Ignacio Uranga, poesías

Como un portazo, como un golpearse fuerte de
la puerta: eso que al parecer era la puerta y que
al cerrarse decididamente como una puerta con
violencia clausuró un espacio: lo que era, lo que
parecía ser aquel conjunto sólido, aquella masa
con la que estaba, con la que parecía estar dis-
puesto el cuadro del que incluso también yo era
parecía ser, parte: la pared, el piso mismo donde
estábamos, donde estuvimos, donde parecimos
estar de pie: me refiero a mí y a ese ella tan
ambiguo hoy, que antes identificaba con una voz
y unos ojos respectivos: ese complejo de datos
ese compuesto de materia al que aporté, lo confieso
más de la cuenta: más de mí que de vos, Caroline
y que di en llamar Caroline: este dispositivo absurdo
casi tan vacío como tus gestos de ternura: después
bajar los párpados, mis párpados bajados para que
lo compacto, lo homogéneo en apariencia, empezara
a resquebrajarse: esta torpeza tuya en el proceder
Caroline: tu optar por el mar cuando dijeron cáncer:
se dio vuelta, en efecto, el viento: nombrarte
intentar nombrar esa imagen sustitutiva y difusa

*

tanto a lo real como al engaño, abiertamente receptivo:
detrás de la enramada ella: de blanco a media noche gira
de pies en punta, como si el fondo se mezclara: sonríe
va hacia el precipicio a pocos metros: es sin serlo: algo
en la mirada, el modo delicado: repito: iba yo embestido
por la fronda húmeda del trópico, sin embargo: era fuego
esa lluvia sulfurosa: el sol cayendo de a pedazos: repito:
se acercaba a la caída y era otra siendo ella: diseminaba
oscuros puntos sobre el aire y se alejaba: de sus manos
volaba al mundo esa horda negra: sin haber caído, a media
madrugada irrumpe un grito, devolviéndonos a otra faz:
Caroline diciendo: era vertical el mar inmenso y se venía:
– a lo largo de los años en sueños cada noche se repite –
un oleaje indetenible arrasaba en oscuro plenilunio, una
catástrofe masiva: ese mar que me llevaba y vos aparecías
entre paredes blancas diciendo de rodillas algo como “cáncer

*

sin rastro alguno ya de oxitocina, siquiera restos
no de lo que hubo o fuimos, sino incluso de nuestro
posible más violento finalmente hoy llevado a cabo:
y este destello, ahora, de luz irreversible: vos en el mar
yo contra veinte milímetros, Caroline, de cáncer pulmonar:
llueve en esta parte de Bahía y es inútil la tarea de pensarte:
tu cuerpo ahora imperfectamente sobre la arena, como una
metáfora tus ojos cerrados y música de fondo, no para tapar
el brillo que alto ardería en el iris, ni es que haya en tu cora-
zón culpas que cubrir: es sólo el cuadro de tus modos, tus
típicas maneras en el tránsito: el caso es que mi lado no es
tan otro: doble también – ante tu escena – la noche de mis
ojos: aturde el ruido en esta tanta necesidad de permanecer

*

no diré: fluye suave hasta que mi canto finalice
ni veo el muro de Saint Magnus Martyr ostentar
su esplendor de blanco y oro jónicos: esto no es
el dulce Támesis: es Bahía Blanca, Buenos Aires:
una ría destruida por la zona petroquímica, y ahora
cáncer acá en los pulmones y asma en la infancia: da
la ría, sí, a la mar, pero ella misma también es el morir

