Carta de una madre a sus hijos masacrados

Yolande Mukagasana es una mujer de Ruanda que perdió a toda su familia en el genocidio de 1994. En un documental de IKON ella lee una carta de una madre a sus hijos masacrados:

Mis hijos queridos,

Perdónenme por abandonarlos.
Perdónenme por no ser capaz de conducirlos a la edad adulta.
Perdónenme por dejarlos morir tan jóvenes.
Perdónenme por no haber tenido el coraje para erguir un machete para hacer huir a sus asesinos.
Perdónenme. Yo no soy digna de ser llamada Madre. Los he decepcionado.
Voy a vivir en un país que sabe poco de su sufrimiento.
En un rato voy a estar riendo con personas que posiblemente están involucradas en su muerte, que comparten la responsabilidad de su muerte.
Voy a buscar la protección de las personas que podrían o no protegerlos.
Soy una cobarde. Más cobarde que sus asesinos.
Los he matado.
Si yo hubiera querido o hubiera sabido más, podría haberlos salvado.
Es mi culpa. Yo soy responsable.
Yo soy la única responsable de sus muertes.
Ya no pienso en ustedes.
Estoy pensando en la ropa que me obtendré en Bujumbura.
Y sobre el vuelo a un nuevo continente.
Estoy ansiosa por sonrisas.
Por personas distintas de ustedes.

Perdónenme.

(De “Sobre contratransferencia y empatía in casos de culpa y vergüenza en sobrevivientes”, conferencia de D. Wepster en la 6ta Conferencia Mundial de Psicoterapia y Asesoramiento Experiencial y Centrados en la Persona, Egmont, Holanda, Julio 2003, disponible en http://www.centrum45.nl, sitio de Centrum 45, institución que asiste a personas afectadas por los hechos de la Segunda Guerra Mundial y subsiguientes)

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8 Comments

  1. En casi toda la carta de esta madre, me siento identificada. El dolor que se siente ante la pérdida de un hijo es infinito. Yo he pedido perdón pero no logro calmar la angustia. El vacío es muy profundo y las ansias de cuidar y proteger están latentes en las acciones diarias. Gracias a Dios el trabajo que hago me permite esa función y así voy canalizando penas. El 1º grado es justo para eso, aunque a veces me encuentre alterada, porque no es uno, son 23 a la vez. Es verdad que el tiempo cura, pero no nos deja olvidar y cuando creemos haber superado algo, volvemos a perder, y nos aferramos al hilo más débil, que se convierte en el sostén y es el que despacito nos levanta. Ese levantarse en la vida me recuerda a la frase del texto que dice:
    “Ya no pienso en ustedes.
    Estoy pensando en la ropa que me obtendré en Bujumbura.
    Y sobre el vuelo a un nuevo continente.
    Estoy ansiosa por sonrisas.”
    Y así la culpa vuelve a venir, prudentemente se instala en el fondo del alma armando una casita en donde uno espera llenar con otras.
    ¿Cuándo se cierra el círculo? ¿Sólo es nuestra voluntad? Si sólo fuese nuestra voluntad, ¿dejamos así atrás el valor de los que perdimos, nos olvidamos de ellos y listo?
    Es difícil vivir la vida y no pasar de visita por ella.
    Hermosa carta…

    1. Hola Beatriz: no deja de movilizarme el simple hecho de que suba ciertas cosas al blog y produzcan palabras como las suyas. Palabras que emocionan y conmueven de verdad. Frente a la muerte de un hijo, siempre se dice que no hay una palabra que pueda decirlo. Porque ninguna palabra condensa tanto dolor. El dolor persiste e insiste. La casita con el dolor es la condicin de posibilidad del recuerdo, y el recuerdo puede hacer que por un momento olvidemos y nos dediquemos a vivir ms o menos felices. Usted puede trasladar ese cario y ese amor a sus hijos en primer lugar y tambin a sus alumnos. No es poco, es muchsimo. Quizs ese sea el cierre del crculo. Incluso si caminamos en crculos, podemos ver lo que hay dentro desde mltiples y nuevas perspectivas. No todo crculo es malo. Gracias por sus comentarios. Un beso

      1. Si, si, eso es lo que hago, le doy ese amor a mis hijos y a mis alumnos. Los trato siempre de cuidar de más y a veces recibo críticas de ellos mismos. Sé que en el fondo les gusta. De lo que estoy segura que siempre me ubico dentro de los límites saludables.
        Gracias por responder.

