Soledad Vallejos / En 2012 no será laborable uno de cada 3 días

(Publicado en La Nación, 26.11.2011)

Habrá récord de fines de semana largos; el 27 de febrero sería feriado

El año próximo, los argentinos trabajarán menos y descansarán mucho más: por cada dos días laborables tendrán uno libre. ¿Cómo es posible? El calendario de 2012, según publicó en su página web el Ministerio del Interior, marca 17 feriados nacionales, al igual que sucedió este año. Pero la diferencia sustancial para el año que viene es que la cantidad de fines de semana largos se incrementará de ocho a diez.

Así, el total de días de descanso, teniendo en cuenta también los fines de semana ordinarios, se elevará al número récord de 121, un tercio del año. Incluso, los fines de semana largos podrían ser, en realidad, once, si la Cámara de Diputados convierte en ley un proyecto que ya aprobó el Senado para incluir como feriado extraordinario el 27 de febrero -será lunes-, cuando se cumpla el bicentenario de la creación de la Bandera. Si a esos días no laborables se les suman, en promedio, diez días hábiles de vacaciones por trabajador la cifra llega a unos 130. Y eso no es todo. También están contemplados en el calendario oficial otras diez o doce jornadas no laborables por festividades religiosas, como las Pascuas Judías o el Año Nuevo Islámico. En ese caso, los días de descanso sumarían alrededor de 140, lo que superaría cómodamente un tercio del año sin marcar tarjeta.

Sólo en enero y marzo no habrá días feriados en jornadas laborables, es decir, de lunes a viernes. El 24 de marzo, por ejemplo, que se celebra el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia y está catalogado como feriado inamovible, caerá sábado. Septiembre, en tanto, es el único mes que estará libre de festividades.

“La estrategia de distribución criteriosa de los feriados a lo largo del año tiene como objetivo la previsibilidad, al permitir con una antelación de tres años la planificación de las pausas laborales y los desplazamientos -dijo a LA NACION el ministro de Turismo de la Nación, Enrique Meyer-. También favorece la disminución de los efectos negativos de la estacionalidad, generando una mejor distribución en el tiempo de los flujos de turistas, con una consecuente reducción del porcentaje de capacidad ociosa instalada en los espacios turísticos, lo cual permite, a su vez, la diversificación de la oferta.”

CINCUENTA Y CINCUENTA

Abril tendrá una sobresaliente particularidad para el sector turístico y para aquellas personas adictas a las minivaciones, siempre que el bolsillo lo permita, claro, ya que el tiempo lo cede oficialmente el Estado. A favor del descanso, abril será un mes sin parangón. Tiene la particularidad de tener sólo 17 días hábiles, casi un cincuenta por ciento de descanso por otro tanto de esfuerzo dedicado a la producción. Aunque febrero no se queda atrás, ya que si el proyecto del senador socialista Rubén Giustiniani, que pretende instalar al 27 de febrero como feriado extraordinario, prospera en Diputados, ese mes, que en 2012 contará con 29 días, tendrá dos fines de semana largos y un total de 18 días hábiles.

El año bisiesto también ofrecerá otras particularidades, como la llanura ociosa del período comprendido entre el 31 de marzo y el 8 de abril, cuando sólo habrá que ir a trabajar el martes 3 y el miércoles 4, previo al fin de semana largo de Pascuas.

CON BUENAS EXPECTATIVAS

Para este fin de semana largo, que celebra al 20 de noviembre como el Día de la Soberanía Nacional, fecha que se trasladó al próximo lunes y que se festeja en el país por segunda vez, luego de los decretos 1584 y 1585/2010, las expectativas del sector turístico son alentadoras.

“Sobre la base de la información suministrada por provincias y municipios, se proyecta un total de 757.000 arribos de turistas a los distintos destinos del país, superando en un 4% al registro de 2010, donde se contabilizaron más de 728.000 llegadas”, señala un informe del Ministerio de Turismo de la Nación.

Con ese resultado, el volumen total de llegadas de visitantes a los centros turísticos del país en los fines de semana largos que van del año alcanzaría los 5,1 millones de arribos, “lo que genera un incremento del 31,1% respecto de 2010″, según detalla la proyección oficial.

Para Fabricio Di Giambattista, presidente de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo, entidad que agrupa a todas las agencias de viajes del país, “la política del nuevo calendario de feriados nacionales, con la reincorporación del lunes y martes de Carnaval y los nuevos feriados puente, ratifica al turismo como una industria estratégica para el desarrollo nacional”.

Los beneficios para el sector, según agrega Di Giambattista, han quedado demostrados desde el año pasado, “sobre todo, en el aumento de la facturación en los comercios, no sólo los relacionados directamente con el turismo, sino también todos los rubros que participan de manera general, con subas que van del 20 al 30 por ciento en comparación con un fin de semana habitual”.

Para este fin de semana, en Buenos Aires hay reservas que superan el 50% de ocupación. Como suele suceder, el Partido de la Costa está al tope de las preferencias, con un promedio de reservas del 58%, 21 puntos porcentuales más que en 2010.

DIXIT

“Para mí es un beneficio que de tres días uno no se trabaje, porque es un día menos laborable y se puede descansar o viajar, y eso también está bueno”
DIEGO PÉREZ. Vendedor de seguros

“Si las jornadas laborables no fueran tan largas, quizá estaría mal esto. Igual no creo que el Estado lo haga por el empleado, sino por una cuestión turística”
JIMENA BERATZ. Administrativa contable

“No estoy de acuerdo. Cuantos más días se trabaje, más me conviene a mí. Yo cobro por jornada trabajada y los días feriados no me los pagan”
RAMÓN ROJAS. Guardia de seguridad privada

“A un trabajador le vienen bien esos días de descanso. A veces, yo tengo que trabajar siete días a la semana seguidos y ahora estoy chocha que me dieron dos francos seguidos”
GLADYS BRIZZOLARO. Empleada

“Para mí es conveniente porque los feriados me pagan doble. Además, esos días hay menos gente y, de alguna manera, es un día de trabajo, pero también de descanso”
JHOSETH VELASQUEZ. Trabaja en un local de comida rápida

“Con menos días de trabajo, menos progreso tiene el país. Al parar la industria y los comercios se frena todo. Lo que pasa es que el Gobierno sólo mira el turismo”
MARIO. Empleado

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(Publicado en La Nación, 30.11.2011)

El 27 de febrero de 2012 será feriado

La Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto; se conmemora el bicentenario de la creación y primera jura de la bandera nacional

La Cámara de Diputados convirtió en ley el proyecto por el cual se establece como feriado extraordinario por única vez al lunes 27 de febrero de 2012, día en que se conmemora el bicentenario de la creación y primera jura de la bandera nacional.

El proyecto fue impulsado fundamentalmente por legisladores rosarinos, que trabajaron para que se recuerde de manera especial la creación de la enseña patria hace 200 años.

Martín Becerra / La informatización de la sociedad

(Publicado en Perfil, 27.11.2011)

El Programa Conectar Igualdad que el Gobierno lanzó en 2010, centrado en la distribución de netbooks en escuelas secundarias públicas, altera un ámbito que opera como vestíbulo de la inserción sociolaboral y de la universidad. Pero también expresa los trazos irregulares de una de las políticas del Gobierno ante la informatización de la sociedad.

Por un lado, la decisión de incluir el software propietario Windows en las computadoras portátiles, junto a una versión de Ubuntu (sistema de Linux, software libre), es cuestionable. Para Mariano Palamidessi, especialista en educación, “si bien las máquinas que se entregan pueden ‘correr’ con Windows y Linux, no aparece en el horizonte aún una política estatal decidida y sistemática de formación para el conocimiento y uso del software libre o ‘no propietario’. Por la ley de inercia, el proyecto puede correr el riesgo de funcionar como una escuela de formación de consumidores de productos Microsoft”.

El argumento oficial de que al contener tanto software propietario como libre en sus netbooks, los usuarios pueden elegir con autonomía equipara erróneamente posibilidad de uso con probabilidad de uso. También Richard Stallman, conocedor de los condicionamientos al uso de las tecnologías patentadas por gigantescas corporaciones, afirma que disponer de ambos sistemas operativos induce a usar Windows.

Pero en un país con brechas digitales resultado de fracturas económicas, geográficas y de accesos a bienes culturales, Conectar Igualdad introduce otros ejes dignos de análisis. La asignación de recursos públicos de la seguridad social para diseminar tecnologías entre los sectores de menor poder adquisitivo es un modelo de intervención estatal infrecuente en la Argentina.

En un año y medio de existencia, Conectar Igualdad repartió más de un millón de netbooks. Esta cifra es notable comparada con el fallido propósito inicial del Programa Educ.ar (lanzado en 2000), que en sus primeros tres años no logró conectar siquiera a veinte escuelas rurales a Internet. Aunque desarticulado en lo institucional, Conectar Igualdad se complementa en los hechos con la administración de iniciativas similares en algunas provincias, como el Plan Sarmiento BA de la Ciudad de Buenos Aires, orientado a escuelas primarias.

El incremento de la matrícula escolar, que el Ministerio de Educación estima en el 20% a nivel nacional, no sólo se debe a la Asignación Universal por Hijo sino también a incentivos como las netbooks. En el contexto argentino, el valor diferencial de Conectar Igualdad tiene cinco pilares: es un instrumento que no discrimina geográfica ni económicamente a sus beneficiarios, a diferencia de la distribución de casi todos los bienes y servicios (incluso los de carácter público), realzando la importancia que tiene para sus destinatarios ese reconocimiento; facilita el acceso a un dispositivo percibido como indispensable para la inserción laboral o la prosecución de esudios superiores, por lo que recrea una de las funcionalidades de la educación media más horadadas por el neoliberalismo (su utilidad); las netbooks son un activo con alto valor de mercado cuya custodia se encarga a un grupo social (los adolescentes) generalmente impugnado por irresponsable; disemina un artefacto que combina prácticas de socialización, como la comunicación en red y el entretenimiento, junto a la movilidad y la ubicuidad; y prioriza un espacio degradado en la dotación de recursos, como es la escuela pública, a la que asisten las clases populares. La integración de estos recursos en los contenidos educativos se ubica como otro gran desafío que el Programa tiene por delante.

Además, se precisa una infraestructura de conexión a Internet, hoy fuertemente concentrada en pocos proveedores y cuya calidad es mala excepto en los centros urbanos. La necesaria regulación del mercado de banda ancha y de las telecomunicaciones desborda al Programa Conectar Igualdad, pero interpela al mismo Estado que lo desarrolla para adoptar estrategias adicionales en pos de su objetivo de disminuir las brechas.

* * *

Martín Becerra es Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet.

Jorge Lanata / Cristina enamorada

PARTE I (Publicada en Perfil, 26.11.2011)

Cristina está cada vez más enamorada. De sí misma. Este amor creciente llegó a su éxtasis en la noche de la elección nacional. “¿Entendés lo que fue para ella? Finalmente lograba un triunfo sola. Sin Néstor, sin nadie, sola. Por primera vez se demostraba a sí misma que podía”, confió esta semana a PERFIL un alto funcionario K de diálogo cotidiano con la Presidenta.

La devastadora y prematura muerte de Néstor la cambió y al final el dolor encontró un equilibrio y –sostienen algunos cercanos– también una liberación. Finalmente Ella era sin El. Este proceso pudo desarrollarse, en paralelo, con el experimento de entronización de Néstor y la creación del mito. Este Néstor, El, el Nestornauta, el Néstor del majestuoso y exagerado mausoleo de Río Gallegos, es un invento de Cristina. El capítulo 1 del Relato necesita esa épica, que comenzó con una cuidada y premeditada transmisión del velorio y tuvo su preestreno con el despliegue de Fuerza Bruta en el Bicentenario y con Tecnópolis luego.

El CEO de una compañía de servicios aún recuerda ese día con escozor:

—Nos juntamos varios tipos de la industria en la esquina del Banco Nación para ir a la Rosada a darle el pésame a Cristina. Al grupo se sumó también un popular animador de la televisión y entramos todos juntos. Al rato, yo estoy al lado de este tipo de la tele cuando abraza a la Presidenta para consolarla. Estábamos todos como entre bambalinas, en la parte más reservada. Cuando a la noche llego a mi casa, veo en el noticiero al tipo este de la tele abrazando a la Presidenta, pero en otro lado, justo frente al cajón. No entendía nada, si cuando la abrazó yo estaba ahí y había sido en otro lado… Entonces me di cuenta: al tipo lo habían hecho abrazarla otra vez, pero para la cámara. Me impresionó que en ese momento alguien tuviera la frialdad de estar marcando esas cosas.

Néstor se convirtió desde entonces en una especie de delivery histórico al que recurrir cuando fuera necesario: su aparición, como si estuviera vivo, en uno de los últimos spots electorales, candidateándose desde el Más Allá, fue el punto cúlmine de ese proceso que incluyó decenas de calles, plazas, torneos de fútbol, campeonatos de ajedrez, becas, aeropuertos con el nombre del ex con un vértigo que nunca antes había sucedido. Pero aquéllos eran, por así decirlo, los tiempos felices del Relato que tuvieron también su luna de miel académica: la insólita e irrespetuosa reescritura del prólogo del Nunca más se coronó hace poco con la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, que “reivindicará la importancia protagónica de los sectores populares”, según el Decreto 1.880. El Ministerio del Relato será ocupado por Pacho O’Donnell (quien quizá debería entender que el buen revisionismo empieza por casa: fue secretario de Cultura radical, militante angelocista, agregado cultural, diplomático, embajador y secretario de Cultura de Menem, senador y diputado justicialista. “Me siento absolutamente leal respecto de los aciertos de Menem pero también de sus errores”, le dijo a La Nación –domingo 2/1/2000–). El Relato (puede leerse “la nueva historia argentina nacional y popular”) será custodiado por 33 esbirros entre los que se destacan tres miembros del minibloque Szpolski con secundario completo: Roberto Caballero y Hernán Brienza (de Tiempo Argentino) y Eduardo Anguita (Miradas al Sur).

Pero la vida es dinámica y, ay, el tiempo pasa. Sucede que llegó el tiempo del Capítulo 2 del Relato y no hay –aún– relato del ajuste. Esta semana el Gobierno –que se reveló como fiel lector del último número de PERFIL y nos dedicó la conferencia de prensa del lunes del ministro De Vido sobre Aerolíneas– abordó la crisis aeronáutica y, antes, la supresión de algunos subsidios, como si recién hubieran llegado al país a hacerse cargo. Evitaron la clásica fórmula “pesada herencia” pero le dieron en el palo: “¡Qué barbaridad! ¡Subsidiar a las grandes empresas y a la clase media alta! ¡Habrase visto!”.

Es del todo cierto. Lo bueno es que ahora llegaron ellos –que los pusieron– para quitarlos. Por si el Gobierno recién asumido no lo recuerda, desde estas páginas y tantas otras se ha insistido en señalar que el año pasado se gastaron $ 48.032 millones en subsidios y que este año se proyectan $ 72 mil millones, con lo cual el Estado habrá girado hasta diciembre por ese concepto fondos equivalentes al 4,1% del PBI. Para 2012 se prevé gastar el 19% más. El recorte anunciado con bombos y platillos sólo representa el 6% de esa tonelada de dinero. Es sano y sensato que se lleve adelante, aunque se lo disfrace de una especie de renunciamiento comparable con el cruce de la Cordillera (revisado por Pacho y Felipe Pigna).

Habrá que ver, de todos modos, cuántos renuncian al subsidio (por las dudas mi número de trámite es el 6.958 y renuncié inspirado por el renunciamiento de Víctor Hugo Morales y Aníbal Fernández), ya que, según un estudio del Cedlas de la UNLP, “muchos argentinos de clase media y media alta tienden a subestimar el lugar que ocupan en la distribución del ingreso –piensan que son menos ricos en relación con el resto del país de lo que realmente son– y por ende creen que son lo suficientemente pobres como para recibir los subsidios: el 72% de los argentinos cree que sus ingresos son asimilables al promedio del país y sólo el 1% reconoce cobrar por encima de la mayoría”.

Pero lo que parecía el comienzo de un operativo tardío de sinceramiento oficial se dio de bruces al día siguiente, cuando la Presidenta volvió a inaugurar un hangar que ya había sido inaugurado en el Aeroparque Jorge Newbery, tema que retomaremos mañana en esta columna.

PARTE II (Publicada en Perfil, 27.11.2011)

(Aclaración del autor: No sea guarango, lo de “enamorada” tiene que ver con “enamorada de sí misma”, y para entenderlo debe leer la nota de ayer. Si no lo hizo, recuerde comprar PERFIL los dos días del fin de semana.)

Mientras la Presidenta inauguraba en Aeroparque un hangar ya inaugurado, la soja se hundía a 412 dólares la tonelada en Chicago y el riesgo país medido por el Banco de Inversión JP Morgan se elevaba a los mil puntos, como en los buenos viejos tiempos de Fernando, El Aburrido. (Brasil tuvo 247, México 205, Uruguay 244 y Venezuela 1.292). Es cierto que, aunque en España el mismo índice le costó el gobierno a Zapatero, aquí el riesgo medido por el lobby internacional de los mercados dejó de importar hace tiempo. Pero decíamos ayer que ese pequeño brote de sincericidio en el Relato, que se expresó con la justa quita de subsidios que ellos mismos impusieron, se había marchitado luego: y sucedió precisamente en Aeroparque, donde Cristina acudió a apuntalar los vapuleados ánimos de esa “juventud maravillosa” que regentea los destinos de Aerocámpora con nuestro dinero.

“Que no se confunda nadie, la que decide es esta Presidenta por mandato popular”, dijo Cristina, maternal, frente a Recalde hijo.

El mandato popular, es obvio decirlo, habilita para gobernar pero no exime a nadie, que se sepa, de equivocarse. La infalibilidad fue abolida por el Vaticano en el siglo XIX respecto al Papa, por lo que se presume que sería exagerado aplicarla en un presidente.

