Francisco de Zàrate / España y la crisis europea. José Luis Sampedro: “La lógica del capitalismo ya no funciona”

(Publicado en Clarín, 16.11.2011)

Escéptico ante los intentos de solución de la crisis, el economista y escritor español sostiene que el modelo creado para resolver problemas del feudalismo perdió su vigencia en la era de la ciencia y las comunicaciones.

Por FRANCISCO DE ZÁRATE, MADRID, ESPECIAL
fzarate@clarin.com

“Aboga por una economía más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos”. La primera definición que da la Wikipedia en español de José Luis Sampedro no podría ser más acertada. En una entrevista sobre la crisis europea, el futuro del capitalismo y el presente español, el economista y escritor de 94 años, conocido en la Argentina por novelas como Octubre, Octubre o La sonrisa etrusca, toma posiciones desde la primera pregunta.

- ¿Fue la convocatoria frustrada de un referéndum en Grecia lo que terminó con la dimisión de Silvio Berlusconi en Italia? ¿O fueron los mercados?

- Los mercados. En todo caso, si a Papandreu se le ocurrió convocar el referéndum, fue porque lo presionaron los mercados.

- El país que pide prestado, ¿no acepta el juego del que le presta?

- Bueno, ¿pero cuál es su juego? Primero, no hablemos de los mercados sino de los mercaderes, que es una cosa distinta. ‘Mercados’ es una abstracción que desculpabiliza las cosas. Parece como si fuera el destino y no es así. Son unos señores que tienen el poder del dinero y fuerzan las cosas. ¿Por qué ocurrió la crisis? Porque estos señores forzaron las cosas y entraron en operaciones completamente irresponsables, no porque los países les hubieran pedido mucho crédito. Empezó en Estados Unidos con los bancos haciendo que la gente pobre comprara. Se dieron toda clase de facilidades para tener más clientes, ser más importantes, tener más volumen… Esa codicia de los mercados es la que ha desencadenado todo. El juego de los mercados debía haberse atajado hace mucho por los defensores de los intereses del pueblo, que eran los gobiernos y que no lo atajaron. Por eso los mercados pudieron lanzarse hasta que llegó un momento en que se pillaron los dedos con sus propios atrevimientos. Hay que darle la vuelta a la cuestión.

- ¿Cómo puede un gobierno resistir la tentación de permitir estas herramientas financieras en el momento en que parecen estar generando riqueza?

- Evidentemente, el crédito es necesario para el funcionamiento de la economía. Nadie lo discute. Ahora bien, el crédito responsable. Lo que pasa es que no se conforman con ganar dinero con el dinero de los demás. Quieren un poder político que además tienen, porque como financian campañas públicas o resuelven apuros, tienen agarrados a los gobiernos.

Lo monstruoso es que no hay duda de que la crisis empezó por el abuso de los financieros. Se pillaron los dedos y ahora quieren recapitalizar la banca estrujando a la gente. No les importa privar a los pueblos de dinero que podrían aplicar para sus obras, o perjudicar a la educación pública que da oportunidades a la gente. No les importa que se privaticen bienes nacionales para que les paguen a ellos, no. Ellos quieren cobrar.

Ante esa pretensión, que es la del mercader de Venecia de Shakespeare, que quería la libra de carne si no le pagaban, alguien tiene que defender a los pueblos, que son más débiles que los banqueros. Eso tendrían que hacerlo los gobiernos pero resulta que los gobiernos no defienden a los pueblos. Veintisiete gobiernos europeos no tienen capacidad ni siquiera para crear una oficina oficial de calificación de riesgos, algo que a mí me asombra. ¿Por qué tienen que decir tres empresas privadas, que se lucran profundamente con ello, si el país tal es solvente o no? ¿Por qué no se hace eso con una entidad oficial, lo mismo que se hace para la sanidad o para otras cosas?

- Porque los gobiernos se tendrían que evaluar a sí mismos…

- Bueno, pero ya también se evalúan cuando crean una oficina internacional para la salud que mide los efectos de la lucha contra la tuberculosis…. ¿Acaso no hay una división de poderes en las instituciones que permite esa auto evaluación?

- Es más tentador modificar una nota que va a suponer millones de euros en el presupuesto. Los incentivos de una agencia reguladora estatal parecen más viciados…

- ¿Más que los de la reguladora privada? ¿De quién son los intereses que defiende la privada? Si la pública defiende intereses, serán los de los gobiernos. Después de todo, los gobiernos son votados, pero a las tres agencias no las votó nadie y tienen un poder superior al de los 27 gobiernos de Europa.

- ¿Cómo propone terminar con esa vinculación entre el sistema financiero y el poder político?

- Lo que está pasando es que no hay democracia real. Las votaciones no sirven para nada porque no hay demócratas y no hay demócratas porque la domesticación de los pueblos empieza en la educación. En la infancia se educa para tener gentes sometidas. Una vez que está eso hecho, la democracia no se puede arreglar. A largo plazo, la solución es la re-educación, pero a corto plazo, la solución es lo que está pasando: que empiece la gente a sublevarse contra eso, a reclamar contra eso, en Europa y fuera de Europa.

El valor supremo del sistema capitalista es el dinero. Fue inventado hace cinco siglos para enfrentar unos problemas que la Edad Media no resolvía, pero ahora han cambiado las cosas. La técnica ha evolucionado de una manera fabulosa. La lógica del capitalismo, que es tomar decisiones exclusivamente por el beneficio monetario a corto plazo, ya no funciona. El desarrollo que llamamos sostenible es completamente insostenible. Estamos ya en siete mil millones de habitantes cuando hace sólo 100 años, éramos dos mil millones, ¿se triplicó la capacidad productiva del planeta en un siglo? Los que estudian la huella ecológica dicen que no, que desde los años 90 estamos destrozando más de lo que creamos. ¿Por qué se produce eso? Porque el sistema piensa en el beneficio y el rendimiento inmediato.

La informática, con Internet, los blogs, Twitter y todas esas formas de difusión y comunicación han alterado ya las relaciones entre los seres humanos y están transformando las actuaciones políticas. Las fuerzas más conservadoras, los dueños del dinero, se ven amenazados por esto que no pueden controlar ni dominar, ¿cómo censuras Internet? ¿Cómo evitas las comunicaciones? No lo pueden impedir.

En el fondo del problema económico hay un problema político. Algo parecido a lo que ocurrió con el levantamiento del ’68 en París. Pero entonces hubo una reacción contra lo que empezaba a ocurrir. Consiguieron refrenarlo y por culpa del miedo vino el neo-liberalismo de la Thatcher y Reagan. El miedo es mucho más poderoso que ningún otro móvil. Tenían miedo, montaron el neo-liberalismo y se justificaron ideológicamente con economistas. Como decía muy bien Galbraith, en los últimos decenios del siglo XX, la mayoría de lo que han dicho los economistas importantes, como Milton Friedman y demás, era lo que querían oír los poderes establecidos. Se legitimaban a sí mismos.

Ahora, una de las formas en que quieren imponer su poder es a través de la deuda y de los créditos. Toda esta presión es mucho más política que económica. Pensar que países ricos de Europa, como Alemania, necesitan urgentemente que los griegos paguen… eso no se lo cree nadie. No tienen esa urgencia. Lo que quieren es ejercer y demostrar su poder y lo están demostrando. Agarran unas democracias y cambian, sin elecciones y sin pueblo, al gobernante.

Así como hace 500 años una sociedad feudal se enfrentó con unos problemas que no podía resolver, ahora una sociedad basada en el valor supremo del dinero se enfrenta con una técnica y posibilidades de acción que no son los de su tiempo.

- Frente a la solución de austeridad más desregulación que aplica Europa para combatir la crisis, Brasil y la Argentina optaron por el keynesianismo de aumentar el gasto público, ¿qué opina?

- Yo soy mucho más keynesiano, ¿qué pasó con la crisis de 1929? Que no salieron hasta que no llegó Roosevelt, tomó las riendas y se dedicó a construir el pantano de Tennessee y las obras que se hicieron entonces. Yo soy partidario de evitar gastos injustificados, pero gastos de inversión, ¡claro que sí! ¿Cómo vamos a tener crecimiento sin inversión? Se dice que hay que crear confianza, pero hombre, si los empresarios ven que se hacen obras públicas, pues se van animando.

- El problema de ese planteamiento es la inflación…

- Sí, claro, el problema es la inflación, pero bueno, ¿y el otro problema contrario? Por el método de los ajustes brutales no estoy. Una cosa que me indigna profundísimamente son los recortes a la enseñanza. A lo mejor es porque fui profesor toda mi vida, pero me parece un robo tan brutal a la clase pobre que es indignante. Si usted se dedica a degradar la enseñanza pública, como pasa en Madrid, y a darle más dinero a la enseñanza concertada (colegios privados financiados parcialmente por el Estado español), por muy buenos que sean los profesores de la pública no van a poder trabajar igual de bien con clases numerosas… Lo que termina pasando es que hay una enseñanza privada financiada con fondos públicos y una enseñanza pública que no funciona. Entonces se dice que los padres tienen derecho a elegir la educación de sus hijos pero es una mentira brutal porque el obrero no puede elegir un sitio u otro. Él querría llevar a su hijo a la concertada, pero como tiene que pagar, no puede. Así que se toma el dinero del pueblo y se dedica a la educación de los privilegiados que luego serán los que mandan. Y al otro le dicen que elija, pero elige lo que le dan. Un robo monstruoso.

- ¿El gobierno de Zapatero tomó medidas de desregularización que al PP no se le habrían permitido?

- Lo lamento, pero el partido socialista fue poco socialista. Un partido que organiza el viaje del Papa, por poner un ejemplo concreto… ¿qué sentido tiene eso en este momento de crisis? Frente a la Iglesia, el PSOE fue absolutamente entregado, derribado, no fue socialismo. Además de las privatizaciones… Mire usted, es una pena, pero socialismo socialismo no hemos vivido mucho. Eso desengaña a los votantes del socialismo. La derecha cuenta con una ventaja y es lo que llaman en Estados Unidos los family values, un bloque tradicional que le es fiel, haga lo que haga y apoyado por la Iglesia, que también quiere el voto tradicional. Esa gente vota al PP como sea.

Yo no estoy contento con ninguno, pero claro, entre que gobierne el socialismo o el PP, yo prefiero el socialismo con todos sus defectos. El gobierno del PP, a mi juicio, es insensible. No tiene escrúpulos de ninguna clase. Si hay que hacer recortes, los hará tan tranquilo y obedecerá por completo lo que le manden los bancos o los de más allá.

- Uno de los eslóganes de campaña del PP es que van a recuperar la economía, ¿qué opina?

- Yo no tengo ninguna confianza en que venga el PP y resuelva el problema. El problema español no es un problema aislado. Es un problema de Europa entera. Lo mismo que no se puede decir que Zapatero tuvo la culpa de la caída de los bancos en Estados Unidos, tampoco se puede pensar lo contrario, que porque viene Rajoy se arregla España. Si Rajoy arreglase España, arreglaba Europa, ¿quién puede esperar eso? Quizá Rajoy lo espera. Yo no.

- ¿Europa está siendo muy lenta para tomar las decisiones que podrían sacarla de la crisis?

- Igual que no ha habido socialistas, sino socialdemócratas, que es una forma de derecha civilizada, Europa no ha estado nunca unida, ni lo va a estar, y mire que yo soy europeísta: tengo un libro de 600 páginas del año sesenta y tantos sobre la unión de Europa. Pero se ha convertido en un círculo de intereses nacionales y ahora se comprueba que nunca ha estado unida. En algún momento podrá tener un simulacro de unidad, en el sentido de que sea un área de cultura en medio de un gobierno mundial, pero que sea una unidad de verdad, no lo será nunca. La época de Europa ha pasado ya.

- Muchas gracias, terminamos con la entrevista…

- Todo ha de terminar, ¿ve usted? Hasta el capitalismo.

* * *

José Luis Sampedro Sáez nació en Barcelona, España el 1 de febrero de 1917.

Obras: Obras económicas: Principios prácticos de localización industrial (1957), Realidad económica y análisis estructural (1959), Las fuerzas económicas de nuestro tiempo (1967), Conciencia del subdesarrollo (1973), Inflación: una versión completa (1976), El mercado y la globalización (2002), Los mongoles en Bagdad (2003), Sobre política, mercado y convivencia (2006), Economía humanista. Algo más que cifras (2009).

Novela: La estatua de Adolfo Espejo (1939, no publicada hasta 1994), La sombra de los días (1947, no publicada hasta 1994), Congreso en Estocolmo (1952), El río que nos lleva (1961), El caballo desnudo (1970), Octubre, octubre (1981), La sonrisa etrusca (1985), La vieja sirena (1990), Real Sitio (1993), El amante lesbiano (2000), La senda del drago (2006), Cuarteto para un solista (2011, escrita en colaboración con Olga Lucas).

Cuentos: Mar al fondo (1992), Mientras la tierra gira (1993).

Otras obras: Escribir es vivir (2005, libro autobiográfico escrito en colaboración con Olga Lucas), La ciencia y la vida (2008, diálogo junto al cardiólogo Valentín Fuster ordenado por Olga Lucas), Reacciona (2011).

Ariel Mlynarzewicz, pinturas

Hay una realidad que es mi familia, pero también es mi tema. Es una reflexión pictórica que, a esta altura, es abstracta. Parece un trabalenguas, pero no podría pintar otra cosa que no fuera lo que tengo cerca, mi entorno, aunque ya, por estar ahí en la tela, pasa a ser otra cosa.

En mi caso, me interesan más Rembrandt, Poussin, Leonardo que las últimas bienales. La posmodernidad puso de relieve todo nuestro complejo de inferioridad: más preocupados por parecer modernos, por estar a tono con las tendencias. Eso es muy nocivo para otro tipo de búsquedas artísticas.

Mi relación con Carlos Alonso es muy intensa y me reconozco su discípulo. Lo bueno es que él opina lo mismo.

Porque no es tener una buena idea y nada más. El arte no evoluciona e ideas hubo siempre, lo que cambia son las percepciones.

Fui afiliado al PC y me echaron. Pero la militancia va por otro lado: no pinto cartoneros. Estoy de su lado, estoy con ellos pero no los pinto porque me parece una forma de usarlos. También asumo que no soy ni un cartonero, ni un excluido y no quiero pasar por lo que no soy.

Siempre trabajé con los pequeños intersticios de lo cotidiano.

Pintar es tratar de describir las cosas que suceden y que dejamos pasar de largo, intentar descifrar lo que ocurre.

El conocimiento más difícil es el interno. Es el viaje más complicado y al que hay que dedicarle más tiempo.

(Textos extraídos de no-hay-papel.blogspot.com)

Ariel Mlynarzewicz nació en Buenos Aires en 1964. Nueve de sus obras ilustran el libro La Historia, de Martín Caparrós, publicado en 1999.

Atahualpa Yupanqui, poesía

(De El canto del viento, 1965)

EL CANTO DEL VIENTO

Corre sobre las llanuras, selvas y montañas, un infinito viento generoso.

En una inmensa e invisible bolsa va recogiendo todos los sonidos, palabras y rumores de la tierra nuestra. El grito,. el canto, el silbo, el rezo, toda la verdad cantada o llorada por los hombres, los montes y los pájaros van a parar a la hechizada bolsa del Viento.

Pero a veces la carga es colosal, y termina por romper los costados de la alforja infinita.

Entonces, el Viento deja caer sobre la tierra, a través de la brecha abierta, la hilacha de una melodía, el ay de una copla, la breve gracia de un silbido, un refrán, un pedazo de corazón escondido en la curva de una vidalita, la punta de flecha de un adiós bagualero.

Y el viento pasa, y se va. Y quedan sobre los pastos las “yapitas” caídas en su viaje.

Esas “yapitas”, cuentas de un rosario lírico, soportan el tiempo, el olvido, las tempestades.
Según su condición o calidad, se desmenuzan, se quiebran y se pierden. Otras, permanecen intactas. Otras, se enriquecen, como si el tiempo y el olvido -la alquimia cósmica- les hicieran alcanzar una condición de joya milagrosa.

Pero llega un momento en que son halladas estas “yapitas” del alma de los pueblos. Alguien las encuentra un día.

¿Quién las encuentra?

Pues los muchachos que andan por los campos por el valle soleado, por los senderos de la selva en la siesta, por los duros caminos de la sierra, o junto a los arroyos, a junto a los fogones.

Las encuentran los hombres del oscuro destino, los brazos zafreros, los héroes del socavón, el arriero que despedaza su grito en los abismos, el juglar desvelado y sin sosiego. Las encuentran las guitarras después de vencido el dolor, meditación y silencio transformados en dignidad sonora. Las encuentran las flautas indias, las que esparcieron por el Ande las cenizas de tantos yaravíes.

Y con el tiempo, changos, y hombres, y pájaros, y guitarras, elevan sus voces en la noche
argentina, o en las claras mañanas, o en las tardes pensativas, devolviéndole al Viento las
hilachitas del canto perdido.

Por eso hay que hacerse amigo, muy amigo del Viento. Hay que escucharlo. Hay que
entenderlo. Hay que amarlo. Y seguirlo. Y soñarlo. Aquel que sea capaz de entender el
lenguaje y el rumbo del Viento, de comprender su voz y su destino, hallará siempre el rumbo, alcanzará la copla, penetrará en el Canto.

ROMANCE DEL ENTIERRO KOLLA

Quemaba el sol en la blanca
calleja de Maimará.
El añil del duro cielo
lucía su eternidad.
Alfombra tierna de flores
iba tendiendo el tuscal
mientras enero dormía
su siesta en el pedregal.

De pronto, mientras bullía
la abeja sobre el maizal,
el rojo sobre la alforja,
y bajo el cielo la paz,
por la calle larga, larga,
en un apretado haz
pasó la muerte callada.
Pasó la vida a la par.

Delante, la cruz de palo
sin nombre para nombrar.
Detrás los indios de bronce,
alcohol, silencio y pesar.
Cholas de viejas polleras,
manos de fogón y erial.
La vida llevando muerte
en un mismo caminar.

Rosas de papel y engrudo
jamás han de perfumar.
Para ayudarlas lloraron
las tuscas de Maimará.
Rumos de comadres kollas
falsificando un rezar
pasó por la calle larga.
Vida con muerte a la par.

Fuera la novia del hombre,
o la madre, ¿ qué más da? …
Fuera un changuito de ensueño,
buscador del Más Allá.
Fuera un hombre de los surcos
hermano del pedregal …
Pasó la vida y la muerte,
quien se fue, y el que se irá.

Muerte que pasas callada
por la siesta de cristal
con rezos de ojotas indias
sin pompas ni funeral.
¡Llévate esta flor siquiera,
mi copla y mi soledad,
y este cántaro de sueños
rotos en el pedregal!

Quien lleva la muerte adentro
tiene una fuerza vital.
Si el hombre busca lo inmenso,
la muerte es inmensidad.
Desdicha del pensamiento
que poco puede volar
y busca simples razones
para poderse explicar…

Por la calle larga, larga,
un día me han de llevar
con cruz de madera indiana
sin nombre para nombrar.
Quiero un cortejo de coplas,
y por tumba, el pedregal.
¡Después … déjenme con ella,
con mi novia soledad!

Y CANTABAN LAS PIEDRAS

Y cantaban las piedras en el río
mientras mi corazón buscaba en vano
las palabras exactas en la tarde.

El Cerro Colorado soltó sus aguiluchos
y se quedó en silencio como un nido vacío.
El agua tiene pájaros; yo siento sus gorjeo,
El agua tiene penas, insomnios y delirios.
El agua es la conseja del abuelo
que midió el mundo con su paso firme
hasta encontrar la arena,
y envejecer tranquilo.

Y cantaban las piedras en el río.
En el arpa dorada de la tarde
guardé mi copla de guijarro antiguo.
Vino la noche al fin,
distinta en cada uno, para el árbol,
para el aire, la piedra y el caballo.

Yo construyo la noche dentro mío.
Corro de estrella a estrella y las enciendo
Bebo en copa de ocaso los vinos de mi sueño.
Mía es la sombra azul y su misterio.
Veo como retornan los pájaros al monte.
Yo custodié sus nidos.
Los pastores ya bajan la montaña.
Los pastores sembraron en la sierra su silbo.

Ya olvidé la belleza de la tarde.
Triunfó la noche azul sobre mis ojos.
La noche me salió como una estatua.
Para hacer su hermosura me salí de mí mismo.
Yo repartí en pedazos mi noche sobre el mundo.
Y me quedé esperando con la mano tendida.
Contemplando la arena, pura sombra infinita.
Yo, que hice la noche, me quedé sin mi noche.
Me quedé sin mí mismo.
Y el sueño me rondaba sin alcanzarme nunca.
Y cantaban las piedras en el río.

* * *

Atahualpa Yupanqui (en quechua, “el que viene de lejanas tierras para decir algo”), es el seudónimo de Héctor Roberto Chavero Aramburo que nació en Pergamino, Argentina, el 31 de enero de 1908 y falleció en Nîmes, Francia, el 23 de mayo de 1992. Fue poeta y compositor musical.

Libros: Piedra sola (1939), Aires (1943), Cerro Bayo (1953), Guitarra (1960), El canto del viento (1965), El payador perseguido (1972), Del algarrobo al cerezo (1977), Confesiones de un payador (1984), La palabra sagrada (1989), La capataza (1992), La canción tristeCoplas del payador perseguido (2007, póstumo).

Adolfo Bioy Casares / Cavar un foso

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

Su mujer, acodada al mostrador, sin levantar la voz dijo:

—¡Qué silencio! Ya no oímos el mar.

El hombre observó:

—Nunca cerramos, Julia. Si viene un cliente, la hostería cerrada le llamará la atención.

—¿Otro cliente, y a media noche? —protestó Julia—. ¿Estás loco? Si vinieran tantos clientes no estaríamos en este apuro. Apaga la araña del centro.

Obedeció el hombre; el salón quedó en tinieblas, apenas iluminado por una lámpara, sobre el mostrador.

—Como quieras —dijo Arévalo, dejándose caer en una silla, junto a una de las mesas con mantel a cuadros—, pero no sé por qué no habrá otra salida.

Eran bien parecidos, tan jóvenes que nadie los hubiera tomado por los dueños. Julia, una muchacha rubia, de pelo corto, se deslizó hasta la mesa, apoyó las manos en ella y, mirándolo de frente, de arriba, le contestó en voz baja, pero firme:

—No hay.

—No sé —protestó Arévalo—. Fuimos felices, aunque no ganamos plata.

—No grites —ordenó Julia.

Extendió una mano y miró hacia la escalera, escuchando.

—Todavía anda por el cuarto —exclamó—. Tarda en acostarse. No se dormirá nunca.

—Me pregunto —continuó Arévalo— si cuando tengamos eso en la conciencia podremos de nuevo ser felices.

Dos años antes, en una pensión de Necochea, donde veraneaban —ella con sus padres, él solo—, se habían conocido. Desearon casarse, no volver a la rutina de escritorios de Buenos Aires y soñaron con ser los dueños de una hostería, en algún paraje apartado, sobre los acantilados, frente al mar. Empezando por el casamiento, nada  era posible, pues no tenían dinero. Una tarde que paseaban en ómnibus por los acantilados vieron una solitaria casa de ladrillos rojos y techo de pizarra, a un lado del camino, rodeada de pinos, frente al mar, con un letrero casi oculto entre los ligustros: ideal para hostería. se vende. Dijeron que aquello parecía un sueño y, realmente, como si hubieran entrado en un sueño, desde ese momento las dificultades desaparecieron. Esa misma noche, en uno de los dos bancos de la vereda, a la puerta de la pensión, conocieron a un benévolo señor a quien refirieron sus descabellados proyectos. El señor conocía a otro señor, dispuesto a prestar dinero en hipoteca, si los muchachos le reconocían parte de las ganancias. En resumen, se casaron, abrieron la hostería, luego, eso sí, de borrar de la insignia las palabras «El Candil» y de escribir el nombre nuevo: «La Soñada».

Hay quienes pretenden que tales cambios de nombre traen mala suerte, pero la verdad es que el lugar quedaba a trasmano, estaba quizá mejor elegido para una hostería de novela —como la imaginada por estos muchachos— que para recibir parroquianos. Julia y Arévalo advirtieron por fin que nunca juntarían dinero para pagar, además de los impuestos, la deuda al prestamista, que los intereses vertiginosamente aumentaban. Con la espléndida vehemencia de la juventud rechazaban la idea de perder La Soñada y de volver a Buenos Aires, cada uno al brete de su oficina. Porque todo había salido bien, que ahora saliera mal les parecía un ensañamiento del destino. Día a día estaban más pobres, más enamorados, más contentos de vivir en aquel lugar, más temerosos de perderlo, hasta que llegó, como un ángel disfrazado, mandado por el cielo para probarlos, o como un médico prodigioso, con la panacea infalible en la maleta, la señora que en el piso alto se desvestía, junto a la vaporosa bañadera donde caía a borbotones el agua caliente.

Un rato antes, en el solitario salón, cara a cara, en una de las mesitas que en vano esperaban a los parroquianos, examinaron los libros y se hundieron en una conversación desalentadora.

—Por más que demos vuelta los papeles —había dicho Arévalo, que se cansaba pronto— no vamos a encontrar plata. La fecha de pago se viene encima.

—No hay que darse por vencido —había replicado Julia.

—No es cuestión de darse por vencido, pero tampoco de imaginar que hablando haremos milagros. ¿Qué solución queda? ¿Carlitas de propaganda a Necochea y a Miramar? Las últimas nos costaron sus buenos pesos. ¿Con qué resultado? El grupo de señoras que vino una tarde a tomar el té y nos discutió la adición.

—¿Tu solución es darse por vencido y volver a Buenos Aires?

—En cualquier parte seremos felices.

Julia le dijo que «las frases la enfermaban»; que en Buenos Aires  ninguna tarde, salvo en los fines de semana, estarían juntos; que en tales condiciones no sabía por qué serían felices, y que además, en la oficina donde él trabajaría, seguramente habría mujeres.

—A la larga te gustará la menos fea —concluyó.

—Qué falta de confianza —dijo él.

