Educación: nivelar hacia abajo

(Editorial publicado en La Nación, 9.7.2012)

Permitir que todos los alumnos aprueben primer grado, incluidos quienes no están en condiciones, significa un retroceso

Sorprendió profundamente días atrás la decisión del ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, de presentar una resolución ante el Consejo Federal de Educación por la que ya no habrá más chicos que repitan primer grado, porque se establece que el primero y el segundo grado de la educación primaria pasarán a formar una unidad pedagógica integrada.

Más sorprendió todavía una posterior declaración de la directora general de Cultura y Educación bonaerense, la reconocida educadora Silvina Gvirtz, acerca de que se estaría analizando que los chicos de la provincia tampoco repitan segundo grado, para crear así “un bloque pedagógico” con los dos primeros años del ciclo inicial y pasar a tercero directamente.

En momentos en que tanto docentes, autoridades y padres como la opinión pública nos enfrentamos a la dura realidad de los últimos datos del Censo 2010, que dio a conocer el Indec en estos días, sobre bajos rendimientos, repitencia, abandono y poca inclusión de la escuela secundaria -este descenso en la calidad se ha visto confirmado por las pruebas de evaluación internacional PISA en matemática y lengua de las que participa la Argentina, pues nuestro país bajó notoriamente en el ranking elaborado en la primera década de este siglo-, y además sobre los bajos resultados en el nivel universitario, ya que también un reciente informe internacional señaló que ninguna universidad argentina figuraba entre las diez primeras en América latina, parece absolutamente riesgosa una decisión que comprometerá el ciclo primario, exactamente la base para los ciclos que le siguen.

Es cierto que el nivel de repitencia en las escuelas primarias argentinas alcanza el 4,7 por ciento, y en el primer grado es más alto que en años anteriores (entre 7,5 y 9 por ciento). También está comprobado que el hecho de repetir el grado es vivido por el niño y su familia como algo muy frustrante, sobre todo si ocurre a una edad tan temprana. Por ello, entre los fundamentos de la medida del ministerio se señala que “los chicos aprenden a leer y a escribir al final de segundo grado”, además de sostener que la decisión tiene, también, carácter inclusivo, porque contempla los casos de alumnos de sectores más necesitados que no pueden seguir el mismo ritmo que el resto de sus compañeros y están más expuestos a abandonos transitorios o permanentes de los estudios.

Sin embargo, como lo aclararon prestigiosos educadores, el problema es que se estabilizaron el fracaso escolar y la deserción, lo cual significa que en nuestro país la escuela no siempre es capaz de retener a sus alumnos y garantizarles buenas trayectorias educativas. Por eso, si esta nueva unidad pedagógica por crearse en 2013 no se estructura como se dijo desde el ministerio de manera adecuada y con las medidas complementarias prometidas (clases de apoyo, tutorías, maestras comunitarias y extensión de la jornada escolar, y, por supuesto, con recursos y con capacitación para los docentes), sólo se logrará demorar la situación y los niños seguramente volverán a repetir, pero esta vez el segundo grado.

Como se recordará, ya ha habido en el país alguna experiencia parecida: seis años atrás, se puso en práctica en la provincia de Santa Fe la promoción asistida o la no repitencia de primer grado, pero la política no tuvo continuidad y el gobierno provincial la derogó.

La decisión del Ministerio de Educación se proyecta sobre la educación pública y privada, ya que la iniciativa alcanza a todo el sistema y afectará a unos 800.000 alumnos del primer grado. Es decir que, muy pronto, empezarán a verse los resultados de esta medida. Una reforma que, por ejemplo, la Unión de Docentes Argentinos (UDA) considera “inconsulta” y “unilateral”, porque los docentes, los necesarios mediadores entre la escuela y los chicos, no han sido consultados, una vez más.

Es de esperar que no se haya decidido reformar primero y segundo grado solo como otra medida desesperada para salir del paso y reducir los niveles de repitencia en las estadísticas oficiales, y para no debatir entre los sectores afectados cuál es el mejor camino por tomar. La educación en la Argentina fue, hace tiempo, uno de los pilares de la sociedad y sirvió para dar oportunidades a todos los que pasaban por sus aulas. Hoy, en cambio, parece estar al borde del caos.

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