Héctor Miguel Ángeli. Poemas

Pintura de Vlada Mirkovic

CON LOS PIES NOS VAMOS

No quiero que me levanten los pies para morirme.
Que me alcen las manos, eso sí,
hasta la desembocadura de los astros.
Pero no quiero que me levanten los pies para morirme.
Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia,
Con los pies nos vamos.
Y cuando me vaya,
quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,
de materia inflamable y aleatoria
que no me deja en paz, que me persigue
y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura se arrastran.
Todas las cosas son, se me parecen:
el sueño intestinal del ave,
la orquídea en el vientre de los muertos.
Debo irme con ellas,
transportadas por esta permanencia.
Tan grande es el dolor de nuestra marcha,
tan grande y tan amigo,
que no quiero que me levanten los pies para morirme.
Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.

(De Los techos)

SENTADO A LA MESA DEL LOBO

Sentado a la mesa del lobo
no hay fruto que me arroje al destierro.
El lobo es un prócer especial.
Cada uno de sus gestos
me abre la puerta del bosque.
Y me daría también la llave
si yo se la pidiese.
No es necesario ser bueno o ser malo
para sentarse a la mesa del lobo.
Sólo se requiere
saludar como todos los días
a nuestros propios asesinos.
Y tal vez algo más:
cavar un pozo en las colinas
para esconder nuestros amores.
Sentado a la mesa del lobo
a veces sueño que he dormido,
pero a veces me consume la dicha
de haber sido una pasión.

JUICIO ORAL

Vamos a ver:
estás aquí, sentado en un café
y escuchas las hermosas palabras
que te dicta tu inseparable compañera,
esa Poesía que nunca sabes
si es una puta o una santa
aunque no importa mucho
porque siempre es una mujer de noble corazón.
Analicemos:
las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.
Esto implicaría una infamia
cuando caen sobre las fotografías del mundo.
Por ejemplo:
la cabeza cortada de un adolescente
rodando sobre el asfalto.
Sin embargo, esa palabras no sirven
para detener al esbirro
que mañana cortará otra cabeza.
Ahora bien:
la palabra es siempre una desesperada
en el crepúsculo del desierto.
Pese a sus fulgores,
no puede resolver sin la idílica sombra.
Una prueba:
¡Pobrecitos los poetas!
Quieren ser útiles, salvar las armas,
luchar por todos contra el muro del vacío,
pero la belleza siempre los traiciona.
¡Oh, sí, pobrecitos!
Última instancia:
la Poesía renace en una guarida de alucinados.
Conclusión:
se te va la vida
en lo que no dices y en lo que no haces.
Te queda, muy pequeña, la muerte.

FRENTE AL GRAN RÍO

a Silvia y José Luis, en Posadas

Oh, meditación del agua!
Oh, sitio de la altura!
Así empezaría un poema pretencioso
pero no,
es apenas la llovizna que languidece
sobre la cuidad fogosa.
Desde el alto balcón de mis amigos
el gran río
ni siquiera parece suspirar.
Sólo es una revelación del aire,
un camino brillante de cenizas.
Las nubes brotan del río
y sobre el río
piensan como nosotros pensamos,
sin tregua ni límites.
Son las nubes
de la libertad y de la tristeza
que zarpan de todos nuestros días
y nos obligan a ser mortales.
En este otoño de las despedidas
creo que nunca cometí maldad alguna.
Por eso pienso, como piensan
las nubes lejanas fugaces,
que estoy entre los fracasados.

Héctor Miguel Ángeli nació en Buenos Aires en 1930.

Obras: Voces del primer reloj (1948), Los techos (1959), Manchas (1964), Las burlas (1966), Nueve tangos (1974), La giba de plata (1977), Para armar una mañana (poemas para niños, 1988), Matar a un hombre (1991). La gran divagación (antología poética, 1999).

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8 comentarios en “Héctor Miguel Ángeli. Poemas

  1. Héctor Miguel Angeli, qué orgullo siento al leer tus poemas, además del placer de tus creaciones.
    Hace tanto que no te veo, querido primo, que van mis alabanzas para este medio que une al mundo entero.
    Un beso enorme.

    Edith Beraldi, hija de Sarita Sconza.

    1. Hola Edith, no soy Héctor Miguel Angeli, sino Ricardo Sosa, psicólogo, vivo en Buenos Aires y me gusta la poesía. En mi blog transcribí los poemas de Angeli de un libro de la colección Capítulo publicado en 1968 (yo tenía 9 años pero mis padres compraban esa colección) titulado Los nuevos. Con el correr del tiempo la lectura y los libros empezaron a acompañarme y lo siguen haciendo.
      Lamento no saber nada más del señor Angeli.
      Gracias por leer los poemas. Saludos

  2. Hola Ricardo. Pensé que, quizás, Héctor leería los comentarios. (Aprovecho para agradecerte por la publicación). Trataré de comunicarme con él, ya que hace mucho tiempo que no lo veo.
    Soy grafoanalista (vos analizás las palabras dichas, yo las escritas).
    Saludos cordiales.
    Edith.

  3. Hola Edith, hola Ricado Sosa: hoy 24 de mayo me acabo de enterar de vuestros mensajes. Me han sorprendido muy gratamente y los agradezco con todo mi afecto. Un gran abrazo

    1. Qué tal Héctor. Mi propósito al subir algunos de sus poemas es difundir su obra que me resulta excelente. La poesía me resulta un “lenguaje” afín y me siento muy halagado recibir su comentario. Un abrazo, Ricardo Sosa.

  4. Gracias nuevamente por sus palabras y otro abrazo en la poesia.
    Yo no tengo computadora. Estos envios se deben a la gentileza de mi nietito Manuel, de 11 años

  5. Hola Sr. Héctor si llega a leer este mensaje me gustaría conocerlo. Sería muy agradable para mí conversar con usted. Desde ya muchas gracias.
    Cordialmente Ramiro Garcia

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