María Angula

(De Cuentos de espantos y aparecidos, Coedición Latinoamericana promovida por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe y la División de Fomento del Libro de la UNESCO, Aique, Buenos Aires, 2005)
La antología incluye cuentos folklóricos de Guatemala, Brasil, México, Ecuador, República Dominicana, Colombia, Argentina, Puerto Rico, Perú, Venezuela y Nicaragua.

María Angula es un cuento de la tradición oral ecuatoriana. Esta versión fue escrita por Jorge Renán de la Torre, de acuerdo al relato que le hizo María Gómez, una mujer de más de setenta años que vive en el pueblo de Otán. Jorge Renán de la Torre nació en Quito en 1945 y ha publicado cuentos, fábulas y teatro para niños.

GLOSARIO:
Ají de librillo: Plato típico ecuatoriano preparado con estómago de rumiantes.
Carishina: Vocablo quichua sinónimo de machona, mujer que parece varón.
Color: Polvo, de un color rojo ladrillo, que se agrega a las comidas, producto de las semillas de onoto.
Cuchicara: Cuero de cerdo.
Locro: Comida hecha con papas cortadas y otros alimentos, como sal, manteca y leche.
Menudencias: Despojos y partes pequeñas de los cerdos y aves.
Puzún: (o pusún): Estómago de los rumiantes; comida preparada con dicho estómago, en picadillo, que se mezcla con salsa y ají.
Seco de chivo: Arroz con carne de cordero.

María Angula era una niña alegre y vivaracha, hija de un hacendado de Cayambe. Le encantaban los chismes y se divertía llevando cuentos entre sus amigos para enemistarlos. Por esto, la llamaban la metepleitos, la lengua larga o la “carishina” chismosa.
Así, María Angula creció 16 años dedicada a fabricar líos con la vida de los vecinos, y nunca se dio tiempo para aprender a organizar la casa y preparar sabrosas comidas.
Cuando María Angula se casó, empezaron los problemas. El primer día Manuel, su marido, le pidió que preparara una sopa de pan con menudencias y María Angula no sabía cómo hacerla.
Quemándose las manos con la mecha de manteca y sebo, encendió el carbón y puso sobre él la olla sopera con un poco de agua, sal y color, pero hasta ahí llegó: ¡no sabía qué más debía hacer!
María recordó entonces que en la casa vecina vivía doña Mercedes, una excelente cocinera, y sin pensarlo dos veces corrió hacia ella.
-Vecinita, ¿usted sabe preparar la sopa de pan con menudencias?
-Claro, doña María. Verá, se remojan dos panes en una taza de leche, luego se los pone en el caldo, y antes de que éste hierva, se añaden las menudencias.
-¿Así no más se hace?
-Sí, vecina.
-Ahh, -dijo María Angula-, si así no más se hace la sopa de pan con menudencias, yo también sabía.- Y diciendo esto, voló a la cocina para no olvidar la receta.
Al día siguiente, como su esposo le había pedido un locro de “cuchicara”, la historia se repitió.
-Doña Mercedes, ¿sabe preparar el locro de “cuchicara”?
-Sí, vecina.
Y como la vez anterior, apenas su buena amiga le dio todas las indicaciones, María Angula exclamó:
-Ahh, sí así no más se hace el locro de “cuchicara”, yo también sabía.- Y enseguida corrió a su casa para sazonarlo.
Como esto sucedía todas las mañanas, la señora Mercedes se puso molesta. María Angula siempre salía con el mismo cuento: “Ahh, si así no más se hace el seco de chivo, yo también sabía; ahh, si así no más se hace el ají de librillo, yo también sabía“. Por eso, quiso darle una lección y, al otro día…
-Doña Merceditas…
-¿Qué se le ofrece, señora María?
-Nada. Michita, mi marido desea para la merienda un caldo de tripas con “puzún” y yo…
-Umm, eso es refácil, -le dijo-, y antes de que María Angula la interrumpiese, continuó:
-Verá, se va al cementerio llevando un cuchillo afilado. Después espera que llegue el último muerto del día y, sin que nadie la vea, le saca las tripas y el “puzún”. En su casa, los lava y luego los cocina con agua, sal y cebollas y, cuando el caldo haya hervido por unos diez minutos, aumenta un poco de maní… y ya está. Es el plato más sabroso.
-Ahh, -dijo como siempre María Angula- si así no más se hace el caldo de tripas con “puzún”, yo también sabía.
Y en un santiamén, estuvo en el cementerio esperando a que llegara el muerto más fresquito. Cuando el panteón quedó solitario, se dirigió sigilosamente hacia la tumba escogida. Quitó la tierra que cubría el ataúd, levantó la tapa y… ¡allí estaba el semblante pavoroso del difunto! Quiso huir, más el mismo miedo la detuvo. Temblorosa, tomó el cuchillo y lo clavó una, dos, tres veces sobre el vientre del finado y con desesperación le despojó de sus tripas y “puzún”. Entonces, corriendo regresó a su casa. Luego de recobrar su calma, preparó esa merienda macabra que, sin saberlo, su marido comió lamiéndose los dedos.
Esa misma noche, entre tanto María Angula y su esposo dormía, en los alrededores se escucharon aullidos lastimeros. María Angula despertó sobresaltada. El viento chirriaba misteriosamente en las ventanas, balanceándolas, mientras afuera, los ruidos fabricaban sus espantos. De pronto, por las escaleras, María Angula oyó el crujir de unos pasos que subían pesadamente hacia su cuarto. Era un caminar tyrabajoso y retumbante que se detuvo frente a su puerta. Pasó un minuto eterno de silencio y luego, María Angula vio el resplandor fosforescente de un hombre fantasmal. Un grito cavernoso y prolongado la paralizó.
¡María Angula, devuélveme mis tripas y mi puzún que te robaste de mi santa sepultura!
María Angula se incorporó horrorizada y, con el miedo saliéndole por los ojos, contempló cómo la puerta se abria empujada lentamente por esa figura luminosa y descarnada. María Angula se quedó sin voz. Ahí, frente a ella, estaba el difunto que avanzaba mostrándole su mueca rígida y su vientre ahuecado.
¡María Angula, devuélveme mis tripas y mi puzún que te robaste de mi santa sepultura!
Aterrada, para no verlo, se escondió bajo las cobijas, pero en instantes sintió que unas manos frías y huesudas la tomaban por sus piernas y la arrastraban, gritando:
¡María Angula, devuélveme mis tripas y mi puzún que te robaste de mi santa sepultura!
Cuando Manuel despertó, no encontró a su esposa, y aunque la buscó por todas partes, jamás supo de ella.

