Esteban. Es lo que los orientales llamarían el karma. Un karma que termina con la muerte, pero que mientras vivas se lleva, ¿no?, con bastante patetismo y dolor.
Los años que le esperan a Esteban, dice el Diablo, no son buenos; se refiere a sus años de alcoholismo. ¿En qué momento usted empieza a incluir el alcohol como una parte de la historia?
Yo ya bebía en el sesenta y uno o sesenta y dos sin darme cuenta. La vinculación con el alcoholismo, no quisiera exagerar mucho, pero creo que viene demoníaca en serio; porque cuando yo escribí Israfel, en 1959, no tomaba una gota de alcohol; por qué, entonces, elijo la historia de un alcohólico. En el primer cuento mío que sobrevive, El candelabro de plata, ese tipo, aunque lo disimule, es una especie de alcohólico. Pero yo no tomaba para nada. La entrada del alcohol en mi vida real fue antes de empezar la novela y la salida del alcohol fue después de terminarla.
En 1970 usted tenía una versión terminada de este libro. ¿Por qué no lo publicó?
Porque me parecía que faltaba algo siempre. Y lo que faltaba era mi edad, y poder agregar cierto tipo de cosas. Por ejemplo, para mí es esencial el diálogo entre Esteban y el doctor Cantilo. Espósito descubre, junto conmigo, que Cantilo sabe perfectamente que él se acuesta con su mujer. Su modo de contenerla era darle cierta libertad. Y lo único que quiere saber el pobre Cantilo es si los dibujos de su mujer son buenos .Lo obliga decir a Esteban que no le gustan, que son mediocres. Y Cantilo le dice que él ya lo sabía. Pero que no se lo diga. Porque Espósito es capaz hasta de decírselo a ella. Vale decir que Cantilo comprendía todo. Y Esteban siente que este tipo, en esa escena, en la oscuridad, ha crecido. Y piensa, absurdamente: Debe ser porque estamos haciendo pis en un árbol que es de él.
Usted habla de las canalladas que es capaz de hacer Esteban. Pero lo cierto es que en Crónica no se muestran mucho. Quizá el lector puede completar el cuadro al leer acerca de canalladas que aparecen en algunos de sus cuentos, como “Hernán”…
Sí, o “Noche para el negro Griffiths”, o “Crear una pequeña flor es trabajo de siglos”. Esteban los contiene a todos ellos. Yo realmente viví con este libro; en realidad, el libro se escribió a sí mismo. De hecho, se dice en las últimas páginas que ya no sabe quién es el autor. Empieza en primera persona, se va deslizando hacia una primera persona muy ambigua, y termina en tercera. ¿Quién escribe entonces? Es como si Crónica fuera un libro que escribí, literalmente, sobremí mismo. Encima de mí mismo, quiero decir: sobre mi cuerpo. La teoría que yo tengo sobre la correción, que no es mía, o por lo menos no sólo mía, porque la instala Valéry en la literatura, es que corregir un texto es una modificación espiritual de uno mismo.
¿Cómo se vive después de terminar un libro así?
Al principio, con bastante angustia. Al punto que yo sentí que no iba a poder escribir nunca más nada. Me había pasado recomendando a la gente joven que nunca terminara un libro sin tener otra cosa empezada, pero cuando terminé Crónica no tenía nada más. Además, yo siempre sentí que esto de la gran obra era una pavada; que uno escribe lo que puede y que, como decía Huxley, da tanto trabajo escribir un libro bueno como uno malo. Y sin embargo, yo sentía que nunca iba a poder escribir de nuevo algo como eso. Lo pude superar escribiendo un cuento policial, que es “La cuestón de la dama en el Max Lange”. Y después leí una frase de Sartre que me terminó de consolar. Le preguntaron si sentía que, a los setenta años, ya lo había dicho todo. Y Sartre contestó que sí, pero que cuando un escritor no tiene nada que decir es cuando puede volver a decirlo todo. Yo pensé: ésta es la verdad. Cuando empezamos a escribir, en realidad no tenemos nada que decir; escribir es casi una cosa que se siente en el cuerpo. Llega un momento en el que estás en la posición exacta en la que escribiste tu primer cuento o tu primer poema: no tenés nada que decir, pero tenés ganas de escribir. Si podés recuperar eso, tal vez te pase como a Thomas Mann, que escribió el Doktor Faustus a los setenta años, o como Tolstoi que escribe Resurrección alrededor de los setenta.
Uno siente que el aliento, la ambición, el talante de Crónica tienen un aire de familia con eso que en los sesenta se llamó la novela total. ¿En algún momento sintió que su novela estaba hecha para otra época?
No sé si lo sentí. Lo que sé es que mientras la escribía quería que no perteneciera a esa época.Tal vez eso perjudicó a la novela: tal vez decidiéndome a terminarla en los setenta habría tenido una difusión distinta. Pero yo siempre le tuve terror al Boom, porque me parecía algo superficial. Hoy pienso que muchas novelas escritas durante el Boom, y que fueron fundamentales, si se publicaran hoy no pasaría en absoluto lo que pasó. Eso me hace acordar algo que anoté en mi diario (lee): “Segunda edición de Crónica: la novela, al menos en términos argentinos, fue un éxito. Críticas, entrevistas, etcétera. ¿Tendré ánimos ahora para volver a escribir algo que me comprometa entero, quiero decir algo que sienta necesario para mí? No me importan el éxito ni el reconocimiento, pero esto ya lo sabía desde Israfel. Lo único que de veras me importa es sentir que estoy haciendo algo donde yo mismo me pongo en cuestión.”
En realidad, Crónica es una novela para hoy.
Es una novela milenarista. Lo que primaba era la idea del fin del mundo. En octubre del sesenta y dos estuvieron por entrar en guerra Estados Unidos y Rusia, lo cual era sencillamente el fin del mundo. Se vivía todo provisoriamente. No lo teniamos en cuenta ni eramos conscientes de eso; pero escribir, un libro, salir con una mujer, sacar una revista literaria, era tal vez la última cosa que uno iba a hacer. Había una alegría malsana. No era “Bailando por un sueño”; era “Bailando para nada”. Y en la novela yo quería poner esa sensación: todo va a ir a parar a la nada. A lo mejor no hoy, pero mañana, y da exactamene lo mismo. ¿Qué diferencia hay entre la semana que viene y diez millones de años? Sin embargo, hay algo en la novela que no se dice; son unas palabras que le dice el Diablo a Esteban al oído. Y Esteban entonces abre los ojos desmedidamente. Yo no sé bien qué le contó. Pero lo sospecho. Sospecho que le dijo: el arte tiene sentido. No me atreví a ponerlo, primero porque quería dejar que cada uno le pusiera su propio sentido, y después porque me parecía casi demasiado trivial. ¿Qué sentido tiene el arte en un mundo que va a desaparecer? Bueno, el sentido que le damos y nos damos a nosotros mismos. Empezamos siempre de nuevo, desde cero. Tal vez eso dice esta novela.
Nota: Este texto fue publicado el viernes 31 de agosto en la revista Ñ, con el título “Los pactos con el mal”. El texto necesitaba correcciones que no permitió la urgencia por cerrar la edición. Ésta es la versión corregida por mí y por Castillo.
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Gonzalo Garcés nació en Buenos Aires en 1974.

Obras: Novelas: Diciembre (1997), Los impacientes (2000), El futuro (2003) y El miedo (2012).

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Abelardo Castillo nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, Argentina el 27 de marzo de 1935.

Novelas: La casa de ceniza (1968), El que tiene sed (1985), Crónica de un iniciado (1991), El evangelio según Van Hutten (1999).

Libros de cuentos: Las otras puertas (1961), Cuentos crueles (1966), Las panteras y el templo (1976), El cruce del Aqueronte (1982), Las maquinarias de la noche (1992), El espejo que tiembla (2005).

Obras de teatro: El otro Judas (1961), Israfel (1964), Tres dramas (incluye El otro Judas, A partir de las 7 y Sobre las piedras de Jericó) (1968), Teatro completo (incluye El otro Judas, A partir de las 7, Israfel, Sobre las piedras de Jericó, El señor Brecht en el Salón Dorado, Salomé) (1995).

Ensayos: Discusión crítica a “La ‘crisis’ del marxismo”, Las palabras y los días, Ser escritor, Desconsideraciones.

Axel Rivas / Huellas de la desintegración social

(Publicado en La Nación, 2.9.2012)

El pasaje de la escuela pública a la privada fue una constante entre 2003 y 2009. La mayor causa es el surco de las desigualdades. Entre 1975 y 2003 la Argentina aumentó las brechas de ingresos como ningún otro país de América latina. Al mismo tiempo creció -mucho más en democracia- el acceso a la escuela. La consecuencia fue una intensa segregación del sistema educativo. Los sectores medios huyeron a la escuela privada, esquivando a los pobres que entraban en la pública.

El crecimiento económico desde 2003 hizo que muchas familias tengan recursos y opten por la escuela privada, como parte de ese patrón de separación entre sectores sociales. La escuela pública perdió (salvo en ciertas localidades) su eje de integración social. Cada escuela se aisló en un imaginario social, reduccionista, segregatorio, endogámico. Tal como ocurrió con la sociedad: cada uno protegiéndose de los demás, perdiendo los lazos comunes, buscando la distinción, la “salvación”.

El declive de la escuela pública fue parte de este proceso, que se expresó tanto en el magro salario docente de los años 80 y 90 como en el desánimo por tener que contener a los derrotados de un modelo de exclusión social. La degradación del eje pedagógico hizo de la escuela pública un espacio cada vez más evitado por aquellos que tenían recursos materiales o simbólicos para refugiarse en las privadas, que también se hicieron más heterogéneas socialmente.

Esta búsqueda de distinción no estuvo basada en la calidad educativa. Incluso las pruebas PISA demuestran que, controlando las variables externas a las escuelas, las públicas y privadas tienen los mismos resultados en la Argentina. Lo que llevó a la elección de las privadas fue más la necesidad de unirse en colectivos de pertenencia social compartida.

El ausentismo y los paros docentes -que sugestivamente se realizan en las escuelas públicas pero no en las privadas, pese a que ambas se benefician de las mejoras salariales- también dejaron su huella como causa del pasaje. Esto incluso comienza a ser debatido seriamente en la actualidad.

La buena noticia para quienes pensamos en la escuela pública como un bastión a recuperar es que el pasaje se frenó en 2010. El impacto de Conectar Igualdad y un incipiente rescate de las políticas pedagógicas -en el currículum, la capacitación, la supervisión y la evaluación- comienzan a sentirse en las escuelas.

La mejora de la inversión educativa y de los salarios docentes cimentaron estas condiciones. Pero no basta con estas fuerzas para recomponer lo desarticulado. Es imperioso volcar las prioridades en las capacidades docentes para fortalecer la escuela pública. Y dar las necesarias batallas por la distribución de la riqueza, verdadera base de un sistema educativo más justo.

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Axel Rivas (en www.tedxriodelaplata.org)

Es un defensor de la educación pública como vehículo de justicia social y desde hace 15 años trabaja para reducir las inmensas desigualdades educativas en América Latina y en el federalismo argentino. Desde 2002 es Director del Programa de Educación de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), una organización sin fines de lucro dedicada a mejorar el funcionamiento del Estado.

Está a punto de doctorarse en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego de pasar un año en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA y Máster en Ciencias Sociales y Educación de FLACSO-Argentina.

Es profesor de materias de política educativa en las Universidades de San Andrés, Di Tella, FLACSO, Alberto Hurtado de Chile y Pedagógica de la Provincia de Buenos Aires y desde hace más de 10 años es docente de Sociología de la Educación en la UBA.

Publicó seis libros y decenas de artículos sobre política comparada de la educación. Ganó el Concurso Anual de la Academia Nacional de Educación 2009, entre otros premios por su trayectoria en la investigación educativa.

Coordinó diversas iniciativas de investigación, monitoreo y asistencia técnica para la mejora educativa en la mayoría de las provincias argentinas. Una muestra de su trabajo cotidiano puede verse en el blog Nexos, que resume un proyecto de más de cinco años para transformar la política educativa en pos de la justicia distributiva: http://nexos.cippec.org

Raquel San Martín / Fuga a la escuela privada en la era K

(Publicado en La Nación, 2.9.2012)

El discurso oficial de recuperación de la educación pública se ve cuestionado por las cifras: de todos los alumnos que se incorporaron a la educación privada desde 1994, el 60% lo hizo en el período kirchnerista. Por qué, pese al abultado presupuesto, los padres cambian guardapolvos por uniformes para sus hijos

De escalera al futuro a espacio de supervivencia, de escenario de la diversidad social a un lugar donde todos se parecen, la escuela pública en la Argentina sufrió en la última década el deterioro del que es más difícil salir: la percepción negativa -o, al menos, preocupada- de buena parte de la sociedad, que en números crecientes busca refugio en la educación privada para sus hijos.

En efecto, aunque se suele adjudicar al neoliberalismo menemista la destrucción de la escuela pública, y a la era kirchnerista la recuperación de la educación estatal, el fenómeno de los alumnos que migran a la educación privada se aceleró durante los años de gobierno K. De los 850.000 nuevos alumnos incorporados a la educación privada entre 1994 y 2010 en el país, el 60% pasó después de 2003. Según muestra un trabajo de Mariano Narodowski -ex ministro de Educación porteño- y Mauro Moschetti, ambos investigadores de la Universidad Torcuato Di Tella, sobre la base de datos oficiales, entre 2003 y 2010, tiempo de gobiernos kirchneristas, aumento presupuestario para educación, entrega de netbooks y mejoras en la infraestructura escolar, esta “fuga” a las escuelas privadas se triplicó con respecto a los años 90: pasó del 7% que había mostrado entre 1994 y 1999 al 20,7% entre 2003 y 2010.