—¿Falta de confianza? Todo lo contrario. Un hombre y una mujer que pasan los días bajo el mismo techo, acaban en la misma cama. Cerrando con fastidio un cuaderno negro, Arévalo respondió:

—Yo no quiero volver, ¿qué más quiero que vivir aquí?, pero si no aparece un ángel con una valija llena de plata…

—¿Qué es eso? —preguntó Julia.

Dos luces amarillas y paralelas vertiginosamente cruzaron el salón. Luego se oyó el motor de un automóvil y muy pronto apareció una señora, que llevaba el chambergo desbordado por mechones grises, la capa de viaje algo ladeada y, bien empuñada en la mano derecha, una valija. Los miró, sonrió, como si los conociera.

—¿Tienen un cuarto? —inquirió—. ¿Pueden alquilarme un cuarto? Por la noche, nomás. Comer no quiero, pero un cuarto para dormir y si fuera posible un baño bien calentito…

Porque le dijeron que sí, la señora, embelesada, repetía:

—Gracias, gracias.

Por último emprendió una explicación, con palabra fácil, con nerviosidad, con ese tono un poco irreal que adoptan las señoras ricas en las reuniones mundanas.

—A la salida de no sé qué pueblo —dijo— me desorienté. Doblé a la izquierda, estoy segura, cuando tenía que doblar a la derecha, estoy segura. Aquí me tienen ahora, cerca de Miramar ¿no es verdad?, cuando me esperan en el hotel de Necochea. Pero ¿quieren que les diga una cosa? Estoy contenta, porque los veo tan jóvenes y tan lindos (sí, tan lindos, puedo decirlo, porque soy una vieja) que me inspiran confianza. Para tranquilizarme del todo quiero contarles cuanto antes un secreto: tuve miedo, porque era de noche y yo andaba perdida, con un montón de plata en la valija, y hoy en día la matan a uno de lo más barato. Mañana a la hora del almuerzo quiero estar en Necochea. ¿Ustedes creen que llego a tiempo? Porque a las tres de la tarde sacan a remate una casa, la casa que quiero comprar, desde que la vi, sobre el camino de la costa, en lo alto, con vista al mar, un sueño, el sueño de mi vida.

—Yo acompaño arriba a la señora, a su cuarto —dijo Julia—. Tú cargas la caldera.

Pocos minutos después, cuando se encontraron en el salón, de nuevo solos, Arévalo comentó:

—Ojalá que mañana compre la casa. Pobre vieja, tiene los mismos gustos que nosotros.

—Te prevengo que no voy a enternecerme —contestó Julia, y echó a reír—. Cuando llega la gran oportunidad, no hay que perderla.

—¿Qué oportunidad llegó? —preguntó Arévalo, fingiendo no entender.

—El ángel de la valija —dijo Julia. Como si de pronto no se conocieran, se miraron gravemente, en silencio. Arriba crujieron los tablones del piso: la señora andaba por el cuarto. Julia prosiguió—: La señora iba a Necochea, se perdió, en este momento podría estar en cualquier parte. Sólo tú y yo sabemos que está aquí.

—También sabemos que trae una valija llena de plata —convino Arévalo—. Lo dijo ella. ¿Por qué va a engañarnos?

—Empiezas a entender —murmuró casi tristemente Julia.

—¿No me pedirás que la mate?

—Lo mismo dijiste el día que te mandé matar el primer pollo. ¿Cuántos has degollado?

—Clavar el cuchillo y que mane la sangre de la vieja…

—Dudo de que distingas la sangre de la vieja de la sangre de un pollo; pero no te preocupes: no habrá sangre. Cuando duerma, con un palo.

—¿Golpearle la cabeza con un palo? No puedo.

—¿Cómo no puedo? Que sea en una mesa o en una cabeza, golpear con un palo es golpear con un palo. ¿Dónde, qué te importa? O la señora o nosotros. O la señora sale con la suya…

—Lo sé, pero no te reconozco. Tanta ferocidad… Sonriendo inopinadamente, Julia sentenció:

—Una mujer debe defender su hogar.

—Hoy tienes una ferocidad de loba.

—Si es necesario lo defenderé como una loba. ¿Entre tus amigos había matrimonios felices? Entre los míos, no. ¿Te digo la verdad? Las circunstancias cuentan. En una ciudad como Buenos Aires, la gente vive irritada, hay tentaciones. La falta de plata empeora las cosas. Aquí tú y yo no corremos peligro, Raúl, porque nunca nos aburrimos de estar juntos. ¿Te explico el plan?

Bramó el motor de un automóvil por el camino. Arriba trajinaba la señora.

—No —dijo Arévalo—. No quiero imaginar nada. Si no, tengo lástima y no puedo… Tú das órdenes, yo las cumplo.

—Bueno. Cierra todo, la puerta, las ventanas, las persianas.

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

Hablaron del silencio que de repente hubo en la casa, del riesgo de que llegara un parroquiano, de si tenía otra salida la situación, de si podrían ser felices con un crimen en la conciencia.

—¿Dónde está el rastrillo? —preguntó Julia.

—En el sótano, con las herramientas.

—Vamos al sótano. Damos tiempo a la señora para que se duerma y tú ejerces tu habilidad de carpintero. A ver, fabrica un mango de rastrillo, aunque no sea tan largo como el otro.

Como un artesano aplicado, Arévalo obedeció. Preguntó al rato:

—Y esto ¿para qué es?

—No preguntes nada, si no quieres imaginar nada. Ahora clavas en la punta una madera transversal, más ancha que la parte de fierro del rastrillo.

Mientras Raúl Arévalo trabajaba, Julia revolvía entre la leña y alimentaba la caldera.

—La señora ya se bañó —dijo Arévalo.

Empuñando un trozo de leña como una maza, Julia contestó:

—No importa. No seas avaro. Ahora somos ricos. Quiero tener agua caliente. —Después de una pausa, anunció—: Por un minuto nomás te dejo. Voy a mi cuarto y vuelvo. No te escapes.

Diríase que Arévalo se aplicó a la obra con más afán aún. Su mujer volvió con un par de guantes de cuero y con un frasco de alcohol.

—¿Por qué nunca te compraste guantes? —preguntó distraídamente; dejó la botella a la entrada de la leñera, se puso los guantes y, sin esperar respuesta, continuó—: Un par de guantes, créeme, siempre es útil. ¿Ya está el rastrillo nuevo? Vamos arriba, tú llevas uno y yo el otro. Ah, me olvidaba de este pedazo de leña.

Alzó el leño que parecía una maza. Volvieron al salón. Dejaron los rastrillos contra la puerta. Detrás del mostrador, Julia recogió una bandeja de metal, una copa y una jarra. Llenó la jarra con agua.

—Por si despierta, porque a su edad tienen el sueño muy liviano (si no lo tienen pesado, como los niños), yo voy delante, con la bandeja. Cubierto por mí, tú me sigues, con esto.

Indicó el leño, sobre una mesa. Como el hombre vacilara, Julia tomó el leño y se lo dio en la mano.

—¿No valgo un esfuerzo? —preguntó sonriendo.

Lo besó en la mejilla. Arévalo aventuró:

—¿Por qué no bebemos algo?

—Yo quiero tener la cabeza despejada y tú me tienes a mí para animarte.

—Acabemos cuanto antes —pidió Arévalo.

—Hay tiempo —respondió Julia. Empezaron a subir la escalera.

—No haces crujir los escalones —dijo Arévalo—. Yo sí. ¿Por qué soy tan torpe?

—Mejor que no crujan —afirmó Julia—. Encontrarla despierta sería desagradable.

—Otro automóvil en el camino. ¿Por qué habrá tantos automóviles esta noche?

—Siempre pasa algún automóvil.

—Con tal de que pase. ¿No estará ahí?

—No, ya se fue —aseguró Julia.

—¿Y ese ruido? —preguntó Arévalo.

—Un caño.

En el pasillo de arriba Julia encendió la luz. Llegaron a la puerta del cuarto. Con extrema delicadeza Julia movió el picaporte y abrió la puerta. Arévalo tenía los ojos fijos en la nuca de su mujer, nada más que en la nuca de su mujer; de pronto ladeó la cabeza y miró el cuarto. Por la puerta así entornada la parte visible correspondía al cuarto vacío, al cuarto de siempre: las cortinas, de cretona, de la ventana, el borde, con molduras, del respaldo de los pies de la cama, el sillón provenzal. Con ademán suave y firme Julia abrió la puerta totalmente. Los ruidos, que hasta ese momento, de manera tan variada se prodigaban, al parecer habían cesado. El silencio era anómalo: se oía un reloj, pero diríase que la pobre mujer de la cama ya no respiraba. Quizá los aguardaba, los veía, contenía la respiración. De espaldas, acostada, era sorprendentemente voluminosa; una mole oscura, curva; más allá, en la penumbra, se adivinaba la cabeza y la almohada. La mujer roncó. Temiendo acaso que Arévalo se apiadara, Julia le apretó un brazo y susurró:

—Ahora.

El hombre avanzó entre la cama y la pared, el leño en alto. Con fuerza lo bajó. El golpe arrancó de la señora un quejido sordo, un desgarrado mugido de vaca. Arévalo golpeó de nuevo.

—Basta —ordenó Julia—. Voy a ver si está muerta. Encendió el velador. Arrodillada, examinó la herida, luego reclinó la cabeza contra el pecho de la señora. Se incorporó.

—Te portaste —dijo.

Apoyando las palmas en los hombros de su marido, lo miró de frente, lo atrajo a sí, apenas lo besó. Arévalo inició y reprimió un movimiento de repulsión.

—Raulito —murmuró aprobativamente Julia. Le quitó de la mano el leño.

—No tiene astillas —comentó mientras deslizaba por la corteza el dedo enguantado—. Quiero estar segura de que no quedaron astillas en la herida.

Dejó el leño en la mesa y volvió junto a la señora. Como pensando en voz alta, agregó:

—Esta herida se va a lavar.

Con un vago ademán indicó la ropa interior, doblada sobre una silla, el traje colgado de la percha.

—Dame —dijo.

Mientras vestía a la muerta, en tono indiferente indicó:

—Si te desagrada, no mires.

De un bolsillo sacó un llavero. Después la tomó debajo de los brazos y la arrastró fuera de la cama. Arévalo se adelantó para ayudar.

—Déjame a mí —lo contuvo Julia—. No la toques. No tienes guantes. No creo mucho en el cuento de las impresiones digitales, pero no quiero disgustos.

—Eres muy fuerte —dijo Arévalo.

—Pesa —contestó Julia.

En realidad, bajo el peso del cadáver los nervios de ellos dos por fin se aflojaron. Como Julia no permitió que la ayudaran, el descenso por la escalera tuvo peripecias de pantomima. Repetidamente retumbaban en los escalones los talones de la muerta.

—Parece un tambor —dijo Arévalo.

—Un tambor de circo, anunciando el salto mortal.

Julia se recostaba contra la baranda, para descansar y reír.

—Estás muy linda —dijo Arévalo.

—Un poco de seriedad —pidió ella; se cubrió la cara con las manos—. No sea que nos interrumpan.

Los ruidos reaparecieron; particularmente el del caño.

Dejaron el cadáver al pie de la escalera, en el suelo, y subieron. Tras de probar varias llaves, Julia abrió la valija. Puso las dos manos adentro, y las mostró después, cada una agarrando un sobre repleto. Los dio al marido, para que los guardara. Recogió el chambergo de la señora, la valija, el leño.

—Hay que pensar dónde esconderemos la plata —dijo—. Por un tiempo estará escondida.

Bajaron. Con ademán burlesco, Julia hundió el chambergo hasta las orejas a la muerta. Corrió al sótano, empapó el leño en alcohol, lo echó al fuego. Volvió al salón.

—Abre la puerta y asómate afuera —pidió.

Obedeció Arévalo.

—No hay nadie —dijo en un susurro.

De la mano, salieron. Era noche de luna, hacía fresco, se oía el mar. Julia entró de nuevo en la casa; volvió a salir con la valija de la señora; abrió la puerta del automóvil, un cabriolet Packard, anticuado y enorme; echó la valija adentró. Murmuró:

—Vamos a buscar a la muerta. —En seguida levantó la voz—. Ayúdame. Estoy harta de cargar con ese fardo. Al diablo con las impresiones digitales.

Apagaron todas las luces de la hostería, cargaron con la señora, la sentaron entre ellos, en el coche, que Julia condujo. Sin encender los faros llegaron a un paraje donde el camino coincidía con el borde a  pique de los acantilados, a unos doscientos metros de La Soñada. Cuando Julia detuvo el Packard, la rueda delantera izquierda pendía sobre el vacío. Abrió la portezuela a su marido y ordenó:

—Bájate.

—No creas que hay mucho lugar —protestó Arévalo, escurriéndose entre el coche y el abismo.

Ella bajó a su vez y empujó el cadáver detrás del volante. Pareció que el automóvil se deslizaba.

—¡Cuidado! —gritó Arévalo.

Cerró Julia la portezuela, se asomó al vacío, golpeó con el pie en el suelo, vio caer un terrón. En sinuosos dibujos de espuma y sombra el mar, abajo, se movía vertiginosamente.

—Todavía sube la marea —aseguró—. ¡Un empujón y estamos libres!

Se prepararon.

—Cuando diga ahora, empujamos con toda la furia —ordenó ella—. ¡Ahora!

El Packard se desbarrancó espectacularmente, con algo humano y triste en la caída, y los muchachos quedaron en el suelo, en el pasto, al borde del acantilado, uno en brazos del otro, Julia llorando como si nada fuera a consolarla, sonriendo cuando Arévalo le besaba la cara mojada. Al rato se incorporaron, se asomaron al borde.

—Ahí está —dijo Arévalo.

—Sería mejor que el mar se lo llevara, pero si no se lo lleva, no importa.

Volvieron camino. Con los rastrillos borraron las huellas del automóvil entre el patio de tierra y el pavimento. Antes de que hubieran destruido todos los rastros y puesto en perfecto orden la casa, el nuevo día los sorprendió. Arévalo dijo:

—Vamos a ver cuánta plata tenemos.

Sacaron de los sobres los billetes y los contaron.

—Doscientos siete mil pesos —anunció Julia.

Comentaron que si la mujer llevaba más de doscientos mil pesos para la seña, estaba dispuesta a pagar más de dos millones por la casa; que en los últimos años el dinero había perdido mucho valor; que esa pérdida los favorecía, porque la suma de la seña les alcanzaba a ellos para pagar la hostería y los intereses del prestamista.

Con el mejor ánimo, Julia dijo:

—Por suerte hay agua caliente. Nos bañaremos juntos y tomaremos un buen desayuno.

La verdad es que por un tiempo no estuvieron tranquilos. Julia predicaba la calma, decía que un día pasado era un día ganado. Ignoraban si el mar había arrastrado el automóvil o si lo había dejado en la playa.

—¿Quieres que vaya a ver? —preguntó Julia.

—Ni soñar —contestó Arévalo—. ¿Te das cuenta si nos ven mirando?

Con impaciencia Arévalo esperaba el paso del ómnibus que dejaba todas las tardes el diario. Al principio ni los diarios ni la radio daban noticias de la desaparición de la señora. Parecía que el episodio hubiera sido un sueño de ellos dos, los asesinos.

Una noche Arévalo preguntó a su mujer:

—¿Crees que puedo rezar? Yo quisiera rezar, pedir a un poder sobrenatural que el mar se lleve el automóvil. Estaríamos tan tranquilos. Nadie nos vincularía con esa vieja del demonio.

—No tengas miedo —contestó Julia—. Lo peor que puede pasarnos es que nos interroguen. No es terrible: toda nuestra vida feliz por un rato en la comisaría. ¿Somos tan flojos que no podemos afrontarlo? No tienen pruebas contra nosotros. ¿Cómo van a achacarnos lo que le pasó a la pobre señora?

Arévalo pensó en voz alta:

—Esa noche nos acostamos tarde. No podemos negarlo. Cualquiera que pasó, vio luz.

—Nos acostamos tarde, pero no oímos la caída del automóvil.

—No. No oímos nada. Pero ¿qué hicimos?

—Oímos la radio.

—Ni siquiera sabemos qué programas transmitieron esa noche.

—Estuvimos conversando.

—¿De qué? Si decimos la verdad, les damos el móvil. Estábamos arruinados y nos cae del cielo una vieja cargada de plata.

—Si todos los que no tienen plata salieran a matar como locos…

—Ahora no podemos pagar la deuda —dijo Arévalo.

—Y para no despertar sospechas —continuó sarcásticamente Julia— perdemos la hostería y nos vamos a Buenos Aires, a vivir en la miseria. Por nada del mundo. Si quieres, no pagamos un peso, pero yo me voy a hablar con el prestamista. De algún modo lo convenzo. Le prometo que si nos da un respiro, las cosas van a mejorar y él cobrará todo su dinero. Como sé que tengo el dinero, hablo con seguridad y lo convenzo.

La radio una mañana, y después los diarios, se ocuparon de la señora desaparecida.

—«A raíz de una conversación con el comisario Gariboto» —leyó Arévalo— «este corresponsal tiene la impresión de que obran en poder de la policía elementos de juicio que impiden descartar la posibilidad de un hecho delictuoso». ¿Ves? Empiezan con el hecho delictuoso.

—Es un accidente —afirmó Julia—. A la larga se convencerán. Ahora mismo la policía no descarta la posibilidad de que la señora  esté sana y buena, extraviada quién sabe dónde. Por eso no hablan de la plata, para que a nadie se le ocurra darle un palo en la cabeza.

Era un luminoso día de mayo. Hablaban junto a la ventana, tomando sol.

—¿Qué serán los elementos de juicio? —interrogó Arévalo.

—La plata —aseguró Julia—. Nada más que la plata. Alguno habrá ido con el cuento de que la señora viajaba con una enormidad de plata en la valija.

De pronto Arévalo preguntó:

—¿Qué hay allá?

Un numeroso grupo de personas se movía en la parte del camino donde se precipitó el automóvil. Arévalo dijo:

—Lo descubrieron.

—Vamos a ver —opinó Julia—. Sería sospechoso que no tuviéramos curiosidad.

—Yo no voy —respondió Arévalo.

No pudieron ir. Todo el día en la hostería hubo clientes. Alentado, quizá, por la circunstancia. Arévalo se mostraba interesado, conversador, inquiría sobre lo ocurrido, juzgaba que en algunos puntos el camino se arrimaba demasiado al borde de los acantilados, pero reconocía que la imprudencia era, por desgracia, un mal endémico de los automovilistas. Un poco alarmada, Julia lo observaba con admiración.

A los bordes del camino se amontonaron automóviles. Luego, Arévalo y Julia creyeron ver en medio del grupo de automóviles y de gente una suerte de animal erguido, un desmesurado insecto. Era una grúa. Alguien dijo que la grúa no trabajaría hasta la mañana, porque ya no había luz. Otro intervino:

—Adentro del vehículo, un regio Packard del tiempo de la colonia, localizaron hasta dos cadáveres.

—Como dos tórtolas en el nido, irían a los besos, y de pronto ¡patapún! el Packard se propasa del borde, cae al agua.

—Lo siento —terció una voz aflautada—, pero el automóvil es Cadillac.

Un oficial de Policía, acompañado de un señor canoso, de orión encasquetado y gabardina verde, entró en La Soñada. El señor se descubrió para saludar a Julia. Mirándola corno a un cómplice, comentó:

—Trabajan ¿eh?

—La gente siempre imagina que uno gana mucho —contestó Julia—. No crea que todos los días son como hoy.

—Pero no se queja ¿no?

—No, no me quejo.

Dirigiéndose al oficial de uniforme, el señor dijo:

—Si en vez de sacrificarnos por la repartición, montáramos un barcito como éste, a nosotros también otro gallo nos cantara. Paciencia, Matorras. —Más tarde, el señor preguntó a Julia—: ¿Oyeron algo la noche del suceso?

—¿Cuándo fue el accidente? —preguntó ella.

—Ha de haber sido el viernes a la noche —dijo el policía de uniforme.

—¿El viernes a la noche? —repitió Arévalo—. Me parece que no oí nada. No recuerdo.

—Yo tampoco —añadió Julia.

En tono de excusa, el señor de gabardina, anunció:

—Dentro de unos días tal vez los molestemos, para una declaración en la oficina de Miramar.

—Mientras tanto ¿nos manda un vigilante para atender el mostrador? —preguntó Julia. El señor sonrió.

—Sería una verdadera imprudencia —dijo—. Con el sueldo que paga la repartición nadie para la olla.

Esa noche Arévalo y Julia durmieron mal. En cama conversaron de la visita de los policías; de la conducta a seguir en el interrogatorio, si los llamaban; del automóvil con el cadáver, que aún estaba al pie del acantilado. A la madrugada Arévalo habló de un vendaval y tormenta que ya no oían, de las olas que arrastraron el automóvil mar adentro. Antes de acabar la frase comprendió que había dormido y soñado. Ambos rieron.

La grúa, a la mañana, levantó el automóvil con la muerta. Un parroquiano que pidió anís del Mono, anunció:

—La van a traer aquí.

Todo el tiempo la esperaron, hasta que supieron que la habían llevado a Miramar en una ambulancia.

—Con los modernos gabinetes de investigación —opinó Arévalo— averiguarán que los golpes de la vieja no fueron contra los fierros del automóvil.

—¿Crees en esas cosas? —preguntó Julia—. El moderno gabinete ha de ser un cuartucho, con un calentador Primus, donde un empleado toma mate. Vamos a ver qué averiguan cuando les presenten la vieja con su buen sancocho en agua de mar.

Transcurrió una semana, de bastante animación en la hostería. Algunos de los que acudieron la tarde en que se descubrió el automóvil, volvieron en familia, con niños, o de a dos, en parejas. Julia observó:

—¿Ves que yo tenía razón? La Soñada es un lugar extraordinario. Era una injusticia que nadie viniera. Ahora la conocen y vuelven. Nos va a llegar toda la suerte junta.

Llegó la citación de la Brigada de Investigaciones.

—Que me vengan a buscar con los milicos —Arévalo protestó.

El día fijado se presentaron puntualmente. Primero Julia pasó a declarar. Cuando le tocó su turno, Arévalo estaba un poco nervioso. Detrás de un escritorio lo esperaba el señor de las canas y la gabardina, que los visitó en La Soñada; ahora no tenía gabardina y sonreía con afabilidad. En dos o tres ocasiones Arévalo llevó el pañuelo a los ojos, porque le lloraban. Hacia el final del interrogatorio, se encontró cómodo y seguro, como en una reunión de amigos, pensó (aunque después lo negara) que el señor de la gabardina era todo un caballero. El señor dijo por fin:

—Muchas gracias. Puede retirarse. Lo felicito —y tras una pausa, agregó en tono probablemente desdeñoso— por la señora.

De vuelta en la hostería, mientras Julia cocinaba, Arévalo ponía la mesa.

—Qué compadres inmundos —comentó él—. Disponen de toda la fuerza del gobierno y sueltos de cuerpo lo apabullan al que tiene el infortunio de comparecer. Uno aguanta los insultos con tal de respirar el aire de afuera, no vaya a dar pie a que le aplicen la picana, lo hagan cantar y lo dejen que se pudra adentro. Palabra que si me garanten la impunidad, despacho al de la gabardina.

—Hablas como un tigre cebado —dijo riendo Julia—. Ya pasó.

—Ya pasó el mal momento. Quién sabe cuántos parecidos o peores nos reserva el futuro.

—No creo. Antes de lo que supones, el asunto quedará olvidado.

—Ojalá que pronto quede olvidado. A veces me pregunto si no tendrán razón los que dicen que todo se paga.

—¿Todo se paga? Qué tontería. Si no cavilas, todo se arreglará —aseguró Julia.

Hubo otra citación, otro diálogo con el señor de la gabardina, cumplido sin dificultad y seguido de alivio. Pasaron meses. Arévalo no podía creerlo, tenía razón Julia, el crimen de la señora parecía olvidado. Prudentemente, pidiendo plazos y nuevos plazos, como si estuvieran cortos de dinero, pagaron la deuda. En primavera compraron un viejo sedan Pierce-Arrow. Aunque el carromato gastaba mucha nafta —por eso lo pagaron con pocos pesos— tomaron la costumbre de ir casi diariamente a Miramar, a buscar las provisiones o con otro pretexto. Durante la temporada de verano, partían a eso de las nueve de la mañana y a las diez ya estaban de vuelta, pero en abril, cansados de esperar clientes, también salían a la tarde. Les agradaba el paseo por el camino de la costa.

Una tarde, en el trayecto de vuelta, vieron por primera vez al hombrecito. Hablando del mar y de la fascinación de mirarlo, iban alegres, abstraídos, como dos enamorados, y de improvisto vieron en  otro automóvil al hombrecito que los seguía. Porque reclamaba atención —con un designio oscuro— el intruso los molestó. Arévalo, en el espejo, lo había descubierto: con la expresión un poco impávida, con la cara de hombrecito formal, que pronto aborrecería demasiado; con los paragolpes de su Opel casi tocando el Pierce-Arrow. Al principio lo creyó uno de esos imprudentes que nunca aprenden a manejar. Para evitar que en la primera frenada se le viniera encima, sacó la mano, con repetidos ademanes dio paso, aminoró la marcha; pero también el hombrecito aminoró la marcha y se mantuvo atrás. Arévalo procuró alejarse. Trémulo, el Pierce-Arrow alcanzó una velocidad de cien kilómetros por hora; como el perseguidor disponía de un automovilito moderno, a cien kilómetros por hora siguió igualmente cerca. Arévalo exclamó furioso:

—¿Qué quiere el degenerado? ¿Por qué no nos deja tranquilos? ¿Me bajo y le rompo el alma?

—Nosotros —indicó Julia— no queremos trifulcas que acaben en la comisaría.

Tan olvidado estaba el episodio de la señora, que por poco Arévalo no dice ¿por qué?

En un momento en que hubo más automóviles en la ruta, hábilmente manejado el Pierce-Arrow se abrió paso y se perdió del inexplicable seguidor. Cuando llegaron a La Soñada habían recuperado el buen ánimo: Julia ponderaba la destreza de Arévalo, éste el poder del viejo automóvil.

El encuentro del camino fue recordado, en cama, a la noche; Arévalo preguntó qué se propondría el hombrecito.

