María Negroni. Galería fantástica

(Publicado en Adncultura, 20.3.2010)

Crítica de libros / Ensayo
Miniaturas góticas y fantásticas

En su último libro de ensayos, María Negroni reflexiona sobre autores y obras de la literatura fantástica latinoamericana, de Bioy Casares y Carlos Fuentes a Marosa di Giorgio y Pizarnik

Galería fantástica
por María Negroni
Siglo XXI, 110 páginas, $ 39

La obra literaria de María Negroni posee un centro irradiante que es la poesía, desde el libro inicial, De tanto desolar (1985), hasta el reciente La Boca del Infierno (2010) publicado en México, pero tiene otras dos vertientes: la narrativa, con las novelas El sueño de Úrsula (1998) y La Anunciación (2007) -una lúcida visión oblicua y casi onírica de los hechos históricos de los años setenta en la Argentina-, y una sostenida incursión en el ensayo. Galería fantástica , parte de este último grupo, forma una especie de trilogía, explícitamente con Museo negro (1999) y, de un modo más lateral, con El testigo lúcido (2003), sobre Alejandra Pizarnik.
Negroni retoma en este libro una de sus obsesiones más productivas: la reflexión sobre el mundo del gótico y del fantástico como formas en cierto modo desplazadas o sublimadas de la escritura poética. Museo negro exploraba los clásicos del gótico, del Drácula, de Bram Stoker, y el Frankenstein, de Mary Shelley, al Vathek, de William Beckford, desde el Nemo, de Verne, hasta el Dorian Gray, de Wilde, o los personajes kafkianos, y atravesaba a la vez el imaginario cinematográfico.
Con un gesto de continuidad y a la vez de profundización, Negroni indaga ahora esa misma tradición en el ámbito latinoamericano (con cierta preferencia por el rioplatense) y por ello frecuenta de nuevo La Condesa Sangrienta de Pizarnik y examina ficciones de Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar, del mexicano Carlos Fuentes, de la puertorriqueña Rosario Ferré, y de los uruguayos Felisberto Hernández y Marosa di Giorgio. Incursiona en textos laterales de grandes poetas, como La hija de Rapaccini, el cuento de Nathaniel Hawthorne en la recreación de Octavio Paz, o esa insólita novela breve de Vicente Huidobro, Cagliostro. Asimismo, el cine -cuya afinidad con las preferencias del ensayo abre un nuevo campo de reflexión- cruza el fantástico en El afinador de terremotos de los hermanos Quay, en El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais, en Blow-up de Michelangelo Antonioni, y aun en el cuento El espectro de Horacio Quiroga.
Negroni lee explícitamente “la literatura fantástica de América Latina como una deriva de la literatura gótica”. A lo largo de quince ensayos -que proponen una breve y lujosa biblioteca del género, que el lector podrá buscar y reconstruir para su deleite- la prosa es precisa e informativa en sus referencias, delicada e intensa en el resumen de los argumentos, imprevisible en sus derivas metafóricas, siempre original. Su estilo no sólo frecuenta una refinada sensualidad significante, sino también piensa, con un ritmo concentrado y versátil, como si sus postulados fueran efecto de analogías y cruces en el seguro azar de “liturgias íntimas”.
Hay ciertos elementos que la conciencia poética de Negroni descubre con fruición: la infancia como territorio donde lo imaginario se consagra pero que retorna como pérdida o repetición monstruosa, como orfandad o duelo; la colección como un modo de recuperar lo perdido y a la vez de inmovilizarlo en una mortuoria quietud de museo; los espacios miniaturizados donde la totalidad se extravía en un infinito del detalle; las repeticiones, los dobles, los autómatas y las muñecas, que miman lo real con un incremento de irrealidad; la animación de lo inanimado; la melancólica soledad del crimen. Ese universo se descubre en las ficciones fantásticas para constituir una respuesta posible a los enigmas que abre el poema: la constante pérdida de lo real transfigurado en una representación que a la vez lo conserva y lo disuelve; las transacciones del deseo para alcanzar su objetivo en el punto en el que se desvanece; la persistencia de la infancia en el instante previo al descubrimiento de la muerte; la imposible memoria de una dicha pasajera en las defecciones de un cuerpo deseante.
De las notables reflexiones sobre la poesía que María Negroni apunta en Galería fantástica , valga ésta, luminosa: “La poesía es una lucha feroz contra las palabras y una queja interminable por ese destierro del cuerpo que ocurre siempre a manos del lenguaje”. Con justicia, este libro obtuvo el VI Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI.

Jorge Monteleone

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