Este tránsito a las escuelas privadas -particularmente por parte de familias de clase media baja, que prefieren pagar una cuota accesible en escuelas parroquiales o privadas más económicas en lugar de mandar a sus hijos a la escuela pública de sus barrios- pone en evidencia un debate nunca profundizado: por qué el aumento de recursos para educación dispuesto desde 2003 y las leyes educativas modernizadoras de este gobierno no han logrado impactar en la vida de las escuelas ni reducir las desigualdades educativas.

Al cambiar el guardapolvo por el uniforme, los padres no buscan tanto que sus hijos aprendan mejor matemática o inglés, sino que lo hagan en días de clase que no se interrumpan por paros o ausencias docentes, con disciplina y mayor atención a cada chico, en instalaciones con gas y sin problemas. Significa, en otras palabras, escapar de una escuela pública que se percibe sin orden ni demasiado control, más insegura, que en los contextos más pobres deja entrar la violencia y la amenaza de la droga, y que no asegura el aprendizaje. Que la escuela pública aparezca hoy como centro de disputas entre adoctrinamiento político o participación, entre parodia o libre expresión, no hace mucho para cambiar esas percepciones.

“Durante un tiempo, los que se pudieron ir de la escuela estatal se fueron; ahora, es cada vez menos una opción para ingresar en el sistema”, apunta a La Nacion Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP) y aporta una cifra: en 2003, el 22,5% de los chicos empezaba primer grado en una escuela privada; el año pasado, lo hizo el 38,9%. “La educación es más que entregar computadoras y dar inglés. Es saber que todos los días alguien recibe a los chicos, que tienen clases, que las escuelas funcionan. En los sectores más pobres, las escuelas privadas tienen un nivel de orden que las familias necesitan”, dice.

La mirada tiene su parte de injusticia, claro: ni todas las escuelas públicas responden a este retrato, ni todas las privadas garantizan lo contrario. Pero la existencia de esta idea, que está instalada, es una señal de alarma: el lazo de lealtad que unía a la clase media y la escuela pública está roto, y por la peor de las razones: la desconfianza.

Según datos del Ministerio de Educación, en 2003, el 74,9% de los alumnos asistía a escuelas públicas; en 2006, lo hacía el 73,2%, y en 2010, el número se había reducido al 72%. Si se mira sólo la matrícula de las escuelas primarias, el descenso es más abrupto: del 79,4% en 2003 pasó al 78,6% en 2006 y al 75,1% en 2010.

Las escuelas privadas más demandadas son las que tienen cuotas más reducidas, en zonas de clase media y media baja, en el conurbano. No son pocas: aunque las casi 11.600 escuelas privadas del país tienen un abanico de cuotas que va desde 20 a 5000 pesos por mes, casi el 40% de ellas cobra menos de 500 pesos.

Palabra de los padres

La idea se confirma en las escuelas. En el Sagrado Corazón, en el centro de San Martín -de jardín a secundaria- no dejan de llegar alumnos de escuelas públicas. “Es gente que con esfuerzo prefiere mandar a sus hijos a un privado para que tengan continuidad de clases y apuestan a la educación como lo único que pueden dejarles”, señala Mónica Pérez, directora del nivel primario, donde asisten 412 alumnos que pagan unos 270 pesos por mes.

Lo mismo sucede en el Colegio Sarmiento, de Ramos Mejía, un secundario de dimensiones pequeñas y cuota accesible (400 pesos), donde en los últimos tres años han recibido incluso grupos de estudiantes de escuelas públicas de la zona. “La cuota es de las menos caras, pero a la vez los padres vienen buscando una mejor educación en términos generales, que incluya disciplina, un trato más personalizado, días de clase que se cumplen”, apunta el director, Sergio Laurenza.

En Mataderos, el Colegio Evangélico Nueva Chicago recibe a muchos padres que, al cambiar allí a sus hijos, “mencionan el ambiente y la violencia en las escuelas estatales, y dicen que buscan una mirada más atenta del docente. Otros notan, en conversaciones con familiares y amigos, que hay diferencias en el aprendizaje de sus hijos”, explica Aimy González, la directora de la escuela, con 270 alumnos -algunos del conurbano, otros de Ciudad Oculta, dice- y una cuota de 590 pesos. “Somos la única escuela con este régimen en la zona. Son 8 horas en la escuela y eso es muy valorado”, afirma.

También piensan en ampliaciones en el colegio San Martín de Porres, cercano a un barrio muy humilde en San Martín. Abarca desde jardín maternal a secundaria, e incluye primario y secundario de adultos. La cuota cuesta 70 pesos por mes. “Cada nivel se fue abriendo para responder a una necesidad del barrio. No creo que nos elijan en desmedro de las estatales. Estamos todas a disposición. Aquí llegan, a veces, cuando no hay vacantes en las estatales más cercanas, aunque es cierto que nos reconocen porque trabajamos bien desde lo pedagógico y seguimos de cerca a los alumnos”, apunta la directora del primario, Graciela Ibieta.

No es fácil ampliarse. Para las escuelas privadas -un universo heterogéneo y algo opaco para los padres que deben tomar decisiones-, hacer frente a la demanda creciente no es fácil. “Hay zonas en la que ya no puede crecer la oferta. En Capital o Gran Buenos Aires, poner una escuela privada nueva, a los valores de terrenos, es prácticamente imposible. Sí se puede ampliar un edificio, pero es prohibitivo comprar terrenos”, apunta Andrés Sirotzky, director de la consultora Redes, que trabaja con colegios privados.

Esta sensación de orden se contrapone a la incertidumbre que generan muchas escuelas públicas. “En estos años la plata se fue en salarios, libros y edificios, pero hay un problema de clima escolar”, apunta Iaies. Se refiere, por ejemplo, a la dificultad de que en las escuelas públicas se generen equipos de trabajo estables en el tiempo. El Observatorio de la Educación Básica, integrado por el CEPP y la UBA, realizó una encuesta en directivos y docentes de 550 escuelas de todo el país. Mientras que en las primarias estatales el 50% de los directores tiene 5 años o menos de antigüedad, en el sector privado el 51% cuenta 16 años o más en el cargo, y mientras el 62% de los docentes estatales están en su cargo hace 5 años o menos, está en esa situación el 42% de los privados.

La calidad educativa en las escuelas públicas, al parecer, ya no es un producto del sistema, sino el logro institucional de algunos colegios, por propio impulso. Y la mayoría de los mejores no están en las zonas más desfavorecidas. Así, en la Argentina desigual la situación se da vuelta: si para un sector de la clase media, elegir una escuela pública -”una buena”, se suele aclarar-, puede ser un signo de progresismo que se remarca en público, para los que hacen esfuerzos para no caer del sistema, la escuela privada puede ser la diferencia entre “salvar” a un hijo o condenarlo al descenso social.

Hay quienes sostienen, sin embargo, que este pasaje de alumnos es, al revés, un efecto del crecimiento económico. “Lo que explica el crecimiento de la educación privada es la mejor capacidad de consumo de los sectores medios. Cuando el ingreso de los sectores medios y medios bajos mejora, eso se destina a alimentación y educación”, dice el senador oficialista Daniel Filmus, ex ministro de Educación. Si se creyera que la educación pública es buena, ¿no se la elegiría aún con capacidad de pago? “Cuando se elige una escuela privada porque se cree que allí hay mejor calidad educativa, hay una cuestión cultural que va a costar cambiar. Con las políticas de inversión, netbooks o infraestructura se trabaja para modificar eso.”

Algo parecido opinan en el gobierno porteño. En la ciudad de Buenos Aires, las cifras de matriculación en escuelas estatales muestran que, tras caer sostenidamente desde 2003 a 2008 -de 335.240 chicos a 312.192 para todos los niveles-, en ese año comenzó una recuperación. “Tiene que ver con la política de trabajo de más oferta en el nivel inicial, idioma inglés obligatorio, y el Plan Sarmiento de reparto de computadoras con un plan pedagógico que las acompaña. Esas políticas instalan en el imaginario de los papás que la escuela pública no está en inferioridad de condiciones”, dice Silvia Montoya, directora general de Evaluación de la calidad educativa del Ministerio de Educación porteño.

La distinción público-privado, sin embargo, también puede ser engañosa. “No sólo hay segregación dentro del sector privado, en función de las cuotas, sino dentro del sector público. Se ha vuelto natural que los supervisores sepan que en un distrito hay escuelas estatales buenas, otras donde van los repitentes, otras pobres. Eso, en un contexto de fragmentación social y sin políticas para contrarrestar las prácticas de selección que hay en escuelas públicas y privadas”, dice Cecilia Veleda, codirectora del Programa de Educación de Cippec y autora del libro La segregación educativa (La Crujía).

En el libro, recogió las representaciones de padres de clase media sobre la escuela en zonas del conurbano. “Encontré una abierta preferencia por el sector privado, pero con diferentes fundamentaciones. En la clase media baja, se cree que garantiza las condiciones básicas de escolarización, asegura buen trato y cuidado de los chicos, y los preserva del contacto con las familias más pauperizadas -dice-. En la clase media media, además, aparece una afinidad cultural con el resto de los padres. Y en la clase media alta, se habla de ‘calidad educativa’, que en general equivale a un buen nivel de inglés.”

Desconfiar del Estado

Al tratar de explicar por qué, en diez años, las políticas oficiales no parecen estar impactando en las percepciones sobre las aulas, se cita una crisis de confianza más general en la eficiencia del Estado, que pasó por los hospitales y la seguridad para desembocar en el último bastión de la Argentina de la movilidad social: la escuela. “La crisis de 2001 generó una gran fractura que rompió los lazos sociales y que no fue contrarrestada por el crecimiento económico, sobre todo en los contextos más complejos”, agrega Veleda. “A pesar de todas las políticas valiosas de estos años, la deuda de la calidad educativa sigue presente. Hacen falta políticas más incisivas, como mejorar el sistema de evaluación, los concursos de acceso a los cargos jerárquicos en las escuelas, la formación de docentes.”

Esta división en escuelas cada vez más iguales tiene consecuencias. “Si la educación pública no es un espacio clave para el encuentro entre sectores sociales, se reducen proporcionalmente las posibilidades de garantizar ciertos niveles de integración social”, advierte Veleda, y apunta otro efecto: “Los países con más diversidad social logran mejores resultados educativos. Los alumnos también aprenden del grupo. Cuando hay más homogeneidad social en un aula, los chicos más desfavorecidos se perjudican ampliamente.”

Según apunta el ex ministro de Educación Juan Llach, “aun dentro del sector estatal hay diferencias abismales entre escuelas. En la prueba PISA, la Argentina resultó ser el país -entre 67- en el que las diferencias de aprendizajes de los alumnos están más determinadas por las desigualdades entre escuelas. Hay una inexplicable resistencia de las autoridades educativas a dar real prioridad a las zonas que más lo necesitan”.

Mientras tanto, si usted, como muchos argentinos, cree que la educación en el país es mala, pero la que recibe su hijo es muy buena, piense otra vez. Creer que en la Argentina un chico se salva por ir a la escuela privada puede ser un error. Nadie se salva en un país fragmentado y con puentes rotos para cruzar a un lugar mejor.

EN CIFRAS

Menos guardapolvos

En los últimos diez años, descendió el porcentaje de chicos en las escuelas públicas, una disminución aún más pronunciada en el nivel primario. Más de un cuarto de los alumnos argentinos va a una escuela privada.

2003: 74, 9%
en 2006: 73,2%
2010: 72%

MAS UNIFORMES

Las cifras de crecimiento de la cantidad de alumnos en escuelas privadas muestran que durante los años de gobiernos kirchneristas la matrícula creció a una tasa tres veces mayor que en los años 90.

1994/1999: 7,3 %
1999/2001: 7%
2001/2003: 0,9%
2003/2010: 20, 7

* * *

Raquel San Martín es Magíster en Periodismo y Sociedades de la Información (Universidad Autónoma de Barcelona),
Diplomada en Antropología social y Cultural por FLACSO, con una maestría en esa área actualmente en curso y Licenciada en Periodismo con Diploma de Honor (Universidad del Salvador). Es Profesora de la Licenciatura en Comunicación Periodística y Miembro del Consejo Asesor (Universidad Católica Argentina). Materias que dicta: Introducción al Periodismo y Redacción Periodística.

Investigación / Actividades profesionales y creativas:

  • En el campo profesional es, actualmente, tercera editora y redactora a cargo de temas universitarios y educativos en el diario La Nación, Sección Cultura, y responsable de suplementos especiales sobre educación.
  • Realiza reseñas bibliográficas sobre ensayos de ciencias sociales, arte, filosofía y antropología.
  • Tuvo a su cargo la redacción de notas y edición del suplemento Empleos, en el mismo diario, y realizó informes especiales y notas sobre temas de publicidad y marketing para la revista Mercado.
  • Coordinó la investigación periodística para el libro “Campo Santo” de Fernando Almirón (Editorial 21, abril 1999).

Publicaciones:

La idea del lector en los periodistas: ¿ciudadano, consumidor o fuente de demandas?. Colección Investigación ICOS N° 4, Educa, Buenos Aires, 2008.

Periodismo en los márgenes. Qué piensan los periodistas sobre su trabajo y sus lectores, en: Foro de Periodismo Argentino (comp.), Periodismo de calidad: debates y desafíos, La Crujía, Buenos Aires, 2007.

Periodistas argentinos critican su trabajo, en: Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, Nro. 97, marzo 2007, CIESPAL, Quito, Ecuador.

La dimensión política del periodismo: una garantía para la democracia, en: Revista Question, Nro. 11, invierno 2006, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, Universidad Nacional de La Plata.

Medios y universidad: la recuperación de la presencia pública, Ensayo en: Rol de la universidad en época de crisis (compilación de exposiciones de panelistas), Universidad Nacional de Tucumán, diciembre de 2002.

William Shakespeare / Twelfth Night, or What you will (1601) Noche de Epifanía, o Lo que queráis

La comedia Twelfth Night (or What you will) fue escrita por William Shakespeare entre 1600 y 1601. El título hace alusión a Twelfth Day, el 6 de enero, día de Reyes, festividad de la Epifanía.