—A lo mejor —explicó Julia— a nosotros nos pareció que nos perseguía, pero era un buen señor distraído, paseando en el mejor de los mundos.

—No —replicó Arévalo—. Era de la policía o era un degenerado. O algo peor.

—Espero —dijo Julia— que no te pongas a pensar ahora que todo se paga, que ese hombrecito ridículo es una fatalidad, un demonio que nos persigue por lo que hicimos.

Arévalo miraba inexpresivamente y no contestaba. Su mujer comentó:

—¡Cómo te conozco!

Él siguió callado, hasta que dijo en tono de ruego:

—Tenemos que irnos, Julia, ¿no comprendes? Aquí van a atraparnos. No nos quedemos hasta que nos atrapen —la miró ansiosamente—. Hoy es el hombrecito, mañana surgirá algún otro. ¿No comprendes? Habrá siempre un perseguidor, hasta que perdamos la cabeza, hasta que nos entreguemos. Huyamos. A lo mejor todavía hay tiempo.

Julia, dijo:

—Cuánta estupidez.

Le dio la espalda, apagó el velador, se echó a dormir.

La tarde siguiente, cuando salieron en automóvil, no encontraron al hombrecito; pero la otra tarde, sí. Al emprender el camino de vuelta, por el espejo lo vio Arévalo. Quiso dejarlo atrás, lanzó a toda velocidad el Pierce-Arrow; con mortificación advirtió que el hombrecito no perdía distancia, se mantenía ahí cerca, invariablemente cerca. Arévalo disminuyó la marcha, casi la detuvo, agitó un brazo, mientras gritaba:

—¡Pase, pase!

El hombrecito no tuvo más remedio que obedecer. En uno de los parajes donde el camino se arrima al borde del acantilado, los pasó. Lo miraron: era calvo, llevaba graves anteojos de carey, tenía las orejas en abanico y un bigotito correcto. Los faros del Pierce-Arrow le iluminaron la calva, las orejas.

—¿No le darías un palo en la cabeza? —preguntó Julia, riendo.

—¿Puedes ver el espejo de su coche? —preguntó Arévalo—. Sin disimulo nos espía el cretino.

Empezó entonces una persecución al revés. El perseguidor iba adelante, aceleraba o disminuía la marcha, según ellos aceleraran o disminuyeran la del Pierce-Arrow.

—¿Qué se propone? —con desesperación mal contenida preguntó Arévalo.

—Paremos —contestó Julia—. Tendrá que irse. Arévalo gritó:

—No faltaría más. ¿Por qué vamos a parar?

—Para librarnos de él.

—Así no vamos a librarnos de él.

—Paremos —insistió Julia.

Arévalo detuvo el automóvil. Pocos metros delante, el hombrecito detuvo el suyo. Con la voz quebrada, gritó Arévalo:

—Voy a romperle el alma.

—No bajes —pidió Julia.

Él bajó y corrió, pero el perseguidor puso en marcha su automóvil, se alejó sin prisa, desapareció tras un codo del camino.

—Ahora hay que darle tiempo para que se vaya —dijo Julia.

—No se va a ir —dijo Arévalo, subiendo al coche.

—Escapemos por el otro lado.

—¿Escaparnos? De ninguna manera.

—Por favor —pidió Julia— esperemos diez minutos. Él mostró el reloj. No hablaron. No habían pasado cinco minutos cuando dijo Arévalo:

—Basta. Te juro que nos está esperando al otro lado del recodo.

Tenía razón: al doblar el recodo divisaron el coche detenido. Arévalo aceleró furiosamente.

—No seas loco —murmuró Julia.

Como si del miedo de Julia arrancara orgullo y coraje aceleró más. Por velozmente que partiera el Opel no tardarían en alcanzarlo. La ventaja que le llevaban era grande: corrían a más de cien kilómetros. Con exaltación gritó Arévalo:

—Ahora nosotros perseguimos.

Lo alcanzaron en otro de los parajes donde el camino se arrima al borde del acantilado: justamente donde ellos mismos habían desbarrancado, pocos meses antes, el coche con la señora. Arévalo, en vez de pasar por la izquierda, se acercó al Opel por la derecha; el hombrecito desvió hacia la izquierda, hacia el lado del mar; Arévalo siguió persiguiendo por la derecha, empujando casi el otro coche fuera del camino. Al principio pareció que aquella lucha de voluntades podría ser larga, pero pronto el hombrecito se asustó, cedió, desvió más y Julia y Arévalo vieron el Opel saltar el borde del acantilado y caer al vacío.

—No pares —ordenó Julia—. No deben sorprendernos aquí.

—¿Y no averiguar si murió? ¿Preguntarme toda la noche si no vendrá mañana a acusarnos?

—Lo eliminaste —contestó Julia—. Te diste el gusto. Ahora no pienses más. No tengas miedo. Si aparece, ya veremos. Caramba, finalmente sabremos perder.

—No voy a pensar más —dijo Arévalo.

El primer asesinato —porque mataron por lucro, o porque la muerta confió en ellos, o porque los llamó la policía, o porque era el primero— los dejó atribulados. Ahora tenían uno nuevo para olvidar el anterior, y ahora hubo provocación inexplicable, un odioso perseguidor que ponía en peligro la dicha todavía no plenamente recuperada… Después de este segundo asesinato vivieron felices.

Unos días vivieron felices, hasta el lunes en que apareció, a la hora de la siesta, el parroquiano gordo. Era extraordinariamente voluminoso, de una gordura floja, que amenazaba con derramarse y caerse; tenía los ojos difusos, la tez pálida, la papada descomunal. La silla, la mesa, el cafecito y la caña quemada que pidió, parecían minúsculos. Arévalo comentó:

—Yo lo he visto en alguna parte. No sé dónde.

—Si lo hubieras visto, sabrías dónde. De un hombre así nada se olvida —contestó Julia.

—No se va más —dijo Arévalo.

—Que no se vaya. Si paga, que se quede el día entero. Se quedó el día entero. Al otro día volvió. Ocupó la misma mesa, pidió caña quemada y café.

—¿Ves? —preguntó Arévalo.

—¿Qué? —preguntó Julia.

—Es el nuevo hombrecito.

—Con la diferencia… —contestó Julia, y rió.

—No sé cómo ríes —dijo Arévalo—. Yo no aguanto. Si es policía, mejor saberlo. Si dejamos que venga todas las tardes y que se pase las horas ahí, callado, mirándonos, vamos a acabar con los nervios rotos, y no va a tener más que abrir la trampa y caeremos adentro. Yo no quiero noches en vela, preguntándome qué se propone este nuevo individuo. Yo te dije: siempre habrá uno…

—A lo mejor no se propone nada. Es un gordo triste… —opinó Julia—. Yo creo que lo mejor es dejar que se pudra en su propia salsa. Ganarle en su propio juego. Si quiere venir todos los días, que venga, pague y listo.

—Será lo mejor —replicó Arévalo—, pero en ese juego gana el de más aguante, y yo no doy más.

Llegó la noche. El gordo no se iba. Julia trajo la comida, para ella y para Arévalo. Comieron en el mostrador.

—¿El señor no va a comer? —con la boca llena, Julia preguntó al gordo.

Éste respondió:

—No, gracias.

—Si por lo menos te fueras —mirándolo, Arévalo suspiró.

—¿Le hablo? —inquirió Julia—. ¿Le tiro la lengua?

—Lo malo —repuso Arévalo— es que tal vez no te da conversación, te contesta sí, sí, no, no.

Dio conversación. Habló del tiempo, demasiado seco para el campo, y de la gente y de sus gustos inexplicables.

—¿Cómo no han descubierto esta hostería? Es el lugar más lindo de la costa —dijo.

—Bueno —respondió Arévalo, que desde el mostrador estaba oyendo—, si le gusta la hostería es un amigo. Pida lo que quiera el señor: paga la casa.

—Ya que insisten —dijo el gordo— tomaré otra caña quemada.

Después pidió otra. Hacía lo que ellos querían. Jugaban al gato y al ratón. Como si la caña dulce le soltara la lengua, el gordo habló:

—Un lugar tan lindo y las cosas feas que pasan. Una picardía. Mirando a Julia, Arévalo se encogió de hombros resignadamente.

—¿Cosas feas? —Julia preguntó enojada.

—Aquí no digo —reconoció el gordo— pero cerca. En los acantilados. Primero un automóvil, después otro, en el mismo punto, caen al mar, vean ustedes. Por entera casualidad nos enteramos.

—¿De qué? —preguntó Julia.

—¿Quiénes? —preguntó Arévalo.

—Nosotros —dijo el gordo—. Vean ustedes, el señor ese del Opel que se desbarrancó, Trejo de nombre, tuvo una desgracia, años atrás. Una hija suya, una señorita, se ahogó cuando se bañaba en una de las playas de por aquí. Se la llevó el mar y no la devolvió nunca. El hombre era viudo; sin la hija se encontró solo en el mundo. Vino a vivir junto al mar, cerca del paraje donde perdió a la hija, porque le pareció —medio trastornado quedaría, lo entiendo perfectamente— que así estaba más cerca de ella. Este señor Trejo —quizás ustedes lo hayan visto: un señor de baja estatura, delgado, calvo, con bigotito bien recortado y anteojos— era un pan de Dios, pero vivía retraído en su desgracia, no veía a nadie, salvo al doctor Laborde, su vecino, que en alguna ocasión lo atendió y desde entonces lo visitaba todas las noches, después de comer. Los amigos bebían el café, hablaban un rato y disputaban una partida de ajedrez. Noche a noche igual. Ustedes, con todo para ser felices, me dirán qué programa. Las costumbres de los otros parecen una desolación, pero, vean ustedes, ayudan a la gente a llevar su vidita. Pues bien, una noche, últimamente, el señor Trejo, el del Opel, jugó muy mal su partida de ajedrez.

El gordo calló, como si hubiera comunicado un hecho interesante y significativo. Después preguntó:

—¿Saben por qué? Julia contestó con rabia:

—No soy adivina.

—Porque a la tarde, en el camino de la costa, el señor Trejo vio a su hija. Tal vez porque nunca la vio muerta, pudo creer entonces que estaba viva y que era ella. Por lo menos, tuvo la ilusión de verla. Una ilusión que no lo engañaba del todo, pero que ejercía en él una auténtica fascinación. Mientras creía ver a su hija, sabía que era mejor no acercarse a hablarle. No quería, el pobre señor Trejo, que la ilusión se desvaneciera. Su amigo, el doctor Laborde, lo retó esa noche. Le dijo que parecía mentira, que él, Trejo, un hombre culto, se hubiera portado como un niño, hubiera jugado con sentimientos profundos y sagrados, lo que estaba mal y era peligroso. Trejo dio la razón a su amigo, pero arguyó que si al principio él había jugado, quien después jugó era algo que estaba por encima de él, algo más grande y de otra naturaleza, probablemente el destino. Pues ocurrió un hecho increíble: la muchacha que él tomó por su hija —vean ustedes, iba en un viejo automóvil, manejado por un joven— trató de huir. «Esos jóvenes», dijo el señor Trejo, «reaccionaron de un modo injustificable si eran simples desconocidos. En cuanto me vieron, huyeron, como si ella fuera mi hija y por un motivo misterioso quisiera ocultarse de mí. Sentí como si de pronto se abriera el piso a mis pies, como si este mundo natural se volviera sobrenatural, y repetí mentalmente: No  puede ser, no puede ser». Entendiendo que no obraba bien, procuró alcanzarlos. Los muchachos de nuevo huyeron.

El gordo, sin pestañear, los miró con sus ojos lacrimosos. Después de una pausa continuó:

—El doctor Laborde le dijo que no podía molestar a desconocidos. «Espero», le repitió, «que si encuentras a los muchachos otra vez, te abstendrás de seguirlos y molestarlos». El señor Trejo no contestó.

—No era malo el consejo de Laborde —declaró Julia—. No hay que molestar a la gente. ¿Por qué usted nos cuenta todo esto?

—La pregunta es oportuna —afirmó el gordo—: atañe el fondo de nuestra cuestión. Porque dentro de cada cual el pensamiento trabaja en secreto, no sabemos quién es la persona que está a nuestro lado. En cuanto a nosotros mismos, nos imaginamos transparentes; no lo somos. Lo que sabe de nosotros el prójimo, lo sabe por una interpretación de signos; procede como los augures que estudiaban las entrañas de animales muertos o el vuelo de los pájaros. El sistema es imperfecto y trae toda clase de equivocaciones. Por ejemplo, el señor Trejo supuso que los muchachos huían de él, porque ella era su hija; ellos tendrían quién sabe qué culpa y le atribuirían al pobre señor Trejo quién sabe qué propósitos. Para mí, hubo corridas en la ruta, cuando se produjo el accidente en que murió Trejo. Meses antes, en el mismo lugar, en un accidente parecido, perdió la vida una señora. Ahora nos visitó Laborde y nos contó la historia de su amigo. A mí se me ocurrió vincular un accidente, digamos un hecho, con otro. Señor: a usted lo vi en la Brigada de Investigaciones, la otra vez, cuando lo llamamos a declarar; pero usted entonces también estaba nervioso y quizá no recuerde. Como apreciarán, pongo las cartas sobre la mesa.

Miró el reloj y puso las manos sobre la mesa.

—Aunque debo irme, el tiempo me sobra, de modo que volveré mañana. —Señalando la copa y la taza, agregó—: ¿Cuánto es esto?

El gordo se incorporó, saludó gravemente y se fue. Arévalo habló como para sí:

—¿Qué te parece?

—Que no tiene pruebas —respondió Julia—. Si tuviera pruebas, por más que le sobre tiempo, nos hubiera arrestado.

—No te apures, nos va a arrestar —dijo Arévalo cansadamente—. El gordo trabaja sobre seguro: en cuanto investigue nuestra situación de dinero, antes y después de la muerte de la vieja, tiene la clave.

—Pero no pruebas —insistió Julia.

—¿Qué importan las pruebas? Estaremos nosotros, con nuestra culpa. ¿Por qué no ves las cosas de frente, Julita? Nos acorralaron.

—Escapemos —pidió Julia.

—Ya es tarde. Nos perseguirán, nos alcanzarán.

—Pelearemos juntos.

—Separados, Julia; cada uno en su calabozo. No hay salida, a menos que nos matemos.

—¿Que nos matemos?

—Hay que saber perder: tú lo dijiste. Juntos, sin toda esa pesadilla y ese cansancio.

—Mañana hablaremos. Ahora tienes que descansar.

—Los dos tenemos que descansar.

—Vamos.

—Sube. Yo voy dentro de un rato.

Julia obedeció.

Raúl Arévalo cerró las ventanas y las persianas, ajustó los pasadores, uno por uno, cerró las dos hojas de la puerta de entrada, ajustó el pasador, giró la llave, colocó la pesada tranca de hierro.

De El lado de la sombra (1962)

* * *

Adolfo Bioy Casares nació en Buenos Aires, Argentina, el 15 de septiembre de 1914 y falleció el 8 de marzo de 1999 en Buenos Aires.

Obras: Novelas: La invención de Morel (1940), Plan de evasión (1945), El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), Dormir al Sol (1973), La aventura de un fotógrafo en La Plata (1985).

Novelas cortas: El perjurio de la nieve (1945), Un campeón desparejo (1993), De un mundo a otro (1998).

Libros de cuentos (No reconocidos por el autor): Prólogo (1929), 17 disparos contra lo porvenir (1933), Caos (1934), La nueva tormenta o La vida múltiple de Juan Ruteno (1935), La estatua casera (1936), Luis Greve, muerto (1937).

Oficializados por el autorLa trama celeste (1948), Historia prodigiosa (1956), Guirnalda con amores (1959), El lado de la sombra (1962), El gran serafín (1967), El héroe de las mujeres (1978), Historias desaforadas (1986), Una muñeca rusa (1990), Una magia modesta (1997).

Ensayos: La otra aventura (1968), Memoria sobre la pampa y los gauchos (1970), Diccionario del argentino exquisito (1971, Diccionario de palabras que no deberíamos utilizar), De jardines ajenos: libro abierto (1997, recopilación de frases, poemas, y miscelánea diversa, editada en colaboración con Daniel Martino), De las cosas maravillosas (1999).

Memorias/Diarios: A lo largo de toda su vida, Bioy llevó a cabo un vastísimo diario del que han salido las siguientes publicaciones: Memorias (1994, editado por Marcelo Pichon Riviere y Cristina Castro Cranwell), Descanso de caminantes (2001, libro póstumo, editado por Daniel Martino), Borges (2006, libro póstumo, selección del diario del autor donde aparecen referencias a Jorge Luis Borges, preparado por Bioy Casares en colaboración con Daniel Martino y editado por éste), Unos días en el Brasil (1991, en una edición de apenas 300 ejemplares fuera de comercio).

Cartas: En viaje (1967) (1996, cartas para Silvina Ocampo y Marta Bioy, editadas por Daniel Martino).

Obras en colaboración con otros autores: Con Jorge Luis Borges: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Cuentos breves y extraordinarios (1955), Libro del Cielo y del Infierno (1960), Crónicas de Bustos Domecq (1967), Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977). Guiones de cine: Los orilleros (1955), El paraíso de los creyentes (1955, no filmada), Invasión (1969, dirección Hugo Santiago), Les autres (1971, dirección Hugo Santiago).

Con Silvina Ocampo: Los que aman, odian (1946)

Con Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges: Antología de la Literatura Fantástica (1940), Antología poética argentina (1941).

Montt, humor

Alberto Montt nació en Chile y estudió Diseño Gráfico y Artes Plásticas en Ecuador. Tras graduarse cofundó una compañía de diseño y se inició en la ilustración, ganando el Tercer Premio en el Primer Concurso Nacional de Ilustración Infantil en este país. Continuó trabajando en ilustración infantil y en revistas como Gestión, Diners Club y en el suplemento “La pandilla” del diario El Comercio de Quito. Regresó a Chile para dedicarse por completo a la ilustración y actualmente trabaja como colaborador en El Mercurio y en las revistas Qué Pasa, Capital y Blank. También ha ilustrado libros infantiles para varias editoriales. Publicó Para ver y no creer, título realizado con Claudia Vega, quien es Comunicadora Social y se dedica a la redacción creativa.

Su página es dosisdiarias.com

J.M. Coetzee / Life & Times of Michael K (Vida y época de Michael K)

En Sudáfrica han desatado la guerra civil. Ahora todo ha cambiado. Michael K, jardinero del Ayuntamiento, sólo tiene a Anna, su madre, que está enferma y que desea refugiarse en el campo junto con su hijo. En un país convulsionado, con la permanente presencia de policía y ejército, ambos emprenden la marcha desde la ciudad luchando para que el estado de salud de Anna no empeore y haciendo frente a la nueva realidad del país.

*

Pensó: Ahora estoy seguro de haber llegado tan lejos como es posible; estoy seguro de que nadie está tan loco de cruzar esa meseta, subir estas montañas, buscar entre estas rocas para encontrarme; y estoy seguro de que ahora, que soy el único en todo el mundo que sabe dónde estoy, puedo darme por perdido.

Todo había quedado atrás. Cuando se despertó por la mañana no se enfrentó más que al enorme bloque de un único día, cada mañana un día. Se vio como una termita abriéndose paso a través de una roca. No había nada más salvo vivir. Permaneció sentado tan quieto que no le hubiera sorprendido ver a los pájaros acercarse y posarse en su hombro.

* *

Esta excelente obra de Coetzee es el testimonio de un viaje exterior, pero a la vez interior, de un hombre que casi lo ha perdido todo y que accede a lo más recóndito de su existencia para ubicarse, transitoriamente, quizás definitivamente, en su lugar en el mundo. Tan recomendable como las otras novelas suyas que he leído: En medio de ninguna parte, Desgracia y Elizabeth Costello.

* * *

John Maxwell Coetzee nació el 9 de febrero de 1940 en Ciudad del Cabo, Provincia del Cabo, Sudáfrica.

Obras: Ficción: Dusklands (Tierras de poniente, 1974), In the Heart of the Country (En medio de ninguna parte, 1977), Waiting for the Barbarians (Esperando a los bárbaros, 1980), Life & Times of Michael K (Vida y época de Michael K, 1983), Foe (1986), Age of Iron (La edad de hierro, 1990), The Master of Petersburg (El maestro de Petersburgo, 1994), The Lives of Animals (Las vidas de los animales, 1999), Disgrace (Desgracia, 1999), Elizabeth Costello (2003), Slow Man (Hombre lento, 2005), Diary of a Bad Year (Diario de un mal año, 2007).

Autobiografía ficcionalizada: Boyhood: Scenes from Provincial Life (Infancia: Escenas de la vida de provincia, 1997), Youth: Scenes from Provincial Life II (Juventud: Escenas de la vida de provincia, 2002), Summertime: Scenes from Provincial Life III (Verano: Escenas de la vida de provincia, 2009).

No ficción: White Writing: On the Culture of Letters in South Africa (1988), Doubling the Point: Essays and Interviews (1992), Giving Offense: Essays on Censorship (1996), Stranger Shores: Literary Essays, 1986–1999 (2002), Inner Workings: Literary Essays, 2000–2005 (2007).

En 1983 obtuvo el Premio Booker por Vida y época de Michael K, en 1987 el Premio Jerusalem, en 1999 el Premio Booker por Desgracia y en 2003 el Premio Nobel de Literatura.

Anouar Brahem / The astounding eyes of Rita (Los asombrosos ojos de Rita)

Anouar Brahem nació el 20 de octubre de 1957 en Halfaouine, Medina, Túnez. Es compositor y ejecuta con un exquisito buen gusto el laúd árabe.

Discografía: Barzakh (1991, con Lassad Hosni y Bechir Selmi), Conte de l’Incroyable Amour (1992, con Barbaros Erköse), Madar (1994, con Jan Garbarek y Ustad Shaukat Hussain), Khomsa (1995, con Richard Galliano, Bechir Selmi y Francois Couturier), Thimar (1998, con John Surman y Dave Holland), Astrakan Café (2000, con Barbaros Erköse y Lassad Hosni), Charmediterranéen (2002, con Orquesta Nacional de Jazz y Gianluigi Trovesi), Vague (2003, selección), Le Pas du Chat Noir (2002, con Francois Couturier y Jean-Louis Matinier), Le Voyage de Sahar (2006, con Francois Couturier y Jean-Louis Matinier), The Astounding Eyes of Rita (2009, con Klaus Gesing, Björn Meyer y Khaled Yassine). Todos sus discos son publicados por ECM.

Samuel Taylor Coleridge / The Suicide’s Argument (El argumento del suicida)

Ilustración de la Rima del anciano marinero, por Gustave Doré.

El argumento del suicida

Antes del nacimiento de mi vida, si yo lo deseaba o no
No me fue hecha ninguna pregunta – ¡no podía ser así!
Si la vida era la pregunta, una cosa enviada por intentar
Y si vivir es SÍ; ¿qué puede ser NO? morir.

LA RESPUESTA DE LA NATURALEZA

¿Se ha vuelto igual que se fue enviado? ¿No es peor el desgaste?
¡Piensa primero lo que ERES! ¡Toma conciencia de lo que tú ERAS!
Te dí inocencia, te dí esperanza,
Te dí salud, y genio, y un amplio margen,
¿Retornarás a mí, culpable, aletargado, desesperado?
Haz el inventario; ¡examina, compara!
Entonces muere – ¡si te atreves a morir!

Traducción propia

*

The Suicide’s Argument

Ere the birth of my life, if I wished it or no
No question was asked me–it could not be so !
If the life was the question, a thing sent to try
And to live on be YES; what can NO be ? to die.

NATURE’S ANSWER

Is’t returned, as ’twas sent ? Is’t no worse for the wear ?
Think first, what you ARE ! Call to mind what you WERE !
I gave you innocence, I gave you hope,
Gave health, and genius, and an ample scope,
Return you me guilt, lethargy, despair ?
Make out the invent’ry ; inspect, compare !
Then die–if die you dare !

* * *

Samuel Taylor Coleridge nació el 21 de octubre de 1772 en Ottery St. Mary, Devon, Inglaterra y falleció el 25 de julio de 1834 en Highgate, Inglaterra.

Obras: Lyrical Ballads (1798): The Rime of the Ancient Mariner (Rima del anciano marinero), Christabel (1816), Kubla Khan, or, A Vision in a Dream, A Fragment (Kubla Khan, o, Una visión en un sueño, un fragmento, 1816); The Conversation poems: The Eolian Harp (El arpa eólica, 1795), Reflections on having left a Place of Retirement (Reflexiones sobre haber dejado un lugar de retiro, 1795), This Lime-Tree Bower my Prison (1797), Frost at Midnight (Escarcha a la medianoche, 1798), Fears in Solitude (1798), The Nightingale: A Conversation Poem (1798), Dejection: An Ode (1802), To William Wordsworth (1807); Biographia Literaria, otras obras en prosa y piezas teatrales.

Miguel Espeche / Pegarle a un hijo es signo de impotencia

(Publicado en diario La Nación, 9.11.2011)

Entender que pegar a los chicos es el mejor camino para educarlos es un error. Es también indicador de pobreza de criterios y de imaginación en lo que a didáctica respecta.

Es obvio que el libro que hoy está en la mira mediática es un producto puntual, propio de una cultura muy específica. La misma abunda en algunas zonas de los Estados Unidos y responde a un complejo entrecruzamiento de cuestiones religiosas, históricas y culturales que hacen que, en un país considerado de avanzada en tantas cosas, convivan subculturas que, en el deseo de salvaguardar genuinamente valores tradicionales, se radicalizan y se salen de cauce, como es lo que ocurre con el libro que hoy nos ocupa.

Es verdad que la dilución de la figura paterna es un problema tan grave como lo fue antaño el autoritarismo. El autoritarismo sigue existiendo, pero hoy está más en manos de los hijos que de los padres, al menos en nuestro país.

Es importante que los padres logren respeto de parte de sus hijos. Para ello, deben respetarse a sí mismos y evitar sentir que son culpables de haber traído a sus hijos a este mundo cruel (¿cuándo el mundo no fue cruel?) o sentir que sus hijos son de cristal y cualquier cosa dañará su psiquismo.