10 Comments

    1. Gracias por tu comentario. Pero me surje una pregunta: ¿qué estabas buscando en internet? ¿ese cuento? ¿o una cosa te llevó a otra y llegaste a él? Saludos

  1. HOLA ESTE CUENTO ME ENCANTAY ME RECUERDA CUANDO LO LEI EN LA PRIMARIA, CON MI AMIGA ISABEL ELLA ERA LA QUE SIEMPRE LO LEIA PARA LAS DEMAS Y PONIA MUCHO ENFASIS EN LAS PARTES DE MAYOR TERROR. LES HACIA LA VOZ DIFERENTE A CADA PERSONAJE. MUY LINDO QUE LO SUBIERAN GRACIAS ME RECORDARON A MI AMIGA AUNQUE HOY YA ESTE EN EL CIELO LA RECUERDO MUCHO.

  2. hola como estan saben no me gusto el cuento por que tiene muchos errores ortográficos y no me dejo dormir con por que soy un niño de 11 años les pido que no se burlen de mi

  3. Uyyy, yo tambien me recuerdo de este cuento y tambien he retrocedido muchos años, recuerdo que es el libro de espantos y aparecidos me lo presto una amiga y quede facsinada , el barco negro, el entierro muy buenos cuentos de latinoamerica.

    1. Hola, que yo sepa acá en Argentina no se lo hacen leer a los niños. Quizás les parece demasiado terrorífico. A mí me parece buenísimo. ¡Saludos!

  4. HOLA YO RECUERDO QUE ESTE CUENTO ES DE MUCHOS AÑOS Y EL LIBRO DE ESPANTOS EL BARCO NEGRO ES MAS TERRORIFICO

  5. Soy de argentina..y este cuento me lo contaban cuando iba a la primaria, me encantaba escuchar a mi maestro contar la historia! 20 años atrrrasss!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s