Proverbios latinos

A

En realidad las siguientes son alocuciones latinas

A calvo ad calvum: ‘de calvo a calvo’. Del primero al último. El emperador Calígula empleó esta expresión cuando, en una visita a la cárcel, ordenó que los prisioneros fueran colocados en fila, y resultó que tanto el primero como el último no tenían pelo.

Ab æterno: ‘por toda la eternidad’.

Ab imo pectore: ‘desde el fondo del pecho’. Con toda sinceridad, a pecho descubierto.

Ab initio: ‘desde el inicio’, desde tiempo inmemorial.

Ab irato: ‘por la ira’, movido por el enojo.

Ab origine: ‘desde el origen’, aborigen.

Ab ovo: ‘desde el huevo‘; desde el principio.

Ad absurdum: ‘al absurdo’ (demostrar algo hasta llegar al absurdo).

Ad astra: ‘hasta las estrellas’ (equivalente al máximo desafío de superación).

Ad hoc: ‘para esto’, hecho específicamente para un determinado fin.

Alea jacta est: ‘la suerte está echada’, atribuida a Julio César al cruzar el Rubicón.

Aquila non capit muscas: ‘El águila no caza moscas’, Quien es importante no se ocupa de pequeñas cosas.

Ars longa vita brevis: ‘El arte (la ciencia) es duradero pero la vida es breve’. Cita de Hipócrates

B

Beati pauperes spiritu: ‘bienaventurados los pobres de espíritu’ (texto bíblico).

Beati qui non viderum et crediderunt: ‘Bienaventurados los que no vieron y creyeron’. Texto Bíblico.

Beati possidentes: ‘felices los que poseen’. Locución ocupada por Bismarck.

Beatus ille qui procul negotiis: ‘dichoso aquel alejado de los negocios’. Primer verso del segundo epodo de Horacio.

Bellum omnium contra omnes: ‘guerra de todos contra todos’, referida al estado de naturaleza que precedió al pacto social. (Hobbes).

Bis dat qui cito dat: ‘quien da pronto da dos veces’. Quien hace un favor prontamente merece doble agradecimiento del favorecido.

Bis repetita placent: ‘las cosas repetidas gustan’.

Bona diagnosis, bona curatio: ‘un buen diagnóstico: una buena curación’ (para curarse es necesario saber de qué se está enfermo).

Bona fides contraria est fraudi et dolo: ‘la buena fe es contraria al fraude y al engaño’.

Bonum vinum laetificat cor hominis: ‘el buen vino alegra el corazón del hombre’.

Brevior saltare cum defurmibus mulieribus est vita: ‘la vida es corta para bailar con mujeres feas’.

C

Caesar caesaris, deus dei” ‘Al Cesar lo que es del Cesar, a Dios lo que es de Dios’.

Caelum non animum mutant qui trans mare currunt” ‘cambian de cielo, no de espíritu, los que huyen al otro lado del mar’.

Caesar, non super grammaticos: ‘César, no [estás] sobre los gramáticos’. Se cuenta que el emperador Tiberio empleó en cierta ocasión una palabra no latina. El lingüista Ateio Capitón se lo hizo notar, a lo que el regio personaje contestó «Desde ahora pasará a serlo», por lo que el filólogo replicó con la frase citada. Ver también Ego sum rex romanus et súper grammáticam.

Canes timidi vehementius latrant: ‘Los perros más cobardes son los que más ladran’, ‘perro ladrador poco mordedor’.

Caret initio et fine: ‘No tiene principio ni fin’,‘no tiene ni pies ni cabeza’.

Carpe diem: ‘disfruta el día’, vive el momento.

Carpe noctem: ‘disfruta la noche’.

Castigat ridendo mores: ‘corrige riendo las costumbres’. Se refiere a la sátira y a la comedia, empleadas en no pocas ocasiones para denunciar los vicios de la sociedad. Esta frase fue adoptada como eslogan por dos teatros parisinos.

Casus belli: ‘caso bélico’, motivo de guerra.

Caveant consules ne qüid detrimenti respública capiat: ‘que los cónsules tengan cuidado, para que la república no sufra ningún daño’. Comienzo del llamado senatus consultum últimum, invitando a nombrar a un dictador en caso de peligro para el Estado.

Cave ne cadas: ‘cuida de no caer’ o ‘cuidado, no caigas’. Frase que le era repetida a los generales victoriosos de Roma en el triumphus (desfile triunfal) por el mismo esclavo que sostenía la corona de laureles sobre su cabeza. Se utiliza para que no olvidemos lo efímero del triunfo y no caigamos en la arrogancia, la soberbia y otros defectos productos del momento y mantengamos los pies en el suelo.

Cedant arma togae: ‘que las armas cedan a la toga’. Palabras que Cicerón escribió en alabanza de su propio consulado. Se usa para afirmar la preeminencia del poder civil sobre el militar.

Ceteris paribus: ‘el resto constante’. Método de análisis que consiste en mantener todas las variables constantes, excepto aquella que pretende analizarse.

Cogitationis poena nemo patitu: ‘con el pensamiento no se delinque’

Cogito ergo sum: ‘pienso, por lo tanto soy’ («Pienso, luego existo»). Principio básico del pensamiento cartesiano.

Cogitationis poena nemo patitur: ‘el pensamiendo no delinque’.

Conditio sine qua non ‘condición sin la cual no es posible, condición inexcusable’, se emplea para referirse a algo que no es posible sin una condición determinada, porque es aquella sin la cual no se hará una cosa o se tendrá por no hecha. Debe pronunciase: sinekuanón y no: sinekuánon.

Consensus facit nuptias: ‘el consenso hace las nupcias’. Principio de derecho por el cuál la base fundamental del matrimonio es la voluntad libre y conjunta de las dos personas que deciden contraerlo.

Constantia fundamentum est omnium virtutum: ‘La constancia es el fundamento de todas las virtudes’.

Consumatum est: ‘todo está acabado’. Traducción al latín de las últimas palabras de Jesús de Nazaret en la cruz. Se emplean estas palabras a propósito de un desastre, de un gran dolor, etc.

Conticuere omnes, intentique ora tenebant: ‘callaron todos, y miraban atentamente’. Así comienza el segundo libro de la Eneida, y se usa para indicar una gran expectación.

Corruptio optimi péssima: ‘la corrupción de los mejores es la peor de todas’

Corruptissima re publica plurimae leges: ‘la república más corrupta es la que tiene más leyes’.

Credo quia absurdum: ‘creo porque es absurdo’. Atribuido a Tertuliano, padre de la Iglesia, sobre la existencia de Dios.

Cui prodest? / Cui bono?: ‘¿a quién beneficia?’

Cuius est solum, eius est usque ad caelum et usque ad inferos: El dueño del suelo lo es también del cielo que está encima, y del subsuelo que está debajo.

Cum finis est licitus, etiam media sunt licita: ‘cuando el fin es lícito, también lo son los medios’. Frase de un manual de moral escrito en 1650 por el jesuita Busenbaum.

Cum fovet fortuna, cave, namque rota rotunda: ‘cuando la fortuna te favorece, ten cuidado, porque la rueda gira’.

Cum lupus addiscit psalmos desiderat agnos: ‘cuando el lobo aprende salmos, echa de menos a los corderos’.

Cum Romae fueritis, Romano vivite more: ‘si vais a Roma, vivid según la costumbre romana’. Allí donde fueres, haz lo que vieres.

Cum tacent, clamant: ‘cuando callan, gritan’. Palabras de Cicerón dirigidas a su enemigo Catilina, queriendo resaltar el valor expresivo del silencio.

Currículum vítae: ‘carrera de la vida’. Documento en el que figura la experiencia profesional, así como los estudios de una persona.

(De Wikipedia)

Samuel Beckett (1952) En attendant Godot [Waiting for Godot] (Esperando a Godot)

Samuel Beckett escribió Esperando a Godot originalmente en francés y luego él mismo hizo la traducción al inglés como Waiting for Godot. Es una de las obras teatrales y literarias más importantes de todas las épocas, sobre todo del llamado “teatro del absurdo”.

En principio dos personajes, Estragón y Vladimiro, en un “camino en un descampado, con árbol. Atardecer”, al parecer vagabundos, que se reencuentran. Están esperando a Godot, quien les dijo que tenían que esperar “delante del árbol”. Luego aparecerán Pozzo quien trae a Lucky con una soga atada al cuello. Un muchacho intervendrá para traerles alguna novedad de Godot.

¿Para qué esperan a Godot? ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene esperar? ¿Por qué Pozzo somete a un trato inhumano a Lucky?

Todo transcurre en torno a estas preguntas cuyas respuestas el espectador o lector podrá interpretar, pero cuya absurdidad quizás no sea tal ya que simplemente nosotros somos los que ignoramos. Quizás los personajes sepan de qué se trata este drama. Quizás todo sea absurdo porque la vida es absurda, tanto como preguntarnos por la vida.

* * *

VLADIMIRO.- No perdamos el tiempo en discusiones inútiles. (Pausa. Con vehemencia.) Hagamos algo, ahora que se presenta la ocasión. No siempre nos necesitan. La verdad es que no se nos necesita. Otros lo harían igual que nosotros, si no mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a toda la Humanidad. Pero en este lugar, en ese momento, nosotros somos la Humanidad, queramos o no. Aprovechemos la Ocasión antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez a esa ralea de que la desgracia nos ha hecho formar parte. ¿Qué te parece?

ESTRAGÓN.- No te escuchaba.

VLADIMIRO.- Bien es verdad que quedándonos de brazos cruzados, pesando el pro y el contra, también hacemos honor a nuestra condición. El tigre se precipita en auxilio de sus congéneres sin pensarlo. O se refugia en lo más espeso de la selva. Pero la cuestión no es esta. «¿Qué hacemos aquí.?», es lo que tenemos que preguntarnos. Tenemos la suerte de saberlo. Si; en medio de esta inmensa confusión, una sola cosa está clara: esperamos que venga Godot.

ESTRAGÓN.- Es verdad.

VLADIMIRO.- O que caiga la noche. (Pausa.) Tenemos una cita, y se acabó. No somos santos; pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?

ESTRAGÓN.- Infinidad de gente.

VLADIMIRO.- ¿Tú crees?

ESTRAGÓN.- No sé.

VLADIMIRO.- Es posible.

POZZO.- ¡Socorro!

VLADIMIRO.- Lo que es cierto es que el tiempo, en estas condiciones, pasa despacio y nos lleva a llenarlo con triquiñuelas que, ¿cómo diría?, a primera vista pueden parecer razonables, pero a las que estamos acostumbrados. Me dirás que es para impedir que nuestra razón se nuble. De acuerdo. Pero he aquí lo que me pregunto a veces: ¿no anda errante ya en la continua noche de los grandes abismos? ¿Sigues mi razonamiento?

ESTRAGÓN.- Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo.

POZZO.- ¡Socorro! ¡Les daré dinero!

ESTRAGÓN.- ¿Cuánto?

POZZO.- Dos duros.

ESTRAGÓN.- Es poco.

VLADIMIRO.- Yo no llegaría hasta eso.

ESTRAGÓN.- ¿Te parece bastante?

VLADIMIRO.- No; quiero decir hasta afirmar que cuando vine al mundo ya estaba mal de la cabeza. Pero la cuestión no es esa.

POZZO.- Cinco.

VLADIMIRO.- Estamos esperando. Nos aburrimos. (Levanta la mano.) No, no me contradigas; nos aburrimos como ostras, qué duda cabe. Bueno. Se nos presenta una diversión, ¿y qué hacemos? La dejamos que se pudra. Venga; manos a la obra. (Avanza hacia POZZO, se detiene.) Dentro de un instante todo se disipará. Estaremos otra vez solos, en medio de las soledades. (Piensa.)

(Del Acto II)

Beckett

Samuel Barclay Beckett nació el 13 de abril de 1906 en Foxrock, Dublin, Irlanda y falleció el 22 de diciembre de 1989 en Paris, Francia. En 1969 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Obras dramáticas: 
Teatro:
Human Wishes (c. 1936; publicada en 1984)
Eleutheria (1940s; publicada en 1995)
En attendant Godot [1952; Waiting for Godot (1953), Esperando a Godot]
Act Without Words I (1956)
Act Without Words II (1956)
Endgame (1957, Final de partida)
Krapp’s Last Tape (La derniére bande, 1958, La última cinta)
Rough for Theatre I (fines de los ’50)
Rough for Theatre II (fines de los ’50)
Happy Days (Oh les beaux jours, 1961, Los días felices)
Play (1963)
Come and Go (1965)
Breath (1969)
Not I (1972)
That Time (1975)
Footfalls (1975)
Neither (1977) (Una “opera”, música de Morton Feldman)
A Piece of Monologue (1980)
Rockaby (1981)
Ohio Impromptu (1981)
Catastrophe (1982)
What Where (1983)

Radio:
All That Fall (1957)
From an Abandoned Work (1957)
Embers (1959)
Rough for Radio I (1961)
Rough for Radio II (1961)
Words and Music (1961)
Cascando (1962)

Television:
Eh Joe with Jack MacGowran (1965)
Beginning To End with Jack MacGowran (1965)
Ghost Trio (1975)
… but the clouds … (1976)
Quad I + II (1981)
Nacht und Träume (1982)
Beckett Directs Beckett (1988/92) The San Quentin Drama Workshop

Cine:
Film (1965)

Colecciones de prosas y obras más extensas: 
Novelas:
Dream of Fair to Middling Women (1932; publicada en 1992)
Murphy (1938)
Watt (1945; publicada en 1953)
Mercier and Camier (1946; publicada en 1974)
Molloy (1951)
Malone Dies (1951, Malone muere)
The Unnamable (1953, El innombrable)
How It Is (1961, Cómo es)

Novellas:
The Expelled (1946)
The Calmative (1946)
The End (1946)
The Lost Ones (1971)
Company (1980, Compañía)
Ill Seen Ill Said (1981)
Worstward Ho (1983)
As the Story was Told (1990)

Historias:
More Pricks Than Kicks (1934)
First Love (1945, Primer amor)
Stories and Texts for Nothing (1954)
Fizzles (1976)
Stirrings Still (1988)

No ficción:
Dante…Bruno. Vico..Joyce (1929)
Proust (1931)
Three Dialogues (con Georges Duthuit y Jacques Putnam) (1949)
Disjecta (1929–1967)
L’Image (1959)

Libros de poesía:
Whoroscope (1930)
Echo’s Bones and other Precipitates (1935)
Collected Poems in English (1961)
Collected Poems in English and French (1977)
What is the Word (1989)
Selected Poems 1930–1989 (2009)

Colección de traducciones y obras grandes:
Anna Livia Plurabelle (traducción francesa de James Joyce hecha por Beckett y otros) (1931)
Negro: an Anthology (Nancy Cunard, editor) (1934)
Anthology of Mexican Poems (Octavio Paz, editor) (1958)
The Old Tune (Robert Pinget) (1963)
What Is Surrealism?: Selected Essays (André Breton) (varias obras breves en la colección)

Javier Recio Gracia (2009) The Lady and the Reaper (La dama y la muerte)

Javier Recio Gracia nació en Madrid, España en julio de 1981.

Este excelente corto fue nominado en la categoría Mejor Corto Animado para los premios Oscar 2010, primera obra española en alcanzar esta mención (el premio lo obtuvo Logorama de Nicolas Schmerkin).

Marco Denevi / Cuento de horror

La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) , resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:

-Thaddeus, voy a matarte.

-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.

-¿Cuándo he bromeado yo?

-Nunca, es verdad.

-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?

-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.

-Todavía no lo sé. Quizás poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.

El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

* * *

Marco Denevi nació el 12 de mayo de 1922 en Sáenz Peña, Provincia de Buenos Aires, Argentina y falleció el 12 de diciembre de 1998.

Novelas:
Rosaura a las diez (1955)
Un pequeño café (1966)
Parque de diversiones (1970)
Los asesinos de los días de fiesta (1972)
Salón de lectura ( cuentos, poesía, teatro y ejercicios de literatura menor, 1974)
Los locos y los cuerdos (1975)
Obras completas (1985. Con los años, se le fueron agregando tomos, hasta completar seis: el primero no tiene título especial; tomo 2: Cuentos, volumen 1; tomo 3: Cuentos, volumen 2; tomo 4: Falsificaciones; tomo 5: Cartas peligrosas y otros cuentos; tomo 6: Teatro)
Robotobor (novela corta infantil, con ilustraciones de Antonio Berni, 1980)
Manuel de Historia (1985)
Enciclopedia de una familia argentina (1986)
Música de amor perdido (1990)
Nuestra Señora de la noche (1997)
Una familia argentina (1998)

Libros de relatos:
Ceremonia secreta (escrito en 1960, este relato daría nombre después a una recopilación, prologada por Alberto Manguel, 1996)
Falsificaciones (microrrelatos, 1966)
El emperador de la China y otros cuentos (1970)
Hierba del cielo (1973. Contiene nueve cuentos: Charlie; Efímera, peligro amarillo; Viaje a Puerto Aventura; Gaspar de la Noche; Michel; Decadencia y caída; Carta a Gianfranco; He aquí a la sierva de los señores; y Hierba del cielo)
Furmila, la hermosa (cuento infantil, 1986)
El jardín de las delicias (Mitos eróticos) (1992)
El amor es un pájaro rebelde (1993)
Noche de duelo, casa del muerto (1994)

Teatro:
Los expedientes (1957)
El emperador de la China (1959)
El cuarto de la noche (1962)
Los perezosos (1970)
El segundo círculo o El infierno de la sexualidad sin amor (1970)
Un globo amarillo (1970)
Fatalidad de los amantes (1974)

Ensayos:
La República de Trapalanda (1989)

Son of Rambow (2007) El hijo de Rambow

El director Garth Jennings (1972, Epping, Essex, Inglaterra) hizo sólo la película The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (Guía del que hace dedo en la galaxia, 2005) antes de la genial comedia El hijo de Rambow.

Ambientada en un colegio secundario de Inglaterra a principios de los ’80, Lee Carter (Will Poulter) es un chico de una familia buena económicamente, que tiene un geriátrico junto a su casa. Sus padres nunca están presentes, sí lo está Lawrence, su hermano mayor, aunque no le presta mucha atención ya que pasa el tiempo con sus amigos y lo tiene como su sirviente. Lee en el colegio tiene mala conducta, es pendenciero, mentiroso y comete pequeños robos. Incluso va al cine con su cámara y filma las películas para luego piratearlas.
Will Proudfoot (Bill Milner) es introvertido, temeroso pero con una fantasía desbordante. Vive en un hogar en el que profesan la religión católica pero con estricta observancia de los ritos, la hermandad “Plymouth Brethren”, que no tiene contacto con nadie que no pertenezca a la agrupación ni escuchan radio ni ven televisión. Su padre ha muerto y su familia es su madre Mary (Jessica Stevenson), su hermana menor Jess (Tallulah Evans) y su abuela (Anna Wing).
Ambos se conocen y a partir del momento en que comparten el secreto de que Lee está filmando una adaptación de First Blood, llamada “El hijo de Rambow” (para presentarla a un concurso de la BBC), entablarán una amistad creciente.
Sus mundos se entrecruzarán aún más con la aparición de un contingente de estudiantes franceses en el colegio, uno de los cuales, Didier Revol (Jules Sitruk) tendrá un papel importante que jugar en la historia.