Nos atrevemos a decir que es bueno que los padres sean poderosos. Pueden amar a sus hijos, pueden ofrecerles alimento físico y anímico, pueden educarlos, pueden “marcarles la cancha”, pueden vivir una vida y, desde allí, traer el pan de cada día…

Al ver a sus padres como poderosos, los hijos respetarán, porque respetan el poder, no el no poder. Demasiados padres se “enganchan” más con su impotencia que con su potencia, y eso es perturbador en todo sentido, en particular, para sus hijos.

Claro, acá viene entonces el eterno temor al autoritarismo. Es que la palabra poder es vista como sinónimo de autoritario, cuando poder es, simplemente, tener capacidad de hacer lo que se hace. Los padres son vistos como hábiles para la vida por parte de esos hijos que van construyendo, desde chiquitos, la noción de que sin esos padres, poco podrían hacer….y tienen razón.

En un país que dice que “tener de hijo” es sinónimo de vencer, humillar o aplastar, al punto que se dice eso del equipo deportivo contrario reiteradamente vencido por el propio, no es raro que se piense que el poder de los padres es vejatorio, cuando, de hecho, no lo es, porque es un poder amoroso que habilita a los hijos a crecer.

En ese contexto, pegarle a los chicos es lisa y llanamente un signo de impotencia, no de potencia. El miedo como único elemento disciplinario es dañino y es signo de un problema que hará eclosión una vez que el miedo se vaya, y aparezca el resentimiento en vez de la gratitud.

Firmeza, énfasis, enojo….todo vale cuando es signo de fuerza y no de debilidad. Los chicos notan la diferencia entre un grito impotente y otro que da cuenta del límite rotundo.

En nuestro país existe la violencia familiar y eso es un grave problema. Lo que sí no existe es un aval escrito para esa violencia, como sí ocurre con el libro que explícitamente indica cómo y cuándo castigar físicamente a los chicos, señalando caprichosamente a la Biblia como elemento educativo literal.

No hablamos de edulcoramiento o de un “explicacionismo” insufrible cuando negamos la eficacia del golpe como herramienta a la hora de educar. No es la tibieza insulsa la contracara de la violencia. Todos aquellos que hayan sido padres de verdad, y no meros “tribuneros” de la paternidad ajena, saben que el día a día con los hijos es transpirado, desprolijo y….amoroso. Los chicos están hechos a prueba de yerros paternos, pero no pueden contra el desamor o la violencia instituida.

Por eso, pensar una educación con padres que pueden marcar la cancha, sin creer que todo es ternura en esta vida ya que el amor también tiene su cara áspera, es algo que sirve, y mucho, para ofrecer tranquilidad y acompañamiento conceptual y anímico a millones de padres que a veces se sienten jaqueados y culposos.

Pero eso ni remotamente significa apostar a la violencia instituida como elemento de coerción, porque lo que educa es el amor, no el espanto. Y en ese sentido podemos decir que el golpe metódico y guiado por teóricos de la violencia familiar es, justamente, un espanto que hay que evitar a toda costa.

* * *

Miguel Enrique Espeche es Licenciado en Psicología, especialista en vínculos, salud mental comunitaria y potenciación humana. Ejerce como psicoterapeuta y realiza conferencias y talleres sobre diversos temas para instituciones educativas, empresas o comunidades. Desde el año 1997 es Coordinador General del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. Desde el año 1988 colabora con el diario La Nación y actualmente es columnista de la revista Sophia, para la que también ha dictado charlas en todo el país. También es columnista en los noticieros del mediodía de los canales 13 y TN noticias de la ciudad de Buenos Aires.

Libros: Penas de amor (casos reales y actitudes frente al dolor emocional), Criar sin miedo.

Sitio web www.miguelespeche.com.ar

Georg Trakl, poesía

TRISTEZA

La desdicha universal flota como un espectro por la tarde.
Barracas que por incultos jardincillos pardos huyen.
Pabilos fantasmales oscilan en el estiércol quemado,
dos durmientes se bambolean rumbo a la casa, grises y difusos.

Sobre el marchito prado corre un niño
y juega con sus ojos negros y lisos.
El oro gotea de los arbustos borroso y apagado.
Un viejo gira tristemente al viento.

Al atardecer, de nuevo sobre mi cabeza,
Saturno guía mudo un sino desdichado.
Un árbol, los pasos de un perro en retirada,
y negro vacila el cielo de Dios y deshojado.

Un pececillo se desliza veloz en el arroyo
y leve roza apenas la mano del amigo muerto,
y alisa con ternura su frente y su vestido.
Una luz despierta las sombras en los cuartos.

Traducción de Rodolfo Modern

LAMENTO

Sueño y muerte, las águilas sombrías
aletean en torno a esta cabeza
toda la noche: el gélido oleaje de la eternidad
devoraría la dorada imagen
del hombre. En escollos de espanto
el purpúreo cuerpo se estrella. Una voz
oscura se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tristeza tormentosa
mira, una barcaza con temor se hunde
bajo las estrellas,
el silencioso rostro de la noche.

GRODEK

Al atardecer resuenan los bosques otoñales
de armas mortíferas, las doradas planicies
y lagos azules, sobre los que el sol
rueda más lóbrego; ciñe la noche
a agonizantes guerreros, la queja brutal
de sus bocas destrozadas.
Mas, silenciosas en el fondo del prado, recogen
las nubes, en las que habita un dios iracundo,
la sangre derramada, frescor lunar;
todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Bajo dorado ramaje de la noche y estrellas
vacila la sombra de la hermana por la callada floresta,
yendo a saludar a los espíritus de los héroes, las testas sangrantes;
y quedas suenan en los juncos las oscuras flautas del otoño.
¡Oh, más altiva aflicción! vosotros, altares broncíneos,
a la llama ardiente del espíritu la nutre hoy un majestuoso dolor,
los nietos no nacidos.

Traducción de Héctor A. Piccoli

EL SOL

A diario llega el sol amarillo sobre el cerro.
Es hermoso el bosque, la bestia oscura,
el hombre que caza o que apacienta.

De rojo asoma el pez en el verde de la alberca.
Bajo el cielo redondel
boga leve el pescador en su barca azulada.

Sin prisa va a sazón el racimo, viene el grano.
Al caer callado el día,
bien y mal ya están dispuestos.

Al entrar la noche,
leve alza el caminante el peso de sus párpados;
de la oscura garganta el sol despunta.

Traducción de José Luis Arántegui

CREPÚSCULO EN EL ALMA

Silenciosa va a dar al lindero del bosque
una bestia oscura;
en el cerro acaba quedo el viento de la tarde,

enmudece en su queja el mirlo,
y blandas flautas del otoño
callan entre los juncos.

En una negra nube
navegas ebrio de amapolas
la alberca de la noche,

el cielo de los astros.
Aún resuena la voz de luna de la hermana
en la noche del alma.

Traducción de José Luis Arántegui

* * *

Georg Trakl nació el 3 de febrero de 1887 en Salzburgo, Austria y falleció el 3 de noviembre de 1914, en Cracovia, Polonia.

Principales obras: Poemas (1913), Sebastian en el sueño (1915, póstumo), De Herbst des Einsamen (El otoño del solitario, 1920, póstumo), Gesang der Abgeschieden (Canción del fragmentado, 1933, póstumo), Aus goldenen Kelch (Desde la copa de oro, 1939, póstumo), Offenbarung und Untergang (Revelación y decadencia, 1947, póstumo).

Obras completas: Die Dichtungen.

* * *

Texto extraído de www.saltana.org:

Testimonio de Ludwig von Ficker, en Kurt PINTHUS (ed.), Menschheitsdämmerung. Ein Dokument des Expressionismus. (Lernmaterialien), Berlín: Ernst Rowohlt Verlag, 1920, traducción del pasaje de J.-L. Arántegui:

«Siempre se le hacía difícil arreglárselas con el mundo exterior, al tiempo que iba ahondándose cada vez más en el manantial de su creación poética… Bebedor y drogadicto empedernido, jamás le abandonaba su porte noble, de un temple espiritual fuera de lo común; no hay hombre que haya podido verle jamás tambalearse siquiera o ponerse impertinente cuando bebía, si bien a horas avanzadas de la noche su forma de hablar, por lo demás tan delicada y como rondando siempre a un mutismo inefable, se endurecía a menudo con el vino de una manera peculiar y entonces podía aguzarse en una malicia relampagueante. Pero por debajo, solía sufrir él más que aquéllos sobre cuyas cabezas descargaba como un rayo la daga de sus palabras en el corro enmudecido; pues en tales momentos parecía de una veracidad tal que le partiera auténticamente el corazón. Por lo demás, era un hombre callado, ensimismado, pero en modo alguno reservado; al contrario, sabía entenderse bondadoso y humano como el que más con gente sencilla y franca de cualquier clase social, de la más alta a la más baja, con que tuvieran el corazón “en su sitio”, en particular con los niños. Bienes apenas le quedaban, tener libros siempre le pareció superfluo, y acabó “liquidando” por lo que le dieran todo su Dostoievski, al que veneraba fervientemente… Entonces estalló la guerra, y Trakl tuvo que ir al frente en su antiguo puesto de farmacéutico militar con un hospital volante. A Galitzia. Al principio aquello pareció romper el hielo y arrancarle a su pesadumbre. Pero luego, tras la retirada de Grodeck, recibí desde el hospital de plaza de Cracovia, adonde se le había llevado para observación por su estado psíquico, un par de cartas suyas que sonaban como llamadas de socorro de su alma. Me decidí sin tardar y salí hacia Cracovia. Allí tuve el último y conmovedor encuentro con mi inolvidable amigo. En Cracovia y de vuelta a Viena hice cuanto estuvo en mi mano por traerle de vuelta a los cuidados de casa. Pero apenas llegué allí [a Innsbruck] recibí la noticia de su muerte. Murió la noche del 3 al 4 de noviembre de 1914, tras un día de agonía, presuntamente por efecto de una dosis de veneno que ingirió; de todos modos su final está envuelto en la oscuridad, pues no se permitió estar a su lado a su asistente. Éste, un minero de Hallstatt adscrito a Sanidad, llamado Mathias Roth, fue el único ser humano que asistió de luto al entierro de Trakl».

Kōji Yamamura / Kafuka: Inaka Isha (Kafka: Un médico rural)

Kōji Yamamura nació el 4 de junio de 1964 en Nagoya, Japón.

Filmografía: Aquatic (Suisei, 1987, 5 min.), Japanese-English Pictionary (Hyakkazukan, 1989, 12 min.), Perspektivenbox -Researcher’s Search- (Enkinhō no Hako -Hakase no Sagashimono-, 1990, 4 min.), The Elevator (Fushigina Erebētā, 1991, 7 min.), Karo & Piyobupt (Karo to Piyobuputo: “A House”, O-Uchi, 1993, 4 min.; “The Sandwiches”, Sandoicchi, 1993, 4 min.; “Imagination”, Ame no Hi, 1993, 4 min.), Pacusi (Pakushi, 1995, 18 × 1 min.), Kipling Jr. (Kippuringu Jr., 1995, 14 min.), Kid’s Castle (1995, 5 min.), Bavel’s Book (Babel no Hon, 1996, 5 min.), Mr. Rib Globe (Chikyū Rokkotsu Otoko, 1998, 2 min.), 48 segundos segmento “CARP” para REMtv (1999), Your Choice! (Docchinisuru, 1999, 10 min.), Mt. Head (Atamayama, 2002, 10 min.), Pieces (Omake, 2003, 2 min.), 40 segundos segmento para Winter Days (Fuyu no Hi, 2003), The Old Crocodile (Toshi o Totta Wani, 2005, 13 min.), 5 minutos segmento “Fig” para Tokyo Loop (2006), Franz Kafka – Ein Landarzt (Kafuka: Inaka Isha, 2007, 21 min.), A Child’s Metaphysics (Kodomo no Keijijōgaku, 2007, 5 min.), Muybridge’s Strings (Maiburijji no Ito, 2011, 12 min.).

Su sitio web es www.yamamura-animation.jp

Manuel J. Castilla, poesía

EL GOZANTE

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy solo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.
En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío.
Sé que en este momento, dentro de mí,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra.
De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento,
puedo dejar que encima de mis ingles
amamante la luna sus colmillos pequeños.
Zorros la cola como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas
yararás despielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste
nada y mi alegría.
Después, si ya estoy muerto,
échenme arena y agua. Así regreso.

LA POMEÑA

Eulogia Tapia en La Poma
al aire da su ternura
si pasa sobre la arena
y va pisando la luna.

El trigo que va cortando
madura por su cintura,
mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
está llorando
porque te roban, Eulogia
carnavaleando.

La cara se le enharina,
la sombra se le enarena
cantando y desencantando
se le entreveran las penas.

Viene en un caballo blanco
la caja en su mano tiembla
y cuando se hunde en la noche
en una dalia morena.

ESTA TIERRA ES HERMOSA

Esta tierra es hermosa.
Crece sobre mis ojos como una abierta claridad asombrada.
La nombro con las cosas que voy amando y que me duelen;
Montañas pensativas, lunas que se alzan sobre el chaco
Como una boca de horno de pan recién prendido,
Yuchanes de leyenda
En donde duermen indios y ríos esplendentes,
Gauchos envueltos en una gruesa cáscara de silencio
Y bejucos volcando su azulina inocencia.
Todo eso quiero.
Y hablo de contrapuntos encrespados
Y de lo que ellos para virilmente sangrientos
Cuando el vino en la muerte es un adiós morado.

Esta tierra es hermosa.
Déjenme que la alabe desbordado,
Que la vaya cavando
De canto en canto turbio
Y en semilla y semilla demorado.
Ocurre que me pasa que la pienso despacio
Y que empieza a dolerme casi como un recuerdo,
Y sin embargo, triste, la festejo.
Mato los colibríes que la elogian
Como quien apagara los pétalos del aire.
Hondeo como un niño ángeles y campanas
Y cuando así, dolido, la desnudo,
Cuando así la lastimo,
Me crece, ay, una lágrima en la que apenas si me reconozco.

Digo que me le entrego.
Digo que sin saber la voy amando,
Y digo que me vaya perdonando
Y en un perdón y en otro que le pido
Digo que alegremente voy sangrando.

POEMA QUE MANUEL J. CASTILLA ESCRIBIÓ TRAS EL ASESINATO DE ALBERTO BURNICHON, EDITOR

Vengan, arrimensé, vean lo que han hecho.
Antes que se lo lleven mirenló de perfil en este charco.
Ya le va ahogando el agua poco a poco el cabello
y la alta frente noble.
Los pastos pequeños afloran entre el agua sangrienta
y le tocan el rostro levemente.
Su corazón sin nadie está aguachento con una bala adentro.
¿Miraron ya?
¿Era de mañana, de tarde, de noche que ustedes lo mataron?
¿Se acuerdan cuándo era?
(Los alquilones sólo miran la hora del dinero.)
No, no se vayan, oigan esto:
El hombre que ustedes han matado amaba la poesía.
Cuando ustedes aún no habían nacido
los pies de ese señor iban por todos los pueblos de Argentina
dejando en cada uno la voz de los poetas.
Esos versos llevaban
sus ganas de justicia y de mostrar belleza.
Ustedes han cobrado dinero por matarlo
y él jamás cobró nada porque ustedes aprendieran a leer.
Fíjense:
hacía libros de poemas que regalaba a los obreros.
Tenía como ustedes, hijos, mujer y un techo
que también le han derrumbado
y libros de aprender a ser gente.
Todo eso han destruido, ¿se dan cuenta?
¿Y ahora?
Ustedes, pobres matadores,
perdonados por él, ya reposados
piensan conmigo: ¿Qué haremos con el muerto?
Yo lo recobro ahora, húmedo en yuyarales.
Mi mano le despeina como a un nido dormido.
Miro su portafolios abierto en donde caben todas las sorpresas del mundo,
fotos de sus amigos pintores y escultores
saliendo entre las pruebas de algún libro de versos.
Lo miro apareciendo en cualquier parte en cuanto lo han nombrado.
Se iba quedando siempre que se iba.
Por eso estaba con nosotros, ausente.
Nos quería en silencio.
A Wernicke, a Galán, a Lino Spilimbergo y a Alonso.
Luis Víctor Outes, Bustos,
le arrodillaban el corazón
cuando Rolando Valladares triste, andaba en las vidalas.
Se echaba en la amistad como un vino en las copas
y había que beberlo
hasta la última luz del alba y la alegría.
Va cielo arriba, en Córdoba, solito.
Nosotros, aquí en Salta, lo pensamos.
Y ahora, matadores alquilados:
¿qué hacemos con el muerto?

Salta, 16 de abril de 1976

QUÉ LINDO CUANDO ME MUERA

Qué lindo cuando me muera y vengan mis amigos a mirarme los ojos.
Estaré ya lejano, llenas de un sueño quieto mis pupilas.
Tal vez dentro de esa agua
vayan viendo las cosas que yo he visto y amado:
un lapacho amarillo y otro lapacho blanco
donde miré la tarde endulceserse silenciosa
y a la nieve pensando su copo más hermoso.

Tal vez me miren viendo como nace la flor de la semilla,
su fiesta sola y olvidada;
puede ser que me encuentren solos los cementerios de las cumbres en la Poma,
oyendo cómo suena, reseco en siemprevivas, el olvido en el viento
entre rosas celestes de papel inocente.

Quizás también, junto a mis apagados ademanes,
beban la chicha cuajada en ojos muertos
por donde miran tristes los maíces de América
y por donde mi canto se calienta
y me sale al camino
igual que una bandera colorada y de fiesta en Bolivia.

Quizás dentro los cielos hueros de mis pupilas
hallen una corzuela muriéndose en los montes
como un agua apagada por su propia hermosura
y encuentren unos ciegos cantando, entraña tras entraña,
muertos que se les quedan colgados de sus rezos
igual que una guirnalda de violetas heladas.

Acaso un día, carnavaleando airosos con el vino
llenos de sol y harina y coplas y caballos,
topen un ramo verde de albahaca marchitado
y piensen que yo alegre me coronaba de laureles.

Puede ser que mirándome se vayan por los chacos
y entre arena y arena y más arena se descuelgue la luna
con una garza adentro entre los bobadales del Bermejo.

Quizás entre guitarras las madres amantísimas
sientan las serenatas desvelarlas;
quizás con las palomas del amor se alejen sus mensajes en papeles celestes
deshaciendo en el aire sus huesos delicados.

Quizás todo eso ocurra
cuando junto a mis ojos, grises por el olvido,
estén conmigo dulcemente muertos.

* * *

Manuel J. Castilla nació en la casa ferroviaria de la Estación de Cerrillos, provincia de Salta, Argentina, el 14 de agosto de 1918 y falleció el 19 de julio de 1980 en Salta.

Obras: Poesía: Agua de lluvia (1941), Luna muerta (1944), La niebla y el árbol (1946), Copajira (1949), La tierra de uno (1951), Norte adentro (1954), El cielo lejos (1959), Bajo las lentas nubes (1963), Amantes bajo la lluvia (1963), Posesión entre pájaros (1966), Andenes al ocaso (1967), Tres veranos (1970), El verde vuelve (1970), Cantos del gozante (1972), Coplas de Salta (1972), Triste de la lluvia (1977), Cuatro carnavales (1979).

Prosa: De solo estar (1957).

Foo Fighters / The Pretender (El que finge)

De Echoes, Silence, Patience & Grace (2007)

Manteniéndote en la oscuridad
Vos sabés todo lo que ellos fingen
Manteniéndote en la oscuridad
Y así todo comenzó

Envié tus esqueletos
Cantan como sus huesos van marchando de nuevo
Ellos necesitan tu entierro profundo
Los secretos que guardás están siempre listos
¿Vos estás listo?
He terminado de dar sentido
Alegando ignorancia
Toda esa defensa

Girando infinitamente
Nene, la rueda está girando sobre mi
Esto nunca acaba, nunca acaba
La misma vieja historia

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

A tiempo o así yo dije
Soy sólo otra alma en venta… Oh, sí
La página esta fuera de impresión, no somos permanentes
Somos temporales, temporales
La misma vieja historia

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

Soy la voz dentro de tu cabeza que te negás a escuchar
Soy la cara que tienes que enfrentar, reflejando tu mirada
Soy lo que está a la izquierda, soy lo correcto, soy el enemigo
Soy la mano que te tirará hacia abajo, poniéndote de rodillas
Entonces, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?

Manteniéndote en la oscuridad, vos sabés lo que ellos fingen

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
Vos sos el que finge
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
(Manteniéndote en la oscuridad)
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
(Vos sabés todo lo que ellos… fingen)
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

¿Qué pasa si digo que no soy como los otros?
(Manteniéndote en la oscuridad)
¿Qué pasa si digo que no soy uno mas de tus juegos?
(Vos sabés todo lo que ellos… fingen)
¿Qué pasa si digo que nunca me rendiré?

Entonces, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?
Si, ¿quién sos vos?

Keep you in the dark / You know they all pretend / Keep you in the dark / And so it all began // Send in your skeletons / Sing as their bones go marching in… again / The need you buried deep / The secrets that you keep are ever ready / Are you ready? / I’m finished making sense / Done pleading ignorance / That whole defense // Spinning infinity, boy / The wheel is spinning me / It’s never-ending, never-ending / Same old story // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // In time or so i’m told / I’m just another soul for sale… oh, well / The page is out of print / We are not permanent / We’re temporary, temporary / Same old story // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // I’m the voice inside your head / You refuse to hear / I’m the face that you have to face / Mirrored in your stare / I’m what’s left, I’m what’s right / I’m the enemy / I’m the hand that will take you down / Bring you to your knees // So who are you? / Yeah, who are you? / Yeah, who are you? / Yeah, who are you? // Keep you in the dark / You know they all pretend // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // What if I say I’m not like the others? / What if I say I’m not just another one of your plays? / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // What if I say I’m not like the others? / (Keep you in the dark) / What if I say I’m not just another one of your plays? / (You know they all… pretend) / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // What if I say I’m not like the others? / (Keep you in the dark) / What if I say I’m not just another one of your plays? / (You know they all… pretend) / You’re the pretender / What if I say I will never surrender? // So who are you? / Yeah, who are you? / Yeah, who are you?

La última formación de Foo Fighters es Dave Grohl (voces, guitarra, batería), Nate Mendel (bajo), Taylor Hawkins (batería), Chris Shiflett (guitarra, coros), Pat Smear (guitarra).

Discografía: Foo Fighters (1995), The Colour and the Shape (1997), There Is Nothing Left to Lose (1999), One by One (2002), In Your Honor (2005), Echoes, Silence, Patience & Grace (2007), Wasting Light (2011).

Familias Unidas reclaman contra la impunidad

(Publicado en perfil.com, 4.11.2011)

Son familiares de las víctimas de la tragedia de LAPA, Cromañón y casos de gatillo fácil, entre otros. Se reúnen en Plaza San Martín.

Cromañón, Lapa, Austral, Sol, Río Tercero, Embajada de Israel y Amia. Todas son tragedias que se cobraron cientos de vidas y en su mayoría quedaron irresueltas por la Justicia. Por eso, los familiares de las víctimas se reunieron para manifestarse en la Plaza San Martín del microcentro porteño en reclamo de una respuesta.

“Exposición y acto de Familias Unidas en contra de la impunidad judicial” es la agrupación que reúne también a las llamadas Madres del dolor, encabezadas por Viviam Perrone, cuyos hijos murieron en accidentes de tránsito, y a familiares de víctimas del “gatillo fácil”.

Desde las primeras horas de la  mañana, en la Plaza San Martín se exponen dos cabinas de avión de 3 metros cada una, por los accidentes aéreos de AustralLAPA y Sol, junto a 161 sillas blancas con los nombres de las víctimas de los tres accidentes aéreos.

También habrá 194 pares de zapatillas por Cromañón, 80 cajas de municiones por Río Tercero y réplicas de armas de fuego para recordar a las víctimas del “gatillo fácil”, entre otros símbolos.

A las 18 comenzará el acto donde se cantará el Himno Nacional Argentino, se descubrirá la placa fundacional de Familias Unidas, y el cineasta Enrique Piñeyro leerá un documento de Familias Unidas.

El Pucará de Tilcara, en la nominación de WATCH 2012

En el mes de octubre se dieron a conocer las nominaciones WATCH 2012, entre las cuales el Pucará de Tilcara figura como uno de los tres sitios argentinos, entre otros 67 sitios de 41 países y territorios, elegidos para realizar acciones de conservación y preservación. La lista es confeccionada por un panel internacional de expertos en arqueología, arquitectura, historia del arte y preservación.

El Instituto Interdisciplinario Tilcara (IIT) y el Centro Universitario Marques Miranda (CUMM), dependientes de la Secretaría de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), desarrollan permanentemente acciones de mantenimiento del Pucará a la vez que han manifestado su preocupación en torno a la necesidad de generar actividades con organismos nacionales e internacionales, que permitan incrementar el cuidado y control de este legado cultural.

En los últimos años es constante en el IIT el crecimiento de diversas ofertas educativas de posgrado y la radicación de investigaciones sobre temas vinculados a la situación regional, ofreciendo, además, a través de su área de extensión, un servicio vinculado con la comunidad y el desarrollo turístico que promueve la integración de la institución al sector público, instituciones gubernamentales, municipios, escuelas, cooperativas locales y otros, en la Provincia de Jujuy.

El Pucará de Tilcara conforma uno de los sitios más significativos del Noroeste argentino, evidenciando la importancia que tuvieron las sociedades prehispánicas locales. Además, integra la historia del pueblo de Tilcara, tanto en términos de las numerosas investigaciones que se llevaron adelante así como por el valor simbólico que tiene para las comunidades originarias del entorno.

Cabe destacar que WORLD MONUMENT FUND constituye una organización independiente con sede en EEUU dedicada a salvaguardar sitios, considerados tesoros, a nivel mundial. Como parte de la organización, WORLD MONUMENT WATCH, iniciada en el año 1996, provee una oportunidad, a través de la nominación de sitios, para sensibilizar al público y promover la participación local, demostrando soluciones eficaces.

Entre los trabajos desarrollados por WATCH en 2002 se encuentra la implementación de un Programa sobre  “Conservación, Gestión y Desarrollo Sostenible de las Misiones Jesuíticas de los Guaraníes”, actividad que se concretó entre 2003 y 2007 y cuya finalidad fue establecer pautas uniformes para la preservación de dichos monumentos, así como una estrategia común de desarrollo del turismo.

