Eliseo Verón / Desaliento

(Publicado en Perfil, 9.10.2011)

La llamada “actualidad” es una noción vaga y de fronteras inciertas, pero que sin embargo aparece inevitablemente mencionada en cualquier discusión sobre los medios o sobre el periodismo. Desde el punto de vista de la producción, se trata de un paquete de noticias configurado de distintos modos en los distintos medios. Cada receptor descompone a su manera el paquete por el que tiene una preferencia, y sus neuronas recomponen lo que será para él, a lo largo de los días y las semanas, la actualidad. Esa recomposición tiene una serie de características, y la que me interesa aquí admite una metáfora meteorológica: en la cabeza del lector, la actualidad tiene una dimensión afectiva que podríamos calificar de “clima”. Bueno, ocurre que el clima de mi actualidad se está volviendo francamente desagradable y creo que justifica una alerta.

En primer lugar, una ausencia notable, enorme: exactamente a dos semanas de las elecciones, no hay campaña electoral. La Presidenta habla lo menos posible, y si entendí bien, el candidato a vicepresidente está haciendo una gira musical. Cuando empezaron los pequeños spots radiales o televisivos de los distintos candidatos me sentí aliviado, porque había llegado a preguntarme –pensando: “Estoy cada vez más distraído, debe ser la edad”– si acaso la elección no había sido suspendida sin que yo me enterara. Los candidatos de la oposición se han vuelto invisibles, y en las últimas semanas no ha habido prácticamente ningún título principal de tapa de los diarios sobre la campaña propiamente dicha: nunca visto en una elección presidencial en democracia. Esta elección no le interesa ni a Tinelli. El kirchnerismo va a lograr una impecable victoria, al precio de vaciar de sentido el campo político argentino: no se ha producido ni una sola discusión de fondo sobre ninguno de los problemas fundamentales que nuestro país deberá afrontar en el futuro. Todo esto es un poco desalentador y afecta el clima.

En segundo lugar se combinaron, de una manera desafortunada, noticias sobre dos crecimientos. Por un lado, el notable crecimiento de los shopping centers: ¡en los próximos dos años van a inaugurarse 21 nuevos shoppings en el GBA y en el interior!. Más vale tarde que nunca: la destrucción del comercio de proximidad se producirá también en el Conurbano bonaerense y en muchas ciudades del interior. Yo ya les dije, hay que tener paciencia, la modernidad termina llegando a todas partes. La noticia estuvo acompañada, en varios medios, por un discurso vago sobre una “nueva clase media”. Claro, en mi clima, este elemento se relaciona inmediatamente con el anterior: consumamos, consumamos, porque la política ya no le interesa a nadie. El otro crecimiento es el de las villas, que le gana al de los shoppings: en cinco años, se han instalado en el GBA noventa nuevos asentamientos precarios (La Nación del miércoles 5 de octubre). Según Clarín de ese mismo día, en el Conurbano hay un total de 864 villas miserias.

Como si todo esto fuera poco, en esta misma semana se hicieron públicos los resultados de la encuesta que la DAIA le encomendó al Instituto Gino Germani de la UBA, sobre las actitudes hacia la comunidad judía en la Argentina. Se podrá pensar que ya lo sabíamos, pero el tener nuevas evidencias que nos lo recuerdan, hace muy mal: vivimos en un país fuertemente racista y antisemita. El 30% prefiere no tener vecinos judíos y el 45% no contraería matrimonio con una pareja judía.

Vacío político, consumismo exacerbado, creciente fractura social, racismo: se me concederá que el diagnóstico es más bien deprimente, y que la lógica que conecta a esos componentes entre sí, inquietante. Para colmo –aunque no tenga nada que ver– murió Steve Jobs, el único gran empresario de la industria informática que siempre pensó que sus clientes no eran estúpidos. (Sí, en cada uno de nosotros la actualidad es un híbrido de trayectos mentales que genera una suerte de sensación térmica).

En fin, la lectura de la última columna de Paul Krugman en New York Times, reproducida por iEco de Clarín el domingo pasado y titulada “El viaje de la eurozona hacia la muerte”, no es algo que pueda levantarle el ánimo a nadie. Por supuesto que el viaje que ha emprendido la Argentina en este año electoral no es un viaje hacia la muerte. Pero no sé qué va a pasar cuando ir de compras al shopping ya no nos baste para esconder la obstinada indiferencia a pensar políticamente el futuro de nuestros hijos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s