El conde Orsino, duque de Iliria, está enamorado de Olivia, una doncella virtuosa cuyo padre murió hace nueve meses. Pero Olivia también está de duelo por otro fallecimiento más reciente, el de su querido hermano. Por lo tanto ha decidido enclaustrarse durante siete años y llevar un velo sobre su rostro.

Viola, una dama, se salvó de un naufragio junto a algunos miembros de su séquito y desconoce si un hermano suyo que viajaba con ella ha sobrevivido. A consecuencia de haber sobrevivido llegó a los dominios del conde Orsino, de quien había oído que tiene un carácter noble y está soltero. Interesada por llegar al conde y conquistar su corazón, primero considera entrar al servicio de Olivia pero de incógnito. Desestima esa posibilidad y luego decide servir a Orsino disfrazada de hombre, como eunuco, bajo el nombre de Cesario.

María, doncella de Olivia, elabora un plan para hacer circular falsas cartas de amor donde Olivia escribe que está enamorada de Malvolio, intendente de Olivia, para entusiasmarlo de amor.

Sir Tobías (tío de Olivia) y Sir Andrés Aguecheek son amigos y compañeros de juerga.

Pero Olivia está fascinada con Cesario (Viola) y le declara su amor sin saber que es una mujer. Sir Andrés (entusiasmado de amor por Olivia) es testigo oculto de esta declaración. Se lo comenta a Sir Tobías y éste le sugiere que desafíe a Cesario a batirse a duelo con la excusa de una falsa ofensa.

A todo esto, Sebastián, el hermano de Viola también se ha salvado del naufragio pero piensa que su hermana ha muerto. Y llega a los dominios de Orsino junto con Antonio, capitán de navío.

* * *

ORSINO: Si la música es el alimento del amor, tocad siempre, saciadme de ella, para que mi apetito, sufriendo un empacho, pueda enfermar, y así morir. ¡Repetid ese trozo! Tiene una lánguida cadencia. ¡Oh! Vibra en mis oídos como el suave susurro que sopla sobre un bancal de violetas, arrebatando y, a la vez, dando perfume. ¡Basta! No más. Eso no es ya tan melodioso como lo de antes. ¡Oh espíritu del amor! ¡Qué vivacidad y qué frescor hay en ti! Tu capacidad, no obstante, es inmensa como el océano, donde nada cae, sea cual fuere su valor y su talla, sin que entre en disminución y pierda precio en un minuto. Tan fecunda en formas cambiantes es la fantasía, no más que elevación imaginaria.

(Acto I, escena 1)

BUFÓN: Los locos se parecen a los maridos como las sardinas a los arenques; solo que los maridos son más gruesos.

(Acto III, escena 1)

VIOLA: La locura que se manifiesta por palabras sensatas es ingeniosa, mientras que los sensatos, si se vuelven locos, pierden para siempre su cordura.

(Acto III, escena 1)

* * *

William Shakespeare fue bautizado el 26 de abril de 1564 (se desconoce su fecha de nacimiento) en Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Inglaterra y falleció el 23 de abril de 1616 también en Stratford-upon-Avon.

Obras (de en.wikipedia.org) (en muchos casos los años de escritura son aproximados):

Obras de teatro:

Las obras están aquí según el orden que se les dió en el First Folio de 1623. Las que están señaladas con un asterisco (*) son conocidas habitualmente como los “romances” (según el término original inglés). Las señaladas con dos asteriscos (**) a veces son denominadas como “problem plays” (obras de problemas).

Comedias:

The Tempest * (1610-1611) (La tempestad)
The Two Gentlemen of Verona (1598-1591) (Los dos hidalgos de Verona)
The Merry Wives of Windsor (1597-1598) (Las alegres casadas de Windsor)
Measure for Measure ** (1603-1604) (Medida por medida)
The Comedy of Errors (1592-1594) (La comedia de las equivocaciones)
Much Ado About Nothing (1598-1599) (Mucho ruido y pocas nueces)
Love’s Labour’s Lost (1594-1595) (Trabajos de amor perdidos)
A Midsummer Night’s Dream (1595) (Sueño de una noche de verano)
The Merchant of Venice ** (1596) (El mercader de Venecia)
As You Like It (1599-1600) (A vuestro gusto)
The Taming of the Shrew (1590-1591) (La doma de la bravía)
All’s Well That Ends Well ** (1601-1608) (A buen fin no hay mal principio)
Twelfth Night (1600-1601) (Noche de Epifanía)
The Winter’s Tale * (1609-1610) (El cuento de invierno)
Pericles, Prince of Tyre * (1607) (no incluída en el First Folio) (Pericles, Príncipe de Tiro)
The Two Noble Kinsmen (1613-1614) * (no incluída en el First Folio) (Los dos nobles caballeros)

Historias:

King John (1596) (La vida y muerte del Rey Juan)
Richard II (1595) (Ricardo II)
Henry IV, Part 1 (1596-1597) (Enrique IV, primera parte)
Henry IV, Part 2 (1597-1599) (Enrique IV, segunda parte)
Henry V (1599) (Enrique V)
Henry VI, Part 1 (1588-1592) (Enrique VI, primera parte)
Henry VI, Part 2 (1590-1591) (Enrique VI, segunda parte)
Henry VI, Part 3 (1590-1591) (Enrique VI, tercera parte)
Richard III (1592-1593) (Ricardo III)
Henry VIII (1613) (La famosa historia de la vida del Rey Enrique VIII)

Tragedias:

Troilus and Cressida ** (1602) (Troilo y Crésida)
Coriolanus (1608) (Coriolano)
Titus Andronicus (1591-1592) (Tito Andrónico)
Romeo and Juliet (1595-1596) (Romeo y Julieta)
Timon of Athens (1605-1606) (Timón de Atenas)
Julius Caesar (1599) (Julio César)
Macbeth (1603-1606) (La tragedia de Macbeth)
Hamlet (1599-1601) (Hamlet, Príncipe de Dinamarca)
King Lear (1603-1606) (El Rey Lear)
Othello (1603-1604) (Otelo, el moro de Venecia)
Antony and Cleopatra (1601-1608) (Antonio y Cleopatra)
Cymbeline * (1610-1611) (Cimbelino)

También escribió 154 sonetos y los poemas narrativos Venus and Adonis (Venus y Adonis), The Rape of Lucrece (La violación de Lucrecia), A Lover’s Complaint (Querellas de un amante), The Phoenix and the Turtle (El fénix y la tórtola; “turtle” no es la tortuga sino que es la tórtola, “turtledove”) y The Passionate Pilgrim (El peregrino apasionado).

Ben X (2007)

Ben X (2007) es una película coproducida por Bélgica y Holanda. Está dirigida por Nic Balthazar y basada en su propio libro Nothing was all he said (Nada fue todo lo que él dijo).

El título de la película alude a la frase en holandés “(ik) ben niks”, que significa “(yo) no soy nada”.

* * *

Ben es un adolescente distinto. Asiste a la escuela como cualquier otro chico, pero no se relaciona casi con ninguno de sus compañeros. Es muy callado también con su madre y su hermano. Pero Ben sufre de acoso escolar, bullying, es hostigado y ridiculizado, lo cual acentúa su ensimismamiento. Y no tiene manera de defenderse.

Su única comunicación es a través del Archlord, un MMORPG (Massively multiplayer online role-playing game, juego de video on line para múltiples jugadores con actuaciones de rol). Ha llegado a un nivel altísimo en ese juego y allí interactúa con Scarlite, una chica que es la única que ha llegado también a ese nivel.

Scarlite un día decide encontrarse con Ben en la estación del tren.

Ben percibe una realidad donde se mezclan visiones de lo que hace en el Archlord, lo que le dice su madre, sensaciones de miedo y sobresalto, ruidos, las agresiones de dos de sus compañeros y sus pensamientos.

La manera en que el director ha sabido llevar al lenguaje cinematográfico esta historia es fascinante, aunque suene raro decir “fascinante” de algo tan cruel como lo que vive Ben. (Un detalle: suceden cosas hasta diez segundos antes de terminar el film)

Esta fue la segunda vez que la vi. Y me sigue pareciendo excelente, subyugante, crítica, impactante.

* * *

Actúan Greg Timmermans (Ben), Marijke Pinoy (la madre), Cesar De Sutter (Jonas), Bavo Smets (Ben a los 6 años), Laura Verlinden (Scarlite), Tom van Bragt (Ben a los 12 años), Rebecca Lenaerts (maestra), Maarten Claeyssens (Desmet), Titus De Voogdt (Bogaert), Pol Goossen (el padre).

Massive Attack & Madonna / I Want You (1995) Te quiero

Tema incluido en el album de Massive Attack Rarities (B-Sides, Colaboraciones, Demos, Unreleased Tracks, Nuevos Temas en Vivo, 6 CD, 2009) y en el album recopilatorio de Madonna Something To Remember (1995). Producido por Massive Attack, es una nueva versión de un tema que cantaba Marvin Gaye.

Te quiero de la forma correcta / Te quiero, pero quiero que me quieras también / Quiero que me quieras nene / Sólo como yo te quiero / / Te daré todo el amor que quiero a cambio / Pero la mitad de un amor es todo lo que siento, dulce cariño  / Es una pena, es demasiado triste / Tú no me quieres más / Pero yo voy a cambiar tu opinión / De alguna manera, de algún modo / / Te quiero de la forma correcta / Te quiero, pero quiero que me quieras también / Quiero que me quieras nene / Sólo como yo te quiero / / El amor en un sólo sentido es sólo una fantasía / Compartir es precioso, puro y justo / No juegues con algo que deberías atesorar de por vida / Oh nene, ¿no te importará? / ¿No es solitario por ahí? / / Te quiero de la forma correcta / Te quiero, pero quiero que me quieras también / Quiero que me quieras nene / Sólo como yo te quiero / / Te quiero, pero quiero que me quieras también / Quiero que me quieras nene / Sólo como yo te quiero / / Te quiero, la forma correcta / Quiéreme, nene / No juegues con algo / Que deberías atesorar de por vida.

I want you the right way / I want you, but I want you to want me too / Want you to want me baby / Just like I want you // I’ll give you all the love I want in return / But half a love is all I feel, sweet darling / It’s too bad, it’s just too sad / You don’t want me no more / But I’m gonna change your mind / Some way, somehow // I want you the right way / I want you, but I want you to want me too / Want you to want me baby / Just like I want you // One way love is just a fantasy / To share is precious, pure and fair / Don’t play with something you should cherish for life / Oh baby, don’t you wanna care? / Ain’t it lonely out there? // I want you the right way / I want you, but I want you to want me too / Want you to want me baby / Just like I want you // I want you the right way / I want you, but I want you to want me too / Want you to want me baby / Just like I want you // I want you, the right way / Want me, baby / Don’t play with something / You should cherish for life.

Examen final

(Traducción del artículo Ultimate test, en komplexify.com)

En honor al final del semestre, le presento el siguiente examen para hacer en clase. Me han dicho que usted puede encontrar esto en “The Big Book of Humor New American” de William Novak.

INSTRUCCIONES
Lea cada uno de los siguientes quince problemas atentamente. Responda todas las partes de cada problema.
Límite de tiempo: 4 horas. Comience inmediatamente.

1. HISTORIA
Describa la historia del papado desde sus orígenes hasta la actualidad, centrándose especialmente, pero no exclusivamente, en su impacto social, político, económico, religioso y filosófico en Europa, Asia, América y África.
Sea breve, conciso y específico.

2. MEDICINA
Se le ha provisto de una navaja de afeitar, un pedazo de gasa y una botella de whisky. Extraiga su apéndice.
No suture hasta que su trabajo haya sido inspeccionada. Usted tiene 15 minutos.

3. HABLAR EN PÚBLICO
2500 aborígenes locos de motines están atacando el aula. Cálmelos. Usted puede utilizar cualquier idioma antiguo excepto latín o griego.

4. BIOLOGÍA
Cree vida. Estime las diferencias en la cultura humana subsiguiente si esta forma de vida se habría desarrollado 50 millones de años antes, con especial atención a su probable efecto en el sistema parlamentario inglés. Ponga a prueba su tesis.

5. MÚSICA
Escriba un concierto de piano. Orquéstelo y ejecútelo con flauta y tambor. Encontrará un piano debajo de su escritorio.

6. PSICOLOGÍA
En base a su conocimiento de sus obras, evalúe la estabilidad emocional, el grado de ajuste y las frustraciones reprimidas de cada uno de los siguientes: Alejandro de Afrodisia, Ramsés II, Gregorio de Nicea, y Hammurabi.
Apoye su evaluación con citas de la obra de cada uno de los hombres, haciendo referencias apropiadas. No es necesario traducir.

7. SOCIOLOGÍA
Estime los problemas sociológicos que pueden acompañar al fin del mundo. Construya y experimente para probar su teoría.

8. INGENIERÍA
Las piezas desmontadas de un rifle de alta potencia se han colocado en su escritorio. Usted también encontrará el manual de instrucciones, impreso en Swahili. En diez minutos un hambriento tigre de Bengala será admitido en la habitación. Tome cualquier acción que considere apropiada. Esté preparado para justificar su decisión.

9. ECONOMÍA
Desarrolle un plan realista para la refinanciación de la deuda nacional. Trace los posibles efectos de su plan en las siguientes áreas: el cubismo, la controversia donatista y la teoría ondulatoria de la luz. Describa un método para la prevención de estos efectos. Critique este método desde todos los puntos de vista posibles. Señale las deficiencias en su punto de vista, como se demuestra en su respuesta a la última pregunta.

10. CIENCIAS POLÍTICAS
Hay un teléfono rojo en el escritorio a su lado. Comience la III Guerra Mundial. Informe ampliamente sobre sus efectos socio-políticos, si tuviera alguno.