El hijo de Rambow es una historia acerca de la amistad, la lealtad, el mundo adulto, pero el gran valor reside en que está contada desde el mundo infantil y adolescente, donde la fantasía está presente como un elemento más que normal. Ambos protagonistas vivirán momentos de aventura pero también situaciones más bien dramáticas y que tienen que ver con sus familias. Las actuaciones lucen absolutamente frescas, espontáneas y creíbles.

Escuela Nº 5 Adultos, Distrito Escolar 16: para mayores de 14 años que quieran iniciar o terminar la escuela primaria

La Escuela Nº 5 Adultos del Distrito Escolar 16 brinda la posibilidad de terminar o iniciar la escuela primaria a personas mayores de 14 años, con modalidad presencial o semipresencial y de manera gratuita.

Ofrece cursos especiales con salida laboral: Corte y confección, Cocina, Folklore, Inglés (Nivel I y II), Computación, Cosmetología, Accesorios de la moda y Peluquería.

El horario es de 19 a 21 hs.

La escuela está ubicada en José León Cabezón 3446, Villa Devoto, a cinco cuadras de Av San Martín y Av General Paz.

Teléfono 4574-5188.

Joss Stone / En vivo en Highline Ballroom en New York (20.06.2012)

Joss Stone (Jocelyn Eve Stoker) nació el 11 de abril de 1987 en Dover, Kent, Inglaterra.

Discografía: The Soul Sessions (2003), Mind Body & Soul (2004), Introducing Joss Stone (2007), Colour Me Free! (2009), LP1 (2011), The Soul Sessions Volume 2 (2012). Participó del grupo SuperHeavy junto a Mick Jagger, Dave Stewart, A. R. Rahman y Damian Marley, publicando el album Superheavy (2011).

Guillermo Raffo / Desafinado

(Publicado en Perfil, 18.11.2012)

Me afinaron el piano, y ahora todo suena como si fuera fácil de explicar, sencillo, insatisfactorio. Lo que sé tocar sale apenas decente y lo que toco mal –casi todo– se nota más. Falta algo que no estaba bien, pero a lo que ya me había acostumbrado. Perdí la excusa, la protección del error mecánico y ajeno, la ilusión de complejidad en un sonido que no era mérito mío sino de la inevitable decadencia de los materiales. Voy a tener que joderme, practicar más y tocar mejor.

Lo mismo les pasó a todos –casi todos– quienes tuvieron que decir algo en público sobre el 8N, después del 8N, ahora que todo quedó mucho más claro. Empezando por el Gobierno, que decidió ignorarlo como ignora todo lo humano desde su constitución misma. Queríamos que hiciera algo mejor pero hizo lo único consistente con su comportamiento desde 2004. No da para sorprenderse, y tal vez por eso los análisis profesionales publicados en estos días –los de quienes interpretan la realidad porque trabajan de eso– fueron aburridos, solemnes y bastante pobres. Eduardo Fidanza escribió: “Oscilamos, sin sangre, entre Shakespeare y Maquiavelo”. Cuando las cosas son –o parecen– de una complejidad inextricable, no es difícil decir algo que suene interesante; cuando se simplifican, decimos boludeces.

¿Cómo puede ser que la nota de Beatriz Sarlo sobre la manifestación numéricamente más importante en décadas –un análisis que esperaba todo el mundo, porque es una de las personas más lúcidas y mejor formadas de su generación, y además es sommelier de marchas– hable casi exclusivamente de 6, 7, 8? ¿Estamos todos locos? Sí, sí, leo a Sarlo porque me interesa mucho saber qué piensa de Cynthia García. ¿Qué va a pensar? Que es tarada. ¿Qué posibilidades hay de que piense otra cosa? No lo va a decir así, por supuesto, porque en su universo simbólico todo es más complicado. Pero esto no es complicado. Algunas cosas son simples.

Lo que pasa a veces cuando las cosas son simples es que no nos gustan. A veces no nos gustan porque ontológicamente van en contra de lo que queremos –a Cristina, por ejemplo, no hay manera de que le guste el 8N, más allá de su grado de complejidad– y a veces no nos gustan porque estamos acostumbrados a otra cosa.

En un libro extraordinario cuya existencia descubrí esta semana, Charles Ives cuenta su experiencia infantil con música en cuartos de tono. La música que escuchamos habitualmente se detiene en la subdivisión por semitonos, pero el oído humano detecta diferencias más sutiles que forman parte de la música desde siempre, aunque en Occidente se sistematizaron recién en el siglo XIX. Disculpen que me ponga a hablar de esto. Seré breve.

El papá de Charles Ives tenía debilidad por los cuartos de tono, y ni siquiera le alcanzaba con eso, quería más. A mediados de la década de 1880 inventó un aparato con veinticuatro cuerdas de violín afinadas caprichosamente para explorar distintas tonalidades, e intentó convencer a su familia de cantar con él en cuartos de tono, una propuesta que tuvo poco éxito y que sólo mantuvo –dice Ives– como castigo. Más adelante, habiendo llegado a la correcta conclusión de que una melodía en cuartos de tono debía ser sostenida por acordes en su misma escala, llenó el living de brazos mecánicos con arcos, operados mediante pesas y poleas, que tocaban continuamente esos acordes. Su familia y los vecinos lo disuadieron rápidamente de ese experimento.

“Pero recuerdo claramente una impresión –escribe Ives–. Habiéndome acostumbrado a escuchar una pieza en la cual la melodía y sus acordes iban acompañados de ornamentaciones y detalles en cuartos de tono, después no la podía escuchar tocada en un piano normal sin sentirme pésimo, insatisfecho, privado de algo.”

Una suma de tradiciones culturales bastante diversas, una historia política vertiginosa y barroca –y el peronismo, también, y la casualidad, y el psicoanálisis– nos acostumbraron durante casi un siglo a la idea de que la sociedad se compone de capas infinitas de complejidad y que la realidad es, en última instancia, inaprehensible. Esto es cierto en más de un sentido. Pero si chocás con la moto, te matás igual.

Y lo que no se puede creer es que, ante una situación de emergencia, los más mediocres simulen que no existe y los más inteligentes, quienes podrían estar ayudándonos, desfilen por los medios exhibiendo su nostalgia de cuando un país culturalmente más rico y más viable les permitía el lujo de pensar en cuartos de tono.

Las ideologías existen y la polarización es algo muy poco saludable para una democracia moderna. Pero el problema que tenemos hoy es que estos tipos están locos. Sale un millón de personas a la calle a manifestar una preocupación genuina y el Gobierno les contesta con una referencia al Congreso del Partido Comunista Chino. No es normal. No entra más en el esquema tradicional de la mesa redonda con un helecho al costado y usted qué piensa, doctor, escuchemos las dos campanas, ¿qué dirán las encuestas? No sé, ni me importa qué dicen las encuestas, porque las hace Artemio, porque está todo hecho mierda a un punto tan extremo que comportarse con las formas y el discurso de la Argentina del siglo XX es absurdo, es como ir vestido a la playa.

No hay más debate ideológico en Argentina. Hace tiempo que no hay. Es un simulacro. Lo que hay es esto: el gobierno de Once, de Ciccone, del Indec, de la Ley de Medios, de Aerolíneas, de Milagro Sala, de los fondos de la Anses, de Repsol y Gils Carbó, de metamos preso a Lanata en Venezuela y después digamos que miente, objetivamente y más allá de toda inclinación doctrinaria, nos está haciendo daño. Además, no les importa y están dispuestos a hacer y decir cualquier cosa para quedarse ahí para siempre. La oposición fue cómplice de esto y –en mayor o menor medida– lo sigue siendo. Decime, en estas condiciones, qué debate ideológico querés tener. Y sobre todo decime con quién. ¿Con Brienza? ¿Con Feletti?

A la isla desierta, cuando todo explote, me voy a llevar New Music in Quarter Tones, un disco de 1967 que al principio odié pero después gasté de tanto escucharlo, y que los valientes podrán conseguir en internet por la módica suma de dos dólares que Moreno no les va a dejar pagar. Amo ese disco, pero cuando hago una fiesta en casa no se lo paso a los invitados, por motivos que supongo serán obvios. Por esos mismos motivos necesitamos que la intelligentzia local se deje de joder con una complejidad que no existe.

Todo se puede hacer bien, lo complicado y lo simple. Buddy Holly y Charles Ives no son uno mejor que el otro. Pero si le agregás cuartos de tono a Buddy Holly no suena complejo; suena desafinado.

La versión Buddy Holly de lo que acabo de decir apareció en una foto del 8N. Una pareja de aspecto melancólico sostenía un cartel escrito a mano que decía: “Esta generación se tendrá que arrepentir no por lo que hicieron los malos, sino por los que se quedan callados”. Es eso.

* * *

Guillermo “Huilli” Raffo tiene 43 años, es escritor y cineasta. En 2004 lanzó el blog Los Trabajos Prácticos (bonk.com.ar) donde han colaborado Tomás Abraham, Esteban Schmidt, Quintín, Ivana Steimberg, Santiago Llach, Hernán Iglesias Illa, Guillermo Piro, Eliseo Brener, Fabián Casas y Roberto Gargarella.

Estudió cine en Buenos Aires, después se fue a Los Angeles a hacer un posgrado en la University of Southern California gracias a una beca Fulbright. Volvió en 2001 y nuevamente partió, esta vez a Madrid y, cinco años después, llegó a Londres, East Sussex, donde vive de escribir guiones de cine.

El libro HolyFuck (2011) es una selección de textos publicados en el sitio entre 2004 y 2010, y fue publicado por GarrinchaClub.

(Datos obtenidos de la nota de Luciana Vázquez, “El creador del blog Los Trabajos Prácticos, un outsider”, lanacion.com.ar)

Moonrise Kingdom (2012) Un reino bajo la luna

Un reino bajo la luna fue dirigida por Wes Anderson (EEUU, 1969), quien hizo también El fantástico Sr. Fox (2009), Viaje a Darjeeling (2007), Vida acuática (2004), Los excéntricos Tenenbaums (2001), Academia Rushmore (1998) y Bottle Rocket (1996).

Ubicada en 1965, la historia transcurre en una isla al norte de EEUU, en Nueva Inglaterra. Las características del frío, más bien solitario y bello lugar son amablemente descriptas por el narrador (Bob Balaban).

Entre los residentes permanentes está la familia de Walt (Bill Murray) y Laura Bishop (Frances McDormand) y sus numerosos hijos, una de las cuales es Suzy (Kara Hayward). Hay un jefe de policía de la isla, el Capitán Sharp (Bruce Willis) y un campamento de boy scouts al mando del Maestro Scout Ward (Edward Norton).

Sam (Jared Gilman), uno de los boy scouts ha abandonado el campamento y Suzy ha abandonado su casa. En su huida y en la búsqueda de un lugar propio, iniciarán el camino de ingreso a la adolescencia y el encuentro con su identidad.

La película es maravillosa. Porque hace foco en el universo infantil, porque es poética, porque cada escena y cada imagen, los colores y la música son bellas, porque la historia es original y porque tiene humor, absurdo, sentimientos y porque los adultos son tan ridículos, siempre ridículos ante los niños.

Párrafo aparte las actuaciones geniales de los dos actores principales Kara Hayward y Jared Gilman, con todos sus matices así como los chicos del campamento. Y el elenco de actores adultos ya nombrados, a los que se agregan Tilda Swinton (una representante de los Servicios Sociales) y Jason Schwartzman (el Tío Ben) acompañan con personajes patéticos y graciosos, cosa que no suele suceder tan a menudo cuando hay tanto actor de renombre junto.

La selección de la música es excelente. Los fragmentos de la obra The Young Person’s Guide to the Orchestra, de Benjamin Britten son estupendos. Esta obra es un referente dentro de las composiciones apropiadas para mostrarle cómo suenan los distintos instrumentos a quien aún no se ha iniciado en la música clásica. Pero también se incluyen otros fragmentos de obras de Britten, de la Simple Symphony, de Noye’s Fludde, de A Midsummer’s Night Dream, de Songs from Friday Afternoons, así como de Camille Saint-Saëns, Franz Schubert, Wolfgang Amadeus Mozart, Hank Williams y Alexandre Desplat (a cargo de la banda de sonido).

(Está exhibiéndose en el Showcase Belgrano.)

Henry Purcell (1695) Music for the Funeral of Queen Mary, Z. 860 (Música para el funeral de la reina María)

Henry Purcell nació el 10 de septiembre de 1659 en St Ann’s Lane Old Pye Street, Westminster, Inglaterra y falleció el 21 de noviembre de 1695.

La lista de obras de Henry Purcell está aquí.

Solistas: Céline Scheen, Hana Blazikova, Alice Foccroulle, Pascal Bertin, Jean-Christophe Clair, Jean-Michel Fumas, Phillipe Froeliger, Thibault Lenaerts, Renaud Tripathi, Jean-Claude Sarragosse, Lionel Meunier y Malcolm Bothwell.

Ensemble La Fenice, dirigido por Jean Tubery.

Año 2009.

(Un fragmento de esta obra está incluido en la banda de sonido original de la película A Clockwork Orange, La naranja mecánica. La versión con instrumentos electrónicos fue hecha por Wendy Carlos.)

Tomás Abraham / La importancia de ser lector

(Publicado en Perfil, 23.9.2012, perfil.com)

En este texto leído en la reciente Feria del Libro de Corrientes, donde fue nombrado ciudadano ilustre, el filósofo analiza el “humanismo de las letras”. Lamenta que hoy exista una “lectura militante”, que combina soberbia con estupidez, y advierte que una democracia plena sólo es posible con una población con ganas de estudiar y de leer.

Pertenezco a una generación para la que la lectura era un símbolo de prestigio cultural y de respeto individual. Recordemos que el presidente Arturo Frondizi se jactaba de leer un libro día por medio, y que sus hermanos tenían la talla intelectual de Silvio Frondizi y del académico Risieri Frondizi.

Quien leía transmitía sin duda un tipo de autoridad basada en alguna leyenda indescifrable, parecía el guardián de un arcano secreto que imponía silencio a su alrededor y lograba el reconocimiento de haber ascendido a un sitio envidiable por lo codiciado.

Se decía que una persona era leída –un modo pasivo de definir a quien se presentaba como depositario de un recurso importante– y cuando se elogiaba a un joven se comentaba que leía. Tener un libro en la mano, más aún cuando esa mano era la de una persona joven, no dejaba de ser una señal de un ser especial. Hasta tal punto que en épocas de dictadura, como por ejemplo aquella tan preocupada por los efectos perniciosos que la cultura podía tener en la sociedad como fue la del general Onganía, leer, tener barba y estudiar Filosofía eran certificados de peligrosidad y de sospecha permanente.

Por supuesto que no todo el mundo pretendía entrar a una librería o a una biblioteca cuando la vida o el ocio así se lo permitían, no era un horizonte de atracción masiva, pero sí una meta y una ambición elitista y selectiva que ponderaba algunas virtudes, se hacía eco de determinadas necesidades y soñaba con supuestas glorias.

La virtud consistía en tener acceso al conocimiento, y el conocimiento era un valor destacable. Quien más sabía más podía y más era. Saber, poder y ser. Por otra parte, la necesidad se fundamentaba en la constatación de que las autoridades legítimas nos mentían y que trataban de domesticarnos. Los padres, los pastores religiosos, los profesores, los militares, los abogados, los médicos, la policía, los representantes de la investidura que componía el entramado reticular de los discursos del poder, engañaban, y la salida liberadora consistía en la apropiación del saber para desmitificar esas palabras astutas, en apariencia terminantes, que nos dejaban, a nosotros, a aquellos jóvenes, sin palabras.

Por último, la gloria soñada era inocente, ingenua, aunque pudo con el paso del tiempo convertirse en un elemento delicado por su grado de inflamabilidad, porque de ser un faro que guía a una humanidad de naúfragos de acuerdo a la idea de genio que legó el romanticismo, el hombre de las letras se hace depositario de una verdad por la que exige entregar la vida, no sólo la suya sino la de todos, adeptos y disidentes.

Cuando hablamos de modernidad y cuando pronunciamos la palabra ilustración no hacemos más que referirnos a este compuesto de ideales que luchó por hacerse un lugar en un cosmos ordenado en base a una jerarquía trascendente, invisible, y sólo ella verdadera, representada por castas que aunaban el símbolo mítico-religioso y el poder militar. Este orden indestructible por dos milenios, desde la cultura antigua hasta las habilidades de la escolástica medieval, se fisurará en tres pedazos que provocan la gran dispersión que sella el final de los tiempos eternos de aquel Dios.

Cristóbal Colón y los grandes navegantes, Lutero y las sectas puritanas, Galileo Galilei con el ingreso del nuevo ojo mecánico que acerca a los sentidos lo que antes era sólo imaginable, producen esa grieta llamada modernidad cuyas sucesivas transformaciones no dejarán por eso de evocar ese primer gesto que modifica de raíz la concepción del tiempo y del espacio que se tenía de lo que se conocía por civilización.

El mundo ensanchado y vuelto sobre sí, el Cristo dividido y la Luna auscultada hacen mella en el Uno de la Verdad, y la multiplicidad infinita no tendrá otro cancerbero que la aventura del conocimiento.

Conocemos la leyenda del Fausto, que desde Christopher Marlowe a Goethe nos habla de la insaciabilidad de quien aspira al saber y de quien no quiere morir, ambos conjugados en el amor absoluto por la mujer ideal.

Fue fundacional de una civilización el mito de Prometeo, que cuenta la historia de la humanidad como resultado del acto de un traidor a la causa divina que roba el fuego y se lo da a esa especie de seres inferiores llamados hombres para que cuezan el barro, cocinen la carne animal y templen el metal.

Estos dos personajes de la literatura de todos los tiempos nos dicen que quien aspira al conocimiento es un transgresor. Los mitos mesopotámicos lo ilustran. Quien quiere saber peca de soberbia, se iguala a los dioses y sucumbe por su desmesura. La tragedia griega lo narra en Edipo como en Antígona.

Para saber es necesario tener coraje, no es un gesto gratuito ni una iniciativa ligera de tomar. Sócrates pertenecía a un mundo –el primero en la historia de la humanidad– en el que los hombres de una sociedad que se autodefinía como “política” se arrogan el derecho de darse a sí mismos sus propias leyes. Fue la primera separación entre el cielo y la tierra, entre el eje vertical de los sistemas palatinos y la circularidad de la palabra pública ejercida en las asambleas.

Emmanuel Kant, en su texto ¿Qué es la Ilustración?, anuncia a fines del siglo XVIII, hace poco más de doscientos años, que ha llegado la época en que la humanidad debe tener el coraje de saber, y que para tenerlo es necesario que se despoje de las tutelas en las que depositaba esa tarea.

