Julieta Paci / Pedir turnos al 147, un hábito que no logra acabar con las filas

(Publicado en La Nación, 15.7.2012)

Largas filas se repiten cada madrugada en los hospitales porteños, donde los pacientes aguardan por un turno y una solución que parece no llegar nunca.

Son las 5 de la mañana, hace menos de un grado, pero, a pesar de ello, muchos son los que entre dormidos, tapados con bufandas y frazadas, y protegiéndose las manos ateridas con abrigados guantes, aguardan a la intemperie en la entrada del hospital Argerich.

Alrededor de esa hora, las puertas se abren y un aglomerado de gente se dispone a copar el hall central para seguir con la espera, que cesará a las 7.15, cuando comiencen a repartir los números.

Sentada en el piso, con los brazos cruzados, Miranda Benítez es la primera en la fila. “Me duele todo porque desde las 21 de ayer que estoy parada en la entrada”, dice la mujer que vive en Florencio Varela y necesita una consulta en cardiología.

A pocos metros, Jorge Canals junto a su esposa María Antonia, tapados con una frazada hasta el cuello, cabecean con los ojos entreabiertos, luego de haber pasado allí toda la noche. “El 147 no existe; no atiende nadie. Si uno quiere conseguir un turno, tiene que venir”, protesta Jorge, sobre la línea de atención ciudadana en la que se pueden solicitar consultas médicas en los hospitales Alvarez, Ramos Mejía, Fernández, Durand, Argerich, odontológico Ramón Carrillo y los oftalmológicos Santa Lucía y Lagleyze, y para pediatría y obstetricia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Elizalde, Penna y en la Maternidad Sardá.

Mientras algunos toman mate, duermen o dan vueltas en busca de que pase el tiempo, Miriam Ramírez, de 36 años, cuenta estar desde las 22 del día anterior, ya que para la ecografía doppler que necesita sólo se entregan cuatro horarios por jornada. “Llamé al 147, pero me dijeron que hay ciertas especialidades que no pueden conseguirse por teléfono, entonces no me quedó otra que venir”, se lamenta.

LA NACION llamó en varias oportunidades a la línea de atención ciudadana. Más de una vez no pudo comunicarse, mientras que en otras debió aguardar entre 10 y 15 minutos para que atendieran. Sin embargo, los turnos para distintas especialidades fueron otorgados en un plazo que nunca superó el mes.

Las filas de pacientes también son una postal recurrente en el hospital Elizalde, donde más de 100 personas, extremadamente abrigadas, esperan ser llamados a la ventanilla. Una de ellas es Angela Pelayo, de San Vicente, que desde las 3 esperó afuera hasta que, finalmente, a las 6, la dejaron pasar. “Busco un cirujano y un pediatra para mi hija, y tengo que venir para la Capital porque los estudios que necesita no se hacen por mi zona y tampoco puedo pedirlos por teléfono”, aclara.

El sol todavía no salió, pero el hospital Santojanni parece estar despierto desde hace rato.

El café caliente que vende el cafetero, en la puerta de entrada, es la solución de muchos para mantenerse en vigilia en la larga fila del hall central. Guillermina Maldonado es de Laferrère y cuenta que hace fila desde hace 12 años cuando comenzó a atenderse en el hospital. “Los médicos me dicen que descanse, que no me levante tan temprano, pero si no madrugo, no consigo turno”, protesta, al tiempo que se pregunta por qué no pueden pedirse por teléfono como en otras partes.

La vicejefa de gobierno, María Eugenia Vidal, y el ministro de Saludo, Jorge Lemus, dijeron que además de estar trabajando para incorporar todos los hospitales al sistema telefónico, es necesario una base de datos unificada con los turnos disponibles, para que, si en uno no hay oferta, se pueda cubrir con otro. También consideraron esencial un cambio en la cultura de hacer cola por la madrugada cuando existe la alternativa telefónica.

El hospital Pirovano, a simple vista, parece salido de otro mundo. Una fila corta que se mueve ágil hace que algunos pacientes se muestren conformes. Sin embargo, Marta Barredo, de 68 años, dice estar indignada, ya que hace tres meses recorre sus pasillos en busca de una consulta con el proctólogo, y siempre le dicen que no hay. “Sería bueno que revean el sistema, estas cosas no deberían pasar.”

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