11. EPISTEMOLOGÍA
Tome una posición a favor o en contra de la verdad. Demuestre la validez de su posición.

12. FÍSICA
Cree un pequeño agujero negro que gira rápidamente. Investigue e informe sobre sus efectos en las propiedades opto-eléctricas del Seaborgium (elemento Nº 106). Limpie su experimento después de que haya terminado.

13. FILOSOFÍA
Trace el desarrollo del pensamiento humano y estime su importancia.
Compare con el desarrollo de cualquier otro tipo de pensamiento.

14. ASTRONOMÍA
Defina el universo. De tres ejemplos.

15. CONOCIMIENTO GENERAL
Describa en detalle. Sea objetivo y específico.

David Fiuczynski & John Medeski (1994) Lunar Crush

Tres temas de Lunar Crush (1994), excelente álbum de fusión. Todos músicos virtuosos jugando con la música y los ritmos, aprovechando al máximo cada uno de los instrumentos. Genial.

1. Vog / 2. Pacifica / 3. Gloria Ascending / 4. Pineapple / 5. Quest / 6. Freelance Brown / 7. Slow Blues for Fuzy’s Mama / 8. Lillies That Fester… / 9. 122 St. Marks / 10. Fima’s Sunrise
Todos los temas compuestos por David Fiuczynski.

Guitarra: David Fiuczynski
Teclados: John Medeski
Bajo: Fima Ephron
Batería: Gene Lake (temas 1, 3 a 8), Jojo Mayer (temas 2, 9 y 10)

David “Fuze” Fiuczynski nació el 5 de marzo de 1964 en EEUU.
Es el líder de Screaming Headless Torsos y David Fiuczynski’s KiF, e integrante de Hasidic New Wave. Ha tocado en más de 95 albums como músico de sesión, líder o miembro de bandas.

Anthony John Medeski nació el 28 de junio de 1965 en Louisville, Kentucky, EEUU.
Discografía:
Notes from the Underground (1992)
It’s a Jungle in Here (1993)
Friday Afternoon in the Universe (1995)
Shack-man (1996)
Farmer’s Reserve (1997)
Bubblehouse (1997)
Combustication (1998)
Combustication Remix EP (1999)
Last Chance to Dance Trance (Perhaps) (1999)
Tonic (2000)
The Dropper (2000)
Electric Tonic (2001)
Uninvisible (2002)
End of the World Party (Just in Case) (2004)
Note Bleu: Best of the Blue Note Years 1998-2005 (2006)
Let’s Go Everywhere (2008)
Zaebos: Book of Angels Vol.11 (2008)
The Radiolarian Series (2008-9)
20 (2011)

Albums con John Scofield
A Go Go (album de John Scofield con MMW) (1998)
Out Louder (como Medeski Scofield Martin & Wood) (2006)
Blue Plate Special (album) (album de Will Bernard como John Medeski) (2008)
In Case the World Changes It’s Mind (album en vivo como Medeski Scofield Martin & Wood) (2011)

Joanna Lurie / Le silence sous l’écorce (2010) / El silencio bajo la corteza

En www.myfrenchfilmfestival.com: “Tras estudiar en la Escuela de Oficios de la Creación Infográfica y en la Escuela de Oficios del Cine de Animación de Francia, Joanna Lurie debuta en la publicidad y en la fotografía antes de lanzarse al mundo de la animación, en el que combina la dirección de obras propias, como “El silencio bajo la corteza”, que ha recibido una excelente acogida, con el trabajo en estudios de animación.”

http://joannalurie.com

Wolfgang Amadeus Mozart / Fantasía en Re menor K. 397

Glenn Herbert Gould nació en Toronto, Canadá el 25 de septiembre de 1932 y falleció el 4 de octubre de 1982 en Toronto.
La lista de grabaciones de Glen Gould está aquí.

Wolfgang Amadeus Mozart (Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart) nació el 27 de enero de 1756 en Leipzig, Sacro Imperio Romano Germánico (actual Austria) y falleció el 5 de diciembre de 1791 en Viena, Sacro Imperio Romano Germánico (actual Austria).
La lista de obras de Mozart según el catálogo creado por Ludwig von Köchel en 1862 está aquí.

Le papillon (2002) / La mariposa

Le papillon es una película francesa del año 2002, escrita y dirigida por Philippe Muyl.

Es la relación especial entre Elsa y Julien. Elsa es una niña de unos 9 años, que se muda junto con su familia al lado de donde vive Julien, un señor mayor solo. Aunque no tan solo, ya que una de las habitaciones de su casa es un lugar lleno de vegetación donde viven cientos de mariposas, ya que las colecciona.

Un día Elsa llega del colegio pero no tiene las llaves para entrar a su casa y su mamá tarda en llegar. Julien se ofrece a darle hospedaje, pero ante la persistente ausencia de su madre, ella decide acompañarlo a la montaña para buscar un ejemplar de una especie rara de mariposa.

Ese viaje y el vínculo entre ambos serán una experiencia inolvidable para los dos.

Claire Bouanich (como Elsa) es una actriz maravillosa. Su personaje es tan espontáneo y tierno que parece que no estuviera actuando y Michel Serrault (Julien) la acompaña de manera magistral, soportando el asombro y las preguntas y reflexiones incómodas de Elsa.

Julien Green / Cristina

La carretera de Fort-Hope sigue, poco más o menos, una línea negra de los arrecifes de los que está separada por unas fajas negras de tierra llanas y desnudas. Un cielo nuboso pesa sobre este triste paisaje que no destaca el brillo de ninguna vegetación, si no es, a trechos, el verde indeciso de una hierba pobre. Se advierte a lo lejos una larga mancha espejeante y gris: es el mar.

Teníamos la costumbre de pasar en verano en una casa construida sobre un promontorio, bastante retirada de la carretera. En América, donde la antigüedad es tan reciente, era considerada como muy antigua y veíase, en efecto, en medio de una viga de la fachada, una inscripción atestiguando que había sido construida en 1640, en la época en que los peregrinos establecían a machetazos el reino de Dios en estas regiones bárbaras. Fuertemente asentada en una de las rocas oponía el frenesí de los vientos, que soplaban desde alta mar, sólidas paredes de piedra lisa y un peñón rudimentario que hacía pensar en la proa de un navío. Sobre un tragaluz leíanse estas palabras, grabadas en la materia más dura que existía en el mundo, el sílex de Rhode Island: Confía sólo en Dios.

No hay aspecto de la vieja casa puritana del cual mi memoria no haya grabado una imagen precisa, mueble del cual mi mano no encontrase en seguida las mismas alegrías de otros tiempos y los mismos terrores, siguiendo los largos pasillos de techos bajos y leyendo encima de las puertas, que un brazo infantil apenas mueve, los preceptos en letras góticas, entresacados del libro de los Salmos.

Recuerdo que todas las piezas parecían estar vacías, tan espaciosas eran, y que la voz en ellas tenía un sonido que estaba ausente en la ciudad, en la casa que habitábamos en Boston. ¿Era un eco? Parecía golpear las paredes y se tenía la impresión de que alguien al lado repetía el final de las frases. Al principio esto me entretenía y se lo hice observar a mi madre, que me aconsejó que no me preocupase, pero tuve ocasión de observar que ella también hablaba aquí menos de lo que acostumbraba y en voz baja.

El verano en que cumplí trece años fue señalado por un acontecimiento bastante extraño y tan penoso que nunca he podido llegar a aclarar todo su misterio, pues me parece que debía contener aún más tristeza de lo que había creído. ¿No es preferible, algunas veces, dejar tranquila la verdad? Y si esta prudencia no es muy arrogante, en casos como el que va a verse es ciertamente más conveniente que un temerario espíritu de investigación. Tenía, pues, trece años cuando mi madre me anunció, una mañana de agosto, la llegada de mi tía Judith. Se trataba de una persona algo enigmática y a la que no veíamos casi nunca porque vivía muy lejos de nosotros, en Washington. Sabía que había sido muy desgraciada y que, por razones que no me explicaron, no había podido casarse. No la quería. Su mirada un poco fija me hacía bajar los ojos y tenía una expresión malhumorada que me disgustaba. Sus rasgos eran regulares como los de mi madre, pero más duros, y una singular mueca displicente levantaba las comisuras de su boca en una semisonrisa llena de amargura.

Algunos días después, al bajar al salón, encontré a mi tía charlando con mi madre. No había venido sola: una niña de mi edad, poco más o menos, permanecía a su lado, pero de espaldas a la luz, de manera que en el primer momento no distinguí su rostro. Mi tía pareció contrariada al verme y, volviendo bruscamente la cabeza hacia mi madre, le dijo muy de prisa algunas palabras que no pude entender; luego, tocó el hombro de la chiquilla, que dio un paso hacia mí y me saludó con una reverencia. “Cristina –dijo-. Se llama Juan. Juan, da la mano de Cristina; ahora abraza a tu tía”.

Al acercarme a Cristina tuve que contenerme para no lanzar un grito de admiración. La belleza, hasta en la edad que yo entonces tenía, me había emocionado siempre con los más fuertes sentimientos, de lo que resulta una especie de combate interior, que me hace pasar, en el mismo instante, de la alegría al deseo, y de éste al desespero. Así es que deseo, y temo a la vez descubrir esta belleza que me atormenta y me arrebata que yo busco, pero con dolorosa inquietud y con el deseo secreto de no encontrarla. La de Cristina me transportó. A contraluz, sus ojos, que la sombra alrededor de los párpados agrandaba, parecían negros. La boca acusaba sobre la piel mate y pura unos contornos dibujados con fuerza. Una inmensa aureola de cabellos rubios parecía recoger en sus profundidades toda la luz que entraba por la ventana y prestaba a la frente y a las mejillas un tono casi sobrenatural. Contemplé en silencio a esta niña de la que estaba dispuesto a creer que era una aparición, si no hubiera tenido en mi mano la mano que me había tendido. Mis miradas no le había hecho bajar los ojos; parecía, en verdad, no verme, sino fijarse obstinadamente en alguien o en algo detrás de mí, hasta el punto que me hizo volverme de pronto. La voz de mi madre me hizo tornar en mí y abracé a mi tía, que se retiró seguida de Cristina.

Todavía hoy me es difícil creer en la verdad de lo que voy a describir. Y sin embargo, mi memoria es fiel y no invento nada. Ya no volví a ver más a Cristina; a lo sumo, la vi dos o tres veces, pero de la manera más imperfecta. A la hora de comer, mi tía bajó sin ella, sin ella comimos y pasó la tarde sin que ella viniera al salón. Al anochecer, mi madre me hizo llamar para decirme que me acostaría, no en el primer piso, como lo había hecho hasta entonces, sino en el segundo y lejos, por consiguiente, de las habitaciones de los invitados, que les habían sido asignadas a mi tía y a Cristina. No puedo decir lo que pasó por mí. ¡De buena gana hubiera creído que todo era una ilusión y que esta niña que pensaba haber visto no existía! Pues de otro modo, era bien cruel saber que ella respiraba en la misma casa que yo y que estaba privado de verla. Rogué a mi madre que me dijera por qué Cristina no había bajado a comer, pero tomó en el acto una expresión seria y me contestó que no me importaba saberlo y que no debía volver a hablar de Cristina a nadie. Esta extraña orden me confundió y me pregunté un instante si mi madre o yo habíamos perdido el seso. Di vueltas en mi cabeza a las palabras que había pronunciado, mas sin acertar al explicármelo de otro modo que por un malicioso deseo de atormentarme. En la cena, mi madre y mi tía pusiéronse a hablar en francés, lengua que ambas sabían muy bien, pero de la que yo no entendía palabra. Me di cuenta, sin embargo, de que se hablaba de Cristina, pues su nombre era pronunciado con bastante frecuencia en su conversación. Por fin, cediendo a mi impaciencia, pregunté bruscamente qué le había pasado a la niña que no bajaba ni a comer ni cenar. La respuesta me llegó bajo la forma de una bofetada de mi madre, que me recordó de este modo todas las instrucciones que me había dado. Mi tía había fruncido las cejas de una manera que la volvió horrible ante mis ojos. Me callé.

¿Quién era, pues, esta pequeña? Si hubiera sido menos joven y más observador habría notado, sin duda, lo que había de particular en sus rasgos. Esta mirada fija, ¿no la conocía ya? ¿Y no había visto a nadie aquel gesto indefinible que parecía una sonrisa y no lo era. Pero pensaba en otra cosa muy distinta que estudiar el rostro de mi tía y era demasiado inocente para descubrir ninguna relación entre esta mujer que me parecía monstruosa y Cristina.

Describiré rápidamente las dos semanas que siguieron, para llegar a lo más curioso de esta historia. El lector se imaginará fácilmente todo el tedio de mi soledad antes tranquila, ahora insoportable y mi pena al sentirme separado de un ser por el cual estaba seguro que hubiera sacrificado mi vida gustosamente. Varias veces vagando alrededor de la casa, me vino la idea de llamar la atención de Cristina haciéndola asomarse a la ventana, pero tan pronto como había hecho el gesto de lanzar piedrecitas contra sus cristales, cuando una voz severa me llamaba al salón: una estrecha vigilancia se ejercía sobre mí y mi plan fracasaba siempre.

Estaba cambiado: me había vuelto triste y nada me daba gusto. Ni siquiera podía leer o comprender algo que necesitase una atención sostenida. No tenía más que un pensamiento: volver a ver a Cristina. Me las arreglaba para encontrarme en las escaleras al paso de mi madre, de mi tía o de Dinah la doncella, cuando cualquiera de ellas le subía a Cristina la comida o la cena. Naturalmente, se me había prohibido seguirlas, pero sentía un melancólico placer en escuchar el sonido de esos pasos que iban hasta ella.

