Pilar Donoso, escritora

Correr el tupido velo

Escribir este libro tuvo grandes consecuencias
para mí, pérdidas irreparables y,
seguramente, habrá más. Es por ello que,
como continuidad de mi historia, se lo
dedico a mis hijos: Natalia, Clara y Felipe.

Life is a sheet of paper white
whereon each one of us may write.
His word or two, and then comes night.
Greatly begin! though thou have time.
But for a line, be that sublime.
Not failure, but low aim is crime.
JAMES RUSSELL LOWELL

Palabras preliminares

Han pasado diez años de la muerte de mi padre y su sombra aún deambula por todas partes: al caminar en las calles, al abrir un clóset, al subir la escalera, al mirar hacia el horizonte.

Una vez este padre tan presente me dijo:

—Uno logra ser uno mismo cuando los padres se mueren.

Qué mentira. No ha sido así en mi caso; ahora he tenido que hacerme cargo de su vida mucho más que cuando vivía.

No puedo liberarme de su cadena opresora. ¿Seré yo también un personaje de sus novelas? La ficción y la realidad vuelven a mezclarse, como cuando era una niña y pude creerle, por mucho tiempo, que los yogures colgaban de los árboles y que había unos con sabor a frutilla y otros a durazno; o que, al hablar de una persona cualquiera, yo podía llegar a creer que era una tía muy lejana que venía a visitarnos; o bien que un personaje de una de sus novelas era un amigo de su infancia.

En mi casa era imposible diferenciar esa línea tenue entre la ficción y la realidad, y aún ahora me cuesta distinguirla. Al leer sus diarios no puedo sino confirmar que él, más allá de su arte como novelista, tenía una seria disfunción respecto de la realidad.

Leo y releo y reconozco tantas cosas… me río, lloro, me enrabio, perdono, vuelvo a llorar; me decepciono, lo enaltezco y nuevamente lo perdono porque lo quise inmensamente.

Ser padre es algo normalmente impuesto; él, en cambio, tomó esa opción, me adoptó y me dio generosamente aquello que, como padres, a veces nos negamos por no habernos liberado de nuestras propias historias.

Ante todo, mi padre era escritor. Cuando los días en que la muerte ya no pertenecía al mundo de la fantasía —su presencia lo rondaba por la casa de Galvarino Gallardo— enfrentamos juntos el hecho de que llegaba el fin. Le pregunté qué quería que dijera su epitafio y me contestó:

Escritor. No quiero nada más. Eso he sido.

Sostenía que muchos de los novelistas latinoamericanos contemporáneos, en su búsqueda de estatus, se transforman en figuras públicas, como tribunos, como políticos; él, en cambio, se consideraba simplemente un escritor.

Voy a tratar de contar esa historia —que es la mía en relación a él, finalmente— sin pretender un análisis literario de su obra, ni menos uno psicológico de su compleja personalidad. Será, más bien, la visión de una hija-niña, hija-adolescente, hijamujer que lo acompañó, lo admiró, lo amó y lo odió. De modo que no esperen objetividad alguna; son los recuerdos de ese fantasma que me persiguen y me perseguirán por siempre.

Debo aclarar que mi padre me designó como su biógrafa, pero yo no era la única a quien confirió este título honorífico. También se lo pidió a Esther Edwards, a su sobrina Claudia Donoso, a su amigo el escritor Fernando Sáez, y quizás a muchos otros. En pos de esta tarea que emprendí seriamente, nos juntábamos tres días a la semana para grabar nuestras conversaciones. En realidad, más que diálogos fueron sesiones sobre lo que él quería contar y no necesariamente acerca de lo que yo preguntaba o quería saber. Estas reuniones metódicas nos dieron la oportunidad de intercambiar recuerdos, ideas estéticas, incluso ideológicas; nos escuchamos como nunca y como nunca nos encontramos. En esas conversaciones, además de sus diarios, cartas y ensayos, está sustentada esta biografía.