El filósofo alemán afirma que la madurez es una actitud que se consigue por un gesto liberador de la custodia de los que se dicen autorizados por el saber: médicos, pastores, hasta llegar a mencionar los libros como almohadones para el reposo de quien pide que otros piensen por él. Pero no se trata de despreciar el conocimiento sino de usarlo luego de un trabajo personal, de un desafío a las certezas inducidas y a las verdades sagradas que imponen la obediencia debida y la lealtad a los mandamaces encumbrados en el poder.

La gramática cuestionada. ¿Se acuerdan de la palabra “autodidacta”? Educarse a sí mismo. Este propósito no implica desprecio alguno hacia los maestros –todo lo contrario– sino el hecho de que el estudio es un trabajo personal ineludible bajo la conducción sutil de un maestro.

Lo que el docente transmite no es tanto un cúmulo de conocimientos clasificados y una nomenclatura de sostén para expresarse con propiedad, sino su modo de aprender, que incluye sus equivocaciones. La enseñanza es el puente que se construye entre aprendices y estudiosos de generaciones sucesivas, en el que se instruye a aceptar el error de quien ensaya y experimenta incansablemente.

Hoy se dice que la era de la gramática ha fenecido. Se sostiene que los modos de acceso al conocimiento ya no necesitan del lenguaje verbal ni de sus expresiones escritas. Nos anuncian un cambio civilizatorio. Bienvenido sea, si tal presagio tiene contenido. El temor al cambio y la conservación de lo adquirido no siempre resguardan valores imperecederos. Todas las culturas tienen fecha de vencimiento.

Uno de los más interesantes filósofos de hoy, Peter Sloterdijk, dice que el humanismo de las letras ya no es el ideal comunicacional de nuestros días. Nos pide que dejemos de lamentarnos por esa pérdida. Escribir o leer no son actos naturales. No por eso llama al analfabetismo sino a una nueva concepción del saber con sus novedosas herramientas.

Lo que el filósofo alemán parece evocar es una nueva revolución galileana como aquella que descabezó las artes liberales de su trono humanista mediante la sustitución de la retórica, la gramática y la lógica de su sitial escolástico por la nueva verdad de la ciencia físico-matemática inscripta en las leyes naturales.

La novedad del día ya no reside en la conformación de un mundo estructurado según el paradigma clásico del siglo XVII, la mathesis universalis, es decir una clasificación del orden de los seres desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande de acuerdo a sus diferencias y semejanzas, esa idea de que el todo podía ser visible y calculable para la mente humana con el fin de la transformación de la naturaleza para la felicidad en esta tierra, sino en la revolución de las ciencias biológicas, que ya no hablan del mundo sino de la vida.

Para Sloterdijk hay un nuevo lenguaje que se inaugura a contracorriente del humanismo de las letras y de las artes y que dará cuenta de lo que llama Parque Humano.

De todos modos, no nos hagamos tantas ilusiones o, mejor dicho, podemos hacérnoslas por algún tiempo más. Mientras la ética, la política, la economía, no sean calculables y los intentos por elevar su perfil epistemológico para hacerlas disciplinas “duras” padezcan un fracaso tras otro –sabemos lo que valen las predicciones y los predicadores en nuestro mundo en crisis–, el discurso verbal o escrito de acuerdo a la arcaica sintaxis seguirán siendo vigentes, y los “relatos”, necesarios, al menos para engañar a la gente.

Recordemos que para los fundadores de la filosofía, como Platón, la escritura desnaturalizaba el conocimiento. Poner a disposición de cualquiera un saber delicado, conocimientos que requieren de parte del receptor virtudes comprobadas, se vuelve una apuesta arriesgada si el texto circula en el espacio público en manos anónimas para fines desconocidos.

Platón era muy cauto en cuestiones de democracia. Pero una vez que el mundo de la antigüedad se abre y deja de ser aquella polis griega en donde los asuntos políticos se dirimían de un modo directo en el ágora y en las asambleas, una vez que la figura del sabio pierde lo que Nietzsche llamaba su majestad sacerdotal que hacía de la Voz la emisión oracular de una verdad sólo mostrada de sesgo por el temor que producía, una vez que la ciudad griega se hace metrópolis y los espacios de confluencia se diagraman de acuerdo a dimensiones imperiales, puntos alejados, sin contacto directo, entonces el texto se hace epístola, carta para aproximar a los lejanos, preceptivas para acercar a maestros y discípulos. El escrito es un envío de amistad, una señal de aproximación, un llamado a la escucha que se hace lectura.

Leer, entonces, es recibir un mensaje de un amigo. Esta concepción del texto es una remisión muy antigua sobre el escenario en el que nace la filosofía, palabra que en su composición reúne el saber con la amistad, el amor con el maestro.

Leer no es lo mismo que estudiar. 
Pero no se trata sólo de una forma de la afección. Un texto no es un abrazo. Tampoco es una forma de estar conectado. Un texto se compone. Es lo primero que me enseñaron en la facultad, cuando ingresé creyendo que un libro era una caja que al abrirla contenía un mensaje como si fuera una mariposa que se libera con la lectura.

Leer no es lo mismo que estudiar. Estudiar es leer de otro modo. Tiene etapas. Se estudia –me refiero al campo de las humanidades, aquel en el que el alfabeto aún tiene sus prerrogativas, al menos hasta que la ingeniería genética, la farmacología y la biología avanzada no se apliquen al comportamiento y constituyan la primera ciencia social digna de ese nombre– con un lápiz, se escribe el texto que leemos, anotamos en los márgenes, subrayamos, destacamos las principales líneas de fuerza y las apartamos en hojas o fichas de lectura, organizamos los temas, prestamos atención a las fuentes bibliográficas del autor y a quienes señala como sus maestros, ponemos en una balanza sus preferencias como sus rechazos, sus remisiones a determinadas tradiciones, en qué y en quién se legitima, contra quién piensa y escribe.

En una palabra: conversamos con el autor. La palabra conversación es parte de la historia que relata las vicisitudes del arte interpretativo, que se conoce como hermenéutica, lo que no significa deponer arma alguna ni una permisibilidad blanda, ni la tolerancia como aceptación de la alteridad o del diferente.

Este modo de interacción necesita de la libertad del lector que, una vez respetada la distancia que todo texto impone para poder leerlo, distancia que mitiga el apuro por volcar sobre él nuestras ansiedades, no usarlo de espejo de nuestros deseos, evitar reducirlo para conformar nuestras certezas, por no decir nuestros prejuicios, una vez hecho el trabajo de lectura, discutimos el texto, nos involucramos en él, vemos despertar en nuestra mente imágenes de pensamiento que nos descubren mundos nuevos, hacemos de la lectura y de nuestro vínculo con el autor un desafío, un hilo cinchado por tensores.

Palabras conocidas de la tradición como debate, disputa, polémica, controversia, diálogo, son manifestaciones variadas del ejercicio de la lectura.

Por eso la lectura requiere humildad, lo que no quiere decir modestia ni falta de atrevimiento, sino perseverancia, constancia, el día a día del trabajo que se mejora a sí mismo por su dedicación activa.

Leer es una tecnología muy antigua, poco tiene que ver con lo que se dice y festeja con las nuevas tecnologías. Hay quienes tienen una concepción algo frívola de las nuevas tecnologías. Creen que lo principal es estar conectados, como si fuéramos aparatos domésticos que funcionan a corriente continua. La lectura es una labor solitaria. Se practica en el silencio. Requiere concentración. Estamos solos pero en nada aislados. Nos habla otro. Muchas veces nos habla un grande, un hombre superior, pero no en el sentido de que es un santo, ni un héroe, ni un hombre de algún poder, sino un ser de extrema sensibilidad que nos permite despegar nuestras propias ideas, construirlas, percibir el mundo con otros ojos.

Leer es una actividad antihipnótica sin conectividad. No se necesita del libro para llevarla a cabo, las pantallas también lo hacen, pero el libro nos ofrece la sensualidad del tacto, la rugosidad de la materia, el sabor terrestre de la manualidad, y la compañía mágica de un silencio sólido que no calla.

El tiempo de la lectura es un tiempo lento. La lectura en diagonal es para constipados que sólo quieren descargar cuanto antes su necia voluntad de creer que hay un final, o para incontinentes que no logran disfrutar la pausa que impone el placer del texto. No se hojea ni se solapean las páginas, salvo que se usen los libros para tareas de promoción personal y prestigios de sobremesa. Por eso hay que desconfiar de la mediocridad oculta en todo tipo de facilismos que nos hablan de la importancia de la creatividad, de la belleza de la espontaneidad, de la autenticidad del sentimiento, de las intensidades emotivas y de otras formas de la pereza. Pensar es un trabajo, y es tan necesario como respirar y para no ser un muerto viviente, como parece desearlo nuestro ministro de Educación nacional.

Cuando un responsable de la educación quiere ser partícipe del jolgorio de ocupaciones de colegios y del reclamo de derechos que identifica con supuestos compromisos sociales, lo que en verdad programa es una juventud entregada e ignorante.

Estudiar es un trabajo, quizás uno de los más maravillosos que se hayan inventado. Tiene que ver con uno de los rasgos que hacen de la especie humana un fenómeno vital interesante: la curiosidad.

Estudiar es una responsabilidad, porque insume recursos de alto costo social que se pagan con el esfuerzo colectivo. El estudiante hace uso de los mismos de un modo gratuito en la escuela pública. Por lo tanto, su deber es principal respecto de un derecho que ya ejerce.

Estudiar es un placer. Hoy en día la tecnología le abre a la adolescencia el universo del conocimiento de un modo tal que puede multiplicar sus energías en el aprendizaje de los misterios de la vida y de las complejidades del mundo como mi generación jamás pudo haberlo sospechado.

Imaginemos clases de Historia, Geografía, Biología o Física con el arsenal digital y la enciclopedia audiovisual que ofrece la web. Sin embargo, mientras el ministro de Educación hace demagogia impune, la deserción escolar en la escuela media llega en nuestro país al cuarenta por ciento. Es una garantía para la pobreza, el atraso y el abandono de futuras generaciones.

Debemos reinstalar la idea de que estudiar es un oficio. El sociólogo norteamericano Richard Sennett ha dedicado sus últimos libros para comprender la idea que subyace en la labor artesanal. La antigua idea de “oficio” por la cual hacer las cosas bien nos hace bien, nos permite respetarnos a nosotros mismos. La idea de oficio bien hecho vinculada a la de respeto por uno mismo es la nueva y vieja pedagogía.

Leer sin anteojeras. Decir sin fronteras no quiere decir sin idiomas, sin estilos, sin tradiciones, sino sin anteojeras. Hoy la palabra militancia es la justificación de una actitud fanática, y de una combinación letal para la inteligencia: soberbia con estupidez.

La ideología –si se quiere conservar esa idea de ser depositario de un sistema de representaciones al que se adhiere– se basa en convicciones mínimas que por lo general no se difunden por altavoz. Tiene que ver con los valores y se muestra en los actos.

Se ha difundido la idea de que todo el mundo aplica su ideología a lo que fuere, que todo es política, que la información y el periodismo son formas de la propaganda, que es lícito mentir si sirve a la causa, que todo vale por el modelo, y una estética de saldo en la adopción de la lamentable pose sobradora que siempre nos ha caracterizado, hoy nuevamente de moda, ante el aplauso de grupos cortesanos.

Se nos educa en el fascismo, que no es un régimen político, sino una cultura política.

Querer colaborar con la transformación del país para que no haya bolsones de miseria y un infradesarrollo humano en salud, educación y vivienda, lograr la plena expansión de las fuerzas productivas mediante la creación de tecnología que permita al país competir en el mercado mundial y ofrecer fuentes de trabajo bien remuneradas, hacerlo sin provocar conflictos internos paralizantes, guerras internas sangrantes, ciclos de avance y retroceso que desgastan a las generaciones y desaniman a las mayorías, construir un país en el que la distribución del poder por vías institucionales no permita que aspirantes a la tiranía se eternicen en el Ejecutivo con manejo de dineros e intimidación propios de sistemas policiales, hacer todo eso requiere de una población con ganas de estudiar, de trabajar, de formarse, de leer.

No hemos construido un sistema político en veintiocho años de democracia, es nuestra principal falencia, es lo que permite nuevas aventuras populistas y mecanismos que desde el Estado coartan libertades. El populismo se define por la acumulación de riquezas para quienes manejan el Estado, la impunidad para estos manejos por la corrupción del Poder Judicial, la compra de voluntades o la extorsión de las personas, y una masa de pobres asistidos y trabajadores precarizados, que sólo tienen por horizonte la perpetuación del asistencialismo que aseguran de un modo plebiscitario el poder de los jerarcas.

Sin embargo, construir una democracia política no es tarea sencilla en un país en el que el poder concentrado de la riqueza ejerce su peso político en la toma de decisiones gubernamentales.

El argumento a favor del populismo sostiene que en un país que tiene poderes corporativos fuertes y un Estado débil, un gobierno para sobrevivir no puede hacer otra cosa que acumular riquezas, lo que llamamos caja, y asociarse con sectores del capitalismo vernáculo.

Cuando esta necesidad no pudo colmarse, los gobiernos cayeron o fueron expulsados, cuando el abastecimiento en divisas fue una realidad, como en la década del 90 con lo obtenido por las privatizaciones y las remesas de la deuda externa, o en la actualidad, con el superávit comercial por la explosión de los precios de las materias primas, los gobiernos ejercen hegemonía política.

Por un lado, entonces, riesgo de ingobernabilidad; por el otro, opresión despótica. Este es uno de nuestros dilemas más urgentes que nos compelen a pensar una salida emancipadora y constructiva.

Y de pensar se trata para que la acción no se sostenga en sueños de salvación con las correspondientes pesadillas. Pensar es multiplicar, buscar obstáculos, no huir de los dilemas, tener el coraje de decidir. Cuando así se lo hace, cuando se piensa con libertad, las fronteras, las aduanas, los inspectores, todo eso se evapora, como sucede con todo lo que se disuelve en el aire cuando un libro nos conquista.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas (1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

tomasabraham.com.ar

Diana Cohen Agrest (2010) Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana)

Es el libro más reciente de Diana Cohen Agrest, donde se ocupa de trece cuestiones de nuestra vida de todos los días. Temas que en distinta medida se hacen presentes explícita o implícitamente para condicionar, influir en nuestra existencia.

Esas cosas tales como el manejo del tiempo (y la expectativa por optimizarlo), la felicidad (¿a qué llamamos felicidad?), el aburrimiento, la pereza (el ocio, la fiaca como recursos que van en contra del funcionamiento del mundo), el autoengaño (la mentira, la mala fe, el amor o su ilusión), la envidia (la sana o enferma envidia, los celos, el resentimiento, la indignación, la vergüenza, la admiración), el miedo (¿qué produce miedo?, el temor), el morbo (la seducción de lo repulsivo, la obscenidad, el asco), la vergüenza, el perdón (¿cuáles son las condiciones de posibilidad para que el perdón tenga lugar?), el envejecimiento, el morir y la inmortalidad.

Cohen Agrest se expresa con suma erudición y una magnífica claridad. La exposición de cada asunto es óptima y la bibliografía de cada capítulo prácticamente nos invita a ir más allá, provocando el deseo de más lecturas y aproximaciones.

*

Del capítulo “Morir (La posibilidad de todas las posibilidades)”:

¿Cómo vivir entonces con la certeza de un acontecimiento marcado por su inevitabilidad esencial? Si no hay nada que se pueda hacer con el hecho de que me voy a morir, si la muerte es nuestro destino último, rebelarnos ante ella es como enfurecernos porque dos más dos son cuatro o porque la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos. ¿Acaso nuestra ira puede incidir en algo en esas verdades matemáticas de que dos más dos son cuatro o que la suma de los ángulos interiores de un triángulo es igual a dos rectos? tal vez, aceptar finalmente su inevitabilidad, su necesidad, reduzca en algo el dolor de la muerte.

Pero hay otra lectura posible. Es cierto que una vida vivida hasta la vejez es más valiosa que una vida truncada en la juventud. No obstante, tomar conciencia de que la vida es un bien precioso, tan frágil como efímero, puede servirnos de impulso para conferirle un sentido valioso. Decíamos que somos seres orientados al futuro, seres abiertos al futuro. ¿Cuál de los varios porvenires que están abiertos para mí probablemente me ofrezca una vida digna de ser vivida?

Esa respuesta, una vez más, es absolutamente personal e intransferible. Pero vale la pena buscarla, como se ha buscado, desde que el hombre es hombre, cierto consuelo frente a la irreversibilidad del morir.

*

Del capítulo “La inmortalidad (Entre el anhelo de lo eterno y el alivio de lo efímero)”:

Si nos volvemos, por última vez, a las páginas devastadoras de La muerte de Iván Illich, advertimos que Tolstoi retrata allí el monólogo interior de quien, incapaz de aceptar su agonía, se transforma en un desertor de la dictadura de la lógica. Recorriendo los laberintos de su memoria, Iván recuerda el clásico silogismo aristotélico, repitiéndoselo a sí mismo en un estado de total incredulidad:

Todos los hombres son mortales.
Sócrates es hombre.
Por lo tanto, Sócrates es mortal.

-¿Qué tiene que ver eso conmigo? -clama Iván en un arranque de ira, resistiéndose a admitir la validez del razonamiento-. ¿Acaso ese silogismo no puede ocultar alguna especie de falla lógica? -se interroga una y otra vez-. Al fin y al cabo, que todos los hombres sean mortales poco o nada parece tener que ver conmigo, que sólo puedo vivenciarme como siendo.

Confrontándose con la lógica de la vida, el pensador existencialista Jean Améry reconoce que la lógica de la muerte se sostiene en un nihil, en una nada que es la negación de toda lógica que, por su naturaleza misma, se asienta en el ser. La lógica de la muerte, vacía de realidad, es pura negación, imposibilidad de pensamiento y de ser. De allí su imposibilidad de ser representada.

Pese a la irrepresentabilidad de la muerte, se intentó franquear la inexorabilidad de ese límite a través de una vía sustituta: la inmortalidad. kant proclamó que es imposible conocerla, y mucho menos proporcionar prueba alguna a favor de la inmortalidad. La lógica no alcanza a probarla. Y ni siquiera podemos afirmar su posibilidad. Pese a este límite radical, podemos afirmar con certidumbre moral que somos inmortales. Esa certeza hunde sus raíces en la moralidad: puesto que no podemos sustraernos a la fuerza del deber (ya que, aun transgrediéndolo o rehusándonos a obedecerlo, lo reconocemos como mandato), la ley moral exige su cumplimiento más perfecto que se consumaría plenamente en el ideal de la santidad. Ese ideal es un modelo de perfección moral al que los seres humanos deberían aspirar. Sin embargo, no puede ser alcanzado en el tiempo limitado de una vida humana. Por ser finitos, los seres humanos son incapaces de alcanzar ese ideal de santidad en las condiciones de este mundo. Dado que la perfección moral sólo puede ser lograda en un progreso al infinito, entonces dicho progreso sólo es posible “si suponemos una existencia y personalidad duradera”, esto es, concluye Kant, una alma inmortal. La inmortalidad sostenida en la posibilidad de la perfección es entonces un postulado necesario para la moralidad.