  2. Tremenda la desgracia, enorme la culpa. Pero, ¿qué hubiera podido hacer empuñando un machete? Sólo morir. La culpa de no haber muerto tiene un gran parecido a la muerte.
    Qué gran valor pedir perdón y ansiar sonrisas y qué poco creíble es ese “Ya no pienso en ustedes”. Parece que atreverse a volver a vivir deba comportar el olvido.
    Tremendo.
    Pienso Beatriz que este “nos olvidamos de ellos y listo” se parece al “Ya no pienso en ustedes”.
    Pienso que no se olvida por mucho esfuerzo que se ponga en vivir y que hay que procurar no sentir remordimiento por intentar seguir adelante.

    Un abrazo sentido, Beatriz. Dura entrada Ricardo, tremenda.

    1. Hola, y como siempre, gracias por las palabras.

      Primo Levi fue un sobreviviente de Auschwitz que no pudo soportar la culpa y la vergenza de haber sobrevivido, situacin que lo acompa siempre. De por qu l si y miles no. Finalmente se suicid.

      Un abrazo

    2. Si, gracias, el seguir adelante es lo que me mantiene en pie, la esperanza de que todo cambie y la fortaleza que se fue haciendo dureza. Recordando la canción Resistiré:
      Cuando pierda todas las partidas
      cuando duerma con la soledad
      cuando se me cierren las salidas
      y la noche no me deje en paz.

      Cuando tenga miedo del silencio
      cuando cueste mantenerse en pie
      cuando se rebelen los recuerdos
      y me pongan contra la pared.

      Resistiré para seguir viviendo
      me volveré de hierro
      para endurecer la piel
      y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
      como el junco que se dobla
      pero siempre sigue en pie.

      Resistiré para seguir viviendo
      soportaré
      los golpes y jamás me rendiré
      y aunque los sueños se me rompan en pedazos
      resistiré, resistiré.

      Cuando el mundo pierda toda magia
      cuando mi enemigo sea yo
      cuando me apuñale la nostalgia
      y no reconozca ni mi voz.

      Cuando me amenace la locura
      cuando en mi moneda salga cruz
      cuando el diablo pase la factura
      o si alguna vez me faltas tú.

      Resistiré para seguir viviendo
      me volveré de hierro
      para endurecer la piel
      y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
      como el junco que se dobla
      pero siempre sigue en pie.

      Resistiré para seguir viviendo
      soportaré
      los golpes y jamás me rendiré
      y aunque los sueños se me rompan en pedazos
      resistiré, resistiré.

      Gracias…

  3. Beatriz:Tu comentario es conmovedor y como bien dice Ricardo no existen palabras para ayudar a calmarlo.Son heridas tan profundas que parece que nunca cicatrizan.Pero hay algo que quisiera resaltar y es la capacidad que tenes vos como tantas otras madres ,para transformar ese sufrimiento en amor,en solidaridad,en ternura,en tenacidad y perseverancia.
    La herida está,cicatrizada,pero está,solo que ahora el tiempo ayudará a curarla y a convivir con ella.
    Creo que realizar tu labor de docente intentando cada dia superarte y superar el dolor,hace que no estes de paso por la vida ,sino que la dignifiques mutando el dolor en amor.
    Mis saludos Beatriz.
    Es dura tu publicacion Ricardo,pero fiel a vos,moviliza ,inquieta,enternece y genera lazos.
    Gracias.
    Besos

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