Joel Zac / Psicopatía

(De Joel Zac. Psicopatía, Ediciones Kargieman, Buenos Aires, 1973, tomo I)

I.3.6. Propuesta de definición

La psicopatía es una organización de la personalidad históricamente determinada por una distorsión infantil de la evolución yoica, con una estructura narcisista egosintónica, con intolerancia a la frustración (bajo umbral de tolerancia) y una irresistibilidad impulsiva psicopatológicamente caracterizada por el predominio intrapsíquico de una “situación básica” (“borrosidad” y “multiplicidad de objetos”) que estructura la neurosis grave de la infancia (psicosis) con deterioro de la identidad, la simbolización, la socialización, el control de la agresión, la comunicación, con conductas aloplásticas concretas resultantes de la interacción inicial del niño (luego el adolescente y el adulto) con su ámbito familiar y grupal, con un Superyó lacunar deficitario.

En el adulto esta se actualiza como comportamiento estereotipado, hostil, antisocial, cruel, con carencia aparente de angustia, de sentimientos de culpa, de insight, de capacidad de amar (“máscara de salud”), con una ideología autocrática y sumisividad, con ataques a los objetos y a las relaciones interpersonales.

También se evidencian en el psicópata adulto trastornos en la identidad (“aspectos confusionales”), en el pensamiento (perturbación en la simbolización), en la socialización (capacidad de adjudicar y asumir roles; de aprender por la experiencia); de la comunicación (lenguaje de “acción”), con técnicas defensivas centradas en la omnipotencia, la identificación proyectiva y otros mecanismos tempranos.

Posee un modelo estereotipado de “conducta de acción” aloplástica, con características sádicas vindicatorias (tendientes al robo, el engaño, el crimen o la impostura).

He usado la definición de psicopatía instrumentando las notas descubiertas empíricamente como ligadas a dicho concepto. Se podría proceder más rigurosamente separando las notas semánticamente definitorias de las que empíricamente están correlacionadas legalmente con la aplicación del concepto. En tal caso la definición estaría dada por las primeras notas, mientras que las últimas expresarían descubrimientos psiquiátricos fácticos.

Aunque aquí he preferido utilizar la definición en el sentido amplio, podría agregar que es posible que las notas definitorias mínimas sean: incapacidad para tolerar la frustración; conducta aloplástica y antisocial; incapacidad para instrumentar la angustia; gran dificultad para usar el pensamiento como acción de ensayo.

(Pp. 92 a 94)

IV.1.1. Características de la conducta

Tomando en cuenta la generalidad de los pacientes, si tabuláramos los elementos nosográficos que estipulan distintos autores, sin duda señalaríamos que el elemento más evidente en las personalidades psicopáticas es su conducta antisocial, es decir que su actitud básica es agresivamente antisocial.

El psicópata tiene frecuentemente una genuina y muy seria perturbación de las estructuras básicas de su personalidad. Sin embargo, esto no resulta fácilmente evidente, y en ello reside uno de los rasgos más patológicos de su personalidad, ya que se trata de sujetos que encubren su enfermedad con una convincente máscara de salud. Para un observador exterior todos sus rasgos de personalidad pueden aparentar los de una persona común que cualquiera puede conocer. Se aferran a su rol pero no pueden ser desubicados y puestos en dificultades por preguntas orientadas hacia los niveles más profundos de la personalidad, muchas veces ni siquiera conmovidos. En la investigación psiquiátrica y en pruebas técnicas especiales, su nivel mental conserva un aspecto aparentemente normal. Nos encontramos a menudo con que no sólo ofrecen una especie de máscara característica, sino con que aparentan ser una persona con una sólida y sustancial imagen ya estructurada, de una personalidad relativamente sana y racional. Ello ocurre porque los psicópatas tiene una aguda sensibilidad para captar las necesidades narcisistas de sus interlocutores y una gran capacidad para aparentar satisfacerlas en la medida en que aquellos lo requieran.

La visión que el psicópata tiene de otros hombres no difiere por supuesto de como él se ve. Le resulta imposible ver a las otras personas desde el punto de vista de una mayor comunicación afectiva, ya que para este orden de cosas su ceguera es intensa.