Confiada en que un escándalo taparía otro, la Presidenta dio a conocer, por primera vez, los salarios de los empleados que el Estado mantiene en Aerocámpora: $ 16.680 cobra un trabajador de APTA, un jerárquico $ 21 mil, uno de servicio de a bordo $ 12.780 y un piloto $ 37.800. En el caso de los pilotos, aun calculado con el dólar Moreno, el salario es equivalente al de cualquier aerolínea del mundo, unos 10 mil dólares al mes. Cristina buscó, en su discurso, tapar otros salarios, como los difundidos por este diario el domingo pasado bajo el título de “La vida por Banelco”: Recalde hijo superó los $ 70 mil mensuales durante 2011, cobrando además un adicional por el manejo de Austral, hecho desde el mismo sillón y en el mismo horario. Eduardo “Wado” De Pedro, vicepresidente de Aerocámpora, declaró en 2010 un ingreso de $ 478.890 por militar allí, junto a $ 4.860 al mes como director de Austral.

“Todas las aerolíneas pierden”, insistió Cristina reinaugurando el hangar inaugurado que tiene 25 años de antigüedad y, según Cirielli, sufrió una remodelación que costó el triple que otra similar hecha por LAN.

Esto es parcialmente cierto: o sea, es mentira.

Algunas aerolíneas pierden, y otras, la mayoría, ganan. Si la Presidenta quisiera, podría suscribirse a la revista Air Transport World y pedirle a alguien que se la traduzca. El Poder Ejecutivo cuenta, según el Presupuesto 2011, con $ 59.500 de gastos para “libros, revistas y otros elementos coleccionables”, con lo que podría pagar la suscripción anotándose en atwonline.com. La mencionada revista especializada en el mercado aéreo publica estudios periódicos sobre los balances de las compañías en el mundo. Si se la compara con otras compañías de la región, Aerocámpora pierde, como Suriname Airways y Pluna, pero el resto da ganancias: Aeroméxico ganó 194 millones de dólares, Avianca-TACA ganó 50, Copa Airlines ganó 241, Gol ganó 128 millones y LAN, 420 millones.

Aerocámpora es una de las tres compañías que más pierden en el mundo, junto a Kuwait Airlines y Air India.TAM, la aerolínea brasileña, fue valuada en 2.395,8 millones y premiada recientenmente como “la mejor aerolínea de América del Sur”.

Recalde hijo ya lleva perdidos $ 2.100 millones y proyecta perder otros 387 en este año: la hubiéramos comprado entera. Esta parte del Nuevo Relato, al menos, es completamente falsa. Y tuvo el insólito aporte de Carta Abierta, un organismo que, como conocemos, tiene amplia experiencia aeronáutica y de gestión de empresas.

Ante experiencias tan distintas –la convocatoria a la gesta patriótica por renunciar a tres aumentos y la mentira franca en el caso de Aerocámpora–, es difícil prever cómo será el Nuevo Relato; a menos que se piense que esto termina acá, la plata alcanza y no habrá ningún conflicto.

El discurso puede preverse pero, más allá de cualquier estrategia, la realidad salta encima como un gato cuando menos se lo espera: hace algunos días la palabra “inflación” salió de la segura boca presidencial; hasta entonces, Amado tocaba la guitarra con “reacomodamiento de precios”. Con la crisis mundial pasó algo similar: primero estábamos “blindados”, ahora, de pronto, “interconectados” e indirectamente vulnerables. Hasta ahora, cuando quiso cambiar las cosas, el Gobierno actuó como si recién llegara o perseverando en el error (con las últimas medidas sobre el dólar, claramente anticonstitucionales, terminó fomentando el mercado negro).

En retórica, una “tautología” es una “afirmación obvia, vacía o redundante”: un can es un perro, por ejemplo. Voy a terminar con otra: la realidad existe.

Lord Alfred Tennyson / All Things Will Die (Todas las cosas morirán)

Claramente el río azul repica en su corriente

Bajo mi ojo;
Cálido y ampliamente el viento del sur está soplando

Sobre el cielo.
Una tras otra, las blancas nubes son derretidas;
Cada corazón que esta mañana de mayo está

Latiendo con pasión

Lleno alegremente,
Algún día todas las cosas deben morir.
La corriente dejará de fluir,
La brisa cesará de soplar,
Las nubes cesarán de flotar,
El corazón cesará de latir,
Pues todas las cosas deben morir.
Todas las cosas deben morir.
La primavera no vendrá nunca más;
¡Oh, vanidad!
La muerte aguarda en la puerta.
¡Mira! todos nuestros amigos abandonan
El vino y los festejos.
Nos llaman-debemos ir.
Yace abajo, bien abajo.
En la oscuridad en que debemos reposar.
Las risas alegres están quietas;
El canto del pájaro
No volverá a ser oído,
Ni el viento sobre la colina.
¡Oh! ¡Miseria!
¡Escucha! la muerte está llamando
Mientras yo te hablo,
La mandíbula está cayendo,
La roja mejilla empalideciendo,
Los fuertes brazos abatiéndose,
El hielo con la cálida sangre mezclándose,
La mirada rigidizándose.
Nueve veces la campana resuena:
Vosotras almas alegres, adiós.
La vieja tierra
Dió a luz,
Como todos los hombres lo saben,
Hace tiempo.
Y la vieja tierra debe morir.
Deja entonces que los cálidos vientos rujan,
Y que las azules olas azoten la costa.
Inclusive y más
Vosotros nunca verán
A través de la eternidad.
Todas las cosas que habrán nacido.
Algún día no serán nunca más,
Pues todas las cosas deben morir.

(Traducción propia)

*

Clearly the blue river chimes in its flowing

Under my eye;
Warmly and broadly the south winds are blowing

Over the sky.
One after another the white clouds are fleeting;
Every heart this May morning in joyance is beating

Full merrily;
Yet all things must die.
The stream will cease to flow;
The wind will cease to blow;
The clouds will cease to fleet;
The heart will cease to beat;
For all things must die.
All things must die.
Spring will come never more.
O! vanity!
Death waits at the door.
See! our friends are all forsaking
The wine and the merrymaking.
We are call’d-we must go.
Laid low, very low,
In the dark we must lie.
The merry glees are still;
The voice of the bird
Shall no more be heard,
Nor the wind on the hill.
O! misery!
Hark! death is calling
While I speak to ye,
The jaw is falling,
The red cheek paling,
The strong limbs failing;
Ice with the warm blood mixing;
The eyeballs fixing.
Nine times goes the passing bell:
Ye merry souls, farewell.
The old earth
Had a birth,
As all men know,
Long ago.
And the old earth must die.
So let the warm winds range,
And the blue wave beat the shore;
For even and morn
Ye will never see
Thro’ eternity.
All things were born.
Ye will come never more,
For all things must die.

* * *

Alfred Tennyson, Primer Baron Tennyson, nació el 6 de agosto de 1809 en Somersby, Lincolnshire, Inglaterra y falleció el 6 de octubre de 1892 en Haslemere, Surrey, Inglaterra.

Lista parcial de obras: De Poems, Chiefly Lyrical (1830): The Dying SwanThe KrakenMarianaLady Clara Vere de Vere (1832); De Poems (1833): The Lotos-Eaters, The Lady of Shalott (1832, 1842), The Palace of ArtSt. Simeon Stylites (1833), De  Poems (1842): Locksley HallTithonusVision of SinThe Two Voices (1834), “Ulysses” (1833); De The Princess; A Medley (1847): “The Princess”, Now Sleeps the Crimson Petal, “Tears, Idle Tears”; In Memoriam A.H.H. (1849); Ring Out, Wild Bells (1850), The Eagle (1851), The Sister’s Shame; De Maud; A Monodrama (1855/1856): MaudThe Charge of the Light Brigade (1854); De Enoch Arden and Other Poems (1862/1864): Enoch ArdenThe BrookFlower in the crannied wall (1869); The Window (1871); Harold (1876); Idylls of the King (compuesta entre 1833–1874); Locksley Hall Sixty Years After (1886); Crossing the Bar (1889); The Foresters (teatro, 1891); Kapiolani (publicación póstuma).

Laura Isola / Arte mexicano precolombino, en Proa. El poderío prehispánico

(Publicado en Perfil, 23.10.2011)

Hasta el 8 de enero de 2012 la Fundación Proa presenta “Dioses, ritos y oficios del México prehispánico”, una exhibición que reúne por primera vez en la Argentina más de 150 piezas arqueológicas de las diferentes culturas que habitaron el Golfo de México. Los dioses, sus diversas figuras y representaciones, los múltiples rituales desarrollados en nombre de ellos y los oficios ejercidos por los habitantes de la zona antes de la conquista española.

Personajes. Del centro de Veracruz. Todas ellas están datadas entre los años 600 y 900 d.C.

México es grande y poderoso. No sólo en su período virreinal o su primera revolución del siglo XX o en la actualidad, a pesar de sus ramalazos de violencia, es la inmensidad de su pasado prehispánico la que resulta arrolladora. En Buenos Aires, sobre todo, impresiona aún más. Desde estos arrabales con misiones urgentes como el freno al contrabando de los tiempos coloniales hasta la escasez de vestigios de los pueblos originarios, el país del norte es gigante y causa placer (y un poco de envidia) ver una de sus muestras del patrimonio arqueológico. Dioses, ritos y oficios de México prehispánico, que se exhibe en Proa, es una demostración de ese poderío, en todo sentido. Por un lado, estamos frente a un corpus en el sentido más académico del término. Es una selección de 150 piezas que se concentra en la zona de Veracruz y está conformada sobre el acervo de trece museos, dos casas de cultura, una zona arqueológica y un instituto de antropología. Y la cantidad no es lo único impresionante.
Por el otro, además, estamos frente al despliegue estatal de las impecables instituciones que significa semejante empresa. A su vez, David Morales, su curador, pensó tres ejes que están en el título, a la buena manera de las hipótesis claras: dioses, ritos y oficios. En el centro de ella están los artesanos y lapidarios, trabajadores de la piedra, que son el punto de unión de tres quehaceres, a primera vista un poco disímiles. Por sus manos pasan los dioses. Ellos los tallan, piedra con piedra, sin uso de otras herramientas,  para la cerebración de los ritos. Pero también otro grupo produce los objetos domésticos, las cerámicas, los elementos para los juegos y las pinturas murales.

El panteísmo de los pueblos prehispánicos es bastante conocido y está representado por distintas deidades, según las zonas. En el caso del área cultural mesoamericana, especialmente la veracruzana, hay dos, al menos, que tienen cierta originalidad: Xipetotec, el dios de la fertilidad, y Mictlantecutli, el señor de la muerte. Junto a Tláloc, deidad del agua y muy reconocido por sus orejas y colmillos, y Tlazolteotl, dios narigudo, forman el núcleo duro de las representaciones de las creencias. La bienvenida a la muestra la da Xipetotec con su traje de piel humana, que alude a los desollamientos que se practicaban en el culto a la fertilidad. Una vez que se le quitaba el corazón con una pericia sorprendente al sacrificado, le desprendían la piel y se la ofrendaban a “Nuestro Señor el desollado”. La imagen es notable con su traje de apariencia escamada, ya que es la grasa del cuerpo que queda del lado de afuera.  El sitio más grande al culto de la muerte está en Veracruz y se llama El Zapotal. Allí, la imagen del dios descarnado y reconocible por su cráneo y las diosas que lo acompañan es de tal fragilidad que no ha sido trasladada. Naturalmente no es la única escultura, y como en el Templo Mayor de Ciudad de México o en el British Museum, hay una en esta muestra. Como un muerto vivo, ya que figura ese paso entre un estado a otro, exhibe su tocado y deja ver algunas articulaciones como reflejo de ese tránsito.

Desde una perspectiva actual e irónica, “el que gana, pierde” puede ser el lema sobre el juego de pelota que practicaban los totonacas, según se cree responsables de los vestigios encontrados. Es que el ganador era el sacrificado, ya que era el hombre elegido para ser entregado a los dioses. En El Tajín, uno de los sitios más hermosos de la zona, se encuentra el gran friso que relata la escena del juego y del sacrificio posterior. En la exhibición se puede notar que la versión del juego es la que se hacía con una especie de raqueta y no la que golpeaban con las caderas. Lo que pasa es que es un rito que se extendió durante tres mil años y fue variando en sus reglas e implementos hasta que durante la dominación española fue prohibido por Torquemada.

Cuenta David Morales Gómez, curador de la muestra, que en su recorrida por los distintos museos de los pueblos para seleccionar las piezas, en uno muy pequeño lo recibieron la banda del pueblo, los alumnos de la escuela y un cartel que saludaba al Xipetotec que se iba a Buenos Aires. Así como el desollado, muchos de los objetos de esta exhibición es la primera vez que salen de gira. Algunos de ellos ni siquiera han sido mostrados en sus respectivos lugares. En ese sentido, la muestra no sólo establece un vínculo evidente con la arqueología y la descripción de las funciones de las piezas. Hay una valoración estética de los hallazgos arqueológicos que también es mexicana: la de Rufino Tamayo. Esa que consideró que la belleza de las obras precolombinas tenía un valor semejante al del uso. En su caso y para su propia estética. A veces, hasta mayor.

Dioses, ritos y oficios del México prehispánico

Hasta el 8 de enero de 2012

De martes a domingo de 11 a 19.

Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929)

Nuevas formas de violencia contra la mujer

(Editorial del diario La Nación, 25.11.2011)

El combate real contra el femicidio requiere que se encaren soluciones profundas y urgentes

La violencia contra la mujer ya no sólo delata la forma en la que ésta se ve sometida a maltratos físicos, principalmente por parte de una pareja estable u ocasional. El abanico de agresiones que la tienen como protagonista va hoy mucho más allá. Lo demuestran trágicos hechos de los que se ha tomado noticia durante las últimas semanas, en los que hombres violentos arremeten contra los hijos de las mujeres a las que, por algún motivo, pretenden “castigar”.

El caso de Tomás Dameno Santillán, asesinado a los 9 años, en Lincoln, podría ser una prueba de ello. Todos los indicios de la investigación judicial y policial señalan hoy a la ex pareja de su madre como quien lo mató. Es lo que se denomina “femicidio vinculado”, es decir, los crímenes perpetrados por hombres desencajados contra las personas que mantienen un vínculo familiar o afectivo con la mujer a la que se pretende destruir psicológicamente.

Precisamente hoy, cuando se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, estos hechos adquieren una trascendencia mucho mayor, encienden una señal de alerta que debe obligar a la sociedad a no dar vuelta la cara, a no creer que estos episodios son aislados y, menos aún, que ocurren en el contexto de un determinado estrato social.

Según investigaciones realizadas por la asociación civil La Casa del Encuentro, fueron 207 los femicidios cometidos en la Argentina en 2008; 231, en 2009, y 260 en 2010. Esa asociación también señala que en el primer semestre de este año fueron 151 la mujeres asesinadas.

Un reciente informe realizado por el Ministerio de Salud bonaerense reveló que en lo que va del año se contabilizaron 244 casos de violencia familiar y sexual en ese distrito, y que del total de hechos el 76 por ciento de las víctimas fueron mujeres.

Pero hay algo más grave aún: a pesar de los esfuerzos por relevar a toda la provincia, sólo se pudieron obtener datos de la tercera parte de su territorio. De un total de 12 regiones sanitarias en las que está dividida, sólo la tercera parte aportó datos.

Coinciden los gobiernos que han tomado este tema como política de Estado y las instituciones y ONG que trabajan en procura de una solución a semejante aberración humana en que la falta de información es el principal aliciente para que estos delitos se sigan cometiendo impunemente.

Prevenir y accionar sobre la violencia doméstica, generar protocolos de atención en hospitales públicos y privados, crear equipos de ayuda a las víctimas y alentar y proteger su derecho a denunciar a quien la tortura son acciones básicas que la sociedad debe ir incorporando.

Un paso importantísimo en la lucha contra la violencia doméstica lo dio la Corte Suprema de Justicia de la Nación cuando creó una oficina especial para atender estos casos y comenzó a elaborar estadísticas para, por un lado, tener una dimensión real del problema y, por otro, contribuir al desarrollo de programas de prevención.

Otro de los ejes de la Corte para decidir la creación de la Oficina de Violencia Doméstica fue atemperar los efectos de la dispersión jurisdiccional. Esa dependencia atiende durante las 24 horas, todo el año, en Lavalle 1250, en esta ciudad.

Coinciden las estadísticas del alto tribunal en situar a las mujeres como las personas más afectadas por la violencia de ese tipo (66 por ciento), seguidas de los niños (14%), las niñas (13%) y los varones adultos (7 por ciento).

En cuanto a la relación entre la persona afectada y la denunciada, el 33 por ciento han sido agredidas por ex parejas; el 25%, por concubinos, y el 20%, por cónyuges.

En tanto, la asociación civil Observatorio de Femicidios en la Argentina, coordinada por La Casa del Encuentro, relevó que entre el 1° de enero y el 31 de octubre de este año 18 mujeres fueron asesinadas por sus novios o ex parejas.

Las cifras resultan alarmantes e invitan a reflexionar sobre qué es lo que, como sociedad, estamos transmitiendo a los más chicos, cuál es la imagen del hombre y de la mujer que la realidad cotidiana ayuda a construir para volver el foco a los modelos que deberíamos perseguir a fin de evitar y erradicar este mal.

Para todos los casos de violencia doméstica, las recomendaciones de los expertos son realizar rápidamente la correspondiente denuncia; no juzgar ni presionar a la víctima, sino fortalecerla, y hacerle entender que ella no es la causante del problema y que necesita ayuda.

Finalmente, enseñar a su entorno que no debe ignorar el asunto, sino ponerlo en conocimiento de las autoridades. De ese modo, tal vez el año próximo, cuando vuelva a conmemorarse este día internacional, las estadísticas puedan mostrar un franco descenso.

El 76 por ciento de víctimas de violencia de género son mujeres de entre 15 y 34 años

(Publicado en perfil.com, 24.11.2011)

Cómo se reproduce el mapa de las víctimas durante 2011. Qué dicen las autoridades.

El 76 por ciento de los casos de violencia familiar y sexual de la provincia de Buenos Aires tiene como víctimas a mujeres de entre 15 y 34 años, informó el ministerio de Salud bonaerense. Así lo revelan las primeras estadísticas oficiales de violencia de género en la Provincia de Buenos Aires dada a conocer por la cartera sanitaria provincial.

Los tipos más frecuentes de violencia detectada fueron de tipo física, con el 38 por ciento de los casos; seguida por la violencia verbal y/o psicológica, con el 31 por ciento; y la violencia sexual, que abarcó al 15 por ciento de los casos.

El ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia, aseguró que “es muy importante contar con cifras e información precisa que permitan conocer la magnitud de la violencia de género, ya que nos posibilita aplicar políticas públicas ajustadas a la realidad para prevenirla y contener a las víctimas”.

Las primeras Estadísticas sobre Violencia Familiar y Sexual del Programa Provincial de Salud fueron realizadas en hospitales públicos y centros de atención primaria de las regiones sanitarias IV, VII, VIII y XI de la provincia de Buenos Aires. Según precisó la cartera provincial, se contabilizaron 244 casos en lo que va de 2011.

Los datos fueron producidos por las direcciones de Epidemiología y Medicina Preventiva del Ministerio y de los 244 casos registrados en 2011, la mayoría corresponde a mujeres de entre 15 a 24 años, seguidas por el grupo de edad que va entre los 25 y 34 años; en tercer lugar, en tanto, las víctimas registran entre 10 a 14 años de edad.

En los 244 casos de violencia de género contabilizados 104 fueron de violencia física, 87 de violencia psicológica y/o sexual, 67 de violencia física y verbal y/o psicológica, 39 de violencia sexual, 23 de violencia económica y 8 de violencia física y sexual.

Otro dato que surge del estudio es que la violencia física es preponderante en mujeres de 15 a 34 años; la violencia sexual es preponderante en mujeres de 10 a 14 años: 17 de 39 casos; y la violencia verbal y/o psicológica es preponderante en mujeres de 25 a 34 años.

Por último, un dato esperable es que la violencia familiar y sexual se da mayormente en casos de convivencia: en el 51 por ciento de los casos la víctima convive con su agresor.

Sólo 78 países de los 192 que conforman la ONU tienen información estadística sobre violencia de género y, en América Latina y el Caribe, sólo 16 países cuentan con información sobre violencia de género.

XXIX Premio Herralde de Novela: Los Living, de Martín Caparrós

(Publicado en Perfil, 13.11.2011)

Una farsa trágica

El escritor argentino Martín Caparrós (1957) obtuvo el XXIX Premio Herralde de Novela, que concede la editorial Anagrama, con una obra sobre la relación de los hombres con la muerte titulada “Los Living”, que saldrá a la venta en la Argentina en pocas semanas.

AFP

Martín Caparrós lo hizo de nuevo. En 2004, obtuvo el Premio Planeta con su novela Valfierno, y ahora acaba de hacerse con la XXIX edición del Premio Herralde de Novela, que concede la editorial Anagrama, con una obra sobre la relación de los hombres con la muerte titulada Los Living. la novela narra las vicisitudes de un hombre cuya infancia queda marcada por la muerte de su padre y de su abuelo y se convierte en un adulto fascinado por el tránsito entre la vida y el más allá. “Tengo que reconocer que la muerte está presente en toda mi obra”, dijo Caparrós en rueda de prensa, a poco de conocer la noticia. Caparrós explicó que la novela, que saldrá a la venta en pocas semanas, es “una farsa trágica” que empieza con un tono de “picaresca contemporánea con toques de humor y poco a poco se va volviendo más densa y amarga”. “Me gustaría que el lector se quedara con una sensación semejante a aquellos manjares que son dulces al entrar en la boca y amargos al acabar de tragarlos”, añadió.

El protagonista se llama Nito y nace en Buenos aires el día que muere Perón, el 1º de julio de 1974. El relato transcurre a lo largo de unos años “raros en la historia de Argentina, en los que suceden cosas como la Guerra de las Malvinas”, pero “en ningún caso se trata de una novela histórica”, subrayó el autor. Durante su adolescencia, el protagonista sufre la pérdida de dos de sus seres más queridos y un sacerdote decide utilizar al joven como “arma para extender el miedo a la muerte entre la gente y conseguir más adeptos”. De esta manera,  se convierte en “un propagandista de la muerte”, acosado por preguntas como: “¿Cuál es nuestra relación con los muertos? , ¿se puede mantener contacto con ellos? o ¿siguen entre nosotros?”. Esta obsesión lo lleva a buscar fórmulas para hacer entender a la sociedad que no es fácil deshacerse de los muertos, y finalmente, opta por embalsamarlos y dejarlos entre los vivos. Así, por ejemplo, la abuela de una familia puede seguir sentada en el sillón donde tenía por costumbre hacerlo, aunque inmóvil. De ahí el título de Los Living, en referencia al salón de la casa donde los muertos siguen presentes. Caparrós reconoce que se trata de “una novela fuertemente argentina” porque “empieza de una manera y acaba de otra totalmente distinta”.

Caparrós se presentó al Premio Herralde de Novela, que está dotado con 18 mil euros (unos 24.700 dólares), con el seudónimo de Alberto de Santos.

Sergio Sinay / La sociedad que devora a sus hijos

(Publicado en La Nación, 22.11.2011)

¿Cómo podría sobrevivir un grupo humano que no valorara y cuidara a sus niños y jóvenes?, se pregunta James Rachels (1941-2003) en su extraordinaria Introducción a la filosofía moral. No es casual que un interrogante así se plantee en dicha obra. El cuidado de los chicos y los jóvenes es una cuestión moral. Para cualquier grupo humano, desde una familia hasta un país en su conjunto, la valoración y el cuidado de ellos está vinculado a la continuidad de su historia, a la transmisión y honra de los valores esenciales de la vida y a la trascendencia. Rachels señala: “Si un grupo no cuida a sus jóvenes estos no sobrevivirán y los miembros más viejos del grupo no serán remplazados. Después de un tiempo el grupo se extinguiría”. Cualquier grupo que continúe existiendo debe cuidar a sus jóvenes, dice. Y concluye con énfasis: “Los niños a los que no se cuida deben ser la excepción, no la regla”.

La sociedad argentina ha dejado de valorar y cuidar a sus niños y jóvenes, más allá de palabras y declaraciones. Es un fenómeno creciente, masivo y, lo peor, tiende a naturalizarse. Cada semana una o más tragedias tienen a chicos y jóvenes como protagonistas y víctimas. Los nombres se suceden en una desquiciada sucesión. Psicópatas afectivamente desairados matan o maltratan a chicos. Jóvenes se matan alcoholizados en las rutas en cantidades que los medios no alcanzan a mensurar, pero que cuando se viaja por el país (lo hago semana a semana) se comprueba en cada ciudad o pueblo que llora a sus chicos. Las sobredosis de droga y los comas alcohólicos son pan de cada madrugada entre viernes y domingos, los médicos de guardia dan fe de ello con desaliento y ante oídos sordos. Los chicos y jóvenes son desvalorizados y descuidados de muchas maneras, todas costosas y dolorosas. Por padres que se despreocupan de ellos y creen que su función está cumplida con comprarles todo, enviarlos a colegios caros, darles “libertad” (es decir, desentenderse de poner límites a partir de valores), ser “amigos” (o sea, privarlos de una referencia adulta) o llenarles la agenda de actividades que los mantengan ocupados o entretenidos para que el ejercicio de la paternidad y la maternidad no sea cargoso. También son desvalorizados y descuidados por funcionarios educativos de diversos niveles que los convierten en estadísticas, en power points o en conejitos de Indias de experimentos documentos y discursos oportunistas, chicaneros, vacíos y populistas (no es con una notebook por alumno como se cuida a chicos reales, de carne y hueso, con necesidades verdaderas).

Los chicos y los jóvenes son descuidados cuando se los deja a merced de quienes ven en ellos sólo mercados o bocados. Industrias varias (alcohol, comida chatarra, artefactos de conexión, toda la industria de la noche y buena parte de la de diversión) afinan sus argumentos e instrumentos para atraerlos voraz y vampíricamente ante la ausencia de filtros y contención. Los chicos y los jóvenes son el objeto con los que los adultos de esta sociedad juegan al Gran Bonete. Lo hacen, sobre todo, a la hora de las tragedias, esa hora que cada vez se repite con más frecuencia. Todos culpan a todos. Padres a autoridades. Autoridades a padres. Todos a dealers y comerciantes. Muchos a la mala suerte. Nadie se hace cargo. Responsabilidad cero. Mientras tanto se siguen perdiendo vidas breves y futuros largos. Se suceden las tragedias evitables, las muertes que involucran a chicos y chicas, los abusos, el descuido. Todo eso se hace regla y no excepción. Como se hacen regla los tardíos lamentos paternos o las palabras huecas, irónicamente crueles, de gobernadores, intendentes u otros funcionarios que, como parte del oficio, aparecen y ponen cara de circunstancia a la hora de las tragedias.

Como Cronos, el titán griego hijo de Gaia, la tierra, y de Urano, el cielo, quien devoraba a sus hijos a medida que nacían por temor a ser destronado por ellos, la sociedad argentina (una parte significativa de ella, que incluye a representantes de todas las actividades y clases sociales) malogra serialmente la vida de sus hijos. Cuando algo ocurre una vez es un hecho. Cuando sucede nuevamente es una casualidad. Si se repite como hábito es una coincidencia significativa, según las llamaba Carl Jung. Las coincidencias significativas no obedecen al azar ni a la mala suerte. Tienen significados y correlaciones concretos y profundos. Quizás sea hora de preguntar seriamente qué les sucede a los adultos de esta sociedad. Qué los tiene tan distraídos respecto de sus responsabilidades. Cuál es la urgencia (de diversión, de acumulación económica o material, de arribar, de pertenecer, de figurar, de tener, de poder, de. ¿de qué?) que los tiene abducidos. Si es grave que, como miembro de una comunidad humana, cada uno se preocupe sólo de si a él le va bien, ciego a los otros o al devenir, lo es muchísimo más la despreocupación y la inacción ante sus hijos. Porque la gravedad del asunto hace que hoy debamos pensar en todos los chicos y jóvenes como en nuestros hijos, y no sólo en aquellos que hemos parido.

No son el precio del dólar, las tramoyas internas de un poder político ensoberbecido y narcisista, las patéticas piruetas de una oposición sin brújula y sin propósito, la desorientación patológica del técnico de la selección de fútbol y sus jugadores o el último juguete tecnológico (que será viejo antes de que parpadeemos) los que determinarán y mostrarán el sentido y el futuro de esta sociedad y de la vida de sus integrantes. Todo eso es coyuntura y lo coyuntural perece con los relojes y calendarios. Mientras el descuido imputable de chicos y jóvenes se acentúe, mientras carezcan de modelos y de presencia adulta nutricios que les permitan ante todo vivir y luego desarrollar sus potencialidades en un ámbito de amor y cuidado, el futuro será de pronóstico incierto y sombrío. Dicho todo esto, seguramente habrá quienes se apuntarán para matar al mensajero. Mientras tanto, ¿cómo se evitará la próxima tragedia?.

* * *

Sergio Sinay nació en Buenos Aires el 10 de agosto de 1947.

Obras: Che Guevara (para principiantes), Inolvidable (El libro del bolero y del amor), Gestalt (para principiantes), Hombres en la dulce espera (Hacia una paternidad creativa), El amor a los 40 (Los caminos hacia la plenitud amorosa en la mitad de la vida), Esta noche no querida (El fin de la guerra de los sexos y la aceptación de los valores masculinos), La masculinidad tóxica (Un paradigma que enferma a la sociedad y amenaza a las personas), El hombre divorciado (Descasarse y empezar de nuevo), Misterios masculinos que las mujeres no comprenden (Por qué los hombres hacen lo que hacen, dicen lo que dicen y piensan lo que piensan), Las condiciones del buen amor (Un camino hacia los encuentros posibles), Vivir de a dos (O el arte de armonizar las diferencias), Cuentos machos, Ser padre es cosa de hombres (Redescubriendo y celebrando la paternidad), Elogio de la responsabilidad, La sociedad de los hijos huérfanos (Cuando padres y madres abandonan sus responsabilidades y funciones), Conectados al vacío (La soledad colectiva en la sociedad virtual), La sociedad que no quiere crecer (Cuando los adultos se niegan a ser adultos), La vida plena (Vivir con valores, vivir con sentido), La felicidad como elección (La dicha posible más allá de las falsas ilusiones), Sanar la pareja (Cuando el amor repara lo que el desamor hiere).

www.sergiosinay.com

Ralph Towner, música

(ambos temas de Solstice, 1975)

(De From a Dream, 2008)

Ralph Towner nació el 1 de marzo de 1940 en Chehalis, Washington, EEUU. Ejecuta varios instrumentos con una calidad extraordinaria: guitarra de doce cuerdas, guitarra clásica, piano, sintetizador, percusión y trompeta, y también es compositor y arreglador.

Discografía: Trios / Solos (1972, con Glen Moore), Diary (1974), Matchbook (1975, con Gary Burton), Solstice (1975), Sargasso Sea (1976, con John Abercrombie), Solstice / Sound and Shadows (1977), Batik (1978), Old Friends, New Friends (1979), Solo Concert (1979), Five Years Later (1982, con John Abercrombie), Blue Sun (1983), Slide Show (1986, con Gary Burton), City of Eyes (1989), Open Letter (1992), Oracle (1994, con Gary Peacock), A Closer View (1995 [1998], con Gary Peacock), Lost and Found (1996), Ana (1997), If Summer Had Its Ghosts (1997, con Bill Bruford & Eddie Gomez), Anthem (2001), Time Line (2006), From a Dream (2008, con Slava Grigoryan y Wolfgang Muthspiel), Chiaroscuro (2009, con Paolo Fresu).

Con Oregon: Oregon (1983), Crossing (1984), Ecotopia (1987).

Como acompañante: con Egberto Gismonti: Sol Do Meio Dia (1978)

Martín Kohan / Timote

(Publicado en Perfil, 20.11.2011)

Hay lugares que quedan marcados por las huellas de la muerte para siempre. Boulogne Sur Mer, Barranca Yaco, Santa Marta, José León Suárez: es imposible pensar en esos sitios sin pensar en las distintas muertes que ahí se dieron o se encontraron. Timote ya portaba de por sí las huellas de la muerte, las huellas de una muerte. Una muerte y no cualquiera: justo ésa que definió el sentido que iban a tener el matar y el morir a lo largo de toda una época.

No se pensó aquel acto como venganza, se pensó como justicia. Los verdugos de Aramburu debieron ser sus jueces primero, y también sus fiscales, y también sus carceleros. Fue una muerte política en el sentido más cabal de la expresión: nada personal se ponía en juego en el asunto, no había cuestiones privadas de por medio. El campo a veces puede ser un perfecto lugar de encierro. A Aramburu lo encerraron en el campo, en el reino de lo abierto.

Pasaron más de cuarenta años y el sentido de esa muerte sigue siendo todavía escrutado, indagado, inquirido. Beatriz Sarlo ha escrito un ensayo para pensarlo. José Pablo Feinmann, desde otro lado, una novela. Rafael Filipelli filmó la sustancia de ese hecho: la espera y el paso del tiempo.

A Tomás Dameno Santillán acaban de enterrarlo precisamente en Timote. Tenía, como sabemos, 9 años; lo mataron, como sabemos, de dos golpes en la cabeza. En el campo, en un campo. Sin otra motivación que la venganza y sin otro instinto que el de la pura injusticia, porque matar a un chico de esa edad es siempre una absoluta injusticia. Fue un crimen y fue pasional, cuestión personal, asunto privado. Pasional pero en desvío, es decir con perversión; porque el modo directo del crimen pasional consiste en dar muerte al objeto de esa pasión, y no como en este caso, al objeto de su pasión, para herir de manera indirecta. Dicen los primeros peritajes que lo mataron de inmediato, sin ninguna espera, sin darse tiempo.

No van a bastar cuarenta años, ni tampoco cuatrocientos, para dar un sentido a esta muerte. La motivación sí podrá, llegado el caso, establecerse; pero su sentido no. Es con el completo sin sentido con lo que hay ahora que lidiar, es la falta de sentido lo que es preciso soportar ahora.

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Martín Kohan nació en Buenos Aires, en enero de 1967.

Obras: La pérdida de Laura (1993, novela), Muero contento (1994, cuentos), El informe (1997, novela), Una pena extraordinaria(1998, cuentos), Imágenes de vida, relatos de muerte (Eva Perón, cuerpo y política) (1998, ensayo, en colaboración con Paola Cortés Rocca), Los cautivos (2000, novela), Dos veces junio (2002, novela), Zona urbana (Ensayo de lectura de Walter Benjamin) (2004, ensayo), Segundos afuera (2005, novela), Narrar a San Martín (2005, ensayo), Museo de la revolución (2006, novela), Ciencias morales (2007, novela), Cuentas pendientes (2010, novela).

Gabriela Oprandi / Formas del femicidio. En 2011, 17 chicos fueron asesinados con el fin de castigar a las madres

(Publicado en Perfil, 19.11.2011)

Tomás Santillán fue el último de 17 menores asesinados por violencia de género en lo que va del año, según datos que recopiló la ONG La Casa del Encuentro. Los casos entran en la categoría “femicidio vinculado”. Es decir: muertes causadas por hombres que buscan castigar y destruir psíquicamente a la mujer que pretenden dominar. En el informe figuran víctimas de distintas edades, desde bebés de meses hasta una chica de 12 años.

El primer caso del año ocurrió el 1º de enero, cuando Sofía Blanco de 9 años fue asesinada a puñaladas junto a su madre Silvia Mehaud. Juan Carlos Bianco, el padre, fue detenido por el ataque. Poco tiempo después, el 17 de marzo, en Rosario, Osvaldo Bernal le cortó el cuello a su hijo Agustín, de cinco meses. También hirió a su otro hijo de 5 años, con el mismo cuchillo. Los hechos se repitieron en distintos lugares y con diferentes modalidades. El 13 de junio Jaquelin Bárbara Cruz, de 3 años, fue estrangulada en Alto Comedero, provincia de Jujuy. Su padre era un policía de 26 años, que la asesinó y se quitó la vida.

En Calafate, el 2 de agosto, fueron hallados muertos dos nenes de 4 y 7 años junto con su madre embarazada. El crimen fue atribuido al padre que se suicidó. Ese mismo mes fueron degollados Andrea Rodríguez, de 12, Cynthya Maldonado, de 7, y Jorge Maldonado, de 4, en la localidad correntina de Lomas del Mirador. Su padrastro, Pablo Luis Alfonso, se mató luego de ser acusado por el crimen.

Entre el 4 y 6 de septiembre, Alexandra Alem, de 8 años, y su hermano Maximiliano, de 11, fueron baleados mientras dormían en su casa del partido bonaerense de 25 de Mayo. El doble crimen fue adjudicado a su padre que se mató de un disparo en la cabeza.

