Mathilda Kochan, mezzosoprano / Richard Strauss. Morgen (Mañana), Op. 27 Nº 4

Richard Strauss nació el 11 de junio de 1864 en München, Alemania y falleció el 8 de septiembre de 1949 en Garmisch-Partenkirchen, Alemania.

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Mathilda Kochan comenzó sus estudios musicales a los 6 años. Primero tomó clases de música instrumental (violín y piano). Después de terminar la escuela secundaria se fue a Alemania para estudiar en la Universidad Robert Schumann, de Düsseldorf. En enero de 2012 obtuvo su diploma.

Actualmente se encuentra cursando los estudios de posgrado con la profesora Jeanne Piland.

Kochan completó su formación tomando clases magistrales con Sylvia de Geszty, Bakst Lawrence y Gemma Visser. Durante sus estudios ha participado en muchas producciones de la universidad como Cosi fan tutte e Idomeneo de Mozart, Orlando de Händel, Sueño de una noche de verano de Benjamin Britten y La vida breve de Manuel de Falla. Recibió becas de E.On, Fundación DOMS en Basilea y la Sociedad Wagner.
Además de ópera canta lieders y oratorios. Su repertorio incluye obras de Gustav Mahler, Richard Strauss, Francis Poulenc, Edgard Varèse, Richard Wagner y Jules Massenet.

En septiembre de 2012 se presentó en el Festival de Düsseldorf, en la ópera de cámara Savitri de Gustav Holst.

En octubre de 2012, junto con la directora Cecilia Castagneto y la pianista Angela Marica fundó el Ensemble OCTANS.

mathilda-kochan.com

Kim Ki-duk (2012) Hangul * Pieta * Piedad

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Piedad es el décimoctavo film del gran Kim Ki-duk (Corea del Sur, 1960). Dirigió Amen (2011), Arirang (documental, 2011), Bi-mong (Sueño, 2008), Soom (Aliento, 2007), Time (El tiempo, 2006), Hwal (El arco, 2005), Hierro 3 (2004), Samaritan Girl (2004), Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom (Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera, 2003), Hae anseon (2002), Nabbeun namja (2001), Suchwiin bulmyeong (Domicilio desconocido, 2001), Shilje sanghwang (2000), Seom (La isla, 2000), Paran daemun (1998), Yasaeng dongmul bohoguyeog (1997), Ag-o (1996).

Lee Kang-do (Lee Jung-jin), un hombre solitario de 30 años, se dedica a cobrar deudas para un prestamista. Sus deudores son los dueños de pequeños talleres metalúrgicos, que tratan de ganarse la vida duramente. Lee Kang-do les aumenta los intereses despiadadamente y apela a los métodos más violentos para lograr el pago o el nuevo compromiso. Incluso le ofrecen transformarse en inválidos, voluntariamente, para cobrar el seguro y devolverles algo del dinero.

Pero un día aparece Jang Mi-sun (Cho Min-soo), una mujer que le dice ser su madre, la que lo abandonó al poco tiempo de nacer. La mujer no deja de seguirlo a donde vaya, pidiéndole que la perdone por haber hecho lo que hizo. Lee Kang-do está desorientado y confuso. ¿Por qué se presenta esta mujer luego de tantos años? ¿Qué quiere?

A partir de este planteo, los dos personajes casi excluyentes establecen un vínculo especial que se tornará sórdido, violento, cruel, sádico. Por un lado el móvil del dinero. Y por otro la influencia decisiva que esta mujer irá teniendo sobre Lee Kang-do. ¿Para qué? ¿A qué conducirá esto?

Una nueva película de Kim Ki-duk, que sigue ahondando en las miserias humanas. Una tragedia perturbadora elaborada con elementos mínimos y que no deja de estremecer hasta el final. El director fue galardonado con cuatro premios en el Festival de Venecia 2012, incluyendo el máximo galardón: el León de Oro.

Actúan Lee Jung-jin (Lee Kang-do), Cho Min-soo (Jang Mi-sun), Kang Eun-jin (Myeong-ja, esposa de Hun-cheol), Woo Gi-hong (Hun-cheol), Cho Jae-ryong (Tae-seung), Lee Myeong-ja (madre del hombre que se suicidó usando drogas), Heo Jun-seok (hombre que se suicidó).

Ariel Torres / Para la música MIDI, 30 años no son nada

(Publicado en La Nación, 2.2.2013, lanacion.com.ar)

La música llegó por casualidad a mi vida. En 1969 un amigo de la familia decidió emigrar a los Estados Unidos. En el inventario de sus más queridas posesiones figuraba un Wurlitzer 4100, el primer órgano electrónico fabricado por esta compañía estadounidense fundada en 1856 en Cincinnati. Existía un pequeño inconveniente para que se lo llevara a su nueva residencia: el 4100 pesaba 100 kilos. Le salía más barato comprarse uno nuevo que mudarlo. De modo que se lo vendió a mi padre, un temprano entusiasta de la electrónica, por una suma mucho menor de su valor real. El plan era, se entiende, venderlo y obtener una diferencia interesante. En mi familia nunca había habido un músico.

Tenía 9 años cuando llegó a casa el gigantesco instrumento con dos teclados, una pedalera de octava completa, sólida banqueta y muchos (39, en rigor) botones blancos, negros y rojos. Recuerdo con claridad aquel día. ¿Vieron eso del amor a primera vista? Bueno, tal cual.

Aunque me prohibieron usarlo (no fuera acaso a romperlo), desobedecí sistemáticamente, y cada vez que mi padre regresaba a casa me encontraba practicando con el teclado. El proyecto de vender el 4100 empezó así a postergarse cada vez más y, al final, se canceló por completo. El Wurlitzer sigue conmigo y, aunque disfónico y enclenque, aún funciona. Como negocio ya no le va tan bien: vi en eBay un 4100 subastado por una irrisoria base de 50 dólares ( http://www.ebay.com/itm/Wurlitzer-organ-Wurlitzer-model-4100A-organ-Wurlitzer-4100A-organ-/261162581279?pt=LH_DefaultDomain_0&hash=item3cce80bd1f ). Ignoro si hay algún otro ejemplar entero en la Argentina. Sé también que mi idea de restaurarlo es bastante poco viable, a estas alturas (ver aquí: http://www.organforum.com/forums/showthread.php?7570-The-Wurlitzer-4100-Project). Pero el legado del 4100 ha sido para mí portentoso.

LLEGAN LOS TRANSISTORES

La idea de que me hiciera músico no era del todo bienvenida en la familia, de modo que me volví un disperso e indisciplinado autodidacta (mi hermano, en cambio, se convirtió en un músico profesional, también seducido por la temprana presencia del 4100).

En la adolescencia -era inevitable- formé varias bandas, de las que el Wurlitzer formó parte honorable, pese a mis deficiencias como intérprete. Era también el integrante más sufrido. Con los sucesivos, laboriosos y trastabillantes traslados a las salas de ensayo acumuló golpes y raspones, y alguna que otra calcomanía. Entre tanto, aprendí también a reemplazar las válvulas que fallaban y a limpiar sus centenares de contactos. También le quité las patas delanteras para que no se quebraran en el ir y venir y, lo confieso, porque así se veía más cool.

Sin embargo, menos de una década después de nuestro primer encuentro, algo quedaba claro: las bandas que más me gustaban usaban sonidos que el 4100 era incapaz de reproducir, por mucho que combinara sus timbres. Así que ahorré dinero y logré comprar (creo que en 1978) mi primer sintetizador, un Yamaha CS-5.

Pese a ser monofónico (producía un solo sonido por vez), me reveló un universo enteramente nuevo de herramientas sonoras. Trabajando con sus 21 perillitas y 3 interruptores podía obtener timbres y efectos imposibles para el viejo órgano valvular. A la vez, aprendí los básicos de la programación de sintetizadores, como la modulación por medio de osciladores de baja frecuencia, los conceptos de ataque, caída, sustain y release, filtros, resonancia y sonido blanco, entre otros. Hice, en total, una cantidad infernal de ruido, además de romper un altavoz que no soportó el impiadoso embate de este sintetizador analógico que no sabía de eufemismos. Un desastre. Poco después, en la casa del baterista de mi banda, destruimos unos vidrios experimentando con un Korg VC-10 (mejor conocido como Vocoder: http://en.wikipedia.org/wiki/Korg_VC-10 ). Su mamá no estaba para nada contenta, pueden imaginárselo.

Sin saberlo, estaba viviendo una revolución musical sin precedente: los instrumentos musicales electrónicos estaban volviéndose más poderosos, accesibles y livianos. El CS-5 pesaba sólo 7 kilos. ¡Lo podía llevar debajo del brazo!

Muy pronto esta industria incorporaría, además, las tecnologías digitales, ampliando sus horizontes y reduciendo costos y dimensiones de forma inédita.

Pero se enfrentaría, también, a un dilema.

¿CHARLAMOS?

Con la digitalización los instrumentos musicales se volvieron capaces de hablar entre ellos. ¿Qué significa esto? Que se podía ejecutar ( disparar , en la jerga) un sintetizador por medio del teclado de otro. O, como Pat Metheny (a quien entrevisté en 1983), ejecutar un sintetizador utilizando una guitarra. Además, como todos los dispositivos digitales son parientes, el sueño de hacer música usando una computadora (hoy algo obvio y cotidiano) se hizo realidad.

Los instrumentos electrónicos analógicos (como mi CS-5, el célebre MiniMoog o el antes mencionado VC-10) también podían usarse para controlar otros instrumentos, pero lo único que podían comunicar era que una tecla (una nota) había sido apretada o soltada. Nada más. Así que las mil sutilezas del sonido sintético se perdían en la traducción. Un sintetizador analógico no podía disparar acordes ni decirle a otro que la tecla había sido presionada con más o menos fuerza.

Los bits cambiaron eso para siempre. Los instrumentos musicales digitales podían ahora hablar con fluidez y lujo de detalles. Sí, pero para que dos máquinas se comuniquen hace falta un idioma común. Ése fue el desafío al que se enfrentó la industria de la música hacia fines de la década del 70. ¿Qué era más conveniente? ¿Competir y destriparse hasta que una compañía impusiera su formato propio, como estamos habituados a que ocurra en informática? ¿O era mejor acordar un lenguaje común, abierto, universal y libre?

Tal vez porque los músicos son expertos trabajando en equipo, la industria de la música electrónica optó por la segunda alternativa y en enero de 1983 presentó la norma MIDI (por Musical Instrument Digital Interface ; interfaz digital para instrumentos musicales), un protocolo de comunicación serial para aplicaciones musicales. Es decir, el idioma común que desde entonces hablan todos los instrumentos musicales digitales, así como los programas para componer y secuenciar, las máquinas de efectos y hasta las luminarias de un escenario.

Treinta años después, y sin modificaciones, MIDI sigue reinando en todas partes: cuando oímos un disco o un MP3, en los recitales, en los estudios de grabación, en las bandas de sonido de las películas, en nuestras computadoras. De hecho, podés conectar tu flamante iPad a un adaptador MIDI y usarla para componer música.

Con MIDI no sólo se puede transmitir cuál tecla se tocó y soltó, sino también con qué fuerza se apretó esa tecla (esto se llama velocidad, en la jerga) o si la presionamos más fuerte luego de tocarla ( aftertouch ) para, por ejemplo, producir vibrato. Todavía más, la norma hizo posible seleccionar otro sonido en un instrumento digital remoto. Y mire esto: si uno toca un piano digital conectado vía MIDI con una computadora en la pantalla va apareciendo la partitura en tiempo real. Viceversa, MIDI hizo posible trabajar el pentagrama en pantalla e incluso ir más allá de esta forma de escritura, dando lugar a innovadoras formas de expresión musical, como acertadamente consignaba la reseña de estos días en The Verge ( http://www.theverge.com/2013/1/28/3923488/midi-turns-30-revolutionary-open-music-standard-lives-on ).

¿Se equivocaron las empresas que acordaron MIDI al cooperar entre sí, abandonando de forma consensuada la posibilidad de imponer un formato dominante? Todo lo contrario. Salvo excepciones, las compañías que hace tres décadas revisaron, homologaron y suscribieron a la norma MIDI siguen hoy vigentes, liderando el mercado de los instrumentos digitales: Kawai, Korg, Oberheim, Roland y Yamaha son las más conspicuas. Estoy persuadido de que si estas organizaciones se hubieran masacrado para lograr la supremacía de su propio formato, casi todas estarían hoy difuntas. Y habrían malgastado toneladas de dinero en esta batalla, en lugar de invertirla en investigación y desarrollo. La conozco de cerca y puedo testimoniar que la industria de la música digital es de las más innovadoras y creativas de la actualidad.

Pero hay algo mucho más importante. Décadas de música están almacenadas hoy en formato MIDI, que es abierto y público, y un documento MIDI creado hace 30 años es perfectamente compatible con un software de producción musical lanzado al mercado antes de ayer. Es decir, ningún compositor teme que su obra vaya a quedar atrapada en el cepo de un formato propietario, cerrado e ininteligible cuya supervivencia depende de la suerte de una sola compañía. A su modo, MIDI se convirtió en la nueva partitura; después de todo, también el pentagrama es una tecnología que nadie reclama y a todos beneficia.

