Hugo Vera Miranda, poeta

MIS MUJERES

casi todas son locas fatídicas inteligentes
y a su vez con cierto vuelo poético a ras del suelo,
algunas vienen de muy lejos
y otras de a la vuelta de casa,
algunas vienen con brahms, una botella de vino
y una opinión divertida sobre cualquier asunto
sin importancia, otras vienen con buñuel
un pañuelo de seda y sumamente medicadas,
sobrevuelan mi cuarto histeriqueando naderías,
revisan mis libros echando el culito para atrás,
me hablan de un tío muerto en combate
de la polémica reverdy-huidobro
de cómo preparar el pollo relleno
o del caso de la mujer que el marido
la mató porque ella no quiso suicidarse.

me cuentan de sus viejos amores
de lo mal o bien que lo pasaron
de que fueron engañadas, vilipendiadas
y pasadas a llevar por el macho dominante,
después cogen conmigo, se enamoran
se ponen tiernas, me compran una camisa
me mienten diciéndome que soy el mejor poeta de la cuadra,
me comparan con dos nobel y tres cervantes,
o con cualquier otro palurdo en ciernes,
para ellas soy el amante exquisito, el hombre de sus vidas
y seguramente seré el padre de sus hijos.

después de un tiempo corto o largo de éxtasis
después de navegar sobre nubes de algodón
después de mucho sexosexosexo
de botellas y botellas de cerveza
vino, vodka naranja y gin tonic
me abandonan, me dejan por un poeta mejor,
por un artista de circo o por un español llamado paco,
me dejan acusándome de ser un macho dominante
de que fueron engañadas, vilipendiadas y pasadas a llevar.

¡dios salve a mis mujeres!
yo no salvé a ninguna.

EN TU HONOR QUEMO CASCARITAS DE NARANJA

¿Has encontrado al poeta que buscabas entre la lluvia
disfrazada de gotas para que los ángeles no te reconocieran?

¿Cerraste los ojos frente al mar para tocar la cara fría de
los náufragos que un día supiste amar allá en Arcadia?

¿Incineraste misivas de amor para condenar al viento a la
insoportable incapacidad de esparcir tantos cadáveres?

¿Hiciste silencio ante la verdad que dejaba entrever tu
propia noche de luciérnagas incautas, atrapadas por la
malla inexorable de la constelación austral?

¿Apretaste la arena con tus manos frente al alba
preguntándote dónde se iban aquellas barcas hinchadas
de sirenas y marineros enloquecidamente errantes?

¿Buscaste en pleno corazón de los bosques -hervidero de
plumas y sinfonías al sol- el paso del cometa que te llevara
a la vida y nuevamente te devolviera el aliento?

¡Tanta solemnidad toda para ella tanta!

En tu honor quemo cascaritas de naranjas cuando el
crepúsculo es favorable: tomo vino cual monje irreverente
y pienso en Rimbaud maldiciendo los revólveres definitivos

En tu honor… si es que de tanto vivir nos queda algo
te escribo este poema que lleva la marca de la bestia
y en tu honor el de haber sido escrito en tiempo de nunca
en situación de haber enterrado los relojes.

YA TODO VA PASANDO

ya todo va pasando lenta pero definitivamente
todo va pasando la pena el dolor la angustia
van pasando esos temblores del cuerpo y del alma
mis borracheras los cigarrillos el dolor de muelas
va pasando el amor es la única quimera es aquello
inaccesible que jamás comprenderemos
lo que nos hace vivir cerca del arco iris
aquello por lo cual podemos ser víctimas o verdugos
aquello que el hombre nunca entenderá
y cuando digo hombre digo también mujer
pero quiero darte una buena noticia
ya todo va pasando como los días
como el tren el ferrari el camello
ya todo va pasando y ahora sólo recuerdo tus ojos
tu llanto y esa hermosa sonrisa cuando venía a casa
o sea te recuerdo bien íntegra maravillosa
te mereces un siete una mañana de terciopelo
una entrada a la ópera te mereces un lugar en el paraíso
y sobretodo un lugar en mi corazón
pero nunca olvides que todo va pasando
y que esto ya pasó.

CAMBIO DE GIRO

HOY ES UN GRAN DÍA un día perfecto
un día glorioso azul cálido luminoso
un día de gorriones y violines,
acabo de enterarme que mi padre no es mi padre
que mi madre es mi abuela que mi hermana es mi tía
y que las putas se van al cielo,
hoy es un gran día, me dicen que debo abandonar
la casa, que estafé a mi abuelo
que siempre fui un vagoinútilbuenoparanada,
que mi poesía me arrastrará al infierno
que abandoné todas las carreras
y que un día no saludé a las nubes;
me acusan de esto, de lo otro y lo de más allá,
me acusan de haber matado al sol
de haber instigado a marilyn con los barbitúricos
y de propiciar la muerte del ché;
y aquí estoy, balanceándome en la cornisa,
con un par de libros y calzoncillos en la maleta,
como dijo el poeta gregory corso:
-entusiasmado con mi nueva vida-.

A DÓNDE IR

a dónde ir cuando todos vienen en sentido contrario
cuando el horóscopo indica que no debes viajar
cuando el otoño golpea sus ramas sobre tu corazón
cuando el tedio se instala a vivir contigo y sólo
pides un poco de clemencia al viento de la desidia
cuando el gigante olvido te aprisiona las sienes.

a quién acudir en caso de emergencia sin llamar al 911
cuando tu barca se hunde y tú con ella a la deriva
a qué aferrarse cuando todos los violines callaron
y sólo se escucha la llegada de un nuevo huracán
que te arrancará de cuajo tu último sueño.
seguramente entonces debiéramos ser como el
intrépido torero cuyo valor lo otorga el miedo
y arremetemos contra los arreboles del crepúsculo
inmolándonos con la coraza armada del poema.

(De El tigre de la memoria, Santiago de Chile, 2005)

MI DERROTA

Mi derrota no es al estilo de un poema de Khalil Gibran. No es poética ni sublime. Uno más al cual no se le tira un cordel desde la costa. Esperar. Ni siquiera preguntan cómo estoy. Temen la respuesta. Tampoco les importa mucho. Nada. Él se lo buscó. Murió como vivió. En definitiva era un buen tipo. Merece el nombre de una calle. Qué mejor. El nombre de una puta calle. Hay que estar bien. Ser feliz. Olvidar. No saber. El destinatario del abismo. Apenas me queda el insomnio. Apenas el espanto. Mi padre decía que podría ser el presidente de este inmundo país. Le fallé. Le he fallado a toda la caterva de maestros somnolientos. Mi cerebro se agota. Inmóvil contemplo pasar el cortejo de la dicha. Un mar anochecido se apoltrona a mi costado. Todo el mundo quiere leer cosas bonitas. Y yo acá. Destemplando los dientes. Disidente de toda ideología. En la más dura. La más triste. Dialogando con el infierno. Alumbrándome con una cerilla apagada. Viendo pasar el corso festivo. El azul no fue lo mío. En definitiva. No fui lo suficientemente violento. Tampoco fui susurro. Fui un ángel caído en mitad de tu desdicha. Solo viento que entra por la ventanilla de un tren. Y fue suficiente. Lo suficientemente sólido para no ser rescatado del olvido. Es hora del naufragio. Que mi barca se hunda hasta alcanzar al Sol.

(Del blog Inmaculada decepción, 12.6.2012)

* * *

Hugo Vera Miranda nació en 1951 en Puerto Natales, Chile. Publicó El tigre de la memoria (2005) y en la web edita el blog Inmaculada decepción inmaculadadecepcion.blogspot.com.ar

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