Borges prefiere aún el mundo onírico al real

(Publicado en el diario La Prensa, 22.1.1982)

Nueva Orleans, 21 (UP) – A los 82 años, y ciego, el maestro argentino de la literatura, Jorge Luis Borges, vive una vida construida por sueños, e insiste en que el mundo sería un lugar mejor si todos soñaran.

“No he leído un periódico en toda mi vida” dijo el renombrado autor, que realiza uno de sus raros viajes fuera de su país. “Como escritor, trato de seguir mi trabajo como soñador y escribo en medio de mis sueños”.

Borges, que está en Nueva Orleans para recibir un título “honoris causa” de la Universidad de Tulane, contestó amablemente preguntas de los reporteros durante más de una hora, rehusando discutir asuntos políticos. Habló, en cambio, de literatura y, más que nada, de sí mismo.

“Espero morir, desaparecer, ser olvidado, afirmó Borges, quien vive como un modesto hombre de letras en un departamento de Buenos Aires.

“¿Por qué me recuerda la gente y se preocupa por mí? No he leído una sola crítica de mi trabajo, ni he releído tampoco mi trabajo”, dijo Borges.

Las eventuales críticas tras su muerte tampoco le preocupan. “Para entonces”, destacó “estaré ausente”.

A pesar de todo ello, Borges está considerado como una de las influencias más dominantes del siglo XX en el medio literario, ha escrito 35 volúmenes de poemas y cuentos cortos, que han sido traducidos a más de 20 idiomas.

Eterno candidato

Durante casi dos décadas, Borges ha sido nominado para el premio Nobel de literatura, uno de los pocos que no ha recibido durante su larga y productiva carrera.

Sin embargo, los honores que muchos escritores buscan por amor o dinero, no tienen cabida para él en su visión de la vida y el trabajo. “Estoy un tanto sorprendido por el interés que la gente tiene en mí”, dijo, al preguntársele por qué eran tan famosas sus fantasías. “No creo que mi trabajo valga la pena, pero siglo escribiendo”.

“Es como una necesidad interna, una vez que lo escribo, me olvido de todo. ¿Qué más puedo hacer? Tengo 82 años y estoy ciego”, puntualizó.

Resistiendo los intentos de los reporteros de hacerlo hablar sobre la actualidad Borges reiteró su disgusto por el ex presidente argentino Juan Perón.

En 1946, el gobierno de Perón separó a Borges de su cargo de director de la Biblioteca Nacional dándole el de inspector de pollos en los mercados de Buenos Aires.

“Todo eso me pareció obsceno, nunca menciono el nombre de Perón, pues me parece una palabra manchada” dijo.

Para Borges la política es como un chiste cruel. Los medios de comunicación están arruinando el lenguaje, llenando la cabeza de la gente de cosas sin sentido. Dios es un camino fácil para hombres y mujeres que tienen miedo de seguir sus conciencias, dice.

“Ellos (la gente), deberían estar leyendo y soñando, deberían evitar la política, evitar sentirse orgullosos de haber nacido en Timbuktu o Buenos Aires. Lo único importante es lo que se lee y lo que se es”, concluyó el escritor.

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