EL ARTE NO ENVEJECE

Se ha dicho que MIDI es un ejemplo de longevidad, y esto no sólo es cierto, sino que es indispensable en las artes. Un automóvil o un smartphone se vuelven obsoletos. Un instrumento musical jamás envejece. Cualquiera que tenga una guitarra o un piano sabe que son casi seres vivientes, no meras maquinarias. Con los digitales ocurre exactamente lo mismo.

Por eso para los músicos (amateurs o profesionales) la longevidad de la norma MIDI es mucho más que una linda frase. Observe.

Hacia finales de la década del 80 la combinación del 4100 y el CS-5 estaba mostrando sus limitaciones en mis perpetuos, desordenados e inconstantes experimentos. Así que volví a invertir y, en 1990, compré un Yamaha SY22 (6,8 Kg), un sintetizador polifónico cuya tecnología de síntesis vectorial había sido desarrollada por la compañía Sequential Circuits, creadora de algunos de los sintetizadores más icónicos de la historia, como el Prophet-5, antes de ser adquirida por Yamaha en 1987. Dato no menor: fueron dos ingenieros de Sequential Circuits, Dave Smith y Chet Wood, los que habían planteado en 1981 la Universal Synthesizer Interface , una idea que dos años más tarde conduciría a la norma MIDI.

El SY22 poseía algo que lo diferenciaba de todo lo que había tenido hasta entonces: venía con los tres enchufes MIDI de rigor (in, out y thru). Durante un tiempo no les encontré ninguna utilidad. Pero un día instalé una placa MIDI en una de primeras PC y pude componer en pantalla o programar un ritmo para acompañarme, ritmo que era ejecutado de forma autónoma (y algo robótica, en esa época) por la PC.

En 1994 o 1995 adquirí mi primer instrumento musical sin teclado ni cuerdas, un módulo Roland JV-1080 (5 Kg). Este sintetizador tenía un aspecto extravagante, mezcla de videocasetera con autoestéreo y, además, ¿qué clase de mundo era ese en el que un instrumento no tenía cuerdas, teclado, boquilla, ni tan siquiera un elemental parche?

El mundo de la norma MIDI, claro. Para ejecutar el JV-1080 usaba (todavía uso, de hecho) el teclado del SY22. Dicho en jerga, el SY22 funcionaba como master. Es más, también podía disparar los sonidos de la placa de audio de la PC. ¡Sí, señor, las plaquitas de audio de cualquier PC contienen un bonito sintetizador polifónico! Oh, sí, también las hay profesionales, por supuesto, y el hecho es que en 50 años (el Wurlitzer 4100 es de 1959) habíamos pasado de 100 kilos a menos de 200 gramos.

En resumen, y aunque cueste creerlo, mi estudio MIDI está conformado hoy por máquinas que han sido fabricadas durante un período de 22 años, incluido un tecladito de escritorio que compré el año pasado (300 pesos) y que uso para jugar con el software de música FL Studio. Todos estos componentes se entienden sin obstáculo gracias a la inteligencia corporativa que se puso de manifiesto con la creación de la norma MIDI, 30 años atrás. Creo que es una contundente lección que demuestra que los estándares abiertos y la cooperación son una receta que origina riqueza y estabilidad, incluso en medio de los meteóricos avances técnicos actuales.

* * *

Ariel Torres nació el 21 de octubre de 1960 en Buenos Aires. Se desempeña desde 1994 como columnista y editor del suplemento de Informática del diario La Nación. Algunas de sus notas fueron publicadas bajo el seudónimo de Eduardo Dahl. Publicó el libro Bit Bang. Viaje al interior de la revolución digital (2009).

Gonzalo Moure Trenor (2003) Los gigantes de la luna

Pablo vive con sus padres Ana y Camilo. Un día ellos deciden que cuando llegue el verano y, como siempre, vayan a la localidad costera de Veredas, le darán alojamiento temporal a un niño saharaui, proveniente de un campamento de refugiados. Esto es algo que otras familias españolas hacen.

Pablo es un chico habitualmente tímido pero que se relaciona con los demás. Aunque por momentos se refugia en sí mismo, ya sea leyendo o acudiendo a los mundos fantásticos de una infancia que está dejando atrás.

Pero el entusiasmo inicial dará paso a una sorpresa inusitada: el niño saharaui es una niña, Naísma.

Y será Naísma quien le hará saber cuál es la historia conocida por pocos y que existe en el desierto donde ella vive.

* * *

Una hermosa, conmovedora novela desde la perspectiva de un niño de once años y por varios motivos.

Por la manera sensible que tiene Gonzalo Moure de contarnos la historia.

Porque nos permite adentrarnos en la relación tan especial que se establece entre Naísma y Pablo y de qué forma se van brindando el uno al otro.

Porque conoce ese lenguaje verbal y emocional que tienen los niños para vincularse.

Porque la fantasía es un elemento natural e inherente al mundo de los dos niños y así está expresado en el texto, una narración que fluye con naturalidad y precisión.

* * *

Gonzalo Moure Trenor nació en Valencia, España en 1951.

Obras:

Geranium, Madrid, Alfaguara, 1991, Alianza Editorial, 2004 (Lista de honor del IBBY)
¡A la mierda la bicicleta! Madrid, Alfaguara, 1993. Premio Jaén. SM (Gran Angular, 2007)
El alimento de los dioses, Madrid, Bruño, 1994 (Lista de honor del IBBY)
Lili, Libertad, Madrid, SM, 1996. Premio El Barco de Vapor 1995
Nacho Chichones, Madrid, SM, 1997
Tomi en las nubes, Madrid, Tutor, 1998
Un loto en la nieve, Barcelona, Ediciones del Bronce, 1998
El beso del Sáhara, Madrid, Alfaguara, 1998, SM (Gran Angular) 2008
El bostezo del puma, Madrid, Alfaguara, 1999. Premio Jaén
Los caballos de mi tío, Madrid, Anaya, 1999
El oso que leía niños, Madrid, SM, 2000
El vencejo que quiso tocar el suelo, León, Everest, Pájaros de cuento, 2000
Yo, que maté de melancolía al pirata Francis Drake, Madrid, Senderos de la historia, Anaya, 2001. Alianza Editorial, 2005, Premio de la Crítica de Asturias
Maíto Panduro, Madrid, Edelvives, 2001, Premio Ala Delta, finalista Premio Nacional de Literatura.
Palabras de Caramelo, Madrid, Anaya, 2002
La rara amistad del tío Jonás, Album, una historia gráfica de Alicia Cañas con texto de G.M. Madrid, SM, El Barco de Vapor, 2002
Daños colaterales (El ojo vago y el general). Libro colectivo contra la guerra, en Lengua de Trapo).
El movimiento continuo. Salvat-Bruño, 2002, SM el Barco de Vapor, 2007
El síndrome de Mozart, Gran Angular, SM, 2003. Premio Gran Angular.
Los gigantes de la luna. Edelvives- Ala Delta, 2003
Ladrón de poesías (Con varios autores, dentro del libro Cuentos azules, SM, El Barco de Vapor, 2003)
Un libro vivo (Con varios autores, dentro del libro 100 sopas, Anaya, 2004)
La Zancada del Deyar (Viaje a la Tierra de los Hombres del Libro en el Sáhara Occidental), El Cobre ediciones, 2004
Fuga del horizonte (Institución Alnfons el Magnànim, Valencia, 2004) Disponible en red gratuitamente.
El mejor amigo del perro. Ilustraciones de Pablo Amargo. Los Piratas de SM, 2006
El Bosque de hoja caduca, Anaya-El Corte Inglés, III Premio de Literatura Infantil Ámbito Cultural. 2006
El Remoto Decimal, SM, Gran Angular, Los Libros de Gonzalo, 2007
La Noche del Risón Anaya (Leer y pensar) y Ed. Xerais, 2007
Soy un caballo, ilustraciones de Esperanza León, Kalandraka 2007
Tuva Edelvives, Alandar, 2007
Los chupadores de ojos. Textos literarios y contextos escolares (Graó, 2008) Autores: Carlos Lomas, Bernardo Atxaga, Gustavo Bombin, Agustín Fernández Paz, Guadalupe Jover, Luis Landero, Víctor Moreno, Gonzalo Moure, Berta Piñán, Juan Mata, Manuel Rivas
A Porta de Mayo, con Tina Blanco, Ediciois Xerais, 2008
Cama y Cuento, ilustraciones de Lucía Serrano, Madrid, Anaya 2010
El hombre que entraba por la ventana (Un fado vagabundo), ilustraciones de Gabriel Pacheco, SM, 2010
Esta, la vida, (Escrito a cuatro manos con Mónica Rodríguez), Edelvives, colección Alandar, 2012

www.gonzalomouretrenor.es

Faust (2011) Fausto

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Alexandr Sokurov (1951, Rusia) dirigió los largometrajes Aleksandra (2010), Solntse (2005), Otets i syn (2003), El arca rusa (2002), Elegiya dorogi (2001), Telets (2001), Molokh (1999), Documenta X – Die Filme (1997), Mat i syn (1997), Tikhiye stranitsy (1994), Elegiya iz Rossii (1993), Kamen (1992), Kirugvtorov (1990), Odinokiy golos cheloveka (1989), Spasi i sokhrani (1989), Dni zatmeniya (1988) y Skorbnoye beschuvstviye (1987).

Fausto (2011), hablada en alemán, es una versión libre del Fausto de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). En este Fausto encuentro muy buenas huellas de Bergman, Kurosawa, Tarkovski y Herzog.

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La historia es, como sabemos, el pacto del doctor Fausto con el diablo, entregando su alma a cambio de la inmortalidad. Fausto ejerce su profesión de médico e indaga dentro de los cadáveres, un torturado que trata de encontrar el sentido de la vida. Piensa, habla en voz alta, solo o a quien escuche.

-¿De quién es esto?

-De Lenz, el poeta.

-Una persona infeliz.

-Entonces no se lo devolveremos. Los infelices son peligrosos.

Pasa hambre, como la mayoría de los que vive en ese poblado de callejuelas estrechas, donde hace mucho frío. Imágenes semejantes a los cuadros de Brueghel o de Vermeer.

La enfermedad y la muerte son amenazas cotidianas. En las casas hay poca luz y todo parece suceder en un ambiente fantasmagórico, sórdido, fatal.

Por momentos todo parece tener una coherencia distinta. Personajes salidos de vaya a saber dónde.

Un asesinato, Fausto, Margarete, la hermosa joven por la que Fausto se siente subyugado, obsesionado.

El prestamista, el diablo, un ser amorfo, una bestia de la que el doctor no puede separarse.

Todo es incómodo, la película es incómoda, densa, pesada, sofocante. Porque el arte debe ser incómodo.

Las actuaciones y caracterizaciones exponen esa locura, miseria y desesperación: Heinrich Faust (Johannes Zeiler), el prestamista (Anton Adasinsky), Margarete (Isolda Dychauk), Wagner (Georg Friedrich), la “esposa” del prestamista (Hanna Schygulla), la madre de Margarete (Antje Lewald).

Franz Schubert-Franz Liszt / Schwanengesang D 957 (El canto del cisne)

Schwanengesang (El canto del cisne) es el título de una colección póstuma de lieder, compuesta por Franz Schubert. Posteriormente Franz Liszt transcribió esta obra para piano solo.

A diferencia de los otros dos ciclos, La bella molinera y Viaje de invierno, usa poemas de dos autores distintos, Ludwig Rellstab (1799 – 1860) y Heinrich Heine (1797 – 1856). Es una reunión arbitraria de sus últimas canciones, pero a pesar de ello mantiene cierta unidad temática interna.

El canto del cisne tiene el número D 957 en el Catálogo de Deutsch. La colección fue titulada así por su primer editor, presumiblemente por desear presentarla como el testamento musical de Schubert. Se publicó sin número de opus en abril de 1829.

Las canciones de El canto del cisne, en el orden original del compositor, son:

De Ludwig Rellstab:

Liebesbotschaft (“Mensaje de amor”; el cantante invita a la corriente de agua a que lleve un mensaje a su amada; la música fluye como el agua en el arroyo)

Kriegers Ahnung (“Presentimiento del guerrero”; un soldado acampado con sus camaradas canta cuánto añora a su amada)

Frühlingssehnsucht (“Nostalgia de la primavera”: el cantante está rodeado por una belleza natural, pero se siente melancólico e insatisfecho hasta que su amada pueda “liberar en mi pecho la primavera”)

Ständchen (“Serenata”: una serenata, es una de las piezas más atractivas del ciclo, sensual y lírico)

Aufenthalt (“Estancia”: el cantante está consumido por la angustia, por razones que no se explican al oyente, y narra sus sentimientos al río, el bosque y las montañas que lo rodean; canción de tono impetuoso)

In der Ferne (“En la distancia”: el cantante ha dejado su hogar, con el corazón roto, y se lamenta de que no tiene amigos ni casa; pregunta al viento y a los rayos de sol por quien le rompió el corazón; canto oscuro y suave, pensado “para el murmullo de la brisa y el rizo de las olas”, D. Fischer-Dieskau).

