Lo que opino sobre la conducta homosexual

Considero que respecto a la homosexualidad hay tantas opiniones y prejuicios como los referidos a la cuestión del aborto y a la del suicidio. Y donde se entrecruza lo moral, lo legal, lo social, lo religioso y lo filosófico.

En mi práctica clínica no abundan las personas que manifiesten tener problemas de identidad sexual. En el último año, por ejemplo, sólo atendí a dos pacientes en quienes su orientación sexual marcaba su estilo de vida, pero con muy diferentes matices: un varón de 40 años homosexual que hace más de diez años convive con su pareja homosexual y cuyos problemas estaban relacionados con su trabajo y las relaciones interpersonales en la empresa (no por su elección sexual), y una mujer de 24 que habiendo tenido muchas relaciones heterosexuales y definirse como tal, en un solo momento de la terapia me refirió que compartía fantasías lésbicas con su mejor amiga, en las que ambas eran las protagonistas, cosa que la divertía. Pero nada más.

Una pregunta que podría surgir para evaluar si una conducta es o no patológica o enfermiza es: ¿qué es lo normal? Pregunta cuya respuesta es equívoca ya que dependerá de la cultura de que se trate y de la clasificación que se utilice.

Pero hay un detalle más. La teoría que Freud elaboró y que siguió variados derroteros siempre se basó en casos que por alguna razón eran considerados patológicos o enfermizos, o al menos, personas que padecían algo. Y mucho más tardíamente arriesga una definición de salud, no de normalidad. Inclusive esto, el que se parta de lo patológico, ha sido una de las críticas a su pensamiento.

Según James McCary (definición que comparto): “el comportamiento sexual puede considerarse aceptable para la sociedad si se cumplen tres condiciones:

1)      que no sea dañino para ninguno de los participantes,

2)      que lo lleven a cabo personas adultas, responsables y conscientes y,

3)      que se manifieste lejos de la vista de observadores indeseables.”[1]

El conocido DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales IV) originario de EEUU (y que aquí suelen utilizarlo algunas prepagas para codificar las patologías psíquicas), delimita el grupo de los “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”. Allí incluyen trastornos del deseo y de la excitación sexual, orgásmicos, por dolor y debidos a enfermedad médica. Otro apartado es el de las parafilias (pará = al margen de, filia = amor), prácticas sexuales donde la fuente de placer no tiene que ver primariamente con la cópula sino con alguna otra actividad o fuente: exhibicionismo, fetichismo, frotteurismo, pedofilia, masoquismo, sadismo, fetichismo transvestista y voyeurismo. Y finalmente el apartado de los trastornos de la identidad sexual.

Respecto a la homosexualidad, no se ha comprobado fehacientemente ninguna teoría: la influencia hereditaria, del hogar y de la familia, y las razones biológicas inciden en la predisposición a la totalidad de las perturbaciones que afectan a los seres humanos, no especialmente a la conducta sexual.

En todas las culturas y en todos los tiempos ha habido personas que tuvieron y tienen conductas “distintas” y algunos pueblos las condenaron y otros las aceptaron, dejando en su camino algunos miles de cadáveres. Pensemos en el nazismo.

Mi posición es que la conducta homosexual es un tipo de orientación sexual. ¿Qué es un hombre o qué es una mujer? ¿Los rasgos biológicos o la conducta que muestra? ¿Se nace o se llega a serlo?

 

[1] Citado en Gindin, León. La nueva sexualidad del varón, Buenos Aires, Paidós, 1987, p. 239.

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