La conducta de los psicópatas generalmente se manifiesta como si no obedeciera de ningún modo a un plan establecido que implica una elaboración de experiencias previas básicas a partir de la cual se seleccionan ciertas metas y hechos en forma definida. Por el contrario, los psicópatas generalmente tienen una gran dependencia de los otros, de la cual no son conscientes, para configurar objetivos que, además, suelen ser sólo provisorios y superficiales. Son irresponsables y llaman la atención por su despreocupación total por las consecuencias de sus actos (como si los mismos no fueran a afectarlos a ellos ni a ningún otro hombre). Es notoria su falta de consideración real de la dimensión temporal, ya sea del presente, del vínculo con el pasado o de la progresión hacia el futuro.

En general poseen una característica muy importante en su conducta, que es la de no modificarse por el ejemplo, ni siquiera por ciertos premios o castigos. Esta característica es una consecuencia de su incapacidad subyacente para cambiar y modificar su comportamiento. La experiencia, por repetida que fuere, es para el psicópata un elemento generalmente poco valioso o nulo, no aprovechable en el aprendizaje.

Los pacientes psicópatas son desconcertantes no solamente por lo imprevisible de su conducta para el observador, el interlocutor común, e inclusive para el terapeuta, sino que también impactan por su versatilidad, por su incapacidad casi absoluta para hacerse cargo de un rol y cumplir con una tarea útil, con características estables en cuanto a tiempo y rendimiento.

Cuando más impulsivo es el comportamiento de un sujeto, más probabilidades hay de que el trabajo refleje esta impulsividad; por ello no es sorprendente que en líneas generales sus empleos duren poco tiempo, muchas veces menos de seis meses.

Otro rasgo sobresaliente de su conducta es que suele ser irreversible y carece de toda planificación. La misma no está centrada en algún objetivo externo, sino en aspectos afines a su concepción de sí mismo y del mundo.

Cuando actúan o hablan (con rápidos y desconcertantes cambios de tema) provocan sorpresa en los demás, porque su convivencia en la relación con los otros en el mundo externo está cimentada sobre la base de situaciones internas muy persecutorias y estereotipadas, que adquieren peligrosidad; por ello necesita depositarlas masivamente en el otro, ya sea una persona, un grupo o la comunidad.

La motivación básica que organiza todos los episodios psicopáticos en los cuales otras personas siempre terminan resultando las víctimas, consiste en la satisfacción de los deseos de venganza. Es por ello que sus conductas resultan sorpresivas y frustrantes, ya que tienden a echar por tierra esfuerzos realizados en común con otros, cuando están a punto de ser coronados por el éxito. Se parecen en este sentido a los casos citados por Freud como caracteres que fracasan en el éxito.

Los psicópatas se enfrentan y chocan con la ley desde épocas tempranas de su vida, y aunque algunos se mantienen en un equilibrio inestable durante mucho tiempo, estas personas son las que constituyen la mayoría de los delincuentes. A veces tienen otro tipo de actitudes, que podríamos definir como excéntricas, aventureras, etcétera. La actitud del psicópata, de colisión o choque con las leyes y normas habituales del contexto en que está inserto, tiene su origen en un sistema de valores y una visión del mundo y de sí mismo totalmente distintos de los del resto de las personas que lo rodean. Debido a que su ética se basa en una consumación de fantasías vindicatorias, en que la víctima aparece como un sustituto de las figuras parentales narcisistas que a su vez fueron frustradoras en la niñez del sujeto, el psicópata puede representar una apariencia y una ética determinadas, cuya finalidad última es alcanzar el objetivo propuesto: el de venganza.

Al mismo tiempo, por identificación proyectiva el psicópata supone que los demás poseen una ética vindicatoria similar a la suya.