Abschied (“Despedida”: el cantante se despide alegre y determinado, de una ciudad en la que ha sido feliz pero que debe dejar; poema de despedida, alegre y corté)

De Heinrich Heine, que acababa de publicar su Libro de los lieder:

Der Atlas (“Atlas”: el cantante, habiendo deseado la felicidad eterna o la desgracia eterna, obtiene la segunda, y se lamenta del peso del dolor que soporta, tan pesado como el mundo; es un lied trágico y grandioso)

Ihr Bild (“Su imagen”: el cantante cuenta a su amada cómo soñó que un retrato de ella le favoreció con una sonrisa y una lágrima; pero él la ha perdido de todas formas)

Das Fischermädchen (“La doncella pescadora”: el cantante trata de seducir a una pescadora, estableciendo paralelismos entre su corazón y el mar)

Die Stadt (“La ciudad”: el cantante está remando en un bote hacia la ciudad donde perdió a su amada; aparece entre la niebla; es una obra maestra indiscutible, de melancolía inigualable)

Am Meer (“Junto al mar”: el cantante narra cómo se encontraba con su amada, en silencio, junto al mar, y ella lloró; desde entonces, a él lo ha consumido la añoranza, ella lo ha envenenado con sus lágrimas; es uno de sus lieder más populares, gracias a la pura línea de canto)

Der Doppelgänger (“El doble”: el cantante mira a la casa donde vivió su amada, y se siente horrorizado al ver a alguien en el exterior de ella, atormentado, y no parece ser otro que él mismo, lamentando su larga tristeza)

Último lied

La canción, Taubenpost (Correo de palomas), con letra de Johann Gabriel Seidl (1804 – 1875), y número de catálogo D 965 A, a menudo se interpreta como final de El canto del cisne, pero las investigaciones han revelado que Schubert no pretendía incluirla con las demás. Esta tradición comenzó con el editor, que añadió la canción en la primera edición de Haslinger. Aunque la canción no debe considerarse parte del ciclo, sí se la reputa el último lied de Schubert.

(Fuente: es.wikipedia.org)

Valentina Lisitsa nació en Kiev, Ucrania el 11 de diciembre de 1973.

Las rubias, según Raymond Chandler

De El largo adiós (The Long Goodbye, 1953), capítulo 13:

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Kim Basinger, en “Los Angeles al desnudo” (L.A. Confidential, 1997).

Miré el reloj y comprobé que el poderoso editor llevaba veinte minutos de atraso. Decidí esperar media hora y después irme. Nunca conviene dejar que el cliente establezca las reglas. Si él trata a uno a empujones entonces supondrá que otra gente también puede hacerlo y no lo contratará a usted por eso. Y precisamente en aquel momento yo no tenía tanta necesidad de trabajo como para permitir que algún ricachón del lejano Este me usara como silla de montar, ni siquiera uno de esos directores importantes con oficinas revestidas de madera en el piso ochenta y cinco, una hilera de botones y teléfonos internos, y una secretaria del Instituto Hatie Carnegie para Oficinistas Especiales, con un par de ojos grandes, hermosos, prometedores. Es el tipo de explotador que le dirá que lo espere a las nueve en punto, y si a usted no se le ocurriera estar sentado y quietecito, con una sonrisa amable en la cara cuando él apareciera dos horas más tarde en un inmenso Gibson, sufrirá un paroxismo de ultrajada capacidad ejecutiva que requeriría una estada de cinco semanas en Acapulco antes de poder ocuparse nuevamente de sus asuntos.

El mozo pasó a mi lado y dirigió una mirada suave al débil whisky con agua de mi vaso. Sacudí la cabeza y el mozo siguió de largo. Fue entonces cuando entró en el bar un verdadero sueño en forma de mujer. Por un instante me pareció que todo sonido se había apagado en el bar, que los dos graciosos habían cesado de negociar y que el borracho sentado en el taburete había dejado de mascullar; fue como cuando el director de orquesta golpea con la batuta en el atril levanta los brazos y mantiene a todos en suspenso. Era delgada y bastante alta; llevaba un traje sastre de hilo blanco con un pañuelo de pintitas blancas y negras alrededor del cuello. El cabello era de color oro pálido como el de las princesas de los cuentos de hadas. El pequeño sombrero y el cabello dorado alrededor recordaban un pájaro en su nido. Los ojos eran de un color extraño, azul violáceo, y las pestañas largas y quizá demasiado claras. Se dirigió hacia la mesa de enfrente y empezó a sacarse los guantes blancos. El mozo se acercó en seguida y le apartó la mesa en tal forma y con tanta deferencia como ningún mozo del mundo me la hubiera apartado a mí de esa manera. La joven se sentó, aseguró los guantes con una cadenita de la cartera y agradeció al mozo con una sonrisa tan suave, tan exquisitamente pura, que el hombre casi quedó paralizado por la emoción. Ella le dijo algo en voz baja y el mozo, después de inclinarse hacia adelante, salió casi corriendo. He ahí un tipo que realmente tenía una misión en la vida.

Le clavé la vista y ella captó mi mirada. Levantó los ojos un centímetro y me pareció que había dejado de existir: casi perdí el aliento.

Hay rubias y rubias, y hoy es casi una palabra que se toma en broma. Todas las rubias tienen su no sé qué, excepto, tal vez, las metálicas, que son tan rubias como un zulú por debajo del color claro, y en cuanto al carácter. Tan suave y blanco como el empedrado de la acera. Existe la rubia pequeña y agradable, que gorjea como los pájaros, y la rubia alta y estatuaria, que lo envuelve a uno en una mirada azul de hielo. Existe la rubia que lo mira a uno de arriba abajo y tiene un perfume encantador y resplandece tenuemente y se cuelga del brazo y está siempre muy, muy cansada cuando usted la acompaña a su casa. Ella hace ese gesto de impotencia y tiene ese maldito dolor de cabeza y a usted le gustaría aporrearla, aunque esté contento de haber descubierto lo del dolor de cabeza antes de haber invertido en ella demasiado tiempo, dinero y esperanzas. Porque el dolor de cabeza siempre estará así, es un arma que nunca deja de usarse, y tan mortífera como la espada del asesino o el frasco de veneno de Lucrecia.

Existe la rubia dulce, dispuesta y aficionada a la bebida, y que no le importa lo que lleva puesto —siempre que sea visón —o adónde va— siempre que sea el “Starlight Roof” y haya mucho champaña seco—. Existe la rubia pequeña y altiva que es una verdadera compañera y quiere pagar ella su cuenta y está llena de luz de sol y de sentido común, que sabe judo y puede lanzar al aire, por arriba del hombro, al conductor de un camión, sin perderse más de una frase del editorial del Saturday Review. Existe la rubia pálida, pálida, con anemia de tipo incurable, pero no fatal. Es muy lánguida y muy sombría y habla suavemente como salida de no sé dónde, y usted no le puede poner un dedo encima, en primer lugar porque no tiene ganas, y en segundo lugar porque ella está leyendo La tierra perdida o Dante en el original o Kafka o Kierkegaard, o porque estudia dialecto provenzal. Adora la música, y cuando la Filarmónica de Nueva York está tocando Hindemith, ella puede decirle a usted cuál de los seis contrabajos entró un cuarto de tiempo más tarde. He oído decir que Toscanini también es capaz de ello. Eso quiere decir que son dos.

Y, por último, existe la muñeca maravillosa y encantadora que sobrevive a tres reyes del hampa y después se casa con un par de millonarios a un millón por cabeza y termina con una villa de color de rosa pálido en Cap d’Antibes, un coche Alfa Romeo completo, con chófer y acompañante, y una caballeriza de aristócratas enmohecidos a los que tratará con la atención distraída y afectuosa conque un anciano duque dice buenas noches a su criado.

Aquel sueño atravesado en mi camino no pertenecía a ninguna de esas categorías; ni siquiera era de este mundo. Era inclasificable: tan remota y clara como el agua de la montaña, tan evasiva como su color.

* * *

Raymond Thornton Chandler nació en Chicago, EEUU el 22 de julio de 1888 y falleció el 26 de marzo de 1959 en La Jolla, California, EEUU.

Novelas:

The Big Sleep (1939, El sueño eterno)
Farewell, My Lovely (1940, Adiós, muñeca)
The High Window (1942, La ventana siniestra)
The Lady in the Lake (1943, La dama del lago)
Five Murderers (1944)
Trouble Is My Business (1950)
The Little Sister (1949, La hermana pequeña)
The Simple Art of Murder (1950, El simple arte de matar)
The Long Goodbye (1953, El largo adiós)
Pick-Up On Noon Street (1953)
Playback (1958)
Poodle Springs (1959) [póstuma]
Killer in the Rain (1964, Asesino bajo la lluvia) [póstuma]

También escribió cuentos y guiones de cine.

El orden de las cosas (2010)

De elcortometrajen100nombres.com:

Los hermanos César y José Esteban Alenda han escrito, producido y dirigido cinco cortometrajes que han participado en más de 300 festivales nacionales e internacionales. En 2009 fueron galardonados con el premio Goya al mejor cortometraje de animación por La increíble historia del hombre sin sombra y en 2010, con El orden de las cosas, recibieron, entre otros muchos premios, el primer premio y Roel de Oro en la XXIII Semana de Cine de Medina del Campo, y el primer premio de honor Caja Mediterráneo (CAM) a la mejor producción en el XXXIII Festival Internacional de Cine Independiente de Elche.

César, licenciado en Arquitectura, compagina su labor como director y guionista en Solita Films con otras disciplinas artísticas como el diseño gráfico y trabajos en estudios de arquitectura.

José, licenciado en LADE y máster europeo en Gestión Audiovisual (MEGA 2003), combina su trabajo como productor en Solita Films con labores de producción ejecutiva y dirección de producción para otras empresas productoras nacionales e internacionales.

Filmografía:

  • 2010. El orden de las cosas
  • 2008. Silba perfidia
  • 2008. La increíble historia del hombre sin sombra
  • 2007. Manolo Global
  • 2006. Manolo marca registrada

Páginas web: www.solitafilms.com www.elordendelascosas.com

Fernanda Sandez / Avisos para una mujer que no existe

(Publicado en La Nación, 25.1.2013, lanacion.com.ar)

Anónimas luchadoras contra el sarro y las manchas de grasa. Mujeres que hablan con Míster Limpísimo, un superhéroe en maillot que lo puede todo contra la suciedad, pero que aun así escapa corriendo de esa cocina infecta. Milicianas de un insólito ejército en pro de un esqueleto más fuerte, de no arrugar, de lo que fuere. La publicidad, convengamos, nunca ha tenido musa justamente porque de arte tiene poco y nada. No hay Terpsícore ni Melpómene dispuestas a patrocinar piezas en las que se muestra a la mitad de la humanidad preocupada solamente por la blancura de los sanitarios, el fin de las liendres o (ya en un exceso creativo) bailando con un cantante salido del interior de un bolsón de polvo para lavar la ropa.

Por eso, si algo sorprende de la publicidad destinada a mujeres no es tanto su adscripción militante al rosa y a la estupidez como su desconocimiento de un dato básico: hoy, en el mundo, las mujeres (como anticipaba el comercial del yogur pro osamenta indestructible) ya son multitud. Según un informe de la consultora Deloitte, definen el 80 % de las decisiones de compra a nivel mundial y en 2014 controlarán 28 mil millones del gasto total. Tom Peters (el economista de Stanford devenido “gurú de gurúes” del mercadeo) anticipó el fenómeno hace años y dedicó un capítulo entero de su libro Re-imagina!- La excelencia en los negocios en una era disruptiva a analizar la creciente influencia femenina en la economía. “El mañana pertenece a las mujeres”, decía, y no era feminismo de saldo. Hoy, ese pronóstico ya es número. Las mujeres son el 65% de las graduadas universitarias en los Emiratos Árabes Unidos, el 61% en Canadá, el 60% en Brasil, el 58% en los Estados Unidos e Inglaterra, el 57% en China y el 54% en México, por sólo nombrar algunos ejemplos. Deciden además 8 de cada 10 compras en los Estados Unidos y 7 de cada 10 compras en la Unión Europea. Gastan en promedio 8% más que los varones y tienden a recomendar sus marcas preferidas 27% más que ellos.

Sin embargo, es mirar el televisor y caer en el túnel del tiempo. Porque allí ellas no son ni la mayoría de las graduadas universitarias ni decisoras de compra ni nada. Son, sí, carne de estereotipo: las caprichosas y controladoras que espían el celular de sus novios en el comercial de cerveza, las eternas indecisas del aviso de toallas higiénicas que hasta propone un “traductor” para comprenderlas, las que se juntan en una plaza a soltar globos violetas para celebrar el fin de la constipación. Así, entre la caricatura y el prejuicio, emerge de la pantalla una mujer peor que patética: irreal. Pero no porque se angustie hasta el ataque cardíaco en presencia de un mantel manchado o se perfume para que un desconocido de repente le regale flores, sino porque de este lado de la pantalla las mujeres sostienen hogares y gastan en muchas más cosas que en detergentes o pomadas contra la celulitis. “Han dejado de ser nicho para volverse audiencia”, se consigna en el informe El dividendo de género: estrategias de negocios para invertir en las mujeres. Pero, evidentemente, eso es algo que el marketing y la publicidad prefieren ignorar. Como ignoran también lo mucho que nos divertimos las reales viendo -y destrozando juntas, al grito de “¿Y no viste la propaganda esa de.?”- esos avisos con propuestas tan ridículas como “el diario íntimo de esos días”, el Desafío X y el Movimiento Z. Puede que no sea casual. Puede que, a fin de cuentas, a la publicidad que atrasa le convenga ignorar el feroz humor femenino, ese que destruye en las redes sociales cada uno de sus comerciales y se ríe, en un mismo gesto, del aviso, primero, y del producto que promociona, después.