(…)

Tal vez la vida, per se, carezca de significación. Queremos continuar viviendo porque nos duelen deseos todavía no realizados, y esos deseos son una promesa venturosa que sólo el futuro nos puede conceder. Es entonces el ser humano, como ser deseante, quien le confiere al tiempo vital su sentido existencial. Y sin deseos, no contamos con ninguna razón valedera para ver en la muerte una desventura. Más aún cuando intuimos que, a modo de amenaza latente, nuestra vida podría prolongarse indefinidamente de manera insoportable.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Greenpeace / ¡Ley de basura electrónica ya!

La Ministra de Industria, Débora Giorgi, está trabando en Diputados la Ley de Basura Electrónica priorizando intereses norteamericanos por sobre la salud y el ambiente. Hace minutos diez activistas escalaron el Congreso de la Nación y desplegaron una bandera gigante para denunciar a la funcionaria y hacer visible nuestro reclamo.

Actuá vos también. Exigile ahora a la Ministra que deje de bloquear la aprobación de la Ley de Basura Electrónica y de beneficiar a los fabricantes norteamericanos. Hacé click aquí

Quedan sólo 23 días para que se caiga el proyecto de ley, sin embargo, la Ministra lo frena beneficiando a las empresas que hoy contaminan la tierra, el aire y el agua con sustancias altamente tóxicas y que se niegan a hacerse responsables legal y económicamente de los desechos de sus residuos.

Gracias a la participación de más de 100.000 personas como vos, logramos que la ley se tratara en las Comisiones de Ambiente y de Industria. Ahora sólo falta que se le de tratamiento en la Comisión de Presupuesto, pero para eso necesitamos que la Ministra deje de interponerse en el proceso.

Como ciudadano argentino escribile hoy a la Ministra Débora Giorgi para que priorice la salud y el ambiente de nuestros habitantes y deje de bloquear la Ley de Residuos Electrónicos beneficiando intereses norteamericanos. Hacé click aquí.

Cada año en nuestro país se generan 120 mil toneladas de basura electrónica que contaminan con sustancias tóxicas la salud y el ambiente. La Ley de Basura Electrónica, en la que venimos trabajando hace 4 años y que ya cuenta con media sanción del Senado, ofrece una solución a este grave problema.

No permitas que nuestra Ministra siga bloqueando esta crucial ley.

Contamos con vos,

Consuelo Bilbao

Coordinadora de Unidad Política
Greenpeace Argentina

Guillermo Raffo / Fascismo eterno

(Publicado en Perfil, 26.8.2012, perfil.com)

Le pidieron a Cristopher Hitchens que definiera el fascismo. Dijo: “Tiene que cumplir dos o tres condiciones. Una es cierto grado de paranoia nacional, étnica o religiosa; o el grupo está en peligro o se merece privilegios especiales, o ambas cosas. La otra es irracionalidad. Y la otra es que odia y envidia la modernidad”. No es muy difícil ver que Hitchens pensaba primero en sus enemigos y les acomodaba después la definición a medida. Lo cual no es un pecado y tampoco un problema para nosotros –las tres características que elige se aplican sin esfuerzo a la retórica kirchnerista–, pero es demasiado vago y demasiado amplio, casi como decir que son fascistas porque son malos.

Que son malos es, por supuesto, lo que uno quiere decir en última instancia. Uno eligió esa palabra de un amplio abanico posible, acaso porque nada sea “en esencia” el fascismo y por eso se nos fue haciendo sinécdoque, comodín multiuso al que recurrimos cada vez que necesitamos revestir de advertencia nuestra intuición de que algo malo pasa en las esferas del poder. Nuestro uso de “fascismo” es intuitivo.

La palabra en sí no quiere decir mucho. Fascio es un grupo, así como el Frente para la Victoria es un frente de no se sabe qué, siempre y cuando sea para la victoria. Sabemos que son malos porque se les nota, pero no sabemos mucho más. Esa es la enorme ventaja de los nazis, en la ficción y –si no te agarran– en la vida. Uno sabe que son malos y sabe por qué, sabe exactamente de qué se está escapando. Los nazis eran nazis, con características muy específicas. Los fascistas podían ser –y efectivamente eran– cualquier cosa, un cambalache. El nazismo es unívoco: una cultura, una doctrina, una arquitectura, un plan. Los distintos fascismos comparten un aire de familia pero no necesariamente los mismos valores o ideologías; sí poseen algunas características típicas de lo que Umberto Eco llama Ur-fascismo o fascismo eterno.

Eterno suena terrible porque nosotros no lo somos y a nadie le gusta empezar con semejante desventaja. Pero como casi siempre, una vez que te resignás, la realidad que no querías ver te proporciona al menos el alivio de entenderla. Eco no enumera requerimientos necesarios para entrar al club del fascismo eterno sino síntomas, cada uno de los cuales puede ser de utilidad para llegar a un diagnóstico. Son los siguientes:

1. El culto a la tradición, expresado en rechazo a la modernidad (a menudo enunciado como rechazo al capitalismo).

2. Sincretismo cultural: combinación de creencias contradictorias.

3. Defensa de la irracionalidad.

4. Culto a la acción en sí misma. (“Mejor que decir es hacer.”)

5. Acusación de traidor para quien disiente.

6. Miedo a la diferencia, expresado en prejuicio contra grupos elegidos arbitrariamente.

7. Uso de las frustraciones de la clase media, uso de la crisis económica.

8. Invención de enemigos externos y conspiraciones amenazantes.

9. Condena al pacifismo porque “la vida es conflicto”.

10. Elitismo popular (i.e. “El mejor país”).

11. Desprecio a los débiles. Todos en la sociedad son educados para convertirse en héroes.

12. Populismo selectivo: la voluntad popular no es “delegada en” sino “interpretada por” el líder.

13. Condena de los “malos” gobiernos parlamentarios.

14. Newspeak (Orwell). Pauperización del vocabulario para limitar el pensamiento crítico.

Eco insiste varias veces en que no hace falta llegar a los 14 para diagnosticar fascismo. Ni siquiera –dice– es necesario sumar una cantidad mínima de síntomas puesto que con uno solo de ellos ya alcanza. El fascismo puede “coagular” (la metáfora es de Eco y es muy acertada) en torno a un par de esos síntomas y construirse así sin mayor esfuerzo. Esto último puede ser una exageración, pero no importa. Cualquier ciudadano argentino podrá haberse dado cuenta de que, en nuestro caso, no hay ni uno solo de los 14 que sea inaplicable.

* * *

Guillermo “Huilli” Raffo tiene 43 años, es escritor y cineasta. En 2004 lanzó el blog Los Trabajos Prácticos (bonk.com.ar) donde han colaborado Tomás Abraham, Esteban Schmidt, Quintín, Ivana Steimberg, Santiago Llach, Hernán Iglesias Illa, Guillermo Piro, Eliseo Brener, Fabián Casas y Roberto Gargarella.

Estudió cine en Buenos Aires, después se fue a Los Angeles a hacer un posgrado en la University of Southern California gracias a una beca Fulbright. Volvió en 2001 y nuevamente partió, esta vez a Madrid y, cinco años después, llegó a Londres, East Sussex, donde vive de escribir guiones de cine.

El libro HolyFuck (2011) es una selección de textos publicados en el sitio entre 2004 y 2010, y fue publicado por GarrinchaClub.

(Datos obtenidos de la nota de Luciana Vázquez, “El creador del blog Los Trabajos Prácticos, un outsider”, lanacion.com.ar)

Natalia Paganini / Unione Benevolenza (en el Teatro Payró)

8 de diciembre de 1994. En Mataderos se respira un silencio ensordecedor y los reiterados cortes de luz dejan las calles desiertas. “Unione Benevolenza”, la histórica carnicería familiar del barrio, se encuentra devastada por el avance del hipermercado de turno. En ella, sobrevive lo que quedó: Mingo, su hermana Isabel y su novia Roxana parecieran haber detenido el tiempo en un secreto. Un secreto que los une y los aísla del mundo. Un secreto que corre peligro por una llegada inesperada. Teresa, la hermana que quiso escapar, regresa después de 10 años de ausencia con una decisión que cambiará para siempre la monótona vida de los Benevolenza.

Unione Benevolenza es el resultado de un intenso trabajo colectivo. El proyecto surgió, en primera instancia, como una necesidad de contar las ruinas que dejó la década del 90 en nuestro país.

Hacia mediados de 2010, una imagen se apoderó de nosotros: una carnicería detenida en el tiempo, devastada por el avance del hipermercado de turno.

A partir de esta postal inevitable, el espacio se volvió simbólico y los cuerpos de los actores comenzaron a explorar las miserias de una familia en decadencia. El texto se construyó sobre la base de improvisaciones y mi trabajo consistió en darle forma a ese material heterogéneo y prolífico.

En el devenir de la creación colectiva apareció otra imagen potente: el congelamiento. En Unione Benevolenza, “nada se tira, todo se congela”. Todos esconden la mugre debajo de la alfombra, todos patean la pelota.

El tiempo se detiene y la vida también. La monotonía se vuelve absurda y clausura el futuro, dejando un presente en el que sólo habitan fantasmas.

Una familia de negaciones, como muchas.

En definitiva, todos tenemos un muerto en el placard.

Natalia Paganini

* * *

Grotesco y drama para poner en escena una historia del paso del tiempo y sus consecuencias. El tiempo y el transcurrir de la historia argentina de las últimas décadas en la voz y el cuerpo de los hermanos Isabel, Teresa, Mingo y su novia Roxana. Lo que antes fue una importante carnicería del barrio de Mataderos al mando del padre de los tres hermanos, hoy quedan sus restos. Una carnicería sin carne y el recuerdo del padre ausente. Hambre, locura, humor y tragedia unen a los cuatro protagonistas.

Excelentes las actuaciones de los cuatro, sobre todo de Mariana Paganini (Isa), la adolescente especial con su cordura y espontaneidad, pero maravillosamente acompañada por Miguel Ángel Vigna (Mingo), Florencia Orce (Roxi) y Sofía D’Afflitto (Tere). Un texto y una puesta en escena impecables donde cada uno logra lucirse.

* * *

Todos los sábados de noviembre a las 20 hs.
Iluminación: Diseño de iluminación: José Luis Misevich
Diseño gráfico: Sophian.com.ar
Producción: Andrea Cataldo
Vestuario: Yamila Ornella Gentile
Diseño del espacio: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Asistencia de dirección: Andrea Cataldo
Dramaturgia y dirección: Natalia Paganini
Dramaturgia: Natalia Paganini
Realización de escenografía: Irina Cervilla, María Rita Rovati y Deborah Luaces
Realización audiovisual: Florencia Orce, Pablo Moro, Ivana Ostertag, Leandro León.

Tomás Abraham / Veintinueve años, veinte verdades y otras tantas mentiras

(Publicado en Perfil, 4.11.2012, perfil.com)

A casi tres décadas de la recuperación de la democracia, el progresismo no peronista vive un momento de confusión. Un listado de las mentiras del relato K que desorientan a ese sector.

El progresismo argentino está desorientado con el kirchnerismo. Padece de una suerte de mala conciencia. Esta actitud es visible en el FAP. Vota casi todas las leyes que propone el Gobierno a la vez que sostiene que es opositor. Pero pocos saben en qué y por qué se opone. Por otra parte, sectores de la cultura y protagonistas mediáticos que se oponen a este gobierno aprueban con frecuencia varias medidas que el kirchnerismo adoptó desde que asumió el poder. Otros se acomodan a las vueltas de la vida, al cuidado de la imagen personal y a los vaivenes de la política, para decirnos que se sentían cerca del gobierno hasta tal fecha y luego por diversos motivos se alejaron. Cerca de Carlotto y lejos de Antonini Wilson, por ejemplo. Dejo de lado al peronismo tradicional que añora a Néstor y critica a Cristina por haber inventado La Cámpora y dejarlos de lado.

Para analizar el tema propongo hacer un listado de aquello que seduce al progresismo y le dificulta la tarea de su crítica. Me referiré a 19 medidas desde 2003 hasta la fecha que lo atraen y que son funcionales a sus modos de pensar la política: 1) anulación del indulto y juicio a los represores del Estado; 2) proclama de la lucha de los 70 como una épica de la juventud revolucionaria; 3) logro de la adhesión de las organizaciones de los derechos humanos; 4) renegociación de la deuda luego del default; 5) despenalización de la ley por calumnias e injurias; 6) baja de la desocupación e incentivación del mercado interno; 7) asignación universal por hijo; 8) estatización de las AFJP; 9) estatización de YPF; 10) estatización de Aerolíneas Argentinas; 11) reforma de la carta orgánica del Banco Central; 12) ley del matrimonio igualitario; 13) nombramiento de los nuevos miembros de la Corte Suprema; 14) aumento del presupuesto educativo;15) conversión de la Secretaría de Ciencia y Técnica en ministerio; 16) promulgación de la Ley de Medios; 17) voto optativo desde los 16 años; 18) apertura de las fronteras y facilitación de residencia para los inmigrantes de los países limítrofes; 19) solidaridad con los gobiernos de Bolivia, Venezuela (hecho más discutible) y Ecuador (menos ferviente).

Las mentiras. Falta una medida para completar veinte nuevas verdades, esta vez del kirchnerismo. Supongamos que luego de la aplicación de la Ley de Medios se inicia una campaña contra las multinacionales que monopolizan las exportaciones y se elabora una ley para crear la Junta Nacional de Granos que se haga cargo del comercio exterior y del manejo de precios y divisas. Es la medida número veinte. El progresismo antikirchnerista se vería otra vez seducido e incómodo. Con veinte realidades como las nombradas, al progresismo opositor, que se reclama de la tradición de la izquierda, le resulta intrincado explicarle a la sociedad qué es lo que no le gusta del poder vigente. Decir que es arbitrario, o que es autoritario, o hegemónico, más que una crítica política parece una queja de señoras y señores modositos y ofendidos.

Haré ahora otro listado paralelo al anterior, pero de 19 mentiras para que se adjunten a las verdades enunciadas con anterioridad. Luego veremos qué nos queda: 1) desconocimiento de la defensa de Menem del orden constitucional una vez que dividió a las Fuerzas Armadas y encarceló a Seineldín en enero de 1991. Fueron momentos en que intenta el último golpe de Estado con el apoyo de sectores que se reclamaban de la tradición nacional y popular para instalar una dictadura siniestra. Desconocimiento del Juicio a las Juntas durante el gobierno de Raúl Alfonsín en momentos en que las Fuerzas Armadas no sólo eran un factor político activo sino una fuerza con poder extorsionador y desestabilizador; 2) desconocimiento de la guerra de exterminio de la década del 70 que incluye las operaciones de la Triple A, secuestros y asesinatos por parte de las formaciones especiales, y entronización de una cultura política que desprecia la división republicana de poderes y que concibe que sólo con la lucha armada se llega al poder y se concreta la justicia social; 3) cooptación de parte del Gobierno de las agrupaciones de derechos humanos por definición contraestatales, hacerlas adherentes a toda su política, tengan o no que ver con su función específica, y además asociarlas a negocios poco claros de variada índole en nombre de la ayuda social; 4) desconocimiento de que el inicio de las negociaciones por la deuda comenzaron con la labor de Lavagna en el gobierno de Duhalde y que dejar afuera a grupos de acreedores y al Club de París impide que la Argentina tenga financiamiento externo y reciba dinero a tasas usurarias, como las recibió de Chávez; 5) la despenalización por calumnias e injurias ayuda y protege la investigación periodística, pero no impide las campañas de demonización de periodistas críticos que son difamados por los organismos de la prensa oficial y tratados de mercenarios al servicio de corporaciones cómplices con el Estado genocida. Protegidos y decapitados; 6) el estímulo del mercado interno mediante el consumo, el interés bancario negativo que ahuyenta el ahorro, los subsidios en servicios y transportes, dependen de la suerte que depara el mercado mundial en comprar nuestros alimentos y proveer de divisas al Banco Central. Si se agota o disminuye el superávit comercial y/o fiscal, nada queda, no hay desarrollo ni modernización, que dependen de una política de inversiones a largo plazo, obras en infraestructura, seguridad jurídica, reglas claras y créditos baratos; 7) desconocimiento de la lucha de Elisa Carrió y Fernando Solanas por promulgar la ley de asignación universal por hijo ante la indiferencia gubernamental; 8) desconocimiento de la burla a los adherentes a las AFJP cuando luego de la consulta que se les hizo se legisla en sentido contrario al resultado. Ocultamiento de la falta de control estatal sobre las comisiones cobradas que se denuncian cuando conviene y se hace la vista gorda cuando no conviene, más aún si compran bonos del Estado para financiar el déficit de caja del Gobierno. Distracción de la opinión pública cuando se acusa a las administradoras de los fondos de usar los aportes con fines especulativos, para luego de la estatización aprovechar las inversiones hechas con anterioridad y sentarse en los directorios de las grandes corporaciones como par societario; 9) desconocimiento del negocio con el grupo Eskenazi, que es invitado como representante ilustre de la burguesía nacional aunque ajeno al ramo para luego defenestrarlo por vaciar junto a Repsol la empresa petrolera; 10) uso extraño de la entidad bancaria de la que nunca se sabe qué reservas genuinas tiene, para qué las usa y por qué siempre le sobra tanto a la vez que le falta tanto. Se ufana de los depósitos en dólares a la vez que impide su circulación; 11) déficit ingente en la aerolínea nacional, baja productividad, conflictos permanentes, uso de la caja con fines políticos; 12) desconocimiento de que la promulgación de una ley que defiende los derechos de las minorías es el resultado ante todo de sus luchas durante años; 13) desconocimiento de resoluciones de la Corte como la reincorporación del procurador de Santa Cruz Eduardo Sosa; 14) desconocimiento de la baja calidad educativa en el país, de la deserción escolar, de la falta de actualización de los programas educativos; 15) la reincorporación de científicos que vuelven al país por las consecuencias de la crisis europea debería complementarse con una política de desarrollo y con una educación destinada a los jóvenes en disciplinas científicas. Nuestras facultades preferidas siguen siendo las de Derecho, con un auge en Ciencias de la Comunicación, y otras que tienen que ver con lo que el presidente Mujica del Uruguay llama “biri biri” (chamuyo); 16) la Ley de Medios se ha convertido en una cruzada contra una empresa beneficiada por el gobierno kirchnerista. Es el mismo caso que YPF, un beneficiario mediante un arreglo sospechoso se convierte en un denostado enemigo. El Gobierno muestra que en tanto ocupante de medios públicos los usa como canales de propaganda oficial y de censura por medio de exclusiones y listas negras de los no adherentes a su política; 17) el voto adolescente irrumpe en la opinión pública con el vértigo de otras medidas de gobierno en el momento en que se multiplican las críticas a la política educativa por la deserción de casi el 50% en la escuela secundaria. La respuesta es la fuga hacia delante con el fin de disimular el abandono de la juventud en el estudio y la formación profesional, por una supuesta inclusión en la contienda electoral que posibilita la intervención de organizaciones para formar al que llaman el “militante”; 18) la tradicional generosidad argentina en materia de inmigración no debería desconocer el denunciado trabajo esclavo en talleres de todo el país, la paga en negro en la construcción y otras ramas de la industria, y las condiciones de vida de los extranjeros, además de los canales diversos que aprovechan esta apertura para el narcotráfico; 19) el reconocimiento al gobierno boliviano por su política de reivindicación étnica y popular no debería mezclarse, por razones de ideología populista, con las nuevas oligarquías estatales y la persecución de disidentes que se llevan a cabo en países como Venezuela y Cuba.