Enrique Valiente Noailles / El destino de los indignados

(Publicado en diario La Nación, 18.10.2011)

Es admirable observar cómo los indignados en EE.UU. al menos mantienen, según la crónica, más limpias las calles que los eufóricos locales. No hay más que ver los restos que quedan luego de cada primavera. En todo caso, es extraño ver al mundo desarrollado experimentar en cámara lenta lo que ha vivido la Argentina hace algunos años. Desempleo, probabilidad creciente de default, desconfianza en los bancos, huida de las monedas a causa de la emisión monetaria, debilitamiento de la clase política. Parece un virus que hubiera trascendido nuestras fronteras, y que hubiera quedado latente hasta su eclosión actual. Comienza también a escucharse el razonamiento en boga entre nosotros: “Hasta que no toquemos fondo no saldremos de la crisis”. Casi un deseo, una voluntad de expiación, una necesidad de pagar por los excesos. Pero también ha emergido el fenómeno de los indignados, equivalente foráneo de nuestros ya fenecidos caceroleros. Esperemos sólo que no sigan su mismo destino.

Porque ¿qué hemos aprendido nosotros de nuestra indignación? Sólo que ha sido una fenomenal coartada para no cambiar nuestro destino de corrupción económica y política. El “que se vayan todos” funcionó como una inmensa complicidad con el statu quo político. La tragedia estructural de una clase que sube al poder esencialmente para servirse a sí misma no ha cambiado. Y tiene menos chance de cambiar ahora que la complacencia, que cierta sonrisa de largo plazo frente a la violación, se ha apoderado de nosotros. Hordas de seres enojados no son un indicio de que algo vaya a cambiar. Los indignados contemporáneos ya no cortan cabezas de los gobernantes ni aspiran a la revolución: acampan en las plazas y vierten toda su energía rebelde por fuera de los recipientes institucionales, único resorte -aunque no asegurado, claro- que podría cambiar su destino. En esta materia, la Argentina vio también un enorme despliegue de energía inocua, de asambleas que no conducían a ningún lado, de debates algo solipsistas entre quienes no tenían la posibilidad, ni tal vez la decisión, de cambiar la realidad.

Es que la indignación crea una barrera moral interior, cuyo objetivo es separar las aguas, encontrar responsables nítidos para la propia insatisfacción y, como efecto secundario, impedir la autocrítica. Pero no asegura un efecto más allá de eso. En cualquier caso, estos escraches callejeros, este enojo así canalizado, puede terminar siendo, como en la Argentina, una estrategia sutil de autodomesticación social, una declaración de principios ante el mal, para que quede configurado en la vereda de enfrente y tener al menos esa satisfacción, una neutralización involuntaria de la energía para el cambio. Nosotros ya sabemos que no basta con ser rebeldes: si no se le aplica forma, organización e inteligencia, la rebeldía puede terminar desenmascarándose como un nuevo agente disimulado del conformismo. Algo de esto intuyen los destinatarios de las protestas, que han empezado a darles la razón a los manifestantes. En cualquier momento los vemos acampando a la par de ellos, bajo sus edificios del Upper East Side.

* * *

Enrique Valiente Noailles es graduado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires con una tesis sobre la semejanza entre el pensamiento de Spinoza y Nietzsche. Ganó el segundo premio de ensayo del diario La Nación por Heráclito y lo poético, ensayo traducido por Roger Munier a la NRF de Gallimard. Además, obtuvo la Faja de honor de la SADE por su libro de poesía Paralelas en Ramo (Carlos Lohlé). Publicó La metamorfosis argentina, una reflexión sobre la sociedad y la política de los años 90 (Ed. Perfil). Fue profesor en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de San Andrés, en la Universidad del Salvador, y su más reciente desempeño académico fue como profesor titular de la Cátedra de Comunicación de Masas en la carrera de Periodismo, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Belgrano. Es miembro del Directorio de la Fundación Compromiso y del Instituto Cultural Argentino Norteamericano (ICANA). Además, es miembro del Consejo de Administración de la Fundación Navarro Viola y del Comité Ejecutivo del Grupo de Fundaciones. Fue becario de la Fundación Eisenhower en el año 2000 en los EEUU. Por otra parte, condujo el programa de televisión “Pensando con Idea” en el año 2001. Fue colaborador de la revista Noticias y escribe en la sección Opinión y en el suplemento Enfoques del diario La Nación.

Sebastián A. Ríos / Alerta regional por un nuevo serotipo de dengue

(Publicado en diario La Nación, 2.11.2011)

Preocupación de la OPS / Fue detectado en varios estados de Brasil
Se trata de la variante 4, que nunca había circulado en el Cono Sur

La aparición en Brasil y en Panamá de casos de dengue causados por una variante del virus -el serotipo 4- que hasta ahora no había circulado en la región llevó a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a emitir una alerta epidemiológica para las Américas, en la que instó a los gobiernos a intensificar las acciones para reducir el riesgo de contagio y de muerte asociados con esta enfermedad, transmitida por el mosquito Aedes aegypti .

“En este año se registraron brotes de dengue con un número total de casos y muertes que sobrepasan los datos históricos registrados en Paraguay, Panamá y en los países y territorios del Caribe inglés y francés. También se observó la introducción del virus del dengue 4 en Panamá y en algunos estados de Brasil donde no había circulado anteriormente”, advierte el alerta de la OPS.

En los países del Cono Sur, el número de casos reportados en 2011 es menor que el de 2010, pero el número de muertes y la tasa de letalidad del dengue se han incrementado significativamente: 382 muertes en 2010 contra 530 en 2011, lo que se traduce en tasas de letalidad del 3,93 y 5,21, respectivamente.

“Lo que está aumentando es la letalidad, y eso tiene que ver con la expansión de un serotipo que no había estado en la región y que «se monta» en otros que habían estado circulando previamente. Esto aumenta el riesgo de dengue hemorrágico”, dijo el doctor Ricardo Gürtler, investigador del Laboratorio de Eco-Epidemiología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del Conicet.

El riesgo de desarrollar dengue hemorrágico, la forma más severa y mortal de la enfermedad, se plantea cuando la persona ya ha contraído en una primera ocasión la enfermedad y posteriormente vuelve a infectarse, pero con otra variante del virus. Pero la presencia de un serotipo nuevo en la región plantea nuevos desafíos.

“La circulación de un nuevo serotipo en comunidades donde ya han circulado con gran intensidad otros serotipos aumenta el riesgo de la forma más grave del dengue”, dijo el doctor Sergio Sosa Estani, coordinador saliente de la Dirección de Enfermedades Transmisibles por Vectores del Ministerio de Salud de la Nación, y agregó: “La advertencia [de la OPS] es por la circulación de este serotipo, que está teniendo algún grado de expresión concreta en cuanto al incremento de formas graves y al incremento de la letalidad”.

Gürtler, que recientemente estuvo en Brasil, comentó: “Todavía no comenzó la temporada de transmisión (el pico es en marzo y abril) y el alcalde de Río de Janeiro dijo que el brote que se avecinaba podría ser el peor de la historia. Brasil siempre fue el origen de los brotes locales, así que esto puede multiplicarse muy rápidamente. Establecer una barrera infranqueable es imposible, pero corresponde tomar todas las acciones para minimizar el número de casos leves y de dengue hemorrágico”.

CALDO DE CULTIVO

En la Argentina, “de la epidemia de 2009 se pasó a una relativa tranquilidad. No hubo casos o fueron muy pocos en las provincias de alto riesgo”, señaló el doctor Mario Zaidenberg, a cargo de la citada Dirección de Enfermedades Transmisibles por Vectores. Las medidas de prevención del dengue puestas en marcha tras la epidemia de 2009 -la mayor de la Argentina, con 25.989 casos y 5 muertes- permitieron que el número de casos de 2010 fuera un 96% menor.

Desde julio de 2011 hasta la fecha no se ha verificado en el país la circulación de ningún serotipo del virus del dengue, pero sí del mosquito que lo transmite. El único caso de dengue confirmado fue el de una persona que contrajo la infección en Paraguay.

“El vector está presente [en la Argentina], y las migraciones, los viajes internacionales, la gran concentración de personas en ciudades donde hay infraestructura deficitaria y el también deficitario tratamiento de la basura se conjugan para favorecer su dispersión”, dijo Zaidenberg.

“No hemos tenido dengue en gran proporción porque no hubo presión epidémica, pero sabemos que son procesos cíclicos -agregó-. Cada 3 a 5 años se producen epidemias que están vinculadas con el número de pacientes susceptibles. Y esto es un caldo de cultivo para las próximas. Se van acumulando las personas susceptibles y un elemento puede decidir la aparición de un brote.”

¿Qué se está haciendo en prevención con miras al verano? “La Nación y las provincias están reforzando las capacidades locales -respondió Zaidenberg-. Tanto el recurso humano, con capacitaciones a nivel comunitario, como también preparando material de difusión para promover el famoso descacharrado. El desafío es evitar recipientes que puedan albergar agua durante más de 3 o 4 días. La larva tarda 7 días en transformarse en mosquito.”

“Sin el mosquito, no hay dengue”, recordó Luis Crovetto, director de Medicina Preventiva de la provincia de Buenos Aires, que destacó que allí la campaña busca generar conciencia sobre la importancia de que en cada hogar se tomen acciones para cerrarle el paso al mosquito.

William Hope Hodgson. Una voz en la noche

Era un noche oscura y sin estrellas. La falta de viento nos tenía detenidos en el Pacífico norte. No sé cuál era nuestra posición exacta, pues durante un semana fatigosa y jadeante el sol había permanecido oculto detrás de un tenue neblina que parecía flotar sobre nosotros, aunque a veces descendía para envolver el mar que nos rodeaba. Ante la falta de viento, habíamos sujetado en posición firme la caña del timón y yo era el único hombre que se encontraba en cubierta. La tripulación, que consistía en dos marineros y un grumete, dormía en su camarote de proa, mientras Will —mi amigo y a la vez patrón de nuestra pequeña embarcación— se hallaba en su litera de popa, en el lado de babor.

De pronto, surgió un llamada de entre las tinieblas que nos rodeaban:

—¡Ah de la goleta! —Fue tan inesperada, que la sorpresa me impidió contestar inmediatamente.

Volvió a oírse la llamada; un voz curiosamente gutural e inhumana nos llamaba desde algun parte del mar tenebroso, por el lado de babor.

—¡Ah de la goleta!

—¡Eh! —grité, después de reponerme un poco de mi sorpresa—. ¿Quién eres? ¿Qué quieres?

—No teman —contestó la voz extraña, que probablemente había captado cierto tono de confusión en la mía—. No soy más que un hombre… anciano.

La pausa resultó extraña, pero hasta más adelante no le encontraría sentido.

—Si es así, ¿por qué no atracas a nuestro costado? —pregunté con cierta sequedad, pues no me gustaba la insinuación de que me había mostrado un tanto confundido.

—No. .. no puedo. Sería peligroso. Yo…

La voz enmudeció y todo volvió a quedar en silencio.

—¿Qué quieres decir? —pregunté, cada vez más asombrado—. ¿Por qué sería peligroso? ¿Dónde estás?

Escuché durante un momento, pero no hubo respuesta. Y entonces, un sospecha súbita e indefinida, aunque no sabía de qué, se apoderó de mí. Me acerqué rápidamente a la bitácora y saqué la lámpara encendida. Al mismo tiempo golpeé la cubierta con el tacón para despertar a Will. Luego me aproximé de nuevo al costado y proyecté el haz de luz amarilla hacia la silenciosa inmensidad que había más allá de nuestra borda. Al hacerlo, oí un grito leve y sofocado y luego un chapoteo, como si alguien acabase de sumergir los remos precipitadamente. Pese a ello, no puedo decir que viera nada con certeza, excepto, me pareció, que el primer destello de luz había iluminado algo en el agua, allí donde ahora no había nada.

—¡Eh! —llamé—. ¿Qué broma es ésta?

Pero lo único que oí fueron los confusos ruidos de un embarcación que se alejaba de nosotros y se internaba en la noche.

Entonces oí la voz de Will que venía de popa.

—¿Qué pasa, George?

—¡Ven aquí, Will! —dije.

—¿De qué se trata? —preguntó, cruzando la cubierta. Le conté el raro incidente que acababa de producirse. Él me hizo varias preguntas; luego, tras un momento de silencio, hizo bocina con las manos y llamó:

—¡Ah del barco!

Desde mucha distancia nos llegó débilmente un réplica y mi compañero repitió su llamada. Al poco, después de un breve silencio, el sonido apagado de unos remos fue acercándose a nosotros y, al oírlo, Will volvió a llamar.

Esta vez hubo respuesta.

—Apaguen la luz.

—Que me cuelguen si la apago —musité, pero Will me dijo que hiciera lo que ordenaba la voz, así que metí la luz debajo de las amuradas.

—Acerquese más —dijo Will. Siguieron oyéndose los remos. Luego, cuando parecían estar a un media docena de brazas, cesaron de nuevo.

—¡Atraque al costado! —exclamó Will—. ¡A bordo no tenemos nada que deba darle miedo!

—Promete que no mostrarás la luz.

—¿Qué te pasa? —pregunté—. ¿Por qué sientes ese temor infernal a la luz?

—Porque… —empezó a decir la voz y enmudeció de repente.

—Porque ¿qué? —pregunté en seguida. Will me puso un mano en el hombro.

—Cállate durante un minuto, viejo —dijo—. Ya me encargo yo de él.

Se inclinó más sobre la borda.

—Oiga usted, señor —dijo—. Todo esto es muy extraño…, acercarse a nosotros de esta manera, en medio del bendito Pacífico. ¿Cómo vamos a saber que no se trae algo raro entre manos? Dice que está solo. ¿Cómo podemos saberlo si no le vemos? ¿Cómo… eh? ¿Qué tiene contra la luz, si puede saberse?

Cuando Will terminó de hablar, volví a oír el ruido de remos y luego la voz, pero ahora procedía de más lejos y su tono reflejaba una desesperanza y un patetismo tremendos.

—Lo siento… ¡Lo siento! No quería molestarlos, pero es que tengo hambre…, y ella también.

La voz se apagó y hasta nosotros llegó el ruido de los remos sumergiéndose irregularmente.

—¡Alto! —gritó Will—. No quiero ahuyentarte. ¡Vuelve! Esconderemos la luz, si a ti no te gusta.

Will se volvió hacia mí:

—Todo esto resulta muy extraño, pero creo que no hay nada que temer.

Había un interrogante en su tono y le contesté:

—Yo tampoco. El pobre diablo habrá naufragado por aquí cerca y se habrá vuelto loco.

El sonido de los remos iba acercándose.

—Vuelve a guardar la lámpara en la bitácora —dijo Will; luego se inclinó sobre la borda y aguzó el oído.

Dejé la lámpara en su sitio y volví a su lado. El ruido de los remos cesó a un docena de metros aproximadamente.

—¿No quieres atracar de costado ahora? —preguntó Will con voz tranquila—. He vuelto a meter la lámpara en la bitácora.

—No… no puedo —repuso la voz—. No me atrevo a acercarme más. Ni siquiera me atrevo a pagar las…, las provisiones. Eso no importa —dijo Will, titubeando luego—. Toma toda la comida que quieras…

Volvió a titubear.

—¡Eres muy bueno! —exclamó la voz—. Que Dios, que todo lo comprende, te recompense por tu…

La voz se quebró roncamente.

—¿La… la señora? —dijo de pronto Will—. ¿Está …?

—La he dejado en la isla —dijo la voz.

—¿Qué isla? —tercié yo.

—No sé cómo se llama —contestó la voz—. Ojalá… —empezó a decir, pero se calló súbitamente.

—¿No podríamos enviar un barca en su busca? —pregunté a Will.

—¡No! —dijo la voz con un énfasis extraordinario—. ¡Dios mío! ¡No!

—Hubo un breve pausa; luego, en un tono que hacía pensar en un reproche merecido, añadió—: Me he aventurado a causa de nuestra necesidad… Porque su agonía me atormentaba.

—¡Soy un bruto despistado! —exclamó Will—. Aguarda un minuto, seas quien seas, y en seguida te traigo algo.

Al cabo de un par de minutos volvió con los brazos cargados de los más variados comestibles. Se detuvo ante la borda.

—¿No puedes acercarte a recogerlo? —preguntó.

—No… no me atrevo —replicó la voz. Me pareció detectar en ella un tono de anhelo sofocado… como si su dueño reprimiera algún deseo mortal. Y entonces se me ocurrió que aquella criatura vieja e infeliz sufría realmente necesidad de lo que Will tenía en los brazos y, pese a ello, debido a algún temor ininteligible, se abstenía de acercarse velozmente al costado de nuestra pequeña goleta y recogerlo. Y junto con este convencimiento relámpago, llegó el conocimiento de que el invisible no estaba loco, sino que afrontaba con cordura algún horror intolerable.

—¡Maldita sea, Will! —dije, lleno de muchos sentimientos, entre los que predominaba un solidaridad inmensa—. Trae un caja. Meteremos la comida en ella y se la haremos llegar flotando.

Así lo hicimos, empujando la caja con un bichero hacia la oscuridad. Al cabo de un minuto llegó a nuestros oídos un leve exclamación del invisible y entonces supimos que tenía la caja en su poder.Poco después se despidió de nosotros y nos lanzó un bendición que, de ello estoy seguro, no nos vino nada mal. Luego, sin más, oímos que los remos se alejaban en la oscuridad.

—Mucha prisa en irse —comentó Will, quizás un tanto ofendido.

—Espera —repliqué—. No sé por qué, pero me parece que volverá. Seguramente esos alimentos le hacían muchísima falta.

—Y a la dama también —dijo Will. Guardó silencio durante un momento, luego prosiguió—: Es lo más raro que me ha pasado desde que me dedico a la pesca.

—Sí —dije yo, y me puse a reflexionar. Y así fue pasando el tiempo: un hora, y otra, y Will seguía conmigo, pues la extraña aventura le había quitado todo deseo de dormir.

Habían transcurrido ya las tres cuartas partes de la tercera hora cuando nuevamente oímos ruido de remos en el silencio del océano.

—¡Escucha! —dijo Will, con un leve tono de excitación en la voz.

—Lo que me figuraba. Ya vuelve —musité.

El ruido de los remos al sumergirse era cada vez más cercano y me fijé en que los golpes de remo eran más firmes y duraban más. Era verdad que necesitaban los alimentos.

El ruido cesó a poca distancia del costado de la goleta y la voz extraña llegó de nuevo a nosotros a través de las tinieblas:

—¡Ah de la goleta!

—¿Eres tú? —preguntó Will.

—Sí —replicó la voz—. Me he ido repentinamente, pero… es que la necesidad era grande. La… señora les está agradecida aquí en la tierra. Pero más lo estará pronto en…, en el cielo.

Will empezó a decir algo con voz desconcertada, pero sus palabras se hicieron confusas y optó por callarse. Yo no dije nada. Me sentía maravillado por aquellas pausas curiosas, y además de mi maravilla, me embargaba un gran solidaridad.

La voz continuó:

—Nosotros…, ella y yo, hemos hablado mientras compartíamos el fruto de la ternura de Dios y de vosotros…

Will le interrumpió, pero sin coherencia.

—Os suplico que no…, que no menospreciéis vuestro acto de caridad cristiana de esta noche —dijo la voz—. Cercioraros de que no haya escapado a Su atención.

Se calló y durante un minuto entero reinó el silencio. Luego la voz volvió a oírse:

—Hemos hablado juntos de lo… de lo que ha caído sobre nosotros. Habíamos pensado salir, sin decírselo a nadie, del terror que ha entrado en nuestras… vidas. Ella, igual que yo, cree que los acontecimientos de esta noche obedecen a algún designio especial y que es deseo de Dios que os contemos todo lo que hemos sufrido desde… desde…

—¿Sí? —dijo Will quedamente.

—Desde el hundimiento del Albatross.

—¡Ah! —exclamé involuntariamente—. Zarpó de Newcastle rumbo a Frisco hace unos seis meses y no ha vuelto a saberse de él.

—Sí —contestó la voz—. Pero unos grados al norte de la línea le sorprendió un terrible tempestad y quedó desarbolado. Al hacerse de día, se vio que el barco hacía agua por todas partes y, finalmente, cuando amainó el temporal, los marineros huyeron en los botes, dejando…, dejando a un joven dama…, mi prometida…, y a mí mismo en los restos
del naufragio.

“Nosotros estábamos bajo cubierta, reuniendo algunas de nuestras pertenencias, cuando ellos se fueron. A causa del miedo se comportaron de un modo muy cruel, y cuando subimos a cubierta eran ya unas formas pequeñas en el horizonte. Mas no desesperamos, sino que nos pusimos a construir un pequeña balsa. En ella colocamos lo poco que cabía,
incluyendo un poco de agua y algunas galletas. Luego, como el barco estaba ya casi del todo sumergido, nos subimos a la balsa y nos alejamos de él.

“Fue más tarde cuando me di cuenta de que parecíamos estar en medio de alguna marea o corriente que nos alejaba del barco, de tal modo que al cabo de tres horas, según mi reloj, dejamos de ver su casco, aunque los mástiles rotos siguieron siendo visibles durante un poco más. Luego, hacia el crepúsculo, se levantó un niebla que duró toda la noche. Al día siguiente continuábamos envueltos por la niebla, y el tiempo permanecía calmado.

“Durante cuatro días navegamos a la deriva bajo esta extraña niebla hasta que, al anochecer del cuarto día, llegó a nuestros oídos el murmullo de unos lejanos rompientes. Poco a poco el ruido fue haciéndose más claro y, al poco de la medianoche, pareció que sonaba a ambos lados y en un espacio no muy grande. Las olas levantaron la balsa varias veces y luego nos encontramos en aguas tranquilas, con el ruido de los rompientes a nuestras espaldas.

“Al hacerse de día, vimos que nos encontrábamos en un especie de laguna grande; pero poco vimos de ella en ese momento, pues cerca de nosotros, por detrás, el casco de un gran velero asomó entre la niebla. Como si estuviéramos de común acuerdo, los dos nos postramos de rodillas y dimos gracias a Dios, pues creíamos que era el final de nuestras desventuras. Nos quedaba mucho por aprender.

“La balsa se acercó al barco y gritamos que nos subieran a bordo, mas nadie contestó. Al poco, la balsa rozó el costado del barco y, viendo que de él colgaba un soga, la así y empecé a subir. Pero me costó mucho subir por culpa de un especie de masa gris y viscosa que cubría la soga y que pintaba unas manchas lívidas en el costado del barco.

“Finalmente, llegué a la borda y salté a cubierta. Vi que estaba llena de manchas grises, algunas de las cuales formaban nódulos de varios palmos de altura, pero yo pensaba más en la posibilidad de que a bordo hubiera gente que en lo que veían mis ojos. Grité, pero nadie contestó. Entonces me acerqué a la puerta que había debajo de la cubierta de popa, la abrí y me asomé a su interior. Percibí un fuerte olor a aire enrarecido, por lo que adiviné al instante que allí dentro no había nada vivo y, sabiendo esto, me apresuré a cerrar la puerta, pues de repente me sentí solo.

“Volví al costado por donde había subido a bordo. Mi…, mi amada seguía en la balsa, sentada tranquilamente. Al ver que la estaba mirando desde arriba, me preguntó si había alguien a bordo. Le contesté que el barco parecía abandonado desde hacía mucho tiempo, pero que, si quería aguardar un poquito, buscaría un escalera o algo que pudiera usar para subir a bordo. Luego, un vez juntos, registraríamos todo el barco. Unos momentos después, encontré un escalera de cuerda en el otro extremo del barco. Me la llevé al costado por donde había subido y, al cabo de un minuto, mi amada estaba junto a mí. Juntos exploramos las cabinas y camarotes en la parte de popa, mas en ninguna parte encontramos señales de vida. Aquí y allá, en el interior de las cabinas, encontramos manchas de aquella masa extraña, pero, como dijo mi amada, iba a resultar fácil limpiarlas.

“Al final, convencidos ya de que no había nadie en la popa, nos dirigimos a proa caminando por entre los repugnantes nódulos grises de aquella extraña sustancia. También registramos la parte de proa y averiguamos que, efectivamente, salvo nosotros no había nadie a bordo.

“Ya sin ninguna duda al respecto, volvimos a proa y procedimos a instalarnos tan cómodamente como nos fue posible. Entre los dos pusimos orden y limpiamos dos de las cabinas y después miré si en el barco había algo comestible. No tardé en comprobar que así era y mi corazón dio gracias a Dios por su bondad. Además, descubrí dónde estaba la bomba de agua dulce y, tras repasarla, comprobé que el agua era potable, aunque tenía cierto sabor desagradable.

“Durante varios días permanecimos a bordo del barco, sin tratar de llegar a la playa. Trabajábamos afanosamente para hacer de aquél un lugar habitable. Sin embargo, ya entonces empezábamos a darnos cuenta de que nuestra suerte era aún menos deseable de lo que hubiera cabido imaginar, pues, aunque, como primera medida, rascamos las manchas de aquella sustancia que había en el suelo y las paredes de los camarotes y el salón, en el plazo de veinticuatro horas recuperaban casi su tamaño original, lo cual no sólo nos desalentaba, sino que nos inspiraba un vaga sensación de inquietud.

“Con todo, no estábamos dispuestos a darnos por vencidos, así que volvíamos a poner manos a la obra y no sólo rascábamos la masa, sino que los sitios donde había estado los regábamos profusamente con ácido carbólico, pues en la despensa había encontrado una lata llena. Sin embargo, al final de la semana, la sustancia volvía a presentar toda su fuerza y, además, se había propagado a otros lugares, como si nosotros, al tocarla, hubiéramos permitido que los gérmenes se esparcieran.

“Al despertar en la mañana del séptimo día, mi amada se encontró con que un pequeña porción de la misteriosa sustancia crecía en su almohada, cerca de su cara. Al verlo, se vistió a toda prisa y vino a mí. En aquel momento me encontraba yo en la cocina, encendiendo el fuego para el desayuno.