Lástima que a veces de la risa a la mueca espantada hay un solo paso. Sobre todo porque quizá lo que comienza en chanza (nadie puede tomar demasiado en serio un comercial en donde dos madres jóvenes hablan de pañales como si discutieran el Consenso de Washington) termina dando paso a algo mucho más oscuro.

Porque en ese comercial de cerveza, “entregar a tu hermana” es una prueba de “darlo todo por un amigo”.

Porque en este otro aviso de un banco la esposa gasta descontroladamente en ropa el dinero que (a juzgar por la mirada reprobatoria del marido) ella no generó.

Porque en ese de una bebida alcohólica las mujeres sólo sirven para dos cosas: “despertar fantasías” y “romper corazones”.

Tanto es así que, tiempo atrás, el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión debió intervenir para que un comercial de esos que sólo pueden salir de un cerebro misógino no terminara haciendo escuela en horario central. En los dos casos se trató de comerciales de cerveza; en los dos casos las mujeres (que, sepan también los creativos publicitarios, contribuyen a esos 33 litros por persona por año que se consumen en el país) aparecen retratadas ya como una “linda” de escote rotundo, ya como una “fea” con nariz reloj de sol, ya como una horda de histéricas a caballo. Pero con o sin sanción, lo cierto es que el 90% de los avisos que nos bombardean a diario presentan a la mujer como un mamarracho psíquicamente inestable y básicamente insolvente. Son las que en “esos días” parten ramos de flores en las cabezas de sus novios, las que eternamente chocan autos eternamente ajenos, las que salen con megáfonos a recitar frases de sobre de azúcar por los vagones del tren. Es fácil avergonzarse de ser hija de Eva mirando esos avisos. Es inevitable comenzar a sentir que hay en ellas algo extraño. Imperfecto. “Anormal.” Porque si sistemáticamente son más tontas, más siniestras y más superficiales, son también un poco menos humanas. De ahí en más, lo que quiera que se haga con ellas parece un poco menos grave. Y hasta puede que “divertido”.

De acuerdo: ya no vemos en la tevé de aire y en horario central a una mujer pidiendo “Bajame la caña” (como en el comercial de Legui) ni “Dame otra piña” (como en el comercial de la Piña Colada American Club). Pero las cosas tampoco han cambiado tanto. Apenas se ha tomado nota (corrección: algunos han tomado nota) de que hay temas como la violencia sexista con los que ya no hay chiste que funcione. Medio millar de muertas en 18 meses no es algo que dé mucha gracia que digamos.

Por lo demás, lo único realmente anormal en toda esta historia no somos las mujeres, sino la ceguera. La imposibilidad -de los empresarios, primero; de los “creativos”, después- de ver cuánto y cómo ha cambiado el mundo en estos últimos años. No se trata entonces de pedirles algo parecido a la conciencia o a la sensibilidad. Se trata, sí, de sugerirles hacer lo que sí saben: revisar los números. Apagar el televisor y los prejuicios, y escuchar lo que ya sopla en el viento.

“En la medida en que se incrementa el poder adquisitivo de las mujeres, éstas representarán una oportunidad de crecimiento para las compañías”, se lee en el informe de Deloitte. ” Sin embargo, las organizaciones necesitan entender las diferencias de las mujeres a fin de capitalizar ese crecimiento. La designación de mujeres y hombres en puestos de toma de decisiones brinda a las empresas la perspectiva que necesitan para aumentar las ventas e impulsar el crecimiento.”

Es eso o seguir como hasta ahora: hablándoles a consumidoras que sienten que cada aviso les dice “Comprá, estúpida”. Es eso o saber que -en breve-hasta Míster Limpísimo tendrá que salir a buscar trabajo.

50/50 (2011)

5050

50/50 (EEUU, 2011) fue dirigida por Jonathan Levine, quien también hizo Warm Bodies (2013), The Wackness (2008) y All the Boys Love Mandy Lane (2006), cuyos argumentos no atraen a primera vista.

Pero 50/50 tiene lo suyo.

Adam (Joseph Gordon-Levitt) tiene veintisiete años y con su mejor amigo Kyle (Seth Rogen) trabajan en una emisora de radio. Rachael (Bryce Dallas Howard), la novia de Adam, poco a poco se está quedando a vivir con él. Pronto en la película, a Adam le diagnostican una forma de cancer no habitual en la columna. Esto implica comenzar a someterse a quimioterapia, ver cómo reacciona su organismo al tratamiento y evaluar la posibilidad de una intervención quirúrgica. Las posibilidades de remisión son de 50 sobre 100, de ahí el título.
La historia es entonces la reacción de la novia, la madre (Anjelica Huston), el padre que sufre de Alzheimer (Serge Houde) y su amigo frente a la terrible noticia.
Simultáneamente a comenzar a recibir quimioterapia se pone bajo tratamiento con Katherine, una terapeuta que recién está haciendo sus primeras prácticas (Anna Kendrick).

El tratamiento que le otorga el director a la historia es excelente, alternando momentos cercanos a la comedia con otros dramáticos, sin que las reacciones del espectador sean manipuladas groseramente . Las actuaciones son bien creíbles y emocionan.

Pero no debo dejar pasar por alto, evitando contar la trama, el rol del personaje de la terapeuta. Si bien estamos dentro de la ¿lógica? del cine industrial de Hollywood, es el eslabón débil de la historia. No culpo a Adam pero Katherine como terapeuta no creo que haya sabido manejar el tratamiento. En fin.

Anna Netrebko, cantante

AN

Anna Yúryevna Netrebko nació el 18 de septiembre de 1971 en Krasnodar, Rusia. Es una cantante soprano ruso-austríaca.

annanetrebko.com

Giuseppe Verdi, La Traviata, final del Acto I

Scena Quinta

VIOLETTA
(sola.)
È strano! è strano! in core / Scolpiti ho quegli accenti! / Saria per me sventura un serio amore? / Che risolvi, o turbata anima mia? / Null’uomo ancora t’accendeva O gioia / Ch’io non conobbi, / essere amata amando! / E sdegnarla poss’io / Per l’aride follie del viver mio? / Ah, fors’è lui che l’anima / Solinga nè tumulti / Godea sovente pingere / De’ suoi colori occulti! / Lui che modesto e vigile / All’egre soglie ascese, / E nuova febbre accese, / Destandomi all’amor. / A quell’amor ch’è palpito / Dell’universo intero, / Misterioso, altero, / Croce e delizia al cor. / A me fanciulla, un candido / E trepido desire / Questi effigiò dolcissimo / Signor dell’avvenire, / Quando nè cieli il raggio / Di sua beltà vedea, / E tutta me pascea / Di quel divino error. / Sentia che amore è palpito / Dell’universo intero, / Misterioso, altero, / Croce e delizia al cor!

(Resta concentrata un istante, poi dice)

Follie! follie delirio vano è questo! / Povera donna, sola / Abbandonata in questo / Popoloso deserto / Che appellano / Parigi, / Che spero or più? / Che far degg’io! / Gioire, / Di voluttà nei vortici perire. / Sempre libera degg’io / Folleggiar di gioia in gioia, / Vò che scorra il viver mio / Pei sentieri del piacer, / Nasca il giorno, o il giorno muoia, / Sempre lieta nè ritrovi / A diletti sempre nuovi / Dee volare il mio pensier.

ALFREDO
(fuori)
Amor è palpito…

VIOLETA
Oh!

ALFREDO
…dell’universo intero…

VIOLETA
Oh! Amore!

ALFREDO
Misterioso, altero, / Croce e delizia al cor.

* * *

Escena Quinta

VIOLETA
(sola)
¡Extrañas!… / ¡Extrañas!… / ¡Esas palabras / queman mi corazón! / Un amor verdadero / ¿será una tragedia para mí? / ¿Qué vas a decir tú? / Oh, turbada alma mía. / Ningún hombre ha encendido / mi amor… / ¡Oh, júbilo / que nunca / he conocido!. / ¡Amar, ser amada! / Esta alegría, / ¿puedo desdeñarla / por los estériles / sinsentidos de mi vida? / ¡Ah!
Puede ser este aquel / que mi alma / sola en el tumulto / en secreto / imaginaba amar. / Aquel que vigilante / viene cerca de mí, enferma / y enciende una fiebre nueva / despertándome al amor. / A ese amor / que es la inspiración / del universo entero, / misterioso y noble / cruz y delicia / para el corazón.

(permanece concentrada un instante)

¡Locuras!. Esto es un vano delirio. / Pobre mujer sola, / abandonada / en este desierto poblado / llamado París. / ¿Qué puedo esperar todavía?. / ¿Qué hacer?. / ¡Vivir en los torbellinos / de la voluptuosidady morir de placer!. / ¡Vivir!. ¡Vivir!. ¡Ah!. / Sí, debo, siempre libre / gozar de fiesta en fiesta. / Quiero que mi vida pase siempre / por los caminos del placer. / Que el día nazca o muera, / debo vivir siempre en los lugares / de placer buscando nuevas alegrías.

ALFREDO
(fuera, bajo el balcón)
El amor es la inspiración…

VIOLETA
¡Oh!

ALFREDO
…del universo entero…

VIOLETA
¡El amor!

ALFREDO
Misterioso y noble, / cruz y delicia para el corazón.

Tomás Abraham / Vaca muerta, verde poroto, auto brasileño, ladrillo nacional

(Publicado en Perfil, 20.1.2013, perfil.com)

La ceremonia de la Fragata Libertad fue un manjar del cielo. La propaganda anunciada con más bombos que platillos nos auguraba que la Presidenta recibiría a la recuperada fragata en el puerto de Mar del Plata. Y no fue así. La tripulación esperó durante horas hasta que la primera mandataria descendió desde el firmamento sobre la plataforma de la nave. La música de acompañamiento a esta aparición angelical disfrutada gracias a C5N y otros canales públicos, combinaba las composiciones del Stabat Mater de Palestrina, con variaciones de Haydn, Scarlatti, Vivaldi, Rossini, Liszt, Dvorak, Poulenc, con arreglos corales y órgano comparables a la Cabalgata de las Walkirias de Apocalipse Now.

Una vez en tierra y ya sobre las aguas, saludó a la mayoría de los navegantes con un “lamento la espera” –suponemos que su movimiento de labios cada vez que daba la mano expresaba este pedido de comprensión– (lamento la espera… lamento la espera… lamento la espera…), no precisamente la espera de tres meses en Ghana gracias a la habilidad de nuestros servicios exteriores, sino la de las horas en formación inútil hasta que llegara la protagonista de la jornada.

Todo aconteció al revés de lo esperado. En realidad, nadie recibió a las víctimas de buitres y caranchos, sino que, por el contrario, fueron los cautivos del mar quienes le dieron la bienvenida a la señora de Kirchner, con el fondo bullanguero de los feligreses. El discurso fue de neto cuño antiimperialista. La primera mandataria no tuvo medias tintas en su ataque contra el menem-kirchnerismo que gobernó al país hace veinte años contrayendo deuda, regalando YPF a cambio de regalías convertibles, y haciendo volar fuera del cepo bonos en dólares desde Santa Cruz a la estratosfera.

La alocución fue muy festejada desde el muelle. No tanto por los marineros que desde el raso al más prominente esperaban a sus familias que a su vez ansiaban ver después de larga espera a sus hijos, padres, novios, esposos y hermanos, cuando no amigos, que aunque un poco irritados por ser los patos de la boda, lo hicieron con la conciencia militante de que la patria primero, la parentela después. Finalmente, a pesar de la información dada por los organizadores del espectáculo sobre ciertos cambios en la programación, no faltó Fuerza Bruta, sino que, por el contrario, hubo suficiente.

Dilemas y sacrificios. Propongo dejar de lado por un momento el teatro de comedias propicio en esta temporada de verano, para pasar a otro tema. Nadie duda de la importancia de las declaraciones de los hermanos Darín y de Maradona, o las que puedan hacer Sebastián Estevanez y Piñón Fijo sobre la realidad nacional, pero sugiero hablar aunque fuere un momento de política. Supongo que estaremos de acuerdo en que la política no es una película de cowboys con John Wayne o Alfonso Prat Gay de uniforme confederado y Lee Van Cleef u Horacio González de pieles roja. Lo interesante de este tipo de práctica que tiene por objeto el poder, y el saber del que es depositario, es que los problemas que plantea no tienen solución. Las soluciones teóricas de acuerdo al paradigma demostrativo derivan del lenguaje matemático como así también los enunciados de los problemas que resuelven. Y no existe la ciencia política, ni la ciencia de la vida en sociedad. No hablo de las hormigas. En el área correspondiente a las conductas humanas las ramas del conocimiento como la neurología, la farmacología y la ingeniería genética, no han podido aplicarse al dominio de la ética, ni al de la economía o de la política, ni siquiera al de la psicología, al menos hasta que el inconsciente pueda ser auscultado por un tomógrafo.

Los seres humanos hasta nuevo aviso no son artefactos a pesar de los intentos por convertirlos en tales. Hasta que esta tentativa no tenga un completo éxito, la política es interesante por los dilemas que plantea y por el sacrificio que impone. No hay soluciones, hay decisiones, y se paga por las mismas. Estamos en el dominio de lo conjetural, de lo probable y contingente. No hay ciencia exacta en lo concerniente a estas cuestiones.
Esta es la dificultad que deberían aceptar kirchneristas y antikirchneristas pasionales. Nadie les pide que para que su entusiasmo místico o su indignación tengan algún grado de validez deberían ofrecer las razones de su beatitud o la garantía de un programa alternativo de gobierno. No se trata de gritar a viva voz en cuello patria sí colonia no para que no pensemos en Jaime o Vandenbroele, o del otro lado, callar o proponer medidas positivas. Sino la de resignarse a que los problemas argentinos no tienen solución. Al menos esa solución por la que el mal puede eliminarse y el bien triunfa.