Dejaré de lado la discusión entre los aspectos positivos para unos y los inconvenientes que acarrea para otros la no represión de los cortes de calle, la ocupación irrestricta de la vía pública por las manifestaciones callejeras, la diferente interpretación sobre el ejercicio de los derechos de cada uno y los límites y las facultades de la autoridad pública; tampoco profundizaremos sobre el funcionamiento de las organizaciones sociales. Por un lado se sostiene que esa permisividad es una conquista popular, como también lo es que la ayuda social deba pasar por entidades autónomas que se representan a sí mismas a través de sus líderes. El debate sobre el clientelismo o sobre el poder de intimidación que pueden tener esas organizaciones una vez que se ponga en cuestión su jerarquía, sus recursos provenientes del poder y la transparencia de su funcionamiento, forma parte de tantas otras cuestiones que son materia de opinión si esto fuera posible.

Conclusión. Las recién nombradas no son verdades ni son mentiras, son materia de un debate político que en nuestro país es imposible llevar a cabo. ¿Por qué? Porque para debatir son necesarios al menos dos interlocutores dispuestos tanto a convencer como a ser convencidos. Cuando la cultura política fomenta la demonización del adversario, su exclusión del espacio de la controversia por ser neoliberal, menemista, procesista, de la corpo, al servicio de la nueva derecha, o en historias recientes: subversivo, zurdo, comunista, nihilista, terrorista, hasta escéptico o indiferente frente a valores sacros, cuando esto sucede no se discute nada.

Aquellos que hablan de que la política es conflicto y no consenso no saben lo que dicen, porque conflicto y consenso son las dos caras de una misma moneda, es la efigie labrada de la democracia republicana. En lugar de un espacio de debate en el que se reconocen aspectos de una realidad política como otros que se critican, se traza un universo sagrado con sus héroes, sus mártires o víctimas, sus fábulas, sus enemigos, en una cultura que nace en la Inquisición por la que sólo importa exterminar a los herejes cismáticos, a los traidores a la patria, a los cipayos, y proteger a la santa veneración.

Este gobierno se presenta como redentor. No difiere de todos los conocidos que se presentaban con el nombre de revolución, reconstrucción, reorganización, refundación, es decir: antes la nada, ahora todo, antes el desastre total, ahora la victoria final.

Se cumplen 29 años del inicio de la democracia en la Argentina, y sabemos que el gobierno de Alfonsín puede ser adjudicatario de logros perdurables como la conformación del Mercosur, la paz con Chile, la convocatoria del grupo Cartagena para unir a los países deudores y negociar la deuda externa en un frente común, el divorcio conyugal o la patria potestad compartida, un plan nacional de alfabetización que bajó en un cuarenta por ciento el índice de analfabetismo, su lucha solitaria contra la Sociedad Rural, la Iglesia, la dirigencia sindical, la cúpula y la oficialidad del Ejército, etc., además del Juicio a las Juntas y la apertura de la universidad democrática. Tuvo muchos errores, y fracasos, pero también logros importantes. Incluyo el proyecto del traslado de la capital al sur del país, que no sólo no era una idea ridícula sino indispensable.

Carlos Menem, el denostado y tantas veces votado, que si se hubiera presentado en el ‘99 es posible que hubiera ganado otra vez como lo hizo en 2003, recuperó la moneda y el poder del Estado sobre la economía en momentos en que había una inflación de un par de miles por ciento anual y una pobreza que llegaba a casi a la mitad de la población. Para no hablar de las privatizaciones de empresas del Estado festejadas por todos los que hoy nos gobiernan. Por supuesto, los aspectos esta vez macabros de su gestión no son olvidables ni disculpables, pero el todo o nada de su período está hecho para comodidad de quienes prefieren esconder sus responsabilidades y enseñorearse en el trono como salvadores.

Hasta podríamos hablar de De la Rúa, que no fue más que una continuación de Menem atrapado como estaba por una deuda impagable y un déficit estructural sin posibilidad de financiamiento. Las coimas del Senado son monedas comparadas con la corrupción sistémica que nos es familiar y que recibe la tolerancia de fiscales a destajo para desenmascarar adversarios políticos en beneficio propio. Claro que el default era la solución a la vez que una catástrofe, y lo fue, como fue catastrófica la devaluación tan temida.

Pregunta sencilla: ¿qué habría pasado en la Argentina de proseguir los precios internacionales de las materias primas como en la década del 90? ¿Quién nos gobernaría hoy? ¿En qué condiciones? ¿Con qué libertades?

La festejada presencia de la política en la mesa de los argentinos no ha hecho más que comenzar a callarnos la boca. La separación entre amigos, los litigios familiares, el hartazgo de algunos, la bronca desmedida de otros, el insulto y la difamación, son la antesala de cuestiones peores para lo que aún se llama libertad de expresión. Hay gente que ya prefiere no hablar para que no se arme una batahola; otra no lo hace para no ser identificado con personajes o ideas que él también repudia pero que en un ambiente de denuncia, espionaje –en el que se privilegia quién se es y a quién se adhiere antes de qué se piensa y qué se hace– se encuentra marcado y debe replicar ad infinitum para desarticular infundios.

Se produce en la Argentina un clima que se ve en países en los que imperan gobiernos que exigen lealtad incondicional. Ningún empleado del Estado, en ninguna función, se atreve a criticar una política por temor a ser despedido o arrinconado. Por lo que el sistema de vigilancia se refuerza, y los cancerberos en función de comisarios del pueblo ajustan la supervisión y hacen sus listas.

Esto no es política, es prepolítica, es régimen administrativo y policial; la política comienza cuando todo esto termina.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas(1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

Max Schulman / El amor es una falacia

Yo era frío y lógico. Agudo -calculador, perspicaz, certero y astuto- todo eso era yo. Mi cerebro era tan poderoso como un dínamo, tan preciso como las balanzas de un químico, tan penetrante como el bisturí de un médico. Y -¡piensen en esto!- solo tenía 18 años.

No sucede a menudo que alguien tan joven tenga un intelecto tan gigantesco. Tomen, por ejemplo, a Petey Bellows, mi compañero de cuarto en la universidad. La misma edad, el mismo origen social, pero tonto como un buey. Un tipo bastante agradable, pero sin nada en la cabeza. Del tipo emocional. Inestable. Impresionable. Y lo peor de todo, esclavo de la moda. Opino que las modas son la verdadera negación de la razón. Ser barrido y arrastrado por cada nueva locura que llega, rendirse a la idiotez sólo porque todos los demás lo hacen -esto, para mí, es la cima de la irracionalidad. Sin embargo, no lo era para Petey.

Una tarde encontré a Petey tirado en su cama con una expresión tal de desesperación en su cara, que inmediatamente diagnostiqué apendicitis. “No te muevas”, le dije. “No tomes ningún laxante. Llamaré un médico”.

“Mapache”, murmuró con voz ronca.

“¿Mapache?” pregunté, deteniéndome en mi carrera.

“Quiero un abrigo de mapache”, se lamentó Petey.

Me di cuenta de que su problema no era físico, sino mental. “¿Por qué quieres un abrigo de mapache?”

“Debí haberlo sabido”, gritó, golpeándose las sienes. “Debí haber sabido que volverían cuando el Charleston volvió. Como un estúpido gasté todo mi dinero en textos de estudio y ahora no puedo comprarme un abrigo de mapache.”

“¿Quieres decir”, dije incrédulamente, “que la gente realmente está usando abrigos de mapache de nuevo?”.

“Todos los grandes hombres del campus los están usando. ¿Dónde has estado?”

“En la biblioteca”, dije, nombrando un lugar no frecuentado por los grandes hombres del campus.

Petey saltó de la cama y se paseó por el cuarto. “Tengo que tener un abrigo de mapache”, dijo apasionadamente. “¡Tengo que tenerlo!”.

“¿Por qué, Petey? Míralo desde una perspectiva racional. Los abrigos de mapache son insalubres. Echan pelos. Huelen mal. Pesan demasiado. Son desagradables de ver. Son…”

“Tu no entiendes”, me interrumpió con impaciencia. “Es lo que hay que hacer. ¿No quieres estar en onda?”

“No”, respondí con toda verdad.

“Bueno, yo sí”, declaró. “Daría cualquier cosa por un abrigo de mapache. ¡Cualquier cosa!”.

Mi cerebro, ese instrumento de precisión, comenzó a funcionar a toda máquina. “¿Cualquier cosa?”, pregunté mirándolo escrutadoramente.

“Cualquier cosa”, respondió en tonos vibrantes.

Golpeé mi barbilla pensativamente. Sucedía que yo sabía cómo poner mis manos sobre un abrigo de mapache. Mi padre había tenido uno en su época de estudiante. Ahora estaba en un baúl en el altillo de mi casa. También sucedía que Petey tenía algo que yo quería. No lo tenía exactamente, pero tenía los primeros derechos sobre eso. Me refiero a su chica, Polly Espy.

Por mucho tiempo yo había ambicionado a Polly Espy. Permítanme enfatizar que mi deseo por esta joven no era de naturaleza emocional. Ella era, por cierto, una chica que me excitaba las emociones, pero yo no era alguien que fuera a dejar que mi corazón gobernara mi cabeza. Quería a Polly por una razón enteramente cerebral, calculada astutamente.

Yo era un estudiante de primer año de leyes. En pocos años saldría a practicar la abogacía. Era bien consciente de contar con el tipo adecuado de esposa para promover la carrera de un abogado. Los abogados exitosos que yo había observado estaban, casi sin excepción, casados con mujeres hermosas, gráciles e inteligentes. Con una sola omisión, Polly llenaba estas características perfectamente.

Era hermosa. Aún no tenía las proporciones de una modelo, pero yo estaba seguro de que el tiempo supliría la falta. Ella ya tenía todos los elementos necesarios.

Era grácil. Por grácil quiero decir llena de gracia. Tenía una distinción al caminar, una libertad de movimiento, un equilibrio, que claramente indicaba la mejor educación. En la mesa sus modales eran exquisitos. La había visto en el Kozy Kampuis Korner comiendo la especialidad de la casa -un sándwich que consistía en trozos de carne asada, salsa, nueces picadas y un cucharón de chucrut- sin ni siquiera humedecerse los dedos.

Inteligente no era. De hecho, se orientaba en la dirección opuesta. Pero yo creía que bajo mi guía ella se despertaría. En todo caso, valía la pena hacer un intento. Después de todo, es más fácil hacer inteligente a una hermosa niña tonta que hacer hermosa a una inteligente niña fea.

“Petey”, le dije, “¿estás enamorado de Polly Espy?”.

“Pienso que es una chica perspicaz”, contestó, “pero no sé si llamarlo amor. ¿Por qué?”.

“¿Tienes”, le pregunté, “algún tipo de arreglo formal con ella? Me refiero a sí estás noviando con ella o algo por el estilo.”

“No. Nos vemos bastante, pero ambos tenemos otras citas. ¿Por qué?”

“¿Existe”, pregunté, “algún otro hombre por el cual ella siente algún cariño en particular?”

“No que yo sepa. ¿Por qué?”.

Asentí con satisfacción. “En otras palabras, si tú estuvieras fuera del cuadro, el campo estaría libre. ¿No es así?”

“Supongo que sí. ¿Qué estas tramando?”

“Nada, nada”, dije inocentemente, y saqué mi valija del ropero.

“¿Dónde vas?” preguntó Petey.

“A casa por el fin de semana”. Puse unas pocas cosas dentro de la valija.

“Escucha”, me dijo, tomándome del brazo con entusiasmo, “mientras estás en tu casa, ¿no podrías conseguir algo de dinero de tu viejo, podrías, y prestármela para que yo pueda comprarme un abrigo de mapache?”

“Puedo hacer algo mejor que eso”, dije haciéndole un misterioso guiño y cerré mi valija y me fuí.

*

“¡Mira!” le dije a Petey cuando volví el lunes en la mañana. Abrí de golpe la valija dejando ver el grande, peludo y deportivo objeto que mi padre había usado en su Stutz Bearcat en 1925.

“¡Santo Toledo!”, dijo Petey reverentemente. Hundió sus manos en el abrigo de mapache y luego hundió su cara. “¡Santo Toledo!” repitió quince o veinte veces.

“¿Te gustaría?”, le pregunté.

“¡Oh sí!” gritó, apretando la grasienta piel contra su cuerpo. Luego una mirada prudente apareció en sus ojos: “¿qué quieres a cambio?”

“A tu chica”, dije sin escatimar palabras.

“¿Polly?” dijo en un horrorizado suspiro. “¿Quieres a Polly?”

“Así es”.

Lanzó el abrigo lejos. “¡Jamás!”, dijo resueltamente.

Yo me encogí de hombros. “Okey, si no quieres estar en la onda, es asunto tuyo.”

Me senté en una silla y me hice el que leía un libro, pero con el rabillo del ojo me mantuve vigilante observando a Petey. Era un hombre destrozado. Primero miró el abrigo, con la expresión de un hambriento ante la vitrina de una pastelería. Después se dio vuelta y levantó la barbilla resueltamente. Luego, volvió a mirar el abrigo, aún con mayor deseo reflejado en su rostro. Luego se dio vuelta, pero no con tanta resolución esta vez. Finalmente, ya no dio vuelta la cara; se quedó mirando fijamente el abrigo, enloquecido por el deseo.

“No es que yo estuviera enamorado de Polly”, dijo con voz ronca. “O que estuviera noviando con ella, o algo por el estilo”

“Es cierto” murmuré.

“¿Qué es Polly para mí o yo para ella?”.

“Nada”, respondí.

“Ha sido solo una relación casual –sólo unas pocas risas, eso es todo”

“Pruébate el abrigo”, dije.

Aceptó. El abrigo sobresalía por arriba de sus orejas y caía hasta abajo, hasta la punta de sus zapatos. Se veía como una montaña de mapaches muertos. “Me queda estupendo”, dijo feliz.

Me levanté de mi silla. “¿Es un trato?”, pregunté, extendiéndole la mano.

Tragó saliva. “Es un trato”, dijo, apretando mi mano.

*

Tuve mi primera cita con Polly la tarde siguiente. Fue una especie de examen. Yo quería averiguar cuánto tendría que trabajar para lograr que su mente llegara al nivel que yo requería. Primero la llevé a comer. “Fue una comida deli”, dijo cuando salimos del restaurante. Después la llevé al cine. “Fue una película sensa”, dijo al salir del teatro. Y luego la llevé a su casa. “Lo pasé super”, dijo al despedirse.

Volví a mi cuarto con el corazón apesadumbrado. Había subestimado gravemente la magnitud de mi tarea. La falta de información de esta niña era espeluznante. Tampoco bastaría simplemente con proporcionarle información. Primero, había que enseñarle a pensar. Este parecía un proyecto de no pequeñas dimensiones, y al principio estuve tentado en devolvérsela a Petey. Pero luego empecé a pensar en sus abundantes encantos físicos y en el modo como entraba a una habitación y la manera en que manejaba el cuchillo y el tenedor, y decidí hacer un esfuerzo.

Procedí en esto, como en todas las cosas, sistemáticamente. Le di un curso de lógica. Sucedía que yo, como estudiante de leyes, había tomado un curso de lógica, por lo que tenía los datos en la punta de mis dedos. “Poll”, le dije, cuando la pase a buscar en nuestra siguiente cita, “esta noche iremos a caminar hasta el parque Knoll y conversaremos”.

“¡Oh, fantás!”, dijo. Una cosa debo decir de esta niña: es difícil encontrar otra tan fácil de agradar.

Nos fuimos al parque Knoll, el lugar de citas del campus, y nos sentamos bajo un añoso roble. Ella me miró expectante. “¿De qué vamos a conversar?”, dijo.

“De lógica”.

Lo pensó por un momento y decidió que le agradaba. “¡Sensa!”, dijo.

“La lógica”, dije yo, aclarando mi garganta, “es la ciencia del pensamiento. Antes que podamos pensar correctamente, debemos aprender primero a reconocer las falacias más comunes de la lógica. Nos ocuparemos de ellas esta noche”.

“¡Bravo!” gritó, aplaudiendo con anticipado placer.

Yo sentí encogérseme el corazón, pero continúe valientemente. “Primero examinemos la falacia denominada Dicto Simpliciter”.

“¡Claro que sí!” rogó Polly batiendo sus pestañas con entusiasmo

“Dicto Simpliciter es un argumento basado en una generalización no limitada. Por ejemplo: el ejercicio es bueno. Por lo tanto, todos deberían hacer ejercicio.”

“Estoy de acuerdo”, dijo Polly con entusiasmo. “Me refiero a que el ejercicio es maravilloso. Quiero decir que mantiene el cuerpo en forma y todo

“Polly”, le dije amablemente, “el argumento es una falacia. El ejercicio es bueno es una generalización no limitada. Por ejemplo, si sufres de una enfermedad del corazón, el ejercicio es malo para ti, no bueno. A muchas personas sus médicos les ordenan no hacer ejercicios. Es necesario limitar la generalización. Debes decir que el ejercicio es generalmente bueno o que el ejercicio es bueno para mucha gente. De lo contrario, estarás cometiendo Dicto Simpliciter. ¿Te das cuenta?

“No”, confesó. “Pero es súper. ¡Haz más! ¡Haz más!”

“Seria mejor si dejaras de tironearme de la manga”, dije y cuando desistió continué: “A continuación, tomemos la falacia llamada Generalización Apresurada. Escucha atentamente: tú no sabes hablar francés. Por lo tanto, debo concluir que nadie en la universidad de Minessota sabe hablar francés.”

“¿De veras?” dijo Polly, incrédula. “¿Nadie?”.

Oculté mi desesperación. “Polly, es una falacia. La generalización se alcanza demasiado apresuradamente. Hay demasiadas pocas instancias para apoyar tal conclusión.”

“¿Conoces más falacias?”, pregunto ansiosamente. “Esto es más entretenido que ir a bailar”.

Luché contra una ola de desesperación. No estaba llegando a ninguna parte con esta niña, absolutamente a ninguna parte. Sin embargo, si hay alguien persistente, ese soy yo. Así que continué. “Ahora viene Post Hoc. Escucha esto: “no llevemos a Bill a nuestro picnic. Cada vez que salimos con él, llueve.”

“Conozco a alguien así”, exclamó. “Es una chica de mi pueblo -Eula Becker se llama. Nunca falla. Cada vez que la llevamos a un picnic-”.