“Ven conmigo, John”, dijo, y me condujo a popa. Al ver lo que crecía en su almohada, me estremecí y en aquel mismo instante decidimos abandonar en seguida el barco y ver si podíamos instalarnos más cómodamente en tierra firme.

“Rápidamente recogimos nuestras escasas pertenencias y entonces vi que incluso entre ellas había aparecido la masa, pues en uno de los chales de mi amada, cerca del borde, había un poco. Tiré la prenda por la borda, sin decirle nada a ella.

“La balsa seguía en el costado del barco, pero como era demasiado difícil gobernarla, eché al agua un bote pequeño que colgaba de lado a lado de popa y a bordo del mismo nos dirigimos a la playa. Mas al acercarnos a ella, poco a poco me di cuenta de que la vil masa que nos había hecho abandonar el barco empezaba a cubrir todo cuanto había en tierra. En algunos sitios formaba montículos horribles, fantásticos, que casi parecían moverse, como si albergaran algún tipo de vida silenciosa, cuando el viento pasaba sobre ellos. En otras partes tomaba la forma de dedos inmensos, mientras que en otras se limitaba a extenderse, lisa, viscosa y traicionera. En algunos sitios hacía pensar en árboles enanos y grotescos, llenos de nudos y pliegues extraordinarios… Y todo ello se movía a ratos, horriblemente.

“Al principio nos pareció que en toda la costa que había a nuestro alrededor no quedaba ni un solo lugar que no estuviera oculto bajo aquella horrible sustancia; pero más tarde pudimos comprobar que nos equivocábamos, pues al navegar siguiendo la costa, a cierta distancia, vimos un pequeña extensión de algo que parecía arena fina y allí desembarcamos. No era arena. Lo que era no lo sé. Lo único que he podido observar es que sobre ella no crece la masa, mientras que nada más que ésta aparece en todas partes, salvo allí donde esa tierra que parece arena dibuja extraños senderos entre la gris desolación, que es en verdad un espectáculo terrible de ver.

“Es difícil hacerles comprender cómo nos animamos al encontrar un sitio que aparecía absolutamente libre de aquella sustancia. En él depositamos nuestras pertenencias. Luego volvimos al barco para recoger las cosas que parecía que íbamos a necesitar. Entre otras cosas, logré llevarme a tierra una de las velas del barco, con la que construí dos tiendas pequeñas, las cuales, pese a tener un forma muy irregular, cumplían su cometido. En ellas vivíamos y teníamos almacenadas las cosas que necesitábamos, y durante varias semanas todo fue bien, sin que sufriéramos ningún percance digno de señalar. A decir verdad, nos sentíamos muy felices… porque… porque estábamos juntos.

“Fue en el pulgar de la mano derecha de mi amada donde apareció la primera porción de sustancia gris. No era más que un pequeña mancha circular, muy parecida a un lunar gris. ¡Dios mío! ¡Qué temor embargó mi corazón cuando ella me la enseñó! La lavamos entre los dos, rociándola con ácido carbólico y agua. Al día siguiente, por la mañana, volvió a enseñarme la mano. La mancha gris, parecida a un verruga, volvía a ser visible. Durante un rato estuvimos mirándonos en silencio. Luego, todavía sin mediar palabra, nos pusimos a eliminarla de nuevo. Estábamos a la mitad de la operación cuando de pronto mi amada dijo:

“¿Qué es eso que tienes en la cara, amado mío?” Su voz reflejaba inquietud. Alcé la mano para tocarme la cara.

“¡Ahí! Debajo del cabello junto a la oreja. un poco hacia el frente.” Mi dedo se posó en el lugar que me indicaba y entonces lo supe.

“Primero acabemos de curarte el pulgar”, dije. Y ella se sometió sólo porque temía tocarme antes de que se lo hubiese limpiado. Terminé de lavarle y desinfectarle el pulgar y entonces ella hizo lo propio con mi cara. Al terminar, nos sentarnos y estuvimos hablando durante un rato; hablamos de muchas cosas, pues en nuestras vidas acababan de irrumpir pensamientos inesperados y terribles. De pronto, sentimos miedo de algo peor que la muerte. Hablamos de cargar el bote con provisiones y agua y hacernos a la mar; pero por diversas causas éramos impotentes y… la sustancia ya nos había atacado. Decidimos quedarnos y que Dios hiciera con nosotros su voluntad. Nosotros esperaríamos.

“Pasó un mes, dos meses, tres meses, y las manchas iban creciendo, a la vez que aparecían otras. Pero seguíamos esforzándonos por luchar contra el miedo, tanto es así que sus progresos eran lentos, relativamente hablando.

“De vez en cuando nos aventurábamos a volver al barco en busca de cosas que nos hacían falta. Allí comprobamos que la sustancia crecía de modo persistente. Uno de los nódulos de la cubierta principal no tardó en llegar a la altura de mi cabeza.

“Para entonces ya habíamos abandonado toda esperanza de salir de la isla. Nos dábamos cuenta de que, padeciendo de aquel mal, no nos permitirían volver con los demás seres humanos.

“Un vez hubimos llegado a tal conclusión, comprendimos que era necesario vigilar nuestras existencias de alimentos y agua, pues a la sazón no sabíamos cuánto tiempo pasaríamos allí, aunque era posible que fuesen muchos años.

“Esto me recuerda que ya les he dicho que soy un anciano. No es así si nos atenemos a mis años. Pero… pero…

Se interrumpió, pero luego continuó hablando con cierta brusquedad:

—Como decía, sabíamos que teníamos que ir con cuidado con nuestros alimentos, pero ignorábamos que nos quedasen tan pocos. Fue un semana después cuando descubrí que todos los demás depósitos de pan…, que yo suponía llenos…, estaban vacíos, y que, aparte de algunas latas de verduras y carne y algunas otras cosas, no teníamos nada para comer excepto el pan del depósito que yo había abierto.

“Al descubrir esto, decidí hacer algo, lo que pudiese, y traté de pescar en la laguna, pero no lo conseguí. Entonces me sentí un tanto inclinado al desespero, hasta que se me ocurrió que podía probar suerte fuera de la laguna, en mar abierto.

“Aquí pescaba algún que otro pez, pero con tan poca frecuencia que apenas resultaba suficiente para protegernos del hambre que nos amenazaba. Empecé a pensar que nuestra muerte sobrevendría probablemente a causa del hambre y del crecimiento de la sustancia que se había apoderado de nuestros cuerpos.

“En ese estado se encontraban nuestros ánimos cuando el cuarto mes tocó a su fin. Entonces hice un descubrimiento en verdad horrible. Un mañana, poco antes del mediodía, regresé del barco con un pedazo de galleta que quedaba en él y vi que mi amada estaba sentada ante la entrada de la tienda, comiendo algo.

“¿Qué es, amada mía?”, le pregunté en el momento de saltar a tierra. Mas, al oír mi voz, pareció un tanto confundida y, volviéndose, con gesto furtivo arrojó algo hacia el lindero del pequeño claro. Cayó más cerca de lo que ella deseaba y yo, que empezaba a sentir un vaga sospecha, me acerqué y lo recogí. Era un trozo de la sustancia gris.

“Al acercarme a ella con aquello en la mano, se puso pálida como un cadáver y luego se ruborizó.

“Yo me sentía extrañamente aturdido y asustado. “¡Querida mía! ¡Querida mía!”, dije, incapaz de decir nada más. Pero, al oír mis palabras, no pudo resistirlo y rompió a llorar amargamente. Poco a poco, cuando se fue calmando, me confesó que lo había probado el día anterior y que… le había gustado. La obligué a arrodillarse y le hice prometer que no volvería a tocarlo, por grande que fuera nuestra hambre. Después de prometérmelo, me dijo que el deseo de comer de aquello le había sobrevenido de pronto y que, hasta el momento de sentir tal deseo, la sustancia no le había inspirado más que un repulsión infinita.

“Unas horas después, sintiéndome extrañamente desasosegado, y muy consternado por lo que había descubierto, eché a andar por uno de los senderos retorcidos que formaba aquella especie de tierra blanca que parecía arena y que cruzaba la sustancia gris. Ya me había aventurado por allí en otra ocasión, aunque sin llegar muy lejos. Esta vez, hallándome enfrascado en pensamientos que me llenaban de perplejidad, llegué mucho más lejos.

“Súbitamente salí de mi ensimismamiento al oír un ruido extraño y áspero a mi izquierda. Al volverme rápidamente vi que algo se movía entre la masa que había cerca de mí, y que presentaba unas formas extraordinarias. Se balanceaba de un modo precario, como si poseyera vida propia. De pronto, mientras mis fascinados ojos contemplaban aquello, pensé que se parecía de un modo grotesco a la figura de un ser humano deforme. Todavía estaba pensando en ello cuando se oyó un ruido desagradable, como si algo se estuviera rasgando, y vi que uno de los brazos, que más bien parecían ramas, se estaba despegando de las masas grises que lo rodeaban y acercándose a mí. La cabeza… una especie de bola gris sin forma definida, se inclinó hacia mí. Me quedé allí parado como un estúpido y el brazo repugnante me rozó la cara. Proferí un grito de terror y retrocedí apresuradamente unos pasos. En mis labios notaba un sabor dulzón. Pasé la lengua por ellos y al instante sentí que me embargaba un deseo inhumano. Me volví y cogí un puñado de sustancia. Luego más Y… más. Mi deseo era insaciable. Mientras devoraba la sustancia, el recuerdo del descubrimiento de la mañana penetró en el laberinto de mi cerebro. Dios lo había enviado. Tiré al suelo el fragmento que tenía en la mano. Luego, totalmente abatido y sintiéndome horriblemente culpable, regresé al pequeño campamento.

“Creo que en cuanto puso sus ojos en mí, ella lo adivinó, merced a alguna intuición maravillosa que el amor debía de haberle dado. Su comprensión silenciosa hizo que me resultara más fácil confesarle mi repentina flaqueza, aunque omití decirle la cosa extraordinaria que había ocurrido antes. Deseaba ahorrarle todo terror innecesario.

“Mas lo que había descubierto resultaba intolerable y hacía nacer un terror incesante en mi cerebro, pues no me cabía la menor duda de que había presenciado el fin de uno de los hombres que habían llegado a la isla en el barco que estaba en la laguna. Y en aquel fin monstruoso había presenciado el nuestro propio.

“En lo sucesivo nos abstuvimos de aquel alimento abominable, aunque el deseo de comerlo se nos había metido en la sangre. Sin embargo, nuestro temible castigo era inminente, pues día a día, con un rapidez monstruosa, la sustancia fangosa iba apoderándose de nuestros pobres cuerpos. Materialmente no podíamos hacer nada para detenerla, y así…, nosotros… que habíamos sido humanos, nos convertimos en… Bueno, cada día importa menos. Sólo…, sólo que habíamos sido hombre y doncella.

“Y cada día resulta más terrible la lucha por resistirse al hambre, al deseo lujurioso de comer esa horrible sustancia.

“Hace un semana terminamos la galleta, y desde entonces he pescado tres peces. Me encontraba pescando aquí esta noche cuando vuestra goleta surgió de entre la niebla y casi se me echó encima. Entonces los llamé. El resto ya lo conocen. Y que Dios los bendiga por su bondad para con un par de pobres almas proscritas.

Se oyó el ruido de un remo al sumergirse…, luego el de otro. Después…, la voz habló de nuevo y por última vez, atravesando la niebla que la envolvía, fantasmal y lúgubre:

—¡Que Dios los bendiga! ¡Adiós!

—¡Adiós! —gritamos al unísono con voz ronca y el corazón rebosante de emociones.

Miré a mi alrededor y me di cuenta de que empezaba a amanecer. El sol lanzó un rayo aislado sobre el mar oculto; la luz mortecina perforó la niebla y con un fuego melancólico iluminó la barca que se alejaba. Aunque no muy claramente, vi algo que cabeceaba entre los remos. Me hizo pensar en un esponja…, un esponja grande y gris que movía la cabeza arriba y abajo… Los remos continuaron moviéndose. Eran grises… Igual que la barca… Y mis ojos buscaron inútilmente el lugar donde la mano se unía al remo. Mi mirada volvió rápidamente a la… cabeza. Se inclinaba hacia delante cuando los remos se movían hacia
atrás a causa del golpe. Luego los remos se hundieron, la barca salió de la zona iluminada y la…, la cosa se perdió de vista en medio de la niebla, sin dejar de cabecear.

* * *

William Hope Hodgson nació el 15 de noviembre de 1877 en Blackmore End, Essex, Inglaterra y falleció en abril de 1918 en Ypres, Bélgica.

Novelas: The Boats of the “Glen Carrig” (1907), The House on the Borderland (1908), The Ghost Pirates (1909), The Night Land (1912), The Dream of X (1912) (un resumen de 20000 palabras de la novela The Night Land), Captain Dang (inconclusa).

Cuentos: “The Goddess of Death” (1904), “Terror of the Water-Tank” (1907), “Bullion” (1911), “The Mystery of the Water-Logged Ship” (1911), “The Ghosts of the Glen Doon” (1911), “Mr. Jock Danplank” (1912), “The Mystery of Captain Chappel” (1917), “The Home-Coming of Captain Dan” (1918), “Merciful Plunder” (1925), “The Haunting of the Lady Shannon” (1975), “The Heathen’s Revenge” (1988), “A Tropical Horror” (1905), “The Voice in the Night” (1907), “The Derelict” (1912), “Eloi Eloi Lama Sabachthani” (“The Baumoff Explosive” in 1919), “The Shamraken Homeward-Bounder”, “Out of the Storm”, “The Albatross”, “The ‘Prentices’ Mutiny”, “The Island of the Crossbones”, “The Stone Ship”, “The Regeneration of Captain Bully Keller”, “The Mystery of Missing Ships”, “We Two and Bully Dunkan”, “The Haunted Pampero”, “The Real Thing: ‘S.O.S.'”, “Jack Grey, Second Mate”, “The Smugglers”, “In the Wailing Gully”, “The Girl with the Grey Eyes”, “Kind, Kind and Gentle Is She”, “A Timely Escape”, “The Homecoming of Captain Dan”, “On the Bridge”, “Through the Vortex of a Cyclone”, “A Fight with a Submarine”, “In the Danger Zone”, “Old Golly”, “Demons of the Sea”, “The Wild Man of the Sea”, “The Habitants of Middle Islet”, “The Riven Night”, “The Heaving of the Log”, “The Sharks of the St. Elmo”, “Sailormen”, “By the Lee”, “The Captain of the Onion Boat”, “The Sea-Horses”, “The Valley of Lost Children”, “Date 1965: Modern Warfare”, “My House Shall Be Called the House of Prayer”, “Judge Barclay’s Wife”, “How the Honorable Billy Darrell Raided the Wind”, “The Friendship of Monsieur Jeynois”, “The Inn of the Black Crow”, “What Happened in the Thunderbolt”, “How Sir Jerrold Treyn Dealt with the Dutch in Caunston Cove”, “Jem Binney and the Safe at Lockwood Hall”, “Diamond Cut Diamond with a Vengeance”, “The Room of Fear”, “The Promise”.

Historias del Mar de los Sargazos: “From the Tideless Sea Part One” (1906), “From the Tideless Sea Part Two: Further News of the Homebird” (1907), “The Mystery of the Derelici (1907), “The Thing in the Weeds” (1912), “The Finding of the Graiken” (1913), “The Call in the Dawn” (“The Voice in the Dawn” en 1920),

Historia de Carnacki: “The Thing Invisible” (1912), “The Gateway of the Monster” (1910), “The House Among the Laurels” (1910), “The Whistling Room” (1910), “The Searcher of the End House” (1910), “The Horse of the Invisible” (1910), “The Haunted Jarvee” (1929), “The Find” (1947 ), “The Hog” (1947).

Historias del Capitán Jat: “The Island of the Ud” (1912), “The Adventure of the Headland” (1912).

Historias del Capitán Gault: “Contraband of War” (1914), “The Diamond Spy” (1914), “The Red Herring” (1914), “The Case of the Chinese Curio Dealer” (1914), “The Drum of Saccharine” (1914), “From Information Received” (1914), “The German Spy” (1915), “The Problem of the Pearls” (1915), “The Painted Lady” (1915), “The Adventure of the Garter” (1916), “My Lady’s Jewels” (1916), “Trading with the Enemy” (1916), “The Plans of the Reefing Bi-Plane”.

Historias de D.C.O. Cargunka: “The Bells of the Laughing Sally” (1914), “The Adventure with the Claim Jumpers” (1915).

Colección de cuentos cortos seleccionados: Carnacki, the Ghost-Finder (1913), Men of the Deep Waters (1914), The Luck of the Strong (1916), Captain Gault, Being the Exceedingly Private Log of a Sea-Captain (1917), Carnacki, the Ghost-Finder (1947) .

Poemas: “Amanda Panda”, “Beyond the Dawning”, “Billy Ben”, “Bring Out Your Dead”, “The Calling of the Sea”, “Down the Long Coasts”, “Eight Bells”, “Grey Seas are Dreaming of My Death”, “The Hell! Oo! Chaunty”, “I Come Again”, “I Have Borne My Lord a Son”, “Listening”, “Little Garments”, “Lost”, “Madre Mia”, “Mimosa”, “The Morning Lands”, “My Babe, My Babe”, “Nevermore”, “The Night Wind”, “O Parent Sea”, “The Pirates”, “The Place of Storms”, “Rest”, “The Ship”, “The Sobbing of the Freshwater” (1912), “The Song of the Great Bull Whale” (1912), “Song of the Ship”, “Speak Well of the Dead”, “Storm”, “Thou Living Sea”, “To My Father”, “The Voice of the Ocean”, “Shoon of the Dead”, “Who Make Their Bed in Deep Waters”.

Colecciones de poesía: The Calling of the Sea (1920, publicación póstuma), The Voice of the Ocean (1921, publicación póstuma), Poems of the Sea (1977, poemas previamente publicados), The Lost Poetry of William Hope Hodgson (2005, incluye 43 poemas no publicados previamente).

Zeitgeist: Addendum (Zeitgeist: Agregado)

Zeitgeist: Addendum (2008) es la segunda película del movimiento Zeitgeist, dirigida por Peter Joseph. Se ocupa del analizar el funcionamiento del sistema monetario mundial y del dinero como institución, el papel que juegan los bancos, las corporaciones y los gobiernos, y explica que la inflación y los intereses son efectos deseados y fundamentales para que todo siga su curso. Asimismo afirma que la corrupción es algo funcional al sistema. También analiza la tecnología, la energía, el transporte, el trabajo, la automatización, el incentivo y la educación.

“Estar bien ajustado a una sociedad profundamente enferma no es una medida de salud.” Jiddu Krishnamurti (1895-1986)

“Nadie vive más esclavizado que aquellos quienes falsamente creen ser libres.” Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832)

Matemáticamente los impagos y las bancarrotas son literalmente parte integral del sistema, y siempre existirán los pobres bolsillos de la sociedad que sufrirán la peor parte del mismo.

El dinero se crea de la deuda. Pero si el dinero solo puede crearse a base de préstamos ¿cómo puede la sociedad llegar a estar algún día libre de deudas? No puede, y de eso se trata.

La deuda es el arma utilizada para conquistar y esclavizar sociedades, y los intereses son su munición principal.

“Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación, una es con la espada, la otra es con la deuda.” John Adams (1735-1826)

El testimonio de John Perkins, ex Jefe de Economía de Chas. T. Main Inc. y autor de “Confesiones de un sicario económico” (Confessions of an Economic Hit Man, 2004), donde repasa las acciones que llevaron a cabo las corporaciones más poderosas de los EEUU en particular contra los gobiernos de países del Tercer Mundo, cuando éstos tomaban la decisión de nacionalizar el petróleo o la tierra para sus habitantes perjudicando los intereses de EEUU: en Irán (1953) cuando Mossadegh fue elegido democráticamente presidente, en Guatemala (1954) durante la presidencia de Jacobo Arbenz Guzmán (es derrocado por un golpe de estado armado por la CIA), en Ecuador (1981) durante la presidencia de Jaime Roldós (muere en un accidente aéreo), en Panamá (1981) durante la presidencia de Omar Torrijos (muere en un accidente aéreo), en Venezuela Hugo Chávez es electo en 1998, en 2002 se lleva a cabo un intento de golpe de estado pero la gente lo apoyó, en Irak (2003) con el derrocamiento de Saddam Hussein.

Perkins dice que el mecanismo que llevan a cabo las corporaciones de EEUU para imponer sus condiciones es: primero envían a los sicarios económicos para corromper al presidente, si no acepta, envían a los chacales para derrocarlo o asesinarlo, si aún así no se logra el cometido, entonces el ejército estadounidense invade el país. Luego tienen que reconstruir el país que destruyeron, y para ello están las compañías constructoras (como Halliburton) cuyos dueños son ellos mismos.

¿Quién es el emperador de este imperio que crean? La corporatocracia, el grupo de hombres que dirigen las grandes corporaciones y realmente actúan como el emperador de este imperio. Su objetivo es maximizar los beneficios sin importar el costo social o medioambiental.

Este proceso de manipulación por parte de la corporatocracia mediante el uso de la deuda, el soborno y el derrocamiento político se llama globalización.

En 2007 el Departamento de Defensa de EEUU recibió 161.800 millones de dólares para la llamada “guerra global contra el terrorismo”. Según el Centro Nacional de Antiterrorismo de EEUU, en 2004 apenas 1907 personas murieron internacionalmente por actos terroristas. De ese número 68 eran estadounidenses. Usando este número como media general, lo que es extremadamente generoso, es interesante notar que el doble de gente muere de alergia a los maníes al año que por actos terroristas. Al mismo tiempo la causa principal de muerte en los EEUU son las enfermedades coronarias, que matan a unas 450.000 personas al año. Y en 2007 la asignación de fondos gubernamentales para la investigación de este problema fue de unos 3.000 millones. Esto significa que en 2007 el gobierno gastó 54 veces más para evitar el terrorismo que para prevenir la enfermedad que mata 6600 veces más gente anualmente que el terrorismo.

“Codicia y competencia no son el resultado del inmutable temperamento humano… la codicia y el miedo a la escasez, en realidad se crean y se amplifican… la consecuencia directa es que tenemos que luchar con los demás para sobrevivir.” Bernard Liertaer, fundador del sistema monetario de la Unión Europea.

El testimonio de Jacque Fresco, diseñador industrial e ingeniero social, director del “Proyecto Venus”, hablando acerca de la puesta en marcha de una economía basada en recursos, cambiando el paradigma del sistema monetario actual.

Eficiencia, sostenibilidad y abundancia son enemigos del beneficio. Es el mecanismo de la escasez lo que aumenta los beneficios.

Los productos se producen según el dinero que puedes dar. Si hay un problema en la sociedad pero resolverlo no va a dar dinero, no se resolverá.

Finalmente la película propone “Acciones para la transformación social”:

1. Exponer el fraude bancario. Citibank, JP Morgan, Chase y Bank of America son los controladores más poderosos dentro del corrupto sistema de la Reserva Federal. Es hora de boicotear estas instituciones. Si tiene una cuenta bancaria o una tarjeta de crédito de cualquiera de ellos, mueva su dinero a otro banco. Si tiene una hipoteca, refinánciela con tro banco. Si tiene acciones, véndalas. Si trabaja para ellos, renuncie. Este gesto expresará desprecio por el verdadero poder detrás del cartel de la banca privada conocido como la Reserva Federal. Y creará conciencia sobre el fraude del sistema bancario por sí mismo.

2. Apague el noticiero televisivo. Visite las agencias de noticias independientes que han surgido en internet para informarse. CNN, NBC, ABC, FOX y todas las demás presentan las noticias prefiltradas para mantener el status quo. Con cuatro corporaciones poseyendo la mayoría de los más importantes medios de comunicación, la información objetiva es imposible. Esta es la verdadera maravilla de internet. Y el sistema ha perdido control debido a este libre flujo de información. Debemos proteger siempre internet, pues ahora, es nuestra verdadera salvación.

3. Nunca te permitas, ni a ti, ni a tu familia, ni a cualquiera que conozcas, que jamás se una al ejército. Es una institución obsoleta que se usa actualmente exclusivamente para mantener un sistema que ya no es relevante. Los soldados estadounidenses en Irak trabajan para corporaciones estadounidenses, no para el pueblo. La propaganda nos fuerza a creer que la guerra es natural y que el ejército es una institución honorable. Bueno, si la guerra es natural ¿por qué hay 18 suicidios por día de veteranos estadounidenses que tienen trastornos por stress postraumático? Si nuestros soldados, hombres y mujeres, son tan honorables ¿por qué el 25 % de los indigentes son veteranos?

4. Deja de apoyar a las compañías de energía. Si vives en un chalet, quítate de la red. Investiga todos los medios para hacer tu hogar autosuficiente con energía limpia. Energía solas, por viento y otras formas de energía renovables ahora son realidades accesibles al consumidor, y considerando el costo creciente e interminable de las energías tradicionales, probablemente será una inversión más barata con el paso del tiempo. Si conduce, use el auto más pequeño que pueda y considere usar una de las tantas tecnologías de conversión que permitan a su auto ser un híbrido, eléctrico o que funcione con cualquier otra cosa que no sea el combustible del sistema.

5. Rechace el sistema político. La ilusión de la democracia es un insulto a nuestra inteligencia. En un sistema monetario, no existe algo como la verdadera democracia, y nunca existió. Tenemos dos partidos políticos poseídos por los mismos grupos de presión corporativos. Están situados en sus posiciones por las corporaciones, con una popularidad artificialmente proyectada por sus medios de comunicación. En un sistema de corrupción sistémico, el cambio de personal cada par de años tiene poca relevancia. En vez de simular que el juego político tiene un significado real, concentra tu energía en cómo trascender este sistema fallido.

6. Únete al movimiento. Entra en thezeitgeistmovement. com y ayúdanos a crear mayor movimiento masivo para el cambio social que jamás se haya visto. Debemos movilizar y educar a todos sobre la corrupción inherente de nuestro actual sistema mundial, junto con la única solución verdaderamente sostenible, declarando todos los recursos naturales del planeta como una herencia común a toda la gente, mientras que informamos a todos sobre el estado real de la tecnología y cómo podemos ser todos libres si el mundo trabaja unido en lugar de pelear.

La elección es tuya.