Tal lo dicho por Don Draper, el protagonista de Mad Men que en el primer año de la serie, una noche en que lo humillaban unos jóvenes de la contracultura sesentista por pertenecer al mundo de la publicidad y trabajar para el sistema, respondió: “el sistema no existe, el universo es indiferente”.

La globalización también.

La política es un negocio y se hace lo que se puede. Duro y cuadrado pragmatismo. Por supuesto que existen las ideologías, claro que sí. Nadie lo niega. Hay gente que no tiene ningún problema en matar, o en mandar a matar, o en apoyar que se mate, en nombre de la Justicia. Que la solución sea levantar un paredón no es sólo una frase de taxista. El resto es relato, que no deja de tener importancia, nadie lo duda, no sólo de pan vive el hombre, de sueños y mentiras también.

Nuestro relato dominante, el que más gusta, el que más rinde, es el llamado nacionalismo popular. Puede tener una vertiente fascista u otra socialista, y, por lo general, gracias a sucesivos esfuerzos y con suerte disímil, se ha logrado conciliar ambas perspectivas. Su enemigo principal es el liberalismo, doctrina calificada de copetuda, paqueta y, por qué no decirlo, gorila.

Hoy el nacionalismo popular nos dice que el Estado es bueno y el mercado es malo. Por eso compramos vagones chinos y guardamos los belgas. Para no ser repetitivos ni mascullar bronca, creo que no habría mucho más que agregar a la historia de nuestras ideas que parecen no ser más que una. El relato nacional es así, fue así, y será así. Una manía. Pero sugiero dejar de lado por un momento nuestro sentimiento de haber sido permanentemente violados, para elaborar otro tipo de diagnóstico, quizás menos pornoépico.

Estados fallidos. Desde mi punto de vista que es falible, incierto, mutable, lo reconozco, las dificultades nacionales van por otro camino.

Lo resumiré de este modo. En la década del noventa apareció la doctrina por la cual se tomaba conocimiento de la existencia de estados débiles. La visión del mundo del neoliberalismo luego de la caída del Muro, sostenía que hay un centro imperial rodeado por municipalidades. Argentina era concebida como un municipio. Recibía dinero de acuerdo a un porcentaje de la coparticipación mundial. Esto hasta el 97, fecha de la caída de los mercados asiáticos. Era débil por una razón sencilla: no tenía autonomía financiera ni moneda propia y era sumamente frágil ante los intentos de vaciamiento en divisa fuerte. La experiencia de Alfonsín como última fase de una historia hiperinflacionaria era una prueba del hecho.

El mundo viró una vez más y emergieron nuevos obstáculos. Luego de la caída de las Torres Gemelas, se lanzó al mundo la idea de la aparición de los estados fracasados o fallidos. Esta vez el problema ya no se sustentaba en los movimientos financieros y la endeble política fiscal de este tipo de unidades políticas, sino de la falta de control sobre la violencia en territorios propios. Por ejemplo, el terrorismo, el narcotráfico. Argentina era proclive a convertirse de acuerdo a este vocabulario, en un Estado fracasado.

Estimo que Néstor Kirchner tenía absoluta conciencia de la primera falencia y ninguna sobre la segunda. Su política económica estaba dirigida a tener no sólo un sobrante de caja sino reservas suficientes para resistir cualquier embestida del poder financiero.

Respecto a la segunda instancia, el hecho de descolgar el cuadro de Videla y pregonar que no habría ningún muerto por represión en su gobierno, pretendió acotar a estas dos loables medidas todo el problema de lo que llamamos inseguridad. Es decir, mafias, grupos de tareas al servicio de caudillos políticos, barras bravas armadas, personal policial fuera de toda posibilidad de control estatal, etc.

Hoy en día se tiene la certeza de que moviendo un par de piezas es posible tumbar en el futuro cualquier gobierno que no negocie con el submundo de la violencia. La misma Presidenta confirmó, después de los últimos saqueos, los antecedentes del caso en lo que atañe a las caídas de los gobiernos radicales desde el inicio de la democracia. Nada dijo sobre el poder de fuego y desestabilización contra próximos gobiernos no kirchneristas, si los hay.

Hoy el Estado que Kirchner quiso fortalecer, está débil. Falta el verde billete, y salva por ahora el verde poroto. Se le suma el problema de la mal llamada “seguridad”, o la bien llamada protección del Estado sobre la vida y bienes de las personas que viven en su territorio. Sin hablar de la libertad, que no es sólo una fragata.

Por eso desde mi punto de vista, la gobernabilidad argentina tan delicada por su debilidad y sus fallas, depende de cuatro variables. Vaca muerta. Verde poroto. Auto brasileño. Ladrillo argentino. Los cuatro jinetes de nuestra plusvalía.

Si brota gas en las rocas subterráneas de Neuquén. Si Chicago sigue cotizando la soja a más de US$500 la tonelada. Si Dilma consigue hacer despegar un poco la estancada economía del gran hermano. Si el cepo cede y el ladrillo vuelve a ser negocio. Si esto sucede, la sociedad argentina, en sus mayorías, querrá más de lo mismo. Si nada de esto sucede, querrá que se vayan todos.

De ahí mi sugerencia a la pasionaria K y anti K. No busquen pescado podrido en el otro estanque. Pesquen en aguas menos turbias. Y menos aún pidan tolerancia y mayor cordura, porque no la sienten.
Basta con saber que no hay solución, hay posibilidades. No es poco. Además existe la suerte, esa bendita suerte.

* * *

Tomás Abraham es un filósofo y escritor argentino nacido en Timisoara, Rumania, en 1947.

ObrasPensadores bajos (1987), Los senderos de Foucault (1989), Foucault y la ética (1989), La guerra del amor (1992), Historias de la Argentina deseada (1994), Batallas éticas (1995), El último oficio de Nietzsche (1996), La aldea local (1997), Vidas filosóficas (1999), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2001), Tensiones filosóficas (2001), Pensadores bajos (2002), El último Foucault (2003), Fricciones (2004), La máquina Deleuze (2006), El presente absoluto (2007), Historia de una biblioteca (2010), Rorty, el amigo americano (2010), La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (2012) y Platón en el callejón (2012).

tomasabraham.com.ar

Muse / Supremacy (Supremacía)

(Del album The 2nd Law, 2012)

Wake to see – your true emancipation is a fantasy. / Policies have risen up and overcome the brave. // Greatness dies, unsung and lost, invisible to history. / Embedded spies brainwashing our children to be mean. // You don’t have long, / I am on to you / The time, it has come to destroy… // Your supremacy / Supremacy // Your supremacy / Supremacy // You don’t have long, / I am on to you / The time, it has come to destroy… // Your supremacy / Your Supremacy.

Despierta para ver – que tu verdadera emancipación es una fantasía. / Las políticas han ascendido y superado a los valientes. // la grandeza muere, olvidada y perdida, invisible para la historia. / Espías incrustados lavándoles el cerebro a nuestros niños para que sean mezquinos. // Tú no tienes mucho tiempo, / Estoy para ti / El tiempo, ha llegado para destruir… // Tu supremacía / Supremacía // Tu supremacía / Supremacía // Tú no tienes mucho tiempo, / Estoy para ti / El tiempo, ha llegado para destruir… // Tu supremacía / Supremacía.

Originario de Teignmouth, Devon, Reino Unido, Muse es Matthew Bellamy (voz, guitarra, teclados, piano, sintetizadores), Christopher Wolstenholme (bajo, voces, armónica) y Dominic Howard (batería, percusión, sintetizadores).

Discografía:
Showbiz (1999)
Origin of Symmetry (2001)
Hullabaloo: Live at Le Zenith, Paris (2002, 2 CD en vivo)
Absolution (2003)
Black Holes and Revelations (2006)
HAARP (2008, en vivo)
The Resistance (2009)
The 2nd Law (2012)

muse.mu

Christiane Vleugels, pintora

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Christiane Vleugels (“Raipun”) nació en Bélgica.

Incluso desde que era una niñita sentí la necesidad de dibujar todo a mi alrededor. Había mucha frustración en mis maestros en la escuela elemental, que miraban y observaban mis libros de Matemática y Lengua lenta pero firmemente transformarse en tiras de comics.
A la edad de doce años, mis padres decidieron inscribirme en la academia de bellas artes donde fuí educada exhaustivamente en el arte del dibujo y de la escultura por el inspirador artista Herman Cornelis.
Cuando tuve diecisiete, decidí probar mi suerte en la ciudad de Antwerp y disfruté de tres años de educación en SISA, donde me dediqué a decoración, publicidad y dibujos de la naturaleza.
Luego de completar exitosamente aquellos años, con orgullo me anoté en la Academia Real de Antwerp, donde seguiría durante dos años de mi vida dibujando y familiarizándome más con la técnica del oil on canvas.
En 1986 me casé con mi primer marido y me mudé a la ciudad de Keulen en Alemania, donde permanecería durante los siguientes seis años. Durante los últimos dos años de mi estadía, mi trabajo estuvo permanentemente en exhibición en la renombrada ‘Gallerie des beaux art’. Desde entonces en adelante, algunas de mis obras incluso llegaron a Egipto y Liverpool.
Cuando regresé a Bélgica, siguieron muchos años en lo que me vi obligada a tomar muchos encargos, muchos de ellos reproducciones.
Cuando miro hacia atrás aquellos años aburridos, durante los cuales a menudo me sentí bajo una increíble presión e incluso, por momentos falta de inspiración, entiendo que fue una parte necesaria de mi viaje artístico. Después de todo, es por haber tomado todos esos encargos que aprendí a perfeccionar mi técnica. Realmente pienso que debo varias de mis habilidades a esa lista interminable de reproducciones, por extraño que pueda sonar esto.
Sin embargo, no había pasado mucho tiempo hasta que ya no pude reprimir la necesidad de crear mi propia obra. Pintar todas aquellas imágenes e ideas que espontáneamente brotaban de mi corazón. ¡Finalmente!
Entonces fue el momento de tomar nuevas direcciones en la vida y encontrarme a mí misma en mi arte. Mirando atrás, la vida gira en un continuo proceso de aprendizaje en que he buscado por mí misma y eventualmente fuí lo suficientemente afortunada para encontrarlo.

¡Con cada obra original que creo hoy me doy cuenta más y más que el verdadero proceso de aprendizaje sólo ahora ha comenzado para mí!

Cada nueva pintura presenta cierto aspecto y me aclara que he elegido el paso correcto en la vida. Una vida en que aún tengo mucho que aprender y dar.
Esto es por qué ninguna de mis pinturas llevan un cierto mensaje o una declaración política.
El sólo propósito de mi obra es tentar a la gente a soñar.
No hay nada que yo ame más que movilizar a mi audiencia al éxtasis al permitirle una ojeada a mi fantasía.
Esto es por qué alegremente te invito a que eches una mirada a mi galería.
“¡Bienvenido a mi mundo!”

Christiane Vleugels

Fuentes: taringa.netraipun.deviantart.com, users.telenet.be.

The 33rd Annual RAZZIE Awards, los premios a lo peor del cine de 2012

razzie

The Golden Raspberry Award Foundation año tras año otorga los premios RAZZIE a lo peor del cine de EEUU. En base a los 727 films estrenados en 2012, los nominados son:

(Fuente http://www.razzies.com)

Peor película:
Battleship
Oogieloves in the Big Balloon Adventure
That’s My Boy!
A Thousand Words
Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2

Peor actriz: 
Katherine Heigl (por One For The Money)

Milla Jovovich (por Resident Evil #5: Retribution)

Tyler Perry (por Madea’s Witless Protection)

Kristen Stewart (por Snow White and The Huntsman y Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Barbra Streisand (por Guilt Trip)

Peor actor:
Nicolas Cage (por Ghost Rider 2: Spirit of Vengeance y Seeking Justice)

Eddie Murphy (por A Thousand Words)

Robert Pattinson (por Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Tyler Perry (por Alex Cross y Tyler Perry’s Good Deeds)

Adam Sandler (por That’s My Boy)

Peor actriz de reparto:
Jessica Biel (por Playing For KeepsTotal Recall)

Brooklyn Decker (por BattleshipWhat To Expect When You’re Expecting)

Ashley Green (por Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Jennifer Lopez (por What to Expect When You’re Expecting)

Rihanna (por Battleship)

Peor actor de reparto:
David Hasselhoff (por Pirannha 3-DD)

Taylor Lautner (por Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Liam Neeson (por Battleship y Wrath of the Titans)

Nick Swardson (por That’s My Boy)

Vanilla Ice (por That’s My Boy)

Peor pareja en pantalla:
Cualquier combinación de dos miembros del elenco de “Jersey Shore” (en The Three Stooges)

Mackenzie Foy y Taylor Lautner (en Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Robert Pattinson y Kristen Stewart (por Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Tyler Perry y su otro personaje travestido (por Madea’s Witless Protection)

Adam SandlerLeighton Meester, Andy Samberg o Susan Sarandon (por That’s My Boy)

Peor director:
Sean Anders (por That’s My Boy)

Peter Berg (por Battleship)

Bill Condon (por Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2)

Tyler Perry (por Good Deeds y Madea’s Witless Protection)

John Putch (por Atlas Shrugged: Part II)

Peor grupo en pantalla:
El elenco completo de Battleship

El elenco completo de Oogieloves inThe Big Balloon Adventure

El elenco completo de That’s My Boy

El elenco completo de Twilight Saga Breaking Dawn, Part 2

El elenco completo de Madea’s Witless Protection

Peor guión: 
Atlas Shrugged: Part II
Battleship
That’s My Boy!
A Thousand Words
Twilight Saga: Breaking Dawn Part 2

El Espejo Gótico / De mujeres y esposas. Una cuestión de identidad

(Publicado en El Espejo Gótico elespejogotico.blogspot.com.ar)

Algunas curiosidades lingüísticas del pasado nos persiguen aún hoy. Muchas de ellas pasan desapercibidas por el uso, el desconocimiento, y el desinterés con el que las utilizamos. No obstante, hay una que sobresale fantásticamente de ese pantano amorfo y confuso que supone una Lengua Primordial.

