Eduardo F. Valdés / Rosa Luxemburgo: El “Aguila de la Revolución”

(Publicado en Perfil, 14.1.2012)

La Rosa Roja también ha desaparecido. Dónde se encuentra es desconocido, porque ella a los pobres, la verdad ha dicho. Los ricos del mundo la han extinguido. Que descanse en paz”, escribió Bertolt Brecht ante la desaparición de Rosa Luxemburgo luego de que todos los parroquianos que se encontraban en el Hotel Eden, aquel 15 de enero de 1919, vieran cómo el sargento Rouge le partía el cráneo de dos culatazos y el teniente Souchon le pegaba un tiro en la sien. El cuerpo apareció tres meses después flotando en el canal.

Gobernaba Alemania un ex-alumno de ella en el Centro de Formación del SPD, el partido socialdemócrata: Friedrich Ebert, el primer presidente de la República de Weimar.

No le perdonaron su antimilitarismo y su oposición a la guerra mundial que acababa de terminar con la derrota de Alemania. No concebía que un obrero alemán se matara con uno francés por cuestiones imperialistas.

La gran decepción de su vida fue cuando sus camaradas diputados socialdemócratas votaron el apoyo a la guerra. Con Karl Liebknecht, el único diputado que votó en contra, y Clara Zetkin fundaron la Liga Espartaquista y convocaron a los obreros a manifestar contra el conflicto bélico. De allí surgió el Partido Comunista alemán, en 1920.

Rosa nació en Zamosc, la Polonia rusa, en 1871, en una familia judía de clase media, que se trasladó a Varsovia para que su hija estudie. A los 16 años se incorporó al clandestino movimiento revolucionario Proletariat.

En 1889 tuvo que huir de Polonia al ser descubierta su militancia política.Se instaló en Zurich, donde se graduó de doctora en Derecho, y junto a su compatriota León Jogiches durante 15 años formaron “la gran historia de amor del movimiento revolucionario”, plasmados en el libro Cartas de amor, donde ella confiesa: “Tengo unas ganas locas de ser feliz. Soy un gato que quiere ronronear de felicidad, acariciar y ser acariciada”. Juntos fundan en 1893 el partido socialdemócrata del reino de Polonia y Lituania, el SDKPL, de quien fue toda su vida la líder teórica.

En 1898 se trasladó a Alemania, centro del movimiento obrero internacional, donde al menos la revolución era posible. Siendo judía y polaca sufrió en carne propia la discriminación en este país en tiempos del pre-nazismo.

Se afilia al SPD, el partido socialdemócrata de Alemania, inspirado en Carlos Marx, que planteaba una sociedad más justa para los trabajadores.

Produce la mayor parte de su obra intelectual. En 1899 publica Reforma o Revolución, donde critica la línea de Eduard Bernstein, líder del reformismo socialdemócrata, a quien acusaba de burocratizar el partido desde el parlamento tratando de conseguir prebendas y enriquecimiento personal a cambio de mejorar el capitalismo, en lugar de construir el socialismo. En 1906 llegó Huelga de masas, partido y sindicato, donde expone su oposición a cualquier tipo de violencia armada y estableciendo a la huelga general como la gran arma que tienen los trabajadores. De 1913 es La acumulación del capital, su obra mas importante, catalogada como la más original después de El Capital por Franz Mehring, biógrafo de Marx; y por último, en 1918, La Revolución Rusa, en el que critica constructivamente a la misma y sostiene que la forma soviética de hacer la revolución no puede ser universalizada para todas las latitudes. Admiraba a Lenin, pero consideraba que “la revolución proletaria no necesita el terror y abomina el asesinato”.

No cree en los manuales de la revolución, tampoco en las vanguardias: la organización de los revolucionarios debe ser parte de los movimientos sociales y es a partir de éstos que se construye. No acepta el entrismo, “la dictadura proletaria lleva a la burocracia”, dice. Cree en la democracia socialista y polemiza con Lenin cuando el ruso cierra la Duma (parlamento) y da todo el poder a los Soviets. “La libertad sólo sirve cuando la usan los que piensan distinto”, escribe.

Fue una revolucionaria de pensamiento y acción, estuvo nueve veces presa por su lucha. Amante de su femineidad, Rosa Luxemburgo se peinaba cuidadosamente para arriba para aumentar su estatura y se definía a sí misma como una colección de protuberancias. Aficionada a las grandes caminatas, dividía a la humanidad entre buenos y malos caminantes, a pesar de arrastrar una renguera desde los 5 años.

Gozaba con la pintura de Tiziano y Rembrandt, la música de Bach y Beethoven, la literatura de Tolstoi y Balzac.

Rosa Luxemburgo consideraba la muerte en combate como el más alto honor para un socialdemócrata; dedicó su vida a la política revolucionaria. El “Aguila de la Revolución”, como la llamaban, sigue extendiendo sus alas en pleno vuelo, al ver como los jóvenes indignados de todo el mundo hoy levantan carteles con su imagen.

Quizás está haciendo realidad aquello que dejó escrito el día que la mataron: “Yo fui, yo soy, yo seré”.

* * *

Eduardo F. Valdés es ex jefe de Gabinete de la Cancillería.

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