Este inocente manejo disgustó a mi tía que imaginaba en mí, al parecer, intenciones que yo mismo no me conocía. Una tarde me contó una terrorífica historia  sobre la parte de la casa que ella ocupaba con Cristina. Me confió que había visto pasar a alguien muy cerca de ella, en el pasillo que conducía a su cuarto. ¿Era un hombre, una mujer? Mi tía no supo decirlo, pero de lo que estaba segura es de que había sentido una respiración caliente sobre su rostro. Y me miró intensamente, para medir el efecto de sus palabras. Debí palidecer bajo su mirada. Era fácil aterrarme con relatos de este género, y éste me había parecido horrible, porque mi tía había calculado bien su efecto, pues había dicho estrictamente lo necesario. Así, lejos de pensar en ir a la habitación de Cristina, titubeé, desde este momento, en aventurarme por la escalera, después de la caída de la tarde.

Desde la llegada de mi tía, mi madre había tomado la costumbre de enviarme a Fort-Hope cada tarde con el pretexto de hacerme comprar un periódico, pero en realidad estoy seguro de que era para alejarme de la casa a la hora que Cristina debía salir a dar un paseo.

Las cosas siguieron así dos largas semanas. Perdí los colores y unas sombras violetas comenzaron a cercarme los párpados. Mi madre me miraba atentamente cuando iba a verla por la mañana y algunas veces, cogiéndome por la muñeca con un gesto brusco, me decía con voz que temblaba un poco: “¡Miserable niño!”. Pero esta cólera y esta tristeza no me conmovían. Sólo me preocupaba Cristina.

Las vacaciones llegaban a su fin y había perdido toda esperanza de verla nunca más, cuando un acontecimiento, con el que no contaba dio un giro inesperado a esta aventura, a la vez que un fin súbito. Una tarde, a principios de setiembre, se desencadenó una tormenta después de un día de calor agobiante. Las primera gotas de lluvia resonaban contra los vidrios; cuando me dirigía a mi habitación, oí, subiendo del primer piso al segundo, un ruido particular, que no puedo comparar a nada sino a un redoble de tambor. Las historias de mi tía me vinieron a la memoria y comencé a subir con precipitación, cuando un grito me detuvo. No era la voz de mi madre ni la de mi tía, sino una voz penetrante y tan alta de tono tan extraño que hacía pensar en la llamada de un animal. Me sobrecogió una especie de vértigo y me apoyé en la pared. Por nada del mundo hubiera retrocedido un paso, pero como me era igualmente imposible avanzar, permanecía allí, estúpido de terror. Al cabo de un instante el ruido dobló su violencia y entonces comprendí que era alguien. Cristina, sin duda alguna, que, por razones que no adivinaba, golpeaba alguna puerta con sus puños. Por fin recobré bastante ánimo, no ara inquirir de qué se trataba y prestar socorro a Cristina, sino simplemente para salvarme a todo correr. Al llegar a mi cuarto, como creía seguir oyendo el redoble y el grito de poco antes, me arrodillé y, tapándome las orejas, empecé a rezar en voz alta.

Al día siguiente por la mañana, en el salón encontré a mi tía llorando, sentada al lado de mi madre, que le hablaba, teniéndola cogida por las manos. Ambas parecían presas de una violenta emoción y no se fijaron en mí. No dejé de aprovecharme de esta favorable circunstancia, para descubrir, por fin, algo sobre el estado de Cristina, pues no podía tratarse más que de ella, y solapadamente me senté un poco detrás de las dos mujeres. Me enteré así, al cabo de unos minutos, de que la tormenta de anoche anterior había afectado a la niña de manera muy seria. Llena de miedo a los primeros ruidos de los truenos, había llamado tratando de salir de su cuarto y se había desmayado. “No debía haberla traído nunca aquí –prorrumpió mi tía, y añadió sin transición, con un acento que no puedo imitar y como si esas palabras la mataran-: Ha tratado de decirme algo.”

Dos horas más tarde estaba en mi habitación, cuando entró mi madre con su capelina de viaje, y con un largo chal de Paisley. Nunca le había visto un aspecto tan grave. “Juan –me dijo-, la niña que has visto el día de la llegada de tu tía, Cristina, no se encuentra bien y estamos intranquilas. Escúchame. Esta tarde, las dos nos vamos a Providence para traer un médico. Cristina se quedará y Dinah se encargará de su cuidado. ¿Quieres prometerme que no te acercarás al cuarto de Cristina en nuestra ausencia?” Se lo prometí. “Esto es muy serio, pero tengo confianza en ti –prosiguió mi madre mirándome con expresión de duda-. ¿Podrías jurarme sobre la Biblia que no subirás al primer piso para nada?” Le hice un signo afirmativo con la cabeza. Mi madre y mi tía partieron algunos minutos después de la comida.

Mi primer movimiento fue subir en el acto a la habitación de Cristina, pero vacilé tras un segundo de reflexión, a causa de un escrúpulo de conciencia. En fin, pudo más la tentación. Subí, pues, luego de haberme asegurado de que Dinah, que una hora antes había llevado la comida a Cristina, ya estaba de regreso en la cocina.

Cuando alcancé el corredor encantado, o que pasaba por tal, mi corazón empezó a palpitar con violencia. era un largo corredor con varios recodos y muy oscuro. Una inscripción bíblica, que en este momento adquiría un sentido particular en mi espíritu, adornaba la entrada: “Cuando camine por el valle de la Sombra de la Muerte no temeré ningún mal”. Este versículo, que releí maquinalmente, me recordó que había dado mi palabra de no hacer lo que hacía en este instante, pero como, sin embargo, no había llegado a jurar sobre la Biblia, mi conciencia quedó más tranquilizada.

Apenas había avanzado algunos pasos ya debí dominar mi imaginación, para no abandonarme al miedo y retroceder. El pensamiento de que acaso iba a ver de nuevo a la niña, a tocar su mano otra vez, me contuvo. Me había puesto a andar en puntillas, conteniendo la respiración, horrorizado de la longitud de este corredor, que no acababa nunca, y como andaba a oscuras, al cabo de un momento tropecé con la puerta de la habitación de Cristina. En mi turbación no me atreví a llamar y traté de abrir la puerta, pero vi que estaba cerrada con llave. Oí a Cristina andar por el cuarto. Por el ruido que había hecho deduje que se había dirigido a la puerta. Aguardé esperando que abriría, pero noté que había dejado de moverse.

Toqué en la puerta, despacio al principio, y después cada vez más fuerte, pero en vano. Llamé a Cristina diciéndole que era el sobrino de tía Judith, que me habían dado un recado y que tenía que abrirme. Por fin, renunciando a obtener contestación, me arrodillé ante la puerta y miré por el ojo de la cerradura. Cristina estaba de pie a algunos pasos de la puerta, hacia donde miraba atentamente. Una larga camisa de noche le cubría hasta los pies, de los que sólo asomaban los dedos desnudos. Sus cabellos sueltos se extendían alrededor de su cabeza como una melena. Noté que tenía rojas las mejillas. Sus ojos de un azul ardiente en la luz que hería su rostro tenían la mirada inmóvil que yo no había olvidado y tuve la absurda impresión de que, a través de la madera de la puerta, me veía y me observaba. Me pareció más guapa aún de lo que había creído y estaba desesperado viéndola tan cerca de mí y sin poder arrojarme a sus pies. Vencido, al fin, por una emoción largo tiempo contenida, prorrumpí en lágrimas de pronto y golpeándome la cabeza contra la puerta, me dejé llevar por la desesperación.

Al cabo de algún tiempo se me ocurrió una idea que me devolvió el ánimo y que juzgaba ingeniosa, porque no reflexioné lo que podía tener de imprudente. Le deslicé por bajo la puerta un trozo de papel en el que había grabado en grandes letras:

“Cristina, ábreme. Te amo”.

Por el ojo de la cerradura vi a Cristina precipitarse sobre el billete, al que empezó a dar vueltas con expresión de gran curiosidad, pero sin que, al parecer, comprendiese lo que había escrito. De repente lo dejó caer y se dirigió hacia una parte de la habitación en que mi mirada no podía alcanzarla. En mi enloquecimiento la llamé con todas mis fuerzas y casi sin saber lo que decía, le prometí un regalo si consentía en abrirme. Estas palabras, que había pronunciado, sin darme cuenta, hicieron nacer en mí la idea de un nuevo proyecto.

Subí a mi cuarto a toda prisa y escarbé en mis cajones para encontrar algo con que pudiera obsequiarla, pero nada tenía. Me precipité entonces a la habitación de mi madre, sin encontrar, a pesar de registrarle todas las cómodas, nada que me pareciera digno de Cristina. Por fin descubrí, arrimada a la pared y detrás de un muelle, la maleta que mi tía había traído consigo. Sin duda la creían poco segura en la misma pieza de una niña curiosa. La cuestión es que la encontré abierta y no tuve más que levantar la tapa para hundir mis manos febriles. Después de haber buscado algún tiempo, descubrí un cofrecillo de piel de foca, cuidadosamente disimulado bajo la ropa. ¡Lo recuerdo como si lo estuviera viendo! Estaba forrado por dentro de muaré y contenía unas cintas de color y algunas sortijas, una de las cuales me llamó la atención enseguida. Era un anillo de oro muy delgado, con un pequeño zafiro montado. Había pasado por esta sortija in rollo de carta semejante a un dedo de papel que yo quité deshaciéndolo.

Volví enseguida al cuarto de Cristina y la llamé de nuevo, pero sin otro resultado que hacerla venir cerca de la puerta, como la primera vez. De bruces deslicé la sortija por debajo de la puerta, diciendo: “Cristina, mira tu regalo. Ábreme.” Y golpeé con la palma de la mano la parte baja de la puerta, para hacer que Cristina se diera cuenta, pero vi que ya se había apoderado de la sortija. Durante un momento la tuvo en la palma de su mano examinándola, luego trató de ponérsela en el pulgar, pero el anillo le estaba apretado y se detenía un poco junto a la uña. Golpeó con el pie y quiso hacerla entrar a la fuerza. Le grité: “No, en ese dedo, no” Pero o no lo oyó o no comprendió. De repente, agitó la mano; la sortija había pasado. la admiró unos minutos y luego quiso quitársela. Tiró con todas sus fuerzas, pero en vano, la sortija resistía. De rabia, Cristina la mordió. Por fin, tras un momento de esfuerzos desesperados, se arrojó en la cama dando gritos de cólera. Huí.

Cuando mi madre y mi tía regresaron tres horas más tarde acompañadas de un médico de Providence, yo estaba en mi habitación, presa de un terror sin nombre. No osé bajar a cenar, y a la caída de la tarde me dormí.

Hacia las cinco de la mañana un ruido de ruedas me despertó haciéndome asomar por la ventana y vi avanzar un coche de dos caballos a nuestra puerta. Todo cuanto pasó enseguida me pareció como una pesadilla. Vi como la doncella ayudaba al cochero a cargar la maleta de mi tía en lo alto del carruaje: luego apareció mi tía apoyada en el brazo de mi madre. Se abrazaron varias veces. Un hombre las seguía (supongo que sería el médico de Providence que pasaría la noche en casa) conduciendo de la mano a Cristina. La niña llevaba una gran capelina que le ocultaba el rostro. En el pulgar de su mano derecha brillaba el anillo que no había podido quitarse.

Ni mi madre, ni mi tía, a la que volví a ver, sola, pocos meses después, me dijeron una palabra de todo este asunto, que creí, verdaderamente, haber soñado. ¿Se me creerá? Llegué a olvidarlo. Es un corazón muy extraño el nuestro.

Mi tía no vino al verano siguiente, pero días antes de Navidad, teniendo que pasar por Boston, nos hizo una visita de una hora. Mi madre y yo estábamos en el salón. Yo miraba por la ventana a los obreros de las brigadas de limpieza que arrojaban paletadas de arena sobre la escarcha cuando apareció mi tía. Permaneció un instante en el umbral de la puerta quitándose los guantes con un gesto mecánico: luego, sin decir una palabra, se echó sollozando en los brazos de mi madre. En su mano desguantada brillaba el pequeño zafiro. En la calle las paletadas de arena caían sobre el asfalto con un ruido lúgubre.

* * *

Julien Hartridge Green nació el 6 de septiembre de 1900 en París, Francia y falleció el 13 de agosto de 1998 en París, Francia.

Obras:
Pamphlet contre les catholiques de France (1924)
Mount Cinère (1926)
Suite anglaise (1927)
Le voyageur sur la terre (1927)
Adrienne Mesurat (1927)
Un puritain homme de lettres (1928)
Léviathan (1929)
L’autre sommeil (1930)
Épaves (1932)
Le visionnaire (1934)
Minuit (1936)
Journals I, II, III (1938–46)
Varouna (1940)
Memories of Happy Days (1942)
Si j’étais vous… (1947)
Moïra (1950)
Sud (1953)
L’ennemi (1954)
La malfaiteur (1956)
L’ombre (1956)
Le bel aujour-d’hui (1958)
Chaque homme dans sa nuit (1960)
Partir avant le jour (1963)
Mille chemins ouverts (1964)
Terre lointaine (1966)
Les années faciles (1970)
L’autre (1971)
Qui sommes-nous (1972)
Ce qui reste du jour (1972)
Jeunesse (1974)
La liberté (1974)
Memories of Evil Days (1976)
La Nuit des fantômes (1976)
Le Mauvais lieu (1977)
Ce qu’il faut d’amour à l’homme (1978)
Dans la gueule du temps (1979)
Paris (1984)
Les Pays lointains (1987)
Les Étoiles du sud (1989)
Dixie (1994)

En emergencia educativa

(Editorial publicado en La Nación, 26.8.2012)

Toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir la situación de decadencia del sistema educativo en la Argentina

Avanza el año y las novedades relacionadas con la educación en la Argentina se vuelven cada vez más desalentadoras. Por eso, las lamentables expresiones del ministro de Educación, Alberto Sileoni, referidas a las tomas de colegios, para reclamar por la instalación de un bar y de una fotocopiadora, parecen haber sintetizado sin querer el estado de real emergencia educativa del país y el alejamiento de los valores fundamentales en una sociedad debidamente organizada.