El último caso antes del asesinato de Tomás, había sido el 27 de octubre en el partido de Ramallo, cuando Jorge Videla, de 9 años, murió asfixiado y golpeado. Fue encontrado en un monte a 200 metros de su casa. Su padre está actualmente detenido sospechado de ser el autor. En muchos de los casos, había denuncia previa de agresiones sufridas por la madre.

Según la Iglesia, el 35% de los habitantes del área metropolitana es pobre

(Publicado en La Nación, 18.11.2011)

Estas cifras difieren de las que maneja el Gobierno nacional; de acuerdo al informe, un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo

La Iglesia advirtió hoy que es pobre el 35 por ciento de los 12,8 millones de habitantes del área metropolitana, al presentar un diagnóstico de la realidad social local que difiere de las cifras que maneja el Gobierno nacional y que reveló que un 51 por ciento de la población adulta tiene empleo irregular y casi un 26 por ciento corre riesgo de desempleo.

El estudio de Cáritas Argentina y el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina determinó que el 10 por ciento del total de habitantes reside en villas de emergencia y casi el 13 por ciento vive “hacinada” en viviendas donde se registra la presencia de tres o más personas por cuarto.

El informe social alertó, además, que un 13 por ciento de la población padeció hambre o tuvo dificultades para acceder a alimentos, y que uno de cada diez niños de entre 5 y 17 años realizó una actividad laboral en forma regular.

Sebastián Campanario / Economía política y sesgos de conducta. Sutilezas de psicología para atenuar el costo político de las medidas

(Publicado en Clarín, 17.11.2011)

Se usaron principios de la economía del comportamiento para maquillar la presentación.

Por SEBASTIÁN CAMPANARIO
Scampanario@clarin.com

Las personas tienden a aceptar de mejor gana medidas que son costosas para su bolsillo cuando saben que hay una chance de evitarlas, aunque luego en la práctica no utilicen esta alternativa . Obstáculos burocráticos, por más pequeños que sean, pueden ser muy eficaces para orientar decisiones a nivel masivo. Y el “encuadre” -la forma de presentación- de una medida determina la percepción psicológica que tendrá la sociedad sobre el anuncio.

Los tres principios figuran al tope de la agenda de la denominada “economía del comportamiento” -la rama que cruza economía con psicología- y estuvieron presentes ayer en la estrategia oficial para atenuar el costo político de la movida.

“Hay principios de la economía del comportamiento que se están aplicando bien para presentar una medida que tiene un costo alto para el bolsillo de la gente, y otros que se podrían agregar”, explica el economista Martín Tetaz, profesor de la Universidad Nacional de la Plata y especialista en psicología cognitiva. “Las personas tienden a aceptar de mejor gana un resultado malo cuando se les da la chance de evitarlo”, dice Tetaz, por más que en la práctica luego no utilicen esa posibilidad.

Lo que se conoce como “efecto statu quo” también aplica en este caso: la tendencia de los seres humanos a no realizar cambios hace que las opciones que se presentan “por default” sean mucho más poderosas de lo que se pensaba. Aquí se supone que se acepta la caída del subsidio si no se realiza un trámite para exceptuarse. “Pequeños obstáculos pueden lograr enormes resultados a nivel agregado”, dice Richard Thaler, profesor de Chicago, pope de la economía del comportamiento y con más de diez discípulos en el equipo de Obama.

Thaler es un promotor, por caso, de generalizar la condición de donante de órganos de las personas, a menos que se haga un trámite para desactivarla. O de que, por default, todos deban hacerse un chequeo médico al año , que se cancela con una burocracia costosa en tiempo.

Tetaz tiene otras dos sugerencias de psicoeconomía para la reducción de subsidios. Una es que se realice en la forma más gradual posible : “Hay un viejo concepto de psicología de la percepción, descubierto por Ernts Weber y Gustav Fechner; la Diferencia Apenas Perceptible (DAP): si la baja del subsidio se hace en cantidades mínimas y sucesivas, el bienestar social se ve muy poco alterado”.

El otro consejo es que la boleta de luz pase a ser mensual en lugar de bimestral : el costo suele percibirse en relación a otros valores y no en forma absoluta. “Dos por 44 pesos no es lo mismo que uno por $ 88, en términos de percepción”, grafica el economista platense.

El tema del encuadre (“ framing ” en inglés) se volvió fundamental para cualquier anuncio. Al hacer énfasis en Barrio Parque, Puerto Madero y los countries, se logra que la atención se centre en un aspecto amigable de la medida : nadie -salvo algunos afectados- está de acuerdo con que el Estado subsidie la climatización de piletas en barrios de lujo. Y el costado más impopular -el hecho de que los aumentos de tarifas se irán generalizando a los sectores medios en un esquema gradual- logra sostenerse en un segundo plano.

Francisco de Zàrate / España y la crisis europea. José Luis Sampedro: “La lógica del capitalismo ya no funciona”

(Publicado en Clarín, 16.11.2011)

Escéptico ante los intentos de solución de la crisis, el economista y escritor español sostiene que el modelo creado para resolver problemas del feudalismo perdió su vigencia en la era de la ciencia y las comunicaciones.

Por FRANCISCO DE ZÁRATE, MADRID, ESPECIAL
fzarate@clarin.com

“Aboga por una economía más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos”. La primera definición que da la Wikipedia en español de José Luis Sampedro no podría ser más acertada. En una entrevista sobre la crisis europea, el futuro del capitalismo y el presente español, el economista y escritor de 94 años, conocido en la Argentina por novelas como Octubre, Octubre o La sonrisa etrusca, toma posiciones desde la primera pregunta.

- ¿Fue la convocatoria frustrada de un referéndum en Grecia lo que terminó con la dimisión de Silvio Berlusconi en Italia? ¿O fueron los mercados?

- Los mercados. En todo caso, si a Papandreu se le ocurrió convocar el referéndum, fue porque lo presionaron los mercados.

- El país que pide prestado, ¿no acepta el juego del que le presta?

- Bueno, ¿pero cuál es su juego? Primero, no hablemos de los mercados sino de los mercaderes, que es una cosa distinta. ‘Mercados’ es una abstracción que desculpabiliza las cosas. Parece como si fuera el destino y no es así. Son unos señores que tienen el poder del dinero y fuerzan las cosas. ¿Por qué ocurrió la crisis? Porque estos señores forzaron las cosas y entraron en operaciones completamente irresponsables, no porque los países les hubieran pedido mucho crédito. Empezó en Estados Unidos con los bancos haciendo que la gente pobre comprara. Se dieron toda clase de facilidades para tener más clientes, ser más importantes, tener más volumen… Esa codicia de los mercados es la que ha desencadenado todo. El juego de los mercados debía haberse atajado hace mucho por los defensores de los intereses del pueblo, que eran los gobiernos y que no lo atajaron. Por eso los mercados pudieron lanzarse hasta que llegó un momento en que se pillaron los dedos con sus propios atrevimientos. Hay que darle la vuelta a la cuestión.

- ¿Cómo puede un gobierno resistir la tentación de permitir estas herramientas financieras en el momento en que parecen estar generando riqueza?

- Evidentemente, el crédito es necesario para el funcionamiento de la economía. Nadie lo discute. Ahora bien, el crédito responsable. Lo que pasa es que no se conforman con ganar dinero con el dinero de los demás. Quieren un poder político que además tienen, porque como financian campañas públicas o resuelven apuros, tienen agarrados a los gobiernos.

Lo monstruoso es que no hay duda de que la crisis empezó por el abuso de los financieros. Se pillaron los dedos y ahora quieren recapitalizar la banca estrujando a la gente. No les importa privar a los pueblos de dinero que podrían aplicar para sus obras, o perjudicar a la educación pública que da oportunidades a la gente. No les importa que se privaticen bienes nacionales para que les paguen a ellos, no. Ellos quieren cobrar.

Ante esa pretensión, que es la del mercader de Venecia de Shakespeare, que quería la libra de carne si no le pagaban, alguien tiene que defender a los pueblos, que son más débiles que los banqueros. Eso tendrían que hacerlo los gobiernos pero resulta que los gobiernos no defienden a los pueblos. Veintisiete gobiernos europeos no tienen capacidad ni siquiera para crear una oficina oficial de calificación de riesgos, algo que a mí me asombra. ¿Por qué tienen que decir tres empresas privadas, que se lucran profundamente con ello, si el país tal es solvente o no? ¿Por qué no se hace eso con una entidad oficial, lo mismo que se hace para la sanidad o para otras cosas?

- Porque los gobiernos se tendrían que evaluar a sí mismos…

- Bueno, pero ya también se evalúan cuando crean una oficina internacional para la salud que mide los efectos de la lucha contra la tuberculosis…. ¿Acaso no hay una división de poderes en las instituciones que permite esa auto evaluación?

- Es más tentador modificar una nota que va a suponer millones de euros en el presupuesto. Los incentivos de una agencia reguladora estatal parecen más viciados…

- ¿Más que los de la reguladora privada? ¿De quién son los intereses que defiende la privada? Si la pública defiende intereses, serán los de los gobiernos. Después de todo, los gobiernos son votados, pero a las tres agencias no las votó nadie y tienen un poder superior al de los 27 gobiernos de Europa.

- ¿Cómo propone terminar con esa vinculación entre el sistema financiero y el poder político?

- Lo que está pasando es que no hay democracia real. Las votaciones no sirven para nada porque no hay demócratas y no hay demócratas porque la domesticación de los pueblos empieza en la educación. En la infancia se educa para tener gentes sometidas. Una vez que está eso hecho, la democracia no se puede arreglar. A largo plazo, la solución es la re-educación, pero a corto plazo, la solución es lo que está pasando: que empiece la gente a sublevarse contra eso, a reclamar contra eso, en Europa y fuera de Europa.

El valor supremo del sistema capitalista es el dinero. Fue inventado hace cinco siglos para enfrentar unos problemas que la Edad Media no resolvía, pero ahora han cambiado las cosas. La técnica ha evolucionado de una manera fabulosa. La lógica del capitalismo, que es tomar decisiones exclusivamente por el beneficio monetario a corto plazo, ya no funciona. El desarrollo que llamamos sostenible es completamente insostenible. Estamos ya en siete mil millones de habitantes cuando hace sólo 100 años, éramos dos mil millones, ¿se triplicó la capacidad productiva del planeta en un siglo? Los que estudian la huella ecológica dicen que no, que desde los años 90 estamos destrozando más de lo que creamos. ¿Por qué se produce eso? Porque el sistema piensa en el beneficio y el rendimiento inmediato.

La informática, con Internet, los blogs, Twitter y todas esas formas de difusión y comunicación han alterado ya las relaciones entre los seres humanos y están transformando las actuaciones políticas. Las fuerzas más conservadoras, los dueños del dinero, se ven amenazados por esto que no pueden controlar ni dominar, ¿cómo censuras Internet? ¿Cómo evitas las comunicaciones? No lo pueden impedir.

En el fondo del problema económico hay un problema político. Algo parecido a lo que ocurrió con el levantamiento del ’68 en París. Pero entonces hubo una reacción contra lo que empezaba a ocurrir. Consiguieron refrenarlo y por culpa del miedo vino el neo-liberalismo de la Thatcher y Reagan. El miedo es mucho más poderoso que ningún otro móvil. Tenían miedo, montaron el neo-liberalismo y se justificaron ideológicamente con economistas. Como decía muy bien Galbraith, en los últimos decenios del siglo XX, la mayoría de lo que han dicho los economistas importantes, como Milton Friedman y demás, era lo que querían oír los poderes establecidos. Se legitimaban a sí mismos.

Ahora, una de las formas en que quieren imponer su poder es a través de la deuda y de los créditos. Toda esta presión es mucho más política que económica. Pensar que países ricos de Europa, como Alemania, necesitan urgentemente que los griegos paguen… eso no se lo cree nadie. No tienen esa urgencia. Lo que quieren es ejercer y demostrar su poder y lo están demostrando. Agarran unas democracias y cambian, sin elecciones y sin pueblo, al gobernante.

Así como hace 500 años una sociedad feudal se enfrentó con unos problemas que no podía resolver, ahora una sociedad basada en el valor supremo del dinero se enfrenta con una técnica y posibilidades de acción que no son los de su tiempo.

- Frente a la solución de austeridad más desregulación que aplica Europa para combatir la crisis, Brasil y la Argentina optaron por el keynesianismo de aumentar el gasto público, ¿qué opina?

- Yo soy mucho más keynesiano, ¿qué pasó con la crisis de 1929? Que no salieron hasta que no llegó Roosevelt, tomó las riendas y se dedicó a construir el pantano de Tennessee y las obras que se hicieron entonces. Yo soy partidario de evitar gastos injustificados, pero gastos de inversión, ¡claro que sí! ¿Cómo vamos a tener crecimiento sin inversión? Se dice que hay que crear confianza, pero hombre, si los empresarios ven que se hacen obras públicas, pues se van animando.

- El problema de ese planteamiento es la inflación…

- Sí, claro, el problema es la inflación, pero bueno, ¿y el otro problema contrario? Por el método de los ajustes brutales no estoy. Una cosa que me indigna profundísimamente son los recortes a la enseñanza. A lo mejor es porque fui profesor toda mi vida, pero me parece un robo tan brutal a la clase pobre que es indignante. Si usted se dedica a degradar la enseñanza pública, como pasa en Madrid, y a darle más dinero a la enseñanza concertada (colegios privados financiados parcialmente por el Estado español), por muy buenos que sean los profesores de la pública no van a poder trabajar igual de bien con clases numerosas… Lo que termina pasando es que hay una enseñanza privada financiada con fondos públicos y una enseñanza pública que no funciona. Entonces se dice que los padres tienen derecho a elegir la educación de sus hijos pero es una mentira brutal porque el obrero no puede elegir un sitio u otro. Él querría llevar a su hijo a la concertada, pero como tiene que pagar, no puede. Así que se toma el dinero del pueblo y se dedica a la educación de los privilegiados que luego serán los que mandan. Y al otro le dicen que elija, pero elige lo que le dan. Un robo monstruoso.

- ¿El gobierno de Zapatero tomó medidas de desregularización que al PP no se le habrían permitido?

- Lo lamento, pero el partido socialista fue poco socialista. Un partido que organiza el viaje del Papa, por poner un ejemplo concreto… ¿qué sentido tiene eso en este momento de crisis? Frente a la Iglesia, el PSOE fue absolutamente entregado, derribado, no fue socialismo. Además de las privatizaciones… Mire usted, es una pena, pero socialismo socialismo no hemos vivido mucho. Eso desengaña a los votantes del socialismo. La derecha cuenta con una ventaja y es lo que llaman en Estados Unidos los family values, un bloque tradicional que le es fiel, haga lo que haga y apoyado por la Iglesia, que también quiere el voto tradicional. Esa gente vota al PP como sea.

Yo no estoy contento con ninguno, pero claro, entre que gobierne el socialismo o el PP, yo prefiero el socialismo con todos sus defectos. El gobierno del PP, a mi juicio, es insensible. No tiene escrúpulos de ninguna clase. Si hay que hacer recortes, los hará tan tranquilo y obedecerá por completo lo que le manden los bancos o los de más allá.

- Uno de los eslóganes de campaña del PP es que van a recuperar la economía, ¿qué opina?

- Yo no tengo ninguna confianza en que venga el PP y resuelva el problema. El problema español no es un problema aislado. Es un problema de Europa entera. Lo mismo que no se puede decir que Zapatero tuvo la culpa de la caída de los bancos en Estados Unidos, tampoco se puede pensar lo contrario, que porque viene Rajoy se arregla España. Si Rajoy arreglase España, arreglaba Europa, ¿quién puede esperar eso? Quizá Rajoy lo espera. Yo no.

- ¿Europa está siendo muy lenta para tomar las decisiones que podrían sacarla de la crisis?

- Igual que no ha habido socialistas, sino socialdemócratas, que es una forma de derecha civilizada, Europa no ha estado nunca unida, ni lo va a estar, y mire que yo soy europeísta: tengo un libro de 600 páginas del año sesenta y tantos sobre la unión de Europa. Pero se ha convertido en un círculo de intereses nacionales y ahora se comprueba que nunca ha estado unida. En algún momento podrá tener un simulacro de unidad, en el sentido de que sea un área de cultura en medio de un gobierno mundial, pero que sea una unidad de verdad, no lo será nunca. La época de Europa ha pasado ya.

- Muchas gracias, terminamos con la entrevista…

- Todo ha de terminar, ¿ve usted? Hasta el capitalismo.

* * *

José Luis Sampedro Sáez nació en Barcelona, España el 1 de febrero de 1917.

Obras: Obras económicas: Principios prácticos de localización industrial (1957), Realidad económica y análisis estructural (1959), Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967), Conciencia del subdesarrollo (1973), Inflación: una versión completa (1976), El mercado y la globalización (2002), Los mongoles en Bagdad (2003), Sobre política, mercado y convivencia (2006), Economía humanista. Algo más que cifras (2009).

Novela: La estatua de Adolfo Espejo (1939, no publicada hasta 1994), La sombra de los días (1947, no publicada hasta 1994), Congreso en Estocolmo (1952), El río que nos lleva (1961), El caballo desnudo (1970), Octubre, octubre (1981), La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990), Real Sitio (1993), El amante lesbiano (2000), La senda del drago (2006), Cuarteto para un solista (2011, escrita en colaboración con Olga Lucas).

Cuentos: Mar al fondo (1992), Mientras la tierra gira (1993).

Otras obras: Escribir es vivir (2005, libro autobiográfico escrito en colaboración con Olga Lucas), La ciencia y la vida (2008, diálogo junto al cardiólogo Valentín Fuster ordenado por Olga Lucas), Reacciona (2011).

Ariel Mlynarzewicz, pinturas

Hay una realidad que es mi familia, pero también es mi tema. Es una reflexión pictórica que, a esta altura, es abstracta. Parece un trabalenguas, pero no podría pintar otra cosa que no fuera lo que tengo cerca, mi entorno, aunque ya, por estar ahí en la tela, pasa a ser otra cosa.

En mi caso, me interesan más Rembrandt, Poussin, Leonardo que las últimas bienales. La posmodernidad puso de relieve todo nuestro complejo de inferioridad: más preocupados por parecer modernos, por estar a tono con las tendencias. Eso es muy nocivo para otro tipo de búsquedas artísticas.

