Alejandro Urdapilleta

EL AMOR ES UN PRESAGIO

El amor es un presagio
incluso un objeto diurno
lleno de tirabuzones
Al amor no hay nadie
que lo iguale en el tiro de la pelota
Patea que da calambre
El amor es como un souvenir
de Etiopía
resguardado por monjas
que cuchichean y se tiran
de los chicles
unas a otras
El amor es un imán
No tiene pies y no sé si alas
pero baila sobre una piedra pómez
El amor hace que flameen
los relojes izados como banderas
No es nada que se parezca a nada
No tiene nombre ni cara
Puede sisear sobre la
mesa mojada de los mostradores
y te puede esperar en los baldíos
y desaparecer
cuando un fósforo se prende
El amor no es masticable
no tiene fibra
ni es mantecoso
pero en algunas ocasiones
se mantiene fresco en la heladera.

[Poema escrito para ser leído en el programa La Alfombra (1989), conducido por Urdapilleta en Radio Alfa del barrio de Belgrano.]

UNA BIZCA

Son como ataques que llegan de pronto y se terminó. No me voy a poner a relatar demasiado. Me limitaré a lo poco que quise conocer de ella. En un momento, con los huesos partidos, todo magullado, dejó de interesarme, y la abandoné.

Eran demasiadas salpicaduras y jugos raros para mí. Y además las señoritas que son bizcas deben ser abandonadas. No cabe duda.

María Esther en sus ataques escupía profecías.

Las orejas se le movían un poco, aireando el ambiente. Apoyaba la cabeza contra la pared, y empezaba. Podía ser que leyese las manchas de humedad, caídas de reboque, incluso que oyese a la araña, presunta amiga del profeta, en su tejer minúsculo ahí en el dintel, y que el bicho le dictase las frases, no sé.

Cuestión que se sacudía, espumosa, y de sopetón:

Negra mugre
soy posesa
vengo harta
del sol.
Soy del hambre
humo soy
del humo
humana
del hambre
hambruna
peste
vendrán lirios.
y quedaba baboseando la pared.

Después de golpe se componía, y ya de pie, giraba sobre sí misma mientras agarraba su lacio, negro, mojado cabello atrás de las orejas, con manos blandas y el gesto –qué se le va a hacer- en la boca y en los ojos bizcos.

María Esther, la señorita bizca había tenido un eructo del alma y en un espasmo había sacado de sí una profecía.

Al principio eran cortas y secas, chasquidos de látigo, lengüetazos, ardides y ardores. Frases. Un día se apareció arrastrando las patas como en cadalso. Semisonámbula al atardecer, derruida, hecha trizas. En las manos llevaba espinas negras pinchadas en las palmas sangrantes. Se hizo de noche.

-¿De dónde sacaste todo eso, perra?- le grité.

Abrió los ojos de un golpe y los cerró con otro, y siguió empezando a darme manotazos, y luego a golpes de espina y puños.

Le gruñí apenas y corrí.

Me puse a caminar por las verduras. Anduve un rato y vi un conejo. Al volver ella estaba tiesa, con un fierro de marcar vacas en una mano. En cuanto me acerqué, me dio en el hombro y me lo partió.

Desde el fondo, los caseros y los perros se mantuvieron alerta y prendieron los faroles.
Luciérnagas gigantes se volaron todas hacia donde estaba ella.

La música empezó:

tu abrazo
está entrando en mí
tu arma mortal
me mata
tu abrazo

-Abandoná tus armas- dijo y otra vez se levantó el fierro y esta vez me partió una pierna. Se apersonó rápidamente el hombre del juzgado y su señora, con el casero, tres o cuatro viajantes de comercio borrachos, una niña y un hombre muy alto, altísimo, moreno, con el cabello de petróleo, cuello de pájaro, sombrero negro, capote, y también bizco.

Yo estaba partido en varios pedazos. Empezó a incendiarse el aromo, no sé por qué, y entonces ella cayó en su misma furia sobre el fuego. Y gritaba:

¡Alacranes!
¡Hay espacio para todos!
¡Criptas!
¡Criptas!
¡Viene la fiesta!
¡Y la siesta! ¡Criptas!

Con toda la caterva de gentes que se había juntado en el escándalo, después de una buena fiesta, nos dormimos una siesta. Tal cual.

La bizca: predicción correcta, correcta la bizca. Conclusión: a la mañana siguiente la levanté de la cama a latigazos y la até a una soga larga a la vez atada a la montura de mi caballo. La arrastré al trote casi tres leguas por el choclal, y la llevé directo a la Academia para Bizcas, adonde pensé meterla pupila, por bizca.

Eran épocas políticas y mi estampa agraciada me había dado cierta popularidad en el internado ese, porque yo había acudido con frecuencia con excusas y averiguaciones respecto al tema de María Esther, aunque en realidad, debo confesarlo, mi debilidad eran las bizcas, cualquiera de ellas. Por eso, en el tumultuoso estar entre tanta bizca, como en una visita a la exposición rural, tanta pero tanta bizca junta me hacía volver y volver a esa Academia Internado. Llegué a donar pianos y máquinas de coser, por eso todas me conocían. Pianos y máquinas de coser por bizcas.

Ese día en el que llevé a María Esther, todas las bizcas nos miraron llegar por los jardines de la residencia, desde tras de los árboles. Y como cada bizca ve doble, entonces las bizcas se duplicaron, cuadruplicaron.

María Esther estaba tranquila. Iba como rezando. Después frenó de golpe, y yo dije: ¡cagamos! Pero no, no le vino la profecía. Le vino algo así como agrado. Empezó a tener una sonrisa malévola. Ojos y ojos y ojos más ojos, y de pronto la sonrisa. Los ojos bizcos le desaparecieron de la cara y la cara se le transformó en sonrisa. Todas las bizcas la imitaron. Habían descubierto el nuevo baile, o algo así. De pronto era un bosque de sonrisas. Todas tras los árboles.

Tuve que volverme.

Mi caballo se detuvo en la mitad de los pedregales, en subida y se me murió, ¡así que caminé! A ella ni la despedí, ni la miré, ni sé cómo quedó. No me importaba.
Esa noche, cuando calló el ladrido de los perros y la vi venir pasando la tranquera, arrastrando las patas por el camino de los eucaliptos, pensé: ésta me entierra. Y atrás mío sentí algo o alguien que decía: cripta. Esa noche ninguno de los dos dormimos, haciéndonos los dormidos. Afuera había una brisa constante.

Al otro día la abandoné. Dejé todo.

[Texto escrito hacia 1997. no representado.]

Alejandro Urdapilleta nació en Montevideo, Uruguay el 10 de marzo de 1954. Se nacionalizó argentino. Es actor, guionista y escritor.

Obra literaria: Vagones transportan humo (2000), Legión Re-ligión. Las 13 Oraciones (2007) y La poseída (2008).

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