Este relato es, de un modo muy personal, una manera de liberarme, de ahuyentar a su fantasma. Mi padre me contó una vez algo que probablemente la mayoría de los lectores debe conocer: Virginia Woolf se preguntaba por qué el recuerdo de su madre no había dejado de obsesionarla a sus cuarenta y cuatro años de vida. Entonces escribió Al faro y el fantasma de su madre dejó de perseguirla. Por supuesto, no es mi intención hacer una comparación de ese tono y proporciones, pero sí de mi propio proceso de liberación.

En un artículo de mi padre encuentro una opinión muy personal sobre este tipo de textos. Biografías, cartas, semblanzas, recuerdos, crónicas, que si se publican son o académicas o ñoñas o mundanas. Somos una raza extrovertida y efusiva, pero temerosa, pudorosa, que no se entera de la verdad (como sí lo hacen los ingleses cuando deciden hacerlo). Así las figuras de nuestra cultura siguen siendo monumentales, nunca humanas, y los elementos contradictorios y a veces hasta vergonzosos con que se construyó la obra genial permanecen velados.

No sé en qué categoría caerían mis escritos para él. Desde luego no en lo académico, pero quizás tampoco en lo ñoño o mundano. Espero que no. En mi personal búsqueda por rescatarlo en su intimidad, en su profundo y particular mundo sin límites, he recurrido a sus cartas, de las que guardó siempre copia, tanto de las que escribió como de las que recibió; también a sus ensayos y, especialmente, a sus diarios, en los cuales jamás guardó secreto alguno. Con esto debemos aprender la lección de que jamás hay que destruir papeles, que los archivos y las colecciones son sagrados, no sólo por cuanto iluminan el pasado, sino también porque proyectan el futuro.

Mis recuerdos se inician muy temprano y quizás simplemente estén asociados a fotografías. Pero si bien éstos comienzan alrededor de los tres años, empezaré esta historia, mi propia historia, desde el matrimonio de mis padres. Incluso creo que será necesario explicar ciertas experiencias previas de mi padre que lo llevaron a dejar Chile por diecisiete años y que lo marcaron definitivamente para ser quien fue.

La historia que quiero contar no es «la historia de José Donoso», sino la de una hija en la búsqueda interminable por saber quiénes fueron sus padres, sean biológicos o adoptivos. Es la búsqueda de la identificación, del entendimiento de quién es uno y del inevitable conflicto que esto implica.

* * *

(Publicado en La Nación, 17.11.2011)

El suicidio de Pilar Donoso, una muerte que predijo su padre, el novelista Donoso

El escritor, en sus diarios íntimos revelados por su propia hija en un libro, tenía un proyecto de novela sobre una hija que descubre los diarios personales de su padre y se suicida luego de leerlos

SANTIAGO DE CHILE.- La escritora chilena Pilar Donoso, hija del fallecido novelista José Donoso, fue encontrada muerta en su casa, producto de una ingesta de remedios.

Donoso, madre de tres niños, publicó en 2009 “Correr el tupido velo”, una biografía de su progenitor, basada en diarios íntimos del autor de “Coronación”. Entre esos textos de José Donoso había paradójicamente fragmentos de un proyecto de novela sobre una hija que descubre los diarios personales de su padre y se suicida luego de leerlos.

Pilar Donoso comentó en su momento que esa historia era una fábula de su padre sobre lo que a ella le ocurriría cuando leyera sus anotaciones íntimas. “El se proyectaba más allá de su muerte con estos diarios y el resultado es descubrir un ser complejísimo”, dijo entonces.

El libro se basó en cuadernos escritos por su padre, guardados en la Universidad de Princeton, donde hablaba de su homosexualidad, de que ella era adoptada y de otras intimidades.

La escritora fue hallada muerta en su dormitorio por una de sus hijas, quien debió llamar a un cerrajero para poder abrir el dormitorio de su madre, donde yacía su cuerpo sobre la cama. La policía descartó inicialmente la acción de terceros en el deceso.

“La causa precisa de su muerte se está investigando, pero podría ser la ingesta de medicamentos”, precisó el inspector de la Policía de Investigaciones, Hugo Reyes, tras develar que a un lado del cuerpo se hallaron diversos fármacos.

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