Crash

CRASH, LA NOVELA

Crash (1973) es una de las más importantes, impactantes y subversiva novela del gran J.G. Ballard. El prólogo es la mejor presentación para la versión cinematográfica de 1996:

El matrimonio entre la razón y la pesadilla que ha dominado el siglo XX ha dado nacimiento a un mundo cada vez más ambiguo. A través de las comunicaciones el paisaje mueve los espectros de tecnologías siniestras y los sueños que el dinero puede comprar. Los sistemas de armas termonucleares y los anuncios de bebidas suaves coexisten en un dominio revestido regulado por la publicidad y pseudo-acontecimientos, la ciencia y la pornografía. Sobre nuestras vidas reinan los grandes leitmotivs mellizos del siglo XX, el sexo y la paranoia.

De manera creciente, nuestros conceptos de pasado, presente y futuro están siendo forzados a ser revisados. Así como el pasado, en términos sociales y psicológicos, llegó a ser un accidente de Hiroshima y la era nuclear, el futuro en su girar está llegando a su fin, devorado por el presente totalmente voraz. Hemos anexado el futuro al presente, meramente como una de aquellas múltiples alternativas abiertas a nosotros. Las opciones se multiplican alrededor nuestro, y vivimos en un mundo casi infantil donde cualquier demanda, cualquier posibilidad, sea para estilos de vida, viajes, roles sexuales e identidades, pueden ser satisfechas instantáneamente.

Sumado a esto, siento que el balance entre ficción y realidad ha cambiado significativamente en las últimas décadas. Sus roles se han invertido de manera creciente. Vivimos en un mundo regido por ficciones de cualquier tipo mercantilizadas masivamente, avisos publicitarios, política, manejados como una marca publicitaria, pre-vaciados de cualquier respuesta original a la experiencia por la pantalla de televisión. Vivimos dentro de una enorme novela. Ahora es menos y menos necesario para el escritor inventar el contenido ficticio de su novela. La ficción ya está aquí. La tarea del escritor es inventar la realidad.

En el pasado siempre habíamos asumido que el mundo exterior alrededor nuestro representaba la realidad, sin embargo de manera confusa o incierta, y que el mundo interior de nuestras mentes, sus sueños, esperanzas, ambiciones, representaban el reino de la fantasía y de la imaginación. Estos roles, me parece, se han invertido. El método más prudente y efectivo de negociar con el mundo a nuestro alrededor es asumir que es recíprocamente una entera ficción, que el único pequeño nodo de realidad dejado para nosotros está dentro de nuestras cabezas. La distinción clásica de Freud entre el contenido latente y manifiesto de los sueños, entre lo aparente y lo real, ahora necesita ser aplicado al mundo exterior de la así llamada realidad.

Dadas estas transformaciones, ¿cuál es la principal tarea con la que se enfrenta el escritor? ¿Él puede, aún, hacer uso de las técnicas y perspectivas de la novela tradicional del siglo XIX, con su narrativa lineal, su cronología medida, sus personajes consulares con sus dominios grandemente habitados con un amplio tiempo y espacio? ¿Su tema, las fuentes del personaje y la personalidad hundidos en el pasado, la inspección pausada de las raíces, el examen de los matices más sutiles del comportamiento social y de las relaciones personales? ¿El escritor tiene aún la autoridad moral para inventar un mundo autosuficiente y autoanexado, para presidir sobre sus personajes tal como un examinador, conociendo todas las preguntas anticipadamente? ¿Él puede dejar fuera todo lo que prefiere no entender, incluyendo sus propios motivos, prejuicios y psicopatología?

Siento en mí que el rol del escritor, su autoridad y permiso para actuar, han cambiado radicalmente. Siento que, en un sentido, el escritor ya no sabe nada. No tiene posición moral. Ofrece al lector los contenidos de su propia cabeza, un grupo de opciones y de alternativas imaginativas. Su rol es como el científico, esté en un safari o en su laboratorio, viéndoselas con un terreno o un tema desconocido. Todo lo que puede hacer es ingeniar varias hipótesis y verificarlas con los hechos.

Crash es un libro así, una metáfora extrema de una situación extrema, un botiquín de medidas desesperadas sólo para usar en una crisis extrema. Crash, desde luego, no trata acerca de un desastre imaginario, sin embargo inminente, sino con un cataclismo pandémico que asesina a cientos de miles de personas cada año e hiere a millones. ¿Vemos en los choques de autos, un presagio siniestro de un matrimonio pesadillesco entre el sexo y la tecnología? ¿Las nuevas tecnologías nos proveerán de cosas hasta ahora no soñadas que signifiquen golpetear nuestras propias psicopatologías? ¿Este enganche de nuestra perversidad innata es concebible en beneficio nuestro? ¿Hay algún descubrimiento lógico pervertido más poderoso que el provisto por la razón?

A lo largo de Crash usé el automóvil no sólo como una imagen sexual, sino como una metáfora total para la vida de los seres humanos en la sociedad de hoy. Así como la novela tiene un rol político además de su contenido sexual, me gustaría pensar que Crash es la primera novela pornográfica basada en la tecnología. En un sentido, pornografía es la forma de ficción más política, aceptando cómo usamos y explotamos cada una, en el sentido más urgente y despiadado.

Es innecesario decir que el propósito último de Crash es admonitorio, una advertencia contra ese brutal, erótico y revestido dominio que nos atrae más y más convincentemente desde los márgenes del paisaje tecnológico.

(Traducción Ricardo Sosa)

CRASH, LA PELÍCULA

Crash es una coproducción de 1996 entre Canadá y el Reino Unido, dirigida por el maestro David Cronenberg. Impecable adaptación de la novela, es la historia de un grupo de mujeres y hombres para quienes la sexualidad genital está íntimamente relacionada con sus propios accidentes automovilísticos. Síntesis última entre la tecnología y el sexo, tal como lo escribe Ballard en el prólogo, es una descarnada interpretación de cómo funciona la sociedad urbana. Hasta qué punto los seres humanos hemos alienado nuestros sentidos y pensamientos más privados.

La película es eso: genitalidad, obsesiones, búsqueda del placer y del éxtasis final, con el estilo contundente de Cronenberg.

Actúan James Spader (James Ballard), la hermosísima Deborah Karah Unger (Catherine Ballard), Elias Koteas (Vaughan), Holly Hunter (Helen Remington), Rosanna Arquette (Gabrielle), Peter MacNeill (Colin Seagrave).

David Cronenberg nació en Toronto, Canadá el 15 de marzo de 1943.
Además de sus cortos y películas para televisión su filmografía incluye los largometrajes Cosmopolis (en etapa de pre-producción), A Dangerous Method (2011), Promesas del este (2007), Chacun son cinéma ou Ce petit coup au coeur quand la lumière s’éteint et que le film commence (segmento “At the Suicide of the Last Jew in the World in the Last Cinema in the World”, 2007), Una historia violenta (2005), Spider (2002), eXistenZ (1999), Crash (1996), M. Butterfly (1993), El almuerzo desnudo (1991), Pacto de amor (1988), La mosca (1986), La zona muerta (1983), Videodrome (1983), Scanners (1981), Cromosoma tres (1979), Fast Company (1979), Rabia (1977), Vinieron de dentro de… (1975), Crimes of the Future (1970), y Stereo (1969).

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