La palabra inglesa Woman, “mujer”, no necesita ser traducida. Todos la conocemos, y todos entendemos su significado, ¿o quizás no?

Para iniciar este recorrido superficial diremos que Woman deriva de la deformación de la palabra Wif, “mujer”, y Man, “hombre”. De manera que aquella palabra que originalmente no nos ofrecía ningún desafío intelectual se torna en este misterioso “Mujer-Hombre”.

El Inglés Antiguo y las viejas lenguas germánicas son complejas, vastas, y en cierta medida, inabordables desde una mentalidad moderna. ¿Por qué los pueblos al oeste del Rin -y acaso también al este- forjaron para la mujer un denominador tan ambiguo? O más aún, ¿por qué la mujer fue vista como hombre, o el hombre como mujer, o es que acaso no había distinción entre unas y otros?

La resolución de este delicioso enigma lingüístico no pertenece a la antigüedad de los pueblos germánicos, sino a tiempos posteriores, y a una elección que cambiaría para siempre la relación de la mujer con el hombre, y que la ubicaría en un estado de perpetuo sometimiento intelectual y espiritual.

Lejos en la noche de los tiempos la mujer era llamada Cwen, palabra que eventualmente designaría a todas las reinas del orbe, Queen. Pero algo sucedió, algo extraño, inedito en la historia de las lenguas. Como arrancada del frío Hel surgió la palabra Wif, que también significa “Mujer”, aunque de un modo indigno, impropio, y que en nada se parece al arcaico y noble CwenWif significa mujer, si, pero la mujer despojada de su esencia como criatura libre, pasando a engrosar una larga lista de términos que definen a la mujer como un objeto, un bien, una propiedad.

Cwen era la mujer libre, la compañera, la que comparte el trabajo duro y las desdichas así como la felicidad escurridiza del norte. Wif, en cambio, es la mujer como esposa, la esclava del hogar, la criatura reducida a la servidumbre mansa que supone todo contrato desigual. Este cambio feroz en la mirada sobre la mujer ni siquiera les permite cierta libertad nominal. Ya no son Cwen, “mujeres”, sino Women, “Mujeres-Hombres”, es decir, Mujeres del hombre.

Esta nueva manera de pensar en la mujer como una propiedad sobre la que se tiene completa potestad queda reflejada en palabras como Wifman (pl. Wimmen), “mujer del hombre”, que eventualmente desembocarían en Wife, “esposa”. Todas ellas son palabras masculinas, es decir, ni siquiera se le permitió a la mujer conservar una nominación femenina. De tal manera que cuando alguien hablaba de su esposa, la llamaba El Esposa, es decir, la esposa como un objeto asimilado a lo masculino, un ente privado de identidad.

Y es la identidad lo primero que se intenta desgarrar de un pueblo vencido.

Resulta curioso que la palabra Woman haya emergido victoriosa de aquella batalla entre la libertad y la servidumbre. Lo menciono de pasada, y con profundo respeto por las mujeres que a lo largo de los siglos han cambiado su vida por esporádicos triunfos sociales. Y es que no existe cambio si éste no proviene de la mente, y menos aún si no queda reflejado en el lenguaje. Las feministas, esas hembras guerreras e inconformistas, acaso nos reserven muchas victorias sociales, muchas nuevas banderas de igualdad, pero en el fondo han olvidado que la verdadera guerra se gana en el lenguaje; y que el hombre bien podrá cederles algunos merecidos derechos civiles, pero al menos en el norte, las seguirán llamando Women, las Mujeres de los hombres.

Hasta entonces, en lo profundo de la psiquis colectiva, seguirán siendo un objeto, rebelde y encantador, que ha olvidado donde queda el frente de batalla.

Lord Aelfwine

 

No Pants Subway Ride 2013 (Paseo sin pantalones en el subte 2013)

El domingo 14 decenas de miles de personas se quitaron los pantalones en el subte en 60 ciudades de 25 países.

El Paseo sin pantalones en el subte es un acontecimiento anual llevado a cabo por Improv Everywhere cada enero en la ciudad de New York. La misión comenzó como una pequeña broma con algunas personas y creció hasta llegar a ser un festejo internacional de la tontería, con docenas de ciudades alrededor del mundo participando cada año. La idea detrás de Sin pantalones es simple: pasajeros al azar suben al subte en distintas estaciones en la mitad del invierno sin pantalones. Los participantes no se comportan como si se conocieran mutuamente, y todos visten abrigos de invierno, gorros, bufandas y guantes. Lo único fuera de lo habitual es su falta de pantalones.

(De improveverywhere.com)

Andrés Hax / Vidas Breves: Philip K. Dick

(Publicado en Revista Ñ, 10.1.2013)

Autor de clásicos de la ciencia ficción como “Ubik” o “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” que se adaptó al cine como “Blade Runner”, se convirtió en un fetiche de Hollywood. En 1974 tuvo una visión mística del hombre y el universo y lo volcó en un diario privado que sumó 8.000 páginas. Assange, Bush, o Cheney, parecen personajes suyos.

Philip K. Dick (1928-1982) es uno de los escritores de ciencia ficción más importantes del Siglo XX. Pero es mucho más que eso. Para alguien que no lo haya leído (y que huya de la ciencia ficción por prejuicios sobre el género), buscaremos un hermano espiritual de Dick en la Literatura con mayúscula. Entonces, Philip K. Dick es algo así como el Franz Kafka de los Estados Unidos. Dick, como Kafka, anticipó tendencias totalitarias de su país. Pero además percibió un espíritu secreto de su era. En ambos casos su obra fue reconocida después de muertos. Es que tanto uno como el otro, escribían sobre la profunda realidad de su tiempo, sobre aquello que estaba en período de incubación. Como los animales, que saben del terremoto antes que ocurra, Dick, como Kafka, anticipó lo que venía y lo contó en libros alegóricos, que parecían fantasías paranoicas hasta que se volvieron proféticos. Por esto, y por media docena de otros motivos, Dick es un autor canónico. Al leerlo, nuestra forma de ver nuestro mundo actual cambia. Hasta podríamos decir que sin leer a Philip K. Dick no se puede comprender bien el mundo en cual vivimos.

Philip K. Dick fue un autor prolífico. Publicó más de 40 novelas y más de 120 cuentos. Además, dejó una obra secreta: sus diarios personales autodenominados Exégesis, que abarcan más de 8.000 páginas, (una selección en un volumen, de casi mil páginas fue publicada en 2011 con prólogo de Jonathan Lethem.) Al principio de su carrera Dick pretendía ser en un escritor de literatura convencional y sus primeras novelas de aprendizaje fueron realistas. Aunque terminó siendo un escritor muy exitoso, ganando premios, lectores fanáticos, el respeto de sus pares y también dinero, siempre luchó contra la ciencia ficción como género. Cuando empezó a escribir, y aun en la fecha de su muerte, en 1982 con 53 años, la ciencia ficción era un gueto despreciado por la academia y la sociedad convencional. Hoy la situación ha cambiado, a tal punto que Dick ha sido publicado por The Library of America, el sello editorial que define el canon de las letras estadounidenses, y la revista Time nombro su novela Ubik (1969) como una de las cien mejores novelas escritas en inglés desde 1923.

El mundo de Dick es de cyborgs, de corporaciones omnipotentes y monopólicas que manejan tecnologías como el control de la memoria; es el mundo de la adicción, de la alucinación, de gobiernos autoritarios; de paisajes pos-apocalípticos y mundos distópicos; es el mundo de la paranoia, de las visiones místicas. Mundos paralelos. Pero dentro de todos estos escenarios y situaciones clásicas de la ciencia ficción la literatura de Dick se basa en las preguntas que son las mismas que están en el centro de la filosofía y la religión: ¿Qué es el ser humano? ¿Qué es la realidad? ¿Cuál es la naturaleza del Universo?

Para el escritor Jonathan Lethem, la ciencia ficción de Dick está un nivel por encima de sus contemporáneos: “Ellos estaban escribiendo sencillas fábulas, por más que no quieran admitirlo. Pero Dick se ocupó de manera distintiva y directa de la resaca de terror y lo irracional en la sociedad contemperaría tecnológica. Este fue el motivo por el cual la ciencia ficción empezó a ser importante. Porque se enfrentaba con el hecho de que estamos viviendo en una era tecnocrática en la cual las artes tradicionales, literarias y demás, no tenían mucho que decir sobre esto, no encontraban un vocabulario para reconocer la velocidad de cambio en la vida cotidiana.”

Por más que no hayan leído una página de la obra de Philip K. Dick es muy probable que conozcan su mundo, y no solo porque poco a poco el mundo que habitamos se parece más al de sus libros. Es que, póstumamente, Dick se ha convertido en uno de los autores predilectos de Hollywood. Blade RunnerMinority ReportA Scanner Darkly,Total RecallScreamersPaycheckEternal Sunshine of the Spotless Mind [Nota: el autor del artículo cometió un error. Esta película NO está basada en una historia de Dick] y The Adjustment Bureau son algunas de las películas adaptadas de obras de Dick, quien solo pudo ver la Blade Runner de Ridley Scott.

La vida de Dick fue caótica, intensa y triste. Su padre abandonó a la familia cuando era chico. Vivió toda su vida en diferentes ciudades de California. Fue adicto a las anfetaminas; lo ayudaban en su frenético ritmo de escritura pero le dejaron secuelas que, al fin, resultaron mortales. Tuvo cinco esposas y tres hijos, a ninguno de los cuales trató bien. No participó en su crianza ni los ayudó económicamente. Hasta llegó a golpear a una de sus esposas. Era profundamente paranoico y con motivos. En un evento nunca explicado su casa fue robada, y destruida, pero solamente fueron extraídos sus papeles personales. Vivía de escribir pero siempre le faltaba dinero. Sentía que como escritor nunca había sido valorado como se merecía.

Dentro de toda esta cotidianeidad hay dos eventos fundamentales en la vida de Philip K. Dick alrededor de los cuales él mismo, obsesivamente y torturadamente, configuró su psique. El primer evento fue la muerte de su hermana melliza, en los primeros meses de su vida, o sea en enero de 1929 (Dick nació en Chicago, el 16 de diciembre de 1928). El segundo evento fue un delirio místico —o psicótico— en los meses de febrero y marzo de 1974, cuando tenía 46 años.

Su hermana, Jane Charlotte Dick, murió por negligencia. La madre primeriza era inmadura, y aparte de la escasa compañía de su marido, estaba completamente sola. Pero no era cruel o indiferente. Abrumada por la incipiente crianza de sus hijos, llamó a sumadre por ayuda, pero ya era muy tarde. En un accidente, quemó a su hija Jane con una botella de agua caliente con cual intentaba calentar la cuna. Los médicos llevaron a los mellizos al hospital. La niña murió en camino y el niño se salvó después de estar varios días cerca de la muerte. Ambos estaban desnutridos.

Años después, en el Exégesis, Dick escribió: “Es el Jane dentro de mi —el ánima o el principio femenino— que es el lado lacrimoso de mi ser, que está enfermo y que ahora busca ser hospitalizado. Es Jane dentro de mí que se está intentando morir. O, en realidad, es la Jane que realmente murió, que repite sus pasos en mi anima una y otra vez, ese viaje mortal que se dio por la negligencia. Es la Jane-dentro-de-mi que ahora esta asustada y deprimida. Pero si la Jane dentro de mi se muere ahora me llevará a mí (el mellizo masculino) con ella, con lo cual no tengo que sucumbir. Jane tendrá que seguir viviendo en su existencia vestigal a mi lado aunque esté al otro lado…”

Para el biógrafo Lawrence Suten la muerte de Jane es el evento central en la vida psíquica de Dick: “El tormento se extendió a través de su vida entera, manifestándose en las relaciones difíciles que tuvo con las mujeres y con su fascinación por resolver los dilemas dualistas” como el de humano/androide, por ejemplo, que es central a su obra.

El otro evento central en la vida de Dick fue una serie de visiones que duró dos meses enteros, en 1974. En ese momento vivía en Orange County en California. Volvía del dentista donde había sido tratado por un dolor de muela. De vuelta en su casa le abrió la puerta a alguien que le vino a traer su medicación de una farmacia. Era una mujer joven con un colgante de un pez dibujado. Dick le preguntó qué significaba. La chica le dijo que era el símbolo de las primeras sectas cristianas, las perseguidas por el Imperio Romano. En ese momento Dick tuvo una revelación. Tuvo un momento de conocimiento total en la cual vio la historia humana entera. Se dio cuenta que la historia no es lineal, sino circular. Que el Imperio Romano aun existía, que esta realidad en la cual vivimos era de hecho una especie de prisión. La visión persistió por dos meses mutándose, multiplicándose, profundizándose.

