Daniel Molina / Uniones antinaturales (León Ferrari en el Malba) Hasta el 2 de julio

(Publicado en Perfil, 29.4.2012)

La exposición “Brailles y relecturas de la Biblia” presenta una selección de setenta obras. La curadora, Florencia Battiti, reunió en esta muestra dos series que Ferrari realizó a lo largo de tres décadas. Para el artista, “la Biblia es una antología de crueldades”, y varias de sus imágenes remiten a la profunda diferencia que existe entre la concepción cristiana del pecado y la cosmovisión oriental del erotismo.

León Ferrari (Buenos Aires, 1920) no sólo es el artista contemporáneo más importante de la Argentina, sino que es uno de los más grandes que dio América Latina en el último siglo. Desde hace casi setenta años viene desarrollando una obra que, además de pródiga, parece ramificarse continuamente, como si su mente fuera una planta que ante cada límite se bifurca, y así hasta el infinito. Sus bellísimas esculturas de alambre son de comienzos de los sesenta. Casi al mismo tiempo comenzó a realizar sus cuadros y dibujos escritos, que lo convirtieron en uno de los pioneros del arte conceptual. En 1965 realizó su obra insignia, aquella que permite reunir la diseminación alucinógena de su extensa producción: La civilización occidental y cristiana, en la que se conjugan la reproducción de un bombardero norteamericano con un Cristo de santería. En su exilio en San Pablo, en los setenta, realiza videotextos (Art pelo telefone) y heliografías que semejan los planos de las distopías que narraron Kafka, Orwell y Huxley. Su retrospectiva de 2004 constaba de 400 obras que mostraron la multiplicidad de sus intervenciones. De esa extensa producción, los collages de las series Brailles y relecturas de la Biblia habían sido exhibidos muy parcialmente. Ahora Malba los presenta, in extenso, en una muestra curada por Florencia Battiti junto con un catálogo que cuenta con un importante texto de Daniel Link.

De lo que habla la obra de Ferrari es, en primer lugar, el arte. Es decir, de la posibilidad de crear, pensar y producir un universo diferente, una vida alternativa. De darle al mundo un sentido nuevo. En esa vida alternativa se trata de hablar otro lenguaje. Una lengua que no se somete a los imperativos del sentido común, de la tradición o de la autoridad. Por eso, uno de los ejes que sostienen la aventura estética de Ferrari es la discusión sobre el uso coercitivo, ideológico y político de las imágenes. El artista no cree en la inocencia cuando se trata de la producción de aquéllas. De allí su intervención constante en la discusión sobre la historia del arte, vista también –pero no únicamente– como una historia de la propaganda política y religiosa.

Cuando  Ferrari pone en relación una imagen proveniente de la tradición católica con otra imagen proveniente de una tradición cultural diferente (una estampa japonesa, por ejemplo) está desarmando el dispositivo ideológico que usa las imágenes para adoctrinar, para sostener un sentido incuestionable. Más que iconoclasta, Ferrari –un enamorado de las imágenes– es un poeta: alguien capaz de volver a darles a las figuras manipuladas por el poder un nuevo poder: el de desasirse de la manipulación que sufrieron. Poner en relación imágenes de culturas diferentes no es un gesto ingenuo, sino una posición profundamente crítica respecto de las certezas que se sustentan en la tradición y en la autoridad (esas “certezas” que supuestamente no se pueden cambiar y que no se podría siquiera cuestionar). Lo que para algunos puede ser insultante –por ejemplo, la imagen de una pareja que mantiene relaciones sexuales–, para otros (un taoísta o un místico) puede ser la imagen misma de la iluminación.

Estos collages ponen en relación imágenes que aparecen usualmente separadas: lo sexual y lo espiritual, lo político y lo sacro, lo íntimo y lo público, lo angélico y el placer. Hay humor y amor en estos Brailles. Esa unión non sancta alcanza una dimensión épica en la obra Amate (de 1997), en la que Ferrari imprime un texto en braille (“Ama a tu prójimo como a ti mismo”) sobre  la estampa Juego de manos, de Kitagawa Utamaro, que muestra la técnica de masturbación mokodaijuji, que consiste en pellizcar el clítoris con los dedos índice y mayor.

Ferrari, como poeta de las imágenes, descontextualiza las imágenes sometidas al discurso del poder. Es arte político, pero no por sus contenidos sino por su proyecto: liberar a las imágenes del encadenamiento al que fueron sometidas. Liberarlas: permitirnos verlas en un nuevo contexto.

De Juego de manos, de Utamaro, con la leyenda en braille: "Ama a tu prójimo como a ti mismo"

Brailles y relecturas de la Biblia

Hasta el 2 de julio.
De jueves a lunes, de 12 a 20. Miércoles hasta las 21. Martes cerrado.
Malba. Av. Figueroa Alcorta 3415.
Entrada: $ 25 (docentes y jubilados: $ 11; estudiantes: $ 12).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s