Puedes seguir siendo un esclavo del sistema financiero y miras las continuas guerras, crisis e injusticias en todo el mundo, mientras te distraes con distracciones banales y basura materialista, o puedes enfocar tu energía en un cambio verdadero, significativo y permanente cambio global que tenga la capacidad realista de sostener y liberar a todos los humanos sin dejar a nadie atrás.

Pero al final, el cambio más importante primero debe ocurrir dentro de ti.

La verdadera revolución es la revolución de la conciencia, y cada uno de nosotros, primero tiene que eliminar el ruido materialista que nos divide y que nos han condicionado a creer que era real, mientras lo descubrimos, lo amplificamos y lo reajustamos con la señal proveniente de nuestra verdadera unión empírica.

Depende de ti.

“Lo que estamos intentando aquí en todos estos debates y charlas es ver si podemos o no llevar a cabo una transformación radical de la mente. No aceptando las cosas como son… sino… comprendiéndolas, analizándolas, examinándolas, entregando su corazón y su mente en cada cosa que quieran descubrir. Una forma diferente de vivir. Pero eso depende de cada uno y de nadie más. Porque en esto no hay profesor, ni alumno, no hay líder, no hay gurú. No hay maestro, no hay salvador. Ustedes mismos son el profesor y el alumno, son el maestro, el gurú, el líder. ¡Ustedes son todo! Y… entender es transformar lo que es.” Jiddu Krishnamurti (1895-1986)

La película completa está aquí:

Zeitgeist: The Movie (Zeitgeist: la película)

Zeitgeist: la película (2007) es un excelente documental de 118 minutos de duración de origen estadounidense. Fue escrito, dirigido y producido por Peter Joseph (alguien cuyo nombre sería un seudónimo). Es el primero de tres films al que le han seguido Zeitgeist: Addendum (2008) y Zeitgeist: Moving Forward (2011). No fue estrenado comercialmente en cines sino en Google Videos. Si bien no hay información exacta se estima que cincuenta millones de personas han visto los tres films.

Zeitgeist es una palabra en alemán que significa “el espíritu de la época” y hace alusión al estado de situación mundial en materia política y económica.

*

Con una realización y montaje que aprovecha material documental y algunos recursos del video clip, la película no ahorra juicios de valor para criticar negativamente el poder de los mitos desde la antigüedad hasta hoy, su utilización para manejar a las personas, así como la historia que se ocultaría detrás de los atentados a las Torres Gemelas y las excusas que EEUU habría utilizado para justificar su criminal política exterior.

Algunos de los conceptos que se dicen en el film son los siguientes:

Cuanto más empiezas a investigar, lo que pensamos que entendemos, de dónde venimos, y lo que pensamos que estamos haciendo, empiezas a ver que nos han mentido.

Hemos sido engañados por cada institución.

¿Qué te hace pensar por un minuto que las instituciones religiosas sean las únicas que nunca se les ha tocado? Las instituciones religiosas de este mundo están en el fondo de la suciedad. Las instituciones religiosas de este mundo han sido creadas por las mismas personas que te han dado tu gobierno, tu educación corrompida, quienes te imponen sus agrupaciones bancarias. Porque a nuestros dirigentes les importa un bledo ni tú, ni tu familia.

Todo lo que les importa es lo que siempre les ha importado, es decir, el control de todo el maldito mundo. Nos han alejado de la verdad y la presencia divina en el universo que los hombres han llamado Dios. No sé lo que es Dios, pero sí sé lo que no es, y a menos que no estés preparado para ver la verdad completa, a donde quiera que vayas, a cualquiera que te guíe, si quieres mirar a otro lado o si quieres quedarte con lo que estás más cómodo entonces en algún punto descubrirás que te estás metiendo en un lío con la justicia divina.

Cuanto más te educas más entiendes de dónde vienen las cosas y más obvias se vuelven, y empiezas a ver mentiras en todos lados. Tienes que conocer la verdad e investigar la verdad, y la verdad te hará libre.

“Ellos deben hallarlo difícil… aquellos que han tomado la autoridad como la verdad, en vez de la verdad como la autoridad.” G. Masssey, Egiptólogo.

1. LA MÁS GRANDE HISTORIA JAMÁS CONTADA

La coincidencia de que Atís de Frigia, Krishna de la India, Dionisos, Mitra de Persia y Jesús hayan nacido un 25 de diciembre de una virgen, sus nacimientos fueran anunciados por una estrella en el Este, hayan sido adorados por tres reyes, hayan sido maestros a los 12 años, a los 30 bautizados dando comienzo a su ministerio, hayan tenido 12 discípulos que viajaron con ellos, hayan hecho milagros, hayan sido llamados “la Luz”, “El Cordero de Dios”, que luego de haber sido traicionados fueran crucificados, que hayan estado muertos durante tres días y que hayan resucitado.

2. TODO EL MUNDO ES UN ESCENARIO

Un mito es una idea que, aunque siendo popularmente creída, es falsa.
En un sentido más profundo, en el sentido religioso, el mito sirve como una historia que orienta y conmueve a la gente. El enfoque del mito no es la relación de la historia con la realidad, sino con su función.
Una historia no puede funcionar, a menos que sea creída por la comunidad o la nación.

No es tema de debate que algunos tengan el mal gusto de cuestionar la veracidad de tal historia sagrada. Los guardianes de la fe no entran en debate con ellos. Ellos ignoran o denuncian como blasfemo al que la cuestione.

3. NO PRESTES ATENCIÓN A LOS HOMBRES DETRÁS DE LA CORTINA

EEUU entra en guerra en la Primera Guerra Mundial a raíz un supuesto ataque al buque de pasajeros “Lusitania”.
Segunda Guerra Mundial: el 7 de diciembre de 1941 Japón bombardea a la flota estadounidense anclada en Pearl Harbor.
Hubo un ataque de barcos de Vietnam del Norte a barcos destructores de EEUU en el Golfo de Tonkin que nunca sucedió, dando comienzo a la intervención estadounidense en Vietnam.

Lo que sucedió el 11 de septiembre de 2001 fue la excusa para dos guerras: contra Irak y Afganistán.
Y para una tercera guerra: contra ti. Para destruir tus libertades civiles y limitar tu capacidad de luchar contra lo que viene: la sanción del “Acta Patriótica”, “Seguridad de la Nación”, “Acta de Tribunales Militares” y otras legislaciones.

En febrero de 1933 Hitler hizo incendiar el parlamento alemán, el Reichstag culpando a los terroristas comunistas. Luego aprobó el “Enabling Act” que erradicaba la Constitución alemana destruyendo las libertades de las personas. Luego llevó a cabo guerras preventivas para salvaguardar la seguridad de la nación.

Si quieres destruir una zona ¿cómo lo haces? Hay dos maneras: puedes ir y bombardearla, pero eso no es muy eficiente.
Lo que haces es tratar de hacer que la gente de la zona se mate entre ellos y destruyan su propio terreno, sus propias granjas, y eso es lo que se ha hecho en esa zona. La manera que destruyes a un oponente es hacer que se destruya a sí mismo dividiendo sus rangos contra ellos mismos. Entonces alimentas a ambos lados, tienes agentes alimentando ambos lados, inflamando ambos lados. Y se eliminan entre ellos.
Y ya es hora que algunos de nosotros despertemos a esta realidad, que entendamos que la gente que trata de mantener imperios y crear imperios, lo hacen manipulando a la gente que tratan de conquistar.

* * *

Aquí está la película completa en You Tube:

The Kyoto Connection, música

The Kyoto Connection es un proyecto de música gratuita de Facundo Arena. Buena música electrónica con influencias orientales. En su sitio cuentan que han tenido más de 50.000 descargas de sus discos a nivel mundial.

The Kyoto Connection es Facundo Arena (teclados), Laura Lang (voces), Jesica Rubino (violín, voces), y Rodrigo Trado (batería).

Su sitio desde donde se pueden descargar gratis todas sus músicas es thekyotoconnection.com

Discografía: The First Voyage (2006), The Second Voyage (2008), Out of Japan (EP), No Headphones Required (2010), Father/Son (2011).

Alice in Chains / Rain When I Die (Va a llover cuando yo muera)

¿Ella está dispuesta a conocer mi frustración?
Lo que está deslizándose dentro, castración lenta
Soy un enigma tan fuerte, vos no podés quebrarme
Ella vino aquí para tratar, para tratar de tomarme

¿Dijo mi nombre?
Pienso que va a llover
Cuando yo muera

¿Fue algo que dije, que se llevó a cabo en mi contra?
No hay vida en el camino, escalando lentamente
Atrapada en hielo ella mira fijamente, mira fijamente la nada
Puedo ayudarla pero no lo haré, ahora ella me odia

¿Dijo mi nombre?
Pienso que va a llover
Oh, cuando yo muera

Ella no me dejará esconder
No quiere que yo llore

Me mantendrá sobre el pasto, tratando de conectarme a tierra
Lentamente perdona mi mentira, mintiendo para salvarme
Ella podría amarme otra vez, o me odiará
Probablemente no, sé por qué, no puedo explicarme

¿Dijo mi nombre?
Pienso que va a llover
Cuando yo muera

(De Dirt, 1992, traducción propia)

Is she ready to know my frustration? / What she slippin’ inside, slow castration / I’m a riddle so strong, you can’t break me / Did she come here to try, try to take me // Did she call my name? / I think it’s gonna rain / When I die // Was it something I said, held against me? / Ain’t no life on the run, slowly climbing / Caught in ice so she stares, stares at nothing / I can help her but won’t, now she hates me // Did she call my name? / I think it’s gonna rain / Oh, when I die // She won’t let me hide / She don’t want me to cry // Will she keep on the ground, trying to ground me / Slowly forgive my lie, lying to save me / Could she love me again, or will she hate me / Prob’ly not, I know why, can’t explain me // Did she call my name? / I think it’s gonna rain / Oh, when I die

Los integrantes originales eran Layne Staley (voz, muerto por sobredosis en 2002), Mike Starr (bajo, dejó la banda en 1993, falleció en 2011), Sean Kinney (batería), Jerry Cantrell (guitarra).

Discografía: Facelift (1990), Dirt (1992), Alice in Chains (1995). Luego la banda volvió a reunirse ya con otros miembros y grabó Black Gives Way to Blue (2009).

Mario Carretero, Karina Solcoff, Daniel Valdez / La conformidad

(De Mario Carretero, Karina Solcoff, Daniel Valdez. Psicología, Aique Grupo Editor, Buenos Aires, 1ª edición, 1ª reimpresión, 2004, pp. 169-173)

La conformidad consiste en la modificación de una posición ya asumida por el sujeto en una dirección aceptada por otro o por un grupo. En este proceso, el sujeto ya tiene un juicio o norma establecido y lo modifica, adaptándolo a los juicios de otro (generalmente, un grupo) como consecuencia de la presión real o simbólica ejercida por éste.

Asch y el estudio de la conformidad

Solomon Asch es un psicólogo social iniciador de los trabajos experimentales sobre conformidad. En la década de 1950 estudió la influencia de la presión grupal en la modificación de juicios establecidos. Para ello realizó, entre otros, el siguiente estudio.

Se le propone al participante una prueba sobre percepción visual. El participante ignora que, en realidad, se trata de un estudio sobre conformidad. Otros ocho sujetos, cómplices del investigador, participan de la prueba simulando ser también sujetos experimentales.

Se muestra a los participantes dieciocho pares de tarjetas similares a las de la figura de la página siguiente.

Ellos deben responder cuál de las tres líneas de la tarjeta de la derecha es igual a la de la tarjeta de la izquierda. Los turnos se organizan de manera tal que el sujeto experimental siempre es el último o el penúltimo en responder. Cada participante va respondiendo en voz alta a su turno. De manera deliberada, la tarea es fácil y la respuesta es obvia.

Ante las primeras presentaciones de los pares de tarjetas, las respuestas de los cómplices son correctas. Pero, hacia la tercera presentación aproximadamente, el sujeto que responde primero (un cómplice del experimentador) emite una respuesta evidentemente errónea. También lo hace el segundo sujeto, el tercero (también cómplices) y así sucesivamente.

Se evalúan los juicios del sujeto experimental cuando los ocho cómplices del experimentador emiten respuestas incorrectas en doce de los dieciocho ítems.

La conformidad en el laboratorio: cuestiones importantes

El estudio de Asch mostró un alto porcentaje de conformidad en las respuestas de los participantes: aproximadamente, un tercio de las personas daban respuestas incorrectas a pesar de que sabían la respuesta adecuada. Los participantes daban respuestas conformes a las emitidas por los ocho cómplices en la tercera parte de los ejercicios cuando éstos mostraban unanimidad en la respuesta incorrecta. Uno de cada tres participantes se conformaron, es decir, modificaron su respuesta como consecuencia de la presión que ejercieron las respuestas del grupo sobre su propia convicción.

Para estar en sintonía con el resto del grupo, el sujeto modifica su respuesta aunque la considere correcta.. Como puede observarse, la tarea es tan sencilla y la respuesta tan obvia que deja en evidencia la conformidad de los sujetos. Si se tratara de un problema más ambiguo, posiblemente el acuerdo en las respuestas incorrectas podría atribuirse a la dificultad de la respuesta. Ahora bien, si eso ocurre en situaciones cuya respuesta es tan clara, ¿qué ocurre cuando los problemas son menos claros, menos obvios, más difíciles?

La conformidad en la vida real: cuestiones importantes

Los problemas que las personas enfrentan en la vida cotidiana son mucho más complejos que el planteado en el experimento original de Asch. Diferentes trabajos continuaron en esa dirección introduciendo variaciones. Esos primeros trabajos fueron realizados en el contexto de la posguerra, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La preocupación de muchos científicos, consecuentes con ese momento histórico, se dirigía al estudio de los fenómenos sociales y a las formas que adopta la presión social sobre el comportamiento, los valores y las creencias de los individuos.

Si la finalidad de Asch era, en su momento, mostrar cómo los sujetos actúan de manera autónoma y son capaces de defender sus puntos de vista, sus valores y sus convicciones, su investigación reveló que no siempre es así. Muchos estudios posteriores confirmaron estos resultados.

De los estudios se puede inferir que, si bien la cantidad de participantes incrementa la influencia ejercida, existe otro factor importante: la unanimidad. Es decir que si los participantes están de acuerdo, el consenso entre ellos -más que la cantidad- es lo que determina la conformidad. Por ejemplo, si la persona percibe que otro sujeto se opone a la mayoría, es probable que esta persona no actúe conforme a la mayoría que si encuentra una opinión adoptada por todo el grupo en forma unánime. La conformidad se incrementa de acuerdo con la dificultad de la tarea, y también cuando los participantes consideran que existe una respuesta objetivamente correcta. Al contrario, cuando lo que se pide es una opinión o una preferencia, la conformidad disminuye. El psicólogo estadounidense Richard Crutchfield se apoyó en el experimento de Asch para estudiar la conformidad. Sin utilizar cómplices, analizó situaciones en las que los participantes no tenían contacto cara a cara. Pudo observar que la conformidad disminuye en las comunicaciones indirectas y anónimas, porque en ellas la presión sobre los sujetos es menor.

Influencia pública e influencia privada

Algunas justificaciones que dieron los sujetos después de participar de la experiencia de Asch fueron los siguientes:

* No querían “arruinar” el experimento dando una respuesta diferente de la de los demás.

* Querían agradar al experimentador, dando una buena imagen y cumpliendo con sus expectativas.

* Algunos dudaban de su percepción adecuada, creyendo que, tal vez, desde su posición se veía distinto o su vista podía estar cansada.

* Querían ser iguales a los demás, no querían parecer “distintos”, “inferiores” o “que los tomaran por tontos”.

En algunos casos, los sujetos dudaron realmente de la respuesta, en otros admitían que había una diferencia entre las respuestas que dieron en público y lo que realmente creían en privado. En general, en los trabajos sobre conformidad se pueden observar cuatro grandes patrones de influencia:

1. Interiorización. El sujeto realiza un cambio tanto en el plano público como en el privado (“Creía que Z pero creo que X, como dicen todos”).

2. Complacencia. El cambio se produce en el plano público pero no en el privado (“Dije X como dijeron todos, pero pienso Z”).

3. Conversión. El sujeto realiza un cambio en el plano privado y no se manifiesta en el plano público (“Manifiesto Z pero pienso X como todos”).

4. Independencia. No se produce un cambio en ninguno de los dos planos (“Pienso Z y digo Z a pesar de lo que dicen todos”).

¿Por qué nos conformamos?

En algunas circunstancias, las personas tienden a adoptar una posición conformista. Existen determinadas condiciones que facilitan la conformidad, y que se agrupan en dos grandes tipos:

* Conformidad normativa. La necesidad de ser aceptado o aprobado por los otros está en la base de la conformaidad normativa. La búsqueda de confirmación o aprobación social indica una preocuación por causar una buena impresión en los otros y evitar su rechazo. En ese caso, se identifica a los otros como fuentes de recompensa, castigo, aceptación o rechazo.

* Conformidad informativa. La necesidad de estar en lo cierto, de no equivocarse constituye la base de la conformidad informativa. La búsqueda de certeza señala una preocupación por las fuentes de información que pueden reducir la incertidumbre. Así, los otros son percibidos como modelos de comparación que ayudan a resolver el conflicto frente a una situación de ambigüedad o incertidumbre.

Ambos tipos de influencia, normativa e informativa, pueden presentarse de manera conjunta o complementaria. En definitiva, manifiestan una misma condición la dependencia respecto del juicio de los otros. Por ejemplo, muchas veces las personas necesitan estar en lo correcto para cumplir con las expectativas de su grupo y no ser rechazados. En ese caso, ambas necesidades confluyen para dar como resultado una conducta o actitud conformista.

La conformidad no es en sí misma una conducta negativa o positiva, ya que depende de las circunstancias de que se trate. Es importante acordar con las normas sociales que regulan las actividades de las personas en una sociedad, por ejemplo, hacer una fila para entrar a un cine o respetar las luces del semáforo para avanzar en concordancia con lo que hacen los otros transeúntes. Esto hace que las conductas propias y ajenas no resulten imprevisibles y caóticas. Para ello, es necesario conformarse a las normas grupales. También nos brinda seguridad saber que los otros se manejan de igual manera y respetan los acuerdos para conducirse en una sociedad.

Sylvina Walger / De ‘Los Beverly ricos’ a Elliot Ness

(Publicado en Perfil, 23.10.2011)

Uno vino del norte cálido, la pareja en cambio se largó desde el frío aunque sin el suspenso de John Le Carré. El del norte llegó dispuesto no sólo a llenarse los bolsillos sino a pasarla muy pero muy bien. Y salvo algunos tristes tropiezos, lo logró. Hablamos de Carlos Menem.

La pareja llegó con las características del hielo. Frialdad y una supercuidada intimidad. También vinieron a llenarse los bolsillos y desdeñaron el hedonismo. Pero no se quedaron ahí, los imbuía un espíritu fundacional. La Argentina volvería a existir en el relato que divulgarían Néstor y Cristina.

Hasta ahora, a menos que Néstor resucite, se puede decir que van saliendo victoriosos. El relato que construyeron, basado en una prodigiosa cantidad de mentiras, conquistó el alma de nuestra juventud. Los que somos más viejos sabemos que todo pasa, hasta las dictaduras fascistas que nos pretenden imponer. Y que los entusiastas jóvenes de hoy renegarán mañana de semejante “construcción del relato”. Sólo que en vez de hacerlo desde un simpático chalecito en el Conurbano, negarán la historia desde un departamento sin gracia del gélido Puerto Madero.

Es imposible imaginar dos cosas más diferentes que la cultura que rodeó a Carlos Menem, de la que cultivaron los Kirchner. Es un equivalente de la distancia que va del “cabarute” a Horacio González.

La década menemista se caracterizó –entre otras menudencias– por la exhibición ostentosa y trasnochada de símbolos de estatus. Los dos primeros años K remitían a una película de los años 40. Puro blanco y negro, incluido el gabinete (gris a morir) y los mejores amigos. En esos primeros años todavía se podía afirmar que los argentinos, siempre exagerados, habían pasado de Los Beverly ricos a Elliot Ness.

Hay un punto, sin embargo, en el que la actual presidenta y el ex presidente coinciden. Su amor por las joyas. El presupuesto de Cristina para alhajas la ha llevado a figurar en la lista de los diez presidentes más ostentosos del mundo. Más conocidos como los reyes del “bling”. Expresión que utilizan los franceses para describir a los amantes de las joyas y de las grandes marcas. Nicolas Sarkozy es conocido en su patria como “president bling bling”. El diario Le Figaro anunció el nacimiento de su hija Dalia como “llegó la bebé Bling”.

Cristina, que ganó su lugar con toda justeza, fue seleccionada por el periódico laborista The Guardian. Para el prestigioso medio, la presidenta argentina es una de las diez líderes más “fashion y superproducidas del planeta”.

La cultura que manejan los K es una cultura de prólogo de ensayo que suele combinarse con una equivocada interpretación de Jauretche (al que siempre conviene tener a mano, pero sabiéndolo usar). La cultura K es el reflejo de lo que ellos son, una impostura.

Ni fueron montoneros, ni hicieron plata como honestos comerciantes, ni tampoco leyeron nada más allá del prólogo. Son gente a la que “los capitalinos” (como llaman a los porteños en el sur) no les cierran del todo y a los chilenos, si pudieran, los comerían a la parrilla.

Primitivos intelectualmente, nacionalistas hasta la exasperación, absolutistas a lo Napoleón (no bonapartistas), desprecian profundamente la democracia y sus reglas. La cultura K ha encontrado su horma en el politólogo Ernesto Laclau que justifica la reelección eterna y la existencia de un partido único (claro que él después se vuelve a Inglaterra con la filósofa belga que tiene al lado, los mamarrachos quedan para nosotros).

Laclau tiene un programa en el canal Encuentro donde entrevista a intelectuales, si es posible violentos. Allí estaba hace dos sábados el profesor Toni Negri, de mediocre intelecto pero todo un hombre de acción. El que dude que vaya a un libro de historia y se entere de que “il profesore” puso una bomba en 1978 en la estación Bolonia, en la hora pico. Ahorro la mención de muertos y heridos. Ese canal, como todo lo demás, lo financia el Estado.

¿Qué es lo que captura de ellos (porque empezaron juntos) a intelectuales más formados con sólidos currículos (no confundir con 6,7,8 donde, salvo Nora Veiras, cuesta imaginarse que hayan terminado el colegio)? Posiblemente sea el hecho de saber que estos personajes que hoy son dueños del poder tienen una inmensa fragilidad intelectual y que es fácil venderles pescado. Por parte de los poderosos, hay conciencia de que los intelectuales pueden suplirles algo que a ellos les falta: el barniz cultural.

La cultura del menemismo, de la pizza con champán, las “trolas”, los divorcios, las amantes, era un fresco absolutamente genuino. Con los que vinieron del hielo y su corte de admiradores jamás sabremos si están diciendo la verdad o están mintiendo. Son como el Indec.

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Sylvina Walger es socióloga y periodista.

Libros: Cristina (de legisladora combativa a presidenta fashion) (2010), Los paraísos argentinos (Pinamar, Punta del Este, Miami) (1997), Pizza con champán (Crónica de la fiesta menemista) (1994), Una mujer (Biografía no autorizada de Susana Giménez) (1991, con Claudia Acuña), Tv Guía Negra (Una época de la televisión en la Argentina en otra época) (1974, con Carlos Ulanovsky),

Ai no korîda (El imperio de los sentidos)

Ai no korida (1976) es una historia basada en hechos que sucedieron en Japón en la década de 1930.

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Sada Abe es una ex prostituta que comienza a trabajar como personal de servicio en un hotel. El dueño del lugar es Kichizo Ishida, que está casado con la jefa de los servicios. Kichizo gusta de los excesos y lleva una vida sexualmente muy activa. No transcurre mucho tiempo para que se transformen en amantes. Su atracción mutua les hace dejar de lado todo ocultamiento y cuidado para llevar a cabo sus relaciones. La intensísima atracción sexual y obsesión que siente Sada por Kichizo los lleva a atravesar todos los límites.

* *

Un film sobre el amor, el deseo y la muerte, incómodo, sofocante, sórdido, exasperante, que muestra la sinrazón de los protagonistas en la búsqueda por poseerse y de intentar que nadie más pueda gozar de ambos. Además de adentrarnos en dos personalidades especiales, y siempre que se trata de relaciones de poder, podríamos hacer una transposición a los vínculos que se establecen entre, por una parte, los ciudadanos de un país (la gran mayoría de la población) que tiene, digamos, un régimen democrático para elegir a sus representantes y, por otra, los que detentan el poder. Necesidad, utilización, dependencia, obediencia, sumisión… ¿qué es una relación? ¿hasta dónde llega el deseo mutuo? ¿puede terminar como terminan Sada y Kichizo? ¿placer o venganza?

Los treinta y cinco años pasados desde su estreno no han hecho disminuir todos los méritos cinematográficos de la película entre los cuales está la música y las actuaciones excluyentes de Tatsuya Fuji (Kichizo Ishida) y Eiko Matsuda (Sada Abe).

Su exhibición en Argentina fue prohibida por la última dictadura militar. La dirigió Nagisa Oshima, nacido el 31 de marzo de 1932 en Kyoto, Japón.

Filmografía: Ai to kibo no machi (1959), Seishun zankoku monogatari (Historias crueles de juventud, 1960), Taiyo no hakaba (1960), Nihon no yoru to kiri (1960), Shiiku (1961), Amakusa Shiro Tokisada (1962), Etsuraku (1965), Hakuchu no torima (1966), Ninja bugeicho (1967), Nihon shunkako (1967), Muri shinju: Nihon no natsu (1967), Koshikei (1968), Kaettekita yopparai (1968), Shinjuku dorobo nikki (Diario de un ladrón de Shinjuku, 1968), Shônen (1969), Tokyo senso sengo hiwa (Murió después de la guerra, 1970), Gishiki (1971), Natsu no imoto (1972), The Battle of Tsushima (1975, documental), Ai no korida (El imperio de los sentidos, 1976), Ai no borei (El imperio de la pasión, 1978), Furyo / Senjo no / Merry Christmas Mr. Lawrence (Feliz Navidad, Mr. Lawrence, 1983), Makkusu, mon amuru (Max, mi amor, 1986), Kyoto, My Mother’s Place (1991), Gohatto (Tabú, 1999).

