Mario Carretero, Karina Solcoff, Daniel Valdez / La conformidad

(De Mario Carretero, Karina Solcoff, Daniel Valdez. Psicología, Aique Grupo Editor, Buenos Aires, 1ª edición, 1ª reimpresión, 2004, pp. 169-173)

La conformidad consiste en la modificación de una posición ya asumida por el sujeto en una dirección aceptada por otro o por un grupo. En este proceso, el sujeto ya tiene un juicio o norma establecido y lo modifica, adaptándolo a los juicios de otro (generalmente, un grupo) como consecuencia de la presión real o simbólica ejercida por éste.

Asch y el estudio de la conformidad

Solomon Asch es un psicólogo social iniciador de los trabajos experimentales sobre conformidad. En la década de 1950 estudió la influencia de la presión grupal en la modificación de juicios establecidos. Para ello realizó, entre otros, el siguiente estudio.

Se le propone al participante una prueba sobre percepción visual. El participante ignora que, en realidad, se trata de un estudio sobre conformidad. Otros ocho sujetos, cómplices del investigador, participan de la prueba simulando ser también sujetos experimentales.

Se muestra a los participantes dieciocho pares de tarjetas similares a las de la figura de la página siguiente.

Ellos deben responder cuál de las tres líneas de la tarjeta de la derecha es igual a la de la tarjeta de la izquierda. Los turnos se organizan de manera tal que el sujeto experimental siempre es el último o el penúltimo en responder. Cada participante va respondiendo en voz alta a su turno. De manera deliberada, la tarea es fácil y la respuesta es obvia.

Ante las primeras presentaciones de los pares de tarjetas, las respuestas de los cómplices son correctas. Pero, hacia la tercera presentación aproximadamente, el sujeto que responde primero (un cómplice del experimentador) emite una respuesta evidentemente errónea. También lo hace el segundo sujeto, el tercero (también cómplices) y así sucesivamente.

Se evalúan los juicios del sujeto experimental cuando los ocho cómplices del experimentador emiten respuestas incorrectas en doce de los dieciocho ítems.

La conformidad en el laboratorio: cuestiones importantes

El estudio de Asch mostró un alto porcentaje de conformidad en las respuestas de los participantes: aproximadamente, un tercio de las personas daban respuestas incorrectas a pesar de que sabían la respuesta adecuada. Los participantes daban respuestas conformes a las emitidas por los ocho cómplices en la tercera parte de los ejercicios cuando éstos mostraban unanimidad en la respuesta incorrecta. Uno de cada tres participantes se conformaron, es decir, modificaron su respuesta como consecuencia de la presión que ejercieron las respuestas del grupo sobre su propia convicción.

Para estar en sintonía con el resto del grupo, el sujeto modifica su respuesta aunque la considere correcta.. Como puede observarse, la tarea es tan sencilla y la respuesta tan obvia que deja en evidencia la conformidad de los sujetos. Si se tratara de un problema más ambiguo, posiblemente el acuerdo en las respuestas incorrectas podría atribuirse a la dificultad de la respuesta. Ahora bien, si eso ocurre en situaciones cuya respuesta es tan clara, ¿qué ocurre cuando los problemas son menos claros, menos obvios, más difíciles?

La conformidad en la vida real: cuestiones importantes

Los problemas que las personas enfrentan en la vida cotidiana son mucho más complejos que el planteado en el experimento original de Asch. Diferentes trabajos continuaron en esa dirección introduciendo variaciones. Esos primeros trabajos fueron realizados en el contexto de la posguerra, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). La preocupación de muchos científicos, consecuentes con ese momento histórico, se dirigía al estudio de los fenómenos sociales y a las formas que adopta la presión social sobre el comportamiento, los valores y las creencias de los individuos.

Si la finalidad de Asch era, en su momento, mostrar cómo los sujetos actúan de manera autónoma y son capaces de defender sus puntos de vista, sus valores y sus convicciones, su investigación reveló que no siempre es así. Muchos estudios posteriores confirmaron estos resultados.