Acaso la posterior y parcial rectificación del ministro de dichos tan incomprensibles para su cargo fue aún menos preocupante que las interpretaciones de algunos expertos sobre los supuestos casos en los cuales las tomas de colegios estarían justificadas. No sólo no fueron esas exposiciones más juiciosas que las declaraciones de Sileoni, sino que abundaron en disquisiciones asombrosas sobre cuándo está bien o está mal una ocupación de ese carácter. Desde luego que no se mencionaron, entre las causales inadmisibles, que una universidad honre, por ejemplo, a aventureros internacionales o testimonie un homenaje espectacular a quien desde Caracas prolonga con su apoyo una tiranía culpable de tantos crímenes, como la de los hermanos Castro. Quedó, pues, como saldo, que los elementos críticos de desorientación no sólo provienen de los estamentos del oficialismo, lo que acentúa la gravedad del panorama.

Mientras todo ocurría había un silencio oficial poco menos que absoluto con la prueba internacional de matemática realizada en Buenos Aires, en la que se lucieron los chicos asiáticos y los argentinos quedaron rezagados a la posición 54. Ese fue otro crudo testimonio del gravísimo retroceso educativo argentino de estos años, y prueba contundente de los efectos empíricos del populismo y del falso progresismo anidado en posiciones políticas dominantes.

Nada de lo sucedido es nuevo. Si para las máximas autoridades educativas el tema de la ocupación de colegios era de tal significación como para atreverse a sugerir que así es la fragua de la “democracia participativa”, qué deberían comentar frente a las más recientes y ya muy conocidas estadísticas, según las cuales el 50 por ciento de los chicos abandona el secundario y el 50% no comprende lo que lee.

El mismo día de las desconcertantes opiniones de Sileoni sobre la toma de los colegios Nacional de Buenos Aires y Carlos Pellegrini, se daba a conocer un nuevo diagnóstico sobre nuestra educación secundaria. La asociación civil Proyecto Educar 2050 identificó el período de la educación secundaria como el estadio más problemático para poder completar la formación integral de los estudiantes.

Esa prestigiosa ONG releva, desde 2007, en forma pormenorizada los distintos índices internacionales y nacionales en materia educativa. Hizo ahora el mencionado reporte sobre la base de informes de la Unesco “Datos Mundiales de Educación, VII Edición, Argentina 2010/11″. De ellos surge que la Argentina es uno de los países de la región con más baja tasa de graduación del nivel secundario.

Las estadísticas revelan un dato que debería espantar a quien quiera decir que se toma en serio el porvenir del país: sólo el 43 por ciento de los estudiantes secundarios terminan sus estudios en los plazos establecidos y un 50% del total de estudiantes secundarios accede al título. Significa, entonces, que la Argentina se ubica detrás de Perú y de Chile, con un 70% de alumnos que completan sus estudios secundarios; de Colombia (64%); de Bolivia (57%); de Paraguay (50%), y de Ecuador (48%). ¿Hasta dónde descenderá, pues, el relegamiento educativo de nuestros chicos y adolescentes?

Para tener una idea más en perspectiva de lo que suponen aquellos indicadores, desde Cippec, en el libro Radiografía de la educación argentina, de Axel Rivas, se indica que “sólo el 31 por ciento de los alumnos que ingresa en primer grado termina la secundaria”. Con tales porcentajes, mal se puede celebrar “el triunfo de la educación y de la democracia”, como proclamó Sileoni, porque la baja en la calidad y la escasa cantidad de alumnos egresados de un secundario “obligatorio” por ley de 2006 se corresponden con una baja en la calidad democrática del país, con un mayor nivel de desigualdad y de aumento de la pobreza. ¿O es que se atreverá a poner en duda que la educación es la herramienta por excelencia que permite combatir esos males?

Las autoridades nacionales a menudo se manifiestan ofendidas de que no se les reconozcan sus aportes a la educación. No es así: nadie niega que se han construido cerca de 1000 escuelas nuevas y que la ley de financiamiento educativo y de educación nacional han constituido un gran esfuerzo para lograr una mejor enseñanza. Sin embargo, aunque antes de 2010 se alcanzó el deseado 6% del PBI para la educación, también es cierto -y hay suficientes informes que lo prueban- que no se cumplió con la ampliación de la jornada escolar y, en cuanto al aumento de la inversión, su distribución fue desigual. Los resultados que cuentan están a la vista y llevan a la pregunta inevitable: ¿por qué rinde tan poco el dinero invertido?

Se explica, pues, que según el último relevamiento comparativo conocido como PISA, que cada tres años realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 52 por ciento de los alumnos argentinos no comprende lo que lee, y uno de cada tres jóvenes de 15 años está atrasado en la escuela. De acuerdo con ese informe, de tanto relieve internacional a pesar del desdén que por él ha manifestado el ministro del ramo, la Argentina ocupa el puesto 58 sobre un total de 65 países y está séptima entre los de la región. Por otro lado, esas deficiencias han sido observadas en varios Operativos Nacionales de Evaluación de la calidad educativa realizados por ese mismo ministerio.

En el reciente IV Foro por la Calidad Educativa, organizado la semana pasada por el Proyecto Educar 2050 en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina, los especialistas participantes proporcionaron datos igualmente alarmantes y coincidentes -600.000 jóvenes de entre 12 y 17 años están fuera del sistema educativo, y el 58% de los argentinos entre 25 y 64 años no ha completado la educación media-, y mostraron una gran preocupación por la falta de liderazgo de las autoridades escolares.

La educación es un tema demasiado serio como para utilizarlo como excusa político- demagógica. La pereza en crear políticas de Estado que busquen un marco académico de excelencia en la educación pública perjudica a todos nuestros jóvenes, pero mucho más a los que provienen de hogares humildes, en los que los padres no pueden suplir las deficiencias del sistema educativo, con lo cual se cierra un círculo perverso de atraso y deserción.

Por todo esto, concluimos que toda la sociedad, comenzando por el Estado, deberá asumir esta situación de decadencia y anomia ya descripta, para que se declare por fin la emergencia educativa, y todos los sectores involucrados aceptemos el desafío de buscar juntos la mejor educación para nuestro país.

Claudio Chávez / Una escuela que nivela para abajo

(Publicado en La Nación, 25.8.2012)

Que la educación argentina anda a los tumbos es algo manifiesto y público. No pasa una semana sin que una impactante noticia nos altere y nos vuelva angustiados sobre ella para interrogarnos acerca de sus males. Paros, violencia, estadísticas que abruman por la pobreza de sus resultados, ausencia de autoridad, uso indebido de los espacios escolares para actos de política partidaria, como si la historia no hubiera demostrado la estupidez de estas conductas que generan rechazo y mal humor en la sociedad. En fin, un cúmulo de contrariedades irresueltas que calientan los ánimos de una sociedad que ve cómo la educación se pierde y desbarranca sin que las autoridades definan con claridad el problema y lo resuelvan.

Página 12 hace unas semanas cedió un espacio al ministro de Educación de la Nación para que éste se explayara en temas que son de su incumbencia: la educación. En un breve texto, el pedagogo manifestó su desacuerdo con todos aquellos pensadores o periodistas que desde distintos ámbitos políticos o ideológicos cuestionan el sistema escolar argentino por su bajísima tasa de egreso.

No es allí donde hay que mirar, afirma Sileoni. Lo que hay que valorar es, fundamentalmente, la tasa de escolarización secundaria y, en este punto, nuestro país encabeza la lista en América latina. Se ha hecho un enorme esfuerzo en esta escolarización, de manera que el ministro remata: “No valoramos la excelencia a costa del elitismo y tampoco un sistema educativo preocupado exclusivamente por el rendimiento académico, con independencia del número de estudiantes que asisten”.

Dicho en términos criollos, lo importante es que entren a la escuela, ahora que aprendan y se lleven el título es un aspecto secundario, por no decir menor. Y si la exigencia académica empuja a la deserción, las consecuencias las pagarán los conocimientos.

Para el progresismo, la nivelación es siempre para abajo, dado que premiar la excelencia y el rendimiento es valorar a los mejores. Y el progresismo tiene una vocación maliciosa por los peores, claro? para que sigan siéndolo. Así es como lo leen los docentes afines al modelo progresista y los que no lo son, por cierto una mayoría silenciosa, callan frente a la atmósfera que reina en las escuelas, porque es el mandato que baja de las autoridades nacionales.

Si en los años 60 se hablaba de la pedagogía del oprimido, una mirada piadosa -y si se quiere ingenua- para integrar a los postergados a los saberes y a la sociedad, en estos tiempos se trata de la pedagogía de los peores para consolidar la marginalidad.

Por caso, si Sileoni fuera ministro de Salud, le importarían la tasa de nacimientos y no la mortandad infantil.

Si fuera secretario de Transporte le interesarían los que suben y no los que llegan… Así vamos.

Silvina Premat / Foro de expertos. Crisis educativa: culpan a la falta de autoridad

(Publicado en La Nación, 24.8.2012)

Los especialistas coinciden en el rol clave de los padres y los docentes

Juan, de 16 años, llegó a la escuela con el pelo teñido de azul fluorescente. “A este colegio no podés venir así. Te pido que vuelvas a tu color natural porque, si no lo hacés, tomaré las medidas correspondientes”, le advirtió Marta, la rectora. Juan mantuvo su nuevo color de pelo y volvió al colegio acompañado por sus padres. Dijo sentirse discriminado. Marta repitió con firmeza su advertencia. Pero no la concretó. No estaba convencida de que fuera razonable aplicar a Juan algún tipo de sanción.

El caso de Marta y Juan evidencia el problema con el que se encuentra gran parte de las autoridades escolares y que, según expertos y ex ministros de Educación, es uno de los mayores síntomas de la crisis del sistema educativo argentino.

“En la escuela -como en la sociedad- todo está en discusión, nada es evidente y hay mucho malestar porque no hay nada muy claro. Tomás una medida y vienen los padres a protestar, o el mismo directivo duda de la norma que tiene que aplicar”, dijo Gustavo Iaies, director del Centro de Estudios de Políticas Públicas, en uno de los paneles del IV Foro por la Calidad Educativa Argentina, organizado por la asociación civil Proyecto Educar 2050 y realizado ayer en el centro de convenciones de la Universidad Católica Argentina. El Observatorio de Educación Básica Argentina registra que el 62% de los directores de escuelas primarias y secundarias del país tienen menos de cinco años de antigüedad en esos cargos. Esa misma antigüedad tiene el 56% de los maestros de primaria.

“La alta rotación de los directores muestra que los capitanes del barco, que son las figuras clave de las escuelas, no pueden aguantar la presión, que se hizo muy dura en los últimos años. Y si los capitanes no aguantan la pelea quiere decir que está muy difícil la vida en el barco, es decir, la escuela”, dijo Iaies. Y explicó que el modelo de escuela vertical, ordenada y obediente “se desarmó” y “la nueva escuela requiere otros acuerdos y una mayor claridad”.

Susana Decibe, que condujo el Ministerio de Educación durante siete años, en la década del 90, y desde entonces continúa estudiando el sector, afirmó que “a pesar de las normas y de la buena voluntad de los funcionarios, hay muchas señales de que gran parte del sistema educativo no tiene conducción” y que “muchas escuelas hacen lo que pueden, y otras, lo que quieren”.

El momento actual, para Decibe, se define como el umbral “de reformas que no hemos hecho y que son muy duras de realizar”, como la reforma de la formación docente.

“Lo que está en crisis es la estructura”, dijo por su parte Andrés Delich, quien, al igual que Decibe y Juan José Llach, destacó los “esfuerzos” realizados durante la última década. Al referirse a los índices de deserción, bajo rendimiento e inequidad del sistema escolar, señaló que “estos números nos muestran que el sistema educativo ya dio lo mejor de sí”. De ahí que, agregó, “lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo, que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”.

Coincidieron en que en los últimos años se dieron pasos positivos, como un crecimiento de la inversión, una recuperación de los salarios docentes y también un incremento en la planta de maestros y profesores. La gran pregunta es: ¿por qué, entonces, abandonan el secundario la mitad de los alumnos?, y ¿por qué el aprendizaje real es cada vez menor?

Para Llach en la actual situación de crisis del sistema, “claramente uno de elementos superadores tiene que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas y no desde una superestructuras burocráticas”.

Indicó además que “para que se produzca una mejora importante es crucial que haya liderazgos fuertes”. Destacó los esfuerzos realizados en los últimos tiempos e insistió en que se necesita que “haya muchos políticos que digan explícitamente que su prioridad es la educación”.

Sobre la crisis de autoridad de docentes, padres y directivos, Iaies diálogo con LA NACION para trazar un diagnóstico. Dijo que en sus encuentros con personal docente de varias provincias constata que muchos adultos “no se animan a tomar una posición firme delante de los chicos”. Recordó el caso de una preceptora a quien una alumna de cuarto año del secundario le preguntó su opinión sobre tener relaciones sexuales con dos varones al mismo tiempo. La preceptora no se animó a decirle que “eso le parecía una locura” porque no se sintió con autoridad para hacerlo. “Pero la alumna buscó su opinión y no la de una asociación de sexología; evidentemente la respeta y valora a ella”, contó Iaies. Y añadió: “Adultos que tienen miedo de ser adultos hay muchos y los pibes se dan cuenta y por eso discuten todo y están hartos de que todo cambia y nada se mantiene en pie”.

EN VOZ ALTA

“Claramente uno de los elementos superadores tienen que ser la mirada a cada escuela, es decir, gobernar el sistema desde cada una de las escuelas”

JUAN JOSÉ LLACH
Ex ministro de Educación 1999-2000

“Lo que estructuralmente entró en crisis es el modelo del sistema educativo que requiere repensarse sobre la base de otros objetivos y otro funcionamiento”

ANDRÉS DELICH
Ex ministro de Educación 2001

Carlos Rivas / Poder, tragedia y ridículo

(Publicado en Perfil, 11.8.2012)

Suele decirse que el poder y la tragedia están demasiado cerca; algo de cierto hay. También se piensa que el camino del poder puede conducir a la tragedia si no se lo ejerce, digamos, criteriosamente. O sea, bien; “justamente”.

