Carlos Gardini. Una tarde en familia

Sentado en la Vuelta al Mundo lo observo todo: los padres han sacado al idiota a pasear pero el idiota no entiende las reglas del juego. Lo traen al parque de diversiones para que no haga idioteces pero si no hiciera idioteces no sería idiota.

Lo llevan al tiro al blanco donde hay que acertar a los patitos de madera y los patitos pasan cua cua pero al idiota le dan lástima y no les tira. Lo llevan a otro tiro al blanco donde hay que reventar globos de colores pero el idiota no quiere romper los lindos globitos y le revienta un ojo al empleado con un balín y encima quiere llevarse el premio. El padre indemniza al empleado y le dice a la madre que ese chico no salió a él. Cada vez que discuten por culpa del idiota él insinúa lo mismo. La madre piensa que si la encubierta acusación de infidelidad fuera cierta ella habría hecho algo bueno en la vida, pero como ha cometido la idiotez de serle fiel a ese energúmeno, el energúmeno debe tener algo de razón y la idiotez del chico debe ser mas culpa de ella que de él. Piensa eso, pero responde que el chico debe salir al abuelo paterno, que es idiota para todo menos cuando ellos le piden plata prestada. El idiota se pone a llorar y el padre dice vinimos a divertirnos no a discutir y la madre se calla y el padre se calla y el idiota mira los juegos embobado como un idiota.

Vinieron a divertirse no a discutir pero el idiota no entiende las reglas del juego. Lo llevan a los autitos chocadores y el idiota estaciona en un costado y se niega a chocar otros autitos porque él quiere respetar las normas de tránsito. Lo llevan a la Nave Espacial pero el idiota no sube porque dice que el capitán es un bicho verde traicionero y estúpido; cuando el bicho verde se saca la máscara verde tiene abajo otra máscara verde y los padres se ríen pero el idiota no le ve la gracia y tienen que llevárselo y el padre está enfurruñado porque no pudo conocer la Nave. Lo llevan a la calesita y el idiota sale despedido por la fuerza centrífuga. Lo llevan a Dumbo y el idiota grita Tantor, lo llevan a la montaña rusa y visita el Kremlin, lo llevan a las tacitas giratorias y sale sucio de café con leche. Le compran helado y tiene principio de congelamiento, le compran cigarrillos de chocolate y se le tapan los bronquios, le compran un oso de paño y el oso gruñe y se babea y tiene que encadenarlo. Lo dejan entrar en Megashow para que vea el Gran Festival y el idiota sale con pie de trinchera, le echan veinte centavos en la ranura y el idiota ve corpiños rosados y se babea como un idiota. Lo llevan a los helicópteros y ametralla aldeas vietnamitas. Lo llevan a la Casa de los Espejos y se mira la cara y dice qué idiota. Cuando habla El Muerto Que Habla el idiota dice los muertos no hablan. Cuando disparan al Hombre Bala el idiota protesta contra el armamentismo. Cuando lo traen a la Vuelta al Mundo, el idiota tarda ochenta días en bajar.

No hay caso con el idiota, no entiende las reglas y les amarga la tarde. El padre quiere ir a cenar a un restaurante para pedir mariscos, que son su plato favorito. El idiota podrá pedir tallarines con tuco como siempre, y ensuciarse la camisa con tuco y tallarines. Pero antes de irse la madre quiere subir al cablecarril que recorre el parque de punta a punta para ver qué bonito es todo desde arriba. En la Vuelta al Mundo yo veo todo desde arriba y no tiene nada de bonito.

Pero el idiota no entiende las reglas del juego. El cochecito del cablecarril donde entran ellos no se dirige a la otra punta del cable sino que sube por la ladera de una montaña alpina, para gran susto de la madre, y para la gran alegría del idiota y para gran indiferencia del padre. En la terminal del cablecarril los esperan muchos idiotas con esquíes, ropa de color y gorritos con pompones. Los idiotas los reciben muy alborotados y la madre le dice al idiota que no baje porque no le trajo abrigo para ese clima, pero el idiota baja igual porque no entiende las reglas del juego. Los padres también bajan y los idiotas los llevan en andas y los tiran por un precipicio. Después se ponen a jugar con el idiota y se arrojan bolas de nieve festejando la idiotez del mundo, y yo festejo con ellos cada vez que paso por la montaña alpina dando la Vuelta al Mundo en esta gran rueda desde donde veo todo el parque de diversiones.

(De Juegos Malabares, 1984)

Carlos Gardini nació en Buenos Aires el 26 de agosto de 1948), es escritor y traductor.

Obras: Mi cerebro animal (cuentos, 1983), Primera línea (cuentos, 1983), Sinfonía cero (cuentos, 1984), Juegos malabares (novela, 1984), Cuentos de Vendavalia (cuentos infantiles, 1988), El Libro de la Tierra Negra (novela, 1991), Los ojos de un Dios en celo (novela, 1996), El Libro de las Voces (novela, 2001), El Libro de la Tribu (novela, 2001), Vórtice (novela, 2002), Fábulas invernales (novela, 2004).

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