“Polly”, la interrumpí cortante, “es una falacia. Eula Becker no es causa de que llueva. No tiene ninguna relación con la lluvia. Si le hechas la culpa a Eula Becker, eres culpable de Post Hoc.”

“No lo volveré a hacer más”, prometió afectada. “¿Estás enojado conmigo?”

Suspiré. “No, Polly, no estoy enojado”.

“Entonces, cuéntame más falacias”

“Bueno” dije. “veamos Premisas Contradictorias”.

“Sí, veámoslas”, dijo guiñando sus ojos con placer.

Yo fruncí el entrecejo, pero seguí adelante. “Aquí tienes un ejemplo de Premisas Contradictorias: si Dios puede hacerlo todo, ¿puede hacer una piedra tan pesada que Él mismo no fuera capaz de levantarla?”

“Por supuesto que sí”, respondió.

“Pero si Él puede hacerlo todo, Él puede levantar la piedra” dije.

“Si”, dijo pensativa. “Bueno, entonces supongo que Él no puede hacer la piedra”

“Pero Él puede hacerlo todo”, le recordé.

Se rascó su preciosa y vacía cabeza. “Estoy tan confundida” admitió.

“Por supuesto que lo estás. Porque cuando las premisas de un argumento son contradictorias entre sí, entonces no puede haber argumento. Si existe una fuerza irresistible, entonces no puede existir un objeto inamovible. Si existe un objeto inamovible, entonces no puede existir una fuerza irresistible. ¿Entiendes?”

“Cuéntame más de este tema tan agudo”, dijo ansiosamente.

Consulté mi reloj. “Pienso que basta por esta noche. Te llevaré a casa ahora y tú repasas todas las cosas que aprendiste. Tendremos otra sesión mañana por la noche.”

La fui a dejar a los dormitorios de las niñas, donde me aseguró que había tenido una noche perfectamente sensa y me fui malhumorado a mi cuarto. Petey estaba roncando en su cama con el abrigo de mapache arrollado a sus pies como una gran bestia peluda. Por un momento consideré la posibilidad de despertarlo y decirle que podía tener a su chica de vuelta. Me parecía evidente que mi proyecto estaba fatalmente destinado al fracaso. La chica simplemente tenía una cabeza a prueba de lógica.

Pero después lo reconsideré. Ya había perdido una noche. Podría perder otra. ¿Quién sabe? A lo mejor, en alguna parte, en el extinto cráter de su cabeza algunas pocas brasas aun ardían en silencio. Tal vez, de alguna manera, yo podía hacerles salir llamas. Admito que no era un prospecto forjado con esperanza, pero decidí hacer un último intento.

*

Sentados bajo el roble, la noche siguiente, le dije: “nuestra primera falacia de esta noche se llama Ad Misericordiam”

Ella tembló de gusto.

“Escucha atentamente” dije. “Un hombre solicita un trabajo. Cuando el jefe le pregunta cuáles son sus méritos, contesta que tiene esposa y seis hijos en casa, que la esposa es inválida sin remedio, los niños no tienen qué comer, ni qué ropa ponerse, ni zapatos en sus pies, que no hay camas en la casa, ni carbón en la despensa y el invierno está llegando”.

Una lágrima rodó por cada una de las rosadas mejillas de Polly. “¡Oh! Esto es terrible, terrible”, gimoteó.

“Si, es terrible” acepté, pero no es un argumento. El hombre nunca respondió la pregunta del jefe sobre sus méritos. En vez de eso, apeló a la piedad del jefe. Cometió la falacia Ad Misericordiam. ¿Comprendes?”.

“¿Tienes un pañuelo?”, dijo entre sollozos.

Yo le alargué un pañuelo y traté de evitar gritar mientras ella se enjuagaba los ojos. “Ahora”, dije en un tono cuidadosamente calculado, “discutiremos la Falsa Analogía”. He aquí un ejemplo: a los estudiantes se les debería permitir consultar sus textos de estudio durante los exámenes. Después de todo, los cirujanos tienen rayos X para guiarlos durante una operación, los abogados tienen escritos para guiarlos durante un juicio y los carpinteros tienen planos para guiarlos cuando construyen una casa. Entonces, ¿por qué los estudiantes no pueden mirar sus textos durante los exámenes?”.

“¡Aquí, ahora!” dijo con entusiasmo, “es la idea más sensa que he escuchado en años.”

“Polly”, le dije exhausto, “el argumento está completamente mal. Los doctores, los abogados y los carpinteros no están dando exámenes para probar cuanto han aprendido, pero los estudiantes, sí. Las situaciones son completamente diferentes y no puedes establecer una analogía entre ellas.”

“De todos modos, creo que es una buena idea” dijo Polly.

“Tonterías” murmuré. Pero continué avanzando. “Ahora examinaremos la Hipótesis Contraria a los Hechos.”

“Suena exquisita” respondió Polly.

“Escucha: si Madame Curie no hubiera dejado por casualidad una placa fotográfica en un cajón junto a un trozo de pecblenda, el mundo actual no conocería el radio.”

“Verdad, verdad”, dijo Polly asintiendo con la cabeza. “¿Viste la película? Oh, me fascinó. Ese Walter Pidgeon es un sueño. Quiero decir que me trastorna.”

“Si te puedes olvidar del señor Pidgeon por un momento”, dije con frialdad, “me gustaría hacerte notar que esa afirmación es una falacia. Tal vez Madame Curie habría descubierto el radio en una fecha posterior. Tal vez otra persona lo habría descubierto. Un montón de cosas podrían haber pasado, tal vez. No puedes empezar con una hipótesis que no es verdadera y luego deducir alguna conclusión que sea sostenible a partir de ella.”

“Deberían hacer más películas con Walter Pigdeon” dijo Polly. “Ya casi no lo puedo ver más.”

Una oportunidad más, decidí. Pero sería la última. Hay un límite para la resistencia humana. “La próxima falacia se llama Envenenar el Pozo”.

“¡Qué amor!” gorjeó.

“Dos hombres están participando en un debate. El primero se levanta y dice: ‘mi oponente es un conocido mentiroso. Ustedes no pueden creer una sola palabra de lo que va a decir’… Ahora Polly, piensa. Piensa bien. ¿Qué está mal?”.

La observé con atención mientras su linda frente se arrugaba en un esfuerzo de concentración. De pronto, un leve resplandor de inteligencia -el primero que yo veía- se asomó a sus ojos. “¡No es justo!”, exclamó con indignación. “No es justo en lo más mínimo. ¿Qué oportunidad tiene el segundo hombre si el primero lo llama mentiroso antes de que empiece a hablar?”.

“¡Correcto!” grité, exultante. “Ciento por ciento correcto. No es justo. El primer hombre ha envenenado el pozo antes que cualquier persona pudiera beber de él. Ha imposibilitado la defensa de su oponente antes que haya podido siquiera empezar. Polly, estoy orgulloso de ti.”

“Mm” murmuró, enrojeciendo de placer.

“Ya ves, querida, que estas cosas no son tan difíciles. Todo lo que tienes que hacer es concentrarte. Pensar-examinar-evaluar. Veamos, revisemos todo lo que hemos aprendido.”

“Estoy lista”, dijo ella, haciendo un grácil movimiento en el aire con su mano invitándome a disparar.

Fortalecido al constatar que Polly no era totalmente estúpida, empecé un largo y paciente repaso de todo lo que le había enseñado. Una y otra y otra vez le cité las instancias, le indique las faltas, martillando sin descanso. Era como cavar un túnel. Al principio, todo era trabajo, sudor y oscuridad. No tenía idea de cuando alcanzaría la luz, o siquiera si la alcanzaría. Pero yo persistía. Machacaba, arañaba, raspaba y finalmente fui recompensado. Vi una grieta de luz que luego se hizo más grande y el sol se derramó por ella haciendo brillar todo.

Cinco agotadoras noches tomó este trabajo, pero valió la pena. Había logrado convertir a Polly en una persona lógica, le había enseñado a pensar. Mi trabajo había terminado. Por fin ella era digna de mí. Ahora ella era una esposa adecuada para mí, la anfitriona adecuada para mis muchas mansiones, la perfecta madre para mis acaudalados hijos.

No se debe pensar que yo no sentía amor por esta niña. Muy por el contrario. Tal como Pigmalion amaba a la mujer perfecta que había modelado, así amaba yo a la mía. Había llegado el momento de cambiar nuestra relación de académica a romántica.

“Polly”, le dije la próxima vez que nos sentamos bajo nuestro roble, “esta noche no vamos a hablar de falacias.”

“¡Qué pena!” dijo ella, desilusionada.

“Querida”, le dije, obsequiándole mi mejor sonrisa, “ya hemos pasado juntos cinco noches. Nos hemos llevado espléndidamente bien. Es evidente que estamos hechos el uno para el otro.”

“Generalización Apresurada”, exclamó ella. “¿Cómo puedes afirmar que estamos hechos el uno para el otro sobre la base de solo cinco citas?”

Reí para mis adentros con placer. La querida niña había aprendido bien su lección. “Querida”, dije, acariciando su mano con pequeños golpecitos tolerantes, “cinco citas es mas que suficiente. Después de todo, no es necesario comerse la torta entera para saber que está buena.”

“Falsa Analogía”, respondió Polly prontamente. “Yo no soy una torta, soy una niña.”

Sonreí para mis adentros con un poco menos de placer. La querida niña había aprendido su lección tal vez demasiado bien. Entonces decidí cambiar la táctica. Obviamente el mejor abordaje era una simple, firme y directa declaración de amor. Me detuve un momento mientras mi potente cerebro elegía las palabras adecuadas. Entonces comencé:

“Polly, te amo. Tu representas todo el mundo para mí, y la luna y las estrellas y todas las constelaciones del espacio exterior. Por favor, querida mía, di que aceptarás ser mi novia. Si no lo haces, mi vida carecerá de sentido. Languideceré, me rehusaré a comer y vagaré por la faz de la tierra como un viejo casco de barco tambaleante y con ojos vacíos.”

Listo, pensé, cruzando mis brazos. Esto debería lograrlo.

“Ad Misericordiam” dijo Polly.

Rechiné los dientes. Yo no era Pigmaleon, sino Frankestein. Había creado un monstruo y este me tenía agarrado del cuello. Desesperadamente luché contra la ola de pánico que me inundaba; a toda costa tenía que mantener la calma.

“Bien Polly”, dije, esforzándome por sonreír, “realmente aprendiste tus falacias”

“¡Por supuesto que sí!” dijo con un vigoroso movimiento de cabeza.

“¿Y quién te las enseñó, Polly?”

“Tú fuiste.”

“Correcto. Por lo tanto, me debes algo, ¿no es cierto, querida? Si yo no hubiera aparecido, tú nunca habrías aprendido nada acerca de las falacias.”

“Hipótesis Contraria a los Hechos”, replicó Polly al instante.

Sacudí con violencia el sudor de mi frente. “Polly” gruñí, “no debes tomar estas cosas tan literalmente. Quiero decir que esto es solo materia de clases y tú sabes que las cosas que se aprenden en la escuela no tienen nada que ver con la vida.”

“Dicto Simpliciter”, dijo ella, levantando burlonamente su dedo hacia mí.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. “¿Serás mi novia o no?.”

“No lo seré”, respondió.

“¿Por qué no?”, pregunté.

“Porque esta tarde le prometí a Petey Bellow que sería la novia de él.”

Caí hacia atrás abrumado por la infamia de Petey. Después que me prometió, que hizo un trato conmigo, que me dio la mano. “¡Que rata!”, chillé pateando el pasto. “No puedes irte con él, Polly. Es un mentiroso. Un tramposo. Es una rata.”

“Envenenar el Pozo” dijo Polly, “y deja de gritar. Creo que gritar debe ser una falacia también.”

Con un enorme esfuerzo de voluntad modulé mi voz: “Muy bien”, dije. “Eres una persona lógica. Miremos las cosas lógicamente. ¿Cómo pudiste escoger a Petey Bellow en lugar de escogerme a mí? Mírame: soy un estudiante brillante, un gran intelectual, un hombre con el futuro asegurado. Mira a Petey: una cabeza confusa, un atado de nervios, un tipo que nunca sabrá donde obtendrá su próxima comida. ¿Podrías darme una razón lógica por la cual deberías convertirte en la novia de Petey Bellow?”

“Por supuesto que puedo” dijo Polly. “Tiene un abrigo de mapache.”

(Traducción propia)

* * *

Max Shulman nació el 14 de marzo de 1919 en EEUU y falleció el 28 de agosto de 1988.

Barefoot Boy With Cheek (1943)
The Feather Merchants (1944)
The Zebra Derby (1946)
Max Shulman’s Large Economy Size (1948, incluye Barefoot Boy with Cheek, The Feather Merchants, The Zebra Derby)
Sleep Till Noon (1950)
The Many Loves of Dobie Gillis (1951)
Max Shulman’s Guided Tour of Campus Humor (1955)
Rally Round the Flag, Boys! (1956)
I Was a Teenage Dwarf (1959)
Anyone Got a Match? (1964)
Potatoes Are Cheaper (1971)

Enrique Krauze / Decálogo del populismo

(Publicado en La Nación, 1.11.2012, lanacion.com.ar)

Más que su perfil ideológico, que podría ser tanto de derecha como de izquierda, lo que caracteriza al fenómeno político que hoy tensa la escena latinoamericana es su ejercicio del poder y su desconfianza en las instituciones

El populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica “pueblo”. Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien había atestiguado directamente el ascenso del fascismo italiano y admiraba a Mussolini al grado de querer “erigirle un monumento en cada esquina”. Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del “nuevo socialismo”. Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico sino de su funcionamiento. Propongo diez rasgos específicos.

1) El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. “La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo -recuerda Max Weber- no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, «vive para su obra». Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido.”

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, “alumbra el camino” y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en las ciudades-estado del Mediterráneo en la figura del “demagogo”. Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de “las revoluciones en las democracias” y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: “En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos”. Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: “Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar”. Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana de la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva.

3) El populismo fabrica la verdad. Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino “Vox populi, Vox dei”. Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno “popular” interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. En la Argentina peronista, los diarios oficiales y nacionalistas -incluido un órgano nazi- contaban con generosas franquicias, pero la prensa libre estuvo a un paso de desaparecer. La situación venezolana, con la “ley mordaza” pendiendo como una espada sobre la libertad de expresión, apunta en el mismo sentido; terminará aplastándola.

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado, que puede utilizar para enriquecerse o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, o para ambas cosas, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión de los gobiernos populistas en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.

5) El populista reparte directamente la riqueza, lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres, donde hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia. “¡Ustedes tienen el deber de pedir!”, exclamaba Evita a sus beneficiarios. Se creó así una idea ficticia de la realidad económica y se entronizó una mentalidad becaria. Y al final ¿quién pagaba la cuenta? No la propia Evita sino las reservas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones “voluntarias” y, sobre todo, la posteridad endeudada, devorada por la inflación. En cuanto a Venezuela (cuyo caudillo parte y reparte los beneficios del petróleo), hasta las estadísticas oficiales admiten que la pobreza se ha incrementado, pero la improductividad del asistencialismo (tal como Chávez lo practica) sólo se sentirá en el futuro, cuando los precios se desplomen o el régimen lleve hasta sus últimas consecuencias su designio dictatorial.

6) El populista alienta el odio de clases. “Las revoluciones en las democracias -explica Aristóteles, citando “multitud de casos”- son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos.” El contenido de esa “intemperancia” fue el odio contra los ricos; “unas veces por su política de delaciones [...] y otras atacándolos como clase, [los demagogos] concitan contra ellos al pueblo”. Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a “los ricos” (a quienes acusan a menudo de ser “antinacionales”), pero atraen a los “empresarios patrióticos” que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece “Su Majestad El Pueblo” para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra “los malos” de adentro y afuera. “El pueblo”, claro, no es la suma de voluntades individuales expresadas en un voto y representadas por un parlamento; ni siquiera la encarnación de la “voluntad general” de Rousseau, sino una masa selectiva y vociferante que caracterizó otro clásico (Marx, no Carlos sino Groucho): “El poder para los que gritan «¡el poder para el pueblo!»”.

8) El populismo fustiga por sistema al “enemigo exterior”. Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de afuera. La Argentina peronista reavivó las viejas (y explicables) pasiones antiestadounidenses que hervían en Iberoamérica desde la Guerra del 98, pero Castro convirtió esa pasión en la esencia de su régimen: un triste régimen definido por lo que odia, no por lo que ama, aspira o logra. Por su parte, Chávez ha llevado la retórica antiestadounidense a expresiones de bajeza que aun Castro consideraría (tal vez) de mal gusto. Al mismo tiempo hace representar en las calles de Caracas simulacros de defensa contra una invasión que sólo existe en su imaginación, pero que un sector importante de la población venezolana (adversa, en general, al modelo cubano) termina por creer.

9) El populismo desprecia el orden legal. Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la “ley natural” y una desconfianza de las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder (como Chávez), el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la “justicia directa” (“popular”, “bolivariana”), remedo de una “Fuenteovejuna” que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta. Hoy por hoy, el Congreso y la Judicatura son un apéndice de Chávez, igual que en la Argentina lo eran de Perón y Evita, quienes suprimieron la inmunidad parlamentaria y depuraron, a su conveniencia, el Poder Judicial.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntad popular”. En el límite de su carrera, Evita buscó la candidatura a la vicepresidencia de la República. Perón se negó a apoyarla. No por casualidad, en sus aciagos tiempos de actriz radiofónica, había representado a Catalina la Grande. En cuanto a Chávez, ha declarado que su horizonte mínimo es el año 2020.

¿Por qué renace una y otra vez en Iberoamérica la mala yerba del populismo? Las razones son diversas y complejas, pero apunto dos. En primer lugar, porque sus raíces se hunden en una noción muy antigua de “soberanía popular” que los neoescolásticos del siglo XVI y XVII propagaron en los dominios españoles, y que tuvo una influencia decisiva en las guerras de independencia desde Buenos Aires hasta México. El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente “moderada” o “provisional”: no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.

Desde los griegos hasta el siglo XXI, pasando por el aterrador siglo XX, la lección es clara: el inevitable efecto de la demagogia es “subvertir la democracia”.

* * *

Enrique Krauze Kleinbort nació en Ciudad de México el 16 de septiembre de 1947. Ensayista y editor mexicano, director de la Editorial Clío, director de la revista cultural Letras Libres y miembro del consejo de administración de Televisa.

