Diana Kordon / Mas sobre Carta Abierta: Sobre silencios y encubrimientos

(Publicado en Perfil, 15.9.2012)

El último documento de Carta Abierta se pronuncia por la reforma de la Constitución y su subtexto, casi manifiesto, se suma a la campaña para habilitar la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner.

Más allá de esta cuestión, me produjo profundo asombro el tratamiento con el que se abordan algunos problemas que, dolorosamente, han  atravesado la escena social en el último período. La tragedia de Once y las violaciones  actuales de derechos  humanos son consideradas como hechos lamentables, desdichados, accidentes o vulnerabilidades de derechos que, además de ocurrir en diferentes metrópolis  del mundo, desde la usina mediática tratarían  de  atribuir a  una supuesta Culpa Estatal.

Este planteo implica un punto de inflexión de sus autores: en otros  momentos hubieran considerado estos hechos como inaceptables y los hubieran denunciado como expresión  concentrada de una política oficial  enfrentada a las necesidades de las  grandes mayorías. Incluso se hubiera constituido en un obstáculo ético.

Las imágenes del 22 de febrero en Once se inscribieron en la memoria  colectiva como producto de un entramado de corrupción e impunidad, que había sido largamente denunciado por los trabajadores del ferrocarril Sarmiento y cuyos responsables fundamentales eran la empresa TBA, es decir el grupo Cirigliano, y el Gobierno  nacional.

Por otra parte, la aplicación de medidas de ajuste que se descargan sobre los sectores más desposeídos para paliar la crisis económica, ha profundizado los síntomas de malestar de diferentes actores sociales, que ocupan la escena  pública en demanda de sus derechos. El Gobierno responde  crecientemente con represión. En los dos últimos  años se produjo un salto cualitativo en la criminalización de la  protesta: 21 asesinados en conflictos  sociales, más de 4000 procesados, la  sanción de la ley antiterrorista, represión directa de múltiples expresiones de lucha, son marca de esta situación.

El traslado de más de 60 detenidos, incluidos niños, a Campo de Mayo, en un operativo en la Panamericana, dirigido personalmente por el subsecretario de Seguridad, tiene un valor simbólico insoslayable. ¿Acaso se puede ignorar el efecto sobre la subjetividad colectiva, y no sólo sobre los afectados directos, de la utilización como prisión colectiva, aunque fuera por unas pocas horas, del que fuera  uno de los grandes centros clandestinos de detención?

La combinación de silencio y enmascaramiento de las responsabilidades del Gobierno en estas situaciones por parte de los integrantes de Carta  Abierta, se explica por el papel de este nucleamiento en la construcción de mecanismos de control social. Sobre la base de una épica discursiva, se trata de inducir socialmente a que resulten lógicos y naturales un cuerpo de  ideas, un sistema de creencias, e incluso un modo de accionar, por parte del conjunto: estamos ante un momento refundacional de la Argentina, un momento instituyente que debe corresponderse con cambios constitucionales.

En sintonía con la narrativa oficial, Carta Abierta sostiene que este gobierno marca una nueva etapa igualitaria y esperanzadora. Instala la idea de “la  diferencia”, la hendija, la fisura, que el kirchnerismo habría abierto en una dirección progresiva acorde a las necesidades del país y de las mayorías  populares. Da por hechos cambios económicos-sociales profundos, sin  diferenciar anhelos de realidades. Y cada uno de los signos que indican que persiste la dependencia y la expoliación de las grandes corporaciones, que el grupo económico ligado al kirchnerismo crece agigantadamente, que la  brecha de la desigualdad se profundiza, serían tareas pendientes. Con un discurso ambiguo, desde el cual se  exime de demostrar la veracidad de sus afirmaciones, Carta Abierta atribuye al Gobierno un programa que no es el que éste plantea y que sería el que supone aún no concretado por los  obstáculos externos que se le oponen. Este posicionamiento tiende a generar un efecto ilusorio de expectativa, y a  construir consenso social favorable hacia la acción del oficialismo. Pero, por sobre todo, a reducir el despliegue de un proceso cuestionador y de prácticas sociales contestatarias por parte de los movimientos populares.

Los intelectuales agrupados por su afinidad con el Gobierno nacional, se dirigen a todos aquellos que, por historia o por perspectivas de futuro, se identifican con la necesidad de producir transformaciones en el sentido de lo democrático, lo nacional y lo popular.

Plantean un modelo binario, especular, con sólo dos posiciones posibles: por un lado el Gobierno y Cristina F. de K. en el liderazgo de un proceso transformador respecto del universo neoliberal, y por el otro la oposición  dirigida por la corporación  mediática: “ellos o nosotros”.

Con esa premisa, utilizada como  enunciado de verdad incuestionable, tanto los movimientos sociales como sectores de la oposición que nada tienen que ver con la derecha, quedan  ubicados en un lugar de subordinación  respecto de la agenda de “la corporación”. Serían arietes de esa derecha.

Esta maniobra de polarización produce un efecto de intimidación que funciona como una verdadera inducción al silencio, paralizante, por la  descolocación subjetiva que produce la posibilidad de que la crítica puede  identificarse con modelos de la derecha convencional.

Frente a esta inducción, sostener la  capacidad de pensar y accionar con autonomía se nos presenta como necesidad ineludible.

* * *

Diana Kordon nació en Argentina y es Médica Psiquiatra. Es una de las investigadoras y pensadoras más importantes de nuestro país sobre los efectos psicológicos y sociales de la última dictadura militar, la represión y la desaparición de personas en Argentina. Desde 1982 sus obras son estudios fundamentales e indispensables.

Sur, dictadura y después (con Lucila Edelman y Darío Lagos)
Trabajando en y con grupos. Vínculo y herramienta (con Lucila Edelman)
Efectos psicosociales de la represión política (con Eduardo Pavlovsky y otros)
Comienzos de análisis / Comienzos de analista (con Estela Chab)
Efectos psicológicos de la represión política (con Lucila Edelman y otros, 1982)
Desaparecidos: Efectos psicológicos de la represión (1983)
Por-venires de la memoria. Efectos psicológicos multigeneracionales de la represión de la dictadura: hijos de desaparecidos (con Lucila Edelman, 2007)
La impunidad. Una perspectiva psicosocial y clínica (con Lucila Edelman, Darío Lagos y Daniel Kersner, 1995)
Paisajes del dolor, senderos de esperanza (con Lucila Edelman, 2002)
Efectos psicológicos y psicosociales de la represión política y la impunidad. De la dictadura a la actualidad (con Lucila Edelman, Darío Lagos y Daniel Kersner, 2005)
Efectos psicosociales de la represión política. Sus secuelas en Alemania, Argentina y Uruguay (con Sylvia Berman y Lucila Edelman, 1994)
Desarrollos sobre grupalidad. Una perspectiva psicoanalítica (con Lucila Edelman y otros)

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