Desde entonces hasta su muerte Dick se ocupó de interrogarse a si mismo sobre el significado de este evento, tratando de discernir si era una visión mística, un sueño, un flashback de droga, un brote psicótico o esquizofrénico, o una combinación de todas estas cosas. El episodio, que el denominaba “2-3-74” no solo le brindó una visión de la “realidad” sino también una mirada sobre el significado de su obra y el sentido de su vida.

Nos cuenta Lethem en la introducción a una selección del Exégesis : “Dick comenzó a ver todos sus escritos anteriores —especialmente sus novelas de ciencia ficción de los 60— como un intricado e inconciente precursor a sus percepciones visionarias… [En el Exégisis] Dick escribió sobre la ternura, sufrimiento y naturaleza del universo; sobre la esencia de la tragedia; sobre alienígenas de tres ojos; robots hechos de ADN; cultos cristianos antiguos y reprimidos cuyas creencias esenciales predecían la teoría Marxista; viajes en el tiempo; radios que siguen tocando después de ser desenchufadas; y la naturaleza verdadera del universo como le fue revelado en el Libro tibetano de la muerteEl origen de la conciencia y la mente bicameral de Julian Jaynes, y la película Tres mujeres de Robert Altman” entre muchas, muchas otras cosas.

Para algunos lectores la obra más importante de Kafka son sus diarios. Tal vez el Exegesisde Philip K. Dick tenga el mismo destino. Si hay una critica que se le puede hacer a las obras de Dick es que sus ideas y sus mundos son mucho más fascinantes que su prosa en si. Tal vez no sea incorrecto decir que Dick no es muy buen escritor. Pero esa evaluación  excede los límites de esta Vida Breve. En todo caso, Dick mismo ha respondido a esta duda. Escribió, justamente en sus diarios íntimos:

“Soy un filósofo que ficcionaliza, no un novelista; mi habilidad de escribir cuentos y novelas es utilizada con el fin de dar forma a mis percepciones. El centro de mi escritura no es el arte sino la verdad. Por lo tanto lo que yo cuento es la verdad, y sin embargo no hay nada que pueda hacer para aliviarla ni por hechos o explicaciones. De todas maneras esto suele darle ayuda a un tipo de persona sensible y atormentada por el cual hablo. Creo que entiendo el ingrediente en común en ellos a quienes mi escritura les ayuda: ellos no pueden atenuar sus propias sospechas sobre la irracional y misteriosa naturaleza de la realidad. Y para ellos el corpus de mi escritura es un largo argumento acerca de esta inexplicable realidad. Es una integración y presentación y análisis y respuesta y historia personal.”

Philip K. Dick hizo algo aparentemente imposible. Escribió sobre el espíritu de nuestrostiempos. Se murió antes de Internet, antes de la Guerra contra el Terrorismo y la Guerra Contra las Drogas. No llegó a ver la realidad virtual o la farmapsicologia. Pero escribió sobre todas estas cosas y más. Julian Assange es un personaje de Philip K. Dick. También lo son Dick Cheney y George Bush. CNN, Fox, y la televisión reality. Todos son parte del mundo Dick.

Podríamos seguir y seguir…

Fuentes /Más Información

Divine Invasions: A Life of Philip K. Dick. Lawrence Sutin

The Exegesis of Philip K. Dick

The Library of America Interviews Jonathan Lethem about Philip K. Dick

Blows Against the Empire. The return of Philip K. Dick. Adam Gopnik (The New Yorker. 20 de agosto, 2007)

The Second Coming of Philip K. Dick. The inside-out story of how a hyper-paranoid, pulp-fiction hack conquered the movie world 20 years after his death. By Frank Rose (WIRED.

Philip K Dick Interview in France 1977 (video)

Philip K. Dick – IMDb

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 160.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 8 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

La escuela inconclusa

(Editorial publicado en La Nación, 27.12.2012)

El dato de que hay un 14% de alumnos de la enseñanza media que no la concluye aunque deba solo una o dos materias indica una tendencia preocupante

La escuela media, centro crítico de debates, renueva varios motivos de preocupación. Hace poco, el Ministerio de Educación nacional dio a conocer dos datos estadísticos de interés: sólo el 58 por ciento de los alumnos que iniciaron la enseñanza media la concluye; ahora bien, de ese porcentaje hay que restar el 14 por ciento, que no la termina, aunque sólo adeude una o algunas materias del último año. Esta negación a completar los estudios cuando se está tan cerca de la meta promueve la búsqueda de explicaciones que justifiquen el abandono de la nave cuando se está por llegar al puerto.

En principio, resulta insensata la conducta de los alumnos que proceden de ese modo. Si se la analiza, se puede reconocer que no se trata de un hecho aislado ni antes desconocido. Al contrario. Lo que llama la atención de manera justificada es el aumento de esos casos que se ha verificado en los últimos años. De ahí que en las escuelas se han implementado cursos de preparación y se establecen nuevos días de examen, a fin de crear mejores condiciones para que los alumnos puedan superar las pruebas finales. A ese loable propósito contribuyen los Centros de Orientación y Apoyo en la provincia bonaerense y el Programa Terminalidad en la ciudad de Buenos Aires, en el cual pueden incorporarse alumnos que arrastran materias pendientes desde una década atrás. Al mismo objetivo responde el spot publicitario “Ponele título a tu secundario”, que, con el auspicio ministerial, se ha difundido tanto por radio como por televisión.

El problema no es simple. La oportunidad de aprender es un derecho, pero como contrapartida genera el deber de superar las demandas del estudio que, si se dejan de cumplir, impiden los pasos subsiguientes para acceder a un proyecto profesional superior o a un puesto de trabajo, pues el título es indispensable para ello; de lo contrario, el esfuerzo de cinco años concluye en frustración.

Esa negación a completar el nivel medio suele encubrir algo más que una obstinación o la sugestión de comportamientos que se imitan. A menudo esa ingrata decisión es el fruto de interacciones conflictivas entre alumno, familia y docentes, cuestión que reclama ser analizada en los casos concretos.

No se agotan ahí las causas probables del problema, ya que pueden influir diversos procesos del desarrollo personal que se enmascaran con el argumento de que, en realidad, el título no es necesario, o no siempre lo es, o que se rendirá cuando lo decida el joven alumno. Se trata, como puede advertirse con facilidad, de afirmaciones voluntaristas con las cuales se pretende ganar en autonomía.

Teniendo esto importancia, lo cierto es que, en el fondo, la clave del grave problema se relaciona con la motivación, el dinamismo propio del sujeto, que lo mueve desde adentro, a diferencia de los estímulos o incentivos externos. Es decir, la motivación sentida es la que decide por la negación o la afirmación de una conducta y le confiere el protagonismo deseado al estudiante.

Por lo tanto, siendo acertado alentar, ofrecer mejores opciones y facilitar la preparación, el quid de la cuestión reside en saber motivar, tanto para superar pruebas, enfrentar dificultades o encarar un objetivo en la vida.

Diana Cohen Agrest / Tragedia de Once: la trama de impunidad y desidia de una Argentina que duele

(Publicado en La Nación, 23.12.2012)

Un caluroso 22 de febrero de 2012, apenas después de las 8.32 de la mañana, las sirenas conmovieron súbitamente a una ciudad que reiniciaba su trajín tras el paréntesis de un Carnaval tan forzado como extemporáneo. Inexplicablemente, un tren que se aproximaba a la plataforma de la estación de Once no había logrado detener su marcha y terminó por colisionar con los sistemas de paragolpes de contención de la estación. La formación transportaba en plena hora pico a más de 1200 pasajeros a bordo y, con el correr de las horas, se supo que fallecieron 51 de ellos y cuando menos 703 resultaron heridos.

Más que un infortunio casual, la tragedia fue un eslabón más de una cadena de acontecimientos mortales que parece condenarnos a cierta extraña pero manifiesta compulsión a la repetición: si nos volvemos hacia los últimos tiempos, en un atroz carrousel, se nos aparecen la catástrofe ferroviaria de Flores, la tragedia vial del colegio Ecos, los incendios de las discotecas Beara, Cromagnon y Kheivys, las desgracias aéreas de Austral, de Sol y de LAPA, los atentados a la AMIA y unos años antes, a la embajada de Israel. Apenas un puñado de tragedias evitables, rescatadas entre tantas otras que o bien fueron olvidadas o bien persistieron anónimas, porque acontecieron en la Argentina profunda ante la cual se minimiza y hasta se invisibiliza el dolor.

Aun cuando hay quienes prefieren atribuirlas al azar o a la fatalidad, lo cierto es que el azar y la fatalidad son dos modalidades de la negación: lo que llamamos “azar” no es sino la ignorancia de las causas que produjeron un hecho. Y la fatalidad exorciza mágicamente de cualquier responsabilidad. Pero lo cierto es que el retorno de lo trágico irrumpe en otras formas de violencias cotidianas. Todas ellas se inscriben en una matriz letal en la que convergen intereses, obligaciones, derechos y bienes simbólicos inalienables. Y en esa compulsión a la repetición, la tragedia de Once condensa e ilustra dolorosamente la trama de la Argentina que nos duele. Porque en ella se anudan, una vez más, las cuerdas entre las que anidan la complicidad de los funcionarios con los intereses empresariales que se extienden rastreramente, como hiedras venenosas, al cobijo de la impunidad.

¿Quiénes son los actores de estos dramas inconclusos? En esa trama, el Estado, los empresarios y los funcionarios inescrupulosos se enfrentan a las víctimas y a una sociedad que, mancomunada en el dolor por las pérdidas, debería reconocerse como parte de los enlutados. Entre unos y otras, un abismo que se ahonda brutalmente, cada día más.

Durante la última década se proclamó un modelo basado en el diseño de las tan proclamadas políticas de inclusión destinadas a fortalecer los mecanismos de protección de los segmentos socialmente desfavorecidos. Pero esos dispositivos se sostuvieron en un paradigma de gestión basado en la concesión de subsidios operativos que, en el caso del sistema ferroviario, crecieron un 300 por ciento durante los últimos seis años sin que se exigieran las inversiones privadas en su mantenimiento y sin que se sancionara la degradación progresiva de la calidad de la prestación del servicio al usuario. Ya un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) de 2008 ponía en evidencia que no sólo no se había ejecutado el mantenimiento de los trenes desde 2004 sino que se habían descuidado los mecanismos de control que, de haberse realizado, probablemente habrían eliminado de cuajo un nuevo eslabón en esa cadena de repeticiones.

La falta de pulso político resultó cuando menos extraña en un relato presumiblemente inclusivo pero a todas luces selectivo: mientras que en tragedias acaecidas en otras latitudes, tanto los alcaldes como los presidentes y hasta los príncipes y los reyes ponen sus coronados cuerpos reales, en cambio, en nuestra tragedia vernácula, las horas y los días que siguieron fueron marcados por una intolerable ausencia de quienes deberían haber estado allí. Si alguno de los máximos funcionarios nacionales, provinciales o municipales hubiese asistido, nos habría concedido una demostración de ejemplaridad cívica. Considerado incluso desde el más frío y calculador pragmatismo, el sólo acto de presencia le habría aportado un enorme rédito político porque habría contribuido a la pacificación de una sociedad desencajada…Pero en la Argentina que nos duele, sin distinciones partidocráticas, literalmente nuestros representantes no nos representaron. Y con ese ninguneo hacia los trabajadores -carne de cañón usuaria de los trenes-, con ese desvergonzado gesto por omisión -infinitamente más elocuente que los discursos vacíos sobre la inclusión-, nuestros dirigentes habrían sido condenados al ostracismo en sociedades menos tolerantes.

BORRAR EL HORROR

Tras ese mutis por el foro, y con los hierros y los cuerpos todavía incandescentes, coreutas desafinados sellaron la escena: el jefe de Gabinete, con torpeza incontinente, sentenció: “Las vidas que se perdieron, se perdieron”, palabras sólo pronunciables por un aprendiz de político para quien esas muertes son apenas una cifra y, como tal, desencarnadas de la realidad de una pérdida cuyo dolor ni siquiera es capaz de simular. Y el secretario de Transporte de entonces -hoy procesado-, no se quedó atrás cuando, en un flaco consuelo contrafáctico espetó que “si esto hubiera ocurrido ayer, que era un día feriado”, las consecuencias habrían sido menores. Como si el error fuera atribuible a un infausto destino que, indiferente a la desidia organizada, seleccionaría los días nefastos a su arbitrio. El Estado no le fue en zaga: no dándose por aludido, y rápido de reflejos para una jugada maestra fallida, se presentó como querellante ante la Justicia. E invirtiendo el orden entre el victimario y la víctima, desconoció la negligencia en la que había incurrido y pretendió incautar el lugar de los lesionados por su accionar.

El contrapunto de semejante cinismo cívico son el ramillete de enlutados que simbolizan la posibilidad de aprender a transitar desde el sufrimiento hacia una acción colectiva reivindicatoria de la verdad y la justicia. Tras exigir al gobierno nacional que se pronunciase “alguna vez” sobre la tragedia, e impugnando una política selectiva de la memoria, lanzaron la campaña “500.000 caras por justicia”, invitando a medio millón de personas a retratarse con un cartel que reclamaba el esclarecimiento del hecho, en un intento de rescatar del olvido esos rostros que el Estado ignoró con su ominoso silencio.