Libros:

  • Caudillos culturales en la Revolución Mexicana (1976)
  • Historia de la Revolución Mexicana: la reconstrucción económica. 1924-1928 (1977)
  • Daniel Cosío Villegas: una biografía intelectual (1980)
  • Caras de la historia (1983)
  • Por una democracia sin adjetivos (1986)
  • Biografía del poder: I. “Porfirio Díaz. Místico de la autoridad”; II. “Francisco I. Madero. Místico de la libertad”; III. “Emiliano Zapata. El amor a la tierra”; IV. “Francisco Villa. Entre el ángel y el fierro”; V. “Venustiano Carranza. Puente entre siglos”; VI. “Álvaro Obregón. El vértigo de la victoria”; VII. “Plutarco Elías Calles. Reformar desde el origen”; VIII. “Lázaro Cárdenas. General misionero” (1987)
  • Personas e ideas (1989)
  • América Latina: el otro milagro (1991) 
  • Textos heréticos (1992)
  • Siglo de caudillos: Biografía Política de México (1810-1910) (1994)
  • Tiempo contado (1996)
  • Mexico: Biography of Power: A History of Modern Mexico, 1810-1996 (1997)
  • La presidencia imperial (1997)
  • La Historia cuenta (1998)
  • Mexicanos eminentes (1999)
  • Tarea política (2000)
  • Travesía liberal (2003)
  • La presencia del pasado (2005)
  • Para salir de Babel (2006)
  • Retratos personales (2007)
  • El poder y el delirio (2008)
  • De héroes y mitos (2010)
  • Redeemers: Ideas and power in Latin America (2011)
  • Redentores: Ideas y poder en América Latina (2011)

Diana Cohen Agrest / En el país del crimen sin castigo

(Publicado en La Nación, lanacion.com.ar, 31.10.2012)

En Crimen y castigo, el gran Dostoievski penetró en las profundidades más inabordables del alma humana, en ese territorio abismal en donde se incrusta el ancestral sentimiento de culpabilidad. En sus páginas, Raskolnikov comienza siendo un antihéroe que, tras matar a una vecina para hacerse de un dinero, logra sortear el castigo de la ley positiva, termina por encarnar una conciencia moral que se torna un flagelo personal que emerge de su lucha interior frente al mal cometido.

No se trata de una cuestión epocal, pues una de las prohibiciones sobre las que se construyó la civilización es el homicidio. Frente al impulso de destrucción, disponemos de apenas dos armas: la angustia de culpabilidad y el temor al castigo. Esas armas fueron neutralizadas en la Argentina que nos duele. Un Raskolnikov que se entrega voluntariamente a la justicia es poco creíble cuando el delincuente es tenido por una víctima condicionada por factores psicosociológicos que lo exoneran de la culpa, en un sistema penal que favorece la evanescencia de la angustia de culpabilidad y la exoneración de la pena por cumplir gracias a la cual puede continuar delinquiendo.

Pero lo que nos duele no es literatura. La deslegitimación del sistema penal es alentada por el ministro de la corte Eugenio Raúl Zaffaroni, cuyas ideas fueron acogidas acríticamente por sus discípulos, jueces, fiscales y docentes universitarios que no perciben los riesgos de llevar al terreno operativo postulados que si bien pueden ser la fuente de interesantes debates teóricos, no deberían ser puestos en práctica, tal como lo prueba el incremento del delito de los últimos años.

La doctrina vigente defiende un abolicionismo disfrazado de derecho penal mínimo, orientado a proteger a los perseguidos por un Estado-Leviatán, una especie de monstruo animado por una compulsión a castigar discrecionalmente a sus víctimas, seleccionadas entre los más vulnerables, entre los pobres y los marginales que sobreviven condicionados por fuerzas estructurales que los sobrepasan, tales como “la frustración escolar de la persona”, Zaffaroni dixit. En este escenario compasivo, no parece advertirse que tal como observa el investigador mexicano Alejandro Tomasini, “esos factores socioculturales son nociones extrajurídicas que señalan los condicionamientos de un sujeto y hasta las causas que pueden ser el caldo de cultivo del delito, pero no son las razones motivacionales que llevan a delinquir, que es el objeto de la juridicidad”.

Quienes “caen presos”, añade el magistrado, caen por “tontos” y “torpes”. Y en una sociedad injusta es injusto castigarlos cuando no se castigan los grandes negociados (ejercidos en complicidad con las autoridades políticas y, de más está decirlo, judiciales). Se impone entonces una lógica impunitiva “igualitaria” que en lugar de buscar sancionar a todo aquel que transgrede la norma, se lo exonera: como no se castiga al poderoso, tampoco debe castigarse al “tonto” y “torpe”.

Ya el jurista Carlos Nino señalaba veinte años atrás que la victimización desconoce la capacidad de elección del delincuente. Y al descalificarlo, hace de él “un objeto de manipulación con fines benéficos”, omitiéndose que los factores socioculturales invocados afectan de forma semejante tanto al delincuente como al que no lo es.

Este ideario niega, además, la eficacia preventiva del castigo y aduce que el endurecimiento de la pena “no sirve para nada” porque el delincuente no circula con el Código Penal en la mochila como si se tratara de una guía turística para consultar para saber de antemano cuál de los delitos es sancionado más gravosamente o cuál puede gozar de mayores beneficios de excarcelación. Pese a esta caricaturización del delincuente, es innegable que éste hace un balance del costo-beneficio, pues le inquieta la debilidad o fortaleza del sistema de investigación criminal que determina la aplicación de la norma o los medios que se emplean para hacerla efectiva. Si en lugar de confiar en chicanas procesales que le reducirán o hasta lo exonerarán de la sanción, el delincuente tuviera la certeza de que la pena fijada se cumplirá sin una sarta de “beneficios” tan legales como riesgosos para la sociedad, se acabaría el negocio en un sistema penal cimentado en la connivencia y la complicidad entre delincuentes y numerosos policías, abogados y jueces. Un negocio que empieza a facturar apenas es capturado: si la pena perpetua fuera perpetua (como lo es la pena de quienes lloran a las víctimas) o de ser menor, fuera de efectivo cumplimiento y no se negociara, se acabaría con gran parte de la corrupción del sistema.

Cuando es denunciada, la defensa corporativista obstaculiza todo intento de enjuiciar a magistrados cómplices, como Axel López (uno más entre otros ya exonerados como Sal Lari o Carlos Flores), a quien el Consejo de la Magistratura exculpó porque “no había hecho nada malo” cuando benefició con salidas transitorias a un violador que reincidió. Es el mismo juez que le concedió libertad condicional al cuádruple violador, devenido remisero, quien usó ese “beneficio” para matar a Tatiana Kolodziez. “Beneficios” que, pese a ser optativos, son concedidos con prodigalidad asesina por jueces indirectamente asesinos.

Con su complicidad, el Estado insiste en su experimento social que se vale de este ideario como de un instrumento homicida tan legal como ilegítimo: un informe de la OEA concluye que encabezamos el ranking de robos en el continente. Y el Ministerio de Salud de la Nación denuncia que el segmento “muertes de causa externa de intención no determinada” encubre las tasas reales de muertes violentas. Con su silencio, el Estado es -por omisión- un ejecutor indirecto de los crímenes.

Hay dos vías no excluyentes para combatir el delito: una se construye a partir de políticas sociales autosustentables basadas en una escolarización de calidad, en la formación de los jóvenes en escuelas técnicas y de oficios, y en la creación de fuentes genuinas de trabajo. Pero como es lenta y aporta escaso rédito político a corto plazo, la oportunidad de implementarla se perdió en los últimos años con la ejecución de políticas asistencialistas que no contribuyeron a disminuir la delincuencia.

La segunda vía es la sanción penal, inaplicable mientras sólo se invoquen las garantías constitucionales a favor del reo y se alegue que aplicar las penas o tipificar conductas es un error inútil que en poco tiempo terminará por colapsar el sistema, pasándose por alto que si la cadena sancionatoria es vulnerable, no se deben imponer sanciones más laxas, sino hacer que sus eslabones se encarnen en una fuerza policial, un poder judicial y un servicio penitenciario más eficientes y menos corruptos.

Con el beneplácito de un Gobierno que se ufana de la defensa de las garantías que afectan de forma desigual a los “vatayones militantes” y barras bravas que a los que viven en el marco de la ley, los agentes públicos que nos representan -los poderes ejecutivo, legislativo y judicial- carecen de la voluntad política de penalizar el delito. Si el Gobierno fuera tan igualitario en el ámbito penal como se proclama en todas las demás áreas de su incumbencia, si le importara que una vida arrancada por la absurda violencia sea consentida y alentada por su complicidad y por su silencio garante de la impunidad, si los derechos humanos no fueran privativos de los que delinquen y si se tomara conciencia de que, cuando un inocente es asesinado, poco tienen que ver la izquierda o la derecha o las dictaduras o las democracias o el gobierno o la oposición; si en lugar de llorar sólo a los muertos de la dictadura se llorara también a los muertos silenciados por la democracia, que no le sirven al relato, si pudiera todo ese dolor hacerse carne en cada uno de los argentinos que aspiramos a una nación pacificada y previsible, habríamos dado el primer paso en un itinerario guiado por la cordura, por la verdad y por la justicia. Ese itinerario que, si aspiramos a sobrevivir como un Estado de Derecho, debemos comenzar a recorrer.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Pobreza e indigencia, otra mentira del Indec

(Editorial publicado en La Nación, 30.10.2012, lanacion.com.ar)

Las falaces estadísticas oficiales ocultan la existencia de casi seis millones de personas pobres en la Argentina

Conocer el número de personas bajo la línea de pobreza no es un mero dato estadístico: es una necesidad vital en un país serio, con planes serios de crecimiento y de asistencia a sus ciudadanos.

Lamentablemente, en la Argentina la ya institucionalizada manipulación de los datos estadísticos oficiales por medio del Indec hace que ese conocimiento sea falaz, pues se oculta la existencia de casi seis millones de personas pobres.

La subestimación del valor de los productos utilizados para elaborar los índices de inflación es una de las causas que derivan en una realidad que deja afuera a semejante número de ciudadanos.

Según el Indec, una familia de cuatro integrantes ya no es pobre cuando gana mensualmente poco menos de 1600 pesos. Y un hogar pobre no llega a ser indigente cuando el ingreso supera los 700 pesos, es decir, cuando sus cuatro integrantes pueden alimentarse con poco menos de 24 pesos diarios.

De esos datos, el Gobierno saca como conclusión que en el país es pobre el 6,5 por ciento de la población, e indigente, el 1,7 por ciento. Traducidos esos porcentajes en cantidad de pobladores, se está hablando de unos 2.900.000 personas.

Según la encuesta de la deuda social de la Universidad Católica Argentina (UCA), para el cuarto trimestre de 2011, la pobreza llegaba al 21,9% y la indigencia, al 7,8%, es decir, unos 9.800.000 ciudadanos, entre pobres e indigentes.

La razón de tan grandes diferencias no es otra que la fuerte manipulación que hace el organismo oficial de la evolución de los precios. Mientras que para el Indec, el costo de vida apenas crece a un dígito, todos los estudios privados, provenientes de consultoras e institutos económicos, dan cuenta de una inflación aproximadamente 2,5 veces mayor.

Y la consecuencia no sólo pasa por las dificultades para hacer un adecuado diagnóstico social, que permita poner en marcha eficaces políticas de desarrollo humano, sino también para generar un escenario previsible para quienes apuesten a realizar inversiones productivas en la Argentina.

La medición realizada por el Indec a fines del mes pasado contiene otros datos tan llamativos como sospechosos. En un contexto de aumentos de salarios, subsidios y jubilaciones por encima de la canasta básica que se calcula oficialmente, entre otras variables, la pobreza y la indigencia deberían haber bajado. Sin embargo, esa medición del Gobierno da cuenta de un estancamiento de tales índices respecto del segundo semestre de 2011.

Según el Indec, el mantenimiento de los porcentajes de pobreza e indigencia se logra merced a variaciones por demás dispares y, en algunos casos, hasta disparatadas.

Mientras se consigna que en la ciudad de Buenos Aires y en el conurbano la pobreza tuvo un avance del 2,3 al 4% y del 6,9 al 8,6%, respectivamente, cayó considerablemente, del 14,2 al 7,5% en la ciudad de Resistencia; del 8 al 4,1% en Jujuy, y del 7,2 al 5,7% en la ciudad de Tucumán. Es decir, hay muchos menos pobres en las provincias históricamente más golpeadas por la pobreza, donde, por lo visto, según el Indec, ya casi no quedan indigentes. Se trata, además del Chaco, de Santiago del Estero, Jujuy, Salta, La Rioja, Misiones y Corrientes, con índices de indigencia inferiores al 2 por ciento.

No hay una explicación coherente acerca de por qué a la Capital y a la provincia de Buenos Aires les va peor en términos de pobreza.

Como se sabe, cada vez son más las provincias que han dejado de difundir sus índices de inflación, dejando librada a la Nación esa tarea. Se trata, especialmente, de distritos alineados políticamente con el gobierno nacional, donde mostrar diferencias con el poder central podría costarles caro en términos políticos, pero fundamentalmente económicos .

Ya lo dijo la subsecretaria de Defensa del Consumidor, María Lucila Colombo, cuando sacó de circulación las mediciones de una asociación de consumidores privada, amén de haber inhabilitado a otra: “Las mediciones privadas que valen son las que coinciden con las del Indec”.

Coherente con sus falsas mediciones, el organismo oficial de estadísticas no puede menos que ajustar al dibujado índice de inflación el resto de las variables. Si no, se vería en la obligación de reconocer que hay atraso cambiario, que crece el freno en las economías regionales, en la industria y en el empleo; que la canasta básica está muy por encima de lo que se informa y que, salvo casos excepcionales, el comercio no logra mantener sus ventas. Se trata, sin dudas, de cuestiones de impensadas consecuencias para la salud del “relato” oficial.

Remedios Varo, pintora

María de los Remedios Alicia Rodriga Varo y Uranga nació el 16 de diciembre de 1908 en Anglès, Gerona, España y falleció el 8 de octubre de 1963 en Ciudad de México.

John Osborne / Recordando con ira (en el Teatro San Martín, Complejo Teatral de Buenos Aires)

Recordando con ira (1956, también traducida como Mirando hacia atrás con ira) es la obra más conocida del dramaturgo inglés John Osborne. En traducción y adaptación de Mauricio Kartun y con la dirección de Monica Viñao se la está representando en el Teatro San Martín.

Jimmy Porter (Esteban Meloni) es cínico, inteligente, sarcástico. Vive con Alison, su mujer desde hace cuatro años (Romina Gaetani). Y su amigo Cliff (Guillermo Arengo) siempre está con ellos ya que vive en otro departamento de la misma casa victoriana. La visión de Jimmy acerca del mundo y de las personas (sobre todo de Alison) es bastante escéptica e irascible, incluso las maltrata y se burla de todos. Tiene un puesto de venta de chocolatines y tienen carencias económicas, si bien ella es de una familia acomodada. Es una habitación de un hogar más bien modesto. La explosión de los rencores está latente. Jimmy viaja a Londres para ver a la madre de Hugh, un amigo, que está grave, a punto de morir. Helena Charles (Andrea Bonelli), amiga de Alison y actriz, está trabajando en la compañía del teatro Hippodrome y temporalmente recibe alojamiento en el departamento, quedándose junto a su amiga mientras Jimmy está ausente. Algo le sucede a Alison, íntimamente relacionado con Jimmy. Y al regreso de su viaje, las cosas habrán cambiado.

*

Cuatro excelentes actuaciones: personajes comunes y corrientes interpretados de manera ejemplar, apoyados por una traducción que vuelca el texto de manera fluida a nuestro hablar cotidiano. Se luce Esteban Melloni porque la obra gira en torno a él, pero tanto Romina Gaetani como Guillermo Arengo y la bella Andrea Bonelli están a la altura de las circunstancias, dándoles vida a cada uno de sus personajes.

La obra plantea una interesante tensión entre los personajes sustentada en los comentarios mordaces de Jimmy sobre la vida en general y sobre cada uno de ellos en particular. Pero una vez planteada la historia, la parte media de Recordando con ira no sostiene esa intriga, transcurriendo entre disputas verbales. No hay muchos elementos nuevos en su desarrollo salvo hacia el final cuando algo sucede entre Alison y Jimmy, y entre él y Helena.

(Respecto al texto original, han introducido una variante que es haber suprimido -en el Acto II, Escena II-, al personaje del Coronel, padre de Alison.)

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John James Osborne nació el 12 de diciembre de 1929 en Fulham, Londres, Inglaterra y falleció el 24 de diciembre de 1994 en Clun, Shropshire, Inglaterra.

Obras:
The Devil Inside (1950)
The Great Bear (1951)
Personal Enemy (1955)
Look Back in Anger (Recordando con ira, 1956)
The Entertainer (1957)
Epitaph for George Dillon (1958)
The World Of Paul Slickey (1959)
A Subject Of Scandal And Concern (para TV, 1960)
Luther (1961)
Plays for England (1962)
The Blood of the Bambergs (1962)
Under Plain Cover (1962)
Tom Jones (guión, 1963)
Inadmissible Evidence (1964)
A Patriot for Me (1965)
A Bond Honoured Theatre (1966, adaptación en un acto de La fianza satisfecha, de Lope de Vega)
The Hotel In Amsterdam (1968)
Time Present (1968)
The Charge of the Light Brigade (guión, 1968)
The Right Prospectus (para TV, 1970)
West Of Suez (1971)
A Sense Of Detachment (1972)
The Gift Of Friendship (para TV, 1972)
Hedda Gabler (1972, adaptación de la obra de Ibsen)
A Place Calling Itself Rome (1973, adaptación de Coriolano, de Shakespeare)
Ms, Or Jill And Jack (para TV, 1974)
The End Of Me Old Cigar (1975)
The Picture Of Dorian Gray (1975, adaptación de la obra de Oscar Wilde)
Almost A Vision (para TV, 1976)
Watch It Come Down (1976)
Try A Little Tenderness (1978)
Very Like A Whale (para TV, 1980)
You’re Not Watching Me, Mummy (para TV, 1980)
A Better Class of Person (para TV, 1985)
God Rot Tunbridge Wells (para TV, 1985)
The Father (1989, adaptación de la obra de Strindberg)
Déjàvu (1992)

Libros:
A Better Class of Person (1981, volumen I de su autobiografía)
Almost a Gentleman (1991, volumen II de su autobiografía)

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Todos los jueves funciones con Servicio de Audiodescripción para personas ciegas.

Sala Casacuberta, Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530

Jorge Fontevecchia / Metafísica K

(Publicado en Perfil, 2.9.2012)

Los ecos del texto de Carta Abierta Nº 12 resuenan una semana después. Contiene dos proposiciones trascendentales. Que “todo gobierno de raíz popular hoy está en riesgo” por “las acciones desestabilizadoras que son un acecho permanente”. Y que si el kirchnerismo no gobierna en el período 2015-2019, todo lo que en el país ha mejorado será “liquidado por agentes de la repetición” y “conjurado por las fuerzas del conservadurismo”.

Ambas ideas están articuladas sobre la convicción de que lo diferente es malo. En este caso, lo diferente al proyecto nacional y popular. Si las nociones de pueblo y patria sólo están representadas por el kirchnerismo, es lógico que se pida que nadie más conduzca al país salvo los que son genuinamente argentinos.

Algo no cierra cuando se supone que sólo una parte del país quiere y puede hacer el bien. A diferencia de las anteúltimas versiones de Carta Abierta que fueron más pluralistas, esta vez hubo un exceso de metafísica. Monopolizar el bien implica creer en el mal, una idea en sí misma peligrosa.

