Mónica Beltrán / Los jóvenes priorizan la universidad, pero la mitad deja en el primer año

(Publicado en Perfil, 3.6.2012)

Están hiperconectados e informados, pero a la hora de entrar a la vida universitaria ese exceso puede resultar perjudicial. Según cifras oficiales, unos 400 mil jóvenes de todos los niveles sociales se incorporan a la educación superior cada año, pero, al mismo tiempo, casi el 50 % de ellos abandona en el primer ciclo o cambia de carrera una o más veces. Expertos en orientación vocacional aseguran que los cambios en las relaciones entre padres e hijos tienen mucho que ver.

Los chicos ya no deshojan más la margarita para decidir. No lo hacen por cuestiones amorosas pero tampoco usan ese método para resolver qué carrera estudiar. Nadan como peces en las redes sociales y están superinformados, conocen a la perfección los nombres más excéntricos de las carreras de moda, pero tantos datos en sus cabezas no facilitan las cosas a la hora de definir una carrera ni el ingreso a la vida adulta. La orientación vocacional es ya casi una disciplina.

Hay cursos, talleres, grupos en instituciones públicas y privadas que se ocupan de dar información sobre el casi millar de títulos de grado que ofrecen en la Argentina un centenar de universidades, pero los jóvenes están más desorientados que nunca y abandonan los estudios o cambian de carrera ante el primer traspié.

El 90% de los jóvenes que ocupan las aulas de las escuelas secundarias espera seguir estudiando, según una investigación que realizó la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina, que encuestó a 4.323 estudiantes de 108 escuelas secundarias de todo el país. Y, sin dudas, cada vez son más los ingresantes a la educación superior, casi 400 mil cada año, según estadísticas oficiales. Es que cada vez son más los adolescentes escolarizados, como consecuencia de una política pública instalada en la Argentina para cumplir con la obligatoriedad de los estudios medios.
Las nuevas generaciones valoran el estudio y desean continuar con su formación, independientemente del sector social al que pertenezcan pero, al mismo tiempo, los chicos se frustran con mucha facilidad y casi la mitad abandona en el primer año de la universidad o el instituto terciario, mientras muchos otros cambian de carrera una o más veces.

“El ciclo básico común (CBC) tiene materias generales y ayuda a los jóvenes a terminar de orientarse”, admitió la secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), María Catalina Nosiglia, quien reveló que esa institución pública tiene desde 1958 una Dirección de Orientación al Estudiante que depende del área que ella dirige, desde donde se desarrollan actividades de orientación, grupos de reflexión, talleres virtuales y se publica la Guía del Estudiante que edita anualmente Eudeba.

Algunos especialistas aseguran que, a diferencia de lo que piensan muchos adultos, los chicos están lejos de funcionar de acuerdo con la ley del menor esfuerzo, son hiperexigentes y buscan carreras que les “garanticen el éxito”, motivo por el cual–paradójicamente– ante los primeros inconvenientes se “desmotivan” y abandonan los estudios. “Lo que pasa es que tienen una gran desconexión emocional y la mayoría no se conoce, no tiene registro de sus propias limitaciones”, asegura Claudia Messing, autora de Simetría entre padres e hijos (Editorial Novedades Educativas). Ese libro difundió una investigación con datos llamativos: el 82 por ciento de los 764 chicos entrevistados cree que cuando se propone un objetivo educativo o laboral puede insistir hasta lograrlo, sin embargo el 74% da una respuesta totalmente contradictoria, ya que reconoce que se desmotiva con facilidad ante cualquier dificultad. “A pesar de la convicción que manifiestan los jóvenes respecto de sus propias posibilidades de vencer obstáculos es altamente probable que no las puedan cumplir porque sus conductas fóbicas y de desmotivación les impiden alcanzar esos objetivos. Esta puede ser una de las causas por las cuales los jóvenes expresan que desean terminar el secundario, pero no todos lo logran”, dijo la psicóloga, que dirige una escuela de posgrado en orientación vocacional. Otra encuesta realizada por la Universidad de Morón entre más de 2 mil secundarios de la zona oeste que siguió su rendimiento cuatro años después del egreso del colegio demuestra algo similar: el 46% no siguió la carrera que deseaba cuando terminó el secundario, y del 82% de los que expresaron que querían continuar estudiando un ciclo superior, a los dos años sólo lo estaba haciendo el 46%, según Messing.