Como ejemplos de esto último podríamos citar a Menem y la muerte trágica (¿?) de su hijo; De la Rúa y sus muertos de 2001; el bombardeo de 1955 a Plaza de Mayo; el periodista Cabezas y su némesis Yabrán; el asesino Videla y sus secuestradores de niños; suicidios sospechosos; disparos en extraños accidentes de caza; magnicidios varios de surtida confección, etc. Una visión ingenua subyace en la idea de que estos terribles sucesos son producto de una manera incorrecta de ejercer el poder, lo que equivaldría a decir que ejercerlo de otra manera (correcta) evitaría la tragedia. Ojalá lo fuera, pero sospecho que no es así.

Gracias a Shakespeare percibimos en todas sus obras una evidencia bien distinta: el poder es trágico. El gen de la tragedia es constitutivo del poder; la tragedia es el poder. No hay manera de que el juego no termine mal. Siempre.

Quizás lo que nos ciega para comprender con nitidez este asunto del poder, es que solemos confundir al mecanismo con el que mueve las palancas. Y quien más se confunde es el que aprieta los botones y termina creyendo que es él, realmente, quien controla el mecanismo. El concesionario de la Vuelta al Mundo en un parque de diversiones, pobre, cree que él maneja el juego… sin darse cuenta de que va a ser el primer aplastado por la rueda de hierro, cuando se caiga.

Shakespeare delata que el verdadero tema es la articulación entre el ejercicio del poder y la minucia psicológica de la vida doméstica personal del gobernante. Es que el poder es un mecanismo y todos los mecanismos son trágicos. Y todos son manipulados por personas y todas las personas somos “tontas”, porque vanidad y soberbia nos ponen siempre al borde del ridículo. Si de algo se alimenta la tragedia, es del ridículo.

Todos lo personajes trágicos de Shakespeare se ven, en algún momento, desnudados por una manifestación de supina idiotez: Macbeth se creía, en realidad, inmortal; Lear sólo quiere que le digan lo que quiere escuchar; Ricardo III termina por creerse bello, seductor y sin joroba. Ridículos, como todo poder. Sólo los más inteligentes tratan (en vano) de disimularlo. Igual se les ve la hilacha.

Pienso en Strauss-Kahn, tan gauche francés, que al fin y al cabo terminó pareciéndose demasiado a Berlusconi. Pienso en la triste, pero reveladora seguidilla de cáncer y otras yerbas, entre los presidentes de la región. En Nixon bamboleante por los pasillos de la Casa Blanca, detrás de E. Hoover. En el coqueto Kadafi escupido, manoseado y asesinado por un “fierita” libio de dieciséis años, que se cagaba de risa mientras le volaba los sesos. En Clinton con los pantalones por los tobillos frente al busto de Lincoln. En Galtieri (¿hay algo más patéticamente shakesperiano?) inundado de whisky White Horse, creyendo que las cien mil personas de la plaza lo ovacionaban a él. (¡). Un tarado. En un rey (Indiana Jones reloaded) posando, orgulloso, delante de un elefante muerto con la trompa contra un árbol. ¡Asesinó a Dumbo, el animal más venerado por todos los niños del planeta… y se sacó una foto! ¿Si esto no es Shakespeare, Shakespeare dónde está?

Poder y tragedia no son dos factores de una ecuación: poder es tragedia. Los que se desviven por obtener poder no hacen más que exactamente eso… des-vivirse. Sueñan con “ponerse por encima de”, sin saber que ya están muertos. Y confunden los vanos atributos con el poder en sí mismo.

Si hoy la política argentina es interesante por algo, es precisamente porque todo el espectro político gobernante (Gobierno y oposición), más otros actores de poder fácticos como los medios de comunicación y algunos centuriones periodistas, están en pleno brote de soberbia. Ensoberbecidos. “Papita pal’ loro”, piensa Shakespeare.

Moderación, austeridad, sencillez, humildad, servicio y prudencia, son valores de los que carece hasta el hartazgo la política argentina (¿la sociedad?). Se pavonean ufanamente convencidos de su importancia, creen estar parados en la cima de la Historia y… sonríen.

El menos trágico de todos los mandatarios del planeta debe ser el presidente de Uruguay. Shakespeare no le hallaría lugar en sus obras… lo cual habla muy bien de Pepe. El hombre es cínico y no consigue tomarse “en serio” el cargo, parece. Ese mensaje es muy transgresor y todos los presidentes deben odiarlo. Como los magos odian al mago-traidor que reveló los trucos y como es odiado el fotógrafo que tomó una imagen de los verdaderos manipuladores de Carozo y Narizota. Mujica es la antitrascendencia: nos recuerda que toda pose es banal, todo auto blindado perforable, todo traje desnuda, todo discurso delata. Basta con ver cómo se viste. Debe haber leído a Shakespeare completo en la chacra, con la perra al lado, escuchando a Zitarrosa.

Pero acá somos muy épicos, histriónicos… y muuuuy shakespeareanos. Un juez dice que la bomba tenía poder para matar a todos los que se hallaran cerca y a los cinco minutos el experto en explosivos la describe como “un cohete” de Navidad. Mucho ruido y pocas nueces.

Tenemos Césares, Marco Antonios, Macbeth y lady Macbeth, Polonios, Romeos, Andrónicos, Malvolios, Falstaffs, Cleopatras… sin olvidar a la estrella de nuestros trágicos: un decadente Ricardo III escapando hacia la terraza, gritando “¡Mi reino por un helicóptero!”. (A Menem no lo incluimos… porque más que un personaje encarna las Obras Completas). El Congreso parece el Globe Theatre.

Los políticos hacen chistes; la Presidenta hace chistes; Macri hace chistes; los periodistas políticos hacen chistes (Lanata hasta se exhibió en el Maipo); los economistas hacen chistes (cada vez peores); los sindicalistas hacen chistes. Sin ver que el sepulturero de Shakespeare los acecha desde el pozo. Y el verdadero pueblo, silencioso, los mira. Mientras, los únicos que parecen hacer política son los empresarios. Shylock corta el bacalao, como siempre.

Debieran leer a Shakespeare, al menos para disimular los papelones. El los describió a todos.

¿Y nosotros, los actores, somos mejores? Nosotros no hacemos el ridículo: lo somos. Somos Yorick y todos los bufones de Shakespeare; los tontos profesionales a quienes todo poder astuto soporta, porque sabe que algo de cierto siempre se puede aprender de las pavadas que decimos. Total, nadie nos toma en serio. No se espera nada de nosotros… y lo bien que hacen.

De ellos, sí se espera. ¿Sabrán?

* * *

Carlos Rivas es Director de Teatro y Televisión. Ha escrito dos obras de teatro y varios guiones para la televisión. También es Profesor de Actuación y dirige su propio estudio de teatro.

Actividad como Director Teatral:

1980 – “La loca del cielo” (H. R Lenormand)
1981 – “El vestuario” (David Storey)
1984 – “El efecto de los rayos gamma sobre las caléndulas” (Paul Zindel)
1985 – “Botín” (Joe Orton)
1986 – “El pedido de mano” (Antón Chejov)
1987 – “La boda” (Bertolt Brecht)
1988 – “La señorita Julia” (August Strindberg)
1989 – “Mal bajío” (Co-dirección. Montado en Madrid. Autor: Elena Cánovas)
1991 – “Locos de contento” (Jacobo Langsner)
1993 – “Ángeles perdidos” (Carlos Rivas)
1996 – “La noche de la iguana” (Tennessee Williams)
1998 – “Cristales rotos” (Arthur Miller)
2000 – “Woyzeck” (Büchner)
2004/2006 – “La prueba” ( “Proof”- David Auburn) 4 Premios A.C.E (Asociación de Cronistas de Espectáculos): MEJOR DIRECTOR – Mejor actriz – Mejor Actor – Mejor actriz reparto; 3 Premios CLARIN (Diario “Clarín”): MEJOR ESPECTÁCULO – Actriz y Actor; 1 Premio “Florencio Sánchez”: Mejor Actriz; 3 Premios “Estrella de Mar”: Mejor Director / Actriz / Actriz de reparto
2006/2008 – “La duda” (John Patrick Shanley) Premio CLARIN MEJOR ESPECTACULO / Mejor Actriz de Reparto; Premio A.C.E.: Mejor Actriz de Reparto; 3 Premios “Estrella de Mar”: Mejor Director / Espectáculo / Actriz de reparto
2008 – “Cómo aprendí a manejar” (Paula Vogel)
2009 – “Hogar” (David Storey)
2012 – “Lo que vio el mayordomo” (Joe Orton)

En la televisión argentina ha dirigido:

Ciclo “FICCIONES”: adaptaciones de cuentos de autores argentinos. (David Viñas,
Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Juan José Saer y otros)
Ciclo “APASIONADA” (Protagonizada por Susú Pecoraro, Darío Grandineti, Gabriela
Toscano y otros)

Actividad como escenógrafo:
Ha realizado las escenografías de algunas de las obras montadas bajo su dirección:

La loca del cielo
La boda
Botín
El efecto de los rayos gamma sobre las caléndulas
La señorita Julia
Diatriba de amor contra un hombre sentado” (de G. G. Márquez, no dirigida por Carlos Rivas)
Mal bajío
Locos de contento
La prueba
La duda
Como aprendí a manejar
Hogar

Gonzalo Moure Trenor / Lili, Libertad

Lili, Libertad (1996, 108 págs) es la historia de la niña Libertad, a quien llaman Lili. Vive con su madre en una ciudad nueva en la que no conocen a casi nadie. Allí han llegado luego de la separación de sus padres y porque su madre aceptó un ofrecimiento de trabajo en un instituto de Formación Profesional, luego de varios años de haber abandonado la profesión.

Luego de estar en un colegio donde la habían aceptado provisoriamente, ahora Lili cambió a otro donde aún no tiene amigos.

Se acerca Carnaval y el maestro don Mauricio les dice a los alumnos que el lunes deben venir todos disfrazados. Pero Lili no se disfraza, aunque sí lo hace el martes. El motivo de su negativa a obedecer al maestro tiene que ver con cuestiones personales y que hacen a su identidad y a su reconocerse como persona, tanto frente a su madre y abuela como a sus compañeros. Y así comienza otra historia.

Es un relato excelente y profundo en su aparente simplicidad. El derecho a ser, el derecho a ser como uno es frente a los otros y la manera en que los otros nos ven, son cuestiones que Lili va a descubrir y, sin proponérselo, a hacer descubrir a los demás.

De Gonzalo Moure Trenor ya había podido apreciar sus valores literarios y su análisis sensible del mundo infantil en su novela El síndrome de Mozart (2003) donde narra la historia de una niña que toca el violín y se encuentra con alguien que le hace replantear sus dudas por la ejecución de la música y ante la vida en general.

* * *

Gonzalo Moure Trenor nació en Valencia, España en 1951.

Obras:

Geranium, Madrid, Alfaguara, 1991, Alianza Editorial, 2004 (Lista de honor del IBBY)
¡A la mierda la bicicleta! Madrid, Alfaguara, 1993. Premio Jaén. SM (Gran Angular, 2007)
El alimento de los dioses, Madrid, Bruño, 1994 (Lista de honor del IBBY)
Lili, Libertad, Madrid, SM, 1996. Premio El Barco de Vapor 1995
Nacho Chichones, Madrid, SM, 1997
Tomi en las nubes, Madrid, Tutor, 1998
Un loto en la nieve, Barcelona, Ediciones del Bronce, 1998
El beso del Sáhara, Madrid, Alfaguara, 1998, SM (Gran Angular) 2008
El bostezo del puma, Madrid, Alfaguara, 1999. Premio Jaén
Los caballos de mi tío, Madrid, Anaya, 1999
El oso que leía niños, Madrid, SM, 2000
El vencejo que quiso tocar el suelo, León, Everest, Pájaros de cuento, 2000
Yo, que maté de melancolía al pirata Francis Drake, Madrid, Senderos de la historia, Anaya, 2001. Alianza Editorial, 2005, Premio de la Crítica de Asturias
Maíto Panduro, Madrid, Edelvives, 2001, Premio Ala Delta, finalista Premio Nacional de Literatura.
Palabras de Caramelo, Madrid, Anaya, 2002
La rara amistad del tío Jonás, Album, una historia gráfica de Alicia Cañas con texto de G.M. Madrid, SM, El Barco de Vapor, 2002
Daños colaterales (El ojo vago y el general). Libro colectivo contra la guerra, en Lengua de Trapo).
El movimiento continuo. Salvat-Bruño, 2002, SM el Barco de Vapor, 2007
El síndrome de Mozart, Gran Angular, SM, 2003. Premio Gran Angular.
Los gigantes de la luna. Edelvives- Ala Delta, 2003
Ladrón de poesías (Con varios autores, dentro del libro Cuentos azules, SM, El Barco de Vapor, 2003)
Un libro vivo (Con varios autores, dentro del libro 100 sopas, Anaya, 2004)
La Zancada del Deyar (Viaje a la Tierra de los Hombres del Libro en el Sáhara Occidental), El Cobre ediciones, 2004
Fuga del horizonte (Institución Alnfons el Magnànim, Valencia, 2004) Disponible en red gratuitamente.
El mejor amigo del perro. Ilustraciones de Pablo Amargo. Los Piratas de SM, 2006
El Bosque de hoja caduca, Anaya-El Corte Inglés, III Premio de Literatura Infantil Ámbito Cultural. 2006
El Remoto Decimal, SM, Gran Angular, Los Libros de Gonzalo, 2007
La Noche del Risón Anaya (Leer y pensar) y Ed. Xerais, 2007
Soy un caballo, ilustraciones de Esperanza León, Kalandraka 2007
Tuva Edelvives, Alandar, 2007
Los chupadores de ojos. Textos literarios y contextos escolares (Graó, 2008) Autores: Carlos Lomas, Bernardo Atxaga, Gustavo Bombin, Agustín Fernández Paz, Guadalupe Jover, Luis Landero, Víctor Moreno, Gonzalo Moure, Berta Piñán, Juan Mata, Manuel Rivas
A Porta de Mayo, con Tina Blanco, Ediciois Xerais, 2008
Cama y Cuento, ilustraciones de Lucía Serrano, Madrid, Anaya 2010
El hombre que entraba por la ventana (Un fado vagabundo), ilustraciones de Gabriel Pacheco, SM, 2010
Esta, la vida, (Escrito a cuatro manos con Mónica Rodríguez), Edelvives, colección Alandar, 2012

www.gonzalomouretrenor.es

Thomas Bernhard / Corrección

Corrección (Korrektur, 1975, 336 páginas en la edición de Alianza) es una historia acerca de la llegada del narrador de la novela (que no sabemos quién es pero que estuvo internado tres meses a causa de una neumonía grave) a la buhardilla del taxidermista Höller y de su familia, luego del suicidio de Roithamer, amigo de ambos.