Consideramos que estos pacientes tiene una deficiencia, casi una genuina carencia de verdaderos sentimientos de amor, como numerosos autores afirman; tienen a veces una falta de cualquier tipo de afecto en general. Para este tipo de pacientes, la acción es la única técnica que el otro puede entender, lo cual explicaría parcialmente su incapacidad de convivencia social, y por qué en ciertas oportunidades el psicópata no puede frenarse antes de externalizar sus sentimientos hacia los demás, a través de actos concretos. Este mecanismo se agrava porque a los actos concretos que lleva a cabo en perjuicio de otros se agregaría que siente poca culpa, remordimiento o vergüenza por lo que hace. Pero además de esta seria falta de los controles internos, deja sin efecto los externos que la sociedad ha creado, y que traen aparejados ciertos castigos establecidos por las leyes correspondientes.

Esto tiene como consecuencia una grave dificultad para articularse en la relación grupal más amplia. Para lograrlo es necesario un mayor control y regulación de la conducta sobre la base de un grado mínimo de empatía, de la cual el psicópata suele carecer. Por esta situación siente una vez más que su vivencia se le confirma, o sea que es rechazado y entra en el círculo vicioso de la relación víctima-vengador, que lo lleva a externalizar su sentimiento con una conducta concreta.

Desde el punto de vista del interjuego de roles, podemos decir que los psicópatas no son leales ni a las personas, ni a los grupos, ni a las leyes; muestran una oposición constante hacia la autoridad, promoviendo ansiedad en los demás por las probables consecuencias que su actitud puede acarrear para otros.

En algunos tipos psicopáticos se destaca una suerte de cálida simpatía, propia de una personalidad atractiva y hasta subyugante, que puede inducir al equívoco muy fácilmente. Pero en el momento propicio esta máscara dará paso a conductas sorpresivas y frustrantes, al mismo tiempo que, para un observador no comprometido como víctima en el episodio psicopático, comenzará a revelarse el vacío de la vida interior del sujeto. Aparecerá, pues, su incapacidad para la abstracción conceptual,  la verdadera superficialidad y falta de constancia de sus afectos; su impermeabilidad para captar el punto de vista de los demás, o sea el sentido que el otro le da a las cosas, en tanto que su egoísmo y falta de responsabilidad para con las tareas o las personas se hace notorio.

Por otra parte, cuando por determinadas circunstancias ellos perciben que corren el riesgo de que las verdaderas motivaciones (de carácter vindicatorio) de su conducta puedan ser descubiertas, suelen utilizar un recurso poco descripto y que tiende a trastornar la “homeostasis” interna de la persona que puede llegar a realizar ese descubrimiento: recurren a la “apelación a la piedad”. Es decir, procuran despertar, mediante una verdadera teatralización, una suerte de compasión en la otra persona, como un modo de escamotear algo, y simultáneamente para gratificar su narcisismo de sentir que la otra persona se preocupa intensamente por ellos. Procuran así movilizar también los aspectos narcisistas de esa persona (omnipotencia reparatoria) para que quede subordinada a ellos. Todo esto está motivado por la desconfianza y el pánico que les provoca sentirse descubiertos, cuyo significado en última instancia es caer bajo el dominio de la omnipotencia del otro.

Aparentemente poseen astucia, con aspectos y actitudes normales y comunes, pero que en el fondo demuestran la carencia de un sentido adecuado de la realidad. Su falta de adaptación al medio, como a la sociedad y a la cultura en que viven puede ser considerada como seria y grave. En consecuencia, su “lectura” e interpretación de la realidad, es incorrecta e inadecuada, y resulta a veces inconsistente. Se puede llegar a percibir el “encanto” con el cual algunos psicópatas fascinan a sus interlocutores, ocultando su real asociabilidad, ya que ese rol seductor representa la posesión de la omnipotencia y la negación del miedo.

Muchos autores han señalado como síntomas muy frecuentes esta impresión inicial de simpatía e inteligencia, pero que cede al “cansancio” de los psicópatas junto con el nomadismo y la incapacidad de soportar el aburrimiento.