Mi relación con Carlos Alonso es muy intensa y me reconozco su discípulo. Lo bueno es que él opina lo mismo.

Porque no es tener una buena idea y nada más. El arte no evoluciona e ideas hubo siempre, lo que cambia son las percepciones.

Fui afiliado al PC y me echaron. Pero la militancia va por otro lado: no pinto cartoneros. Estoy de su lado, estoy con ellos pero no los pinto porque me parece una forma de usarlos. También asumo que no soy ni un cartonero, ni un excluido y no quiero pasar por lo que no soy.

Siempre trabajé con los pequeños intersticios de lo cotidiano.

Pintar es tratar de describir las cosas que suceden y que dejamos pasar de largo, intentar descifrar lo que ocurre.

El conocimiento más difícil es el interno. Es el viaje más complicado y al que hay que dedicarle más tiempo.

(Textos extraídos de no-hay-papel.blogspot.com)

Ariel Mlynarzewicz nació en Buenos Aires en 1964. Nueve de sus obras ilustran el libro La Historia, de Martín Caparrós, publicado en 1999.

Atahualpa Yupanqui, poesía

(De El canto del viento, 1965)

EL CANTO DEL VIENTO

Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.

En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito,. el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento.

Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.

Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.

Y el viento pasa, y se va. Y quedan sobre los pastos las “yapitas” caídas en su viaje.

Esas “yapitas”, cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades.
Según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden. Otras, permanecen intactas. Otras, se enriquecen, como si el tiempo y el olvido -la alquimia cósmica- les hicieran alcanzar una condición de joya milagrosa.

Pero llega un momento en que son halladas estas “yapitas” del alma de los pueblos. Alguien las encuentra un día.

¿Quién las encuentra?

Pues los muchachos que andan por los campos por el valle soleado, por los senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la sierra, o junto a los arroyos, a junto a los fogones.

Las encuentran los hombres del oscuro destino, los brazos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza su grito en los abismos, el juglar desvelado y sin sosiego. Las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, meditación y silencio transformados en dignidad sonora. Las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las cenizas de tantos yaravíes.

Y con el tiempo, changos, y hombres, y pájaros, y guitarras, elevan sus voces en la noche
argentina, o en las claras mañanas, o en las tardes pensativas, devolviéndole al Viento las
hilachitas del canto perdido.

Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del Viento. Hay que escucharlo. Hay que
entenderlo. Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el
lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto.

ROMANCE DEL ENTIERRO KOLLA

Quemaba el sol en la blanca
calleja de Maimará.
El añil del duro cielo
lucía su eternidad.
Alfombra tierna de flores
iba tendiendo el tuscal
mientras enero dormía
su siesta en el pedregal.

De pronto, mientras bullía
la abeja sobre el maizal,
el rojo sobre la alforja,
y bajo el cielo la paz,
por la calle larga, larga,
en un apretado haz
pasó la muerte callada.
Pasó la vida a la par.

Delante, la cruz de palo
sin nombre para nombrar.
Detrás los indios de bronce,
alcohol, silencio y pesar.
Cholas de viejas polleras,
manos de fogón y erial.
La vida llevando muerte
en un mismo caminar.

Rosas de papel y engrudo
jamás han de perfumar.
Para ayudarlas lloraron
las tuscas de Maimará.
Rumos de comadres kollas
falsificando un rezar
pasó por la calle larga.
Vida con muerte a la par.

Fuera la novia del hombre,
o la madre, ¿ qué más da? …
Fuera un changuito de ensueño,
buscador del Más Allá.
Fuera un hombre de los surcos
hermano del pedregal …
Pasó la vida y la muerte,
quien se fue, y el que se irá.

Muerte que pasas callada
por la siesta de cristal
con rezos de ojotas indias
sin pompas ni funeral.
¡Llévate esta flor siquiera,
mi copla y mi soledad,
y este cántaro de sueños
rotos en el pedregal!

Quien lleva la muerte adentro
tiene una fuerza vital.
Si el hombre busca lo inmenso,
la muerte es inmensidad.
Desdicha del pensamiento
que poco puede volar
y busca simples razones
para poderse explicar…

Por la calle larga, larga,
un día me han de llevar
con cruz de madera indiana
sin nombre para nombrar.
Quiero un cortejo de coplas,
y por tumba, el pedregal.
¡Después … déjenme con ella,
con mi novia soledad!

Y CANTABAN LAS PIEDRAS

Y cantaban las piedras en el río
mientras mi corazón buscaba en vano
las palabras exactas en la tarde.

El Cerro Colorado soltó sus aguiluchos
y se quedó en silencio como un nido vacío.
El agua tiene pájaros; yo siento sus gorjeo,
El agua tiene penas, insomnios y delirios.
El agua es la conseja del abuelo
que midió el mundo con su paso firme
hasta encontrar la arena,
y envejecer tranquilo.

Y cantaban las piedras en el río.
En el arpa dorada de la tarde
guardé mi copla de guijarro antiguo.
Vino la noche al fin,
distinta en cada uno, para el árbol,
para el aire, la piedra y el caballo.

Yo construyo la noche dentro mío.
Corro de estrella a estrella y las enciendo
Bebo en copa de ocaso los vinos de mi sueño.
Mía es la sombra azul y su misterio.
Veo como retornan los pájaros al monte.
Yo custodié sus nidos.
Los pastores ya bajan la montaña.
Los pastores sembraron en la sierra su silbo.

Ya olvidé la belleza de la tarde.
Triunfó la noche azul sobre mis ojos.
La noche me salió como una estatua.
Para hacer su hermosura me salí de mí mismo.
Yo repartí en pedazos mi noche sobre el mundo.
Y me quedé esperando con la mano tendida.
Contemplando la arena, pura sombra infinita.
Yo, que hice la noche, me quedé sin mi noche.
Me quedé sin mí mismo.
Y el sueño me rondaba sin alcanzarme nunca.
Y cantaban las piedras en el río.

* * *

Atahualpa Yupanqui (en quechua, “el que viene de lejanas tierras para decir algo”), es el seudónimo de Héctor Roberto Chavero Aramburo que nació en Pergamino, Argentina, el 31 de enero de 1908 y falleció en Nîmes, Francia, el 23 de mayo de 1992. Fue poeta y compositor musical.

Libros: Piedra sola (1939), Aires (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972), Del algarrobo al cerezo (1977), Confesiones de un payador (1984), La palabra sagrada (1989), La capataza (1992), La canción tristeCoplas del payador perseguido (2007, póstumo).

Adolfo Bioy Casares / Cavar un foso

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

Su mujer, acodada al mostrador, sin levantar la voz dijo:

—¡Qué silencio! Ya no oímos el mar.

El hombre observó:

—Nunca cerramos, Julia. Si viene un cliente, la hostería cerrada le llamará la atención.

—¿Otro cliente, y a media noche? —protestó Julia—. ¿Estás loco? Si vinieran tantos clientes no estaríamos en este apuro. Apaga la araña del centro.

Obedeció el hombre; el salón quedó en tinieblas, apenas iluminado por una lámpara, sobre el mostrador.

—Como quieras —dijo Arévalo, dejándose caer en una silla, junto a una de las mesas con mantel a cuadros—, pero no sé por qué no habrá otra salida.

Eran bien parecidos, tan jóvenes que nadie los hubiera tomado por los dueños. Julia, una muchacha rubia, de pelo corto, se deslizó hasta la mesa, apoyó las manos en ella y, mirándolo de frente, de arriba, le contestó en voz baja, pero firme:

—No hay.

—No sé —protestó Arévalo—. Fuimos felices, aunque no ganamos plata.

—No grites —ordenó Julia.

Extendió una mano y miró hacia la escalera, escuchando.

—Todavía anda por el cuarto —exclamó—. Tarda en acostarse. No se dormirá nunca.

—Me pregunto —continuó Arévalo— si cuando tengamos eso en la conciencia podremos de nuevo ser felices.

Dos años antes, en una pensión de Necochea, donde veraneaban —ella con sus padres, él solo—, se habían conocido. Desearon casarse, no volver a la rutina de escritorios de Buenos Aires y soñaron con ser los dueños de una hostería, en algún paraje apartado, sobre los acantilados, frente al mar. Empezando por el casamiento, nada  era posible, pues no tenían dinero. Una tarde que paseaban en ómnibus por los acantilados vieron una solitaria casa de ladrillos rojos y techo de pizarra, a un lado del camino, rodeada de pinos, frente al mar, con un letrero casi oculto entre los ligustros: ideal para hostería. se vende. Dijeron que aquello parecía un sueño y, realmente, como si hubieran entrado en un sueño, desde ese momento las dificultades desaparecieron. Esa misma noche, en uno de los dos bancos de la vereda, a la puerta de la pensión, conocieron a un benévolo señor a quien refirieron sus descabellados proyectos. El señor conocía a otro señor, dispuesto a prestar dinero en hipoteca, si los muchachos le reconocían parte de las ganancias. En resumen, se casaron, abrieron la hostería, luego, eso sí, de borrar de la insignia las palabras «El Candil» y de escribir el nombre nuevo: «La Soñada».

Hay quienes pretenden que tales cambios de nombre traen mala suerte, pero la verdad es que el lugar quedaba a trasmano, estaba quizá mejor elegido para una hostería de novela —como la imaginada por estos muchachos— que para recibir parroquianos. Julia y Arévalo advirtieron por fin que nunca juntarían dinero para pagar, además de los impuestos, la deuda al prestamista, que los intereses vertiginosamente aumentaban. Con la espléndida vehemencia de la juventud rechazaban la idea de perder La Soñada y de volver a Buenos Aires, cada uno al brete de su oficina. Porque todo había salido bien, que ahora saliera mal les parecía un ensañamiento del destino. Día a día estaban más pobres, más enamorados, más contentos de vivir en aquel lugar, más temerosos de perderlo, hasta que llegó, como un ángel disfrazado, mandado por el cielo para probarlos, o como un médico prodigioso, con la panacea infalible en la maleta, la señora que en el piso alto se desvestía, junto a la vaporosa bañadera donde caía a borbotones el agua caliente.

Un rato antes, en el solitario salón, cara a cara, en una de las mesitas que en vano esperaban a los parroquianos, examinaron los libros y se hundieron en una conversación desalentadora.

—Por más que demos vuelta los papeles —había dicho Arévalo, que se cansaba pronto— no vamos a encontrar plata. La fecha de pago se viene encima.

—No hay que darse por vencido —había replicado Julia.

—No es cuestión de darse por vencido, pero tampoco de imaginar que hablando haremos milagros. ¿Qué solución queda? ¿Carlitas de propaganda a Necochea y a Miramar? Las últimas nos costaron sus buenos pesos. ¿Con qué resultado? El grupo de señoras que vino una tarde a tomar el té y nos discutió la adición.

—¿Tu solución es darse por vencido y volver a Buenos Aires?

—En cualquier parte seremos felices.

Julia le dijo que «las frases la enfermaban»; que en Buenos Aires  ninguna tarde, salvo en los fines de semana, estarían juntos; que en tales condiciones no sabía por qué serían felices, y que además, en la oficina donde él trabajaría, seguramente habría mujeres.

—A la larga te gustará la menos fea —concluyó.

—Qué falta de confianza —dijo él.

—¿Falta de confianza? Todo lo contrario. Un hombre y una mujer que pasan los días bajo el mismo techo, acaban en la misma cama. Cerrando con fastidio un cuaderno negro, Arévalo respondió:

—Yo no quiero volver, ¿qué más quiero que vivir aquí?, pero si no aparece un ángel con una valija llena de plata…

—¿Qué es eso? —preguntó Julia.

Dos luces amarillas y paralelas vertiginosamente cruzaron el salón. Luego se oyó el motor de un automóvil y muy pronto apareció una señora, que llevaba el chambergo desbordado por mechones grises, la capa de viaje algo ladeada y, bien empuñada en la mano derecha, una valija. Los miró, sonrió, como si los conociera.

—¿Tienen un cuarto? —inquirió—. ¿Pueden alquilarme un cuarto? Por la noche, nomás. Comer no quiero, pero un cuarto para dormir y si fuera posible un baño bien calentito…

Porque le dijeron que sí, la señora, embelesada, repetía:

—Gracias, gracias.

Por último emprendió una explicación, con palabra fácil, con nerviosidad, con ese tono un poco irreal que adoptan las señoras ricas en las reuniones mundanas.

—A la salida de no sé qué pueblo —dijo— me desorienté. Doblé a la izquierda, estoy segura, cuando tenía que doblar a la derecha, estoy segura. Aquí me tienen ahora, cerca de Miramar ¿no es verdad?, cuando me esperan en el hotel de Necochea. Pero ¿quieren que les diga una cosa? Estoy contenta, porque los veo tan jóvenes y tan lindos (sí, tan lindos, puedo decirlo, porque soy una vieja) que me inspiran confianza. Para tranquilizarme del todo quiero contarles cuanto antes un secreto: tuve miedo, porque era de noche y yo andaba perdida, con un montón de plata en la valija, y hoy en día la matan a uno de lo más barato. Mañana a la hora del almuerzo quiero estar en Necochea. ¿Ustedes creen que llego a tiempo? Porque a las tres de la tarde sacan a remate una casa, la casa que quiero comprar, desde que la vi, sobre el camino de la costa, en lo alto, con vista al mar, un sueño, el sueño de mi vida.

—Yo acompaño arriba a la señora, a su cuarto —dijo Julia—. Tú cargas la caldera.

Pocos minutos después, cuando se encontraron en el salón, de nuevo solos, Arévalo comentó:

—Ojalá que mañana compre la casa. Pobre vieja, tiene los mismos gustos que nosotros.

—Te prevengo que no voy a enternecerme —contestó Julia, y echó a reír—. Cuando llega la gran oportunidad, no hay que perderla.

—¿Qué oportunidad llegó? —preguntó Arévalo, fingiendo no entender.

—El ángel de la valija —dijo Julia. Como si de pronto no se conocieran, se miraron gravemente, en silencio. Arriba crujieron los tablones del piso: la señora andaba por el cuarto. Julia prosiguió—: La señora iba a Necochea, se perdió, en este momento podría estar en cualquier parte. Sólo tú y yo sabemos que está aquí.

—También sabemos que trae una valija llena de plata —convino Arévalo—. Lo dijo ella. ¿Por qué va a engañarnos?

—Empiezas a entender —murmuró casi tristemente Julia.

—¿No me pedirás que la mate?

—Lo mismo dijiste el día que te mandé matar el primer pollo. ¿Cuántos has degollado?

—Clavar el cuchillo y que mane la sangre de la vieja…

—Dudo de que distingas la sangre de la vieja de la sangre de un pollo; pero no te preocupes: no habrá sangre. Cuando duerma, con un palo.

—¿Golpearle la cabeza con un palo? No puedo.

—¿Cómo no puedo? Que sea en una mesa o en una cabeza, golpear con un palo es golpear con un palo. ¿Dónde, qué te importa? O la señora o nosotros. O la señora sale con la suya…

—Lo sé, pero no te reconozco. Tanta ferocidad… Sonriendo inopinadamente, Julia sentenció:

—Una mujer debe defender su hogar.

—Hoy tienes una ferocidad de loba.

—Si es necesario lo defenderé como una loba. ¿Entre tus amigos había matrimonios felices? Entre los míos, no. ¿Te digo la verdad? Las circunstancias cuentan. En una ciudad como Buenos Aires, la gente vive irritada, hay tentaciones. La falta de plata empeora las cosas. Aquí tú y yo no corremos peligro, Raúl, porque nunca nos aburrimos de estar juntos. ¿Te explico el plan?

Bramó el motor de un automóvil por el camino. Arriba trajinaba la señora.

—No —dijo Arévalo—. No quiero imaginar nada. Si no, tengo lástima y no puedo… Tú das órdenes, yo las cumplo.

—Bueno. Cierra todo, la puerta, las ventanas, las persianas.

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

Hablaron del silencio que de repente hubo en la casa, del riesgo de que llegara un parroquiano, de si tenía otra salida la situación, de si podrían ser felices con un crimen en la conciencia.

—¿Dónde está el rastrillo? —preguntó Julia.

—En el sótano, con las herramientas.

—Vamos al sótano. Damos tiempo a la señora para que se duerma y tú ejerces tu habilidad de carpintero. A ver, fabrica un mango de rastrillo, aunque no sea tan largo como el otro.

Como un artesano aplicado, Arévalo obedeció. Preguntó al rato:

—Y esto ¿para qué es?

—No preguntes nada, si no quieres imaginar nada. Ahora clavas en la punta una madera transversal, más ancha que la parte de fierro del rastrillo.

Mientras Raúl Arévalo trabajaba, Julia revolvía entre la leña y alimentaba la caldera.

—La señora ya se bañó —dijo Arévalo.

Empuñando un trozo de leña como una maza, Julia contestó:

—No importa. No seas avaro. Ahora somos ricos. Quiero tener agua caliente. —Después de una pausa, anunció—: Por un minuto nomás te dejo. Voy a mi cuarto y vuelvo. No te escapes.

Diríase que Arévalo se aplicó a la obra con más afán aún. Su mujer volvió con un par de guantes de cuero y con un frasco de alcohol.

—¿Por qué nunca te compraste guantes? —preguntó distraídamente; dejó la botella a la entrada de la leñera, se puso los guantes y, sin esperar respuesta, continuó—: Un par de guantes, créeme, siempre es útil. ¿Ya está el rastrillo nuevo? Vamos arriba, tú llevas uno y yo el otro. Ah, me olvidaba de este pedazo de leña.

Alzó el leño que parecía una maza. Volvieron al salón. Dejaron los rastrillos contra la puerta. Detrás del mostrador, Julia recogió una bandeja de metal, una copa y una jarra. Llenó la jarra con agua.

—Por si despierta, porque a su edad tienen el sueño muy liviano (si no lo tienen pesado, como los niños), yo voy delante, con la bandeja. Cubierto por mí, tú me sigues, con esto.

Indicó el leño, sobre una mesa. Como el hombre vacilara, Julia tomó el leño y se lo dio en la mano.

—¿No valgo un esfuerzo? —preguntó sonriendo.

Lo besó en la mejilla. Arévalo aventuró:

—¿Por qué no bebemos algo?

