Enrique Valiente Noailles / El destino de los indignados

(Publicado en diario La Nación, 18.10.2011)

Es admirable observar cómo los indignados en EE.UU. al menos mantienen, según la crónica, más limpias las calles que los eufóricos locales. No hay más que ver los restos que quedan luego de cada primavera. En todo caso, es extraño ver al mundo desarrollado experimentar en cámara lenta lo que ha vivido la Argentina hace algunos años. Desempleo, probabilidad creciente de default, desconfianza en los bancos, huida de las monedas a causa de la emisión monetaria, debilitamiento de la clase política. Parece un virus que hubiera trascendido nuestras fronteras, y que hubiera quedado latente hasta su eclosión actual. Comienza también a escucharse el razonamiento en boga entre nosotros: “Hasta que no toquemos fondo no saldremos de la crisis”. Casi un deseo, una voluntad de expiación, una necesidad de pagar por los excesos. Pero también ha emergido el fenómeno de los indignados, equivalente foráneo de nuestros ya fenecidos caceroleros. Esperemos sólo que no sigan su mismo destino.

Porque ¿qué hemos aprendido nosotros de nuestra indignación? Sólo que ha sido una fenomenal coartada para no cambiar nuestro destino de corrupción económica y política. El “que se vayan todos” funcionó como una inmensa complicidad con el statu quo político. La tragedia estructural de una clase que sube al poder esencialmente para servirse a sí misma no ha cambiado. Y tiene menos chance de cambiar ahora que la complacencia, que cierta sonrisa de largo plazo frente a la violación, se ha apoderado de nosotros. Hordas de seres enojados no son un indicio de que algo vaya a cambiar. Los indignados contemporáneos ya no cortan cabezas de los gobernantes ni aspiran a la revolución: acampan en las plazas y vierten toda su energía rebelde por fuera de los recipientes institucionales, único resorte -aunque no asegurado, claro- que podría cambiar su destino. En esta materia, la Argentina vio también un enorme despliegue de energía inocua, de asambleas que no conducían a ningún lado, de debates algo solipsistas entre quienes no tenían la posibilidad, ni tal vez la decisión, de cambiar la realidad.

Es que la indignación crea una barrera moral interior, cuyo objetivo es separar las aguas, encontrar responsables nítidos para la propia insatisfacción y, como efecto secundario, impedir la autocrítica. Pero no asegura un efecto más allá de eso. En cualquier caso, estos escraches callejeros, este enojo así canalizado, puede terminar siendo, como en la Argentina, una estrategia sutil de autodomesticación social, una declaración de principios ante el mal, para que quede configurado en la vereda de enfrente y tener al menos esa satisfacción, una neutralización involuntaria de la energía para el cambio. Nosotros ya sabemos que no basta con ser rebeldes: si no se le aplica forma, organización e inteligencia, la rebeldía puede terminar desenmascarándose como un nuevo agente disimulado del conformismo. Algo de esto intuyen los destinatarios de las protestas, que han empezado a darles la razón a los manifestantes. En cualquier momento los vemos acampando a la par de ellos, bajo sus edificios del Upper East Side.

* * *

Enrique Valiente Noailles es graduado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires con una tesis sobre la semejanza entre el pensamiento de Spinoza y Nietzsche. Ganó el segundo premio de ensayo del diario La Nación por Heráclito y lo poético, ensayo traducido por Roger Munier a la NRF de Gallimard. Además, obtuvo la Faja de honor de la SADE por su libro de poesía Paralelas en Ramo (Carlos Lohlé). Publicó La metamorfosis argentina, una reflexión sobre la sociedad y la política de los años 90 (Ed. Perfil). Fue profesor en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de San Andrés, en la Universidad del Salvador, y su más reciente desempeño académico fue como profesor titular de la Cátedra de Comunicación de Masas en la carrera de Periodismo, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Belgrano. Es miembro del Directorio de la Fundación Compromiso y del Instituto Cultural Argentino Norteamericano (ICANA). Además, es miembro del Consejo de Administración de la Fundación Navarro Viola y del Comité Ejecutivo del Grupo de Fundaciones. Fue becario de la Fundación Eisenhower en el año 2000 en los EEUU. Por otra parte, condujo el programa de televisión “Pensando con Idea” en el año 2001. Fue colaborador de la revista Noticias y escribe en la sección Opinión y en el suplemento Enfoques del diario La Nación.

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