Celebrados los procesamientos de algunos de los responsables de la tragedia, los ex secretarios de Transporte Jaime y Schiavi, y de los Cirigliano, dueños de TBA, la sociedad se queda con una instantánea: porque una vez pacificada con esta inyección anestésica de alto impacto mediático, la historia reciente nos ha enseñado que el procesamiento es apenas una medida paliativa transitoria que procura poner paños fríos sobre una herida en carne viva que terminará supurando una vez que las recusaciones, los laberintos tribunalicios, las dilaciones y otras creativas chicanas procesales logren borrar lo acontecido.

Las tragedias, nuestra historia lo muestra, son gestadas en el vientre de la impunidad: la de Flores, no resuelta. La causa del Colegio Ecos, prescribió. Los responsables de Beara, sobreseidos. Cromagnon, todavía en juicio. Kheyvis, prescribió. Austral, prescribió. Sol, paralizada. LAPA, momentáneamente se revocó el sobreseimiento de los empresarios. El atentado a la AMIA, negociado por el gobierno con los acusados de haberlo perpetrado. El atentado a la embajada, estancada. Ciudadanos incrédulos de este reino de la impunidad, sumidos en la desesperanza, probablemente nos asomamos con la tragedia de Once a otro crimen más, entre tantos otros, sin culpables. Porque al fin de cuentas, ¿por qué esperar del mañana la Justicia que es burlada hoy?

Abandonando esos reclamos reivindicatorios a su suerte, con nuestro silencio no hacemos sino prestarnos al juego perverso de una justicia que manipula a una sociedad espasmódica, que reacciona cuando es sacudida por el horror. Pero a sabiendas de que es auxiliada por la velocidad de los acontecimientos, la justicia impunitiva parece esperar que una nueva tragedia ensombrezca la anterior, y que la injusticia del diario de hoy obture las injusticias del de ayer.

Pero es obsceno callar ante lo que no puede ni debe ser callado. Una vez que las víctimas han sido silenciadas, ¿acaso sus sobrevivientes y la sociedad toda -vulnerada y vulnerable- no debe ser la continuadora de la reivindicación consagrada a la memoria de las víctimas de todas nuestras tragedias? ¿Acaso la dignidad de los reclamos no es el punto de convergencia de una sociedad que debe comenzar a reconocerse en sus propias fuerzas, en su potencia de sumar voluntades para hacer de una única voluntad, un instrumento poderoso en la persecución comprometida del interés general que debe prevalecer sobre los intereses corporativos? ¿Acaso no se trata de construir una renovada identidad que se sepa capaz de ejercer una fuerza coactiva en defensa, ni más ni menos, del bien común?

La rápida suspensión de las celebraciones del Carnaval y su reconversión en dos días de duelo expresaron los dos rostros de una realidad demencial, el anverso multicolor tributario del “pizza con champagne” en versión populista -los festejos del Bicentenario, el Fútbol para Todos, Tecnópolis y los megarrecitales- y el reverso ensombrecido de un país que pretende celebrar allí donde hay un campo minado por el escepticismo del dolor irreparable.

* * *

Diana Cohen Agrest nació en Buenos Aires, Argentina y es filósofa. Es Doctora en Filosofía con una tesis sobre el tema “Las paradojas planteadas por el suicidio en la filosofía de Baruch Spinoza: ¿Imposibilidad lógica o realidad fáctica?” y obtuvo un Postdoctorado en la Monash University de Australia. Es docente de la Universidad de Buenos Aires y ha publicado numerosos artículos, en particular sobre cuestiones relacionadas con la Ética y la Bioética.

Es autora de los ensayos El suicidio: deseo imposible (O la paradoja de la muerte voluntaria en Baruj Spinoza) (2003), Temas de Bioética para inquietos morales (2004), Inteligencia ética para la vida cotidiana (2006), Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas) (2007), ¿Qué piensan los que no piensan como yo? (2008) y Ni bestias ni dioses (Trece ensayos sobre la fragilidad humana) (2010).

En 2000 realizó la primera traducción del francés al castellano de Introducción a “El origen de la geometría” de Husserl, de Jacques Derrida.

Robert Desnos, poeta

COMO UNA MANO…

Como una mano que en el instante de la muerte
y del naufragio se levanta al modo de los rayos del sol poniente,
así surgen por todas partes tus miradas.
Quizá ya no haya tiempo, ya no haya tiempo para verme,
Pero la hoja que cae y la rueda que gira te dirán
que nada perdura en la tierra,
Salvo el amor,
Y de esto quiero convencerme.
Botes de salvamento de colores rojizos.
Tempestades en fuga,
Un vals anticuado que se lleva el tiempo y el viento por los
largos caminos del cielo.
Paisajes.
No quiero más abrazos que aquel al que aspiro,
Y muera el canto del gallo.
Como una mano que en el instante de la muerte
se crispa, así se oprime mi corazón.
Nunca he llorado desde que te conocí.
Quiero demasiado a mi amor para llorar.
Tú llorarás sobre mi tumba,
o yo sobre la tuya.
No será demasiado tarde.
Hasta mentiré. Diré que fuiste mi amante,
Y al final todo es tan absolutamente inútil,
A ti y a mí muy cerca nos espera la muerte.

A la mystérieuse ( Corps et Biens)

TANTO SOÑÉ CONTIGO

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años,
seguramente me transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente
que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

A la mystérieuse ( Corps et Biens )

ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

Domaine Public

* * *

Robert Desnos nació en París el 4 de julio de 1900 y murió en el campo de concentración de Theresienstadt el 8 de junio de 1945.

Obras:
Rrose Sélavy (1922-1923)
Le pélican
Langage cuit (1923)
Deuil pour deuil (1924)
La Liberté ou l’Amour (1927)
Les Ténèbres (1927)
Corps et biens (1930)
Sans cou (1934)
Fortunes (1942)
État de veille (1943)
Le Vin est tiré (1943)
Contrée (1944)
Le Bain avec Andromède (1944)
Chantefables et chantefleurs (1970), publicación póstuma.
Destinée arbitraire (1975), publicación póstuma.
Nouvelles-Hébrides et autres textes (1978), publicación póstuma.

Martin Luther King (28.8.1963, Washington) I Have a Dream (Tengo un sueño)

El 28 de agosto de 1963 tuvo lugar la “Marcha sobre Washington por Trabajos y Libertad” que reunió a 250.000 personas.

Como cierre de esa convocatoria, en las escalinatas del Lincoln Memorial, el Reverendo Martin Luther King, Jr. brindó este discurso, uno de los llamados más importantes y conmovedores a la unión entre los seres humanos en la historia mundial:

Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy día en esta que será, en la historia, la más grande demostración para la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, a cuya simbólica sombra estamos hoy parados, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este trascendental decreto vino como un gran rayo de luz de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia.

Vino como un lindo amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro aún es tristemente lisiada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Entonces hemos venido hoy día aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En un sentido hemos venido a la capital de nuestro país a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaración de Independencia, ellos firmaban un pagaré del cual cada estadounidense sería el heredero. Este pagaré era la promesa que todo hombre, sí, el hombre negro y el hombre blanco, tendrían garantizados los derechos inalienables de vida, libertad, y búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy día que EEUU ha incumplido este pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos de color. En lugar de honrar esta sagrada obligación, EEUU ha dado a la gente negra un cheque malo; un cheque que ha regresado con el sello “fondos insuficientes.” Pero rehusamos creer que el Banco de Justicia está quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de oportunidad de este país. Y entonces hemos venido a cobrar este cheque, el cheque que nos dará sobre manera la riqueza de libertad y la seguridad de justicia.

También hemos venido a este sagrado lugar para recordar a EEUU la urgencia impetuosa de ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo.

Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de Democracia; ahora es el momento de salir del obscuro y desolado valle de la segregación al camino alumbrado de la justicia racial; ahora es el momento de sacar nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial, a la piedra sólida de la hermandad; ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento. Este verano ardiente por el legítimo descontento del Negro, no pasará hasta que no haya un otoño vigoroso de libertad e igualdad.

1963 no es el fin, sino el principio. Y los que pensaban que el negro necesitaba desahogarse para sentirse contento, tendrán un rudo despertar si el país regresa al mismo oficio. No habrá ni descanso ni tranquilidad en EEUU hasta que al negro se le garantice sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán a sacudir las bases de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia. Pero hay algo que yo debo decir a mi gente, los cuales están parados en el umbral gastado que conduce al palacio de la justicia.

En el proceso de ganar el lugar que nos corresponde, no debemos ser culpables de hechos censurables. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad con tomar de la taza de la amargura y del odio. Siempre tendremos que conducir nuestra lucha en el plano alto de la dignidad y disciplina. No podemos permitir que nuestras protestas creativas se degeneren en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas del encuentro de la fuerza física con la fuerza del alma.

La maravillosa nueva militancia, la cual ha envuelto a la comunidad negra, no debería llevarnos a desconfiar de toda la gente blanca; porque varios de nuestros hermanos blancos, como se ve hoy día por su presencia aquí, han venido a darse cuenta que su destino esta amarrado con nuestro destino. Y ellos han llegado a darse cuenta que su libertad está inseparablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos. Y al caminar, debemos hacer la promesa que siempre marcharemos adelante.

No podemos volver atrás.

Hay aquellos que están preguntando a los devotos de los Derechos Civiles, “¿Cuando estarán satisfechos?” Nunca podremos estar satisfechos mientras que el negro sea víctima de horrores indescriptibles de brutalidad policial; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros cuerpos, pesados por la fatiga de viajar, no podemos alojarnos en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades; no podremos estar satisfechos mientras que la movilidad básica del negro es de un barrio pequeño a uno más grande; nunca podremos estar satisfechos mientras que nuestros hijos están despojados de su personalidad y robados de su dignidad por un letrero escrito “Sólo para blancos”, no podremos estar satisfechos mientras que el negro de Mississippi no pueda votar y el negro de New York crea que no tiene nadie por quién votar. ¡No! No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta “que la justicia corra como el agua y las virtudes como una fuerte quebrada”.

No desconozco que algunos de ustedes han venido hasta aquí con grandes esfuerzos y tribulaciones. Algunos de ustedes han llegado recién de unas angostas celdas. Algunos de ustedes han venido de áreas donde su búsqueda de libertad los ha dejado golpeados por la tormenta de la persecución y derrumbados por los vientos de la brutalidad policial. Ustedes han sido los veteranos de sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la fe de que el sufrimiento no merecido es redentorio. Regresen a Mississippi; regresen a Alabama; regresen a South Carolina; regresen a Georgia; regresen a Louisiana; regresen a los barrios bajos y a los ghettos de nuestras ciudades norteñas sabiendo que de alguna manera esta situación podrá y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperación.

Entonces les digo a ustedes, mis amigos, que aunque nosotros enfrentemos las dificultades de hoy y de mañana, aún yo tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño estadounidense, que un día esta nación surgirá y vivirá verdaderamente de su credo, “nosotros mantenemos estos derechos patentes, que todo hombre es creado igual”.

Yo tengo un sueño que ese día en las tierras rojas de Georgia, hijos de esclavos anteriores e hijos de dueños de esclavos anteriores se podrán sentar juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo un sueño que un día aún el estado de Mississippi, un estado ardiente por el calor de justicia, ardiente por el calor de la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia. Yo tengo un sueño que mis cuatro pequeños hijos algún día vivirán en una nación donde no serán juzgados por el color de la piel, sino por el contenido de sus carácteres.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con su Gobernador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación, un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas.

¡Hoy yo tengo un sueño!

Yo tengo un sueño que algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas. Los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos, y la gloria de Dios será revelada y todo género humano se verá junto.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual yo regreso al sur. Con esta fe podremos labrar de la montaña de la desesperación, una piedra de esperanza. Con esta fe podremos transformar el sonido discordante de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, pararnos juntos por la libertad, sabiendo que algún día seremos libres, y este es el día. Este será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar con nuevos sentidos “Mi país es de ti, dulce tierra de libertad a ti yo canto. Tierra donde mi padre murió, tierra del orgullo de los peregrinos, de cada lado de la montaña, dejemos resonar la libertad”. Y si América va a ser una grande nación, esto tendrá que hacerse realidad.

Entonces dejen resonar la libertad desde la cima de los montes prodigiosos de New Hampshire; dejen resonar la libertad desde las poderosas montañas de New York; dejen resonar la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pennsylvania; dejen resonar la libertad desde las rocas cubiertas de nieve de Colorado; dejen resonar la libertad desde las curvosas cuestas de California. Pero no sólo ésto.

Dejen resonar la libertad de la Montaña de Piedra de Georgia; dejen resonar la libertad desde la montaña Lookout de Tennessee; dejen resonar la libertad desde cada colina y montaña de Mississippi.

“De cada lado de montaña dejen resonar la libertad.” Y cuando ésto pase y cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar de cada aldea y cada caserío, de cada estado y cada ciudad, podemos apurar el día en que todos los hijos de Dios, hombre negro y hombre blanco, judíos y cristianos, protestantes y católicos, podemos unir nuestras manos y cantar en las palabras del viejo espiritual negro:

“Libre al fin, libre al fin; gracias Dios omnipotente, somos libres al fin.”

* * *

Martin Luther King, Jr. nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia, EEUU y fue asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee, EEUU.