—Yo quiero tener la cabeza despejada y tú me tienes a mí para animarte.

—Acabemos cuanto antes —pidió Arévalo.

—Hay tiempo —respondió Julia. Empezaron a subir la escalera.

—No haces crujir los escalones —dijo Arévalo—. Yo sí. ¿Por qué soy tan torpe?

—Mejor que no crujan —afirmó Julia—. Encontrarla despierta sería desagradable.

—Otro automóvil en el camino. ¿Por qué habrá tantos automóviles esta noche?

—Siempre pasa algún automóvil.

—Con tal de que pase. ¿No estará ahí?

—No, ya se fue —aseguró Julia.

—¿Y ese ruido? —preguntó Arévalo.

—Un caño.

En el pasillo de arriba Julia encendió la luz. Llegaron a la puerta del cuarto. Con extrema delicadeza Julia movió el picaporte y abrió la puerta. Arévalo tenía los ojos fijos en la nuca de su mujer, nada más que en la nuca de su mujer; de pronto ladeó la cabeza y miró el cuarto. Por la puerta así entornada la parte visible correspondía al cuarto vacío, al cuarto de siempre: las cortinas, de cretona, de la ventana, el borde, con molduras, del respaldo de los pies de la cama, el sillón provenzal. Con ademán suave y firme Julia abrió la puerta totalmente. Los ruidos, que hasta ese momento, de manera tan variada se prodigaban, al parecer habían cesado. El silencio era anómalo: se oía un reloj, pero diríase que la pobre mujer de la cama ya no respiraba. Quizá los aguardaba, los veía, contenía la respiración. De espaldas, acostada, era sorprendentemente voluminosa; una mole oscura, curva; más allá, en la penumbra, se adivinaba la cabeza y la almohada. La mujer roncó. Temiendo acaso que Arévalo se apiadara, Julia le apretó un brazo y susurró:

—Ahora.

El hombre avanzó entre la cama y la pared, el leño en alto. Con fuerza lo bajó. El golpe arrancó de la señora un quejido sordo, un desgarrado mugido de vaca. Arévalo golpeó de nuevo.

—Basta —ordenó Julia—. Voy a ver si está muerta. Encendió el velador. Arrodillada, examinó la herida, luego reclinó la cabeza contra el pecho de la señora. Se incorporó.

—Te portaste —dijo.

Apoyando las palmas en los hombros de su marido, lo miró de frente, lo atrajo a sí, apenas lo besó. Arévalo inició y reprimió un movimiento de repulsión.

—Raulito —murmuró aprobativamente Julia. Le quitó de la mano el leño.

—No tiene astillas —comentó mientras deslizaba por la corteza el dedo enguantado—. Quiero estar segura de que no quedaron astillas en la herida.

Dejó el leño en la mesa y volvió junto a la señora. Como pensando en voz alta, agregó:

—Esta herida se va a lavar.

Con un vago ademán indicó la ropa interior, doblada sobre una silla, el traje colgado de la percha.

—Dame —dijo.

Mientras vestía a la muerta, en tono indiferente indicó:

—Si te desagrada, no mires.

De un bolsillo sacó un llavero. Después la tomó debajo de los brazos y la arrastró fuera de la cama. Arévalo se adelantó para ayudar.

—Déjame a mí —lo contuvo Julia—. No la toques. No tienes guantes. No creo mucho en el cuento de las impresiones digitales, pero no quiero disgustos.

—Eres muy fuerte —dijo Arévalo.

—Pesa —contestó Julia.

En realidad, bajo el peso del cadáver los nervios de ellos dos por fin se aflojaron. Como Julia no permitió que la ayudaran, el descenso por la escalera tuvo peripecias de pantomima. Repetidamente retumbaban en los escalones los talones de la muerta.

—Parece un tambor —dijo Arévalo.

—Un tambor de circo, anunciando el salto mortal.

Julia se recostaba contra la baranda, para descansar y reír.

—Estás muy linda —dijo Arévalo.

—Un poco de seriedad —pidió ella; se cubrió la cara con las manos—. No sea que nos interrumpan.

Los ruidos reaparecieron; particularmente el del caño.

Dejaron el cadáver al pie de la escalera, en el suelo, y subieron. Tras de probar varias llaves, Julia abrió la valija. Puso las dos manos adentro, y las mostró después, cada una agarrando un sobre repleto. Los dio al marido, para que los guardara. Recogió el chambergo de la señora, la valija, el leño.

—Hay que pensar dónde esconderemos la plata —dijo—. Por un tiempo estará escondida.

Bajaron. Con ademán burlesco, Julia hundió el chambergo hasta las orejas a la muerta. Corrió al sótano, empapó el leño en alcohol, lo echó al fuego. Volvió al salón.

—Abre la puerta y asómate afuera —pidió.

Obedeció Arévalo.

—No hay nadie —dijo en un susurro.

De la mano, salieron. Era noche de luna, hacía fresco, se oía el mar. Julia entró de nuevo en la casa; volvió a salir con la valija de la señora; abrió la puerta del automóvil, un cabriolet Packard, anticuado y enorme; echó la valija adentró. Murmuró:

—Vamos a buscar a la muerta. —En seguida levantó la voz—. Ayúdame. Estoy harta de cargar con ese fardo. Al diablo con las impresiones digitales.

Apagaron todas las luces de la hostería, cargaron con la señora, la sentaron entre ellos, en el coche, que Julia condujo. Sin encender los faros llegaron a un paraje donde el camino coincidía con el borde a  pique de los acantilados, a unos doscientos metros de La Soñada. Cuando Julia detuvo el Packard, la rueda delantera izquierda pendía sobre el vacío. Abrió la portezuela a su marido y ordenó:

—Bájate.

—No creas que hay mucho lugar —protestó Arévalo, escurriéndose entre el coche y el abismo.

Ella bajó a su vez y empujó el cadáver detrás del volante. Pareció que el automóvil se deslizaba.

—¡Cuidado! —gritó Arévalo.

Cerró Julia la portezuela, se asomó al vacío, golpeó con el pie en el suelo, vio caer un terrón. En sinuosos dibujos de espuma y sombra el mar, abajo, se movía vertiginosamente.

—Todavía sube la marea —aseguró—. ¡Un empujón y estamos libres!

Se prepararon.

—Cuando diga ahora, empujamos con toda la furia —ordenó ella—. ¡Ahora!

El Packard se desbarrancó espectacularmente, con algo humano y triste en la caída, y los muchachos quedaron en el suelo, en el pasto, al borde del acantilado, uno en brazos del otro, Julia llorando como si nada fuera a consolarla, sonriendo cuando Arévalo le besaba la cara mojada. Al rato se incorporaron, se asomaron al borde.

—Ahí está —dijo Arévalo.

—Sería mejor que el mar se lo llevara, pero si no se lo lleva, no importa.

Volvieron camino. Con los rastrillos borraron las huellas del automóvil entre el patio de tierra y el pavimento. Antes de que hubieran destruido todos los rastros y puesto en perfecto orden la casa, el nuevo día los sorprendió. Arévalo dijo:

—Vamos a ver cuánta plata tenemos.

Sacaron de los sobres los billetes y los contaron.

—Doscientos siete mil pesos —anunció Julia.

Comentaron que si la mujer llevaba más de doscientos mil pesos para la seña, estaba dispuesta a pagar más de dos millones por la casa; que en los últimos años el dinero había perdido mucho valor; que esa pérdida los favorecía, porque la suma de la seña les alcanzaba a ellos para pagar la hostería y los intereses del prestamista.

Con el mejor ánimo, Julia dijo:

—Por suerte hay agua caliente. Nos bañaremos juntos y tomaremos un buen desayuno.

La verdad es que por un tiempo no estuvieron tranquilos. Julia predicaba la calma, decía que un día pasado era un día ganado. Ignoraban si el mar había arrastrado el automóvil o si lo había dejado en la playa.

—¿Quieres que vaya a ver? —preguntó Julia.

—Ni soñar —contestó Arévalo—. ¿Te das cuenta si nos ven mirando?

Con impaciencia Arévalo esperaba el paso del ómnibus que dejaba todas las tardes el diario. Al principio ni los diarios ni la radio daban noticias de la desaparición de la señora. Parecía que el episodio hubiera sido un sueño de ellos dos, los asesinos.

Una noche Arévalo preguntó a su mujer:

—¿Crees que puedo rezar? Yo quisiera rezar, pedir a un poder sobrenatural que el mar se lleve el automóvil. Estaríamos tan tranquilos. Nadie nos vincularía con esa vieja del demonio.

—No tengas miedo —contestó Julia—. Lo peor que puede pasarnos es que nos interroguen. No es terrible: toda nuestra vida feliz por un rato en la comisaría. ¿Somos tan flojos que no podemos afrontarlo? No tienen pruebas contra nosotros. ¿Cómo van a achacarnos lo que le pasó a la pobre señora?

Arévalo pensó en voz alta:

—Esa noche nos acostamos tarde. No podemos negarlo. Cualquiera que pasó, vio luz.

—Nos acostamos tarde, pero no oímos la caída del automóvil.

—No. No oímos nada. Pero ¿qué hicimos?

—Oímos la radio.

—Ni siquiera sabemos qué programas transmitieron esa noche.

—Estuvimos conversando.

—¿De qué? Si decimos la verdad, les damos el móvil. Estábamos arruinados y nos cae del cielo una vieja cargada de plata.

—Si todos los que no tienen plata salieran a matar como locos…

—Ahora no podemos pagar la deuda —dijo Arévalo.

—Y para no despertar sospechas —continuó sarcásticamente Julia— perdemos la hostería y nos vamos a Buenos Aires, a vivir en la miseria. Por nada del mundo. Si quieres, no pagamos un peso, pero yo me voy a hablar con el prestamista. De algún modo lo convenzo. Le prometo que si nos da un respiro, las cosas van a mejorar y él cobrará todo su dinero. Como sé que tengo el dinero, hablo con seguridad y lo convenzo.

La radio una mañana, y después los diarios, se ocuparon de la señora desaparecida.

—«A raíz de una conversación con el comisario Gariboto» —leyó Arévalo— «este corresponsal tiene la impresión de que obran en poder de la policía elementos de juicio que impiden descartar la posibilidad de un hecho delictuoso». ¿Ves? Empiezan con el hecho delictuoso.

—Es un accidente —afirmó Julia—. A la larga se convencerán. Ahora mismo la policía no descarta la posibilidad de que la señora  esté sana y buena, extraviada quién sabe dónde. Por eso no hablan de la plata, para que a nadie se le ocurra darle un palo en la cabeza.

Era un luminoso día de mayo. Hablaban junto a la ventana, tomando sol.

—¿Qué serán los elementos de juicio? —interrogó Arévalo.

—La plata —aseguró Julia—. Nada más que la plata. Alguno habrá ido con el cuento de que la señora viajaba con una enormidad de plata en la valija.

De pronto Arévalo preguntó:

—¿Qué hay allá?

Un numeroso grupo de personas se movía en la parte del camino donde se precipitó el automóvil. Arévalo dijo:

—Lo descubrieron.

—Vamos a ver —opinó Julia—. Sería sospechoso que no tuviéramos curiosidad.

—Yo no voy —respondió Arévalo.

No pudieron ir. Todo el día en la hostería hubo clientes. Alentado, quizá, por la circunstancia. Arévalo se mostraba interesado, conversador, inquiría sobre lo ocurrido, juzgaba que en algunos puntos el camino se arrimaba demasiado al borde de los acantilados, pero reconocía que la imprudencia era, por desgracia, un mal endémico de los automovilistas. Un poco alarmada, Julia lo observaba con admiración.

A los bordes del camino se amontonaron automóviles. Luego, Arévalo y Julia creyeron ver en medio del grupo de automóviles y de gente una suerte de animal erguido, un desmesurado insecto. Era una grúa. Alguien dijo que la grúa no trabajaría hasta la mañana, porque ya no había luz. Otro intervino:

—Adentro del vehículo, un regio Packard del tiempo de la colonia, localizaron hasta dos cadáveres.

—Como dos tórtolas en el nido, irían a los besos, y de pronto ¡patapún! el Packard se propasa del borde, cae al agua.

—Lo siento —terció una voz aflautada—, pero el automóvil es Cadillac.

Un oficial de Policía, acompañado de un señor canoso, de orión encasquetado y gabardina verde, entró en La Soñada. El señor se descubrió para saludar a Julia. Mirándola corno a un cómplice, comentó:

—Trabajan ¿eh?

—La gente siempre imagina que uno gana mucho —contestó Julia—. No crea que todos los días son como hoy.

—Pero no se queja ¿no?

—No, no me quejo.

Dirigiéndose al oficial de uniforme, el señor dijo:

—Si en vez de sacrificarnos por la repartición, montáramos un barcito como éste, a nosotros también otro gallo nos cantara. Paciencia, Matorras. —Más tarde, el señor preguntó a Julia—: ¿Oyeron algo la noche del suceso?

—¿Cuándo fue el accidente? —preguntó ella.

—Ha de haber sido el viernes a la noche —dijo el policía de uniforme.

—¿El viernes a la noche? —repitió Arévalo—. Me parece que no oí nada. No recuerdo.

—Yo tampoco —añadió Julia.

En tono de excusa, el señor de gabardina, anunció:

—Dentro de unos días tal vez los molestemos, para una declaración en la oficina de Miramar.

—Mientras tanto ¿nos manda un vigilante para atender el mostrador? —preguntó Julia. El señor sonrió.

—Sería una verdadera imprudencia —dijo—. Con el sueldo que paga la repartición nadie para la olla.

Esa noche Arévalo y Julia durmieron mal. En cama conversaron de la visita de los policías; de la conducta a seguir en el interrogatorio, si los llamaban; del automóvil con el cadáver, que aún estaba al pie del acantilado. A la madrugada Arévalo habló de un vendaval y tormenta que ya no oían, de las olas que arrastraron el automóvil mar adentro. Antes de acabar la frase comprendió que había dormido y soñado. Ambos rieron.

La grúa, a la mañana, levantó el automóvil con la muerta. Un parroquiano que pidió anís del Mono, anunció:

—La van a traer aquí.

Todo el tiempo la esperaron, hasta que supieron que la habían llevado a Miramar en una ambulancia.

—Con los modernos gabinetes de investigación —opinó Arévalo— averiguarán que los golpes de la vieja no fueron contra los fierros del automóvil.

—¿Crees en esas cosas? —preguntó Julia—. El moderno gabinete ha de ser un cuartucho, con un calentador Primus, donde un empleado toma mate. Vamos a ver qué averiguan cuando les presenten la vieja con su buen sancocho en agua de mar.

Transcurrió una semana, de bastante animación en la hostería. Algunos de los que acudieron la tarde en que se descubrió el automóvil, volvieron en familia, con niños, o de a dos, en parejas. Julia observó:

—¿Ves que yo tenía razón? La Soñada es un lugar extraordinario. Era una injusticia que nadie viniera. Ahora la conocen y vuelven. Nos va a llegar toda la suerte junta.

Llegó la citación de la Brigada de Investigaciones.

—Que me vengan a buscar con los milicos —Arévalo protestó.

El día fijado se presentaron puntualmente. Primero Julia pasó a declarar. Cuando le tocó su turno, Arévalo estaba un poco nervioso. Detrás de un escritorio lo esperaba el señor de las canas y la gabardina, que los visitó en La Soñada; ahora no tenía gabardina y sonreía con afabilidad. En dos o tres ocasiones Arévalo llevó el pañuelo a los ojos, porque le lloraban. Hacia el final del interrogatorio, se encontró cómodo y seguro, como en una reunión de amigos, pensó (aunque después lo negara) que el señor de la gabardina era todo un caballero. El señor dijo por fin:

—Muchas gracias. Puede retirarse. Lo felicito —y tras una pausa, agregó en tono probablemente desdeñoso— por la señora.

De vuelta en la hostería, mientras Julia cocinaba, Arévalo ponía la mesa.

—Qué compadres inmundos —comentó él—. Disponen de toda la fuerza del gobierno y sueltos de cuerpo lo apabullan al que tiene el infortunio de comparecer. Uno aguanta los insultos con tal de respirar el aire de afuera, no vaya a dar pie a que le aplicen la picana, lo hagan cantar y lo dejen que se pudra adentro. Palabra que si me garanten la impunidad, despacho al de la gabardina.

—Hablas como un tigre cebado —dijo riendo Julia—. Ya pasó.

—Ya pasó el mal momento. Quién sabe cuántos parecidos o peores nos reserva el futuro.

—No creo. Antes de lo que supones, el asunto quedará olvidado.

—Ojalá que pronto quede olvidado. A veces me pregunto si no tendrán razón los que dicen que todo se paga.

—¿Todo se paga? Qué tontería. Si no cavilas, todo se arreglará —aseguró Julia.

Hubo otra citación, otro diálogo con el señor de la gabardina, cumplido sin dificultad y seguido de alivio. Pasaron meses. Arévalo no podía creerlo, tenía razón Julia, el crimen de la señora parecía olvidado. Prudentemente, pidiendo plazos y nuevos plazos, como si estuvieran cortos de dinero, pagaron la deuda. En primavera compraron un viejo sedan Pierce-Arrow. Aunque el carromato gastaba mucha nafta —por eso lo pagaron con pocos pesos— tomaron la costumbre de ir casi diariamente a Miramar, a buscar las provisiones o con otro pretexto. Durante la temporada de verano, partían a eso de las nueve de la mañana y a las diez ya estaban de vuelta, pero en abril, cansados de esperar clientes, también salían a la tarde. Les agradaba el paseo por el camino de la costa.

Una tarde, en el trayecto de vuelta, vieron por primera vez al hombrecito. Hablando del mar y de la fascinación de mirarlo, iban alegres, abstraídos, como dos enamorados, y de improvisto vieron en  otro automóvil al hombrecito que los seguía. Porque reclamaba atención —con un designio oscuro— el intruso los molestó. Arévalo, en el espejo, lo había descubierto: con la expresión un poco impávida, con la cara de hombrecito formal, que pronto aborrecería demasiado; con los paragolpes de su Opel casi tocando el Pierce-Arrow. Al principio lo creyó uno de esos imprudentes que nunca aprenden a manejar. Para evitar que en la primera frenada se le viniera encima, sacó la mano, con repetidos ademanes dio paso, aminoró la marcha; pero también el hombrecito aminoró la marcha y se mantuvo atrás. Arévalo procuró alejarse. Trémulo, el Pierce-Arrow alcanzó una velocidad de cien kilómetros por hora; como el perseguidor disponía de un automovilito moderno, a cien kilómetros por hora siguió igualmente cerca. Arévalo exclamó furioso:

—¿Qué quiere el degenerado? ¿Por qué no nos deja tranquilos? ¿Me bajo y le rompo el alma?