Roithamer estuvo en ese lugar durante seis años, abocado a la tarea de diseñar y hacer construir una casa, el Cono, obra destinada a ser la residencia de su hermana en el bosque de Kobernauss.

La casa de los Höller está situada en el valle del río Aurach, “en medio del estruendo”, en el lugar más peligroso del río, en la garganta.

Y en ese lugar el narrador encontrará los apuntes, bocetos y anotaciones de Roithamer. Será entonces la historia de dos obsesiones: la de Roithamer, de llevar a cabo una obra especial haciendo evocaciones de toda su vida, y al mismo tiempo la del narrador que revisa la vida de su amigo y trata de comprender el sentido de todo eso.

La novela es a su vez el intento por transmitir ese constante acto por llegar a algo que parece escaparse continuamente. Un texto sin párrafos y sin diálogos. Un permanente fluir, avanzando pero retrocediendo y reiterando cosas, para aclarar lo que siempre se escurre.

* * *

Thomas Bernhard nació el 9 de febrero de 1931 en Heerlen, Holanda y falleció el 12 de febrero de 1989 en Gmunden, Austria. Era hijo ilegítimo de Herta Fabjan (Bernhard Herta, 1904-1950) y el carpintero Alois Zuckerstätter (1905-1940). Al año siguiente, su madre regresó a Austria, donde Bernhard pasó gran parte de su infancia con sus abuelos maternos en Viena y en Seekirchen am Wallersee, al norte de Salzburgo. El posterior matrimonio de su madre en 1936 ocasionó que se trasladen a Traunstein, en Baviera. El padre natural de Bernhard murió en Berlín de envenenamiento por gas. Thomas no lo conoció.

Obras: (de Wikipedia en español http://es.wikipedia.org)

Hambre grande, inconcebible (relato) (1954)
El porquero (relato) (1956)
Así en la Tierra como en el Infierno (poesía) (1957)
La montaña (teatro) (1957)
Köpfe (libreto de ópera de cámara con música de Gerhard Lampersberg) (1957)
Die Rosen der Einöde (libreto para cinco piezas, música de Lampersberg) (1957)
In hora mortis (poesía) (1958)
Bajo el hierro de la luna (poesía) (1958)
Acontecimientos (microrrelatos) (1959)
En las alturas (capítulo de novela inacabada) (1959)
Ave Virgilio (poesía) (1959-60)
Los locos. Los reclusos (poesía) (1962)
Amras (novela corta) (1963)
Helada (novela) (1963)
El italiano. Fragmento (guion para un film de Ferry Radax) (1963)
El crimen del hijo de un comerciante de Innsbruck (relato) (1965)
Un joven escritor (relato) (1965)
Víctor Seminecio (relato) (1966)
Trastorno (novela) (1966)
La gorra (relato) (1967)
En la linde de los árboles (relato) (1967)
Ungenach (novela corta) (1968)
La calera (novela) (1970)
Una fiesta para Boris (teatro) (1970)
Andar (relato) (1971)
Midland en Stilfs (relato) (1971)
El ignorante y el demente (teatro) (1972)
La fuerza de la costumbre (teatro) (1973)
La partida de caza (teatro) (1973)
Corrección (novela) (1975)
El presidente (teatro) (1975)
El origen (autobiografía I) (1975)
Los famosos (teatro) (1975)
El sótano (autobiografía II) (1976)
Minetti (teatro) (1976)
Immanuel Kant (teatro) (1978)
El aliento (autobiografía III) (1978)
(novela) (1978)
7 dramolette: Un muerto, El mes de María, Partido, Absolución, Helados, Comida alemana y Todo o nada (teatro) (1978-81)
Ante la jubilación (teatro) (1979)
El reformador del mundo (teatro) (1979)
Los comebarato (novela) (1980)
La paz reina en las cumbres (teatro) (1981)
En la meta (teatro) (1981)
El frío (autobiografía IV) (1981)
Goethe se mmmuere (relato) (1982)
Un niño (autobiografía V) (1982)
Hormigón (novela) (1982)
El sobrino de Wittgenstein (1982)
El malogrado (novela) (1983)
Las apariencias engañan (teatro) (1983)
El hombre de teatro (teatro) (1984)
Tala (novela) (1984)
Ritter, Dene, Voss (teatro) (1984)
Maestros antiguos (novela) (1985)
Simplemente complicado (teatro) (1986)
Extinción (novela) (1986)
3 dramolette: Claus Peymann deja Bochum y se va a Viena de director del Burgtheater, Claus Peymann se compra unos pantalones y luego nos vamos a comer, Claus Peymann y Hermann Beil en la Sulzwiese (teatro) (1986-87)
Elisabeth II (teatro) (1987)
La plaza de los héroes (teatro) (1988)

Percy Bysshe Shelley, poeta

A UNA ALONDRA

¡Salve, gozoso espíritu!
Jamás tú fuiste pájaro,
tú que derramas desde el mismo Cielo,
tal vez desde sus cercanías,
tu lleno corazón
en cantos incontables de un arte universal.

Cada vez más lejana
de la tierra te elevas
como nube de fuego(1);
y el hondo azul traspasas con tus alas
y cantando te elevas siempre
y siempre cantas elevándote.

En la dorada luz del sol poniente
la nube está brillando y tú flotas
y navegas igual que una alegría
inapresable cuya carrera ha comenzado.

Se derrite también alrededor
de tu vuelo la pálida púrpura vespertina;
lo mismo que una estrella en la ancha luz del sol
invisible eres, mas yo siempre escucho
la invisible delicia de tu canto;

Aguda como flecha
de esa esfera de plata cuya lámpara
intensa palidece(2) en la limpia blancura
de los amaneceres y sin apenas verla
sentimos que está allí.

Toda la tierra y todo el aire
en tu voz suenan como cuando en noche
despejada la luna vierte
desde una solitaria nube
sus destellos de luz y el Cielo se desborda.

No sabemos qué eres.
¿Quién podría contigo compararse?
No mana el arco iris
tan espléndidas gotas cual la lluvia
de melodía que derrama tu presencia.

Eres como un poeta
escondido en la luz del pensamiento
que canta espontáneos himnos
hasta que esté forjado el mundo
para simpatizar con esperanzas
y miedos que desoye.

Lo mismo que doncella de alta cuna
que en una torre de palacio
calma su corazón
lleno de amor, en clandestina hora
con música tan dulce como
el amor que sale de su pecho.

Igual que una luciérnaga dorada
en valle de rocío
que esparce generosa
sus colores etéreos
en medio de las flores y la yerba
que a la vista ocultan.

Lo mismo que una rosa rodeada
de su sépalo verde
cuyos pétalos roban el viento cálido
en tanto su perfume desmaya con dulzura
el robador aquel de alas graves.

Sonido de la lluvia en primavera
sobre la yerba titilante
y flores despertadas por la lluvia,
todo lo que fue siempre
alegre claro y fresco
es superado por tu música.

Muéstranos, Espíritu o Pájaro
qué dulces pensamientos son los tuyos.
Nunca he oído elogio
del vino o del amor
que desee un diluvio de rapto tan divino.

Coro del Himeneo
o canto de victoria no serían
en comparación con tu canto sino
un hueco cacareo,
algo en lo que sentimos una oscura carencia.

¿Qué son las fuentes comparadas
con tu canto? ¿Qué son los campos,
las montañas, las olas?
¿Qué las formas del cielo o de la tierra?
¿Qué amor hay como el tuyo?
¿Qué ausencia del dolor?

Con tu clara y sutil
alegría no cabe el desaliento;
la sombra del hastío
jamás se te acercó.
Tú amas, pero nunca conociste
la melancolía del amor saciado.

desvelada o dormida
tú de la muerte debes conocer
cosas más verdaderas y profundas
que las soñadas por nosotros los mortales
pues si no ¿cómo correrían
tus notas en tan diáfana corriente?(3)

Miramos el pasado y el futuro
y anhelamos lo que no existe:
nuestra más auténtica risa
está mezclada con algún dolor,
las más dulces canciones son aquellas
que dicen el más triste pensamiento.

Incluso si pudiéramos
desconocer el odio y el orgullo y el miedo,
si fuéramos cosas nacidas
para no derramar nunca una lágrima,
no sé cómo pudiéramos
acercarnos a tu alegría.

Más allá de cualquier medida
de tono delicioso;
mejor que todas las riquezas
que se halan en los libros
es tu gracia para el poeta
¡oh, tú, despreciadora de este mundo!

Enséñame siquiera la mitad del júbilo
que debe tu cerebro conocer,
brotará una armoniosa
locura(4) de mis labios
que el mundo escuchará
como yo escucho ahora.

Notas del traductor:
(Fechado en junio de 1820. El que Shelley sitúe a una alondra cantando en el cielo en representación de un poder espiritual que puede extender su influencia por el mundo es reminiscencia de Platón -”Fedro” 246, 249- en donde el alma es vista como creciéndole alas y elevándose con ellas. Se dice que Shelley tradujo esta obra de Platón pero que la traducción se ha perdido.)
(1) El poeta quiere expresar con esta imagen que la alondra vuela hacia arriba para acabar desapareciendo (cf. “inapresable”, verso 16); ésta es también la idea central de la que arrancan la serie de comparaciones que ocupan las estrofas VIII, IX, X y XI; la alondra canta en el aire demasiado alta para ser vista.
(2) “(…) lámpara intensa palidece (…)”; T.S. Eliot cita estas palabras para ilustrar la confusión de Shelley al escribir, sin darse cuenta de que Shelley está describiendo -y acertadamente- a Venus, no a la Luna, a la que se refiere en la siguiente estrofa.
(3) El canto de la alondra fluye feliz porque la muerte no es para ella un misterio y por lo tanto no significa terror.
(4) “Locura” es igual a “inspiración poética” (cf. “Ion” de Platón).

A…

Me dan miedo tus besos, dulce virgen,
mas tú no tienes que temer los míos;
mi alma está demasiado profundamente llena
sin tregua para recibir la tuya.

Me dan miedo tu aire, tu acento, tu ademán,
mas tú no tienes que temer los míos;
cándido es el fervor del alma
con que te adoro.

(Fechado originalmente en 1820. Escrito probablemente para Sophia Stracey.)

Edición preparada por Lorenzo Peraile.

 

* * *

Percy Bysshe Shelley nació en Field Place, no lejos de Horsham, en el condado de Sussex, el día 4 de agosto de 1792 y murió ahogado a la edad de veintinueve años al naufragar a causa de una tormenta su pequeño navío “Don Juan” frente al golfo de La Spezia, cerca de Nápoles, el 8 de julio de 1822.

Principales obras:
(1810) The Wandering Jew (published 1877)
(1810) Zastrozzi
(1810) Original Poetry by Victor and Cazire
(1810) Posthumous Fragments of Margaret Nicholson: Being Poems Found Amongst the Papers of That Noted Female Who Attempted the Life of the King in 1786
(1811) St. Irvyne; or, The Rosicrucian
(1811) The Necessity of Atheism
(1812) The Devil’s Walk: A Ballad
(1813) Queen Mab: A Philosophical Poem
(1814) A Refutation of Deism: In a Dialogue
(1815) Alastor, or The Spirit of Solitude
(1815) Wolfstein; or, The Mysterious Bandit (chapbook)
(1816) The Daemon of the World
(1816) Mont Blanc
(1817) Hymn to Intellectual Beauty (text)
(1817) Laon and Cythna; or, The Revolution of the Golden City: A Vision of the Nineteenth Century
(1817) The Revolt of Islam, A Poem, in Twelve Cantos
(1817) History of a Six Weeks’ Tour through a part of France, Switzerland, Germany, and Holland (with Mary Shelley)
(1818) Ozymandias (text)
(1818) The Banquet (or The Symposium) by Plato, translation from Greek into English
(1818) Frankenstein; or, The Modern Prometheus (Preface)
(1818) Rosalind and Helen: A Modern Eclogue
(1818) Lines Written Among the Euganean Hills, October 1818
(1819) The Cenci, A Tragedy, in Five Acts
(1819) Ode to the West Wind (text)
(1819) The Masque of Anarchy
(1819) Men of England
(1819) England in 1819
(1819) A Philosophical View of Reform (published in 1920)
(1819) Julian and Maddalo: A Conversation
(1820) Peter Bell the Third (published in 1839)
(1820) Prometheus Unbound, A Lyrical Drama, in Four Acts
(1820) To a Skylark
(1820) The Cloud
(1820) Oedipus Tyrannus; Or, Swellfoot The Tyrant: A Tragedy in Two Acts
(1820) The Witch of Atlas (published in 1824)
(1821) Adonaïs
(1821) Hellas, A Lyrical Drama
(1821) Ion by Plato, translation from Greek into English
(1821) A Defence of Poetry (first published in 1840)
(1821) Epipsychidion
(1822) The Triumph of Life (unfinished, published in 1824)