H.A. Murena

TRABAJO CENTRAL

El instante
en que la espada
de lo posible
súbitamente
se inyecta de sol,
gira,
a segar empieza
los limbos palpitantes.

Y más allá,
cuando como diluvio
de pétalos descienden
las tibias, las fuertes
y finas,
las iridiscentes palabras
recogidas
con ambas manos
antes de que se posen
sobre la realidad

Precisamente
libre de libertad,
lento vuelo
de pájaros
visto en un espejo,
rumor aciago,
fruta absoluta,
un cadalso cubierto
de polen.

Que se entienda
esta dicha terrible
que es cualquier barco
hacia todo naufragio.

(De El demonio de la armonía)

LAMENTO DE LA ALEGRIA

Sin sombra
debería
marchar
como la rosa
que vuela

¡Querida
osadía
nula
de ser!

CÓMO, DÓNDE

Se miran
se huelen
las flores
para recordar
la flor.

La flor.

La flor
del espíritu.
¿quién sabe
cómo
dónde?

CAMINO ABIERTO

La página
en blanco
y
la caligrafía
que la invade.

Pero
yo no puedo
dejar
de amar.

Un silencio
redimirá mañana
el ruido
de mis pasos.

EXISTENCIA DEL LINAJE

Un cisne
invisible
besa
siempre
mi mano.

¿Sabe
el árbol
que existe?
¿Sabe uno
si existe?
El cisne
dice sí
que sí.

Solo
en lo invisible
de verdad
moramos.

(De El águila que desaparece)

Héctor A. Murena nació en Buenos Aires en 1925 y murió en 1975.

Obras: Primer testamento (1946), Fragmentos de los anales secretos (1948), La fatalidad de los cuerpos (1955), Homo atómicus (1962), Ensayos sobre subversión (1962), El pecado original de América (ensayo, 1965), El nombre secreto (1969), Epitalámica (1969), La cárcel de la mente (1971), La metáfora y lo sagrado (1973).

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