—Nosotros —indicó Julia— no queremos trifulcas que acaben en la comisaría.

Tan olvidado estaba el episodio de la señora, que por poco Arévalo no dice ¿por qué?

En un momento en que hubo más automóviles en la ruta, hábilmente manejado el Pierce-Arrow se abrió paso y se perdió del inexplicable seguidor. Cuando llegaron a La Soñada habían recuperado el buen ánimo: Julia ponderaba la destreza de Arévalo, éste el poder del viejo automóvil.

El encuentro del camino fue recordado, en cama, a la noche; Arévalo preguntó qué se propondría el hombrecito.

—A lo mejor —explicó Julia— a nosotros nos pareció que nos perseguía, pero era un buen señor distraído, paseando en el mejor de los mundos.

—No —replicó Arévalo—. Era de la policía o era un degenerado. O algo peor.

—Espero —dijo Julia— que no te pongas a pensar ahora que todo se paga, que ese hombrecito ridículo es una fatalidad, un demonio que nos persigue por lo que hicimos.

Arévalo miraba inexpresivamente y no contestaba. Su mujer comentó:

—¡Cómo te conozco!

Él siguió callado, hasta que dijo en tono de ruego:

—Tenemos que irnos, Julia, ¿no comprendes? Aquí van a atraparnos. No nos quedemos hasta que nos atrapen —la miró ansiosamente—. Hoy es el hombrecito, mañana surgirá algún otro. ¿No comprendes? Habrá siempre un perseguidor, hasta que perdamos la cabeza, hasta que nos entreguemos. Huyamos. A lo mejor todavía hay tiempo.

Julia, dijo:

—Cuánta estupidez.

Le dio la espalda, apagó el velador, se echó a dormir.

La tarde siguiente, cuando salieron en automóvil, no encontraron al hombrecito; pero la otra tarde, sí. Al emprender el camino de vuelta, por el espejo lo vio Arévalo. Quiso dejarlo atrás, lanzó a toda velocidad el Pierce-Arrow; con mortificación advirtió que el hombrecito no perdía distancia, se mantenía ahí cerca, invariablemente cerca. Arévalo disminuyó la marcha, casi la detuvo, agitó un brazo, mientras gritaba:

—¡Pase, pase!

El hombrecito no tuvo más remedio que obedecer. En uno de los parajes donde el camino se arrima al borde del acantilado, los pasó. Lo miraron: era calvo, llevaba graves anteojos de carey, tenía las orejas en abanico y un bigotito correcto. Los faros del Pierce-Arrow le iluminaron la calva, las orejas.

—¿No le darías un palo en la cabeza? —preguntó Julia, riendo.

—¿Puedes ver el espejo de su coche? —preguntó Arévalo—. Sin disimulo nos espía el cretino.

Empezó entonces una persecución al revés. El perseguidor iba adelante, aceleraba o disminuía la marcha, según ellos aceleraran o disminuyeran la del Pierce-Arrow.

—¿Qué se propone? —con desesperación mal contenida preguntó Arévalo.

—Paremos —contestó Julia—. Tendrá que irse. Arévalo gritó:

—No faltaría más. ¿Por qué vamos a parar?

—Para librarnos de él.

—Así no vamos a librarnos de él.

—Paremos —insistió Julia.

Arévalo detuvo el automóvil. Pocos metros delante, el hombrecito detuvo el suyo. Con la voz quebrada, gritó Arévalo:

—Voy a romperle el alma.

—No bajes —pidió Julia.

Él bajó y corrió, pero el perseguidor puso en marcha su automóvil, se alejó sin prisa, desapareció tras un codo del camino.

—Ahora hay que darle tiempo para que se vaya —dijo Julia.

—No se va a ir —dijo Arévalo, subiendo al coche.

—Escapemos por el otro lado.

—¿Escaparnos? De ninguna manera.

—Por favor —pidió Julia— esperemos diez minutos. Él mostró el reloj. No hablaron. No habían pasado cinco minutos cuando dijo Arévalo:

—Basta. Te juro que nos está esperando al otro lado del recodo.

Tenía razón: al doblar el recodo divisaron el coche detenido. Arévalo aceleró furiosamente.

—No seas loco —murmuró Julia.

Como si del miedo de Julia arrancara orgullo y coraje aceleró más. Por velozmente que partiera el Opel no tardarían en alcanzarlo. La ventaja que le llevaban era grande: corrían a más de cien kilómetros. Con exaltación gritó Arévalo:

—Ahora nosotros perseguimos.

Lo alcanzaron en otro de los parajes donde el camino se arrima al borde del acantilado: justamente donde ellos mismos habían desbarrancado, pocos meses antes, el coche con la señora. Arévalo, en vez de pasar por la izquierda, se acercó al Opel por la derecha; el hombrecito desvió hacia la izquierda, hacia el lado del mar; Arévalo siguió persiguiendo por la derecha, empujando casi el otro coche fuera del camino. Al principio pareció que aquella lucha de voluntades podría ser larga, pero pronto el hombrecito se asustó, cedió, desvió más y Julia y Arévalo vieron el Opel saltar el borde del acantilado y caer al vacío.

—No pares —ordenó Julia—. No deben sorprendernos aquí.

—¿Y no averiguar si murió? ¿Preguntarme toda la noche si no vendrá mañana a acusarnos?

—Lo eliminaste —contestó Julia—. Te diste el gusto. Ahora no pienses más. No tengas miedo. Si aparece, ya veremos. Caramba, finalmente sabremos perder.

—No voy a pensar más —dijo Arévalo.

El primer asesinato —porque mataron por lucro, o porque la muerta confió en ellos, o porque los llamó la policía, o porque era el primero— los dejó atribulados. Ahora tenían uno nuevo para olvidar el anterior, y ahora hubo provocación inexplicable, un odioso perseguidor que ponía en peligro la dicha todavía no plenamente recuperada… Después de este segundo asesinato vivieron felices.

Unos días vivieron felices, hasta el lunes en que apareció, a la hora de la siesta, el parroquiano gordo. Era extraordinariamente voluminoso, de una gordura floja, que amenazaba con derramarse y caerse; tenía los ojos difusos, la tez pálida, la papada descomunal. La silla, la mesa, el cafecito y la caña quemada que pidió, parecían minúsculos. Arévalo comentó:

—Yo lo he visto en alguna parte. No sé dónde.

—Si lo hubieras visto, sabrías dónde. De un hombre así nada se olvida —contestó Julia.

—No se va más —dijo Arévalo.

—Que no se vaya. Si paga, que se quede el día entero. Se quedó el día entero. Al otro día volvió. Ocupó la misma mesa, pidió caña quemada y café.

—¿Ves? —preguntó Arévalo.

—¿Qué? —preguntó Julia.

—Es el nuevo hombrecito.

—Con la diferencia… —contestó Julia, y rió.

—No sé cómo ríes —dijo Arévalo—. Yo no aguanto. Si es policía, mejor saberlo. Si dejamos que venga todas las tardes y que se pase las horas ahí, callado, mirándonos, vamos a acabar con los nervios rotos, y no va a tener más que abrir la trampa y caeremos adentro. Yo no quiero noches en vela, preguntándome qué se propone este nuevo individuo. Yo te dije: siempre habrá uno…

—A lo mejor no se propone nada. Es un gordo triste… —opinó Julia—. Yo creo que lo mejor es dejar que se pudra en su propia salsa. Ganarle en su propio juego. Si quiere venir todos los días, que venga, pague y listo.

—Será lo mejor —replicó Arévalo—, pero en ese juego gana el de más aguante, y yo no doy más.

Llegó la noche. El gordo no se iba. Julia trajo la comida, para ella y para Arévalo. Comieron en el mostrador.

—¿El señor no va a comer? —con la boca llena, Julia preguntó al gordo.

Éste respondió:

—No, gracias.

—Si por lo menos te fueras —mirándolo, Arévalo suspiró.

—¿Le hablo? —inquirió Julia—. ¿Le tiro la lengua?

—Lo malo —repuso Arévalo— es que tal vez no te da conversación, te contesta sí, sí, no, no.

Dio conversación. Habló del tiempo, demasiado seco para el campo, y de la gente y de sus gustos inexplicables.

—¿Cómo no han descubierto esta hostería? Es el lugar más lindo de la costa —dijo.

—Bueno —respondió Arévalo, que desde el mostrador estaba oyendo—, si le gusta la hostería es un amigo. Pida lo que quiera el señor: paga la casa.

—Ya que insisten —dijo el gordo— tomaré otra caña quemada.

Después pidió otra. Hacía lo que ellos querían. Jugaban al gato y al ratón. Como si la caña dulce le soltara la lengua, el gordo habló:

—Un lugar tan lindo y las cosas feas que pasan. Una picardía. Mirando a Julia, Arévalo se encogió de hombros resignadamente.

—¿Cosas feas? —Julia preguntó enojada.

—Aquí no digo —reconoció el gordo— pero cerca. En los acantilados. Primero un automóvil, después otro, en el mismo punto, caen al mar, vean ustedes. Por entera casualidad nos enteramos.

—¿De qué? —preguntó Julia.

—¿Quiénes? —preguntó Arévalo.

—Nosotros —dijo el gordo—. Vean ustedes, el señor ese del Opel que se desbarrancó, Trejo de nombre, tuvo una desgracia, años atrás. Una hija suya, una señorita, se ahogó cuando se bañaba en una de las playas de por aquí. Se la llevó el mar y no la devolvió nunca. El hombre era viudo; sin la hija se encontró solo en el mundo. Vino a vivir junto al mar, cerca del paraje donde perdió a la hija, porque le pareció —medio trastornado quedaría, lo entiendo perfectamente— que así estaba más cerca de ella. Este señor Trejo —quizás ustedes lo hayan visto: un señor de baja estatura, delgado, calvo, con bigotito bien recortado y anteojos— era un pan de Dios, pero vivía retraído en su desgracia, no veía a nadie, salvo al doctor Laborde, su vecino, que en alguna ocasión lo atendió y desde entonces lo visitaba todas las noches, después de comer. Los amigos bebían el café, hablaban un rato y disputaban una partida de ajedrez. Noche a noche igual. Ustedes, con todo para ser felices, me dirán qué programa. Las costumbres de los otros parecen una desolación, pero, vean ustedes, ayudan a la gente a llevar su vidita. Pues bien, una noche, últimamente, el señor Trejo, el del Opel, jugó muy mal su partida de ajedrez.

El gordo calló, como si hubiera comunicado un hecho interesante y significativo. Después preguntó:

—¿Saben por qué? Julia contestó con rabia:

—No soy adivina.

—Porque a la tarde, en el camino de la costa, el señor Trejo vio a su hija. Tal vez porque nunca la vio muerta, pudo creer entonces que estaba viva y que era ella. Por lo menos, tuvo la ilusión de verla. Una ilusión que no lo engañaba del todo, pero que ejercía en él una auténtica fascinación. Mientras creía ver a su hija, sabía que era mejor no acercarse a hablarle. No quería, el pobre señor Trejo, que la ilusión se desvaneciera. Su amigo, el doctor Laborde, lo retó esa noche. Le dijo que parecía mentira, que él, Trejo, un hombre culto, se hubiera portado como un niño, hubiera jugado con sentimientos profundos y sagrados, lo que estaba mal y era peligroso. Trejo dio la razón a su amigo, pero arguyó que si al principio él había jugado, quien después jugó era algo que estaba por encima de él, algo más grande y de otra naturaleza, probablemente el destino. Pues ocurrió un hecho increíble: la muchacha que él tomó por su hija —vean ustedes, iba en un viejo automóvil, manejado por un joven— trató de huir. «Esos jóvenes», dijo el señor Trejo, «reaccionaron de un modo injustificable si eran simples desconocidos. En cuanto me vieron, huyeron, como si ella fuera mi hija y por un motivo misterioso quisiera ocultarse de mí. Sentí como si de pronto se abriera el piso a mis pies, como si este mundo natural se volviera sobrenatural, y repetí mentalmente: No  puede ser, no puede ser». Entendiendo que no obraba bien, procuró alcanzarlos. Los muchachos de nuevo huyeron.

El gordo, sin pestañear, los miró con sus ojos lacrimosos. Después de una pausa continuó:

—El doctor Laborde le dijo que no podía molestar a desconocidos. «Espero», le repitió, «que si encuentras a los muchachos otra vez, te abstendrás de seguirlos y molestarlos». El señor Trejo no contestó.

—No era malo el consejo de Laborde —declaró Julia—. No hay que molestar a la gente. ¿Por qué usted nos cuenta todo esto?

—La pregunta es oportuna —afirmó el gordo—: atañe el fondo de nuestra cuestión. Porque dentro de cada cual el pensamiento trabaja en secreto, no sabemos quién es la persona que está a nuestro lado. En cuanto a nosotros mismos, nos imaginamos transparentes; no lo somos. Lo que sabe de nosotros el prójimo, lo sabe por una interpretación de signos; procede como los augures que estudiaban las entrañas de animales muertos o el vuelo de los pájaros. El sistema es imperfecto y trae toda clase de equivocaciones. Por ejemplo, el señor Trejo supuso que los muchachos huían de él, porque ella era su hija; ellos tendrían quién sabe qué culpa y le atribuirían al pobre señor Trejo quién sabe qué propósitos. Para mí, hubo corridas en la ruta, cuando se produjo el accidente en que murió Trejo. Meses antes, en el mismo lugar, en un accidente parecido, perdió la vida una señora. Ahora nos visitó Laborde y nos contó la historia de su amigo. A mí se me ocurrió vincular un accidente, digamos un hecho, con otro. Señor: a usted lo vi en la Brigada de Investigaciones, la otra vez, cuando lo llamamos a declarar; pero usted entonces también estaba nervioso y quizá no recuerde. Como apreciarán, pongo las cartas sobre la mesa.

Miró el reloj y puso las manos sobre la mesa.

—Aunque debo irme, el tiempo me sobra, de modo que volveré mañana. —Señalando la copa y la taza, agregó—: ¿Cuánto es esto?

El gordo se incorporó, saludó gravemente y se fue. Arévalo habló como para sí:

—¿Qué te parece?

—Que no tiene pruebas —respondió Julia—. Si tuviera pruebas, por más que le sobre tiempo, nos hubiera arrestado.

—No te apures, nos va a arrestar —dijo Arévalo cansadamente—. El gordo trabaja sobre seguro: en cuanto investigue nuestra situación de dinero, antes y después de la muerte de la vieja, tiene la clave.

—Pero no pruebas —insistió Julia.

—¿Qué importan las pruebas? Estaremos nosotros, con nuestra culpa. ¿Por qué no ves las cosas de frente, Julita? Nos acorralaron.

—Escapemos —pidió Julia.

—Ya es tarde. Nos perseguirán, nos alcanzarán.

—Pelearemos juntos.

—Separados, Julia; cada uno en su calabozo. No hay salida, a menos que nos matemos.

—¿Que nos matemos?

—Hay que saber perder: tú lo dijiste. Juntos, sin toda esa pesadilla y ese cansancio.

—Mañana hablaremos. Ahora tienes que descansar.

—Los dos tenemos que descansar.

—Vamos.

—Sube. Yo voy dentro de un rato.

Julia obedeció.

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

De El lado de la sombra (1962)

* * *

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, Argentina, el 15 de septiembre de 1914 y falleció el 8 de marzo de 1999 en Buenos Aires.

Obras: Novelas: La invención de Morel (1940), Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al Sol (1973), La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985).

Novelas cortas: El perjurio de la nieve (1945), Un campeón desparejo (1993), De un mundo a otro (1998).

Libros de cuentos (No reconocidos por el autor): Prólogo (1929), 17 disparos contra lo porvenir (1933), Caos (1934), La nueva tormenta o La vida múltiple de Juan Ruteno (1935), La estatua casera (1936), Luis Greve, muerto (1937).

Oficializados por el autorLa trama celeste (1948), Historia prodigiosa (1956), Guirnalda con amores (1959), El lado de la sombra (1962), El gran serafín (1967), El héroe de las mujeres (1978), Historias desaforadas (1986), Una muñeca rusa (1990), Una magia modesta (1997).

Ensayos: La otra aventura (1968), Memoria sobre la pampa y los gauchos (1970), Diccionario del argentino exquisito (1971, Diccionario de palabras que no deberíamos utilizar), De jardines ajenos: libro abierto (1997, recopilación de frases, poemas, y miscelánea diversa, editada en colaboración con Daniel Martino), De las cosas maravillosas (1999).

Memorias/Diarios: A lo largo de toda su vida, Bioy llevó a cabo un vastísimo diario del que han salido las siguientes publicaciones: Memorias (1994, editado por Marcelo Pichon Riviere y Cristina Castro Cranwell), Descanso de caminantes (2001, libro póstumo, editado por Daniel Martino), Borges (2006, libro póstumo, selección del diario del autor donde aparecen referencias a Jorge Luis Borges, preparado por Bioy Casares en colaboración con Daniel Martino y editado por éste), Unos días en el Brasil (1991, en una edición de apenas 300 ejemplares fuera de comercio).

Cartas: En viaje (1967) (1996, cartas para Silvina Ocampo y Marta Bioy, editadas por Daniel Martino).

Obras en colaboración con otros autores: Con Jorge Luis Borges: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Cuentos breves y extraordinarios (1955), Libro del Cielo y del Infierno (1960), Crónicas de Bustos Domecq (1967), Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977). Guiones de cine: Los orilleros (1955), El paraíso de los creyentes (1955, no filmada), Invasión (1969, dirección Hugo Santiago), Les autres (1971, dirección Hugo Santiago).

Con Silvina Ocampo: Los que aman, odian (1946)

Con Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges: Antología de la Literatura Fantástica (1940), Antología poética argentina (1941).