En los psicópatas más evolucionados, su apetito por el prestigio y el reconocimiento social es insaciable, pues en su fantasía viven en un mundo que los agravia y los trata con suma injusticia. Esto nos explica en parte su actitud desafiante con todo el mundo y su grave dificultad para convivir con los demás. Asimismo, nos revela su carencia de una armonía adecuada en sus relaciones con el ambiente. Su dificultad para soportar las frustraciones inherentes a toda convivencia eclosiona brusca y repentinamente y en consecuencia cuando el psicópata actúa lo hace sin pensar. Con frecuencia su comportamiento puede adquirir entonces un matiz de “tonto y sin sentido”.

Hay un patrón general, configurado por una falta de control, que permite que una personalidad persistente en su conducta delicuente-psicopática pueda ser analizada por medio de la observación, descubriendo que en ella se produce una especie de “corto circuito” que provoca un acting out (caracterológico) desde un punto de vista psicoanalítico.

Entre las reacciones antisociales de menor grado surge lo observado y denominado por muchos autores como tendencia a “apostar”; es decir, sería la actitud de los que tienen una vieja cuenta pendiente con el destino. Por otra parte suelen ser muy mentirosos, y pueden llegar a convertirse en verdaderos estafadores en pequeña o gran escala.

Pueden surgir fenómenos de extrema emotividad como los descriptos por Braum y Trillat, a la manera de un shock emocional, de una pérdida mnémica, una obnubilación de la conciencia o fenómenos de tipo oniroide, acompañados generalmente de todo el cortejo somático de la angustia. Asimismo, pueden aparecer reacciones agresivas con un carácter compulsivo, conservando sin embargo a veces la lucidez de la conciencia; en otras oportunidades pueden surgir aspectos oniroides que recuerdan los impulsos epileptoides, por cuyo motivo se ha denominado a estos momentos como “crisis histero-epileptoides”.

Aún un efímero capricho puede impulsar al psicópata a actos que llevan el sello particular de este cuadro clínico; por ejemplo, desbaratar los únicos bienes de familia sin importarle estar perjudicando al resto de la misma. Otras veces se puede expresar como el cometer bigamia o tratar de seducir a la mujer de su mejor amigo, etcétera. En cambio, el delincuente común ordinario es usualmente más coherente que el psicópata para evitar ñas consecuencias de sus actos antisociales, o sea el castigo de la ley.

Enfocado desde otro ángulo, el psicópata se caracteriza en buena parte por sus graves dificultades para pensar y comunicarse. De la misma manera diríamos que el progreso hacia la curación se acompaña siempre de una capacidad para internalizar un objeto, con una mayor posibilidad y capacidad en sus modos expresivos, y asimismo en su capacidad de pensar.

Hay una evidente falla o hasta carencia de la estimación práctica del tiempo y su manejo concreto. La incapacidad de aprender por la experiencia que ya citamos, se destaca como uno de los síntomas cardinales. Es notable su incapacidad para aprovechar lo que consideraríamos su temporalidad en el sentido de experiencia, y su despreocupación por el futuro; el pasado es vago y el futuro, para ellos, carece de un real interés.

En un grado extremo cometen crímenes violentos, muchos de ellos pasionales, hasta alcanzar el límite de un homicidio o de un crimen de neto corte sádico.

Anteriormente se creía que en cierto modo los psicópatas terminaban suicidándose. Generalmente lo intentan, con un calculado efectismo y con dramatizaciones que sobreactúan, dando la impresión a los otros de que tratarán de poner fin a su vida. Pero no poseen la capacidad para deprimirse profundamente ante los fracasos en su vida, depresión que podría conducirlos al suicidio, tal como sucede con enfermos depresivos, por ejemplo.

(Pp. 297 a 305)

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Un comentario en “Joel Zac / Psicopatía

  1. Soy estudioso de la conducta del estafador, a los fines de formar un amplio concepto y abundante matices en el perfil de hombres y mujeres propensos a delinquir, creo que el trabajo que he leído, me ha fortalecido y ampliado el marco del en entendimiento.
    Si en su disponibilidad pueden ofrecerme otro trabajos con esta calidad en su contenido, bien le anticipo las gracias de hacérmelo llegara a mi correo, de igual amera les extiendo, la promesa de estudiarlo.
    Abrazos.
    Att.

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