*

gente que espera, un mínimo decorado de plantas
revistas sobre el vidrio de la mesa, telas ajustadas
donde hubo cabello: pareciera el color un modo de
resistir al claro hospitalario: acorde a las paredes
hay también un hombre: no fue un mal sueño esto:
es la clínica y está de pie el oncólogo: C. P. : grado
cuatro: (en números) 4, (en letras) cuatro: no queda
ningún margen para interpretar: fue a quemarropa
sin clase alguna de piedad: fue todo miseria, de un
pleno vaciado afectivo: no habrá tampoco ningún
cuerpo azul, lleno de grasa y sangre llorando al ver
el mundo: 200 mg en píldora de una toma rasparon
el óvulo alojado: fue íntimamente abrasivo, a destajo:
en veinte milímetros anunciando el sonido algo como
etimológicamente una metáfora nuestro amor: va ella
ahora haciéndose hacia el mar, haciéndose a sí en su
hacerse hacia el mar, hacia la arena del centro turístico:
vendrá, Caroline, entonces la muerte y no tendrá tus ojos

*

va a sonar en días el teléfono: será tu voz, Caroline
entrecortada por llanto tu voz diciendo fue posible.
Va a sonar el teléfono en días, levantaré la tapa, será
tu voz, hará sonidos acerca de un sueño para siem-
pre y estallará en lágrimas. Va a sonar en días tu voz
dirá lo más cercano a para siempre: el bello, el más
bello espacio construyendo tu voz con palabras: pero
va a sonar al teléfono en días tu voz informando que
mifepristona 200 mg fue por suerte a tiempo, las pa-
redes están ahora rotas del endometrio, y no hay nada
de qué ocuparse: dejará de sonar tu voz y va a quedar
todo como una mera falla que no deja, ni de un lado ni
del otro, nada, absolutamente nada que pueda crecer

*

todo podría haber quedado sencillamente en el
blanco del comienzo: pero esta insistencia, este
filtrarse como en sueños: cada mundo posible de
mi lengua materna está comprometido: los motivos
fueron íntimamente personales: el hecho es que
fue nuestra la voluntad de traer hasta nosotros la
miseria más propia: a consciencia clara hicimos
esa basura de diciembre: y ahora este destello
Caroline, de luz irreversible: así en tu cielo como
en el mío hay pájaros repartiéndose, pero es cívico
el que habito y ninguna ave marina va a cruzarlo:
la verdad hoy son tus huellas, el agua que va leve
a morir en la costa: tu andar entonces es el reverso
la mitad del corazón que exige alejarse de noticias
en las que va a aparecer no sólo la palabra sino el
cáncer mismo, diseminado ya de los pulmones a
la totalidad del organismo: la otra mitad fue mera-
mente imaginaria: tu posibilidad fue sólo un centro
turístico: ciento veintiséis kilómetros al norte de la
clínica y ni una palabra para regresar de esa imagen

(De Ramalaje)

viene del norte, padre nuestro, pero hay mucho
del sur aún: que estás en el cielo: y una carencia:
santificado: en los vínculos primarios, empobrecido
por tanto, a la intemperie: sea tu nombre, venga a
nosotros la paz: de tanta plusvalía: y hágase -aunque
me cueste- tu voluntad, así en la tierra como en el
cielo: fueron demasiado las palabras para ella; no
entendí: perdona nuestras ofensas: que su infancia
fue abusada: así como nosotros perdonamos: y mi
entrega como pan: a los que nos ofenden: para siem-
pre fue también demasiado: junto entonces ahora las
manos: no nos dejes: porque es mucha la carga: caer
en la tentación: se me ha hecho un silencio: y líbranos
del mal: por tanto filo hundido: amén: alégrate, María:
y un viento pareciera: llena eres de gracia: que ni un
pájaro: el señor es: en el aire y: contigo: ha hecho, en
fin, su trabajo sin embargo el corazón: bendita
eres entre todas las mujeres: para fundar vida: y
bendito es el fruto de tu vientre: y ahora que entiendo:
santa María: que fue temprano: madre de dios: vi-
olentada su entrega: ruega por nosotros pecadores:
no encuentro el camino: ahora: no puedo: y en la hora:
interrumpir el pensamiento: de nuestra muerte: amén

(De A-letheia)

“A-letheia” y “Ramalaje” forman parte del libro de poemas El ella Real (2009).

* * *

Ignacio Uranga nació en 1982 en Bahía Blanca, Argentina.

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