Montt, humor

Alberto Montt nació en Chile y estudió Diseño Gráfico y Artes Plásticas en Ecuador. Tras graduarse cofundó una compañía de diseño y se inició en la ilustración, ganando el Tercer Premio en el Primer Concurso Nacional de Ilustración Infantil en este país. Continuó trabajando en ilustración infantil y en revistas como Gestión, Diners Club y en el suplemento “La pandilla” del diario El Comercio de Quito. Regresó a Chile para dedicarse por completo a la ilustración y actualmente trabaja como colaborador en El Mercurio y en las revistas Qué Pasa, Capital y Blank. También ha ilustrado libros infantiles para varias editoriales. Publicó Para ver y no creer, título realizado con Claudia Vega, quien es Comunicadora Social y se dedica a la redacción creativa.

Su página es dosisdiarias.com

J.M. Coetzee / Life & Times of Michael K (Vida y época de Michael K)

En Sudáfrica han desatado la guerra civil. Ahora todo ha cambiado. Michael K, jardinero del Ayuntamiento, sólo tiene a Anna, su madre, que está enferma y que desea refugiarse en el campo junto con su hijo. En un país convulsionado, con la permanente presencia de policía y ejército, ambos emprenden la marcha desde la ciudad luchando para que el estado de salud de Anna no empeore y haciendo frente a la nueva realidad del país.

*

Pensó: Ahora estoy seguro de haber llegado tan lejos como es posible; estoy seguro de que nadie está tan loco de cruzar esa meseta, subir estas montañas, buscar entre estas rocas para encontrarme; y estoy seguro de que ahora, que soy el único en todo el mundo que sabe dónde estoy, puedo darme por perdido.

Todo había quedado atrás. Cuando se despertó por la mañana no se enfrentó más que al enorme bloque de un único día, cada mañana un día. Se vio como una termita abriéndose paso a través de una roca. No había nada más salvo vivir. Permaneció sentado tan quieto que no le hubiera sorprendido ver a los pájaros acercarse y posarse en su hombro.

* *

Esta excelente obra de Coetzee es el testimonio de un viaje exterior, pero a la vez interior, de un hombre que casi lo ha perdido todo y que accede a lo más recóndito de su existencia para ubicarse, transitoriamente, quizás definitivamente, en su lugar en el mundo. Tan recomendable como las otras novelas suyas que he leído: En medio de ninguna parte, Desgracia y Elizabeth Costello.

* * *

John Maxwell Coetzee nació el 9 de febrero de 1940 en Ciudad del Cabo, Provincia del Cabo, Sudáfrica.

Obras: Ficción: Dusklands (Tierras de poniente, 1974), In the Heart of the Country (En medio de ninguna parte, 1977), Waiting for the Barbarians (Esperando a los bárbaros, 1980), Life & Times of Michael K (Vida y época de Michael K, 1983), Foe (1986), Age of Iron (La edad de hierro, 1990), The Master of Petersburg (El maestro de Petersburgo, 1994), The Lives of Animals (Las vidas de los animales, 1999), Disgrace (Desgracia, 1999), Elizabeth Costello (2003), Slow Man (Hombre lento, 2005), Diary of a Bad Year (Diario de un mal año, 2007).

Autobiografía ficcionalizada: Boyhood: Scenes from Provincial Life (Infancia: Escenas de la vida de provincia, 1997), Youth: Scenes from Provincial Life II (Juventud: Escenas de la vida de provincia, 2002), Summertime: Scenes from Provincial Life III (Verano: Escenas de la vida de provincia, 2009).

No ficción: White Writing: On the Culture of Letters in South Africa (1988), Doubling the Point: Essays and Interviews (1992), Giving Offense: Essays on Censorship (1996), Stranger Shores: Literary Essays, 1986–1999 (2002), Inner Workings: Literary Essays, 2000–2005 (2007).

En 1983 obtuvo el Premio Booker por Vida y época de Michael K, en 1987 el Premio Jerusalem, en 1999 el Premio Booker por Desgracia y en 2003 el Premio Nobel de Literatura.

Anouar Brahem / The astounding eyes of Rita (Los asombrosos ojos de Rita)

Anouar Brahem nació el 20 de octubre de 1957 en Halfaouine, Medina, Túnez. Es compositor y ejecuta con un exquisito buen gusto el laúd árabe.

Discografía: Barzakh (1991, con Lassad Hosni y Bechir Selmi), Conte de l’Incroyable Amour (1992, con Barbaros Erköse), Madar (1994, con Jan Garbarek y Ustad Shaukat Hussain), Khomsa (1995, con Richard Galliano, Bechir Selmi y Francois Couturier), Thimar (1998, con John Surman y Dave Holland), Astrakan Café (2000, con Barbaros Erköse y Lassad Hosni), Charmediterranéen (2002, con Orquesta Nacional de Jazz y Gianluigi Trovesi), Vague (2003, selección), Le Pas du Chat Noir (2002, con Francois Couturier y Jean-Louis Matinier), Le Voyage de Sahar (2006, con Francois Couturier y Jean-Louis Matinier), The Astounding Eyes of Rita (2009, con Klaus Gesing, Björn Meyer y Khaled Yassine). Todos sus discos son publicados por ECM.

Samuel Taylor Coleridge / The Suicide’s Argument (El argumento del suicida)

Ilustración de la Rima del anciano marinero, por Gustave Doré.

El argumento del suicida

Antes del nacimiento de mi vida, si yo lo deseaba o no
No me fue hecha ninguna pregunta – ¡no podía ser así!
Si la vida era la pregunta, una cosa enviada por intentar
Y si vivir es SÍ; ¿qué puede ser NO? morir.

LA RESPUESTA DE LA NATURALEZA

¿Se ha vuelto igual que se fue enviado? ¿No es peor el desgaste?
¡Piensa primero lo que ERES! ¡Toma conciencia de lo que tú ERAS!
Te dí inocencia, te dí esperanza,
Te dí salud, y genio, y un amplio margen,
¿Retornarás a mí, culpable, aletargado, desesperado?
Haz el inventario; ¡examina, compara!
Entonces muere – ¡si te atreves a morir!

Traducción propia

*

The Suicide’s Argument

Ere the birth of my life, if I wished it or no
No question was asked me–it could not be so !
If the life was the question, a thing sent to try
And to live on be YES; what can NO be ? to die.

NATURE’S ANSWER

Is’t returned, as ’twas sent ? Is’t no worse for the wear ?
Think first, what you ARE ! Call to mind what you WERE !
I gave you innocence, I gave you hope,
Gave health, and genius, and an ample scope,
Return you me guilt, lethargy, despair ?
Make out the invent’ry ; inspect, compare !
Then die–if die you dare !

* * *

Samuel Taylor Coleridge nació el 21 de octubre de 1772 en Ottery St. Mary, Devon, Inglaterra y falleció el 25 de julio de 1834 en Highgate, Inglaterra.

Obras: Lyrical Ballads (1798): The Rime of the Ancient Mariner (Rima del anciano marinero), Christabel (1816), Kubla Khan, or, A Vision in a Dream, A Fragment (Kubla Khan, o, Una visión en un sueño, un fragmento, 1816); The Conversation poems: The Eolian Harp (El arpa eólica, 1795), Reflections on having left a Place of Retirement (Reflexiones sobre haber dejado un lugar de retiro, 1795), This Lime-Tree Bower my Prison (1797), Frost at Midnight (Escarcha a la medianoche, 1798), Fears in Solitude (1798), The Nightingale: A Conversation Poem (1798), Dejection: An Ode (1802), To William Wordsworth (1807); Biographia Literaria, otras obras en prosa y piezas teatrales.

Miguel Espeche / Pegarle a un hijo es signo de impotencia

(Publicado en diario La Nación, 9.11.2011)

Entender que pegar a los chicos es el mejor camino para educarlos es un error. Es también indicador de pobreza de criterios y de imaginación en lo que a didáctica respecta.

Es obvio que el libro que hoy está en la mira mediática es un producto puntual, propio de una cultura muy específica. La misma abunda en algunas zonas de los Estados Unidos y responde a un complejo entrecruzamiento de cuestiones religiosas, históricas y culturales que hacen que, en un país considerado de avanzada en tantas cosas, convivan subculturas que, en el deseo de salvaguardar genuinamente valores tradicionales, se radicalizan y se salen de cauce, como es lo que ocurre con el libro que hoy nos ocupa.

Es verdad que la dilución de la figura paterna es un problema tan grave como lo fue antaño el autoritarismo. El autoritarismo sigue existiendo, pero hoy está más en manos de los hijos que de los padres, al menos en nuestro país.

Es importante que los padres logren respeto de parte de sus hijos. Para ello, deben respetarse a sí mismos y evitar sentir que son culpables de haber traído a sus hijos a este mundo cruel (¿cuándo el mundo no fue cruel?) o sentir que sus hijos son de cristal y cualquier cosa dañará su psiquismo.

Nos atrevemos a decir que es bueno que los padres sean poderosos. Pueden amar a sus hijos, pueden ofrecerles alimento físico y anímico, pueden educarlos, pueden “marcarles la cancha”, pueden vivir una vida y, desde allí, traer el pan de cada día…

Al ver a sus padres como poderosos, los hijos respetarán, porque respetan el poder, no el no poder. Demasiados padres se “enganchan” más con su impotencia que con su potencia, y eso es perturbador en todo sentido, en particular, para sus hijos.

Claro, acá viene entonces el eterno temor al autoritarismo. Es que la palabra poder es vista como sinónimo de autoritario, cuando poder es, simplemente, tener capacidad de hacer lo que se hace. Los padres son vistos como hábiles para la vida por parte de esos hijos que van construyendo, desde chiquitos, la noción de que sin esos padres, poco podrían hacer….y tienen razón.

En un país que dice que “tener de hijo” es sinónimo de vencer, humillar o aplastar, al punto que se dice eso del equipo deportivo contrario reiteradamente vencido por el propio, no es raro que se piense que el poder de los padres es vejatorio, cuando, de hecho, no lo es, porque es un poder amoroso que habilita a los hijos a crecer.

En ese contexto, pegarle a los chicos es lisa y llanamente un signo de impotencia, no de potencia. El miedo como único elemento disciplinario es dañino y es signo de un problema que hará eclosión una vez que el miedo se vaya, y aparezca el resentimiento en vez de la gratitud.

Firmeza, énfasis, enojo….todo vale cuando es signo de fuerza y no de debilidad. Los chicos notan la diferencia entre un grito impotente y otro que da cuenta del límite rotundo.

En nuestro país existe la violencia familiar y eso es un grave problema. Lo que sí no existe es un aval escrito para esa violencia, como sí ocurre con el libro que explícitamente indica cómo y cuándo castigar físicamente a los chicos, señalando caprichosamente a la Biblia como elemento educativo literal.

No hablamos de edulcoramiento o de un “explicacionismo” insufrible cuando negamos la eficacia del golpe como herramienta a la hora de educar. No es la tibieza insulsa la contracara de la violencia. Todos aquellos que hayan sido padres de verdad, y no meros “tribuneros” de la paternidad ajena, saben que el día a día con los hijos es transpirado, desprolijo y….amoroso. Los chicos están hechos a prueba de yerros paternos, pero no pueden contra el desamor o la violencia instituida.

Por eso, pensar una educación con padres que pueden marcar la cancha, sin creer que todo es ternura en esta vida ya que el amor también tiene su cara áspera, es algo que sirve, y mucho, para ofrecer tranquilidad y acompañamiento conceptual y anímico a millones de padres que a veces se sienten jaqueados y culposos.

Pero eso ni remotamente significa apostar a la violencia instituida como elemento de coerción, porque lo que educa es el amor, no el espanto. Y en ese sentido podemos decir que el golpe metódico y guiado por teóricos de la violencia familiar es, justamente, un espanto que hay que evitar a toda costa.

* * *

Miguel Enrique Espeche es Licenciado en Psicología, especialista en vínculos, salud mental comunitaria y potenciación humana. Ejerce como psicoterapeuta y realiza conferencias y talleres sobre diversos temas para instituciones educativas, empresas o comunidades. Desde el año 1997 es Coordinador General del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Desde el año 1988 colabora con el diario La Nación y actualmente es columnista de la revista Sophia, para la que también ha dictado charlas en todo el país. También es columnista en los noticieros del mediodía de los canales 13 y TN noticias de la ciudad de Buenos Aires.

Libros: Penas de amor (casos reales y actitudes frente al dolor emocional), Criar sin miedo.

Sitio web www.miguelespeche.com.ar

Georg Trakl, poesía

TRISTEZA

La desdicha universal flota como un espectro por la tarde.
Barracas que por incultos jardincillos pardos huyen.
Pabilos fantasmales oscilan en el estiércol quemado,
dos durmientes se bambolean rumbo a la casa, grises y difusos.

Sobre el marchito prado corre un niño
y juega con sus ojos negros y lisos.
El oro gotea de los arbustos borroso y apagado.
Un viejo gira tristemente al viento.

Al atardecer, de nuevo sobre mi cabeza,
Saturno guía mudo un sino desdichado.
Un árbol, los pasos de un perro en retirada,
y negro vacila el cielo de Dios y deshojado.

Un pececillo se desliza veloz en el arroyo
y leve roza apenas la mano del amigo muerto,
y alisa con ternura su frente y su vestido.
Una luz despierta las sombras en los cuartos.

Traducción de Rodolfo Modern

LAMENTO

Sueño y muerte, las águilas sombrías
aletean en torno a esta cabeza
toda la noche: el gélido oleaje de la eternidad
devoraría la dorada imagen
del hombre. En escollos de espanto
el purpúreo cuerpo se estrella. Una voz
oscura se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tristeza tormentosa
mira, una barcaza con temor se hunde
bajo las estrellas,
el silencioso rostro de la noche.

GRODEK

Al atardecer resuenan los bosques otoñales
de armas mortíferas, las doradas planicies
y lagos azules, sobre los que el sol
rueda más lóbrego; ciñe la noche
a agonizantes guerreros, la queja brutal
de sus bocas destrozadas.
Mas, silenciosas en el fondo del prado, recogen
las nubes, en las que habita un dios iracundo,
la sangre derramada, frescor lunar;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo dorado ramaje de la noche y estrellas
vacila la sombra de la hermana por la callada floresta,
yendo a saludar a los espíritus de los héroes, las testas sangrantes;
y quedas suenan en los juncos las oscuras flautas del otoño.
¡Oh, más altiva aflicción! vosotros, altares broncíneos,
a la llama ardiente del espíritu la nutre hoy un majestuoso dolor,
los nietos no nacidos.

Traducción de Héctor A. Piccoli

EL SOL

A diario llega el sol amarillo sobre el cerro.
Es hermoso el bosque, la bestia oscura,
el hombre que caza o que apacienta.

De rojo asoma el pez en el verde de la alberca.
Bajo el cielo redondel
boga leve el pescador en su barca azulada.

Sin prisa va a sazón el racimo, viene el grano.
Al caer callado el día,
bien y mal ya están dispuestos.

Al entrar la noche,
leve alza el caminante el peso de sus párpados;
de la oscura garganta el sol despunta.

Traducción de José Luis Arántegui

CREPÚSCULO EN EL ALMA

Silenciosa va a dar al lindero del bosque
una bestia oscura;
en el cerro acaba quedo el viento de la tarde,

enmudece en su queja el mirlo,
y blandas flautas del otoño
callan entre los juncos.

En una negra nube
navegas ebrio de amapolas
la alberca de la noche,

el cielo de los astros.
Aún resuena la voz de luna de la hermana
en la noche del alma.

Traducción de José Luis Arántegui

* * *

Georg Trakl nació el 3 de febrero de 1887 en Salzburgo, Austria y falleció el 3 de noviembre de 1914, en Cracovia, Polonia.

Principales obras: Poemas (1913), Sebastian en el sueño (1915, póstumo), De Herbst des Einsamen (El otoño del solitario, 1920, póstumo), Gesang der Abgeschieden (Canción del fragmentado, 1933, póstumo), Aus goldenen Kelch (Desde la copa de oro, 1939, póstumo), Offenbarung und Untergang (Revelación y decadencia, 1947, póstumo).

Obras completas: Die Dichtungen.

* * *

Texto extraído de www.saltana.org:

Testimonio de Ludwig von Ficker, en Kurt PINTHUS (ed.), Menschheitsdämmerung. Ein Dokument des Expressionismus. (Lernmaterialien), Berlín: Ernst Rowohlt Verlag, 1920, traducción del pasaje de J.-L. Arántegui:

«Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética… Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera o ponerse impertinente cuando bebía, si bien a horas avanzadas de la noche su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre a un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y entonces podía aguzarse en una malicia relampagueante. Pero por debajo, solía sufrir él más que aquéllos sobre cuyas cabezas descargaba como un rayo la daga de sus palabras en el corro enmudecido; pues en tales momentos parecía de una veracidad tal que le partiera auténticamente el corazón. Por lo demás, era un hombre callado, ensimismado, pero en modo alguno reservado; al contrario, sabía entenderse bondadoso y humano como el que más con gente sencilla y franca de cualquier clase social, de la más alta a la más baja, con que tuvieran el corazón “en su sitio”, en particular con los niños. Bienes apenas le quedaban, tener libros siempre le pareció superfluo, y acabó “liquidando” por lo que le dieran todo su Dostoievski, al que veneraba fervientemente… Entonces estalló la guerra, y Trakl tuvo que ir al frente en su antiguo puesto de farmacéutico militar con un hospital volante. A Galitzia. Al principio aquello pareció romper el hielo y arrancarle a su pesadumbre. Pero luego, tras la retirada de Grodeck, recibí desde el hospital de plaza de Cracovia, adonde se le había llevado para observación por su estado psíquico, un par de cartas suyas que sonaban como llamadas de socorro de su alma. Me decidí sin tardar y salí hacia Cracovia. Allí tuve el último y conmovedor encuentro con mi inolvidable amigo. En Cracovia y de vuelta a Viena hice cuanto estuvo en mi mano por traerle de vuelta a los cuidados de casa. Pero apenas llegué allí [a Innsbruck] recibí la noticia de su muerte. Murió la noche del 3 al 4 de noviembre de 1914, tras un día de agonía, presuntamente por efecto de una dosis de veneno que ingirió; de todos modos su final está envuelto en la oscuridad, pues no se permitió estar a su lado a su asistente. Éste, un minero de Hallstatt adscrito a Sanidad, llamado Mathias Roth, fue el único ser humano que asistió de luto al entierro de Trakl».