Néstor Perlongher. Poemas

II. TITILAR DE EBONITA

Titilar de ebonita, las lilas de la cruz
liman del clavo la turgencia áspera
o paspan el derrame del rosario
por la puntilla del mantel.

Acaireladas convulsiones, si la medusa pincha al pez, tremola
en el remolineo la flotación de un cántico, de un cántaro.

Cantarolan por darle al óleo cenagoso
la consistencia de un velo de noche, por hurtarle
al dios de la floresta la niñez de un escándalo
u otorgarle a la red de iridiscencias pasajeras (tiemblan)
la levedad de un giro en el espacio.

Patrulla el desternillar del álamo veloz la ceremonia
al tiempo que lo desboca con incrustes de strass o lentejuela
móvil
que rayan la película devenida traslúcida.

La huida de los cormoranes
y en su lugar las mansas gaviotas del deseo,
el vértigo de los meollos
asombrillando el pajarear.

¿Adónde se sale cuando no se está?
¿Adónde se está cuando se sale?

Al lado, o de repente, la musiquilla se aproxima
y avisa que las huellas se hacen barro en la disolución del filafil,
entonces de un tirón se restablece la rigidez de la rodilla (trémula)
y el pico de la flor abre en el témpano la cicatriz de un pámpano

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrajando

los valles de la misa, los alvéolos
de eso que por ser misa hubo de echarle azogue al ánade,
una mano de espejo a la destreza.

(De Aguas aéreas, 1990)

CANCIÓN DE LA MUERTE EN BICICLETA

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Erguidas coníferas plañen como ombúes
o sauces la maraña madrugada, resmas
de leche chorrean a mares por la escrófula
en el antecedente del derrame.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Lápices que se alzaban nunca más se levantan,
duermen el sueño de la tristeza en sábanas de tergopol
o mausoleos de mármol donde toda virtud es yacer
aterciopelado en el anclaje definitivo de los huesos

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Siendo que ella avanza en toda fosa
siento que ella avanza en toda la estación de la fosa.
Toso y es un esputo que se incrusta en la láctea
maduración de las panaderías en las alforzas del velorio.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Aparece la parca con sus velos plateados,
me invita, será que llego a sonreírle?
Me invita con un mate y el mate se me cae de la cabeza.
Me ceba, será que cojo sus incrustaciones?

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Como ornamentos o condecoraciones
las manchas, los zarpullidos del sarcoma
mueven en la soberana oscuridad
manoplas cual tentáculos de espanto.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Jala, jadea el irregular espasmo.
Hunde la joda en el remedio vano.
Despelleja la joya la soberbia paliza
de los años en anos de florecido jaspe.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Camina esta letanía de arrabal
Lejos de todo se toma el ómnibus de extramuros
del que no baja, porque no para o para pronto,
en realidad no se ha movido de la parada.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

Partida, dividida por la mitad, agobiado
por la ajorca inexorable y por la mutación en paramecios
de la joroba, de la carga
de dátiles perecederos en el desierto de ceniza.

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

* * *

Me esquivo, me rajo, parecer simple sin logarlo.
Sin pliegues, una vez, en los absoluto
de la atascada chimenea, el lamé atragantado
en la artrosis del alma, esa consternación.

Oscura, como la tumba de un amigo.
Volcán cerrado, lava la lava sus lastimaduras.
No hay que creer en el descanso, son puras habladurías
de fantasmas perezosos en el recame de la hamaca

Ahora, ahora, en este instante digo.
En lo inconstante, en lo inconsciente, en lo fugaz me disemino.
Disperso y fugo. En lo fangial del fango.
Imágenes ateridas bajo la lluvia de película.

Palermas, pelmazos en el ascensor hacia el reloj.
Grave como una piedra, cierta hiedra traviesa
juguetes en la tierra mojada del pulmón
urdimbre gusanesca en lo borroso del retrato.

Nos alejamos (gracias) al olvido.
Júbilo de las calas, unión juvenil de las violetas.
Leve la marcha hacia la extinción, la marca
del humo en las cornetas pálidas.

Y las patillas, pura pelusa.
Un algodón rocía las narinas de amianto.
Uno reza, no yo, sin ser no créese.
Descréese del ser en la fatal crecida.

Abajo los pitos, huevos chirles.
Demasiado agujereado el antebrazo.
Del dolor sus efluvios terminales.
Una reseca perfección, aunque apenas marmórea.

Jíbaros, rogad por nuestras hendiduras.
Las infructuosas anfractuosidades.
Rapaces, la fiesta de las mucosas
vuelve carnoso el lodo de las zanjas.

Podríamos tocarlos, pero esa vecindad nos paraliza.
Inane la yertez, rigor el rijo.
Ricos, variados olores de flor y perdición.
Desvarío en jardines invisibles de brea.

* * *

Ahora que me estoy muriendo
Ahora que me estoy muriendo

La sofocación alza del cielorraso relámpagos enanos
que se dispersan en la noche definitiva e impasible.

(De Chorreo de las iluminaciones, 1992)

ÉRASE UN ANIMAL

Érase un animal sangrante y dulce
de rostros numerosos
de cuyas heridas manaba la música y el sudor
sangraba en sus deslices
Era como una especie de extinción
muriente y mansa
pero en cuyas cabriolas advirtiérase a veces un retozo
xxxxx-quizás una nostalgia-
de su gallardo apresto
Érase un animal huyente y fósil, pero sus felonías
delataban el mismo sentido de los pétalos
wn cuyas encías hedía, apelotonada, la angustia
ensartada, cual un invasor joven
-en sus destellos latía insumiso un perdido pavor
Cuántos adverbios y adjetivos atrapara su estela,
la envolvente
Mala vida la suya
Mal sosiego su terquedad
en una desventurada abertura
Oh instrumentos de viento donde se agitan los pezones
aullados, ululados a la luz de una música china
galpones desfondados donde no halló resuello la virtud
estambres desprolijos
Érase y érase: galanes rubios
arrastraron como estandarte su fulgor
pisándole los flecos
Érase un animal atado y turbio
de fervientes desdichas
alimentado por el polvillo de los rubíes
y el sonido de las colinas

(De Austria-Hungría, 1980)

Néstor Perlongher nació el 25 de diciembre de 1949 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires y falleció el 26 de noviembre de 1992 en San Pablo, Brasil.

Obra poética: Austria-Hungría (1980), Alambres (1987), Hule (1989), Parque Lezama (1990), Aguas aéreas (1990), Chorreo de las iluminaciones (1992).

Preparó la antología Caribe transplantino (Poesía neobarroca cubana y rioplatense) (1991) y publicó numerosos textos en prosa, entre los que se destacan El fantasma del SIDA (1988) y La prostitución masculina (1993).

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