¿Y los adultos? La directora de la carrera de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella, Claudia Romero, opinó que la familia sigue siendo un factor importante en el proceso de elección de una carrera. “Los padres ya no cuentan en la mayoría de los casos como modelos determinantes; los hijos ya no tienden a repetir la historia y los padres ya no desean eso. La configuración de la identidad en general y de la elección profesional en particular es más abierta que antes y también por supuesto más incierta”.

Pero Messing advirtió que las nuevas generaciones “se mimetizan con sus padres, hablan y piensan como adultos, tienen gran cantidad de información para su edad, pero no la manejan con flexibilidad y son profundamente inmaduros en lo emocional”. La autora desarrolla un concepto novedoso, el de “simetría inconsciente” de los hijos con sus padres. “Antes, un chico se identificaba con sus padres, pero ahora los copian y se sienten en posición de tener mucho poder desde pequeños. Así, se desconectan emocionalmente. Esa gran dificultad emocional hace que pasen de la omnipotencia total del ‘se puede todo’ a sentirse derrotados o absolutamente frustrados con facilidad, lo que los complica a la hora de elegir una carrera y más aún cuando empiezan a tener las primeras dificultades en el estudio porque creen en soluciones mágicas, en carreras que les garanticen el éxito fácil y ya, y eso no es real”, señaló.

Con una larga trayectoria en el trabajo como orientador vocacional como respaldo, el psicólogo Sergio Rascovan relativizó el tema: “Hay que ver de qué familia se está hablando. Generalizar nunca es bueno. Depende de la clase social de la familia, de la zona geográfica. La familia burguesa tradicional se rompió hace muchos años, el adulto perdió autoridad pero hoy hay una nueva configuración del adulto, hay diálogos más interesantes entre padres e hijos. Las nuevas tecnologías ponen ciertas lógicas en las relaciones y nuestros hijos nos explican lo que no entendemos, esto supone cambios y da una particularidad a la asimetría, cambia las relaciones, hay mucho que investigar al respecto, sobre todo si queremos analizar cómo impacta esto a la hora de armar un proyecto por parte de un adolescente”.

Un tema de vocación. Para Nosiglia el éxito o no en determinadas áreas durante la escuela media es uno de los tres condicionamientos que tiene un chico a la hora de elegir su carrera. “Si le fue bien o mal en matemática va a ser importante a la hora de elegir su vocación”, dijo.

Romero aporta que la experiencia que cada uno recibe de la secundaria es central: “No hay una única escuela secundaria sino múltiples. Algunas habrán alentado el deseo de los jóvenes de continuar estudiando y le brindaron herramientas para eso, y otras seguramente no. Habrá escuelas que desplegaron mucha información sobre la oferta disponible y otras que lo hicieron en menor medida. ¿Deberían ocuparse de eso? Por supuesto que sí, y con muchísima dedicación. La escuela tiene que fortalecer entre el alumnado su capacidad de elegir de manera autónoma y responsable”, opinó.

QUÉ PREFIEREN

Según los últimos datos oficiales (de 2009) publicados en el Anuario  Estadístico del Ministerio de Educación de la Nación, hay 387 mil nuevos inscriptos por año en los ciclos de educación superior.

La mayoría ingresa a carreras de ciencias sociales: son 160 mil.

90 mil alumnos eligen ciencias aplicadas, 66 mil ciencias humanas, hay 49 mil en ciencias de la salud y 13 mil en ciencias básicas.

Dentro de las ciencias sociales, la carrera más elegida por los nuevos inscriptos  es Economía (47.400 alumnos). Le sigue Derecho (27 mil) y luego, lejos, Comunicación (7.300).

Entre las ciencias básicas, la que más reúne es Biología (6.300).

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