Agustín Salvia / Un país de maravillas

(Publicado en Perfil, 5.5.2012)

Las políticas de inclusión social que lleva adelante un país no sólo requieren generar mejoras reales sino que también deben ser transparentes, creíbles, públicamente evaluables y sustentables. No es poco el daño que se le hace a un gobierno, aunque mucho más a los sectores políticamente más débiles, cuando las estadísticas oficiales montan un “relato” en donde se distorsiona la magnitud y los alcances de la pobreza. Con ello, no sólo se oculta un problema que de todos modos habrá de expresarse con crudo realismo a través de múltiples formas de exclusión, sino que además se degrada el derecho de los pobres y del resto de la sociedad a pensar, demandar, proyectar y construir un país más justo para todos.

Según la última Encuesta de la Deuda Social de la UCA aplicada a más de 5.700 hogares urbanos de todo el país, la tasa de indigencia en estas áreas habría caído de 9,2% a 5,4% entre último trimestre de 2010 y el último trimestre de 2011. Pero a pesar de esta baja, todavía más de 2 millones de argentinos no pueden cubrir el valor de una menguada canasta básica de subsistencia familiar de 350 pesos per cápita mensual (casi 12 pesos por día). Puede ser que esto parezca poco, y sin duda lo es, pero aún más inverosímil es el hecho de que el organismo oficial de estadísticas, el Indec, y algunos comunicadores amigos del Gobierno sostengan o avalen que esa misma canasta podía conseguirse a fines de 2011 por tan sólo 206 pesos mensuales (gastando una persona apenas 7 pesos diarios), y que, por lo tanto, vivamos en un país de maravillas en donde la indigencia haya caído de 2,5% a 1,7%.

Este mismo ejercicio podemos hacerlo para evaluar el caso de la canasta básica total que mide la situación de pobreza en el país. Según la Encuesta de la Deuda Social, el porcentaje de pobres urbanos habría caído de manera importante entre 2010 y 2011, pasando de 26,6% a 21,9%. Sin embargo, aunque la noticia es alentadora, según esta conservadora medición, más de 8 millones de argentinos no lograrían todavía cubrir el costo de una canasta básica alimentaria y de otros bienes y servicios básicos (transporte, vestimenta, mantenimiento de la vivienda, etc.), habiendo sido estimada esta canasta en un valor de 720 pesos mensuales per cápita (24 pesos por día). En cambio, para el Indec, la pobreza habría caído de 9,9% a 6,5%. Esto debido a que dicha canasta podría conseguirse en el mercado por 449 pesos por mes (gastando una persona sólo 15 pesos por día). Un hecho de ficción que la experiencia práctica obliga a rechazar; aunque las compras se hagan en el mercado central.

La caída tanto de la indigencia como de la pobreza tuvo como contexto entre 2010 y 2011 el aumento de la AUH y la recuperación post crisis de la demanda de empleo, así como los incrementos salariales que tuvieron lugar en el sector formal, con efectos favorables sobre la demanda de trabajo en el mercado informal. En su conjunto esta dinámica, sumado al mayor esfuerzo laboral desplegado por las familias pobres, habrían hecho posible ganarle al impuesto regresivo de la inflación. Pero si bien resta mucho por hacer, cabe también reconocer las mejoras, aunque quizás sea necesario emprender políticas sociales y de desarrollo más audaces. Cabe fundar esta sospecha en el hecho de que buena parte de las mejoras en materia de pobreza tuvieron como fuente principal la “pobre” asistencia social brindada por el Estado y el aumento de la demanda de empleo informal, sin que ello haya implicado revertir condiciones estructurales de exclusión ni mucho menos detener la inflación. En este marco, no deja de ser paradójico y no menos contradictorio que un gobierno que se dice progresista necesite de estadísticas sociales oficiales que ocultan la pobreza y a los pobres para pintar el “país real”.

* * *

Agustín Salvia es Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales, Investigador del CONICET, Coordinador del Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social en el Instituto Gino Germani, y profesor titular de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. También es Director del Programa de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina. Actualmente dirige el Proyecto “Jóvenes Excluidos: políticas de inclusión social” del Programa UBACyT de Urgencia Social 2004-2006. Entre sus últimas publicaciones se destacan Salvia A. y F. Tami (2006) Barómetro de la Deuda Social Argentina: Las Desigualdades Persistentes No. 2, Observatorio de la Deuda Social Argentina, Departamento de Investigación Institucional. EDUCA y Fundación ARCOR y Salvia A. et al (2006): “Desigualdad social y heterogeneidad regional en la Argentina. Un balance del período 1991-2001” en Revista de Estudios Regionales y Mercado de Trabajo, Buenos Aires.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s