Maximiliano Tomas / Una lista no se le niega a nadie: la seducción de un arte menor

(Publicado en La Nación, 16.8.2012)

Están por todos lados, y durante mucho tiempo pensé que mi debilidad por ellas era algo que había que ocultar. Pero cada vez que abría los ojos me encontraba con una nueva lista que no podía dejar de leer, en mi biblioteca (1001 libros que hay que leer antes de morir, Películas clave de la historia del cine, Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder, Los graffittis de Mayo del 68, Las armas de la conquista de América latina) o en Internet (las de las revistas Billboard, Time, Science o el Village Voice). Hasta que con el tiempo descubrí que era una pasión más bien común y extendida entre autores que admiraba, lo que me sirvió de elegante coartada: Charles Dickens, Walter Benjamin, Georges Perec (son imperdibles las de La vida. Instrucciones de uso), Roland Barthes, Jorge Luis Borges (el maravilloso listado al mismo tiempo infinito e incompleto de El Aleph) y Susan Sontag son sólo algunos de los nombres que se dedicaron a consumir y elaborar todo tipo de listas, ya sea para sus cuentos y novelas como en diarios, ensayos o cuadernos. El semiólogo y novelista italiano Umberto Eco, otro confeso admirador de este género menor, recibió en 2009 un encargo del Museo del Louvre para organizar una muestra y una serie de conferencias, y lo hizo en base a algunos de sus listados favoritos. Más tarde publicó un libro que se llama precisamente El vértigo de las listas.

Eco menciona allí las diferencias entre las listas “prácticas” y las “poéticas”. En el primer grupo estarían las del supermercado, la de tragos en un buen bar, la de los invitados a una fiesta (que no dejan de tener su atractivo para los fanáticos). Las “poéticas” estarían relacionadas con la idea de armar un registro parcial de “aquello que escapa a la capacidad de control y de denominación”, como ocurre con el catálogo de las naves de Homero presente en la Ilíada o el listado de objetos que contiene el cajón de la cocina de Leopold Bloom en el Ulises de Joyce. “La lista está en el origen de la cultura. Es parte de la historia del arte y de la literatura”, dice Eco, y agrega: “¿Para qué queremos la cultura? Para hacer más comprensible el infinito. ¿Y cómo nos enfrentamos a lo infinito? ¿Cómo se puede intentar comprender lo incomprensible? A través de las listas, a través de catálogos, a través de colecciones en los museos y a través de enciclopedias y diccionarios. Hay cierto encanto en enumerar con cuántas mujeres se acostó Don Giovanni: fueron 2.063, al menos según el libretista de Mozart, Lorenzo da Ponte“.

Cada uno tendrá sus preferencias: hay quienes disfrutan de las listas de los mejores restaurantes, de las cosas que hay que evitar en una primera cita o de las más grandes películas de todos los tiempos. Yo le agregaría a las categorías de Eco una tercera, que tiene que ver con los listados que elabora el propio mercado: listas que, según quién las interprete, pueden callar o decir mucho sobre un tema. Por ejemplo, las de libros. Publishers Weekly elaboró, de manera completamente arbitraria (como debe ser, claro, para que la polémica esté asegurada), un listado de los libros “más difíciles de leer”. Forbes confeccionó la de los autores que más dinero ganaron en 2011, y el único escritor verdadero que aparece allí es Stephen King (el año que viene figurará al tope E.L. James, que firmó Cincuenta sombras de Grey y se dice que factura alrededor de un millón y medio de dólares por día por las ventas del libro). Y The Guardian publicó el listado de los cien libros más vendidos en la historia del Reino Unido. Los primeros diez lugares se lo reparten apenas tres autores: James, Dan Brown y J.K. Rowling. El primer escritor relacionado con los círculos literarios aparece en el puesto 33, y es Ian Mc Ewan con Expiación (muy probablemente empujado por la adaptación al cine de la novela).

¿Qué dicen estas listas sobre la industria editorial en inglés, sobre los lectores anglosajones, sobre la literatura? Depende cómo se las mire. Para empezar, que a grandes trazos el del libro es un negocio como cualquier otro, sostenido por la venta de los bestsellers. Que la mayoría de los escritores de literatura no viven de la venta de sus libros. Que lo que más buscan los compradores en las librerías es una extensión de lo que consumen a través de las revistas, la radio, el cine y la televisión: es decir, entretenimiento. Que la gente tiene, en general, un pésimo gusto para elegir libros. Y que la literatura que perdurará cuando esto que llamamos vida termine por agotarse poco tiene que ver con los grandes negocios editoriales: circula por otros canales, depende de otros tiempos de maduración, llega a otros lectores. Lo que, si se lo piensa bien, no tiene nada de malo.

* * *

De su blog tomashotel.com.ar:

Maximiliano Tomas nació en Buenos Aires en noviembre de 1975.

Estudió Periodismo en TEA (1997) –donde es profesor desde 2005–, cursó una Licenciatura en Historia en la Universidad del Salvador (USAL, 1998-2003) y un Máster en Periodismo en la Universidad de Barcelona/Columbia (2008-2009).

Fue editor de Perfil Libros entre 2000 y 2003.

Sus crónicas periodísticas, entrevistas, investigaciones y reportajes aparecieron en medios de la Argentina, Bolivia, Colombia, México, España y Suiza.

Editó los libros Cuentos breves para leer en el colectivo 1 y 2 (Norma, 2004 y 2006; Belacqva 2007 y 2008); La joven guardia. Nueva narrativa argentina(Norma, 2005; Belacqva, 2009); y La Argentina crónica. Historias reales de un país al límite (Planeta, 2007).

Publicó cuentos en diversas revistas y antologías.

Recibió una beca de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que dirige Gabriel García Márquez.

En diciembre de 2005 creó el suplemento de Cultura del diario Perfil (Buenos Aires, Argentina), que dirigió durante seis años, hasta fines del 2011.

Actualmente es columnista del diario La Nación, de lanacion.com y de la revista de libros Quid, dicta talleres literarios en Buenos Aires y Tucumán, y da clases de periodismo narrativo.

Anuncios

Un comentario en “Maximiliano Tomas / Una lista no se le niega a nadie: la seducción de un arte menor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s