Eliseo Verón / Desaliento

(Publicado en Perfil, 9.10.2011)

La llamada “actualidad” es una noción vaga y de fronteras inciertas, pero que sin embargo aparece inevitablemente mencionada en cualquier discusión sobre los medios o sobre el periodismo. Desde el punto de vista de la producción, se trata de un paquete de noticias configurado de distintos modos en los distintos medios. Cada receptor descompone a su manera el paquete por el que tiene una preferencia, y sus neuronas recomponen lo que será para él, a lo largo de los días y las semanas, la actualidad. Esa recomposición tiene una serie de características, y la que me interesa aquí admite una metáfora meteorológica: en la cabeza del lector, la actualidad tiene una dimensión afectiva que podríamos calificar de “clima”. Bueno, ocurre que el clima de mi actualidad se está volviendo francamente desagradable y creo que justifica una alerta.

En primer lugar, una ausencia notable, enorme: exactamente a dos semanas de las elecciones, no hay campaña electoral. La Presidenta habla lo menos posible, y si entendí bien, el candidato a vicepresidente está haciendo una gira musical. Cuando empezaron los pequeños spots radiales o televisivos de los distintos candidatos me sentí aliviado, porque había llegado a preguntarme –pensando: “Estoy cada vez más distraído, debe ser la edad”– si acaso la elección no había sido suspendida sin que yo me enterara. Los candidatos de la oposición se han vuelto invisibles, y en las últimas semanas no ha habido prácticamente ningún título principal de tapa de los diarios sobre la campaña propiamente dicha: nunca visto en una elección presidencial en democracia. Esta elección no le interesa ni a Tinelli. El kirchnerismo va a lograr una impecable victoria, al precio de vaciar de sentido el campo político argentino: no se ha producido ni una sola discusión de fondo sobre ninguno de los problemas fundamentales que nuestro país deberá afrontar en el futuro. Todo esto es un poco desalentador y afecta el clima.

En segundo lugar se combinaron, de una manera desafortunada, noticias sobre dos crecimientos. Por un lado, el notable crecimiento de los shopping centers: ¡en los próximos dos años van a inaugurarse 21 nuevos shoppings en el GBA y en el interior!. Más vale tarde que nunca: la destrucción del comercio de proximidad se producirá también en el Conurbano bonaerense y en muchas ciudades del interior. Yo ya les dije, hay que tener paciencia, la modernidad termina llegando a todas partes. La noticia estuvo acompañada, en varios medios, por un discurso vago sobre una “nueva clase media”. Claro, en mi clima, este elemento se relaciona inmediatamente con el anterior: consumamos, consumamos, porque la política ya no le interesa a nadie. El otro crecimiento es el de las villas, que le gana al de los shoppings: en cinco años, se han instalado en el GBA noventa nuevos asentamientos precarios (La Nación del miércoles 5 de octubre). Según Clarín de ese mismo día, en el Conurbano hay un total de 864 villas miserias.

Como si todo esto fuera poco, en esta misma semana se hicieron públicos los resultados de la encuesta que la DAIA le encomendó al Instituto Gino Germani de la UBA, sobre las actitudes hacia la comunidad judía en la Argentina. Se podrá pensar que ya lo sabíamos, pero el tener nuevas evidencias que nos lo recuerdan, hace muy mal: vivimos en un país fuertemente racista y antisemita. El 30% prefiere no tener vecinos judíos y el 45% no contraería matrimonio con una pareja judía.

Vacío político, consumismo exacerbado, creciente fractura social, racismo: se me concederá que el diagnóstico es más bien deprimente, y que la lógica que conecta a esos componentes entre sí, inquietante. Para colmo –aunque no tenga nada que ver– murió Steve Jobs, el único gran empresario de la industria informática que siempre pensó que sus clientes no eran estúpidos. (Sí, en cada uno de nosotros la actualidad es un híbrido de trayectos mentales que genera una suerte de sensación térmica).

En fin, la lectura de la última columna de Paul Krugman en New York Times, reproducida por iEco de Clarín el domingo pasado y titulada “El viaje de la eurozona hacia la muerte”, no es algo que pueda levantarle el ánimo a nadie. Por supuesto que el viaje que ha emprendido la Argentina en este año electoral no es un viaje hacia la muerte. Pero no sé qué va a pasar cuando ir de compras al shopping ya no nos baste para esconder la obstinada indiferencia a pensar políticamente el futuro de nuestros hijos.

Charlotte Brontë, poemas

PASIÓN

Algunos han ganado un placer salvaje,
Por arriesgarse a un dolor más salvaje,
Podría yo esta noche ganar tu amor
Y sufrir mañana el peligro de la muerte.

Podría ganar la lucha de la batalla,
Una cierta mirada de tu ojo.
¡Cómo este corazón marchito ardería,
La lucha fuerte por intentarlo!

Bienvenidas las noches de sueños rotos,
Y los días de fría matanza.
¿Podría yo considerar que llorarías
Al oír mis peligros relatados?

Dime si con errantes peregrinos
Deambulo lejos de todo,
¿Vagas tú por aquellos paisajes distantes
Sin extraviar tu espíritu?

Salvaje, largamente, una trompeta suena lejos,
Déjame, déjame ir,
Donde el Sheik y el Británico se encuentran en guerra,
Sobre el flujo del Sutlej indio.

La sangre ha teñido las olas del Sutlej
Con manchas escarlatas, lo sé;
Los límites del Indus se cubren de tumbas,
¡Sin embargo, ordéname ir!

Aunque el rango y lo alto el holocausto
De las naciones, sube al cielo,
Con placer me sumaría a las huestes muertas,
Si la orden me fuese dada.

La fuerza de la pasión debería templar mi brazo,
Su ardor agita mi vida,
Hasta la fuerza humana para ese encanto terrible
Debería sucumbir y caer en alarma salvaje,
Como árboles en lucha contra la tempestad.

Si yo, excitada por la guerra, buscase tu amor
¿Te atreverías a estar a mi lado?
¿Te atreverías, entonces, a reprobar mi pasión,
Por desprecio, y orgullo enloquecedor?

No, mi voluntad sometería el control
De tu voluntad, tan alta y libre,
Y el amor domaría ese alma altiva.
Si, el amor más tierno para mí.

Leeré mi triunfo en tus ojos,
Contemplando, y probando el cambio;
Luego dejaré, indiferente, mi noble premio
Una vez más en manos al alcance.

Moriría cuando toda la espuma se alce,
El vino brillante resplandezca alto;
Sin esperar hasta que en la exhausta copa
Lo aburrido de la vida haga sólo mentiras.

Entonces el Amor será coronado con dulce recompensa,
Bendecida la esperanza con gran plenitud,
¡Desearía montar el corcel, desenvainar la espada,
Y perecer en la embestida!

PASSION

Some have won a wild delight,
By daring wilder sorrow;
Could I gain thy love to-night,
I’d hazard death to-morrow.

Could the battle-struggle earn
One kind glance from thine eye,
How this withering heart would burn,
The heady fight to try !

Welcome nights of broken sleep,
And days of carnage cold,
Could I deem that thou wouldst weep
To hear my perils told.

Tell me, if with wandering bands
I roam full far away,
Wilt thou, to those distant lands,
In spirit ever stray ?

Wild, long, a trumpet sounds afar;
Bid me­bid me go
Where Seik and Briton meet in war,
On Indian Sutlej’s flow.

Blood has dyed the Sutlej’s waves
With scarlet stain, I know;
Indus’ borders yawn with graves,
Yet, command me go !

Though rank and high the holocaust
Of nations, steams to heaven,
Glad I’d join the death-doomed host,
Were but the mandate given.

Passion’s strength should nerve my arm,
Its ardour stir my life,
Till human force to that dread charm
Should yield and sink in wild alarm,
Like trees to tempest-strife.

If, hot from war, I seek thy love,
Darest thou turn aside ?
Darest thou, then, my fire reprove,
By scorn, and maddening pride ?

No­my will shall yet control
Thy will, so high and free,
And love shall tame that haughty soul­
Yes­tenderest love for me.

I’ll read my triumph in thine eyes,
Behold, and prove the change;
Then leave, perchance, my noble prize,
Once more in arms to range.

I’d die when all the foam is up,
The bright wine sparkling high;
Nor wait till in the exhausted cup
Life’s dull dregs only lie.

Then Love thus crowned with sweet reward,
Hope blest with fulness large,
I’d mount the saddle, draw the sword,
And perish in the charge !

LAMENTO

Hace mucho deseaba dejar
”La casa donde nací”;
Hace mucho acostumbraba sufrir,
Mi hogar parecía tan abandonado,
En otros años, sus habitaciones silenciosas,
Estaban llenas de acechantes temores;
Ahora, su memoria regresa
Sobrecargada con tiernas lágrimas.

La vida y el matrimonio que he conocido,
Cosas que en un tiempo fueron brillantes,
Ahora, ¡cómo está flotando absolutamente
Cada rayo de luz!
En medio del mar desconocido de la vida
Ninguna isla bendita he encontrado;
Finalmente, a través de toda su lucha de ola salvaje
Mi pena es convocada al hogar.

¡Adiós, oscura y empinada profundidad!
¡Adiós, tierra extraña!
¡Abre, en la extensión sin nubes,
Tu glorioso reino de antaño!
Sin embargo, cuando logré pasar a salvo
Aquel irritante, cansado principio,
Una voz amada, entre temblores y rugidos,
Pudo convocarme nuevamente.

A pesar del brillo del alma de una rosa matutina
Sobre el Paraíso para mí,
¡William! Incluso desde el descanso del Cielo
¡He vuelto, convocada por ti!
Esta tormenta que surge no retendrá
Mi alma, exaltándola.
Todo mi cielo una vez estuvo en tu pecho,
¡Y sólo allí será mío otra vez!

REGRET

Long ago I wished to leave
“The house where I was born; “
Long ago I used to grieve,
My home seemed so forlorn.
In other years, its silent rooms
Were filled with haunting fears;
Now, their very memory comes
O’ercharged with tender tears.

Life and marriage I have known,
Things once deemed so bright;
Now, how utterly is flown
Every ray of light !
‘Mid the unknown sea of life
I no blest isle have found;
At last, through all its wild wave’s strife,
My bark is homeward bound.

Farewell, dark and rolling deep !
Farewell, foreign shore !
Open, in unclouded sweep,
Thou glorious realm before !
Yet, though I had safely pass’d
That weary, vexed main,
One loved voice, through surge and blast,
Could call me back again.

Though the soul’s bright morning rose
O’er Paradise for me,
William ! even from Heaven’s repose
I’d turn, invoked by thee !
Storm nor surge should e’er arrest
My soul, exulting then:
All my heaven was once thy breast,
Would it were mine again !

VIDA

La vida, creo, no es un sueño
Tan oscuro como dicen los sabios;
A menudo un poco de lluvia de la mañana
Anuncia un día agradable.
A veces hay nubes de tristeza,
Pero son transitorias todas;
Si la lluvia hará florecer las rosas,
Oh ¿por qué lamentar su caída?

Rápidamente, alegremente,
Horas soleadas de la vida revolotean,
Agradecidamente, alegremente,
¡Disfrútalas mientras vuelan!

¿Qué importa si la Muerte a veces nos sigue
Y nos llama nuestra Mejor?
¿Qué importa si el dolor parece ganar,
O hace de la esperanza, una influencia pesada?
Sin embargo, la esperanza es nuevamente primavera elástica,
Inconquistada, aunque ella terminó;
Todavía flotantes son sus alas de oro,
Todavía fuertes para que nos sostengan también.
Valientemente, sin miedo,
Soportan el día de la prueba,
Para que gloriosamente, victoriosamente,
¡Puedan con valentía dominar la desesperación!

LIFE

Life, believe, is not a dream
So dark as sages say;
Oft a little morning rain
Foretells a pleasant day.
Sometimes there are clouds of gloom,
But these are transient all;
If the shower will make the roses bloom,
O why lament its fall ?

Rapidly, merrily,
Life’s sunny hours flit by,
Gratefully, cheerily,
Enjoy them as they fly !

What though Death at times steps in
And calls our Best away ?
What though sorrow seems to win,
O’er hope, a heavy sway ?
Yet hope again elastic springs,
Unconquered, though she fell;
Still buoyant are her golden wings,
Still strong to bear us well.
Manfully, fearlessly,
The day of trial bear,
For gloriously, victoriously,
Can courage quell despair !

(Traducciones propias)

* * *

Charlotte Brontë nació el 21 de abril de 1816 en Thornton, Yorkshire, Inglaterra y falleció el 31 de marzo de 1855 en Haworth, Yorkshire, Inglaterra.

Obras: Poems (Poemas, 1846, escrito junto con sus hermanas Emily y Anne, y firmado con los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell), Jane Eyre (1847, novela), Shirley (1849, novela), Villete (1853, novela), Professor (1857, publicación póstuma, El Profesor, su primera novela), Emma (1860, publicación póstuma, manuscrito inconcluso de veinte páginas).

Leonora Carrington / La dama oval

Una dama muy alta y muy delgada se hallaba de pie delante de su ventana. La ventana era también muy alta y muy delgada. El rostro de aquella dama era pálido y triste. Permanecía inmóvil y nada se movía cerca de la ventana, excepto una pluma de faisán que llevaba prendida en sus cabellos. Aquella temblorosa pluma atraía mi mirada. ¡Se remecía tanto en aquella ventana donde nada se movía! Era la séptima vez que yo pasaba por delante de la mencionada ventana. La dama triste no se habla movido y, a pesar del frío que hacia aquella tarde, me detuve. Tal vez los muebles eran tan altos y delgados como ella junto a su ventana, y tal vez el gato (si es que había uno) respondía también a tales elegantes proporciones. Yo deseaba saber, era presa de curiosidad y de un irresistible deseo de entrar en la casa simplemente para cerciorarme. Antes de caer en la cuenta de lo que hacía, me hallaba en la entrada. La puerta se cerró sin ruido detrás de mi, y por primera vez en mi vida me hallé en una verdadera mansión aristocrática. Era sobrecogedor. Primero, el silencio era tan distinguido que apenas me atrevía a respirar; luego, los muebles y los objetos de adorno eran de una elegancia suma. Cada silla era por lo menos dos veces más alta que las sillas corrientes y mucho más angosta. Para aquellos aristócratas, hasta los platos eran ovales y no redondos como los que usa todo el mundo. En el salón donde se hallaba la Dama Triste el fuego brillaba en la chimenea y había una mesa llena de tazas y pastelillos. Cerca de las llamas, una tetera esperaba tranquilamente que su contenido fuese bebido.

Vista de espaldas, la Dama parecía aún más alta: tenia, a lo menos, tres metros de altura. El problema era éste: ¿cómo dirigirle la palabra? ¿Decirle que hacia un tiempo de perros? Demasiado trivial. ¿Hablar de poesía? ¿De qué poesía?

- Señora,¿le gusta a usted la poesía?

- No. Detesto la poesía -me contestó con una voz de fastidio, sin volverse hacia mi.

- Beba una taza de té; esto la tranquilizará.

- No bebo, no como. Lo hago para protestar contra mi padre, ese cochino.

Tras un cuarto de hora de silencio, ella se volvió y quedé sorprendida al advertir su juventud. Debía tener unos dieciséis años.

- Es usted muy alta para su edad, señorita. Cuando yo tenía dieciséis años, mi estatura era la mitad de la suya.

- ¡Me importa un cuerno! De todos modos, sírvame un poco de té, pero no lo diga a nadie. Tal vez tome uno de esos pastelillos, pero recuerde sobre todo que no debe decir nada.

Comió con un voraz apetito. Antes de engullir el vigésimo pastelillo, me dijo:

- Aunque me muera de hambre, él no ganará nunca. Desde aquí veo el cortejo fúnebre con sus cuatro gordos y relucientes caballos…, marchando lentamente, y mi pequeño ataúd blanco en medio de una nieve de rosas rojas. Y la gente llorando, llorando…

Tras una corta pausa, continuó, sollozando:

- ¡Aquí está el pequeño cadáver de la bella Lucrecia! Y, una vez muerta, ¿sabe usted?, no hay nada que hacer. Tengo deseos de matarme de hambre, sólo para jeringarlo. ¡Qué cerdo!

Dichas las anteriores palabras, salió lentamente de la estancia. La seguí.

Al llegar al tercer piso, entramos en una inmensa habitación destinada a los niños, donde, esparcidos por todas partes, se velan centenares de juguetes descompuestos y rotos. Lucrecia se acercó a un caballo de madera inmovilizado en actitud de galope, a pesar de su edad, que debla frisar en los cien años.

Tártaro es mi preferido -dijo ella, acariciando el belfo del caballo-. Detesta a mi padre.

Tártaro se meció graciosamente sobre su balancín mientras yo me preguntaba cómo podía moverse solo. Lucrecia lo contempló, pensativa y unidas las manos.

- Irá muy lejos de esta manera -dijo-. Y cuando regrese, me contará algo interesante.

Al mirar hacia fuera, advertí que nevaba. Hacia mucho frío pero Lucrecia no se daba cuenta de ello. Un ruidito en la ventana llamó su atención.

- Es Mathilde -dijo-. Hubiera tenido que dejar abierta la ventana. Por otra parte, una se ahoga aquí.

Tras eso, rompió los cristales y la nieve entró junto con una urraca que, volando, dio tres vueltas por la habitación.

Mathilde habla como nosotros; hace diez años le partí la lengua en dos. iQué hermosa criatura!

- ¡Hermosa criatura! -graznó Mathilde, con voz de bruja-. ¡Hermooosa crrrriaturrrrra!

Mathilde se posó en la cabeza de Tártaro, que continuaba balanceándose dulcemente, cubierto de nieve.

- ¿Has venido para jugar con nosotros? -preguntó Lucrecia-. Estoy contenta, porque me aburro mucho aquí. ¿Y si imagináramos que todos nos hemos convertido en caballos? Yo voy a transformarme en caballo con nieve; esto será más verosímil. Tú, Mathilde, también eres un caballo.

- ¡Caballo! ¡Caballo! ¡Caballo! -graznó Mathilde, bailando histéricamente sobre la cabeza de Tártaro.

Lucrecia se arrojó a la nieve, que ya tenía mucho espesor, y se enroscó dentro de ella, gritando:

- ¡Todos somos caballos!

Cuando se levantó el efecto era extraordinario. Si yo no hubiese sabido que era Lucrecia, hubiera jurado que se trataba de un verdadero caballo. Era tan bello, de una blancura tan cegadora, con sus cuatro finos remos como agujas y una crin que caía en torno a su larga cara como si fuese agua. Reía, alegre, bailando locamente en la nieve.

- ¡Galopa, galopa, Tártaro! Pero yo seré más veloz que tú.

Tártaro no cambiaba de velocidad, pero sus ojos centelleaban. Sólo se velan sus ojos, porque estaba cubierto de nieve.

Mathilde chillaba y se golpeaba la cabeza contra los muros. Yo bailaba una especie de polka para que el frío no se apoderase de mi cuerpo.

De pronto, advertí que la puerta estaba abierta y que en el umbral se encontraba una vieja. Estaba allí seguramente desde hacia mucho rato, sin que yo hubiese reparado en ella. La vieja miraba a Lucrecia con ojos fijos y perversos. De repente, temblando de furor, gritó:

- ¡Deteneos! ¿Qué es eso? ¡Vaya, señoritas! Lucrecia, ¿no sabe usted que este juego está estrictamente prohibido por su padre? ¡Ridículo juego! Ya no es usted una chiquilla.

Lucrecia bailaba moviendo peligrosamente sus cuatro piernas cerca de la vieja, al tiempo que lanzaba penetrantes carcajadas.

- ¡Deténgase, Lucrecia!

La voz de Lucrecia era cada vez más aguda, se desternillaba de risa.

- Bueno -dijo la vieja-. ¿No me obedece usted, señorita? Bueno. Entonces, lo lamentará. Voy a conducirla ante su padre.

Tenía una mano oculta detrás de su espalda, pero con una rapidez insólita en una persona tan anciana, saltó sobre Lucrecia y le puso el freno en la boca. Lucrecia se lanzó al aire, relinchando de rabia, pero la vieja no se apeó. Seguidamente, nos agarró a mi por los cabellos y a Mathilde por la cabeza, y los cuatro nos vimos lanzados a una furiosa danza. En el corredor, Lucrecia empezó a cocear y rompió cuadros, sillas y jarrones de porcelana. La vieja estaba pegada a la espalda de Lucrecia como un molusco a la roca. Yo estaba llena de heridas; creí muerta a Mathilde: colgaba lamentablemente de la mano de la vieja como un trapo.

En medio de una verdadera orgía de ruidos, llegamos al comedor. Sentado al extremo de una larga mesa, un anciano caballero, más semejante a una forma geométrica que a otra cosa, terminaba de comer. Bruscamente, una calma absoluta se estableció en la habitación. Lucrecia miró a su padre con los ojos hinchados.

- Entonces, ¿vuelves a las andadas? -dijo el viejo, cascando una nuez-. La señorita de la Rochefroide ha hecho bien en traerte aquí. Hace exactamente tres años y tres días que te prohibí jugar a los caballos. Es la séptima vez que te amonesto, y seguramente estás enterada de que el número siete es el ultimo en nuestra familia. Me veo obligado, mi querida Lucrecia, a castigarte muy severamente.

La muchacha, bajo su forma de caballo, no se movió, pero las ventanas de su nariz palpitaron.

- Lo que voy a hacer es sólo por tu bien, pequeña -dijo el anciano, en voz muy baja. Y continuó-: Eres demasiado grande para jugar con TártaroTártaro es para los niños. Por lo tanto, voy a quemarlo yo mismo hasta que no quede nada de él.

Lucrecia lanzó un grito terrible y cayó de rodillas.

- ¡Eso no! ¡Papá, eso no!

El anciano sonrió con gran dulzura y cascó otra nuez.

- Es la séptima vez, pequeña.

Lágrimas manaron de los grandes ojos de caballo de Lucrecia y cruzaron como dos riachuelos sus. mejillas de nieve. La muchacha iba cobrando una blancura tan resplandeciente que era luz.

- ¡Piedad, papá, piedad! ¡No quemes a Tártaro!

Su voz aguda se hacia cada vez más delgada. Lucrecia estuvo pronto arrodillada en un lago de agua. Yo era presa de un miedo terrible de verla fundirse.

- Señorita de la Rochefroide, haga salir a la señorita Lucrecia -dijo el padre; y la vieja sacó de allí a la pobre criatura, mudada en un ser flaco y tembloroso.

Creo que él no había advertido mi presencia. Me oculté detrás de la puerta y oí al viejo subir a la habitación de los niños. A poco, me tapaba los oídos con las manos: unos espantosos relinchos se oían arriba, como si una bestia sufriese inauditas torturas…

(Traducción de Agustí Bartra)

* * *

Leonora Carrington nació en Lancashire, Inglaterra el 6 de abril de 1917 y falleció en Ciudad de México el 25 de mayo de 2011. Fue escritora y pintora.

Obra escrita: La Maison de la Peur (1938, La casa del miedo), Une chemise de nuit de flanelle (1951, Una camisa de dormir de franela), El mundo mágico de los mayas (1964), La dame ovale (1939, La Dama Oval: Historias surrealistas), The Hearing Trumpet (1976, La trompeta acústica), The Stone Door (1977, La puerta de piedra), The Seventh Horse and Other Tales (1988, El séptimo caballo y otros cuentos), Conejos blancos, En bas (1940, autobiografía), La invención del mole (1960).

Jorge Lanata / La construcción de un mito

(Publicado en diario Libre, 20.10.2011)

¿Es posible construir un mito? Y, en ese caso, ¿se construyen los mitos desde abajo hacia arriba o al revés? ¿Son el fruto de la invasión imprevista de la memoria colectiva, o de una estrategia de comunicación cuidadosamente planificada desde los escritorios del poder?

Aún no se cumple un año de la prematura muerte de Néstor Kirchner: aunque una ley nacional lo prohíbe expresamente, el ex presidente permitió que durante su mandato una calle, un barrio y un gasoducto fueran bautizados con su nombre. A ocho días de su fallecimiento, el senador por San Juan César Gioja propuso designar Presidente Kirchner a la Ruta Nacional 40, que une Santa Cruz con La Quiaca.

El gobernador Urtubey, de Salta, hizo lo propio con una autopista local; los concejales tucumanos bautizaron Kirchner a la Avenida Roca; el gobernador jujeño Barrionuevo lo homenajeó llamando Kirchner a la terminal de ómnibus; en Santa Cruz se bautizó Kirchner a una de las calles céntricas más importantes de Río Gallegos (existe, desde entonces, la esquina de Kirchner y San Martín); en Caleta Olivia se llama Kirchner la Avenida Costanera; en Concordia cambió de nombre la calle Defensa; en Ushuaia se inauguró la Plaza de Integración Latinoamericana Néstor Kirchner, y en el Chaco la Escuela secundaria Número 102 Néstor Kirchner; el Concejo Municipal de Rosario propuso designar Paseo Presidente Kirchner al sector peatonal vecino al auditorio del Parque España, y en Santa Fe se hizo lo propio con una calle de la costanera.

En Villa María, Córdoba, se bautizó Presidente Kirchner al Aeropuerto Regional; en Avellaneda a la Calle 2, al Estadio Olímpico Municipal de Palpalá y a la calle Peñaloza del barrio Canal de Beagle. Néstor Kirchner se llamó al Torneo Clausura 2011; Jornadas Nacionales Néstor Kirchner a las organizadas por el Ministerio de Educación para intraescuelas; Beca Presidente Kirchner a la que promueve la formación de líderes jóvenes de América del Sur y a las Jornadas Nacionales Juveniles, y al Instituto para la Nueva Argentina de Mar del Plata; Becaria Néstor Kirchner se llamó a la estudiante argentina becada en Nueva York, y a Néstor Kirchner fue dedicado el candombe Nunca menos.

En el último spot electoral de Cristina, bajo el título La fuerza de él, se lo muestra a Néstor Kirchner como si, vivo, fuera a competir en las elecciones del domingo.