El concepto del mal siempre sirvió para deshumanizar al otro y justificar su exclusión simbólica o real. Un hombre puede matar a una víbora sin sentir culpa porque es algo malo, un ser de otro orden. El mal sirve para justificar las categorías: burgués, de derecha, judío, comunista o cualquier otra clase. Es más fácil castigar a una categoría o a una clase que a personas.

La idea del mal también le confiere a lo podrido, a lo defectuoso y hasta a la estupidez una envergadura excesiva. La obsesión que el kirchnerismo tiene con Macri, por ejemplo, no sólo lo hiere sino también lo engrandece. Al darle a la sombra la estatura de la luz se fortifica la oscuridad, diría un místico.

El bien frente al mal es un atavismo religioso: la primera vez que la muerte aparece en el mundo fue por un asesinato, había dos hombres y uno se convirtió en asesino cuando Caín mató a Abel, instalando allí la idea de cincuenta por ciento de posibilidades y la polaridad maniquea.

La malignidad tiene en cada era distintas atribuciones, el mal es recodificado asignándosele nuevas formas.

La diferencia entre el mal y lo malo, sustantivo y adjetivo, no es tan clara y en muchas lenguas ni se los diferencia. El mal sería algo objetivo; lo malo, algo subjetivo. Al condensarlos se reifica algo cuya definición depende de circunstancias psicológicas, sociales e históricas. El mal absoluto es de naturaleza metafísica. Un ser y no un valor. Fue Leibniz quien habló de los tres males: el moral, el físico y el metafísico.

La algofilia es el amor al mal. Es una palabra rara porque encierra en sí misma una contradicción: encontrar complacencia en el mal permitiría obtener de él un bien. La misma contradicción del término se encuentra en la noción de que todos los otros, que en este caso serían los que son kirchneristas, desean (o acarrearían) el mal y no el bien para el país. Una perspectiva más benigna para los malos es la socrática, donde el mal es la ignorancia y por ello es involuntario. Así planteado el kirchnerismo estaría integrado por los guardianes del conocimiento, y el resto del arco político carecería de él.

Aquí el problema se desplaza de la metafísica a la epistemología: los kirchneristas serían los únicos que tendrían el conocimiento necesario, los únicos que sabrían. También resulta poco razonable este planteo y hasta un poco ofensivo, pero es un párrafo de la última Carta Abierta el que se refiere explícitamente al tema: “Es necesario afirmar, continuar, debatir la lógica y hasta diríamos la epistemología que hagan imposible ese retroceso del país respecto del avance formidable de estos últimos años”.

La historia está poblada de “suerte epistémica” o “verdades accidentales”, donde la justificación de una creencia no estaba correctamente conectada con los fundamentos que la hacían verdadera. No importa cuánto subamos los estándares de justificación, siempre habrá posibilidad de error y siempre seremos falibles.

Y quizás el recorrido de la metafísica a la epistemología desemboque en la ética. La ética sería la capacidad para distinguir el mal. La ética, como creía Lévinas, es la ética del otro, la ética de la diferencia y en contra del depotismo de lo mismo, incapaz de registrar a los otros. En Ensayo sobre la consciencia del mal, Alan Badiou escribió: “El primado ético de lo otro sobre la mismo exige que la experiencia de la alteridad esté ontológicamente garantida como experiencia de una distancia”, “no hay respeto para aquél cuya diferencia consiste precisamente en no respetar las diferencias”. Mas adelante propone recusar toda validez a la noción de mal y reenviarla en bloque a su evidente origen religioso. Y concluye: “Todo aquello que apunte a una potencia total de las verdades, arruina lo que soporta estas verdades”.

“La diferencia” es justamente el título que lleva la Carta Abierta Nº 12 donde, paradójicamente, se percibe una falla en la ética de la diferencia, la de reconocer al otro que es diferente, lo que Lévinas llamaba ese “Otro absoluto”.

Caer en una poética absolutizada es un retroceso. Sólo atribuible ante el pavor de un eventual desfondamiento de la física kirchnerista, donde la metafísica sea su refugio.

* * *

Jorge Fontevecchia nació el 15 de julio de 1955 en Buenos Aires.

Según consta en Wikipedia (es.wikipedia.org): Fundó su editorial en 1975, tras lo cual tuvo que abandonar las dos carreras universitarias que había comenzado, Derecho y Ciencias Económicas. Ese año lanzó un revista de deportes.
En 1976, junto a su padre, fundó Editorial Perfil, que edita numerosas publicaciones entre las que se cuentan las revistas Caras, Weekend y Noticias, de la cual Fontevecchia fue director.
En 1998, lanzó el diario Perfil pero debió cerrar a mediados de ese año debido a las bajas ventas y a la asfixia publicitaria que su dueño denunció como parte de un complot del Grupo Clarín.
En 2005 el periódico fue relanzado, aunque en principio sólo se publicó los domingos. Al poco tiempo agregaron los sábados. Es una publicación bisemanal.
Fue galardonado con el Premio Konex 1997: Dirección Periodística. Premio Konex de Platino, y el Premio Konex 2007: Dirección Periodística. Diploma al Mérito.

(En 1977, Fontevecchia creó la revista La Semana. De esa redacción salía cuando fue secuestrado la noche del 5 de enero de 1979.)

Fernanda Sandez / Una sociedad que no cuida a sus hijos

(Publicado en La Nación, 23.10.2012)

Hay, en la foto, dos bebes: uno, de plástico; otro, de verdad. Aunque de no mirar con la debida atención los dos podrían ser lo mismo. La foto fue tomada en la guardería La Hormiguita Viajera, de Comodoro Rivadavia, un lugar no habilitado como tal y donde el personal -se supo luego- maltrataba a los chicos con golpes, tirones de pelo, ataduras y mordazas. La foto fue la que detonó todo y muestra lo que parecen ser dos muñecos, uno desnudo y otro vestido. Uno acostado, mirando la nada, y otro, el de verdad, sentado y amordazado. Mirando, también, la nada.

A veces una imagen cuenta un mundo. Y si la niña del Napalm (esa que escapaba desnuda de su aldea en llamas) contó la Guerra de Vietnam mejor que cualquier informe periodístico, los dos bebes de la foto dicen sobre la relación que tenemos con nuestros niños más de lo que estamos dispuestos a soportar. Porque adoramos creer que los mimamos “en exceso”. Que ellos, “nuestros” chicos, tienen más de lo que podrían desear. Sin embargo, cada tanto una noticia como ésta raja al medio el decorado y expone las bambalinas de esta sociedad supuestamente paidocéntrica en la que nos gusta pensar que vivimos. Esa en donde los niños son los primeros y los únicos privilegiados.

Algo es real: nunca la niñez (cierta niñez, de ciertos sectores sociales y en ciertos países del mundo) ha sido tan celebrada como hoy, con derechos y hasta día propios.

Algo también es real: nunca tuvimos menos tiempo -ni menos energía- para gastar con ellos. A nuestro rescate vienen entonces las versiones 3.0 de la niñera electrónica: las consolas de juego, las tabletas, los sitios de Internet en donde nuestros hijos tienen amigos pingüinos y amigos dragones, y aprenden a divertirse sin molestar demasiado. Aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta, una de las razones del brutal éxito de los dispositivos de entretenimiento es nuestro inconfesable deseo de volver a ser nulíparos por un rato.

Pero, acabada la diversión, llega la hora de pagar por ella. Y la sociedad moderna se ha encargado también de proveernos de “soluciones” que nos permitan ser -además de profesionales eficientes- también padres eficaces. Capaces incluso de compactar ese primer tiempo de nido y de contacto con un recién nacido a su mínima expresión, para volver cuanto antes a la faena. Niñeras, “señoras”, guarderías y jardines maternales forman hoy parte del abanico de ayudas de la maternidad prorrateada, para la que resulta más natural -más aceptable- volver a marcar tarjeta al mes y medio de haber dado a luz que permanecer empollando. Nuestra común condición de engranajes dentro del sistema productivo así lo exige, y lo aceptamos. Todo será cuestión entonces de cerrar los ojos y dejar al bebe de un mes y medio en un dormitorio con veinte cunas más. O de remolcar -a todo puchero y pataleta- a un nene de apenas un año hasta el jardín Los Patitos Felices. Después, a confiar. A pedir que en el país de Cromagnon, del desastre del ferrocarril Sarmiento y de los controles ausentes la guardería de nuestros hijos sea la excepción. En definitiva, a cruzar los dedos. A hacer de la maternidad un peligroso acto de fe.

En la Argentina existen un Observatorio de Femicidios y un Observatorio del Encierro, pero no un Observatorio del Maltrato Infantil en jardines y guarderías. De existir algo como eso, sabríamos que el bebe amordazado es apenas el último de una serie de casos similares. Sólo nos queda, pues, pedir que el jardín de nuestros hijos no sea el de Chubut, pero tampoco el de Laferrère al que se denunció por “tormentos” en marzo de este año, ni ese de Berazategui en donde el profesor de música jugaba a la “escondida sucia” con nenes de cinco años, ni ese otro de San Pedro en donde una nena contó haber sido “colgada de los pies” por su seño, ni tampoco aquel de La Plata en donde en la orina de tres chicos se detectaron tranquilizantes.

Lo dicho: se impone un acto de fe.

“Peor era antes”, comenta alguien. “A los chicos los tenían todo el día fajados y no se podían mover.” Es verdad, pero cada época tiene sus espantos particulares, y ésta no es la excepción. Porque alcanza con abrir un poco los ojos para notar cómo -detrás de la exaltación de la infancia y la entronización del pelotero- subyace un nivel de desamparo atroz.

“Les tuve que explicar a unos padres que no pueden dejar al nene doce horas acá”, se queja la directora de un jardín maternal.

“La mujer que cuidaba antes a mis nietos les decía que se bañaran solitos. Pero que después la cola y todo eso se lo lavaba ella”, cuenta, todavía espantada, Martha, la abuela de tres nenes abusados por la mujer que los cuidaba en su casa.

“Les pedimos a los papis que por favor revisen las mochis de sus nenes antes de traerlos al jardín”, rezaba la nota. Días antes, alguien había olvidado accidentalmente sus antidepresivos en la mochila de El Hombre Araña de su hijo de salita de cuatro.

Raros tiempos: decimos querer a niños a los que no dudamos en dejar por horas al cuidado de extraños. A niños de los que algunos padres se despiden con un beso a la madrugada y recién vuelven a ver a la noche, ya dormidos. Entre medio de esos dos besos, los chicos pasan de la papilla a la comida, de la cuna a la sillita. Aprenden a caminar, a jugar. A hablar. Se hacen amigos. Y entienden que, para compartir con sus padres todos esos descubrimientos, habrá que esperar con suerte al final del día. Con menos suerte, al fin de semana.

Raros tiempos, en especial para las mujeres. Porque con la misma insistencia con la que el mandato social las presiona para que sean madres, primero, y para que sean “buenas madres”, después, también se les exige no abandonar sus vocaciones. Pero -y ésta quizá sea la parte más enloquecedora del asunto- todo a su alrededor está armado para la disyunción. Para que renuncie a su profesión y se dedique a sus hijos o para que se vuelque de lleno a su carrera y abjure de la maternidad. O para que, como la mayoría de nosotras, se trepe a la cuerda floja que media entre una y otra cosa y pague en salud mental y física el precio del equilibrio. ¿Y los padres? Bien, gracias. A ellos la sociedad ni siquiera les hace este tipo de planteos.

En países como Suecia o Noruega -a los que suele citarse como ejemplo de desarrollo social y avances en materia de derechos- el nacimiento y la crianza son tema de Estado, y por eso existen políticas específicas para proteger a la nueva familia. Hay licencias maternales y parentales de casi de dos años en un país, de un año entero en el otro. En la Argentina todo es mucho más veloz: habrá que volverse mamá -y pasarle la posta del cuidado a alguien más- en sólo noventa días.

En efecto, a excepción de algunas legislaciones provinciales (como la de Corrientes) y sólo para algunas trabajadoras (las estatales), la maternidad es tratada como un tema estrictamente “personal”. Y como tal se resuelve. Podríamos llenar libros enteros narrando los malabares a los que deben recurrir las madres -ni qué decir de las madres solas, de sectores populares o las dos cosas al mismo tiempo- para poder trabajar. De lo que lamentablemente se conoce bastante menos es cómo, en qué medida afecta a un chico -pequeño y no tanto- esa distancia emocional y física. Ese forzoso vacío de mamá en los momentos fundacionales, justo cuando la idea es estar a upa y al sol, no a oscuras y precintado.

Los niños nos instalan en la lógica del parpadeo: en un abrir y cerrar de ojos, ya son otros. Por eso, quizá ya sea hora de entender -como ya lo han entendido en otros países- que el tiempo de la llegada y el aterrizaje en el mundo es fugaz y decisivo. Embarazo, parto y crianza: la clase de cosas que no caben en una planilla Excell. Pero también la clase de experiencias que nos enfrentan con nuestras propias limitaciones y desnudan nuestra propia pequeñez y egoísmo. De todo eso nos hablan cada bebe y niño maltratado “en exceso”. Como la chica del Napalm, los chicos de nadie nos gritan sin palabras la verdad detrás de tanto peluche y tanta consola. Molestan por lo que delatan: que la mordaza no está en sus bocas, sino en nuestros oídos. En nuestros instintos, nuestras intuiciones, nuestro corazón. En todo eso que vendamos colectivamente para poder seguir creyendo que vamos por el camino correcto.

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Fernanda Sandez nació en Lomas de Zamora, Buenos Aires, en 1967. Es periodista.

Escribe en su perfil de Linkedin (ar.linkedin.com):

Escribo desde que tengo memoria y me pagan por hacerlo desde hace veinte años. Colaboré, escribí y edité en varias revistas y diarios. Entre ellos, Veintitrés, Noticias, Living, Para Ti, El Gourmet, Grande Reportagem (Portugal), Gatopardo (Colombia), Noticias Aliadas (Perú), Servicio Especial de la Mujer (Costa Rica) y los diarios Perfil, Miradas al Sur, Z y Crítica de la Argentina. En la mayoría de ellos aún sigo trabajando. Desarrollé, lancé y dirigí por un año la revista Nueva Estética. Como redactora publicitaria, colaboré con JWT Argentina y con Young & Rubbicam, tanto en el área creativa como en la de planeamiento estratégico, para clientes como Lux y Coca Cola, entre otros. Edité por dos años todos los contenidos de el Círculo Clight y durante este año desarrollé acciones en la Web para Sancor. Actualmente estoy impulsando mi propia agencia de comunicación boutique.

William Shakespeare / Macbeth (en el Teatro San Martín, Complejo Teatral de Buenos Aires)

La tragedia de Macbeth (The tragedy of Macbeth) fue escrita por William Shakespeare alrededor de 1606.

Macbeth ha tenido un importante desempeño en la lucha contra el intento de invasión a Escocia de noruegos e irlandeses. Como recompensa Duncan, el rey le dará a Macbeth el título de Thane (Barón) de Cawdor. En el trayecto de regreso del campo de batalla, tres brujas saludan a Macbeth primero como Thane de Glamis, luego como Thane de Cawdor y finalmente le vaticinan que será rey. Le escribe a su esposa una carta en la que le dice del vaticinio de las brujas y una vez en el castillo Lady Macbeth lo incita a asesinar al rey para que ese vaticinio se cumpla de una vez.

La ambición hará el resto.

La versión de Macbeth que dirigió Javier Daulte me sedujo por su puesta en escena aunque otras cuestiones y detalles supongo que han sido decididas a su gusto por el director, como debe suceder. No me gustaron, pero no discuto su elección.

A favor: la ambientación de la historia en la época contemporánea, no en la época en que sucedieron los hechos. Macbeth fue rey de los escoceses entre 1040 y 1057. En la obra de Daulte hay personal de seguridad armado con ametralladoras y fusiles y agentes con traje, corbata y anteojos negros. La escenografía es acorde con la situación, hay estructuras metálicas, escalinatas y pasillos sugiriendo una estructura más grande aún que lo que ocupan los personajes, todo muy laberíntico. Otro acierto es la ambientación musical, si bien no hay casi melodías, la música incidental y los efectos sonoros son excelentes, así como las caracterizaciones de las tres brujas y de Hécate. Muy divertido Martín Pugliese en el personaje del Portero, en una suerte de transición hacia la mitad de la obra.

Opinable: el volumen excesivo de la voz de casi todos los actores, siempre gritando sus parlamentos. Por momentos me fue trabajoso poder concentrarme en la historia que se desarrollaba. La dicción me resultó molesta; no tanto el voceo sino un decir muy coloquial, casi canchero. Alberto Ajaka (Macbeth) no me transmitió la ambición y locura del personaje, pero Mónica Antonópulos (Lady Macbeth) fue un poco más apropiada aunque siempre al borde del grito y la sobreactuación, así como Luciano Cáceres (Macduff).

El producto final es bueno (y Shakespeare siempre es necesario…) por una puesta en escena distinta y por el esfuerzo de todo el equipo que puso en marcha una obra semejante, pero quizás el acotado aplauso final reflejó la sensación de que podría haber habido algo más sobre el escenario.

La traducción de la obra estuvo a cargo de Daniel Zamorano.

Elenco (por orden de aparición):

Bruja 1 Leticia Mazur
Bruja 2 / Dama Débora Zanolli
Bruja 3 Margarita Molfino
Duncan, rey de Escocia / Médico Alberto Suárez
Malcom, hijo mayor de Duncan, heredero del trono Joaquín Berthold
Donalbain, hijo menor de Duncan William Prociuk
Sargento / Asesino 2 / Menteithnoble escocés Ezequiel Rodríguez
Lennox, noble escocés 
Fabio Aste
Ross, noble escocés 
Leonardo Saggese
Macbeth, Thane de Glamis y primo del rey (luego Thane de Cawdor y futuro rey de Escocia) 
Alberto Ajaka
Banquo, amigo de Macbeth y general en el ejército de Duncan 
Agustín Rittano
Angusnoble escocés 
Federico Buso
Lady Macbeth, esposa de Macbeth 
Mónica Antonópulos
Seyton 
Marcelo Pozzi
Fleance, hijo de Banquo / Joven Siward 
Emiliano Dionisi
Portero 
Martín Pugliese
Macduff, Thane de Fife 
Luciano Cáceres
Asesino 1 
Julián Calviño
Asesino 3 / Caithnessnoble escocés 
Francisco Pesqueira
Hécate / Lady Macduff 
Julieta Vallina
Muchacho 
Valentino Alonso
Siward, conde de Northumberland, general de las fuerzas inglesas 
Javier Niklison

Coordinación de producción: Mariana Mitre, Mariana Toledo
Asistencia de dirección: Rubén Pinta
Apuntadora: Tanya Barbieri
Asistencia de vestuario: Mariana Seropian
Asistencia de escenografía: José Escobar
Asistencia artística: Andrea Garrote
Coreografía: Carlos Casella
Música: Diego Vainer
Iluminación: Gonzalo Córdova
Vestuario: Mariana Polski
Escenografía: Alicia Leloutre