De los estudios se puede inferir que, si bien la cantidad de participantes incrementa la influencia ejercida, existe otro factor importante: la unanimidad. Es decir que si los participantes están de acuerdo, el consenso entre ellos -más que la cantidad- es lo que determina la conformidad. Por ejemplo, si la persona percibe que otro sujeto se opone a la mayoría, es probable que esta persona no actúe conforme a la mayoría que si encuentra una opinión adoptada por todo el grupo en forma unánime. La conformidad se incrementa de acuerdo con la dificultad de la tarea, y también cuando los participantes consideran que existe una respuesta objetivamente correcta. Al contrario, cuando lo que se pide es una opinión o una preferencia, la conformidad disminuye. El psicólogo estadounidense Richard Crutchfield se apoyó en el experimento de Asch para estudiar la conformidad. Sin utilizar cómplices, analizó situaciones en las que los participantes no tenían contacto cara a cara. Pudo observar que la conformidad disminuye en las comunicaciones indirectas y anónimas, porque en ellas la presión sobre los sujetos es menor.

Influencia pública e influencia privada

Algunas justificaciones que dieron los sujetos después de participar de la experiencia de Asch fueron los siguientes:

* No querían “arruinar” el experimento dando una respuesta diferente de la de los demás.

* Querían agradar al experimentador, dando una buena imagen y cumpliendo con sus expectativas.

* Algunos dudaban de su percepción adecuada, creyendo que, tal vez, desde su posición se veía distinto o su vista podía estar cansada.

* Querían ser iguales a los demás, no querían parecer “distintos”, “inferiores” o “que los tomaran por tontos”.

En algunos casos, los sujetos dudaron realmente de la respuesta, en otros admitían que había una diferencia entre las respuestas que dieron en público y lo que realmente creían en privado. En general, en los trabajos sobre conformidad se pueden observar cuatro grandes patrones de influencia:

1. Interiorización. El sujeto realiza un cambio tanto en el plano público como en el privado (“Creía que Z pero creo que X, como dicen todos”).

2. Complacencia. El cambio se produce en el plano público pero no en el privado (“Dije X como dijeron todos, pero pienso Z”).

3. Conversión. El sujeto realiza un cambio en el plano privado y no se manifiesta en el plano público (“Manifiesto Z pero pienso X como todos”).

4. Independencia. No se produce un cambio en ninguno de los dos planos (“Pienso Z y digo Z a pesar de lo que dicen todos”).

¿Por qué nos conformamos?

En algunas circunstancias, las personas tienden a adoptar una posición conformista. Existen determinadas condiciones que facilitan la conformidad, y que se agrupan en dos grandes tipos:

* Conformidad normativa. La necesidad de ser aceptado o aprobado por los otros está en la base de la conformaidad normativa. La búsqueda de confirmación o aprobación social indica una preocuación por causar una buena impresión en los otros y evitar su rechazo. En ese caso, se identifica a los otros como fuentes de recompensa, castigo, aceptación o rechazo.

* Conformidad informativa. La necesidad de estar en lo cierto, de no equivocarse constituye la base de la conformidad informativa. La búsqueda de certeza señala una preocupación por las fuentes de información que pueden reducir la incertidumbre. Así, los otros son percibidos como modelos de comparación que ayudan a resolver el conflicto frente a una situación de ambigüedad o incertidumbre.

Ambos tipos de influencia, normativa e informativa, pueden presentarse de manera conjunta o complementaria. En definitiva, manifiestan una misma condición la dependencia respecto del juicio de los otros. Por ejemplo, muchas veces las personas necesitan estar en lo correcto para cumplir con las expectativas de su grupo y no ser rechazados. En ese caso, ambas necesidades confluyen para dar como resultado una conducta o actitud conformista.

La conformidad no es en sí misma una conducta negativa o positiva, ya que depende de las circunstancias de que se trate. Es importante acordar con las normas sociales que regulan las actividades de las personas en una sociedad, por ejemplo, hacer una fila para entrar a un cine o respetar las luces del semáforo para avanzar en concordancia con lo que hacen los otros transeúntes. Esto hace que las conductas propias y ajenas no resulten imprevisibles y caóticas. Para ello, es necesario conformarse a las normas grupales. También nos brinda seguridad saber que los otros se manejan de igual manera y respetan los acuerdos para conducirse en una sociedad.

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